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148573891 Zimic Stanislav Las Novelas Ejemplares de Cervantes

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Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

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siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

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Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

Chicago. 1965. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. pero no figuran en la «Bibliografía selecta». Rivista d 1 Italia. N o se traducen algunas frases. University of N orth Carolina. Cuando es necesario. 103). 19). incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. Roma. en paréntesis. México. Baltimore. . Romance Notes. Cambridge. Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. Modern Language Review. Revista de Filología Española. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. Studies in Philology. Revista Hispánica Moderna. Nueva York.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. Nueva Revista de Filología Hispánica. 1300) o la Parte y la página: (i. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. Madrid. Chapel Hill. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. En las notas y a veces en el texto ofrecemos. la página. Chapel Hill. entre corchetes. Modern Philology. Madrid. traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. algunas traducciones están abreviadas. Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat. Por razones editoriales. Aguilar. cap.

Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770). es siempre un palpitante.IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. la irreductible expe­ riencia personal. fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. En­ tre estos hechos quizás no haya. en un solo texto. en realidad. fas­ cinante. . Cervantes afirm a— . «Dedicatorias». Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema. 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. independientes. etc. las circunstancias materiales y psíquicas. de modo cru­ cial.1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes. Al componer sus Novelas ejemplares. Sin ciertas modificaciones textuales resulta. de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». etc. antes y después de la lectura.. ía sensibilidad subjetiva del autor. colgantes. pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir. ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación. imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria. Y.quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos». en efecto. y que su forma literaria. se enmarca en la conversación de éste con aquél. íntegro texto en sí mismo. de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. escrita. sin elementos sueltos. inextricablemente. eri que se incluyen. contradicción. sin embargo. «Advertencias». Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. leída por el bachiller Peralta.

una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. etc. presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. 57. objeciones. si­ multáneamente. con sus aprobaciones. . como en tantos otros aspectos de la creación artística. en que. sobre sus oyentes y lectores. etcétera. duchos en apreciar y comentar lo oído o leído. psicológicas.194. de modo muy im portante. 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio. 5. 150. 88. ambientales. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. 3 M uy cuestionable. en reali­ dad. lo que se convierte así. y. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Juan Manuel. indefinible de todo texto literario y. la multiplicidad. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas. entre otras cosas. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2. por tan categórica y arbitraria. Chaucer. objeto de una intensa dramatización. perplejidades. considerablemente diferente de la escrita. 2 0 . resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. entre innu­ merables otros cuentistas. a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. sociales.. en la creación del texto. Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. las coincidencias de la vida diaria. se narró u oyó y se escribió el cuento. con ello. a la vez. en otra obra. pp. en que se gestó. sobre los impulsos ínti­ mos. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector. convertidas en el tema mismo de la obra.2 4 . otras. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. inexorable­ mente. es decir. en su propia obra. Resulta así implícita. al menos en parte. 14. claro está.con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. pp. sobre sus narradores y "cronistas”. D . sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello. En éste. con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria. 26-27).

al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. como. como revelación de la literatura actual4. entre otros. « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). Rebate bien esta tesis. 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward. no lo haría con el propósito de “abultar” su libro. si así lo pidiese la oca­ sión. ya desde la Galatea (1585). De todos modos. C C . las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. «si la vida no me deja». hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . Por lo tanto. a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”. Madrid. 5 Sobejano. Sánchez. algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. que es un genuino «mar de historias». esti­ los. técnicas. establecer con precisión. como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. claro está. Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». por ejemplo. 2 vols. imposible. a diferencia de tales opiniones críticas. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido. Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. aparejadas para la imprenta y. Además de la fecha de pu­ blicación.experimental literaria del genial escritor—. para “abultar” libros. en varios estados de composición o ya acabadas. 10). dimensiones. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes. etc.... Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. 1968. para así impresionar aún más al lector. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7. p. Sin 4 És significativo que. todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación. Según todas las evidencias. la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles. efectivamente publicado en 1616. . muy variadas en temas. o la utilización comprobada de cierta obra literaria. claves narrativas en el contexto literario cervantino». según lo demuestran. pero en éstas. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración. por ejemplo. como en las restantes novelas de la co­ lección. que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6. por desgracia.

