Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

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siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

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Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. México. Modern Philology. entre corchetes. Revista de Filología Española. en paréntesis. Rivista d 1 Italia. Chapel Hill. Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. N o se traducen algunas frases. 103). Madrid. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. En las notas y a veces en el texto ofrecemos. Chicago. Cambridge. Aguilar. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. Madrid. cap. la página. En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. algunas traducciones están abreviadas. Roma. 19). Studies in Philology. Por razones editoriales. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. Cuando es necesario. . Romance Notes. traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. Nueva Revista de Filología Hispánica. Revista Hispánica Moderna. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. Baltimore. pero no figuran en la «Bibliografía selecta». Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. 1965. Nueva York. University of N orth Carolina. 1300) o la Parte y la página: (i. Modern Language Review. Chapel Hill.

Cervantes afirm a— . «Dedicatorias». Y. en realidad. En­ tre estos hechos quizás no haya. la irreductible expe­ riencia personal. Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. inextricablemente. es siempre un palpitante. Al componer sus Novelas ejemplares. «Advertencias». de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». leída por el bachiller Peralta. Sin ciertas modificaciones textuales resulta. independientes. íntegro texto en sí mismo. Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema. escrita.IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. las circunstancias materiales y psíquicas. pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir. y que su forma literaria. eri que se incluyen. etc. se enmarca en la conversación de éste con aquél. .1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes. en efecto. colgantes.. sin elementos sueltos. etc. ía sensibilidad subjetiva del autor. fas­ cinante. persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria. 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. contradicción.quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos». Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770). antes y después de la lectura. de modo cru­ cial. imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. sin embargo. en un solo texto. fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación.

sobre los impulsos ínti­ mos. entre innu­ merables otros cuentistas. a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. claro está. si­ multáneamente. 2 0 . En éste. en reali­ dad. inexorable­ mente. etc. Juan Manuel.194. se narró u oyó y se escribió el cuento. D . 150. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3. indefinible de todo texto literario y. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. convertidas en el tema mismo de la obra. a la vez. 88. como en tantos otros aspectos de la creación artística. sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. por tan categórica y arbitraria. Resulta así implícita. perplejidades. en que. con ello. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. entre otras cosas. resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. la multiplicidad. etcétera. otras. 14. presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. 3 M uy cuestionable. objeciones. en otra obra. y. 5. sobre sus narradores y "cronistas”. . objeto de una intensa dramatización. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello. en que se gestó. 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio. al menos en parte. pp.2 4 . con sus aprobaciones. pp. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas.con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. Chaucer. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. las coincidencias de la vida diaria. sobre sus oyentes y lectores. en la creación del texto. sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2. 26-27). Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. es decir. considerablemente diferente de la escrita. duchos en apreciar y comentar lo oído o leído. 57. lo que se convierte así. ambientales. en su propia obra. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector. de modo muy im portante. sociales. con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria.. psicológicas.

claro está. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. imposible. etc. “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7. que es un genuino «mar de historias». efectivamente publicado en 1616. no lo haría con el propósito de “abultar” su libro. como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. por ejemplo. 5 Sobejano. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración. en varios estados de composición o ya acabadas. Sin 4 És significativo que. . muy variadas en temas. para así impresionar aún más al lector. dimensiones. Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). como en las restantes novelas de la co­ lección. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes.experimental literaria del genial escritor—. establecer con precisión. Madrid. libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward. 1968. «si la vida no me deja». pero en éstas. ya desde la Galatea (1585).. las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. Sánchez. como revelación de la literatura actual4. «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. por desgracia. a diferencia de tales opiniones críticas. la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles.. aparejadas para la imprenta y. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido.. Por lo tanto. o la utilización comprobada de cierta obra literaria. algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. técnicas. como. esti­ los. 10). según lo demuestran. Rebate bien esta tesis. « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . claves narrativas en el contexto literario cervantino». Además de la fecha de pu­ blicación. para “abultar” libros. por ejemplo. hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . C C . a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”. Según todas las evidencias. De todos modos. entre otros. todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación. si así lo pidiese la oca­ sión. que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6. Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. p. 2 vols.

De modo más específico. a detachment from everyday reality» 1 0 .] 1 1 Sobejano.) un alejam iento de la realidad coti­ diana». en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot. Estos. estudiamos esa intensificación del desengaño. the inner content re­ m ains the same. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [.) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (. ciertos reajustes. Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece. hasta lo últim o. La vulnerabilidad de esta tesis. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”. Desde nuestra propia perspectiva. . penosas experiencias personales. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes.) apartamiento de la lucha y la desesperación (. la cronología de las obras de Cervantes. íntimo y social.embargo. p. fiel a ideas de su juventud.]. sensi­ tiva. pp. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos. pues es natural que con el tiempo ocurran. entre otras cosas.. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». con lo que se revelaría.. rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria.. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares». se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n.] Sin embargo. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño. según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9. etc. el contenido íntim o es el m ism o... 19 ss. se reflejarían. 135). a menudo. pensante. debidos a iluminadoras y. tam­ bién. a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos. 778). por ejemplo. como en toda persona inteligente.. 10 El Saffar.. p. {Esencialmente!.. «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8. como La gitanilla. 16. las novelas supuestamente tardías. por los males.. en que.. pues en luminoso juicio de Américo Castro. en su con­ junto. la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas. La española inglesa. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels». escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes.. comprensi­ blemente. [«(. diríamos que en las obras cervantinas. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama. es la misma.] movement toward transcendence o f these problems [. Las dos doncellas.

podrían serlo de verdad.] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos». «La inteligencia. en suma...] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes). p.» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[. política. 135). señaladas como tardías en esa te­ sis. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u. 18). Cervantes. 15 Véase nota 10. «[. supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6. por una parte. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote. económica. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna. Así. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales. las Novelas ejemplares. 16.] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. 1 3 Pierce dice bien: «[..]. Lejos de desacreditar «the intelli­ gence. del azar. pero de ningún modo por las razones aducidas15. condenándolo.. p. ingenuity or understanding».] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ». a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”. es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor.. lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones. a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 . como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos. de cosa 1 2 El Saffar. en toda vida. . de un más candente "realismo” l7. Si. es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”. por otra parte.. la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. !6 El Saffar. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares. específicamente. rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles. el Pinciano and the N ovelas ejem plares ». «Cervantes.. P· 14· 17 A tkinson. N o v e l to Romance. tanto en sus obras tempranas como en las tardías. 1500)D.. p. En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [. Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales.

a su vez «se al­ teran. sociales. según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español. 88-93. sociales. como diría Torres Naharro («Proemio». "vividas”. mediterráneo y de la época contemporánea. 227). 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel. Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. “verdaderos”. todo vigente. notorios acontecimientos y personajes históricos. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. tradiciones. siglos XVI y XVII. Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. . entre otros. historizándola». también las "verdades” históricas. algunos escritores de “la generación del 98”. comenzando por el mapa europeo. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar. literarios. Al entrete­ jerse con lo histórico. Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. p. «La historia com o materia novelable». en todas sus obras. religiosos. 404. de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». ante todo. culturales. moral. etc. ubicables todavía. pp. colectivas e individuales. pues. econó­ micos. Como mateJ ría de arte. quehaceres coti­ dianos. 301). en que se sitúan todas las tramas.. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. actitudes convencionales. «Proemio»). autobiográ­ ficas. costumbres.nota y vista en realidad de verdad». Propalladia ) 18. también los «fabulosos inventos» adquie­ ren.] 20 G ullón. no es ya histórico sino novelesco»20. problemas políticos. peculiares. instituciones. a la vez. como nos enseñan. de ser contados. son. ambientes urbanos y rurales con­ cretos. 172-173). poéticas. etc. cierta fisonomía histórica. espiri­ tual. y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. bien documentados. estado psicológico. actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y. abar­ cando perspectivas muy distintas.

con que se logra 2 1 Baroja. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. ni en Francia ninguno como Molière [. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. 2‘ 1 G ullón. etc. por otra. 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso. transcien­ den lo particular. pues. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. que intuye en la particular de la historia22. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. p. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. y no en la historia. cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». social concretos. 404. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. universal. por una parte. Cervantes. «La literatura y Ía historia». muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana. el espacio. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. histórico.. N o es. A ristotle an d the Persiles. 1100. En efecto. la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. «La historia com o materia novelable». C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels. entre otros trabajos suyos. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas. . que la de los políticos.]. revelan. los personajes. adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. Crucial es. todo lo contrario. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21. aparecen. es mucho más exacta. Sin embargo. no la calidad del hilo» 24. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes.. tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico. sobre todo. "político” estudio de Osterc. Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. algunas de éstas.cial. todavía no se hayan traducido al español. p. Sorprende que los libros de Forcione. C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. aunque parece lo contrario. la acción. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios. pues. la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”.

particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22). literario de los textos en cues­ tión .. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27. 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya. doce cuentos. que. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. que. en D ie z Taboada. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Ardua tarea investigadora. a su vez. pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción».]. pero m uy cuestionables. en la «idea» propuesta por Casalduero. 770)28. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». lo que para Cervantes constituye. Éste responde. JPor ahora. a nuestro juicio. un detenido. etc. el estilo lingüístico. Algunas consideraciones interesantes. que intentamos explicar más adelante. intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido. del lenguaje... pese a todos los retoques. pues. en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. N o coincidi­ m os. de la estructura y mo­ dalidad narrativa. que [podrían] [.. el estudio citado en la nota anterior. 2 < .. de época. todas sólo parcialmente satisfactorias. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. 27 Casalduero. Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. de interés actual. de la caracterización. 771). dignas de salir al mundo: «Libro bueno [. «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». cuando ordenó las narraciones». se revelarían de un m odo u otro. Sobre el problema de la verosim ilitud. que «dirigía a Cervan­ tes. la verosimilitud literaria o el "realismo”. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. novedosas. p. observe­ mos que. «La estructura de las N o ­ velas ejem plares». .] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res. esperanzadoramente. artística25. con toda probabilidad.una coherencia interna. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos. aunque es cierto que Cervantes recondicionaría. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. esencial­ mente. sin embargo. Q ue sepamos. 52.

vol. «Las N ovelas ejemplares». que había leído durante su estancia en Italia. y que. Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. Twayne. 30 Alborg. Twayne. año de la publicación de sus Novelas ejemplares. Con toda probabilidad. 396-465. hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585). de textos ajenos anteriores29. 33 P or desgracia. son. . N u eva York. pp. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. N u eva York. M ateo A lem án. imitaciones y elaboraciones. p. pp. n o record am os al autor de esta m agnífica observación . Para la cronología de la novela corta española. Desde este punto de vista de Cervantes. [«. I. Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. I. 145-167. todas las novelas cortas españolas. (escrita) con la pluma de un ángel». esencialmente. 1973). aunque a veces muy encantador. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. p.] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. e incluso ha­ cia. 1968. habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). y que él asociaría.. 15-Í6. Novelas que «son mías propias. 32 D .. tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. pp. por ejemplo. La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento. cual más cual menos extensa y fiel. vol. H istoria de la literatura española. al menos algunas de ellas. con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. De­ jando aparte la cuentística medieval española. se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. la Diana de Montemayor (1516)3l. creador de la novela corta española. de todos modos. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn. C ervantes. 88. más bien que por ser una narración intercalada en otra. no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma».por el vivido recuerdo de los novellieri. M cGrady. 935. véase Lasperas. en efecto. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. con el género de la famosa novella. Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770).

1176). y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [. ningún efecto adverso en sus espíritus. hurtadas o no. ¡animado por Aja!. morales. «vivieron después de esto marido y mujer largos años. también para ofrecer una contestación verosímil. M adrid. G alateo español. bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. «Patraña se­ gunda». T im oneda. G radan D antisco. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios. tam­ bién en este caso. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal. frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. traducidas. Baños de Argel). sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente. psicológicas.. Espasa C alpe. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). . inhu­ manas pruebas. “la bella Aja”. como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas. imitadas. y el enamorado. Fácil es imaginar su reacción. con mucha paz y con­ cordia» 35. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J. y su enamorado]. para averiguar la lealtad de su esposa. Y sin dejar esas humillantes. «que manifiesten los quilates de su bondad. Madrid.embargo. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria. infantilmente sensacionalistas. a tan ingenuas.. burdas nociones sobre ía condición humana. como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. pp. E l P a tra ñ u elo . con sobrado gozo». al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». como se demostrará más adelante. Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones. ¡moderna!. de haberlas Cervantes conocido. Algunas otras novelas anteriores. N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. 61-76. para saltar en ella». por ejemplo.]. 1990. pero no com o novelista. «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. 36 L. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. considérese el probable sinsabor de Cervantes. sus tramas ingenuas. pp. 1942. desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. creemos. 122-140.

81). corta espa­ ñola. —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. el afligido espíritu descanse». Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector. dan contento. En el Coloquio de los perros. Por su parte. 393-394. Cervante's creador de la novela. otros hay que es menester vestirlos de palabras. que repre­ senta. En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770). con total y clara conciencia artís­ tica. “Desatino”. más bien rutinario. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. «digno de admiración». que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos». es decir. cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . claro está. a base de verosímiles móviles humanos. vol. en general. 39 Riley. quiero decir que algunos hay que. no como diversión frívola.. según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. para «henchir el tiempo ocioso». fantásticas. «desatino». sino para que. .. a menudo. articulada con “propiedad”. La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. pp. que. por ser representado con refinada maestría novelística. durante «las horas de recreación [. «digno de ser con­ tado». una significativa experiencia existencial. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. p.afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. 141.]. otros en el modo de contarlos. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid.. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción. metafóricamente. inteligencia. categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso. sin genuina inspiración ni savia vital. se basa su afirmación con­ fiada. ¡a falta de otra cosa!. Cipión observa: «Los cuentos. orgullosa. 88-93. pues. “industria”. I. 38 G onzález de A m ezúa y M ayo. pp.

«la técnica no se justifica por sí misma. 211. Con el propósito de destacar lo novedoso. es decir. 154. Véase también Pabst. dis­ tintivo de las Novelas ejemplares. Rodríguez- . ¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. IX-XIX. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica». Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral. específica a la com unicación oral. 89. p. se hacen algo de nonada. Guadarrama. pp. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». aunque sin una inteligente. M adrid. 41 N o tienen en cuenta esta referencia. Riley. 106 ss. «Classifications o f N ovelas». escrita. y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. p. también al teatro. com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. «Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. de una con­ versación. 43 Véase Drake. p. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). Madrid. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). sin sustancia temática o ideológica41. I960. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable. Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. Sordo. O r­ tega y G asset. 283. pues. por otra parte. C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. el “contenido” y la “forma” se funden. característico. inexorable ley poética. «Introduction». lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». Revista de O ccidente. Para él. que conciba ésta como dotada de “gracia”. Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. O sterc. hay casos.de las manos y con mudar la voz. C ervantes' Theory o f the N ovel. en parte. M editaciones del Q u ijote. p. 1956). por fundamental. oral. 27. y no por Cervantes. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. p.

leído.De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria. G onzález López. literario. histórico. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. pp. de lo imaginado. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. “de imitación italiana”. Vaibuena Prat. “idealistasrealistas”. en proporción variable en cada caso. 32 ss. Pellicer. de “predominante tono idealista”. etc. claro está. “de vida social”. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. reiteremos.. autobiográfico. en definitiva. y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. Casalduero. más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. Pabst. lo cual resulta. imposible... Navarrete.. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?. sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. simultá­ neamente de la verdad. Arrieta. inven­ tado. incomprensibles. desentendida de la creación poética?. R odríguez-M arín. N ovelas ejemplares. arbitrarios. R odríguez-Luis. D u n n Sobejano. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. Fernández G u ­ tiérrez. observado. antiguas y modernas de Savj-López. en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?. “combinadas de realismo y de corte italiano”. . las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». Rinconete y Cortadillo.. 14-15. Baquero G oyanes. autocontradictorios. de la sabiduría humana. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. A nuestro juicio. H urtado y Falencia. dogmáticos. según lo ilustran ya los términos incongruos. Ortega y Gasset. Apraiz. etcétera. en que se “su­ pera” el “realismo”. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. pp. Orellana. contenedora intrínseca. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. El Saffar. M urillo y otros.

como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. en suma. 1528. también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. En todo caso. en que una cínica trampa. Es muy sugerente que al estudiante. que. En tales ca­ sos. Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. soy Cervantes. matrimonial y. i. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—. 47 Lo ha sugerido ya D unn. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o. “heroicas”. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced». «Prólogo». . ante todo. claro está. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. creador de la novela corta espa­ ñola. «Las novelas ejemplares». cuando menos. señor. “trá­ gicas”..ficaciones más particulares. 46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. 1529). que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47. aunque fuese acertada. regocijo de las Musas». Las no­ velas “amatorias”. tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares. etc. en suma. yo. 11-13. la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo. “sérieuses”. “humanísticas”. Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. ante todo. en nombre del amor. tal distinción resulta muy cuestionable. “ plaisantes” . En todas ellas. p. quien lo aclama como «escritor alegre [. vol. sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. por ejemplo46. sino. nunca sólo jocosa. exenta de implicacio­ nes serias.. p. y cuáles entre las “jocosas”. pp.]. 92. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. etc. Cervantes . advertimos. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano. por ejemplo. en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. bajo la fecunda inspiración neoplatónica. “cómicas”. pero no el rego­ cijo de las Musas. 178.

hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48. Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. que a veces se le atribuye a Cervantes49. ideológica.. de su caracteri­ zación individual. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. en realidad. convergen. que son. tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. de un modo u otro. psicoló­ gica. siempre extraordinarias e interesantes. del problema indivi­ dual. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo). Así. sino. por ejemplo. anímica. preocupado con el aspecto moral de su mundo. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. que. pero en todas las novelas. espiritual. lealtad y fortaleza interior. como novelas “de carácter”. tratado. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. Como en el caso anterior. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”.novelizado. Por su característico. fervoroso interés en el ser humano esencial. político. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. todas las “aventu­ ras”. al no percibirse su función metafórica. hay así también una “visión ” de la vida. temperamental.. “folklórico”. 50 Pierce: «[. precisamente por tan frívolas y calculadas. social. satírico. sobre todo. lo oculta o distorsiona por completo. com o piensa Ortega y Gasset. todas las “acciones”. del hombre 50. Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. y no sólo en algunas. particularizado. en efecto. lo cual depende.] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the . cons­ tante. reminiscente del de Larra. lógicamente. para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. 49 Véase nota 23. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares. íntimo. ante todo.

entretenimiento. con toda probabilidad. “labe­ rintos” de la maldad. 16). “trucos”.. El énfasis tan pronunciado. por lo que Cervantes las p ro ­ clama. palpitantes.. ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53. “laberintos” que proporcionan deleite. nunca meras abstracciones51. despertando la “curiosidad”. excep­ cional o corriente. de la pureza espiritual. 19-26. de justificar la utilidad didáctica de sus obras52. recreación al “afligido es­ p íritu ”. de la genuina bondad.) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social». del sentido común* de la virtud.. ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar. p. alto o humilde. [«(. estimulando y exigiendo toda la inteligencia.] mayor que el de Dédalo». p. erudición. y en su problemática existencial. quien está preocupado. es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares.quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”. ar­ monizadas en todas las novelas. los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón. dignificador en el personaje. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”. así de todas juntas como de cada una de por sí». Bermudez Carbajal (771).. siempre extraordinarios por su modo de ser. Es por la verdad poética y por la verdad humana. perdidos.. «por no alargar este sujeto».. a diferencia de Erasmo.. ínsitas. creados por un «ingenio [. por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos.) personajes que no son sino débiles abstracciones». «Introducción». N o lo hace. En perspectiva moral. inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls .] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[. pero. de la dignidad del alma..] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526). [«(. . 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770).. 135). tan confiada y orguliosamente «ejemplares». dice (770).] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions».. de esos «laberintos». (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. N ovelas ejemplares. Cervantes. en palabras del encomiador F. pp. C ervan tes. de la discreción. de la debilidad y de la ignorancia humanas. “Trucos”. desesperados.. sobre todo.

ingeniosa articulación novelística: «[·■. En El coloquio de los perros. de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. deprimente realidad. se puede dudar. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. políticos. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. de verdadero sincero am o r54. consustancial de la literaria y estética. H acia Cervantes). 56 Evocam os aquí las observaciones de W. (E l teatro de C er­ vantes). El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. a nuestro juicio. por lo me­ nos implícita o irónicamente. ingrata naturaleza humana. A veces se sugiere com o razón de una negativa. esen­ cialmente. 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. a los estrechos dogmatismos ideológicos. lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o. . 57 C om o es bien sabido. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». aun en las referencias a la más escabrosa. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello. Prem io N obel. profunda visión humanista. pues.] puesto que aquello sea ficción poética. prejudicialmente exclusivistas 55. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. sociales. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe».. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. que llevan a la perdición. 58 Sordo. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. en absoluto. siempre sugerido como posible. La ejemplaridad moral es. p. teológicos. de honda compasión y soli­ daridad humanas. O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas». de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente. pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace. 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva. 282. Sólo al no percibirse esta amplia. 1950). conjuntamente.de heroicos actos y nobles sacrificios. a los huecos convencionalis­ mos religiosos.

«Vino nuevo en odres nuevos». horaciana. maravillosa belleza individual. cada una d o -. Doce perlas. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. en los nuevos. a la vez. tada de una excepcional naturaleza literaria. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. creemos. en que también cabía a veces “buen vino”. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». 24). 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». A study o f Four E xem plary N ovels. la más lógica explicación de ella—. aristo­ télica. pp. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. re­ combinados en una nueva entidad. preciosa cadenilla. de inconfundible. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. para proponerlos. 45). C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. parodia. recondiciona y actualiza. 3-30. véase Sicroff. con sabia. Cervantes los corrige. ejemplares. muy diferentes entre sí. conjuntamente. expurga. Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. tan original com o la gran no­ vela». En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. p. p. in a different w ay.] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares. pp. Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. . prodigiosa armonía. modifica. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos. tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. a sus lectores como novelas cortas moderna. los cuales representan. Forcione. 81-115. pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. de m odo diferente. ensartadas en in­ quebrantable.1177)59. [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. reintegrándolos. platónica. p. en parte. y. la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás. 27). a menudo admirables en su particular contexto cultural.

coherente. H istoria de la literatura española. p. p. declara otro. resultan de antemano extraviados. Pabst. Sin pretensión de ser definitivas. dicen desconcertados unos críticos. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. Avalle-A rce. M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». infructuosos. en que. Madrid. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. Baquero G oyanes. nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa. de hecho. 64 Rodríguez-Luis. que nos parece m uy interesante. Rodríguez-Luis. 517. Fernández Gutiérrez. . de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. tales intentos exegéticos62. 1921. «apenas una novela». hablando de El licenciado Vidriera64. 50. H ainsworth. entre otros. a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». 63 H urtado y G onzález Patencia. por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»).Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. pero sólo tentativo. consecuentemente.

«Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». auto­ máticamente. pero que no determina. con gran erudición y perspicacia. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. de carácter. 2 Rauhut. . económicas. p. determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables. 15).D.. claro está. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual. pues. políticas. etc. Se ha demostrado. aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia. y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (. «Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. con gran desilusión. L. vol. discreción y moralidad de la protagonista. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas». 1416). Pfandl. criada desde la in­ fancia entre gitanos l. con sus empeños y lo­ gros personales. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). 146). esencial. pues. de per­ sonalidad íntima. p. 146. en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. C ervantes. irreductiblemente. creador de la novela corta española. se suele contestar afirmativamente2 y. Rauhut. II. (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. inteligencia y sentido común. que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. también distinciones de espíritu. Quijote. en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». con su virtud. p. como destaca Preciosa. moralidad. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales.

representadas en reqüesta de unos amores. 70-89. para la articulación novelística de la gradual. todas sus relaciones con los demás. 93-223. pp. 57-58.cortejo y del matrimonio cristianos. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses. comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final. cantar. Cervantes. pp. Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. La “pastorcica” Pascuala.. por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. Juan3. mutua atracción. en su modo de ser. / las vidas y condiciones. IV. / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4. del Encina. Teatro y poesía de J. sentido común. criada entre pastores. en particular con sus enamorados. para novelar. pp. para la ambientación de los episodios. Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina. Aunque simple “pastorcica”. entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179). los pastores 3 Forcione. toda su conducta. del triángulo o cua­ drángulo amoroso. 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. de las distintas actitudes hacia el amor. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». con toda probabilidad. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. su discreción. su precoz madurez mental y moral. 5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar». cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. vol. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía».. en suma.] yendo cantando con su ganado» (60-2). deí En­ cina. práctico de la vida. de hablar. En efecto. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». sólo por el genuino amor. entre otras. también las de Encina? . de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. en C ervan tes and. 60-69. con semejante propósito ejemplar. bailar —«se introduze [. ¿Habría visto.

.] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„. digno de ella: «según requiere tu gala / [. de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. la gitanilla.. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas. Presentándosele un día. pero está insegura. D.se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [. / que te haga presto rica. no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor». pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79). pastorica. especula Pascualilla. y un estado social elevado..] / ¡vete comigo. Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos. / pues que yo te quiero tanto». De seguro sin mucha ilusión. Y si no es por deseo de burlarse de ella. más bien un primer esbozo de aquélla. decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero. le promete su riqueza: «Por mi vida. / y con tu vista me aquexas. imposibilitado de excusarlo [. son incuestionables. Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2). asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna».].. / muy presto verás mi muerte. según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior.. se le presenta de repente un día. Compa­ rada con Preciosa.. y como prueba inicial de su intención seria.. carilla!» (62-4). El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía».. Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro. / si quieres tener mi amor».. Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización.. / N o me trates de tal suerte.]. desentendiéndose de todas .. «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma». declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [. Uno de éstos. en las afueras de Madrid. una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes. / si tu te vas y me dexas. Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora. un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [. en el campo. como lo puede mostrar este hábito [. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora».. veamos». interesada al Escudero. el Escudero.] / Essas trónicas [retórica] señor. momentánea infatuación. Pascualilla escucha. observa atenta.] / Pénasme por sólo verte. dudosa de su seriedad. / allá para las de vi­ lla» (62-3). el Escudero se proclamaría enamorado por una simple. entonces..] yo soy caballero..].

A mí ni me mueven promesas..esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole.. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas». Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». al estar observándolo «atentamente». o un grave error. yo 1o seré vuestra». dudas. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda. como única condición. parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D. promete Pascualilla. al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos. se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba».]. me entregaré por vuestra esposa [.. sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero. un «infierno de .] no le debieron de parecer mal»... que haría del matrimonio una aborrecida..]. en cam­ bio. trágica esclavitud.. y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa. Juan —cuyas «razones y talle [. que es la de mi entereza y virginidad.. la cual [. y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento. cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [. sino por el deseo de conocer bien al hombre. en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición. esperanzas íntimas de Pas­ cualilla.. prom ete a D. La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos.] en vuestra mano está» (782-3). Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. y no una burla. Por fin. con quien compartirían toda la vida. «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida.. sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios. pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas. Este «temor». Sólo así. y vos de la mía. ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [. y tomando el traje de gitano.. ni me desmoronan dádivas.] desatinadamente se arroja tras su deseo [.. podría eventualmente corresponderle en el amor. mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67). Si alcanza lo que desea. Las probables aprensiones. ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen».]. añade Preciosa.

Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. Al integrarse al mundo de Preciosa. el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero. 94). habéis de dejar la casa de vuestros padres [. / y va­ mos luego al ganado!».. Cuando viajan. para ella. / . advierte el Escudero más tarde. / quiero cumplir tu mandado / [.. Preciosa mía. Juan es lo que Preciosa quiere. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte. hallando esta verdad. «luego. económico.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. materialista. Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [.. también adopta un nombre pastoril: Gil. Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79).]» (782). adopta el nombre de Andrés Caballero. venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”]. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir. / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87).]..]. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla.Cancionero de 1496. La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. cuéntame por gitano desde luego. y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [..).. Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D. p.. Istm o. Madrid.pesadumbres» (ibid.] / ¡venga. 1974.] . La veracidad de D. 67).. Juan. «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784). Sin embargo.. p.. El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. «Ningún galán namorado». «Primero tengo de saber si sois el que decís». «no tenga quexa de mí. insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina. 179). cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64. O bras dramáticas. pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. declara Preciosa a D. com o afirmó». comprobar. y ciertamente no decisiva. es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6. [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble. que yo querría que fuese luego» (783).] púsose como embelesado». Mira cuando quieres que mude el traje. ante todo.

para «servir de lacayo a Preciosa [. / no te pene su penar» (62). pues ya soys deste hato. Apenas le revela D. Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. Con indignación su­ tilmente sugerida. baylar!».]. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». Juan debe aprender para vivir con Preciosa. no en la pollina. os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—. al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor. pues. Juan el amor a Preciosa. ante todo. en la corte y en la aldea. amigos mejor que de antes». Es la primera lección im portante que D. el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso. .. pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos.] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797). la primera prueba que debe superar. si tú quisieres.. «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). / buena pro. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [. Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos. pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa.]». Cervantes nos muestra que D.. dançar. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar. el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos.. «mas. Juan son. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]».. señor. / Déxalo que Dios te vala. dexa esse pastor [Mingo]. aunque con dichas "condiciones”.pie». Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada. cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. Superado este empa­ cho íntimo. sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos».. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). Al revelarle el amor. y la contestación de aquél: «no soy [. pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). Contesta Mingo. El verdadero amante debe te­ ner. La palabra se explica por el contexto. y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos. Los celos de D.

no puede corresponderle en el amor a Mingo. corrían. según sospecha de in­ mediato D. saltaban. çapatetas». «mil cósicas. (61. / con saltar. apreciando sus atencio­ nes: «¡O.. el paje-poeta. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». correr. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D. «¡Deslumbro si te oteo!».. Mingo. «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos. excepto en el caso del paje-poeta.] / Daréle buenos anillos. tiraban la barra». quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa. Dios te dé salud. pero. se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». luchar / [ .. aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer». Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y. la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795). es digno de detenida considera­ ción. que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». declara Mingo a la hermosa pastora. quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). baylar. comprendiendo bien su intenso embeleso y. no obstante.. / y gozes la juventud / más que todos los pastores». ¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8). así.. Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo. en señal de su cariño.]. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos.. Sutil problematización cervantina de vagas. bailaban. / cercillos... a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo. que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]». / que. débiles sugerencias del texto enciniano. sartas de plata.. mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer. aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. / altibaxos. el rival deí Escudero. que suele dejar perplejos a los lectores. / [. que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres».independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [. etc. ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido». pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla. 64-6).]».] / cantile­ nas. etc. ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? . Pascualilla no quiere. / las fiestas de rato en rato. ofreciéndole. chançonetas / le chaparé de mi hato. cantar. Juan. El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [.

«que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75). «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. Minguillo. precisamente por frustrada. porque «es tan hermosa». en cambio. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada.. Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla. ¡a fin de cuentas. no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado.. Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo». pasado un año. pero pasa­ jera. de qual está Pascualeja}» (79). aunque pretenda despreciarla. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor. espera ser amado aun más: «quiéreme. y flagrantemente egocéntrica.«¡Miafé!. en efecto. algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla. . / tu querer no lo deseo / [.. lo convierte todo en chiste. avasalladora.. precisamente. y. como antes. contra su voluntad. no monógama. previsiblemente. por ella ha dejado a su esposa.] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». hurria. así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. De seguro sin darse clara cuenta de ello. mide. tirte allá.. En otra ocasión.]? / [. como especial privilegio. que sea. es su enamo­ rado!. Mingo. compa­ ñero. / no te qu ello tres de vero». su amigo.. quiéreme más.. / tan bien como a Pascualilla» (81). por lo cual. inconscientemente. con suma gracia. / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño». particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2). Menguilla. Y después le pide. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. pero para no herirle la sensibilidad. músico y cantor: «sacude.] / ¡silva.. pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte. le dice a Pascualilla. Pascuali­ lla debiera entrar en una relación.tu caramillo / [. Sin embargo. Mingo personifica una pasión genuina. Infatuación intensa y pasa­ jera. es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla.

«Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella. Cabe pensar que esto ocurre. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía. más tarde. Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla. 147-157. N o es.] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío. ya no quiere aceptar el dinero. por ello.]. le da. amistoso. Sin em­ bargo. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos.. honesto [. por genuino aprecio. No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa.] / Viene un escudero» (62). 9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta. Juan la razón de tal conducta.. al enamorado en su demanda. pp. discreto y bien razonado [.. hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. No siendo «rico ni pobre» (785). Preciosa nunca quiere darle tal esperanza. A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella. y no “mercancía”. pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione.. al haber ella reconocido y recha­ zado otro. así como a menudo en la vida. buen poeta (793). pues con tanta afabilidad le había hablado» (785). por delicadeza de sentim iento. creyendo que ya Preciosa quedaba rendida. pues esto corresponde a su práctica usual de gitana.. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777). no quiere ni hablarle (796). cuando aparece en el aduar de los gitanos.favor de Preciosa. a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo. impropio para ella. sólo la preocupación de no hacer celoso a D . aunque sin animar.da gritillo! / [.. pero no la atrae amorosamente8. de ánimo generoso. en cambio. . pues. por esas inexplicables razones del corazón. Lo considera «galán y muy hombre de bien [.]. le dice en una ocasión. En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [. donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. Sin em­ bargo. / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779).. le tendré por reliquia mientras la vida me durare».. Con delicadeza... «Cer­ vantes’ La gitanilla».]». El paje-poeta sueña con ga­ narse el. y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9.

que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro. pero con entrega. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa. pues. sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. incomprensible sacrificio. porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799). para que D. inconstante a ella como mujer y persona. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. «de noche». Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento».a todas sus protestaciones amorosas. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso.]. En palabra y verso aquél celebra. cairás en que es de alquimia». ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. incluso. porque antes no las había buscado. Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. desde luego. honestidad. «descubrió» Cle­ mente «discreción [. según piensa para sí (799). discretos y enamorados coloquios». aunque en otro sentido (793). lo cual la halaga mucho. Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». agudeza» en ella. ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra. excesivo. le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. con insistencia. Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. de modo muy sugerente. Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. Juan «descubra» el quilate interior del «oro».. cuando más. 792) es acep­ tado al fin como esposo. las interiores.. que considera como locura de «mocedad». Estas observaciones de Preciosa a D. Por esto. parcial. sin duda. Esta mi hermosura que tú dices que tengo. Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro. como gitano (790). «descaminado». condicional. según él mismo dice. Sólo al final. la gracia de Preciosa. también por sus re­ pentinas. al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. y tocada. pero sus otras cualidades perso­ nales. / que a ser buena me encamine» (798-9). en su canción dirigida a ambos amantes. la hermosura. El «amor» del paje-poeta representa. muy significativamente. falta de «cordura» y. Por esto precisamente. con toda pro­ . lo cual se simboliza. imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella. claro está.

cuya «hermosura [. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero..habilidad. para seguir a Preciosa. esos extraños «prudentes religiosos». para él. Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796).. Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes. etc. quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta. retirada [. a la vez. «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.. «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil. según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas». aunque a algunos parece verídica.] como de una joya preciosísima. . casual. porque el duque. aguda. ni la muestra a todas gentes. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía».. que es Preciosa. Preciosa jes la poesía! (784). cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y. discreta. después de reconocer como mentirosas las anteriores. de la cual «hase de usar [. si es que hay fidelidad en las selvas». cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad.]. entre tantos encinales. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa.. de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. la última 1 0 . él tiene una bella y poderosa inspiración.] a todas las que yo he visto se aventaja» (795).. mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo. ¿inconscientemente?. 64). quien estimula. cuyo dueño no la trae cada día. p. proba­ blemente. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. y que él mismo califica. aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. como «caso extraño y pocas veces visto». espontáneamente su fantasía... Esos dos caballeros. ho­ nesta. desaparece del aduar y se va a Italia. su «señor» y «pariente».]». ni a cada paso [. de seguro mandaría buscarle. natural. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar. porque. tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6). hacia nuevas conquistas amorosas. para no ser reconocido en su huida. según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme.

84). Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es. el autor.. de calculada. pastor. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino. Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [. cumpliendo su prueba de amor. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. pp. El Saffar. no pudiendo deslindarlos netamente. En efecto. su prueba de amor: «Que me plaze. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. pp. / mudarme. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia. 215-223. por pri­ mera vez con la atención debida. el Escudero: «¡ved. Selig. «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ». etc. Gün ter t. Forcione. pp. las de Casalduero. etc. por amor que le tiene desde la infancia (805). 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. y. a la «palanciana». M ingo sería otra vez un antecedente interesante. Encina (70). (79.. que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 . pues tam bién representa al autor. quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). del paje-poeta-C ervantes. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». con toda probabilidad ni se da cuenta del problema. pp. por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). 273-6. / quanto mandardes haré / libremente. 213-20. Sentido y form as de las N ovelas ejemplares. lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n. «La gitanilla y la poética de Cervantes». D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. / yo jamás os dexaré.. Spieker. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. / por amor de mí. a la vez. para compartir la vida palaciega con él. con­ fundiendo los dos aspectos. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. Sin embargo.. muy grossera y muy mala [. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. D e particular in­ terés. / que también vos os tornastes. Sin embargo. / Y pues me tenéys amor.. pp. y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. mi señor. cuando menos. en efecto.]. «Preciosa y Poesía». Después de un año de vida pastoril.]». pues os mudastes. 107-34. Ños pa­ rece. 101-2.]. . N o v e l to Rom ance. En este estudio se examinan. el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». hato de mal asseo». pp. este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. sin temor» (79).que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso.. y de igual modo. «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance». 56-77.

. tentaciones y peligros de la vida gitana. Este be­ llo pensamiento inspira. que prazer tan valiente! / [. (63). que «presumen de loçanos [. la misma dignidad del alma.].. sólo con lo cual. 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril. 149. / ¡Oh. examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla. Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. que se deleitan en «sovajar» al humilde.. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo.] / ¡Pues no te digo. se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [. haciendo «atractivos» a los gitanos. antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3.. para adaptarse bien (86-7)... dilemas. bur­ ladores». / las holangças de las bodas» (82)15.. Para explicar mejor este problema. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas».] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche... en este estudio. esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut. corcobados». deforma «la realidad en beneficio del Arte». / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O. también La gitanilla.. qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [.] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso..] muy pendados [. lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea». . Cervantes idealiza «una verdad fea». mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor. después de la exitosa confrontación de D. Juan con las dificultades. que.. esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana. verás. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”.. 146. fundamentalmente.]. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. se justificarían todas sus muchas virtudes. Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa. tiene una implicación impor­ tante..]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375). siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores.crianza». Según algunos críticos. a pesar de que. radical. / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas. por boca de Mingo. pp. etc. según algunos críticos. / [.

p. 6-13.. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. Y sin embargo.]». tan reveladores. amistad. D... N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes . de íntima.]» (1113). Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte». como si fueran animales nocivos». llama «mala gente» 1 6 . 37-8.suya. serena comunión con la benévola. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo.]. la vida gitana. pero no carece de significado la provisión. a veces.. no nos desvela la ambición». Salvo obvias diferencias. Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo. L a gitanilla. pp. Quijote a las de los galeotes.. pp. La ilustre fregona. ¡Envidiable! Sin embargo... I.]. e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo. 369. con la misma facilidad las matamos [. no es de ningún modo idílica. respeto. creador de la novela corta. Schürr.. ¿no es quizás análoga a la de D..]. la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas. El coloquio de los perros. . 115-6. según se representa en la novela. amor... vol. Cervantes: T w o N o vela s ejemplares. Aparentemente. Forcione. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. Cervantes. El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra». y cuando le hay en la mujer propia. sonriente Naturaleza. (789-90)17. p... 17 Güntert. de paz. etc. Rodríguez-Luis. integridad.. vivimos ale­ gres [. irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad». «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance». «La gitanilla y la poética de Cervantes». de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio. si por enamorados echan a galeras [. «Idea de la libertad en Cervantes». Quijote: «Pues. las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos. 18 Lowe. pp. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 .. 126.? De seguro. tal reacción crédula a esas declaraciones. pp. 184-92. o alguna bellaquería en la amiga [. Evidente­ mente. por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio. a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones. ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [.

se justifica dudar . castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta. sospechadas.] cuando se les antoja». si las circunstancias lo exigiesen. otro simple arreglo. como inútil es­ combro. muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer. envidia. y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos. y de «dejar[la] [. a cualquier gitana.] o castigarla] [.. El gitano escoge «ya por esposa. desechada casualmente. Muy significativamente. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer.. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). puede dejar a la mujer vieja. que los gitanos infligen a sus mu­ jeres. muy complacido de tan eficaz arreglo.. declara el gitano viejo. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas. sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte». Maldonado. cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere. y de modo muy revelador. sin armonía de voluntades. según lo observa.. venganza... en realidad. Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona. como él sea mozo. y nosotros vivimos seguros [.. real o imaginada.castigo. inexora­ ble. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato. el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. etc. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). y escoger otra que corresponda al gusto de sus años». premeditado. explotación parasitaria de la mujer. de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos. «Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas. representativamente. la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo.]. La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es. chismes. o ya por amiga». en la vejez. imputadas por maldad. alegres».

las canciones y los bailes. sofocantes convenciones socia­ les. Tras el desdén de las rutinarias. que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos.. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o. claro está: «Somos señores de los campos. El gitano. son su­ persticiosas y patentem ente tontas. etc.. uvas.. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría...]. Quijote. hortaliza [. a veces muy ingeniosas y divertidas..]... ir a Sevilla ni a sus contornos.. de las humillantes so­ licitudes de favores. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [.....] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066).]. como dice Maldonado.] nos ofrecen [. útil para el sus­ tento de la familia. de los sem­ brados [. presto. o mar. con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión. a causa que los años pasados había hecho una burla [. destaca una evidente relación de causa y efecto. la preferencia por la vida «ancha. Y las limosnas que piden a cualquier extraño.].. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla.] a un gorrero [. los árboles [. de industria y ánimo lleno. las vi­ ñas. pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones. con orgullo.. holgazana.que las gitanas. nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda». aunque no para la víctima. al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [. hay «pocas [. claro está1 9 ..].. 507). se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. honesta. aquí y en P edro de Urdem alas .].. extendida.] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [.] frutas de balde.. en que «eran [. es «zahori del fruto ajeno»..... . exaltada por D. muy «atrevido [. ni a acompañar magnates. con que entretienen a los payos. monótonas. racionalista..] que no sean comunes a to­ dos». 507). ni a solicitar favores [.. cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren.. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas. ni madrugamos a dar memoriales. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia.]). ¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música. las huertas. o casa real [.. con lo cual Cervantes.. más bien. de las frenéticas ambiciones cortesanas. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas.. ágil.]» (796). encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos. Todas las víctimas de las tretas gitanas.

«La gitanilla y la poética de Cervantes». también sus corazones son corroídos por la envidia. A pesar de todas sus proclamaciones de amistad.. y hasta la exaltada vida al aire libre. como. «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes». sentido práctico. a que son siempre sujetos los gitanos. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas». 21 Güntert. sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—.. por el mero hecho de serlo22. humillante de los payos. com o medida preventiva. congenialidad. por el mero hecho de que se la atribuye.]. etcétera. pues. provechosa en las fechorías. pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). por ejemplo. la vieja gitana hace recordar a Celestina. in­ comodidades y peligros. refrigerio las nieves. liberalidad entre ellos. falazmente. «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo.prescindible para la continua colaboración eficaz.. sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia. cuyos desagrados. que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. . Sin embargo. baños de lluvia. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. estoica actitud frente a la vida21. D. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero.]. p. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. música los truenos y hachas los relám­ pagos. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [. fatiga» (791). Costumbre que todavía existe. ya bajo el gobierno comunista. según se verá. y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio. Por todas estas razones. codicia.. tenían de costumbre» (799). en particular como modo de vida perma­ nente... aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. 115.]» (784). Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia». pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas. como ven al Turco ahora» (784)20. también tiene rasgos “nob les”. 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto.

Observador de la vida gitana. a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje». p. como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa. le cayó en gracia [. p. D. con toda clase de pretextos. de inmediato corregido: «o por mejor decir.]. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». I. y de los ingenios de los gitanos.. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance». la indulgencia irónica. Juan. 47-59). 851-2) = «De todo lo que había visto u oído. p.. a la misma vez. y someterse.. le admiraba [. irónica se sitúa también el lector. com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo.]. en esta perspectiva crítica. excusarlo por todas las vías que pudiese.. Juan que comparta con ella la vida gitana. observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio.. 188. le suspendía [.] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [. o. N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas. se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso]. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto»... debajo de las leyes gitanas» (790) 23. prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae. y de que él mismo evita. 257). quedó admirado [D. 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio. de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D .. El m odo de ser «gitano» y. poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24.. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad. . para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». de la curiosa vida gitana25. Esencialmente. con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). reíase [. folklóricas. La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo.puesto a renunciar. observador por intermedio del personaje. «El realismo idea! de L a gitanilla ».]. 23 Lo ha notado ya Forcione. Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo. Juan]. sin vacilar. pp. «[.]. la diversión ín­ tima..]. que ella misma evita. sin entrometerse nada en sus costumbres.. a lo menos. 95).. 24 Preciosa pide a D . al decir que éste «m iente». y con propósito de seguir y conseguir su empresa.

]. mujeriego.] el estado de naturaleza [. hipócrita. insaciable­ mente codicioso y ambicioso. intrigante. traicionero. es un descarado oportunista. 26 Casalduero. Este rey no tiene condición alguna para serlo.. inmoral tercero. tanto aquí como en la novela ejem­ plar. adúltero. quienes. vano. Casalduero observa: «Cervantes. ridículo. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto. cobarde. arbitraria. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa. la sociedad noble a que Bélica «se eleva». al revelarse su origen noble. representan [. Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. 191. protagonista de Pedro de Urdemalas. moral. este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra». inces­ tuoso. mentiroso. ya que los gitanos. frívolo.Hablando de Bélica. En suma.. rencorosa.. que alterna con superficiales devociones religiosas. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades. malévolo. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos. melifluo congraciador. espiritual. tiene que superarla»26. excursiones y otras diversiones parecidas.. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey.. según se lo echa en cara la reina misma. para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). su traicionada esposa.. en­ gañoso.. en esa trayectoria: gitana-sangre real. defectos y debilidades de carácter. vengativa y cruel con sus presuntas rivales. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . en el orden social. pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. Silerio.. y así aprovecharse personalmente. empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido.. el favorito. dedicado incansablemente a bailes. siempre celosa de su ma­ rido. hipócrita. resulta patentemente absurdo. Esta po­ bre. lujurioso. falsa gitana-verdadera princesa.. fiestas. . p. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. arbitrario. el hombre tiene que vencer su naturaleza. cazas. La rema. 525). y también de Preciosa. político. ¡con harta razón!. es una mujer frustrada. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. falsa.

. de un modo u otro. ridículo. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. colectivo. engaños... abusos. hasta lo enorme.. son hueca... la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición. por contraste. en un orden ascendiente. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. a Felipe l í i .] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido. Si me quisieran para discreta. los ideales patrióticos.. e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes. burda sensualidad.. pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781)... la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. fraudes. útil función social. ilusión ingenua. vengativo y.' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo. sobre todo.. los que imputan a los gita­ nos28. injusticias. responsable. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos. para el bien de toda la pa­ tria 27.. perverso consejero del rey.. que hacen palidecer. “respetable”. cínica palabrería para explotar al desvalido. craso oportunismo y grotesca tontería.. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios. 28 Véase la nota anterior.. sino por su pomposa vanidad. hasta lo gene­ ral. tan solemnemente proclamados. respectivamente.. a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma. aun llevarme habían... errores. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. tonterías. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen. desde lo nimio. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía. ¡su pariente!. hábil del monarca. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. la autoridad civil no se distingue por una sabia.cruel. prudente. recuér­ dese que el rey.... personal. extrañamente considerado “normal”. etc. desde lo particular.

según se des­ . pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». todavía jovencito. Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende. sin ningún aparente mérito propio. Juan es socialmente identificativo. «unos paseándose y otros jugando a diversos juegos». Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [. Significativamente. ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales. personal. nótese: «a lo menos de vos. sobre el cual se afanan. pero al fin decide entrar con sus compañeras. en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785). De todos modos. en sí. La posesión bastante corriente del “hábito”. Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia. porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». «ornamentales». y no de tantos juntos.. neutro. y «el barato» en la mesa. las llaman «desde una reja». a todas las de­ más gitanas presentes. el “hábito” del padre de D. por su pintoresca ornamenta­ ción.tretienen. Discreto razonamiento. de esa clase noble española contemporánea de Cervantes. Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje. esta apari­ ción llama la atención. segura para ella (781-2). quien. la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación. Al ver a las gitanas en la calle. la única convincente. 687). quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas. Juan.· Evidente­ mente. considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas. para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778). previsiblemente. implícitamente. de su padre. imagino que no se puede presumir cosa mala». «muy bien aderezada y muy fresca».. pero moralmente de valor. D. indica criterios nada rigurosos para su obtención. como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala.] si nos pellizcasen». exige la prueba de la conducta personal. tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos».· en cambio. no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España». cuando más. sobre todo. D.

que los moderase porque podría ser perdiese [D. oportunista. De cuestionable discreción. Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. Juan». se hace cómplice en este arreglo práctico. que tan obviamente des­ dice de las frívolas.. se nos revela el padre de Preciosa en este caso. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. aun­ que proceda. del “barato” de su juego. En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. Juan daba. que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras. con otros parientes. gitanilla: A Tale o f H igh Romance». Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel. también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio. 32 D . por encima de la ley. Sin em­ bargo. aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. a la vez. en suma. En esencia. que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). aunque son de dos reyes» (787). p. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones. El tío. 30 Pierce: «cruel charade» («La. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. cuando menos.] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. ¡alcalde!. Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. y todos los demás sí» (800)32. Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31.. 293). «Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». .prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. Juan. y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416). Juan] la vida con ello» (804) 30. Más tarde. p. que ninguna es com o la vuestra. com prensiblem ente. infantiles y. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D. quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. 213). porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione.

