Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

m

m
siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

AC
,4 C M C

A C IH ACIP
AN

BAAL BACL
BBM P BHi BHS

BRAE CA
CC

CER CHA CL
CSIC

EMP
H

HC
HMP

HR LIOTNE

LNL

Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

México. Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat. Chapel Hill. En las notas y a veces en el texto ofrecemos. Madrid. Por razones editoriales. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. Modern Language Review. 1965. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. Revista de Filología Española. 103). Roma. cap. Studies in Philology. Aguilar. Modern Philology. Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. la página. Chapel Hill. Rivista d 1 Italia. University of N orth Carolina. Revista Hispánica Moderna. entre corchetes. 19). Cambridge. Baltimore. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. . pero no figuran en la «Bibliografía selecta». Madrid. Chicago.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. Nueva Revista de Filología Hispánica. N o se traducen algunas frases. En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. algunas traducciones están abreviadas. 1300) o la Parte y la página: (i. Nueva York. incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. Romance Notes. en paréntesis. traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. Cuando es necesario.

en realidad. En­ tre estos hechos quizás no haya.1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes.IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. Y. «Advertencias». de modo cru­ cial. fas­ cinante. en efecto. leída por el bachiller Peralta. ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación. contradicción. etc. Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema. persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria. antes y después de la lectura. y que su forma literaria. sin elementos sueltos.. de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. la irreductible expe­ riencia personal. ía sensibilidad subjetiva del autor. Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770). es siempre un palpitante. 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. . etc. escrita. en un solo texto.quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos». Sin ciertas modificaciones textuales resulta. Al componer sus Novelas ejemplares. las circunstancias materiales y psíquicas. fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. íntegro texto en sí mismo. inextricablemente. sin embargo. eri que se incluyen. Cervantes afirm a— . colgantes. imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. independientes. se enmarca en la conversación de éste con aquél. «Dedicatorias». pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir.

duchos en apreciar y comentar lo oído o leído. lo que se convierte así. se narró u oyó y se escribió el cuento. con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. 88. en que se gestó. al menos en parte. objeto de una intensa dramatización. como en tantos otros aspectos de la creación artística. 150. etcétera. objeciones. ambientales. sobre sus narradores y "cronistas”.2 4 . presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. . la multiplicidad. 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio. en reali­ dad. Chaucer. D . sociales. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector. las coincidencias de la vida diaria. si­ multáneamente. En éste. entre innu­ merables otros cuentistas. 2 0 . por tan categórica y arbitraria. considerablemente diferente de la escrita. Resulta así implícita. 5. en que. 26-27). convertidas en el tema mismo de la obra. sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2. es decir. psicológicas. claro está. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. de modo muy im portante. indefinible de todo texto literario y. sobre los impulsos ínti­ mos. y. otras. pp. en otra obra. sobre sus oyentes y lectores. inexorable­ mente. resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. a la vez. entre otras cosas. 3 M uy cuestionable.con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. con sus aprobaciones.194. 14. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello. en su propia obra. Juan Manuel. Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. con ello. perplejidades. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. en la creación del texto.. etc. 57. una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3. a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. pp.

no lo haría con el propósito de “abultar” su libro. dimensiones. «si la vida no me deja». Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. establecer con precisión. o la utilización comprobada de cierta obra literaria. al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. como revelación de la literatura actual4. a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”. claro está. etc.. entre otros. Sánchez. 5 Sobejano. por ejemplo. De todos modos. las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. por ejemplo. aparejadas para la imprenta y. por desgracia. claves narrativas en el contexto literario cervantino». que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . . como en las restantes novelas de la co­ lección. Madrid. libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward. pero en éstas. 1968. C C . Además de la fecha de pu­ blicación. p. que es un genuino «mar de historias». Según todas las evidencias. las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6. 2 vols.. todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación.. Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido. efectivamente publicado en 1616. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes. para así impresionar aún más al lector. como. técnicas. como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. muy variadas en temas. la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles. Sin 4 És significativo que. a diferencia de tales opiniones críticas. si así lo pidiese la oca­ sión. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. 10). para “abultar” libros. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración.experimental literaria del genial escritor—. esti­ los. «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». imposible. Rebate bien esta tesis. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7. en varios estados de composición o ya acabadas. Por lo tanto. según lo demuestran. ya desde la Galatea (1585).

{Esencialmente!.) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9. la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. Las dos doncellas. rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas.]. etc. Desde nuestra propia perspectiva. the inner content re­ m ains the same. La vulnerabilidad de esta tesis. en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot.) un alejam iento de la realidad coti­ diana». diríamos que en las obras cervantinas. 778).) apartamiento de la lucha y la desesperación (. la cronología de las obras de Cervantes. La española inglesa. se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n. pp.] Sin embargo. el contenido íntim o es el m ism o. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels».. en su con­ junto. es la misma. como en toda persona inteligente. estudiamos esa intensificación del desengaño. Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece. Estos.. a menudo. [«(. 135). penosas experiencias personales. íntimo y social.. se reflejarían.. con lo que se revelaría. debidos a iluminadoras y. sensi­ tiva. 10 El Saffar. escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes. en que. a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. hasta lo últim o.] 1 1 Sobejano. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”.. por los males. p. «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8. tam­ bién.. entre otras cosas.embargo. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares». pues en luminoso juicio de Américo Castro. . pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». pues es natural que con el tiempo ocurran... por ejemplo. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama. fiel a ideas de su juventud.. 19 ss. ciertos reajustes. De modo más específico. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [. basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares.. pensante. 16. como La gitanilla. a detachment from everyday reality» 1 0 .. las novelas supuestamente tardías.] movement toward transcendence o f these problems [. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos. comprensi­ blemente. p.

el Pinciano and the N ovelas ejem plares ».] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos». N o v e l to Romance. Así. supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6.] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes). !6 El Saffar. política. específicamente...enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 . 1500)D. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales. tanto en sus obras tempranas como en las tardías. p. rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles. por una parte. de un más candente "realismo” l7.. «La inteligencia... N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares. es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”. Cervantes. «Cervantes. p. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños.» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[. 16. En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [. de cosa 1 2 El Saffar. a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”.. señaladas como tardías en esa te­ sis.].] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ». Lejos de desacreditar «the intelli­ gence. 15 Véase nota 10. «[. 1 3 Pierce dice bien: «[. las Novelas ejemplares. 18). p. por otra parte. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna. la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. 135). Si. ingenuity or understanding».. es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor. P· 14· 17 A tkinson. en suma. económica. podrían serlo de verdad. como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos. . lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u. Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales.. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote. en toda vida. del azar. condenándolo.] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. pero de ningún modo por las razones aducidas15.

notorios acontecimientos y personajes históricos. Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. . también las "verdades” históricas. comenzando por el mapa europeo. sociales. en que se sitúan todas las tramas.] 20 G ullón. moral. todo vigente. peculiares. tradiciones. etc. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. colectivas e individuales. a su vez «se al­ teran. p. Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. no es ya histórico sino novelesco»20. culturales. 404. poéticas. cierta fisonomía histórica. Propalladia ) 18. historizándola». palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. «La historia com o materia novelable». ambientes urbanos y rurales con­ cretos. mediterráneo y de la época contemporánea. sociales. [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. 301).nota y vista en realidad de verdad». Al entrete­ jerse con lo histórico. ante todo. como nos enseñan. so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español. bien documentados. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y. literarios.. costumbres. “verdaderos”. también los «fabulosos inventos» adquie­ ren. "vividas”. Como mateJ ría de arte. pues. en todas sus obras. algunos escritores de “la generación del 98”. abar­ cando perspectivas muy distintas. actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. ubicables todavía. 172-173). de ser contados. pp. actitudes convencionales. econó­ micos. espiri­ tual. 227). como diría Torres Naharro («Proemio». «Proemio»). quehaceres coti­ dianos. a la vez. etc. problemas políticos. lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. estado psicológico. 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel. instituciones. 88-93. entre otros. y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. autobiográ­ ficas. siglos XVI y XVII. Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. son. religiosos. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar.

Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios. la acción. Cervantes. . Sin embargo. que la de los políticos. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. En efecto. social concretos. sobre todo. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. universal. Sorprende que los libros de Forcione. que intuye en la particular de la historia22. «La literatura y Ía historia». el espacio. los personajes. muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana. etc. 404. «La historia com o materia novelable». aunque parece lo contrario. la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”.. entre otros trabajos suyos. todo lo contrario. algunas de éstas. Crucial es. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes. tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color.]. C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. pues. ni en Francia ninguno como Molière [. todavía no se hayan traducido al español.. pues. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas. histórico. revelan. adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare. aparecen. p. y no en la historia. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. con que se logra 2 1 Baroja. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico. N o es. cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». p. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. 2‘ 1 G ullón. por otra. por una parte. C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels. 1100. "político” estudio de Osterc. la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso.cial. transcien­ den lo particular. no la calidad del hilo» 24. es mucho más exacta. A ristotle an d the Persiles.

52. 771). todas sólo parcialmente satisfactorias. p. del lenguaje. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción». 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya. de época. «La estructura de las N o ­ velas ejem plares». N o coincidi­ m os. que «dirigía a Cervan­ tes. que [podrían] [. a nuestro juicio. Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. esencial­ mente.. Q ue sepamos. «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas. pues. a su vez. de la estructura y mo­ dalidad narrativa. JPor ahora. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. que. en la «idea» propuesta por Casalduero. m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res. aunque es cierto que Cervantes recondicionaría.. pese a todos los retoques. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. Algunas consideraciones interesantes. sin embargo.una coherencia interna. . 770)28. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». un detenido. de la caracterización. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. que. pero m uy cuestionables. artística25. Sobre el problema de la verosim ilitud. novedosas. etc.. Ardua tarea investigadora. observe­ mos que. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Éste responde. cuando ordenó las narraciones». que intentamos explicar más adelante. con toda probabilidad. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. esperanzadoramente. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. literario de los textos en cues­ tión . independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas. el estudio citado en la nota anterior. doce cuentos... particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22).]. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos. el estilo lingüístico. la verosimilitud literaria o el "realismo”. en D ie z Taboada.] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido. 2 < . se revelarían de un m odo u otro. dignas de salir al mundo: «Libro bueno [. de interés actual. lo que para Cervantes constituye. 27 Casalduero.

más bien que por ser una narración intercalada en otra. por ejemplo. La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r. año de la publicación de sus Novelas ejemplares. y que él asociaría. 935. cual más cual menos extensa y fiel. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn. 145-167. vol. Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. Twayne. pp. 88. [«. 15-Í6. C ervantes.. Con toda probabilidad. e incluso ha­ cia. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. 33 P or desgracia. De­ jando aparte la cuentística medieval española. imitaciones y elaboraciones. I. N u eva York. en efecto. p. vol. se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. p. Para la cronología de la novela corta española. 396-465.] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. véase Lasperas.. M cGrady. de textos ajenos anteriores29. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. pp. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. . pp. la Diana de Montemayor (1516)3l. Twayne. al menos algunas de ellas. H istoria de la literatura española. Novelas que «son mías propias. 30 Alborg. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). N u eva York. (escrita) con la pluma de un ángel». 32 D . esencialmente. hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —. 1968. aunque a veces muy encantador. no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma». que había leído durante su estancia en Italia. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585). y que. tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. todas las novelas cortas españolas. n o record am os al autor de esta m agnífica observación . Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770). Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. I. de todos modos. habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. Desde este punto de vista de Cervantes.por el vivido recuerdo de los novellieri. creador de la novela corta española. M ateo A lem án. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento. «Las N ovelas ejemplares». 1973). son. con el género de la famosa novella.

para averiguar la lealtad de su esposa. hurtadas o no. frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. creemos. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal. Baños de Argel). burdas nociones sobre ía condición humana. psicológicas. G radan D antisco. infantilmente sensacionalistas. morales. Y sin dejar esas humillantes. ningún efecto adverso en sus espíritus. 1176). con mucha paz y con­ cordia» 35. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J. pero no com o novelista. como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas. probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria. a tan ingenuas.. y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [. inhu­ manas pruebas. “la bella Aja”. 36 L. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. 61-76. y el enamorado. Madrid.. también para ofrecer una contestación verosímil. T im oneda. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. y su enamorado]. con sobrado gozo». Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones. ¡moderna!. considérese el probable sinsabor de Cervantes. ¡animado por Aja!. pp. ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente. de haberlas Cervantes conocido. «que manifiesten los quilates de su bondad. Fácil es imaginar su reacción. Algunas otras novelas anteriores. 1990. como se demostrará más adelante. «vivieron después de esto marido y mujer largos años. Espasa C alpe. sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. sus tramas ingenuas. como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios. bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». 1942. para saltar en ella». «Patraña se­ gunda». desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. imitadas. . G alateo español.embargo. N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. pp. E l P a tra ñ u elo . traducidas. «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). por ejemplo.]. 122-140. tam­ bién en este caso. M adrid.

categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso. una significativa experiencia existencial. Cervante's creador de la novela. vol. —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos». metafóricamente. “Desatino”. I. «digno de admiración». unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. otros hay que es menester vestirlos de palabras. «desatino». durante «las horas de recreación [.. pues.. pp. para «henchir el tiempo ocioso». en general. según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. 38 G onzález de A m ezúa y M ayo.]. pp. por ser representado con refinada maestría novelística. articulada con “propiedad”. La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770). el afligido espíritu descanse». dan contento. determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción.afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. que. C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . claro está. Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector. 81).. con total y clara conciencia artís­ tica. «digno de ser con­ tado». que repre­ senta. 141. se basa su afirmación con­ fiada. a base de verosímiles móviles humanos. 393-394. En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior. fantásticas. 88-93. no como diversión frívola. ¡a falta de otra cosa!. sin genuina inspiración ni savia vital. “industria”. Cipión observa: «Los cuentos. sino para que. . a menudo. corta espa­ ñola. Por su parte. inteligencia. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. otros en el modo de contarlos. quiero decir que algunos hay que. es decir. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. orgullosa. En el Coloquio de los perros. 39 Riley. p. más bien rutinario.

dis­ tintivo de las Novelas ejemplares. Revista de O ccidente. ¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. M adrid. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). pues. C ervantes' Theory o f the N ovel. 27. Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. y no por Cervantes. Madrid. Sordo. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. 89. p. en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. «Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». p. en parte. de una con­ versación. 283. por fundamental. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable. que conciba ésta como dotada de “gracia”. Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral. 43 Véase Drake. aunque sin una inteligente. lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios. pp. «la técnica no se justifica por sí misma. 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica». M editaciones del Q u ijote. específica a la com unicación oral. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. Véase también Pabst. C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. Con el propósito de destacar lo novedoso. IX-XIX. I960. oral. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. también al teatro. «Introduction». y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. hay casos. 41 N o tienen en cuenta esta referencia. se hacen algo de nonada. Rodríguez- . Guadarrama. escrita. 1956). O sterc. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». sin sustancia temática o ideológica41. 106 ss. Para él. p. 154. se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. característico. Riley. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. por otra parte. 211.de las manos y con mudar la voz. el “contenido” y la “forma” se funden. p. es decir. p. «Classifications o f N ovelas». inexorable ley poética. O r­ tega y G asset.

sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. G onzález López. pp. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. A nuestro juicio. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. Ortega y Gasset. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. lo cual resulta. dogmáticos. D u n n Sobejano. “de imitación italiana”. Vaibuena Prat.. Pabst. en proporción variable en cada caso. Arrieta. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?. Rinconete y Cortadillo.. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. Pellicer. El Saffar. N ovelas ejemplares. de lo imaginado. de “predominante tono idealista”. H urtado y Falencia. y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”. etc. R odríguez-M arín. contenedora intrínseca. imposible. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. Casalduero. Baquero G oyanes. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. . en definitiva. ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. arbitrarios. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. M urillo y otros. 32 ss. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . claro está. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias.De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria. “de vida social”. de la sabiduría humana.. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?. R odríguez-Luis. leído. reiteremos. antiguas y modernas de Savj-López. etcétera.. autocontradictorios. inven­ tado. Orellana. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. en que se “su­ pera” el “realismo”. las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». desentendida de la creación poética?. Apraiz. Fernández G u ­ tiérrez. observado.. “combinadas de realismo y de corte italiano”. simultá­ neamente de la verdad. Navarrete. según lo ilustran ya los términos incongruos. “idealistasrealistas”. incomprensibles. literario. histórico. autobiográfico. pp. 14-15.

“heroicas”.. . aunque fuese acertada. que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47. 46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. que. etc. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced». en que una cínica trampa. en suma. exenta de implicacio­ nes serias. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. “humanísticas”. etc.ficaciones más particulares. “sérieuses”. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. En tales ca­ sos. Es muy sugerente que al estudiante. la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo. regocijo de las Musas». nunca sólo jocosa. quien lo aclama como «escritor alegre [. p. vol. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano. pero no el rego­ cijo de las Musas. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o. yo.]. y cuáles entre las “jocosas”. como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. 178. «Prólogo». también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. 47 Lo ha sugerido ya D unn. por ejemplo46. por ejemplo. ante todo. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea. pp. advertimos. 92. “ plaisantes” . «Las novelas ejemplares». Cervantes . tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares. “trá­ gicas”. i. en nombre del amor. 1529). “cómicas”. —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—. p. 1528. sino.. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. señor. ante todo. soy Cervantes. creador de la novela corta espa­ ñola. matrimonial y. En todo caso. tal distinción resulta muy cuestionable. bajo la fecunda inspiración neoplatónica. Las no­ velas “amatorias”. En todas ellas. Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. cuando menos. en suma. claro está. Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. 11-13. en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares.

reminiscente del de Larra. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. como novelas “de carácter”. temperamental. lógicamente. Así. lo oculta o distorsiona por completo. hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48.. Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. todas las “aventu­ ras”. social.. 50 Pierce: «[. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores. precisamente por tan frívolas y calculadas. del hombre 50. particularizado. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. que.novelizado. que son. de un modo u otro. tratado. todas las “acciones”. del problema indivi­ dual. al no percibirse su función metafórica. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. en realidad. de su caracteri­ zación individual. pero en todas las novelas. siempre extraordinarias e interesantes. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”. 49 Véase nota 23.] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the . Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. Por su característico. lo cual depende. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. preocupado con el aspecto moral de su mundo. psicoló­ gica. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares. hay así también una “visión ” de la vida. para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. com o piensa Ortega y Gasset. satírico. espiritual. sino. tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. político. Como en el caso anterior. que a veces se le atribuye a Cervantes49. cons­ tante. fervoroso interés en el ser humano esencial. anímica. lealtad y fortaleza interior. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo). por ejemplo. “folklórico”. y no sólo en algunas. íntimo. ante todo. ideológica. sobre todo. convergen. en efecto.

excep­ cional o corriente. “laberintos” que proporcionan deleite. [«(. (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. ar­ monizadas en todas las novelas. [«(. de la debilidad y de la ignorancia humanas. “trucos”. N o lo hace. en palabras del encomiador F. El énfasis tan pronunciado.. inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls ..] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526). Bermudez Carbajal (771). p. Cervantes.. deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770).. recreación al “afligido es­ p íritu ”. ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar.. pp. de la dignidad del alma. por lo que Cervantes las p ro ­ clama. dice (770).quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”. 19-26. Es por la verdad poética y por la verdad humana. 16). erudición. ínsitas. 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. pero. del sentido común* de la virtud. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”. creados por un «ingenio [. despertando la “curiosidad”.. de justificar la utilidad didáctica de sus obras52. “labe­ rintos” de la maldad. p. alto o humilde.] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions».] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[.) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social». «Introducción». los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón. es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares.. de la genuina bondad. 135). «por no alargar este sujeto». y en su problemática existencial. palpitantes. “Trucos”. a diferencia de Erasmo.] mayor que el de Dédalo».) personajes que no son sino débiles abstracciones». . quien está preocupado. nunca meras abstracciones51. desesperados. entretenimiento. por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos. tan confiada y orguliosamente «ejemplares».. ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53... sobre todo. estimulando y exigiendo toda la inteligencia. perdidos. dignificador en el personaje. así de todas juntas como de cada una de por sí». N ovelas ejemplares. de esos «laberintos». C ervan tes. En perspectiva moral. de la discreción.. siempre extraordinarios por su modo de ser. de la pureza espiritual. con toda probabilidad.

consustancial de la literaria y estética. aun en las referencias a la más escabrosa. la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva. A veces se sugiere com o razón de una negativa. de verdadero sincero am o r54. teológicos. de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. Prem io N obel.] puesto que aquello sea ficción poética. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». . En El coloquio de los perros. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. p. a los huecos convencionalis­ mos religiosos. deprimente realidad. en absoluto. de honda compasión y soli­ daridad humanas. 57 C om o es bien sabido. 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». sociales. prejudicialmente exclusivistas 55. pues. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe».de heroicos actos y nobles sacrificios. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. ingeniosa articulación novelística: «[·■. siempre sugerido como posible. H acia Cervantes). profunda visión humanista. tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente. El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. 58 Sordo. O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas».. por lo me­ nos implícita o irónicamente. (E l teatro de C er­ vantes). Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. conjuntamente. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. La ejemplaridad moral es. ingrata naturaleza humana. que llevan a la perdición. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o. 56 Evocam os aquí las observaciones de W. esen­ cialmente. El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. 282. 1950). a los estrechos dogmatismos ideológicos. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello. Sólo al no percibirse esta amplia. a nuestro juicio. políticos. pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace. se puede dudar.

de inconfundible. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. maravillosa belleza individual. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. recondiciona y actualiza. expurga. parodia. Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. para proponerlos. Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. modifica. pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. los cuales representan. horaciana. a sus lectores como novelas cortas moderna. ensartadas en in­ quebrantable. 45). [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. Forcione. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. p. muy diferentes entre sí. Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. véase Sicroff. en que también cabía a veces “buen vino”. . que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». Doce perlas. creemos. 27). todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. platónica. Cervantes los corrige. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». A study o f Four E xem plary N ovels. la más lógica explicación de ella—. en los nuevos. prodigiosa armonía. a menudo admirables en su particular contexto cultural. C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. aristo­ télica. pp. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. a la vez. tada de una excepcional naturaleza literaria. con sabia. p. y. re­ combinados en una nueva entidad. 81-115. preciosa cadenilla. reintegrándolos. la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás.1177)59. tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. en parte. in a different w ay. En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. 3-30. cada una d o -. conjuntamente. tan original com o la gran no­ vela». de m odo diferente. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. ejemplares. pp. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos. p. 24). «Vino nuevo en odres nuevos».] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares.

. coherente. por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»). Pabst. 517. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes.Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». p. H ainsworth. infructuosos. H istoria de la literatura española. pero sólo tentativo. entre otros. 64 Rodríguez-Luis. declara otro. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. Rodríguez-Luis. hablando de El licenciado Vidriera64. tales intentos exegéticos62. consecuentemente. por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. dicen desconcertados unos críticos. Fernández Gutiérrez. Sin pretensión de ser definitivas. 50. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. de hecho. «apenas una novela». de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo. 63 H urtado y G onzález Patencia. 1921. M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». en que. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. Avalle-A rce. Madrid. p. que nos parece m uy interesante. resultan de antemano extraviados. Baquero G oyanes. nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa.

. pero que no determina. Se ha demostrado. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa. C ervantes. también distinciones de espíritu. etc. que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual. moralidad. inteligencia y sentido común. claro está. «Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. con gran erudición y perspicacia. y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (. en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. Quijote. II. Pfandl. p. con su virtud. pues. L. 146).D. «Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». 15). pues. firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. Rauhut. discreción y moralidad de la protagonista. 146. creador de la novela corta española. esencial. 2 Rauhut. criada desde la in­ fancia entre gitanos l. 1416). p. (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. se suele contestar afirmativamente2 y. de carácter.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales. con sus empeños y lo­ gros personales. determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. políticas. p. económicas. . con gran desilusión. auto­ máticamente. irreductiblemente. de per­ sonalidad íntima. aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). vol. como destaca Preciosa. en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas».

5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar». los pastores 3 Forcione. del Encina. Teatro y poesía de J. entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179).. con toda probabilidad. ¿Habría visto. práctico de la vida. La “pastorcica” Pascuala. entre otras. comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final. 60-69. En efecto. representadas en reqüesta de unos amores.] yendo cantando con su ganado» (60-2). Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. de hablar. pp. IV. en C ervan tes and. 70-89. pp. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. para novelar. Juan3.. / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4. también las de Encina? . su precoz madurez mental y moral. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía». deí En­ cina. encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina. mutua atracción. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». pp. en particular con sus enamorados. su discreción. bailar —«se introduze [. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. Aunque simple “pastorcica”. cantar. 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. / las vidas y condiciones. sentido común. del triángulo o cua­ drángulo amoroso. para la articulación novelística de la gradual. vol. para la ambientación de los episodios. en su modo de ser.cortejo y del matrimonio cristianos. todas sus relaciones con los demás. con semejante propósito ejemplar. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. de las distintas actitudes hacia el amor. Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. en suma. 93-223. por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses. sólo por el genuino amor. 57-58. criada entre pastores. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». Cervantes. de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. toda su conducta. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels.

] / Pénasme por sólo verte. decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero.] yo soy caballero. en las afueras de Madrid.. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas. Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos. D. declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [. / N o me trates de tal suerte..] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„. el Escudero.. carilla!» (62-4).. interesada al Escudero... un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [.] / ¡vete comigo. Uno de éstos. y un estado social elevado. / pues que yo te quiero tanto». / muy presto verás mi muerte. desentendiéndose de todas .se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales. le promete su riqueza: «Por mi vida. una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes.. pero está insegura. el Escudero se proclamaría enamorado por una simple. / y con tu vista me aquexas. / si tu te vas y me dexas. Compa­ rada con Preciosa.. Pascualilla escucha. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora». pastorica. Presentándosele un día. pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79). «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma». veamos». Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro.. dudosa de su seriedad. / que te haga presto rica.].] / Essas trónicas [retórica] señor. momentánea infatuación.].. son incuestionables. observa atenta. imposibilitado de excusarlo [. en el campo. digno de ella: «según requiere tu gala / [. especula Pascualilla. Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora. Y si no es por deseo de burlarse de ella. De seguro sin mucha ilusión. asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna». como lo puede mostrar este hábito [. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [. Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2). El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía».].. más bien un primer esbozo de aquélla. según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior. / si quieres tener mi amor». se le presenta de repente un día. y como prueba inicial de su intención seria. / allá para las de vi­ lla» (62-3). de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. la gitanilla.. Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización. entonces... no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor».

y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento. al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos.] desatinadamente se arroja tras su deseo [. un «infierno de . podría eventualmente corresponderle en el amor. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas».] no le debieron de parecer mal». Este «temor».].. y tomando el traje de gitano. La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos. la cual [. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas. Juan —cuyas «razones y talle [... sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios... se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba». parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D. me entregaré por vuestra esposa [. y vos de la mía. Si alcanza lo que desea. Las probables aprensiones. cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [. mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». prom ete a D. ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [. y no una burla. que haría del matrimonio una aborrecida. Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. que es la de mi entereza y virginidad. trágica esclavitud..]. dudas. A mí ni me mueven promesas. con quien compartirían toda la vida. Por fin. ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen».esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole.... Sólo así. yo 1o seré vuestra». y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa. ni me desmoronan dádivas. sino por el deseo de conocer bien al hombre. promete Pascualilla. en cam­ bio.. añade Preciosa.] en vuestra mano está» (782-3). esperanzas íntimas de Pas­ cualilla. sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero. que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67). pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas..].. «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda. al estar observándolo «atentamente». o un grave error. como única condición. en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición.

. «luego. Istm o. adopta el nombre de Andrés Caballero. Al integrarse al mundo de Preciosa. / y va­ mos luego al ganado!». La veracidad de D. «Ningún galán namorado». 1974. Madrid.. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte. Cuando viajan.. económico. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [. Preciosa mía.. el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero. también adopta un nombre pastoril: Gil. advierte el Escudero más tarde. «Primero tengo de saber si sois el que decís».. para ella. Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D. Juan. «no tenga quexa de mí. venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”]. y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [. O bras dramáticas. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir.. p. comprobar. / . El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64. cuéntame por gitano desde luego.. Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista.] / ¡venga. y ciertamente no decisiva.]» (782).Cancionero de 1496. Juan es lo que Preciosa quiere. Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. Mira cuando quieres que mude el traje.. 67).). ante todo.] . materialista. / quiero cumplir tu mandado / [. 179). declara Preciosa a D.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79).]. / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87).pesadumbres» (ibid.. hallando esta verdad. «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784). que yo querría que fuese luego» (783).] púsose como embelesado». pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina. 94). habéis de dejar la casa de vuestros padres [. com o afirmó». p.]. Sin embargo. es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6. [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble..

amigos mejor que de antes». señor. Contesta Mingo. Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos. Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos. Es la primera lección im portante que D. cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor. os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]»... ante todo. aunque con dichas "condiciones”. no en la pollina. Juan debe aprender para vivir con Preciosa. y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos. El verdadero amante debe te­ ner. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». Los celos de D.. / buena pro. baylar!». pues. Superado este empa­ cho íntimo. para «servir de lacayo a Preciosa [. sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos». el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. Juan el amor a Preciosa. Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada.]». Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. si tú quisieres. Apenas le revela D.pie». la primera prueba que debe superar. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). / Déxalo que Dios te vala.. Al revelarle el amor. La palabra se explica por el contexto.. y la contestación de aquél: «no soy [. Cervantes nos muestra que D. Juan son.. pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos. Con indignación su­ tilmente sugerida. «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). dançar. pues ya soys deste hato. «mas. / no te pene su penar» (62).] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797). pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa.]. aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso. . dexa esse pastor [Mingo]. en la corte y en la aldea. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [.

excepto en el caso del paje-poeta. a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo. bailaban. quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa. etc. / [. que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]».. que suele dejar perplejos a los lectores. quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D. / las fiestas de rato en rato. el rival deí Escudero. pero. aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. apreciando sus atencio­ nes: «¡O. que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer». etc. çapatetas». ¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8).. cantar. / y gozes la juventud / más que todos los pastores». se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer.] / Daréle buenos anillos. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos. Sutil problematización cervantina de vagas. el paje-poeta.. Mingo. no puede corresponderle en el amor a Mingo. ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? .. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». chançonetas / le chaparé de mi hato. pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla. es digno de detenida considera­ ción. luchar / [ . Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y.. / cercillos. así.. débiles sugerencias del texto enciniano.independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [. correr. Dios te dé salud. tiraban la barra». en señal de su cariño. «¡Deslumbro si te oteo!». Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [.] / cantile­ nas.]». según sospecha de in­ mediato D. ofreciéndole. saltaban.. declara Mingo a la hermosa pastora.. / con saltar.. la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795). «mil cósicas. Juan. / que. corrían. que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres». no obstante. 64-6). Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo. baylar. Pascualilla no quiere. (61. sartas de plata.]. / altibaxos. El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. comprendiendo bien su intenso embeleso y. ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido».

/ tu querer no lo deseo / [..«¡Miafé!. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada. Sin embargo. compa­ ñero. Mingo personifica una pasión genuina. / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2). Y después le pide.. Pascuali­ lla debiera entrar en una relación. contra su voluntad.. no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado.tu caramillo / [. y. precisamente. aunque pretenda despreciarla. su amigo. en cambio. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. mide. «que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). por lo cual. Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo».]? / [. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. con suma gracia. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece. que sea. como antes.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75). Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla. porque «es tan hermosa».. Infatuación intensa y pasa­ jera.. pero pasa­ jera.] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. hurria. algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla. ¡a fin de cuentas. en efecto. de qual está Pascualeja}» (79). por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla. músico y cantor: «sacude. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor. avasalladora. pero para no herirle la sensibilidad. inconscientemente... tirte allá. Menguilla. le dice a Pascualilla. De seguro sin darse clara cuenta de ello. pasado un año. . En otra ocasión. Minguillo. / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño». es su enamo­ rado!.. gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien. previsiblemente. / tan bien como a Pascualilla» (81). / no te qu ello tres de vero». Mingo. particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. y flagrantemente egocéntrica. como especial privilegio. pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte. no monógama.] / ¡silva. «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. lo convierte todo en chiste. precisamente por frustrada. es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla. espera ser amado aun más: «quiéreme. por ella ha dejado a su esposa. quiéreme más.

buen poeta (793). No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777). Sin em­ bargo. Preciosa nunca quiere darle tal esperanza... No siendo «rico ni pobre» (785). amistoso.. 9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta. impropio para ella.. / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779). discreto y bien razonado [. y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9. . 147-157. honesto [. hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. ya no quiere aceptar el dinero...da gritillo! / [. a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo... Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla. creyendo que ya Preciosa quedaba rendida. le da. por ello. pp. más tarde. de ánimo generoso. sólo la preocupación de no hacer celoso a D ..]». aunque sin animar. N o es. A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella.favor de Preciosa. pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione. Cabe pensar que esto ocurre. pues con tanta afabilidad le había hablado» (785). Sin em­ bargo. así como a menudo en la vida.. al enamorado en su demanda. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos. y no “mercancía”. «Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella. pues esto corresponde a su práctica usual de gitana. pues. por esas inexplicables razones del corazón. pero no la atrae amorosamente8.] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío.]. le dice en una ocasión. cuando aparece en el aduar de los gitanos. En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [. El paje-poeta sueña con ga­ narse el. por delicadeza de sentim iento. «Cer­ vantes’ La gitanilla». donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. le tendré por reliquia mientras la vida me durare». en cambio. no quiere ni hablarle (796). por genuino aprecio. Lo considera «galán y muy hombre de bien [.] / Viene un escudero» (62).]. Con delicadeza. Juan la razón de tal conducta. al haber ella reconocido y recha­ zado otro.

pero sus otras cualidades perso­ nales. discretos y enamorados coloquios». pues. «descaminado». le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. en su canción dirigida a ambos amantes. agudeza» en ella. la hermosura.. también por sus re­ pentinas. Sólo al final. aunque en otro sentido (793). con insistencia. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. parcial. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa. falta de «cordura» y. ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra. Estas observaciones de Preciosa a D. de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799). Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. que considera como locura de «mocedad». lo cual se simboliza. lo cual la halaga mucho. Por esto precisamente. El «amor» del paje-poeta representa. desde luego. según piensa para sí (799). honestidad. excesivo. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella. según él mismo dice. la gracia de Preciosa. de modo muy sugerente. incluso.. pero con entrega. Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento». cairás en que es de alquimia». sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. condicional. como gitano (790). sin duda. / que a ser buena me encamine» (798-9). porque antes no las había buscado. Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro. Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. Por esto.]. para que D. Esta mi hermosura que tú dices que tengo. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. con toda pro­ . Juan «descubra» el quilate interior del «oro». «descubrió» Cle­ mente «discreción [. cuando más. «de noche».a todas sus protestaciones amorosas. porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). las interiores. ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. muy significativamente. incomprensible sacrificio. inconstante a ella como mujer y persona. claro está. Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro. 792) es acep­ tado al fin como esposo. al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. y tocada. En palabra y verso aquél celebra.

casual. de la cual «hase de usar [. desaparece del aduar y se va a Italia..]». después de reconocer como mentirosas las anteriores. él tiene una bella y poderosa inspiración. a la vez. entre tantos encinales. etc. «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero. para seguir a Preciosa.. tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6). ni a cada paso [. mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo. proba­ blemente. esos extraños «prudentes religiosos». natural. según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas».. si es que hay fidelidad en las selvas». p. aguda. su «señor» y «pariente». «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil..habilidad. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía». retirada [. la última 1 0 . hacia nuevas conquistas amorosas. cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad.] como de una joya preciosísima.. Preciosa jes la poesía! (784). quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta. según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme. aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. para él. Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes. aunque a algunos parece verídica. Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796). de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. ¿inconscientemente?. de seguro mandaría buscarle. cuyo dueño no la trae cada día. Esos dos caballeros. y que él mismo califica..]. porque. como «caso extraño y pocas veces visto». porque el duque. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa. cuya «hermosura [.. . espontáneamente su fantasía. ni la muestra a todas gentes. para no ser reconocido en su huida. ho­ nesta. cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y. quien estimula. que es Preciosa. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. 64).. discreta. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar.] a todas las que yo he visto se aventaja» (795).

Gün ter t. Sentido y form as de las N ovelas ejemplares. / quanto mandardes haré / libremente. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. Después de un año de vida pastoril. sin temor» (79). pp. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. pp. N o v e l to Rom ance. por amor que le tiene desde la infancia (805). / yo jamás os dexaré. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. etc. del paje-poeta-C ervantes. 56-77. etc. a la «palanciana». / por amor de mí. «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance». / mudarme. y. muy grossera y muy mala [. 215-223. pp. D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n.]. 213-20. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. Ños pa­ rece. su prueba de amor: «Que me plaze. cuando menos. con toda probabilidad ni se da cuenta del problema. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». para compartir la vida palaciega con él. (79. no pudiendo deslindarlos netamente. 107-34. hato de mal asseo».. pues tam bién representa al autor. mi señor.. 273-6. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. las de Casalduero. Encina (70). 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. pastor. el Escudero: «¡ved. «Preciosa y Poesía».. en efecto. Selig. Forcione. El Saffar. a la vez. con­ fundiendo los dos aspectos. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino. Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es. «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ». el autor. pp. Sin embargo. 84). En este estudio se examinan. y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. pp. Sin embargo.. se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. . que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 . En efecto. por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [. 101-2. pp. de calculada.. este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. D e particular in­ terés.]». Spieker. por pri­ mera vez con la atención debida. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia. cumpliendo su prueba de amor. y de igual modo. pues os mudastes. «La gitanilla y la poética de Cervantes».que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso.]. / que también vos os tornastes.. / Y pues me tenéys amor. el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). M ingo sería otra vez un antecedente interesante.

haciendo «atractivos» a los gitanos. que «presumen de loçanos [.] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche. lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea».. / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O. Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. tiene una implicación impor­ tante.. Según algunos críticos.]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375). esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut.. sólo con lo cual. en este estudio. fundamentalmente. Juan con las dificultades.. se justificarían todas sus muchas virtudes..] muy pendados [. Cervantes idealiza «una verdad fea»... qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [.. después de la exitosa confrontación de D.]. etc. también La gitanilla. .. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo. mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor. según algunos críticos. pp. corcobados». / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas.]. por boca de Mingo.crianza». bur­ ladores». la misma dignidad del alma. para adaptarse bien (86-7).. antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3. / las holangças de las bodas» (82)15. Para explicar mejor este problema..] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso. siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores. Este be­ llo pensamiento inspira. dilemas.. (63). / ¡Oh. / [. 149. esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana. tentaciones y peligros de la vida gitana. que. Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa. 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril. 146.. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. verás.] / ¡Pues no te digo. deforma «la realidad en beneficio del Arte». que se deleitan en «sovajar» al humilde. radical. se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [. que prazer tan valiente! / [. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas».. examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla. a pesar de que. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”.

tan reveladores. . tal reacción crédula a esas declaraciones. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 . Y sin embargo. de íntima. pp. que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio. como si fueran animales nocivos». amistad. pp. ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [. e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo. I. no es de ningún modo idílica. 126. Forcione. Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte».. ¡Envidiable! Sin embargo. irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad». respeto. vivimos ale­ gres [. 17 Güntert. o alguna bellaquería en la amiga [. de paz. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. no nos desvela la ambición». Cervantes: T w o N o vela s ejemplares.].. Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo.. de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio. por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». Salvo obvias diferencias. serena comunión con la benévola. a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones. p. la vida gitana. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo. y cuando le hay en la mujer propia. vol. Schürr. la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas. p. 184-92.. con la misma facilidad las matamos [. 37-8. integridad. amor. «Idea de la libertad en Cervantes». 6-13. 369. Aparentemente.. llama «mala gente» 1 6 . pero no carece de significado la provisión.. Quijote: «Pues. Cervantes. según se representa en la novela. las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos.. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance».. a veces. creador de la novela corta.. L a gitanilla. Evidente­ mente. etc. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes . «La gitanilla y la poética de Cervantes».]» (1113). pp. La ilustre fregona. El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra». D.. Quijote a las de los galeotes.? De seguro.].. (789-90)17. 18 Lowe. si por enamorados echan a galeras [..suya. 115-6. pp..]. Rodríguez-Luis.. sonriente Naturaleza. ¿no es quizás análoga a la de D.]».. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. El coloquio de los perros.

. imputadas por maldad. de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos.. sospechadas. castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo. sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte». desechada casualmente..castigo. alegres».. declara el gitano viejo.] cuando se les antoja». otro simple arreglo. ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato. inexora­ ble. Muy significativamente. se justifica dudar .]. o ya por amiga». la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. real o imaginada. sin armonía de voluntades. explotación parasitaria de la mujer. a cualquier gitana. en realidad. y nosotros vivimos seguros [. castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. y de «dejar[la] [.. representativamente. muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer. El gitano escoge «ya por esposa. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido. premeditado. muy complacido de tan eficaz arreglo. La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es. chismes. como inútil es­ combro. y escoger otra que corresponda al gusto de sus años». puede dejar a la mujer vieja. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos. cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere. envidia. que los gitanos infligen a sus mu­ jeres. en la vejez. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión. el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. venganza. según lo observa.. y de modo muy revelador. «Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas. si las circunstancias lo exigiesen. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona. Maldonado. como él sea mozo..] o castigarla] [. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas. etc.

a veces muy ingeniosas y divertidas. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas. hortaliza [. Y las limosnas que piden a cualquier extraño. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones..]. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas.]. como dice Maldonado. 507).. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia. Tras el desdén de las rutinarias.] nos ofrecen [..].que las gitanas.. . honesta. hay «pocas [. nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda». El gitano.] que no sean comunes a to­ dos».. destaca una evidente relación de causa y efecto. las canciones y los bailes. con lo cual Cervantes. holgazana. claro está: «Somos señores de los campos. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [. de las humillantes so­ licitudes de favores.... al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [.]. los árboles [. con que entretienen a los payos.. presto... ni madrugamos a dar memoriales. útil para el sus­ tento de la familia... o mar.. monótonas. claro está1 9 . es «zahori del fruto ajeno».. uvas. que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos. la preferencia por la vida «ancha. cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren. las vi­ ñas. las huertas. aunque no para la víctima. Todas las víctimas de las tretas gitanas..]).. muy «atrevido [.. más bien... Quijote. pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría.. ágil. encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos.] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [. exaltada por D. 507).] frutas de balde. sofocantes convenciones socia­ les.] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066).. etc. de industria y ánimo lleno. extendida. se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. de los sem­ brados [. a causa que los años pasados había hecho una burla [. de las frenéticas ambiciones cortesanas.. ir a Sevilla ni a sus contornos... con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión. ni a acompañar magnates. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno. racionalista..].]» (796).. o casa real [. ¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música..]..] a un gorrero [. con orgullo. en que «eran [. son su­ persticiosas y patentem ente tontas. aquí y en P edro de Urdem alas . ni a solicitar favores [.

liberalidad entre ellos. A pesar de todas sus proclamaciones de amistad.prescindible para la continua colaboración eficaz... pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. por el mero hecho de que se la atribuye. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas.]. refrigerio las nieves. pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). estoica actitud frente a la vida21. 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. D. fatiga» (791). la vieja gitana hace recordar a Celestina.]. in­ comodidades y peligros. falazmente. por el mero hecho de serlo22. Costumbre que todavía existe. tenían de costumbre» (799). y hasta la exaltada vida al aire libre. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. codicia. según se verá. «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes». ya bajo el gobierno comunista. a que son siempre sujetos los gitanos. 21 Güntert. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. 115. también tiene rasgos “nob les”. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero. y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio. Sin embargo. provechosa en las fechorías. p. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas». Por todas estas razones. com o medida preventiva. «La gitanilla y la poética de Cervantes».. sentido práctico.. etcétera. música los truenos y hachas los relám­ pagos. pues.]» (784). sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. baños de lluvia. en particular como modo de vida perma­ nente. también sus corazones son corroídos por la envidia. como ven al Turco ahora» (784)20. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. humillante de los payos. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—. congenialidad. Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [. como. «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo. por ejemplo. sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo. aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país... cuyos desagrados. . Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto. Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia».

. Esencialmente. Juan que comparta con ella la vida gitana. y de los ingenios de los gitanos. de inmediato corregido: «o por mejor decir. «[. a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje».. en esta perspectiva crítica. 188.]. . o. la indulgencia irónica. de la curiosa vida gitana25. le suspendía [. tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo..puesto a renunciar. con toda clase de pretextos.. la diversión ín­ tima. 47-59). I. y con propósito de seguir y conseguir su empresa. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa.]. El m odo de ser «gitano» y. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio. que ella misma evita. y de que él mismo evita. N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas. observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio. folklóricas. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto». prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance». pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo. le cayó en gracia [. Juan]..]. a la misma vez. y someterse. con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». a lo menos. «El realismo idea! de L a gitanilla ». se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso]. 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio. La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. 23 Lo ha notado ya Forcione. para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». Observador de la vida gitana.. quedó admirado [D. 95). Juan. excusarlo por todas las vías que pudiese. 24 Preciosa pide a D . sin vacilar. Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . D. 851-2) = «De todo lo que había visto u oído. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». reíase [. le admiraba [. Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo.... poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24.. de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D .] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [.]. p. observador por intermedio del personaje. p.. Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad.. pp. sin entrometerse nada en sus costumbres. p. irónica se sitúa también el lector. al decir que éste «m iente». propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. 257).]. debajo de las leyes gitanas» (790) 23.

falsa. Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y.] el estado de naturaleza [. en el orden social. inces­ tuoso. Este rey no tiene condición alguna para serlo. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa.Hablando de Bélica. falsa gitana-verdadera princesa. este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra». tiene que superarla»26.. melifluo congraciador. mentiroso.. según se lo echa en cara la reina misma. el hombre tiene que vencer su naturaleza. defectos y debilidades de carácter. ¡con harta razón!. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. arbitrario. Silerio. 191. adúltero. Casalduero observa: «Cervantes. resulta patentemente absurdo. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades. pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. vengativa y cruel con sus presuntas rivales. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares .. inmoral tercero. malévolo. intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos. ridículo. y así aprovecharse personalmente. empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido. traicionero. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. dedicado incansablemente a bailes. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto. ya que los gitanos. . cazas. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey. insaciable­ mente codicioso y ambicioso. y también de Preciosa. la sociedad noble a que Bélica «se eleva».. La rema. protagonista de Pedro de Urdemalas. representan [. frívolo. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). tanto aquí como en la novela ejem­ plar. que alterna con superficiales devociones religiosas. quienes. hipócrita. político. Esta po­ bre. 26 Casalduero. es una mujer frustrada. en­ gañoso. hipócrita.. vano.. arbitraria. rencorosa.]. siempre celosa de su ma­ rido. fiestas. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. 525). al revelarse su origen noble. intrigante. lujurioso. excursiones y otras diversiones parecidas.. para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios.. cobarde. mujeriego. es un descarado oportunista. moral. en esa trayectoria: gitana-sangre real. p... su traicionada esposa. espiritual. el favorito. En suma.

a Felipe l í i . ridículo.... e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes. extrañamente considerado “normal”.. vengativo y.. etc. hasta lo enorme.. cínica palabrería para explotar al desvalido. recuér­ dese que el rey. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos. hábil del monarca. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen... la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición. sino por su pomposa vanidad.. aun llevarme habían. Si me quisieran para discreta. de un modo u otro. burda sensualidad. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa.cruel. la autoridad civil no se distingue por una sabia. en un orden ascendiente. son hueca. útil función social. prudente.. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [.. hasta lo gene­ ral. tan solemnemente proclamados.. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. los ideales patrióticos. desde lo particular. sobre todo. para el bien de toda la pa­ tria 27.' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo. . perverso consejero del rey. pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781). personal.. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía.. desde lo nimio. tonterías.. errores. abusos. la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. ilusión ingenua. ¡su pariente!. responsable.. respectivamente.. craso oportunismo y grotesca tontería. a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. “respetable”. que hacen palidecer.] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido.. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral. por contraste. engaños. injusticias. 28 Véase la nota anterior. colectivo. los que imputan a los gita­ nos28. fraudes...

tretienen. Discreto razonamiento. por su pintoresca ornamenta­ ción. a todas las de­ más gitanas presentes. «unos paseándose y otros jugando a diversos juegos». considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas.· en cambio. personal.. cuando más. esta apari­ ción llama la atención. la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación. sobre el cual se afanan. de esa clase noble española contemporánea de Cervantes.· Evidente­ mente. las llaman «desde una reja». La posesión bastante corriente del “hábito”. y no de tantos juntos. el “hábito” del padre de D. para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778). D. De todos modos. Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende. porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». previsiblemente. Juan. Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [. en sí. ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales. exige la prueba de la conducta personal. Significativamente. pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». pero al fin decide entrar con sus compañeras. todavía jovencito. imagino que no se puede presumir cosa mala». nótese: «a lo menos de vos. Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia. la única convincente. en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785). sobre todo. de su padre. sin ningún aparente mérito propio. Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje.. pero moralmente de valor. como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala.] si nos pellizcasen». y «el barato» en la mesa. «muy bien aderezada y muy fresca». indica criterios nada rigurosos para su obtención. quien. según se des­ . segura para ella (781-2). D. 687). «ornamentales». neutro. implícitamente. no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España». tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos». Juan es socialmente identificativo. Al ver a las gitanas en la calle. quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas.

por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras.] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. oportunista. a la vez. «Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. por encima de la ley. y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416). Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel. . Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. 213). se hace cómplice en este arreglo práctico. se nos revela el padre de Preciosa en este caso. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. ¡alcalde!. que tan obviamente des­ dice de las frívolas. el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. del “barato” de su juego. aun­ que proceda. infantiles y. Juan] la vida con ello» (804) 30. soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31. De cuestionable discreción. Sin em­ bargo. Juan. Juan».. aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D. com prensiblem ente. también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio.. 32 D . cuando menos. 30 Pierce: «cruel charade» («La. gitanilla: A Tale o f H igh Romance». En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa. Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. en suma. 293). que los moderase porque podría ser perdiese [D. que ninguna es com o la vuestra. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. y todos los demás sí» (800)32.prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. En esencia. Más tarde. con otros parientes. Juan daba. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. El tío. p. aunque son de dos reyes» (787). p. porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones.

al verlo. pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza. probablemente m uy representativo. tan razonables. mientras antes. naturalmente. que morirá de hambre [. pues le basta al desdichado la pena del suplicio.] entiendo que no son buenos dichos [. claro está. corruptas autoridades payas.] por ahí he oído decir [.] envainó» la espada en el ofensor. «sín blanca»: «Coheche vuesa merced.. sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33. jamás. etc.. jueces. jamás... . N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento.. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos. A las muy injustas. del ilusionado caballero.] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte. 3 . benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente.rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805). Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero. más precian pelamos y desollarnos a nosotras [. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido.. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [. que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores. al creerlo gitano. nos tienen por pobres» (784)34. representadas a menudo sin duda por alcaldes. su matanza del soldado...]. cuyos frutos.1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784). sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416). Juan. dejándolo muerto (800). corregido­ res. de «hábito en el pecho». las pobres gitanas [. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos. lo condenaron inmediatamente por criminal. con perversa ironía. como a toda su familia.. que son arpías de nosotras. se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [.. tan típica de su sociedad. cabe recordar otro con sejo de D . Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”. y no haga usos nuevos. pobre.. El com portam iento deí alcalde.]. Juan y Caballero». sino D . com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra. y tendrá dineros.. y. Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras.. por más rotas y desastradas que nos vean.. todos atribuyen a ésta. R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800)..

en realidad. y que. 36 Véase nuestro estudio. por ejemplo.]» —auténtico acto teatral.. el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. no quiero dar nada ahora a Preciosa». doña Clara. o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781). y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro». después de haberla «es­ pulgado. preocupación hipócrita con las apariencias de honor. que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). más bien. que yo se lo daré después» (780). él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35.]. y sacudido y rascado muchas veces [. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo. En este momento. ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente.. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego. como. . cuando. decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle.. en que... dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos. ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva. nota 27. 209. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino. un real a Preciosa. Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione. p. le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. «por no ir contra su gravedad». que lo atrajo por ser él tan «curioso». Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. señor teniente [. inco­ rruptible o. cuando menos. de capacidad disimuladora del Teniente. como a menudo se concluye. Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga. según ella lo intuye agudamente. ¿se debe a su carácter honesto. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». patético y cómico a la vez—.]» (777). esto sí. a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna.. un caso excepcional de integridad? Su pobreza.para pretender otros cargos» (781).

Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo.. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas». fortuna. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa». [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía... 198). estilizado. vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y. advertencias de posibles peligros y percances. a n d unfulfilled virgin ity. de vida estancada. riqueza. dénmelos que yo iré por él en volandas».] . yerma. Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780). la vida solterona. doña Clara pidió al señor Contre­ ras. cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban. todos esos deseos reprimidos. que le prestase «un real de a cuatro». ¡Delicadamente patética. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38.tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo. a la vez. incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37.. consejos “prudentes” para el futuro. por un mo­ mento breve. Poco antes.] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80). pero. «en viniendo mi marido». spiritual p o v erty . prom e­ tiendo devolvérselo.. su escudero. 38 Forcione: «Penuriousness. all presided over by a bea rd ed old squire [. Véase nuestro estudio sobre esta obra.. p. otras la miraban. todas presididas por un viejo escudero bar­ budo». imágenes. Signifi­ cativamente. cómicos.]. La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara.] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta. la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís.. todo dicho con expresio­ nes. gracia y humor de cuño popular. Detalles graciosos. a menudo. que cené anoche. aventura. Por sentir en sí “encendidos” de nuevo. parasitariamente.. spinsterhood. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780). a costa del criado. éstas la bendecían. aquéllas la alababan [.. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor.

y m uy lindo» (786). no penséis. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas.]. brava como leona de Oran [.. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787). después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa..].. en particular con un paje-poeta pobre. En suma.]. de hecho. ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D .. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía. y ia vieja. y veréis cuál os le ponen!» (787).]. lo que era dar sustos y martelos... y decidle algunas pala­ bras al oído [.] Llegaos a él enhorabuena.. oirás [. niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [. no llores. Juan. que ésas no son alabanza del paje. La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana.]. Juan se desmaya de celos. todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39. quien. sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente.. com o lo han observado varios críticos.. hermosita [. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa. sino la grande. Juan. . que se quedó abajo para informarse de los criados [. Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?». hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D . etcétera (780). Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas. por quien ésta expresa aprecio.. paloma sin hiel [. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. contesta: «H ijo.]» (785)40.. nota 37. D . que os ama tan de burlas Andrés [. señora. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena. cumplida su tarea. sube también... más tarde. Claro está. sin ser ense­ ñada. El Te­ niente «es juguetón. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -.]. señora mía. que las escucha.. pues las íntimas quedan siempre cuestionables—. lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho.. doncella..a lo que predice: «No llores. sin vacilar. quizás inconsciente. entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara. Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o..] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia». y lo que vais a decir. tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. Sin embargo. Preciosa. Sin embargo. acaba».pondiente: «Hermosita. la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer. ¿Q ueréislo ver. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [. [. Véase nuestro estudio.] ¡N o.. Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa... 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”.

.. pues. su vacía preten­ sión.. rubíes y perlas [.. la «quiso uno de una buena cara». que como «sol [. atizándole sus deseos y sueños íntimos. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos..]. como una casa de naipes.por lo cual doña Clara «anda algo celosita». diamantes de las Indias [. Por cierto.. Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara. pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos». cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias». desagradable existencia halagándole la vanidad. / principalmente de espaldas. acuñada. de modo muy llamativo... aromas de Arabia [. Trata. de maravillosos seres celestiales. A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses».] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora.. se desmorona por completo.. virtud. pero aunque sólo rozán­ dolo leve.]». su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad. La casa del Teniente. pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán. Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente. engalanados en «ricas telas de Milán [. el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes». / que suelen ser peligrosas / en las principales damas».. y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7). probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco». ¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara. también del pueblo que desde las aceras. honor. y «como los . respectivamente. con toda probabilidad. graciosamente. revelando su total insustanciabilidad.. cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos.. «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo. amor. «cuando doncella». ¿Es de auténtica tristeza su lloro. alige­ rarle la monótona.].]. «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón». por alguna autorizada fuente. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance. lealtad. su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad. También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas.

/ se lleva las almas todas». Desinteresado de la política. estaba de continuo “encorvado”. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). para promover sus ambiciones y gratificar su codicia. negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. de hecho. corruptos cortesanos de Felipe III. De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. Declaraciones. / [. á costa de toda la nación. por ello. no naturales. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica.ojos se lleva [el espectáculo]. Felipe III. desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. defraudadas por com­ pleto—. humano Atlante. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos. que dejaba a sus fa­ voritos. ilícitos. al menos por un rato. cada día. más explotada y empo­ brecida.. todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana. que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto. trazas. haciéndo­ les olvidar. pero sobre las mesas de juego. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra. / para arrimo de la Igle­ sia»!. / que. indignado en las “maquinaciones”. nota 27. / ¡Qué de designios que corta!. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre. “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos. Ya se han mencionado los muchos.] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!».). etc.. pero por su acento urgente. se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas. .

Como. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables. tan fértil para las “maquinaciones” 42. prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43. Cervan­ tes veía a los gitanos. y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez.. a menudo. críanse con ladrones. A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u . La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. y. por lo cual permanecía. «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». nótese. de modo aún más desfavorable.¡de la baraja!. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. contiene su entusiasmo. Sin embargo. no es lícito atribuirle.m o­ lientes a todo ruedo. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». 208-215. 42 Véase también Forcione. asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes. inaccesible. De hecho. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». finalmente. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». a quienes re­ trata. a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. en el sentido natural. según se ha visto. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. 44 Lerner. En definitiva. que no se quitan sino con la muerte» (774). / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores. pp. a la reina. salen con ser ladrones corrientes y. estudian para ladrones. . en general. ¡“re­ m oto”!. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. todos sus contemporáneos. por ello. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. nacen de padres ladrones. pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave. tales intentos resultan inefica­ ces. 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. Laffranque. biológico. al ver pasar a la reina con su «perla».. probablemente.

Y «la costumbre vuélvese vicio» (D.. económicas de la so­ ciedad paya. el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. Caro Baroja. maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes». a los «padres ladrones». “respetable”.. Así... sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones. sociales. ni ninguna otra ave de rapiña. mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. 46 Véase nuestro estudio. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789). los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. “normal”. al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad. . “águilas” en sus trampas. 1978. de que la gitana carece por completo. «el gran gitano»46. pero fácil es adivinar una de ellas. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas. por ejemplo. nota 27. de estas actitudes gitanas45. paya y gitana indistintamente. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya. se refieren alas circunstancias sociales. «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783). nacen de padres la­ drones [. que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [. en H om enaje a J. pues. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila.]». contem-^ pía más bien impasible. Quijote). están los gitanos tan orgullosos de ser. imparcial!. ellos también. Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. familiares del nacimiento y de la educación del gitano. sociales.toda la sociedad contemporánea. Siendo estos males propios de todas las clases sociales. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. dice la gitana vieja. la corrupción. ¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto. económicas. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero».

no se ve a sí misma. privativas de ningún grupo social o racial.. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual. Como el hermanito de Lazarillo de Tormes. las can­ ciones..]» (851). por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos. cuando revela su robo de la niña. Cervantes mues­ tra con igual claridad.ción moral frente a este mundo. Repetidas veces... haré que estos llantos se conviertan en risa» (801). inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad. al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. (800)— con que la sociedad paya juzga y trata. en nombre de su supuesta superioridad racial. aunque gitana. Preciosa. los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales... puesto que hermosísima. Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos». que. en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776). que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal. Al admirar el modo de ser. a los gitanos... en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47. cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno..] Caballero es Andrés [. y a ser su lacayo.. según el lector viene com prendiéndolo poco a poco. que. «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793). y después califica: «privilegio de la hermosura». .] aunque a mí me cueste la vida [.]. Por otra parte. que presupone en sus lectores. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual.]. pues. por ignorancia y cierta inge­ nuidad. en fin era gitana». se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios. ninguna «lerda» (779). C er­ vantes exclama: «¡[. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha. se insiste en la individualidad irreductible de cada persona. y otros elogios semejantes. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son. cultural y moral. pese a toda su reclamada agudeza. [. los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio». de ma­ nera asimismo tendenciosa.

p. Gitana o princesa. agudizado de continuo por su vida gitanesca. a veces por completo contradictorias. «La gitanilla y la poética de Cervantes». nota 27. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. pero no “inverosímil”. un recurso necesario. Este último aspecto parece el más problemático. Preciosa. Por otra parte. magnífica persona. Juan. en algún momento de su vida.] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779). «Preciosa's choice has already . Bélica es siem­ pre. El reconocim iento del linaje de Preciosa es. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804). Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos. Tiene inteligencia innata. com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes. pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles. como piensan tantos lectores. Por fin. 120). entre el Bien y el Mal. sería siempre "gitana”. excepcional. y sin embargo.. Preciosa es una joven extraordinaria. Bé­ lica. discreción y orientación moral. el polo opuesto de Preciosa. sentido común. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. entre gitanos y payos. varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible. Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D . En efecto. por más formidables que sean49. por sus ruines cualidades personales. elegidas con determinada decisión personal. protagonista de Pedro de Urdemalas. sin duda. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época. no importa en qué clase social le tocase vivir48. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. por sus extraordinarias virtudes. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D .. Juan. en el sentido social. pero ¿no tiene que decidir toda persona. sería siem­ pre “princesa”. en todas sus cualidades y actitudes personales.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso. de m odo im ­ portante. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [. apagada.

Cervantes. ni los aires. atribuibles a su sangre noble. de muchos modos. Cervantes coincidiría de seguro con D. ni todas las inclemencias del cielo. «La gitanilla». no también been m ade according to her w ill» (W oodward. aunque. claro está. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones». fundamentalmente. resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta. cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores. de m odos diversos en las obras cervantinas. sino. Siendo en «extremo cortés y bien razonada». a ciertos resortes y móviles interiores. al espíritu del in­ dividuo. [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». p. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables. p. ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos. esen­ cialmente. sobre todo. verosímil de la tez rubia. de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares. creador de la novela corta espa­ ñola.. ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50. es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural. Quijote. que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos. . en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid. 450)..midables. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo. N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son.] D .} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». implícitos y explícitos. A lo largo de La gitanilla se muestra. es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775).). en que el cura insiste. «en la virtud». quienes la abandonaron recién nacida («[. contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. 50 G onzález de Am ezúa y M ayo. «Ni los soles. 25. pues. acomodada sociedad. mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. En efecto. quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial. 1292).

Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D. Tal modo de vida procede. modesto. . tan quijotesca. Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. por causa de su origen hu­ milde (aunque. por tan rara. de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. entre otros ejemplos. en cambio. puede realizar sus magníficos. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella. que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. bueno. y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. le hace decir esto a su loco caballero. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. pensando en su propia vida. exigente. necesariamente. nota 27. La genuina nobleza.]. siempre «sería milagro».. dice Cervantes. inteligente. aunque no le conozca. honesto. “divina”. posiblemente de padres nobles). deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. Es palpable la ironía con que Cervantes. Y el tan extraordinariam ente discreto. Juan) y no por sus virtudes. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que..en la confianza. discreto. con gran ironía. industrioso. en esta expli­ cación de D. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y. esa recompensa inefable. útil. pero a la misma vez sugiere. sino también y sobre todo para afirmar. jMuy rara nobleza!. generoso Pedro de Urdemalas. nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. sin paradoja. siempre deseoso de mejora. que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. bien conocidas también en la sociedad alta. pobre y humildemente nacida. Penosas injusticias. 1292).

la sublime «alteza» (775). senti­ mental. implora el cura —en nombre del autor. también el más apropiado. ridicula pretensión de superioridad social. Pierce. Claro está. exaltado himno al espíritu humano. com o a veces se hace. mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. pp. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. sin duda—. glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes. En efecto. aunque muy arduo criterio. propone algo y no concluye nada». La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. a veces. 53 Es necesario recordar. y por esto. caballeresca y. se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. señor compadre». que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina. 126-7. Juan proceden. R od rígu ez-L u is. Sólo con esta condición. pp. «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance». según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53.] con las que son imperiales». pp. picaresca. con mucha más razón. Destacan la relación esporádica con lo pastoril. pues el único. . A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. en particular. se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. quizás más que por cual­ quier otra razón. libre de toda superficial. entre otros. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla». 13-14).. con la pastoril52.. guardadlo cuidadosa. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. Cervantes no se propone sencillamente imitar. es su valor intrínseco. A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. 290-1 . mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención.

55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador. En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55. etc. todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [. el perdón de los lectores. Se realizaría esto como ya en otras obras suyas. . pero quizás se nos esté revelando. la Segunda Parte de La Galatea. referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. en La casa de los celos. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas. es decir. D e­ claró específicamente.] me diese el Cielo vida!» (1528). por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte. endémico conflicto en los libros pastoriles. Persiles y la novela bizantina. como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles. en El coloquio de los perros. repetidas veces. «que Cervan­ tes promete» (1054). 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes.. burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril. etc. Quijote y la li­ teratura caballeresca. en ambas Partes del Quijote (1605. La Segunda Parte de La Galatea no se realizó. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. con toda probabilidad. 1615). clásico representante de la no­ vela pastoril española. entre el mundo bucólico clásico y el moderno. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto. a nuestro juicio.54. / con las ansias de la muerte». al menos en algunos de sus proyectados aspectos. las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope. en La gitanilla. esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico..cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D. Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida. se concebía. con que. en El rufián viudo. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia».

ociosos cortesanos. en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. 1001) se pasan la vida en sentimentales. personajes ficticios y lectores. Los problemas amorosos. en consideración de todas las implicaciones personales. venales. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. delicados. también Pre­ ciosa y D. B ama C. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional. sutiles. a diferencia de la insularidad absoluta. arroyos claros. que también los afligen a veces. espaciosas selvas. económicas. D ama A. idealizados cortesanos. en que se sitúan los enamorados pastores literarios. los resuelven de manera “eficiente”. de pueblo en pueblo. . éste de G il Polo: A ama B. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad. de todos modos. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. los de La gitanilla. Sus preocupaciones son prácticas. que van por los caminos polvorientos.burgués de las novelle italianas. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. disfrazados de pastores de mansas ovejitas. Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. por ejemplo. El disfraz de D. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales. la fuente pastoril literaria de que surgen. conceptuosas conversacio­ nes. esos cultos. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. genialmente metamorfoseados. mítica. sociales de su relación. materialistas. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. pero nunca tan sim étricos com o. hermosos jardines. aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. C ama D. por la sobrevivencia. radicalmente final. Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso. quienes en «amenos prados verdes. en muías y asnos robados. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. sagrados montes. Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase.

tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. de los sucesos. con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. tan discreta. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. esos pasto­ res literarios. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones. refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. Los míticos gigantes. tan experimentada en la vida. "refinado”. poco antes aparente­ mente irresoluble. lógicos. como en las novelas pastoriles. se contrapone la vieja gitana. «desamoradas ninfas» (a menudo. supuestamente. \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes. ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. en suma. predeterminadas. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. particularmente el “alto”. que. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. a su vez.cia de que todo el mundo. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. animadora. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. de muchas. y no. En La gitanilla. Se trata. 1001). manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida. acusadas de “ninfas”. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. de que nadie puede extraerse. hechos de crucial relevancia en las . lleva siempre el disfraz. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. formulares. como. que no lo es menos. En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales.

pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje.consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. Sin embargo. hielos. pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados. co­ rrientes. de una naturaleza idílica.] ... 288. Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento.] y adornándole de ramos y juncia. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades. es. sorprendente. interrupciones forzadas. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca. amenazadores.. sauces umbrosos. Con su agudo instinto narrativo. continua. ante todo. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual. rayos. Se ha observado. nieves. por completo indiferente al hombre. La naturaleza.. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance». y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D . que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58... 58 Pierce. abundante... claras aguas cristalinas. esencial. generosa. dinámica. pese a todas las pretensiones neoplatónicas. serena. de amenos prados verdes. naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas. en contraste con cualquier novela pastoril anterior. en suma. [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego. Juan: «[. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos.. con gran acierto. claro está). las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta. encinas. com o por ejemplo las ceremonias. naturales. sonriente. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. incó­ modos. del alma humana. convencional desde la bucólica literatura clásica. aguaceros.. nada benévolos. insoportables calores y fríos.. por desgracia. fluida. Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud. haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles». Reduce. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo.. complicaciones innecesarias. El escenario. sin empalagos irrelevan­ tes.. peligrosos. p.. mirtos. sino sólo por sus propias leyes atmosféricas. es decir. que no sólo sirve de apro­ piado fondo. rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas. y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789).

poetisa de impro^ viso. de manera no­ tablemente sobria. cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. coplas. allí la pastora. pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). sin ningún sentimentalismo enfermizo. tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. después de lo cual le explica. como todos esos pastores literarios.. su propia noción del genuino amor y de la buena. infaliblemente. Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. en el desm ayo de D . diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros. 293. D e hecho.. Por ejemplo. subordinándolas a la conducta con que. muy comprensible­ mente. p. 60 M enéndez Pelayo. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». p. Juan por celos. el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos. ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos. hacen su acto de presencia y. Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo. O bras complejas. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras.. para cualquier ocasión.dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. vol. Andrés. honesta relación conyugal (790). zarabandas. sufrir el tormento de toca. O rígenes de la novela. seguidillas. La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. Preciosa no es automá­ ticamente. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. aparentemente.. Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D. y les venden sus obras» (775). Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. y no faltó poeta que se los diese. Juan. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo. y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. so­ bre todo. 14. 1000). pasajeros. en la vida cotidiana.. romances] [. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. .] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. 1001). Este hecho hasta ha inducido a sospechar.

62 M ontem ayor. quien también «se picaba un poco» de poeta. sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61. rabeles..de inmediato a sus enamorados. 1001). Lauro. Todas las canciones en La gitanilla surgen. Riselo». naturalmente. o de algún ribazo o peña. también en este aspecto. cuando más. pues. zampoñas. 25). pero que no son tan convencionales. 1001). . y que ella sencillamente repite. etc.: 1000). este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril. sino de demostrarse digno de Preciosa. Clemente (nótese. porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». p. No sólo no se imponen a los oyentes. Cervantes. al menos tanto como lo es el paje-poeta. IX.] gaitas. muy significativa­ mente. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. que también proporciona a Preciosa. com o me prom etió a m í cierto poeta. o». de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. Jacinto. árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. D. Juan. «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso. de la si­ tuación. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D. chirumbelas».. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla. cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. anticipables como los «mirtos. El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol. Juan y el paje-poeta. advierte: «no sé si de improviso.. y juraba por la laguna Estigia» (791). El coloquio de los perros. Cervantes. creador de la novela corta española. La Diana. Paródicamente. sauces» 62. no: «Lísardo. o a la de alguna mata. El paje-poeta es au­ tor de poemas. olivos. a toda costa y con cualquier pretexto.

tación como en el caso del soneto (787). ¡al lector también!. pues cons­ tituye una de sus características fundamentales. de dura acentuación. claro está. y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla. no hay duda. . en la de Gi! P olo. donaire.] a cuantos la escuchan». ¡Torna a cantar!» (776-7). Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico. Cervantes quiere nacionalizar.. En el Quijote. ritmos alegres. música. ingenuas o equi­ vocadas).] casi todos los ver­ sos mayores» (1053). no sólo dejan «admirados [. como por magia.... En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas. de temas maravillosos.. a menudo. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad. Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [. que pretendía situarse en esa tradición literaria. H ay algunos endecasílabos cojos. Éste.. «flores [. musicales. romancillos. hija. en la magnífica fiesta: «A ello. tampoco puede faltar el verso mayor. a ello! Andad. llenos de color. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances.. legendarios y actuales. Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787)..] que despide de la boca». largos. sino que. y pisad el polvito atán menudito!. drama.. al son de su panderete. de prodigiosos efectos coloristas. Sin embargo.] que derrama con las manos» (787). ninguno.] en redondo». por su combinación de prosa y poesía. logran hacemos participar a todos. zonas estáticas. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. españolizar cuanto más el libro pasto ril63. imperfectos. Estas melodiosas canciones. pero. pese a su incuestio­ nable atractivo poético. rítmicos. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana. Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances. la novela pastoril se caracte­ riza.. «perlas [. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [.. movimiento variado. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos.. pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa.. imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas. pues crean. fundamentalmente. amores. redondi­ llas y otros versos populares.

precisa. sin embargo. equilibrada. elegante prosa de Montemayor. matizada muy imaginativamente. erudito. (Esta. espontánea. incisiva. sin disonancia* exquisitamente lírica. fluida. creadora eficaz. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. pero. L ópez-E strada. pomposos. individualizante. le habrían parecido.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa. D ian a enam orada . ¡supuestamente expresión. rígidos. música. frío. y el de R. armoniosa. monótonos diálogos amorosos. cantante. rítmica. prosa siempre armónica. es­ pontánea del enamorado!. XI-XLVIL .. ejemplar novela pastoril. a la vez. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. dramática de la narración. dinámica. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho. ix -cill. vivida. bailadora.. fervoroso pálpito vital. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. y. penetrante. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. parlamentos alternados. determinada. sencilla. por el contexto temático y sítuacional. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. que son libros de entendimiento. G il Polo . sin perjuicio de tercero. «j. con frecuencia. A la vez. artificioso. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64.. poé­ tica.yicos —según lo percibió. complejas ironías. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica.» (D. esencial. Quijote. lírica. ¡naturalmente!. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico.. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa. sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. 1053).]. a la pos­ tre. ya Federico García Lorca—.. en sus va­ riaciones. aunque sólo mencionado. Particularmente esos solemnes. se convierte en una representación movida.» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. intuitiva. Ferreres. su sabor arcaico. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). actual de las gracias de Preciosa.. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. precisamente.

también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. su ejemplaridad. en La Diana de M ontem ayor65. Sin embargo. mucho más importante. en cuanto a la belleza de su pensamiento. Evidentemente. míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación.. de significado mucho más radical. es decir. en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66. 10. impensables en 65 La D iana. única en su tiempo. . de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. . con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. diría­ mos. de representación hu­ mana universal. gritos interminentes de protesta del autor mismo. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar». b? Ibid. pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana. 66 Ibid. pp. Preciosa es hermosa. se trataba de declaraciones esporá­ dicas. que no podem os estudiar aquí. citado en nota 5. y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. Desde esta perspectiva. en particular. Sin embargo. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. Cervantes destruye las artificiosas. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. y> por la invención literaria con que lo expresa. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes. como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802). Percibim os una actitud semejante en Encina. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”. l x x i x . Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. esos diálogos pastoriles. «Prólogo». 170-1.Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. 1053). Quijote. la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. crea una obra extraordinaria. 1001). ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778).

que.]. rabeles o gaitas.. son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. y no con voces delicadas. xxm .. de «muchos» libros pastoriles. su dignidad: «¡mi alma. sino un cata al lobo do va.Diana)68. Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. «Prólogo». cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». al encuentro de otros pastores y pas­ toras. y esto no al son de chirumbelas. ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69. 70 Ferreres. Juanita . 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». «no encaminados a un piadoso fin»70). dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. sino al que [hace] el dar un cayado con otro [. es libre. Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada . por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. determinada de vivirías ella también. su discreción. todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. y otras cosas semejantes. . personalmente. con que encauza prudente y noblemente su vida. «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—. sonoras y admirables. y nació libre.. C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias. ¡en voz alta!. conversando siempre de amor.. Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. aplicables a toda la obra cervantiva. discreta. se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia». sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. de la dignidad humana. Los amores y el matrimonio con D. y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa. de faltar todos los demás resortes humanos. que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». sentados en troncos de árboles. de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate). propio y ajeno. deseosa. lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles. insaciable lectora.

Pablos o Llorentes. no que cantan. un in­ tento. Domingos. pues representa. escépticas. discreta. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”. que. 1000-1). solos o juntos parece. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar. de haberla Cervantes completado72.. todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes.. . sobre todo. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea.con voces roncas. de recreación y actualización del arte literario pastoril. que parecen anunciar la parodia eventual. sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas».. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones. en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita.. magníficamente realizado.. su vuelta a la realidad. Pastores de pasmosa vulgaridad. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas. (El coloquio de los perros. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas. su con­ fesión del terrible error. sino que gritan o gruñen».

EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit. La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. «U n sueño romántico de Cervantes». al revelarse. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'. suponem os que éste debió de leerla allí. se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca. inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel.1600. o im posible. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano. vol. Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia. aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados. Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. 36-38).1 5 6 3 . de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. en parte. de pura fantasía. por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte. ante todo. se inspira a veces en las propias experiencias del autor. muchos incidentes. cuán difícil. detalles episódicos y expresivos. pp. la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó .C. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. creador de la n ovela corta española. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm.2. 1598. y hasta. Ambas son fragmentarias. basada enteramente en la latina. pp. Éste. su fuente lite­ raria inspiradora. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. tratado en tonos muy diversos. para su concep­ ción ideológica del problema. Il. Véase también Zamora Vicente. el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma. 43-49). según están sugeridos. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver.1 5 7 8 . D os años más tarde apareció una traducción italiana. L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad.1 5 6 8 . de manera inequívoca. 1608). Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. el frecuente tema del cautiverio. novelista griego o bizantino del siglo III d. 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ».

«Leucipe y C litofonte en el Persiles ». verano de 1967. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. (Véase nuestro estudio «A. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. Symposium. natural de la ciudad de Efeso. traductor de Leucipe y C lítofonte ». quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto. plantas. Stegman. amigo de Lope de Vega». Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. 166-175. «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». animales. hasta en su teatro 3.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. sino. separaciones.. «Action first. D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos. etc. anagnorisis. así com o una bibliografía selecta. etc. que algún personaje ha visto durante su aventura. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras. Leucipe y C litofonte (trad. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes. D iego Agreda y Vargas). R om ero. Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1. Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. pp. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». según la traducción de C occio. robos. explanation afterw ards is his device to . de un m odo general. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. C er­ vantes. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal. Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. un novelista olvidado. C er­ vantes M usterrom an Persiles. con un claro propósito experi­ mental. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. Por esta razón. que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa. naufragios. lleno de aventuras extraordinarias. 1917. El au­ tor presenta un hecho. Madrid. La publicó en Venecia en 1552. N ú ­ ñez de R einoso. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio. objetos de arte. In trodu zion e al Persiles. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. Esta novela se tradujo. encuentros inespera­ dos.La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio.

Some Ancient N ovels. de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada. en efecto. aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito. Novelas Ejemplares. El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. de éste para la naciente novela corta española. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo». El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. en que se atan todos los hilos. que también se narran por partes.. leve.) no hay rasgo bueno o malo. ésta se interrumpe.. p. porque es.] . Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro. th at is really characteristic o f the G reek novel . «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». según se evi­ dencia. 9). «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [. C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal.] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. Cada nuevo personaje narra su vida. go o d or had. a su vez. Éste lo ha oído de C.. con frecuencia.». dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction. quien. hasta el final. 192). Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco. nunca mordaz. a la vez. en el originalísimo Persiles y Segismundo. [«Antes la acción y después la explicación.de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest». y C. realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. lo había oíd o de D . varios personajes narran fragmentos de la misma historia. ficción dentro de la ficción. ejem­ plar.]!».. además de la acción contemporánea del relato. Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística.. por la simple elusion del defecto. parodia de ese género literario4. [(. A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. una sistemática emulación y. por diferentes m otivos. 770). es su recurso para mantener el interés». Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. Λ Zimic. A veces. en particular.

a la «fama» de Ricardo. 110). Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. sino por la referencia. «del tutto dilettevole. y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose. quien lo ha convidado a un lugar ameno. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. se extendió por todos los de Italia. ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. y de otras muchas partes». como lo intuye también M ahamut. derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento». pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas. Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. en la conclusión de la novela. pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»]. com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. su propio de­ rrumbamiento interior. su «miserable estado». El Saffar. que «saliendo de los términos de Sicilia. Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano.turcos. . universal. e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. como lo es Leucipe y Clitofonte. pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. 810). «por quien [sus] ojos han derramado. en realidad. che per amore infiniti affanni. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. p. N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». por causa de Leonisa. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. Historia de amor. particularmente en las obras de Cervantes (237-260). ¡tan románticamente!. En su nueva novela bizantina. el «amante liberal». pero no su actualización en la literatura moderna.

Otra significativa diferencia inicial. claro está. durante la continua transmisión oral. .. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. Se destacan así.. sugeridos sólo como probables. apelando.. «A tu buena consideración dejo. y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. por muy importantes en esta no­ vela. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). por con­ sideraciones de verosimilitud. otra razón y coyuntura y otra lengua» (829). más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación. Por razones de verosimilitud. a su vez. cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes. con la promesa de efectuarlo otra vez. modos de pensar. etcétera. p. o. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos. que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813). com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa». Cervantes (831). ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida. ¡oh Mahamut amigo!. decidió novelizarla. estados de ánimo.que tuvo en Leonisa». en cambio. quien. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar. pero.]. Leonisa. a veces. etc. gradualmente. entre otras cosas. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. 41). creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. y que así llegó también a él. a veces complementando las de los otros. reacciones emotivas. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. reserván­ dose el oficio de apuntador». a menudo. evitando por completo la necesidad del análisis anímico. que «requiere más tiempo. como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [. iniciadas in medias res 7. quizás. en cuanto a su exactitud y finura. en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). Mahamut) narra sus propias experiencias.

1656). dimmi che hai tu patito? [. (. poco después. Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes. y N . pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar. y por ese amor que me complazcas»]. En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes. un portugués cantando un nostálgico soneto y. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído. e per esso Amore..) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T. y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549. en definitiva. con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia. narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. según su propia declaración (Persiles.] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8. de índole estética y ética. no importa a quien. después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [..] ti prego per Gioue.. [«H e­ liodoro ya no necesita a C. se le salió el alma. que.] . De tales encuentros. 114-5. 1552). en el momento mismo en que acaba su relato.. pp. «se ha excusado este ca8 W olff. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote.) te pido por Júpiter. a menudo mucho más accidentados y fugaces. según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente. «dando un gran suspiro.. pero con ciertos reparos importantes. Por tan repentina muerte.. toda novela bizantina. Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos. al pie de la letra. sin ningún pulso propio.novela de Aquiles Tacio.. en plena mar. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven.».. que es. 1345). Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato. dime ¿qué has padecido? (. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”.

expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante. ni cómo estáis en este lugar tan solo. ni por pensamiento» (Persiles. 1569). comenta un personaje. y tan sin remos. Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. auténtica interacción humana... se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte. 1567). suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. en realidad.] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823). Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados. todo el pueblo de Trápana. que aun de animales no es habitada» (Persiles. ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. debían de ser casos tan desesperados como peregrinos». achacable a una concepción artística superficial.. desprovista de una convin­ cente. atenta a lo más externo. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. que no los tenéis. que no nos importa. los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que. «en pago de esto que por ti hago». como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles. al fin. pero en los ajenos. lo que se llora. La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois.ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche. sin duda. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar. implora Mahamut a Ricardo (808). para desviaros desta isla tan sola. dice Ricardo a Leonisa.. según parece. se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» . que no apures los pensamientos ajenos. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552).]. te suplico me digas».

pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. de curiosear. ¿No implica qui­ zás toda situación. Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo.que Ricardo quiere decirles (829). de inmediato. sin querer saber el cómo ni el dónde. y así. Leonisa es su amada. le preguntaron el precio que por ella quería» (817). sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). por ejemplo. Sin embargo. between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809). precarios límites temporales? Muy significativamente. quien es. además. al afán de oír cuen­ tos. incondicionalmente.] comes out in driblets. con que se consigue que «the story [. La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. etc. “ Dramatic retardation” . los ciudadanos de Trapana. mi amo. Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá. consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla. cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción. Con evidente diversión íntima.. característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. Leonisa. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. etc. Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío. . su compatriota y amigo de la niñez (808). necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut..

aumentando así el interés del lector. pero también. según lo comentan. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction . se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo. 1623). sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad. censurán­ dolo. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato.. pero «queriendo pasar adelante. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u ..) sorprendente (que P. es decir. algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro.. Esta infor­ mación.] .. como el mismo Ricardo.. a menudo. de interrumpirla continuamente. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense». «Todos se alegraron oyendo esto.. [«Retardación dramática (.. entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también. the reader grows impatient fo r the event» 10. Teniendo en cuenta dicho propósito paródico. que ni podía estar atento para escucharle».) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel.] 1 1 Riley. se parodia en el Persi­ les.. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [. que producen así un efecto por completo contrario al deseado. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». pp. El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff.. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. injustificados. con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos. p. 197.. por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles.. El lector se impacienta». Esta práctica de retardar la narración.). 192-3. 1615. Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. un encuentro con ella.portions concerning other interests». 121. consiguiendo así el autor que deseemos. ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. por la que el lector siente también gran curiosidad. que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia.] y con esto se despidió de él» (818). a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (. [«(.

de manera muy significativa. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (. a la vez. contrapuntística. sin duda. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen.. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. The irrelevancy is [. 167-8. advierte 12 W olff. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [. o Periandro!» (1615). ψ.. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas..) Lo irrelevante es (. y no dilatada» (1613). destacando. a pedido de Ricardo. pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa.. in particular. es uno de los defectos más llamativos de todo el género. no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles. sin posible «remedio» ni «alivio» (809). consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [.. is one of the most striking faults o f the whole genre». pues.] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares.]. . relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos. Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias. Lo percibió sagazmente Cervantes. y. del mismo narrador. su «alma en almoneda»....]. y sin relación con el asunto principal. y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya. por fin. The main story o f the Aethiopica. for fully half its course. for the insertion o f every kind o f irrelevancy. En nombre de Cervantes mismo.zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809). ni aun los casamientos de los pescadores. [«U n exceso en la descripción en particular. acrecentando la expectativa del lector y.] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 .) característico de la novela griega com o género. 1609). regateada por los turcos13. Hay. in its wide meshes.. La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece. AO). de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá». is degraded to the level o f a frametale [. quando ha de ser sucinta. además. 195-6.. pp. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room..] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración. con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo.

por ejem plo. zoology. Periandro menciona.. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. me puse a mirar el cielo». incidentalmente.. 511-3. D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer.] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera. siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio. Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal. corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas.. crítica literaria. y Mauricio re­ acciona de inmediato. ihr Wesen.. p.. 516). con ojos atento. el cielo: «me senté en el castillo de popa.. inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa. die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16. [«Su novela es un ver­ . aun de asuntos banales: «irrelevant geography. «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid.Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. von weitldufigen Reden und Monologen [. [«(. 1611). por muy sucinta que parezca. pp.] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken. que está cercano a la marina en el camino de las salinas». Homeric discussions.] pasa adelante» (810). Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). lite­ rary criticism. Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [.. discusiones homéricas y otra materia digresiva». The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste. ihre verschiedenen Arten.. travieso y aprensivo: «Apostaré [.] 16 Rohde. 15 W olff. y. hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820). and other non sensous digresive matter» 1 5 . ihre Aeusserungen. Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras.) geo­ grafía. es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809). 176. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos.. En la de Aquiles Tacio. p. zoología. particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her. Sin em­ bargo. su “profundidad” y “sutileza”.

que llegaron a humedecer el suelo.. pp.. «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826). explica que ha quitado «por prolija. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . 20. Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 . con que «el autor». 90-1). Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes. lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a». Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es. su esencia. Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje. por eso. y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras». incorrecto. Ricardo «no pudo [. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles. según noso­ tros.] gasta casi [.. por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles.. y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». 1576).] detener las lágrimas que como suele decirse. de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo. I. sus diferentes tipos. R odríguez-L uis.. Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas..]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte. 42. Acompañóle en ellas Mahamut [. p. por su parte.]» (§15). 1584).. y Cer­ vantes. 1609. pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor. Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” . hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia..novelística bizantina. sus manifestaciones.] todo un capítulo del libro» (Persiles. lo cual también desagradó al temperamento viril. quien «sabía más de enamorado que de historiador [. etc. . vol.. p. quien.. de prolijos discursos y m onólo­ gos (. y otros. 1584). 1 8 Apraiz. insinúa el perspicaz Mauricio. estoico de Cervantes.).

con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas. que no se pueda medir con razón al­ guna». En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida.. Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos. 367-8.. fuera de los peces. porque las más veces. los pensamientos que tuve y pasé. 1601)..] . antiguos o contemporá­ neos. He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope.) ex­ tensión excesiva».. Barcelona. 192. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles.].] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas. determinó de proseguirla. «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática. por no 1 9 Lope de Vega. y las aves [.]. suelen ser desabridas» (Persiles. y Sinforosa de ver a Periandro. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9. aunque sean de impor­ tancia. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. pp.. [«(. «disproportionate length» 20. los temores [. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores.. en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [. 19?. El peregrino en su patria. las que son largas. No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas. comenta el autor mismo. Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere».cribe esas líneas. abreviándola. Juventud. y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!». p. consciente o inconscientemente. 20 W olff.. que. E l peregrino en su patria. «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática. pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809).] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles. «Paréceme». 1613). 1608). 1625).. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva... «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela. A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [. que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas.

pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que. punto por punto». . de no caer en la. evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores. 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal. a veces. La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central. le relata a Ricardo «todo. reincorporar “la descripción de las costum bres”. pero. G onzález de Am ezúa y M ayo. Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra. se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut. que tam poco ahora se satisface sólo c o n . 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824). y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829). Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. una crítica social. casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa.. Otras veces. A zorín y otros). Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [. a veces... La declaración de Ricardo representa. en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. a la vez. etc. por ejemplo. con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. con toda proba­ bilidad. con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. por no ser tan prolijo» (814).ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura. como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte. Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza. con el resto de las características. pp. con el maestro A quiles T acio.22. la conversación que tuvo con Leonisa (820). la descripción de las costum ­ bres turcas constituye. hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna. aunque de considera­ ble interés en sí. 2 1 Además de relacionarse con la trama central. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes. basta decirte que fueron tantas y tales [.]. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. 33-6). un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio. pues.]» (814).. com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824). Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz.

). en las obras cervantinas.. «si no son Persiles y Sigxsmunda. p.. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria. Cervantes es el mayor transgresor.. hiperbólica. patria.) este manerismo (. de una exageración impropia o hipó­ crita. hace su presentación: nombre.]. que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea. tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810). 1518). «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto». and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages». Ciertamente. muy significativamente. etc. que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan». 700. 1711)..] . etc. and after making his heroine divine .. Ricardo. Se ha obser­ vado que «this mannerism [.. existe en la literatura contemporánea (. 1596. dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. «estas alabanzas. la más hermosa [. Persiles. «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» ..] que había en toda Sicilia [... the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J. abolengo.). words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24. la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada.. [(.superidealizada.). y en particular en el Persiles. digo creíble por­ que es tal. la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (. otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana». Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación.. mujer de quien está enamorado.. decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía». Sin embargo... el protagonista. «exists in contem­ porary fiction.Así como en toda novela bizantina. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (..]. pero que «Cervantes is the greatest offender. quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (.].. una donzellita de una hermosura incomparable y divina». 1583). sin em ­ bargo.) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela». que a veces.. deben de ser ángeles humanados» (Persiles. «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [...)...

por ven­ tura. su opinión acerca de ellos queda muy clara. Hízolo así Auristela. 1693). y sus mejillas. p. pur­ púreas rosas.. y siendo por ventura vista. que los discretos se admiren.. 1624). y que los necios idolatren?» (Persiles. que los tiernos se deshagan. 1859. con que lo cubra. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [. sus labios..]. «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [. 443. siempre al menos implícita. o que no me oyes. Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas.]». Clareo y Florisea.] si no es Leonisa. Madrid. como. III.] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces. sus ojos dos resplandecientes soles.. y no nos deja ver por dónde caminamos.. . Mahamut contesta presuroso: «En verdad [. Considerando que las metáforas con que se describe 25 A .. que mata en la misma hora que mira [. sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso. alabastro [.diosa Venus. que ésta sola tenía la forma que dices» (810). rubíes..] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo. por ejemplo. o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido». una maravillosa y concertada armonía. sus dientes.. como en los tiempos pasados.] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar. no sé quién sea ésa. vuelve a esta ciudad [... N ú ñ ez de R einoso. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor. y pasaron adelante» (Persiles. cúbrase el rostro con algún velo.. porque tanta luz ciega. ¿es posible [.].. ¿Quiere. porque ansí puede ver. no matar»25. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [..]. Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. ΒΛΕ. su garganta. En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así. se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles.. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales. Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa.. Por Dios. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. 1698). perlas. o al pedir a Auristela: «hermana..

. porque hay un rival poderoso..la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. porque existen obstáculos formidables. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector. et egli rispóse. pero éstos no se opondrían a Ricardo. con el consentimiento de sus codiciosos padres. grité: ¿te refieres a Leucipe?»]. etc. 15). y aun quizás de más provecho» (820) 26. no más. 97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. porque los padres se oponen a su amor. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa. si ella así lo deseara. parezcas gentil [. que determina todo el desarrollo de la acción. por una razón u otra. en efecto. se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. Leonisa no quiere a Ricardo. detente. en suma. que dejando de parecer cristiano. no vio jamás una semejante. . convencional. Ya este cambio inicial. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. p. con todo.]. p. Saltando de alegría.. exteriores. exceptuando a Diana. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. che trattone fuori Diana. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. non ne uidde mai una simile. d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte. el más formidable de todos. grande. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . y él contestó que. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella. La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte. pero. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto. Sin embargo. por intención expresa del autor. lo «desdeña y aborrece». 4) . Ricardo. a su unión. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. A questo io saltando d ’allegrezza gridai. Nótese por el momento también el reproche de Mahamut.

los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico. El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. Sin embargo. Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra. et caddi. et uno di loro mi feri in una coscia.concepto y un significado nuevo. no intencionado. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. corro a mettermi in mezo delle spade. et tutti corsero adosso la fanciulla. a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo. más trascenden­ tal para ello. esti hauendo messa la giouane in una harchetta. aunque de modo in­ directo. et caduto spargeua gran copia di sangue. mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». como «un loco furioso». hay otra razón. «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). huyeron»]. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. habiendo metido a L. amoroso alguno para escaparse de casa. a Leonisa «le tomó un recio desmayo». porque en El amante liberal. ex­ terno. a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. aquéllos. guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti. de no haber acometido Ricardo. con le spade ignude. que­ dando así a merced de los piratas.. Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas. ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él. Io. en un bar­ quito. muchos y grandes.mando mucha sangre. quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe. non lo uolsi comportare. nueva novela bizan­ tina. y todos embistieron a la joven. con espadas desnudas. culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- . muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina.

. pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares...] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [... a la vez. De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [... 90-115). [.. añadiendo dolor a dolor y pena a pena.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte... para que.]. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815). essendo Vun delTaltro innamorati [. siendo aborrecido de él y de ellos. Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito. decide confesarse cómplice de ésta.]». pero también un desesperado deseo de expiación.] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare...] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [.. 91) [«(·.) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M. no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere. pero en vano. y así yo abandonaré esta miserable vida»].) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (. para ser conde­ nado a muerte y. 815) 21.. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita.. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que. 89).. estando enamorados.] delibero di confessar Vadulterio . Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal. también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [.. su celosal rival. que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte . 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas. hemos mandado matar a L. en que Clítofonte. que es acabar la vida» (808.. claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo. frente al tribunal. haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente. «dijo Mahamut: . puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido. p.] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [. Clinias. su íntimo amigo..par ación.. mas él las atajó. pero de modo muy sucinto.. diciéndole [.. Cuando Clítofonte se acusa. alcance con brevedad lo que deseo. lo defiende con hábiles[ argumentos .. et dir che io et Melitte. .

Con buen gusto. me maravillaba. la qual serbo in ñaue. incrédulo. su amo moro.. éstos. su amo. pues lo reintroduce en su obra.. Al reaparecer Leonisa.. me entristecía (. «sería bueno comprar otra esclava. está conven­ cido de que su amada pereció (815).. persiguiendo Clitofonte a los piratas.Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas.. comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”. raptadores de Leucipe.) pa­ lidecía. Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112). «mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro. y uno de ellos (. et uno di loro [. El Cadí ofrece a su propia esposa.] Al preguntar. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada. y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma.. A Cervantes le interesó este incidente. Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825). quien se salva con Yzuf.. et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (. de que él mismo ha sido tes­ tigo... .) le cortó la cabeza.] le taglió la testa. pero Ricardo.. pero Ricardo. y que una noche echarían la com­ prada a la mar.) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?». con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”.] mi hai posto in si gran bene. mi attristaua [. y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta». habiendo visto estrellarse la galeota. flotando en unos «barriles» (823). claro está. tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio.. non credeua. flotando en «una parte della prora» (35). pues con Clitofonte se salva. con las manos atadas detrás. En una ocasión. que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. mi marauigliaua.. tampoco muere Leonisa. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí. no creía. que guardó en el barco. echando el resto del cuerpo al mar»]. gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven. diciendo que era Leonisa [.] que se había muerto.

. a fin de cuen­ tas.] quando sará tempo opportuno.) estamos aquí solos en el medio de las redes»..]. con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823).. no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían.... dijo Sátiro.]. si. Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte. 69..]. los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto. Esta explicación.] En cada caso C litofonte . porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado».. [«(. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91).) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?».. a Leucipe le ocurren varias “muertes”.. el amigo le dice que «ella stessa [. no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto. antes de llegar a las últimas páginas. non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [. ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y.] noi semo qui soli nel mezzo delle reti». y los temores que le so­ bresaltaron [. Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas. y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (.cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe. pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta... no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818). et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi. en realidad. [«Ten esta cosa secreta. Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia. tan irresistible para su curio­ sidad. Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa. pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique. 70). Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [.] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [. artificioso e inverosímil. con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa. no la sobresaltes.. disse Sátiro. ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”.. que resulta hirientemente obvio. en la novela griega.

cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. «por extraordinario caso». después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo. estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares. Apenas ve a Leucipe.. respectivamente. fundamentalmente. en fin se resolvió di­ ciendo que. por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. criado de ésta. lo que «no se ha de tener a milagro. la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla.] casos que acontecen raras veces» (Persiles. porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés. en suma. el 28 Chassang. En Ricardo. pero. por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban». porque Sosthene. ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal. así como dudando qué fin en él toma­ ría». bizarres. En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[.. en cuyas manos cayó.] . ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave. acuciante recriminación interior. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor. Les romans grecs. extraños. ajenos a la vida real o cotidiana». como en los cambios señalados ante­ riormente y. Por lo tanto. ¡Todo se acabó! Pero. Contra cualquier clase de sensacionalismo. XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt.. ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. sino a misterio [. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. étrangers à la v ie réelle ou ordinarie».. turbó el juicio del autor de esta historia. como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. a veces de manera casi imperceptible.queda entristecido. otras veces. 1576-7). tan frecuente en las novelas bizantinas. Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. 68). y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él. claro está. por mejor decir. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. por medio de un incisivo humor paró­ dico. Sin embargo. como en el Persiles.

los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). parte per dimostrare [. se apasiona de ella. Con la ..]. 84). pues estaba en su poder» (821)... para poder gozarla él mismo (817)..) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L.) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?». por lo cual determina «de deshacerse de [ella]».»].] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [. pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [.. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él. Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que..] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87)... todas las ter­ cerías de Sosthene. estas cosas no me importan»].) rico (. [«aunque sea él bello (. y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte.. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D. [«¿Tu (.. benigno.«lascivo» Tersandro. sin embargo.]. Y. de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla.] che era mosso de hu­ mana compassione. también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf.) virgen? ¡Audacia digna de risa! (. pero. se apasiona locamente de ella: «lagrimaua.... marido de Melita. «usaría él de la fuerza. su cautivo y compatriota de Leonisa. en realidad. di coteste cose non mi curo»). su criado (^Sosthene). y a Ricardo. Para realizar este de­ seo. pero en vano. pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas). al cabo de ochenta años.) benigno. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla. el capitán pirata que la raptó. sino.. pero consigue quedarse con ella el Cadí.. con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas. N o es que se dude de la virtud de estas doncellas.. Tersandro la insulta: «Tu [.. 78. vendiéndola a al­ gún bajá.. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad.. en parte para demostrar (. 80.. quien «da en solicitarla descaradamente».] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones.. a favor de su amo. Quijotey 1061). parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba. muy naturalmente. que en todos ello no durmió un día debajo de tejado. rico [. el Cadí pide a Mahamut.] sei vergine? O audacia degna di risa [.. De no poder alcanzarla por este modo.

]. Sentido y forma. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda. porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física.. pero. 90. para una conclusión feliz del re­ lato. al salir incólume de cada aventura. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. et sola. mientras que la heroína. Después de una aventura peligrosa. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que.]. et questa io non las- 29 Casalduero. ne tagliata dal ferro. la reaparición del héroe es comentario en sí. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [.. la espiritual y sublime. que mientras más se acrisola. He aquí. 30 Ibid.. ante todo. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. de las N o vela s ejemplares. anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. la voluntad libre con que todo individuo. y en la literatura del Siglo de O ro. . en el sentido más naturalista.ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. ne abbrusciata da fuoco. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista. por consideraciones de técnica narrativa. queda con más pureza y más limpio» (824). la quale non puo esser battuta da i flagelli. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. y no sólo habla. Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [. que es la genuina virtud. ¡toda mujer!.. con ello. et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta. obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824). sino. N o es. «como rayo de oro». pero sin destruir. pues. pues. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. p.. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo.

desnuda. poderosa. aunque en el nivel más material. ill. algo paradójicamente. Quijote. prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. pudiendo usar fuerza. 1263). del amor libremente correspondido32. . Libertad¡»]. que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre. tanto más radiante en las prisio­ nes. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. L angus a n d Achilles Tatius. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego. Quijote.) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad.·. promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. El pensam iento de C ervantes . que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons.ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. caps. según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà. la cual no puede ser azotada por los látigos.. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . Teniendo esto en cuenta. lisonjea. 32 Véase Castro. I. con su acostumbrada travesura. Y al más escéptico. ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. pues coinciden con su pensamiento fundamental. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. TV. mujer. Implora. Melita. también el que los amos de Leonisa. cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo. sola. The G reek Rom ances o f H eliodoru s .. 1605). creemos. y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». Liberty!» 31. parecida. Estas magníficas pa­ labras. p. Cervantes le amo­ nesta. Por ejemplo. se explica. que revela. Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular. 87) [«(. 474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. pues. tengo sólo el escudo de la libertad. esencialmente. y ésta yo no la rendiré jamás»]. exaltador del libre albedrío. rica. diferente de todas éstas es la de Leandra.) yo. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida.

pues Melita no deja de intuirlo.) (T. che gia vien mancando» [«(. 144). a su tentadora. 72. 1599). fiel al recuerdo de la desaparecida amada. A me par di amare una statua» [«(. que. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel. Los amantes. 67.. percioche tu conserverai la mia vita . 74.. lo cual resulta cada vez más di­ fícil. Ésta. de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. finge querer servirle de medianera a Melita. aprovechándose astutamente de esta situación. complá­ ceme»]. 310).. 75). en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras . con toda clase de pre­ textos ingeniosos... resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro. desesperada. más bien.. en lo que tú puedes.) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio. mi facci una gratia [. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [. ne di far alcuna di quelle cose. pues. Así.. según se ha dicho.) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel. A pesar de estar por completo a la merced de Melita.. tomando en cuenta sus obras conjuntamente.ciato ne di dir.. me parece amar a una estatua»].. leño u otra materia insensible. a quien. lo re­ produjo en casi todos sus detalles. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte. recurre por fin a Leucipe.) te ruego...) se ha ido a visitar a un amigo. Cli­ tofonte. o legno.) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (. con lo que tu salvarás mi vida. que ya me está faltando»]. o altra materia insensible.. 68. que.] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico. che possano muover gli nomini ad amare»... Leucipe promete servirle o. durante la ausencia del marido.. Sin embargo.] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo. che ho usata verso di te [.] ben ti prego che in cose che tu puoi. in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía.. Clitofonte trata de evitar.) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (.. por su pa­ sión. Fammi adunque copia di te stesso» [«(. [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»]. me hagas un favor (.

pero esta . muy significativamente. incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». por ejemplo. 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). la lujuria. que el Cadí se apasiona de Leonisa. Halima desea sexualmente a Ricardo. con cierta indulgencia compasiva. sin duda. ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». ambos vueltos al cristianismo. Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio.' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. ¿por qué no te vas con él?» (68). que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección». Aceptada esta sugerencia. «quien tanto la quería». no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34. al abrazar Leonisa al Cadí. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve. en ocasiones. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. Esta acti­ tud. después de suplicarle éste —y todos los cristianos. entre otras. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar. despre­ ciativa y. Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. con facilidad dio lugar a un mal deseo». Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal.anteriores. de evitar la repetición. (N o v e l to Romance. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias. porque ella es bella y joven. con el propósito. como. p. por ejemplo. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas. todos los creyera» (825). aunque a diferencia de Melita. 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». que. Sin duda.

la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. con plena libertad de volunta­ des. 824). por causa de la doncella robada. del modo más metódico. XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»]. la condena de su inverosim ilitud es inválida. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis.A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. claro está. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. pp. aunque. 36 La persecución de una nave por otras. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana. 29). siempre arbitraria. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. amo pirata de Ricardo. . Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. Les romances grecs. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol. «le dio un dolor del costado tal. de no percibirse su propósito. Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. E n o p in ió n de m uchos críticos. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. 23. Por otra parte. en una conveniente batalla naval (826-8). a Fatala. que varios críticos llaman “triunfal”. hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. Sin embargo. Respecto a esta batalla. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. que. sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». le advierte a Ricardo. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas. Chassang.