etc... 135).) un alejam iento de la realidad coti­ diana».. pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». sensi­ tiva.] Sin embargo. the inner content re­ m ains the same. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. penosas experiencias personales. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño. en que. por ejemplo. basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos. las novelas supuestamente tardías. fiel a ideas de su juventud. como La gitanilla.) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (. diríamos que en las obras cervantinas. p. Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece.) apartamiento de la lucha y la desesperación (.. Desde nuestra propia perspectiva. 10 El Saffar.. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares. pues en luminoso juicio de Américo Castro.] movement toward transcendence o f these problems [. escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes. por los males. a menudo. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [.. tam­ bién. comprensi­ blemente. De modo más específico. hasta lo últim o. como en toda persona inteligente. 16. con lo que se revelaría. {Esencialmente!. [«(..] 1 1 Sobejano. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels». la cronología de las obras de Cervantes. pp. . a detachment from everyday reality» 1 0 . pensante. p. en su con­ junto. 778). a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas. Las dos doncellas... La vulnerabilidad de esta tesis. pues es natural que con el tiempo ocurran. 19 ss. la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos.]. rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria. en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”.. ciertos reajustes. debidos a iluminadoras y. se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n. íntimo y social. estudiamos esa intensificación del desengaño. La española inglesa. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares».. el contenido íntim o es el m ism o. se reflejarían. entre otras cosas. es la misma. según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama. Estos. «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8.embargo.

15 Véase nota 10. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u. podrían serlo de verdad. por una parte. P· 14· 17 A tkinson. «[. p. p..] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos». !6 El Saffar. la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [. es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna. p.. pero de ningún modo por las razones aducidas15. ingenuity or understanding». señaladas como tardías en esa te­ sis.enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. 18). a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 ... 135). el Pinciano and the N ovelas ejem plares ».] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ». 1 3 Pierce dice bien: «[. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote.» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[.. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares. lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones. Lejos de desacreditar «the intelli­ gence. como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales. condenándolo. es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”. por otra parte. rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles. . en suma. las Novelas ejemplares. Cervantes. a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”. Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales. «Cervantes. económica. Si.].] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. de un más candente "realismo” l7. N o v e l to Romance.] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes).. tanto en sus obras tempranas como en las tardías. en toda vida. del azar. específicamente. «La inteligencia. política. 16. supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6.. Así. 1500)D.. de cosa 1 2 El Saffar. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños.

«La historia com o materia novelable». comenzando por el mapa europeo. actitudes convencionales. lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. cierta fisonomía histórica. culturales. 301). también los «fabulosos inventos» adquie­ ren. sociales. bien documentados. quehaceres coti­ dianos. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar. abar­ cando perspectivas muy distintas. “verdaderos”. actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. moral. Como mateJ ría de arte. religiosos. entre otros. peculiares. ante todo. ambientes urbanos y rurales con­ cretos. 172-173). notorios acontecimientos y personajes históricos. problemas políticos. espiri­ tual. Al entrete­ jerse con lo histórico. a la vez. etc. Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. etc. costumbres. instituciones. a su vez «se al­ teran. tradiciones. colectivas e individuales. Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. "vividas”. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel. como diría Torres Naharro («Proemio». pues. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y. palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». econó­ micos.. sociales. como nos enseñan. de ser contados. siglos XVI y XVII. todo vigente. en que se sitúan todas las tramas. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. 404. literarios. Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. Propalladia ) 18. de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. historizándola». y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. algunos escritores de “la generación del 98”. ubicables todavía. 227). «Proemio»). estado psicológico. en todas sus obras. autobiográ­ ficas. son.] 20 G ullón. pp. . no es ya histórico sino novelesco»20. p.nota y vista en realidad de verdad». mediterráneo y de la época contemporánea. también las "verdades” históricas. poéticas. 88-93. según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español.

C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21. con que se logra 2 1 Baroja. «La historia com o materia novelable». A ristotle an d the Persiles. aparecen. por otra. 404. sobre todo. cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. que la de los políticos. el espacio.cial. p. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. la acción. los personajes. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. Crucial es. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. Sin embargo. que intuye en la particular de la historia22. universal. y no en la historia. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes. N o es. p. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico. Cervantes. no la calidad del hilo» 24. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. En efecto.. 1100. ni en Francia ninguno como Molière [.]. social concretos. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”. transcien­ den lo particular. revelan. pues. "político” estudio de Osterc. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios. adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. aunque parece lo contrario. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas. todavía no se hayan traducido al español. histórico. muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana. . C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels.. entre otros trabajos suyos. todo lo contrario. «La literatura y Ía historia». tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color. la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. es mucho más exacta. algunas de éstas. pues. por una parte. 2‘ 1 G ullón. etc. Sorprende que los libros de Forcione.