. N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento. las pobres gitanas [. como a toda su familia. Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero.. y tendrá dineros..] por ahí he oído decir [.. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [.] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte.. naturalmente. dejándolo muerto (800). R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800). 3 . que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores. al verlo. todos atribuyen a ésta.. nos tienen por pobres» (784)34.rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805). A las muy injustas. jamás. Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras.1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784). más precian pelamos y desollarnos a nosotras [.... sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416). con perversa ironía.]. por más rotas y desastradas que nos vean. de «hábito en el pecho». al creerlo gitano.. y. pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza. sino D . cabe recordar otro con sejo de D . sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33. se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [. jueces.. su matanza del soldado. que son arpías de nosotras. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos.. pobre.. . corregido­ res. benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente.. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos. cuyos frutos.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”. com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra. jamás.. pues le basta al desdichado la pena del suplicio.]. y no haga usos nuevos. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido. probablemente m uy representativo. Juan. mientras antes. Juan y Caballero». tan típica de su sociedad. representadas a menudo sin duda por alcaldes. que morirá de hambre [. tan razonables. Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D. El com portam iento deí alcalde. corruptas autoridades payas. claro está.] envainó» la espada en el ofensor. «sín blanca»: «Coheche vuesa merced.] entiendo que no son buenos dichos [. del ilusionado caballero. etc. lo condenaron inmediatamente por criminal.

un caso excepcional de integridad? Su pobreza.para pretender otros cargos» (781). ¿se debe a su carácter honesto... en realidad. Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga. como a menudo se concluye. . patético y cómico a la vez—. preocupación hipócrita con las apariencias de honor. que lo atrajo por ser él tan «curioso». esto sí. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino.]. En este momento. y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro». en que. dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos. después de haberla «es­ pulgado. que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente.]» —auténtico acto teatral. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo. un real a Preciosa. decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle. 36 Véase nuestro estudio. y que. cuando menos. inco­ rruptible o.]» (777). y sacudido y rascado muchas veces [. Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. cuando. como. el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. p. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». según ella lo intuye agudamente... señor teniente [. o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. nota 27. a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna. «por no ir contra su gravedad». ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva. él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35. más bien.. ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781). de capacidad disimuladora del Teniente. que yo se lo daré después» (780). Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione. 209. doña Clara. por ejemplo. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego. no quiero dar nada ahora a Preciosa»..

a costa del criado. Detalles graciosos. ¡Delicadamente patética. a menudo. doña Clara pidió al señor Contre­ ras. todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta. yerma.. Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo. imágenes. otras la miraban. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38.] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». éstas la bendecían.. Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780).] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80). que le prestase «un real de a cuatro». Poco antes. la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780). riqueza.. advertencias de posibles peligros y percances. todo dicho con expresio­ nes. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. la vida solterona. 198).. todas presididas por un viejo escudero bar­ budo». spinsterhood. que cené anoche. fortuna... Signifi­ cativamente. a la vez.. spiritual p o v erty . dénmelos que yo iré por él en volandas». por un mo­ mento breve.. La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara. cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban. p.] . pero. su escudero. gracia y humor de cuño popular. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa». El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís. todos esos deseos reprimidos. parasitariamente. prom e­ tiendo devolvérselo.. 38 Forcione: «Penuriousness. a n d unfulfilled virgin ity. aquéllas la alababan [. «en viniendo mi marido». aventura. [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía. cómicos. estilizado. de vida estancada. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas».].tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo. vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y. Véase nuestro estudio sobre esta obra. all presided over by a bea rd ed old squire [. Por sentir en sí “encendidos” de nuevo. consejos “prudentes” para el futuro. incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española.

quien. sino la grande. y lo que vais a decir.]. que ésas no son alabanza del paje. [. de hecho.. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787). ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D . Véase nuestro estudio.. 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”.]. en particular con un paje-poeta pobre. paloma sin hiel [. Juan se desmaya de celos. La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana.. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena. y ia vieja. señora.a lo que predice: «No llores. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa.. y veréis cuál os le ponen!» (787)...]. doncella. por quien ésta expresa aprecio. cumplida su tarea.. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -.. entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara.. El Te­ niente «es juguetón. ¿Q ueréislo ver. sin ser ense­ ñada. acaba». Juan. Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?».. tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. D .. y decidle algunas pala­ bras al oído [.. Sin embargo.. En suma.]» (785)40.. hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D . todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39. Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o. Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa. Claro está.. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía.pondiente: «Hermosita. com o lo han observado varios críticos.]. hermosita [. señora mía. que se quedó abajo para informarse de los criados [. más tarde. sube también. etcétera (780).] ¡N o.. que os ama tan de burlas Andrés [. brava como leona de Oran [. la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer. quizás inconsciente.. Juan.] Llegaos a él enhorabuena. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente. después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa.. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. no penséis. . lo que era dar sustos y martelos. sin vacilar.. y m uy lindo» (786). lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho. contesta: «H ijo. niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [.].]. nota 37. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas.. no llores.] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia». pues las íntimas quedan siempre cuestionables—. Preciosa. oirás [. Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas. Sin embargo. que las escucha.

]». su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad. con toda probabilidad. diamantes de las Indias [.. Trata. también del pueblo que desde las aceras.por lo cual doña Clara «anda algo celosita». pero aunque sólo rozán­ dolo leve. y «como los . / principalmente de espaldas. atizándole sus deseos y sueños íntimos. desagradable existencia halagándole la vanidad.. por alguna autorizada fuente.. «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón».. «cuando doncella». virtud. rubíes y perlas [. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias»... y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7). «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo. acuñada..]. que como «sol [. ¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara. el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes»..]. lealtad. alige­ rarle la monótona. También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas. honor. pues. revelando su total insustanciabilidad.] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora. La casa del Teniente. de modo muy llamativo. ¿Es de auténtica tristeza su lloro. graciosamente. su vacía preten­ sión. como una casa de naipes.. pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos. Por cierto. / que suelen ser peligrosas / en las principales damas». amor. A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses». se desmorona por completo. respectivamente.. pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos».. la «quiso uno de una buena cara».. probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco». cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos. Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara. cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle.]. engalanados en «ricas telas de Milán [.. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance. su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad. aromas de Arabia [. Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente. de maravillosos seres celestiales.

. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos.). Desinteresado de la política. / se lleva las almas todas». de hecho. / que.. que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). etc.ojos se lleva [el espectáculo]. más explotada y empo­ brecida. no naturales. corruptos cortesanos de Felipe III. para promover sus ambiciones y gratificar su codicia. Felipe III. / [. por ello. De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. humano Atlante. pero por su acento urgente. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto.] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!». negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica. “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos. indignado en las “maquinaciones”. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). estaba de continuo “encorvado”. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre. haciéndo­ les olvidar. al menos por un rato. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!. defraudadas por com­ pleto—. / para arrimo de la Igle­ sia»!. / ¡Qué de designios que corta!. trazas. Declaraciones. . cada día. se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana. exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas. ilícitos. á costa de toda la nación. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra. que dejaba a sus fa­ voritos. nota 27. desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41. pero sobre las mesas de juego. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción. Ya se han mencionado los muchos.

tales intentos resultan inefica­ ces.m o­ lientes a todo ruedo. 42 Véase también Forcione. salen con ser ladrones corrientes y. pp. prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela. 44 Lerner. estudian para ladrones. al ver pasar a la reina con su «perla». por lo cual permanecía.. «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». por ello. y. Cervan­ tes veía a los gitanos. de modo aún más desfavorable. nacen de padres ladrones.. pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. nótese. 208-215. De hecho. según se ha visto. no es lícito atribuirle. todos sus contemporáneos. críanse con ladrones. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». biológico.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables. en general. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido. ¡“re­ m oto”!. . inaccesible. Laffranque. en el sentido natural. a quienes re­ trata. contiene su entusiasmo. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. Como. 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. En definitiva. La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u . y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez. Sin embargo.¡de la baraja!. a la reina. / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. a menudo. probablemente. finalmente. tan fértil para las “maquinaciones” 42. prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». que no se quitan sino con la muerte» (774). asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes.

económicas. a los «padres ladrones». nota 27. se refieren alas circunstancias sociales. sociales. Caro Baroja. la corrupción. ni ninguna otra ave de rapiña. Y «la costumbre vuélvese vicio» (D. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila. «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783). “normal”. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero».]».. contem-^ pía más bien impasible. sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones. dice la gitana vieja. . el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. sociales. “águilas” en sus trampas. de estas actitudes gitanas45. los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. «el gran gitano»46. ellos también. imparcial!. ¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto.. al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad. 46 Véase nuestro estudio. Quijote). Siendo estos males propios de todas las clases sociales. pues. como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya. de que la gitana carece por completo. nacen de padres la­ drones [. Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [. económicas de la so­ ciedad paya. están los gitanos tan orgullosos de ser.. Así. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”. 1978.toda la sociedad contemporánea. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas. en H om enaje a J. por ejemplo. paya y gitana indistintamente. be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. “respetable”.. pero fácil es adivinar una de ellas. familiares del nacimiento y de la educación del gitano.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789). maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes».

privativas de ningún grupo social o racial. por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos. que. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son. cultural y moral. y a ser su lacayo. haré que estos llantos se conviertan en risa» (801).. Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos». en nombre de su supuesta superioridad racial.. inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio». se insiste en la individualidad irreductible de cada persona. Al admirar el modo de ser. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios. y otros elogios semejantes. no se ve a sí misma. Como el hermanito de Lazarillo de Tormes. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual.] aunque a mí me cueste la vida [.]» (851).... cuando revela su robo de la niña. en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776). «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793). que presupone en sus lectores. Preciosa. [. que. según el lector viene com prendiéndolo poco a poco. ninguna «lerda» (779).]. a los gitanos. C er­ vantes exclama: «¡[. Por otra parte. cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno. se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [.] Caballero es Andrés [. Cervantes mues­ tra con igual claridad. pese a toda su reclamada agudeza.]. puesto que hermosísima. Repetidas veces. de ma­ nera asimismo tendenciosa. al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. y después califica: «privilegio de la hermosura». los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales. por ignorancia y cierta inge­ nuidad.. en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual. las can­ ciones. pues. en fin era gitana». . que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal. aunque gitana. (800)— con que la sociedad paya juzga y trata.. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha. los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad....ción moral frente a este mundo.

Juan. «Preciosa's choice has already . En efecto. no importa en qué clase social le tocase vivir48. apagada. sería siem­ pre “princesa”. sin duda. agudizado de continuo por su vida gitanesca. a veces por completo contradictorias. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época. protagonista de Pedro de Urdemalas. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804). el polo opuesto de Preciosa. Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos. p. Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D . com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. El reconocim iento del linaje de Preciosa es. Por otra parte. sería siempre "gitana”.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso. Preciosa es una joven extraordinaria. en algún momento de su vida. Bélica es siem­ pre. entre el Bien y el Mal. discreción y orientación moral. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. Este último aspecto parece el más problemático. elegidas con determinada decisión personal. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D . excepcional. pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles. Bé­ lica. Preciosa. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [. como piensan tantos lectores. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes.. Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. sentido común. y sin embargo. por sus extraordinarias virtudes. entre gitanos y payos. «La gitanilla y la poética de Cervantes». varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible.. en el sentido social.] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779). en todas sus cualidades y actitudes personales. magnífica persona. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. nota 27. Tiene inteligencia innata. de m odo im ­ portante. pero ¿no tiene que decidir toda persona. por sus ruines cualidades personales. 120). pero no “inverosímil”. Juan. Por fin. por más formidables que sean49. Gitana o princesa. un recurso necesario.

A lo largo de La gitanilla se muestra. 25. acomodada sociedad. como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta. no también been m ade according to her w ill» (W oodward. resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. de m odos diversos en las obras cervantinas. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables. implícitos y explícitos. aunque. . 1292). N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones». Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural. cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores. En efecto. «Ni los soles..] D . que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial. Cervantes coincidiría de seguro con D. que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos. «La gitanilla». a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos. esen­ cialmente. creador de la novela corta espa­ ñola. 450). en que el cura insiste. quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). ni los aires. quienes la abandonaron recién nacida («[. pues. sobre todo.. a ciertos resortes y móviles interiores. [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». ni todas las inclemencias del cielo.} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». p. al espíritu del in­ dividuo. ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50. Quijote. atribuibles a su sangre noble. es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775). Siendo en «extremo cortés y bien razonada». ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid.midables. verosímil de la tez rubia. p. «en la virtud». mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. sino. Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo.). fundamentalmente. en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). de muchos modos. Cervantes. claro está. 50 G onzález de Am ezúa y M ayo.

deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. sino también y sobre todo para afirmar. Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D. tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). necesariamente. nota 27.].. según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y. pobre y humildemente nacida. honesto. exigente. Penosas injusticias. le hace decir esto a su loco caballero. inteligente.. Juan) y no por sus virtudes. útil. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). bien conocidas también en la sociedad alta. . pero a la misma vez sugiere. con gran ironía. Tal modo de vida procede. jMuy rara nobleza!. siempre «sería milagro». nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. industrioso. puede realizar sus magníficos. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. “divina”. aunque no le conozca. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que. típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. generoso Pedro de Urdemalas. discreto. por tan rara. por causa de su origen hu­ milde (aunque. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. tan quijotesca. en cambio. mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. sin paradoja. de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. dice Cervantes. bueno. Y el tan extraordinariam ente discreto. entre otros ejemplos. posiblemente de padres nobles). en esta expli­ cación de D. La genuina nobleza. esa recompensa inefable. Es palpable la ironía con que Cervantes. Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. siempre deseoso de mejora. 1292). pensando en su propia vida. que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. modesto.en la confianza. y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella.

también el más apropiado. pp. caballeresca y. mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. 53 Es necesario recordar. según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. pp. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla». a veces. con la pastoril52. . 126-7. R od rígu ez-L u is. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. 13-14). implora el cura —en nombre del autor.la sublime «alteza» (775). guardadlo cuidadosa. que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina. A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. Destacan la relación esporádica con lo pastoril. en particular. tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53. señor compadre». pp. Cervantes no se propone sencillamente imitar. se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. com o a veces se hace. aunque muy arduo criterio. es su valor intrínseco. ridicula pretensión de superioridad social.. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes.. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. senti­ mental. libre de toda superficial. La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. 290-1 . quizás más que por cual­ quier otra razón. Pierce. En efecto. Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla. Claro está. Sólo con esta condición. exaltado himno al espíritu humano. picaresca.] con las que son imperiales». con mucha más razón. «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance». y por esto. entre otros. A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. pues el único. glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. Juan proceden. propone algo y no concluye nada». mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención. sin duda—.

por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte.. «que Cervan­ tes promete» (1054). En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55. ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. La Segunda Parte de La Galatea no se realizó. en El rufián viudo. se concebía. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico.] me diese el Cielo vida!» (1528). Se realizaría esto como ya en otras obras suyas.. etc. 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes. Persiles y la novela bizantina. el perdón de los lectores. entre el mundo bucólico clásico y el moderno. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto. en El coloquio de los perros. como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles. con que.54. a nuestro juicio. es decir. con toda probabilidad. etc. 55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador. burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia». Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte. que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D. en ambas Partes del Quijote (1605. D e­ claró específicamente. las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope.cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. en La casa de los celos. la Segunda Parte de La Galatea. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas. / con las ansias de la muerte». esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico. endémico conflicto en los libros pastoriles. Quijote y la li­ teratura caballeresca. todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. 1615). . referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. repetidas veces. clásico representante de la no­ vela pastoril española. en La gitanilla. pero quizás se nos esté revelando. al menos en algunos de sus proyectados aspectos.

aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. 1001) se pasan la vida en sentimentales. Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. delicados.burgués de las novelle italianas. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. pero nunca tan sim étricos com o. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional. por ejemplo. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. en que se sitúan los enamorados pastores literarios. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales. arroyos claros. también Pre­ ciosa y D. en muías y asnos robados. materialistas. ociosos cortesanos. B ama C. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. D ama A. Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso. económicas. venales. conceptuosas conversacio­ nes. sutiles. por la sobrevivencia. quienes en «amenos prados verdes. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad. Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase. en consideración de todas las implicaciones personales. en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. radicalmente final. a diferencia de la insularidad absoluta. que también los afligen a veces. . la fuente pastoril literaria de que surgen. Los problemas amorosos. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. de pueblo en pueblo. C ama D. idealizados cortesanos. que van por los caminos polvorientos. los resuelven de manera “eficiente”. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. esos cultos. sagrados montes. Sus preocupaciones son prácticas. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. mítica. hermosos jardines. genialmente metamorfoseados. disfrazados de pastores de mansas ovejitas. éste de G il Polo: A ama B. sociales de su relación. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. El disfraz de D. personajes ficticios y lectores. espaciosas selvas. de todos modos. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. los de La gitanilla.

refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. 1001). cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. Los míticos gigantes. se contrapone la vieja gitana. En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. lleva siempre el disfraz. manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. en suma. tan experimentada en la vida. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida. tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. tan discreta. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. que no lo es menos. como en las novelas pastoriles. como. y no. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas.cia de que todo el mundo. supuestamente. En La gitanilla. predeterminadas. formulares. que. «desamoradas ninfas» (a menudo. lógicos. poco antes aparente­ mente irresoluble. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. hechos de crucial relevancia en las . de los sucesos. Se trata. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. "refinado”. acusadas de “ninfas”. a su vez. de que nadie puede extraerse. animadora. particularmente el “alto”. con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones. esos pasto­ res literarios. de muchas. \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes.

Se ha observado. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo.. haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles». 288. rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca. La naturaleza. [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego... naturales. p.consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. Sin embargo. El escenario. y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789).. pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje. insoportables calores y fríos. por desgracia.. convencional desde la bucólica literatura clásica. abundante. Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual. naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas. co­ rrientes. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D . hielos. sino sólo por sus propias leyes atmosféricas.. nada benévolos. peligrosos. por completo indiferente al hombre. interrupciones forzadas. en contraste con cualquier novela pastoril anterior. rayos. 58 Pierce. serena. esencial.] . Reduce. continua. Con su agudo instinto narrativo. es. sonriente.. com o por ejemplo las ceremonias. de una naturaleza idílica. fluida. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos.. amenazadores.] y adornándole de ramos y juncia.. encinas. en suma. generosa. Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud.. con gran acierto. claras aguas cristalinas. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance». sorprendente. de amenos prados verdes. incó­ modos. que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58.. complicaciones innecesarias. pese a todas las pretensiones neoplatónicas. es decir. sin empalagos irrelevan­ tes. las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta.. sauces umbrosos. nieves. Juan: «[. claro está)... pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados. dinámica. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades. mirtos. del alma humana. ante todo. aguaceros. que no sólo sirve de apro­ piado fondo.

sufrir el tormento de toca. y les venden sus obras» (775). O rígenes de la novela. . Preciosa no es automá­ ticamente. 1000). Por ejemplo. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo. allí la pastora. y no faltó poeta que se los diese. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras. honesta relación conyugal (790). de manera no­ tablemente sobria. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. para cualquier ocasión. de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. subordinándolas a la conducta con que. ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos. p. La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D. poetisa de impro^ viso. infaliblemente. 14. como todos esos pastores literarios. pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). romances] [. el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos. sin ningún sentimentalismo enfermizo. hacen su acto de presencia y. Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. seguidillas. muy comprensible­ mente. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo...] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal. Andrés. 60 M enéndez Pelayo. su propia noción del genuino amor y de la buena. Juan. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas. D e hecho. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. después de lo cual le explica. zarabandas. Este hecho hasta ha inducido a sospechar. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. Juan por celos. 293. y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. aparentemente. O bras complejas.. so­ bre todo. tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». p. vol. en el desm ayo de D . pasajeros. diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros..dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. 1001). en la vida cotidiana. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. coplas. Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos..

1001).. sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. sauces» 62. que también proporciona a Preciosa. cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [. no: «Lísardo. Cervantes. p. Lauro. creador de la novela corta española. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. Paródicamente. advierte: «no sé si de improviso. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D. porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». D. Cervantes.de inmediato a sus enamorados. Clemente (nótese. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. Jacinto. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla. El paje-poeta es au­ tor de poemas. Juan. etc. chirumbelas». 25). El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol.: 1000). de la si­ tuación. Juan y el paje-poeta. este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril. Todas las canciones en La gitanilla surgen. quien también «se picaba un poco» de poeta. muy significativa­ mente. 62 M ontem ayor. No sólo no se imponen a los oyentes. pero que no son tan convencionales. Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. también en este aspecto. o». árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. zampoñas. IX. La Diana. olivos..] gaitas. y juraba por la laguna Estigia» (791). a toda costa y con cualquier pretexto. anticipables como los «mirtos. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. pues. . com o me prom etió a m í cierto poeta. o a la de alguna mata. cuando más. 1001). de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso. sino de demostrarse digno de Preciosa. El coloquio de los perros. Riselo». o de algún ribazo o peña. o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61.. naturalmente. «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. al menos tanto como lo es el paje-poeta. rabeles. y que ella sencillamente repite.

amores. ¡al lector también!. de dura acentuación. logran hacemos participar a todos. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad. de prodigiosos efectos coloristas. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos. drama. ¡Torna a cantar!» (776-7). Estas melodiosas canciones. En el Quijote. rítmicos. pues crean. españolizar cuanto más el libro pasto ril63. tampoco puede faltar el verso mayor. donaire. pero.. por su combinación de prosa y poesía. Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico. . imperfectos.. a ello! Andad. Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787). no sólo dejan «admirados [.. H ay algunos endecasílabos cojos.. pese a su incuestio­ nable atractivo poético. musicales.. «flores [. llenos de color. pues cons­ tituye una de sus características fundamentales. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. «perlas [. Cervantes quiere nacionalizar. ninguno. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [. como por magia. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances... a menudo. Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [. zonas estáticas. de temas maravillosos. claro está. y pisad el polvito atán menudito!. no hay duda. en la magnífica fiesta: «A ello. legendarios y actuales. que pretendía situarse en esa tradición literaria. Sin embargo.] casi todos los ver­ sos mayores» (1053). al son de su panderete. la novela pastoril se caracte­ riza. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana.] que despide de la boca». Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances. Éste.] que derrama con las manos» (787). fundamentalmente. pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa. romancillos. y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla. redondi­ llas y otros versos populares. sino que.. ritmos alegres.. En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas. ingenuas o equi­ vocadas).. en la de Gi! P olo. imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas... largos. música. hija.] a cuantos la escuchan». movimiento variado.] en redondo»..tación como en el caso del soneto (787).

creadora eficaz. Quijote.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa.» (D. intuitiva. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. ya Federico García Lorca—. fervoroso pálpito vital. parlamentos alternados. lírica. Ferreres. sin disonancia* exquisitamente lírica. G il Polo .yicos —según lo percibió. pero. penetrante. música. es­ pontánea del enamorado!. que son libros de entendimiento. (Esta.. frío. sin perjuicio de tercero. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho. sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. ix -cill. precisamente. complejas ironías. Particularmente esos solemnes.]. A la vez. con frecuencia. rítmica. ¡supuestamente expresión. armoniosa. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa. en sus va­ riaciones. actual de las gracias de Preciosa. erudito. determinada. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. y. fluida. monótonos diálogos amorosos. a la vez. esencial.. ¡naturalmente!. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). incisiva. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica. D ian a enam orada . prosa siempre armónica. dramática de la narración. L ópez-E strada. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. elegante prosa de Montemayor. rígidos.» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico. se convierte en una representación movida. poé­ tica. 1053). equilibrada. por el contexto temático y sítuacional. pomposos. precisa.. vivida. ejemplar novela pastoril. a la pos­ tre.. XI-XLVIL . «j. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. individualizante.. sin embargo. bailadora. dinámica. sencilla. le habrían parecido.. aunque sólo mencionado. y el de R. pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. espontánea. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. cantante. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\. su sabor arcaico. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. matizada muy imaginativamente. artificioso.

Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. pp. es decir. única en su tiempo. con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. esos diálogos pastoriles. de significado mucho más radical. . en La Diana de M ontem ayor65. mucho más importante. Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. en cuanto a la belleza de su pensamiento. su ejemplaridad. citado en nota 5. se trataba de declaraciones esporá­ dicas. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. 1053). Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación. crea una obra extraordinaria. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». Preciosa es hermosa. de representación hu­ mana universal. Cervantes destruye las artificiosas. «Prólogo». y> por la invención literaria con que lo expresa. Evidentemente. de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y.. 66 Ibid. Sin embargo. l x x i x . ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778). la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. diría­ mos. 1001). en particular. Percibim os una actitud semejante en Encina. y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. que no podem os estudiar aquí. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar». gritos interminentes de protesta del autor mismo. 10. pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana. Desde esta perspectiva. El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”. impensables en 65 La D iana. 170-1. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes. b? Ibid. Sin embargo. . en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66. míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. Quijote. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802).

y no con voces delicadas. rabeles o gaitas. determinada de vivirías ella también. de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate). y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69. 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance».Diana)68. su dignidad: «¡mi alma. se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia».]. «no encaminados a un piadoso fin»70). de faltar todos los demás resortes humanos. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». de la dignidad humana. que. cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. Juanita . «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—. Los amores y el matrimonio con D. conversando siempre de amor. que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». deseosa. ¡en voz alta!. es libre. por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque.. personalmente. 70 Ferreres. propio y ajeno. dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. . y otras cosas semejantes. al encuentro de otros pastores y pas­ toras. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. aplicables a toda la obra cervantiva. sino un cata al lobo do va. todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. con que encauza prudente y noblemente su vida. Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles. C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias.. y nació libre. lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. xxm . discreta.. su discreción. insaciable lectora. y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa. son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada . sino al que [hace] el dar un cayado con otro [. «Prólogo». y esto no al son de chirumbelas.. sonoras y admirables. sentados en troncos de árboles. de «muchos» libros pastoriles.

. sino que gritan o gruñen». sobre todo. Pastores de pasmosa vulgaridad. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas.. Domingos. Pablos o Llorentes. su vuelta a la realidad. magníficamente realizado. de recreación y actualización del arte literario pastoril. solos o juntos parece. de haberla Cervantes completado72. su con­ fesión del terrible error.. no que cantan.. sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas». todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes. escépticas. (El coloquio de los perros. en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita.. un in­ tento. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”.. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones. que parecen anunciar la parodia eventual. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea. discreta. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas.con voces roncas. 1000-1). pues representa. que.

D os años más tarde apareció una traducción italiana. pp. 1598. aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados. al revelarse. de manera inequívoca. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm.1 5 6 3 . ante todo. La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. se inspira a veces en las propias experiencias del autor. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano. en parte. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. muchos incidentes. Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia.1 5 6 8 . basada enteramente en la latina. Véase también Zamora Vicente. y hasta. cuán difícil. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver. resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. el frecuente tema del cautiverio. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'. según están sugeridos. de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. suponem os que éste debió de leerla allí. Il. vol. para su concep­ ción ideológica del problema. 43-49). Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel. el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma. por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte. o im posible.2. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. de pura fantasía. Éste. D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca. se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. 1608). L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad.EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit. novelista griego o bizantino del siglo III d. su fuente lite­ raria inspiradora. inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó . en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ».C.1 5 7 8 . Ambas son fragmentarias. pp.1600. creador de la n ovela corta española. detalles episódicos y expresivos. Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales. «U n sueño romántico de Cervantes». 36-38). 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. tratado en tonos muy diversos.

que algún personaje ha visto durante su aventura. Stegman. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. separaciones. encuentros inespera­ dos. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto. Esta novela se tradujo. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos. Leucipe y C litofonte (trad. C er­ vantes M usterrom an Persiles. N ú ­ ñez de R einoso. Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. In trodu zion e al Persiles. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. natural de la ciudad de Efeso. ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras.La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal. así com o una bibliografía selecta. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio. hasta en su teatro 3. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. de un m odo general. Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. lleno de aventuras extraordinarias. anagnorisis. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes. etc. con un claro propósito experi­ mental. «Leucipe y C litofonte en el Persiles ». Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. etc. un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores. sino. Symposium. Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. plantas. «Action first. traductor de Leucipe y C lítofonte ». 166-175. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. Madrid. pp. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. naufragios. según la traducción de C occio.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. El au­ tor presenta un hecho. verano de 1967. un novelista olvidado. La publicó en Venecia en 1552. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. explanation afterw ards is his device to . amigo de Lope de Vega». (Véase nuestro estudio «A. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio. «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». animales. 1917. R om ero. D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. objetos de arte. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. Por esta razón.. robos. D iego Agreda y Vargas). C er­ vantes.

]!». El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal. A veces. El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística. ésta se interrumpe. que también se narran por partes. Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). Éste lo ha oído de C. th at is really characteristic o f the G reek novel . por la simple elusion del defecto. a la vez.) no hay rasgo bueno o malo. lo había oíd o de D .] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito. Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. ficción dentro de la ficción. según se evi­ dencia. Λ Zimic. p. leve. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. hasta el final. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. además de la acción contemporánea del relato. go o d or had. Novelas Ejemplares.. de éste para la naciente novela corta española.de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. con frecuencia. nunca mordaz. 192). y C. C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco. en particular. por diferentes m otivos.] . «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada.. «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [. ejem­ plar. es su recurso para mantener el interés».. [(. en que se atan todos los hilos. porque es. a su vez. 9). Some Ancient N ovels. El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro. [«Antes la acción y después la explicación.. 770). que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo».». dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction. parodia de ese género literario4. b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd. una sistemática emulación y.. en efecto. Cada nuevo personaje narra su vida. en el originalísimo Persiles y Segismundo. realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest». varios personajes narran fragmentos de la misma historia. quien.

pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano. su propio de­ rrumbamiento interior. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. 810). particularmente en las obras de Cervantes (237-260). en realidad. El Saffar. y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»]. pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. sino por la referencia. che per amore infiniti affanni. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas. inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento». e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». En su nueva novela bizantina. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. «por quien [sus] ojos han derramado. como lo es Leucipe y Clitofonte. por causa de Leonisa. 110). que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. quien lo ha convidado a un lugar ameno. en la conclusión de la novela. que «saliendo de los términos de Sicilia. su «miserable estado». Historia de amor. se extendió por todos los de Italia. universal.turcos. p. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. el «amante liberal». «del tutto dilettevole. pero no su actualización en la literatura moderna. e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. a la «fama» de Ricardo. Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. ¡tan románticamente!. . Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. y de otras muchas partes». pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. como lo intuye también M ahamut.

cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes.. p. creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. entre otras cosas. evitando por completo la necesidad del análisis anímico. en cambio. por muy importantes en esta no­ vela. Por razones de verosimilitud. y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). y que así llegó también a él. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar. iniciadas in medias res 7.. Cervantes (831). . en cuanto a su exactitud y finura. etcétera. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. gradualmente. que «requiere más tiempo. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación. quien. pero. etc. 41). «A tu buena consideración dejo. quizás. consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. reserván­ dose el oficio de apuntador». otra razón y coyuntura y otra lengua» (829). en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). con la promesa de efectuarlo otra vez. ¡oh Mahamut amigo!. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. decidió novelizarla. modos de pensar. a veces complementando las de los otros. a veces.].que tuvo en Leonisa». estados de ánimo. apelando. Mahamut) narra sus propias experiencias. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos.. reacciones emotivas. o. com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa». claro está. Leonisa. sugeridos sólo como probables. durante la continua transmisión oral. a menudo. que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813). ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. a su vez. Otra significativa diferencia inicial. Se destacan así. por con­ sideraciones de verosimilitud. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista. pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida.

Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. pero con ciertos reparos importantes. toda novela bizantina. un portugués cantando un nostálgico soneto y.». Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato. Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos.) te pido por Júpiter. 114-5. que. en definitiva. pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar. dimmi che hai tu patito? [. [«H e­ liodoro ya no necesita a C... se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”. se le salió el alma. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote..) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T. según su propia declaración (Persiles. «dando un gran suspiro. Por tan repentina muerte.. después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [. no importa a quien. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído.] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8... e per esso Amore.] . 1552).. que es. en el momento mismo en que acaba su relato. pp.. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. 1345). De tales encuentros.novela de Aquiles Tacio. En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes. según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente. 1656). sin ningún pulso propio. y por ese amor que me complazcas»]. y N . di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction. dime ¿qué has padecido? (. «se ha excusado este ca8 W olff. a menudo mucho más accidentados y fugaces. narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. (. en plena mar. de índole estética y ética. con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia. poco después. y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549. al pie de la letra.] ti prego per Gioue.

te suplico me digas». pero en los ajenos.. que no los tenéis. y tan sin remos. debían de ser casos tan desesperados como peregrinos». ni cómo estáis en este lugar tan solo. sin duda. Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. todo el pueblo de Trápana. achacable a una concepción artística superficial. La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. desprovista de una convin­ cente. atenta a lo más externo.]. suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. para desviaros desta isla tan sola. «en pago de esto que por ti hago». según parece. no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois.. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante.. implora Mahamut a Ricardo (808).. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar. lo que se llora. como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles.ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche. que no apures los pensamientos ajenos. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que. auténtica interacción humana. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823). en realidad. Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» . expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio. dice Ricardo a Leonisa. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552). que no nos importa. Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados.] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [. ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. 1567). 1569). comenta un personaje. se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte. al fin. que aun de animales no es habitada» (Persiles. ni por pensamiento» (Persiles.

Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. incondicionalmente. etc. Con evidente diversión íntima. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla. y así. característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. etc. La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut. cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción. Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá. . con que se consigue que «the story [. Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. sin querer saber el cómo ni el dónde. de inmediato. Leonisa. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. por ejemplo. al afán de oír cuen­ tos. además. precarios límites temporales? Muy significativamente. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo. between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809).] comes out in driblets. le preguntaron el precio que por ella quería» (817). mi amo. pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. Leonisa es su amada.. quien es. necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo. “ Dramatic retardation” . Sin embargo. de curiosear.que Ricardo quiere decirles (829). ¿No implica qui­ zás toda situación. los ciudadanos de Trapana. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío.. su compatriota y amigo de la niñez (808).

The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction .. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. consiguiendo así el autor que deseemos. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u ..). es decir. ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. censurán­ dolo. según lo comentan. «Todos se alegraron oyendo esto.. Esta infor­ mación. a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (. 121.. por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles..] y con esto se despidió de él» (818). El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff.. que ni podía estar atento para escucharle». 1615. p. con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos.] . Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo.] 1 1 Riley.... [«Retardación dramática (. the reader grows impatient fo r the event» 10. pero «queriendo pasar adelante. sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad. como el mismo Ricardo. entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. aumentando así el interés del lector. de interrumpirla continuamente.. El lector se impacienta». pp. que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable. se parodia en el Persi­ les. algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro. 192-3. Esta práctica de retardar la narración. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel..) sorprendente (que P. 1623). injustificados. Teniendo en cuenta dicho propósito paródico. a menudo. 197. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia. un encuentro con ella. pero también.) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense».portions concerning other interests». [«(. que producen así un efecto por completo contrario al deseado. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [. por la que el lector siente también gran curiosidad.

La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece. is one of the most striking faults o f the whole genre». quando ha de ser sucinta. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809).]. del mismo narrador.) característico de la novela griega com o género. advierte 12 W olff. Lo percibió sagazmente Cervantes.. a pedido de Ricardo. sin duda. y no dilatada» (1613). 167-8. . o Periandro!» (1615). The irrelevancy is [.) Lo irrelevante es (. ni aun los casamientos de los pescadores.] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración. AO)... contrapuntística. in particular. [«U n exceso en la descripción en particular. pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa. con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo..] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 ..] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares. relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas.]. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. in its wide meshes. además. de manera muy significativa. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen.. is degraded to the level o f a frametale [. a la vez. Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias. pues. 1609). por fin. 195-6. sin posible «remedio» ni «alivio» (809).. consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [. regateada por los turcos13. es uno de los defectos más llamativos de todo el género.... no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles.. destacando. su «alma en almoneda». Hay. ψ. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (. for the insertion o f every kind o f irrelevancy. y sin relación con el asunto principal. for fully half its course. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room. pp. En nombre de Cervantes mismo. y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya.zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description. de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá».. The main story o f the Aethiopica. acrecentando la expectativa del lector y. y.

Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). el cielo: «me senté en el castillo de popa. p. zoología. hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820). «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid. pp. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [. aun de asuntos banales: «irrelevant geography. y. The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. von weitldufigen Reden und Monologen [.] pasa adelante» (810).] 16 Rohde. lite­ rary criticism. p. y Mauricio re­ acciona de inmediato. zoology. Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal.. ihre verschiedenen Arten. die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16. 15 W olff. Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras. por ejem plo. su “profundidad” y “sutileza”. Sin em­ bargo.] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken..] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera. Homeric discussions. crítica literaria. 176. [«(. discusiones homéricas y otra materia digresiva».. particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her. 516). corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas. por muy sucinta que parezca.. que está cercano a la marina en el camino de las salinas». es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809). travieso y aprensivo: «Apostaré [.) geo­ grafía.. siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos.. En la de Aquiles Tacio. Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste. incidentalmente.. Periandro menciona. D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer. 511-3. ihr Wesen.Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. [«Su novela es un ver­ .. ihre Aeusserungen. con ojos atento. me puse a mirar el cielo». inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa. 1611).. and other non sensous digresive matter» 1 5 .

] todo un capítulo del libro» (Persiles. y Cer­ vantes. pp. sus manifestaciones.. «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826).. insinúa el perspicaz Mauricio. Acompañóle en ellas Mahamut [. .. pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor. con que «el autor».). y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras». p... Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas.]» (§15). y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». y otros. de prolijos discursos y m onólo­ gos (. por su parte. R odríguez-L uis. 20. de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a». Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes.novelística bizantina. quien «sabía más de enamorado que de historiador [.]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte. etc. por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles.. Ricardo «no pudo [.] gasta casi [. Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” . Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 . que llegaron a humedecer el suelo. de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo. Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es. su esencia. 1576). incorrecto. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . 90-1). 1584). vol. 1584). explica que ha quitado «por prolija. sus diferentes tipos. 1609. según noso­ tros. estoico de Cervantes. por eso. lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. lo cual también desagradó al temperamento viril. 1 8 Apraiz. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles. I. 42.. Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje.. quien..] detener las lágrimas que como suele decirse.. hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia. p.

. consciente o inconscientemente.) ex­ tensión excesiva».. 192. «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela. E l peregrino en su patria. Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos. determinó de proseguirla. He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope.. los pensamientos que tuve y pasé. «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática. suelen ser desabridas» (Persiles. «disproportionate length» 20. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9. 1601). y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles.] . antiguos o contemporá­ neos. comenta el autor mismo. 19?. y Sinforosa de ver a Periandro. abreviándola.].]. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores. pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809). A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [.. las que son largas. 1613). que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas. pp.cribe esas líneas. se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!». aunque sean de impor­ tancia. 20 W olff. con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas. Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere». p. fuera de los peces. El peregrino en su patria. En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida.. 367-8. que. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva. No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas. [«(. 1608)... 1625). y las aves [. que no se pueda medir con razón al­ guna».] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles.] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas. «Paréceme». porque las más veces.. los temores [. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. Juventud. «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática.. en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [. por no 1 9 Lope de Vega.. Barcelona.

Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829). Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza. como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte. con el maestro A quiles T acio. hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna. un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio. pero. Otras veces. a veces. pp. con el resto de las características. en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes. una crítica social. con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í. Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824). com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. La declaración de Ricardo representa. basta decirte que fueron tantas y tales [.ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura. reincorporar “la descripción de las costum bres”. pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que.]. 2 1 Además de relacionarse con la trama central. aunque de considera­ ble interés en sí. G onzález de Am ezúa y M ayo. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa. la descripción de las costum ­ bres turcas constituye.. Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz. 33-6). se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut. casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental. A zorín y otros). con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central. que tam poco ahora se satisface sólo c o n . es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal.. a veces. Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. con toda proba­ bilidad. 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824). la conversación que tuvo con Leonisa (820).. por no ser tan prolijo» (814). le relata a Ricardo «todo. evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores.. pues. etc.22. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [.]» (814). de no caer en la. punto por punto». a la vez. . por ejemplo.

1711). sin em ­ bargo. «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» .]. «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto». Persiles.) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela». que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan».). abolengo... Se ha obser­ vado que «this mannerism [. Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación. y en particular en el Persiles.. la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (. «si no son Persiles y Sigxsmunda. que a veces.. pero que «Cervantes is the greatest offender.Así como en toda novela bizantina.. words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24. que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea.superidealizada. 1518). una donzellita de una hermosura incomparable y divina». patria.. Ciertamente. the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J.] que había en toda Sicilia [.. and after making his heroine divine ... tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810). and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages».).). dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. «estas alabanzas.. quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (. existe en la literatura contemporánea (..] . otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. Cervantes es el mayor transgresor.]. el protagonista. «exists in contem­ porary fiction. muy significativamente.. Ricardo.. hace su presentación: nombre. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (.. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria. etc.....]. deben de ser ángeles humanados» (Persiles. etc...) este manerismo (. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía». digo creíble por­ que es tal. la más hermosa [. «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [. hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana». hiperbólica..). la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada. p. [(. en las obras cervantinas. decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil. Sin embargo. de una exageración impropia o hipó­ crita. 1596. mujer de quien está enamorado. 700. 1583).

]..] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo. . 443. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales. sus labios. En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles.. su opinión acerca de ellos queda muy clara.] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar. que ésta sola tenía la forma que dices» (810).]. III.. con que lo cubra.. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [. por ejemplo. perlas. Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. no matar»25. siempre al menos implícita. y sus mejillas. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen. Madrid. se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles. sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso. que los tiernos se deshagan... o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido»... Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas. sus ojos dos resplandecientes soles. porque tanta luz ciega. sus dientes. pur­ púreas rosas. 1693). porque ansí puede ver. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor. Por Dios.. 1859.] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces. Clareo y Florisea. ¿es posible [. que los discretos se admiren. o al pedir a Auristela: «hermana. como. Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa. cúbrase el rostro con algún velo. no sé quién sea ésa.. alabastro [.. y no nos deja ver por dónde caminamos. y pasaron adelante» (Persiles. vuelve a esta ciudad [. N ú ñ ez de R einoso... su garganta. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. y siendo por ventura vista. ΒΛΕ.diosa Venus..]». Considerando que las metáforas con que se describe 25 A . que mata en la misma hora que mira [. por ven­ tura.] si no es Leonisa.]. p. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [. Hízolo así Auristela. 1624).. Mahamut contesta presuroso: «En verdad [. rubíes. o que no me oyes. y que los necios idolatren?» (Persiles. 1698). «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [. una maravillosa y concertada armonía.. como en los tiempos pasados. ¿Quiere.

si ella así lo deseara. parezcas gentil [. p. porque existen obstáculos formidables. en efecto. 4) . lo «desdeña y aborrece». Sin embargo. Leonisa no quiere a Ricardo. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . et egli rispóse. 15). no más. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. . se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto. y aun quizás de más provecho» (820) 26. Saltando de alegría. no vio jamás una semejante.. pero. convencional. que dejando de parecer cristiano. con el consentimiento de sus codiciosos padres. y él contestó que. La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte. el más formidable de todos. Ya este cambio inicial. con todo. detente. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. exceptuando a Diana. exteriores.. etc. 97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. porque hay un rival poderoso.].la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. porque los padres se oponen a su amor. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa. pero éstos no se opondrían a Ricardo. en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella. che trattone fuori Diana. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte. en suma. Ricardo. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. por intención expresa del autor. grité: ¿te refieres a Leucipe?»].. A questo io saltando d ’allegrezza gridai. Nótese por el momento también el reproche de Mahamut. non ne uidde mai una simile. grande. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector. que determina todo el desarrollo de la acción. p. a su unión. por una razón u otra.

Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. et caduto spargeua gran copia di sangue. con espadas desnudas. ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. de no haber acometido Ricardo. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. esti hauendo messa la giouane in una harchetta. non lo uolsi comportare. y todos embistieron a la joven. amoroso alguno para escaparse de casa.concepto y un significado nuevo. Io. guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti. culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- .mando mucha sangre.. nueva novela bizan­ tina. huyeron»]. corro a mettermi in mezo delle spade. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra. Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal. a Leonisa «le tomó un recio desmayo». Sin embargo. La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». aquéllos. El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. aunque de modo in­ directo. a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. porque en El amante liberal. habiendo metido a L. que­ dando así a merced de los piratas. no intencionado. muchos y grandes. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas. et caddi. los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico. ex­ terno. muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina. con le spade ignude. en un bar­ quito. et uno di loro mi feri in una coscia. más trascenden­ tal para ello. a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo. mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe. hay otra razón. como «un loco furioso». et tutti corsero adosso la fanciulla.

. pero también un desesperado deseo de expiación.) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (.] delibero di confessar Vadulterio . su íntimo amigo. pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares. 91) [«(·.. diciéndole [.. alcance con brevedad lo que deseo.par ación. «dijo Mahamut: . Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que... que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte . decide confesarse cómplice de ésta.. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815). que es acabar la vida» (808.. 89)..] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [.. mas él las atajó... lo defiende con hábiles[ argumentos .. [. hemos mandado matar a L...] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [. y así yo abandonaré esta miserable vida»]. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita.. Clinias. Cuando Clítofonte se acusa. essendo Vun delTaltro innamorati [.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte. para ser conde­ nado a muerte y. Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito.. en que Clítofonte. pero en vano... siendo aborrecido de él y de ellos.] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [.]». a la vez. para que.. 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas.. puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido.. 815) 21. De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio. p. pero de modo muy sucinto. frente al tribunal.) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M. añadiendo dolor a dolor y pena a pena. 90-115). claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo. haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente.. también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [. estando enamorados. su celosal rival. et dir che io et Melitte.. .] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare.]. no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere.

«sería bueno comprar otra esclava.) le cortó la cabeza. diciendo que era Leonisa [. flotando en unos «barriles» (823). comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”.. que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla. me maravillaba. y que una noche echarían la com­ prada a la mar. «mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro.] le taglió la testa..) pa­ lidecía. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí.] Al preguntar. y uno de ellos (. tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua. Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana. éstos. pues con Clitofonte se salva. pero Ricardo.. En una ocasión. raptadores de Leucipe... pero Ricardo. su amo moro. mi attristaua [. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio. no creía. la qual serbo in ñaue. Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112). pues lo reintroduce en su obra. de que él mismo ha sido tes­ tigo. incrédulo. . está conven­ cido de que su amada pereció (815). claro está. gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven.. que guardó en el barco. non credeua. Con buen gusto. et uno di loro [. echando el resto del cuerpo al mar»]. habiendo visto estrellarse la galeota. y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma..] mi hai posto in si gran bene. tampoco muere Leonisa. con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”. con las manos atadas detrás. persiguiendo Clitofonte a los piratas. quien se salva con Yzuf. su amo... flotando en «una parte della prora» (35)... me entristecía (. Al reaparecer Leonisa. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada.Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas. A Cervantes le interesó este incidente.] que se había muerto. El Cadí ofrece a su propia esposa.) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?». y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta». et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (. mi marauigliaua.. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825).

artificioso e inverosímil. no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91). Esta explicación. pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique.. y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (. [«(. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto.cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe. [«Ten esta cosa secreta. Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que. Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [. 70).. disse Sátiro.].. dijo Sátiro.. y los temores que le so­ bresaltaron [. 69. Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818). antes de llegar a las últimas páginas. Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte. el amigo le dice que «ella stessa [. et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi... a Leucipe le ocurren varias “muertes”..) estamos aquí solos en el medio de las redes»... si.) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?». ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y. tan irresistible para su curio­ sidad. en realidad..].] noi semo qui soli nel mezzo delle reti». con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa. no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían.. no la sobresaltes. los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron. no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa.. a fin de cuen­ tas..]. porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado». que resulta hirientemente obvio. non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [.. pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia.] En cada caso C litofonte .] quando sará tempo opportuno. con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823). Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa.] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [. en la novela griega. ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”.

pero. así como dudando qué fin en él toma­ ría».] casos que acontecen raras veces» (Persiles. criado de ésta. 68). desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. Apenas ve a Leucipe. lo que «no se ha de tener a milagro. En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo. ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». el 28 Chassang. estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares. por medio de un incisivo humor paró­ dico. fundamentalmente. por mejor decir.. acuciante recriminación interior. como en el Persiles. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés.queda entristecido. respectivamente.. ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. Sin embargo. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. a veces de manera casi imperceptible. en suma. Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave.] . turbó el juicio del autor de esta historia. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S. por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él. después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios. ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal. porque Sosthene. étrangers à la v ie réelle ou ordinarie». porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban».. tan frecuente en las novelas bizantinas. sino a misterio [. como en los cambios señalados ante­ riormente y. extraños. en fin se resolvió di­ ciendo que. Contra cualquier clase de sensacionalismo. claro está. «por extraordinario caso». la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla. Les romans grecs. Por lo tanto. otras veces. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor. cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. ajenos a la vida real o cotidiana». bizarres. En Ricardo. como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. ¡Todo se acabó! Pero.. en cuyas manos cayó. 1576-7). XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt.

[«aunque sea él bello (. Para realizar este de­ seo. en parte para demostrar (. Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que. el capitán pirata que la raptó. marido de Melita.. estas cosas no me importan»]. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él. el Cadí pide a Mahamut. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla.) rico (. De no poder alcanzarla por este modo. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad. todas las ter­ cerías de Sosthene.. 84). Quijotey 1061). pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [. quien «da en solicitarla descaradamente».]. los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf.] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87). di coteste cose non mi curo»). y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte. 80. pero consigue quedarse con ella el Cadí. de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos.. pero en vano. rico [..] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D. benigno.] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [. para poder gozarla él mismo (817). pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas).) benigno. Tersandro la insulta: «Tu [... su cautivo y compatriota de Leonisa. se apasiona de ella..) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L. se apasiona locamente de ella: «lagrimaua. Con la . sino...] sei vergine? O audacia degna di risa [. «usaría él de la fuerza.]. Y.«lascivo» Tersandro.. sin embargo...] che era mosso de hu­ mana compassione... que en todos ello no durmió un día debajo de tejado. su criado (^Sosthene)..) virgen? ¡Audacia digna de risa! (. 78. muy naturalmente. pero. [«¿Tu (.. a favor de su amo.»]. pues estaba en su poder» (821).... con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas... N o es que se dude de la virtud de estas doncellas. parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba. vendiéndola a al­ gún bajá. al cabo de ochenta años. por lo cual determina «de deshacerse de [ella]».) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?».. en realidad. y a Ricardo. parte per dimostrare [.

. 90. queda con más pureza y más limpio» (824). porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física. He aquí. mientras que la heroína. pues. ¡toda mujer!. que mientras más se acrisola. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que. N o es.. para una conclusión feliz del re­ lato. Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [.. de las N o vela s ejemplares. pero. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. ante todo. la espiritual y sublime.. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—. Sentido y forma. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal. ne tagliata dal ferro. la reaparición del héroe es comentario en sí.]. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo. la quale non puo esser battuta da i flagelli. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. 30 Ibid.ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. sino. et questa io non las- 29 Casalduero. por consideraciones de técnica narrativa. . obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824). la voluntad libre con que todo individuo. al salir incólume de cada aventura. pero sin destruir. «como rayo de oro». y en la literatura del Siglo de O ro. que es la genuina virtud. et sola. pues.. con ello. Después de una aventura peligrosa. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. p. en el sentido más naturalista. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29. et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda.]. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. ne abbrusciata da fuoco. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista. y no sólo habla.

y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». I. Quijote. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. desnuda.. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. ill. . diferente de todas éstas es la de Leandra. tanto más radiante en las prisio­ nes. aunque en el nivel más material. Implora. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida. esencialmente. The G reek Rom ances o f H eliodoru s .) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad.. pues coinciden con su pensamiento fundamental. quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. Libertad¡»].) yo. se explica. algo paradójicamente. TV. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego.ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte. prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. que revela. que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons. exaltador del libre albedrío. cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo. 1605). Teniendo esto en cuenta. 32 Véase Castro. pudiendo usar fuerza. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . lisonjea. pues. la cual no puede ser azotada por los látigos. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. poderosa.·. rica. tengo sólo el escudo de la libertad. y ésta yo no la rendiré jamás»]. p. caps. también el que los amos de Leonisa. Liberty!» 31. 1263). L angus a n d Achilles Tatius. Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular. creemos. Quijote. 474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. sola. Estas magníficas pa­ labras. promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. mujer. parecida. que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. El pensam iento de C ervantes . 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre. según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà. Melita. con su acostumbrada travesura. del amor libremente correspondido32. Y al más escéptico. Por ejemplo. Cervantes le amo­ nesta. 87) [«(.

que. desesperada. 75).) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (.. lo re­ produjo en casi todos sus detalles. A pesar de estar por completo a la merced de Melita. lo cual resulta cada vez más di­ fícil. percioche tu conserverai la mia vita .... a su tentadora. en lo que tú puedes.. che possano muover gli nomini ad amare». Fammi adunque copia di te stesso» [«(.ciato ne di dir. 1599).. que ya me está faltando»]. que. 74... pues. aprovechándose astutamente de esta situación. leño u otra materia insensible. durante la ausencia del marido. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte. me parece amar a una estatua»]. [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»].. che gia vien mancando» [«(. Sin embargo. por su pa­ sión. mi facci una gratia [. en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras ..) te ruego.. ne di far alcuna di quelle cose. o altra materia insensible. Los amantes.) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro. con toda clase de pre­ textos ingeniosos.) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (. che ho usata verso di te [. 144)... A me par di amare una statua» [«(. Ésta. 68. con lo que tu salvarás mi vida. de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. o legno. complá­ ceme»]. tomando en cuenta sus obras conjuntamente.) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio. fiel al recuerdo de la desaparecida amada. Clitofonte trata de evitar.] ben ti prego che in cose che tu puoi. finge querer servirle de medianera a Melita.. 310). según se ha dicho. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía.) se ha ido a visitar a un amigo. in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro. a quien. 67.. más bien. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [.. Así.] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel.] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico..) (T. recurre por fin a Leucipe. Leucipe promete servirle o. resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro.. pues Melita no deja de intuirlo. me hagas un favor (. Cli­ tofonte. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel. 72.

sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. porque ella es bella y joven. con el propósito. U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias. con cierta indulgencia compasiva. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. Aceptada esta sugerencia. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal. como. aunque a diferencia de Melita. en ocasiones. todos los creyera» (825). incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». por ejemplo. Sin duda. Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas. por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34.anteriores. Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. por ejemplo. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar. entre otras. la lujuria. Esta acti­ tud. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». p. con facilidad dio lugar a un mal deseo». que el Cadí se apasiona de Leonisa. de evitar la repetición. que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). muy significativamente. pero esta . 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. al abrazar Leonisa al Cadí. (N o v e l to Romance. no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». después de suplicarle éste —y todos los cristianos. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio. ¿por qué no te vas con él?» (68). Halima desea sexualmente a Ricardo. que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección». «quien tanto la quería».' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. sin duda. despre­ ciativa y. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. ambos vueltos al cristianismo. que. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve.