1623). este esgrimidor. espectacular de continuo apela a C. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39.. «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada. con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos». p. este corredor y salteador [.. ni de más altos pensa­ mientos.] 38 Castro. El pensam iento de C ervantes. p. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. Durante la batalla. por ejemplo. 95. 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos.) frente a m uchos espectadores». con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810). rindiendo después «la galeota de Alí.muertos. Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles. . y sabe a qué atenerse» 38.. and wishes that she may hear o f his fortitude [. ante todo. [«T. deseando que ella oyese de su fuerza (. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen. «possesses active courage o f a theatrical.] before nume­ rous spectators»37. p o ­ see valentía de un tipo teatral. que sin defensa estaba» (827-8). 150. O tro oyente. spectacular sort [..] continually calls upon Chariclea.. pero cierta­ mente no heroica..]?» (Persiles. ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho.. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente. En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes. en otra oca­ sión. de mejor condición que la mía.. y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos». 1586). quizás discreta. y los vivos malheridos. Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín. comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador..

.] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo. nos dice Cervantes. con su boda y las fiestas y banquetes en su honor. benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (. a su padre.] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [. pero. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto. Callisthenes decide raptarla. de quien pronto se enamora perdidamente. su boda y la de Mahamut y H alima.las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil.. las «luminarias [. con «ad­ miración y contento» de todos.. “pura”. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo.) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». [«(..) se mostraba honesto y amabilí­ simo.) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (.. benigno. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande. con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. y Callisthenes (99-115). por error. Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla.. a servirla desinteresadamente. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín.. et p ru­ dente.].. et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: . Es oportuno detenernos en este personaje que... si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras).. el verdadero. rapta a Calligone. a todas luces.] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes. más que el mismo Clitofonte. Al volver a la patria y devolver a Calligone. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe. La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana. con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte. sugirió a Cervantes. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113).. después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad. que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe.

y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [. llégate.. 812. ocioso. Tersandro. Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. cruel. etc. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio. 829. al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada.] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone. un poco más..]. no muy desarrollada o ca­ rente. «no movió los labios en provecho» de ella.. soberbia. indolente. cobarde. . en cambio. de blandas manos y rizos cabe­ llos. finalmente. [«(. Ricardo le lanza indignados. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín. a C or­ nelio. etc. en aquél. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa.) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello.] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40.. hasta en situaciones muy cruciales. (811. es su total incomprensión del verdadero amor. pero éste no es en modo alguno una mera copia. inca­ paz de acción. ¡oh enemiga mortal de mi descanso!. coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114). al negociarse el res­ cate con los piratas. afeminado.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. al comienzo. abandonando a Leonisa desmayada. «comienza a tem blar de miedo». «mancebo galán. de voz meliflua y de amorosas palabras. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio». è stato per elettione et per giudicio». Leonisa favorecía. hom bre de meras palabras.. más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase». no sólo la amé [a Leonisa]. o a lo menos desde que tuve uso de la razón. en realidad... Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo. suaves.. [. El problema fundamental de Ricardo. atildado. Sin embargo.ma quel che ho fatto poi. egoísta. en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate. todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados». y.). Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años. sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [. al encontrar al repatriado Ricardo.

etc. Éstos. cuando ella. «pone los ojos» en Cornelio. H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). pues.. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso.. como afirma con orgullo y convicción.. presumías de ti algo más de lo que debías» (824). ni poder. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio. etc. En efecto. según todas las apariencias. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830). (810-11)4'. con total independen­ cia. «siempre fui mía» (830).]. pp. ¿Por qué. arrogancia.se estructura. ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada. favorece Leonisa.] que este mozo [. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa. Ricardo los ofrecía siempre anticipando.. nótese. cuando se encuentran en el cautiverio. en efecto. Sin embargo. Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo.] ha de querer.. De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . como la cosa más natural. con el especí­ fico.]. soberbia y mal considerada don­ cella [.. 5-33. el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél. le dice. ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [. sus padres favorecen a Ricardo. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste. . sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso. pues. ¡«pagando mi voluntad»! (810). joven discreta. mercaderes.. de buen gusto. intere­ sados en tener un yerno rico. a tan despreciable individuo. de sóli­ dos valores morales y sociales...que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte.]?». por ventura. acabe con ella la vida [. toda la obra: todos esos piratas.. Aspereza. obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres». que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—. presunción de Ricardo. ¿piensas. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios.

En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa. de un modo u otro. quizás para siempre. ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo.obra.por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. Al tere ear. «aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). lujuriosa (816-7). que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. ante todo. una correspondencia sentimental. ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812). pero en sus entrañas percibe. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual. por primera vez. entre su amo moro y Leonisa. pero. la ine­ quívoca expresión del genuino amor. esencialmente. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos. como mercancía cotizable. él no se distingue. en rea­ lidad. aunque con ello arriesgue su propia libertad. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. y al fingirse enamorado de Halima. cargada de «gruesas perlas». mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». debiendo separarse de ella. que es. se afanan en comprar. empezando con el intento inicial del rescate. por sugerencia de . El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. el amor de Leo­ nisa. Ricardo pierde a Leonisa. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual. también por primera vez. en que Leonisa. de esos mercaderes del favor amoroso. aunque sólo fingidamente. pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. encontrando en ellos.

Leonisa. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte». en presencia de «su felicidad y contento».. Leo­ nisa es suya [. hasta a riesgo del mayor sacrificio. que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [. Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [. el que por elección. la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?». y. la conducta de Ricardo era presuntuosa. sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal. De hecho.]. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada.]». nótese («¿es. sometiéndola a la de él.]. contra su propia voluntad. sin exceptuar la gra­ titud. das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben». Ricardo. según a ve­ ces se concluye. Al contestarle Leonisa: «Tuya soy.. en realidad. en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo. a pesar de la impresión tan contraria que le causó.]! [. Todo el desarrollo de la acción.. tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos. purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa. sin obligación. «llana» y «humilde». que del mismo modo se une a la de ella. sacri­ ficándola.. al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada. no le entrega su voluntad... de . con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor. Por todo esto. sólo lo es cuando es librem ente correspondido. renunciando a ella. y tuya seré hasta la muerte» (830). y ella.. por ventura.. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587). le advierte Leonisa. su «llano proceder». precisamente. Ricardo.. reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824). durante el cauti­ verio. Por esto.. 824). imposición o condición alguna. a la vez. impulsiva. Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que. en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon. 823). el más precioso don humano.] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [. indiscreta. sino que la une amorosa y armónicamente a la de él.

con frecuencia ameno y variado. Calderón. «H eliodoro y las novelas españolas».. particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio. 214. como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [. Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro». A diferencia de otros autores contemporáneos. Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles. Gil Polo. 45 Shepard. sobre todo. novelistas cortesanos. niemals das der Beherrschung » 42.] de su complicada trama. El amor es criatura de la libertad. 44 L ópez Pinciano. D ié K u n st des L iebens. Philosophia A n tigu a Poética. . A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y. indicados (no exhaustivamente) en este estudio. 167.. an­ terior a la Philosophia Antigua Poética.. 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (. la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria.nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit. p. Ale­ mán. nunca del dom inio»]. p. pero no de­ cisivo. la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. 255. en la dulzura del cuadro. 1980. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616).Martín Gabriel..). 4. Sin embargo. Lope. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica . novela intensamente influida por la de Heliodoro 45. U llstein . en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [. en la suspensión del ánimo en el relato.. pp. en todo caso. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional. etc. sin excluir a Pin­ ciano. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro. Frankfurt-Berlín. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor. La profunda influencia de las novelas bizantinas. 31.] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43.. p. la cual.

artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. en su ingeniosa. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. abusivo. p. sensacionalista. diversa. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. ennoblecedora exploración de la condición humana y también. casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. and rightly. The G reek. El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina. en suma. 137. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. de forma muy importante. aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. 47 W olff. 240). constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. 26 [«Se puede inferir. articulado en el Persiles. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario.a place much more important than they give to character»47. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor. Sin importar la fecha de su creación. Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. dinámica. El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. no aparece significativamente afectada por ellas. con algunas excep­ ciones. inteligente. . p. al fin su personalidad. Importa casi sólo la acción rápida. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. discreta. T odd. in­ sensible. reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina. Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. sabia técnica narrativa. that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . cuya eficacia depende de su utilización moderada. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. Som e A ncien t N ovels. en su iluminadora. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. inevitablemente recordaría al del Q uijote. no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». justam ente. en suma la aventura exterior: «It may be inferred.

. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman. 89). del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje. Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. pues. 78. de la anagno­ risis. La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. p. aunque no por com pleto satisfactorio. pertinente y útil. I. pp. lo que en ella se representa. pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. p. ante todo. a la vez emulado y superado por él. para un relato interesante de la acción novelística. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. de la gradual reve­ lación interior. precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones. También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!». moral se complementan y funden armoniosamente. con nom enclatura errónea. eficaz. Cervantes la utiliza. que se caracterizan por «el tiem po de aventura». asimismo. Sin embargo. de novela de aventuras. sino más bien. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». 30). a la vez. en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. En este proceso tan excepcional. exterior. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. 241). de novela bizantina. también la convierte en instrumento ingenioso. pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. nuevo. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares.nica narrativa bizantina. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. pero. Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico.

45. «Sobre el realismo cervantino en Rinconete». 30-40. en efecto. pp. «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo». cua­ dro de género picaresco». en cada caso. pp. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”. il.]. Blanco Aguinaga. pp. 2). epi­ sodios. La novela picaresca española. «Estudio preliminar». 41. pp. la más famosa novela picaresca3.. detalles técnicos. Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca.]. para destacar.. La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. entre otros. semejanzas. pp. «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». 1.R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. Pérez M inik. VII. 436-441. Casalduero.] que supera una visión unilateral [.. entre m u­ chos otros. p. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. C er­ vantes creador de la novela corta española. N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . que sólo lo es en parte. 97-8. Estudios de literatura espa­ ñola. .]» (Evangelio según San Mateo. e t c .. Valbuena Prat. Varela. Zamora Vicente. 230-9.. p. El Saffar. que no lo es en absoluto. que sólo «roza motivos picarescos». pp. Casalduero. en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [. Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. G onzález de A m ezúa y M ayo. p. 88 ss. 18. con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios. Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. Sin 1 Apraiz. pp. 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo. personajes. Castro. 314-342. diferencias. 109-131. 43-46. 8. 2 D unn.. pp. pp. pp. El pensam iento de C ervantes . N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca».. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf... 43-47. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. nuevas funciones del préstam o2. H ainsw orth. 31. Y. que es «una novela de picaros. que representa «una picaresca diversa [. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria.

a menudo. pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. con algunas obser­ vaciones penetradoras. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. sin respetar ni mirar el daño venidero» (254. indiferentes. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577. ineptos («va huyendo de su amo. moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. en definitiva. pp.embargo. «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia. sobre todo. «Estudio preliminar». el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A . de su representa­ ción de la experiencia picaresca. 9 ss. pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. sin duda alguna. 258). in­ quietudes íntimas y. despeñándose tras el gusto presente. de «mozuelos caminantes» (299). sino de advertencia crítica. con varias ediciones en los años siguientes. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra. apa­ rentemente común en la España de aquella época. de casa de su padre». su genial formulación artística. huían de casa por varías razones —padres o amos crueles. . L a novela picaresca española. La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599. en parénte­ sis. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [. véa­ se Parker. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo. por el estímulo inmediato.. pode­ roso de Guzmán de Alfarache. p. L a novela picaresca española.. pp. en su rápida narra­ ción». como el mismo Guzmán. ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace. en parte. en lectores desprevenidos. en que a menudo se hacen valiosas sugerencias. indicando la página. todos estos estudios comparativos. estrecheces económicas—. Los picaros en la literatura. de hecho. Vaibuena Prat. Rinconete y Cortadillo «representa. pero. 298)6. de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. 42. En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. 5 Vaibuena Prat. quienes. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. tras la cita.]. 32-36). Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. Quijote respecto a los libros de caballerías4. lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. lo que prueba su inmediata gran popularidad.

pues volcando el 6. corrijas las tuyas en ti» (391). el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569». . Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. En el ma­ nuscrito Porras. 301). ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. XLVll. 1605 (cap. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). a diferencia de Avendaño. 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. para que me imites a mí: antes para que. a cada paso. especí­ ficamente.. pero. sabidas. ciudades. no es. lógica. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. aunque pudo escribirse ya en 1599. aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. nos dice Cervantes. cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo. por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica. si quieres oírlo. Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». sin entendimiento ni gobierno» (271). a este modelo literario. a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache. o poco después. Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple. año de la publicación de G u zm án de Alfarache. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona. que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. este alarde público que de mis cosas te represento. países extranjeros y caminos siempre diferentes. la fecha 1569 sería ideal. a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos». llenos. 1248). según ya se ha suge­ rido.. en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. esta «buena vida picaresca». sucesos inusuales. Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. que aquesta confesión general que hago. aventuras excitantes. la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica.personajes cervantinos. Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9. de encuentros sorprendentes.] hallé» (271.

imprevistas. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo. “romerías”. Quijote.] serves». N o ­ velas ejemplares. el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0. entre otras cosas.. este ¡«almíbar picaresco»! (301). de moldear su vida. 338).]» (308. de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca»... sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. al azar. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . otras. Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce. Quijote. Andalucía.. 33). otras. que considera verdaderas.] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia. que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres. por el acaso» (Blanco Aguinaga. como vamos de Castilla a la Andalucía [. «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance. se hallaron [. 339).] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso.y en la astucia. desde que se encuentran.. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco. como D. «los dos m uchachos [. [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (. I.]. p.]. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas. «En la venta del Molinillo [. vol. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales.] se van a dejar llevar.]. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”. pero.. deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas... 34).) sirve. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [. enamorados de las novelescas aventuras picarescas. Rinconete y Cortadillo. Sevilla. «Cervantes y la picaresca». pues. A diferencia de D.. casi siempre. sin las molestas preocupaciones. peligrosas y.. al menos por un rato.. Sin embargo. a veces forzadas. el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [. p. para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [. el primer padre fue alevoso [. a veces pro­ bablemente m uy sinceros.. «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida.] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años.. las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales. entre otras cosas. quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas. Así. huyen de sus hogares..... para emular las de los libros de caballerías. «Introducción». D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón.. que es todo el que los rodea.

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
s i § ° *

procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

...].. en «jactancias en el hablar» (460). sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [.].].] tener paciencia.... como sus cómplices.] con extraño disimulo.. etcétera (838)..]....... es decir. refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [.. A menudo utiliza refranes.] no debe de estar perdida [. que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [. si no es para la m uerte [. día de juicio hay [.] (457).] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461)..]. lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 .. particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos.]. con media capa menos [..] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses. que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [. típico m odo expresivo de Sayavedra.]». cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458). que de menos nos hizo Dios [. Sayavedra dice que «el pecado [. únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[...]. Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos. en su buen discípulo. etc. “profesionales”. posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[.. que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día.... Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo». le dije [.. tener paciencia. con que «embe­ lesa» a sus víctimas..... si acaso por el aprieto se le caía [.. .]» (838).. le co­ menzó a decir tantos disparates [. acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [. sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [... Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes. He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra. ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos.... Cortado le marcó por suyo [.] esa bolsa [..].. y sin turbarme.·. respondió: [.. Martín. sin al­ terarse ni mudarse en nada.. antes con rostro alegre. En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo.] y así se iban corridos [. (459). U n a mano lava la otra y entrambas la cara [.] benardinas.. Cortadillo: «para todo hay remedio..]» (458)..“oficio”.] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado. pero siempre salvándose de algún modo del aprieto. el sacristán le miraba de la misma manera [.] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S..]. y donde las dan las to ­ man»...

a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí. por «generosi­ dad». D u n n advierte que. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes .. pues.]. según recordarían. que de se­ guro.··]». ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán. por parte de Sayavedra-Lujan (385. en circunstancias tan oportunas. el arriero. inesperado. D e acuerdo con nues­ tra tesis. al terminar el viaje. de algún modo. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. pues tan extremado cinismo resulta. p. sino más bien en el programa picaresco. Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res.. 174). «me­ dio amo» de Sayavedra. ya están contemplando20. entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. «medio amo [. En suma.. a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores. pp. con que consideran pro­ pio. en verdad. las «memorias» de Alemán. en su carácter. como si fuese convenido desde el principio (295). 20 Sin percibir la imitación que sugerimos. 391). que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje. con tan cuidadosa. con la víctima tan desprevenida. 126-7). pese a todo lo entretenido del engaño. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final. Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque».] parece m enos simpático y más de acuerdo. tal com o en el Q uijote. quien. admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis. Prescindir de este lance. literario. lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos».. por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836).Poco antes de llegar a Sevilla. «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. en cam­ bio. . uno de los caminantes. algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [. en efecto.de la camarada» (836). En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso. es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño. ¿no equivaldría. le exigió pago. excepto si no se presupone radicado en su ánimo. con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán.

. «Vestidos de mezcla» (324). Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924).. un sombrero sin toquilla. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4). etc. pero engaña de ordinario».. antiguas funciones.]. vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo. en que traen ropa “para rem udar”. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego. “hatillos”. Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz. quien. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa. para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos... particularmente a los picaros “novatos”. Al salir de su casa. como podría decir con más razón que nunca Guzmán. hijos de familias “honradas”. observa Guzmán (324). bien es verdad . y recogida toda en una manga. sabe mudarlos con la mayor destreza. encerada. rotos y maltrata­ dos» (834). explica Guzmán. no teniendo «mucha gana de volver a los suyos.. Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar. for­ mas. que donde falta conocimiento el hábito califica. festi­ vas. de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”. pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas.. Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne.«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido. el otro. los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. una ca­ misa color de gamuza. [al] otro [. un cuello [. auténtico camaleón en los vestidos.]. quien. “mangas”. prácticas. se deshace de sus vestidos.] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto. con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”. colores. y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. Por esto. para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas.. que todo parecía hilachas» (834).: «Traía el uno m ontera verde de cazador. según se lo piden las cir­ cunstancias.. bajo de copa y ancho de falda [. ni de ser ha­ llado dellos». A todas luces. proveniencias. que al hombre pobre ninguno le acomete...] en el seno se le parecía un gran bulto [.

por habérsela robado en una venta. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida». que el mozo adopta para su vida picaresca. Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria». 320. obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834). el cual.]. que los tiene «arrinconados» (269. aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835).]. que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán.. en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí. sobre todo. en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo. inveterados.que lo enmendaban los zapatos [. según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. al «destino». dio noticias de mi habilidad al corregidor. 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835).. El nombre mismo. Diego del Rincón. inescrutable e imprevisible. Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254. Rincón y Cortado parecen espantajos. que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”.. claro está] (323). 435)? A la “suerte”. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834). de lo cual hay repetidas menciones en la obra. coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). pero convencido de que «contento no existe en el mundo». buena o mala. ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269). ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». asimismo como Rincón. se queja Cortado. a la «fortuna» [.. sin suelas. se queda «sin capa». y. de manera que más le servían de cormas que de zapatos». aficionado a mis . siempre enigmática. por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez.

108). Cortadillo y Berganza». casi siem­ pre. «señor». y Sayavedra: «me reconocía por amo». pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835). y así salí de la ciudad» (835-6) 21. 32-36. N o v e l to Rom ance. que. Con «vuesa merced». «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. quisiera verme. por ser humilde.. itinerarios: «Allá vamos [. Y Cortado. armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835).). y. el “me­ nor”. de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen. la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos. de un remedo fiel de esa incongrua. es aceptada por ambos mozos como natural. pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. en efecto. procuré de no verme con él. y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. no quiero tratar con personas tan graves. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero. el “m ayor”. que es el “mayor” de los dos. «señor gentilhombre». «vuestra merced». Mas aunque no me lo mandaran. p. «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán. . así habla Rincón. ha dicho [.. Esta relación. acreditativa de su nueva vida pica­ resca. en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre». 22 D e tenerse en cuenta. tam­ bién en esto. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 324.buenas partes. etc. «señor mancebo». 29-44)..]» (836). dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22. que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5).. 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. En efecto.. cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852). mas yo. pp. esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra. pp. sino. También la tendencia morali­ zante. en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm.] y serviremos a vuesas mercedes» (836). didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas. que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. señor Rin­ cón. «se­ ñor caballero».] como vuesa merced. en cuidado lo tenía.. suele consentir: «Sea así [. «información de hidalguía» (323.

hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo». sabiendo leerse los pensa­ mientos. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [. p.] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia. Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). Las palabras son “cortesanas”.435. sino con la pretensión de ser auténticos picaros. 453... quienes. pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321). no importa si aldeana o urbana. pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios. algunos personajes intuyen la pretensión. Sayavedra y otros picaros23. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas. C om o señala también L ópez Estrada (ibid. Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo. T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. pero utilizadas por los picaros. 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos. 61). para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38).). De todos modos. la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836).) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán. Ambos concluirían. 461.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24.. pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836). uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse.. E n su interesante "lectura” de la novela. . López Estrada observa: «los m ozuelos [. ¡cuántas más mejor!. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”. cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello. aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas. aburrida. es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. diferente de la nuestra en su premisa inicial. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar. sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto. etc. en familias ricas o no. esa «vida estrecha». que a la postre los empujase a escaparse de casa. Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca.

no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). verdaderos amigos». único fin de ambos. R. indistinguibles de las del modelo literario. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [. «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. en realidad. en sí.] . y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero. Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia.. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos.Entregándose. 36). sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte.. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas. R. Y levantándose Diego Cortado. [«A diferencia del verdadero picaro. está distanciada de la sociedad». Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise. Ya que la máscara m isma representa la evasión. y Rincón a él. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino.. comencémosla con santas y loables ceremonias. tierna y estrechamente» (836). y de que son muy conscientes. económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal.] ha de ser perpetua. ho w ever.] [asegurando]. p. Quizás todo sea muy sincero26. de éste hasta el último día de nuestra vida. que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. Since the m ask itself represent evasion:. con el estribo [. y C. el robo al francés. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. Rincón: «pienso que habernos de ser. pues.. y no por adversas circunstan­ cias sociales. abrazó a Rincón. Todo lo contrario. etc. pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255). Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro . pero esto.). y C. se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27.

a los cuales todo su ínsito alegre. «Ver» ciudades. no cabe pensar en un propósito imitativo.tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. sus intentos de asumir unos caracteres. p. Después de la treta con los naipes en la posada.. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. así. aunque qui­ zás las evoquen íntimamente. sentir y. pero. le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz. Q uijote. deciden repudiar la vida picaresca28. Ocurriría así com o con D . por ejemplo. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 . de hecho.. el gran concurso de gente del río» (836). unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. Guzmán.] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. como es natural. dejando al arriero agraviado y enojado [. concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos. 6 8 ).. según la práctica picaresca (462). Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad. juguetón. Claro está. Así. con propósito y convicción ab­ solutamente serios. es m uy posible que en ocasiones. asimismo como D on Quijote. Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura.. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo». saltaron delante de las muías y se fueron con ellos. a diferencia de éste. «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. gracioso. com o en el engaño al arriero. y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. por ejem­ plo. que les hacen imposible. en la interpreta­ ción de Van D oren (D. quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás. «temoroso» de que los perdedores. «como necesitados». al reconocer su esencia. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que.]» (836). el pesimismo y el cinismo de éstos. Q u ix o te ’s Profession). Según ya se ha sugerido. como.. resultan inevitablemente cómicos. ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial.. .

de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles. quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos..rarse» de sus «cosas curiosas». Sayavedra y otros picaros dromómanos y. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro.. palacios. ríos.. los instrumentos. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. estatuas. a menudo.] toda la lección» que un mozuelo. de quien comencé a tomar liciones.. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836). visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [.. «cuya vista les hizo suspirar. los lugares.. fue tanta mi alegría. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río.. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán. plazas.. jardines. Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella.. De todos modos. las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. fuentes. para con ello ganar de comer» (321). ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. el «asturianillo». «en especial y primero su iglesia mayor».. y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836).. «toman bien de memoria [. que no sabré decir» (432-8).].]. casas. asimismo como Guzmán en situación análoga.. [. obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid. bosques. con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey». y si era de mucho trabajo. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos. Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma. . les da sobre las prácticas. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321).. una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia. G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón.].]. y de qué ganancia» (836). informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél. tan exaltados en Guzmán de Alfarache. lastimar. que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid. con óptimos resultados: «Dime tan buena maña. cómo había de compadecer [.

sabe poquito y nos destruye [. Por esto. entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456). y quien «se contentó [.. quien «cargóle muy bien. Destruyenos el arte [. Guzmán encuentra a un «despensero».] me cobró amistad.. a darse avisos. “liber­ tad”!...parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad. Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [. nuevo es en ella. se encuentra con un soldado. enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba.]. Desta continuación y trato [.] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30. Y Rincón.. cómo me llamaba...] de la buena gracia del mozo. sabiendo de dónde era. diversión. así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles. Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase.. a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse»...] al cam ino a la ventura [.. Evidentemente muy consciente de tal “error”. Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero. y díjole que si quería servir.. de lo cual se arrepiente mucho. y apar­ tóme a solas [.. que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837). esto es lo único que los dos buscan.. le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [. Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [. y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309).] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras.. Como esportillero.. Mu­ chas veces me lo dijo. éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma. según se viene viendo cada vez más cla­ ramente.]. 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo. pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309). ayudarse. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro].. quien «hacía confianza de mí. como esportillero.]. de acompañarle». cuándo y a qué había venido».... y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda». contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [. 342).].]. por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837). examinó mi vida. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro. dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre]. .

con una cu­ charada de plata [... y beber.].. quien empieza a examinarlos: «Díganme. para los novatos. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [. la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día». pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar. para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). Este mozo de la esportilla desempeña. algunas funciones del “protopobre”.] Pues yo se lo daré a entender. com o m odo ejemplar de vida. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839). «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia». como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9).. ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [.. A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio». seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada.. mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal..].] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve.] por escrito [. requieren explicación. ... en que explica su extraña..] las ordenanzas mendicativas» (342-3). vaga.. pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [. según se verá más adelante... Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste. pues.advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores». pero sincera com­ prensión del mundo. rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio. que se describe sólo con unas breves.. con pintorescas voces germanescas —que. indirectas referencias. o no? [. deformada. y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla». Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo. dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [. a su vez.]. Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?».. di­ recta..] ¿No lo en­ tienden? [. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes.

nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia. pero. Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante.] es santa y buena [.].. 8 8 ).]?» (346). la orden que tiene dada Monipodio [...] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio].. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán. La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio..tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [. éramos de él amparados en cualquier peligro [. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io... «Sobre el realismo cervantino . su jefe.].. p. que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”. vaga. Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela. al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías. inexplicablem ente. y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare. dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [.. ¿no es peor [. Tendencia... pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839)... A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [.]...].. De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32.]. Este Capitán no era como esas «palas [. pues..].] nuestra lengua.]. N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [. provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [... Rinconete. según Sa­ yavedra. que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo.. que muero por verme con el señor Monipodio. de la novela de Alemán. «que de suyo era curioso» (846).. y su amparo» (839). creador de la novela corta española... «era [. atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes . dice: «vuesa merced alargue el paso. «su maestro.] ser solomico [sodomita]»? (839-40). tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33.. jefe de la cofradía maleante napolitana. Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre.

. El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón. «de todo aquello que por su industria se hurtaba.. en otra versión. y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839). con estas buenas palabras y su mejor favor..]. dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo. 414). según le pertenecía [. así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio.. En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo. inspirado en la historia...]. «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar». El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. según se verá. al dar la “bolsa” al alguacil corrupto. «generalí­ simo nuestro [. y su fi­ ciente» en ella. coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa». reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio. quien es tan «calificado. derivada de las dos antiguas. sin defraudarme [. m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461). — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. Este símil. quien.. quienes.. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina. inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir.. justo será que le dé una pechuga». reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p. junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della». N u eva versión. dice Monipodio. El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”. con que mantiene «buena cuenta [. es Micer Morcón. —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459). sus derechos. según se desprende de las «ordenanzas».] en todo siempre» con sus cómplices (459). donde asienta los préstamos y las deudas. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae.]. Cuando Guzmán llega a Roma. .]. 441). con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459)...] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345). llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846). p.sacaba sólo «su quinto. 34 C om entando este refrán de M onipodio. hábil. H ablóle [. D e allí se fue al notario. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán.. pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [.

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
49 50

de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

deshonradas. pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”. el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora.. diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. pero más se embravecía echando verbos. estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo». 53 54 .. la “dig­ nidad”. abofe­ tean. y levantó el brazo amagándole un bofetón [. cura con ella mi vida estando mala». Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. Y ella desea mucho que él le pida perdón. Gutierre. L u­ jan: «el uno. por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho». 661). como toda “genuina hembra”.. En la última escena de El m é­ dico de su honra.. si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847). que «a lo que se quiere bien se castiga. H íz o se m uy bravo. pues hay que salvar. crueles. que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54. La Cariharta se mantiene “ofendida”.. la “honra” de todas las partes. en El teatro de Cervantes. m ostró enfadarse [.. que debía de ser el respecto. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158). dejando tal decisión a él. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean. dando por excusa que [. Valbuena Prat. pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda.. sujetas a los hombres malvados. con la pretina. sin excusar ni recoger hierros». el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. aunque referente también a otras relaciones de familia..] que no lo puedo más encarecer» (846)53. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes. es refrán vigente en el m undo hispánico. con el correspondiente comentario del autor.]. A. claro está. Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios. corridas. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». etc. “intransigente”. p. acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. honor. ed..]. pues. afrenta­ das. la Cariharta com­ prende..]» (La n ovela picaresca española. tiradas de unas partes en otras [. que dio a la Cariharta. Así.sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. los dos quieren hacer la paz.. prometiendo castigar ai culpable. Desahogada la furia. le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [. de­ jándola «por muerta». sino también com o evidencia de amor. quien acaba de matar a su primera esposa. en G u zm án de Alfarache de M.].. entonces nos adoran» (163)55..]. pero esto no es nada fácil. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. después de «tantos azotes. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber. sobre todo. que las venden y empeñan.

.. última escena.. a su vez. que si se hubiera imaginado que se decían. Monipodio la ayuda a detenerlo (847). se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería. pero en la realidad. Sin em ­ bargo. aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos. 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano. «¡Ea boba [. cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa».. (El alcalde de Zalam ea. valentón del mundo y de mis ojos!». radicada en la vanidad. temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”. Y al fin..]. caballeros [¡!]. que ahora hasta habla de casamiento. y más cuando ven que se 56 Sayavedra es. La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„. atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”.].]: ¡Vuelve acá. "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 . no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido». y.. pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [.]. ¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!. ladrón de «palomas duendas» (457). . amenaza. Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos.. a m enudo. mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [. escena 5). en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer». sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. Reto por reto. Lope de Crespo. no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847). quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta. con esa «sotomía de muerte»..]. Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros. literalm ente. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare».. la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar. cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes».nina”. sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza. Es esta clase de posturas externas.. fanfarronas. Monipodio amonesta. jornada II. también jura com o yo». jornada I. El Repolido: «También tenemos acá pandero [. dice D .]» (847). Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). amenaza el Repolido.

y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. una «escoba de palma». ni el Marión [Arión]. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [. 1. todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”. frecuentan las comedias.] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [. como todos los “cofrades”.. ¡Reconvención rimada. ¡Diálogo encadenado.. Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61.]. tan sin trastes. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos.. y pues todos somos amigos. «un galán de esta ciudad.]. Traducidas en clave pertinente. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín». su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas. de una admiración de las innovaciones lopescas. Monipodio. Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo..]. ritmo..]. por ejemplo. hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música.. como en las comedias! También Chiquiznaque... si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo. y tan sin necesidad de templarse» (848).0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos.... dense las manos los amigos. un «plato» roto. ni el otro gran músico [Anfrión] [. re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59. como también en otras partes... como en todo. 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes.. más barata» jamás inventada «en el mundo». . nunca inventaron mejor género de música [. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. con variaciones de rima. que se pica de ser un Hector en la música» (848). con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. cla­ vijas ni cuerdas. la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [. también ellos han oído rimar y pue­ den rimar. revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor. Sin embargo.] en el concurso de gente» (457).enojan los amigos». Los ignorantes “picaros” se harían así eco. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [. ya divulgada en toda la sociedad. Maniferro.> (4 1 7 ).

irracional. irrelevantes para expiar la ofensa64.les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”. que se re­ vela.. y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente.. A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz. M Véase nota 58. claro está. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes). A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [. habla el autor por boca de su personaje [. y que Cervantes condena. brutales relaciones personales. con frecuencia.. que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. desenlaces de las comedias de honor. música. 113). .... estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral. una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad. cómicos. Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar. decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!.] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos». 62 L op e. Como en otras obras suyas. “H onra” que era.) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme.]. también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. al sentido común y a la razón. basado en tan precarias. por inmoral. por esto. pues «sería un gran cargo de conciencia». en efecto. dignos de emulación. técnicos del teatro contemporáneo. esto es evidente [.. con banquete. Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta. dilemas.. de un m odo u otro. P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente. en efecto. re­ gocijos. sobre todo. Su mirada aguda se concentra.. solía causar super­ fluos. canciones. en todos sus aspectos esenciales.]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ». es el gusto más» (1848). y que. a m enudo. En el m ism o fin “feliz”. p. supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas.]. iróni­ cas implicaciones. (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [.. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2. 85063.] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les. si el enojo es grande. hay m uy penosas.. cuando no trágicos conflictos humanos (631)...

pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. «respondió la Gananciosa» (843). El “asturiano”. continuas. «despoblando gallineros».] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. a la virtud.. pero no para que de ellas saliese «el oyente [. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. de hecho. 1253) contemporáneas. claro está— «Pues.. ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer. con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega. al sentido común y a la razón. ( G u zm án de Alfarache .). «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan. 351. Ciertamente.sangre). convirtiéndose en influencia negativa. diestro mío? [. por ejemplo. eran. que se exige aun para las em­ pero.] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. com o en todo. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54). se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa. La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. Así. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837).. peculiares de los clientes. D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. «respetos» de aquéllas. de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. sin ver comedia alguna. en suma. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. 457). de las más deplorables..] de las costumbres» (Quijote. asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social. pues. etc. un «es­ pejo [.. para divertir de cualquier modo al vulgo65. Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. mecánica. enraizados prejuicios individuales y colectivos. C on este trasfondo. repelente al lector atento. pero las “comedias” que los refle­ jan. reformadora. exaltándolos como heroicidades. sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes. .. que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare. evidentem ente. por rústico y torpe que sea» (ibid. ¿había de faltar. En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la. Respecto al banquete.Muchas «comedias que ahora se usan».

sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). culta. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. com o sospechan algunos lectores (Buxó.. en gran parte. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano. así exime. cuando menos. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades. ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67. . al m enos en m o­ m entos. por causa de su abismal ignorancia68. supuestamente educada moral e intelectualmente. empren­ didas sin maldad ni cinismo69. que. entre otros docum entos literarios e históricos. rústico y desalmado» (852 )66. una perversa hipocresía o. mientras que la socie­ dad “normal”. hi­ pócritamente con la máscara del bien. hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. disfraza cínica. esencialmente. Hay.. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598). Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). tan sólo una diferencia. sin nin­ gún escrúpulo. una ridicula. mientras que la sociedad “normal”. quien después considera necesario y justo emularlo. la falta total de educación. en rea­ lidad. hueca práctica externa. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”. La ignorancia. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. H ayes). supersticiosa.presas más insensatas e injustas. 67 En la literatura erasmiana. por eso. se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. a la ignorancia del “bien”. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás .daré”.. La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad. “educada”. en todas sus manifestaciones esenciales. en nombre de altos ideales colec­ tivos. más malos que ignorantes. siendo un hombre bárbaro. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden.

A diferencia de Alemán. hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. específicamente. p.. consciente de la maldad que enseña. lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». que produce el arte. . y que es cosa muy distinta. responsables de sus actos. artístico (436). que no son. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. al corazón mismo de la ciudad o más bien. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”. grande o pequeña. sino la de todas las ciudades. [«(. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. Señor!». Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia. Sin embargo.gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70. grotescas. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros. y que casi no se mencionan específicamente en el texto71. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. 71 F ox habla de un «cracked m irror».) espejo resquebrajado». que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien. con sus tendencias al mal y al error.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano. porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. histórico. la de cualquier congregación humana.. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. que a menudo nos hacen sonreír. sin diferenciarla de la lícita. curiosos de conocer Sevilla. La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. la que Cervantes se propone revelar. que nos divierten. a su espíritu tan corrompido. Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. «¡Perdónalos. 140). en realidad. la de todo el mundo. «donde tenían grande deseo de verse» (836). en ocasiones. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera).

cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana. Es por esta preocupación. p. en de­ finitiva. como metáfora coherente. en particular. por la que. pp. 451). como fuentes determinantes de la de M onipodio73. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. C ervantes. en la época de Cervantes. sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. véase Rodrí­ guez Marín. creador de la novela corta española. se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras. la búsqueda de específicas cofradías. de la hipocresía74. ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. 44 ss. La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte. le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes. si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577). . Sobre la vida en Sevilla. 449). pp. en definitiva. Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. Además. Los picaros en la literatura. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca.tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. aunque en un sentido más limitado. 87-8. Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. claro está. resulta vana. apropiados para construir su mundo de Monipodio. incluso los señalados en este estu­ dio. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural». particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». Guzmán de Alfarache la repudia y. supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320. convincente. «D iscurso preliminar». de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. Rinconete.· por fin. históricas o literarias. R inconete y C ortadillo.

como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [.]» (851-2). sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector. en gran parte. qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846). Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como. «Cervantes y su arte de la novela». tan vaga­ m ente sugerido. del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes.rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. el lector—. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. nos dice el autor. pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”. p. le suspendía [. por tanto. en la ignorancia. Durante estos meses. 585.. p. decide «pasar con ella adelante algunos meses».. como los de su maestro Monipodio. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”.. pues en ese momento todavía lo ve todo. Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es. 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. radican evidentemente. según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [.]. En esta “última parte” de sus experiencias. Por esta ra­ zón. N o nos parece una mera convención. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia». la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y.. Todas las creencias. idealmente. . 59. tan inquieta y tan libre y disoluta».. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852). su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”.]. productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. y que. en definitiva.. en definitiva. “sin impor­ tancia”. al fin. y así. de hecho. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. sin Sayavedra? 76 Selig. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache. no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. en cuya última parte G uzm án actúa solo. claro está. este epílogo76. como ya se ha dicho. al hacernos especular sobre el futuro. y otros sucesos de aquéllos de la infame academia.

a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. excitante aventura y chispeante fantasía. por eso. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [.]» (391). quienes. lector sabio. ineficaz en la comunicación de su mensaje. a relacionarlos natural. de cuya maldad el otro era. ya salían del más auténtico mundo picaresco. desde el punto de vista moral. De seguro también percibiría que los robos y engaños. mejorables. así. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo. sobre todo por deseo de aventura y juego. y. cuando menos. que resultan tan moro­ sos. tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. lo que refuerza nuestra tesis. En definitiva.. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca. muy iróni­ camente. variada. Sugestivamente. no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. Especialmente para los j. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar. como se muestra también en el Quijote. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector.. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado.ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. en efecto. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. en definitiva. si es que lo deseó de veras. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía . perspi­ caz. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo.óvenes. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. Nos parece muy improbable que Cervantes. como los que él y Cortadillo efectuaron.

257). hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256. por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio. el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno».. sobre todo. por la política con que son gobernados» (439). Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. en la "parte” ya es­ crita. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849). 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader. al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla.. Como diría Guzmán: «[. [. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes.] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación. Se sugiere. esperanzadamente. el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad. que casi nunca se deja descubrir. cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475). según se ha mostrado.de que al ir a imitar a los picaros.] cuántos hay que condenan otros a la horca. Sin embargo. donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478).. confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad.. . de seguro. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841. pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable». una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. 848-9)78. con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»). beneficiando a la «cofradía» y. aquellos “ladrones grandes”. en­ gañosas. que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad. Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo. Parte de la sociedad “nor­ mal” son. de hecho. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. Véase nota 48. los «benefactores». Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales. iban a plagiar. conociendo cuáles eran los habitadores. 843. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!]. Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas.

81 Casalduero.].. D e entremés a novela». 61.] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 . p. como si fuese teatral.. viñetas [. «Cervantes y su arte de la novela». dra­ mática.. 84 Selig.]»81. como en un cuadro. creador de la novela corta espa­ ñola. 9 9 .. pero «incipiente [. 1 1 0 . pero no Rinconete y Cortadillo [. en buena parte de su acción.. 32. .. p. para otro es una «no­ vela [. tiene un epílogo [...]». pues lo que se intenta es presentar..lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. «Sobre el realismo cervantino en R inconete ».].].. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada. «parece. pp.. cuando ha comenzado [el entremés]» 82. 86 Véase nota 52. p. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [. «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. 82 Varela. pp. Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. particularmente entremesil86. p.]. haber sido conce­ bida para la escena. se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades].]. observa un crítico.].] con la forma de marco». «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio]. 585. 85 Ynduráin. y se deja dividir en dos partes [.. no comple­ tamente destacada [. 83 R odríguez-Luis. «Rinconete y Cortadillo. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 . 444-5.. siempre acentuando lo pintoresco [.. «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 .. 80 G onzález de Am ezúa y M ayo. 192.. Varios críticos analizan el texto. teatral» 85. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 106-7. pp.. parcial o entero.. más que novelesca. Cervantes. realistas. en realidad. De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo. «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla... siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela». en ser su estructura.

es explicable la estructura. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. «Introducción». a la vez. 1984. “pacientes”. pero. a ía verdad. sistemáticamente. en realidad. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [. ed. pero. cuestionable. Sólo desde esta pers­ pectiva.] al entrar en el patio de M onipodio [. ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad. al emprender su “rom ería”. son personajes centrales. Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas. dos "romeros”. algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental.. «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ». en busca de excitantes experiencias picarescas. pues..]» (Fernández Gutiérrez. Rinconete y Cortadillo. desdeñable. es más ingenioso y atrevido que el anterior. su función unificadora sería débilísima. a nuestro juicio. combinadas de un modo excepcional en una obra de género. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía.. suficientemente persuasiva. indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos. ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. 46). Tarragona. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca.. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. Tárraco. paso a paso. Claro está. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. regocijados. la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero. con que soñaban durante la lectura d e. En Sevilla respiran. y en que triunfan espléndidamente. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. nin­ guna de ellas nos resulta.. en definitiva. Silberman de C ywiner. durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. de representar sólo tal parte. . Cada trampa o truco que emprenden.] cambia todo. aunque. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo. Guzmán de 87 Buxó.frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro.. admirable­ mente lógica e ingeniosa de.

al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil.. meditando sobre las costumbres de la “cofradía”.. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846). Evidentemente.] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839). de hecho... con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas». que sacó su me­ dia espada» (844) 89. Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834.] atentamente» (840) todo y a todos. hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era. Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [. A veces.]» (846).... completa libertad. 836). ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo.. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [..Alfarache..] que su vida es santa y buena? [. según ya se ha sugerido—.. que de suyo era curioso [. porque no somos tan ignorantes [. sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas. dice Rinconete. con gran curiosidad: «Rinconete.]. este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce. y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas. Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial. lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro. «Todo es malo». En la casa de Monipodio.. si no fue Rinconete..] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848). una grotesca cárcel del espíritu y de la mente. preguntó a Monipodio [. .. en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo. la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal. Rinconete y Cortadillo «miraban [. El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación.]» (842).. de la cual. Hasta en la usual per­ 89 A la vez. en efecto..

Con incredulidad. 848. asombro. Claro está.. contesta Cortadillo. señor Monipodio tiene [. etc.. porque era en ex­ tremo bien criado» (849). de un lector moral y discreto. en efecto. (841. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851). muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía].. 65-72. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen. pp. 850). pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842).] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. tan digno de emprenderse. íntima diversión. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios. etc. claro está. se identifica inevitablemente también la del lector.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. Con toda intención. pero aun abstrayéndolas. cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor. divertido e indignado a la vez. inte­ lectual. Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía».vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No. burlona. claro está.. Con estas consideraciones estamos describiendo.. Lo que aquí nos preocupa. dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [..]. Se trata de una conciencia sólo implícita. Todo para llegar a comprender bien ese mundo. burla e indignación... sobre todo. que es también la del propio autor. por mis grandes pecados». según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. nues­ tras consideraciones.] que vuesa merced. eso creo yo. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho. es destacar la típica . frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio. de evidente función satírica y correctiva. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90. por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas. tam poco cumplen con semejante proyecto. El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos. el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico. envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías. que se identifica con una conciencia moral e intelectual. últim amente en Silberman de C y winer. escéptica. irónica. Y con esta conciencia moral.

. religiosos.].] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [.]. ínsula. aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o. «[... mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos.. que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad. siem­ pre directas. «respondió». pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91. Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina.. y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás.. 17-18).. van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum . mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó».. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés.]» (851).. «replicó».] y que [. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio.. otra —respondió Rinconete [. Corneli.. comentarios. económi­ cos.. con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y.]. iam toto seculo desiderate..]» (845). enero de 1968. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [. preguntas. pp.. es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo.. etc. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo.] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [.. alegría».. 44). aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [.. Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural. fluyente. «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [.]» (850). Cornelius: Salve et tu...]» (843). animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X.. comentar. políticos.. «dijo» [para contestar.]». carácter picaresco. . y díceme que viene mejorado en su arte [. «dijo» Fulano.. p. pervertidos valores cívicos. por ver si le podían dar un tiento [... Sí. en general. De todos modos.pues. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana.. sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [. contestaciones. La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones. que son típicamente eras­ m ianos. y.

. según lo demuestra. A todas luces. particular. «Un muchacho asturiano. «y a una voz los confirmaron todos los presentes. como es natural. pero. hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada. además de servir para la introducción. dramatizar.. nunca satisfecho por completo con lo recibido. en el alma de Rinconete y Cortadillo. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. .] decía que era grandísima afrenta [.]» (836). su Coloquio de los perros 92. Así. consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos.. en sus variadas formas. no únicamente.]» (842). para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros. que fue a quien le hicieron la pregunta.mucha más frecuencia. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios. de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura.]» (837). porque quiso escribir una novela. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. que toda la plática habían estado escuchando.. por excelente que esto fuese.. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano. hacer cuanto más candente el problema discutido. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. consonante con la de la obra entera. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos.. sobre todo. con la función fundamental. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [. res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [. de hecho. aparición. salida y... De habérselo propuesto. Se podría contestar que no lo hizo. de actualizar. que se constituye. se pelaba las barbas y [. en general. de la conversación.

«todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843).. objetos materiales (840.] (840). de muy buen entendimiento [.]» 836). 847). saltaron de­ lante de las muías [.]. y para su comentario final: «Era Rinconete.]». la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias.(«salió en esto un arriero [. 837. para revelar motiva­ ciones..]. con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro. llenos de color los labios [. para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [. no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja... los vestidos. más no de grasa y malicia» (836). «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843)...].. músicas. aunque mucha­ cho. de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación..] (836).... sentimientos.. para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [. de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [.]» (843).. así como lo es el de todo proyecto humano.]» (838). volvió Rincón.. y...]. y tretas. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838).]» (837)..] la relación del asturianillo. banquetes. ni les descontentó el oficio. de modo importante. sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52). 844.. con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”. estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [. la condición física de los personajes: «dos mozas. «Maniferro porque traía una mano de hierro [. etc. comidas.. afei­ tados los rostros. que el personaje no puede.. sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [. en suma.]... con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840). y halló en el mismo puesto a Cortado [... cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores. «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado.] (834). observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido. pensamientos íntimos. y sin más detenerse.. emociones. por parecerles que venía como de molde [... para la descripción de fiestas. A este res­ pecto. 836. en­ tró en una casa no muy buena [.. ..

simultáneamente.) —dignos de un detallado estudio—. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. y nuestro libro. Todas estas intervenciones novelísticas. con aguda. auténticos cuentos. como únicos justificados. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. Edim ­ burgo. etc. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. pp. 104-60). mutua fecundación94. sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas. Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo. convirtiéndolos en vividos relatos. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata. Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. claro está. sabía. producién­ dose una extraordinaria. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. D esde nuestra perspectiva. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. se trata de un nuevo. deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos. constituye un característico. etc. explicando que. que se han indicado sólo de un modo muy general. tonos. Véase G. no­ torio comienzo de los Coloquios. como. com o tales. discreta. los amores desastrados de la Cariharta. 1923. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano. anécdo­ tas.vicisitudes del tiempo. por ejemplo. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. de hecho. pp. que. creador de la novela corta española. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. 81-84. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. Se expresa con ello. . las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. The E arlier Renaissance. también por ello. reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo. Saints bury. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. estados de conciencia. originalísimo tipo de novela.

pero por parecer éstas.] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos». 3 D e hecho... A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1. de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen». Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina». «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote . pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías. la ascendencia del Persiles en el Am adís 3.] la virtud y la hermosura [.LA ESPAÑOLA INGLESA «[. 248. 201-203. consecuentemente. Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías. entre otros. 125). Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. como también el deseo de estimular su «revitalización» '. El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca. I. En lom o al Q uijote. el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. excepto en esporádicos aspectos y detalles. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector». Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias. tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. Suma cervantina. actualizado en sus temas y asuntos. depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos.. a menudo. y «no para la reimpresión de los ya publicados». La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas. específicamente como libro de caballerías. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación». 770). pero su inspiración principal es la novela bizantina. a ese tan “razonable” programa de revitalización. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. Novelas ejemplares. y. p. Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda». N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería. por completo “disparatadas”. revitalizado en sus preocupaciones.. 2 . pp. (La española inglesa) El hecho. en sus características fundamentales. Por otra parte. pero siempre identificable.

la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior. encuentros inesperados. Sin embargo. Cervantes pensaba evidente­ mente. en efecto.. filosófico y estético. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. experimentalmente. con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. al relatar Ricaredo sus experiencias. ejemplar. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). incluyendo la no­ toria técnica narrativa. subor­ dinados a un específico fin ideológico. además de ser muy esporádicos y débiles8. por su función peculiar en la obra. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. con aventuras por tie­ rra y mar. 8 Sólo al final de la novela. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. 7 R od ríguez-L uis. de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. a base de un texto hipoté­ tico. reunión feliz de los amantes. como cualquier otra materia. 4 5 . ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. Sin embargo. se revela de manera clara. p. estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. se dem uestran en extremo especulativos 5. en El gallardo español. anagnorisis. «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías». a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles. Esta pieza se escribiría así. un auténtico drama psicológico. pero. tienen licitud literaria. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina. 6 Véase nota 4. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. en definitiva. vigente. Eisenberg. artística. entre otras razones. según nosotros. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. sobre todo. vol. peli­ gros y dificultades continuos. etc. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. I. separaciones. en una obra narrativa. 51. supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. logrando crear con ella.

que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis. Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. p. por boca del canónigo. el proponer com o futuro m odelo literario. Aunque en esta empresa. Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9. p o é ­ tica de la obra. 1963. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico. V. ed. un lugar entre R om a y F loren cia (872). . com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. Ebro. encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. «Persiles y Segism unda». Suma cervantina. Toda las citas de esta edición. Zaragoza. en parte. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». en un libro de caballerías moderno. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. significativa e ingeniosamente innovados. 203). pero no declarada durante mucho tiempo. lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama. con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. constituyéndose. auténtico nuevo Amadís .se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. pero no afectan la consistencia esencial. 10 A m adís de Gaula. pero es más bien improbable. en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. I. 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación. respectivam ente (25) 1 0 —-. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. pp. se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. López.