novedosas. sin embargo.. que «dirigía a Cervan­ tes. 771). de la estructura y mo­ dalidad narrativa. a nuestro juicio.una coherencia interna. lo que para Cervantes constituye. esencial­ mente. el estudio citado en la nota anterior. independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas. el estilo lingüístico. en la «idea» propuesta por Casalduero. de la caracterización. a su vez. todas sólo parcialmente satisfactorias. Sobre el problema de la verosim ilitud. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». en D ie z Taboada. etc. se revelarían de un m odo u otro. aunque es cierto que Cervantes recondicionaría. pero m uy cuestionables.].. 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas. p. Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. «La estructura de las N o ­ velas ejem plares». JPor ahora. que. en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. doce cuentos. que intentamos explicar más adelante. dignas de salir al mundo: «Libro bueno [. esperanzadoramente. m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res. pues. pese a todos los retoques. con toda probabilidad. Q ue sepamos. 27 Casalduero. que. literario de los textos en cues­ tión . de época. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. 52. que [podrían] [. del lenguaje. artística25. 770)28. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción». «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». Ardua tarea investigadora. N o coincidi­ m os. cuando ordenó las narraciones». de interés actual. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. un detenido.. observe­ mos que..] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». .. Éste responde. 2 < . particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22). Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido. Algunas consideraciones interesantes. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. la verosimilitud literaria o el "realismo”. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya.

todas las novelas cortas españolas. Twayne. 935. N u eva York. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. que había leído durante su estancia en Italia. Para la cronología de la novela corta española. I. aunque a veces muy encantador. I. 33 P or desgracia. p. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). pp. creador de la novela corta española. véase Lasperas. . Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. año de la publicación de sus Novelas ejemplares.] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. 1973). 396-465. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento.. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585). no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma». [«. con el género de la famosa novella. 145-167. de textos ajenos anteriores29. De­ jando aparte la cuentística medieval española. son. al menos algunas de ellas. Twayne. M ateo A lem án. cual más cual menos extensa y fiel. tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r. 88. Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. la Diana de Montemayor (1516)3l. Desde este punto de vista de Cervantes. y que. pp. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. 30 Alborg.por el vivido recuerdo de los novellieri. vol. M cGrady. 1968. 32 D . Novelas que «son mías propias. por ejemplo. «Las N ovelas ejemplares». n o record am os al autor de esta m agnífica observación . más bien que por ser una narración intercalada en otra. y que él asociaría. Con toda probabilidad. esencialmente. e incluso ha­ cia.. con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. p. imitaciones y elaboraciones. Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770). pp. C ervantes. de todos modos. se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. en efecto. hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —. habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn. 15-Í6. H istoria de la literatura española. vol. (escrita) con la pluma de un ángel». N u eva York.

T im oneda. sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria.embargo. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios. y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [. psicológicas. de haberlas Cervantes conocido. tam­ bién en este caso. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal. .. 122-140. pp. “la bella Aja”. Baños de Argel). ¡animado por Aja!. Fácil es imaginar su reacción. E l P a tra ñ u elo . al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». con sobrado gozo». pp. por ejemplo. con mucha paz y con­ cordia» 35. como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. «que manifiesten los quilates de su bondad. ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente. y su enamorado]. como se demostrará más adelante. inhu­ manas pruebas. hurtadas o no.. bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. Madrid. considérese el probable sinsabor de Cervantes. desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. pero no com o novelista. frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. 1176). creemos. también para ofrecer una contestación verosímil. «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. 1990.]. «Patraña se­ gunda». y el enamorado. G alateo español. a tan ingenuas. 1942. 36 L. ¡moderna!. N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. infantilmente sensacionalistas. morales. traducidas. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. G radan D antisco. imitadas. ningún efecto adverso en sus espíritus. Algunas otras novelas anteriores. Y sin dejar esas humillantes. Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). 61-76. «vivieron después de esto marido y mujer largos años. burdas nociones sobre ía condición humana. M adrid. Espasa C alpe. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. sus tramas ingenuas. para saltar en ella». para averiguar la lealtad de su esposa. como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J.