Respecto a esta batalla. por causa de la doncella robada. 29). E n o p in ió n de m uchos críticos. la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. que. XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»]. sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». le advierte a Ricardo. del modo más metódico. a Fatala. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. . siempre arbitraria. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. 824). Sin embargo. en una conveniente batalla naval (826-8). habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis. por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana. Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. 23. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. Chassang. claro está. pp. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol. amo pirata de Ricardo. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. Les romances grecs.A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. aunque. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. 36 La persecución de una nave por otras. Por otra parte. «le dio un dolor del costado tal. que varios críticos llaman “triunfal”. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. la condena de su inverosim ilitud es inválida. Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. con plena libertad de volunta­ des. de no percibirse su propósito.

p o ­ see valentía de un tipo teatral. 150. and wishes that she may hear o f his fortitude [. y sabe a qué atenerse» 38. por ejemplo. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho. El pensam iento de C ervantes...... [«T. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen. «possesses active courage o f a theatrical. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff. ante todo. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes. deseando que ella oyese de su fuerza (. espectacular de continuo apela a C. rindiendo después «la galeota de Alí. . Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles.) frente a m uchos espectadores».]?» (Persiles. y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos». con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos». de mejor condición que la mía. En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. O tro oyente. este esgrimidor. este corredor y salteador [.muertos.] continually calls upon Chariclea. que sin defensa estaba» (827-8). «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada.] 38 Castro. p. p. 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos. con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810). ni de más altos pensa­ mientos. comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador. spectacular sort [.. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa.. 1586). y los vivos malheridos.. en otra oca­ sión. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente.. 1623). Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín. quizás discreta. Durante la batalla. 95. pero cierta­ mente no heroica.] before nume­ rous spectators»37.

[«(. pero. a su padre. de quien pronto se enamora perdidamente.. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo.las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil... La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana.) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe.] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [. con «ad­ miración y contento» de todos..] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113).. por error. más que el mismo Clitofonte. “pura”.) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». a servirla desinteresadamente. nos dice Cervantes. Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla. que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. rapta a Calligone.. el verdadero. Callisthenes decide raptarla. sugirió a Cervantes. benigno. con su boda y las fiestas y banquetes en su honor.... benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (.. si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras).) se mostraba honesto y amabilí­ simo. et p ru­ dente.] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo. y Callisthenes (99-115). et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [. juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe. las «luminarias [. después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad. con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. Es oportuno detenernos en este personaje que. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: .. con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte. a todas luces.]. su boda y la de Mahamut y H alima. Al volver a la patria y devolver a Calligone.. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande.

en cambio. coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. cruel.. o a lo menos desde que tuve uso de la razón.] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone. afeminado. abandonando a Leonisa desmayada. . en aquél.. [«(. [. al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada. sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [.] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa. inca­ paz de acción. Sin embargo. 829. finalmente. cobarde. de blandas manos y rizos cabe­ llos. Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo.. Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años. egoísta. ¡oh enemiga mortal de mi descanso!. Ricardo le lanza indignados. etc. soberbia. llégate. a C or­ nelio. no muy desarrollada o ca­ rente. «comienza a tem blar de miedo». El problema fundamental de Ricardo. Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. es su total incomprensión del verdadero amor. al encontrar al repatriado Ricardo. en realidad. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114).ma quel che ho fatto poi.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. al comienzo. «mancebo galán. un poco más. hom bre de meras palabras. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio».]. hasta en situaciones muy cruciales. «no movió los labios en provecho» de ella. al negociarse el res­ cate con los piratas. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio. è stato per elettione et per giudicio». suaves. atildado. 812. en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate.. y. ocioso.. de voz meliflua y de amorosas palabras. (811. indolente... todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados».). Leonisa favorecía. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín. y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [. más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase».) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello. Tersandro.. no sólo la amé [a Leonisa]. pero éste no es en modo alguno una mera copia. etc.

sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso. Ricardo los ofrecía siempre anticipando.]. según todas las apariencias. Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo.. (810-11)4'. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres».. como la cosa más natural. favorece Leonisa. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste. De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [.que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte. etc. 5-33. nótese. en efecto.]. cuando ella.. con el especí­ fico. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio. intere­ sados en tener un yerno rico. Éstos. a tan despreciable individuo. pp. pues. de sóli­ dos valores morales y sociales. toda la obra: todos esos piratas. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso. pues. ni poder. que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—. sus padres favorecen a Ricardo. ¿Por qué. el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna. le dice. presumías de ti algo más de lo que debías» (824).] ha de querer. ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada.. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa. soberbia y mal considerada don­ cella [. como afirma con orgullo y convicción. joven discreta. H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). cuando se encuentran en el cautiverio. por ventura. Sin embargo... . ¡«pagando mi voluntad»! (810). etc.]?». obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios. mercaderes. presunción de Ricardo.. «pone los ojos» en Cornelio.. ¿piensas. «siempre fui mía» (830). con total independen­ cia.. acabe con ella la vida [. arrogancia.se estructura. Aspereza. En efecto.] que este mozo [.. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830). de buen gusto.

por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. entre su amo moro y Leonisa. Al tere ear. como mercancía cotizable. Ricardo pierde a Leonisa. el amor de Leo­ nisa. se afanan en comprar. por sugerencia de . ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812). la ine­ quívoca expresión del genuino amor. Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. aunque sólo fingidamente. en rea­ lidad. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos.obra. mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. encontrando en ellos. que es. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. cargada de «gruesas perlas». él no se distingue. aunque con ello arriesgue su propia libertad. de un modo u otro. pero. En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa. también por primera vez. una correspondencia sentimental. debiendo separarse de ella. de esos mercaderes del favor amoroso. quizás para siempre. pero en sus entrañas percibe. que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. ante todo. lujuriosa (816-7). siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo. ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. por primera vez. y al fingirse enamorado de Halima. «aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). esencialmente. pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual. en que Leonisa. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. empezando con el intento inicial del rescate. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual.

Ricardo. sin exceptuar la gra­ titud.Leonisa. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587).] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [. el más precioso don humano. Todo el desarrollo de la acción. sin obligación.. reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824). 824). Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es. que del mismo modo se une a la de ella. y. no le entrega su voluntad.. sometiéndola a la de él.. que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [. imposición o condición alguna. a la vez. Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [. «llana» y «humilde». en realidad. en presencia de «su felicidad y contento». sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal.]». sino que la une amorosa y armónicamente a la de él.. purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa.]! [.. hasta a riesgo del mayor sacrificio. sólo lo es cuando es librem ente correspondido. y ella. precisamente. nótese («¿es. le advierte Leonisa. la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?». 823). Al contestarle Leonisa: «Tuya soy. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte». impulsiva. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada. su «llano proceder». tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos. sacri­ ficándola.. renunciando a ella.. en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo. contra su propia voluntad. durante el cauti­ verio. Leo­ nisa es suya [. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas. Por esto. por ventura. De hecho. das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben». y tuya seré hasta la muerte» (830). en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon. el que por elección. Ricardo. al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada.. con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor..]. a pesar de la impresión tan contraria que le causó.. la conducta de Ricardo era presuntuosa.]. indiscreta. de . Por todo esto. según a ve­ ces se concluye.

con frecuencia ameno y variado.. La profunda influencia de las novelas bizantinas. «H eliodoro y las novelas españolas». niemals das der Beherrschung » 42. particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio. Sin embargo. nunca del dom inio»].] de su complicada trama. 255.. 45 Shepard. indicados (no exhaustivamente) en este estudio. 1980. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro. Philosophia A n tigu a Poética. etc.] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43. p. pp. la cual. Ale­ mán. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor. 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (.. Calderón. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional. en la dulzura del cuadro. U llstein . 4.. D ié K u n st des L iebens.Martín Gabriel. la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria. Frankfurt-Berlín. novelistas cortesanos. Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616). 214. pero no de­ cisivo. El amor es criatura de la libertad.. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [. an­ terior a la Philosophia Antigua Poética.). 44 L ópez Pinciano. p. A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y. Gil Polo. Lope. 31. . Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro». Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles. en todo caso. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica .. en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [. sobre todo. novela intensamente influida por la de Heliodoro 45. sin excluir a Pin­ ciano. en la suspensión del ánimo en el relato. p.nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit. como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. 167. A diferencia de otros autores contemporáneos.

137. 26 [«Se puede inferir. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. con algunas excep­ ciones. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. diversa. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. no aparece significativamente afectada por ellas.artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. T odd. dinámica. aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. sabia técnica narrativa. articulado en el Persiles. El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. justam ente. 47 W olff. en su iluminadora. p. in­ sensible. inteligente.a place much more important than they give to character»47. 240). ennoblecedora exploración de la condición humana y también. de forma muy importante. Sin importar la fecha de su creación. sensacionalista. abusivo. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior. Importa casi sólo la acción rápida. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador. . Som e A ncien t N ovels. casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. p. inevitablemente recordaría al del Q uijote. al fin su personalidad. cuya eficacia depende de su utilización moderada. El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina. en suma. Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. en suma la aventura exterior: «It may be inferred. constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. discreta. no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina. and rightly. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. The G reek. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. en su ingeniosa. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor.

aunque no por com pleto satisfactorio. a la vez emulado y superado por él. pp. de novela bizantina. eficaz. de la anagno­ risis. Cervantes la utiliza. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!». La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. moral se complementan y funden armoniosamente. con nom enclatura errónea. en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. 78. también la convierte en instrumento ingenioso. 241). nuevo. pues. 30). p. Sin embargo. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. que se caracterizan por «el tiem po de aventura». En este proceso tan excepcional. ante todo. I. exterior. pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. a la vez. pero. Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. pertinente y útil. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares. de novela de aventuras. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman. del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje.nica narrativa bizantina. Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones. lo que en ella se representa. de la gradual reve­ lación interior. 89). sino más bien. para un relato interesante de la acción novelística. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. . También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. p. asimismo.

Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. pp. «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo». que sólo «roza motivos picarescos». pp. Varela. Blanco Aguinaga..]. El Saffar. 230-9. cua­ dro de género picaresco».. diferencias. entre otros. pp. que es «una novela de picaros.]» (Evangelio según San Mateo. Pérez M inik. que no lo es en absoluto. 18. N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . 1.] que supera una visión unilateral [. con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios. pp. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf. «Sobre el realismo cervantino en Rinconete». Valbuena Prat. N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [. Y. pp. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca». 30-40. 43-47. pp. que representa «una picaresca diversa [. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria. La novela picaresca española. pp. nuevas funciones del préstam o2. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. Castro. pp. entre m u­ chos otros.. p. e t c . Zamora Vicente. Casalduero.. que sólo lo es en parte. en cada caso. p. . pp.R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. 41. para destacar. La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. 2 D unn. El pensam iento de C ervantes . la más famosa novela picaresca3.. «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo. p. 109-131.. Casalduero. personajes. il. Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. detalles técnicos. pp. 43-46. Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.. 45.. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”. VII. 88 ss. Sin 1 Apraiz. semejanzas. «Estudio preliminar». 314-342. H ainsw orth.. 97-8. G onzález de A m ezúa y M ayo. 8. en efecto. E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. 31. epi­ sodios. 436-441.]. 2). C er­ vantes creador de la novela corta española. Estudios de literatura espa­ ñola.

pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. en que a menudo se hacen valiosas sugerencias. despeñándose tras el gusto presente. huían de casa por varías razones —padres o amos crueles. en definitiva. 32-36). L a novela picaresca española. véa­ se Parker. como el mismo Guzmán. lo que prueba su inmediata gran popularidad. en parte. con algunas obser­ vaciones penetradoras. estrecheces económicas—. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra. a menudo. Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. pp. 298)6. 5 Vaibuena Prat. tras la cita. de hecho. de casa de su padre». «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. de «mozuelos caminantes» (299). de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. L a novela picaresca española. sin duda alguna. en parénte­ sis. 9 ss. con varias ediciones en los años siguientes. pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. sino de advertencia crítica.. pero.. indicando la página. todos estos estudios comparativos. moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia. de su representa­ ción de la experiencia picaresca. por el estímulo inmediato. «Estudio preliminar». sobre todo. 42. La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599. ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace. lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. apa­ rentemente común en la España de aquella época. . el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577. sin respetar ni mirar el daño venidero» (254. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo. en lectores desprevenidos. in­ quietudes íntimas y. pp. Los picaros en la literatura. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [. ineptos («va huyendo de su amo. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. en su rápida narra­ ción». 258). p. quienes. La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. su genial formulación artística. Vaibuena Prat.]. pode­ roso de Guzmán de Alfarache. indiferentes.embargo. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. Rinconete y Cortadillo «representa. 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A . Quijote respecto a los libros de caballerías4.

que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. pues volcando el 6. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. pero.] hallé» (271. lógica. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569». a cada paso. nos dice Cervantes. Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. sin entendimiento ni gobierno» (271). a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache. para que me imites a mí: antes para que. ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. que aquesta confesión general que hago. 1248). de encuentros sorprendentes. llenos. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. aventuras excitantes. año de la publicación de G u zm án de Alfarache. sabidas. países extranjeros y caminos siempre diferentes. este alarde público que de mis cosas te represento. cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo. la fecha 1569 sería ideal. esta «buena vida picaresca».. no es. a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos». a diferencia de Avendaño. 1605 (cap. especí­ ficamente. Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple. por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica. si quieres oírlo. . Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». corrijas las tuyas en ti» (391). o poco después. aunque pudo escribirse ya en 1599. ciudades. en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. XLVll. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica. 301). Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9. aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. a este modelo literario.personajes cervantinos. sucesos inusuales. según ya se ha suge­ rido. En el ma­ nuscrito Porras. ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona..

. que considera verdaderas. para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [. al menos por un rato. «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida.. vol. I. casi siempre. huyen de sus hogares.. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas.. peligrosas y. otras. para emular las de los libros de caballerías.) sirve.. enamorados de las novelescas aventuras picarescas. Rinconete y Cortadillo. sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. 338). otras. Quijote. [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (.. Andalucía. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres. que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache.].. imprevistas. Así. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”. N o ­ velas ejemplares.]. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . “romerías”.y en la astucia. por el acaso» (Blanco Aguinaga. entre otras cosas.. de moldear su vida. Sevilla.. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales.] serves». como vamos de Castilla a la Andalucía [. las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales. el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [..] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo.. el primer padre fue alevoso [. al azar. deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas. 33). pues. desde que se encuentran. «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance.]. a veces pro­ bablemente m uy sinceros. pero. este ¡«almíbar picaresco»! (301).. de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca». Sin embargo. que es todo el que los rodea.] se van a dejar llevar. 34). sin las molestas preocupaciones. quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas..] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia. p. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón. «En la venta del Molinillo [. a veces forzadas. A diferencia de D. p. «los dos m uchachos [. como D. el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0.. 339). se hallaron [. Quijote.. Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce. entre otras cosas. «Cervantes y la picaresca».. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco...]» (308. «Introducción».] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años.

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
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procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

y donde las dan las to ­ man». particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos.. con media capa menos [.] benardinas.]. A menudo utiliza refranes...] tener paciencia... el sacristán le miraba de la misma manera [. como sus cómplices. si acaso por el aprieto se le caía [.... cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458). que de menos nos hizo Dios [.] (457).] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado... únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[. Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo». He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra. es decir. Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes. etc. tener paciencia...]» (458).·. en su buen discípulo.“oficio”. sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [... típico m odo expresivo de Sayavedra.]. que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día. si no es para la m uerte [.. con que «embe­ lesa» a sus víctimas.. refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [...]» (838). que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [..]».. sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [. antes con rostro alegre... U n a mano lava la otra y entrambas la cara [.] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S.. que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [. En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo. Cortado le marcó por suyo [. le co­ menzó a decir tantos disparates [....... acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [. “profesionales”.. ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos.. día de juicio hay [.... Sayavedra dice que «el pecado [..]. ... posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[..] no debe de estar perdida [. Cortadillo: «para todo hay remedio.... le dije [..].] y así se iban corridos [. Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos.]. (459)..] esa bolsa [. etcétera (838).]. Martín. respondió: [.] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses.... y sin turbarme.] con extraño disimulo.]. pero siempre salvándose de algún modo del aprieto.].. lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 .] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461).]. sin al­ terarse ni mudarse en nada. en «jactancias en el hablar» (460).

tal com o en el Q uijote. pues. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes . en cam­ bio. le exigió pago. Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res. D u n n advierte que. el arriero. es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. ya están contemplando20. 174). por parte de Sayavedra-Lujan (385. uno de los caminantes. al terminar el viaje. que de se­ guro. según recordarían. como si fuese convenido desde el principio (295). ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán. en verdad.Poco antes de llegar a Sevilla. «medio amo [. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». p. de algún modo. En suma. pp. inesperado. . pues tan extremado cinismo resulta. «me­ dio amo» de Sayavedra. admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente. pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis. que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje. con que consideran pro­ pio. lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos». por «generosi­ dad». en su carácter. con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán. quien. en efecto. 126-7).de la camarada» (836). Prescindir de este lance.. 391). por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836). algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [.] parece m enos simpático y más de acuerdo. 20 Sin percibir la imitación que sugerimos. entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño. D e acuerdo con nues­ tra tesis. ¿no equivaldría. a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí.].. las «memorias» de Alemán...··]». con la víctima tan desprevenida. Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores. pese a todo lo entretenido del engaño. excepto si no se presupone radicado en su ánimo. literario. en circunstancias tan oportunas. con tan cuidadosa. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso. sino más bien en el programa picaresco.

. un cuello [. “hatillos”.. ni de ser ha­ llado dellos». observa Guzmán (324). [al] otro [. el otro. encerada. y recogida toda en una manga. colores. que todo parecía hilachas» (834). como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo.. festi­ vas. bajo de copa y ancho de falda [. particularmente a los picaros “novatos”. que donde falta conocimiento el hábito califica. proveniencias. una ca­ misa color de gamuza. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego. pero engaña de ordinario». Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz. de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”.]. quien. “mangas”. rotos y maltrata­ dos» (834). para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4).] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto.] en el seno se le parecía un gran bulto [. según se lo piden las cir­ cunstancias. hijos de familias “honradas”. para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas.]. prácticas.... sabe mudarlos con la mayor destreza. como podría decir con más razón que nunca Guzmán. for­ mas. Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924). que al hombre pobre ninguno le acomete.: «Traía el uno m ontera verde de cazador. bien es verdad . pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas. «Vestidos de mezcla» (324).. quien. no teniendo «mucha gana de volver a los suyos. con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”. Por esto. Al salir de su casa. Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar. etc.«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido.. Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne. un sombrero sin toquilla... y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. antiguas funciones. vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). auténtico camaleón en los vestidos. los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. se deshace de sus vestidos. en que traen ropa “para rem udar”. explica Guzmán. A todas luces. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa..

]. que el mozo adopta para su vida picaresca. desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». 435)? A la “suerte”. de lo cual hay repetidas menciones en la obra. Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. asimismo como Rincón. se queda «sin capa». por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez. dio noticias de mi habilidad al corregidor.. que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán. El nombre mismo. quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835).. 320. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834). que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”. obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834). siempre enigmática. inescrutable e imprevisible. Rincón y Cortado parecen espantajos. 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835). aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. de manera que más le servían de cormas que de zapatos». coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». y. al «destino». sobre todo. Diego del Rincón. pero convencido de que «contento no existe en el mundo». el cual. en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). inveterados.]. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida». buena o mala. a la «fortuna» [. suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí.. por habérsela robado en una venta. que los tiene «arrinconados» (269. ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269).que lo enmendaban los zapatos [. se queja Cortado. aficionado a mis . por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254. coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria». ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo. claro está] (323).. sin suelas.

También la tendencia morali­ zante. procuré de no verme con él. armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835). y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. 324. «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. que.. por ser humilde. ha dicho [. casi siem­ pre. acreditativa de su nueva vida pica­ resca. N o v e l to Rom ance. sino. la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos. «vuestra merced». Con «vuesa merced».buenas partes. «señor». mas yo. pp. dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22. en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. «señor gentilhombre». Esta relación. Cortadillo y Berganza». 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. el “m ayor”.. suele consentir: «Sea así [. p. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero. el “me­ nor”. en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm. tam­ bién en esto. así habla Rincón. «información de hidalguía» (323. pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. Y Cortado. esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra. En efecto. de un remedo fiel de esa incongrua.. pp. Mas aunque no me lo mandaran. quisiera verme.). que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5). «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. . Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 22 D e tenerse en cuenta. en efecto..] como vuesa merced. 32-36. de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen. pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835).] y serviremos a vuesas mercedes» (836). no quiero tratar con personas tan graves. y Sayavedra: «me reconocía por amo». cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852).]» (836). y. es aceptada por ambos mozos como natural. por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán. señor Rin­ cón. «señor mancebo». 29-44). 108). en cuidado lo tenía.. didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas. que es el “mayor” de los dos. a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre». y así salí de la ciudad» (835-6) 21. etc.. itinerarios: «Allá vamos [. «se­ ñor caballero».

sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. esa «vida estrecha». es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38). algunos personajes intuyen la pretensión. pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836). pero utilizadas por los picaros. cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello. ¡cuántas más mejor!. la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836). pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321). pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios. aburrida. Sayavedra y otros picaros23.. que a la postre los empujase a escaparse de casa.435. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. diferente de la nuestra en su premisa inicial. De todos modos. en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar. p. ..] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados. T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. no importa si aldeana o urbana.). uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos. 461. 453. sino con la pretensión de ser auténticos picaros. sabiendo leerse los pensa­ mientos. C om o señala también L ópez Estrada (ibid. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [.. Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo. etc. 61). Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia. hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo». Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”.) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán. quienes.. Ambos concluirían. López Estrada observa: «los m ozuelos [. 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos. en familias ricas o no. Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca. E n su interesante "lectura” de la novela. Las palabras son “cortesanas”.

se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27. Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . 36). Todo lo contrario. económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal. y Rincón a él. y de que son muy conscientes. R. y C. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). comencémosla con santas y loables ceremonias. y no por adversas circunstan­ cias sociales. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas. único fin de ambos. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. R. no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción. Since the m ask itself represent evasion:. y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero.. Ya que la máscara m isma representa la evasión. indistinguibles de las del modelo literario. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. ho w ever. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. pues. en realidad. Y levantándose Diego Cortado. con el estribo [. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos. Quizás todo sea muy sincero26. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas. Rincón: «pienso que habernos de ser. en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. y C. [«A diferencia del verdadero picaro. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [. de éste hasta el último día de nuestra vida. en sí. que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia.. etc. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron. abrazó a Rincón. p.] ha de ser perpetua. el robo al francés. Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise. verdaderos amigos». sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte. tierna y estrechamente» (836).). 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro .Entregándose.. está distanciada de la sociedad». pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255).] [asegurando]. «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino. pero esto.] ..

«Ver» ciudades.. sus intentos de asumir unos caracteres. «como necesitados». Q u ix o te ’s Profession). al reconocer su esencia. Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. como es natural. a diferencia de éste. según la práctica picaresca (462). «temoroso» de que los perdedores. Así.. resultan inevitablemente cómicos. pero.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. es m uy posible que en ocasiones. y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. así. asimismo como D on Quijote. saltaron delante de las muías y se fueron con ellos. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que. quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás. Ocurriría así com o con D .tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos. el gran concurso de gente del río» (836). sentir y. le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [. Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad. p.. Q uijote. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 . no cabe pensar en un propósito imitativo.]» (836). por ejem­ plo. dejando al arriero agraviado y enojado [. aunque qui­ zás las evoquen íntimamente. concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura. 6 8 ).. Después de la treta con los naipes en la posada. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz. con propósito y convicción ab­ solutamente serios. Según ya se ha sugerido. . que les hacen imposible.. Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. deciden repudiar la vida picaresca28. como. por ejemplo. en la interpreta­ ción de Van D oren (D. a los cuales todo su ínsito alegre. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo». Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura. de hecho. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran. com o en el engaño al arriero.. gracioso. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos.] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). juguetón. Guzmán. ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial. ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. Claro está. el pesimismo y el cinismo de éstos.

G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos. informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél. Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella. [. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836). las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación.]. lastimar. con óptimos resultados: «Dime tan buena maña. «en especial y primero su iglesia mayor». los instrumentos.. les da sobre las prácticas. que no sabré decir» (432-8). obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid..] toda la lección» que un mozuelo. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia. ríos. jardines.. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321). «cuya vista les hizo suspirar. fue tanta mi alegría. el «asturianillo».. y si era de mucho trabajo. Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma. casas. de quien comencé a tomar liciones.].. quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836). bosques. fuentes.]. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid. «toman bien de memoria [.. De todos modos..]. . estatuas. los lugares. tan exaltados en Guzmán de Alfarache.. ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos. asimismo como Guzmán en situación análoga. a menudo. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro. para con ello ganar de comer» (321). y de qué ganancia» (836).. palacios. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán. plazas. que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29. cómo había de compadecer [..rarse» de sus «cosas curiosas»... de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles.. Sayavedra y otros picaros dromómanos y. con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey».

.] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30. Desta continuación y trato [. Mu­ chas veces me lo dijo...] al cam ino a la ventura [. ayudarse.. Y Rincón. contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [. y quien «se contentó [.. cuándo y a qué había venido». entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456). Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [. nuevo es en ella. le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [.. y apar­ tóme a solas [. Evidentemente muy consciente de tal “error”. de lo cual se arrepiente mucho. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase.. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro]. dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre]. 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo..parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad. que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837). Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [.. cómo me llamaba.. Guzmán encuentra a un «despensero».]. éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma.. a darse avisos. y díjole que si quería servir.] de la buena gracia del mozo. pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309). sabiendo de dónde era.. según se viene viendo cada vez más cla­ ramente. así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles. 342).] me cobró amistad. esto es lo único que los dos buscan. y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309). por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837). quien «hacía confianza de mí. Destruyenos el arte [.... diversión. quien «cargóle muy bien. como esportillero..] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras. y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda».]. a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse».. se encuentra con un soldado.]. Por esto.]. sabe poquito y nos destruye [.]. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro.. Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero. . examinó mi vida. Como esportillero. enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba. de acompañarle». “liber­ tad”!. Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos...

según se verá más adelante. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes. Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?». en que explica su extraña.advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores». dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [... Este mozo de la esportilla desempeña. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [.. con pintorescas voces germanescas —que. ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [.. y beber.. como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9). pues. seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada.. algunas funciones del “protopobre”.. a su vez. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio. indirectas referencias.] ¿No lo en­ tienden? [. «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia».].. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839). A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio». y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla».. com o m odo ejemplar de vida. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste. pero sincera com­ prensión del mundo. di­ recta. . para los novatos.] las ordenanzas mendicativas» (342-3).] por escrito [. Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31.]. la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día». vaga.. con una cu­ charada de plata [. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar. deformada.. para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas. Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo. que se describe sólo con unas breves. pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [.] Pues yo se lo daré a entender.. mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal.. requieren explicación. rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio. o no? [. quien empieza a examinarlos: «Díganme..]..] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve..

su jefe....] es santa y buena [. Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante. y su amparo» (839).. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32.]. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [..] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio]. La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio. Tendencia. vaga.. «Sobre el realismo cervantino . p.. dice: «vuesa merced alargue el paso. Rinconete.].]. éramos de él amparados en cualquier peligro [.]?» (346). Este Capitán no era como esas «palas [... Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela. A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial. al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías. 8 8 ). creador de la novela corta española.. pero. «su maestro.. que muero por verme con el señor Monipodio.. inexplicablem ente.. provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [.. jefe de la cofradía maleante napolitana. «era [. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io.].. nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia.. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán..]. Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre. De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [.] nuestra lengua. pues. de la novela de Alemán. según Sa­ yavedra.. «que de suyo era curioso» (846). dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [.. pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839). que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo..].... la orden que tiene dada Monipodio [. N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [.tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [.].. ¿no es peor [. tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33. que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”. atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes . y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare.] ser solomico [sodomita]»? (839-40).

En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. justo será que le dé una pechuga». El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina. según se verá. p. Cuando Guzmán llega a Roma.] en todo siempre» con sus cómplices (459). según le pertenecía [. donde asienta los préstamos y las deudas. quienes. «generalí­ simo nuestro [. junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della». es Micer Morcón.. sin defraudarme [. 414). reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio.sacaba sólo «su quinto.].. reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p. R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón. 34 C om entando este refrán de M onipodio. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán. al dar la “bolsa” al alguacil corrupto. hábil. El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar». con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459).]. dice Monipodio. . derivada de las dos antiguas. —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459). — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. «de todo aquello que por su industria se hurtaba. El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461).]. y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839)... coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa».. H ablóle [.. sus derechos. y su fi­ ciente» en ella. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo. N u eva versión. inspirado en la historia.] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345).]. llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846).. inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir. Este símil.. en otra versión. 441). con estas buenas palabras y su mejor favor.. según se desprende de las «ordenanzas».. D e allí se fue al notario. dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo.. así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio. pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [. quien. con que mantiene «buena cuenta [.. quien es tan «calificado.

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
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de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

] que no lo puedo más encarecer» (846)53. es refrán vigente en el m undo hispánico. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes. los dos quieren hacer la paz. Y ella desea mucho que él le pida perdón. quien acaba de matar a su primera esposa. La Cariharta se mantiene “ofendida”. sobre todo. pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda. con el correspondiente comentario del autor. 53 54 .]. si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847). de­ jándola «por muerta».. diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber. la Cariharta com­ prende. Desahogada la furia. Valbuena Prat.sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. después de «tantos azotes.. L u­ jan: «el uno.]. A. 661). honor. Así. Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios... el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora. con la pretina. p. sin excusar ni recoger hierros». el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. pues hay que salvar. claro está. m ostró enfadarse [.]» (La n ovela picaresca española. aunque referente también a otras relaciones de familia. y levantó el brazo amagándole un bofetón [.. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. afrenta­ das. por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho». dejando tal decisión a él.. en El teatro de Cervantes. acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. cura con ella mi vida estando mala».. En la última escena de El m é­ dico de su honra. en G u zm án de Alfarache de M. que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54.. ed. abofe­ tean. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158).]. que dio a la Cariharta. tiradas de unas partes en otras [. estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo». le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [. que las venden y empeñan. sino también com o evidencia de amor. entonces nos adoran» (163)55. pues. Gutierre.. como toda “genuina hembra”. que debía de ser el respecto.. la “dig­ nidad”. pero esto no es nada fácil. deshonradas. pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”. Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. etc. crueles. la “honra” de todas las partes. dando por excusa que [. corridas.. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean.. sujetas a los hombres malvados. prometiendo castigar ai culpable.]. H íz o se m uy bravo. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». que «a lo que se quiere bien se castiga. pero más se embravecía echando verbos. “intransigente”..

cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes». "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 . ladrón de «palomas duendas» (457).]: ¡Vuelve acá. . amenaza. jornada I. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería. caballeros [¡!]. El Repolido: «También tenemos acá pandero [. Monipodio amonesta.. pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [.. jornada II. dice D . Es esta clase de posturas externas. La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„.. Monipodio la ayuda a detenerlo (847).]. Reto por reto.]» (847). sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza....]. Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. amenaza el Repolido. a m enudo. mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. que ahora hasta habla de casamiento. última escena. Lope de Crespo. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [. fanfarronas. 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano.nina”.. la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar. también jura com o yo». atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche. radicada en la vanidad.. literalm ente. Sin em ­ bargo. Y al fin. escena 5). valentón del mundo y de mis ojos!». en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer». cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa». quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta.. ¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!. pero en la realidad. y más cuando ven que se 56 Sayavedra es. temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”. a su vez. Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros.]. Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos. con esa «sotomía de muerte». (El alcalde de Zalam ea. aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos. y. «¡Ea boba [. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare».. no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido».]. no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847). que si se hubiera imaginado que se decían. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”.

ni el Marión [Arión]. su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas. Maniferro. 1. ¡Reconvención rimada. ni el otro gran músico [Anfrión] [. que se pica de ser un Hector en la música» (848).. y tan sin necesidad de templarse» (848). de una admiración de las innovaciones lopescas. Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo..] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [. cla­ vijas ni cuerdas. como todos los “cofrades”. como en las comedias! También Chiquiznaque..enojan los amigos». la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [. ¡Diálogo encadenado. ritmo. Monipodio. un «plato» roto.. como también en otras partes. todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59.. re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas. como en todo. con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. frecuentan las comedias.. si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo. una «escoba de palma». con variaciones de rima. también ellos han oído rimar y pue­ den rimar.].].. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín». «un galán de esta ciudad.. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [. y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. Sin embargo. revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [..]. Los ignorantes “picaros” se harían así eco.. 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes.0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos. por ejemplo. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos.. y pues todos somos amigos. más barata» jamás inventada «en el mundo». Traducidas en clave pertinente.. tan sin trastes.. hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música. nunca inventaron mejor género de música [. dense las manos los amigos.]..> (4 1 7 ). Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61. ya divulgada en toda la sociedad. .] en el concurso de gente» (457).

. sobre todo. en efecto. en efecto. p... es el gusto más» (1848). claro está. y que Cervantes condena.. re­ gocijos. desenlaces de las comedias de honor. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2. decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!. una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad. técnicos del teatro contemporáneo. P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente. Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta.. de un m odo u otro. iróni­ cas implicaciones. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes). basado en tan precarias. Su mirada aguda se concentra. dilemas. En el m ism o fin “feliz”. cuando no trágicos conflictos humanos (631). si el enojo es grande. al sentido común y a la razón. 62 L op e...]. Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar... irracional.] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [. en todos sus aspectos esenciales. . y que. irrelevantes para expiar la ofensa64. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les. con banquete. que se re­ vela. “H onra” que era. música. 85063. y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente. (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [. solía causar super­ fluos. dignos de emulación. también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”. cómicos.].] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos». A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz.. Como en otras obras suyas.les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”. con frecuencia. estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral.]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ».. habla el autor por boca de su personaje [. hay m uy penosas. que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. M Véase nota 58. por inmoral. A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [.. supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas..) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme. esto es evidente [. pues «sería un gran cargo de conciencia». por esto. brutales relaciones personales. a m enudo. 113). canciones.

pero no para que de ellas saliese «el oyente [..] de las costumbres» (Quijote. con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega.. 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes.. de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. enraizados prejuicios individuales y colectivos. para divertir de cualquier modo al vulgo65. a la virtud. continuas. diestro mío? [.] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa... claro está— «Pues. etc. repelente al lector atento. asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social. exaltándolos como heroicidades. el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. por rústico y torpe que sea» (ibid. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. ( G u zm án de Alfarache . ¿había de faltar. «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan.). «respondió la Gananciosa» (843). «despoblando gallineros».sangre). de hecho. pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. Así. ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer. evidentem ente. com o en todo. Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. «respetos» de aquéllas.Muchas «comedias que ahora se usan». peculiares de los clientes. que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare.. El “asturiano”. mecánica. C on este trasfondo. Ciertamente. por ejemplo. D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. . convirtiéndose en influencia negativa. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54). reformadora. Respecto al banquete. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. de las más deplorables. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837). en suma. pero las “comedias” que los refle­ jan. que se exige aun para las em­ pero.] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. pues. 457). 351. eran. sin ver comedia alguna. En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la. un «es­ pejo [. 1253) contemporáneas. al sentido común y a la razón.

más malos que ignorantes. cuando menos. Hay. en rea­ lidad. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. rústico y desalmado» (852 )66. en gran parte. en todas sus manifestaciones esenciales. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598). supuestamente educada moral e intelectualmente. entre otros docum entos literarios e históricos. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes. a la ignorancia del “bien”. así exime.. 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males. que. Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). com o sospechan algunos lectores (Buxó. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás . disfraza cínica. . por eso. empren­ didas sin maldad ni cinismo69. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano.. una ridicula. al m enos en m o­ m entos. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. por causa de su abismal ignorancia68. hi­ pócritamente con la máscara del bien. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal. sin nin­ gún escrúpulo.. 67 En la literatura erasmiana. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. supersticiosa. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. esencialmente. se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades. La ignorancia.daré”. quien después considera necesario y justo emularlo. siendo un hombre bárbaro. ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67. sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. en nombre de altos ideales colec­ tivos. mientras que la sociedad “normal”. una perversa hipocresía o. tan sólo una diferencia. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”. H ayes). La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad. la falta total de educación. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. “educada”. hueca práctica externa. hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). mientras que la socie­ dad “normal”.presas más insensatas e injustas. culta.

la que Cervantes se propone revelar. Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve.) espejo resquebrajado». lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». y que casi no se mencionan específicamente en el texto71. la de cualquier congregación humana. consciente de la maldad que enseña. curiosos de conocer Sevilla. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. «¡Perdónalos.gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70. que produce el arte. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros.. La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. a su espíritu tan corrompido. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. «donde tenían grande deseo de verse» (836). que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. que no son. y que es cosa muy distinta. A diferencia de Alemán.. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”. hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera). apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia. en realidad. que nos divierten. . responsables de sus actos. p. pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano. que a menudo nos hacen sonreír. Sin embargo. La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. 71 F ox habla de un «cracked m irror». porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. grande o pequeña. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. grotescas. sino la de todas las ciudades. Señor!». al corazón mismo de la ciudad o más bien. específicamente. [«(. en ocasiones. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. artístico (436). sin diferenciarla de la lícita. histórico. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. con sus tendencias al mal y al error. 140). la de todo el mundo.

resulta vana. 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”. le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes.· por fin. «D iscurso preliminar». después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. como fuentes determinantes de la de M onipodio73. claro está. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural». cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. 449). p. particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. . apropiados para construir su mundo de Monipodio. pp. de la hipocresía74. en la época de Cervantes. si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577). de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. en definitiva. incluso los señalados en este estu­ dio.tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. 451). 44 ss. aunque en un sentido más limitado. Es por esta preocupación. Los picaros en la literatura. Sobre la vida en Sevilla. en de­ finitiva. como metáfora coherente. creador de la novela corta española. sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras. convincente. pp. Guzmán de Alfarache la repudia y. históricas o literarias. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. Rinconete. véase Rodrí­ guez Marín. Además. se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. C ervantes. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana. La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte. ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca. en particular. por la que. 87-8. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. R inconete y C ortadillo. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño. la búsqueda de específicas cofradías. supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320.

rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. idealmente. 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. radican evidentemente. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache. sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector. pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”. en cuya última parte G uzm án actúa solo.. en definitiva. nos dice el autor. tan vaga­ m ente sugerido. de hecho. en gran parte. en la ignorancia. la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y. este epílogo76. le suspendía [. Por esta ra­ zón. 59.]. y otros sucesos de aquéllos de la infame academia. Durante estos meses. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura. Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es. claro está. al fin. del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes. N o nos parece una mera convención. p. su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”. Todas las creencias.. por tanto. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846). y que. como ya se ha dicho.. “sin impor­ tancia”. «Cervantes y su arte de la novela».. en definitiva. como los de su maestro Monipodio. productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. el lector—. tan inquieta y tan libre y disoluta». no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad.. sin Sayavedra? 76 Selig. . 585. según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como. p. En esta “última parte” de sus experiencias. decide «pasar con ella adelante algunos meses». como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [.. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”.]. pues en ese momento todavía lo ve todo.]» (851-2). al hacernos especular sobre el futuro. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia». y así. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852).

mejorables. como los que él y Cortadillo efectuaron. así. Nos parece muy improbable que Cervantes. excitante aventura y chispeante fantasía. y.ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. si es que lo deseó de veras. en efecto. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector. de cuya maldad el otro era. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica. por eso. tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. en definitiva. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo. como se muestra también en el Quijote. que resultan tan moro­ sos. ya salían del más auténtico mundo picaresco. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca. quienes. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. lo que refuerza nuestra tesis. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico. Sugestivamente. De seguro también percibiría que los robos y engaños. ineficaz en la comunicación de su mensaje. perspi­ caz. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. a relacionarlos natural. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [. Especialmente para los j. lector sabio. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado. En definitiva. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. muy iróni­ camente. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes.]» (391). desde el punto de vista moral. no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía . cuando menos.. sobre todo por deseo de aventura y juego.óvenes. variada..

pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable».] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación.. por la política con que son gobernados» (439). el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. conociendo cuáles eran los habitadores. hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256. Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. 848-9)78. confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad. en­ gañosas. Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales. Se sugiere. según se ha mostrado..] cuántos hay que condenan otros a la horca. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. en la "parte” ya es­ crita. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!].de que al ir a imitar a los picaros. Sin embargo. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841. G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»). aquellos “ladrones grandes”. 843.. pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno». donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478). el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad.. [. que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad. Véase nota 48. Parte de la sociedad “nor­ mal” son. sobre todo. de seguro. . 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». iban a plagiar. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes. beneficiando a la «cofradía» y. que casi nunca se deja descubrir. una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849). Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo. al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla. de hecho. Como diría Guzmán: «[. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. 257). por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio. Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas. esperanzadamente. los «benefactores». cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475).

«Sobre el realismo cervantino en R inconete ». Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. pues lo que se intenta es presentar. pp. p. y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [.. pero «incipiente [.. 192. siempre acentuando lo pintoresco [.. haber sido conce­ bida para la escena.]. teatral» 85. creador de la novela corta espa­ ñola. realistas. «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 . parcial o entero.. 32. 84 Selig. en ser su estructura.].. «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla. D e entremés a novela»... dra­ mática. 9 9 .] con la forma de marco». Cervantes. De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo. . «Rinconete y Cortadillo.. como si fuese teatral.]»81. «Cervantes y su arte de la novela».. «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. particularmente entremesil86. no comple­ tamente destacada [.. más que novelesca.. p. viñetas [. 106-7.lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [..]. para otro es una «no­ vela [. en realidad. pp. 82 Varela. pp.. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada. observa un crítico. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 . 80 G onzález de Am ezúa y M ayo. p. tiene un epílogo [. Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. 85 Ynduráin. como en un cuadro.] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 .. 585.]. 81 Casalduero. en buena parte de su acción.]. se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades]. «parece. 61.. y se deja dividir en dos partes [. 1 1 0 ..]».. «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio]. Varios críticos analizan el texto.. 83 R odríguez-Luis. cuando ha comenzado [el entremés]» 82.. siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela»..]. 444-5. 86 Véase nota 52. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. p. pero no Rinconete y Cortadillo [.

frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro. En Sevilla respiran... dos "romeros”.. Guzmán de 87 Buxó. la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero. Sólo desde esta pers­ pectiva. Rinconete y Cortadillo. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca. Silberman de C ywiner. admirable­ mente lógica e ingeniosa de. cuestionable. Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. paso a paso. . es explicable la estructura. son personajes centrales. Tárraco. «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ». en busca de excitantes experiencias picarescas. indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. 1984. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—.. nin­ guna de ellas nos resulta. durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. Tarragona.. de representar sólo tal parte. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía. a ía verdad. combinadas de un modo excepcional en una obra de género. pero.. su función unificadora sería débilísima. en definitiva. sistemáticamente. pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. regocijados. al emprender su “rom ería”. pero. es más ingenioso y atrevido que el anterior. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad. ed. Claro está.] al entrar en el patio de M onipodio [. suficientemente persuasiva. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. “pacientes”. «Introducción». pues.]» (Fernández Gutiérrez. en realidad. algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental. 46). a la vez. a nuestro juicio. aunque. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. y en que triunfan espléndidamente.] cambia todo. ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [. desdeñable. con que soñaban durante la lectura d e. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. Cada trampa o truco que emprenden. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas.

sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas.... Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial. Hasta en la usual per­ 89 A la vez..] que su vida es santa y buena? [..... completa libertad.]» (842). 836). que sacó su me­ dia espada» (844) 89. que de suyo era curioso [.. la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846). si no fue Rinconete.] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848).]» (846). de la cual. y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas.. hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era. al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [. . El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación. según ya se ha sugerido—.. con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas».] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839). lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal. meditando sobre las costumbres de la “cofradía”... con gran curiosidad: «Rinconete. Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [. A veces.. de hecho. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro. En la casa de Monipodio. Evidentemente. este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce.]. en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo. preguntó a Monipodio [. en efecto.Alfarache..] atentamente» (840) todo y a todos. una grotesca cárcel del espíritu y de la mente. «Todo es malo». Rinconete y Cortadillo «miraban [.. dice Rinconete. porque no somos tan ignorantes [. Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834. ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo.

pp. porque era en ex­ tremo bien criado» (849). escéptica. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen. Lo que aquí nos preocupa. etc. se identifica inevitablemente también la del lector. Y con esta conciencia moral. claro está. Con incredulidad. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho. (841. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851). 65-72. etc. asombro. que es también la del propio autor.. muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía]. sobre todo. inte­ lectual.]. que se identifica con una conciencia moral e intelectual.. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90..] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. señor Monipodio tiene [. pero aun abstrayéndolas. 850). tan digno de emprenderse. el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. nues­ tras consideraciones. Con estas consideraciones estamos describiendo. dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [.] que vuesa merced. cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842). cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor. de evidente función satírica y correctiva.. frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio. contesta Cortadillo. íntima diversión. Se trata de una conciencia sólo implícita. burlona. de un lector moral y discreto. últim amente en Silberman de C y winer. Claro está. por mis grandes pecados». irónica. divertido e indignado a la vez. envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías.. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios. en efecto. es destacar la típica . Todo para llegar a comprender bien ese mundo. eso creo yo. pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. claro está.. burla e indignación.. por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas. 848. tam poco cumplen con semejante proyecto. según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía».vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No.. Con toda intención. El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos.

.]. con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y.] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [.].. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés. pervertidos valores cívicos. Sí. sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [. económi­ cos.. 17-18). ínsula. y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás.pues.. contestaciones. «respondió».. «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [. que son típicamente eras­ m ianos. De todos modos..] y que [..]. enero de 1968. siem­ pre directas.]» (843). Corneli. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio.. «dijo» Fulano. etc..]» (851).. políticos.. que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad.. mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos... aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [. en general.. «[. es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo. fluyente. pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91. «replicó».. 44). carácter picaresco. pp.... p. animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X.. alegría».. «dijo» [para contestar. iam toto seculo desiderate... Cornelius: Salve et tu.]». y díceme que viene mejorado en su arte [. comentarios.. por ver si le podían dar un tiento [.. preguntas. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana. y. comentar. otra —respondió Rinconete [. aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o. mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó».] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [. La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones... Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo. religiosos.]» (845). Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural.]» (850). van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum .

. para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros. «Un muchacho asturiano. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. de hecho. que toda la plática habían estado escuchando. que se constituye. por excelente que esto fuese. de actualizar. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano.mucha más frecuencia. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. que fue a quien le hicieron la pregunta. aparición. en general. pero. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos. según lo demuestra.] decía que era grandísima afrenta [. no únicamente. su Coloquio de los perros 92.]» (836). hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada. con la función fundamental. de la conversación. Así. A todas luces.. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos. consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [. Se podría contestar que no lo hizo. en el alma de Rinconete y Cortadillo.]» (842).. hacer cuanto más candente el problema discutido. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [. consonante con la de la obra entera. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios..]» (837). se pelaba las barbas y [. . «y a una voz los confirmaron todos los presentes. nunca satisfecho por completo con lo recibido.. particular. dramatizar.. como es natural. porque quiso escribir una novela. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales. de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura. salida y. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. además de servir para la introducción. en sus variadas formas.. sobre todo.. De habérselo propuesto.

. pensamientos íntimos. y para su comentario final: «Era Rinconete.. y... saltaron de­ lante de las muías [. de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación.].. la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias. para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [. con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93.. «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843).] (834). volvió Rincón. llenos de color los labios [. aunque mucha­ cho. de muy buen entendimiento [. emociones..]».. así como lo es el de todo proyecto humano..]. por parecerles que venía como de molde [.].]» (843).. estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [.. y tretas. banquetes. 844.. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja. y sin más detenerse.. en­ tró en una casa no muy buena [. más no de grasa y malicia» (836). no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [.. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840). para la descripción de fiestas. «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado. ni les descontentó el oficio. 836. «todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843). con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”.. comidas. A este res­ pecto. .. sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52). sentimientos.]. que el personaje no puede. 847).. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838).. músicas. objetos materiales (840. la condición física de los personajes: «dos mozas. observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido. para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [.]...(«salió en esto un arriero [.. con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro.]» (838)..] (840). 837. etc.]» 836). de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [. para revelar motiva­ ciones. en suma. y halló en el mismo puesto a Cortado [.] (836).] la relación del asturianillo.. «Maniferro porque traía una mano de hierro [. afei­ tados los rostros. cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores... los vestidos. sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [... de modo importante...]» (837).

pp. como. claro está. convirtiéndolos en vividos relatos. con aguda. simultáneamente. producién­ dose una extraordinaria. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. anécdo­ tas. por ejemplo. constituye un característico. com o tales. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales. . cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. Véase G. sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas. originalísimo tipo de novela. creador de la novela corta española. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. Saints bury. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos. 104-60). estados de conciencia. 81-84. explicando que. Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. etc. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. se trata de un nuevo. los amores desastrados de la Cariharta. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo.vicisitudes del tiempo. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. también por ello. no­ torio comienzo de los Coloquios. mutua fecundación94. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. sabía. Se expresa con ello. tonos. como únicos justificados. Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos.) —dignos de un detallado estudio—. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. discreta. reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo. las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. etc. pp. Edim ­ burgo. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. y nuestro libro. The E arlier Renaissance. que se han indicado sólo de un modo muy general. 1923. de hecho. D esde nuestra perspectiva. auténticos cuentos. Todas estas intervenciones novelísticas. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros. que.

I. en sus características fundamentales. El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca. consecuentemente. (La española inglesa) El hecho. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación». revitalizado en sus preocupaciones. Suma cervantina. excepto en esporádicos aspectos y detalles. Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias.. «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote . 2 . como también el deseo de estimular su «revitalización» '. Novelas ejemplares. actualizado en sus temas y asuntos. por completo “disparatadas”. la ascendencia del Persiles en el Am adís 3. pero por parecer éstas. depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos. entre otros. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. a menudo. y «no para la reimpresión de los ya publicados». 248. A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1. pero su inspiración principal es la novela bizantina.. el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. 3 D e hecho. N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería. p. Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen». pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías. específicamente como libro de caballerías.] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos». pp.LA ESPAÑOLA INGLESA «[. y. En lom o al Q uijote. a ese tan “razonable” programa de revitalización. pero siempre identificable. Por otra parte. 201-203. 125).] la virtud y la hermosura [. tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector». Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina».. 770). Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías. Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda».. La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas.

estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. I. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles. como cualquier otra materia. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). se revela de manera clara. pero. tienen licitud literaria. filosófico y estético. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. se dem uestran en extremo especulativos 5. al relatar Ricaredo sus experiencias. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. según nosotros. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. anagnorisis. El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. 6 Véase nota 4. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. en El gallardo español. «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías». en una obra narrativa. Cervantes pensaba evidente­ mente. Eisenberg. vol. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». Esta pieza se escribiría así. subor­ dinados a un específico fin ideológico. a base de un texto hipoté­ tico. por su función peculiar en la obra. separaciones.la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior. 8 Sólo al final de la novela. vigente. artística. reunión feliz de los amantes. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes.. 4 5 . un auténtico drama psicológico. ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. en efecto. Sin embargo. 51. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. experimentalmente. en definitiva. sobre todo. ejemplar. etc. entre otras razones. además de ser muy esporádicos y débiles8. logrando crear con ella. 7 R od ríguez-L uis. pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. incluyendo la no­ toria técnica narrativa. ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. con aventuras por tie­ rra y mar. Sin embargo. p. peli­ gros y dificultades continuos. encuentros inesperados. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7.

en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. Aunque en esta empresa. constituyéndose. V. se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación. López. el proponer com o futuro m odelo literario. en un libro de caballerías moderno. com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama. Toda las citas de esta edición. una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico. pero es más bien improbable. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. Suma cervantina. el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. en parte. encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. Ebro. 203). 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. . p o é ­ tica de la obra. A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. I. con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. auténtico nuevo Amadís . por boca del canónigo. p. 1963. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». Zaragoza.se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. «Persiles y Segism unda». pero no declarada durante mucho tiempo. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. significativa e ingeniosamente innovados. respectivam ente (25) 1 0 —-. lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. ed. pero no afectan la consistencia esencial. A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. 10 A m adís de Gaula. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. pp. un lugar entre R om a y F loren cia (872). una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9.