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

perdonándole todo. su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer. Isabela. en la relación amorosa. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética. escuchando sus «discul­ pas». recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. . que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino.no haya llamado la atención de Azorín esta escena. 129. al ir a tomar el há­ bito religioso. precedida de otra. no menos espléndida en que Isabela. p. El genuino. y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento».. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. Isabela. preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto». con elocuente simbolismo. porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y. profundo amor humano no es distinto del Divino. «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870). que mientras yo fuese vivo. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20. como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus. gri­ tándole: ¡«Detente. Por esto.] (870). El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53). tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. Se evidencia. con él se funde. Aunque no se trata de un auténtico amor místico. detente. sobre todo. lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo. Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte. no puedes tú ser religiosa»! (871). En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. abrazándolo. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos». espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos. Aquel mismo «gran encendimiento de amor».. se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano.

com o los «herederos de un hidalgo burgalés. I. pp.]. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved. en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22. su legítima mujerl [. 22 En el Am adís. pp.] yo soy Zala.sión de un cuento popular de las zonas costeras.].. Ljubljana. A las descabelladas. que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos. etcétera. En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos. que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia.] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes. Frente a la Iglesia. libro de caballerías ejemplar. amenazadas por la piratería mora. p. El maestro Elisabat así lo hizo» (121). Cabría obser­ var que al “historizar” su novela.. Cervantes responde en La española in­ glesa. Al fin decidió casarse otra vez... «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares. etc. y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica.] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado». vol. “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos.. «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [. seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías. . «ínsulas no falladas»... A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos. Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21. Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [. Inglaterra.. 31.. A l acabar de narrar sus experiencias. porque pensaba que ella ya no volvería [. cap.. 7-16. «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote. Escocia. L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito.. ubicando la acción en varios países europeos y Argel. Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares.. Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor. 47). para que la leyesse su señor arçobispo» (873). ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos. 1966. Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. 287290). se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo». «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ».'ll. etc.]. [viendo] a su marido al lado de otra mujer. Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos].. Los convidados a la boda fueron a la iglesia [.

cia peculiar”. amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. lo cual. artístico. según tantas veces se dice. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias. . con suma gracia. desinteresada del detalle “realista”. En base de éstas. 385. pp. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»).. sin ser capaz de relatar. p. C ervan tes' Theory o f the N ovel. para poder deleitarse al oírla hablada. coti­ diano. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. poética en el planteamiento del problema fundamental. 25 Riley. por Isa­ bela 24. casi alegórica. lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción.. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. p. sus experiencias al fin de la novela. notorios25. tan cen­ surables para algunos lectores26. de m odo ele­ gante. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas. se nos presenta. 123). Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados. en los supuestos humanos. también. 26 Pabst. por ejemplo. siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. insistentes. poetiza la historia. a la vez. de acuerdo con conjeturas probables. pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. ora idealizantes. sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama. a su vez. 60-61. «En torno a L a española inglesa ». pero que. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos. poética. la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. razonables y. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales.27. com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. Se ilustrará más adelante esta sugerencia. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas.

] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». le rondan de continuo la casa (869). Es. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. I. les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial. en todos los sentidos. N o vela s ejemplares. pero. en parte. 3). de hecho. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX». Significativamente. económicos responda. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [. se interpretan a veces. en la época en que se sitúa la acción. pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. es plausible que su insistencia en los detalles bancarios. al menos de modo complementario. como generalmente en las obras cervantinas. una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . de hecho. alguno de los cuales podría representar una tentación. y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. directo entre los dos países. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». pp. según se ha mostrado también en este estudio.. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. Considerando el específico género literario que Cervantes emula. a otra preocupación más imperante. para todos esos “pisaverdes” que. La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo. para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. como. 133-134. en La española inglesa. 29). pero esta posible intención correctiva se subordinaría. I. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote. pp. Sin embargo. n. p. Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. fue restaurado su perdido crédito. con toda probabilidad. en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. 14-15). com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. en pocos m eses.. cap. claro está. para cual­ quier hombre. la deseabilidad de la joven. pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. pues.

. Sentido y form a de las N o vela s ejemplares . así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. también La española inglesa. Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela.] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. porque ahora así le conviene. sólo por su belleza. tiene «mucho temor» de ser castigado.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres. 3í Casalduero. esencial que los mismos manua­ les de historia. y la misma reina Isabel. . católica. en realidad. obra poética en que palpita viva. Baroja: «La tenden­ cia [. p. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo.brio en la composición.. «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). ante todo. quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. de fondamental. como lo observa. penetrante. delicada concepción lírica. La historia escrita por el poeta es siempre. hay personas buenas. por desgracia. «La literatura y la historia». barrocas o no. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. ya por el hecho de ser ésta católica (864). poesía. y no en la historia. Como lo es «la camarera mayor». de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste. Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”. pero antes. cuando ésta es robada (854). estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja.. Al tener que llevar a Isabela al palacio. quien se apiada de los padres de Isabela. española. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. en el país enemigo (856). como ocurre en algunas otras obras cervantinas. Lo demuestra. si ya antes no la consideró. espléndidamente. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes. como el conde de Leste. entre otros. por orden de la reina. Por otra parte. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella. es mucho más exacta [. feroces enemigos de los católi­ cos españoles. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. cuando la española le parecía la más hermosa. a todas luces. 125. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo. no se percibe. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô..

dispuesta a la búsqueda ardua. continua y bella del más su­ blime Grial. olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. intuye el "irenismo” de la obra Soons. el nuevo libro de caballerías de Cervantes. vigoroso de sus nobles ideas.). nacionalistas. que es el amor entre toda la gente34. siempre revolucionaria. [«L. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes».] Los Acforni. hace evocar al de A m adís . «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa ». después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís . por otra parte. fervoroso. en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna. pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. quien considera urgente expresarla de nuevo. etc. víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). de que el genuino sentimiento cristiano. p. con muchas de sus fórmulas narrativas.que casi tenía concertado» con aquélla (855). Tam­ bién el autor omnisciente. la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que. . Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. 131).. propagarla cuanto más en su propio tiempo. robada durante el saqueo de Génova. Vives. B an dello. se mantiene viva en Cervantes. p. Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa. con toda probabilidad. el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. 702707). 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. envueltos en continuas guerras fratricidas. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en su propio mundo. De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. según se ha mostrado con algunos ejemplos. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . Otro texto que. raciales. Por otra parte. son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. pp. de buena volun­ tad. 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra».

Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a. que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. v id e il n e v o [ . Sín em bargo. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ . el caballero inglés que la raptó. e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(. [«ella. [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella. q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora». adm irada y querida p or A lfo n so . cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854. y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa..p ita n generale in Ita lia cesáreo. c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho.. «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». a unas circunstancias más verosím iles. 863). y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»]. «entre los despojos [.. hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese.. p o c o más o m enos [. de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia..» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad». Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina. sa­ qu eán dola despiadadam ente. dislacciata la v este .]. dice la m adre de L igurina. durante el cual los ingleses llevaron. al ser arrancada de su patria. com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita.) m u y Bíen la len gua española. «Se q u esta è nostra fig liu o la . sin olvidar la suya [. Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » .. p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi. to d o el día deseaba volver a casa»]... regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702.]. «figliuolo d e l duca d ’A l v a ». n o b ile d e i p r im i d i G en ova.. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702).. 197). de la más alta n ob leza de G én ova. 703).n a cid o e n L ond res.] una niña de edad de siete años. según C ervantes. hija de «gente principal y de valor» (177.. ... io ta n to sto la riconoscero bene. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España. y fu e llevada p or m ar a España». seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»]. y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » . «Era de tan buen natural. E n España. P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres. A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola..]..] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [. a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » .] tra qu este due n a z io n i [. aún m ás. una fig liu o la m o lto bella. p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella».] spagn uoli e gen ovesi» (706).. éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702..]. 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»]. a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz. « D e esta manera. p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire». e [.. y . por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a.] d a certi fa n ti spagn u oli [. n o perdía la española. «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . 3. E n Inglaterra. de la edad de nueve o d iez años. d 'età d i n o v e o dieci anni. ] che L igu rin a a v e v a v i- .

encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres]. y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (.] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860). la cual señal acabó de certificar sus sospechas. a pesar de to d o s los regalos y atenciones.] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre]. n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él. tenía cerca dei om b lig o . con siete u o c h o p elos negros (. che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores.. y ..... y sin m irar a resp eto.... a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e . Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre. El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [. n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4). así. a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela.. es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes. y ésta..]. y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [. en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire».. abrazándose con ella d io una gran v o z .. valeroso caballero.) entre ellos este hijo del duque de A lba. y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [.) c o m o la había visto otras m il veces (. y vien d o claram ente ser Isabela su hija. c o m o p or m isteriosa in tu ición ..) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas. llo ­ rosa se acercó a L. sabía con toda certeza que aquella era L. La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y . “raro in­ v e n to r ”. la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina. p orqu e [en] m i patria [. dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d .].. se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera. E sto. en m o m en to m ás p rop icio (704-5). a sus qu eridos y añorados padres (702. Según y a se . T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o. diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. (. [«Si ésta es nu estra hija. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía. que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [. y a c o n o c ie n d o a sus padres... tam bién abandonar la vida en España que.] n o he de hallar [...]. p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde..ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [. q u ien con su L.] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta .] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» ..). desem barcó en G enova»].]» (863-4). La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas... O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—. que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [. P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os». se lleg ó a Isabela.]... v io la marca de n acim iento que L. juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [. d esenlazado el vestid o.. no le ha « m ai piacciu ta» (704).. L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so .. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a . 704).. tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s..

.. inteligencia. «que su ced ió habrá quince años» (860).) m e tu vo en sus m a­ nos (. co n v ertid a ...]. y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [.) el hijo del du qu e de A lb a. cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a. pero al propiciar sus padres e Isabela su intención.. bondad... aparentem ente..] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so . hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari. La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»]. «per­ che». a ssa ip ro d e e d anim oso». por causa a e la desaparición de Ligurina... L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [.] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » . pero.) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba»..] p e r h a g a scia » . Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España. «com o a hijo de su señor».) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario.. ropas y cosas valiosas»]. N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo».. C uando Isabela tiene «catorce años». [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»]. Sin em bargo. p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio. sensual. Isabela «quería y servía» a R icaredo.]. discreción..) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta . y se acaba.. haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla». (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (.. «essendo ancora piccolin a [. 5).) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o. u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [...). teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ .] L a m a d re d i lei [. pero «por m edios de ser su es­ p oso».] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias». n o v e o d iec i a n n i [ .] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ .) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [. la «amaba» desde el principio....]... sin o el resto de m i vida servir a D io s» ]. su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz.. c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna.. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos». p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina. Esta intensa pasión am orosa.. 707). a ios « q u a tto r d ic i an n i».. «io non in ten d o restar p in a l m on do. (y A .... de A lfo n s o com ien za. y el m u ­ chacho. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(. som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad.] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (. virtud. sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal. in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo». m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años».) to d o su din ero. ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854. Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces»... Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta». [sien d o todavía m u y p equ eñ a (. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [. « com o si ella fuera su herm ana. « com o fue creciendo Isabela». de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » ). [«(.. trágica­ m e n te. q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702. lo cual.ha dicho. Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad . dice. Ricaredo enferm a y casi m uere. sensibilidad. nueve o d iez años (..

con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina. che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . co m o tam bién su cron ología. con que. (La reina Isabel vive en 1602. pero no en 1611. llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional. L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa .. la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas. com paradas c o n su nueva obra. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo. de tratarse del saqueo de 1596. 1490).. crea obvias contradicciones. pues.) E s p osib le. Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a. en líneas generales. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . en sum a. inspirador de la resistencia contra el extranjero. p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas. en el m om en to de escribir su obra. de he­ ch o. m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. físicas y espirituales. fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. todas esas contradicciones cronológicas. olvid ado. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). de Isabela. dignos de ella.. pues. con que antes atribuía la edad a Isabela. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. p or ahora. m om entáneam ente. moral. a quien. « L a fanciulla.nía en csa ocasión. «tapices flam en cos p or el revés» (D . desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702). co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so . R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855). de la cron ología novelística. esencialm ente. El desarrollo de esta relación am orosa.. patriótico — Liguria— . . encontrasen una engañosa. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e. a m e­ n u d o .]. con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores. que así explicaría. im pertinente en este caso.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. casi quince. q u e al fin.] más o m enos». Se trata. N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura. vitalm ente dilem áticas. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). al am or entre todas las gentes. [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. en que se situaría la acción de la novela. parecen. p or un m om en to. en la m ente del autor. Q u ijo te . pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o. a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó... tan radicalm ente. de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica. en el m u n d o de la ficción. que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. borrando de ella. adem ás. repentina con son an cia con lo s «catorce años [. paralela a la de la N o v e lla . la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina. de u n m od o plausible. que lo s «quince años» desd e el saqueo.) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova».

242-246. el licenciado Vidriera. García Lorca. 225-316. cínico nihilista. p. · despiada e incesantemente3. pp. pp. pp. en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. al que se censura y satiriza categórica. «El licenciado Vidriera. sentencias. pp. «not so nice». pp. creador de la novela corta española. etc. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista. cínico. 189-199. vol. «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes». C ervan ­ tes. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. 174. 159-168. Riley. en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. melancólico. . 147 ss.)2. Es notable que. etc. II. y otros. frases ingeniosas. «The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ». «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». C ervantes an d the H um anist Vision. chistes. Friedman.EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje.. «Cervantes and the C ynics». y sus nom bres». aforismos. 577-87. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). pp. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. más o menos complicada». 559-568. Gerli. pp. 2 Casalduero. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. Casa. armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. 51-59. arquetípico o simbólico «pecador». en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. independientem ente de la tesis defendida. 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. C ervantes y la libertad.. pp. con apreciaciones cada vez más convincentes. picaro. reformador. incapaz de amor y de amistad. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. pp. 103-143. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético. pesimista. Forcione. y de «una fábula novelesca. Edwards.

Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5.]. . «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!». por ejemplo. pp. dignas aspiraciones personales. C ervantes an d the H um anist Vision. por medio de sus propios empeños escolares. ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero. pues. diagnostican algunos ilustres lectores6. 11-146. según ha «oído de­ cir [. Green. Con C ervantes. con encontrarse un puesto digno. mejorar. «mu­ chacho de hasta edad de once años». Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. más atenta al texto. sin patrocinador alguno. con noble intención. pp. pp. pero frente a cuya incomprensión. 5 Forcione. coincide. con la de A zorín4.. con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres. menos impresionista. Tomás. «El licenciado Vidriera». creador de la n ovela corta española. Y tam bién. igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. en las riberas del Tormes».. por «los estudios» espera hacerse «famoso». 6 Casalduero. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876). No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). dejándonos so­ bremanera perplejos. a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín.. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte». según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [.]. «El licenciado Vidriera». 228 ss. de altas. pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada. 147 ss. G onzález de A m ezúa y M ayo. todo lo contrario.. individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. sino. pp. entre otros. moral e intelectual­ mente condenables por el autor. C ervantes. significativo.mente distinta de este personaje. útil en el mundo. pp. 99-102. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo. en parte. 196-97. dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». 213-220. Tal visión del protagonista no es nueva. de los hombres se hacen los obispos». pp. O bras C om pletas . para nosotros. que quisiera.

entendimiento y discurso [. Tales aspiracio­ nes.. deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo. claro está. noble vergüenza! «Ser famoso». quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. diariamente. esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. en E l teatro de Cervantes. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. lo­ grando al fin. . después de asiduos estudios.]. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. pues. tal como dice Tomás. afirmándose como «alguien» en el mundo. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria. de pobrísima familia. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. «de los hombres se hacen los obispos». no son nada raras. completa­ mente admirables. Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. como criado y compañero. con extraordinarias dotes naturales. honrados. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. fuerte voluntad. disposición al sacrificio y. pero amorosa. útiles para sí y la sociedad. quien oculta su origen. a tomar lecciones de unos caritativos religiosos. Y muy significati­ vamente.bal de Lugo. el mismo religioso. lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca. Es el deseo de esta clase de "fama”. que de su remota choza en las montañas venía a pie. descalzo. ¡Innecesaria. virtuosos. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual. a la ciudad. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). loables. «hacerse obispo». borrosa existencia coti­ diana. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7. con esperanza y maravilla. del Rufián dichoso. ser un admirable obispo.. ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. aunque pocas veces realizadas. se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia.

porque.] del escribano». «El licenciado Vidriera». 1 0 0 ).9. La justicia es mi norte. Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando.. siendo tan ven­ turoso el estudiante...]. A D. entre otras «manifiestas injusticias». 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D . adonde [. siendo él tan buen estudiante como debe de ser [. Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. y los «procuradores y solicitadores».]. Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese. 42-3). de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884). Diego. los «alguaciles» le parecen ladrones.. en particular.. cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez». «embebido en la poesía».. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 . lo destaca el autor— es decir. etc. no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table. parasitarios. Por las mismas razones. por ejemplo. da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación». que le dio el cielo padres que se lo dejen. según se desprende de sus observaciones posteriores.. no quiera estudiar «leyes». podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888). que parece «llevar víboras en el seno. quejoso de que su hijo. con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia». que de la justicia es flor» (Azorín. Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe. Sin embargo.. pues. negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [. p. que.. ante todo. . deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama. procurarse una profesión económicamente segura.]. D. subirá a la cumbre de s «Estudié leyes. y por encima de la justicia la equidad.. El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista. se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado. «Su principal estudio fue de leyes» (876). salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886). //. pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión».]. la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva. caps.corte.

a quien no ofende el rayo. Y si acaso los que es­ cuchan. con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 . de deleite y de maravilla» (882) 10.. con no faltar un punto a sus estudios. de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos. torciéndose «los labios». al fin.] es en todo extremo hermosa.]. 876). Tomás. como dice Ovidio. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes. Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [. y. a quien tienen cuidado de enri­ quecer. como lo llama Platón (882) n. haciéndoles ridiculas. 1325). no ha de . de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad.. puntualidad y diligencia... 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles. donde queda otro millar de sonetos. ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [. honran y engrandecen como las mitras a los obispos [. de socarrones o de ignorantes.. Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta».... le dice. parecía que sólo se ocupaba en servirlos». porque encerraba en sí todas las demás ciencias.] desalmados sonetos. con que llena el mundo de provecho. a «las letras humanas [. y...]. com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid.] todas las otras ciencias.]» (D .. y así le adornan.. según lo sugieren sus citas de versos famosos. pulir y adornar [. estudia leyes "para pane lucrado” y.. vuelve como primero a recitarle. con gran amor y entu­ siasmo. y aun los coronan con las hojas dei árbol. virtuosos y graves.). hipócritas «salvas». las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada. que «admiraba y reverenciaba [. hala de tener. cree que «los malos. que.. a raya.. Q uijote. se dedica.]. Preferentemente a la poesía. y todas se han de autorizar con ella» (D. el que la tuviere.. siempre tan pertinentes. en lo que más se mostraba» (876).las letras humanas. con tono melifluo y alfeñicado. saca el que quiere relatar. hijo de pa­ dres pobres.] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean». no se le alaban [. los churruleros [. por otra parte..]. simultánea­ mente. 1325). no dejándola correr en [. Quijote. o «intérprete de los dioses». que es «delicia de los dioses y de los reyes». de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras. porque de todas se sirve.] son la idiotez y la arrogancia del mundo». así como Ovidio. Así piensa Tomás de «los buenos poetas». los honran y estiman y los enriquecen... y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia». y ella se ha de servir de todas. Como ese «poeta [..

invariable vocabulario.. de estas referencias. originales. inteligente apreciador de los poetas buenos. entre otras.. no siempre se asiste a los negocios.] que casi no hacían n ú ­ mero» (882). fino. es decir. cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales.. particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. de lo que pasa falsamente por poesía.. El protagonista es. que no siempre se ocupan los oratorios. tan justi­ ficado. los ojos de verdes esmeraldas». etc. por calificados que sean. no mediados por la inoportuna erudi­ ción. lector de independientes.. sensitivo. 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero).]. los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 . que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882). un severo crítico de todo lo endeble o ridículo. ni del ignorante vulgo. contemplados íntimamente. 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a. «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro. aunque «tan pocos [. horas hay de recreación. pues. véase nuestro estudio sobre La entretenida . y. vulgares peleas de perros? í3. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ .]. indignadamente de «los murmuradores». los defiende ardorosa. Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. hacen apreciar el acumen satírico. donde el afligido espíritu descansa» (770). Ridicula moda literaria. según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [. en E l teatro de Cervantes. a la vez.. es el tan convencional. la frente de plata bruñida.). tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. . incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid. En efecto. y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 . a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que. rabiosas contiendas. sinceros juicios perso­ nales. en nombre de la poesía.la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. 13 Las numerosas polém icas. siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882).otros»..

pero. Garasa.. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». 13-21. 153-197. poéticos. morales. más conveniente para un largo viaje. ρρ. C erva n tes. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20.. de que se le culpa. deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. muchacho inteligente. pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [. creador de la n ovela corta española . multifacética y refinada cultura1 9 .] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS. 225-238. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera.. y otros. «La filosofía en El licenciado Vidriera». pp. 1977. refraneros. tratados históricos. por lo menos adivinar. D . despierto. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo. para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta. form ulando con ello interpretacio­ nes que. nos parecen m uy exóticas. textos sagrados.pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . racionalistas. Forcione. Dissertation. C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera. C ervantes an d the H um anist Vision . se pueden a veces especificar y. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. Green. Oliver. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». «Cervantes and the Cynics». «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». pp. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». A ustin. a la verdad.. los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. filósofos idealistas. evangélicos. Singer. 31-53. Ph. “sociológicos”. 6 6 ). Riley. 17 D icha edición sería también menos volum inosa. cínicos. «The Sources. H eiple. estoi­ cos. Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás. “costum­ brista”. 20 Según ya se ha sugerido. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». literatura apotegmática. geo­ gráficos. pp. claro está. bíblicos. 41-45. Tom ás. Tomás revela que también él escribía versos. Sampayo R odríguez. U niversity o f Texas. folklore. En consi­ deración del «pecado de la inteligencia». satíricos. didácticos. teóricos literarios. il. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o. otras. Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. Tomás no descuidaba su devoción religiosa. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. . pp. pp. 225-316.

gentiles hombres y de expeditas lenguas». (Véase nuestro estudio citado en la nota 16. También la pintura le interesa mucho a Tomás. Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos. en suma. se buscan las fuentes. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. que «se maravilla de cómo. en el ta­ blado y fuera de él. según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación. es natural que Tomás tenga afición también al teatro. como lo son las florestas. Problemas serios. el inllevable. el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta. pues...] en una sola comedianta» (885). que sepan representar artísticamente cualquier estado social. lo cual es únicamente relevante (885). indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert.] trataban [. Sin embargo.... Además. buenos actores. ridiculamente su nobleza. algún que otro comedíante ostente vanidosa. galanes sí. pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos.. se alla­ nan las cuestas. porque «con su oficio no engañan a nadie. The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). cuya función. como el poder servir un actor «a muchas damas [. Véase también la nota 14. no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22. al juicio y a la vista de todos» (885)..Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les.. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza. increíble trabajo. quien podía. le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud. son excep­ cionales en el mundo.. el cuidado extra­ ordinario. las alamedas y las vistas de recreación. es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república.. donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas. los desvelos. «fuera del tablado». según él. los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros».. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770). y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21.. La «indecencia» con que «los tite­ reros [. 22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa. «jurando a fe de hijodalgo».. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico.) .] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás. aunque.. «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa».. olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas.

Tomás se ha formado una extraordinaria cultura. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga. a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). En efecto.. que. . impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. entre otras muestras.muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese. asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días..] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. 24 C oloquio de los perros: «[. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura.. y que en esto. II. discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca. porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia. pero que los malos la vomitaban» (883)23. añadidos a los pocos que él tenía. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países.. pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella. que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz. podía gastar tres o cuatro años. observando curiosa. A Salamanca no vuelve de inmediato.]. leyendo asidua. pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos. juiciosamente todos los buenos libros a su alcance. p. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella. a lo más largo. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ). hace desechar la imagen de él como gé­ lido. 125. asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol. de su edición de las N ovelas ejemplares).

...]. pasa acá. finalmente. españoles. «los rubios cabellos de las genovesas» (878).]... la abun­ dancia de Milán. de seguro.].. en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus»... se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia. su sitio inexpugnable [.] y tan bien dichas acerca de [.]. «la suavidad [. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia.]. inequívocamente.. la rusticidad [..] de tantos y tan diferentes vinos».... degustando. se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época. sus contor­ nos alegres y. su gobierno prudente [.]. N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”. 27 Forcione. Su «discreción [.] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26.... hombre ibérico. italianos... también de Cervantes— en las hosterías italianas.]. su riqueza infinita [. es decir. los festines de Lombardia. «más vinos [..]. Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. a no haber nacido Colón en el mundo.. .] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878).. por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11... Véanse los diarios de Mme. Delicias “sensuales” todas ellas.. pp. p.. venga la macarela. «que. Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova.. 190). al decirle el capitán «tantas cosas [. no tuviera en él semejante [. [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia».. toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» .]. 233-6.] 26 El deleite de los españoles — y. pues casi le hacían olvidar de su primer intento». las espléndidas comi­ das de las hosterías.] comienza a titubear». la generosidad [. de continuar su viaje (879). como los place­ res de Italia. dibujóle dulce y puntualmente el aconcha. admiración del mundo antiguo [... en general.. lipolastri e li macarroni». manigoldo.. La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas. patrón. su abundancia mucha. el valor [.. como el más refinado epicúreo. la dulzura y apacíbilidad [. la grandeza [. griegos.].. las holguras de Palermo. d’A ulnoy. C ervan tes’ H um anist Vision.profesional25.

Treccani. tan eclécticos. ¡Qué mucho que todas estas dotes. naturalmente. y o t r o s .. in largbezza». p p . pero bien hecha»29. culto. con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete..] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m. también las delicias “sensuales”. ben costm ita [. Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [. dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal. es decir. XXI.. Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S .fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista.. sólo interesado en abstracciones librescas. de sus habitantes —interés antropológico. aunque lo que. de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano. «en la que.. según todas las indicaciones. y después la be­ lleza de la ciudad. se diría—. p. Luca le parece «pequeña. bella ninfa seductora del mar. moderadas. L ettere e d A rtii Roma. científicos.. cuidadosamente trazado. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini. Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño. vol. no sólo femenino. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. N o vela s ejem plares. 385-6. en que ca­ ben. artísticos.] . maravillen y seduzcan también a Tomás. como Calipso.): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros». junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia. brinda a todo "curioso» visitante. [«La ciudad bien construida (. que es el lugar donde se fabrican las galeras.. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad.]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [. como diamantes de oro» (878). 1936. materiales y espirituales.. la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (. según el símil que le su­ giere su vivida. curioso de todo lo nuevo. Enciclopedia Italiana di Scienze. vol. pues así son. 557: «La città [Lucca]. Ill. discretas. que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. inteligente.]. probablemente.. más le interesa es su ambiente cordial. mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. estimulada imaginación. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879).. abierto a toda significativa experiencia vital.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín. O bras com pletas de C ervantes. de múltiples intereses humanistas.

]». M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina. XXI. liberal?: «[. Vinquisizione. frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!. despidiéndose. no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681). por su «fresco río». y com o en ella no hacen estancia de más de un día.. son bien vistos y agasajados los españoles» (878). peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [. pp.. en sí. pero sin arrogancia alguna. se pasea «cuatro días» (878). los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna». pues se trataría de un hecho social más bien raro. vol. «su agradable asiento [.]. por cuyas orillas.. 31 ss. Sin embargo.. al divisar «los montes» — «i superbi colli». Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas. en vista de las notorias... Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante. como por las «apacibles calles». como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo». como muchos que visitan esa bella ciudad. la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro. pesimista de Tomás—. Véase tam­ bién Granados. y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». si oppone sempre ad accogliere. con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. él «halla [. de las calles... así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles.Italia. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze. despreciativa. en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos. ¡oh. probablemente. los “tem plos”. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31. medias y enteras esta­ tuas [...]. . Tomás no tendría dificultades en esta ciudad. tollerarono e secondarono elementi riformatori [. su limpieza». usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30. 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma.. Persona de gran digni­ dad.. Los “nom bres”.]. por sus atractivos aspectos urbanísticos.].] a Roma en Roma»32. rotos arcos y derribadas termas» (878). 562.. fa ­ vor evoli alie nuove idee [..] è fra le città italiane che più largamente accolsero.]. sino ruegan. L ettere ed A rti. lihri luterani diffusi gia nel 1525 [... Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento.

«para maravillar» (Milán. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877). además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados..] del templo» de Loreto.. por fin.. lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33. que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes .. con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica. a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias».. aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera.. no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”.. Amberes).. íntima. costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. pero. según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados.. sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras. despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias. veneración. besar «el pie de su Santidad». mortajas. observar todo eso. Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España. confesarse «con un penitenciario». el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración. «adoró [. ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos. exaltado. los me­ dios bultos de cera... unién­ dose. de modo natural. Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas.. por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa... pero algo distanciada. . asombro..]. pinturas y retablos». Su profunda “admiración” abarca.].. y. ¿no la respetarían aun éstos. contento: «admiráronle» (Genova). etc. cadenas [.. con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [.. directa. admiró» (Roma). Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad. «le pa­ reció bien» (Sicilia).petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico. «como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878). «Conténtale» (Florencia)..

[«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura.) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX. (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico. y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879). de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist .. ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics». También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron. y la m uy semejante de F orcione. en particular.] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » . observando y aprendiendo. vol. p. C ervantes' H um anist Vision. x x í.. por desgracia. looking an d learning. Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. 265. al personaje34.].. pp. 505. p.]. L etter e ed A rti. según sugerimos. cierta meditada distancia intelectual y emocional. 190). de sus supues­ tas relaciones. [«(. dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [. pero sin envolverse en nada». 36 Enciclopedia Italiana di Scienze. notando y evaluando. sin duda.. N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. . como tampoco sugerimos que sea erasmista. pero sí. pero que se atribu­ yen lógicamente. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. p.opiniones personales de Cervantes. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes. (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I».. noting a n d assessing. 230 ss. El pensam iento de Cervantes. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa». todos los cielos y todos los ángeles. por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”.] 35 Castro. y no entendieron. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover».. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19).

. fray Raimundo. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [. plorate super vos et super filios vestros». ¡qüe se creen legítimos. ridículo propósito de hacerse pasar por lo que.. una “malicia” a base de e^te 38 Singer.. por ejem­ plo.]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual. en los dos cristianos nuevos: «Esperad. que me pesa de su desgracia.]» (881). como todo el mundo sabe.]» (887). menosprecian su ingenio satírico. p. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás. marqués o duque de tal parte. a que pase el sábado». 20. . La ropera le ha­ bía preguntado. pero.] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. claro está. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem.] la malicia del dicho» (881).. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”. la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. señor Licenciado. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes. pastoral ¡monachatus non est pietas!». pero ¿qué haré.. y. como. al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [. la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [. y la reacción anonadada de su mujer. no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular... fray Jacinto. pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. naturalmente.. sino tan sólo su hipócrita. sino fray Diego. ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»).muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados. Domingo. Ambos aparentan una asidua participación devocional. por este episo­ dio.. que no puedo llorar?» (881).. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. ninguno se llamaba el capitán don Fulano. como si reflejasen su indignación perso­ nal 38. y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [. sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos.. ni el conde. y otros. todos frailes y religiosos [. no son. la falsa apariencia. «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance».

la «oficina . 99-102). intensa convivencia. pues sabe que las roperas solían ser judías. discreta. ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. educada. nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás. Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332).de Vulcano» de Milán. Adem ás. ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola. po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. extranjeras. de la vir­ tud y del honor. inteligente. Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. de quien se dice que puede decir y hacer» (879). A nte todo.. comercial. quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas. se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. oír y saber de vidas ajenas. aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente. aunque sólo pasivo. que.hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39. adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). Cualquier persona. moral. «ciudad [. 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca. probablemente. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales. N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes. administrativa.. mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. industrial. de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. es una realidad perenne. . particularmente en las com unidades de contigua. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia.. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40. aun sin proponérselo. «gra­ nero de Italia» (878)..]. la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”. en esas costumbres devocionales (Agnusdeis. la fe en la dignidad del individuo.] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. pero eso sí. Loreto).

la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos. 143-147). From N o v e l to Rom ance . en todos esos aspectos.. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. con lo que Tomás. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes. con toda probabilidad. se identifica en gran parte. El viaje de Tomás revela. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde. ciudad. 103). ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44. 54-5. de la España de los Felipes. Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia. pero.]. culta y también muy agradable. Relación misteriosa. no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. Tomás es persona educada. atractiva. 1962).. prosperidad económica y cívica de Italia. objetiva perspectiva crítica. 45 Rosales. en efecto. individuo inteligente. inconscientemente. en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. esta laboriosidad. pp. A. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes. productividad. 43 El Saffar. p. 128. que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. simpática. . C ervantes y la libertad. pues. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o.lítica..¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. con la de Tomás43. con más amplia. pp. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. la única— del viaje de Tomás por Europa. según se elabora más adelante. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. 44 Casalduero: «Viaje cultural [. evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42.

. al acabar los estudios..los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. llegada y suceso.. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. Se trata. lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad. en particular. Él los sirve con «fidelidad. ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). que él le ofrecía su mesa y aun.. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [. Al volver a Salamanca de su viaje. encontrándose de­ samparado en la patria. y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880).]» (879). todo sólo para que Tomás fuese su compañero. le avi­ sase de su salud. Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo. cordialidad. que le rogó. como lo ilustra. el capitán Val­ divia» (888). cariño y amistad. cuando la ocasión es apropiada para ello. «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877). aprecio. en suma. el gaudeamus con los soldados.]. de una bella re­ lación de mutuo respeto. «fue bien recibido de sus amigos».]. que de seguro añoraban mucho su presencia (879). Tomás es hasta gre­ gario. donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero». Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca. al tiempo de despedirse. sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella... ingenio y desenvoltura [.. Y.. su bandera». meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ . por el antici­ pado salario. puntualidad y diligencia».]. sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877). aunque de seguro prefiere la vida privada. si fuese necesario. le rogó que se fuese con él a Italia [. A todas luces. lo cual se evidencia. Tomás se despide de ellos. al fin. camaradas en Gé­ nova (878).. por ejemplo. Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que. muy significativamente. «contentísimo de [su] buena presencia. con pesar grandí­ simo de su camarada. y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen».. Prometióselo así como lo pedía [.

(881. déjala que mande a todos los de su casa. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881).. su inutilidad y sus vainillas». A algunos lectores Tomás parece misógino47.. a un momentáneo encono por la reciente.. «tenía particular enemistad». pues. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social.. tan determinada en conquistarlo.. . Aun antes de criticar los ridículos fingimientos. pero no sufras que ella te mande a ti» (881).. probablemente se deben. «las cortesanas [. cuya «mujer se le había ido con otro».. tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48. «los templos son campos de batalla. como.].]: Dale lo que hubiese menester. sus muchos melindres [. vaguedades de cabeza [.. en efecto.].. que es. «las dueñas con su permafoy [. en efecto. el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [.].. Es el mismo prudente. entre otras cosas. pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal. y le aconseja que no vaya a buscarla... la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?. Pablo. te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». 128. Quizás. ante todo. a quienes. pero algunas de sus declaraciones. v.]. de cualquier modo (879). por ejemplo... consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo».. Otras declaraciones parecen misóginas.. todas o las más tenían más de corteses que de sanas». que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [. Rosales. donde [. Al marido.] no eran las apartadas. escrúpulos [. etc. Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas».]. con más re­ pulgos que sus tocas [. 886.. Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886).]. sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo. Otras declaraciones sobre las mujeres.. la va­ nidosa pretensión. sino las vecinas». demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio. Véase la Epístola de los Efesios de S. como. sin serlo en realidad.pos» (879).. 887).]. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115).. por ejemplo. .] las mujeres triunfan» (887). flaquezas de estómago [. 1648). su modo de hablar..

al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. quizás. Sampayo Rodríguez. . critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52. 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49.que es el defecto o el vicio en sí. lo que Tomás critica. creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. sociable. Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». mucho más discreto que los otros estudiantes. pp. toda­ vía no ha herido su corazón. la encontraría. Las mujeres bellas llaman mucho su atención. de un modo u otro. el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). simplemente. todavía no la ha encontrado. 115. por encima del sexo que lo per­ sonifica. porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879). resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. Sin embargo. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. en el futuro. y de su interés en el prójimo. amistosa de Tomás. que constituyen la médula de la obra. porque. Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. C ervantes y la libertad . ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. Se dice que Tomás es un “m isántropo”. a quien pudiese amar con todo su ser. ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). según ya se ha mostrado. Cervantes . 93-102. más bien. Sin embargo. 52 Críticos m encionados en la nota 3. supuesta­ mente. pero a la mujer. p. aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger. Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. el amor. 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». no quisiese cortejarla-—5 0 . de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor».

1252)54. diríamos que. a que se re­ fiere. precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es.].. la actitud de Tomás frente a la vida. . él no es. de todos los tiem­ pos. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53. Quijote. son «tan pocos [. Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios. véase nuestro estudio citado en la nota 16. Antes de “enloquecer”. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son. guloso. sorprendente que Tomás. incluso en un sentido es­ trictamente médico. entre otros que no lo son (887)..tan». ¿No sería quizás inverosímil. al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics». «un religioso muy gordo». en efecto. etc. en efecto. como Vidriera. cierto optimismo. como algunos lectores lo han retratado.. optimista. Por desgracia. 56 O liver. y así. muy justamente censurables. es claramente afirmativa. ¡aunque no muy grande!. esperanzada. en la posibilidad del cambio. pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55.. en cualquier grupo.. 237. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela. éstos. fundamentalmente. entre los médicos competentes.] muchos necios» (D. la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. un cínico negativo. los «levanta sobre el cuerno de la luna».. p... profesiones. bilioso. al futuro. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad. pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera. 190). 55 Riley. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ». sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. A los “malos” critica y satiriza severamente.] es más el número de los simples que de los prudentes [. Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—. pocos sabios [. destructor. p. y del propio Cervantes: «[. que desapareciera tan por completo después..] que casi no hac[en] número» (882). «Cervantes and the Cynics». de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. de un modo impropio o in­ sensato. no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey. grupos. oficíales. cívicas y personales.

sólo por oírle reñir y responder a todos». p.. Y después empezaron a «seguirle siempre muchos». le comenzaron a tirar trapos.. a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto.... Preguntóle otro estudian­ te [. que son la más traviesa generación del mundo... Así.. y Cervantes..].... mucha­ chos porfiados como moscas. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [. diciendo: ¿Qué me queréis.]. ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo»..]... etc.. . no sólo mu­ chachos. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales.].].] ¿no tenéis qué decir? [.] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [. creador de la novela corta española.]. Preguntáronle por qué [. con tal de no dejarle en manos de m uchachos.gunos m om entos—.. ante todo. 884): «Pasando.]». 190). y aun piedras [.. a despecho de sus ruegos y voces. una vez por la ropería de Salamanca.]....]?» (880)57. Un príncipe quiso enviar por él [. como acto de defensa: «Los muchachos. Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente.. Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [.. sucios [.... atrevidos [.. le dijo una ropera: [. ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita. haciéndole toda clase de preguntas «continuo [. sino «todo género de gente [. Cervantes. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano.].. y díjole: De nosotros [. Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881). que no puedo llorar? [.]. sin dejarle sosegar» (880.]. que Tomás no critica a diestra y a siniestra.]... preguntas agresivas. Cabe advertir..... pues. casi siempre maliciosas.].. provocadoras. Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [.. Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [.]. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo. «a cada paso.... Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos. Uno de ellos lo llamó [. ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello.. se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo.]. cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera.]. Otra vez le preguntaron [.].. irritantes.] ¿qué haré. en cada calle y en cualquiera esquina».. Uno le dijo: ¿Qué es esto [.

al disparate. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás. hechas en una ocasión previa (886).. siempre se revelan. honradez personal. La asociación mental de los dos casos.. resulta clara e ingeniosa. por ejemplo. por ejemplo. A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. una conveniente. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro.diato— respecto a otro blanco. conforme a su parecer. del falso «licenciado» (884). Poco después de burlarse de la tendera. pp. en efecto.. no se trata de víctimas inermes. aparentemente sin conexión alguna. estas combinaciones de críti­ cas. aunque no siempre de inme­ diata. sino. En suma. porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”. porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881).]. pues. ¿no sería. inocentes de una crítica injusta. constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. etc. satiriza a los “procuradores y solicitadores”. paten­ temente. a base del subterfugio. personal. ecuanimidad judicial. como.. que «pasea» a la hija «muy fea [. cíni­ cas. y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia». etc. zapato malo». del «juez de comisión» (884).. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [.. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón. gratuita. porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885). . de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58. integridad intelectual. cuando 53 Forcione. de individuos de hipócritas. cen­ sura a éstos. C ervan tes’ H um anist Vision. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían. galas y perlas». etc. deshonestas.] de dijes.] empedrada [. y lo es en todos los demás casos semejantes. despiadada. a la postre. lógicamente relacionadas de algún modo.. ridiculas. del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238). la pasividad. pretensiones públicas de fe genuina. El silencio. el de a cuatro de a ocho» (885). Sin embargo. la indiferencia frente a la mentira. sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. fácil comprensión. 227 ss. aun­ que sin provocación directa. cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta.

pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [..] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60. 887). en los individuos que lo ejemplifican. Vidriera señala a la persona. sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880).. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . 61 Sampayo R odríguez. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. inevitablemente. La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881).. y decir en sus versos mal de los envidiosos. cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D. a menudo. 161. Q ui­ jote. aunque los reprende. Tomás se sentía «confuso y [. cínicas y sarcásticas. ingeniosas. Además. provocándole de continuo. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. p. la muchedumbre lo sigue por todas partes. con toda clase de preguntas.]. en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”.. 1326). no es un irresponsa­ ble. evidentemente.. y divertirse a su costa59. circundando» (884).] corrido» (888). que no de vidrio». con que no señale persona alguna» (D. y así de los otros vicios. Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. a veces. punzantes y. cuando ésta lo provoca de m odo directo. Quijote. 58) [«C om o en un jardín zoológico. «La rueda de la mucha gente que [.]» (887). Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid. como en el caso de la ropera63. «sin dejarle so­ segar» (884).). que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce.. Las críticas de Tomás son. sin duda. chispeantes. con­ dena severamente repetidas veces (882.son éstos. despiadadamente.. 1326). the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance. 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o . por verle armar algún escándalo. p. cuyas «lenguas y picos». se nos dice explícitamente que en tales situaciones. Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera.. los que lo persiguen a él. ¡sitiado! En efecto. al encontrarlos en su cam ino62. pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta.

le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad. Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada.Esta “fragmentación”. en un ambiente social. 56. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. más profun­ das.. fluida. confuso 64. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura.. en circunstancias siempre diferentes... “real”— 65. pp. permeable. “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas. es evidente que Cervantes nados en nota 3). la in­ competencia.] que era todo hecho de vidrio» (880). N o v e l to Rom ance. el vicio. verso. en su conjunto. Tanto las aparentemente ligeras. Rosales. R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. y de las preguntas tan variadas e inesperadas. que se le hacen. Sin embargo.]. fundam entales. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”.Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. en que el público lo ha convertido. «de pensado» (888). “transcendentales”. 133155). Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. cotidiano.. la mentira. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación.) en que se inspiran sus contestaciones. Esta op i­ nión. Sin embargo. ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera. en gran parte. entre otros. esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. y que . etcétera. 64 El Saffar. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad. p. Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. com o también la forma (apotegma. la tontería. la hipocresía. pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. refrán.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida. p. p.. y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. etc. T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos. y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás. h. la estupidez. sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. natural. Imaginóse [. Tom ás comunica verdades claras. en que coinciden varios otros críticos. 208). í. Por esta actuación meramente verbal de Vidriera. asistemático. 105). Esencialmente.

habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ).. 35-78. que él siempre persiguió en su vida. de los proverbios.) . con su sutil transparencia. por no perseguirle el público con sus preguntas. tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). ob­ sérvese también que no son nunca tontos. La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida. La única diferencia consiste en que pierde Tomás. de que sólo «le hablasen de le­ jos». cuando “lo c o ”. dichos ingeniosos. Sin embargo.. p. pero. porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad. chistosos. de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. sin ser «de vidrio». sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”. lo que siempre pensaba. es también muy “delicado”. pe­ netradora de la más densa oscuridad y. por ser él «hombre de vidrio». popular. pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio. refra­ nes. que «le diesen de comer sin que a él llegasen». de la mentira y de la ignorancia. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. frágil. es decir. que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda».] para abogar y ganar la vida. la locura. todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. «A quí he venido [. que­ bradizo. víctima fácil. el vidrio. toda inhibición para decir la verdad. La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos.. Así. 214). por ser las cir­ cunstancias diferentes. obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. pero que no decía. «Por ser [. bajo la constante amenaza de un contacto violento. de materia sutil y deli­ cada. pero si no me dejáis. igual que la verdad. pesada y terrestre». La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás.] el vidrio. Así. de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo. mezquinos intereses “terrestres”. perenne. paradójicamente. pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. pp. descansa en consideraciones m uy superficiales. (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880). de mágicos poderes reveladores. en forma alguna. verdades com prensibles para todo el que desea saberlas.. Diríamos que se identifica con el vi­ drio. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. im­ propio.

consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». folklóricos. nacional. conveniente. en realidad. social. Personificación de la ver­ dad desnuda. y. sobre todo. las terribles consecuencias ínsitas en tal condición. Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios.. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. cuando la imagen re­ flejada no es halagadora.de las calles. supuestamente muy có­ mica.. humana. consciente o subconsciente. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». Insistiéndose en su virtud deformadora. ardua enmienda personal. de esta obsesión. con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». de un modo u otro. Ahora bien. «si no fuera» por creerse de vidrio. en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». refleja de modo in­ mediato. temeroso no le cayese alguna teja encima. determinado a ser fiel a sí mismo. creador de la novela corta española . 68 García Lorca. De he­ cho. C ervantes . «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887). véase G onzález de Am ezúa y M ayo. Tomás. 165. pp. etc. con la tan temible verdad. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. radical. y le quebrase» (880). etc. «mirando a los tejados. 154 ss. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada. Con este objeto se fijan complacidos. favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. «El licenciado Vidriera y sus nombres». como el vidrio-espejo. «hombre de vidrio». Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente.. sin inhibición alguna. claro está. . la “locura” de Tomás es la explicación usual. ¿no suele quizás el mundo negarle. constituyen. porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. p. Así.

por causa de su actuación com o Vidriera. que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. de improviso. com o se ha propuesto al princi­ pio. Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. perversa o tontam ente. U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. pp. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. Al fin. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). engañosa disculpa69. pero sin ya declararse «de vidrio». a la vez. modesta­ m ente. y veréis que el que os respondía bien. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. también porque piensa.cisamente por esta razón. de un m undo al revés. 82-92. «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. ya curado. Tomás va a Flandes. que todavía no ha honrado a su familia. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. tam bién morirá com o Rueda. sino tan sólo en la diversión. como hombre grave. pero creem os que consiste. pa­ yaso callejero o bufón de corte. Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad. entre otros). 70 A dopta el nom bre Rueda. sabio. psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. Significativam ente. cuando Tomás. preguntádmelo ahora en mi casa. cuando promete decir siempre a todos la verdad. ninguna conveniente. sin jamás poderse revelar com o Rodaja. aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. fundamentalmente. El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. y no Rodaja. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. a costa de un indefenso “lo c o ”. bueno. propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas. «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». esencialmente. en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. sólo en esta sencilla y clara ironía. según antes lo consideraban71. os responderá mejor de pensado» (888). sabio. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. según dicen. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. Rueda. que considera. estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. and Certain Related Images» de Engstrom. . 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»).

N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. y el re­ chazo categórico del discreto. rencoroso.tuito. de paso. desenfrenado. destructivo desahogo cínico.. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia. brutal juego por la ventaja material y el privilegio. que. incorruptible joven: «Esto sería [. p.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán». Q u ijote (il. al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros. a Tomás seguramente le parecería incongruente. que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. con toda probabilidad.. Notemos. absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. el texto no sustenta en absoluto tal interpretación. caps. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda. rasgo distintivo también de Vidriera.. La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador. y también. 73 F ord one. pasteleros. claro está. Cervantes— 74.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877). 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. C ervan tes’ H um anist Vision.. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros. 74 La guerra por causa del rebuzno en D . pronto envuelve. tahúres. como cualquier turba mercenaria. las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. El inescrupu­ loso. Ahora bien. “lamentable” con­ ducta o actitud pasada.. aun al mejor intencionado. etc. . sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado». el maltrato y el parasitismo. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. de modo inexorable.] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera . 316. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [.. a principios del siglo XVII. en que principalmente parece consistir esa profesión. por su tan “extraviada”.

liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. pues la gente no dejó de «perseguirle». y sentirse gratificado. en realidad. pues no podía valerse de las de su ingenio» (888). ¡y de la actualidad!. al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas. la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . en realidad. la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte. no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase. aunque ideal.. fértil. por esto. ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. fiel a sí mismo. sino. creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. sino. Teniendo en cuenta todo esto. en particular. ex­ plica Tomás al capitán. lógicamente. Ese mundo ignorante. sutil. del pensamiento. anímica. cruel. donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877).ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». como si todavía fuese Vidriera. se concluye. a la socie­ dad entera. Tomás. En efecto. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual. él también. a todas luces. como un trágico ostracismo. a la corte. sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). como. Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables.. morfífera «materia terrestre» (880). con amargo desengaño. re­ crimina. No. delicado. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». de Tomás bajo la «pesada». y. «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). en efecto. cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. alado. todo lo contrarío. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos. la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre».

es decir. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. ya otros (Riley. Con Cervantes. pero también. 77 Serrano Poncela. 194. en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad. sublime gratificación íntima. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. que a menudo se califica. cuando menos. filosófica de la obra. es decir. resignado. ge­ neradora de inexorables. muriendo en un campo de batalla. p. quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. La Torre. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. repri­ miendo su opinión y su sentir. . «El licenciado Vidriera». «El licenciado Vidñera». la actuación de Vidriera se sustenta. He aquí. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. callado. 76 A zorín.de “terapias psiquiátricas”. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. trágicas consecuencias. a nuestro juicio. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. claro está. Como ya se ha visto. aparentemente todavía no bien apreciada. que ha escrito el inmortal genio»76. a menudo. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular. enfrentado con una insensata muerte. constituyéndose en la ejemplaridad moral. pp. en 75 A unque con enfoque distinto. trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales. asimismo ejemplar. con inefable tristeza. Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». Parte íntegra de esta ironía sería. 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. inconsciente?75. 102-3. p. Esta lamentable. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888).