a base de verosímiles móviles humanos. otros hay que es menester vestirlos de palabras. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid. Cipión observa: «Los cuentos. dan contento. por ser representado con refinada maestría novelística. sin genuina inspiración ni savia vital. cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. Por su parte. 393-394. “industria”. categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso. 81). es decir. más bien rutinario. pp. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. durante «las horas de recreación [. metafóricamente.afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. Cervante's creador de la novela. quiero decir que algunos hay que. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. vol. . que. otros en el modo de contarlos. «desatino». no como diversión frívola. corta espa­ ñola. para «henchir el tiempo ocioso». determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción.. En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior. 39 Riley. el afligido espíritu descanse». 38 G onzález de A m ezúa y M ayo. ¡a falta de otra cosa!. con total y clara conciencia artís­ tica. articulada con “propiedad”. Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector. C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770). La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. “Desatino”. según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. I. «digno de ser con­ tado». En el Coloquio de los perros. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. fantásticas. inteligencia. sino para que.. a menudo. que repre­ senta. 141.]. «digno de admiración». en general. p. una significativa experiencia existencial. 88-93. pp. pues. claro está. se basa su afirmación con­ fiada. que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos».. orgullosa.

41 N o tienen en cuenta esta referencia. y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. inexorable ley poética. p. M adrid. que conciba ésta como dotada de “gracia”. ¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. C ervantes' Theory o f the N ovel. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». oral. por otra parte. O sterc. «Introduction». se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. se hacen algo de nonada. O r­ tega y G asset. el “contenido” y la “forma” se funden. aunque sin una inteligente. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. Madrid. Rodríguez- . escrita. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. Para él. en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. 27. p. p. es decir. Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. Sordo. sin sustancia temática o ideológica41. 154. p. p. de una con­ versación. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios. Riley. 1956). I960. 211. 106 ss. IX-XIX. «Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. característico. A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. específica a la com unicación oral. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable. por fundamental. pp. Revista de O ccidente. y no por Cervantes. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. hay casos. 43 Véase Drake. com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. «la técnica no se justifica por sí misma. «Classifications o f N ovelas». 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica». Guadarrama. 283. en parte. pues. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). M editaciones del Q u ijote. Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral.de las manos y con mudar la voz. también al teatro. Véase también Pabst. 89. Con el propósito de destacar lo novedoso. dis­ tintivo de las Novelas ejemplares.

sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. de “predominante tono idealista”. Orellana. en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?. de la sabiduría humana. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . Apraiz.. desentendida de la creación poética?. según lo ilustran ya los términos incongruos. A nuestro juicio. de lo imaginado. simultá­ neamente de la verdad.De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria.. R odríguez-M arín. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?. N ovelas ejemplares. Casalduero. Rinconete y Cortadillo. El Saffar. . Ortega y Gasset. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?. inven­ tado.. Navarrete. “combinadas de realismo y de corte italiano”. Fernández G u ­ tiérrez. 32 ss. Arrieta. en que se “su­ pera” el “realismo”. Pellicer. dogmáticos. autobiográfico. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. claro está. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. lo cual resulta. “de imitación italiana”. arbitrarios. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias. 14-15. D u n n Sobejano. H urtado y Falencia. pp. observado. leído. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. Pabst. reiteremos. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. “idealistasrealistas”. Vaibuena Prat. “de vida social”. histórico. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. literario. R odríguez-Luis. etc. en definitiva. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. incomprensibles. en proporción variable en cada caso. contenedora intrínseca.. etcétera. imposible. M urillo y otros. G onzález López. antiguas y modernas de Savj-López. autocontradictorios. más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. Baquero G oyanes. pp.. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”.

cuando menos. Es muy sugerente que al estudiante. «Prólogo». también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. “trá­ gicas”. por ejemplo. yo. 1529). pero no el rego­ cijo de las Musas. etc. la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo.]. creador de la novela corta espa­ ñola. “ plaisantes” . En todas ellas. pp. claro está. i. “cómicas”. p. vol. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. 46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. 47 Lo ha sugerido ya D unn. regocijo de las Musas». Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. en suma. que. p. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced».. —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o. como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. Las no­ velas “amatorias”. sino. bajo la fecunda inspiración neoplatónica. exenta de implicacio­ nes serias. ante todo. En todo caso. en suma. soy Cervantes. nunca sólo jocosa. sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. En tales ca­ sos. tal distinción resulta muy cuestionable. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. “heroicas”. y cuáles entre las “jocosas”. Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. 178. “sérieuses”. etc. que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47. 1528. advertimos. Cervantes . .. “humanísticas”. en que una cínica trampa. 11-13. aunque fuese acertada. ante todo. «Las novelas ejemplares». 92. quien lo aclama como «escritor alegre [. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares. por ejemplo46.ficaciones más particulares. en nombre del amor. matrimonial y. señor. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano.