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53). El genuino. lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo. «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870). Aquel mismo «gran encendimiento de amor».] (870). sobre todo. gri­ tándole: ¡«Detente. con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. con él se funde. porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte.. Isabela. detente. perdonándole todo. al ir a tomar el há­ bito religioso. preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto». Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. escuchando sus «discul­ pas». Aunque no se trata de un auténtico amor místico. recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. que mientras yo fuese vivo.. Por esto. 129. su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer. espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos. en la relación amorosa. lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano. p. Isabela. se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. no puedes tú ser religiosa»! (871). En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20. Se evidencia. en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento». que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino. y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. . profundo amor humano no es distinto del Divino. abrazándolo. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética. con elocuente simbolismo. precedida de otra. Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). no menos espléndida en que Isabela. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos». como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus.no haya llamado la atención de Azorín esta escena. tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y.

L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar. pp. Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [..].'ll.]. seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito. etc. [viendo] a su marido al lado de otra mujer.] yo soy Zala. El maestro Elisabat así lo hizo» (121). Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos]. y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica. «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved. Cabría obser­ var que al “historizar” su novela. Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21. Inglaterra. En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos.] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes. 31.. A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos. para que la leyesse su señor arçobispo» (873). 7-16. I. p. su legítima mujerl [.] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado»... ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos. etc. Ljubljana. Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce. etcétera. Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares... 47).. Frente a la Iglesia. ubicando la acción en varios países europeos y Argel.. A l acabar de narrar sus experiencias. pp. porque pensaba que ella ya no volvería [. «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [. en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22. 22 En el Am adís.. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor... Los convidados a la boda fueron a la iglesia [. 1966. Al fin decidió casarse otra vez. com o los «herederos de un hidalgo burgalés.. “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos. libro de caballerías ejemplar. . Cervantes responde en La española in­ glesa. «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ». Escocia.. amenazadas por la piratería mora.]. cap. vol. «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares. se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo». Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. «ínsulas no falladas».sión de un cuento popular de las zonas costeras. que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos. 287290). que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia. A las descabelladas.

insistentes. con suma gracia. En base de éstas. tan cen­ surables para algunos lectores26. para poder deleitarse al oírla hablada. «En torno a L a española inglesa ».cia peculiar”. Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales. por Isa­ bela 24. en los supuestos humanos. poética. com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. pp. amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. desinteresada del detalle “realista”. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). notorios25. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción. razonables y. coti­ diano. pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. . por ejemplo. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos.. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. 123). sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama.. poetiza la historia. siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. según tantas veces se dice.27. la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. ora idealizantes. lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. de acuerdo con conjeturas probables. La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. lo cual. se nos presenta. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»). 26 Pabst. pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). a la vez. p. 25 Riley. p. C ervan tes' Theory o f the N ovel. de m odo ele­ gante. sus experiencias al fin de la novela. a su vez. 385. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas. también. pero que. artístico. casi alegórica. poética en el planteamiento del problema fundamental. 60-61. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas. sin ser capaz de relatar. Se ilustrará más adelante esta sugerencia.

fue restaurado su perdido crédito. alguno de los cuales podría representar una tentación. a otra preocupación más imperante. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [. n. en todos los sentidos. tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. 29). económicos responda. I. cap. pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. en parte. de hecho. les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial.] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». según se ha mostrado también en este estudio. com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. pp. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . es plausible que su insistencia en los detalles bancarios. le rondan de continuo la casa (869). claro está. Sin embargo. como. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. con toda probabilidad. p. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. pero esta posible intención correctiva se subordinaría. directo entre los dos países. Es. y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. Significativamente. para cual­ quier hombre. Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. de hecho. se interpretan a veces. Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. N o vela s ejemplares. pues. para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. para todos esos “pisaverdes” que. pero. en la época en que se sitúa la acción. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote. en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. la deseabilidad de la joven. I.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX». La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo.. en pocos m eses. al menos de modo complementario. pp. 14-15). 3). 133-134. Considerando el específico género literario que Cervantes emula.. en La española inglesa. como generalmente en las obras cervantinas.

como ocurre en algunas otras obras cervantinas. de fondamental. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. por desgracia. quien se apiada de los padres de Isabela. «La literatura y la historia». quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. cuando ésta es robada (854). cuando la española le parecía la más hermosa.. estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja. p.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30.. española. tiene «mucho temor» de ser castigado. a todas luces. ante todo.] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. entre otros.. Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela. feroces enemigos de los católi­ cos españoles. poesía. y no en la historia. Sentido y form a de las N o vela s ejemplares . quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo.brio en la composición. como lo observa. penetrante. por orden de la reina. así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). . hay personas buenas. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes. Lo demuestra. es mucho más exacta [. católica. en el país enemigo (856). Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”. ya por el hecho de ser ésta católica (864). 125. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. Como lo es «la camarera mayor». en realidad. La historia escrita por el poeta es siempre. también La española inglesa. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela. porque ahora así le conviene. espléndidamente. no se percibe. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo. delicada concepción lírica. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres. pero antes. Baroja: «La tenden­ cia [. y la misma reina Isabel. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella. si ya antes no la consideró. sólo por su belleza. obra poética en que palpita viva. de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste. 3í Casalduero.. esencial que los mismos manua­ les de historia. como el conde de Leste. barrocas o no. Por otra parte. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. Al tener que llevar a Isabela al palacio.

propagarla cuanto más en su propio tiempo. con muchas de sus fórmulas narrativas. que es el amor entre toda la gente34. después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra». continua y bella del más su­ blime Grial. pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. por otra parte. según se ha mostrado con algunos ejemplos. en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna. de que el genuino sentimiento cristiano. robada durante el saqueo de Génova. Vives. 702707). son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. intuye el "irenismo” de la obra Soons. envueltos en continuas guerras fratricidas. 131).). B an dello. Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa. quien considera urgente expresarla de nuevo. vigoroso de sus nobles ideas. 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís .que casi tenía concertado» con aquélla (855). el nuevo libro de caballerías de Cervantes. con toda probabilidad. Por otra parte. Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. en su propio mundo. Otro texto que. la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que. Tam­ bién el autor omnisciente. De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. raciales. de buena volun­ tad. etc. pp. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes». . p. olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. p. nacionalistas. hace evocar al de A m adís . fervoroso. se mantiene viva en Cervantes. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. dispuesta a la búsqueda ardua..] Los Acforni. siempre revolucionaria. «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. [«L. también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa ».

io ta n to sto la riconoscero bene.] tra qu este due n a z io n i [. d 'età d i n o v e o dieci anni. 703). hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese... regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702. seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»].n a cid o e n L ond res..] d a certi fa n ti spagn u oli [. c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho. cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854. A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola.].] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [.. «Se q u esta è nostra fig liu o la . y fu e llevada p or m ar a España». E n Inglaterra. 3. «figliuolo d e l duca d ’A l v a ».. y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » ..]. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad». sin olvidar la suya [. 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»]... q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora». «entre los despojos [.. [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella. «Era de tan buen natural. .. de la más alta n ob leza de G én ova. n o b ile d e i p r im i d i G en ova. sa­ qu eán dola despiadadam ente.p ita n generale in Ita lia cesáreo.. P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702). adm irada y querida p or A lfo n so . 197). « D e esta manera. aún m ás. Sín em bargo. de la edad de nueve o d iez años. y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»]. de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia. éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702. Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ . durante el cual los ingleses llevaron.] spagn uoli e gen ovesi» (706). to d o el día deseaba volver a casa»]. el caballero inglés que la raptó. «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». n o perdía la española. p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi. y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa.. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. al ser arrancada de su patria. a unas circunstancias más verosím iles.] una niña de edad de siete años. e [.) m u y Bíen la len gua española. p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella».. 863).]. e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(. dislacciata la v este . [«ella. ] che L igu rin a a v e v a v i- . c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España... Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » . p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire». a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » . dice la m adre de L igurina.. a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz...» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra. E n España. «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . hija de «gente principal y de valor» (177. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a.]. p o c o más o m enos [. por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a. que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita. según C ervantes. Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina. y . una fig liu o la m o lto bella. v id e il n e v o [ .

la cual señal acabó de certificar sus sospechas.]. dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d . y ésta.). (.] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta . no le ha « m ai piacciu ta» (704).] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre]... se lleg ó a Isabela. P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os». p orqu e [en] m i patria [. abrazándose con ella d io una gran v o z . se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera.]. c o m o p or m isteriosa in tu ición . “raro in­ v e n to r ”.]. que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [.] n o he de hallar [.. [«Si ésta es nu estra hija. encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres].. valeroso caballero..]. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a .]» (863-4).. v io la marca de n acim iento que L. q u ien con su L.. diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina. tenía cerca dei om b lig o . desem barcó en G enova»]. y .. y vien d o claram ente ser Isabela su hija. L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so ... E sto. y sin m irar a resp eto. com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [....ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire». a pesar de to d o s los regalos y atenciones.... y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [.. n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él... en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven... p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [. La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y .. d esenlazado el vestid o. y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (.) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas. es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes. El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [. juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. llo ­ rosa se acercó a L... Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre. O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e . Según y a se .) c o m o la había visto otras m il veces (.. y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde. tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s. así. La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas. a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela. 704)..) entre ellos este hijo del duque de A lba. a sus qu eridos y añorados padres (702. sabía con toda certeza que aquella era L. che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores. en m o m en to m ás p rop icio (704-5)..] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» . y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [.] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860)... a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova. n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4). con siete u o c h o p elos negros (. tam bién abandonar la vida en España que. T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o. y a c o n o c ie n d o a sus padres.

nueve o d iez años (. q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702. co n v ertid a .) el hijo del du qu e de A lb a.]. Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad .]. C uando Isabela tiene «catorce años». n o v e o d iec i a n n i [ . 5). N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo»..ha dicho.. Isabela «quería y servía» a R icaredo. «que su ced ió habrá quince años» (860). cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a.) m e tu vo en sus m a­ nos (. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [. Esta intensa pasión am orosa.] p e r h a g a scia » . sin o el resto de m i vida servir a D io s» ]. de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » )..). Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta».. [«(. ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854. dice. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años». virtud. sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal. y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [. ropas y cosas valiosas»]. «com o a hijo de su señor». pero al propiciar sus padres e Isabela su intención. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(.] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so . haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla». hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari. por causa a e la desaparición de Ligurina.. 707). (y A ..... (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (. trágica­ m e n te. «io non in ten d o restar p in a l m on do.. [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»]. pero.. La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»].... [sien d o todavía m u y p equ eñ a (.. «essendo ancora piccolin a [. som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad.) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [. c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna. a ios « q u a tto r d ic i an n i».. « com o fue creciendo Isabela».) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta . L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [. Sin em bargo.] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » .. bondad.... sensual. Ricaredo enferm a y casi m uere. la «amaba» desde el principio. p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina.] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ . in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo». a ssa ip ro d e e d anim oso». pero «por m edios de ser su es­ p oso»... m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(.. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos».] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (. u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [. p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio...]..] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias». lo cual. sensibilidad. teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ .. y el m u ­ chacho..] L a m a d re d i lei [... inteligencia.) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o. « com o si ella fuera su herm ana. «per­ che»... aparentem ente... Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces».) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba». y se acaba. su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz. discreción. de A lfo n s o com ien za.) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario. Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España.) to d o su din ero.

El desarrollo de esta relación am orosa. Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a. co m o tam bién su cron ología. patriótico — Liguria— . con que. dignos de ella. pero no en 1611. p or un m om en to. desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702). . pues. con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores.] más o m enos». 1490). de u n m od o plausible. che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. paralela a la de la N o v e lla . Q u ijo te . en sum a. encontrasen una engañosa. que lo s «quince años» desd e el saqueo.]. R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855). pues. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . todas esas contradicciones cronológicas. com paradas c o n su nueva obra.. que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. tan radicalm ente. co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so . en que se situaría la acción de la novela. repentina con son an cia con lo s «catorce años [. olvid ado.nía en csa ocasión. de Isabela. en la m ente del autor.) E s p osib le.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. q u e al fin. N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura. la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas. L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa . en líneas generales. borrando de ella. la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). Se trata. llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional. [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. moral. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e. « L a fanciulla. adem ás. de tratarse del saqueo de 1596. de la cron ología novelística.. m om entáneam ente. de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica. a m e­ n u d o . vitalm ente dilem áticas. a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó. de he­ ch o. im pertinente en este caso. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas. al am or entre todas las gentes. (La reina Isabel vive en 1602.. casi quince. parecen. p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. «tapices flam en cos p or el revés» (D . con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina. físicas y espirituales. en el m u n d o de la ficción. crea obvias contradicciones.. a quien. que así explicaría. m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o. p or ahora.) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova».. en el m om en to de escribir su obra. con que antes atribuía la edad a Isabela. esencialm ente.. este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). inspirador de la resistencia contra el extranjero.

«The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ». Gerli. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). Edwards. 51-59. más o menos complicada». II. «Cervantes and the C ynics». vol. 159-168. 174. pp. aforismos. y de «una fábula novelesca. frases ingeniosas. la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. 2 Casalduero. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares.EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje. creador de la novela corta española. «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes». 577-87. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. pp. arquetípico o simbólico «pecador». pp. el licenciado Vidriera. 242-246. pp.. pp.. . 559-568. «not so nice». C ervantes y la libertad. con apreciaciones cada vez más convincentes. sentencias. incapaz de amor y de amistad. reformador. y otros. pp. cínico. pp. Forcione. independientem ente de la tesis defendida. «El licenciado Vidriera. 189-199. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. · despiada e incesantemente3. en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. Es notable que. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». picaro. C ervan ­ tes. pp. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista. Casa. 147 ss. pp. al que se censura y satiriza categórica. en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. y sus nom bres». armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético. etc. p. cínico nihilista. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. 103-143. pesimista. Friedman. melancólico. 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales. etc.)2. 225-316. C ervantes an d the H um anist Vision. chistes. Riley. en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». García Lorca.

moral e intelectual­ mente condenables por el autor. «mu­ chacho de hasta edad de once años». G onzález de A m ezúa y M ayo. entre otros.]. pp. 99-102. con encontrarse un puesto digno. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. útil en el mundo. diagnostican algunos ilustres lectores6. todo lo contrario. pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada. 6 Casalduero. «El licenciado Vidriera». de los hombres se hacen los obispos». por ejemplo. pp. pp. 228 ss. con noble intención. de altas. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. creador de la n ovela corta española.mente distinta de este personaje. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. dejándonos so­ bremanera perplejos. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876). con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres.. significativo.. dignas aspiraciones personales. Tal visión del protagonista no es nueva. individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. 147 ss. «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!». pp. sino. Y tam bién. por medio de sus propios empeños escolares. . pues. menos impresionista. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte». Tomás. No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín. C ervantes.]. pp. 5 Forcione. Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5. C ervantes an d the H um anist Vision. coincide. Green. 11-146. Con C ervantes. dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». en las riberas del Tormes». 196-97. pero frente a cuya incomprensión. «El licenciado Vidriera». en parte. según ha «oído de­ cir [. que quisiera. O bras C om pletas . 213-220. para nosotros. mejorar. pp. por «los estudios» espera hacerse «famoso». más atenta al texto. según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [.. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo.. ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero. con la de A zorín4. sin patrocinador alguno.

útiles para sí y la sociedad. diariamente. con esperanza y maravilla. entendimiento y discurso [.bal de Lugo. a la ciudad. esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. borrosa existencia coti­ diana. que de su remota choza en las montañas venía a pie. honrados. ¡Innecesaria. descalzo. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—. . pero amorosa. completa­ mente admirables. «de los hombres se hacen los obispos». quien oculta su origen. como criado y compañero. tal como dice Tomás. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7.. virtuosos. ser un admirable obispo. noble vergüenza! «Ser famoso». del Rufián dichoso. después de asiduos estudios. «hacerse obispo». lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio. disposición al sacrificio y.. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. Y muy significati­ vamente. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia. claro está. Es el deseo de esta clase de "fama”. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. fuerte voluntad. deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo.]. el mismo religioso. afirmándose como «alguien» en el mundo. en E l teatro de Cervantes. no son nada raras. a tomar lecciones de unos caritativos religiosos. de pobrísima familia. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso. Tales aspiracio­ nes. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. loables. aunque pocas veces realizadas. según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. pues. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. con extraordinarias dotes naturales. lo­ grando al fin. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria.

no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [. la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva.. caps. ante todo. que le dio el cielo padres que se lo dejen. Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando. Sin embargo. entre otras «manifiestas injusticias». porque. cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez». no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. por ejemplo. siendo él tan buen estudiante como debe de ser [. «Su principal estudio fue de leyes» (876).. 1 0 0 ). y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table. «El licenciado Vidriera». adonde [. y los «procuradores y solicitadores». lo destaca el autor— es decir. negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. que parece «llevar víboras en el seno.9. Diego.. no quiera estudiar «leyes». que. que de la justicia es flor» (Azorín. p. en particular. los «alguaciles» le parecen ladrones. salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886). El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [. pues. La justicia es mi norte. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 . subirá a la cumbre de s «Estudié leyes. 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D . deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama. quejoso de que su hijo.. podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888). se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado. Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. . pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión». //. procurarse una profesión económicamente segura.].. y por encima de la justicia la equidad... Por las mismas razones. Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese.].].]. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista. 42-3)..corte. siendo tan ven­ turoso el estudiante. etc. Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe. parasitarios. con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia». da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación». D. según se desprende de sus observaciones posteriores... A D.] del escribano». de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884). «embebido en la poesía».

estudia leyes "para pane lucrado” y. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes. Quijote. con que llena el mundo de provecho. de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad.las letras humanas. no dejándola correr en [. no ha de . 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles. Preferentemente a la poesía. según lo sugieren sus citas de versos famosos. 876). los honran y estiman y los enriquecen. al fin. o «intérprete de los dioses». Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta»... no se le alaban [.].]. como lo llama Platón (882) n.]... se dedica.. Y si acaso los que es­ cuchan. siempre tan pertinentes. a «las letras humanas [. simultánea­ mente.] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean». y así le adornan. con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 .). de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras. Q uijote. ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [... donde queda otro millar de sonetos.] son la idiotez y la arrogancia del mundo».]» (D .. y. saca el que quiere relatar. con no faltar un punto a sus estudios. y ella se ha de servir de todas. y. puntualidad y diligencia. hipócritas «salvas». Como ese «poeta [. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera. y todas se han de autorizar con ella» (D.]. virtuosos y graves. porque de todas se sirve. Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [. honran y engrandecen como las mitras a los obispos [. vuelve como primero a recitarle. que es «delicia de los dioses y de los reyes».. hala de tener. a quien no ofende el rayo.. de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos. que «admiraba y reverenciaba [. le dice. que.. y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia». y aun los coronan con las hojas dei árbol. a raya.. con gran amor y entu­ siasmo. en lo que más se mostraba» (876).. como dice Ovidio. los churruleros [.] todas las otras ciencias.. el que la tuviere. torciéndose «los labios». 1325). por otra parte. hijo de pa­ dres pobres. cree que «los malos. con tono melifluo y alfeñicado.] es en todo extremo hermosa.. a quien tienen cuidado de enri­ quecer. de deleite y de maravilla» (882) 10. com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid. pulir y adornar [. haciéndoles ridiculas.] desalmados sonetos. Así piensa Tomás de «los buenos poetas». porque encerraba en sí todas las demás ciencias. Tomás. así como Ovidio.. parecía que sólo se ocupaba en servirlos».. 1325). de socarrones o de ignorantes... las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada..

]. por calificados que sean. no siempre se asiste a los negocios. indignadamente de «los murmuradores». según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [. etc. lector de independientes. un severo crítico de todo lo endeble o ridículo... es decir. 13 Las numerosas polém icas. de estas referencias. sensitivo. rabiosas contiendas. invariable vocabulario. incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid. En efecto. contemplados íntimamente. la frente de plata bruñida. pues.). en E l teatro de Cervantes. donde el afligido espíritu descansa» (770). horas hay de recreación. ni del ignorante vulgo. véase nuestro estudio sobre La entretenida . entre otras. Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 . a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que.] que casi no hacían n ú ­ mero» (882). ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ .la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. no mediados por la inoportuna erudi­ ción. hacen apreciar el acumen satírico. es el tan convencional. sinceros juicios perso­ nales.. que no siempre se ocupan los oratorios.. de lo que pasa falsamente por poesía.]. los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa..otros». particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. aunque «tan pocos [. inteligente apreciador de los poetas buenos. los defiende ardorosa. en nombre de la poesía. . siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882). los ojos de verdes esmeraldas».. «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882).. y. del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . El protagonista es. originales. a la vez. vulgares peleas de perros? í3. 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero). cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales. Ridicula moda literaria. repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro. tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a. y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 . tan justi­ ficado. fino.

«El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [.pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . refraneros. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». form ulando con ello interpretacio­ nes que. Green. Garasa. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera. claro está. “sociológicos”. racionalistas. bíblicos. 1977. a la verdad. folklore. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. Ph. “costum­ brista”. de que se le culpa. multifacética y refinada cultura1 9 . En consi­ deración del «pecado de la inteligencia». noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido. U niversity o f Texas. nos parecen m uy exóticas. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo. Dissertation. textos sagrados. literatura apotegmática. Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás. Forcione. «Cervantes and the Cynics». deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. despierto. pero. pp. por lo menos adivinar. muchacho inteligente. ρρ. C ervantes an d the H um anist Vision . D . estoi­ cos. pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. morales. geo­ gráficos. «La filosofía en El licenciado Vidriera». pp. teóricos literarios. 31-53. «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». filósofos idealistas. creador de la n ovela corta española . 225-238. 225-316. se pueden a veces especificar y. pp. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20. poéticos. Tomás no descuidaba su devoción religiosa. y otros.. .. para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». pp. 41-45. Tom ás. A ustin. 6 6 ). Singer. Tomás revela que también él escribía versos. 13-21. H eiple. los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. C erva n tes. 17 D icha edición sería también menos volum inosa. satíricos. didácticos. «The Sources. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. 20 Según ya se ha sugerido.] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS. il. Oliver. más conveniente para un largo viaje. evangélicos. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». Sampayo R odríguez. Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. otras. tratados históricos. 153-197. Riley. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. pp. C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera... cínicos. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o.

. cuya función. quien podía..) . como lo son las florestas.. porque «con su oficio no engañan a nadie. donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas. los desvelos.Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les. en el ta­ blado y fuera de él. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico. que «se maravilla de cómo. «fuera del tablado». Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos. The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). 22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa. «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa». aunque. algún que otro comedíante ostente vanidosa... La «indecencia» con que «los tite­ reros [.] trataban [. galanes sí. el inllevable. en suma. ridiculamente su nobleza. increíble trabajo. pues. se alla­ nan las cuestas. lo cual es únicamente relevante (885). Además. le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud. buenos actores. También la pintura le interesa mucho a Tomás. al juicio y a la vista de todos» (885).. el cuidado extra­ ordinario.. Véase también la nota 14. pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos. «jurando a fe de hijodalgo».] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás.. se buscan las fuentes. y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21.. olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas. Sin embargo. es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república.. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770). indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert. el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta.. no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. según él. gentiles hombres y de expeditas lenguas».. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza. es natural que Tomás tenga afición también al teatro. Problemas serios. según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación. que sepan representar artísticamente cualquier estado social. (Véase nuestro estudio citado en la nota 16. las alamedas y las vistas de recreación.] en una sola comedianta» (885). los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros».... como el poder servir un actor «a muchas damas [. son excep­ cionales en el mundo.

juiciosamente todos los buenos libros a su alcance. impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo. 24 C oloquio de los perros: «[. y que en esto. a lo más largo. 125. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. entre otras muestras. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ).]. Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga. que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz.] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. de su edición de las N ovelas ejemplares).. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza. pero que los malos la vomitaban» (883)23. II. que. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura. observando curiosa. p. discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca. a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). En efecto. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países. Tomás se ha formado una extraordinaria cultura. porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia. A Salamanca no vuelve de inmediato. asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol.muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese. añadidos a los pocos que él tenía.. asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días. pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos.. . hace desechar la imagen de él como gé­ lido. leyendo asidua.. podía gastar tres o cuatro años.

lipolastri e li macarroni».]. degustando. su riqueza infinita [. d’A ulnoy. «más vinos [. la abun­ dancia de Milán.. las holguras de Palermo. por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11.. es decir.].]. «los rubios cabellos de las genovesas» (878).. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia. la rusticidad [. también de Cervantes— en las hosterías italianas.] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878).. 27 Forcione. el valor [. La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas.] de tantos y tan diferentes vinos».]..]. su gobierno prudente [.. españoles. finalmente.. a no haber nacido Colón en el mundo... pp. al decirle el capitán «tantas cosas [. «la suavidad [.. «que.].. se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia. pues casi le hacían olvidar de su primer intento».]. se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época.] 26 El deleite de los españoles — y. de seguro. 233-6. ... Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. los festines de Lombardia. inequívocamente.. italianos. sus contor­ nos alegres y..]. toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» . Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova.... N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”...] comienza a titubear». 190).. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26..] y tan bien dichas acerca de [.. griegos. las espléndidas comi­ das de las hosterías. patrón. la grandeza [. [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia». p. como los place­ res de Italia. pasa acá. en general. de continuar su viaje (879). su abundancia mucha. C ervan tes’ H um anist Vision. como el más refinado epicúreo.. en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus». la dulzura y apacíbilidad [. admiración del mundo antiguo [..profesional25..] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles.].. manigoldo. Véanse los diarios de Mme. no tuviera en él semejante [. hombre ibérico. dibujóle dulce y puntualmente el aconcha... su sitio inexpugnable [.. Su «discreción [. venga la macarela.]. Delicias “sensuales” todas ellas... la generosidad [..

que es el lugar donde se fabrican las galeras. pues así son. pero bien hecha»29. aunque lo que. Luca le parece «pequeña. probablemente. estimulada imaginación. p.. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini.. XXI. de sus habitantes —interés antropológico. es decir. en que ca­ ben. O bras com pletas de C ervantes.fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende.. 557: «La città [Lucca]. 385-6. Enciclopedia Italiana di Scienze. junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia. Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S . según todas las indicaciones. y o t r o s . artísticos. mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. Ill.. y después la be­ lleza de la ciudad. no sólo femenino.] ... vol. brinda a todo "curioso» visitante. vol. como Calipso.]. inteligente. naturalmente. la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (. discretas. Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [. científicos. ben costm ita [. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista. in largbezza».]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879). más le interesa es su ambiente cordial. Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño.. culto. con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales. maravillen y seduzcan también a Tomás. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad.. también las delicias “sensuales”. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal. como diamantes de oro» (878). «en la que.] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m. L ettere e d A rtii Roma. que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. tan eclécticos... moderadas. cuidadosamente trazado. 1936. según el símil que le su­ giere su vivida. N o vela s ejem plares. bella ninfa seductora del mar. curioso de todo lo nuevo. de múltiples intereses humanistas. se diría—. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete. sólo interesado en abstracciones librescas. materiales y espirituales. abierto a toda significativa experiencia vital.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín. p p . ¡Qué mucho que todas estas dotes. [«La ciudad bien construida (. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano.): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros». Treccani.

...] a Roma en Roma»32. ¡oh. pero sin arrogancia alguna. XXI. 31 ss... lihri luterani diffusi gia nel 1525 [.. Los “nom bres”.].. con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro.. en vista de las notorias.. 562. por sus atractivos aspectos urbanísticos. Sin embargo. por cuyas orillas. frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!.]. se pasea «cuatro días» (878). si oppone sempre ad accogliere. Véase tam­ bién Granados.]». por su «fresco río». pp. Vinquisizione. rotos arcos y derribadas termas» (878). Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas.. «su agradable asiento [.]. son bien vistos y agasajados los españoles» (878). y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad. Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento. liberal?: «[.]. despidiéndose. así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles. como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo»..Italia. medias y enteras esta­ tuas [. de las calles. los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna».. Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica.. al divisar «los montes» — «i superbi colli».. no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681). pesimista de Tomás—. sino ruegan. usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30. su limpieza». él «halla [. en sí. probablemente. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31.] è fra le città italiane che più largamente accolsero. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». Tomás no tendría dificultades en esta ciudad. como por las «apacibles calles». como muchos que visitan esa bella ciudad. . L ettere ed A rti. M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina.]. despreciativa. 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma.. fa ­ vor evoli alie nuove idee [. pues se trataría de un hecho social más bien raro. y com o en ella no hacen estancia de más de un día. peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [. Persona de gran digni­ dad.. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante. en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos. tollerarono e secondarono elementi riformatori [. vol. los “tem plos”.

«como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878). exaltado.. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877).]. pero. contento: «admiráronle» (Genova). «para maravillar» (Milán. y.. los me­ dios bultos de cera.. confesarse «con un penitenciario». costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados. a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias». cadenas [. lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33.. por fin. despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias. de modo natural. veneración.. «Conténtale» (Florencia). Amberes). .... asombro. pero algo distanciada.. admiró» (Roma). directa.. además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados... Su profunda “admiración” abarca.. no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”.] del templo» de Loreto..petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico. «adoró [. íntima. aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera. por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa. con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [. observar todo eso.. que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes . mortajas. Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España.. etc.. unién­ dose. el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración. besar «el pie de su Santidad». Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad. con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica. «le pa­ reció bien» (Sicilia). sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras.. ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos.].. pinturas y retablos». Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas. ¿no la respetarían aun éstos.

sin duda. por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”. p. 505. 265. También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover».opiniones personales de Cervantes. N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. 230 ss. de sus supues­ tas relaciones. [«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura. todos los cielos y todos los ángeles. como tampoco sugerimos que sea erasmista. y no entendieron. por desgracia. Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa».. al personaje34. Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. pero que se atribu­ yen lógicamente. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36.. p. noting a n d assessing.] 35 Castro. pero sí. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19). C ervantes' H um anist Vision. observando y aprendiendo. según sugerimos. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes. . 190). L etter e ed A rti. y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879). p. pp. x x í. y la m uy semejante de F orcione. notando y evaluando.. vol.]. cierta meditada distancia intelectual y emocional. El pensam iento de Cervantes.. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico.].. ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y.) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics». [«(. pero sin envolverse en nada».] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » . dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [. looking an d learning. 36 Enciclopedia Italiana di Scienze. de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist . en particular. (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I»..

que no puedo llorar?» (881). fray Jacinto.] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. a que pase el sábado». ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»).] la malicia del dicho» (881). ninguno se llamaba el capitán don Fulano. «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance». una “malicia” a base de e^te 38 Singer.. por este episo­ dio. como. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. ¡qüe se creen legítimos. señor Licenciado. pero.]» (887).. marqués o duque de tal parte. pastoral ¡monachatus non est pietas!». pero ¿qué haré. como si reflejasen su indignación perso­ nal 38. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes. plorate super vos et super filios vestros». sino tan sólo su hipócrita.]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual. por ejem­ plo. ni el conde. Domingo.. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás. al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [. que me pesa de su desgracia. pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. p. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”.. naturalmente. ridículo propósito de hacerse pasar por lo que.. y..]» (881). la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [. no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular.. . y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [. todos frailes y religiosos [. claro está. La ropera le ha­ bía preguntado. como todo el mundo sabe. y la reacción anonadada de su mujer. Ambos aparentan una asidua participación devocional. la falsa apariencia. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem. 20. sino fray Diego. y otros.... fray Raimundo.muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados. en los dos cristianos nuevos: «Esperad. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos. menosprecian su ingenio satírico. sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima. no son..

la fe en la dignidad del individuo. Loreto). discreta. . industrial.. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40. ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería. aun sin proponérselo. A nte todo. particularmente en las com unidades de contigua. moral.. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. 99-102). «ciudad [. aunque sólo pasivo.] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. extranjeras. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”. Adem ás. la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente. 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca. que. po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales. de la vir­ tud y del honor. probablemente. Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. educada. Cualquier persona. intensa convivencia. inteligente. administrativa. de quien se dice que puede decir y hacer» (879). adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). comercial. N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes. quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas.].hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. oír y saber de vidas ajenas. nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás.. en esas costumbres devocionales (Agnusdeis. la «oficina . pero eso sí. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia.de Vulcano» de Milán. y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39. pues sabe que las roperas solían ser judías. Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. es una realidad perenne. Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332). «gra­ nero de Italia» (878). ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola..

productividad. con toda probabilidad. con más amplia. prosperidad económica y cívica de Italia. que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. El viaje de Tomás revela. pp. 43 El Saffar. según se elabora más adelante.. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes. Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia. evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. pero. ciudad. con lo que Tomás. la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. individuo inteligente. la única— del viaje de Tomás por Europa.lítica. 44 Casalduero: «Viaje cultural [. From N o v e l to Rom ance .¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. con la de Tomás43. simpática.. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . . sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44. en todos esos aspectos. inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes. pp. 128. atractiva. 103). en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o.]. 45 Rosales. Tomás es persona educada. culta y también muy agradable.. esta laboriosidad. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde. A. de la España de los Felipes. inconscientemente. p. ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. pues. se identifica en gran parte. 1962). 143-147). Relación misteriosa. En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. en efecto. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. objetiva perspectiva crítica. 54-5. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos. C ervantes y la libertad.

le rogó que se fuese con él a Italia [. por el antici­ pado salario. Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca. Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo.. aunque de seguro prefiere la vida privada. como lo ilustra. que él le ofrecía su mesa y aun. También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que. encontrándose de­ samparado en la patria. lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. en suma. «fue bien recibido de sus amigos». «contentísimo de [su] buena presencia. meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ . donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero». por ejemplo.. le avi­ sase de su salud..].]. ingenio y desenvoltura [. A todas luces. Al volver a Salamanca de su viaje. cariño y amistad. camaradas en Gé­ nova (878).. cuando la ocasión es apropiada para ello. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. Se trata. su bandera».. todo sólo para que Tomás fuese su compañero. el gaudeamus con los soldados. muy significativamente. y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880). de una bella re­ lación de mutuo respeto.. sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella. llegada y suceso. al acabar los estudios. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos. Y. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [. Tomás es hasta gre­ gario... si fuese necesario. Tomás se despide de ellos.los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877). en particular. Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad.]. puntualidad y diligencia». ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). que le rogó. al fin. con pesar grandí­ simo de su camarada. cordialidad. aprecio. Prometióselo así como lo pedía [. lo cual se evidencia. Él los sirve con «fidelidad... sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877). y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen». que de seguro añoraban mucho su presencia (879). el capitán Val­ divia» (888). al tiempo de despedirse.]» (879).

. probablemente se deben. por ejemplo.. consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo». Es el mismo prudente. pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal. su modo de hablar. v. Quizás. Rosales. y le aconseja que no vaya a buscarla.. 886. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115). Aun antes de criticar los ridículos fingimientos. (881. cuya «mujer se le había ido con otro».]..]. sus muchos melindres [.].. «tenía particular enemistad». etc.. Otras declaraciones parecen misóginas.. Véase la Epístola de los Efesios de S. escrúpulos [. la va­ nidosa pretensión. demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio.]. como. «las cortesanas [. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881)..... Pablo.. flaquezas de estómago [. Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas». sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo. Al marido. «los templos son campos de batalla.]. todas o las más tenían más de corteses que de sanas».]: Dale lo que hubiese menester.].. pero no sufras que ella te mande a ti» (881). a un momentáneo encono por la reciente. déjala que mande a todos los de su casa.pos» (879). la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?. vaguedades de cabeza [.. Otras declaraciones sobre las mujeres.. tan determinada en conquistarlo. donde [. entre otras cosas.. 887).. pero algunas de sus declaraciones.]. en efecto. tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48.. el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [. . «las dueñas con su permafoy [.] no eran las apartadas... 128. con más re­ pulgos que sus tocas [. A algunos lectores Tomás parece misógino47.. que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [. Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886). sino las vecinas». por ejemplo. a quienes.] las mujeres triunfan» (887). ante todo. de cualquier modo (879). su inutilidad y sus vainillas». 1648). te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». como. pues. que es. . en efecto. sin serlo en realidad.

que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. según ya se ha mostrado. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. mucho más discreto que los otros estudiantes. critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52. por encima del sexo que lo per­ sonifica. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49. que constituyen la médula de la obra. C ervantes y la libertad . 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». a quien pudiese amar con todo su ser. 115. ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. Sin embargo. Las mujeres bellas llaman mucho su atención. . Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. la encontraría. resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. p. simplemente. toda­ vía no ha herido su corazón. Cervantes . Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger.que es el defecto o el vicio en sí. no quisiese cortejarla-—5 0 . ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. 52 Críticos m encionados en la nota 3. el amor. según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). supuesta­ mente. de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor». y de su interés en el prójimo. más bien. de un modo u otro. amistosa de Tomás. todavía no la ha encontrado. porque. Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. Sin embargo. creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. Sampayo Rodríguez. 93-102. Se dice que Tomás es un “m isántropo”. pero a la mujer. quizás. pp. de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. sociable. al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. en el futuro. lo que Tomás critica. porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879).

]. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad.. es claramente afirmativa. como algunos lectores lo han retratado.. y así. no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey. A los “malos” critica y satiriza severamente. esperanzada. como Vidriera. Por desgracia. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son. Quijote. 1252)54. de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. fundamentalmente. optimista. diríamos que.tan». muy justamente censurables.] muchos necios» (D. p. 56 O liver. éstos. la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). véase nuestro estudio citado en la nota 16.] es más el número de los simples que de los prudentes [. entre otros que no lo son (887). que desapareciera tan por completo después. cívicas y personales. bilioso.. él no es. en la posibilidad del cambio. al futuro. incluso en un sentido es­ trictamente médico. un cínico negativo. grupos. p. a que se re­ fiere.. sorprendente que Tomás. sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. etc. Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios. pocos sabios [. ¡aunque no muy grande!. los «levanta sobre el cuerno de la luna». pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera. y del propio Cervantes: «[. 237. 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. destructor. 55 Riley. 190). la actitud de Tomás frente a la vida. son «tan pocos [. profesiones. «Cervantes and the Cynics». de un modo impropio o in­ sensato. entre los médicos competentes. en efecto. oficíales. Antes de “enloquecer”.. Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—. al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics».. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ». precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es. en efecto. .. cierto optimismo.] que casi no hac[en] número» (882). guloso. «un religioso muy gordo».. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53. en cualquier grupo. de todos los tiem­ pos. ¿No sería quizás inverosímil.. pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55.

irritantes.].. que Tomás no critica a diestra y a siniestra. ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita.].. no sólo mu­ chachos.. y Cervantes.gunos m om entos—. preguntas agresivas... le dijo una ropera: [. Cervantes.]. una vez por la ropería de Salamanca.. le comenzaron a tirar trapos.]. «a cada paso.]». haciéndole toda clase de preguntas «continuo [. ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo». Cabe advertir. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano.. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [... que son la más traviesa generación del mundo. Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [. que no puedo llorar? [. diciendo: ¿Qué me queréis.. creador de la novela corta española. provocadoras..]. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo. Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [. pues. Uno de ellos lo llamó [.]. Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos. ante todo. y aun piedras [. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente.].....] ¿no tenéis qué decir? [. ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello.. como acto de defensa: «Los muchachos.. Así.. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales. sin dejarle sosegar» (880. cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera.]. p.]?» (880)57.. mucha­ chos porfiados como moscas.] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [... sucios [.] ¿qué haré. Otra vez le preguntaron [.. Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881). .. con tal de no dejarle en manos de m uchachos..]. sino «todo género de gente [. etc....... Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [.].. a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto. en cada calle y en cualquiera esquina». sólo por oírle reñir y responder a todos».]. Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [. Uno le dijo: ¿Qué es esto [.. Preguntóle otro estudian­ te [.].. 190).]. atrevidos [..].. casi siempre maliciosas. y díjole: De nosotros [. 884): «Pasando..]. a despecho de sus ruegos y voces.... Y después empezaron a «seguirle siempre muchos».. Preguntáronle por qué [.]... Un príncipe quiso enviar por él [. se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo.

. el de a cuatro de a ocho» (885). que «pasea» a la hija «muy fea [.]. a base del subterfugio. por ejemplo. integridad intelectual. por ejemplo. y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia». gratuita. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [. aunque no siempre de inme­ diata. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881). zapato malo». al disparate. hechas en una ocasión previa (886). sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. resulta clara e ingeniosa.diato— respecto a otro blanco. cíni­ cas. ridiculas. galas y perlas». cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta. siempre se revelan. del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238). a la postre. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón. inocentes de una crítica injusta.. Sin embargo. no se trata de víctimas inermes. porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885). cuando 53 Forcione. La asociación mental de los dos casos.. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás. una conveniente.. ecuanimidad judicial. etc. satiriza a los “procuradores y solicitadores”. pretensiones públicas de fe genuina. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro. C ervan tes’ H um anist Vision. 227 ss. en efecto.. de individuos de hipócritas. etc. despiadada. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían. sino. la pasividad. etc. porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. como. pues.] empedrada [. porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”.] de dijes. ¿no sería. Poco después de burlarse de la tendera. aparentemente sin conexión alguna. El silencio. A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. y lo es en todos los demás casos semejantes. personal. paten­ temente. del falso «licenciado» (884). aun­ que sin provocación directa.. estas combinaciones de críti­ cas. constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58.. la indiferencia frente a la mentira. conforme a su parecer.. pp. del «juez de comisión» (884). deshonestas. cen­ sura a éstos. honradez personal. fácil comprensión. En suma. lógicamente relacionadas de algún modo.

son éstos. no es un irresponsa­ ble.. en los individuos que lo ejemplifican. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. y así de los otros vicios. Tomás se sentía «confuso y [. 1326). chispeantes. «sin dejarle so­ segar» (884). circundando» (884). sin duda. 1326). y divertirse a su costa59. los que lo persiguen a él. Vidriera señala a la persona.. cuando ésta lo provoca de m odo directo. 887). provocándole de continuo. despiadadamente.). se nos dice explícitamente que en tales situaciones. la muchedumbre lo sigue por todas partes.]» (887). Q ui­ jote. aunque los reprende. cínicas y sarcásticas. evidentemente. a menudo. 58) [«C om o en un jardín zoológico. cuyas «lenguas y picos». the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance.. «La rueda de la mucha gente que [.. p.] corrido» (888). por verle armar algún escándalo.] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60.]. pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. con que no señale persona alguna» (D.. 61 Sampayo R odríguez. y decir en sus versos mal de los envidiosos. Las críticas de Tomás son. que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce. en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”. a veces. p. que no de vidrio». Quijote.. La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881). ¡sitiado! En efecto. cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D. con toda clase de preguntas. sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880). Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera. pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta. inevitablemente. con­ dena severamente repetidas veces (882. 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o .. 161. «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [. ingeniosas. al encontrarlos en su cam ino62. Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid. punzantes y. Además. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . como en el caso de la ropera63..

) en que se inspiran sus contestaciones. confuso 64.Esta “fragmentación”. en que el público lo ha convertido. N o v e l to Rom ance. “real”— 65. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. 208). Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada. la hipocresía. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. Sin embargo. que se le hacen.]. 56. etc. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas. es evidente que Cervantes nados en nota 3). “transcendentales”. Rosales. esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. 64 El Saffar. h. Por esta actuación meramente verbal de Vidriera. y que . Imaginóse [... fluida. Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. cotidiano.. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida.] que era todo hecho de vidrio» (880). la tontería. T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos. en gran parte. R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [. “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas. natural. Esta op i­ nión. 133155). la estupidez. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación.. y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. y de las preguntas tan variadas e inesperadas. y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. pp. p.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol. com o también la forma (apotegma. Tanto las aparentemente ligeras. í. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad. fundam entales. 105). «de pensado» (888). etcétera. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás. en su conjunto. asistemático. refrán. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura. entre otros. en que coinciden varios otros críticos. en circunstancias siempre diferentes. Sin embargo. permeable.. pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. la mentira. más profun­ das. Tom ás comunica verdades claras. la in­ competencia. verso. p. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”. Esencialmente.. ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera.Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad. en un ambiente social. p. el vicio.

35-78. im­ propio. es decir.] para abogar y ganar la vida. el vidrio. La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida. descansa en consideraciones m uy superficiales. habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ). pero si no me dejáis. porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. Sin embargo. que él siempre persiguió en su vida. paradójicamente. pero.) . de que sólo «le hablasen de le­ jos». p. en forma alguna. por ser él «hombre de vidrio». Diríamos que se identifica con el vi­ drio. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. dichos ingeniosos. pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. Así. es también muy “delicado”.. frágil.] el vidrio. refra­ nes. ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos. que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda». verdades com prensibles para todo el que desea saberlas. de materia sutil y deli­ cada. que «le diesen de comer sin que a él llegasen». promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880).. La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». de mágicos poderes reveladores. bajo la constante amenaza de un contacto violento. La única diferencia consiste en que pierde Tomás. que­ bradizo.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. de la mentira y de la ignorancia. de los proverbios. pesada y terrestre». 214). La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás. perenne. (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio. pe­ netradora de la más densa oscuridad y. pp. de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo. obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo. tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). chistosos.. de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. toda inhibición para decir la verdad. por no perseguirle el público con sus preguntas.. víctima fácil. Así. la locura. sin ser «de vidrio». popular. lo que siempre pensaba. con su sutil transparencia. «Por ser [. mezquinos intereses “terrestres”. pero que no decía. igual que la verdad. ob­ sérvese también que no son nunca tontos. cuando “lo c o ”. «A quí he venido [. todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. por ser las cir­ cunstancias diferentes. sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”.

etc. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. «El licenciado Vidriera y sus nombres». . consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. nacional. temeroso no le cayese alguna teja encima. radical. Personificación de la ver­ dad desnuda.. en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». constituyen. consciente o subconsciente. con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. Ahora bien. folklóricos. creador de la novela corta española . C ervantes . etc. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. conveniente. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. determinado a ser fiel a sí mismo. «hombre de vidrio». social. con la tan temible verdad. sin inhibición alguna. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». 154 ss. Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. de un modo u otro. Insistiéndose en su virtud deformadora. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente. y le quebrase» (880). de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». Así. claro está. Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. ¿no suele quizás el mundo negarle. Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios. supuestamente muy có­ mica. véase G onzález de Am ezúa y M ayo. ardua enmienda personal. y. humana. «si no fuera» por creerse de vidrio. «mirando a los tejados. sobre todo.. p. refleja de modo in­ mediato. Con este objeto se fijan complacidos. Tomás.. 68 García Lorca. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». de esta obsesión. en realidad. como el vidrio-espejo. 165. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. la “locura” de Tomás es la explicación usual. pp. cuando la imagen re­ flejada no es halagadora. De he­ cho. «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887). se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada.de las calles. las terribles consecuencias ínsitas en tal condición.

70 A dopta el nom bre Rueda. por causa de su actuación com o Vidriera. entre otros). según dicen. 82-92. como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. también porque piensa. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. pero creem os que consiste. os responderá mejor de pensado» (888). ninguna conveniente. and Certain Related Images» de Engstrom. ya curado. Tomás va a Flandes. propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas. a la vez. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. que todavía no ha honrado a su familia. «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. sabio. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. y no Rodaja. de improviso. El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. Al fin. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. pa­ yaso callejero o bufón de corte. a costa de un indefenso “lo c o ”. fundamentalmente. y veréis que el que os respondía bien. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. cuando promete decir siempre a todos la verdad. . como hombre grave. según antes lo consideraban71. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad. modesta­ m ente. esencialmente. pero sin ya declararse «de vidrio». suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. bueno. «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. que considera. tam bién morirá com o Rueda.cisamente por esta razón. “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. com o se ha propuesto al princi­ pio. sino tan sólo en la diversión. Rueda. engañosa disculpa69. pp. 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»). sin jamás poderse revelar com o Rodaja. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. cuando Tomás. sabio. estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. sólo en esta sencilla y clara ironía. preguntádmelo ahora en mi casa. Significativam ente. perversa o tontam ente. de un m undo al revés.

destructivo desahogo cínico. etc. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. 74 La guerra por causa del rebuzno en D . el texto no sustenta en absoluto tal interpretación. brutal juego por la ventaja material y el privilegio. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [. p. a principios del siglo XVII. sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado». rasgo distintivo también de Vidriera. C ervan tes’ H um anist Vision. . a Tomás seguramente le parecería incongruente. Cervantes— 74. absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. El inescrupu­ loso. desenfrenado. de modo inexorable. Notemos.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán». al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros.. en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera .. y también. de paso. en que principalmente parece consistir esa profesión. el maltrato y el parasitismo.. como cualquier turba mercenaria. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia.] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [. pronto envuelve. con toda probabilidad. “lamentable” con­ ducta o actitud pasada. Ahora bien. tahúres. 316..tuito. Q u ijote (il. incorruptible joven: «Esto sería [.. 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. aun al mejor intencionado. que.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877). rencoroso. y el re­ chazo categórico del discreto. pasteleros. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso. caps. por su tan “extraviada”. las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. 73 F ord one. La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador.. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros. claro está. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda.

a la corte. que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas. por esto. se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre». ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. morfífera «materia terrestre» (880). sutil. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877). En efecto. la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. de Tomás bajo la «pesada». como si todavía fuese Vidriera. no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase.. sino. cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos. ¡y de la actualidad!. fértil. lógicamente. la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. fiel a sí mismo. pues la gente no dejó de «perseguirle». después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. No. pues no podía valerse de las de su ingenio» (888). en particular. delicado.. como un trágico ostracismo. cruel. re­ crimina. Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables. en realidad. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». aunque ideal.ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. como. a la socie­ dad entera. con amargo desengaño. en efecto. él también. en realidad. Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). alado. del pensamiento. Tomás. y. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). Teniendo en cuenta todo esto. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual. donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. todo lo contrarío. la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte. Ese mundo ignorante. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». a todas luces. sino. se concluye. anímica. ex­ plica Tomás al capitán. y sentirse gratificado.

ya otros (Riley. aparentemente todavía no bien apreciada. «El licenciado Vidriera». muriendo en un campo de batalla. constituyéndose en la ejemplaridad moral. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. La Torre. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. es decir. es decir. a nuestro juicio. p. cuando menos. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. asimismo ejemplar. callado. en 75 A unque con enfoque distinto. pero también. a menudo. trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales. Parte íntegra de esta ironía sería. claro está. . 76 A zorín. Como ya se ha visto. He aquí. «El licenciado Vidñera». la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888). sublime gratificación íntima. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. ge­ neradora de inexorables. 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad.de “terapias psiquiátricas”. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. pp. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. repri­ miendo su opinión y su sentir. filosófica de la obra. con inefable tristeza. inconsciente?75. la actuación de Vidriera se sustenta. que a menudo se califica. trágicas consecuencias. enfrentado con una insensata muerte. Esta lamentable. 77 Serrano Poncela. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. p. que ha escrito el inmortal genio»76. 194. resignado. Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». Con Cervantes. 102-3. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular.

refranes. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. su transmisor hábil. inevitablemente. que atañen a la creación y comunicación artísticas. morales y. sentencias. Esa sabiduría tradicional. analfabetos e “intelectuales”.. 78 79 . como en todas las obras cervantinas. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. y otros que no lo son.. hombres y mujeres78. oral y escrita. dichos. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria. quien así banaliza tanto el pensamiento. por sus reacciones impropias.. a la vez. drama de este tipo particular de in­ com prensión. pasajera del destinatario. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. naturalmente. en forma de apotegmas. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos.gran parte. también el arte con que se expresa. superficial de sus creaciones. en la sabiduría tradicional. estéticos. Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. culta y popular. chistes.. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. la enseñanza como. ridiculas. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad. sabios. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos. claro está. y como Vidriera. anónimos y notorios. festejados tan sólo por lo más “divertido”. oral y escrita. Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. dedicado. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. y. predominante en to­ das las esferas sociales. proverbios. insensato apetito por la diversión fácil. necias. virtuosos. anécdotas. de esta sabiduría. frívola disposición anímica. Desti­ natario de torpe. en particular. Tomás representa a todos los autores. De asiduo. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás.

» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso». etc. la m otivación psicológica y el desenlace». «Structure. asunto inverosí­ mil. Esta estructura parale1 A tk in son . que. [«(. desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción. de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 . «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events. falta de «buen gusto». p. Duran. personajes mal retratados. etc. C ervantes: N ovelas ejemplares. advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. . Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ». «unworthy o f Cervantes' genius». en efecto. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». p. l. «anecdotes. porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. «C ervantes. pp. characters. ejemplaridad cuestionable de la obra. pp. 71-2. en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela. [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. «it does not merit discussion». p. p.. etc. psychological motivation and outcome as it does». 3 El Saffar.) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas». «it has no hearing on the business or meaning o f life». con que toda la materia. no es digna del genio de Cervantes». 27.LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . G itlitz.] 5 Ibid. 128. Pierce. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. 114. p.] 2 Avalle-A rce. C er­ vantes. moraleja extraña de la historia.] 4 Calerait. Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua.) no tiene relevancia para el significado de la vida. 197. De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. 191.. lleno de increíbles coincidencias.. symbols». se distribuye en dos partes en la obra. el P inciano and the N o v e la s ejem plares ».. «Introducción». Sin embargo. themes. N o v e l to Rom ance. [«(. [«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. 136-141.. etc. ill. «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ».. no merece ser discutida. descriptions.

cíclica.lística. nuestro estudio propone otra posible lectura. la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. antitética. 134 ss. esencialmente. «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ». reveladoras de la naturaleza compleja de la novela. en cambio. etcétera. sino que. Soons. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. Forcione. al menos en parte.) (. «Structure. sin contrición alguna. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera. divina.. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. díptica. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural. en El teatro de C ervantes).)». etc.. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. mís­ ticas. “milagrosa”. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas.. N o v e l to Rom ance. Casalduero. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica.. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. sím bolos (etc. determina la estructura de la novela. en sus interpretaciones. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. alegóricas. temas. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6. caracteres. a nuestro juicio. . 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas.. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. 7 Calcraft. por ejemplo. 203. pero sin descontar al “designio di­ vino”. Otras veces. antítesis. que se considera feliz. p. descripciones. sobre todo. etc. que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías. de ha fuerza de la sangre. mucho más sencilla. se acentúa ía “industria”. en juicio de los críticos que así la caracterizan. es concebida de tal modo. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas. simétrica. no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. y otros) reconocen tal estructura.] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja. El Saffar. alegóricas de L a fu e rza de la sangre . For­ cione. religiosas. Piluso. 8 El Saffar. pero. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. pp. enga­ ñosamente.

Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891). Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. creador de la novela corta española} o. 2 1 2 . la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. p. concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. cuando menos. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella. I. según se las hace imaginar su educación religiosa. semiconsciente. en la ejemplaridad crítica. como penas del infierno o del purgatorio. en sí. planteamiento de problemas de ningún género. de una total abstracción de la moralidad. enmudece aquí». entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. pues. p o ­ lítico o de conciencia. característicamente cervantina.ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. moral. Sin embargo. . por un ins­ tante. constituyéndose todo. Cervantes. en un estado delirante. 69. C ervantes . y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. censor de su época. p. con gran sutileza conceptual e irónica. “histó­ rica”. nada frívola ni “idealizante” H. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. tal conclusión. sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891). no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. de esta obra tan “realista”. en L a fu e rza de la sangre .

sino conforme a él se le asientan en la estimación [„. A pesar de su ab­ soluta inocencia. destrozada para siempre.. que le quite la «vida». despierta.. N o se trata de un reparo crítico del propio autor. podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892).]. natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. refleja. Al recobrar Leocadia el sentido. ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos. no es bien que [la] vean las gentes». Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice. Desesperada. Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada. con la caracterización verosímil del personaje1 2 . desmayada me pisaste y aniquilaste».]. con los dientes». . C ervan tes ’ Theory o f the N ovel. ya que le ha quitado la «fama» o. Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella. con las manos. Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra». a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas. en esencia. Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años. es decir. sin querer que las oiga el mundo!» (891). nótese.]». Al expresar estas preocupaciones. que si ahora.. de que en su tierna. que «cubra con perpetuo silencio [. entre mi y el cielo pasarán mis quejas.] la ofensa que [le] ha hecho». cándida edad se acumule.] traidor y desalmado hombre [.chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima. por «piedad». A lo forzoso. acongojada. tan repentina y violentamente. implora a su violador. pues... indica su íntima. propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [. no llegando los míos a diecisiete» (891). antes podrás matarme que vencerme.. sin resistencia concediese con tu abominable gusto. tanta desdicha. pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [. ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle.. preocupado con el decorum. si no. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada... 136-7. le recrimina indignada «[. las advertencias y enseñanzas 12 Riley. pp.].. defendiéndose «con los pies.

tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones».].que le impartieron en su casa. si acaso la seguían.. ni el de mis parientes».] tú ni en dicho. Por la misma preocupación. y por desmentir los espías. ni el mío. Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [. «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. por decreto de la “honra”. y la verdadera honra en la virtud [. es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora. ni saberla [mi casa]..]» (893). ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte. porque». (893). Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle.. después de la violación. no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [.]».. [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia. Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso». implora a su ofensor. hija. que yo por tal te tendré. «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892).. dice..]. sus padres. p. Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo. etc.. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle». lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso. nutrida por el chisme. sin que jamás 13 El Saffar... N o v e l to Rom ance. fuera de [su] padre y de [su] confesor». ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. no vio a persona. 132.. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen. a cada paso se detenía. es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». profundamente horrorizados y entristecidos. ahora... y pues puedes vivir honrada con Dios en público. dándolos hacia su casa [. «también has de jurar de no seguirme. que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena.] . y de allí a poco se fue a la suya [. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron». ni en pensamiento le has ofendido [a Dios]. o a lo menos junto a la iglesia mayor. tente por honrada. se entró en una casa que halló abierta. amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. después de haberla violad o. según se deduce también de las reacciones del padre. El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que. que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [.]. Leoca­ dia «miró a todas partes.

Proba­ blemente. Palabras exaltadoras de la virtud personal. llenas de com­ pasión y ternura paterna. pero de humildes recursos económicos (890). con todo el recogimiento posible [. sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. que es la verdadera honra. no fueran en mí tan desdichados» (892) 16.. Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893). princi­ palmente. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo. como único remedio. cristiana. honradavirtuosa. con ves­ tido tan honesto como pobre [.]. Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres. suspiros y lamentos [.. Como consecuencia del rapto. por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. en que fue violada.]. de comprensión humana. a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles. la protagonista de esta novela1 5 .. «encomendarse» a la justicia divina (893). 125-132. «debía de ser hombre principal y rico» (892). des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols. exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos. sufriendo terriblemente todo el tiempo. como lo lamenta Leocadia. víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta. temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente». 15 Scott. resignarse.. en cambio. evocadoras de la tradición evangélica cristiana. pp. aconsejándole...]. A esta convicción. porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [. de solidaridad en el sufrimiento. reales y lite­ rarios. erasmiana. entre «gemidos.].. 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia».. La familia entera de Leocadia es. Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. . en realidad. consciente de que no se le reparará el agravio nunca.] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles.. palabras sencillas. lloros.. familia buena. parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). retirada y escondida [. teatrales de esa época u .te mire sino como verdadero padre tuyo» (893). 894). sin dejar verse de persona alguna.

. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa. contaminada Ja honestidad de su mujer»]. porque. Cer­ vantes no condena de modo categórico. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. pasaje citado ya por Pianca. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ».trozada. y habiéndose descubierto. mucho más extraordinario. su instinto y cariño matemos. es decir. fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. ¡Auténtico. a la poderosa y rica clase nobiliaria. G iornata ΠΙ. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. entre otros. . digna. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia. de haber castigado al reo. condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública. hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza.. Cervantes nos muestra otro posible desenlace. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. “deshonrada” víctima.) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir. ya sin esperanza alguna de una vida normal. atroz martirio!. y después. aunque se hubiese vengado enteramente. D ostoïevski (El idiota). e d essendosi scoperto. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. sumario. novela II. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida. La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”. feliz. causas y motivaciones impropias. 38) [«(. suprimiendo de continuo. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890). sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. De acuerdo con su fundamental noción del individuo. Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. usurpando este oficio la madre» (894). de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social. p. non scemata. física y emo cio nal mente. G o eth e (Fausto). Juventud trágicamente truncada. «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire. ¡du­ rante siete años!. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera. Sin embargo. no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. Sin embargo. claro está.

la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio. pues para él toda “sangre” es “colorada”. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896). que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895). la calidad. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. ya que no le po­ dían hacer rico. A su vez. según se verá.. N o se trata de una inocua mucha­ chada. a todas luces. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina. el de las ovejas con el de los lobos y. porque mis padres lo son. del azar. a pesar de ser hijo de Rodolfo. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). Significativamente. inspirador para los de­ más. D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia. Nobleza. entiéndase “engendrado” y criado. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. Y. mientras que su hijo es.lar. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna. ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. «com o mujer y noble». depravado. buena gente. a lo menos muy virtuosamente [. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). poder. con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas.]. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones. como ejemplo imitable. pero son. Luisico. Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia.. cubiertos los rostros. esencialmente. miraron los de la madre y de la hija. y de la criada». consistente con esto.. lo cual repercu­ tiría también en su vida. el carácter. Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [.. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 . «en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». los genuinos méritos personales. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos. les imponía.]. acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia. y lo han sido todos mis antepasados. . si no muy rica. un ruin.

Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico.] las crueles entrañas de los malhechores» (890).. más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto. a pesar de todos los inconvenientes» (890). arañóse la criada. «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ». pues tienen también «un niño pequeño» (890)—. 363. lloró su hermanico. lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo. ni los gritos escuchados. La apetencia sexual 19 F ord on e. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». sin duda. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9. si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”. gritó su madre. ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [. así desmayada como estaba». para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación.. llevando «los despojos» de la desmayada.. a la madre —mujer todavía joven. gratificada por el momento su lujuria. Después. que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . símbolo sacro­ santo de la familia. con la misma facilidad.. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana.] Dio voces su padre. según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». sin el menor escrúpulo de conciencia. sino de una descarada. Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social. «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle. C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. humana. p. con muy buena razón. quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro». En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia. ex­ poniéndola..subraya varias veces. pero ni las voces fueron oídas. ni movió a compasión el llanto. a un gran peli­ gro de muerte. todo lo cubría[n] [.. fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre.]. que «despertó en él un deseo de gozarla. que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo.

sosa de carácter: «como no sea necia. Libro vi. Es justificado pensar. con orgullo. tras su deseo. «llevado de su amoroso y encendido deseo. que de m ujeres quiero la hermosa . (A lzieu. p o r simple. la raposa y no como. de O vidio. P or la hermosura no dan cornado. T oulouse. R o­ dolfo queda «sin sentido». Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. cuando menos. que una extraña. con faceta psicológica más compleja. quizás. 15. de algún m odo. en este soneto burlesco: 1. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. 1975. con obvio tono cínico. pues hermosura busco y no dotrina. no se dife­ rencia. y después. la gallina! 4. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. Cualquiera vaya. ¡ O necio humor. como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). L issorgues. pues.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. p. en algunos aspectos episódicos fundamentales. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. 20 Lo que R odolfo proclama. 3. porqu e es astuta. Jammes. com o su ideal am oroso. 2. no amor. sumisa. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. del “ideal” que "se exalta”. . m as devaneo! ¡C om o. y adoran la si es fe a y es parlera. esencialmente. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella.

he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. movido de sus lágrimas [. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo.]». Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». la había dejado en la mitad del camino» (892). inerme. Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados. p. R. ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890)... pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado. nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y. 23 Scott.. siem­ pre posible cuando hay testigos24.. Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [. claro está. probablemente. Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas. Cervantes. caprichosamente. Sin embargo. p. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ».]. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor. por otra parte. 221. pero ya en la calle. la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella. avasallando todas sus facultades racionales. since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes). quiere evitar toda incomodidad con la justicia.). antes se resolvió en decirles que. por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22. «no quiso hallarlos. por el poder de su familia. . siente algún tanto de com pasión por su víctima».Rodolfo.. [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada. Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad. Aberración sexual. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas. 127.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo.. Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia. porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien».]. cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance. creador de la novela corta espa­ ñola... II. Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [.

«las once». quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito. 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. Likewise. «todos insolentes» (890) —sin duda.]» y 25 El Saffar. el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador. a un cuarto aparte en la casa [. Y ellos. «sin ser visto de nadie [.. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia. . vuelve a su casa al caer la noche. con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo. p. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón. y. para ir al río. probablemente al río. aplauden todos sus «desafueros». m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent.]. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). por los calores del verano. dejándole. tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento».. «por darle gusto» y. que no obstante quedan descui­ dadas. Por cierto. while movement away from the city suggests the opposite»25. N o v e l to Rom ance .gests the facile movement toward degradation. D e igual m odo. Rodolfo baja. Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres. porque son propicias a las «compañías libres». portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos. para violarla. de cuestionable propiedad. con­ secuentemente. hay dife­ rencias significativas.. 26 Es inolvidable la descripción de D . al explicar que su hijo llevó a Leocadia. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. claro está. mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. muy obvias.. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. De tales festines nocturnos. pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. como gente honrada y discreta. por frío cálculo oportunista. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. necesario. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo. a estas horas. siempre anticipando aprobación y admiración. a las diver­ siones disolutas.

pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. juguete para su mocedad. no es moralmente condenable. al comportamiento y a las andanzas del hijo. Poco después del rapto. Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas. nótese. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. como de seguro sabe muy bien. En todo caso. donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». pero no lo es menos que. «conforme a su deseo» (897). discreta. pues. «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. Esta “inadvertencia” que. a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. precisa­ mente por este “renombre”. enviarle a Italia. sólo como na­ tural desahogo juvenil. desee el padre alejarle. que no tuviese pena alguna. por un tiempo. el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia. El “desig­ nio” se realiza puntualmente. no atreviéndose a disciplinar al hijo. de Toledo. probablemente. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). noble». al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa. Con sutil estrategia psicológica. Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. con su acostumbrada indulgencia. pre - .que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). considerados. diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). que era fácil deshacerse los conciertos». sobre todo. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. a su voluntad. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato. permisiva en general respecto al modo de ser. en sí. Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. y. el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. picioni. por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». A la inmediata. que amenaza la honra de toda la fa­ milia. pero «fea». Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo.

y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba. los italianos... dicho encuentro no sólo no sería imposible. totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—. “mila­ groso”. p. pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria. 211). tan hermosa Italia. . vol. Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido». cuando menos. significativamente. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro. ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro.]. los cuales encontraban hermosa. «voraces dom inadores».. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». sos­ pechen la conducta disoluta del hijo.. sin duda. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto. de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—.. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles. Estos anticipados deleites. en un estado de continua. de dos de sus cómplices toledanos. sino muy probable y por completo natu­ ral. El que los padres de Rodolfo conozcan o. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido. acompañado. ¿no es­ taría «el anciano caballero». su nieto. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina. precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[. y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. es atropellado por un caballo. irresponsable del hijo. consideradas todas las circunstancias. Consciente de la vida libertina. i). hijo de Rodolfo y Leocadia. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—. II. Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. ¿no sería mucho más extraño. Sin embargo. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia.suto et salcicie» (894)27. en sus paseos por las calles de Toledo. y defenderla del turco y otros dom inadores [.. creador de la novela corta española. sino a ser soldados [. apuntan al modo de vida al que Rodolfo.] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros. en que Luisico.]. ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894).

y R. con que coinciden todas las demás que. en definitiva. paralelos. i. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo. derramando su sangre virginal. “realista”. Parte II. pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo. evidentemente. 30 G iditz.] . 70.. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. tendido en el suelo.. derramando mucha sangre de la cabeza» (894). para rebatir las opiniones opuestas29. etc. y por el instinto de la «sangre». púsose a mirar. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street. a una ley física. de un modo u otro. es m otivo fundamental de la novella 27.. estructurales. quien rapta y viola a L. alegórico en la obra. buscan un sentido altamente sim­ bólico. temáticos. como dice un crítico. p.] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras». etc.]»30. p.. por la semejanza de la «facía». y no a su naturaleza salvaje. cuando me­ nos. pasó por encima de él. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo. objetiva. 29 Rodríguez-Luis. pero. cuestionable.. irónico. según nuestra interpretación. en suma. El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías... shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. y dejóle como muerto.. Interpretación tentadora. 117. Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. incontrolable.. son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». pero su sostén textual es. shedding his blood. la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino. Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes. Parece «harto verosímil [.) derramando su sangre. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. Por otra parte. [«El caballo que atropella a Luisico (. Sin embargo. estilísticos. a la gran velocidad del caballo.).. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her. Parte II. y por mejorarse de puesto. este episodio es tan verosímil. Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28. de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. de la «natura». «La furia de la carrera» se refiere.un sentido fundamental. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ».

con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be.. Calcraft. víctima inocente de la maldad. «Structure. así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»]. 33 Ibid. Y. derramada en un simple accidente. crucialmente. todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo. para uso diario de 1a fam i­ lia. etc. porque este accidente determina la identificación de Rodolfo.igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. p. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. los m edios de la redención de su madre. etc. después del accidente. El hecho de que. Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896). hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico. la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y.. representado en la imagen del crucifijo.. así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32.. con el sufri­ miento de Cristo. Leocadia se identifica.]. etc. sin embargo. evidentem ente.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»].. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es. sino para ocasiones extraordinarias. tanto en el nivel humano com o en el moral. y la derramada por Cristo. según nosotros importante. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. 2 0 2 [«(. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”. [«(. comprensiblemente. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». para hospedar visitas ocasionales.. pidiénIbid. 35 32 . por la Providencia D ivina en todo ello. Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular.) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán.. Es cierto. on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption». primordially carnal appetite and pride » 31. Esta distinción.

sirve a todos de “testigo”. su natura­ leza? Y significativamente. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. «abrazada del crucifijo» (896). aunque incidental. sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. lo cual responde a su propósito inicial. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». de un modo u otro. aun­ que. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella.dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). ante cuya imagen se renovaron las lágrimas. en efecto. no hizo cuenta de ello» (893). se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos». el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. como rico. propiedad. ya casados. sino llevada de un discreto designio suyo» (892). como factor. pues. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893). En efecto. la verificación de los hechos. según lo sugiere. reconocido como propiedad del hijo. pero no se le dio nada y. otros considerándolo. por el crimen cometido. que pues ella fue testigo de tu desgracia. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. cínicamente.. Los personajes revelan. «no por devoción ni por hurto. a pesar de haberle ésta revelado todo. nótese. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. consolador. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico. una obsesión patológica de Rodolfo. de prueba material. con tanta probabilidad. de mórbidos complejos personales. que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. o hasta. ni siquiera la más leve emo­ ción. se hicie­ ron deprecaciones. para la identificación de los protagonistas. el crucifijo. milagroso. de­ sapasionadamente. de “testigo”. la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. como mero objeto precioso. etc. Para algunos personajes —y . Independientemente de la actitud particu­ lar. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo.

El Saf­ far. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien. Forcione. «Structure.] . De hecho. y. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship. los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas».) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país. p. sin embargo. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual. etc. N o v e l to Rom ance. «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre». «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». pp.. de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes. I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. etc.. 201. Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz. 35 Calcraft. identificar a su ofensor. ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto.. Y.. libidinosa de Rodolfo. Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35. 134 ss. representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. En efecto.. la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo. 271-5. [«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas. Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ».. honours his parents and the customs o f his society.algunos críticos— es también “juez”. particularmente. quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. buscar remedio. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34. pp.

sino con muletas. Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). las costumbres. Lejos de contradecirlas.]. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña.. para casarse. antes. Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-. evidentemente. etc.dolfo36. tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899). superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. Dice algunas cosas. fundamental sería para un buen matrimonio. pues. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas.. su relación con Luisico. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas.. sin averiguar antes su identidad. se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. 37 D . sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían. . Ninguna preocupación revela por la personalidad. Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. el carácter. sin querer saber nada de lo que tan importante. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter. en sí. (897). de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió. de su futura esposa. en suma. sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. cuando menos. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». Regresa a España para casarse. etc. las circunstancias de su vida. sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”. 38 A l principio. en efecto. al vol­ ver de Italia. la conversación de Rodolfo con su madre. y. en Toledo. como mozo poco experimentado. facultad de seguro perfeccionada en Italia. razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [. hasta el extremo de casarse con ella. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». pero. las virtudes.

sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899). sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza. sugestivamente. pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. caprichosa. ¡«Fait accompli». 200). pues. también posible en el caso de Rodolfo. su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. y a mis pasados y a mis padres.]. por lo cual también concluye Belisa. supuestamente anterior al Concilio de Trento. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897). la hermosura busco. gracias al cielo.nobleza y de la discreción. Así. enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel. ellos me la dejaron por herencia. hedonista: «jque me entretenga!». no evidencia la sensibilidad estética. la ma­ dre. sino. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”. a Rodolfo logran casarle con Leocadia.. . y. Y muy de acuerdo con estas actitudes. tercera jornada). el buen gusto de Rodolfo. sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure.. p. pero implícita queda la estridente. La aceptación. El burlador de Sevilla. se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). conociendo bien la naturaleza. una de sus víctimas.. Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado.]». porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. mudable dispo­ sición del hijo. era suficiente «la voluntad de los contrayentes. a la par que de su belleza física39. Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo.. irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. discre­ ción. ante todo. Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre». su naturaleza monstruosamente egoísta. porque en ese «tiempo». como una mujer no sea necia [. la caprichosa. que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso. D. inviolada por hombres como él mismo—. la belleza quiero. de manera estridentemente obvia.

al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898). no dejan de «suspenderla» (896). y al casarse por fin con él. poco después. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [. pues. hubo de sufrir. cuando éste vuelve de Italia (896).. con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva. ante todo. por la chocante contradicción que observa entre tan gentil... que ella. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle. Sí. «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma». Así. redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad. «en tanto que la cena venía». ca­ sándose con ella. sensata.] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto. «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo. su monstruoso egoísmo. sobreviniéndole un desmayo» (898).. en el sentido sugerido.. Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [.] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897). y a aceptar como por completo comprensible. y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos.. pero de seguro. comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado». etc...] a hurto» en la mesa. con tan trágicas consecuencias. simultáneamente. a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. cuando. reconociendo su paternidad de Luisico.] le miraba» a Rodolfo. se desvanece de emoción en su presencia. La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. sin poder prever que. y de sentido tan serio de la vida. decorosa apariencia y el bárbaro.. Leocadia «ya quería» a Rodolfo.. «alguna vez le miraba a hurto [.—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo. según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [. su fría crueldad. durante la cena. la afirmación de que ella. de modo muy iró­ nico. la doncella tan juiciosa. se realizaría . natural. discreta. brutal modo de ser. se nos dice que es «venturosa» (899). precisamente por su desbordada sensualidad.]. ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo.

] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). pero yo lo doy por bien empleado. tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!.. declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. 132. N o v e l to Rom ance . p. y quizás particularmente. ni después de casados. pues al volver del que ahora he tenido [. pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto. 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia. me hallé. Leocadia lo da todo. I.. señor. pues. ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. dice Leocadia».. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa. esencial­ mente. angustiosa carga de toda su juventud. 43 L a estrella de Sevilla (última escena). se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada. en el matrimonio. antítesis. hasta.] me hallé [. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891). Aun­ que ya libres de todo rencor. pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie. Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes . «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43.] honrada» (899). por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. 4 2 El Saffar. N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—. ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige.. 68: «Honra y no amor. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar.). hasta la más atroz experiencia del pasado. indicando «la restauración de la honra» de Leocadia. pero tan bru­ tal. ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [. Gitlitz. en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa.poco después el matrimonio.. cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida. etc. etc. Calcraft. Aliviada de improviso de la ator­ mentadora. «por bien empleado». 4 1 Rodríguez-Luis. . p. en vuestros brazos sin honra....

87-93. tan claro». Soons. Levisí.. según varios críticos. llenas de «radiante luz». sin los ojos de su hija.]. en A l margen de los clási­ cos. En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—. Forcionc. «Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention». que eran la lumbre de los suyos» (890). p. "luminosos”. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral. Selig... es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. los estu­ dios de El Saffar. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ». Así. sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa.. . Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz. Con «el res­ plandor de la luna. «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». pp. y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios. 100. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). de regreso del río. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ».. (892). en la primera y en la segunda parte de la novela. pues. tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo. eventual prueba material del crimen ocurrido.]. 4 5 Azorín. pp. la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia. pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. y otros. Ahora bien. 121-5.su «resurrección» en todos los sentidos. vio un crucifijo pequeño [. pp. como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares. pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [. etc. por ejemplo. Calerait.. 59-67.. aparentemente. sería. respectivamente. 485-490. cuando menos. «Al margen de La fu e rza de la sangre ».]. etc. Gitlitz. lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia. que sus padres se encuentren «ciegos. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». pp.

inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia. Lo que a todos importa. con airosa gracia y discreta crianza.] de una saya entera de terciopelo negro. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (. y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. le ser­ vían de adorno y tocas. probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. ¡Leocanovelas de C ervantes. de los cánones sociales. como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia. de Bandello. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban. pues.las sugeridas usualmente. de un modo u otro. Levantáronse todos a hacerle reverencia. etc. 4 6 . en la novella 42. vitalmente. para expiar el crimen y el pecado. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. durante el banquete. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido. para restaurarle la honra a ella y a la familia. p. acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. por semejanzas.N o v ed a d y ejem plo de las I. Como simbolización incontrovertible. Parte Π . en esta obra. Lo dudamos mucho. la pérdida de la virginidad. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo. probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó. se humilló a todos [.. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. del genuino sentido del amor. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido. para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. Es significativo. es realizar los desposorios. sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. Esta escena hace evocar el banquete.]» (897-8). lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral. Rodolfo se olvidó por completo de ella.. no corresponde a la de la virtud.. etcétera. llovida de bo­ tones de oro y perlas. cintura y collar de diamantes. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo. sus mismos cabellos. traía de la mano a su hijo. 66). es decir. no se casa con ella para desagraviarla. «vestida [. claro está. Era Leocadia de gentil disposición y brío..

humilla­ ciones y sacrificios. con noble ademán espiritual. desfilar frente a Rodolfo. como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. Rodolfo ahora no repara en absoluto. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). pues. testimonio vivo del agra­ vio —en quien. 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. Leo­ cadia. tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. más tarde. por causa de las crueles. trayendo «de la mano a su hijo». sobre todo. pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente. pura víctima. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. a la vez. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. pun­ tillosas convenciones sociales. “iluminan”. su único nieto conocido. como última afirma­ ción de integridad personal. Sí.dia lo sabe tan bien! Así. por todos sus muchos sufrimientos. al observarla dócil. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. con toda probabilidad. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. sino como señora de alta dignidad per­ sonal. tal como éste desearía. se revela. aunque lo fuese por él? Al hablar de la . que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. que ya antes re­ clamó la misma inocente. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. y. del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria. Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». insaciable y tirana deidad. sumisa. sólo con la preocupación de su paternidad (899). un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican. nótese.

. pues. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. pp.. creador de la novela corta espa­ ñola. pp. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. 121 [hizo lo mejor que pudo]. como reparador de la ofensa. o fuerza desentendida de la brutalidad. como bien se ha observado. 4 9 Gitlitz..] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes. y meras consideracio­ nes prácticas del momento. i]. over­ turning the proper hierarchy in the soul. «she has done the best she could»49. 5 0 González de Amezúa y Mayo. en La gitanilla. las penosas disimulaciones. trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza. medita sobre esta «alegría universal». ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes. el egoísmo. la perversidad. la arrogancia. an d only then. pues «en aquellos siglos [. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana..! “Alegría” final. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre».. de hecho. an d hence alienating m an fro m his true nature. p. las absurdas preocupaciones. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia. para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales. que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario.] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués. justas para lograrlo.dera “venturosa” al fin. 162-3). sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales. [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio. 221. intereses particulares. por conveniencia. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid. p.. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». they are then.. entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les». pues. egoístas. en suma. el matrimonio religioso» 50. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. de perdón y de confianza renovada. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo. de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada. necesidad. «o f Christian m arriage. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls . Cervantes. que.. fa m ily autho­ rity.. 156 ss. Cervantes.) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos.

sino. resignados. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio». La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular. P abón. pp. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. . de m uy sutil concepción artística. tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. pero también. aun sin contrición alguna del ofensor. en gran parte por esto mismo. sin sostén ra­ cional o moral alguno. p. ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». en base a la evidencia textual. con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. atribuíble a una maduración interior. Sin embargo. "la medicina”. “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. con igual sugerencia irónica. «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace. des­ pués. «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. la declaración «por permisión del Cielo» (899).en una digna relación conyugal futura. pp. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51. and La fu e rza de la sangre». ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales. según ya se ha dicho arriba. con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. por genuino sentim iento amoroso. «la llaga» (895). D e poder demostrarse convincen­ tem ente. Casalduero. de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . Las dos doncellas. también. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. 151-8. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. 119-124. Sin embargo. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. si tal es el pro­ pósito del autor. en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas».

mitológicos.. pp. creador de la novela corta espa­ ñola .. «G loses sur le m aris ja lo u x ». folklóricos. viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo. con tesonero empeño. que. emborrachándole y robándole las llaves. en que una mujer engaña a un mancebo celoso. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. Con respecto a este incidente. pp. y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. 3.EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que. lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3. sempiterna. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario. Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis. ejemplar o sólo anecdótico. todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina. se han señalado muchos an­ tecedentes. así. . se hayan encarnizado en buscarle analogías. il. «G loses sur les maris jaloux».. para deleitarse después con un amante. como es natural.]. 3 Cirot.» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [. propuestos hasta ahora. como gusano de seda. p. para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio. 234-5. Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». artístico. me fabriqué la casa donde muriese. pues se trata de una situación hu­ mana universal.. y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. bíblicos. 2 Cirot. 13. p. G onzález Palencia. cumbre de la novela corta».. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos. En La lena. Para las extremadas medidas con que el viejo. 422-3. su joven esposa. un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal». C ervantes . Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios.

) en un aposento peor que una prisión»]. 6 G onzález Palencia.) a una roca que se llama Altamura (. El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino». En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia.. En un cuento marroquí. comúnmente muy pasa­ jera5. metido en un baúl. bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ». hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7.) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»]..... 2 0 0 .rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion.]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla.. Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4. comprendiendo su error.. cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos».. se vienen abajo. en un cofre. El amante cava «sotto la terra [. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ».) una vía (. Brow n. perdona a su joven esposa... pp. pp. por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(. el viejo.. peggio che preggione» [«(. «Las N ovelas ejemplares».] una via /[. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano.. «N otas sobre ios elem entos m itológicos. El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6..). y go­ zar a la encerrada. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita. llegando una D u tin. 417423. 7 Avalle-A rce. todavía niña. 4 5 . p. todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. «El celoso extrem eño de Cervantes». 81-118. Este y otros motivos mitológicos. trayéndole uno. Al descubrir el adulterio. «a su misma casa»... como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño..]/ In­ tro una ciambra.

El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. En la Histoire de Floire et de Blancheflor. / che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto. p. F. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo. Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca. «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». Lizio. de lo cual después alardea en la calle9. los encuentra abrazados por la mañanaI3. 11. Sin embargo.noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 . su pasión. entreteniéndole con juegos de ajedrez. Este cuento se reproduce en el Filocolo. 11. (¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. perché avea troppi anni /[.2 . quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(. 13 Castro. el padre de Caterina. tocando «certe canne». 10 Cirot. 138-143. pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele. guardada por centinelas. Fue mal apto. 12 Cirot. p.. pp. como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 . en que encierra a su joven esposa. Garronc. ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable.]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado. 8 9 . «Gloses sur les maris jalou x ». Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina. Straparola». 2 2 1 . En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa. pp. porque tema demasiados años.. con el pre­ visible prem io10. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 .. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». con algunas modificaciones interesantes. El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. «II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G. Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris. «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». logrando el fruto deseado. 11 Castro. atrayendo a la esposa. «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». un rey construye una torre.. 209. En una novella de Straparola.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». p. Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián.

M enéndez Pelayo). Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . U tili­ zam os la edición de Flora. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». En efecto. etc. en menor grado. respecto a este problema particular. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa. tras la cita. o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. . indicando..136-7. según C astro16. Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña. i. 16 Castro. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5. prólogos. en E l teatro de Cervantes. Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. El pensam iento de Cervantes. con que en sus novelle. siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. 144. A nales cervantinos. «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». 129. de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad». Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. se destaca Castiglíone. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». trata ese tema. En nuestro juicio. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia. constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. T utte le opere di M atteo B andello . El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 . 525-528). rv. y muestra que «el obstinado». U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. 1992. cartas. la página. es inmanente». aún más se destaca Bandello. entre los cuales. 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». entre otros. no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. la P arte (cuatro Partes) y la página. quizás incomparables en la literatura europea precervantina. Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . pp. «perece en la demanda». varias otras del mismo autor. En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados.atentamente las novelle de Bandello. cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria. pp.

En efecto. tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. sin tomarse a veces alguna remisión de la mente. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo». por lo cual «non è [. Bandello siempre imparte castigo al transgresor. a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. 422. no debe ni puede «negoziare di continovo.. III. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido. no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos. chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni. «degno di compassione e perdono» (33. con más frecuencia. La «natura umana ».) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa.marito per moglie». la marinara e le croci» [«(. porque. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. ejemplar. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. (por lo cual).. entre otras razones.. el hacha y el tormento»]. ya en forma de una muerte “ post errorem” ya.. Esta intención moral. para . su convicción de que la literatura. para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi. La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. se merecen) las cadenas y los grillos. 538). III. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta. 57.. el arte. de una estrepitosa burla. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti.. pese a su gravedad. declara.] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente. pero esto refleja...

aunque él tuviese más ojos que Argos. I. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley.. «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [.. según los casos»]. non divenendo gelosi senza cagione. escribió él su no­ vela. Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal. nos dice Cervantes. ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido». Con la misma intención. 64-5). Por estas razones también. uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male. claro está. se buscan las fuentes. también.. con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. horas hay de recreación. donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. . 87). no siempre se asiste a los nego­ cios. el «suceso» del celoso Carrizales. escribe él sus novelle (41. p. ejemplar y. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . a la vez. Estas nociones sobre la función ética. porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. al fin ella. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta. declaradas. por calificados que sean. che se egli avesse piu occhi che Argo. donde el afligido espíritu descansa. digo sin daño del alma ni del cuerpo. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel.]. teniendo celos sin causa.que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. se sobrepondrá y se la pegará. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(. no siempre se ocupan los oratorios. recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. Para este objeto se plantan las alamedas. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. II. muy significativamente. Sí. pero.. rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. destaca Ban­ dello. que no siempre se está en los templos. en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos.

«al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. se con­ tentó de dársela»]. astuto conocedor de su sociedad.poco que hay que fiar de llaves. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. le causa a Carrizales. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. Así. la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. cuenta Carrizales. Sugerencias generales. se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». La tendencia codiciosa se sugiere . sí pu­ diese pasarla con Bindoccia. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así). Por mucho que se insista. Angravalle. tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. Con ella. granjeada en el Perú. al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. cree él.. con tan bue­ nas razones. vagas. en la trascendencia del “suceso” cervantino. 919). para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual. Según se verá. una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas. en el as­ pecto humano y artístico. en todos sus detalles. la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. pero también con la codicia de los padres de Leonora. pues. quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato». artís­ ticamente. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. caracteriza la novela en todas sus partes. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. y con quien se casaría. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza». “bellísima” jovencita. no se trata. caballero napolitano. al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio.

En todos estos hechos se insinúa. Sí. . Se evocan clásicas situaciones trágicas. de las obras cervantinas. les pidió su bendición. quienes. En las novelle de Bandello. hijo. 122 ). evidentemente. com o en otras obras cervantinas. el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos». por el afán avasallador de su «remedio» material. las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. también. o. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice. llorando con sus padres. se vino a su casa» (904).repetidas veces en ellos. en absoluto. por mayor horror. que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno. se satisfacen. asida de la mano de su marido. rodeada de sus esclavas y criadas.. Señalaremos algunos casos importantes. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre. pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904). sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales. que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. y así. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. ¿sería.. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903). para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. como el sacrificio de Ifigenia. la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905). y despidiéndose de ellos.] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919). concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [. vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma. de modo tan característicamente cervantino.

611).). pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903). combattuto dal freddo verme di gelosia. él mismo ha destruido muchos de ellos.) es a menudo causa. che da quelle non si poteva veder persona alcuna.. 1. es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores. se hace suspicaz y muere mil veces al día... Mujeres solteras y casadas. lo sugieren los «peligros». «el mal gobierno» de toda su vida. che spesso poi gli fa fare mille errori» (33. infames. con quienes... se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902).)... y porque. m. Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio.. en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida.]. con toda probabilidad. (como. A. indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”. entre la puertecíta y la puerta. sin duda.. Así. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa.. La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar. que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (. hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (. p o í ejemplo. fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano. y comenzó. al salir para América.): cuando salía de la ciudad o de la casa. las ridiculas. por ejemplo..] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo. por lo menos de algunas relaciones. sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4). fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta. Carrizales «era [. las ridiculas medidas preventivas.impazzisca e divenga favola di volgo [. 422). ha visto mu­ chos desastrados.. sin causa alguna». porque..] diventa sospettoso e muore mille volte il di. para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa». rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902)... como. precisamente. Sin embargo. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo.. a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53.. sobreenten­ .] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado. "buenas” y “malas”. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos. [«(.

. cuya avasalladora fuerza.]. no por ser éste viejo. Como imitando al celoso marido bandelliano. pero reserva tan gran fracaso para Carrizales. que. sospechas. que en Bandello se representa. con gran ironía. en definitiva. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales.]. 1017). sin paliativos posibles. y cuando «salía de casa». Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. e «hizo torno. descuidada. sin que pudiese ver otra cosa». que de la casapuerta respondía al patio [. irrazonable por causa de sus celos. Cervantes adivina complejos problemas emocionales. dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904). en cambio. Leonora no le es "infiel” por su vejez. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 . y con intención categórica­ mente condenatoria... y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal. sino. 171. por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro». se cons­ tituyen en un asombroso. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. de hecho. Anticipán­ dose a Balzac.. hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad. miedos. de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo.] con la costumbre» (Coloquio de los perros. pues sus celos radican en una «natural condición». «se vuelve en natura­ leza [.. sino por ser un viejo “vicioso”.diéndose: «sin provocación específica».. dudas. se debe. psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. tan intensa. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable. también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo. De hecho. sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal. palpitante organismo de aprensiones.. en suma. dice Cervan­ tes. de un modo más bien casual. p. petulancias. del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven.

que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama). de hecho. Desde esta perspectiva. tutti i servitori». con cualquier impedimento físico en ella. por celos. 21 Más tarde. pues.]. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes». un truhán rudo y bellaco.) a todos los criados. excepto uno. un comprensivo retrato del viejo celoso. También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis. enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. che era un mascalzone ruvido e vi­ llano... pp. y otros. revelado por su «maldita dueña» (916). Carrizales la considera «pestífera». en reali­ dad. se están. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(. la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato. al casarse con la niña. D esd e la perspectiva de Cervantes... 8-9. el de Carrizales. . Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios. guardar la entrada de la casa.] y otras dos negras bozales». compra «cuatro esclavas blancas [. (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio. particularmente en contraste con la del marido bandelliano. quien cuidaba la muía y cocinaba.. como si fuesen partes distintas de la novela20. «un negro viejo y eunuco [. il quale la mula governava e faceva la cucina». pues. de su casa. de Loaysa y su es­ tratagema. despide. Febres. origina­ les de esta novela..elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan. encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904). despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (.). «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos».]. etc. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo... contrata criadas.. de cual­ quier modo. «tutte quelle donne che in casa teneva [.. 20 Ibid. quien. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca. excepto «uno solo di m i si fidava [...] para curar de ella» y. pero tan inepta que no servía para nada. con tan buena razón. según lo muestra su despecho. etc. toda la materia episódica y descriptiva constituye.] Arreglo mucho más “liberal”. a la vez... «taimada». porque llega a conocer su perversa naturaleza. ma tanto inetta ch 'era da niente. de quien se fiaba (.. resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales.. (918).

ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905). él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905). y tenía que ir a la primera misa (.. coetáneas de Leonora. con el mundo exterior. su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual. auditivo.. Carrizales. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. que él quisiera que lo fuese. entre otras considera­ ciones. pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). material.) acompañada de la muda y de un criado. porque. de noche no dormía.. . vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»]. «después que casaron a su hija» (917). ante todo. 1. Por esta misma ra­ zón.. Considera prudente acompañarlas él mismo. 5 . al considerarlo atentamente. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora. Por su parte. Quiere.. supuestamente ya “pasada” para amores o. cosificadas. Así como el marido bandelliano. sin faltar nin­ guno. En su grotesco harén. de seguro. al aya. (debía) volver a casa»]. 611). 70) [(. debía «tornar a casa» (53. más precisamente. M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [. nunca los invita a su casa. para trastulos sexuales.] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa».. espiritual.. (pero) sólo en las fiestas. emocional. “mutilada” o. se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”. 1. irían a oír misa. y acabada la misa. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53.) forzaba que de continuo. «de día pen­ saba.) a las mi­ sas. por lo menos. todos. y a Marialonso. tener una servidumbre desexualizada. supuestamente por sumisas. a las esclavas.pero. a huonora. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta. 611.. por lo cual contrata al eunuco. pero «solamente le feste e hisognava.. a las dos doncellas. 1. Aquél permite a la esposa ir «a le messe». Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica. che andasse la malina. [«(... incapaces de iniciativas propias. como un nuevo Argos. visual. mental.

una esencial origi­ nalidad. en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. acude a unos manuscritos viejos. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían. De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes. pp. empiece a negociar «en la calle [. argumentos. A menudo. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención». relevantes en el nuevo. 81). busca libritos rarísi­ mos. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). Antes de con­ tinuar con el examen de éstas..De acuerdo con todo lo visto. a veces mencionándolos y otras veces no.. si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. original contexto literario que está creando. apropiados. como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. pobre de inspiración. saquea poemas italianos para hurtar de ellos. es decir. Cervantes. creador de la novela corta espa­ ñola. [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. . la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos. «falto de inventiva. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices. eficaces. sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. episodios. y que Carrizales. al casarse. Aunque de modo juguetón. abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»]. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ). en efecto. callada y alevo-: sámente.] con sus amigos». sin dejar «jamás» a ninguno de ellos.. en cualquier caso. como no sea todo el concepto y toda la copla entera. Sería ridículo.. y M ayo. caracteres y pormenores. Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba. 241-2. Cervantes. pero. il. entrar «de la puerta dentro del patio» (905). Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño. 22 G onzález de Amezúa.

che erano alVncontro Vuna delValtra. son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». tenía cuatro cuartos. según la traducción de C occi o. etc. cerca de la joven»]. cuartos. frente a frente. dos a la derecha y dos a la izquierda. más atrás. puertas. Questo era Valbergo delle donne. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. Nelle camere piu adentro. E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. para resguardar a Leucipe. Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». . et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto. de Leucipe y Clitofonte. Sus semejanzas con El celoso extremeño. En los cuartos interiores. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». Clítofonte quisiera gozarla. pasillos. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe. haueua quattro camere: due a man destra. y su sentido. La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle. recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”. en los otros dos. en uno estaba Clío. en dicho aspecto. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. quien le corresponde en ese deseo. N el principio di questo ándito si serrana una porta. stauano la fanciulla et la madre. Además de esa formidable disposición de departamentos. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. cerca de la entrada del pasillo. Apasionado de Leucipe.. per il quale sipassaua andando alie camere. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. pero la joven. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. Esta era la resi­ dencia de las mujeres. es­ taban la joven y la madre. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande. al comienzo del cual se cerraba una puerta. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. Leonora. claro está). y sobre E l am ante liberal.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. Las' ideas de este interior.

«sobresaltada». levantán­ dose muy temprano.):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. quien se en­ . Prácticas y recursos materiales previstos por la madre. cicalone et goloso. y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. et ella prendendole le serbaua. le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. hablador y goloso. es decir. y cerraba desde dentro la puerta del pasillo. esencial­ mente.. que aguarda todas las mañanas. por donde le traen las provisiones. blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. et un ’altro la serrana difuori. Frente a tan formidables obstáculos. sobre todo. del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. quienes se entusiasman de inmediato por la empresa. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L . La madre de Leucipe asalaria a Conope. cínica. que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. 24).. También Clío. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. al cerrar «la puerta. que de la casapuerta respondía al patio». al ha­ cer un «torno. si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. «dueña». 911. accioche egli aprisse» (Leucipe. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. la «sospechosa». etc. 16. según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa». 912).sempre metteua a dormir Leucippe. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. «fatigada». así que era difícil evitarle»]. Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro. para sensacionalizar y amenizar la intriga. di nuouo gli porgena le chiaui. «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. se nos muestra. «miedosa». vigilaba. Clitofonte consulta a unos amigotes. (904. et serrana di dentro la porta delVándito. «un certo seruidore curioso.

]. ofreciéndoseles a su servicio.. se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe..]. . lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi. acordaron que se pusiese por obra. y de los más ricos de ella. quien cuida el cuarto de L.. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe. 20 ) [«(. N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [.carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna. De la misma estrategia. et mostra di portarmi affettione come a suo amante.] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [.] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla. la quale egli non hauea giamai ueduta. ma di uita prodiga. Poco a poco. según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte. como por ejemplo. la quale ha cura della camera di Leucippe. atildada y meliflua». de las cuales coligió de [la] mala intención suya. ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio.. 915).16). con tan buenas razones [... [.. pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional.. sino más bien una variación local de un carácter universal. a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo. gente baldía.].) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín. et lasciua. si è meco dimesticata. Hablólas [. 910. único. «El Loaysa de E l celoso extrem eño »... «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6.. Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola. la fortuna ya nos ha proveído.. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco. che porgone alV anima gli occhi [.] pareciéndole [... desideraua di hauerla por mogliere. sus amigos. Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta.. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante. 8-9.. che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione. pues Clío.. que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes.]· los hijos de vecino de cada colación. et erane innamorato per fama..) que nos ayude en esta empresa»].. la dispondré a (.

de pésimo ánimo»]. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse. II.. pero de vida pródiga y lasciva. [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor. un día.].. de haber sido necesario. por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo. deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama.. po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915). 946).) y las cosas que no veía. tenía una bella hija. A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906). Supo la condición del viejo. Éste. aspiraciones y deseos.].. le tomó gana de saber quién vivía adentro. que de todo en todo vino a saber lo que deseaba.rico. . todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [. Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa. estremecido. y viéndola siempre cerrada. en lejanas tierras africanas: «[. a quien él no había jamás visto. al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes. a quien nunca ha visto. responde. necesidades. según lo demuestran sus promesas a Marialonso. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones. p.... con su propia problemática íntima.. desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas».). para mayor interés de la intriga.. Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi». Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes. estaba solo. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia... pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran. imaginándose la belleza de la joven (. llegando a saber que S. y por las palabras se apasionan de igual modo (. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad. de cuyo cumplimiento.]. compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales. la hermosura de su es­ posa [.]» (905)..

atónitas [. Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica.. con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena. Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis. elegancia. suspensas. para oírle y verle de más cerca» (910). luego la otra».. según lo revelan repetidas veces sus patéticos. a que responde el corazón. también. «caballerosidad». Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari. pp. atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa.. aun de haberlo querido. con cuello almidonado. las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). significativamente. resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y. tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual. «abrazándose con la guita­ rra». Ya dentro.. lo que. pp. y una montera de raso de la misma color. astucia.. convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él. pero no al sentimiento y a la emoción. véanse los interesantes com entarios de Forcione. 36. 279-283). reprimida.. Son los «romances de moros y moras». N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S. a la vez. «de arriba a abajo. «corte­ sía». para el lector.. y que explican.]. pese al gran miedo al castigo. explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. pp.. rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. con el torzal de cera encendido» (910) 27. En cierto sentido. junto con su obsesión por ser músico. 27 Ibid.]. 53-4. tienta cariñosamente las cuerdas (915). Las criadas son mujeres de vida yerma. de sexualidad frus­ trada. 39-40. cuando se esconde en el pajar y. audacia. anchos. a la marinesca. 1956.patética y conmovedoramente. de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [. un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. . lentamente. Poníanse una al agujero para verle. «gentil disposición y buen parecer». ¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres. su complicidad con Loaysa.. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels. al principio le aviva la fantasía26. melifluidad. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. parecióles que miraban a un ángel (Loaysa].

40. traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [. la dueña («la tía fingida»): «propuso [.] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [. antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915). 39. quien no quiso [. aún mayor frustración para estas mujeres. no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida.] del músico».] estaba tan pulcela com o su madre la parió.. intenciones hipócritas.. 55-8.. í 740).]. «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28.a Loaysa «en medio [. que se acaba en otra. Marialonso. de frenético apetito... sin excluir su sarcasmo. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa.. otra: ¡Ay que blancura de dientes! [. según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa.. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914). Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos.]. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza.. re­ pulgados y acostumbrados vocablos. pues.]. cual fue que su señora doña Esperanza [. hechicera [.. más que.. «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií... que se atribuye a Cervantes. C ervantes a n d the H um anist Vision . a nuestro juicio. con todo eso. Marialonso oculta una voraz sexualidad que. contando con una particular 28 En L a tía fingida.. ex­ cepto mi señora» (913).. de doble filo. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915).. monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [. con razón..]!.]...] luego su embajada con sus torcidos. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y. respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra». pp.. Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso. otra: ¡Ay que ojos [..J. barbuda [.. malévolas. 430).. lo que es mucho más grave. y concluyó con una m uy forjada mentira. . Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione. aquella los pies. quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [.]! Esta alababa la boca. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua»...

26). et malediceua cotale strepito. destaca esa "comodidad”. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante. cuentos. 910]. Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte. essendosi nascoso dopo un certo . trabajos y desabrimientos echan un cero a los años.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». muchas veces bromeaba con él. di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. saldría y... la besa. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves». corrimientos.. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico. «caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. de donde. hauendo per dut o di far cosi belVopra. molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara. según más tarde relata.) queriendo hacérselo amigo. y si acaso pa­ rezco vieja. ya “inútil”. 907]. la voz. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. en yesca para Loaysa. hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. así espera. Al fin. no teniendo treinta cumplidos. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. cantándole romances. después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes. con suprema ironía. y a veces dos. tan cínicamente suspicaz con todo el mundo. aparece Clítofonte.] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. copias de las maestras de Carrizales. el suspicaz portero. se haría recibir como «haya de Leonora». quien la abraza. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe. por Carrizales mismo. «tentaua di far opta migliore. «et quando io». se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. Leucipe espera. llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre». trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera. según se les antoja» (913). pero también entu­ meciéndole con el vino. convirtiéndola.. mal pecado. Cónope. [«(. porque le faltan dos meses y medio. sobre todo. et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia.. también lo soy [virgen]. Por todo lo visto. las criadas están sobornadas. vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas. De modo no muy sutil. promueve.lujuria masculina.

haueua fatto strepito» (Leucipe. habiendo visto venir a no sé quién. en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño . cuando Guiomar. Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5).. pero.. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco.. suspensión de ánimo..]. ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía.). En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica. a su vez. A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes. y maldecía ese ruido.]. Dios perdone a to­ das!» (914). pero sin otras funciones en la trama. la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. blancas. y le­ vantas y viene! [.. 19) [«(... Sátiro (. y. espantados.]29. . se produjo cierto ruido detrás de nosotros y. la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa.. mientras en Cervantes. ya presentes en el episo­ dio inspirador. y señora. Leucipe y Clitofonte se disponen s. quedo. fue él que ha hecho el ruido»]. oyendo la no espe­ rada nueva [. cuando los sorprende la madre. tiene como consecuencia. 30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal». sorpresas. alboro­ tos.. habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra.] Al furioso estrépito [. Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra. adonde «dio orden de que se entrase» (915). se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [. «fa r opra migliore». eficaz. Tacio. Al volver la calma. nos levantamos..]. tensiones. cual por una y cual por otra parte. en general. a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato. enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia). La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo. en su «aposento».arbore.. a los sentidos30.. Esperando a Leonora. despierto señor. che hauendo ueduto uenire un non so chi.) trataba de hacer “obra m ejor”. pero con mayor sofisticación artística. van. y en el lector. negra. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’. por medio de «engaños a los ojos» o.. y que ella y su señora se quedaran en la sala [.. ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A .