. como en todas las obras cervantinas. su transmisor hábil. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. necias.. drama de este tipo particular de in­ com prensión. a la vez. inevitablemente. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. que atañen a la creación y comunicación artísticas. Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. en la sabiduría tradicional. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. predominante en to­ das las esferas sociales. correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. hombres y mujeres78. insensato apetito por la diversión fácil. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. también el arte con que se expresa. Esa sabiduría tradicional. y como Vidriera. dichos. claro está. culta y popular. analfabetos e “intelectuales”. sabios. sentencias. y otros que no lo son. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. en particular. la enseñanza como. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. anécdotas. en forma de apotegmas. naturalmente.. superficial de sus creaciones. proverbios. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad.. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. quien así banaliza tanto el pensamiento. chistes. 78 79 . pasajera del destinatario. virtuosos.gran parte. de esta sabiduría. por sus reacciones impropias. ridiculas. morales y. oral y escrita. dedicado. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. anónimos y notorios. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. festejados tan sólo por lo más “divertido”. y. Desti­ natario de torpe. Tomás representa a todos los autores. estéticos. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás. De asiduo. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita. oral y escrita. refranes. frívola disposición anímica.

asunto inverosí­ mil. se distribuye en dos partes en la obra. personajes mal retratados.. Esta estructura parale1 A tk in son . [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. «it does not merit discussion». en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela.» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso». Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ». 191. descriptions. ill. p. moraleja extraña de la historia. 197.) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas».] 2 Avalle-A rce. «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events. .. psychological motivation and outcome as it does». 27. con que toda la materia. [«(. «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ». de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 .. no merece ser discutida. porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. p. p. lleno de increíbles coincidencias. C er­ vantes. «Introducción».. [«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. 136-141. el P inciano and the N o v e la s ejem plares ». etc. la m otivación psicológica y el desenlace». Sin embargo. Duran. etc. p. p.. «Structure..] 5 Ibid. 128. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». l. 71-2. [«(. 114.LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . Pierce.) no tiene relevancia para el significado de la vida. «C ervantes.] 4 Calerait. «it has no hearing on the business or meaning o f life». symbols». etc. G itlitz. falta de «buen gusto». pp. ejemplaridad cuestionable de la obra. «anecdotes. Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua. themes. en efecto. «unworthy o f Cervantes' genius». que. 3 El Saffar. N o v e l to Rom ance. pp. characters. C ervantes: N ovelas ejemplares. no es digna del genio de Cervantes». desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción. advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. etc.

religiosas. caracteres. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica. Casalduero. sino que. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6. 7 Calcraft. antitética.. en cambio. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural.lística. descripciones. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera. sin contrición alguna. simétrica. cíclica. pp.. sím bolos (etc. 8 El Saffar.. en sus interpretaciones.. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ». El Saffar. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. . a nuestro juicio.] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja. que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías. 203.) (. se acentúa ía “industria”. reveladoras de la naturaleza compleja de la novela. determina la estructura de la novela.)». For­ cione. la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas. en juicio de los críticos que así la caracterizan. Soons. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. N o v e l to Rom ance. etcétera. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. «Structure. mucho más sencilla. Otras veces. «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. es concebida de tal modo. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. mís­ ticas. 134 ss. no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. pero. de ha fuerza de la sangre. etc. nuestro estudio propone otra posible lectura. antítesis. al menos en parte. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen. en El teatro de C ervantes). divina. temas. pero sin descontar al “designio di­ vino”. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. “milagrosa”. p.. etc. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. y otros) reconocen tal estructura. sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1. enga­ ñosamente. díptica. alegóricas. por ejemplo. Forcione. 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas. sobre todo. Piluso. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas. que se considera feliz. esencialmente. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. alegóricas de L a fu e rza de la sangre .

semiconsciente.ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. I. . Cervantes. en sí. no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. en un estado delirante. sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. 69. p. moral. la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. de esta obra tan “realista”. Sin embargo. característicamente cervantina. según se las hace imaginar su educación religiosa. y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. 2 1 2 . N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . de una total abstracción de la moralidad. entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. “histó­ rica”. planteamiento de problemas de ningún género. C ervantes . concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. tal conclusión. enmudece aquí». como penas del infierno o del purgatorio. como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. en la ejemplaridad crítica. pues. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. en L a fu e rza de la sangre . quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891). creador de la novela corta española} o. Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. p. constituyéndose todo. nada frívola ni “idealizante” H. con gran sutileza conceptual e irónica. censor de su época. ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. p o ­ lítico o de conciencia. Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891). por un ins­ tante. cuando menos. G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella.

con la caracterización verosímil del personaje1 2 . las advertencias y enseñanzas 12 Riley. Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra». de que en su tierna.. N o se trata de un reparo crítico del propio autor. en esencia. pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. cándida edad se acumule. con las manos. con los dientes». no es bien que [la] vean las gentes».] traidor y desalmado hombre [. A pesar de su ab­ soluta inocencia.. podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892). Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. pues. que le quite la «vida». no llegando los míos a diecisiete» (891). defendiéndose «con los pies. sin resistencia concediese con tu abominable gusto.. sino conforme a él se le asientan en la estimación [„. propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [. pp.]. a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas.. tan repentina y violentamente. despierta. nótese.. Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada. Desesperada. que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años. que si ahora. refleja. Al expresar estas preocupaciones. C ervan tes ’ Theory o f the N ovel. Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella. pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [. sin querer que las oiga el mundo!» (891). destrozada para siempre.. 136-7. Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice. ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle. tanta desdicha. acongojada. ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos. ya que le ha quitado la «fama» o.. desmayada me pisaste y aniquilaste». . implora a su violador.. preocupado con el decorum..]». le recrimina indignada «[. indica su íntima. es decir.]. por «piedad». entre mi y el cielo pasarán mis quejas. que «cubra con perpetuo silencio [.. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada. natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). Al recobrar Leocadia el sentido.].chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima.] la ofensa que [le] ha hecho». si no. A lo forzoso. antes podrás matarme que vencerme.

] .. después de la violación.. no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [. o a lo menos junto a la iglesia mayor. según se deduce también de las reacciones del padre.. a cada paso se detenía. fuera de [su] padre y de [su] confesor».. ni el mío.. implora a su ofensor. porque».. profundamente horrorizados y entristecidos. Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo. p. [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia. Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso». no vio a persona. y por desmentir los espías. «también has de jurar de no seguirme. amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. N o v e l to Rom ance. hija.. lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso. dándolos hacia su casa [. que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena.].]». tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones».. nutrida por el chisme. Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle. se entró en una casa que halló abierta. «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892).. ni el de mis parientes».. ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle».que le impartieron en su casa. tente por honrada. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen. dice. es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora.]. Leoca­ dia «miró a todas partes.] tú ni en dicho.. (893).]» (893). y la verdadera honra en la virtud [. 132. que yo por tal te tendré. ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte. si acaso la seguían. etc. y de allí a poco se fue a la suya [. Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [. y pues puedes vivir honrada con Dios en público. ni en pensamiento le has ofendido [a Dios]. ni saberla [mi casa]. sus padres. que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [. Por la misma preocupación. ahora. después de haberla violad o.]. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron». es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que. por decreto de la “honra”. sin que jamás 13 El Saffar..

a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles. víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta. llenas de com­ pasión y ternura paterna. exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos.. que es la verdadera honra.. con todo el recogimiento posible [. resignarse.. entre «gemidos. reales y lite­ rarios. La familia entera de Leocadia es. en que fue violada. la protagonista de esta novela1 5 . «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ».. en realidad. princi­ palmente. Como consecuencia del rapto. «encomendarse» a la justicia divina (893). consciente de que no se le reparará el agravio nunca. pero de humildes recursos económicos (890). porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [.te mire sino como verdadero padre tuyo» (893). Proba­ blemente. erasmiana. cristiana. Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres. sin dejar verse de persona alguna. con ves­ tido tan honesto como pobre [. . de comprensión humana. 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia».. sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo. 894). aconsejándole... pp.] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles.. Palabras exaltadoras de la virtud personal. Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. 15 Scott. evocadoras de la tradición evangélica cristiana. como lo lamenta Leocadia. de solidaridad en el sufrimiento. sufriendo terriblemente todo el tiempo. lloros. retirada y escondida [. por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. 125-132. des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols.]. teatrales de esa época u . en cambio. parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente».]. A esta convicción.]. Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893).. familia buena. «debía de ser hombre principal y rico» (892). palabras sencillas. sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. suspiros y lamentos [. honradavirtuosa. como único remedio.. no fueran en mí tan desdichados» (892) 16.].

Juventud trágicamente truncada. feliz. Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. Cer­ vantes no condena de modo categórico. Sin embargo. en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social. y habiéndose descubierto. Sin embargo. es decir. pasaje citado ya por Pianca. y después. ¡Auténtico. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. e d essendosi scoperto. porque. “deshonrada” víctima. a la poderosa y rica clase nobiliaria. claro está. De acuerdo con su fundamental noción del individuo. entre otros. sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. Cervantes nos muestra otro posible desenlace. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida. atroz martirio!. de haber castigado al reo. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. novela II. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia.. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”.trozada. mucho más extraordinario. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera. D ostoïevski (El idiota). causas y motivaciones impropias. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. sumario. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890). su instinto y cariño matemos. G iornata ΠΙ. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. suprimiendo de continuo. 38) [«(. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ». «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire. ya sin esperanza alguna de una vida normal. digna. ¡du­ rante siete años!. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. física y emo cio nal mente.) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir. aunque se hubiese vengado enteramente.. p. G o eth e (Fausto). hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza. . contaminada Ja honestidad de su mujer»]. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa. non scemata. usurpando este oficio la madre» (894).

inspirador para los de­ más. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos. a pesar de ser hijo de Rodolfo. «en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». . como ejemplo imitable. entiéndase “engendrado” y criado. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones. mientras que su hijo es. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas. Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. y lo han sido todos mis antepasados. «com o mujer y noble». cubiertos los rostros. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna. del azar. ya que no le po­ dían hacer rico. esencialmente. ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. depravado. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. consistente con esto. si no muy rica. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896). pues para él toda “sangre” es “colorada”. poder. Significativamente. les imponía. N o se trata de una inocua mucha­ chada. según se verá. Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia.. el carácter. A su vez. como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. Y. los genuinos méritos personales.. buena gente. la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio. un ruin. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895). D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia. a lo menos muy virtuosamente [.]. porque mis padres lo son. y de la criada». la calidad. pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina.lar. el de las ovejas con el de los lobos y. miraron los de la madre y de la hija.. Nobleza. acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia.. lo cual repercu­ tiría también en su vida. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 . pero son. a todas luces.]. Luisico.

para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación. «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ». quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro». que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos.. brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia.. Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico. así desmayada como estaba». ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [. arañóse la criada. «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle. ex­ poniéndola. que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo. si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”.] Dio voces su padre. humana. lloró su hermanico. a la madre —mujer todavía joven. ni movió a compasión el llanto.. gritó su madre.] las crueles entrañas de los malhechores» (890). más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto. todo lo cubría[n] [. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo. La apetencia sexual 19 F ord on e. sin el menor escrúpulo de conciencia. llevando «los despojos» de la desmayada.]. lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo. C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9. pero ni las voces fueron oídas. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». a pesar de todos los inconvenientes» (890).. con muy buena razón. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana. que «despertó en él un deseo de gozarla. p.. símbolo sacro­ santo de la familia.subraya varias veces. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». ni los gritos escuchados. sin duda.. Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social. 363. con la misma facilidad. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . sino de una descarada. Después. a un gran peli­ gro de muerte. según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [. fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre. En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. pues tienen también «un niño pequeño» (890)—. gratificada por el momento su lujuria.

1975. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia. Libro vi. m as devaneo! ¡C om o.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. p o r simple. sosa de carácter: «como no sea necia. de algún m odo. anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. 20 Lo que R odolfo proclama. de O vidio. «llevado de su amoroso y encendido deseo.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. pues. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella. cuando menos. 2. y después. no se dife­ rencia. y adoran la si es fe a y es parlera. P or la hermosura no dan cornado. . en algunos aspectos episódicos fundamentales. que de m ujeres quiero la hermosa . como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. quizás. Jammes. com o su ideal am oroso. p. con faceta psicológica más compleja. ¡ O necio humor. con orgullo. T oulouse. R o­ dolfo queda «sin sentido». porqu e es astuta. L issorgues. del “ideal” que "se exalta”. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. 3. pues hermosura busco y no dotrina. en este soneto burlesco: 1. con obvio tono cínico. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. 15. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. la raposa y no como. (A lzieu. que una extraña. la gallina! 4. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. sumisa. Es justificado pensar. tras su deseo. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. Cualquiera vaya. esencialmente. no amor.

por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22. por el poder de su familia.. II. por otra parte. p. la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella. nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y.]. movido de sus lágrimas [. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas. siente algún tanto de com pasión por su víctima». cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance. porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien». 23 Scott. p.]. he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas. [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (. Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad... Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor. pero ya en la calle. probablemente. quiere evitar toda incomodidad con la justicia. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado. R.. 221. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo.Rodolfo.. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». claro está.. Aberración sexual. avasallando todas sus facultades racionales. Sin embargo. Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia. inerme. Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». creador de la novela corta espa­ ñola. since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes). . antes se resolvió en decirles que. 127. siem­ pre posible cuando hay testigos24.. Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [. Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados. «no quiso hallarlos.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo. caprichosamente. la había dejado en la mitad del camino» (892). Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [.. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada. Cervantes.]». ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890).).

vuelve a su casa al caer la noche. siempre anticipando aprobación y admiración. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia.]. pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo. «todos insolentes» (890) —sin duda. portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos. necesario. quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito. Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres. mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). a estas horas. hay dife­ rencias significativas. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento».]» y 25 El Saffar.. «por darle gusto» y. aplauden todos sus «desafueros». dejándole. . el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador. D e igual m odo. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. a las diver­ siones disolutas. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. por los calores del verano..gests the facile movement toward degradation. tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. para ir al río. «sin ser visto de nadie [.. para violarla. como gente honrada y discreta. «las once». Y ellos. while movement away from the city suggests the opposite»25. a un cuarto aparte en la casa [. p. 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. Por cierto.. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent. Rodolfo baja. que no obstante quedan descui­ dadas. al explicar que su hijo llevó a Leocadia. 26 Es inolvidable la descripción de D . pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. con­ secuentemente. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo. por frío cálculo oportunista. Likewise. de cuestionable propiedad. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. N o v e l to Rom ance . De tales festines nocturnos. muy obvias. porque son propicias a las «compañías libres». m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. y. claro está. probablemente al río.

a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». y. a su voluntad. al comportamiento y a las andanzas del hijo. nótese. en sí. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). sólo como na­ tural desahogo juvenil.que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). por un tiempo. juguete para su mocedad. no atreviéndose a disciplinar al hijo. Con sutil estrategia psicológica. En todo caso. enviarle a Italia. probablemente. el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. desee el padre alejarle. que amenaza la honra de toda la fa­ milia. discreta. Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. que no tuviese pena alguna. pues. pero no lo es menos que. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». noble». ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo. picioni. al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato. de Toledo. que era fácil deshacerse los conciertos». pero «fea». Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. A la inmediata. considerados. pre - . permisiva en general respecto al modo de ser. por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia. como de seguro sabe muy bien. «conforme a su deseo» (897). sobre todo. Poco después del rapto. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas. El “desig­ nio” se realiza puntualmente. precisa­ mente por este “renombre”. con su acostumbrada indulgencia. Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. no es moralmente condenable. Esta “inadvertencia” que.

ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. acompañado. sin duda. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. sos­ pechen la conducta disoluta del hijo. creador de la novela corta española.].. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia. Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. dicho encuentro no sólo no sería imposible. hijo de Rodolfo y Leocadia. p. i). y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. sino muy probable y por completo natu­ ral. “mila­ groso”.suto et salcicie» (894)27. su nieto. totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—. «voraces dom inadores». es atropellado por un caballo. El que los padres de Rodolfo conozcan o.. ¿no es­ taría «el anciano caballero». en sus paseos por las calles de Toledo. ¿no sería mucho más extraño. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles. irresponsable del hijo. sino a ser soldados [. en un estado de continua. de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. los italianos. A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido. Sin embargo. vol. y defenderla del turco y otros dom inadores [. los cuales encontraban hermosa. precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». Consciente de la vida libertina. y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina.. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—. Estos anticipados deleites. II. pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. significativamente.]. Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido». 211).. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto. consideradas todas las circunstancias. en que Luisico. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro. ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894). tan hermosa Italia. cuando menos. .] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros.. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—. de dos de sus cómplices toledanos. apuntan al modo de vida al que Rodolfo..

El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías. son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». según nuestra interpretación. 29 Rodríguez-Luis.. p. quien rapta y viola a L. y R. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. a una ley física.un sentido fundamental.. Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. Parte II. a la gran velocidad del caballo. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo. derramando mucha sangre de la cabeza» (894). shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». con que coinciden todas las demás que. estilísticos. como dice un crítico. Interpretación tentadora. y por el instinto de la «sangre». alegórico en la obra.. 70. buscan un sentido altamente sim­ bólico.. paralelos. “realista”... etc. Parece «harto verosímil [. irónico. de un modo u otro. cuando me­ nos. incontrolable. p. en suma. pasó por encima de él. i. por la semejanza de la «facía». para rebatir las opiniones opuestas29. de la «natura». tendido en el suelo. 117.. shedding his blood. pero. Parte II. estructurales. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. cuestionable. pero su sostén textual es. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. temáticos. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her. Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes.] . la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino.). «La furia de la carrera» se refiere. Sin embargo. es m otivo fundamental de la novella 27. Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. 30 G iditz. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street. Por otra parte.] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras».]»30. [«El caballo que atropella a Luisico (. derramando su sangre virginal.. y dejóle como muerto. y por mejorarse de puesto. y no a su naturaleza salvaje. objetiva. pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo.) derramando su sangre. púsose a mirar. evidentemente... de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. este episodio es tan verosímil. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo. etc. en definitiva.

así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»]. representado en la imagen del crucifijo. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. p. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32. hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico.. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [..) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»]. comprensiblemente. etc.igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. El hecho de que. Y. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es. víctima inocente de la maldad. 2 0 2 [«(.. con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be. sin embargo. sino para ocasiones extraordinarias. y la derramada por Cristo. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y. con el sufri­ miento de Cristo. pidiénIbid. primordially carnal appetite and pride » 31. evidentem ente. derramada en un simple accidente.. Leocadia se identifica. Esta distinción. Calcraft. etc. Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896). [«(. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. 35 32 . los m edios de la redención de su madre. Es cierto... por la Providencia D ivina en todo ello. después del accidente. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. tanto en el nivel humano com o en el moral.. para hospedar visitas ocasionales.]. etc. según nosotros importante. para uso diario de 1a fam i­ lia. Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos. crucialmente. «Structure. 33 Ibid. on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption». todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo. porque este accidente determina la identificación de Rodolfo.

en efecto. ante cuya imagen se renovaron las lágrimas. como rico. etc. consolador. se hicie­ ron deprecaciones. una obsesión patológica de Rodolfo. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo. «no por devoción ni por hurto. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia. reconocido como propiedad del hijo. de prueba material. no hizo cuenta de ello» (893). su natura­ leza? Y significativamente. la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. el crucifijo. Independientemente de la actitud particu­ lar. lo cual responde a su propósito inicial. aun­ que. sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. de “testigo”. que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893). Los personajes revelan. sirve a todos de “testigo”. de un modo u otro. sino llevada de un discreto designio suyo» (892). ni siquiera la más leve emo­ ción. la verificación de los hechos. como mero objeto precioso. «abrazada del crucifijo» (896). otros considerándolo. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. o hasta. aunque incidental. pues. que pues ella fue testigo de tu desgracia. con tanta probabilidad. En efecto. a pesar de haberle ésta revelado todo. y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. propiedad. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella. pero no se le dio nada y. cínicamente. para la identificación de los protagonistas.dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). ya casados. de mórbidos complejos personales. nótese. de­ sapasionadamente. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. Para algunos personajes —y . como factor. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. según lo sugiere. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico.. por el crimen cometido. el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. milagroso. se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos».

and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35. buscar remedio. En efecto.algunos críticos— es también “juez”. «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre». «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes. «Structure. El Saf­ far. sin embargo. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien. De hecho. pp. 271-5... los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas». libidinosa de Rodolfo. se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship. la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual.. 201. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. identificar a su ofensor. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. Y. N o v e l to Rom ance. Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. particularmente. representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. pp. y. etc. 134 ss. Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz.. Forcione. Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ». ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto.) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país. la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo..] . 35 Calcraft.. quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (. p. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. [«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas. etc. honours his parents and the customs o f his society. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34.

Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas. etc. sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. al vol­ ver de Italia. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter. superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. cuando menos.dolfo36. como mozo poco experimentado. en suma. ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. en sí.. el carácter. antes. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). Regresa a España para casarse. 37 D . Ninguna preocupación revela por la personalidad. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas. para casarse. Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”.. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. . sin averiguar antes su identidad. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería. facultad de seguro perfeccionada en Italia. pues. sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. evidentemente. razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [. su relación con Luisico. fundamental sería para un buen matrimonio. tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899). sino con muletas. 38 A l principio. Dice algunas cosas.. la conversación de Rodolfo con su madre. en Toledo. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían. Lejos de contradecirlas. etc. sin querer saber nada de lo que tan importante. (897). de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió. y. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña. las circunstancias de su vida. pero. en efecto. de su futura esposa. hasta el extremo de casarse con ella.]. las virtudes. las costumbres. Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-.

ante todo. su naturaleza monstruosamente egoísta. ellos me la dejaron por herencia. inviolada por hombres como él mismo—. no evidencia la sensibilidad estética. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897). gracias al cielo. irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». sugestivamente. el buen gusto de Rodolfo. era suficiente «la voluntad de los contrayentes.]».]... p. Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado. porque en ese «tiempo». Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre».nobleza y de la discreción. a la par que de su belleza física39. su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. y. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”. la belleza quiero. la hermosura busco. discre­ ción. enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel. por lo cual también concluye Belisa. pues. Y muy de acuerdo con estas actitudes. sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899). ¡«Fait accompli». hedonista: «jque me entretenga!». y a mis pasados y a mis padres. supuestamente anterior al Concilio de Trento. Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. también posible en el caso de Rodolfo. sino. conociendo bien la naturaleza.. pero implícita queda la estridente. sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza. se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). Así. una de sus víctimas. pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. D. El burlador de Sevilla. como una mujer no sea necia [. la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. caprichosa. La aceptación. mudable dispo­ sición del hijo. de manera estridentemente obvia. la ma­ dre. 200). porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo. la caprichosa. que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso.. . sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure. a Rodolfo logran casarle con Leocadia. tercera jornada).

] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. la afirmación de que ella.. cuando éste vuelve de Italia (896). según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre. brutal modo de ser. y a aceptar como por completo comprensible. simultáneamente. y al casarse por fin con él.. Sí. reconociendo su paternidad de Luisico. con tan trágicas consecuencias. la doncella tan juiciosa. ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo. natural. sensata. su monstruoso egoísmo. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle. su fría crueldad. «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo. redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto. de modo muy iró­ nico. se realizaría .] le miraba» a Rodolfo. pero de seguro..] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897).. por la chocante contradicción que observa entre tan gentil. y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos. Así. sin poder prever que. comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado».. discreta. poco después. «en tanto que la cena venía». Leocadia «ya quería» a Rodolfo.. etc. precisamente por su desbordada sensualidad. sobreviniéndole un desmayo» (898). en el sentido sugerido. «alguna vez le miraba a hurto [. decorosa apariencia y el bárbaro. que ella. se nos dice que es «venturosa» (899).... se desvanece de emoción en su presencia. cuando. Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [. al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898).—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo. ca­ sándose con ella. no dejan de «suspenderla» (896).]. hubo de sufrir. a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad. durante la cena. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [.] a hurto» en la mesa. «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma». pues. y de sentido tan serio de la vida. La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva. ante todo..

Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes ... 43 L a estrella de Sevilla (última escena). indicando «la restauración de la honra» de Leocadia. declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. en el matrimonio. . pero yo lo doy por bien empleado. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891). 4 2 El Saffar. Calcraft. I. ni después de casados. p. ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar. antítesis. «por bien empleado».). Gitlitz.. pero tan bru­ tal. 132. en vuestros brazos sin honra. hasta. tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!.] me hallé [. y quizás particularmente. pues al volver del que ahora he tenido [. etc. señor. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [. N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—. me hallé. N o v e l to Rom ance . abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l. pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie. pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto...] honrada» (899). dice Leocadia». 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia. 4 1 Rodríguez-Luis. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa. Aliviada de improviso de la ator­ mentadora. Leocadia lo da todo. en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa. se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada.] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. esencial­ mente. cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida.. por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. hasta la más atroz experiencia del pasado.. Aun­ que ya libres de todo rencor.. angustiosa carga de toda su juventud. 68: «Honra y no amor. ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige.poco después el matrimonio. p. pues. etc. «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43.

tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo.. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral.. Con «el res­ plandor de la luna. Ahora bien. 87-93. Forcionc.su «resurrección» en todos los sentidos. que sus padres se encuentren «ciegos. sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa. Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. Gitlitz. tan claro».. 485-490. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». vio un crucifijo pequeño [. en la primera y en la segunda parte de la novela. los estu­ dios de El Saffar. pp. y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales. pp. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios. Soons. pues. Calerait. "luminosos”. caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. 4 5 Azorín. lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. eventual prueba material del crimen ocurrido. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia. y otros. etc. 59-67. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ». «Al margen de La fu e rza de la sangre »... sería.]. cuando menos. pp. Selig. en A l margen de los clási­ cos. 100. p. 121-5. pp. que eran la lumbre de los suyos» (890).. sin los ojos de su hija. aparentemente. de regreso del río. etc.].].. como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ». pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. por ejemplo. En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—. . según varios críticos. respectivamente. Así. Levisí. llenas de «radiante luz». «Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention». pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [. (892). con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz.

Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia.N o v ed a d y ejem plo de las I. sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido. como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia. probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. durante el banquete. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. Era Leocadia de gentil disposición y brío. por semejanzas. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. traía de la mano a su hijo. sus mismos cabellos. no se casa con ella para desagraviarla. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban.] de una saya entera de terciopelo negro. llovida de bo­ tones de oro y perlas. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio. con airosa gracia y discreta crianza. lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral. para expiar el crimen y el pecado. es realizar los desposorios. claro está. le ser­ vían de adorno y tocas. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. ¡Leocanovelas de C ervantes. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido. cintura y collar de diamantes.las sugeridas usualmente. Esta escena hace evocar el banquete. Lo que a todos importa. pues. Es significativo. del genuino sentido del amor. «vestida [. etcétera. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (. Parte Π . es decir. no corresponde a la de la virtud. Como simbolización incontrovertible. en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. p. probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó. Rodolfo se olvidó por completo de ella. Lo dudamos mucho.]» (897-8). vitalmente. Levantáronse todos a hacerle reverencia. de un modo u otro. inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. para restaurarle la honra a ella y a la familia. para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. la pérdida de la virginidad. 4 6 . 66). y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. de Bandello. se humilló a todos [. etc. de los cánones sociales.. en esta obra. en la novella 42.. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo...

con toda probabilidad. Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. más tarde. las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican.dia lo sabe tan bien! Así. como última afirma­ ción de integridad personal. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante. «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». que ya antes re­ clamó la misma inocente. a la vez. que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico. testimonio vivo del agra­ vio —en quien. tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. insaciable y tirana deidad. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. desfilar frente a Rodolfo. con noble ademán espiritual. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. y. nótese. tal como éste desearía. 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). su único nieto conocido. por causa de las crueles. se revela. del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—. Rodolfo ahora no repara en absoluto. trayendo «de la mano a su hijo». también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente. por todos sus muchos sufrimientos. pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. pun­ tillosas convenciones sociales. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. pura víctima. sumisa. un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. “iluminan”. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. sino como señora de alta dignidad per­ sonal. Sí. aunque lo fuese por él? Al hablar de la . pues. Leo­ cadia. humilla­ ciones y sacrificios. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. sólo con la preocupación de su paternidad (899). al observarla dócil. sobre todo. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria.

. pues. o fuerza desentendida de la brutalidad. la arrogancia. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna. de hecho. necesidad. 5 0 González de Amezúa y Mayo. «she has done the best she could»49. p. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls .dera “venturosa” al fin. el egoísmo. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. la perversidad. . de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada. justas para lograrlo. como reparador de la ofensa. [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. pp. i]. pues. Cervantes..] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes.. las penosas disimulaciones.. el matrimonio religioso» 50.) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos. que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario. las absurdas preocupaciones. sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales.! “Alegría” final. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. Cervantes... se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre». egoístas. pp. pues «en aquellos siglos [.. p. trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza. an d hence alienating m an fro m his true nature. over­ turning the proper hierarchy in the soul. ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes. 162-3). en La gitanilla. they are then. 221. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo. creador de la novela corta espa­ ñola. 4 9 Gitlitz. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales.. de perdón y de confianza renovada. y meras consideracio­ nes prácticas del momento. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. «o f Christian m arriage. por conveniencia. como bien se ha observado. medita sobre esta «alegría universal». entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les». an d only then. 156 ss. 121 [hizo lo mejor que pudo].] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués. intereses particulares. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid. en suma. que. fa m ily autho­ rity. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia.

cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. Las dos doncellas. si tal es el pro­ pósito del autor. tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio». Sin embargo. and La fu e rza de la sangre». “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. D e poder demostrarse convincen­ tem ente. con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. en base a la evidencia textual. por genuino sentim iento amoroso.en una digna relación conyugal futura. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. pero también. "la medicina”. según ya se ha dicho arriba. también. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales. en gran parte por esto mismo. sino. ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». 151-8. La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». de m uy sutil concepción artística. Sin embargo. p. sin sostén ra­ cional o moral alguno. la declaración «por permisión del Cielo» (899). «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace. des­ pués. de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . resignados. con igual sugerencia irónica. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. pp. «la llaga» (895). Casalduero. en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. P abón. aun sin contrición alguna del ofensor. atribuíble a una maduración interior. 119-124. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51. . pp.

me fabriqué la casa donde muriese. como es natural. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. para deleitarse después con un amante. 422-3. 3 Cirot. C ervantes .. «G loses sur les maris jaloux». creador de la novela corta espa­ ñola . il. su joven esposa. cumbre de la novela corta». «G loses sur le m aris ja lo u x ». un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal». Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis. lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos. con tesonero empeño. Para las extremadas medidas con que el viejo. Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios. se han señalado muchos an­ tecedentes.EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que. propuestos hasta ahora. para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio. 234-5. viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo.. p. que.. G onzález Palencia. 13. como gusano de seda. pues se trata de una situación hu­ mana universal. pp. artístico. Con respecto a este incidente.]. Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3. pp. en que una mujer engaña a un mancebo celoso. 2 Cirot.. En La lena.» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [. y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. emborrachándole y robándole las llaves. sempiterna. p. 3.. mitológicos. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina. se hayan encarnizado en buscarle analogías. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario. ejemplar o sólo anecdótico. bíblicos. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». así. y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. . folklóricos.

metido en un baúl. como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño. 4 5 .. «El celoso extrem eño de Cervantes»... pp. pp.]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (.. Al descubrir el adulterio. En un cuento marroquí. el viejo.) a una roca que se llama Altamura (. cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos». El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6. Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[.) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»]. Brow n. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4. 81-118. «N otas sobre ios elem entos m itológicos. «Las N ovelas ejemplares».] una via /[. El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino». llegando una D u tin.. bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ». peggio che preggione» [«(. se vienen abajo.. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano. trayéndole uno. perdona a su joven esposa. en un cofre.) una vía (. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ».. 417423... p. comúnmente muy pasa­ jera5. 7 Avalle-A rce.) en un aposento peor que una prisión»]. todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. todavía niña..... Este y otros motivos mitológicos.. En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia.rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion. 2 0 0 . por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(. hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7. El amante cava «sotto la terra [.]/ In­ tro una ciambra. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla. comprendiendo su error.. y go­ zar a la encerrada. 6 G onzález Palencia. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita. «a su misma casa»..).

. Sin embargo. «II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G. ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable. 8 9 . En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa. p. de lo cual después alardea en la calle9. pp.2 . «Gloses sur les maris jalou x ». El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado.. logrando el fruto deseado. entreteniéndole con juegos de ajedrez. 12 Cirot. su pasión. Garronc. pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele. 138-143.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». p. Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina. Lizio. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca.. pp. Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián. 11 Castro. F. 13 Castro. Straparola». en que encierra a su joven esposa. un rey construye una torre. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». / che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto. quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(. el padre de Caterina. porque tema demasiados años. El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. 2 2 1 . Este cuento se reproduce en el Filocolo. En una novella de Straparola. «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». 11. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». con el pre­ visible prem io10. con algunas modificaciones interesantes. «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». En la Histoire de Floire et de Blancheflor. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo. p.]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. 209. como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 . Fue mal apto. (¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. 10 Cirot.noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 . 11. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 .. los encuentra abrazados por la mañanaI3. guardada por centinelas. atrayendo a la esposa. perché avea troppi anni /[. Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris. tocando «certe canne».

El pensam iento de Cervantes. indicando. En efecto.atentamente las novelle de Bandello. i. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». U tili­ zam os la edición de Flora. en menor grado. [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 . se destaca Castiglíone. con que en sus novelle. 525-528). es inmanente». no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. entre los cuales. En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados. U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5. cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria.. rv. Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. En nuestro juicio. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa. «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. M enéndez Pelayo). Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña. 1992. 144. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». tras la cita. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad». 129. entre otros. . pp. aún más se destaca Bandello. Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia. varias otras del mismo autor. 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». A nales cervantinos. en E l teatro de Cervantes. respecto a este problema particular. trata ese tema.136-7. o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. quizás incomparables en la literatura europea precervantina. y muestra que «el obstinado». T utte le opere di M atteo B andello . la P arte (cuatro Partes) y la página. la página. 16 Castro. pp. siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». según C astro16. prólogos. cartas. «perece en la demanda». etc.

sin tomarse a veces alguna remisión de la mente. con más frecuencia. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos. 538)... 422. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. La «natura umana ». III. pese a su gravedad. ya en forma de una muerte “ post errorem” ya.) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (.] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. la marinara e le croci» [«(. el hacha y el tormento»]. (por lo cual). se merecen) las cadenas y los grillos.. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa. de una estrepitosa burla. entre otras razones.marito per moglie». no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. declara. chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni.. 57.. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi. no debe ni puede «negoziare di continovo. su convicción de que la literatura. La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. «degno di compassione e perdono» (33. a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. En efecto. el arte. ejemplar. III. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. pero esto refleja... para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada. tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. por lo cual «non è [. porque.. para . Bandello siempre imparte castigo al transgresor. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo». Esta intención moral. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti. Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari.

I. no siempre se asiste a los nego­ cios.que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. por calificados que sean. muy significativamente. destaca Ban­ dello.. se sobrepondrá y se la pegará. recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. p. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd. que no siempre se está en los templos. a la vez.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. Con la misma intención. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta. se buscan las fuentes. horas hay de recreación. nos dice Cervantes. donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. no siempre se ocupan los oratorios. non divenendo gelosi senza cagione. también. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male. según los casos»]. aunque él tuviese más ojos que Argos. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. ejemplar y. escribe él sus novelle (41. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. el «suceso» del celoso Carrizales. porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido».. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley. teniendo celos sin causa. Estas nociones sobre la función ética. en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos. donde el afligido espíritu descansa. pero.. che se egli avesse piu occhi che Argo. Para este objeto se plantan las alamedas. al fin ella. 64-5).. II. Sí. con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. escribió él su no­ vela. 87). . «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [. claro está. declaradas. Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal. le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(.]. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel. digo sin daño del alma ni del cuerpo. Por estas razones también.

tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. en la trascendencia del “suceso” cervantino. Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». La tendencia codiciosa se sugiere .. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. caracteriza la novela en todas sus partes. «al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. sí pu­ diese pasarla con Bindoccia. Según se verá. pues. le causa a Carrizales. sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. en el as­ pecto humano y artístico. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. cuenta Carrizales. Sugerencias generales. caballero napolitano. 919). Así. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. “bellísima” jovencita. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. Angravalle. en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así). granjeada en el Perú.poco que hay que fiar de llaves. al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio. se con­ tentó de dársela»]. Por mucho que se insista. pero también con la codicia de los padres de Leonora. astuto conocedor de su sociedad. con tan bue­ nas razones. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. en todos sus detalles. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza». artís­ ticamente. cree él. Con ella. quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato». no se trata. conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. vagas. la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). y con quien se casaría.

o. como el sacrificio de Ifigenia. sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. ¿sería. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito. Se evocan clásicas situaciones trágicas. e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material. y despidiéndose de ellos. concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [. que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno. se vino a su casa» (904). llorando con sus padres.. Sí. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. quienes. En las novelle de Bandello. . de las obras cervantinas. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904). y así. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903). por mayor horror. se satisfacen. las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905).] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. En todos estos hechos se insinúa. rodeada de sus esclavas y criadas. les pidió su bendición. el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos».. para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma.repetidas veces en ellos. hijo. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre. 122 ). por el afán avasallador de su «remedio» material. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. evidentemente. ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. en absoluto. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919). que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. de modo tan característicamente cervantino. también. Señalaremos algunos casos importantes. asida de la mano de su marido. com o en otras obras cervantinas.

en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida.. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa.. las ridiculas. lo sugieren los «peligros». con quienes. 1.. sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4). Mujeres solteras y casadas. 611). m. rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902). hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (. (como. fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano. que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (.] diventa sospettoso e muore mille volte il di. Carrizales «era [. las ridiculas medidas preventivas. ha visto mu­ chos desastrados. y comenzó.. infames. 422). para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa». Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio. A.].).. con toda probabilidad.. a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53. precisamente.. sin causa alguna».. como. che spesso poi gli fa fare mille errori» (33.] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado. che da quelle non si poteva veder persona alcuna. al salir para América......) es a menudo causa. y porque. por lo menos de algunas relaciones. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores.. se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902).. indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral. La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar. porque. se hace suspicaz y muere mil veces al día. él mismo ha destruido muchos de ellos. combattuto dal freddo verme di gelosia. entre la puertecíta y la puerta. Así.): cuando salía de la ciudad o de la casa. sin duda.impazzisca e divenga favola di volgo [. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”. [«(. pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903). «el mal gobierno» de toda su vida. fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta. sobreenten­ . por ejemplo. "buenas” y “malas”. Sin embargo.. es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [. p o í ejemplo. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos.).. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo.] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo.

de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad. psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. pues sus celos radican en una «natural condición». de hecho. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en cambio. y cuando «salía de casa». tan intensa. irrazonable por causa de sus celos. Leonora no le es "infiel” por su vejez..diéndose: «sin provocación específica». Anticipán­ dose a Balzac. por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro». se cons­ tituyen en un asombroso. cuya avasalladora fuerza. sin paliativos posibles. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. sino. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 . 171. que en Bandello se representa. petulancias. «se vuelve en natura­ leza [. de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo. e «hizo torno. en suma. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable.]. en definitiva.]. y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. que. de un modo más bien casual.] con la costumbre» (Coloquio de los perros. dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904).. dudas. 1017). sospechas.. Como imitando al celoso marido bandelliano. p. sino por ser un viejo “vicioso”. palpitante organismo de aprensiones. De hecho. del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven. con gran ironía. y con intención categórica­ mente condenatoria. que de la casapuerta respondía al patio [. Cervantes adivina complejos problemas emocionales. se debe. pero reserva tan gran fracaso para Carrizales.. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). miedos. sin que pudiese ver otra cosa».. . dice Cervan­ tes. no por ser éste viejo. también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales. absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal. sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal. descuidada. Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero..

También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!. encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904). enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(. origina­ les de esta novela. particularmente en contraste con la del marido bandelliano. en reali­ dad. despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (. Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios.. «taimada». la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato. con tan buena razón. (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio. . Desde esta perspectiva..) a todos los criados.. D esd e la perspectiva de Cervantes... con cualquier impedimento físico en ella.. quien. excepto uno. 20 Ibid.] y otras dos negras bozales». toda la materia episódica y descriptiva constituye.. tutti i servitori». quien cuidaba la muía y cocinaba. de Loaysa y su es­ tratagema. de cual­ quier modo. de su casa.] para curar de ella» y. de quien se fiaba (. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes». etc.].elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan. Febres. como si fuesen partes distintas de la novela20.. se están. excepto «uno solo di m i si fidava [. y otros. «un negro viejo y eunuco [. que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama).. (918). che era un mascalzone ruvido e vi­ llano.. contrata criadas. compra «cuatro esclavas blancas [.. al casarse con la niña. Carrizales la considera «pestífera». de hecho. «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos». «tutte quelle donne che in casa teneva [. el de Carrizales. 21 Más tarde.. revelado por su «maldita dueña» (916).). porque llega a conocer su perversa naturaleza. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo.. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca. según lo muestra su despecho. 8-9. despide. pues. etc. por celos.]. guardar la entrada de la casa. un comprensivo retrato del viejo celoso. un truhán rudo y bellaco. il quale la mula governava e faceva la cucina».. ma tanto inetta ch 'era da niente. pues. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis.] Arreglo mucho más “liberal”.. a la vez.. resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales. pp. pero tan inepta que no servía para nada.

y a Marialonso. más precisamente. irían a oír misa.. 611).] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa». tener una servidumbre desexualizada.. (debía) volver a casa»]. porque. por lo menos. como un nuevo Argos.. cosificadas. Así como el marido bandelliano.) a las mi­ sas. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53. su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual. «después que casaron a su hija» (917). se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”. a las dos doncellas.. Aquél permite a la esposa ir «a le messe». para trastulos sexuales. vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»]. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora.. entre otras considera­ ciones. nunca los invita a su casa. emocional. Quiere. ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905). Considera prudente acompañarlas él mismo.. En su grotesco harén. 1. a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [. y tenía que ir a la primera misa (. al considerarlo atentamente. al aya. Por su parte. 611. incapaces de iniciativas propias. todos. pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). ante todo. Carrizales. supuestamente ya “pasada” para amores o..) forzaba que de continuo. auditivo.. a huonora. él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905). . sin faltar nin­ guno.. por lo cual contrata al eunuco. [«(. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta. con el mundo exterior. Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica. debía «tornar a casa» (53. 1. che andasse la malina.pero. supuestamente por sumisas. espiritual. 70) [(.) acompañada de la muda y de un criado. mental. de seguro. visual. pero «solamente le feste e hisognava. «de día pen­ saba. M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. a las esclavas. (pero) sólo en las fiestas. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. 1. 5 .. material.. y acabada la misa. coetáneas de Leonora. de noche no dormía. que él quisiera que lo fuese. “mutilada” o. Por esta misma ra­ zón.

Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba. Aunque de modo juguetón. caracteres y pormenores. saquea poemas italianos para hurtar de ellos. 241-2. sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. callada y alevo-: sámente. y que Carrizales. A menudo.. episodios. argumentos. la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos. relevantes en el nuevo.. Antes de con­ tinuar con el examen de éstas. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices.] con sus amigos». entrar «de la puerta dentro del patio» (905). original contexto literario que está creando. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño. en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. una esencial origi­ nalidad. Sería ridículo. il. eficaces. si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»]. apropiados. pp. Cervantes. «falto de inventiva. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ). sin dejar «jamás» a ninguno de ellos. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención». y M ayo. como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. 22 G onzález de Amezúa. [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. en cualquier caso. empiece a negociar «en la calle [. Cervantes. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). como no sea todo el concepto y toda la copla entera. acude a unos manuscritos viejos.De acuerdo con todo lo visto. 81). pero. .. pobre de inspiración. creador de la novela corta espa­ ñola. es decir.. en efecto. busca libritos rarísi­ mos. De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes. a veces mencionándolos y otras veces no. al casarse.

según la traducción de C occi o. cerca de la entrada del pasillo. tenía cuatro cuartos. haueua quattro camere: due a man destra. está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. dos a la derecha y dos a la izquierda. en dicho aspecto. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». y su sentido. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. Sus semejanzas con El celoso extremeño. son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». etc.. de Leucipe y Clitofonte. es­ taban la joven y la madre. en uno estaba Clío. pasillos. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. per il quale sipassaua andando alie camere. Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». cerca de la joven»]. y sobre E l am ante liberal. et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. en los otros dos. che erano alVncontro Vuna delValtra. En los cuartos interiores. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle. al comienzo del cual se cerraba una puerta. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. Esta era la resi­ dencia de las mujeres. N el principio di questo ándito si serrana una porta. quien le corresponde en ese deseo. stauano la fanciulla et la madre. cuartos. para resguardar a Leucipe. frente a frente. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe. pero la joven. claro está). Nelle camere piu adentro. Clítofonte quisiera gozarla. Apasionado de Leucipe. . puertas. más atrás. Questo era Valbergo delle donne. Las' ideas de este interior. Además de esa formidable disposición de departamentos. Leonora. su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”.

al cerrar «la puerta. que de la casapuerta respondía al patio».sempre metteua a dormir Leucippe. la «sospechosa». (904. 24).. Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro. así que era difícil evitarle»]. es decir. Clitofonte consulta a unos amigotes.):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. 912). que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. «fatigada». levantán­ dose muy temprano. sobre todo. etc. «un certo seruidore curioso. También Clío. «miedosa». cínica. et serrana di dentro la porta delVándito. Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. di nuouo gli porgena le chiaui. que aguarda todas las mañanas. hablador y goloso. se nos muestra. et un ’altro la serrana difuori. por donde le traen las provisiones. le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. «dueña». para sensacionalizar y amenizar la intriga. vigilaba. y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. La madre de Leucipe asalaria a Conope. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. Prácticas y recursos materiales previstos por la madre. accioche egli aprisse» (Leucipe. Frente a tan formidables obstáculos. etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. «sobresaltada». al ha­ cer un «torno. y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. cicalone et goloso. blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. quienes se entusiasman de inmediato por la empresa. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L . del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». 16. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. et ella prendendole le serbaua. y cerraba desde dentro la puerta del pasillo.. esencial­ mente. quien se en­ . «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. 911. pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa».

. y de los más ricos de ella. la dispondré a (. si è meco dimesticata.. che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione.] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [....] pareciéndole [. como por ejemplo. a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24. de las cuales coligió de [la] mala intención suya. lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi.. [... desideraua di hauerla por mogliere... 20 ) [«(...carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna.) que nos ayude en esta empresa»]. Hablólas [. único. acordaron que se pusiese por obra. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante.. sus amigos. et erane innamorato per fama.] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla. N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [. et mostra di portarmi affettione come a suo amante. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6. con tan buenas razones [. ma di uita prodiga. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco.. la fortuna ya nos ha proveído. «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón. 910.].16). según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte. che porgone alV anima gli occhi [. la quale egli non hauea giamai ueduta. pues Clío. atildada y meliflua».]· los hijos de vecino de cada colación.. sino más bien una variación local de un carácter universal. «El Loaysa de E l celoso extrem eño ». pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional. gente baldía. 8-9.. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe.]. Poco a poco.. . se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe.) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín. ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio. ofreciéndoseles a su servicio.. et lasciua.]. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo. que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes. quien cuida el cuarto de L. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria. la quale ha cura della camera di Leucippe. Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola. 915).. De la misma estrategia. Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo.

desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas».. estaba solo. necesidades. a quien nunca ha visto. estremecido. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915).]. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia. . al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad. pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran.]. para mayor interés de la intriga. llegando a saber que S.. que de todo en todo vino a saber lo que deseaba.. de pésimo ánimo»]. A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25.. y viéndola siempre cerrada.. pero de vida pródiga y lasciva. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906).. p. imaginándose la belleza de la joven (.rico.. todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [. po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [. de haber sido necesario. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi». aspiraciones y deseos. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor.. Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora.].. Éste. 946).. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse. por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo. tenía una bella hija. II.). deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama. responde.) y las cosas que no veía. Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa. compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales.]» (905).. le tomó gana de saber quién vivía adentro. la hermosura de su es­ posa [. [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor. según lo demuestran sus promesas a Marialonso. y por las palabras se apasionan de igual modo (. Supo la condición del viejo. un día. a quien él no había jamás visto. de cuyo cumplimiento. Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes.. en lejanas tierras africanas: «[. con su propia problemática íntima.

¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres. a que responde el corazón. también. pp. a la vez. Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. tienta cariñosamente las cuerdas (915). 36. «gentil disposición y buen parecer». tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. . luego la otra». El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena. «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis.]. astucia. suspensas. elegancia. para oírle y verle de más cerca» (910). «abrazándose con la guita­ rra». lentamente. audacia.]. 1956. atónitas [. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado. melifluidad. y una montera de raso de la misma color. según lo revelan repetidas veces sus patéticos. En cierto sentido. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. Son los «romances de moros y moras».. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels. su complicidad con Loaysa. 27 Ibid. anchos. con cuello almidonado.. aun de haberlo querido. con el torzal de cera encendido» (910) 27. Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari. un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. reprimida. junto con su obsesión por ser músico. parecióles que miraban a un ángel (Loaysa]. «corte­ sía». las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). 39-40.. Poníanse una al agujero para verle. cuando se esconde en el pajar y. a la marinesca. lo que. «de arriba a abajo. significativamente.patética y conmovedoramente. explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [.. Las criadas son mujeres de vida yerma. resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y. pp. con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. pese al gran miedo al castigo. 279-283). Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica. al principio le aviva la fantasía26. pp.. y que explican. de sexualidad frus­ trada.... véanse los interesantes com entarios de Forcione. atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa. N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S. para el lector. Ya dentro. 53-4. convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él.. «caballerosidad». pero no al sentimiento y a la emoción.

. según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa. . Marialonso oculta una voraz sexualidad que. 430)... malévolas. monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [.]. 40.. í 740). la dueña («la tía fingida»): «propuso [. Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso. respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra».]!. intenciones hipócritas. cual fue que su señora doña Esperanza [.] luego su embajada con sus torcidos.].a Loaysa «en medio [. otra: ¡Ay que ojos [. ex­ cepto mi señora» (913). de doble filo. más que.. y concluyó con una m uy forjada mentira... hechicera [. traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio.] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [. re­ pulgados y acostumbrados vocablos. 55-8. barbuda [. Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos. a nuestro juicio.. sin excluir su sarcasmo..... «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28.]. de frenético apetito.. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914). aún mayor frustración para estas mujeres. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza..] estaba tan pulcela com o su madre la parió..J. contando con una particular 28 En L a tía fingida.].. quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [. lo que es mucho más grave. pp.] del músico». 39.. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua». pues.. que se acaba en otra. Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione.. con razón. «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií. Marialonso.. antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915). quien no quiso [. con todo eso.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [.. que se atribuye a Cervantes. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915).]! Esta alababa la boca.. otra: ¡Ay que blancura de dientes! [.. C ervantes a n d the H um anist Vision .. aquella los pies. no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida.

se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. según más tarde relata. saldría y. convirtiéndola. et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia. «et quando io». de donde. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. trabajos y desabrimientos echan un cero a los años. muchas veces bromeaba con él. y a veces dos. mal pecado. destaca esa "comodidad”.lujuria masculina. Al fin. 26). según se les antoja» (913). escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). sobre todo. en yesca para Loaysa. essendosi nascoso dopo un certo . promueve.. y si acaso pa­ rezco vieja. cuentos. corrimientos. tan cínicamente suspicaz con todo el mundo. hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. el suspicaz portero. Cónope. di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante. por Carrizales mismo.] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. porque le faltan dos meses y medio. «tentaua di far opta migliore. quien la abraza. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. la besa. la voz. congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico. vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas. [«(. Por todo lo visto. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera. también lo soy [virgen]. aparece Clítofonte. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. copias de las maestras de Carrizales. 910]. et malediceua cotale strepito. ya “inútil”.) queriendo hacérselo amigo. Leucipe espera. se haría recibir como «haya de Leonora».. después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes.. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves». Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte. hauendo per dut o di far cosi belVopra. molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara.. cantándole romances.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». así espera. las criadas están sobornadas. pero también entu­ meciéndole con el vino. con suprema ironía. De modo no muy sutil. «caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. no teniendo treinta cumplidos. 907]. trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama.. llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre».

negra. y señora. en su «aposento». 19) [«(.. blancas. Tacio.. Esperando a Leonora. se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [.] Al furioso estrépito [. habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra..) trataba de hacer “obra m ejor”. 30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal». por medio de «engaños a los ojos» o. haueua fatto strepito» (Leucipe. en general. y en el lector.. y le­ vantas y viene! [.]. Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5). espantados. «fa r opra migliore». Al volver la calma.arbore. tiene como consecuencia. sorpresas.). se produjo cierto ruido detrás de nosotros y. pero. Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra.. suspensión de ánimo. .. En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica....]. nos levantamos. cuando los sorprende la madre. quedo. habiendo visto venir a no sé quién. ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía. adonde «dio orden de que se entrase» (915). la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa. ya presentes en el episo­ dio inspirador. oyendo la no espe­ rada nueva [. Dios perdone a to­ das!» (914). La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo. cuando Guiomar.. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco. alboro­ tos. van. ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A .. tensiones. Sátiro (. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’. en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño . pero sin otras funciones en la trama. despierto señor.]. y maldecía ese ruido. la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. cual por una y cual por otra parte.. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora. enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia). y. fue él que ha hecho el ruido»]. pero con mayor sofisticación artística. A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes... a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato.]29. mientras en Cervantes. y que ella y su señora se quedaran en la sala [. che hauendo ueduto uenire un non so chi. a los sentidos30. eficaz. a su vez. Leucipe y Clitofonte se disponen s.

creía todo lo malo de ella»].] con la amarga vista [. cuál fue el disgusto que tuvo.] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?».. son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento. en particular. «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [. está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”. [«(. desesperación y. oyó lo que jamás esperaba oír. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y.. amarga desilusión. so che io non bastar el a narrarlo . [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora. et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo. recrimi­ naciones.. embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi. desmayo... las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe... cólera [. . impulsos de castigo y venganza.] color» (916)31..) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa.. tras­ torno emocional.].. Carriza­ les despertase [...]. si uergognana. Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento.. sé que y o no bastaría para narrarlo (.por causa de una pesadilla: incredulidad inicial.].. Temerosa de otros castigos.] vio lo que nunca quisiera haber visto [. Por esto. profunda indignación.. desmoronamiento inte­ rior.] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)].. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A.. ya sin otro remedio. 26-7).]. I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese. los brazos se le cayeron de desmayo. pese a las apariencias.] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa]. aun sin saber cómo se perpetuó el engaño. uno de naturaleza tan patológica como Carrizales. e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa.. por otra parte. Clío se escapa de casa.. la voz se le pegó a la garganta. por fin. La madre de Leucipe castiga a Clío. 26-6). porque.).. Leucipe jura y rejura a su madre que. Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [... sin pulsos quedó [. si attristaua.. dolorosa resignación (Leucipe. y abriendo la puerta del aposento [. y así se salió».) nadie ha avergonzado mi virginidad (. y quedó hecho una estatua de mármol frío [. Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices... desmedidam ente celoso.. un marido. 31 «A ngravalle [.

) hacía diversas mutaciones. sino también con muy impacientes. se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto. «The Refracted Image: Porras and Cervan­ . se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros».]» (919). a pesar de ellas. se entristecía. pero «sólo con el pensamiento».. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad. Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [. se arrojó a los pies de su ma­ rido.. a lo menos. según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado. al transformar la primera versión de la novela32.. ardorosos deseos. al fin. tanto de orden temático com o lin­ güístico.]. de las prevenciones de Carrizales se advierte que. cuando no engañosa hipocresía. en 32 N o son convincentes los argumentos. Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte..]. ingenua sofistería. por otra.] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916)... no por haberlo ella así querido. volvió a desmayar» (918-9). et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe. se asegura que su «valor [.. sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [. Ahora bien. H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg. «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba.].. 27-8) [«(.].. Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente... en pensar que había caído» (905)> pero. se engañó [.. pero —advierte el lector—. estilístico. Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá». no pudo mover la lengua. y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere. se le cubrió el corazón [. en realidad..si uergognaua che le fusse detto uiltania. Sólo un azar lo previno.. se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»]. Admite que ha «ofendido» a Carrizales.]. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist). el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [. se dice que «Leo­ nora se rindió [. Así las protestas de inocencia y virtud son.. El caso de Leonora es mucho más complejo. ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón»..

resultando de ello todas esas «ambigüedades». ío cual pasma al lector. «El arte nuevo de hacer novelas». Criado del Val. Se han su­ gerido. con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. pp. pp. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. novela o entre­ més): Spitzer. aparentemente.que ocurriría el adulterio. en sí. (A base del género. Ayala. cabe plantear una pregunta que. una reelaboración de la obra. por encima de la hipótesis que se propone. «El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. con la censura. 181 ss. dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). 180 ss. Ante todo. Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia. otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. Sánchez. «Cer­ vantes et le mariage chrétien». «Indice verbal de El celoso extrem eño ». para refinar el estilo y sobre todo.. nada hipócrita. Bataillon. en la segunda versión. pp. 36 Casalduero. 34 Casalduero. D. en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio. advirtiendo que el tema del adulterio. 37 Farinelli. respectivamente. En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». Quijote) 34. 41 ss. C ervantes y la libertad . nunca se ha hecho en los estudios críticos. pp. 81-90. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. «Solución absurda». de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . pp. en que se elimi­ naría. creador de la novela corta espa­ ñola il. pp. 253 ss. 325-352. de carácter esencialmente estético. Sin embargo. que llevaría a una depuración muy sincera. 941 ss. 129-144. los caracteres 3 < 1 . «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño. p.. claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela». com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). 194-225 y 138-178. . pp. «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle». «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». no era un tabú en esa época. pp. «Erasmo en el tiem po de Cervantes». en cambio. C ervantes. según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». 541. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. Rosales. Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. pp. «Cervantes. quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. 33 Castro. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales.

281-91. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. sentimental. Aylward. de la indiscreción sexual de aquélla. con todo esto. pp. que ambas versiones de la novela. 257). Π de N o vela s ejemplares . tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica. humana. 256. p. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. en suma.. pues. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ». 258.. probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. se om ite de la versión posterior. Sugerimos.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». ¿por qué se concluye. lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. comprensible. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism». Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos).. 262). plausible. pese a todas las diferencias. . aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39.. los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación). En suma. 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. que con aquella afirmación se alude al adulterio. ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela). aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o. con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. aquéllos son. Edwards. quien. com o se clarifica en la versión posterior. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. aun sin pruebas. femenina. Lejos de perjudicar la verosimilitud. el valor de Leonora fue tal [. definitiva. Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val.]». después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. mujer característicamente bandelliana. pp. pese a su ingenuidad. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela. permiten una interpretación coherente. lo cual se aduce como prueba indiscutible. de hecho. ¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito. con tan absoluta certeza. natural. es así culpable de «malas obras». en el vol. 219-31. Lambert. de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón.

en parte. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité. y conlas joyas y anillos que me compro (. principalmente. provocan. sin sa­ berlo.) no es excepcional en su forma..) me encuentro tan ... con toda intención. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto.. dram aturge. com o muchacha. C ervantes. [«Com o sabes. reacciones divertidas en el lector. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta.]. che io non so come io sia v iv a [. si en mitad de la riqueza estoy pobre. [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9). anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi». 69]. ¿De qué me sirve a mi todo aquesto. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. hasta en esta 40 Marrast.. de comedias de golpe y porrazo. sin pensar más allá»].. 25 [«(. fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso. e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [. sobre todo. 596) [~ « Com e sai. también por los extremados celos de Cañizares.. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[. d ia­ mele quien pudo. casada con el viejo Carrizales. [«(. fuera de las cruces. naturalmente. es insólito el m odo con que se burla. Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros.) Si (C. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad. malditas sus joyas... y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso. ed io lo tolsi volentieñ. p. sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión.)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario». 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho. por disposición de los padres: «A la fe.. que.]. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas. 70]. [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo. La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír. así. Por esto. D e nuestro artículo. ridículo. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años. «Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza. Estos ingredientes explican. la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso.] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida».. Sin embargo. fu i data p e r moglie a d Angravalle. y yo. es un personaje patético. el viejo celoso y cornudo.En las novelle bandellianas. cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar.. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate».. no sólo el argumento. de ciertos valores intocables en esa época»]. y yo lo acepté voluntariamente. fui dada por esposa a A.] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme.

pues de las sospechas hace cer­ teza. y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso. Provocado... voi. hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [.... describe. a quien. p. en presencia del marido. Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»]. Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas. que n o sé cóm o estoy viva (.]. 242.)!»]. estoy temerosa.] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso.). mujer distintivamente bandelliana en desesperada. el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone.] p er fa r loro si bello onore. 82-3] [«Mira bien por el cuarto (. en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas... a trueco del gusto.. la tercera: «a dirti il vero. mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [. m al anderebbe il fa tto nostro.) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (. che non andera divolgando i casi nostri. 71] [«(.. que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso.] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]. a momentos. mi señora doña Lorenza. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama..]». 74]. Lorenza.. a costui m i maritaste [. si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»]. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [.........) nuestras cosas irían mal. deseos que pronto realiza con el notorio adulterio. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene». 42 Castro. de m odo singularmente cínico y descarado: «entre. pero la astuta Lorenza oculta al amante... de las mentiras verdades [. de hecho. Signori miei.] perdón [. 596) [-Isabella. por mi desventura me casaron con éste (.. El pensam iento de Cervantes. A. los deleites sexuales {Elviejo celoso..].. ¡Señores míos. 600) [~ « G uardam ipitre. se sai>che questa notte che viene io voglio che [. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (.]la tua n avepassiper corneto».. fingiéndose «profundamente ofendida». pensando sorprender a su mujer en flagrante...) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo. pero Lorenza. y verá com o es verdad cuanto le he dicho [..) que te equivocas (..) para honrarlos de tan bella manera..]. en ocasiones. no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [. sin darse cuenta de ello. y no querría. se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o». 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [.. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia. no se queje tanto..]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto. poner a riesgo la honra [. la m ia sventura..).. 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire. 600) [75]. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito. dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín». se reconcilia sólo después de prometer aquél.. m arito. Cañizares interviene.] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande.. durante el acto. 71) [«(.. Lorenza convierte la desesperación... . al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano.] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso..«escandalosa zapateta»42.] che tu t'inganni[.

que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. Varios otros lectores. Con más detenimiento y. europeos. al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597). pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte.]. 31-92. 84). perpe­ tuada por los novellieri italianos. en cambio. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico. literario. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica.su comportamiento “libre”. Cañizares nos refrena la carcajada. moral. . sobre todo. aunque muy pasajero. es también. compañía hallé. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes. al prin­ cipio. aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione. con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes.. cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [. como tam­ bién en el novelístico. 537).. desconcertada. artístico43. contemporáneos de Cervantes. pp. antes y despues. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. tanto en el sentido filosófico. cínico y vengativo. Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana. una joven algo insegura. de compasión. suscitando. compañía quise. Tan penosamente consciente de su enorme error. que en el tradicional. un sen­ timiento. pero muy poco se le parece a la cínica. han llegado a la misma conclusión. C ervantes' H u m an ist Vi­ sion.

com o en Bandello y en El viejo celoso. «Ella es niña». Sin embargo. Vi-.] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45. ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). Mas: «Mais elle n ’a p a s . «Se desvela» en traerle «regalos». y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903).. se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas». de todos modos. al llevársela a casa.] en las largas noches del invierno» (905). Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». los «frutos doblados del matrimonio» (598). y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. cuando las criadas cuentan «consejas [. gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra. a quien estaba siempre obediente».. de hecho. pasa­ ban todas las recién casadas. a lo cual ya lo obligarían. dans l'âm e de Leonora. A Carrizales preocupa. mansa y tierna Leonora. 177). no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón». la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares . que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto. como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904). no teniendo «experiencia» de otros.. mantenerla obediente.]. 399) [«En el alma de L. pero. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ». pero es significativo que no se destaquen. nota Carrizales. su­ misa. promueve placeres sensuales sustitutos. Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”. prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). . de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual. Y para distraerla de su latente sexualidad. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. la hace su mujer.. sobre todo. y controlando cada pensamiento de Leonora. de seguro. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. 904).. p. p. pasiva («la nueva esposa [. 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. Carrizales logra. únicos que puede brindarle a su es­ posa. para no despertar su sensibilidad femenina. siempre in­ genua. ésta. procura estar siempre presente. la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente. no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904).. Así. ni la pierde de vista un solo momento» (910). encerraréla y haréla a mis mañas.(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. «casarme he con ella.

porque le pesaría en el alma» (911). Leonora se hace cómplice de las criadas. co­ menzó a dar brincos de contento» (912).. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras.] El rey tiene harta. con perversa lógica. claro esá. «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás. haciéndole creer. que no deja de impresionar a Leonora. pero. Esta la ridiculiza. pero.]» (1047).]. Predice bien una criada: «aunque más jura. de seguro inconsciente. un excitante juego de escondite. Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura. ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). Quijote. exigido y aceptado por D. al fin. todo olvida»..absoluta. por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas. dramático: «Por vida de mi padre juro [... el éxito de sus empresas: «sacó la llave [. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913).en voluntad». serán. Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [.. por una necesidad natural. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y.. que destruye su voluntad individual. y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [. en varias ocasiones.] y por esta señal de la cruz.]. de modo particularmente contun­ dente. con acento particular. Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913). Con cierto buen instinto.. muy irónicamente. en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra. o. sin que el viejo lo sintiese [. que la beso con mi boca sucia» (911).]».. Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911). que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [. especialmente la dueña» (910). quien así acepta el juramento literalmente. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales. reprimidas por la vida “adulta” impuesta.. Por cierto que el virote jura de modo solemne. al complacerse tanto por el juramento de Loaysa. que la deja desprevenida frente a la maldad humana. de todos modos. y tomándola en sus manos. sobre todo. y la ignorancia abis­ mal del mundo. de desahogar sus incli­ naciones adolescentes.. una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle ... ¡Oh. si acá estás. en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada. sin reparo alguno en la persona que lo hace.

N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores. «Quedó vence­ dora [. todo esto requiere tacto. le favorecería en definitiva. y entrambos dormidos» (916) 47. y él se cansó en balde. sin duda. los «abrazos del amante mozo». ante todo.. que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él. que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912). el «valor». 40-50).] contra las fuerzas villanas» de Loaysa. con otras cosas semejantes [. el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones. Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora.. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914). . el «donaire».. le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—. Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil. pues todavía no está en disposición propicia.]. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. pero advierte la manera en que los rechaza. tan demostrati­ vos y eficaces4é..] donde Loaysa estaba» (916). pp. para no echar a 4 6 Véase nota 28. Al verle por primera vez.. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador. Todo lo contrario. [.] y casi por fuerza» a Leonora. estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento.. 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares.. en ésta no se percibe ningún interés sexual. según parece. ¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa.y. Si da muestras de ce­ der. no recurras a la fuerza. Si ella persiste en resistirte.cantar y tañer. llenas de colores retóricos.. a la postre. en ese momento. el «secreto y duración del deleite. porque. a su tiempo. . en cuanto al coito.. pues no fueron bastantes a ven­ cerla. sigue actuando no obstante con gran cautela. «preñados de lá­ grimas los ojos. Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza». pues Marialonso debe llevar «por la mano [. que. sino el de un endure­ cido mármol» (915). Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado..] fue tal. y ella quedó vencedora. pero.

el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. . Es éste. puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio. entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48. con toda pro­ babilidad. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49. la conquista definitiva para otra noche. el acto sexual mismo. otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando. quien podría violentarla. Libro i). Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. C ervantes y la libertad. 213-219). Es ésta la culpa que va a expiar. para ello. pp. Leonora. Le «ató la lengua [.perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte. com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». pero hay. Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa. p. 49 U na interpretación algo parecida en Rosales. Aunque mucho más insistente al principio. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia. se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. Aunque extraviada por su simpleza y pasividad. porque. El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso». que.. Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente.] la turba­ ción» (919). aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito. Leucipe. en ciertos casos. tanto dijo la dueña. exento de tal “pensamiento”. ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido.. Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). 940. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). aunque sólo «con el pensamiento». pero decide astutamente esperar. que le vino con la comprensión de que «ofender». que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. pues. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal.

. 263]. porque su corazón late con afecto genuino por él. in­ fructuosamente. pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido. . en efecto. N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919). preguntándole qué era lo que sentía. a costa de Carrizales y Leonora.. convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina. se sentiría m uy hu­ m illado. derramando [. que. claro está. sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno. p. pero no conquistó el corazón de Leonora— ... 27).] muchas lágrimas [. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase». in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho. p. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla.. en su fantasía. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [. también. además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales. pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce.. pues. él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual. estaba Leonora dis­ puesta a amarle y.] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—.] se imprime en el alma» (908 ). aunque sólo tímida. ¡donde no le conociese nadie!». porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales.] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ». con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. sin duda. los virotes y mantones. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa.ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. ¡tan característicamente cervantina!. Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices. tentativa. se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento». quien. y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad». dado su peculiar orgullo de virote. Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. Compasión humana.. pero pronto fundida con una pura.. Por tremenda ironía.]. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero... acrecentada por la conciencia con­ trita.

.J... dormido en su cuarto51. en un complejo de inferioridad del celoso.. los celos no pueden encontrar lugar. «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso. El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. gelosia non puo aver luogo». Se trata de cierta «hipocrisy» 53. con muy dolorosa ironía.. p. 187). dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio.) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor. por esto. mi señor. no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (. 228.. Cervantes.). en el egoísmo.. 25. no hay duda. a la vez.de Carrizales. pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta. . no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo. aunque éste.). Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares . chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n. «¡Vivid vos muchos años. y. entre otros autores renacen­ tistas. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [.. és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores. quien. p. radica. 8). En el romance de los Celos. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido.J sormonti e vinca il nostro valore».. 918-922) [«En aquel pecho (.. 52 R uiz Vernacci. 25. «The T w o Versions o f El celoso extrem eño ». non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [. y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero. y en la creencia de que ignora la treta» 52. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora.. más bien.. 53 Lambert. y mi bien todo» (918)..]. Bandello: «In quel petto [. p.]. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»]. dude de la sinceridad de su tristeza. asimismo. el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [. como observa muchas veces. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes. «M editación en torno a E l celoso extrem eño».

por mostrarse tan liberal con todas» (217). del respeto.. espontánea “liberalidad”. en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas.los celos. el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. dándoles «muchas dádivas» (905). a veces muy obvia y. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [.. un enorme egoísmo. específica y segura retribución56. 42) [«C. que de todos sería ser­ vida. disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad. El “solipsismo”. N o v e l to Rom ance. Enjuiciada. 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ».. para que no se les «desmande el pensamiento».» A las criadas «sobrábales [.]. sobre todo. de la amistad. pues. que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida. en La casa de los celos. cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada. debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270).] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [. en implícito.. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana. 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar. de la lealtad. pp. . se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. p. 41 ss. en suma* del cuerpo y del alma de los demás. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»]. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». del cariño paterno. A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55.] en grande abundancia lo que habían menester. sin embargo.. “liberalidad". Y. Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta.. y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903). y. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento. por lo cual todos «le quieren bien» (905). otras. ge­ nerosidad.

gratificado más que nunca. sino gusto» (903). Muy significativamente. y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903). Al considerar el matrimonio. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. en realidad. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda. por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino. 99. Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. decide no irse a «vivir a [. ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. por lo cual también puede volver después rico a España. Siempre concibió ésta. pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. 58 D unn. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora. que toma durante el viaje a América. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar. «Las N ovelas ejemplares». oportunistas y manipuladoras. en su larga vida anterior. si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal.dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada..] su patria». Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903). detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni. como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo. consiste. renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . Así. «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada. en sus gratificaciones personales. aparentemente.. . pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia. para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). Carrizales queda complacido.) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»]. más prudente. en que Carrizales se pasó la vida. esencialmente. tan sólo en un modo dis­ tinto. p. piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903). «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. La «firme resolución de mudar manera de vida».

su fracaso. para llegar a una inesperada. pero ¡qué diferencia de tratamiento.. Carrizales no toma . de inmediato. Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho». atribuye. determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia». que ha­ bría gustado a Calderón o Lope. personificadas en Loaysa y Marialonso. El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote. muy significativamente. A n­ gravalle. 918) la terrible experiencia. se le desmo­ rona el ánimo. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos. en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. enlazados en la red de sus brazos».. por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci. ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo.].. por ser hombre receloso y m alicioso... por lo cual.. p. 18). me fabriqué la casa donde muriese» (918)60. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»]. lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [. Yo fui el que. 916. como gusano de seda. Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. varios personajes del Persiles. Sólo a éstas. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa. inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. «niña mal aconsejada» (918).) con deliberación de hacerles una fea burla. En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño.. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo. etc. etc. 86-7) [«(. puede Carrizales reconstruir. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59. como también a la imprudencia de Leonora. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo. prese le sue arm i». y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905). [«(.mejor que se la supo imaginar».).) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. con ven cid o de su «error». para demostrarles la maldad de su hija. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta. pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana.

Carriza­ les quiere hacer enmiendas. y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M.. con­ tiene una serie de autojustificaciones. hícela mi igual.]..]. a la cual tenía asida de las ma­ nos [. oscilantes entre el sincero.]. por sus muchas transgresiones contra ella. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener. él mismo nunca invirtió amistad ni amor. con tan frenética urgencia (918). doloroso desengaño. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido. En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía. en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía. Sin em­ bargo. «parasitarios» de su vida entera. un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba.. ya no encuentra buena razón para la venganza. quizás inconscientemente. p. m uy com prensiblem ente.. En la primera versión de la novela. perverso sub­ terfugio. pa­ rece que quedó algo satisfecho. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. cuando menos.]» (917-8)6l. Entre desmayos. entreguéle mi hacienda [. Con esto. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [. por causa del amargo. «atónito y embelesado [. 47) [«El largo discurso de C. a los criados. según ahora com prende mejor. a sus padres.. porque se desmaya. clavados los ojos en su esposa. Al «tomar venganza de sí mismo». pues fue la dote. la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales. y L. con sutil.. ¡Todo tan natural!.»].de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas. poin ­ tin g back to his liberality. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza. derra­ la venganza... que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. a «obras pías».]. . Carrizales. 6 2 Edición de Avalle-Arce. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta. p.. a toda la humanidad. 263. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. al dejar toda su hacienda a Leonora. en que. lo cual revela certeramente.. and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ».

pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales. besando «el rostro» de aquélla (918-9). cínicos enconos y ásperos remordimientos. aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas... 397) [«(. evidente­ m ente. y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí. al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos». N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering. no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). com o sugiere Bataillon. es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento. con sereni­ dad. por una catarsis64. pese a sus sinceros. Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas. Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales. Carrizales no puede morir con el alma purgada. 105). el poder de un genuino mutuo amor. en la más angustiosa. 65 La expresión es de El rufián dichoso (342). p. 67 Entre otras cosas. es decir. muere de “dolor”. Evidentemente. como los clásicos héroes trágicos.) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»]. o por un re­ pentino. b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño»... p.. después de siete largos días de agonía.] muchas lágrimas». «Entrando a cuentas consigo a solas»65. 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz. fervorosos deseos de total expiación. con su entera vida. 181). Por esto.. incondicional reconocimiento del sublime poder del amor. pero se­ ría exagerado decir que está transformado»]..] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos. de origen espiritual.. 228) [«C.. “d olor” fatal. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos. con total confianza en sus propios resortes personales. él derramaba «muchas lágrimas [.]» (919). Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas.mando [.. Por primera vez en su vida intuye la belleza. «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». considerando la falsedad de sus lágrimas». 64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares». tan yerma de amistad y amor. p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor».. fría soledad66. sin contar . como Tolstoi.

]. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68. Ayala lo llama «héroe m oderno [.poco consigo mismo. filosófica de E l celoso extremeño. por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. 84).. 305-1). pp.. intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. con gran probabilidad. «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño ». Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino. héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». extrema soledad. aún con m ayor riesgo. 389). Por esta posible interpre­ tación. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. sino. Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. de otro. resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral. . sobre lo que nunca se detiene a meditar. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro. Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud. en C er­ vantes: su obra y su m undo. 68 C on gran acierto. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes. p. casi instintivo. p. identificándola. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima.

II. . La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes.. «The N o v els o f Cervantes».. «contrived». 358-372. Sin embargo. popular: anécdotas. p. el valor aní­ mico de la sangre noble. pp. 1 A tkinson. su ri­ queza de materia folklórica.. 3 M ew. 284-5. respecto al desenlace tan arbitra­ rio.. and the N o vela s ejem plares ». tan vividos y realistas». a saber. Metamorfosis) Por sus «episodios.. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4. pp.. «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador].]. su música y canciones. cuentos. 309-10.. Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola. de «ritmos alegres». de «una luz radiante». in orbe (Ovidio. por extremo grata a él. bailes de «movimientos ágiles». p. de perspectivas metodológicas muy distintas. casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas. En los estudios más recientes. a la gran ambigüedad del tema fun­ damental. 285. reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—. coplas y seguidillas. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo.LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto. sobre todo. II. por el encanto de las “escenas individuales” 2—. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos». pullas. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y.. ei Pinciano. sus variados y «verosímiles [.. inverosímil3. «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría.]. lances y sucesos [. C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola.] retratos costumbristas». se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna».. Cuando más [. de hecho. 4 G onzález de Am ezúa y M ayo. 208.] no tienen nada de edificante». quod perstet. chistes. «Cervantes.

de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». Por esto. los bailes como en bodas [. juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. convites. donde «¡campea la libertad!» (922). Carriazo «se desgarró [. el juego siempre. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922).. «finibusterre de la picaresca».en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria. lo que al fin lo “cansa”. de las perspectivas narrativas. que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. El rutinario «buen tra­ tamiento». con que sus padres quieren hacerle admirable. las pullas a cada paso. empujándolo a “la vida libre”. ni el frío le ofendía. En efecto. ni el calor le enfadaba. se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación. en efecto. preocupaciones impuestas. a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache».. Se justifica así un nuevo intento exegético. responsabilidades. Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas..]».. es. «A todos los mayo­ res» placeres: cazas. convin­ cente a esos reparos y dudas. donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [.. que a Carriazo impacienta. a veces éstos se reconfirman. pasatiempos. «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923). sofoca. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922).] sin disfraz el vicio [. y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. A los trece. honrado caballero cortesano. de los personajes. aburre... las pen­ dencias por momentos. que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera.]. ni el andar a pie le cansaba. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres.] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante». restricciones.. las muertes por puntos.

de D. aunque inconsciente. artificiosas en absoluto. por sus constantes. y al verla. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas. pues. Necesidad insaciable de “libertad”. Antonio con su hermana6.contar entre ellas a la pobre Arguello. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. «andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. que a veces Carriazo satisface. sueños que probablemente no abandona jamás. No es. en parte. A este respecto. momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. mirando bobas» (931) y. basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. muy sugerentemente. de la completa libertad. según cree. ni al final. como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. otras veces. auténtica celebración ritual de una venerada. único reino. La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. fervorosos sueños con las alma­ drabas. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. 89). Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. como la llama Cas­ tro. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). pues. El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. . Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. que así no son. Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. que por vosotros se me van todos» (318). y tan menos. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . como se suele pensar. por querer evi­ tar semejante situación. p. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. 192). ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. pero enamoróle mucho me­ nos. cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza.

Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas. etc.. Después de haberse di­ vertido mucho. “prudencia”.. con una felicísima corriente. sin duda.]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [.. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. como también para ver a Constanza. músico falso!». Que estos episodios..]».]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona. sin quitarse el embozo: ¡Calla. Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [.. cuero! ¡Calla odrina. Carriazo.. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas.] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7.] y que. fácil y lindo ingenio. Sin embargo. y no otra cosa [. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando... con el espectáculo. de seguro. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [.]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [....». en ocasiones algo grotescos. se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933). de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [.. “discreción”. bo­ rracho! ¡Calle. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!». De su hipocresía.. que ellos llaman.. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”.]/ Entren. ellas y ellos. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas. para que no lo errasen.]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico. poeta de viejo. de cuya belleza están apasionados. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4). por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona.... dijo. y tras esto. «de presto...] hicieron al pie de la letra. pues todas las ninfas / y los ninfos [. pero sin ánimo de declararlo identificándose..comedias [. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza. . dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona. En efecto. acabado el baile.] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas.

¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito». etc. p. Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo.. piensa salir ganando.]. por dónde o cómo le vino» (938). después de la escena de la chacona.]». Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura». evidentemente.y en que pierde todo el dinero y también el asno. entre otros. sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores.. 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda. Intento de ostentación erudita. porque «era de propiedad del azúcar. Palermo. de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»). ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [. y por todo se hurta [. que jamás gastó menestra» (938)8 . zucchero e acqua rosa.] nunca su intención fue jugar la cola [. que no le alcanzara un galgo. Edikronos. . del que. murciélagos y lechuzos [. otra de un juego de naipes. Infeliz estado de los músicos. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. Sin embargo.. muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope. non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera». G iusti.. C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán. revelada como inapropiada.]» (34-5).. recuperándolo poco después todo. miren qué hará Costancica!». acá se juega.. acullá se riñe.) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [.. Así. gracias a los astutos. cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién.]. obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [. allí se reniega.... Desenlace gracioso..un hombre»). R accolta d i p ro v e r b i toscani.]»x (922). 1981. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano. no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares. Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego.. pero la cola que se la diesen [.. a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta..] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno. G. pretendiéndose fe­ roz.

. resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador. Y en efecto. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes.]. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. en parte gratificado.]. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno.. Mientras éste 9 Casalduero. y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo. pese a todas sus muchas experiencias mundanas. p. mucho más que por la amistad. Por cierto.. «si fueran [otros] tiempos [. mucho tiempo con Avendaño en Toledo. pareciendo así menos listo que sus rivales. quienes. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos». Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. Contrariado de cualquier modo. según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. otras. poco después. humillado. que se le abrió por dos partes» (930).es mera fanfarronada. sino el hecho mismo de haber perdido. se queda pese a ello. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes». por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923). Así. se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola. éste «quedó sobre modo contento [. por lo que se ha insinuado. pero. como un «contraste» de Carriazo9.. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y. Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto. p. cierta desconfianza íntima o inseguridad personal. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas. esta estancia se le hace más tolerable también por su afán. Y es probablemente por esta razón. 191. al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo. al ganar. 150. R odríguezLuis.]. a quien «arremetió [. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas. por lo que Ca­ rriazo. le alzaran por [su] rey» (939). en­ tre ellas... Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego. Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías. I..

y. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses». al menos en parte. etc.. A ciertas picardías amorosas. pues. Hay.. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño.. o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [. Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932). aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [. 10 11 . nuestra hidalga intención». se debe.. «Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona». Allí ya había estado «tres años [..]» (937). a las circunstan­ cias de su vida diaria.]. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente. eviden­ temente. arrastrada del camino recto por un mal compañero u. 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo». 923).. pp. li­ Herrero. a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [. p. en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira.. sin haber estado en las almadrabas.tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas. Casalduero. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo.]. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares . dejé mi patria.]»..] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas.. mudé vestido [. en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal. de seguro muy semejante a la de Carriazo.. y el lector recuerda. probablemente. que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. divertido.. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad. N o nos resulta tan categórica esta diferenciación... que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10. sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas.. requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [. pero también..]. 54-5. en parte. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932). a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca.] es­ tudiando las lenguas griega y latina [.

por medio de una bella des­ cripción. pero que tan sólo puede admirar a distancia..]. lleno de turbación y sobresalto» (925..] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939). con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [.] lo que suelen pintar de los ángeles». en una mejilla tiene el sol. que el au­ tor hace apreciar también al lector. y en toda su presencia un irresistible encanto. Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925).. que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol. en particular. Extraordina­ ria hermosura. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor. que es mozo brioso y algo atrevido.. que a Avendaño deja «suspenso y atónito [. 145).] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931). 927-8).. Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. que parecían perlas. p..] colorados. y viéndolo ella. En su «rostro» le «parecía ver [. zapatos [. pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año. Ya está enamorado.].. . porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla. con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [. la una es hecha de rosas y la otra de claveles.. le ha­ bía dicho antes que llegase: [.].] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!». Por no ser «totalmente rubio». los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925).. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla. su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas. cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936).. muere por ella y la solicita con música [.... ¡de oídas! En realidad. muy raras veces. y en otra la luna. Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas». y zahareña como vi­ llana de Sayago. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [.. pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio.terario y rústico. En tales circunstancias.. Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o.. Al ver a Costanza por primera vez. y áspera como una ortiga.

en realidad.. the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. mofándose del compañero. componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas. a servir y a procurar que ella me quiera». el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». que le hace parecer «loco o he­ reje». ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ».... disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937). heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [..]» (937). que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos. «Platónico» lo llama sólo Carriazo.. a distancia. 59) [«El ángel es algo arisco. p. quien lo percibe claramente: «ya veo [.] / las potencias del alma nos encantas /[ .] / deja el servir. humilde sujeto. El amor de Avendaño no es di­ ferente. que él persigue con «amor limpio. en el sentido clásico de una aspiración pura. Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo. por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931). si alcanzo de días a mi padre. Con más probabilidad. a su vez.. y. la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»]. no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”. donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly. que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ . al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro. Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”. aunque mantenga que la «vir­ tud». Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande». que no se extiende a más que. el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina. .puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual. hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución.] cuan al descubierto te burlas de mí» (932). “plató­ nico”. que. en esencia. del alma de Costanza. el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3. por fin. padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926).. intensa a la ar­ monía espiritual. pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927).

catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros. bien nacido. desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores.. como su amigo. pues. como lo llama el mismo autor (925). . ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin.. pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. noble— cuyo contraste constituye. que se rema­ tan. en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [. Consecuentemente. pues. Sin tanto cinismo. se insinúa. Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados.]. 15 Ibid. lim­ pio. el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre. incluyendo la de su amigo. sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). hijos del mismo padre.. II. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro). con gran simpleza.. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona.. Igualmente “platónicos” son.]» (934). de modo insis­ tente.su estancia segura [. por fin. con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [.] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. Y. p. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas. el meollo ideológico de la novela. 285). pero de seguro con la misma disposición amorosa. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil. precisamente. sólo por hartarse de mirarla». pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante. y el mozo de muías. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5. Sugesti­ vamente. a nues­ tro juicio..

además. irónico “consejero”.. en las almadrabas de Zahara. claro está. en todos los casos.] sin disfraz el vicio». la liberalidad. que son los personajes mismos. muy importante en sí. en que Carriazo. que se le atribuyen. Además de este hecho. a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes». La perspectiva cómica. Esta observación es aplicable también a las hipérboles. el discurso directo viene mediado por la narración indirecta..] [al] gran Lope [Carriazo]» (939). «allí está [.] ¡a tiro de escopeta. todo lo cual «se descubría [. justa o injustamente. 16 17 .. p.. la compasión. como a menudo en la prosa cervantina. Cristóbal de Lugo. atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. la discreción.. (922)1 6 . principalmente los bien nacidos. tan patentemente cómicas.partido con sus camaradas». Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular. que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad. 49. en mil señales!» (subrayado nuestro) (922). Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias. por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores. El contexto episódico y estilístico revela. aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso. en el notorio episodio de la cola del asno.. ¡y no el autor!. etc. los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo.. privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes. en la arenga del autor. «como bien nacido». Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán. con que «el mundo».. pues. le alzaran por el rey de los aguadores [. equivocada o absurda. Mostráronse los hijos humildes [. Otras veces. Re­ cuérdese. En gran parte. a Carriazo. «Em erging Realism». pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian.]» (923).. Pedro de Urdemalas 1 lerrero. ¿por qué sería la generosidad. quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 ... algo popuchalera. ingenua.

En La ilustre fregona. a todas luces. intensamente. emocionalmente ya la han prohijado. muy significativamente. Pedro y Cristóbal con genuina. nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». como casi sin advertirlo (941). compartido con su mujer. El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. sin embargo. meses. es decir. cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos.. ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella. porque la consideran como hija propia. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso .. días que Costanza vive con ellos. «tomó el bolsillo.. Dios sea bendito» (942). extraordinaria no­ bleza de espíritu18.] no vienen. ¡ni mucho menos! «Quince años. y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida». El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal. impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina].. no permanece. para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. sin responderle». La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina. más que por caridad.(que es también picaro). frío frente al inm inente cambio en su familia. sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». porque. que no éramos personas que por interés. Bello sueño. . en E l teatro de Cervantes. fervorosa. que no vengan?: «Y si en este año [. según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años.. pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes.

]. De hecho.. la soledad. degenerados. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban. como. y en nuestra novela. que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [. 41). Q uijote. hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer. la señora. «llegándome a ella la desperté. cap.. Fi­ nalmente. nobles de naci­ miento.] no grite. por ejemplo. precisamente. y yo.. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto». Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. meticulosamente premeditado? De cualquier modo. yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía. . por otra parte.. sin que él «jamás la viese» de nuevo. ¿no fue. violento. se puede entrar en la casa.. I. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto. sin ninguna calidad espiritual. que suele «llover sueño en [los] criados». hom bre monstruosamente egoísta. explica que «el silencio. el padre de C arriazo y C ostanza. de hecho. y teniéndola asida fuerte­ mente.] [quedará] en opinión vuestra fama. dejándola como atontada y suspensa me volví a salir». por lo cual. Y hay. para mencionar sólo algunos. moral o temperamental redentora. Al rela­ tar la violación de ésta. rendida y turbada [. Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta».. cruel chantajista. Después de esto. ¡«ni [que] lo procurase»! (945). le dije: [. personajes cervantinos. cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas. fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [.. pero flagrantemente mezquinos.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—. muy sig­ nificativam ente. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó». Bélica y otros aristócratas. ruines. Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto. ella cansada. «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme».que esta pareja no tiene hijos propios. no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D. de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia.. «se m udó de aquel lugar a otro».

se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural. bañándoselas con infinitas lágrimas [. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión.. después de tantos años de total indife­ rencia.]. K la ocasión”? En efecto. "el silencio”. “la soledad”. inexplicable.. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar. p.]» (946).. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad. N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes.]»? Esta pasión lujuriosa. pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes. N ovelas ejemplares. ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo. p. la soledad [.el crimen com etido20. 21 Herrero. la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [.. quien.. «Emerging Realism». sin causa lógica.. 56. 105. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados. y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»]. Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva. en cambio.. emocionalmente revivida lo induciría a revelar. sin darse él cuenta de ello. «turbada y temblando». Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija. Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija. . Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida».. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21..].. todos esos detalles de su infame acto. que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás. hincada de rodillas ante él. responde a algún motivo ulterior. «tomándole las manos. el silencio. se las comienza a be­ sar tiernamente.] y nos pusimos en camino» (945).

y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación. que se destaca al final de la obra: temor al ridículo. a las aspiraciones altas. 45. en su casa. no se manifiestan en ningún momento. de seguro.. en su total desafecto a las actividades dignas. despechado y lleno de cólera [. con sus juegos. Consecuentemente. quizás. riñas. a todas luces. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. virtuosas de la vida. en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie. cuyos “casos” resuelve. de modo muy ingenioso. de valentía heroica. a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer.. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne». supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. amansada.. por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo.. ya dis­ cutidos—. la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas». Apeóse en fin. pero jamás por completo erradicada. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. al que prefiere el cínico trato picaresco. variables. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope».les» n . de amor ideal. útiles. el noble por los del «espíritu» 23. 22 23 . En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo. p. pero con indepen­ dencia de la «sangre». pero.. M ontesinos. pero con tan malas entrañas [. Teatro y literatura en la sociedad barroca.] le había pe­ gado una docena de palos tales. p. apasionado. lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. del «nacimiento» en s í24.. en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen. 24 Véase nota 6 . en proporciones diferentes. Maravall. Todo lo contrarío. se ilustra esta convicción. en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. En suma.. ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). hurtos. que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición. pullas. 55. a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. como gato arrinconado.]» (929). esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. esos instintos de honor o pundonor personal. espiritual.

a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. los deplorables. es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. la innata “in­ clinación picaresca”» 26. En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares.sobre todo. sugiere traviesamente el autor. En suma. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca. 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa. «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922). que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. como. permite un trato íntimo. por otra parte. pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. pero a nin­ guno de ellos. y muchos lo son. a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. tiene hijos. A todos los huéspedes recibe con gentileza. pp. 200). y que. “la afición a Baco”. a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). por lo menos no en todos. pero vive tem iendo. es siempre respetuosa j obediente. L iteratura an d the D elinquent. es feliz. véase Par­ ker. 14-16. ¡ni mucho menos! Así. Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa. El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer.e título”. pese a que «la mala bestia del vulgo. «No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). . p. declara orgulloso el mesonero. pero a quien desanima como a todos los demás. Puntualice­ mos. maldita y maldiciente» (939). adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). por la mayor parte es mala. por ejemplo. muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). real o literaria. aunque sean “señores d. por fin. Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas.

200. muchos lectores. todo el com portam iento de Costanza refleja. que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927).o de la cebada. con «ojos de Argos». y antes que se los leyese. la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. y con grandes encarecimientos. que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27. por ejemplo). como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». pues. a la vez. que se manifiesta de modo infalible. siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. 29 Ibid. . rezar. de modo completamente verosímil. mezclados con amenazas. y nota 4. la morali­ dad. escribir. leídos. enseñándole a leer. Además. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa. en cualquier circunstancia29. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble. actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). a tratar con cordialidad hospitalaria. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón. que. Todos piensan. Fuese con ellos a su mujer. p. y donde hay cada día gente nueva. incrédulos. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. consecuentemente. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». En suma. Cervantes: Two N ovelas ejemplares. honesta. p. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. sobre todo. pero. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. el moz. y. discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935). llamó a Costanza. hacer labores domésti­ cas. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico. concluyendo que aquélla es menos interesante28. le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. desde la infancia. le turbaron y sobresaltaron.explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. y andan por todos los aposentos. 69. destacando este hecho* además de los ya discutidos. De seguro le han enseñado. 28 L ow e.

con los corte­ sanos parecía cosa del cielo. por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. Costanza puede serlo en cualquier lugar. . 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). 103-116. T am poco esta observación contradice nuestra tesis. la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos. p. pp. 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. que es su “virtud”. corte o mesón.su mujer. Hecho que se puntualiza con una poderosa. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre. la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño. 914)31. Pese a todos estos cuidados y prevenciones. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. ¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. protagonizadas por mujeres virtuosas. «con tanto amor» 30 y también. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. í 69). 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. Costanza podría cometer indiscreciones. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya. con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. Así. donde la tentación ace­ cha de continuo. 202). un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942). punzante ironía. que daba a entender. tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (. en cambio. de modo muy im por­ tante. que es. castas. p.N o v ed a d de las novelas de Cervantes. tan bien le cuadraban. En estos versos se condensa una convicción cervantina. Por su propia determinación de ser virtuosa.

dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. . invariable. benévola y perversa a la vez. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. todo cambia de continuo. quod perstet. con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra.. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo. rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. (Como se ha visto. Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. constante. Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”. [«Nada es constante en el mundo». según se sugiere al final. Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. el “destino”.] 35 Véase nota 6. la casualidad. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929). heredada de generación en generación. Consiste en esto. verso 177. del Hombre.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes.1 Libro XV. Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. a su vez. moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”. dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. p. N o cabe duda. y. rather than character». pero cuando las introduce es. sin embargo. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye. un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes. para nosotros. ante todo. 86). herencia imparcial de to^ dos los hombres. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. creemos. la “Fortuna”. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste». la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. en todas sus manifestaciones características. etc. nunca. in orbe» 3 4 . El Saffar. Hijo de la Naturaleza. en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35. 947. buena o mala. entre otros críticos. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. 3 . es la sangre humana.) Lo qué no cambia.

94. organización secuencial de la intriga [.. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40.39.. y su «espacio mítico como viaje».. esencialmente. perseguida. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas».) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»].. trayectoria lineal e inversa del relato [.. espacios que se desdoblan [.. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona».... «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona». Alsina. Débax.]...].. entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [. 116 [«(. versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir. sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [. Es....]. aunque inconsciente. varios niveles de enunciación engastados [.. p. 39 Pabst.]». muy sugerentemente. «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ».]. es también «a significant device for the structure o f this novella »37.... Paulino. Todas estas observaciones acertadas. Chauchadis. sin zonas estáticas.]. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»]. D unn.. a su vez persigue a la que va delante. «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio». p. la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem . en múltiples direccio­ nes.]. etc. 40 Libro XV. perspicaces. La novela corta en la teoría y en la creación literaria. Ezquerro. discontinuidad y confluencia [..]. oposición de los personajes y de su trayectoria [.3 8 . Buen conocedor de las obras ovidianas. visión del mundo como multiplicidad [. . etc.. «Ser y parecer».. se­ 37 Selig. «Las N ovelas ejem plares ». se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos.El motivo de la “transformación”. y. y.. traducen. cuya complejidad.]. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas.]. en distintos planos. movimiento entre dos térmi­ nos [. cuatro cuartos y una cola». en efecto. desplazamientos constantes [. los continuos cam­ bios de todo orden... 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro. «Tres por dos son seis». y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida... p. 228. el movimiento fluido.].. «El espacio narrativo en La ilustre fregona. un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación».]. Ramond. de manera precisa.

A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. ¡transformarse!. 577. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés. también siempre viejas. primordialmente. En tal propósito ideal.. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. Valbuena Prat. personajes. quien. episodios. pormenorizada. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. 882. . Se señalan así sólo algunas de ellas. Ofrecer una imagen precisa. y ¡tan hermosa! para él. restrictivo espacio de una novela corta. etc. y. entre otras obras estram­ bóticas. 98. a la vez. detalles irrelevantes. pp. hecho en sí muy significa­ tivo. al propósito de proponer. y para deleite artístico del lector contemporáneo. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. p. contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. siempre nuevas. fuerzas. para provecho moral. 4 1 Véase en la edición de A. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. va­ riables a cada instante.. formas. tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. olas en un eterno hacerse. a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. y autor de felices referencias literarias a ellas. que tiene la acción dispersa. como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. Esta inspi­ radora metáfora. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. de invención nueva y rara. etcétera. 752.» (1348). deshacerse. En efecto. porque en él. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho.gún lo sugieren sus citas de éstas41. 120. matices. temática y estéticamente. 42 R odríguez-Luis. 1033. que es el de todo el Universo. 1036. re­ hacerse. 1348. N o v e d a d de las novelas de C ervantes . La ilustre fregona parece responder. de algún modo. pinto quién fue la Giralda de Sevilla. cívico.

. a la ligera [. pues.. picaros. a su tiempo... casi imperceptibles. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante». atraído irresistiblemente. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas.. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores. fregonas. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora. se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas.. al río. entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente.]. en parte. referidos al mar. siempre contenidas. dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. a veces. de brevísimo recorrido visible. Empuje repentino. otra —Avendaño—. vistié­ ronse a lo payo [. al viaje. a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid. en visitar las nubes de contino. las pequeñas. a las cuales se une.] contentos y alegres» (924). 68 ): el ayo descartado.. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. «presuntuosas. áspero cambio de rumbo. en prosa y verso. mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas. claro está. En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola. fragorosas. Puesto. pero.]. etc. . 77). mansas. de curso propio. también en las desprendidas. pero de un curso pasado o futuro sugerido o. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año.Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona... des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente. de quien ya «no dice nada el autor». y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso. muy a menudo. Entre las olas gran­ des.] se pusieron en ca­ mino [. igualmente atraída. «como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos. de las metas fascinantes por desconocidas. impetuosas. hacia un efervescente torbellino. después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924). impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. mozos de muías. de flujo ya paralelo —Avendaño—.

.. constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”. humorístico. para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija. verdosos. aun tales consideraciones.. Oleaje juguetón que. borrosos. Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. límpidos. La relevancia novelística de algunos personajes.. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro. y la monja [. turbios. para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. «de socarrón».] de tal calidad». pero.]» (930). además de sus propias frustraciones íntimas > H . Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas. prosaico. y el confesor a la monja. íntimo. a la postre. refranesco. intensa interdependencia de todos los personajes. aunque sólo con brevísima ojeada.. Poco después. hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. que. también simboliza la constante. 2 0 0 ... a primera vista desviadas del asunto central. p.: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano.. 87). a su modo cómico. «Identity. accidentales. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. inspirado en Bajtin. en nuestro caso. al perder todo el dinero en el juego.. lejanos. reflejo fidedigno de las relaciones humanas. en todos los casos sí se descubre.una media parienta suya» (938). se revelan. a quienes alude el mesov ñero. secundarios. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias. folklórico. retórico. en la novela. relevantes. aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea. principales. es bastante evidente. aparenciales. cercanos. con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza. dialectal. 39-56. poético. como la de Argüello. Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios. pp. D iscourse and Social Order in La ilustre fregona». «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». oficial. 45 Véase nota 42. mientras la de otros es más incierta. evanescentes. burlesco. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. rufianesco. grisáceos. que si pedirá. claros. Sin embargo. multiformes y multicolores con miles de matices. ..]» (939).. de un modo u o tro 45. 82) en el vasto mar.

hoy están todos estudiando en Salamanca» (947). des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos». lo que. From N o v e l to Rom ance. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [. quod perstet. impresiones.. que. Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. reveladoras de lo problem ático a que aludimos.diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo.. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo.]» (934). luminoso: «quedaron todos conten­ tos.]» (El viaje del Parnaso.. desem­ bocando en un mar pacífico. ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48.. Así lo desea Cervantes mismo. . 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado. «Turbóse en esto el líquido elemento.. pp. implicaciones. se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. blanca como una leche. es consciente de que él.. muy significativamente. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia. sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo... múltiples nuevos sentidos. entonada como un plumaje.. siempre resulta arduo47. 107-8. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente..]. enlazando con nuestra metáfora.] Dijérala [. quien.. y más dura que un pedazo de argamasa [. etc. como el de las turbulentas olas de nuestra novela.. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios.] que es tiesa como un espárrago. de diferentes maneras.. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa. de un brioso brote de agua. in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). Para nosotros. al proponer las olas como metáfora de la humanidad. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. en El Saffar. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler. para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. 47 A lgunas observaciones sobre esto. honesta como un fraile novicio.]»(ibid. como ser humano y como escritor. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron. llamándola lunes y martes [. de nuevo re­ novóse la tormenta [. sugerencias. En éste y otros casos en la novela. debe aparecer fundido con ellas. tres hijos.

Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. a menudo haciendo abstracción total de la opuesta. 216-217. Al principio. 949. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas». N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I.] . para poder llegar a la docena proyectada [. bajo la influencia de la novelística italiana. «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». pero 1 M enéndez Pelayo. C ervantes. de hecho “extraña”. O bras completas de C ervantes . «una de las más endebles de la colección». N o v ela s ejem plares de C ervantes. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado».] novela de relleno» l. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás. The Exem plary N ovels. XV. Apraiz. Π. creador de la novela corta. etc. R odríguez-Luis. 113. «Las novelas ejemplares». p. frívola. [«El asunto de esta novela no es m uy interesante.«D e tal palo tal astilla. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. «nea­ rest to failure». «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting». p. «escrita sin mucha gana». convencio­ nal y artificiosa».. con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas. «mediocre. O rígenes de la novela . p. 2 Valbuena Prat. G onzález de A m ezúa y M ayo. Ares M on­ tes.» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta».. «Introduction». 326. p. v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. p. Fitzm aurice-K elly. aunque «the story is well constructed and presented» 3. pp. 96. aunque hábil en el relato a la italiana»2. 78. pálido. inocente. 3 T hom pson. 150. En efecto. Las dos doncellas puede parecer.