La madre de Leucipe castiga a Clío. sin pulsos quedó [.por causa de una pesadilla: incredulidad inicial.. dolorosa resignación (Leucipe... y quedó hecho una estatua de mármol frío [. son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento... amarga desilusión. por fin. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe. Por esto.]. desmoronamiento inte­ rior.. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y.]. Temerosa de otros castigos.. profunda indignación.. la voz se le pegó a la garganta. desmedidam ente celoso.] vio lo que nunca quisiera haber visto [. desesperación y. Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento. porque. Clío se escapa de casa. cólera [. pese a las apariencias. . so che io non bastar el a narrarlo . los brazos se le cayeron de desmayo. Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A. 26-6). si uergognana... oyó lo que jamás esperaba oír. cuál fue el disgusto que tuvo. ya sin otro remedio. y así se salió». en particular.] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa]. Leucipe jura y rejura a su madre que.. y abriendo la puerta del aposento [.).] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)]..] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?». Carriza­ les despertase [.) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa. impulsos de castigo y venganza. [«(. e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa. [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora.. creía todo lo malo de ella»]..]. recrimi­ naciones. embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi... por otra parte. las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa.. «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [. sé que y o no bastaría para narrarlo (... uno de naturaleza tan patológica como Carrizales.] con la amarga vista [. I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese.. un marido. está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”.]. 26-7). 31 «A ngravalle [.. si attristaua...] color» (916)31. Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices.. aun sin saber cómo se perpetuó el engaño.) nadie ha avergonzado mi virginidad (. tras­ torno emocional. desmayo. et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo...

se le cubrió el corazón [.]. se arrojó a los pies de su ma­ rido.. el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [.].... Así las protestas de inocencia y virtud son. sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [. se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros». según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado. se dice que «Leo­ nora se rindió [.].. «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba. Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [. tanto de orden temático com o lin­ güístico. volvió a desmayar» (918-9). et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist).] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916)... pero «sólo con el pensamiento». 27-8) [«(.. H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg.. Admite que ha «ofendido» a Carrizales.. y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere. cuando no engañosa hipocresía. sino también con muy impacientes. no pudo mover la lengua. en 32 N o son convincentes los argumentos. se engañó [.]. Ahora bien. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte. Sólo un azar lo previno.]» (919). Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad. a pesar de ellas.. ingenua sofistería. en realidad.si uergognaua che le fusse detto uiltania. por otra. se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto. estilístico. al fin. al transformar la primera versión de la novela32. no por haberlo ella así querido. «The Refracted Image: Porras and Cervan­ . a lo menos..... ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón». se entristecía. Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá». se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»]. se asegura que su «valor [.) hacía diversas mutaciones.. Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector. El caso de Leonora es mucho más complejo. de las prevenciones de Carrizales se advierte que.]. en pensar que había caído» (905)> pero. pero —advierte el lector—. ardorosos deseos.

«Erasmo en el tiem po de Cervantes». «Solución absurda». «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño.. «Cervantes. . pp. en sí. «Cer­ vantes et le mariage chrétien». dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). 129-144. pp. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. cabe plantear una pregunta que. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. pp. Se han su­ gerido. 941 ss. Bataillon. con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». pp. «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle». «Indice verbal de El celoso extrem eño ». Rosales. respectivamente. 81-90. 180 ss. en cambio. novela o entre­ més): Spitzer. C ervantes. de carácter esencialmente estético. aparentemente. resultando de ello todas esas «ambigüedades». pp. claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . nada hipócrita. (A base del género. quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales. Quijote) 34. Sin embargo. pp. Ante todo. que llevaría a una depuración muy sincera. por encima de la hipótesis que se propone. p. 33 Castro. advirtiendo que el tema del adulterio. otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. Criado del Val. pp.. Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. una reelaboración de la obra. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). los caracteres 3 < 1 . 34 Casalduero. 253 ss. 181 ss. en la segunda versión. D. 41 ss. Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia. «El arte nuevo de hacer novelas». con la censura. 194-225 y 138-178. para refinar el estilo y sobre todo. C ervantes y la libertad . pp. En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». 36 Casalduero. en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio. en que se elimi­ naría. quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela». «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. 37 Farinelli. no era un tabú en esa época. nunca se ha hecho en los estudios críticos. pp. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. ío cual pasma al lector. «El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». 325-352. 541. que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. Sánchez. creador de la novela corta espa­ ñola il.que ocurriría el adulterio. Ayala.

. que ambas versiones de la novela. 256. plausible. de hecho. de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. sentimental. 219-31. específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón. Lambert. Edwards. por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». Π de N o vela s ejemplares . en suma. ¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. lo cual se aduce como prueba indiscutible. Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val. mujer característicamente bandelliana.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. 258. natural. pp. con tan absoluta certeza. aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o. se om ite de la versión posterior. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. permiten una interpretación coherente. 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. . 262). con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. En suma. probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism».. los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación).]». Lejos de perjudicar la verosimilitud. p. en el vol. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela.. «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela). femenina. ¿por qué se concluye. el valor de Leonora fue tal [. aquéllos son. pese a su ingenuidad. com o se clarifica en la versión posterior. quien. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad. Sugerimos. pues. tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica.. comprensible. lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. pese a todas las diferencias. aun sin pruebas. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. de la indiscreción sexual de aquélla. humana. es así culpable de «malas obras». definitiva. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ». con todo esto. pp. Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos). 281-91. aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39. Aylward. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. 257). que con aquella afirmación se alude al adulterio.

«Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza.) Si (C. 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años. sobre todo.. con toda intención. fu i data p e r moglie a d Angravalle. Por esto.].. 596) [~ « Com e sai. y yo. [«(. Estos ingredientes explican. y conlas joyas y anillos que me compro (.. C ervantes. hasta en esta 40 Marrast..] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida». [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9). fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso.En las novelle bandellianas.) me encuentro tan . 69]. sin sa­ berlo. e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [. ridículo. reacciones divertidas en el lector. fui dada por esposa a A.. 25 [«(. 70]. el viejo celoso y cornudo.. D e nuestro artículo. de comedias de golpe y porrazo. de ciertos valores intocables en esa época»]. com o muchacha. [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo..)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario». d ia­ mele quien pudo.. Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros. ¿De qué me sirve a mi todo aquesto. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité. Sin embargo. provocan. principalmente. también por los extremados celos de Cañizares. che io non so come io sia v iv a [. la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso. en parte.]. anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi». así... sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión. si en mitad de la riqueza estoy pobre. casada con el viejo Carrizales. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[.] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme. y yo lo acepté voluntariamente.. sin pensar más allá»]. ed io lo tolsi volentieñ. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto. naturalmente. p. La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír. es un personaje patético. no sólo el argumento. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate».) no es excepcional en su forma. es insólito el m odo con que se burla. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. por disposición de los padres: «A la fe. cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar. [«Com o sabes. que. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete. dram aturge. fuera de las cruces. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas. y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso.. malditas sus joyas. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta.. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad.

.)... que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso. en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas.. 242. m arito. mi señora doña Lorenza.. deseos que pronto realiza con el notorio adulterio..] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso..] che tu t'inganni[.) que te equivocas (. a trueco del gusto.«escandalosa zapateta»42. Lorenza convierte la desesperación. che non andera divolgando i casi nostri. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene»...] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]..).. el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone.) para honrarlos de tan bella manera.. por mi desventura me casaron con éste (. Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [.)!»]. 82-3] [«Mira bien por el cuarto (.. en ocasiones. 600) [75]...] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande.. a costui m i maritaste [. voi..]». pero la astuta Lorenza oculta al amante. mujer distintivamente bandelliana en desesperada. de las mentiras verdades [. la tercera: «a dirti il vero. fingiéndose «profundamente ofendida». a momentos. pensando sorprender a su mujer en flagrante. dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín». 42 Castro.. 71] [«(. pero Lorenza. no se queje tanto.. y no querría.) nuestras cosas irían mal.. pues de las sospechas hace cer­ teza. la m ia sventura.. que n o sé cóm o estoy viva (. Provocado..]la tua n avepassiper corneto». El pensam iento de Cervantes. y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso. 74]. Lorenza. hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [. 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [. se sai>che questa notte che viene io voglio che [.]... se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o».] p er fa r loro si bello onore. 596) [-Isabella... no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [. 71) [«(. Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. poner a riesgo la honra [.. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia.. de m odo singularmente cínico y descarado: «entre. describe. los deleites sexuales {Elviejo celoso. a quien. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél. al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano. de hecho.]. m al anderebbe il fa tto nostro. p.. sin darse cuenta de ello.) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (. se reconcilia sólo después de prometer aquél..] perdón [.]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto... Cañizares interviene.] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso.]. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (.. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama. si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»]. estoy temerosa.. mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [.. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito. ... en presencia del marido.. durante el acto..) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo. Signori miei. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»]. y verá com o es verdad cuanto le he dicho [. 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire.. 600) [~ « G uardam ipitre. A. ¡Señores míos.

pero muy poco se le parece a la cínica.]. . pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. compañía hallé. desconcertada. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. aunque muy pasajero. literario. aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione. suscitando. Cañizares nos refrena la carcajada. pp. y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. de compasión. Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. un sen­ timiento. artístico43. 537). No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. Con más detenimiento y. C ervantes' H u m an ist Vi­ sion. sobre todo. que en el tradicional. han llegado a la misma conclusión.su comportamiento “libre”. 84). en cambio. tanto en el sentido filosófico. perpe­ tuada por los novellieri italianos. compañía quise.. Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes. es también. antes y despues. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión. Tan penosamente consciente de su enorme error. con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes. Varios otros lectores. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana. como tam­ bién en el novelístico. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597). cínico y vengativo.. al prin­ cipio. cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [. moral. o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». una joven algo insegura. pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte. 31-92. Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. europeos. contemporáneos de Cervantes. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico.

prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas». y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. 904). Y para distraerla de su latente sexualidad. com o en Bandello y en El viejo celoso. mansa y tierna Leonora. a lo cual ya lo obligarían. ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). no teniendo «experiencia» de otros.(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. Carrizales logra. de seguro. ni la pierde de vista un solo momento» (910). no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904). p. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ». A Carrizales preocupa. como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904). pero es significativo que no se destaquen. 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares .. Vi-. pasa­ ban todas las recién casadas. Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”. pero. Mas: «Mais elle n ’a p a s . su­ misa. . «Ella es niña». pasiva («la nueva esposa [. nota Carrizales. siempre in­ genua. de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual... se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. de hecho. los «frutos doblados del matrimonio» (598). que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto. Sin embargo. y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903)..]. y controlando cada pensamiento de Leonora. sobre todo. encerraréla y haréla a mis mañas. N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45. de todos modos. 399) [«En el alma de L. cuando las criadas cuentan «consejas [. para no despertar su sensibilidad femenina. gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra. únicos que puede brindarle a su es­ posa. la hace su mujer. Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». procura estar siempre presente.. mantenerla obediente. a quien estaba siempre obediente». «casarme he con ella. no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón». p. la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente. «Se desvela» en traerle «regalos»..] en las largas noches del invierno» (905). Así. dans l'âm e de Leonora. promueve placeres sensuales sustitutos. 177).] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. ésta. al llevársela a casa.

o. sobre todo. Por cierto que el virote jura de modo solemne.. una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle . que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [..] El rey tiene harta. reprimidas por la vida “adulta” impuesta.. de seguro inconsciente. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y. de todos modos. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada. pero. sin reparo alguno en la persona que lo hace. especialmente la dueña» (910).]» (1047).absoluta. porque le pesaría en el alma» (911). serán.. en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos. ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra. de modo particularmente contun­ dente. Esta la ridiculiza. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras. co­ menzó a dar brincos de contento» (912).. si acá estás. y tomándola en sus manos. con acento particular. dramático: «Por vida de mi padre juro [. en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra. el éxito de sus empresas: «sacó la llave [. claro esá. todo olvida». Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura. exigido y aceptado por D. al complacerse tanto por el juramento de Loaysa..]. que no deja de impresionar a Leonora.]». un excitante juego de escondite. haciéndole creer. por una necesidad natural. Leonora se hace cómplice de las criadas. Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [.] y por esta señal de la cruz... sin que el viejo lo sintiese [. que la deja desprevenida frente a la maldad humana.]. de desahogar sus incli­ naciones adolescentes. Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911).. Predice bien una criada: «aunque más jura. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). Con cierto buen instinto. que la beso con mi boca sucia» (911).en voluntad». y la ignorancia abis­ mal del mundo. «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás. en varias ocasiones. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913). quien así acepta el juramento literalmente.. por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales... con perversa lógica. Quijote. pero. Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento. que destruye su voluntad individual. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913). muy irónicamente. al fin. y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [. ¡Oh.

a su tiempo.] fue tal.. . a la postre. N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores.. Al verle por primera vez. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914).. el «donaire».. Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora. pp.] contra las fuerzas villanas» de Loaysa.. ¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa. . en cuanto al coito. llenas de colores retóricos.. que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912). en ese momento. Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza». ante todo. Si da muestras de ce­ der. Todo lo contrario.]..cantar y tañer. los «abrazos del amante mozo».. el «secreto y duración del deleite. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [. le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él. tan demostrati­ vos y eficaces4é. y ella quedó vencedora. pues no fueron bastantes a ven­ cerla.] y casi por fuerza» a Leonora. pues todavía no está en disposición propicia. según parece. que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora. el «valor». 40-50). con otras cosas semejantes [. Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado. para no echar a 4 6 Véase nota 28. Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil. Si ella persiste en resistirte. «Quedó vence­ dora [.. y entrambos dormidos» (916) 47. le favorecería en definitiva. [. estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento. sigue actuando no obstante con gran cautela. que. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador. y él se cansó en balde. sin duda. sino el de un endure­ cido mármol» (915). todo esto requiere tacto. porque.y. 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares. pero advierte la manera en que los rechaza. pero.] donde Loaysa estaba» (916). en ésta no se percibe ningún interés sexual.. pues Marialonso debe llevar «por la mano [. el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones. «preñados de lá­ grimas los ojos. no recurras a la fuerza.

. C ervantes y la libertad. Es éste. Es ésta la culpa que va a expiar. Le «ató la lengua [. puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio. tanto dijo la dueña. que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48. 49 U na interpretación algo parecida en Rosales. p. exento de tal “pensamiento”. El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso».. la conquista definitiva para otra noche. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia. Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49. Leonora. quien podría violentarla.] la turba­ ción» (919). pp. com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». Leucipe. . Aunque extraviada por su simpleza y pasividad. otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). 213-219). aunque sólo «con el pensamiento». Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. porque. pero decide astutamente esperar. Libro i). 940. ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido.perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte. pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal. el acto sexual mismo. que. Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. que le vino con la comprensión de que «ofender». «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando. pero hay. el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. pues. aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito. Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente. con toda pro­ babilidad. en ciertos casos. para ello. se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). Aunque mucho más insistente al principio.

¡donde no le conociese nadie!».. aunque sólo tímida. p. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa. porque su corazón late con afecto genuino por él. se sentiría m uy hu­ m illado.. acrecentada por la conciencia con­ trita. ¡tan característicamente cervantina!. también. a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla. no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919). en efecto. Compasión humana. y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad».. convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina.] se imprime en el alma» (908 ).. dado su peculiar orgullo de virote. además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales. sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido. preguntándole qué era lo que sentía. él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual. derramando [. pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”.] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ». en su fantasía. claro está. Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. in­ fructuosamente. que.. serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—.. pero pronto fundida con una pura. sin duda. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales. con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [. se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento».] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). p.. los virotes y mantones. a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce. estaba Leonora dis­ puesta a amarle y..ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. quien. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase». tentativa. Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices.] muchas lágrimas [.. pues. a costa de Carrizales y Leonora. 263]. 27).]. in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho. pero no conquistó el corazón de Leonora— .. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero. Por tremenda ironía. .

..) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede. 25.. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido.J.. En el romance de los Celos. «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso. quien. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes. con muy dolorosa ironía.. en un complejo de inferioridad del celoso. como observa muchas veces. 8).).. aunque éste. p. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor.. radica. chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n. 25. entre otros autores renacen­ tistas. no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (. non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [.]. «The T w o Versions o f El celoso extrem eño ».. dude de la sinceridad de su tristeza. no hay duda. no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo. asimismo. el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [. y.. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». más bien. y en la creencia de que ignora la treta» 52. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares .]. Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [. los celos no pueden encontrar lugar. dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio.. Bandello: «In quel petto [. Cervantes.de Carrizales. a la vez. por esto. en el egoísmo. «¡Vivid vos muchos años... y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero. 187).J sormonti e vinca il nostro valore». p. Se trata de cierta «hipocrisy» 53.. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»]. és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores.). 918-922) [«En aquel pecho (. mi señor. dormido en su cuarto51. 53 Lambert. El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. 228. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora. pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta. p. y mi bien todo» (918). 52 R uiz Vernacci. gelosia non puo aver luogo»..

que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida. espontánea “liberalidad”. ge­ nerosidad. que de todos sería ser­ vida. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana.» A las criadas «sobrábales [. Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta. se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»].. dándoles «muchas dádivas» (905). un enorme egoísmo. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina. en suma* del cuerpo y del alma de los demás. pues.los celos. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55. 42) [«C. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270).. en La casa de los celos. El “solipsismo”. . que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. por mostrarse tan liberal con todas» (217). del respeto. del cariño paterno. disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. para que no se les «desmande el pensamiento».]. N o v e l to Rom ance. el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. 41 ss.. a veces muy obvia y..] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. “liberalidad". otras. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». y. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento. de la amistad. pp.. Enjuiciada. Y. en implícito. sobre todo. de la lealtad. A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija. 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar. debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales. específica y segura retribución56. por lo cual todos «le quieren bien» (905). y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903).. en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas. cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada.] en grande abundancia lo que habían menester. 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». p. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [. sin embargo. y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [.

en realidad.. en sus gratificaciones personales. Muy significativamente. tan sólo en un modo dis­ tinto. 58 D unn. Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903). p. piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903). y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903). . renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad. sino gusto» (903). detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni. ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. más prudente. consiste. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar. en su larga vida anterior. gratificado más que nunca. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . Al considerar el matrimonio. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda. aparentemente. para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). Así. como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo. Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. Siempre concibió ésta. La «firme resolución de mudar manera de vida».) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»].dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada. si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal. «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada. en que Carrizales se pasó la vida. que toma durante el viaje a América. por lo cual también puede volver después rico a España.] su patria».. Carrizales queda complacido. por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. esencialmente. oportunistas y manipuladoras. pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia. pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. «Las N ovelas ejemplares». 99. pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. decide no irse a «vivir a [.

y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905). personificadas en Loaysa y Marialonso. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». varios personajes del Persiles. puede Carrizales reconstruir. por lo cual. con ven cid o de su «error». Carrizales no toma . se le desmo­ rona el ánimo. me fabriqué la casa donde muriese» (918)60. p. hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. por ser hombre receloso y m alicioso. para demostrarles la maldad de su hija. inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta.. enlazados en la red de sus brazos». ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. etc. como también a la imprudencia de Leonora.. por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci.. atribuye. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos. Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho». «niña mal aconsejada» (918). su fracaso.mejor que se la supo imaginar».) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo. para llegar a una inesperada. 916. En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño. etc. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa. en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. que ha­ bría gustado a Calderón o Lope.). 918) la terrible experiencia. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo. muy significativamente. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»]. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia».. como gusano de seda. pero ¡qué diferencia de tratamiento. A n­ gravalle. Sólo a éstas. de inmediato.) con deliberación de hacerles una fea burla. prese le sue arm i». pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana. y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59.. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo. 18). [«(. Yo fui el que. lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [... El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote.]. 86-7) [«(. determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo.

47) [«El largo discurso de C. por causa del amargo. Con esto. de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba. por sus muchas transgresiones contra ella. Al «tomar venganza de sí mismo». ya no encuentra buena razón para la venganza. . la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido. un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. según ahora com prende mejor. en que. poin ­ tin g back to his liberality.. a la cual tenía asida de las ma­ nos [. y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. ¡Todo tan natural!. En la primera versión de la novela. en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía. y L. Carriza­ les quiere hacer enmiendas.»]. entreguéle mi hacienda [. con­ tiene una serie de autojustificaciones. a «obras pías». porque se desmaya.]. él mismo nunca invirtió amistad ni amor. «parasitarios» de su vida entera. hícela mi igual.de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas.. pa­ rece que quedó algo satisfecho. con tan frenética urgencia (918).]» (917-8)6l. Entre desmayos.. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. perverso sub­ terfugio. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications.]. con sutil.. 263. cuando menos. oscilantes entre el sincero. que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». p. quizás inconscientemente. clavados los ojos en su esposa. m uy com prensiblem ente. 6 2 Edición de Avalle-Arce. p.]. a los criados.. lo cual revela certeramente. Carrizales.. Sin em­ bargo. doloroso desengaño.. pues fue la dote. derra­ la venganza. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta.]. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M. a toda la humanidad... «atónito y embelesado [.. al dejar toda su hacienda a Leonora. que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [. En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener. a sus padres.

incondicional reconocimiento del sublime poder del amor.. com o sugiere Bataillon. acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos. 105). es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. por una catarsis64. cínicos enconos y ásperos remordimientos. pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas. aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño». después de siete largos días de agonía.. Carrizales no puede morir con el alma purgada. Evidentemente. 65 La expresión es de El rufián dichoso (342).. N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering.] muchas lágrimas». en la más angustiosa.]» (919). con su entera vida. muere de “dolor”. como los clásicos héroes trágicos.. al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos». sin contar . Por primera vez en su vida intuye la belleza. 228) [«C.. besando «el rostro» de aquélla (918-9).. o por un re­ pentino. que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales. “d olor” fatal. p. Por esto. «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». evidente­ m ente.. 67 Entre otras cosas. y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí.] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos. es decir. no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). pero se­ ría exagerado decir que está transformado»]. considerando la falsedad de sus lágrimas». fervorosos deseos de total expiación. 397) [«(. p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor». con total confianza en sus propios resortes personales. Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales. tan yerma de amistad y amor. Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas. fría soledad66. con sereni­ dad. «Entrando a cuentas consigo a solas»65... 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz. pese a sus sinceros.mando [. el poder de un genuino mutuo amor.) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»]. p. 181). Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas.. él derramaba «muchas lágrimas [. como Tolstoi.. 64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares». de origen espiritual.

en C er­ vantes: su obra y su m undo. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima. pp. Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud. . Ayala lo llama «héroe m oderno [. 68 C on gran acierto. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68. filosófica de E l celoso extremeño. de otro. identificándola. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro.].poco consigo mismo. casi instintivo. 84). 389). «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño ». extrema soledad. Por esta posible interpre­ tación. Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes.. intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. 305-1). con gran probabilidad.. sobre lo que nunca se detiene a meditar. Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. p. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. p. aún con m ayor riesgo. sino. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral.

por el encanto de las “escenas individuales” 2—. 358-372. chistes. lances y sucesos [. popular: anécdotas. sus variados y «verosímiles [. II. 3 M ew. se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona. «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador]. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4. Cuando más [. . «The N o v els o f Cervantes». C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola. su música y canciones. «contrived».. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. p. reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—. 208. 309-10. tan vividos y realistas». cuentos. de «ritmos alegres».]. p. in orbe (Ovidio.. pp. de hecho. 4 G onzález de Am ezúa y M ayo.. Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos». 284-5. «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría.]. sobre todo. La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes. inverosímil3. el valor aní­ mico de la sangre noble. ei Pinciano. al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna». pp. respecto al desenlace tan arbitra­ rio... quod perstet.. Sin embargo. de perspectivas metodológicas muy distintas. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo. bailes de «movimientos ágiles». and the N o vela s ejem plares ». 285. a saber. casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas. a la gran ambigüedad del tema fun­ damental.. II. Metamorfosis) Por sus «episodios. su ri­ queza de materia folklórica.] retratos costumbristas». En los estudios más recientes..LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto. 1 A tkinson. pullas. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y. de «una luz radiante». por extremo grata a él. coplas y seguidillas... «Cervantes.] no tienen nada de edificante».

. A los trece. de las perspectivas narrativas. El rutinario «buen tra­ tamiento». convites..en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria.. pasatiempos. con que sus padres quieren hacerle admirable. los bailes como en bodas [. Por esto. «finibusterre de la picaresca». el juego siempre. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922). en efecto. responsabilidades.] sin disfraz el vicio [. convin­ cente a esos reparos y dudas. restricciones. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres. de los personajes.] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante». que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera. donde «¡campea la libertad!» (922). empujándolo a “la vida libre”. ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación. lo que al fin lo “cansa”.. preocupaciones impuestas.]». donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [. las muertes por puntos. a veces éstos se reconfirman. Se justifica así un nuevo intento exegético. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922). ni el andar a pie le cansaba. a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache». honrado caballero cortesano.. «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923).. las pen­ dencias por momentos. ni el calor le enfadaba. «A todos los mayo­ res» placeres: cazas. Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas. juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. es. que a Carriazo impacienta.]. que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. las pullas a cada paso. Carriazo «se desgarró [. de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona... se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . En efecto. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. aburre. ni el frío le ofendía. sofoca.

«andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. pero enamoróle mucho me­ nos. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). fervorosos sueños con las alma­ drabas. mirando bobas» (931) y. p. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. pues. ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también. muy sugerentemente. pues. como se suele pensar. que por vosotros se me van todos» (318). auténtica celebración ritual de una venerada. Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. que así no son. y tan menos. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza. A este respecto. único reino. por sus constantes. El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». 192). como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . de la completa libertad. No es. 89). Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. Antonio con su hermana6. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas. basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. aunque inconsciente.contar entre ellas a la pobre Arguello. ni al final. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. otras veces. en parte. artificiosas en absoluto. y al verla. según cree. en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. de D. por querer evi­ tar semejante situación. sueños que probablemente no abandona jamás. como la llama Cas­ tro. momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. Necesidad insaciable de “libertad”. que a veces Carriazo satisface. .

. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. cuero! ¡Calla odrina.. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza. pero sin ánimo de declararlo identificándose.] y que.»..... en ocasiones algo grotescos..]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”.]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [.]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona. se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933). y tras esto. bo­ rracho! ¡Calle. y no otra cosa [. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7.. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico.]/ Entren.] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas. Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [. músico falso!». sin quitarse el embozo: ¡Calla. En efecto. pues todas las ninfas / y los ninfos [.. dijo.]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [. . Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas. dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona.. de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [.. Carriazo.] hicieron al pie de la letra. poeta de viejo.. «de presto.] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [. acabado el baile. con el espectáculo. Después de haberse di­ vertido mucho.]». de seguro.. ellas y ellos. “prudencia”. Sin embargo.. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4). sin duda. de cuya belleza están apasionados.comedias [. Que estos episodios. que ellos llaman. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas... “discreción”. fácil y lindo ingenio.. por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona.. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!». con una felicísima corriente.. para que no lo errasen. De su hipocresía. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando. etc. como también para ver a Constanza..

non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera». 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda. Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo. por dónde o cómo le vino» (938). a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta. y por todo se hurta [. acá se juega. gracias a los astutos.]».. miren qué hará Costancica!». de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»).]»x (922). recuperándolo poco después todo... ¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito»... R accolta d i p ro v e r b i toscani. evidentemente. ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [. muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope. Intento de ostentación erudita. entre otros. no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares.. . que no le alcanzara un galgo.. obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [. otra de un juego de naipes. pero la cola que se la diesen [. después de la escena de la chacona. sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. etc.. Infeliz estado de los músicos.. Desenlace gracioso..] nunca su intención fue jugar la cola [. Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura». cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano. allí se reniega.) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo. Sin embargo. p. acullá se riñe. Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. porque «era de propiedad del azúcar. C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán..] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno.. Palermo.. 1981.. del que. piensa salir ganando.].un hombre»). que jamás gastó menestra» (938)8 . G. G iusti. Edikronos. zucchero e acqua rosa.]» (34-5). revelada como inapropiada. Así. Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego.y en que pierde todo el dinero y también el asno. pretendiéndose fe­ roz. murciélagos y lechuzos [.].

por lo que Ca­ rriazo. Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías. 191. mucho más que por la amistad. . al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo. cierta desconfianza íntima o inseguridad personal. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores. Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». Contrariado de cualquier modo. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. p. le alzaran por [su] rey» (939). Y en efecto. Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego.. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos». sino el hecho mismo de haber perdido. por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923). poco después. pese a todas sus muchas experiencias mundanas. Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto.es mera fanfarronada. Mientras éste 9 Casalduero. Por cierto. El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y.].. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes». resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador. otras. mucho tiempo con Avendaño en Toledo. pareciendo así menos listo que sus rivales. y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo. pero. 150. según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. Así. se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola. humillado. por lo que se ha insinuado. éste «quedó sobre modo contento [. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas. R odríguezLuis. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno.. esta estancia se le hace más tolerable también por su afán. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. a quien «arremetió [. Y es probablemente por esta razón.. al ganar.].]. I. «si fueran [otros] tiempos [. en­ tre ellas. en parte gratificado. quienes. que se le abrió por dos partes» (930). como un «contraste» de Carriazo9. se queda pese a ello.. p. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas.

10 11 . 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo». Hay. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [.] es­ tudiando las lenguas griega y latina [..]» (937).. p.. probablemente. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente.. 923). etc. A ciertas picardías amorosas.. li­ Herrero. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares . pues. dejé mi patria.. sin haber estado en las almadrabas.. y el lector recuerda. en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). arrastrada del camino recto por un mal compañero u. o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [. a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [.. nuestra hidalga intención». en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira..].. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses». Casalduero. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño. que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10. y. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca..] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas.].... sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas. pero también. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo.. 54-5. que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. a las circunstan­ cias de su vida diaria. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad. de seguro muy semejante a la de Carriazo. al menos en parte. en parte. N o nos resulta tan categórica esta diferenciación. pp. eviden­ temente.]». divertido. requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [. «Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona». Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932).]. Allí ya había estado «tres años [.tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas. entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal. se debe. a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca. mudé vestido [. aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932).

que es mozo brioso y algo atrevido.]. muere por ella y la solicita con música [.. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla. muy raras veces. Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o.... Al ver a Costanza por primera vez. 927-8)..] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939).] lo que suelen pintar de los ángeles». p.. y viéndolo ella.. con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [. Por no ser «totalmente rubio».. que parecían perlas. pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio. En tales circunstancias... en una mejilla tiene el sol.terario y rústico.]. Ya está enamorado.] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!». pero que tan sólo puede admirar a distancia.. con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [. . En su «rostro» le «parecía ver [. Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925).] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931). y áspera como una ortiga.. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor. Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes.. por medio de una bella des­ cripción. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [.]. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925). Extraordina­ ria hermosura. en particular. porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla. le ha­ bía dicho antes que llegase: [. su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas. pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año. que el au­ tor hace apreciar también al lector. zapatos [. ¡de oídas! En realidad.. lleno de turbación y sobresalto» (925. que a Avendaño deja «suspenso y atónito [.] colorados. la una es hecha de rosas y la otra de claveles. 145). los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n... Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas». que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol. y zahareña como vi­ llana de Sayago. y en otra la luna. cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936). y en toda su presencia un irresistible encanto.

. heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [.. y. por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931). padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926). que.... que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos. el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”. la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»]. intensa a la ar­ monía espiritual. a distancia. aunque mantenga que la «vir­ tud».] / deja el servir.] cuan al descubierto te burlas de mí» (932). the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. del alma de Costanza. disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937). Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. 59) [«El ángel es algo arisco. p. al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro. a servir y a procurar que ella me quiera». el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3. que no se extiende a más que. quien lo percibe claramente: «ya veo [. ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ». ..] / las potencias del alma nos encantas /[ . por fin. “plató­ nico”. en esencia. hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución. pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927). mofándose del compañero. que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ . El amor de Avendaño no es di­ ferente.. Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande». no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”. en el sentido clásico de una aspiración pura. a su vez.. donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly. humilde sujeto. Con más probabilidad.puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual. que le hace parecer «loco o he­ reje». en realidad. «Platónico» lo llama sólo Carriazo. que él persigue con «amor limpio.]» (937). el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina. componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas. si alcanzo de días a mi padre.

Sugesti­ vamente. II. como su amigo. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [.]» (934). como lo llama el mismo autor (925). incluyendo la de su amigo. 285). Sin tanto cinismo. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona.. sólo por hartarse de mirarla». pues. con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [. ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin. Igualmente “platónicos” son. a nues­ tro juicio. con gran simpleza. precisamente. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro). desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores. pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. bien nacido. hijos del mismo padre. de modo insis­ tente. se insinúa. y el mozo de muías..su estancia segura [. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas. ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre. 15 Ibid..]. sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). p. Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados. pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante. por fin. que se rema­ tan..] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. Y. pues. el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5. Consecuentemente. catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros. el meollo ideológico de la novela. pero de seguro con la misma disposición amorosa.. noble— cuyo contraste constituye. . lim­ pio..

En gran parte. le alzaran por el rey de los aguadores [. pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian. pues. 49. la liberalidad. ingenua. como a menudo en la prosa cervantina.] [al] gran Lope [Carriazo]» (939). «Em erging Realism». tan patentemente cómicas.. aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso.. en todos los casos.. Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna. Además de este hecho. (922)1 6 . a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes». «como bien nacido»..] sin disfraz el vicio». en mil señales!» (subrayado nuestro) (922). p. ¡y no el autor!. Mostráronse los hijos humildes [... la discreción. justa o injustamente. en las almadrabas de Zahara. a Carriazo.. todo lo cual «se descubría [. irónico “consejero”. La perspectiva cómica. privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes.. en que Carriazo. Cristóbal de Lugo. la compasión. «allí está [. por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores. además. equivocada o absurda. Pedro de Urdemalas 1 lerrero. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán. algo popuchalera.partido con sus camaradas». el discurso directo viene mediado por la narración indirecta. Re­ cuérdese. muy importante en sí. que se le atribuyen.. los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo. que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad. Esta observación es aplicable también a las hipérboles. Otras veces. ¿por qué sería la generosidad. en el notorio episodio de la cola del asno.. con que «el mundo». quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 . en la arenga del autor. etc. Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular. 16 17 . El contexto episódico y estilístico revela. Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias. principalmente los bien nacidos.]» (923).] ¡a tiro de escopeta. atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. que son los personajes mismos.. claro está.

meses. como casi sin advertirlo (941). que no vengan?: «Y si en este año [. frío frente al inm inente cambio en su familia. . Bello sueño.. ¡ni mucho menos! «Quince años. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. En La ilustre fregona. sin embargo. nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». más que por caridad... y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida». días que Costanza vive con ellos. emocionalmente ya la han prohijado. Dios sea bendito» (942). El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal. a todas luces. «tomó el bolsillo. porque..] no vienen. La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso . no permanece. pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”. extraordinaria no­ bleza de espíritu18. sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». sin responderle». según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años. El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. porque la consideran como hija propia. se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella. compartido con su mujer. es decir. tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. que no éramos personas que por interés. cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos. intensamente.. el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina].(que es también picaro). en E l teatro de Cervantes. Pedro y Cristóbal con genuina. fervorosa. para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. muy significativamente.

Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta». de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia.. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó». el padre de C arriazo y C ostanza. sin que él «jamás la viese» de nuevo.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—.. y yo.] no grite. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer. cruel chantajista. que suele «llover sueño en [los] criados». la soledad. que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto. para mencionar sólo algunos. Q uijote. por otra parte. y en nuestra novela. Al rela­ tar la violación de ésta. yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía. como. «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme». De hecho. hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. por ejemplo. .] [quedará] en opinión vuestra fama. cap. «se m udó de aquel lugar a otro».]. y teniéndola asida fuerte­ mente. muy sig­ nificativam ente.. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto». 41).. no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D. Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto. fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [. Después de esto.. ruines. le dije: [. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban. violento. la señora. Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. de hecho. «llegándome a ella la desperté. I. por lo cual. meticulosamente premeditado? De cualquier modo. precisamente. explica que «el silencio. Bélica y otros aristócratas. cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas. se puede entrar en la casa. sin ninguna calidad espiritual. nobles de naci­ miento... Fi­ nalmente.que esta pareja no tiene hijos propios.. ¿no fue. Y hay. hom bre monstruosamente egoísta. ¡«ni [que] lo procurase»! (945). degenerados. rendida y turbada [. dejándola como atontada y suspensa me volví a salir». moral o temperamental redentora. ella cansada. pero flagrantemente mezquinos. personajes cervantinos.

el silencio. N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes..el crimen com etido20. en cambio. quien. 21 Herrero. se las comienza a be­ sar tiernamente. sin causa lógica. . "el silencio”. “la soledad”. p.]. «turbada y temblando». ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. «tomándole las manos. porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo. N ovelas ejemplares.]»? Esta pasión lujuriosa. p. que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás... «Emerging Realism». y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [.. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión.]. todos esos detalles de su infame acto. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar.. se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural. Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija..]» (946).] y nos pusimos en camino» (945). la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [. la soledad [. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad. 56. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»]. Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva. Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida».. bañándoselas con infinitas lágrimas [. hincada de rodillas ante él.. sin darse él cuenta de ello. K la ocasión”? En efecto. inexplicable. después de tantos años de total indife­ rencia. 105. pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes.. Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija.. emocionalmente revivida lo induciría a revelar. responde a algún motivo ulterior.

que se destaca al final de la obra: temor al ridículo. en proporciones diferentes. pero con indepen­ dencia de la «sangre». amansada.. pero. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne». en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope».]» (929). en su casa. cuyos “casos” resuelve. hurtos. despechado y lleno de cólera [. ya dis­ cutidos—. por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo. pero jamás por completo erradicada.. con sus juegos. de modo muy ingenioso. Consecuentemente.. esos instintos de honor o pundonor personal. al que prefiere el cínico trato picaresco. virtuosas de la vida. el noble por los del «espíritu» 23. a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer. riñas. Teatro y literatura en la sociedad barroca. pullas. 22 23 . en su total desafecto a las actividades dignas. supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. 55. en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie. lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. como gato arrinconado.. Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. de amor ideal. que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. se ilustra esta convicción. a las aspiraciones altas. de valentía heroica. pero con tan malas entrañas [. útiles. En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo. 45. la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas».] le había pe­ gado una docena de palos tales.les» n . esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. En suma. variables. es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen.. de seguro. no se manifiestan en ningún momento. Maravall.. 24 Véase nota 6 . espiritual. M ontesinos. en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. quizás. del «nacimiento» en s í24. apasionado. ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). Todo lo contrarío. p. p. Apeóse en fin. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. a todas luces.. y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación.

En suma. y que. 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa.e título”. . por otra parte. los deplorables. Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922). por la mayor parte es mala. p. Puntualice­ mos. L iteratura an d the D elinquent. 14-16. 200). adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. por lo menos no en todos. es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca. a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. es siempre respetuosa j obediente. “la afición a Baco”. al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. A todos los huéspedes recibe con gentileza. véase Par­ ker. por fin. En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares. El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer. «No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). pero a nin­ guno de ellos. aunque sean “señores d. por ejemplo. pp. declara orgulloso el mesonero. Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa. como. permite un trato íntimo. pero a quien desanima como a todos los demás. pero vive tem iendo. la innata “in­ clinación picaresca”» 26. pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas.sobre todo. pese a que «la mala bestia del vulgo. tiene hijos. y muchos lo son. ¡ni mucho menos! Así. real o literaria. es feliz. sugiere traviesamente el autor. maldita y maldiciente» (939).

200. mezclados con amenazas. Además. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón. En suma.o de la cebada. hacer labores domésti­ cas. leídos. todo el com portam iento de Costanza refleja. rezar. honesta. concluyendo que aquélla es menos interesante28. 29 Ibid. Cervantes: Two N ovelas ejemplares. destacando este hecho* además de los ya discutidos. incrédulos. le turbaron y sobresaltaron. p. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. sobre todo. .explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. enseñándole a leer. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico. pero. le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. consecuentemente. siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. escribir. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble. Todos piensan. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». que se manifiesta de modo infalible. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). y con grandes encarecimientos. Fuese con ellos a su mujer. a tratar con cordialidad hospitalaria. de modo completamente verosímil. y nota 4. y andan por todos los aposentos. la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935). 69. por ejemplo). muchos lectores. llamó a Costanza. pues. y donde hay cada día gente nueva. la morali­ dad. 28 L ow e. actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). y. p. que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27. a la vez. que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. desde la infancia. como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». De seguro le han enseñado. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. que. el moz. y antes que se los leyese. con «ojos de Argos». en cualquier circunstancia29.

castas. con los corte­ sanos parecía cosa del cielo. donde la tentación ace­ cha de continuo. por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño.su mujer. 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre. 914)31. un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942). punzante ironía. tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. tan bien le cuadraban. de modo muy im por­ tante. ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. que es. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». corte o mesón. 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos. pp. p. í 69). Hecho que se puntualiza con una poderosa. mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. Costanza puede serlo en cualquier lugar. Costanza podría cometer indiscreciones. con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. que es su “virtud”. que daba a entender. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. En estos versos se condensa una convicción cervantina. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya. 202). 103-116. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). Así. pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. Por su propia determinación de ser virtuosa. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. protagonizadas por mujeres virtuosas. 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (. T am poco esta observación contradice nuestra tesis. p. . «con tanto amor» 30 y también. ¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. en cambio.N o v ed a d de las novelas de Cervantes. Pese a todos estos cuidados y prevenciones.

El Saffar. la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. sin embargo. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929). ante todo. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”. rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. in orbe» 3 4 . Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. la casualidad. los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. 86). del Hombre.. quod perstet.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes. etc. moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. en todas sus manifestaciones características. herencia imparcial de to^ dos los hombres. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. para nosotros. constante. un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes. Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto. la “Fortuna”. rather than character». buena o mala. dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste». en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35.) Lo qué no cambia. 3 . [«Nada es constante en el mundo».] 35 Véase nota 6. dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. benévola y perversa a la vez. según se sugiere al final. nunca. con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra. pero cuando las introduce es. invariable. el “destino”. a su vez. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. Hijo de la Naturaleza. p. Consiste en esto. Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”. creemos. es la sangre humana. N o cabe duda. (Como se ha visto. entre otros críticos. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. 947. . heredada de generación en generación. Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye. verso 177. todo cambia de continuo. y.1 Libro XV.

entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [.. muy sugerentemente. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona». p. La novela corta en la teoría y en la creación literaria.39. Buen conocedor de las obras ovidianas.. un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación». se­ 37 Selig. D unn. 116 [«(. Todas estas observaciones acertadas. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida. varios niveles de enunciación engastados [. «Las N ovelas ejem plares ».. «Ser y parecer». «Tres por dos son seis». a su vez persigue a la que va delante. 228. cuya complejidad. y...... el movimiento fluido. 40 Libro XV..]. Paulino.. . discontinuidad y confluencia [. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»]. es también «a significant device for the structure o f this novella »37. y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [. etc..]. / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». Es.. 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro. los continuos cam­ bios de todo orden. se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos.. sin zonas estáticas.. en distintos planos. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas.. en efecto.]». cuatro cuartos y una cola»... la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem . trayectoria lineal e inversa del relato [.3 8 .]... de manera precisa. etc. traducen.]. Ramond. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir.]... en múltiples direccio­ nes.].]... Débax. Ezquerro. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas».. 94. p. versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra. «El espacio narrativo en La ilustre fregona.) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»]... p.]. esencialmente..]. «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ». aunque inconsciente. perseguida.]. organización secuencial de la intriga [.El motivo de la “transformación”.. «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio». movimiento entre dos térmi­ nos [. desplazamientos constantes [. y.].. perspicaces. sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [. 39 Pabst. Alsina. oposición de los personajes y de su trayectoria [. Chauchadis. «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona». espacios que se desdoblan [. visión del mundo como multiplicidad [. y su «espacio mítico como viaje».

etc. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés. 882. y para deleite artístico del lector contemporáneo. En tal propósito ideal. Se señalan así sólo algunas de ellas. a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. fuerzas. que tiene la acción dispersa. y ¡tan hermosa! para él. al propósito de proponer. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. va­ riables a cada instante. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. p. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho. detalles irrelevantes. y autor de felices referencias literarias a ellas. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje. primordialmente. de algún modo. Ofrecer una imagen precisa.gún lo sugieren sus citas de éstas41. 1036. En efecto. Valbuena Prat. . 1033. pp. etcétera. como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. matices. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. Esta inspi­ radora metáfora. pinto quién fue la Giralda de Sevilla. re­ hacerse. La ilustre fregona parece responder. restrictivo espacio de una novela corta. episodios.. cívico. tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). también siempre viejas. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. quien.. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. N o v e d a d de las novelas de C ervantes . contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. 1348. 4 1 Véase en la edición de A. 577. formas. 42 R odríguez-Luis. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. deshacerse. temática y estéticamente. olas en un eterno hacerse. 120. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. que es el de todo el Universo. siempre nuevas. 98.» (1348). a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. 752. personajes. de invención nueva y rara. a la vez. ¡transformarse!. pormenorizada. porque en él. y. hecho en sí muy significa­ tivo. entre otras obras estram­ bóticas. para provecho moral.

a veces. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. de las metas fascinantes por desconocidas.. de quien ya «no dice nada el autor». a su tiempo. se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos. impetuosas. a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid. Entre las olas gran­ des. «presuntuosas. las pequeñas. a las cuales se une. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora.]. picaros. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas.. otra —Avendaño—. en parte. fragorosas. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año. al viaje. claro está.. igualmente atraída. Puesto. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores. pero de un curso pasado o futuro sugerido o. de brevísimo recorrido visible.. Empuje repentino. 77). Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. referidos al mar. mansas.. etc. en prosa y verso.] contentos y alegres» (924). de curso propio. y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara.Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona. atraído irresistiblemente. 68 ): el ayo descartado.].. vistié­ ronse a lo payo [.] se pusieron en ca­ mino [. pues. impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924)... entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente. también en las desprendidas. pero. a la ligera [. dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. hacia un efervescente torbellino. muy a menudo. áspero cambio de rumbo. mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [. de flujo ya paralelo —Avendaño—. fregonas.. «como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. casi imperceptibles. al río. En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola. des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente. en visitar las nubes de contino. mozos de muías. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante». . siempre contenidas.

87). para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. a la postre. en todos los casos sí se descubre. se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. que. Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios. en la novela.. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias.. al perder todo el dinero en el juego. folklórico. también simboliza la constante.. rufianesco. accidentales. burlesco. relevantes. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. a primera vista desviadas del asunto central. como la de Argüello. y el confesor a la monja. p. es bastante evidente. aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea. claros. y la monja [. lejanos.una media parienta suya» (938). que si pedirá.. hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. a su modo cómico. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». oficial. poético. Poco después. verdosos. en nuestro caso.] de tal calidad». se revelan.. 82) en el vasto mar.. humorístico. grisáceos.. secundarios. cercanos. pp.]» (939). Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas. pero. aunque sólo con brevísima ojeada. constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”. aun tales consideraciones. 2 0 0 . turbios. prosaico. límpidos. con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza.]» (930). para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija. Sin embargo. 45 Véase nota 42. retórico. multiformes y multicolores con miles de matices. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro. a quienes alude el mesov ñero.. «Identity. inspirado en Bajtin. «de socarrón».. D iscourse and Social Order in La ilustre fregona». reflejo fidedigno de las relaciones humanas.: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano. íntimo. evanescentes. borrosos. principales. mientras la de otros es más incierta. . además de sus propias frustraciones íntimas > H . intensa interdependencia de todos los personajes. Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. 39-56. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. refranesco. La relevancia novelística de algunos personajes. Oleaje juguetón que. aparenciales. de un modo u o tro 45... dialectal.

como ser humano y como escritor. múltiples nuevos sentidos. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios.]» (934). siempre resulta arduo47.. desem­ bocando en un mar pacífico. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos». En éste y otros casos en la novela.] Dijérala [. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [. blanca como una leche. honesta como un fraile novicio.. quod perstet.] que es tiesa como un espárrago. «Turbóse en esto el líquido elemento. tres hijos.. des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. entonada como un plumaje. quien. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa. .. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia. que. 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado. impresiones. para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. Así lo desea Cervantes mismo. enlazando con nuestra metáfora. sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo. in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). en El Saffar... etc. lo que. 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. debe aparecer fundido con ellas. de diferentes maneras. muy significativamente. y más dura que un pedazo de argamasa [. al proponer las olas como metáfora de la humanidad.]» (El viaje del Parnaso. From N o v e l to Rom ance.. como el de las turbulentas olas de nuestra novela. llamándola lunes y martes [. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente. de un brioso brote de agua. Para nosotros. 47 A lgunas observaciones sobre esto. ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48. 107-8. Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. luminoso: «quedaron todos conten­ tos..... de nuevo re­ novóse la tormenta [. pp.diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. reveladoras de lo problem ático a que aludimos.. hoy están todos estudiando en Salamanca» (947).. implicaciones.]»(ibid. es consciente de que él. sugerencias.].

a menudo haciendo abstracción total de la opuesta. p. G onzález de A m ezúa y M ayo. [«El asunto de esta novela no es m uy interesante. creador de la novela corta. Ares M on­ tes. Las dos doncellas puede parecer.. En efecto. p. The Exem plary N ovels. para poder llegar a la docena proyectada [. «una de las más endebles de la colección». Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. 326. frívola. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra. 2 Valbuena Prat. 949. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas». bajo la influencia de la novelística italiana. XV. 216-217. «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting». con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas. aunque hábil en el relato a la italiana»2. O rígenes de la novela . «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». «escrita sin mucha gana». «nea­ rest to failure». «Introduction». Apraiz. 150. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado». pero 1 M enéndez Pelayo. 3 T hom pson. 113. «Las novelas ejemplares». Π. p. convencio­ nal y artificiosa». inocente. C ervantes. etc. Fitzm aurice-K elly. p.. N o v ela s ejem plares de C ervantes.» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta». Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. p. Al principio. 78.] novela de relleno» l. pp. «mediocre. R odríguez-Luis. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. de hecho “extraña”. pálido. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I. O bras completas de C ervantes .] . aunque «the story is well constructed and presented» 3.«D e tal palo tal astilla. 96.

se ha sugerido que «en algunas narraciones [. etc.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. creador de la novela corta. Por fin. por boca del Canónigo. con la finalidad de alegrarle [al lector]». p. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo.. Rafael se enamora de ella. en el Quijote. «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. «La estructura de las N ovelas Ejemplares». por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio. con particular severidad. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael. p. de encuentros ca­ suales. rival en amores de Teodosia.. 64. 4 5 . Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas. Al lle­ gar los tres a Barcelona. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes. Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura. Al día siguiente. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. y le salvan la vida. el embrollo por el em­ brollo. ¡en una obra cervantina!. 185. su se­ ductor. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. su «asunto imposible»4. todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz. 335. Sin embargo. topan con el fugitivo. 6 D iez Taboada. que viene de Salamanca. todas esas increíbles coincidencias episódicas. el gusto por la superposición de enredos.. su «principio supremo» 6.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5. Marco Antonio se casa con Teodosia. temporales. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia. p. etc. lo cual él considera «como una forma de caridad.. social y literario que de ella se desprenden. geográficas. p. pueri­ les al sano juicio. 101. en las andanzas y en los encuentros de los personajes.. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael. [. también abandonada por Marco Antonio. defendiéndose de una turba. En busca de Marco Antonio. de servir al lector».]. Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. i. C ervantes. G onzález de Am ezúa y M ayo. Creyéndose mortalmente herido.