En busca de Marco Antonio. «La estructura de las N ovelas Ejemplares». y le salvan la vida. topan con el fugitivo. su se­ ductor. etc. social y literario que de ella se desprenden. p. p. [. 4 5 . «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. etc. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia. Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael. rival en amores de Teodosia. Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura. pueri­ les al sano juicio. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. con la finalidad de alegrarle [al lector]». i. todas esas increíbles coincidencias episódicas. el gusto por la superposición de enredos.. Rafael se enamora de ella. 335.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos. 6 D iez Taboada. ¡en una obra cervantina!. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. G onzález de Am ezúa y M ayo. su «principio supremo» 6. lo cual él considera «como una forma de caridad. defendiéndose de una turba. todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz. 185. temporales. por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio. p. C ervantes. Sin embargo. en las andanzas y en los encuentros de los personajes. que viene de Salamanca. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes. 101. de encuentros ca­ suales.. en el Quijote. Al día siguiente. Por fin. Marco Antonio se casa con Teodosia.].. de servir al lector».. Creyéndose mortalmente herido. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5. 64. se ha sugerido que «en algunas narraciones [. p.. creador de la novela corta.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud. Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas. también abandonada por Marco Antonio. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo. Al lle­ gar los tres a Barcelona. su «asunto imposible»4. por boca del Canónigo. con particular severidad. el embrollo por el em­ brollo. geográficas.

en E l teatro de Cervantes. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley. lo cual es un problem a distinto. Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada.. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. pp. alboroten y entretengan.. y con la que las ordena en esa secuencia específica. acabado «con las an­ sias de la muerte [. en efecto. 1527) 8. depende así de la completa. no importa de qué índole. Según todas las evidencias. desde sus piezas primerizas hasta el Persiles. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos. te­ m ática y form al. 92)9 —y que así deja de ser “desatino”. en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [. «De­ dicatoria». En su interpretación de la verosim ili­ tud. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. “embrollos”. etc. a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad». 1251).de la verosimilitud y de la imitación. suspendan. “encuentros casuales”. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. 60.]» no podrá hacer «que sus fábulas [.] admiren. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar.] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. críticamente.. C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. lo inverosím il. para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. con tal de ser utilizado con plena justificación estética. pero con la intención específica de confrontarse. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones. con la inverosim ilitud com o recurso literario. 47. de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia. de evidente raíz aristotélica. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley. p. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. cap. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso. 88-94 [sin verosim ilitud. es ve­ rosímil. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras. También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso. que se constituyen en la metáfora de la obra. . Por ejemplo.. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción].. Esta noción. de ser de los personajes. asi­ mismo abundante en coincidencias. C ervan tes> Theory o f the N o vel. tan repletas de coincidencias ex­ ternas.. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley..

y. se condensan y abrevian notablemente. exhortacio­ nes. y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. y la de ésta a aquél. Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. interpelaciones. A esta misma conciencia autocrítica. no sabían qué decirse. principalmente. suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[.. Y las que se introducen.lectores).. Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso. diálogos. Así. escasean peripe­ cias episódicas. tentábanles los cuerpos. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. lo cual contrasta. por otra parte. por ejemplo. acciones físicas. 11 Ibid. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. p. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor. conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria. de manera muy llamativa. ante todo. anecdóticas. Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. en el momento de reve­ larse sus identidades. es lo que Cervantes persigue. que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. por ver si eran fan­ tásticos. que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967). en situaciones extraordinarias.. Una con­ frontación similar de todos los personajes. con la frugal acción aventuresca. dramática y conflictiva.] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. es la reacción del hermano. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. polémicas. oportunas para ese efecto. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos. discusiones. tradicionalmente pundonoroso. lícito. 77. en efecto. 8 6 ). p. . a la her­ mana “deshonrada”.

mozo de muías. destaca las “prevenciones” económi­ cas. pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”. B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. p. y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa. que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras.] sacándola llena de escudos de oro» (955).. Por otra parte. D . Rafael y D . D . Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid.). Q uijote es la víctim a de semejante impresión. es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior.I3. conscientes de las exigencias materiales del viaje. Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas.viaje. II. con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958). etc. C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores. Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho. Al tratar de viajes en sus obras. Para su propio viaje. Q uijote. Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [. Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas. a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955). quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. 1284). etc.). sugerida por Valbuena Prat (949). pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 .. es inaceptable la relación entre los amos. Cervantes a me­ nudo y por varias razones. al acompañar a su amo. en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n. .. ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. como la de Calvete. 74)..] en el escritorio de su padre [. cuando se trata de viajeros. ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D .

. p. 85-6. Fernández de Avellaneda. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. . o L. que eso son las más de sus novelas». cuyo amor fue consum ado o L. actitu­ des e intereses. III. R odríguez-Luis. aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. p.] Who has the gre­ ater cause for jealousy [. impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». or Leocadia. pues. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas. a veces. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían. en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. a base de unos significativos problemas sociales y humanos.. Cervantes.... pp.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así. Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector.? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. Q u ijote de la Mancha. 352). legally and emotionally. particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. 104. Teodo sia or Leocadiaf [.] Who has the greater claim. «Introducción». íb A ... La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta. [«¿Q uién es la más infeliz. según se ha sugerido arriba. Aunque Marco Antonio es «rico [. 73.. Ingenioso hidalgo D.. «La estructura de las N ovelas ejemplares». quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes. pp.. on Marco Antonio — Teodosia. A n ton io — T. p.]» 1 S . claro está. propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa. «Prólogo»: «[. Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”. hablan de su «construcción teatral» 1 7 . que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores. 144-150. es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles. whose love was consmnated. y algunos críticos moder­ nos. 18 Thom pson. who was loved more recently than Teodosia? [.] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605. T.. lógicam ente. creador de la novela corta. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ». 14). 17 Véanse D ie z Taboada.] com edias en prosa. sugestivas de entreactos—.. la fecha de la creación de esta novela.

«sin saber cómo [. De todos modos. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina.. gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953). las lágrimas. incluyendo.. N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo.. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—. únicamente.. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19. qui­ zás decisivo: «Y finalmente. con toda premeditación. gentileza. las dulces «palabras [.»] . tiene de esto la hace. 113. «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». como. los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador».] en su poder». la promesa de matrimonio. y que es 19 El Saffar.. a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [. se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953).. por lo que Teodosia se entregó. a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante. o. Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [. Sin embargo. porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado. cuando menos. rostro. egoísta. se entregó en ese momento. culpable de la traición de que la acusa L. más bien. inescrupulosa.] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio».. con la promesa de ser mí esposo. los juramentos.] una compla­ cencia» al verlo (952).mado» por todos por su «gala.. p.. También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. la revela como una joven desconsiderada. por fin.].] a hurto de mis padres» (952).. claro está. N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares. cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. por ejemplo. de hecho. o. [«El conocim iento que T.

cuestionables. N o v e l to Rom ance. creador de la novela corta . creador de la n ovela corta . significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio. L. 21 Scheviil y Bonilla. es secundaria. G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor». p. 165-176). pp. con que se suelen justificar los peores extre­ mos. II. La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. 347. C on m uy fina intuición. siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T. no tiene un significado independiente en el cuento. surge otra en traje de muchacho. cuando menos. p. A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. si la una va en busca del novio que la abandonó. y a su matri­ m onio con M. 208. p. 393. 22 Casalduero. being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. hasta «deseándole la muerte». A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. 109). mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. 21 1 .precisamente lo que ha hecho. 116. pp.. A n tonio. pero secretamente le guarda rencor. Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». es. no obstante. Leocadia has no independent meaning in the story. p. la otra sigue la misma demanda» 2 1. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero.».. aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . 347). [«La parte de L. ill. Π. Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta». . «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. «Leocadias role is a secondary one. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. 24 El Saffar. p. Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas».] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. N ovelas ejemplares. N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. C ervantes.

aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso. «Práctica inmoral» 2 5 . Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». pues. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». Leocadia está dispuesta a rendírsele. p. para turbarle a ésta el «sosiego».. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales. Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival. leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. reacciona interesado.. Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [. desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula». que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [...terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que. ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario. que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente. De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada». que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo».. Una pronunciada ambición y codicia. para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [.] no se las llevase el viento» (957-8). es decir.] gozar a tan poca costa lo que es mío [. de­ bajo de grandes [.... para que «no piense [. para mayor ironía. para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual. C erva n tes.. consiguiendo de él «su fe y palabra. antes de salir de casa tras él.. herida en su vanidad.] le quitaré la vida sí puedo» (959). creador de la n o v e la corta . .] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio. casi sin emoción. Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano.] para coger el fruto que para él solo estaba señalado». como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia. pero. firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso». por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado. lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo». sobre todo. que ella.. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese». percatándose de ello.]. y Marco Antonio.. Poco después. 343.

confirmar «las razones [. que las palabras que le dirigiría «convienen. sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida. firmada en una cédula de [su] mano y letra».]. . prometo de darme tal vida después de vuestra muerte. 26 Recuérdese la contestación de D . Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio. si no para la salud de vuestro cuerpo [. por vos. «se llegó a la cabecera del herido. Muy significativamente.. típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26.. médicos y criados en la sala. el «valor de sus padres» y. Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo.. y después.. Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa. a toda costa. conocidos. «la palabra. y ad­ virtiéndole. y asiéndole de la mano».]. 32).] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9). se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad». exenta de genuinas consideraciones sentimentales. para la de vuestra alma». ante todo. adelantándose a to­ dos.. que [él] le dio. la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [.. por mí. que debéis mucho a ser quien sois [. caps. con hacer lo que debéis [. «No puedo ne­ gar [.. apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra». después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n. a quien debéis más que a otra persona del mundo». A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio»..]. ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva. como si de un monopolio se tratase...]. Q uijote al C anónigo. su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3). sobre todo. 31.. en el palacio de los duques. no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade». sobre todo. La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. se lleva al herido en el esquife.. Obvia­ mente. en presen­ cia de todos los amigos. que bien poco tiempo se pase sin que os siga».] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe.

se arrepiente de todo lo malo que hizo. porque se la robaron los bandoleros. La escarmentada Leocadia observa. 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»]. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959). dice Marco Antonio. «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter.. que la cédula no puede ser «testigo de fe». a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio. Confiesa que la «quiso bien». con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. no la esgrime. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón. a su «juicio de mozo [. yéndose muy lejos.junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». desea pagar lo que debe. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo. ya no tiene. En efecto. que. confiesa todas sus «muchas culpas». ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas. especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio. Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». . caprichosa conducta. Personalmente inmaduro. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer. repelen. porque. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía. encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. podría ser que después os fuere de prove­ cho». precisamente por serlo. Ahora com prende que las obligaciones. y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». a base de la cédula. hizo la cédula. y esperando que a su vuelta. pues. a Italia. después de algunos años. de seguro con Cervantes m ism o. Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable. con toda probabilidad. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas.. p. T e o ­ dosia.]. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. «Sin embargo». con­ tinúa Marco Antonio. ausentándose. irónicamente. «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto. Del pueblo huyó tan de improviso. excepto en el sentido más externo..

) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (. p.) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (. a Santiago de Galicia» (966). N o v e l to Rom ance. con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado. autoenfrentamiento».. ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!. 23 El Saffar. dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960).) La libertad con que sueña. com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona. o.28. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese». no grave.. se desm ienten con toda su conducta.] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. when placed in the context o f death.. y asimismo [. de ir en romería.Teodosia.. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado.. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [. a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964). es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista.. mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30. C o n toda probabilidad. así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium . tenía el herido. [«(. siempre impresionado por la mera apariencia. Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica.. ante todo. se convierte en ilusión. sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat.. para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. 347). self confrontation». becomes an illusion [. Ahora bien.. creador de la novela corta. A este res­ pecto. ii. Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio. 115.. y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia.] exageró el peligro de Marco Antonio» (962). a pie.. ..] de su vida».. p. etc. convencido de que ha llegado al «término [. por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto. atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio..] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). cuando menos. en el contexto de la muerte. por ejem plo). a su parecer.]. si D io s le sanase.

«la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue. ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». facilitándole también la vuelta a casa. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro. La estrategia argumentativa de Rafael. tiene todo el efecto deseado: «Ea. Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión. Como es­ poso «ha de olvidar [. contenta.Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [.. estimada y servida».. ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es. inescrutable.. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. pues. os quiere hacer recompensa conmigo». sino tan sólo por la voluntad del Cielo.. «el mismo Cielo» le trae ahora remedio. en «ninguna cosa». allí está él. Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. ¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio. hágase lo que Él quiere y vos que­ réis. ante todo. «cumpliendo con el gusto» de Rafael. Antes de este parlam ento. declarándole su alma. es «caballero [. pues». contesta Leocadia. y el mismo Cielo. pues. de cual­ quier modo. por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966). señor mío». in­ contrastable! Además. y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan». que hoy os ha quitado a Marco Antonio. pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano». a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje». según el astuto joven.] hallado». señora de mi alma. «rica..] y rico». Teodosia se preocupa.. «pues así lo ha ordenado el Cielo. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo. que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». porque el Cielo le hizo de mi hermana. a pesar de todas sus pro­ . en el pasado tan «huidizo». en suma. tan reminiscente de la de las raposas esópicas. ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». Rafael. «recompensa» a Leocadia.] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia.

207). como lo más natural y ló­ gico. y de gratificación lujuriosa. El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones. satisfaciendo tu enojo [. siempre predominante en Leocadia. pues es una unión de conveniencia económica y social. Sin embargo. Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—.. sobre todo para Leocadia. Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. reconociéndole poco después. decide de inmediato «alcanzarla». Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951). p. p. sobre todo. III. si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). que «el castigo que [le] diere fuere Castro. con pre­ meditada pose “poética”. E l pensam iento de Cervantes. las arenas y este silencio». Por el título y la riqueza. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. p. dar «feliz suceso en su deseo [. y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares. Rafael (964-6)..]. anticipando. principal­ mente. Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra». 376. Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y. Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer».. «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga. La na­ turaleza utilitaria. Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares. es decir. Al encontrar a Leocadia. no es bien que ninguna misericordia me valga». 13). 78). y con este título sólo viviré contenta». no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32.. la mar.]. comenzó a interesarse también en Marco Antonio. en la venta. «In­ troducción». ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio. la muerte: «Haz con este hierro el castigo [..] por el camino de la fuerza». R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. y se hinca de rodillas delante de él.mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que. venal. se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo. «sea como fuere». 31 32 . para Rafael.. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación. p. En la oscuridad del aposento.

Q uijote»35. sin escrúpulo alguno..secreto». 949. ¡Actitud noble y sensata!. asistencia sincera [..].. si se llega a mencionar en abso­ luto. p. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años». C erva n tes. Sin embargo. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. evidentem ente. «secreta venganza»!. como hubiera dicho el ama de D. las puertas [al] remedio» de Teodosia.. ¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo). porque. Rafael está muy dis­ puesto. A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes. Ciertamente. . «quería antes procurársele por todas las vías posibles. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción. sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. p . casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio. como condiciones personales ínsitas de Rafael. nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [. II. creador de la novela corta. a una genuina compasión por la desventurada hermana. o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente.. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 . poco después. C ervantes.. lo subordina. O bras completas de Cervantes. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954).]. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [.. el desafío a muerte de los padres. pero lo su­ prime o. de ayuda desinteresada al prójim o [. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33. La escena final de la novela. «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final... «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. Siente.]. aparentemente. 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo...] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960). un fuerte impulso de "venganza”. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón. sí. más bien. 350). Rafael no acude. a este notorio código de conducta pundo­ norosa. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo. 34 Valbuena-Prat.

al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan. Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». del provecho material propio y de la gratificación sensual. con el único objeto. 38 Casalduero percibe este efecto. al recordar todas esas maquinaciones. esta escena final. pues por el valle «asomó [. egoísta. etc. fría. «Introducción».. de acuerdo con nuestra lectura.. pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. . estos jóvenes frívolos. cínicamente premeditados. 8 6 ). los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8). «Introducción». arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos. 25. A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes. Estando ya «a vista» de sus pueblos.flua. traiciones. p.. ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37. 238). p. que todos los personajes. Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il. que Cervantes destaca. insustanciales. p. al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. urden y perpetran los unos contra los otros. caps. como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito.. «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela. ya hurtando los golpes. 16). constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. N ovelas ejemplares . aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [. engaños. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [. cual más cual menos. co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza. con toda claridad. 26). y quizás de muchos.]». contrastada con todo lo que pre­ cede.] gran cantidad de gente armada.. 27). p. N o ­ velas ejemplares.. En cambio.. III. por su propia imprudencia o necedad. siempre bien calculado. «cambio sumam ente brusco». las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos». Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo».] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. Pero no es así» (Sieber. de a pie y de a caballo.

es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos. . en suma. auténticamente histórica. a menudo despreciada como pálida.. una novela “realista”. padres e hijos. en los últimos años de Cervantes. la nueva generación se retrata como frívola. porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. todo lo contrario.— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. ridículo pundonor. pues contiene una muy significativa. ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es. etc. ridiculísima. materialista. toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos». cinism o.. irrelevante. disim ulaciones. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. mentiras.). osificadas actitudes frente a la vida. libertina. etc.. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas. en pos de un quimérico. traiciones. directa del m odo de vida rígido. no importa cuán deplorables. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. desde luego. de la educación que reciben de sus padres. es.de continuo pretenden actuar.]» (953)39. si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores.. Las dos doncellas. de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. etc. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación. en efecto. relaciones restrictivas. no más. trivial fantasía. caballeros.] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas. que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967). egoísm o. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños.. Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes. encerramiento. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales. sus «gruesas y largas lan­ zas». como. Intervención propicia.. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida. desconfianza.) de los jóvenes es consecuencia natural. cí­ nica. sensata. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». irra­ zonable (honor externo. Su­ gestivamente. amoral [. mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. mostrándome tan presta a la venganza [.].

el asunto es totalmente verosí­ mil. cierto parale­ lismo en los episodios.los protagonistas. y de modo inconsciente. «Introduction».]4I. hay «irreflexión» pasional. apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [. la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. p. que obran siempre por sentimientos.. porque. como sabe bien el iniciado. que cambia a cada ins­ tante. burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes. la irreflexión de sus protagonistas. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica. Valbuena-Prat. hasta “histórico” en sus implicaciones. son rasgos. SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. O bras completas de Cervantes. p . 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. The Exem plary N ovels.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones. todo el argumento es ita­ liano». Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas». la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía. creador de la n o v e la corta.. C erva n tes. 96. 325. actuaron sobre Cervantes [.. 40 Fitzm aurice-Kelly.. no es necesario. Apraiz y Sáenz. vil..) el argumento es el más italianizante en la colección»]. nunca por ra­ zón. p. «tiene por objeto emular a los italianos. [«Cervan­ tes sigue a los italianos (.]. «the most italianate o f the collection». el predominio de la aventura sobre la psicología. Según se ha mostrado en las páginas anteriores. siendo de características y di­ mensiones nacionales. mati­ ces y elementos de la novela italiana. pues sus problemas transcendían todo lugar particular. el imperio mismo del amor sensual.. «relato a la ita­ liana» 40. es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías. Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes.. N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón. a no dudarlo. la evanescencia misma del lugar de la acción. 949. . claro está. el modo de concebir la novela [. que. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes..

máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII. Sin em­ bargo. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares. . tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales..] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros. estéticos y éticos. ¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida. aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza. las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. héroe y cabeza de la novela cortesana [. que.. que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. como todos saben. en efecto. el escenario. la nocturna aventura [. según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [..pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”.. rico y ocioso. con toda pro­ babilidad. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación. A no dudarlo. sino al cálculo frío del provecho propio.. copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [.]. de la novelís­ tica italiana. de una tiernísima sensibilidad para el amor [. los billetes y papeles [. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo.. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta.. a veces auténti­ camente paródica.]. lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia. noble. comienza [.]. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales. los personajes.. quien. el caballero m ozo es de una profunda. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia.. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones.. significativamente.].].... vernáculos»42. también observa que «el ambiente..]. alma y subs­ trato de la novela cortesana [.] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán... De hecho.

.. asistido también de sus camara­ das [. cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor.. ineluctable­ mente... no discrepante del tono juguetón. «F.. Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes. 16). que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [.].]»... un novelista olvidado. «Introducción». y llegará un día en que el Amor. choque de espadas.]. ora con algún desdeñado rival. Este propósito..]. en las costumbres de esa sociedad.] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento. pp. p. por la «cuestión de amor». Palom o. ora con los deudos de la doncella. fin dichoso de sus andanzas y enredos. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas.. Formación y elem entos de la novela corte­ sana. 457470 [N ovelas cortas cortesanas].]. particularmente en la época de Felipe IV. ¡diferencia radical! en clave crítica. todavía faltan [. véase nuestro estudio. ridicula.].. se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo..]. la pre­ surosa huida. y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida. pero.]. amigo de L ope de Vega». olvido de la razón [. implícito en toda la obra.. en tales novelas.. episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [. pp. los desposorios mismos. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [. 39-47. «A Study in the G olden Age». 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior.. y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43.. de Quintana...]..rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [.]. sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45. con riesgo cierto para la vida de ambos [. impondrá sus despóti­ cas leyes [. las mil aventuras. Véanse también N ich ols.. cuando es también más abundante. procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares. Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas. dirigida contra esa anquilosada.. llega siempre.. insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H. . que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [. bodas felices de la errante pareja... todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [.]. irónica. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [. la consabida pendencia. So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época. La novela cortesana. ill.

p. en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético. La novela cortesana es. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». p. Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas. Según se ha deseado mostrar en este estudio. quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. en que. Quijote 49. 347). Uno de sus atri­ butos más significativos.] que jamás tal belleza habían visto». donde reconocemos su transcendental ejemplaridad.) 49 Ya desde el libro de Apraiz. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. principalmente.. La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física. por lo m enos. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III. Sin embargo.lias». . Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. 216). con toda probabilidad. Es. al ver llegar a Rafael. de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. pues. creador de la novela corta . pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana. jtan cervantino!. ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas. por ventura. una de las primeras novelas cortas. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes. de este tipo en España y. es que representa. y sobre El am ante liberal. «no de menos gallardía» que Teodosia. simultáneamente. todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana. esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor. y qué es esto! ¿Vienen. si no la pri­ mera.. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera. ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes. se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. encuentra su inspira­ ción. en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47.

G. protagonistas o testigos de enredadas situaciones. muy digna de consideración. niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. D on i. no siempre congruentes con el asunto. sus m odelos literarios.. estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. de’Mori. p undono rosos lances de capa y espada. 2 Icaza. vista global­ mente. F. todo narrado con técnica dinámica. G.«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. Straparola. año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio. A . con frecuencia ilícitas relaciones amorosas. M. 81-118. varios otros y algunas novelle anónimas. p. A . 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. 189. da Barberíno. G. desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. «Las N ovelas ejem plares». Erizzo. sus m ode­ los vivos. de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». S.. Salernitano. Bandello. F. Esta hipóte­ sis. claves de cruciales secretos. pp. Por sugestión. A . Giraldi. F. Sercambi. Firenzuola. Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos. A. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. G.. triunfo final del bueno o del “furbo”. ágil. . muy populares en España ya antes de 16123. sin duda. se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media. B. G razzini (Lasca). revelaciones y reconocimientos. A . Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas). extraños encuentros. Sacchetti. italianos o extranjeros. con gente misteriosa. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . a ve­ ces nocturnos. F. F loren­ tino. de enredo. M.

I. 1952. Rossi. Clem ents y J. 1985. H ainsw orth. «Introduzione».el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. W. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. Tutte le opere d i M. «Introdu­ zione». A . B an dello’s Fiction. t.). Gibaldi. Porcelli. al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. 1944. de una novela italiana. 1977. M azzacurati. de La señora Cornelia tiene su referente lógico. P ancorbo. 8 6 . claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. Retorica e racconto. B. 31-92. expresiones italia­ nas. C erva n tes a n d the H u m an ist Vision. pues. en mi concepto. pp. con su propósito correctivo. Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. G. que. 1921. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística. O bras completas de Cervantes. etc. «Introduzione». 323-356. Flora. C ervantes. nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. Pianca. 1982. L etteratu ra italiana L aterza. Savi-López. G rif­ fith.8 . «Cervantes y B occaccio». Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. 1952. Place.x x iv . términos. L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. A l introducir perso­ . 1974. además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. pp . La novellistica d el Lasca. «Introduzione». en obras del mismo género litera­ rio. IX-XLIX. vol. v . situaciones. p. V -xxiiI.. M. vol. F orcion e. Madrid. Sette secoli d i N o velle italiane. The Short Story in Spain in the 18th Century. N o velle del Cinquecento. 1987. A . estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. Bandello. G. S. Bourland. Paolella. «Introduzione». ill. R. nos han sido m uy útiles: Auerbach. sea en versiones originales o en traducciones. 1967. superativo.x lv ïI . 195-235. pp. Schevill y B oni­ lla. 22. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo. «C ervantes-B occaccio». T. N o v elle italiane: II C inquecento. 291). pp. 1953. el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6. I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. «Introducción». 1948. 34-39. pp. Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. N ovellen theorie u n d N ovellendichtung.. 4 Sin embargo. sobre todo. 1955. 1982. v . O bras C om pletas . 590-603. Belloni. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar. personajes. v i. pp. A n a to m y o f the N ovella . cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas . salpi­ cando el texto también de palabras. Fattini. de esta vasta tradición novelística. pp. N o v e lle del Q u attrocento. C iccuto. V1I-XXVII. π. Pabst. Battaglia-G . del Duca. 1973. deta­ lles. La novella d el Cinquecento.. J. G. «Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. A larcos García. M an ual elem en­ tal de novelística española. 19-48. F.

de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. II. N o identifica al autor y. 363-4). acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D . He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. Por mero interés económico. algo sosegada». creador de la novela corta española. pasados los peores sobresaltos. hace recordar la de Las dos doncellas. Cornelia. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid.. le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. a nuestro juicio. En la posada. para salvarla de un gran peligro. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. de hecho. podría serlo. que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles. pero nos parece por com pleto innecesario y. noble caballero veneciano. Juan y D.a Colom ba. han resultado vanos. todos nuestros em peños por identificarlo. Nimagri un verdadero caballero.]. Londres. con que volvió en sí [. relata su «desdichada historia» a sus protectores. la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida. Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza.. muy agitada. 7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. Y. Rafael (949-51). en la po­ sada. disfrazada de hombre. 975). de paso por Mecerra.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas. disfrazada de hombre. incluso en bibliotecas italianas. pp.a C o­ najes de ilustres familias italianas. . Por ser D. en líneas generales. se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre. pp.a Colomba. 8 Las situación de L a fuga. B aldw yn. Nimagri. 369-370). cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D. en que Teodosia. su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. Se Uama D. se aloja en la posada con D . en que D . La fuga. pero. implorándole que la lleve a su aposento8. 1824. 8 8 . G onzález de A m ezúa y M ayo. en definitiva. 974). de autor desconocido7. Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. los protagonistas españoles (ibid. Cervantes. Nim agri. Le encom ienda su «vida y honra».

D.. para mantenerlos a distancia. y una grande espada» ( . ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso. Nimagri. D. pues. mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977). para volver a España.Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia. El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de .Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973). Al tener que disparar D. con el mismo propósito.a Coloniba queda muy preocupada. D... y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos. colérico hermano. después de un breve descanso. «sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [.] viene a quitarme la vida [. abadesa de un convento cerca de Be­ nevento. aunque sus hermanos son «crueles». donde por fin llega. sin más complicaciones. tan rico como la cruz». le hace aceptar un bello anillo de diamantes.lomba a la posada. pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores. Juan y D. Nimagri acompaña a D. D. dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme. reanuda su viaje a Roma.a Colomba. mientras D. en igual situación: «[.a Colomba en su huida de la ciudad. Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). «si menester fuera». Nimagri contra ellos.. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. Antonio. colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes».. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»]. con sus «pistoletes» y. 988). señores. «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro. 977). si fuese necesario. logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud. cerca de Ferrara.] ¡socorro. señor!» (= Cornelia. y amparo». puñal. pero disponiéndose a defen­ derla. D. Al fin.]. como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( .a Colomba. protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino. «en la casa de un sacerdote de misa»..

por ventura. benéfica para todos. hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. Fabio?». la estructura misma de la novela. algo casual o travieso. tan sugestivamente. es decir. dadas las convenciones sociales y literarias de la época. a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico. constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». de experiencias nuevas. Antonio y D. n ó te s e resulta desenfocado. con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970). En la novella XLV del N ovellin o de M. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». en una calle oscura: «¿Sois. quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. D. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. respondió sí» (971). pero después decide esperarlo»]. y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». en que deseando D . en el proceso de españolizarla. D. ya en ese incidente inicial. según se ejemplifica. pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. irrelevante. para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). parándose por fin en Bolonia. lo que.La señora Cornelia. m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro. . «por sí o por no. Juan. el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística. Juan sale sólo «a coger aire». aventurero. D . su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. deter­ minan todo el desarrollo de la acción. no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad.

que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés.. pero. trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos.. De hecho. etc. y que se fíe de españoles [. D. N o se trata. sin justificación alguna en las relaciones personales con D. temerosa del señor Lorenzo. este personaje demuestra cierto aprecio por D. pero Avalle-A rce. Cervantes: N ovelas ejemplares . sin que este hecho sea realmente relevante para el relato. Juan y D. aparentemente. mientras la «massara». Juan y D. es decir. Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas. Además del afán de aventuras y de la curiosidad. L a N o v ella V. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados. Antonio.de la inverosimilitud» 10. p. 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). Rodríguez-Luis. amabilidad. su nacionalidad española.. tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo. Estos elogios y vituperios en abstracto. con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino. el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. etc. Juan y D. «¡italiano. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). pues.. D unn. 19. El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana.. determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. intensas intervenciones. «Introducción». Por otra parte.). sólo a base de la tradi­ cional. 12 Croce. al menos inicialmente. lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos. Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972). discreción. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria. España en la v id a italiana durante el Renacim iento. Y es de importancia crucial comprender. muy particu­ larmente. sobre todo. D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi. III. Según se verá. 10 11 . Juan y D. denigra a los dos «mozos y españoles». propagado en los países bajo la ocupación española. pero. están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. / / maestro gabatto d ’amore). histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . independientemente de su convicción. honradez. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . Antonio como individuos.]!» (980). y. buena crianza.

] si pose fra I’avan zo di co­ loro [.]... que soy de los Críbelos de Milán.] las calami­ dades que por mí han pasado.... según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [.. soy bien nacida. se enfrentó con el avance de aquéllos (. declara a D. Juan que está plenamente confiado en su ayuda.] ancora m olti» (N ovelle. la “massara” logra convencer a Cornelia.). quien tantas buenas razones tiene para no creerlas. Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). Juan le salvó la vida. «por ser» éste «español y caballero». y en esto se podrá echar de ver [. Borghi.]. Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque. de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978). 1832. en parte. nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo. Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo.. cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos. Además de la cómica hipérbole. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. aun­ que sólo. Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971). de la honradez y dignidad de los dos amigos. y porque «a más 14 D .. El venir el señor D. Por su sólita preocupación con la verosimilitud. G.) todavía m u­ chos»].atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. sólo por ser españoles.. Cervantes advierte: «la Críbela. Giacom o [. Lorenzo a solicitar la ayuda de D. Firenze.. por lo menos como ella decía» (986). pues éste está en grandes deudas con D... Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo.. por un brevísimo instante. 305) [«Solo entre tantos armados contra él (. de algún modo. según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984). Juan. Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque. Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella . y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes. Antonio. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D . en una ocasión llegue a dudar. .. con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971). a quien D. Juan —y no también la de D.

.. Juan y D. Juan y D. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978). Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. Juan y D. y pues nosotros lo somos y principales [. D.]» (974). pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s . Juan—. señor Lorenzo —dijo a esta razón D. etc.. de manera muy sugerente y fundamental. por lo cual redoblan los empeños. D. Juan al disponerse una vez a la acción (987).. «diligencias posibles y aun imposibles». Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. Sin embargo. en nombre de su nacionalidad.. las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 . 17 Ibid.. exclama D.. uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. temerosos de lo que podrían pensar de ellos.. 1 2 1 . .]. D. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas. pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos. singulares. los amigos italianos que han confiado en ellos. 16 Véase la tesis. 118-128. están en relación de mutua dependencia. eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. lo cual simboliza y explica. pp. p.obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978). se sienten muy "corridos”. de E l Saffar. para desquitarse a sí y a su patria (984). en el mismo nivel de ficción. lo cual constituye. 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. en efecto. según ya se ha dicho. «¡Por Santiago de Galicia [. A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares.]!». pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles. no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. p. Tom Sawyer. 222). de considerable ingeniosidad. de recíproca determinación con todos los otros personajes. Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. N o v e l to R o ­ mance. Quijote. ¡caballeros españoles!. ¿No hay quizás un sutil.

«Yo soy el duque de Ferrara [...]». darnos cuenta de sus vidas. Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces.].... con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas... le contó».] y dio cuenta [.-1» (972-9.. «Yo.. sus partes y fragmentos... oíd el mío». estadme atentos y escuchen [.]. etc.]... por sí mismos.].]... etc.. pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes . respondió el cura. «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [....». 6 ...]» (417).. «No sé... dijo». Antonio [. señora.)... caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [.]».] de todos los sucesos [. y contadme el vuestro [..]..] que yo jamás engañé a vuestra hermana [... «Señores [.]». he servido a un piovano.]».Cervantes.] y al oído le dijo [.. en los mo­ mentos oportunos. dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero. lo que preguntó D. .]». «Dio cuenta [..]. proporciona el marco ge­ neral de la acción. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [. ofreciendo. pero vamos [.. «Bien sabéis [... Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos. de muy variada extensión. empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [.. 5. «y luego le contó punto por punto [. «Volvió [. con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.]». etc. «En esto llegó un paje [. sólo sé que habrá no sé cuantas noches [. como estos cuentos os podré contar yo [. de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [.. «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [. «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [.. 3.]... comentarios y explicaciones. «Entonces [. pp.].. yo no he engañado [. «Preguntóle el duque que si era verdad [.] mi desdichada historia».]».].] yo soy [. respondió [..... más bien. 980. «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo. cuentos dentro de cuentos o.... 199-210.que quieren. pues [.].. delinea los sucesos «sucedió.] de lo que había pasado [.]»..]. Juan.. y que [... por no tenerla más suspensa. El duque le contó asimismo a él todo»......... recuentos. desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas. 1. lo que sintió D.. desde perspectivas incisiva­ mente individuales...]..]».]» (987).. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». res­ pondió que sí. como autor omnisciente..

/ Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”. dijo [.]» (974-6). a veces.. «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia». actitudes. complejos. G iraldi. antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. muy sugestivamente. como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente. por una inclina­ ción rencorosa..] mi desdichada historia». de muy activa. no pudiendo así comenzar con el relato. y su interés propio o su altruismo. dice.. un personaje (983). Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y. advierte a los oyentes: «Si queréis que hable. / Sin embargo. D eca l. pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [. . por la información que les es asequible..res”.. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso.... etc.. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9. consciente o inconscientemente. por una apre­ hensión momentánea./ Cornelia come y bebe /. El juego se ejecuta con ingeniosa. 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos. ágil técnica narrativa. como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias. parturisce di nascosto [.] un fligiu ol maschio [. de la sociedad. señores y escuchadme». por su visión del mundo. desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente. por una disposición “traviesa”. «fi­ nalmente [. da a luz secretamente a un hijo»]. como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980). tem e Vira d el padre e d e fra telli. Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. que me desmayo».]» (G.. B. N ovella l) [«L. y. etc. como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983). y. dadme pri­ mero algo que coma. A veces. embarazada por un amante. ciertos modos de ser.». / Llora un niño. teme la ira del padre y de ios hermanos. in­ tensa interacción entre actores y espectadores.: «Lippa ingravida d i un suo am ante . de manera premeditada. G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. Por medio de sus relatos los personajes revelan.] con voz algo doliente y turbada. etc. Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos. provocan su indignación. y después invita: «sentaos. nacim ientos secretos. ocasionalmente.

su pundonoroso hermano. pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad. con la tercería de «la criada. como Dorotea del Quijote . fervorosas afirmaciones de su genuino amor (975). que el her­ mano mismo recoge en la ciudad: «anoche lo supe» (978). Corne­ lia. según lo sugiere también el chisme. Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). por el que comienza su interés amoroso en el Duque. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque. pocas lenguas hay que no la publiquen [. por las preocupaciones del Duque con su herencia. que Cornelia nos deja percibir hasta en sus orgullosas. claro está. de «las honrosas amonestaciones». se nos sugiere el hecho irónico de que todas estas consecuencias. pero. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas. a su propia im­ prudencia e indiscreción.]» (410). Algunos lectores se extrañan de que tal heroína alardee tan ostentosamente de su belleza: «la fama de mi belleza tal cual ella es. a la vez. en que la guarda con «gran solicitud» el señor Lorenzo. y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa. sobre todo. El hecho de que éste. pero. después de entregar su virgi­ nidad. aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. . acrecienta en su conciencia el pesar por el descuido de «los recatos». ¡«Yerros por amores dignos son de perdonar»!. por «las libertades» y «la perdición».. observamos que todas sus dificultades son atribuibles.. Cornelia renuncia a apelar a la probable disposición favorable del hermano. más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). al menos en ocasiones. Cornelia se gana nuestra simpatía. Por influencia del Duque. aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). pronto convertido en pasión que —acallados convenien­ temente los escrúpulos morales con la promesa de matrimonio— la induce a entregarse sexualmente. aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975). Además. también «confiaba en [la] honrada condición» de ella.preocupaciones. todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios.

p. Según ya se ha sugerido.] arrojándose a los pies del duque.. etc.». el uno con la pérdida de su esposa.«Cada situación es el resultado conflictivo de la situación an­ terior» 20. cínicos prejuicios sociales (978). como objeto de as­ tutas contiendas entre sus «ojos de Argos» y los del «lince».. el señor Lorenzo habría aprobado de seguro una relación amorosa formal entre el Duque y su hermana. dicen [. lo cual se evidencia también en el revelador dativo de interés en su declaración desengañada: «triunfó [el Duque] de mi industria [.]. En otros momentos. Sin duda que éste sería el criterio de que el señor Lorenzo mismo se valdría en semejante si­ tuación. parece que no tanto por la felicidad de ésta como por su propia ambición social. también conveniente­ mente apoyados en enraizados. El relato del señor Lorenzo sobre la seducción de su hermana deja a D. La obsesión pundonorosa con “el qué dirán” motiva toda la ac­ tuación del señor Lorenzo. muy significativamente. aclarándolas... Contempla a su hermana. cebándose.] [al señor Lorenzo] se le arrasaban los ojos de lágrimas. . Juan en una gran perplejidad: ¿Es el Duque de veras un malvado? ¿Se ha aprovechado de una ingenua con intenciones rui­ nes y pretextos falsos? «Todo esto se ha de saber de su boca» 20 Lacadena y Calero. anoche lo supe. mutuo empuje... que porfiaba por levantarlo [. semejantes y diferentes a la vez. y el otro con el hallazgo de tan buen cu­ ñado» (982). de modo parecido.. a la vez que responde a ciertas preguntas. enternecidos. Sólo en base al chisme presupone también una «vo­ luntad arrojada» en la hermana y las más deshonrosas y mezqui­ nas intenciones en el Duque: «Esto yo no lo creo [que el Duque quiere casarse con Cornelia [. «La señora Cornelia y su técnica narrativa».. 204.] y anoche me la llevó» (978)..]. sobre todo. pero. cual­ quier galán. esta indigna disposición servil del señor Lorenzo se demuestra naturalmente consustancial de su resentimiento y odio a “los poderosos”... y. y al duque lo mismo.. como olas del mar en continuo. también provoca algunas nuevas. cuando todavía hay gran incertidumbre sobre el destino. de Cornelia y su criatura: «[.] por ser desigual el matrimonio en cuanto a los bienes de fortuna» (978). cada relato sobre las relaciones de Cornelia y el Duque. Esta se manifiesta de modo inequívoco en la escena de la reconciliación con el Duque. en el chisme: «mi parienta me ha dicho [. generándose así una serie de versiones. posiblemente trágico.

aunque los dos españoles. como ésta «mil veces» le pide que haga (975).. amigo también de la 2! F.. es una tradicional costumbre popular. i. aunque. es un aspecto caracterís­ tico de la técnica narrativa con que Cervantes m ism o evidentemente se deleita al sorprender al lector: «Si no lo has. con que explora los sentimientos del Duque (985). decide D. que podrían fácilmente traducirse en un absurdo desenlace trágico. obvia por la exageración. de hecho. O bservem os de paso que el fingim iento de Juan R ojo con F rondoso acerca de la hija «ya prom etida a otro» (Lope. no revela al señor Lorenzo su amor por Cornelia. Queriendo ser admirado como uno de esos muchos «astuti e gran maestri di beffare altri» 2 1 de la novella italiana. Q u ijote . com o diría Lope. También el “piovanow de notoria reputación escandalosa y jocosa en la novella italiana gusta burlarse de la gente con sus cuentos inventados. 22 «Dar lejos de lo que se espera». ¡oh lector!. la dignidad y la felici­ dad de Cornelia y de otros a m uy grandes peligros. A la vez. más bien ligero de cascos. señala los lím ites de dicho juego. a m enudo contienen interesantes. pronto después ocurre: El Duque confirma su amor sincero y sus intenciones honradas res­ pecto a Cornelia. ¿por no querer privarse de la excitación sensual de la relación ilícita? Es pertinente esta pregunta porque en la actuación del Duque se transparenta un pronunciado egoís­ mo. Los pasajes cervantinos. con su burla el Duque se revela en cambio como un sujeto indiscreto. pues.. además de otras tendencias personales negativas. cierta frivolidad infantil en su cuento de la «labradora». . y.]» (D . 1105). Juan.. también porque duda de la reacción comprensiva del pundonoroso hermano. Le cene (l) [«(. con intencionada in­ dulgencia. inocua y graciosa. Entre éstas.(979). como. im puestos por la in­ teligencia y la discreción. le dicen que «ha hecho la más discreta y más sabrosa burla del mundo» (987) 22. G razzini (Lasca).) astutos y grandes maestros en burlar a la gente»]. su «pro­ metida esposa» que relata como «verdad» en un momento tan inoportuno para ello. Esta inclinación del «piovano [. según se desprende de las reacciones indig­ nadas y angustiadas de los dos españoles y del señor Lorenzo. según lo demuestra con el del niño expósito. así entendida por todos. aunque inocuos y graciosos. Ftienteovejuna ).. por pesadumbre y enojo [.] rico y curioso». aparentemente más superficia­ les. y p or eso. serias im plicaciones estéticas y morales.. ¿Como pueden justificarse éstos moralmente por la mera preocupación del Duque de asegurarse la herencia que la madre le tiene prome­ tida? Por cálculo oportunista. pero es no obstante cierto que con su impru­ dente comportamiento ha expuesto la vida.

disfraces. Juan y D. ignorancia. A este respecto resulta muy su ge­ rente el lenguaje conjetural de que todos se sirven con frecuencia: suponer. Por esto precisa­ mente ellos también resultan a veces misteriosos. desfavorables circunstancias tem­ porales. disper­ sas piezas. Se impone otra vez la imagen del intrincado rompecabezas de muchas. reivindicadora de la “dignidad” y los "buenos propósitos” en el pasado y prometedora de la solu­ ción más satisfactoria y feliz para todos. Gustando éste «mucho así de la curiosidad del cura como de su donaire en cuanto decía y hacía» (985). Castro. aun éstas tienen su causa primaria en los com­ plejos y prejuicios íntimos y en las predisposiciones morales y psicológicas de los personajes mismos. men­ tiras. apariencias ambiguas. indistintamente. Juan y D. etcétera. vanidad. de hecho. diálogos enigmáticos. atribuibles al «as­ pecto engañoso de la realidad». resentimientos. Anto­ nio consiste en averiguar las causas de las discrepancias conflicti­ vas entre las distintas versiones de la “historia” que propugnan los otros personajes. produciéndose así de continuo situaciones en que todos. como. parecer. extrañas. de hecho. objetos de origen misterioso. quien «viene a visitarle muchas veces desde Ferrara». imaginar. Glaro está. tem ores. y suponiendo el recíproco aprecio del cura. de manera llamativa. incomprensibles a los otros personajes. odios. La más importante función mediadora de D. Sin embargo. aprehensiones. información incompleta. deber de ser. como diría A. declaraciones de doble sentido. parece a algunos lectores: las frecuentes visitas del noble a un cura de aldea. am bición. son raras y que. para hacer al fin aceptar a todos una versión fun­ damentalmente fiel a los sucesos.«massara» a quien «tiene obligación más que de amo» (980). experimentan grandes dificultades al tratar de averiguar la verdad. ex­ plica la razón principal de la amistad entre él y el Duque. aunque también justificadas por la devoción de aquél a la caza. entre las cuales también figuran D. La obra abunda. falsas acusaciones. Cervantes no sugiere esto como mero detalle pinto­ resco. sino por su usual preocupación de explicar lo que podría parecer inverosímil. etc. Antonio mismos como piezas integradoras del enigma. creer. Ejemplifica magnífica­ . es sumamente significativo que las interpretaciones erróneas. identidades enigmáticas. en toda clase de obs­ táculos que dificultan la interpretación correcta de los aconteci­ mientos: ambientes extraños. es fácil imaginar cuán “entretenidos” serían sus encuentros.

Esta lacra de las relaciones humanas se dramatiza en algunas escenas particularmente memorables. Así. entre ellos. en que casi todos parecen desconfiar de todos por una razón u otra (983-4)24. con que se supera la barrera de los malentendidos. que se contraponen en la o b ra25. Juan y el Duque. erigida por la desconfianza. al verlos abrazados «desde algo lejos» (981). Juan y D. A nto­ nio. en realidaid. generán­ dose mutuamente. Es de crucial importancia el hecho de que todos los distintos factores humanos que inducen al error o a la impropie­ dad en La señora Cornelia tiene su denominador común en la desconfianza. el señor Lorenzo y el Duque están a punto de arremeterse. Sin embargo. sino tan sólo por la palabra llana. Y es casi simbólico el que hasta D. en que los dos españoles. N o v e l l a 8 . El m otivo del engaño con una mujer “falsa” en la cama fue utilizado ya por Boccaccio ( G io m a ta vil. G i o r n a t a v iii. desprendido de explícitas motiva­ ciones o tendencias humanas.mente este hecho la inmediata suposición del señor Lorenzo de que es «de cólera» el encuentro de D. como en algunas otras novelas cervantinas. no suele tener interés para C er­ vantes 23. A este respecto nos parecen también de valor emblemático “el camino derecho” y las “sendas apartadas”. a m enudo por los n o v e llieri de los siglos siguientes. 25 El m ism o tema fundamental se dramatiza en E l laberinto de amor. víctimas inocentes de la misma. quienes tanto se empeñan en erradicar la desconfianza de los otros. con variaciones. desde la ini­ cial de la madre del Duque hasta la de la escena final. debidos al defecto intrínseco en el engañado. mediada por los dos españoles entre todas las partes. como la de las dos Cornelias. de las mentiras y de los temores. particularmente. los pañales. Bandello. Sí. Todos los «engaños a los ojos» en las obras cervantinas son. en defini­ tiva. Véase nuestro estudio en El teatro de Cervantes. El error o el truco de carácter sólo externo. y no sólo por su nacionali­ dad. la trama entera se es­ tructura a base de unas causas y unos efectos que se identifican. como una concatenación de desconfianzas. lleguen a ser ellos mismos. Sansovino y M. la solución final de to ­ dos los problemas no se determina por una anagnorisis dramá­ tica ni por una transformación radical de los personajes. el sombrero tienen un papel significativo para complicar y desenredar las siVéase nuestro estudio sobre El vizcaíno fin gido en E l teatro de Cervantes. la indu­ mentaria. N ovella 4) y tratado. 23 24 . de modo inexorable y continuo. las joyas y. F. de un modo u otro.

a la virtud. una genial metáfora literaria de los pasillos oscuros. «La estructura de las N o vela s ejemplares». sin posibilidad alguna de un entrecruce armonioso. «Intro- . por cualquier motivo o circuns­ tancia.'y se rechazará como obvia incomprensión la condena. 94. endebles. A ve­ ces. directa. 87-105. pp. 2 H Propone tal tesis Avalle-A rce. ¿por qué razón lo emprendería La señora Cornelia con “la novelística greco-bizantina”? 29. orientador. etc. de los que debe depender aquél que. ΠΙ. C ervantes: N o vela s ejem plares . etc. De­ bidamente apreciada esta metáfora fundamental. etc. ínsita en la es­ tructura entera. como estructura narrativa. el colmo de la in­ verosimilitud». 1 2 0 ) [«(. ha renunciado a la razón. sincera27. El amante liberal —novela bizantina. ill. ridículos medios. 27 En los estudios de D u nn .]. La trama muy enredada. se engaña precisamente porque se cree privilegiado por la información que los personajes no poseen. 19-20. confuso. «Introducción». ¡Interferencia impropia del positivism o en el m undo de la ficción! Algunas nuevas considera­ ciones sobre la verosim ilitud cervantina en D ie z Taboada. en definitiva. incluyendo el mero azar. El Saffar.tuaciones 26.. Reconocida la inequívoca fisonomía “italia­ 26 Véase R odríguez-Luis.. 28 A valle-A rce.) es un cuento sumamente improbable»] y otros. ya casi rutinaria.28. Lacadena y otros sobre La señora C ornelia se concede demasiada importancia al "azar”. cayendo en el engranaje de las continuas y mutuas desconfianzas de los personajes. sólitos compañeros de la relación honesta. en sí. pp. su función más importante e ingeniosa con­ siste en su ironía implícita. de modo muy irónico. al sentido común. p.. pero. Teniendo en cuenta el hecho comprobable de que en cada novela ejemplar cervantina ocurre un explícito o implícito diálogo crítico con su específico modelo inspirador (La española inglesa —libros de caballerías. es. «La señora Cornelia is a highly im probable story . de que es «la más desalada carrera tras lo inverosímil [. Las dos doncellas —no­ vela cortesana. inciertas perspectivas se apre­ cia también en el hecho de que el lector. N o v e d a d y ejem plo de las N o vela s de C ervan tes . confusos del laberinto de la desconfianza humana. al hacernos meditar sobre los insegu­ ros.» (N o v e l to R o­ mance. siempre es secunda­ rio respecto a la m otivación humana. Cervantes: N ovelas ejemplares. La ingeniosidad de esta con­ cepción novelística de ias múltiples..). a veces se encuentra deambulando con ellos desorientado. que. se comprenderá también la palpitante relevancia de La señora Cornelia para la vida cotidiana y la condición hu­ mana. de las que es penetrante y fidedigno reflejo.

señora Cornelia— era uno de los tipos más cultivados por los novellieri. que. detalles revelan su esencial funcionalidad y. maravilloso. Tutte le opere. vol. a menudo de extra­ ordinario logro artístico en sus numerosas combinaciones de dife­ rentes ingredientes temáticos. Tutte le opere.. p. que su diálogo crítico sea con su raíz litera­ ria directa? La “novella alVintreccio” —caracterizada también por la actitud cínica y desconfiada de los personajes.. [«(. únicamente relevante. p.nizante” de esta novela ejemplar. La utiliza­ ción de cada ingrediente particular dependía. vol. ¿no es quizás lógico. I. vehículo favo­ rito de la inverosimilitud y de la “digresión” de todas clases: «Ma dove mi lascio io trasportare avendovi io promesso di narrar una novella [. p. a m enudo. 492). Rosales destaca bien que La señora Cornelia es el eslabón entre la novella italiana y la novela corta cervantina ( C ervantes y la liber­ tad. lo cual es tam­ bién crucial para la concepción de La. hasta traspasar.. es de­ cir. 1027) [«¿adonde me dejo llevar (. 30 Sandello. 20. los delicados confines del arte y caer en el mero sensacionalismo. de que fuera considerado «degno di meraviglia e ammirazione» 30. etc. p. de su previa capacidad para excitar la curiosidad y la admira­ ción del lector. inevitablemente. a su tiempo. de repente. pero sin contar con la más importante.. en efecto. 119) [«(. .) refleja la influencia de la novela griega y de la com edia contemporánea y del Persiles»].] 3Í Bandello se hace esta pregunta. entre sus elem en tos tam bién in clu ye esporádicam ente el greco-b izan tin o. como lector y escritor. Para gratificar la apetencia insaciable de éste. 1025.. sobre todo.. en que todos los sucesos. I. En estas deformadoras tendencias sensacionalistas de la no­ vella italiana no podía menos de reparar el sentido de la mesura y de la armonía artística que suelen orientar y animar toda la activi­ dad literaria de Cervantes. pero nos parecería oportuna.. Con su trama cuidadosamente organizada.. El abuso frecuente degenera en práctica ruti­ naria que. claro está. ya desde los tiem pos de Boccaccio. adquiere visos de características constitu­ tiva. Posibles influencias signi­ ficativas. como temas melódiducción». personajes. sorprendente.) digno de maravilla y admira­ ción». El Saffar mantiene que «La señora Cornelia reflects the influence o f the G reek n ovel and the contem porary Spanish com edia as w ell as C ervantes' ow n Persiles» (N o v e l to Rom ance. técnicos.]?»31. la imaginación y la ingeniosidad de los novellieri debían agudizarse más y más en su afanosa búsqueda de lo novedoso. al darse cuenta de que ha caído en una innecesaria digresión moral en una dedicatoria (Bandello . p.. la novella italiana..) habiéndoos prom etido narrar una novela»].. lingüísticos. al observar la tendencia a la di­ gresión episódica en él y en otros n ovellieri del Cinquecento.

por aquel entonces ya popular también en España32. Sin tal función. inspirada en la famosa “novella alVintreccio” italiana. La señora Cornelia se propone como un posible modelo estético y moral a los futuros cultivadores de la novela corta de enredo.cos. . 75). p. 32 Sobejano advierte que en todos y cada uno de los 12 cuentos de Cervantes.la cor­ dial y correcta «correspondencia» que los personajes españoles e italianos deciden mantener. podrían ser sustituidos por dos extranjeros de cualquier otra nacionalidad o región italiana. hay una ejemplaridad artística. «con grandísimo gusto de todos» (98 8) 33. La nueva fecunda relación entre el genio es­ pañol y ese género literario italiano parece prescribirse en. muy grata a los sentidos e incitante para el intelecto. sin perjuicio alguno para la obra. Juan y D . 33 Entre las diferentes funciones de D . moral y vital («Sobre tipología y ordenación de las N ovelas Ejem plares ». su plena correspondencia con el tema conceptual de la obra. A n ton io hay que señalar también com o m uy importante la de sim bolizar la españolización de la “novella” italiana “alVintreccio*. creándose una perfecta armonía entre todas las partes.

después.. a veces con interpreta­ ciones que revelan grandes complejidades ideológicas y artísticas. encomendándose a N uestra Señora [.] son el desdoblamiento del pnismo personaje [Campuzano]» K Casi todos los críticos actuales coinciden en tal comprensión de El casa­ miento engañoso y Coloquio de los perros. «Valor actual del hum anism o español». «si tantico se des­ cuidara el ángel de [su guarda] en socorrerle]» (224)2..EL CASAMIENTO EN G A Ñ O SO Y C O L O Q U IO DE LOS PERROS «Ihr seid ein Schelm..] con pesa­ dumbre [. cayendo en un escaño «[. a quien él mismo pensaba engañar. se propone ofrecer algunas sugerencias nuevas sobre los episodios particulares y la confluen­ cia de sus temas en la implicación fundamental de la obra. una sola novela. no dos [. y. Viéndose burlado estrepitosamente por una mujer.' muy rabioso. Nuestro estudio. pp. 80-87. Waiey.. en la edición de Valbuena Prat.. 249. cae en una extrema «desesperación».]. «N uevos valores de E l casamiento engañoso y El coloquio de los perros».]. Faust) «Es. Campuzano. A lgu ­ nos de los primeros estudios centrados en el problem a de la unidad del C asa­ m iento-C oloquio: Parker. 1 Casalduero.. 20 ss. 201-212. «El casamiento engañoso y E l coloquio de los perros». sobre la relación del individuo con el ambiente moral en que se forja. pp. casi insospechadas hasta muy recientemente.]» (994-5).. so­ bre la técnica narrativa y la estructura novelística. que asimismo sugiere la unidad conceptual. wie Ihr nur immer wart. 2 A E l casam iento engañoso corresponden las páginas 991-997 y al Coloquio de los perros. 49-58. tan innovadoras en la historia de la ficción hasta entonces. En vano. Cabrera. «desproporción»..» (Goethe. de una vigilia [de Campuzano] [.. «The U n ity o f the C asam iento engañoso and the C oloquio de los perros». W oodw ard.. que habría sido fatal. va en frenética búsqueda de la traidora. de inmediato. claro está. Berganza y Cipión [. ba­ sado asimismo en esa visión unitaria.. se trata de un sueño. 237. pp. 244.]. frustrado y agotado entra en una iglesia... las 997-1026. . «con presu­ puesto de hacer en ella un ejemplar castigo». Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. pp.