“encuentros casuales”. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley. 1251). tan repletas de coincidencias ex­ ternas. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras. cap. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. te­ m ática y form al.. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. pp. acabado «con las an­ sias de la muerte [. a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad». con tal de ser utilizado con plena justificación estética. 92)9 —y que así deja de ser “desatino”.. lo cual es un problem a distinto. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar. críticamente. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley.. en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. etc. Esta noción.. . es ve­ rosímil. C ervan tes> Theory o f the N o vel. También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso. no importa de qué índole. C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. pero con la intención específica de confrontarse. lo inverosím il. de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia..]» no podrá hacer «que sus fábulas [.de la verosimilitud y de la imitación. de ser de los personajes. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales. 47. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso.] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley.] admiren. 88-94 [sin verosim ilitud. depende así de la completa. de evidente raíz aristotélica. 60. en E l teatro de Cervantes. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos.. asi­ mismo abundante en coincidencias. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción]. Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada. 1527) 8. alboroten y entretengan. en efecto. En su interpretación de la verosim ili­ tud. “embrollos”. «De­ dicatoria». que se constituyen en la metáfora de la obra. y con la que las ordena en esa secuencia específica. con la inverosim ilitud com o recurso literario. suspendan. desde sus piezas primerizas hasta el Persiles. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones.. p. Por ejemplo. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. Según todas las evidencias.

Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. lícito.. y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. principalmente. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama. por ver si eran fan­ tásticos. 8 6 ). A esta misma conciencia autocrítica. acciones físicas. escasean peripe­ cias episódicas. p. Así. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. Y las que se introducen. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). a la her­ mana “deshonrada”. 77. 11 Ibid. diálogos. dramática y conflictiva. oportunas para ese efecto. en el momento de reve­ larse sus identidades. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso. suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[. que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. . Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. por otra parte. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. en efecto.. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. Una con­ frontación similar de todos los personajes. y. con la frugal acción aventuresca. discusiones. de manera muy llamativa.] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. no sabían qué decirse. polémicas. interpelaciones. por ejemplo. tentábanles los cuerpos. y la de ésta a aquél. lo cual contrasta. se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor.lectores). Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967). es la reacción del hermano. tradicionalmente pundonoroso. ante todo. en situaciones extraordinarias. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos. es lo que Cervantes persigue. anecdóticas. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria.. se condensan y abrevian notablemente. exhortacio­ nes. p.

Q uijote es la víctim a de semejante impresión. Al tratar de viajes en sus obras. Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho. p. conscientes de las exigencias materiales del viaje. ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D . como la de Calvete.). etc. Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [.viaje. destaca las “prevenciones” económi­ cas. C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores.] en el escritorio de su padre [. pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n. mozo de muías. al acompañar a su amo.I3. sugerida por Valbuena Prat (949). D .. D . Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958). Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas. . Para su propio viaje. a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955). Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras. Por otra parte. pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 . sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas. V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa.] sacándola llena de escudos de oro» (955). quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid. es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior. Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. Rafael y D . y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”. 74). es inaceptable la relación entre los amos. II. Q uijote. con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». cuando se trata de viajeros.). etc.. 1284)... Cervantes a me­ nudo y por varias razones.

Aunque Marco Antonio es «rico [.. según se ha sugerido arriba. Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”. 73. 104..]» 1 S . particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. o L. Fernández de Avellaneda. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas. lógicam ente. creador de la novela corta. a base de unos significativos problemas sociales y humanos. íb A . «Introducción». 85-6. y algunos críticos moder­ nos. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían. Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo.. «Prólogo»: «[. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa. T. or Leocadia. impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». 17 Véanse D ie z Taboada. en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. 144-150. que eso son las más de sus novelas». 352).. R odríguez-Luis. p. «La estructura de las N ovelas ejemplares». pues..] com edias en prosa..] Who has the gre­ ater cause for jealousy [.. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes. 14)..] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605. pp. Teodo sia or Leocadiaf [. [«¿Q uién es la más infeliz. pp. actitu­ des e intereses. p. cuyo amor fue consum ado o L. III. aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy. Ingenioso hidalgo D. la fecha de la creación de esta novela. .? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. hablan de su «construcción teatral» 1 7 . on Marco Antonio — Teodosia. A n ton io — T. whose love was consmnated. Cervantes.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así.. quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. who was loved more recently than Teodosia? [. sugestivas de entreactos—. Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector. es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles.. legally and emotionally. Q u ijote de la Mancha. que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores. La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ». 18 Thom pson... p. a veces.] Who has the greater claim. claro está.

. como.] una compla­ cencia» al verlo (952)... se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953). con la promesa de ser mí esposo. la revela como una joven desconsiderada. de hecho. «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [. las lágrimas. cuando menos. únicamente. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. claro está. a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante. «sin saber cómo [. se entregó en ese momento. inescrupulosa.. los juramentos. Sin embargo. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19.. más bien. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—. De todos modos.. egoísta. las dulces «palabras [. También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina. p. o.]. tiene de esto la hace. por fin.. a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [. culpable de la traición de que la acusa L. o. la promesa de matrimonio. cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [. con toda premeditación. por ejemplo. qui­ zás decisivo: «Y finalmente. gentileza. gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953).mado» por todos por su «gala. porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. rostro.. [«El conocim iento que T. N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares. N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo.] en su poder». por lo que Teodosia se entregó. 113.] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio». los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador».] a hurto de mis padres» (952).. y que es 19 El Saffar.. incluyendo.»] .

. cuando menos. p. es. N ovelas ejemplares. mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. no obstante. G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor». con que se suelen justificar los peores extre­ mos. L.». pero secretamente le guarda rencor. aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. pp. cuestionables. «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. 21 1 . «Leocadias role is a secondary one. being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. [«La parte de L. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero. A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». p. 165-176). Leocadia has no independent meaning in the story.precisamente lo que ha hecho. la otra sigue la misma demanda» 2 1. Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas». N o v e l to Rom ance. 116. y a su matri­ m onio con M. hasta «deseándole la muerte». creador de la n ovela corta . no tiene un significado independiente en el cuento. C ervantes. 21 Scheviil y Bonilla. Π. es secundaria. N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. 393. p. 208. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T. 109). si la una va en busca del novio que la abandonó.] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. A n tonio. 347. p. Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta». 24 El Saffar.. pp. ill.. 347). surge otra en traje de muchacho. Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». p. creador de la novela corta . 22 Casalduero. La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. C on m uy fina intuición. II. significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio.

Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [.. pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula».] para coger el fruto que para él solo estaba señalado».] no se las llevase el viento» (957-8).] gozar a tan poca costa lo que es mío [. De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada». 343. para turbarle a ésta el «sosiego»... que ella. por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales. antes de salir de casa tras él. creador de la n o v e la corta .. herida en su vanidad.]. sobre todo. Leocadia está dispuesta a rendírsele. para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [.. desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. .] le quitaré la vida sí puedo» (959)..terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que.. Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano. «Práctica inmoral» 2 5 ... que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo». reacciona interesado. como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia. C erva n tes. consiguiendo de él «su fe y palabra.. para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual. para que «no piense [. firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso». Poco después. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [.. para mayor ironía. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese». aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso. ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario.. pues. Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». y Marco Antonio. p. es decir. leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. pero.] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio. Una pronunciada ambición y codicia. lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo». percatándose de ello. casi sin emoción. Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival. que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente. de­ bajo de grandes [.

en el palacio de los duques. en presen­ cia de todos los amigos. y después. a quien debéis más que a otra persona del mundo». «se llegó a la cabecera del herido. caps... sobre todo. Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio.. 32). se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad»..] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres... 31. Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa. sobre todo. conocidos.] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9). ante todo.]. típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26. por mí. su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3).. firmada en una cédula de [su] mano y letra». se lleva al herido en el esquife. La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. 26 Recuérdese la contestación de D . y ad­ virtiéndole. y asiéndole de la mano».]. Q uijote al C anónigo. Muy significativamente. «la palabra. Obvia­ mente. como si de un monopolio se tratase. a toda costa. que [él] le dio. A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio». apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra».]. «No puedo ne­ gar [.. después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n. que las palabras que le dirigiría «convienen. que debéis mucho a ser quien sois [. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe. exenta de genuinas consideraciones sentimentales.confirmar «las razones [. para la de vuestra alma». la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [. que bien poco tiempo se pase sin que os siga». prometo de darme tal vida después de vuestra muerte... no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade». el «valor de sus padres» y. Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo. con hacer lo que debéis [. ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva. adelantándose a to­ dos. .. por vos. sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida. si no para la salud de vuestro cuerpo [.].. médicos y criados en la sala.

que. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. «Sin embargo». pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón. que la cédula no puede ser «testigo de fe». con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». ya no tiene. Del pueblo huyó tan de improviso. decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable. En efecto. a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter. con­ tinúa Marco Antonio. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer... repelen. ausentándose. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. . «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto.. encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. a su «juicio de mozo [. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. dice Marco Antonio. se arrepiente de todo lo malo que hizo. ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas. caprichosa conducta.]. no la esgrime. sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas. con toda probabilidad. excepto en el sentido más externo. especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio.junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». hizo la cédula. después de algunos años. de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. pues. podría ser que después os fuere de prove­ cho». a Italia. «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. p. precisamente por serlo. Personalmente inmaduro. de seguro con Cervantes m ism o. Ahora com prende que las obligaciones. La escarmentada Leocadia observa. Confiesa que la «quiso bien». confiesa todas sus «muchas culpas». porque se la robaron los bandoleros. y esperando que a su vuelta. desea pagar lo que debe. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959). pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»]. yéndose muy lejos. T e o ­ dosia. a base de la cédula. Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». irónicamente. porque. Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio.

.. tenía el herido..) La libertad con que sueña. . Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio. no grave.] exageró el peligro de Marco Antonio» (962). y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia.) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (... N o v e l to Rom ance. when placed in the context o f death. [«(. p.. para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado. C o n toda probabilidad.) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (. ante todo. a su parecer. así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium . convencido de que ha llegado al «término [.. es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista.28. por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto.Teodosia.. ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!.. Ahora bien. se desm ienten con toda su conducta. 347).. o.. si D io s le sanase. com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona. creador de la novela corta. a pie. dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960).. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. 23 El Saffar.] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however. por ejem plo). mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30.].. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [. A este res­ pecto. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese». atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio. 115.] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado. de ir en romería. se convierte en ilusión. ii.] de su vida». self confrontation». y asimismo [. siempre impresionado por la mera apariencia. autoenfrentamiento». cuando menos. becomes an illusion [. etc. en el contexto de la muerte. a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964).. sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat. p. a Santiago de Galicia» (966).

pues.] y rico». que hoy os ha quitado a Marco Antonio. tiene todo el efecto deseado: «Ea.Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [. allí está él.] hallado». en suma. pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano». «la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo.] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. en «ninguna cosa». «recompensa» a Leocadia.. ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es. según el astuto joven. sino tan sólo por la voluntad del Cielo. Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia. es «caballero [. señora de mi alma.. Rafael. señor mío». estimada y servida». Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia. de cual­ quier modo. pues». pues.. in­ contrastable! Además. hágase lo que Él quiere y vos que­ réis.. consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro. a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje». en el pasado tan «huidizo». contesta Leocadia. y el mismo Cielo. por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966).. «el mismo Cielo» le trae ahora remedio. contenta. La estrategia argumentativa de Rafael. que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. inescrutable. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan». Antes de este parlam ento. «cumpliendo con el gusto» de Rafael. ¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio. porque el Cielo le hizo de mi hermana. Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. Como es­ poso «ha de olvidar [. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. os quiere hacer recompensa conmigo». Teodosia se preocupa. tan reminiscente de la de las raposas esópicas. ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». a pesar de todas sus pro­ .. facilitándole también la vuelta a casa. «pues así lo ha ordenado el Cielo. ante todo. declarándole su alma. ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». «rica. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión.

la mar. Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—.. satisfaciendo tu enojo [. Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. la muerte: «Haz con este hierro el castigo [. p. anticipando. p. si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga.]. R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. para Rafael. y de gratificación lujuriosa. Rafael (964-6). es decir. y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares. Sin embargo. 376. con pre­ meditada pose “poética”. Al encontrar a Leocadia. pues es una unión de conveniencia económica y social.] por el camino de la fuerza». comenzó a interesarse también en Marco Antonio.. Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer». Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951). las arenas y este silencio». «In­ troducción». sobre todo para Leocadia. y se hinca de rodillas delante de él. reconociéndole poco después.. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. decide de inmediato «alcanzarla». Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra». III. se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo. En la oscuridad del aposento. 13). Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares. no es bien que ninguna misericordia me valga». en la venta. y con este título sólo viviré contenta». «sea como fuere».]. no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32. La na­ turaleza utilitaria.. 31 32 . venal. p. dar «feliz suceso en su deseo [. p. Por el título y la riqueza. ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio. sobre todo. Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y.mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. como lo más natural y ló­ gico. 207).. principal­ mente. siempre predominante en Leocadia.. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación. E l pensam iento de Cervantes. El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones. que «el castigo que [le] diere fuere Castro. 78). Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que.

¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo). C erva n tes. nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [. como hubiera dicho el ama de D. poco después. asistencia sincera [. p. p . A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes. lo subordina.] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960). 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. pero lo su­ prime o. Ciertamente. . más bien. a este notorio código de conducta pundo­ norosa. ¡Actitud noble y sensata!. a una genuina compasión por la desventurada hermana. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo. si se llega a mencionar en abso­ luto. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia. sin escrúpulo alguno. «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final.. sí. Q uijote»35.secreto». o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente.. sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. O bras completas de Cervantes. II. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción.. 34 Valbuena-Prat. C ervantes. «quería antes procurársele por todas las vías posibles.. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954). evidentem ente. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años». Rafael está muy dis­ puesto.].]. 949. el desafío a muerte de los padres. casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio.. Siente. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón.. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33. las puertas [al] remedio» de Teodosia.]. de ayuda desinteresada al prójim o [. creador de la novela corta. como condiciones personales ínsitas de Rafael.. porque. La escena final de la novela.. «secreta venganza»!. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 . aparentemente.. 350). un fuerte impulso de "venganza”... Sin embargo. Rafael no acude.

co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza. 27). «cambio sumam ente brusco». insustanciales. del provecho material propio y de la gratificación sensual. «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela. pues por el valle «asomó [. siempre bien calculado. fría. cual más cual menos. p. al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. 38 Casalduero percibe este efecto. ya hurtando los golpes.. al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan. En cambio. etc. al recordar todas esas maquinaciones. por su propia imprudencia o necedad. pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 238)..]». egoísta. con toda claridad. esta escena final. las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos». que Cervantes destaca. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. que todos los personajes. y quizás de muchos. aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [. A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes. N o ­ velas ejemplares. «Introducción». como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito. N ovelas ejemplares .] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. cínicamente premeditados. Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». caps. constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. de acuerdo con nuestra lectura. urden y perpetran los unos contra los otros.. .] gran cantidad de gente armada. 26). estos jóvenes frívolos.. arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos. con el único objeto. ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37.. engaños. 8 6 ). los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8). 25. p. 16). contrastada con todo lo que pre­ cede. p. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [. p.flua. traiciones. Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo». de a pie y de a caballo. «Introducción». Pero no es así» (Sieber. Estando ya «a vista» de sus pueblos.. III. Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il..

] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta. etc. relaciones restrictivas. materialista. mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—.. en pos de un quimérico. Su­ gestivamente. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas. ridiculísima. Las dos doncellas.]. etc... trivial fantasía. la nueva generación se retrata como frívola. disim ulaciones.de continuo pretenden actuar. sensata. a menudo despreciada como pálida. directa del m odo de vida rígido. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles. irra­ zonable (honor externo. . Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes. si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores. caballeros. una novela “realista”. toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos».]» (953)39.. egoísm o. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. no importa cuán deplorables. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños. mostrándome tan presta a la venganza [. osificadas actitudes frente a la vida. padres e hijos. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación. cinism o. Intervención propicia. auténticamente histórica. irrelevante. etc. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. desconfianza. cí­ nica. pues contiene una muy significativa.).— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. ridículo pundonor. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida. encerramiento. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales. de la educación que reciben de sus padres. es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos. traiciones. en suma.) de los jóvenes es consecuencia natural. en efecto. que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967). ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». libertina. sus «gruesas y largas lan­ zas». porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [.. no más. mentiras. desde luego. es. amoral [.. en los últimos años de Cervantes. como. de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. todo lo contrario.

hasta “histórico” en sus implicaciones. Valbuena-Prat. y de modo inconsciente. la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía. Según se ha mostrado en las páginas anteriores.los protagonistas.]4I. siendo de características y di­ mensiones nacionales. N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón. porque. actuaron sobre Cervantes [. «the most italianate o f the collection». 40 Fitzm aurice-Kelly. la evanescencia misma del lugar de la acción... la irreflexión de sus protagonistas. son rasgos. todo el argumento es ita­ liano».) el argumento es el más italianizante en la colección»]. apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones. nunca por ra­ zón.. creador de la n o v e la corta. el modo de concebir la novela [. como sabe bien el iniciado. 96. el imperio mismo del amor sensual. que obran siempre por sentimientos. O bras completas de Cervantes. . pues sus problemas transcendían todo lugar particular. 325.]. cierto parale­ lismo en los episodios. la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. 949. claro está. el predominio de la aventura sobre la psicología. que cambia a cada ins­ tante. hay «irreflexión» pasional. [«Cervan­ tes sigue a los italianos (. SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes. vil. a no dudarlo. «tiene por objeto emular a los italianos. no es necesario. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica.. «relato a la ita­ liana» 40. Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas».. mati­ ces y elementos de la novela italiana. «Introduction». burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes. p . el asunto es totalmente verosí­ mil. Apraiz y Sáenz.. p. 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. p. The Exem plary N ovels. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes. que. C erva n tes. es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías...

. noble. máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII. los personajes. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida.] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán. lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia.. también observa que «el ambiente. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta. el escenario.]. rico y ocioso. quien.... .. vernáculos»42.].]. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación.] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros... copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [. tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales. alma y subs­ trato de la novela cortesana [..]. las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles. el caballero m ozo es de una profunda.]. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo. que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. a veces auténti­ camente paródica. comienza [. Sin em­ bargo. que.. De hecho.. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales. héroe y cabeza de la novela cortesana [. aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia. ¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas. significativamente.. con toda pro­ babilidad.pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”. de la novelís­ tica italiana. la nocturna aventura [.. de una tiernísima sensibilidad para el amor [.. A no dudarlo.. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones..]. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares. sino al cálculo frío del provecho propio. estéticos y éticos. como todos saben. según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [. los billetes y papeles [. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. en efecto.

procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares... pp. Palom o. y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43.rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [. que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [. la consabida pendencia. dirigida contra esa anquilosada. ora con los deudos de la doncella. p.. particularmente en la época de Felipe IV. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [. las mil aventuras.]. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas.]. la pre­ surosa huida. Formación y elem entos de la novela corte­ sana.. «F. olvido de la razón [. con riesgo cierto para la vida de ambos [. un novelista olvidado.. irónica..]».. bodas felices de la errante pareja. 39-47. asistido también de sus camara­ das [. episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [. no discrepante del tono juguetón.]. amigo de L ope de Vega». impondrá sus despóti­ cas leyes [. pero. los desposorios mismos. 16)...]. La novela cortesana. Véanse también N ich ols.. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [. fin dichoso de sus andanzas y enredos.]. So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época.. «Introducción». choque de espadas.]. por la «cuestión de amor».]. ora con algún desdeñado rival. ill. Este propósito. de Quintana. en tales novelas... cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor.. se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo. Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas. y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida. .. 457470 [N ovelas cortas cortesanas].. ridicula. en las costumbres de esa sociedad.. todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [. pp. sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45. cuando es también más abundante. que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [.. véase nuestro estudio. 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior. Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes. «A Study in the G olden Age».. ineluctable­ mente.]. implícito en toda la obra.] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento..]. ¡diferencia radical! en clave crítica.. llega siempre.. y llegará un día en que el Amor..]. todavía faltan [.. insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H.

p. simultáneamente. principalmente. se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. «no de menos gallardía» que Teodosia. 216). quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. encuentra su inspira­ ción. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina».lias». esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. La novela cortesana es. ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes. de este tipo en España y. en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47. donde reconocemos su transcendental ejemplaridad. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. pues. ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III.) 49 Ya desde el libro de Apraiz. es que representa. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana. Quijote 49. es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor. jtan cervantino!. con toda probabilidad. . Sin embargo. y qué es esto! ¿Vienen. Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. Es. todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana.. La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. por ventura. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes.] que jamás tal belleza habían visto». una de las primeras novelas cortas. pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. Uno de sus atri­ butos más significativos. p. Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas.. por lo m enos. de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. en que. Según se ha deseado mostrar en este estudio. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física. 347). al ver llegar a Rafael. si no la pri­ mera. creador de la novela corta . y sobre El am ante liberal. en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera.

da Barberíno. Bandello. niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. Esta hipóte­ sis. 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. triunfo final del bueno o del “furbo”. protagonistas o testigos de enredadas situaciones. Straparola. p. pp. con gente misteriosa. extraños encuentros. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. Por sugestión. Firenzuola. claves de cruciales secretos.«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. revelaciones y reconocimientos. Sacchetti. D on i. italianos o extranjeros. muy populares en España ya antes de 16123. de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». A . de enredo. no siempre congruentes con el asunto. 81-118. 189.. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. sus m odelos literarios. S. M. Sercambi.. M. F. con frecuencia ilícitas relaciones amorosas. F loren­ tino. G. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612. todo narrado con técnica dinámica. Giraldi. de’Mori. a ve­ ces nocturnos. F. se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media. A. año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio. vista global­ mente. Erizzo. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . Salernitano. Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos.. A . desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. G razzini (Lasca). . ágil. muy digna de consideración. A . sin duda. sus m ode­ los vivos. «Las N ovelas ejem plares». G. p undono rosos lances de capa y espada. G. G. F. A . estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. varios otros y algunas novelle anónimas. Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. B. 2 Icaza. Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas). F.

«Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». F orcion e. nos han sido m uy útiles: Auerbach. «Introduzione». Tutte le opere d i M. Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística. 1952. situaciones. 1982. T. B an dello’s Fiction. O bras completas de Cervantes. 19-48. además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. 8 6 . 1967. v . claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. M azzacurati. 1953. 291). 1977. pp. con su propósito correctivo. R. Porcelli. pp. V -xxiiI. 1948. IX-XLIX.x lv ïI . Battaglia-G . superativo. 1944.el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. 1982.. pp. N o v elle italiane: II C inquecento. A n a to m y o f the N ovella . A . en mi concepto. Bandello. Schevill y B oni­ lla. de La señora Cornelia tiene su referente lógico.. vol. Bourland. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . W. ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. Pabst. sea en versiones originales o en traducciones. términos. v i. G. Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. vol. t. nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. v . B. «Introduzione». Sette secoli d i N o velle italiane. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo. Pianca. 590-603. «Introducción». Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. «Introdu­ zione». C ervantes. G rif­ fith. pp. Savi-López. N ovellen theorie u n d N ovellendichtung. pues. 1973. A l introducir perso­ . 1921. Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. 1985. C iccuto. I. salpi­ cando el texto también de palabras. en obras del mismo género litera­ rio. V1I-XXVII. 1952. pp . de una novela italiana. Madrid. S. expresiones italia­ nas. M. «Cervantes y B occaccio». al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. Gibaldi.). A . Place. 1974. 1955. que. 31-92. N o velle del Cinquecento.. I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. G. M an ual elem en­ tal de novelística española. Fattini. C erva n tes a n d the H u m an ist Vision. N o v e lle del Q u attrocento. deta­ lles. Paolella. Rossi. 34-39. P ancorbo. de esta vasta tradición novelística. π. The Short Story in Spain in the 18th Century. O bras C om pletas . «Introduzione». 323-356. G. del Duca. Belloni. 195-235. L etteratu ra italiana L aterza. A larcos García. Retorica e racconto. L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. La novellistica d el Lasca. etc. La novella d el Cinquecento. Flora. J. p. H ainsw orth. pp. «Introduzione». «C ervantes-B occaccio». F. el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6. 4 Sin embargo. 1987.x x iv . personajes. Clem ents y J. ill. cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas .8 . La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar. estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. 22. sobre todo. pp.

algo sosegada». que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles.]. en definitiva. 975). incluso en bibliotecas italianas. 363-4). de paso por Mecerra. relata su «desdichada historia» a sus protectores. pasados los peores sobresaltos. se aloja en la posada con D . la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida. de hecho. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. 1824. Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza. 7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. Nimagri. han resultado vanos. N o identifica al autor y. en líneas generales. Se Uama D. noble caballero veneciano. B aldw yn. . 369-370). Le encom ienda su «vida y honra». La fuga. Londres. 974). Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. creador de la novela corta española. Cornelia. con que volvió en sí [. Juan y D. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. implorándole que la lleve a su aposento8. G onzález de A m ezúa y M ayo. en que D . Nimagri un verdadero caballero. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. Por ser D. pero. Cervantes. a nuestro juicio. los protagonistas españoles (ibid. después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. en la po­ sada. podría serlo.a C o­ najes de ilustres familias italianas.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas.. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid. su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece. 8 Las situación de L a fuga. pp. para salvarla de un gran peligro. disfrazada de hombre. acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D . Por mero interés económico. en que Teodosia. 8 8 . todos nuestros em peños por identificarlo.a Colom ba. En la posada. Y. disfrazada de hombre. pero nos parece por com pleto innecesario y. de autor desconocido7. pp. Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». II. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. hace recordar la de Las dos doncellas. cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D.. se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre. Rafael (949-51).a Colomba. le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. Nim agri. muy agitada.

mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977).a Colomba. abadesa de un convento cerca de Be­ nevento. reanuda su viaje a Roma. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta.] ¡socorro. Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). para volver a España. 988). y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos.a Coloniba queda muy preocupada. si fuese necesario.Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud.a Colomba en su huida de la ciudad.]. le hace aceptar un bello anillo de diamantes. con el mismo propósito. señor!» (= Cornelia. Nimagri acompaña a D. cerca de Ferrara.lomba a la posada. pues. Al tener que disparar D. D. después de un breve descanso. sin más complicaciones.] viene a quitarme la vida [. «si menester fuera».. logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. Juan y D. Nimagri. dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme.. aunque sus hermanos son «crueles». colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes». con sus «pistoletes» y.. y una grande espada» ( . «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro.. 977). El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de . Al fin. pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores. D. donde por fin llega. y amparo». Antonio. con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [.Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973). «sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. pero disponiéndose a defen­ derla. mientras D. Nimagri contra ellos. protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino. señores. para mantenerlos a distancia. D... tan rico como la cruz». colérico hermano. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»]. D. «en la casa de un sacerdote de misa». D. ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso.a Colomba. puñal. como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( . en igual situación: «[.

en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». aventurero. «por sí o por no. . en que deseando D . pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística. Fabio?». para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). tan sugestivamente. en el proceso de españolizarla. no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. deter­ minan todo el desarrollo de la acción. la estructura misma de la novela. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. lo que. ya en ese incidente inicial. moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. por ventura. de experiencias nuevas. con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970). en una calle oscura: «¿Sois. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». respondió sí» (971). según se ejemplifica. pero después decide esperarlo»]. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. parándose por fin en Bolonia. D. constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia. es decir. A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. En la novella XLV del N ovellin o de M. Juan. y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico.La señora Cornelia. m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro. lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad. algo casual o travieso. quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. irrelevante. Juan sale sólo «a coger aire». el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». n ó te s e resulta desenfocado. pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». D. en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. dadas las convenciones sociales y literarias de la época. benéfica para todos. hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. D . Antonio y D.

discreción. D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi. España en la v id a italiana durante el Renacim iento. 12 Croce. «¡italiano. Por otra parte. es decir.. intensas intervenciones. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados. trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos. su nacionalidad española. temerosa del señor Lorenzo. Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas. Antonio como individuos. determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. 19. y. pero Avalle-A rce.. 10 11 . Según se verá.]!» (980).).. Y es de importancia crucial comprender. mientras la «massara». Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . aparentemente. pero. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria. etc. L a N o v ella V. Juan y D. y que se fíe de españoles [. sobre todo. independientemente de su convicción. sin justificación alguna en las relaciones personales con D. pero. Cervantes: N ovelas ejemplares . Estos elogios y vituperios en abstracto. histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . sin que este hecho sea realmente relevante para el relato.. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . Antonio. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972).de la inverosimilitud» 10. que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés. N o se trata. De hecho. Juan y D. Juan y D. «Introducción». este personaje demuestra cierto aprecio por D. Rodríguez-Luis. el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. pues. / / maestro gabatto d ’amore). con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino. D unn. El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana. al menos inicialmente. 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos. amabilidad. sólo a base de la tradi­ cional. denigra a los dos «mozos y españoles». honradez. D. propagado en los países bajo la ocupación española. etc. p. muy particu­ larmente. están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. Además del afán de aventuras y de la curiosidad.. buena crianza. Juan y D. III. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo.

Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo. Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella ...). 305) [«Solo entre tantos armados contra él (. Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo. a quien D. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras. Cervantes advierte: «la Críbela.. Además de la cómica hipérbole.. 1832. El venir el señor D. sólo por ser españoles. Borghi.]. Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971)..]. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D . Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. declara a D.) todavía m u­ chos»]. pues éste está en grandes deudas con D. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). y en esto se podrá echar de ver [. «por ser» éste «español y caballero».] si pose fra I’avan zo di co­ loro [. aun­ que sólo.atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. de algún modo.. según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [. la “massara” logra convencer a Cornelia.. de la honradez y dignidad de los dos amigos.. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque. Juan —y no también la de D. que soy de los Críbelos de Milán. Giacom o [. en una ocasión llegue a dudar. por un brevísimo instante. Antonio. . con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971). soy bien nacida. de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978). cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos. según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984). y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes.. Juan que está plenamente confiado en su ayuda.. Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque.. por lo menos como ella decía» (986). se enfrentó con el avance de aquéllos (... G. Juan. nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo. Lorenzo a solicitar la ayuda de D. Firenze.. Por su sólita preocupación con la verosimilitud. y porque «a más 14 D . quien tantas buenas razones tiene para no creerlas. en parte.] ancora m olti» (N ovelle. Juan le salvó la vida.] las calami­ dades que por mí han pasado.

temerosos de lo que podrían pensar de ellos. no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. para desquitarse a sí y a su patria (984). pp.]» (974). en nombre de su nacionalidad. . 1 2 1 . Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. lo cual simboliza y explica. ... 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Quijote. p. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos. «diligencias posibles y aun imposibles». D. de considerable ingeniosidad. de recíproca determinación con todos los otros personajes. D. Juan y D. 17 Ibid. exclama D. señor Lorenzo —dijo a esta razón D. los amigos italianos que han confiado en ellos. Juan y D. Juan al disponerse una vez a la acción (987). por lo cual redoblan los empeños. 118-128.]. están en relación de mutua dependencia. Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares. y pues nosotros lo somos y principales [.]!». pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s ... ¿No hay quizás un sutil. pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978). Juan—. eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 . 16 Véase la tesis.. en efecto. de manera muy sugerente y fundamental. lo cual constituye. Juan y D. ¡caballeros españoles!. singulares. Sin embargo. en el mismo nivel de ficción. uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles. Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. etc. Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. 222). N o v e l to R o ­ mance. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas.. de E l Saffar. se sienten muy "corridos”. «¡Por Santiago de Galicia [.obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978).. D. p. según ya se ha dicho. Tom Sawyer.

...]».] que yo jamás engañé a vuestra hermana [. pues [... 3. con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas..que quieren.. delinea los sucesos «sucedió.].]» (417).] de todos los sucesos [.. Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces.].. dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero. dijo».. pp.]. oíd el mío».. en los mo­ mentos oportunos..... respondió [. «Entonces [. «Señores [.. .].. por no tenerla más suspensa..].. «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [. pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes . sólo sé que habrá no sé cuantas noches [. pero vamos [. como autor omnisciente.. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». y contadme el vuestro [..] y dio cuenta [. empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [.. Antonio [.... he servido a un piovano... 6 . Juan. «Yo soy el duque de Ferrara [.. etc. «Bien sabéis [.. «Dio cuenta [. «Yo.] y al oído le dijo [...]». recuentos. lo que preguntó D. 5.]...]. de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [.]...]. ofreciendo.. como estos cuentos os podré contar yo [.. «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo..». estadme atentos y escuchen [..... etc. res­ pondió que sí. le contó».]».... caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [. más bien. señora..]».].] yo soy [.. proporciona el marco ge­ neral de la acción.. de muy variada extensión.]». cuentos dentro de cuentos o. «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [. con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.]» (987). etc. 980. por sí mismos..... 1. yo no he engañado [.].].. «y luego le contó punto por punto [...]».Cervantes.]». desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas... «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [. lo que sintió D.).]. comentarios y explicaciones. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [.. 199-210.. desde perspectivas incisiva­ mente individuales..]». «Volvió [. El duque le contó asimismo a él todo». «Preguntóle el duque que si era verdad [...-1» (972-9. Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos..]»..] de lo que había pasado [. y que [.] mi desdichada historia».. «En esto llegó un paje [.. darnos cuenta de sus vidas. «No sé. respondió el cura.. sus partes y fragmentos.

. de muy activa. Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. etc.. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9.: «Lippa ingravida d i un suo am ante . / Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”. como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980). da a luz secretamente a un hijo»].. y su interés propio o su altruismo. nacim ientos secretos.] un fligiu ol maschio [... que me desmayo». ágil técnica narrativa.] mi desdichada historia». Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos. ciertos modos de ser. por la información que les es asequible. 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos.]» (974-6). tem e Vira d el padre e d e fra telli. las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente. por su visión del mundo. señores y escuchadme». «fi­ nalmente [. y. y. muy sugestivamente. antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y./ Cornelia come y bebe /. D eca l.]» (G. no pudiendo así comenzar con el relato. por una apre­ hensión momentánea. parturisce di nascosto [.. etc. G iraldi. G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. El juego se ejecuta con ingeniosa. pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [. como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). teme la ira del padre y de ios hermanos. . de manera premeditada. dadme pri­ mero algo que coma. in­ tensa interacción entre actores y espectadores.res”. un personaje (983). como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias..». Por medio de sus relatos los personajes revelan. a veces.. A veces.. como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983). N ovella l) [«L. por una disposición “traviesa”. etc. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso. provocan su indignación. B. complejos. dijo [. y después invita: «sentaos. por una inclina­ ción rencorosa. embarazada por un amante. / Sin embargo. dice.. de la sociedad. / Llora un niño. desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente. actitudes. «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia».] con voz algo doliente y turbada. advierte a los oyentes: «Si queréis que hable. ocasionalmente. consciente o inconscientemente.

. por las preocupaciones del Duque con su herencia. después de entregar su virgi­ nidad. pero. por «las libertades» y «la perdición». que el her­ mano mismo recoge en la ciudad: «anoche lo supe» (978).]» (410). que Cornelia nos deja percibir hasta en sus orgullosas. todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios. Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad. acrecienta en su conciencia el pesar por el descuido de «los recatos». pero. sobre todo. aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975). según lo sugiere también el chisme. con la tercería de «la criada. también «confiaba en [la] honrada condición» de ella. ¡«Yerros por amores dignos son de perdonar»!. su pundonoroso hermano. Por influencia del Duque. pronto convertido en pasión que —acallados convenien­ temente los escrúpulos morales con la promesa de matrimonio— la induce a entregarse sexualmente. aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. Cornelia renuncia a apelar a la probable disposición favorable del hermano. por el que comienza su interés amoroso en el Duque. Corne­ lia. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas. . en que la guarda con «gran solicitud» el señor Lorenzo. se nos sugiere el hecho irónico de que todas estas consecuencias. pocas lenguas hay que no la publiquen [. a su propia im­ prudencia e indiscreción. observamos que todas sus dificultades son atribuibles. de «las honrosas amonestaciones». como Dorotea del Quijote . a la vez.. Cornelia se gana nuestra simpatía. aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa. Algunos lectores se extrañan de que tal heroína alardee tan ostentosamente de su belleza: «la fama de mi belleza tal cual ella es. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque.preocupaciones. claro está. más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). al menos en ocasiones. Además. El hecho de que éste. fervorosas afirmaciones de su genuino amor (975).

. de modo parecido. y el otro con el hallazgo de tan buen cu­ ñado» (982). que porfiaba por levantarlo [.] arrojándose a los pies del duque. Según ya se ha sugerido. .] [al señor Lorenzo] se le arrasaban los ojos de lágrimas. pero. enternecidos... En otros momentos. y al duque lo mismo. a la vez que responde a ciertas preguntas. etc. Juan en una gran perplejidad: ¿Es el Duque de veras un malvado? ¿Se ha aprovechado de una ingenua con intenciones rui­ nes y pretextos falsos? «Todo esto se ha de saber de su boca» 20 Lacadena y Calero..«Cada situación es el resultado conflictivo de la situación an­ terior» 20.. Sin duda que éste sería el criterio de que el señor Lorenzo mismo se valdría en semejante si­ tuación. en el chisme: «mi parienta me ha dicho [. cada relato sobre las relaciones de Cornelia y el Duque.] y anoche me la llevó» (978).».. aclarándolas.. y. también conveniente­ mente apoyados en enraizados.]. esta indigna disposición servil del señor Lorenzo se demuestra naturalmente consustancial de su resentimiento y odio a “los poderosos”. el señor Lorenzo habría aprobado de seguro una relación amorosa formal entre el Duque y su hermana. como olas del mar en continuo. La obsesión pundonorosa con “el qué dirán” motiva toda la ac­ tuación del señor Lorenzo. cebándose. Esta se manifiesta de modo inequívoco en la escena de la reconciliación con el Duque.. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». anoche lo supe. cuando todavía hay gran incertidumbre sobre el destino. Contempla a su hermana. posiblemente trágico. sobre todo. el uno con la pérdida de su esposa. p. mutuo empuje. de Cornelia y su criatura: «[. cínicos prejuicios sociales (978). parece que no tanto por la felicidad de ésta como por su propia ambición social. lo cual se evidencia también en el revelador dativo de interés en su declaración desengañada: «triunfó [el Duque] de mi industria [..]. como objeto de as­ tutas contiendas entre sus «ojos de Argos» y los del «lince».. El relato del señor Lorenzo sobre la seducción de su hermana deja a D. cual­ quier galán. muy significativamente. Sólo en base al chisme presupone también una «vo­ luntad arrojada» en la hermana y las más deshonrosas y mezqui­ nas intenciones en el Duque: «Esto yo no lo creo [que el Duque quiere casarse con Cornelia [. 204.. dicen [.. también provoca algunas nuevas. generándose así una serie de versiones.] por ser desigual el matrimonio en cuanto a los bienes de fortuna» (978). semejantes y diferentes a la vez.

pronto después ocurre: El Duque confirma su amor sincero y sus intenciones honradas res­ pecto a Cornelia. además de otras tendencias personales negativas. Queriendo ser admirado como uno de esos muchos «astuti e gran maestri di beffare altri» 2 1 de la novella italiana. decide D. más bien ligero de cascos. Le cene (l) [«(. Juan. como. con su burla el Duque se revela en cambio como un sujeto indiscreto. con intencionada in­ dulgencia. O bservem os de paso que el fingim iento de Juan R ojo con F rondoso acerca de la hija «ya prom etida a otro» (Lope. Ftienteovejuna ). su «pro­ metida esposa» que relata como «verdad» en un momento tan inoportuno para ello. también porque duda de la reacción comprensiva del pundonoroso hermano. con que explora los sentimientos del Duque (985). Entre éstas. que podrían fácilmente traducirse en un absurdo desenlace trágico. serias im plicaciones estéticas y morales. señala los lím ites de dicho juego. ¿por no querer privarse de la excitación sensual de la relación ilícita? Es pertinente esta pregunta porque en la actuación del Duque se transparenta un pronunciado egoís­ mo. como ésta «mil veces» le pide que haga (975).. im puestos por la in­ teligencia y la discreción.. com o diría Lope. y p or eso. es una tradicional costumbre popular. cierta frivolidad infantil en su cuento de la «labradora». ¿Como pueden justificarse éstos moralmente por la mera preocupación del Duque de asegurarse la herencia que la madre le tiene prome­ tida? Por cálculo oportunista. También el “piovanow de notoria reputación escandalosa y jocosa en la novella italiana gusta burlarse de la gente con sus cuentos inventados. es un aspecto caracterís­ tico de la técnica narrativa con que Cervantes m ism o evidentemente se deleita al sorprender al lector: «Si no lo has. Los pasajes cervantinos. 22 «Dar lejos de lo que se espera». la dignidad y la felici­ dad de Cornelia y de otros a m uy grandes peligros. aunque inocuos y graciosos. aparentemente más superficia­ les.. así entendida por todos.) astutos y grandes maestros en burlar a la gente»]..(979). y. según lo demuestra con el del niño expósito. pero es no obstante cierto que con su impru­ dente comportamiento ha expuesto la vida.] rico y curioso». A la vez. Esta inclinación del «piovano [. por pesadumbre y enojo [. G razzini (Lasca). de hecho. 1105). pues.. ¡oh lector!. aunque los dos españoles. inocua y graciosa. obvia por la exageración. según se desprende de las reacciones indig­ nadas y angustiadas de los dos españoles y del señor Lorenzo. i. . le dicen que «ha hecho la más discreta y más sabrosa burla del mundo» (987) 22. no revela al señor Lorenzo su amor por Cornelia. Q u ijote . aunque. a m enudo contienen interesantes.]» (D . amigo también de la 2! F..

apariencias ambiguas. vanidad. incomprensibles a los otros personajes. ignorancia. tem ores. parecer. Glaro está. de hecho. Juan y D. disfraces. de manera llamativa. falsas acusaciones. Antonio mismos como piezas integradoras del enigma. objetos de origen misterioso. creer. sino por su usual preocupación de explicar lo que podría parecer inverosímil. am bición.«massara» a quien «tiene obligación más que de amo» (980). ex­ plica la razón principal de la amistad entre él y el Duque. declaraciones de doble sentido. Juan y D. Anto­ nio consiste en averiguar las causas de las discrepancias conflicti­ vas entre las distintas versiones de la “historia” que propugnan los otros personajes. extrañas. atribuibles al «as­ pecto engañoso de la realidad». resentimientos. aunque también justificadas por la devoción de aquél a la caza. desfavorables circunstancias tem­ porales. aprehensiones. La obra abunda. entre las cuales también figuran D. Cervantes no sugiere esto como mero detalle pinto­ resco. produciéndose así de continuo situaciones en que todos. Por esto precisa­ mente ellos también resultan a veces misteriosos. y suponiendo el recíproco aprecio del cura. La más importante función mediadora de D. como. es fácil imaginar cuán “entretenidos” serían sus encuentros. de hecho. deber de ser. parece a algunos lectores: las frecuentes visitas del noble a un cura de aldea. información incompleta. men­ tiras. etc. en toda clase de obs­ táculos que dificultan la interpretación correcta de los aconteci­ mientos: ambientes extraños. son raras y que. disper­ sas piezas. diálogos enigmáticos. experimentan grandes dificultades al tratar de averiguar la verdad. reivindicadora de la “dignidad” y los "buenos propósitos” en el pasado y prometedora de la solu­ ción más satisfactoria y feliz para todos. Castro. como diría A. imaginar. es sumamente significativo que las interpretaciones erróneas. Gustando éste «mucho así de la curiosidad del cura como de su donaire en cuanto decía y hacía» (985). A este respecto resulta muy su ge­ rente el lenguaje conjetural de que todos se sirven con frecuencia: suponer. para hacer al fin aceptar a todos una versión fun­ damentalmente fiel a los sucesos. aun éstas tienen su causa primaria en los com­ plejos y prejuicios íntimos y en las predisposiciones morales y psicológicas de los personajes mismos. odios. identidades enigmáticas. Ejemplifica magnífica­ . Sin embargo. Se impone otra vez la imagen del intrincado rompecabezas de muchas. indistintamente. etcétera. quien «viene a visitarle muchas veces desde Ferrara».

de un modo u otro. Y es casi simbólico el que hasta D. El m otivo del engaño con una mujer “falsa” en la cama fue utilizado ya por Boccaccio ( G io m a ta vil. en que los dos españoles.mente este hecho la inmediata suposición del señor Lorenzo de que es «de cólera» el encuentro de D. 25 El m ism o tema fundamental se dramatiza en E l laberinto de amor. erigida por la desconfianza. N ovella 4) y tratado. Esta lacra de las relaciones humanas se dramatiza en algunas escenas particularmente memorables. Es de crucial importancia el hecho de que todos los distintos factores humanos que inducen al error o a la impropie­ dad en La señora Cornelia tiene su denominador común en la desconfianza. Véase nuestro estudio en El teatro de Cervantes. Bandello. las joyas y. particularmente. al verlos abrazados «desde algo lejos» (981). que se contraponen en la o b ra25. como la de las dos Cornelias. debidos al defecto intrínseco en el engañado. como una concatenación de desconfianzas. el sombrero tienen un papel significativo para complicar y desenredar las siVéase nuestro estudio sobre El vizcaíno fin gido en E l teatro de Cervantes. desde la ini­ cial de la madre del Duque hasta la de la escena final. los pañales. lleguen a ser ellos mismos. quienes tanto se empeñan en erradicar la desconfianza de los otros. de modo inexorable y continuo. N o v e l l a 8 . víctimas inocentes de la misma. a m enudo por los n o v e llieri de los siglos siguientes. mediada por los dos españoles entre todas las partes. la trama entera se es­ tructura a base de unas causas y unos efectos que se identifican. en realidaid. el señor Lorenzo y el Duque están a punto de arremeterse. El error o el truco de carácter sólo externo. desprendido de explícitas motiva­ ciones o tendencias humanas. de las mentiras y de los temores. Todos los «engaños a los ojos» en las obras cervantinas son. en defini­ tiva. no suele tener interés para C er­ vantes 23. como en algunas otras novelas cervantinas. F. Juan y el Duque. Juan y D. G i o r n a t a v iii. generán­ dose mutuamente. Sí. Sansovino y M. con variaciones. entre ellos. Sin embargo. A nto­ nio. con que se supera la barrera de los malentendidos. sino tan sólo por la palabra llana. 23 24 . en que casi todos parecen desconfiar de todos por una razón u otra (983-4)24. y no sólo por su nacionali­ dad. la solución final de to ­ dos los problemas no se determina por una anagnorisis dramá­ tica ni por una transformación radical de los personajes. la indu­ mentaria. Así. A este respecto nos parecen también de valor emblemático “el camino derecho” y las “sendas apartadas”.

ínsita en la es­ tructura entera. endebles. se engaña precisamente porque se cree privilegiado por la información que los personajes no poseen. N o v e d a d y ejem plo de las N o vela s de C ervan tes . etc. pero. El Saffar. 19-20. «Intro- . ill. p. a la virtud. 94. 28 A valle-A rce. 87-105. La trama muy enredada. ridículos medios. incluyendo el mero azar. inciertas perspectivas se apre­ cia también en el hecho de que el lector. pp. ¡Interferencia impropia del positivism o en el m undo de la ficción! Algunas nuevas considera­ ciones sobre la verosim ilitud cervantina en D ie z Taboada. como estructura narrativa.'y se rechazará como obvia incomprensión la condena.. orientador. de modo muy irónico. confuso. en sí. por cualquier motivo o circuns­ tancia. pp. etc. de que es «la más desalada carrera tras lo inverosímil [. «La estructura de las N o vela s ejemplares». confusos del laberinto de la desconfianza humana.. ¿por qué razón lo emprendería La señora Cornelia con “la novelística greco-bizantina”? 29. en definitiva. directa. La ingeniosidad de esta con­ cepción novelística de ias múltiples. al hacernos meditar sobre los insegu­ ros. ΠΙ.). de los que debe depender aquél que. C ervantes: N o vela s ejem plares . de las que es penetrante y fidedigno reflejo. al sentido común. sincera27. etc. Teniendo en cuenta el hecho comprobable de que en cada novela ejemplar cervantina ocurre un explícito o implícito diálogo crítico con su específico modelo inspirador (La española inglesa —libros de caballerías. Cervantes: N ovelas ejemplares. Lacadena y otros sobre La señora C ornelia se concede demasiada importancia al "azar”. Las dos doncellas —no­ vela cortesana.. ya casi rutinaria. ha renunciado a la razón. «Introducción». sólitos compañeros de la relación honesta. siempre es secunda­ rio respecto a la m otivación humana. una genial metáfora literaria de los pasillos oscuros. Reconocida la inequívoca fisonomía “italia­ 26 Véase R odríguez-Luis.. sin posibilidad alguna de un entrecruce armonioso.) es un cuento sumamente improbable»] y otros. que.tuaciones 26.» (N o v e l to R o­ mance. su función más importante e ingeniosa con­ siste en su ironía implícita. El amante liberal —novela bizantina. es. se comprenderá también la palpitante relevancia de La señora Cornelia para la vida cotidiana y la condición hu­ mana. 1 2 0 ) [«(. 2 H Propone tal tesis Avalle-A rce. De­ bidamente apreciada esta metáfora fundamental.]. A ve­ ces. cayendo en el engranaje de las continuas y mutuas desconfianzas de los personajes. «La señora Cornelia is a highly im probable story . el colmo de la in­ verosimilitud». 27 En los estudios de D u nn . a veces se encuentra deambulando con ellos desorientado.28.

) refleja la influencia de la novela griega y de la com edia contemporánea y del Persiles»]. que.. ya desde los tiem pos de Boccaccio. p. hasta traspasar. sorprendente. p.. los delicados confines del arte y caer en el mero sensacionalismo. como temas melódiducción». técnicos. inevitablemente. Rosales destaca bien que La señora Cornelia es el eslabón entre la novella italiana y la novela corta cervantina ( C ervantes y la liber­ tad. al darse cuenta de que ha caído en una innecesaria digresión moral en una dedicatoria (Bandello . de su previa capacidad para excitar la curiosidad y la admira­ ción del lector. adquiere visos de características constitu­ tiva. en que todos los sucesos.. 1027) [«¿adonde me dejo llevar (. 30 Sandello. p. lingüísticos. 119) [«(. Con su trama cuidadosamente organizada. El abuso frecuente degenera en práctica ruti­ naria que. la imaginación y la ingeniosidad de los novellieri debían agudizarse más y más en su afanosa búsqueda de lo novedoso. Tutte le opere. a menudo de extra­ ordinario logro artístico en sus numerosas combinaciones de dife­ rentes ingredientes temáticos. vol. personajes. ¿no es quizás lógico. vol. Tutte le opere...) digno de maravilla y admira­ ción». I. pero sin contar con la más importante. pero nos parecería oportuna. p. claro está. que su diálogo crítico sea con su raíz litera­ ria directa? La “novella alVintreccio” —caracterizada también por la actitud cínica y desconfiada de los personajes. Posibles influencias signi­ ficativas.. El Saffar mantiene que «La señora Cornelia reflects the influence o f the G reek n ovel and the contem porary Spanish com edia as w ell as C ervantes' ow n Persiles» (N o v e l to Rom ance. en efecto.) habiéndoos prom etido narrar una novela»]. de que fuera considerado «degno di meraviglia e ammirazione» 30.. es de­ cir.nizante” de esta novela ejemplar. al observar la tendencia a la di­ gresión episódica en él y en otros n ovellieri del Cinquecento.. 20.] 3Í Bandello se hace esta pregunta.. detalles revelan su esencial funcionalidad y. señora Cornelia— era uno de los tipos más cultivados por los novellieri. como lector y escritor. lo cual es tam­ bién crucial para la concepción de La. a m enudo. sobre todo. la novella italiana. a su tiempo. únicamente relevante. entre sus elem en tos tam bién in clu ye esporádicam ente el greco-b izan tin o. p. [«(. La utiliza­ ción de cada ingrediente particular dependía.]?»31. En estas deformadoras tendencias sensacionalistas de la no­ vella italiana no podía menos de reparar el sentido de la mesura y de la armonía artística que suelen orientar y animar toda la activi­ dad literaria de Cervantes.. vehículo favo­ rito de la inverosimilitud y de la “digresión” de todas clases: «Ma dove mi lascio io trasportare avendovi io promesso di narrar una novella [. de repente. 492). I. .. Para gratificar la apetencia insaciable de éste. 1025. maravilloso. etc.