Campuzano le asegura que él tampoco es tan «ignorante» para creer que «pueden hablar los animales». lo demás Dios lo reme­ die» (991. muy juiciosamente. el jaquemate se lo da doña Estefanía a él: «comenzaron a pelárse[le] las cejas y las pestañas. que aquél quiere hacerle creer unos «disparates». todavía muy incierto del remate de su enfermedad. flaco de piernas. según lo demuestran los acontecim ientos posteriores. por la experiencia extraordinaria que ha tenido durante las últimas dos noches. se calma algún tanto. piensa.¿suplicándola. non s’ha di lamentar s’altro Vinganna» (995). «ride bene chi ride Γultimo»: ¡la sorpresa que se llevaría doña Estefanía al darse cuenta de que «las cadenas. Y. sin embargo. cintillos. sirviéndole «la espada de báculo». «haciendo pinitos y dando traspiés». De transcendental importancia debió de ser esa experiencia para la vida de Campuzano. conjetura. Pasados algunos días. entreoyendo una con­ versación de los dos perros del hospital. Campuzano ha contraído «la lupicia» o «pelarela». afirma que da «por bien emplea­ das todas [sus] desgracias». y cuando oyó esa conversación no quiso «dar crédito a 3 Q uizás C am puzano experimenta un «m om ent o f illum ination» [«m om ento de alumbramiento»] en la iglesia (El Saffar. el li­ cenciado Peralta. Al afirmar Campuzano que oyó «hablar» los dos perros. y poco a poco [le] dejaron los cabellos». C ervantes: El casam iento engañoso a n d E l C oloquio de los perros. que le ayude encontrar a la malvada?. 37). 996). joyas y brincos» que le robó. pero esta experiencia vendría acompañada de em ociones contradictorias. . nunca totalm ente resucitas. su «amigo». indignado. pensando que son de oro. que al fin de cuentas. Sin embargo. ¿que se apiade de él y le perdone su insensata vida peca­ dora? Probablemente todos estos y otros pensamientos y emocio­ nes semejantes revuelven la mente trastornada. razonablemente. amarillo en el rostro. considerando. p. dispo­ niéndose a “escuchar” atentamente ese coloquio para desentrañar la explicación. son todos «de alquimia»! (995). Del hospital sale después de haber «tomado cuarenta sudores» (996). el lector. febril de Campu­ zano en estos m om entos3. «chi prende diletto di far fro de. enfermedad venérea de ho­ rrorosos efectos físicos y psicológicos. por completo indigente: «Dicen que quedaré sano si me guardo. espada tengo. ¡Realidad del juego que practica y que no siempre puede favorecerle a él! Además. con corazón vengativo. a menudo fatal (995). Berganza y Cipión.

pp.. estando [él] des­ pierto. «A la mitad de la» penúltima «noche» en el hospital. «por cosa soñada». probablemente. se consuela el escéptico licenciado. y. con todos [sus] cinco sentidos. irónicamente. Por lo menos.. aunque «[se] haya engañado y [su] verdad sea sueño [. «delicado el juicio.. el día siguiente (996). sin reserva alguna... . Sin em­ bargo. ). y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros». con m uy interesantes explicaciones e. 195. Al recordar sus más nota­ 4 Riley. 59. delicada. al principio. a la postre.] si hablaron los perros o no». que «está bien com­ puesto».. ¿no se holgaría [.. p. a veces. escuché... en cuanto a su verosim ili­ tud» (P ozuelo Yvancos. solo. muchos lectores modernos todavía vuelven a esa “disputa”. con lo cual Peralta se declara perfecta­ mente conforme: «no volvamos más a esa disputa» (1026). al acabar de leerlo. que él no pudiera «inventar de [suyo]» y que así le obliga «a creer que no soñaba y que los perros hablaban» (996). llena de «cosas grandes y diferentes. Peralta declara. de m uy difícil defensa.. desembarazada la mente de las fiebres y aluci­ naciones recientes. Campuzano considera superfluo «ponerse más en disputa [. «Enunciación y recepción en E l casam iento-Coloquio».. finalmente. y que con su lectura «ha recreado los [ojos] del entendimiento». con acertada intuición de tan extraña “irresponsabilidad” cervantina: «[. pues fue «escrito y notado» por Campu­ zano. el Coloquio será. el Coloquio. «a escu­ ras y desvelado». tales cuales Nuestro Señor fue servido de dár[se]los. o sean quien fueren. A condición de qüe Campuzano «no se canse más en persuadirle] que oyó hablar a los perros». pero. toda la conversación. escribí. de la responsabilidad de justi­ ficar un discurso.. la verosimilitud [.] para C er­ vantes.] era [. ameno. teniéndola. C ervan tes3 Theory o f the N o vel. Vindicado.] una coherencia del discurso consigo mismo» fibid. Y. en efecto.. hablaron?».[sí] mismo». Está generalizada la opinion de que «Cervantes se ha evadido. 434). sin faltar palabra». 161.. perplejos respecto a la “verosimilitud” de todo ello4.]. De to­ dos modos. pero tomando «el cartapacio [.] el señor Peralta de ver escritas en un colo­ quio las cosas que estos perros. sutil y desocu­ pada la memoria». es cierto. oí.] riéndose y como haciendo burla de todo lo que había oído y de lo que pensaba leer» (996-7). C am puzano m edita sobre sus «pasados sucesos y presentes desgracias» (996)... Peralta accede a leer el Coloquio. aunque. noté.. Y allá está escrita. cuyo «buen ingenio» ya conoce (997). que él «alcanzfa] su artificio» e «invención». tuvo que admitir que ocurrió «realmente.

«fidelidad inviolable». vida que podría ser comprendida. mordaz sarcasmo o frío ci­ nismo. pero habiendo vivido tanto tiempo en ese «mondo cane» —mundo pe­ rruno del hombre—. Esos dos perros «echados detrás de [su] cama». explicada. identificada con la de un perro nacido y criado entre los humanos. sin la ventaja de esa experiencia5. de modo muy importante. simultáneamente. ingenuas. Sin embargo. con el lector implícito. . beneficiada por la experiencia acumu­ lada en el pasado. como el del hospi­ tal—. com o el compañero de Berganza—. y «agradecimiento» (998). escuchada p o r o tro —que se llam e C ipión. éste tendría la función primordial de alter ego —se­ mejante a la del “amigo” de Cervantes en el «Prólogo» del Qui­ jote (1605)—. a veces. no siempre. pp. notorios po r su «amistad». Nace asi la idea de la auto­ biografía de un perro —que se llame Berganza. pues la perspectiva inicial puede ser a veces más acertada que la posterior. concluye. y el bruto irracional» (997). 47-72). 195-200. para expresar dudas y escrúpulos. «La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional. «Cipión: su carácter y sus funciones en E l coloquio de los perros». para puntualizar lo dicho. ignorantes. Sin embargo. honradez. lealtad. erróneas. una vida de perros. él también quiso tratar al mundo con afecto. pues todo relato debe tener oyente. lo cual constituye una verosí­ 5 Las observaciones de Lain Entralgo sobre las funciones fundam entales de C ipión y Berganza son todavía aceptadas.bles y penosas experiencias. con sutil ironía. en contraste con las perspectivas del pasado. la perspectiva del presente. para hacer comentarios y reparos oportunos. incide más y más en la mente de Campuzano. Como estos animales. Recientemente: Miranda. a Campuzano le parece más bien borrosa. cuestionable tan categórica distinción entre la “animalidad” del “p erro ” y la “hum anidad” del “hom bre”. en realidad. con lúcida convicción. que la suya ha sido. soliloquio de Cervantes». Su desastrada vida. cuando sólo quiso ser “hombre”. dar conse­ jos y consultarse con el narrador y. que no obstante casi siempre fueron “premiados” con crasa ingratitud y crueldad. ¡narrada! sólo desde la perspectiva de un perro “racional”. maltratado por los hom ­ bres. consecuentemente. en los estudios actuales {«Coloquio de los perros. Cipión representaría también. comprenderían muy bien el penoso sentido de la imagen. pp. sus únicos compañeros en esta in­ terminable noche insomne. aunque elaboradas y m odificadas.

]... hasta ahora señalados!6. asimismo como los seres humanos.. sin impedirte sino cuando viere ser necesario» (998). pp. morales-satíricos. «Cervantes 3 A ni­ mal Fable». que se revela muy significativo en el contexto del Coloquio. y si te cansare lo que te fuere diciendo.] de Esopo» que «departían [. [vestidos] de palabras y con demostra6 Sobre las posibles fuentes literarias de Cervantes: Pierce. Por esta misma razón se expresa la esperanza de que este «cuento» dé «contento» sólo «por la gracia» que «encierra y tiene en el mismo [. que Berganza-“perro” es también un conveniente recurso literario para p o ­ der observar y conocer aquella sociedad de manera íntima y extensa. G onzález de A m ezúa y M ayo. 429-430. 103-155. pues no es.. escueta..]. expresión lingüística. De hecho. o me reprendes. Estos «pueden hablar y responder con discurso concertado». por otra parte. Cipión: «Habla [. intensidad. obviamente.] unos con otros» y los «animales» como «los tordos. por­ que. autonomía (996-7). Dependiendo de la experiencia evocada y del tiempo disponible para elaborarla o reaccionar a ella.. los dos perros de su Coloquio .. escucha. sin muchos “colores retóricos”.]. surgida de unas circunstancias psicoló­ gicas y ambientales por completo naturales. Campuzano destaca la diferencia entre «los animales [. Estas funciones fundamentales están repartidas y diferenciadas clara­ mente desde el principio: Berganza: «Pues [. inverosímiles o más bien improbables en una conver­ sación espontánea y apresurada: «no sabemos cuánto durará esa nueva ventura [el don de hablar] [. emocional. Ésta sería predominantemente sencilla.. o me mandas que calle». dándome prisa a decir todo aquello que se me acordare. ¡no puede ser! de esos cuentos que dan contento por «la gracia» que «tienen en el modo de contarlos [.]. tan artificiosos. pp...] cómoda para poder pronunciarlas» y. de todos los antece­ dentes fabulísticos. pienso aprovecharme [. picazas y papagayos» que «hablan» sólo «las palabras que aprenden y toman de memoria y por tener la lengua [. jcuán distante es esta concepción literaria... en su ímprevisibilidad y.. la narrativa de los episodios variaría en extensión. aunque sea atropellada y confusamente» (998). matiz estilístico.].. según se verá. que yo te escucharé de muy buena gana.]. ritmo.. C ervantes ... creador de la novela corta española. sin preám­ bulos y juramentos de palabra». colorido.mil complejidad del proceso mental. II. drama­ tismo. los representan en su complejidad. Es obvio. .. tono.. com o lo han señalado varios crí­ ticos..

. a nuestro juicio. artísticamente premeditada. por lo menos. en su movimiento imprevisible. en suma. de que los interlocutores a veces se percatan con el propósito de evitarla en el futuro (1006). más precisamente. «for this effect “defective " comes hy cause» [«para este efecto lo “defectuoso” viene con causa»] (Shakespeare. y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gusto­ sos».]. con todos sus tentáculos de múltiples. escrita* en que Campuzano ha puesto el coloquio de los perros. sobre toda su desastrada vida. de una representación dia­ logada —cuya naturaleza monológica se sugiere también por la omisión de los «dijo Cipión. una transgresión de los preceptos aristotélicos. funcional en su existencia y perfectamente ar­ m onizado con su ambiente. de una rememora­ ción de «pasados sucesos» y de una meditación sobre ellos y las «presentes desgracias». imaginativamente. tam­ bién representación del complejísimo proceso articulatorio de “los pensamientos escondidos”. siempre variables formas. El propósito de representar o. Estas observa­ ciones son aplicables estrictamente a la forma literaria. resulta de inmediato evidente el radical experimento cervantino. genial. de hecho. tamaños y movimientos es. que sólo responde a . supuesta­ mente para no «alargar la escritura» (997)—. Hamlet): el “pulpo”. determinado y declarado propósito de reproducir «todo lo que había oído [. N o constituye este “pulpo” narrativo un de­ fecto. respondió Berganza». a menudo caótico e incontrolable por la conciencia ordenadora. en esa larga noche de convalecencia. de una representación de «los pensamientos escondidos» de Campuzano. pero en cuanto esta labor literaria representa un consciente. resulta así auténticamente original. sino. casi por las mismas palabras» (se reconoce la imposibilidad de una reproducción exacta en todos los detalles expresivos). Por lo tanto. todo lo contrario. El “p u lp o ” como metáfora de la perfecta coherencia de una aparente incoherencia.ciones de rostro y de las ma nos y con mudar la voz se hacen algo de nonada. es decir. una muy imaginativa aplica­ ción del aristotelismo a la concepción literaria. un intercambio oral que es. como propuesta teórica y como realización literaria. im portante es observarlo. sugerir este proceso mental de la evocación y de la meditación se manifiesta inevita­ blemente en la estructura o forma narrativa del “pulpo”. un organismo por completo íntegro. Se trataría así de un soliloquio íntimo en forma de un pre­ tendido diálogo o.. su proceso mismo de formularse mental.

«Género y estructura de El colo­ quio de los perros. pues. de que la escritura es sólo una representación aproxi­ mada. sugerente anticipo de notorios experimentos literarios modernos. y 71). de los episodios de extensión numérica que responderían a cierta «simetría renacentista» [¡!]. . El casamiento engañoso y C oloquio de los perros. 147-166. en este as­ pecto. de «las relampagueantes apariciones de las últimas seis figuras». en espera de un hábil. 242 ss. véase el libro de Forcione. todo lo cual surge de «la vida sentimental y psíquica». «La estructura de El coloquio de los p e ­ rros». de obligada consulta para todo lector se­ rio de esta obra cervantina. 8 T odos los lectores acusan la gran complejidad de la estructura narrativa. pp. 119-143. los interesantes de Belic. 64 ss.196). Percibida así la articulación del Coloquio. «Enunciación y recepción en El casam iento-Coloquio». pp. principalmente. im aginativo exegeta para explicarlo bien. del «deshílanado c o n ­ tar». ca­ rente de antecedentes teóricos. U n comentario crí­ tico. Y de un m odó parecido habla Belié de la «desproporción entre la materia narrativa y el tiem po del cual dispone el narrador» para relatarla. a base. explicarla con claridada. que nos parece aplicable a todos estos y otros estudios de la estructura na­ rrativa del C asam iento-C oloquio. «El pacto narrativo: sem iología del receptor inm a­ nente en El coloquio de los perros». del «tiem po acelerado de la narración» de «la corriente em ocional que fluye de un episodio en otro». sin embargo. pp. 61-90. Intuiciones buenas de la “estructura” imprevisible del “pensa­ m iento” que. que no obstante no evita que la trama se articule «sin orden ni plan». C on respecto a todo esto resulta sugestiva también la aguda observación de M urillo sobre la «simple com plexity» [«complejidad sen­ cilla»] del C asam iento-C oloquio («Cervantes’ C oloquio de los perros. El Saffar. sería la relativa desatención al m ovim iento del pen sam ien to escondido. pp. Véase. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d E l coloquio de los perros. El Coloquio de los perros es. C er­ vantes an d the M ystery o f Lawlessness. pp. al frn. «Remarques». Excelentes observaciones en Casalduero. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. a novel-dia­ logue».su propia lógica interna.. la metáfora de la de Campuzano. N u estro propio estudio contiene tan sólo algunas sugerencias esporádicas sobre este aspecto. Casalduero habla de «la brevedad del tiem po que atosiga a la vez al narrador y al lector». ex­ plica después que Cervantes «se va acercando al final y lo que quiere es acumular •una serie de figuras que p or su núm ero contrapesen los prim eros episodios» (ibid. los actuales m ucho más que ios del pasado. 261). pese a que este hecho fundamental siempre se reconoce o intuye de ante­ mano. 7 Sobre la estructura literaria y la concepción filosófica del Casam iento engañoso-Coloquio. o com o se hace una novela». por la presión del tiem po se acelera. sin posibles antecedentes te ó rico s7. M olhó. etc. de la estética o lógica ínsita en el problema representado. 423-435. (pp. pp. a base de la metáfora del "pulpo”. del «m ovim iento de fuga». y. P ozu elo Yvancos. 176. pp. se entienden también las grandes dificultades que siempre se experimentan al tratar d e . además del estudio de Forcione (nota anterior). “La vida de perros” es. Así. Rey H azas. 11-95. que no se han cristali­ zad o en una clara com prensión y que así revelan a las claras su desconcierto. p.

«¿Por dónde has venido al punto en que ahora te hallas?» (998). abrió el licenciado el cartapacio El acabar el Coloquio e.] una visión en que el sentido estético cir­ cunvale al sentido ético de la obra» («Conciencia estética en una obra de Cervan­ tes». pero considerado como un perro por su prójimo. 546). ser hu­ mano.. donde «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca». pues nació en un «matadero». con sus propios criterios y gustos. com o lenguaje imaginario y autosuficiente. todos los lectores de la obra de Cam puzano. pues de otro modo 9 Subercaseaux representa gran parte de la crítica actual con este comentario: «La literatura se im pone.. entre otros) y se deben siempre. se pregunta Berganza. com o fin en sí misma [. i.. en definitiva. según recuerda muy bien.. es quien. «si hablaron los perros o no»? ¡Hablaron! ¡Muy de veras. 10 Mientras C ipión es el «alter ego» de Berganza. Tales juicios contradicen las declaraciones explícitas de Cervantes ( Q u ijote.Peralta —representante de todos los lectores inteligentes— comprende al acabar la lectura del Coloquio. debe llegar a sus propias conclusiones respecto a lo leído: «yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee.] este coloquio [. p. instigado por el inquisitivo Cipión. que no tie­ nen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden [.] está bien compuesto [„. según se ha dicho ya. distintamente! Esto es lo que.. y el licenciado dijo: [. tan sólo puede conjeturar que sus «padres» fueron «obreros». a una in­ com pren sión de lo estético. si quiere. caps. 1026)1 0 ... es sólo un lector.1licenciado y el despertar el alférez fue todo a un tiempo. pero sabiendo que éste. 47-48. sospecham os. pues... esos sueños o disparates.]» (997. inextricable de lo ético en Cervantes. considerando ya innecesario argüir acerca de los perros hablantes9. Berganza tiene grandes incertidumbres acerca de su origen. domina desenfrenada la maldad en todas sus formas posibles. Lo ilustra con ejemplos concretos (999-1000). De manera magníficamente suges­ tiva muestra Cervantes la esperanza de todo autor de ser com­ prendido por el lector. . ¿Por qué «ponerse en disputas». Recostóse el alférez. En este siniestro lugar. entonces. y co­ brando en momentos él mismo una mala naturaleza perruna. com o sería inextricable el aire del oxígeno.]. pero Ci­ pión le aconseja que se limite en este empeño. com o literatura. sin extrañas intervenciones del autor. no hay razón alguna para re­ lacionar del m ism o m odo a Cam puzano con Peralta: Éste.pero el valor metafórico parece desvanecerse por completo al re­ velarse tan literalmente aplicable a la realidad del alférez.

fácilmente se aprende el hacerlo». Vese claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse en quien. como el mismo Berganza. «a arremeter a los toros y hacerles presa de las orejas». En el "matadero” —claro símbolo microcósmico— le enseñaron a Ber­ ganza. su personalidad desdoblada. Consecuentemente. ya en su niñez Berganza deriva la . sino de un "ol­ vido” premeditado de Campuzano. según se pone de re­ lieve en el incidente con la «moza hermosa en extremo» —de acuerdo con los postulados neoplatónicos. hacia quien Berganza se siente atraído de modo irresistible. comprende una de las más alarmantes verdades de la vida: a menudo el mal se dis­ fraza de bien. como autor del Coloquio . la hermosura reflejaría una íntima bondad—. según se ha visto arriba. como preparación esencial para todas las relaciones con el prójimo. aunque en otras palabras. claro está. Al descubrir debajo de esta bella apariencia tan repulsiva fealdad. tam­ bién hay en él una inclinación natural al bien.] y decid a Nicolás el Romo. que no se fie de anima­ les» (999). para poner de relieve sutilmente. es Ci­ pión. para la vida. como advierte con sarcasmo Cipión (1000).. «Como el hacer mal viene de natural cosecha.. Berganza ad­ vierte: «vuelvo a decir lo que otra vez he dicho» (1004). En el “matadero” se presupone como na­ tural la maldad en el prójimo: «Los dueños se encomiendan a esta buena gente»— el sarcasmo de Berganza es igual al de Cipión— «no para que no les hurten (que esto es imposible). a su parecer.«no llegarás a la mitad de tu historia» (999). Antes de hacer esta observación. con profunda reverencia. y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre». en los dos perros. Si «el hacer mal [le] viene de natural cosecha» al hombre. muy temprano. por conveniencia novelística. acaba «burlado»: «Andad. Gavilán [. porque el hipócrita sabe que es «prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto». vuestro amo. con imagen estremecedora: «el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros pri­ meros padres y lo mamamos en la leche. le ofende. observa Cipión (999). descuidado de esa realidad. Cipión ya sabe cuán larga es esta “historia”. y esta creencia se acentúa también en otra ocasión. El que lo ha dicho. como en varias otras ocasiones. pero no se trata de un error de Cervantes. La engañosa «moza hermosa en extremo» representa el menosprecio malévolo por aquel que. sino para que se moderen [en los hurtos]» (999).

de hecho. cuando acudía. incluso. . Es preci­ samente con la intención de que sus crímenes tengan tales desen­ laces por lo que los pastores admiten a su servicio a Berganzáj después de averiguar que es «perro de casta»: Como tal. que «por pere­ zosos». a la jineta. «Sobre lo que hizo el pastor a Berganza». quien aparece «sobre una yegua rucia. primero que otros perros. Sin embargo.desconsoladora lección de que la inclinación al bien debiera siem­ pre condicionarse por una actitud cínicamente precavida frente a todo el mundo. como. aunque con notables. la fe ingenua de Berganza en la condición humana persiste en afir­ marse en las experiencias sucesivas. Pese a esta temprana comprensión desengañada. ocurre: «apenas me habían dicho los pastores: A l lobo. que más parecía atajador de la costa que señor de 11 Se han escrito ya varios artículos sobre esta costumbre de escupir en la boca del perro: Abrams. Pronto se desengaña. 79-82. como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden» (1000). El amo. confiado en poder ganarse la vida con el trabajo honesto y puntual: «me hallaba bien con el oficio de guardar ganado por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo. ante todo. sobre los perros. in­ dependientem ente de la interpretación particular de esa costumbre. que es obra donde se encierra una virtud grande. no tenía que ver conmigo» (1002). a la parte que me señalaban [. progre­ sivos cambios. que.]» (1002)n. a las deshonestas que piensan darle. pp. «Una frase m isteriosa en el C oloquio de los perros». Barcino. sería de seguro siempre obediente del modo más «solícito y diligente» ( 1000 ) a cualquier orden. pp. desempeña sus deberes con genuino idealismo: «pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado. cabría sobreentenderse. Supervía.. Berganza se escapa del «matadero» y se junta con unos pastores. con lanza y adarga. claro está. 19-24. raíz y madre de todos los vicios. en nuestro juicio. pero sin percibir el fundamental cinism o del acto. Víctima inocente del engaño y del castigo —casi le cuesta la vida—. la culpa del estrago recae siempre. En esta situación tan perversamente cínica se perfilan todos los elementos de una ingeniosa alegoría satírica de la situación política y económica nacional. son castigados con una «lluvia de palos» (1002). En efecto.. y que la ocio­ sidad. descubriendo que «los pastores eran los lobos y que despedazaban el ganado los mismos que lo habían de guardar».

24-27. a la total. 91-137. totalmente inconsciente de los muchos enemigos internos que le están deso­ llando vorazmente eí país. M árquez-Villanueva.ganado». a la enorme miseria de todo el pueblo y. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». etc. quienes con su inescrupuloso y despiadado parasitismo contribuyeron. Q uerillacq. que piensa que todos pueden y deben ganarse la vida con su propio «sudor y trabajo». que los centinelas duermen. Cuán penosamente pertinentes eran estas preguntas desesperadas lo muestra.). En efecto. a su cuidado: «No hay mayor ni más sutil ladrón que el doméstico» (1002). y quien. hallábame mudo» ( 1002 ). y otros cortesanos. pero sugiriendo: «quédese aquí esto. H ay algunas observaciones interesantes en este estudio. con toda la claridad de­ seable. ya antes. inevitablemente.. ¿A quién “descubrirlo”. la historia del reinado de Felipe III. en repetidas ocasiones. pp. sobre él se descargan las consecuencias más graves de la corrup­ ción de todos esos codiciosos “guardianes” del tesoro nacional. inten­ tando defenderse de sus enemigos externos y. que no quiero que parezcamos predicadores. después de oír la experiencia de Berganza con “los pastores”. en gran medida. sobre todo. honesto e ingenuo. . en definitiva. originalidad. Berganza es el ciudadano honrado. en el monarca. pero las frecuentes reclamaciones de novedad. se siente por completo frus­ trado. resultan impropias en vista del flagrante descuido o desconocim iento de estudios fundamentales anteriores (El Saffar. cuando todos “los pastores” son cómplices en el cínico engaño? «¡Válgame Dios! —decía yo entre mí— ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar entender que la defensa ofende. Forcione. el du­ que de Lerma. Pasa adelante» (1002). al desengañarse. pp. a la vez. encargado. que la confianza roba y el que os guarda os mata?» ( 1002 ). impotente frente a tan perversa deshonestidad: «quisiera yo descubrirlo. «Remarques». con el evidente propósito de aclarar al lector que ellos no tienen deseo de «herir» ni «rùatar» a ningún individuo en particu­ 12 Véase también M olho. pues. etc. hace pensar. y quien hace sólo ocasionales actos de presencia en el «hato» ( 1000). a la terri­ ble crisis política y económica del país. cínica desconfianza en las relaciones sociales humanas 12. «Es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo sí no se fía y se confía». observa des­ consolado Cipión. con penosa ironía. de su favorito. Cipión y Berganza expresan la de­ terminación de no convertirse en meros murmuradores con sus críticas. Y el pueblo común es el “castigado”.

Tal interpreta­ ción es coherente con las consideraciones anteriores sobre los “pastores -lobos” y hace apreciar mejor la sutil complejidad de la visión satírica cervantina. Berganza narra cómo iba en busca de nuevos amos: «Cuando venía el señor. Sin embargo. siempre f3 Analizam os este problema en nuestro estudio sobre La gitanilla. en esas vir­ tuosas nobles. Uno de los propósitos importantes. se ma­ nifiesta a menudo cierta perplejidad acerca de la función precisa de esta parodia literaria en el contexto de esta novela. Si me echaba a palos.].. y que en la realidad cotidiana son. moviendo la cola. pese a todas sus finuras externas. además del contraste explícito entre la fic­ ción pastoril y los pastores rústicos. A todos resulta evidente la parodia de la literatura pastoril.. y no verdad alguna» (1001)13. disfrazados de “pastores”. posiblemente. reales. espirituales mutuas relaciones. es tan omnipre­ sente en la sociedad que. en este momento. a dos porfías. implícito. sin embargo. ex­ presada por Berganza e identificable con la visión estética del pro­ pio Cervantes respecto a las idealizaciones de «todos aquellos li­ bros» que «son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. pero tiempo vendrá en que lo diga todo con me­ jores razones y con mejor discurso que ahora» ( 1001 ). sufría­ los. y con la lengua le limpiaba los zapatos. que suelen entretenerse en «aque­ llos tan honestos cuanto bien declarados requiebros». y con la misma mansedumbre volvía a hacer halagos al que me apaleaba [. queríanme luego bien y nadie me despidió» (1003). hay otro. hace «difícil cosa el no escribir sátiras» ( 1000 ). he­ cho universal centinela de la mía y de las casas ajenas». ¡muchas sátiras! A la vez que se pretende la preocupación con un posible “exceso” de críticas.lar..].]. me iba a él. se revela teniéndose bien en cuenta que tras los pastores literarios solía disfrazarse la sociedad cortesana contemporánea. que éste sería de todos modos. se implica. comprensible. el cual.. astutamente. de interés secundario: «de manera se me iba calentando la boca. es­ pecífica advertencia de que la crítica del aspecto meramente litera­ rio es. que no parara hasta pintarte un libro en­ tero de éstos [. . y los cortesanos que supuestamente sirven a aquéllos de modelo. entre esos pastores idealizados. sino «señalar» el vicio. Así. Obsérvese también la.. De esta manera.. me quedaba en casa. En el servicio se excedía en sus deberes: «no dormía de noche [. deshonestos. cíni­ cos y voraces “lobos”. bajaba la cabeza y. servía bien.

pero «sin osar» jamás «llegarle con las manos. que se revela precisamente en sus intentos de negarse la verdad con todas esas racionalizaciones. pues «los señores de la tierra [sus amos] para recibir un criado. estorbar [. Berganza diserta sobre la conducta decorosa y sobre la virtud de la «humil­ dad». «llevado de [su] buen natural». . aun en el mo­ mento de evocar esas experiencias.. latrocinio y deshonestidad» de los criados. entre otras. con las sobras de la cocina» (1003). Como si de repente se percatase de la emboscada en que cayó por un momen­ táneo descuido. pero «sin ladrar. para quien «el más pobre [servidor] es más rico. de que —nótese— «me aprovechaba» (1003). porque no se alborotasen los de casa» (1007-8)... para mante­ nerse en su servicio. quiso «responder a lo que a [su] amo debía.festejando a su amo: «dando infinitos saltos cuando [lo] veía» (1003). Berganza es consciente de su humillante conducta zala­ mera para con sus vanidosos amos y siente una íntima vergüenza por causa de ello.] la insolen­ cia. en la casa del mercader rico. determinó. The Theory o f the Leisure Class. poco antes reveló que su humildad personal había sido. en suma. le marcan la apostura [. pues tiraba sus gajes y co­ mía su pan».. ya salido de su «primer ignorancia» ( 1001 ).. Consciente de las graves consecuencias que sufriría por ello..]. Sabe muy bien que se com­ portó de tal modo sólo por «la ración de pan y los huesos que se levantasen y arrojasen de su mesa [del amo]. Berganza se dejó sobornar también por una criada. arremetiendo a la criada.] commends himself to our favor by affording play to our propensity for mas­ tery» 14. pese a su pobreza y humildad. inevitable de la zala­ mería hipócrita es la deshonestidad en otras formas. examinan la habilidad. acordán­ dose de la fábula de Esopo. Berganza. «como buen criado. «por los mejores medios que pudiese». Berganza fue “querido” de sus amos sólo porque. ¿Decoro? ¿Humildad? Sin darse cuenta de ello.]».. el más humilde de mejor linaje» (1002). atributos gratos a Dios. con que él hubiera querido servirles. los ves­ tidos que tiene». cap. sabía gratificar cier­ tos complejos psicológicos de aquéllos: «The dog [. consideran sólo los atributos externos y no «la limpieza de corazón». Por esta razón. de hecho. intere­ sada en «hacerle callar». cuando aquel asno [. 7 [«El perro se gana nuestro favor jugando con nuestra propensión a dominar»]. por completo irrelevante para esos fines. No para que su 14 Veblen. Corolario natural. primero le espulgan el linaje..

com o diría M achado. p. “con lupa”. la humildad profunda. adalidades del camino del cielo [. Típicamente. de la «honestidad». El Saffar. condenaban. «la prudencia. que forjaron la personalidad presente. condena de continuo a la «deplorable crítica tradicional». Jarocka. . Jarocka. «solicitud». de todo el contexto en 15 Según Hart. de barricada.) «Desprecia cuanto ignora». M árquez-Villanueva.. Berganza mordería a la criada por mero «resentm ent a t his loss o f freedom » («Cervantes’ Sententious D ogs». Las alabanzas que Berganza y Cipión hacen de «aquellos ben­ ditos padres y maestros» de la Compañía de Jesús son llamati­ vamente hiperbólicas: «repúblicos del mundo. al m enos tácitam ente. el incidente sería bastante banal. ¡en los m ism os países com unistas!. L. com o sería imprescindible. Jarocka condena la crí­ tica anterior sin conocerla. 381). La declaración hiperbólica en un texto cervantino siempre invita al escepticismo. que se desentiende de una ver­ dad que honra más a Cervantes. O sterc. sólo porque su «buen na­ tural» lo impelía a recobrar la honestidad 15. com o arcaica. ¿Mero sarcasmo respecto al reconocimiento sólo de la virtud ostentada superficial­ mente? ¿Intención cínica de no “gastar” esfuerzos en “finezas” no “vistas” en el futuro? Cervantes nos deja en la incertidumbre. no los hay tan prudentes en todo él [. pin­ tándoles «la fealdad y horror de los vicios» y dibujándoles «la hermosura de las virtudes». supuestamente ya supe­ radas. a una reconsideración atenta.]. en­ señaban» a sus alumnos con «amor». etc. declaradamente inspirada en su maestro.. quien atribuye a Cervantes una mentalidad proletaria marxista. los estudiosos dedicados a la polém ica intelectual abierta... Típica crítica propagandista.]. considera el ataque de Berganza contra la criada com o una alevosa traición de clase {El coloquio de los perros a una nu eva luz. p. independientem ente de su categoría social. patente en todas sus obras: su escrupulosa distin­ ción del hom bre bueno del malo. con lo cual. para la tesis que mantiene (M olho. precisamente la clase de crítica lite­ raria que todavía practican Jarocka y O sterc.. ¡Irónico! H ace ya muchas décadas. ¡in toto!. pues su intención es mostrarnos precisamente una mentalidad llena de ambigüedades y contradicciones todavía en el momento de evocar todas las experiencias pasadas. eco­ nómica. base sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza» (1004-5). irrelevante.. finalmente. «industria». en el momento mismo en que recuerda este extraordinario triunfo de su virtud.amo lo supiese y lo premiase. donde de nadie soy visto que pueda alabar mi honrosa determinación» (1007). en nuestro jui­ cio. sino sólo porque «las dádivas» le pesaban a Berganza en «la conciencia». Sin embargo. también declara que ahora ya no estaría dispuesto a «hacer finezas detrás de una estera. 95). y. al proponer sus propias interpretaciones.

según esas alabanzas. iban con autoridad. según lo sugiere la brusque­ dad impaciente que Berganza demuestra hacia ella: «Y siguiendo mi historia [.. moralmente.] ordenaron a mis amos 16 M olho.. es previsible en esos padres. sobre todo de «la humildad profunda. en efecto... si la ostentación de riqueza y poder. en sillas si había sol. ¡«tanto»!. Cipión culpa a los padres. de esas «tiernas varas» para que éstas no «toma­ sen mal siniestro en el camino de la virtud»? (1005). y los productos inmediatos de su educación. se anula irónica. «Remarques». —me hizo considerar [. estridentes discrepancias: «estudiaban [los dos.. p. hay fla­ grantes. Las aprobaciones con que Berganza y Cipión se regalan por esas alabanzas de la Compañía de Jesús: «Muy bien dices. El “aparato” con que esos “niños” van ¡a educarse! con los jesuítas constituye una grotesca perversión de las más fundamentales virtudes cristia­ nas.. por la condena que la precede. se nos sugiere es­ pecíficamente: «la ambición y la riqueza mueren por manifes­ tarse». ¿qué dis­ culpa en absoluto hay para esos «benditos padres» jesuítas. Todo es así como lo dices. “ambición” con “perjuicio de tercero” y.. De todos modos. . El verlos ir con tanto aparato. sus alumnos. “con daño” de toda la sociedad. sin cultura refinada ni sólida educación cristiana —lo prueba precisamente su “ostentación”—. claro está. Ostentosa procesión de príncipes paganos para la admi­ ración idólatra del populacho.]» (1005). maes­ tros y «espejos». quienes tratan a sus hijos «como si fuesen hijos de algún príncipe. hijos del mercader] gramática en el estudio de la Compañía de Jesús. entre esos «benditos padres». dejan la clara impresión de una obligación ritual. y algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya» (1004). en coche si llovía. La supuesta distinción.]. Berganza [.. Además de esta sugerencia inicial de un contrasentido irónico.]» (1003-4). 31. cumplida mecá­ nicamente y abadonada cuanto antes. que les llevábanlos libros y aquél que llaman vademecum.que se produceI6. maestros y «espejos» de todas las virtudes cristianas. Se destaca el hecho significativo de que los maestros jesuítas tienen la autori­ dad para exigir o sugerir a los padres cambios en la conducta de sus hijos: «aquellos señores maestros [. como. típi­ cos “nouveaux riches”. con ayo y con pajes. Cipión» (1005). base sobre quien se le­ vanta todo el edificio dé la bienaventuranza» (1005). en definitiva.

negativos. 31-41.. p.. arrojaban los bonetes o sombreros. sana actividad física. sino en holgarse» con el perro.] la virtud y el gusto». éstas se describen con patente exaltación: «los estudiantes me metían la mano en la boca y los más chiquillos su­ bían sobre mí. 50. del dicho al hecho hay gran trecho» (1004). sugestiva pará­ frasis del ideal clásico: «mens sana in corpore sano» 1 S ... Al notar «aquellos señores maestros» que «la media hora que hay de lección a lección la ocupaban los estudian­ tes no en repasar las lecciones. atrevidas referencias críticas que quizás se comple­ mentan con una ejemplificación implícita de los efectos contra­ producentes. Por encima del relativo valor de los argumentos históricos de una u otra tesis. obedecieron [.. gustaban de ver que [. y Forcione.: «co­ rrían parejas [. ¿no resulta quizás m uy atípico del pensam iento de Cervantes colocar tanta confianza en cualquier institución hu­ mana para la reforma existencial. com o Castro.. Se tiene la sensación de una agradable.] partía [las nueces] como mona [. ruti­ 17 Ibid..]» (1005). pp.. incluso algunos'de los más destacados. Dieron en darme de comer [. ¡¿único ente intachable entre la universal ruindad humana?!. . 18 Véase también: El Saffar. ¡¿única guía y espe­ ranza lum inosa del hombre?! Repetim os. 45-51. hay posibles implicaciones críticas también al fracaso del sistema educativo mismo. El Saffar. Sutiles.. inequívoca. de una erudición secamente libresca. Sin embargo. Se transluce claramente la indulgencia de esos «ben­ ditos padres» con la “frivolidad” de algunos de sus clientes ricos17.[de Berganza] que no me llevasen más al estudio. Ahora bien.. precisamente de tales proposiciones se nutre la más aguda ironía cervantina.]. H ay otros críticos que consideran sinceros y entu­ siasmados los elogios cervantinos de la Com pañía de Jesús.. de una alegre. de un breve. y. E l pensam iento de Cervantes. pp.]». en efecto. inocente diversión. 146-153. Esta «glo­ ria» y «quietud» viene a quitárselas a Berganza y a los alumnos «una señora» que «llaman por ahí razón de estado. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d Coloquio de los perros. «or­ denaron que se interrumpiesen de inmediato estas diversiones» (1005). que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con otras razones muchas» (1005). y yo sé los vol­ vía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo. interior del individuo? La Com pañía de Jesús.. C ervan­ tes an d the M ystery o f Lawlessness.. Cervantes: E l casamiento engañoso a n d E l colo­ quio de los perros. La ostentación soberbia del “aparato” de esos niños sim­ boliza una escandalosa contradicción entre la doctrina y la prác­ tica: «Una cosa es alabar la disciplina y otra el darse con ella. pp. necesario alivio entre las monótonas rutinas de clase.

irrelevante para la realidad humana a que debiera. 22-3. Escapándose de la casa del mercader. N o obstante estas y otras posibilidades.. Cipión: «Sí. Algunas son muy evidentes: Berganza: «Todo esto es predicar. que era grande amigo de mi amo.] es que hay algunos que no les excusa el ser latinos de ser asnos». aplicarse: «podemos inferir que tanto peca el que dice latines de­ lante de quien los ignora como el que los dice ignorándolos [. más o menos sutiles. poco después éste recuerda de repente otro olvido: «háseme olvidado decirte que las carlancas con puntas de acero [. Acaba un maldiciente murmurador [. M olho. que no afecta en absoluto el curso de la historia ni la verdad poética de la situa­ M olho..]. ¿no parece quizás muy verosímil semejante “olvido” en una narración tan larga y variada como la de Berganza? Sugesti­ vamente.naria. pp.. Nicolás el Romo» (1008). “tras­ trocándose” los papeles. Cipión: «De la misma manera que has contado entraba yo con los amos que tuve. de la misma personalidad desdoblada en los dos perros. pp. Ahora bien. precedida de anécdotas ilustrativas. Las N ovelas ejemplares. lo cual se ha atribuido a un error de Cervantes. inicialmente. a una preocupación primordial con cierta continuidad de elementos novelísticos20. 36-7. procede di­ rectamente de una referencia a «algunos latines» que Berganza re­ cuerda de sus «estudios» con los jesuítas (1006)I9. y parece que nos lei­ mos los pensamientos» (1003).. p. que yo no murmuro de nadie». Rodríguez-M arín.. 259.. Cipión. 19 20 .. acaba siendo el censurado. Berganza no mencionó a este perso­ naje antes. Durante la narración de las experiencias de Berganza en la casa del mercader rico y con los jesuítas. el supuesto crítico juicioso de la murmuración. ¿Por qué razón es necesario saber este detalle.] me las quitó un gitano en una venta. «Remarques». a una sutil sátira del “estado”. Ber­ ganza: «Ahora acabo de confirmar [. 47. ante todo. las insinuacio­ nes. Se confirma de nuevo que «se le­ yeron los pensamientos» en todo. p. Esta conclusión. II. y ya en Sevilla andaba sin ellas» (1008). Cipión amigo».]» (1004). por designio de Campuzano. por miedo a la venganza de la criada* Berganza se encuentra con un alguacil. Belie. callo» (1002). Cipión: «Así me lo parece a mí. se intensifican. «La estructura de El coloquio de los p erros ».. y así. «Remarques». «que dije al principio de mi historia. cuyos pensamientos reflejan. Respectivamente.

. como con las “correc­ ciones” en la IIa Parte del Quijote.ción referida? Quizás Cervantes quiso prevenirse de esa clase de crítica que se le hizo por los olvidos en la Ia Parte del Quijote (el rucio robado de Sancho. Rodrigo: «Ayer era rey de España. que. Cipión piensa en los muchos “godos” contemporáneos..]». so­ bre tantos y tan variados temas. esto sí. Berganza se queja de la «rueda variable de la fortuna». por ejem­ plo. La “naturali­ dad” de esta conversación se pondría de relieve de este y otros modos también por el hecho importante de que Campuzano ase­ guró que él sencillamente oyó.] / Ayer tenía criados y gente que me servía [. casi siempre tan sólo la maldad. De ser esto así.. a serlo de un corchete». acrecienta notoriamente el interés literario. En el Coloquio. un olvido en ingrediente funcio­ nal que. falta de reflexión o travesura paródica?— el notorio la­ mento de D. Berganza ha evocado—¿por una momentánea pre­ sunción. Cipión lo re­ prende. intrínsecos de un relato tan extenso. de menti­ rosas y ridiculas pretensiones —«la mayor [fortuna] que tuvieron fue tener esperanzas de llegar a ser escuderos» (1008)— quejosos de la “adversa fortuna”. . los “recuerdos” repentinos de los “olvi­ dos”. próspera y buena ventura han venido a la desdichada y baja en que los mi­ ran» (1008). la distinta ominosa fisonomía de una trágica fatalidad. personajes y sucesos. Es en este sentido.). finalmente. en realidad. / H oy no lo soy de una villa / [. los “olvidos”. a menudo atribuible sólo a su insustancialidad e incapa­ cidad personales. henchido de ironía estoica. para poder justificar su resonante fracaso en la vida. estoico: «Así va el mundo» (1008). además. por lo que también Berganza se refiere a su «buena suerte». casi «sin faltar palabra» lo que dijeron los perros (996). que por su omnipresencia y terrible poder en las relaciones humanas adquiere. convertiría de nuevo. una vez. «ayer me vi estudiante y hoy me ves corchete». intimando que la “fortuna" a la que todos culpan es. escuchó y notó y... a menudo espontáneo. pues.]» ( 1010). Cipión también observa.. Muchos «maldicen la For­ tuna sólo porque piense el que los oye que de alta. etc. como también la incertidumbre respecto al pasado: «Si mal no recuerdo [. Pensando en los trastornos sufridos inmerecida­ mente por Berganza. se nos sugerirían como percances natura­ les. «quiso» que él hallara en su camino una compañía de Solda­ dos-rufianes ( 1012). escri­ bió. el dinero encontrado en Sierra Morena. burlón: «como si hubiera mucha diferencia de ser mozo de un jilfero.

de cuya desapari­ ción se culpan mutuamente: «Los corchetes porfiaban que ellos no habían visto los follados [. que es la mentira. Sin embargo.].. lo quiere para un trabajo honesto.. 98. todo era confusión. pronto se re­ vela la fea verdad: El alguacil y todos sus subordinados son des­ honestos. . y «el mismo día pesca a un marinero [.. Para realizar esto traman toda clase de trampas. sobre todo. corruptos «funcionarios de la justicia». p.]. quienes hasta colaboran con maleantes profesionales para desollar a la gente. y. gritos y juramentos» (1010). asidua vigilancia: irónicamente apropiado cas­ tigo para estos pervertidos "vigilantes” de la ley.]. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». pero nada hace respecto al alguacil. auténticas farsas con que pervierten la. Ella decía [. con el mismo embuste del soplo» (1010). A la “huéspeda” la encarcelaría.]. Sin embargo. como se ilustra en el episodio del dinero del bretón. como se ejem­ plifica con la intervención del “teniente”.Pese a los ya muchos desengaños y a haber ya «salido» de su «primer ignorancia». quien manda encarcelar al bretón. es su único castigo. La mutua y tan justificada sospecha de deshonestidad los obliga a to­ dos a una continua. in­ sistía al alguacil que mirase los vestidos de la Colindres [. a la huéspeda y a la Colindres. Berganza se demuestra todavía muy ingenuo al creer que el aguacil. por represen­ tar siempre al mundo la mentira como verdad y la hipocresía como sinceridad. ¡amigo del criminal Romo!.. justicia. Todo indica la indiferencia o hasta la colusión del “teniente” en las fechorías del aguacil21. por la multa que puede imponerle: «pagó otro tanto [como el bretón]». «red y anzuelo» del alguacil para «pescar en seco» a las vícti­ mas. por acabar «enfadado de su mucho hablar y presumir de ejecutoria» (1010). pues las altas autoridades de la justicia se desen­ tienden de las transgresiones de sus subordinados. por lo callado.. es inevitable que ellos mismos acaben contem­ plándose mutuamente en su única verdad. Tras la co­ micidad superficial de la ridicula presunción de honradez e ino21 Q uerillacq. El escribano.. sólo secundariamente.. Sólo con esta posibilidad se revela el sarcasmo de la caracterización del “teniente” por Berganza como «demasiadamente severo» (1010). Como en los casos anteriores.. pronto sale «libre por la puerta afuera». contra quien tantas acusaciones acaba de oír. La Colindres. fingiendo identidades morales por completo opuestas a las suyas propias.

. según se ha visto.]. «para dejarse ver [. indefensa.. 23 H em os explicado esta “técnica” de los Entrem eses cervantinos. pero a continuación menciona una serie de fechorías cometidas por aquéllos. afirma que hay «muchos [.] buenos». 42) considera al “asistente” com o un o de los dos «hom m es de bien » que Berganza encuentra en sus andanzas. Esto hace probable el sarcasmo también en la afirmación de Ber22 M olho («Remarques». como es bien sabido23. .cencía de la huéspeda.. desollador despiadado de la gente inocente. por el mero hecho de poseer supuestamente su marido una «carta de ejecutoria [.]. «ni todos».. noble. y celebrado como una muy diver­ tida broma. también conoce bien a alguaciles y escribanos. intré­ pido defensor y salvador de la patria! Técnica fundamental de las concepciones satíricas cervantinas es el contraste entre lo ideal o lo normal implícito y su burda.. sin discrepar en nada» (1012). «Entendióse la malicia [del “asistente”]» (1012)22. que consigue sugerirnos precisa­ mente la excepcionalidad o escasez de los funcionarios buenos. ¡un nuevo San Jorge.] ¡Al ladrón [.. gallardo vencedor del Endriago. p. y con tal insistencia en que «no