Sin tal función. su plena correspondencia con el tema conceptual de la obra. creándose una perfecta armonía entre todas las partes. . muy grata a los sentidos e incitante para el intelecto. inspirada en la famosa “novella alVintreccio” italiana. 75). 33 Entre las diferentes funciones de D . La nueva fecunda relación entre el genio es­ pañol y ese género literario italiano parece prescribirse en. moral y vital («Sobre tipología y ordenación de las N ovelas Ejem plares ». sin perjuicio alguno para la obra. La señora Cornelia se propone como un posible modelo estético y moral a los futuros cultivadores de la novela corta de enredo. podrían ser sustituidos por dos extranjeros de cualquier otra nacionalidad o región italiana.la cor­ dial y correcta «correspondencia» que los personajes españoles e italianos deciden mantener. p. Juan y D . «con grandísimo gusto de todos» (98 8) 33. por aquel entonces ya popular también en España32. hay una ejemplaridad artística.cos. A n ton io hay que señalar también com o m uy importante la de sim bolizar la españolización de la “novella” italiana “alVintreccio*. 32 Sobejano advierte que en todos y cada uno de los 12 cuentos de Cervantes.

Nuestro estudio.]. encomendándose a N uestra Señora [. frustrado y agotado entra en una iglesia. 249. Faust) «Es. pp. en la edición de Valbuena Prat.. Campuzano. 20 ss. ba­ sado asimismo en esa visión unitaria. sobre la relación del individuo con el ambiente moral en que se forja. «Valor actual del hum anism o español». «con presu­ puesto de hacer en ella un ejemplar castigo». las 997-1026. 49-58. va en frenética búsqueda de la traidora. Viéndose burlado estrepitosamente por una mujer.. una sola novela. cae en una extrema «desesperación». de inmediato. que asimismo sugiere la unidad conceptual. 80-87. casi insospechadas hasta muy recientemente. 244. 201-212. pp. 237. Waiey.. W oodw ard.EL CASAMIENTO EN G A Ñ O SO Y C O L O Q U IO DE LOS PERROS «Ihr seid ein Schelm. «N uevos valores de E l casamiento engañoso y El coloquio de los perros».]» (994-5). se propone ofrecer algunas sugerencias nuevas sobre los episodios particulares y la confluen­ cia de sus temas en la implicación fundamental de la obra.. a quien él mismo pensaba engañar.] con pesa­ dumbre [. pp..» (Goethe. de una vigilia [de Campuzano] [. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares.].. 1 Casalduero. tan innovadoras en la historia de la ficción hasta entonces.. a veces con interpreta­ ciones que revelan grandes complejidades ideológicas y artísticas. después. pp.. no dos [. 2 A E l casam iento engañoso corresponden las páginas 991-997 y al Coloquio de los perros.' muy rabioso. se trata de un sueño. Berganza y Cipión [. cayendo en un escaño «[... A lgu ­ nos de los primeros estudios centrados en el problem a de la unidad del C asa­ m iento-C oloquio: Parker. que habría sido fatal. «El casamiento engañoso y E l coloquio de los perros». «desproporción». Cabrera. y. wie Ihr nur immer wart. En vano.. claro está. ..] son el desdoblamiento del pnismo personaje [Campuzano]» K Casi todos los críticos actuales coinciden en tal comprensión de El casa­ miento engañoso y Coloquio de los perros. «si tantico se des­ cuidara el ángel de [su guarda] en socorrerle]» (224)2. so­ bre la técnica narrativa y la estructura novelística. «The U n ity o f the C asam iento engañoso and the C oloquio de los perros»..].

«haciendo pinitos y dando traspiés». muy juiciosamente. cintillos. son todos «de alquimia»! (995). Sin embargo. Al afirmar Campuzano que oyó «hablar» los dos perros. sin embargo. razonablemente. Y. pensando que son de oro. considerando. sirviéndole «la espada de báculo». nunca totalm ente resucitas. y poco a poco [le] dejaron los cabellos». indignado. y cuando oyó esa conversación no quiso «dar crédito a 3 Q uizás C am puzano experimenta un «m om ent o f illum ination» [«m om ento de alumbramiento»] en la iglesia (El Saffar. 996). que le ayude encontrar a la malvada?. . Campuzano ha contraído «la lupicia» o «pelarela». non s’ha di lamentar s’altro Vinganna» (995). el li­ cenciado Peralta. que aquél quiere hacerle creer unos «disparates». Pasados algunos días. todavía muy incierto del remate de su enfermedad. enfermedad venérea de ho­ rrorosos efectos físicos y psicológicos. ¡Realidad del juego que practica y que no siempre puede favorecerle a él! Además. «chi prende diletto di far fro de. afirma que da «por bien emplea­ das todas [sus] desgracias». febril de Campu­ zano en estos m om entos3. Berganza y Cipión. conjetura. flaco de piernas. pero esta experiencia vendría acompañada de em ociones contradictorias. C ervantes: El casam iento engañoso a n d E l C oloquio de los perros. espada tengo. el jaquemate se lo da doña Estefanía a él: «comenzaron a pelárse[le] las cejas y las pestañas. que al fin de cuentas. «ride bene chi ride Γultimo»: ¡la sorpresa que se llevaría doña Estefanía al darse cuenta de que «las cadenas. p. joyas y brincos» que le robó. ¿que se apiade de él y le perdone su insensata vida peca­ dora? Probablemente todos estos y otros pensamientos y emocio­ nes semejantes revuelven la mente trastornada. con corazón vengativo. por completo indigente: «Dicen que quedaré sano si me guardo.¿suplicándola. su «amigo». 37). piensa. Del hospital sale después de haber «tomado cuarenta sudores» (996). a menudo fatal (995). el lector. entreoyendo una con­ versación de los dos perros del hospital. lo demás Dios lo reme­ die» (991. según lo demuestran los acontecim ientos posteriores. dispo­ niéndose a “escuchar” atentamente ese coloquio para desentrañar la explicación. se calma algún tanto. por la experiencia extraordinaria que ha tenido durante las últimas dos noches. Campuzano le asegura que él tampoco es tan «ignorante» para creer que «pueden hablar los animales». amarillo en el rostro. De transcendental importancia debió de ser esa experiencia para la vida de Campuzano.

. la verosimilitud [. al principio. pero tomando «el cartapacio [. muchos lectores modernos todavía vuelven a esa “disputa”. «A la mitad de la» penúltima «noche» en el hospital. teniéndola. oí. pero. delicada.] si hablaron los perros o no». Y allá está escrita. irónicamente. se consuela el escéptico licenciado. es cierto. De to­ dos modos. desembarazada la mente de las fiebres y aluci­ naciones recientes. 161. 195. hablaron?». con lo cual Peralta se declara perfecta­ mente conforme: «no volvamos más a esa disputa» (1026). el día siguiente (996). sin faltar palabra». «delicado el juicio. y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros». a la postre. y. el Coloquio será. llena de «cosas grandes y diferentes.] una coherencia del discurso consigo mismo» fibid. Peralta accede a leer el Coloquio. que él no pudiera «inventar de [suyo]» y que así le obliga «a creer que no soñaba y que los perros hablaban» (996)... y que con su lectura «ha recreado los [ojos] del entendimiento».] era [. cuyo «buen ingenio» ya conoce (997).. escuché. p. sin reserva alguna. escribí...]. en efecto. o sean quien fueren.. Al recordar sus más nota­ 4 Riley. 59. que él «alcanzfa] su artificio» e «invención».. Sin em­ bargo. Vindicado. 434). ameno. aunque.] el señor Peralta de ver escritas en un colo­ quio las cosas que estos perros. noté. . finalmente... A condición de qüe Campuzano «no se canse más en persuadirle] que oyó hablar a los perros». Está generalizada la opinion de que «Cervantes se ha evadido. solo.. «Enunciación y recepción en E l casam iento-Coloquio». a veces. tuvo que admitir que ocurrió «realmente. el Coloquio.. Por lo menos.. aunque «[se] haya engañado y [su] verdad sea sueño [. perplejos respecto a la “verosimilitud” de todo ello4.. estando [él] des­ pierto.] para C er­ vantes. ¿no se holgaría [.] riéndose y como haciendo burla de todo lo que había oído y de lo que pensaba leer» (996-7). pues fue «escrito y notado» por Campu­ zano. de la responsabilidad de justi­ ficar un discurso. C ervan tes3 Theory o f the N o vel. «por cosa soñada». Campuzano considera superfluo «ponerse más en disputa [. tales cuales Nuestro Señor fue servido de dár[se]los. de m uy difícil defensa. probablemente. Y. ). con acertada intuición de tan extraña “irresponsabilidad” cervantina: «[.[sí] mismo». toda la conversación. «a escu­ ras y desvelado». al acabar de leerlo.. sutil y desocu­ pada la memoria». Peralta declara. que «está bien com­ puesto». en cuanto a su verosim ili­ tud» (P ozuelo Yvancos. C am puzano m edita sobre sus «pasados sucesos y presentes desgracias» (996).. con m uy interesantes explicaciones e.. con todos [sus] cinco sentidos. pp.

incide más y más en la mente de Campuzano. Nace asi la idea de la auto­ biografía de un perro —que se llame Berganza. pero habiendo vivido tanto tiempo en ese «mondo cane» —mundo pe­ rruno del hombre—. para hacer comentarios y reparos oportunos. «La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional. y «agradecimiento» (998). lealtad. honradez. para expresar dudas y escrúpulos. Como estos animales. Sin embargo. erróneas. «Cipión: su carácter y sus funciones en E l coloquio de los perros». cuando sólo quiso ser “hombre”. con lúcida convicción. soliloquio de Cervantes». que la suya ha sido. lo cual constituye una verosí­ 5 Las observaciones de Lain Entralgo sobre las funciones fundam entales de C ipión y Berganza son todavía aceptadas. éste tendría la función primordial de alter ego —se­ mejante a la del “amigo” de Cervantes en el «Prólogo» del Qui­ jote (1605)—. una vida de perros. explicada. comprenderían muy bien el penoso sentido de la imagen. 195-200. Cipión representaría también. consecuentemente. como el del hospi­ tal—. mordaz sarcasmo o frío ci­ nismo. pp. 47-72). pues la perspectiva inicial puede ser a veces más acertada que la posterior. «fidelidad inviolable». sus únicos compañeros en esta in­ terminable noche insomne. sin la ventaja de esa experiencia5. ignorantes. Recientemente: Miranda. ingenuas. com o el compañero de Berganza—. ¡narrada! sólo desde la perspectiva de un perro “racional”. en realidad. escuchada p o r o tro —que se llam e C ipión. dar conse­ jos y consultarse con el narrador y. que no obstante casi siempre fueron “premiados” con crasa ingratitud y crueldad. . simultáneamente. y el bruto irracional» (997). beneficiada por la experiencia acumu­ lada en el pasado. aunque elaboradas y m odificadas. con el lector implícito. concluye. no siempre. identificada con la de un perro nacido y criado entre los humanos. para puntualizar lo dicho. pp. a veces. con sutil ironía. pues todo relato debe tener oyente. vida que podría ser comprendida. Su desastrada vida. él también quiso tratar al mundo con afecto. en contraste con las perspectivas del pasado.bles y penosas experiencias. la perspectiva del presente. Sin embargo. cuestionable tan categórica distinción entre la “animalidad” del “p erro ” y la “hum anidad” del “hom bre”. Esos dos perros «echados detrás de [su] cama». a Campuzano le parece más bien borrosa. maltratado por los hom ­ bres. en los estudios actuales {«Coloquio de los perros. notorios po r su «amistad». de modo muy importante.

o me mandas que calle». escueta. ¡no puede ser! de esos cuentos que dan contento por «la gracia» que «tienen en el modo de contarlos [.. Es obvio.. aunque sea atropellada y confusamente» (998). colorido. G onzález de A m ezúa y M ayo. 103-155. de todos los antece­ dentes fabulísticos. jcuán distante es esta concepción literaria. intensidad.]. .] cómoda para poder pronunciarlas» y. com o lo han señalado varios crí­ ticos. C ervantes . creador de la novela corta española... Ésta sería predominantemente sencilla. autonomía (996-7). según se verá.. asimismo como los seres humanos.]. por­ que. morales-satíricos. tan artificiosos. surgida de unas circunstancias psicoló­ gicas y ambientales por completo naturales. la narrativa de los episodios variaría en extensión. emocional.]. escucha. sin muchos “colores retóricos”. pienso aprovecharme [. los representan en su complejidad. matiz estilístico. que yo te escucharé de muy buena gana.. [vestidos] de palabras y con demostra6 Sobre las posibles fuentes literarias de Cervantes: Pierce..]. 429-430. tono.. pp. por otra parte.]. inverosímiles o más bien improbables en una conver­ sación espontánea y apresurada: «no sabemos cuánto durará esa nueva ventura [el don de hablar] [. que se revela muy significativo en el contexto del Coloquio. pp.] unos con otros» y los «animales» como «los tordos.. sin impedirte sino cuando viere ser necesario» (998).]. ritmo.. dándome prisa a decir todo aquello que se me acordare.. De hecho.. picazas y papagayos» que «hablan» sólo «las palabras que aprenden y toman de memoria y por tener la lengua [. Dependiendo de la experiencia evocada y del tiempo disponible para elaborarla o reaccionar a ella. los dos perros de su Coloquio . drama­ tismo. o me reprendes. en su ímprevisibilidad y. Campuzano destaca la diferencia entre «los animales [. expresión lingüística. y si te cansare lo que te fuere diciendo... «Cervantes 3 A ni­ mal Fable». pues no es... Por esta misma razón se expresa la esperanza de que este «cuento» dé «contento» sólo «por la gracia» que «encierra y tiene en el mismo [. Estos «pueden hablar y responder con discurso concertado». hasta ahora señalados!6. obviamente. sin preám­ bulos y juramentos de palabra». II...] de Esopo» que «departían [. Estas funciones fundamentales están repartidas y diferenciadas clara­ mente desde el principio: Berganza: «Pues [. Cipión: «Habla [.. que Berganza-“perro” es también un conveniente recurso literario para p o ­ der observar y conocer aquella sociedad de manera íntima y extensa.mil complejidad del proceso mental..

de una representación de «los pensamientos escondidos» de Campuzano. genial. y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gusto­ sos». respondió Berganza». Estas observa­ ciones son aplicables estrictamente a la forma literaria. determinado y declarado propósito de reproducir «todo lo que había oído [. un organismo por completo íntegro. Hamlet): el “pulpo”. todo lo contrario. como propuesta teórica y como realización literaria.ciones de rostro y de las ma nos y con mudar la voz se hacen algo de nonada. tam­ bién representación del complejísimo proceso articulatorio de “los pensamientos escondidos”. escrita* en que Campuzano ha puesto el coloquio de los perros.. El propósito de representar o. más precisamente. una transgresión de los preceptos aristotélicos. su proceso mismo de formularse mental. supuesta­ mente para no «alargar la escritura» (997)—. N o constituye este “pulpo” narrativo un de­ fecto. siempre variables formas. que sólo responde a . a menudo caótico e incontrolable por la conciencia ordenadora. sugerir este proceso mental de la evocación y de la meditación se manifiesta inevita­ blemente en la estructura o forma narrativa del “pulpo”. con todos sus tentáculos de múltiples. El “p u lp o ” como metáfora de la perfecta coherencia de una aparente incoherencia. en suma. pero en cuanto esta labor literaria representa un consciente. tamaños y movimientos es. de una representación dia­ logada —cuya naturaleza monológica se sugiere también por la omisión de los «dijo Cipión. «for this effect “defective " comes hy cause» [«para este efecto lo “defectuoso” viene con causa»] (Shakespeare. un intercambio oral que es. Se trataría así de un soliloquio íntimo en forma de un pre­ tendido diálogo o. de hecho. sino. resulta así auténticamente original. una muy imaginativa aplica­ ción del aristotelismo a la concepción literaria. sobre toda su desastrada vida. es decir. de una rememora­ ción de «pasados sucesos» y de una meditación sobre ellos y las «presentes desgracias».]. por lo menos. im portante es observarlo. casi por las mismas palabras» (se reconoce la imposibilidad de una reproducción exacta en todos los detalles expresivos). funcional en su existencia y perfectamente ar­ m onizado con su ambiente. de que los interlocutores a veces se percatan con el propósito de evitarla en el futuro (1006). en su movimiento imprevisible. imaginativamente. Por lo tanto. artísticamente premeditada. resulta de inmediato evidente el radical experimento cervantino. a nuestro juicio.. en esa larga noche de convalecencia.

«Género y estructura de El colo­ quio de los perros. los actuales m ucho más que ios del pasado. 147-166. de «las relampagueantes apariciones de las últimas seis figuras». U n comentario crí­ tico. a base. im aginativo exegeta para explicarlo bien. pp. los interesantes de Belic. en espera de un hábil. 261). del «tiem po acelerado de la narración» de «la corriente em ocional que fluye de un episodio en otro». principalmente. pese a que este hecho fundamental siempre se reconoce o intuye de ante­ mano. El Saffar. pp. al frn. a base de la metáfora del "pulpo”. El Coloquio de los perros es. 64 ss. pp. sin embargo. .su propia lógica interna. la metáfora de la de Campuzano. pp. sugerente anticipo de notorios experimentos literarios modernos. véase el libro de Forcione. pp. M olhó. Excelentes observaciones en Casalduero. ex­ plica después que Cervantes «se va acercando al final y lo que quiere es acumular •una serie de figuras que p or su núm ero contrapesen los prim eros episodios» (ibid. en este as­ pecto. C on respecto a todo esto resulta sugestiva también la aguda observación de M urillo sobre la «simple com plexity» [«complejidad sen­ cilla»] del C asam iento-C oloquio («Cervantes’ C oloquio de los perros. C er­ vantes an d the M ystery o f Lawlessness. 119-143. 242 ss. etc. «Remarques». del «deshílanado c o n ­ tar». por la presión del tiem po se acelera. sería la relativa desatención al m ovim iento del pen sam ien to escondido. de los episodios de extensión numérica que responderían a cierta «simetría renacentista» [¡!]. 8 T odos los lectores acusan la gran complejidad de la estructura narrativa. 61-90. además del estudio de Forcione (nota anterior). del «m ovim iento de fuga». o com o se hace una novela». “La vida de perros” es. «La estructura de El coloquio de los p e ­ rros». Rey H azas. de obligada consulta para todo lector se­ rio de esta obra cervantina. sin posibles antecedentes te ó rico s7. y 71). El casamiento engañoso y C oloquio de los perros. pp. Casalduero habla de «la brevedad del tiem po que atosiga a la vez al narrador y al lector». ca­ rente de antecedentes teóricos. que no se han cristali­ zad o en una clara com prensión y que así revelan a las claras su desconcierto. Percibida así la articulación del Coloquio. N u estro propio estudio contiene tan sólo algunas sugerencias esporádicas sobre este aspecto. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d E l coloquio de los perros. pp. Intuiciones buenas de la “estructura” imprevisible del “pensa­ m iento” que. 11-95. todo lo cual surge de «la vida sentimental y psíquica». Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. p. de la estética o lógica ínsita en el problema representado.196).. y. 423-435. (pp. se entienden también las grandes dificultades que siempre se experimentan al tratar d e . Véase. explicarla con claridada. de que la escritura es sólo una representación aproxi­ mada. 176. que nos parece aplicable a todos estos y otros estudios de la estructura na­ rrativa del C asam iento-C oloquio. Y de un m odó parecido habla Belié de la «desproporción entre la materia narrativa y el tiem po del cual dispone el narrador» para relatarla. 7 Sobre la estructura literaria y la concepción filosófica del Casam iento engañoso-Coloquio. pues. que no obstante no evita que la trama se articule «sin orden ni plan». Así. «Enunciación y recepción en El casam iento-Coloquio». «El pacto narrativo: sem iología del receptor inm a­ nente en El coloquio de los perros». P ozu elo Yvancos. a novel-dia­ logue».

entonces. todos los lectores de la obra de Cam puzano.. «¿Por dónde has venido al punto en que ahora te hallas?» (998). si quiere. ser hu­ mano. com o literatura.] está bien compuesto [„. com o lenguaje imaginario y autosuficiente. 1026)1 0 . pero considerado como un perro por su prójimo. en definitiva.Peralta —representante de todos los lectores inteligentes— comprende al acabar la lectura del Coloquio. Berganza tiene grandes incertidumbres acerca de su origen... 10 Mientras C ipión es el «alter ego» de Berganza. . es quien. abrió el licenciado el cartapacio El acabar el Coloquio e..] este coloquio [. sospecham os.]» (997. pero Ci­ pión le aconseja que se limite en este empeño. ¿Por qué «ponerse en disputas». p.]. Recostóse el alférez. esos sueños o disparates.. donde «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca». Tales juicios contradicen las declaraciones explícitas de Cervantes ( Q u ijote. domina desenfrenada la maldad en todas sus formas posibles. se pregunta Berganza. caps. tan sólo puede conjeturar que sus «padres» fueron «obreros». distintamente! Esto es lo que. sin extrañas intervenciones del autor. inextricable de lo ético en Cervantes... com o fin en sí misma [. 47-48. Lo ilustra con ejemplos concretos (999-1000). pues nació en un «matadero». De manera magníficamente suges­ tiva muestra Cervantes la esperanza de todo autor de ser com­ prendido por el lector. a una in­ com pren sión de lo estético. según recuerda muy bien. com o sería inextricable el aire del oxígeno. entre otros) y se deben siempre.. pues.1licenciado y el despertar el alférez fue todo a un tiempo. En este siniestro lugar. 546). pues de otro modo 9 Subercaseaux representa gran parte de la crítica actual con este comentario: «La literatura se im pone.. i. instigado por el inquisitivo Cipión. que no tie­ nen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden [. pero sabiendo que éste. no hay razón alguna para re­ lacionar del m ism o m odo a Cam puzano con Peralta: Éste. considerando ya innecesario argüir acerca de los perros hablantes9. es sólo un lector. según se ha dicho ya. «si hablaron los perros o no»? ¡Hablaron! ¡Muy de veras.] una visión en que el sentido estético cir­ cunvale al sentido ético de la obra» («Conciencia estética en una obra de Cervan­ tes».pero el valor metafórico parece desvanecerse por completo al re­ velarse tan literalmente aplicable a la realidad del alférez. y el licenciado dijo: [. debe llegar a sus propias conclusiones respecto a lo leído: «yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee. y co­ brando en momentos él mismo una mala naturaleza perruna. con sus propios criterios y gustos.

Si «el hacer mal [le] viene de natural cosecha» al hombre. como preparación esencial para todas las relaciones con el prójimo. con profunda reverencia. acaba «burlado»: «Andad. Antes de hacer esta observación. aunque en otras palabras. que no se fie de anima­ les» (999). «Como el hacer mal viene de natural cosecha. como en varias otras ocasiones. hacia quien Berganza se siente atraído de modo irresistible. porque el hipócrita sabe que es «prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto».«no llegarás a la mitad de tu historia» (999). Gavilán [. a su parecer. con imagen estremecedora: «el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros pri­ meros padres y lo mamamos en la leche. como autor del Coloquio . Vese claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse en quien. observa Cipión (999). y esta creencia se acentúa también en otra ocasión. la hermosura reflejaría una íntima bondad—. La engañosa «moza hermosa en extremo» representa el menosprecio malévolo por aquel que. según se ha visto arriba. El que lo ha dicho. fácilmente se aprende el hacerlo». «a arremeter a los toros y hacerles presa de las orejas». En el "matadero” —claro símbolo microcósmico— le enseñaron a Ber­ ganza. muy temprano. y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre». tam­ bién hay en él una inclinación natural al bien. es Ci­ pión. sino de un "ol­ vido” premeditado de Campuzano. por conveniencia novelística. su personalidad desdoblada. para la vida. Consecuentemente. en los dos perros.] y decid a Nicolás el Romo. comprende una de las más alarmantes verdades de la vida: a menudo el mal se dis­ fraza de bien. pero no se trata de un error de Cervantes. En el “matadero” se presupone como na­ tural la maldad en el prójimo: «Los dueños se encomiendan a esta buena gente»— el sarcasmo de Berganza es igual al de Cipión— «no para que no les hurten (que esto es imposible). como advierte con sarcasmo Cipión (1000).. Berganza ad­ vierte: «vuelvo a decir lo que otra vez he dicho» (1004). Cipión ya sabe cuán larga es esta “historia”. le ofende. ya en su niñez Berganza deriva la . según se pone de re­ lieve en el incidente con la «moza hermosa en extremo» —de acuerdo con los postulados neoplatónicos. claro está. descuidado de esa realidad. para poner de relieve sutilmente.. Al descubrir debajo de esta bella apariencia tan repulsiva fealdad. como el mismo Berganza. vuestro amo. sino para que se moderen [en los hurtos]» (999).

pero sin percibir el fundamental cinism o del acto. son castigados con una «lluvia de palos» (1002). raíz y madre de todos los vicios. Sin embargo. incluso. en nuestro juicio. sobre los perros. a las deshonestas que piensan darle. Es preci­ samente con la intención de que sus crímenes tengan tales desen­ laces por lo que los pastores admiten a su servicio a Berganzáj después de averiguar que es «perro de casta»: Como tal. aunque con notables. «Una frase m isteriosa en el C oloquio de los perros». a la jineta. que es obra donde se encierra una virtud grande. descubriendo que «los pastores eran los lobos y que despedazaban el ganado los mismos que lo habían de guardar». El amo. Pronto se desengaña. 79-82. 19-24.. como.desconsoladora lección de que la inclinación al bien debiera siem­ pre condicionarse por una actitud cínicamente precavida frente a todo el mundo. En esta situación tan perversamente cínica se perfilan todos los elementos de una ingeniosa alegoría satírica de la situación política y económica nacional. Barcino. claro está. Pese a esta temprana comprensión desengañada. cabría sobreentenderse. pp. Berganza se escapa del «matadero» y se junta con unos pastores. in­ dependientem ente de la interpretación particular de esa costumbre. En efecto. ocurre: «apenas me habían dicho los pastores: A l lobo. desempeña sus deberes con genuino idealismo: «pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado. quien aparece «sobre una yegua rucia. que. progre­ sivos cambios. la culpa del estrago recae siempre.. con lanza y adarga. a la parte que me señalaban [. y que la ocio­ sidad. sería de seguro siempre obediente del modo más «solícito y diligente» ( 1000 ) a cualquier orden. Supervía. «Sobre lo que hizo el pastor a Berganza». confiado en poder ganarse la vida con el trabajo honesto y puntual: «me hallaba bien con el oficio de guardar ganado por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo. ante todo. como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden» (1000). cuando acudía. la fe ingenua de Berganza en la condición humana persiste en afir­ marse en las experiencias sucesivas.]» (1002)n. que «por pere­ zosos». que más parecía atajador de la costa que señor de 11 Se han escrito ya varios artículos sobre esta costumbre de escupir en la boca del perro: Abrams. . primero que otros perros. de hecho. Víctima inocente del engaño y del castigo —casi le cuesta la vida—. no tenía que ver conmigo» (1002). pp.

hallábame mudo» ( 1002 ). H ay algunas observaciones interesantes en este estudio. inevitablemente. pues. en gran medida.).ganado». a la terri­ ble crisis política y económica del país. Q uerillacq. y quien. observa des­ consolado Cipión. al desengañarse. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». pero sugiriendo: «quédese aquí esto. que no quiero que parezcamos predicadores. en definitiva. pero las frecuentes reclamaciones de novedad. la historia del reinado de Felipe III. ya antes. Forcione. a su cuidado: «No hay mayor ni más sutil ladrón que el doméstico» (1002). totalmente inconsciente de los muchos enemigos internos que le están deso­ llando vorazmente eí país. etc. . resultan impropias en vista del flagrante descuido o desconocim iento de estudios fundamentales anteriores (El Saffar. M árquez-Villanueva. Berganza es el ciudadano honrado. pp. con toda la claridad de­ seable. a la enorme miseria de todo el pueblo y. sobre él se descargan las consecuencias más graves de la corrup­ ción de todos esos codiciosos “guardianes” del tesoro nacional. y quien hace sólo ocasionales actos de presencia en el «hato» ( 1000). en repetidas ocasiones. quienes con su inescrupuloso y despiadado parasitismo contribuyeron. Y el pueblo común es el “castigado”. y otros cortesanos. con penosa ironía. Cipión y Berganza expresan la de­ terminación de no convertirse en meros murmuradores con sus críticas. que piensa que todos pueden y deben ganarse la vida con su propio «sudor y trabajo». encargado. a la vez. pp. cínica desconfianza en las relaciones sociales humanas 12. En efecto. hace pensar. el du­ que de Lerma. de su favorito. que los centinelas duermen.. «Es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo sí no se fía y se confía». que la confianza roba y el que os guarda os mata?» ( 1002 ). a la total. inten­ tando defenderse de sus enemigos externos y. «Remarques». Pasa adelante» (1002). 91-137. en el monarca. etc. sobre todo. con el evidente propósito de aclarar al lector que ellos no tienen deseo de «herir» ni «rùatar» a ningún individuo en particu­ 12 Véase también M olho. impotente frente a tan perversa deshonestidad: «quisiera yo descubrirlo. después de oír la experiencia de Berganza con “los pastores”. ¿A quién “descubrirlo”. 24-27. originalidad. cuando todos “los pastores” son cómplices en el cínico engaño? «¡Válgame Dios! —decía yo entre mí— ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar entender que la defensa ofende. se siente por completo frus­ trado. Cuán penosamente pertinentes eran estas preguntas desesperadas lo muestra. honesto e ingenuo.

A todos resulta evidente la parodia de la literatura pastoril. hace «difícil cosa el no escribir sátiras» ( 1000 ). cíni­ cos y voraces “lobos”. Obsérvese también la. Sin embargo. Tal interpreta­ ción es coherente con las consideraciones anteriores sobre los “pastores -lobos” y hace apreciar mejor la sutil complejidad de la visión satírica cervantina. disfrazados de “pastores”. y con la misma mansedumbre volvía a hacer halagos al que me apaleaba [. ¡muchas sátiras! A la vez que se pretende la preocupación con un posible “exceso” de críticas. pero tiempo vendrá en que lo diga todo con me­ jores razones y con mejor discurso que ahora» ( 1001 ). siempre f3 Analizam os este problema en nuestro estudio sobre La gitanilla. . posiblemente. servía bien. deshonestos. de interés secundario: «de manera se me iba calentando la boca. implícito. moviendo la cola. he­ cho universal centinela de la mía y de las casas ajenas». además del contraste explícito entre la fic­ ción pastoril y los pastores rústicos. me iba a él.]. en esas vir­ tuosas nobles.].... que éste sería de todos modos. De esta manera. ex­ presada por Berganza e identificable con la visión estética del pro­ pio Cervantes respecto a las idealizaciones de «todos aquellos li­ bros» que «son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. reales. pese a todas sus finuras externas. queríanme luego bien y nadie me despidió» (1003). se implica. y los cortesanos que supuestamente sirven a aquéllos de modelo. que no parara hasta pintarte un libro en­ tero de éstos [. espirituales mutuas relaciones. en este momento.. el cual. Berganza narra cómo iba en busca de nuevos amos: «Cuando venía el señor. sufría­ los..lar. se ma­ nifiesta a menudo cierta perplejidad acerca de la función precisa de esta parodia literaria en el contexto de esta novela. a dos porfías. astutamente. comprensible.. y con la lengua le limpiaba los zapatos. bajaba la cabeza y. entre esos pastores idealizados. sin embargo. hay otro. es tan omnipre­ sente en la sociedad que. sino «señalar» el vicio.]. Uno de los propósitos importantes. En el servicio se excedía en sus deberes: «no dormía de noche [. es­ pecífica advertencia de que la crítica del aspecto meramente litera­ rio es. se revela teniéndose bien en cuenta que tras los pastores literarios solía disfrazarse la sociedad cortesana contemporánea. que suelen entretenerse en «aque­ llos tan honestos cuanto bien declarados requiebros». Si me echaba a palos. Así. y no verdad alguna» (1001)13. y que en la realidad cotidiana son. me quedaba en casa.

aun en el mo­ mento de evocar esas experiencias.. en suma. Consciente de las graves consecuencias que sufriría por ello. entre otras. pese a su pobreza y humildad. pero «sin ladrar. determinó. Corolario natural. pues «los señores de la tierra [sus amos] para recibir un criado. «por los mejores medios que pudiese». examinan la habilidad. estorbar [. inevitable de la zala­ mería hipócrita es la deshonestidad en otras formas. con las sobras de la cocina» (1003).. latrocinio y deshonestidad» de los criados.. cap. consideran sólo los atributos externos y no «la limpieza de corazón». atributos gratos a Dios. de que —nótese— «me aprovechaba» (1003). «como buen criado. con que él hubiera querido servirles.. Berganza diserta sobre la conducta decorosa y sobre la virtud de la «humil­ dad». Berganza se dejó sobornar también por una criada. arremetiendo a la criada. Berganza..]». 7 [«El perro se gana nuestro favor jugando con nuestra propensión a dominar»]. primero le espulgan el linaje. The Theory o f the Leisure Class. Berganza es consciente de su humillante conducta zala­ mera para con sus vanidosos amos y siente una íntima vergüenza por causa de ello. Como si de repente se percatase de la emboscada en que cayó por un momen­ táneo descuido.. quiso «responder a lo que a [su] amo debía. «llevado de [su] buen natural». ¿Decoro? ¿Humildad? Sin darse cuenta de ello. el más humilde de mejor linaje» (1002). en la casa del mercader rico. . porque no se alborotasen los de casa» (1007-8). Sabe muy bien que se com­ portó de tal modo sólo por «la ración de pan y los huesos que se levantasen y arrojasen de su mesa [del amo].. pues tiraba sus gajes y co­ mía su pan». cuando aquel asno [. Por esta razón.festejando a su amo: «dando infinitos saltos cuando [lo] veía» (1003).. acordán­ dose de la fábula de Esopo. Berganza fue “querido” de sus amos sólo porque. de hecho.]. le marcan la apostura [. los ves­ tidos que tiene». por completo irrelevante para esos fines. sabía gratificar cier­ tos complejos psicológicos de aquéllos: «The dog [.] commends himself to our favor by affording play to our propensity for mas­ tery» 14. para mante­ nerse en su servicio. poco antes reveló que su humildad personal había sido. ya salido de su «primer ignorancia» ( 1001 ). intere­ sada en «hacerle callar». que se revela precisamente en sus intentos de negarse la verdad con todas esas racionalizaciones. para quien «el más pobre [servidor] es más rico. pero «sin osar» jamás «llegarle con las manos.] la insolen­ cia. No para que su 14 Veblen.

«industria». Típica crítica propagandista. «la prudencia. base sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza» (1004-5). para la tesis que mantiene (M olho. “con lupa”. independientem ente de su categoría social. al proponer sus propias interpretaciones.]. La declaración hiperbólica en un texto cervantino siempre invita al escepticismo... ¡in toto!. patente en todas sus obras: su escrupulosa distin­ ción del hom bre bueno del malo. com o sería imprescindible. finalmente. la humildad profunda. también declara que ahora ya no estaría dispuesto a «hacer finezas detrás de una estera. que forjaron la personalidad presente. en el momento mismo en que recuerda este extraordinario triunfo de su virtud. al m enos tácitam ente. Jarocka condena la crí­ tica anterior sin conocerla. sólo porque su «buen na­ tural» lo impelía a recobrar la honestidad 15.) «Desprecia cuanto ignora». de la «honestidad». que se desentiende de una ver­ dad que honra más a Cervantes. en nuestro jui­ cio. condena de continuo a la «deplorable crítica tradicional».. de todo el contexto en 15 Según Hart.. considera el ataque de Berganza contra la criada com o una alevosa traición de clase {El coloquio de los perros a una nu eva luz. eco­ nómica. y. O sterc. com o arcaica. El Saffar. no los hay tan prudentes en todo él [. adalidades del camino del cielo [. Las alabanzas que Berganza y Cipión hacen de «aquellos ben­ ditos padres y maestros» de la Compañía de Jesús son llamati­ vamente hiperbólicas: «repúblicos del mundo. de barricada. ¿Mero sarcasmo respecto al reconocimiento sólo de la virtud ostentada superficial­ mente? ¿Intención cínica de no “gastar” esfuerzos en “finezas” no “vistas” en el futuro? Cervantes nos deja en la incertidumbre. Típicamente. . «solicitud».]. sino sólo porque «las dádivas» le pesaban a Berganza en «la conciencia». condenaban. etc. los estudiosos dedicados a la polém ica intelectual abierta. el incidente sería bastante banal. com o diría M achado. pin­ tándoles «la fealdad y horror de los vicios» y dibujándoles «la hermosura de las virtudes». p. irrelevante. Jarocka. Sin embargo. 95). con lo cual. en­ señaban» a sus alumnos con «amor». L. quien atribuye a Cervantes una mentalidad proletaria marxista.amo lo supiese y lo premiase. Berganza mordería a la criada por mero «resentm ent a t his loss o f freedom » («Cervantes’ Sententious D ogs». M árquez-Villanueva. precisamente la clase de crítica lite­ raria que todavía practican Jarocka y O sterc. Jarocka. donde de nadie soy visto que pueda alabar mi honrosa determinación» (1007).. 381). pues su intención es mostrarnos precisamente una mentalidad llena de ambigüedades y contradicciones todavía en el momento de evocar todas las experiencias pasadas. p.. ¡Irónico! H ace ya muchas décadas. a una reconsideración atenta. ¡en los m ism os países com unistas!. supuestamente ya supe­ radas. declaradamente inspirada en su maestro.

es previsible en esos padres. que les llevábanlos libros y aquél que llaman vademecum. Todo es así como lo dices.. Ostentosa procesión de príncipes paganos para la admi­ ración idólatra del populacho. Berganza [.]» (1005). ¿qué dis­ culpa en absoluto hay para esos «benditos padres» jesuítas. en sillas si había sol. estridentes discrepancias: «estudiaban [los dos.. «Remarques». sus alumnos. maestros y «espejos» de todas las virtudes cristianas. Cipión culpa a los padres. quienes tratan a sus hijos «como si fuesen hijos de algún príncipe. base sobre quien se le­ vanta todo el edificio dé la bienaventuranza» (1005). típi­ cos “nouveaux riches”. 31. en coche si llovía. maes­ tros y «espejos». cumplida mecá­ nicamente y abadonada cuanto antes.. De todos modos..] ordenaron a mis amos 16 M olho. si la ostentación de riqueza y poder.que se produceI6. claro está. en definitiva. Además de esta sugerencia inicial de un contrasentido irónico. como. El verlos ir con tanto aparato.. . “ambición” con “perjuicio de tercero” y.. hijos del mercader] gramática en el estudio de la Compañía de Jesús. se nos sugiere es­ pecíficamente: «la ambición y la riqueza mueren por manifes­ tarse».]. y algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya» (1004). y los productos inmediatos de su educación. moralmente. en efecto.. Cipión» (1005). p. se anula irónica. iban con autoridad. La supuesta distinción. según lo sugiere la brusque­ dad impaciente que Berganza demuestra hacia ella: «Y siguiendo mi historia [. Las aprobaciones con que Berganza y Cipión se regalan por esas alabanzas de la Compañía de Jesús: «Muy bien dices. de esas «tiernas varas» para que éstas no «toma­ sen mal siniestro en el camino de la virtud»? (1005). sin cultura refinada ni sólida educación cristiana —lo prueba precisamente su “ostentación”—. sobre todo de «la humildad profunda. “con daño” de toda la sociedad. entre esos «benditos padres».]» (1003-4).. dejan la clara impresión de una obligación ritual. por la condena que la precede. con ayo y con pajes. El “aparato” con que esos “niños” van ¡a educarse! con los jesuítas constituye una grotesca perversión de las más fundamentales virtudes cristia­ nas. según esas alabanzas. ¡«tanto»!. —me hizo considerar [. Se destaca el hecho significativo de que los maestros jesuítas tienen la autori­ dad para exigir o sugerir a los padres cambios en la conducta de sus hijos: «aquellos señores maestros [. hay fla­ grantes.

que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con otras razones muchas» (1005).. necesario alivio entre las monótonas rutinas de clase....] partía [las nueces] como mona [. . ¡¿única guía y espe­ ranza lum inosa del hombre?! Repetim os. Sutiles. Por encima del relativo valor de los argumentos históricos de una u otra tesis. Ahora bien. sino en holgarse» con el perro. interior del individuo? La Com pañía de Jesús. de una erudición secamente libresca.. en efecto. 18 Véase también: El Saffar. Se tiene la sensación de una agradable. 45-51.] la virtud y el gusto». hay posibles implicaciones críticas también al fracaso del sistema educativo mismo. pp. Sin embargo. Dieron en darme de comer [. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d Coloquio de los perros. «or­ denaron que se interrumpiesen de inmediato estas diversiones» (1005). éstas se describen con patente exaltación: «los estudiantes me metían la mano en la boca y los más chiquillos su­ bían sobre mí. y. sugestiva pará­ frasis del ideal clásico: «mens sana in corpore sano» 1 S ... p. ¡¿único ente intachable entre la universal ruindad humana?!. 50. inequívoca. pp. inocente diversión. arrojaban los bonetes o sombreros. E l pensam iento de Cervantes.: «co­ rrían parejas [... negativos.. ¿no resulta quizás m uy atípico del pensam iento de Cervantes colocar tanta confianza en cualquier institución hu­ mana para la reforma existencial.]».. Cervantes: E l casamiento engañoso a n d E l colo­ quio de los perros. Esta «glo­ ria» y «quietud» viene a quitárselas a Berganza y a los alumnos «una señora» que «llaman por ahí razón de estado.]» (1005). atrevidas referencias críticas que quizás se comple­ mentan con una ejemplificación implícita de los efectos contra­ producentes. Se transluce claramente la indulgencia de esos «ben­ ditos padres» con la “frivolidad” de algunos de sus clientes ricos17. sana actividad física. y Forcione. gustaban de ver que [. obedecieron [. 146-153. y yo sé los vol­ vía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo. Al notar «aquellos señores maestros» que «la media hora que hay de lección a lección la ocupaban los estudian­ tes no en repasar las lecciones. com o Castro. de un breve. del dicho al hecho hay gran trecho» (1004). El Saffar. precisamente de tales proposiciones se nutre la más aguda ironía cervantina. 31-41. H ay otros críticos que consideran sinceros y entu­ siasmados los elogios cervantinos de la Com pañía de Jesús. incluso algunos'de los más destacados..[de Berganza] que no me llevasen más al estudio. C ervan­ tes an d the M ystery o f Lawlessness. La ostentación soberbia del “aparato” de esos niños sim­ boliza una escandalosa contradicción entre la doctrina y la prác­ tica: «Una cosa es alabar la disciplina y otra el darse con ella. ruti­ 17 Ibid. de una alegre.]. pp..

¿no parece quizás muy verosímil semejante “olvido” en una narración tan larga y variada como la de Berganza? Sugesti­ vamente. y así. y parece que nos lei­ mos los pensamientos» (1003). Durante la narración de las experiencias de Berganza en la casa del mercader rico y con los jesuítas. Ahora bien. «Remarques». 259. p.]» (1004). por designio de Campuzano. Cipión: «De la misma manera que has contado entraba yo con los amos que tuve. “tras­ trocándose” los papeles. Berganza no mencionó a este perso­ naje antes.. procede di­ rectamente de una referencia a «algunos latines» que Berganza re­ cuerda de sus «estudios» con los jesuítas (1006)I9..] es que hay algunos que no les excusa el ser latinos de ser asnos». y ya en Sevilla andaba sin ellas» (1008). Acaba un maldiciente murmurador [. lo cual se ha atribuido a un error de Cervantes. p. 47. N o obstante estas y otras posibilidades. Cipión. pp.. 19 20 . II. «La estructura de El coloquio de los p erros ». Esta conclusión.]. Belie. que yo no murmuro de nadie». precedida de anécdotas ilustrativas. inicialmente.. poco después éste recuerda de repente otro olvido: «háseme olvidado decirte que las carlancas con puntas de acero [. callo» (1002). a una sutil sátira del “estado”.. ante todo. pp. Cipión amigo». M olho. 36-7. Cipión: «Sí. Cipión: «Así me lo parece a mí. más o menos sutiles. que era grande amigo de mi amo. se intensifican. Se confirma de nuevo que «se le­ yeron los pensamientos» en todo. Ber­ ganza: «Ahora acabo de confirmar [. a una preocupación primordial con cierta continuidad de elementos novelísticos20. irrelevante para la realidad humana a que debiera.. por miedo a la venganza de la criada* Berganza se encuentra con un alguacil. Rodríguez-M arín. que no afecta en absoluto el curso de la historia ni la verdad poética de la situa­ M olho. Escapándose de la casa del mercader. de la misma personalidad desdoblada en los dos perros. las insinuacio­ nes.. «Remarques».naria. aplicarse: «podemos inferir que tanto peca el que dice latines de­ lante de quien los ignora como el que los dice ignorándolos [.] me las quitó un gitano en una venta.. Las N ovelas ejemplares. Algunas son muy evidentes: Berganza: «Todo esto es predicar. acaba siendo el censurado. 22-3. Nicolás el Romo» (1008). ¿Por qué razón es necesario saber este detalle. Respectivamente. cuyos pensamientos reflejan. el supuesto crítico juicioso de la murmuración. «que dije al principio de mi historia.

para poder justificar su resonante fracaso en la vida. por lo que también Berganza se refiere a su «buena suerte». un olvido en ingrediente funcio­ nal que. Berganza se queja de la «rueda variable de la fortuna». como con las “correc­ ciones” en la IIa Parte del Quijote. Muchos «maldicen la For­ tuna sólo porque piense el que los oye que de alta. En el Coloquio. intrínsecos de un relato tan extenso. so­ bre tantos y tan variados temas. Berganza ha evocado—¿por una momentánea pre­ sunción.]» ( 1010). De ser esto así. escri­ bió. escuchó y notó y. esto sí.. el dinero encontrado en Sierra Morena. La “naturali­ dad” de esta conversación se pondría de relieve de este y otros modos también por el hecho importante de que Campuzano ase­ guró que él sencillamente oyó..]». por ejem­ plo. que por su omnipresencia y terrible poder en las relaciones humanas adquiere. burlón: «como si hubiera mucha diferencia de ser mozo de un jilfero. Rodrigo: «Ayer era rey de España.ción referida? Quizás Cervantes quiso prevenirse de esa clase de crítica que se le hizo por los olvidos en la Ia Parte del Quijote (el rucio robado de Sancho. convertiría de nuevo.. los “recuerdos” repentinos de los “olvi­ dos”. Cipión lo re­ prende. a menudo atribuible sólo a su insustancialidad e incapa­ cidad personales. Cipión también observa. se nos sugerirían como percances natura­ les.. etc. a menudo espontáneo. casi siempre tan sólo la maldad. además. que. una vez. «ayer me vi estudiante y hoy me ves corchete». falta de reflexión o travesura paródica?— el notorio la­ mento de D. acrecienta notoriamente el interés literario. estoico: «Así va el mundo» (1008). / H oy no lo soy de una villa / [.. a serlo de un corchete». Pensando en los trastornos sufridos inmerecida­ mente por Berganza. intimando que la “fortuna" a la que todos culpan es. Es en este sentido. pues. la distinta ominosa fisonomía de una trágica fatalidad. de menti­ rosas y ridiculas pretensiones —«la mayor [fortuna] que tuvieron fue tener esperanzas de llegar a ser escuderos» (1008)— quejosos de la “adversa fortuna”. personajes y sucesos. . próspera y buena ventura han venido a la desdichada y baja en que los mi­ ran» (1008). los “olvidos”. finalmente. henchido de ironía estoica. Cipión piensa en los muchos “godos” contemporáneos.] / Ayer tenía criados y gente que me servía [. «quiso» que él hallara en su camino una compañía de Solda­ dos-rufianes ( 1012).. como también la incertidumbre respecto al pasado: «Si mal no recuerdo [. casi «sin faltar palabra» lo que dijeron los perros (996).). en realidad.

«El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». pero nada hace respecto al alguacil. como se ejem­ plifica con la intervención del “teniente”. Berganza se demuestra todavía muy ingenuo al creer que el aguacil.Pese a los ya muchos desengaños y a haber ya «salido» de su «primer ignorancia». in­ sistía al alguacil que mirase los vestidos de la Colindres [.. auténticas farsas con que pervierten la. Sin embargo. El escribano. por la multa que puede imponerle: «pagó otro tanto [como el bretón]». con el mismo embuste del soplo» (1010). Para realizar esto traman toda clase de trampas.. lo quiere para un trabajo honesto. Tras la co­ micidad superficial de la ridicula presunción de honradez e ino21 Q uerillacq. que es la mentira. por lo callado... por represen­ tar siempre al mundo la mentira como verdad y la hipocresía como sinceridad. a la huéspeda y a la Colindres. La mutua y tan justificada sospecha de deshonestidad los obliga a to­ dos a una continua. Como en los casos anteriores. pronto sale «libre por la puerta afuera». por acabar «enfadado de su mucho hablar y presumir de ejecutoria» (1010). La Colindres. y «el mismo día pesca a un marinero [. es su único castigo. Todo indica la indiferencia o hasta la colusión del “teniente” en las fechorías del aguacil21. y. sobre todo. Sin embargo. «red y anzuelo» del alguacil para «pescar en seco» a las vícti­ mas. pues las altas autoridades de la justicia se desen­ tienden de las transgresiones de sus subordinados. ¡amigo del criminal Romo!.. de cuya desapari­ ción se culpan mutuamente: «Los corchetes porfiaban que ellos no habían visto los follados [.]. corruptos «funcionarios de la justicia». gritos y juramentos» (1010). como se ilustra en el episodio del dinero del bretón. 98. pronto se re­ vela la fea verdad: El alguacil y todos sus subordinados son des­ honestos. quien manda encarcelar al bretón.. fingiendo identidades morales por completo opuestas a las suyas propias.. quienes hasta colaboran con maleantes profesionales para desollar a la gente. es inevitable que ellos mismos acaben contem­ plándose mutuamente en su única verdad. Ella decía [. justicia. sólo secundariamente. contra quien tantas acusaciones acaba de oír.].]. Sólo con esta posibilidad se revela el sarcasmo de la caracterización del “teniente” por Berganza como «demasiadamente severo» (1010). p. todo era confusión. ..]. A la “huéspeda” la encarcelaría. asidua vigilancia: irónicamente apropiado cas­ tigo para estos pervertidos "vigilantes” de la ley.

Tampoco el ataque de Berganza contra el alguacil. pero a continuación menciona una serie de fechorías cometidas por aquéllos. «ni todos». como es bien sabido23..]. en nuestro libro E l teatro de Cervantes. volteando y revolviendo el caballo» en «caracoles y rodeos» por la plaza.. un nuevo Santiago. gallardo vencedor del Endriago. noble. según se ha visto. afirma que hay «muchos [.. ¡un nuevo San Jorge. «Entendióse la malicia [del “asistente”]» (1012)22.. sin discrepar en nada» (1012).. Pertenece a la más notable iconografía satírica cervantina el “re­ trato ecuestre” del aguacil malvado. 23 H em os explicado esta “técnica” de los Entrem eses cervantinos. y con tal insistencia en que «no todos». «por cum­ plir lo que el señor asistente me mandaba.cencía de la huéspeda.. puede considerarse como un intento de la alta autoridad de castigar al corrupto funcionario. «más hueco y pomposo que aldeano vestido de fiesta» en el caballo robado.. cobarde. p. noble protector de los desamparados. naturalmente. Cipión.]. montado. 42) considera al “asistente” com o un o de los dos «hom m es de bien » que Berganza encuentra en sus andanzas. intré­ pido defensor y salvador de la patria! Técnica fundamental de las concepciones satíricas cervantinas es el contraste entre lo ideal o lo normal implícito y su burda. también conoce bien a alguaciles y escribanos. an­ dando triunfalmente «por las calles del pueblo [. por el mero hecho de poseer supuestamente su marido una «carta de ejecutoria [. y celebrado como u