“folklórico”. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. que son. temperamental. lógicamente. preocupado con el aspecto moral de su mundo. al no percibirse su función metafórica. Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. convergen. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. hay así también una “visión ” de la vida. cons­ tante. de un modo u otro.] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the . para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. Como en el caso anterior. espiritual. 49 Véase nota 23. hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48. lo cual depende. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. 50 Pierce: «[. com o piensa Ortega y Gasset. social. tratado. particularizado. político. Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. en realidad. todas las “aventu­ ras”. lealtad y fortaleza interior.. ideológica. Por su característico. en efecto. ante todo. íntimo. tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. que. sino. que a veces se le atribuye a Cervantes49. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo). lo oculta o distorsiona por completo. satírico. como novelas “de carácter”.novelizado. psicoló­ gica. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. del problema indivi­ dual. Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. del hombre 50. siempre extraordinarias e interesantes. Así. precisamente por tan frívolas y calculadas. anímica. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores.. pero en todas las novelas. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. todas las “acciones”. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje. fervoroso interés en el ser humano esencial. sobre todo. reminiscente del de Larra. y no sólo en algunas. por ejemplo. de su caracteri­ zación individual.

p..) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social». «Introducción». excep­ cional o corriente. [«(. con toda probabilidad. erudición. perdidos. ar­ monizadas en todas las novelas. alto o humilde. [«(.] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526).. creados por un «ingenio [. así de todas juntas como de cada una de por sí». de la debilidad y de la ignorancia humanas. del sentido común* de la virtud. (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. C ervan tes..] mayor que el de Dédalo». En perspectiva moral. los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón. desesperados. N o lo hace... sobre todo.. quien está preocupado. 16). El énfasis tan pronunciado. pero. Es por la verdad poética y por la verdad humana.quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”. por lo que Cervantes las p ro ­ clama. «por no alargar este sujeto». pp. de justificar la utilidad didáctica de sus obras52. por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos. ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53. “laberintos” que proporcionan deleite. es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares. . de la pureza espiritual... ínsitas. en palabras del encomiador F. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”. de la discreción. p. “labe­ rintos” de la maldad. entretenimiento. dice (770). de esos «laberintos». palpitantes.) personajes que no son sino débiles abstracciones». ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar. a diferencia de Erasmo. N ovelas ejemplares. Cervantes.. nunca meras abstracciones51. 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. tan confiada y orguliosamente «ejemplares».. “trucos”. de la dignidad del alma. Bermudez Carbajal (771). inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls . estimulando y exigiendo toda la inteligencia. 135). dignificador en el personaje. 19-26. siempre extraordinarios por su modo de ser. “Trucos”. y en su problemática existencial.] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions». despertando la “curiosidad”. recreación al “afligido es­ p íritu ”. de la genuina bondad..] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[. deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770).

de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». prejudicialmente exclusivistas 55. deprimente realidad. profunda visión humanista. 1950). se puede dudar. a nuestro juicio. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. 282. Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. ingrata naturaleza humana. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». p. de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. teológicos. H acia Cervantes). El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. . 58 Sordo. pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace. El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas. a los estrechos dogmatismos ideológicos.] puesto que aquello sea ficción poética.. por lo me­ nos implícita o irónicamente. 57 C om o es bien sabido. Prem io N obel. La ejemplaridad moral es. consustancial de la literaria y estética. O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas». la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva. A veces se sugiere com o razón de una negativa. de honda compasión y soli­ daridad humanas. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. políticos. sociales. conjuntamente. 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. (E l teatro de C er­ vantes). a los huecos convencionalis­ mos religiosos. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. siempre sugerido como posible.de heroicos actos y nobles sacrificios. de verdadero sincero am o r54. 56 Evocam os aquí las observaciones de W. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe». En El coloquio de los perros. en absoluto. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. que llevan a la perdición. esen­ cialmente. aun en las referencias a la más escabrosa. ingeniosa articulación novelística: «[·■. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. pues. tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. Sólo al no percibirse esta amplia. lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o.

Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. p. . 3-30. re­ combinados en una nueva entidad. parodia. véase Sicroff. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. cada una d o -. Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. muy diferentes entre sí. Cervantes los corrige. y. expurga. los cuales representan. pp. la más lógica explicación de ella—.1177)59. 45). aristo­ télica. [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. para proponerlos. en parte. Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. a menudo admirables en su particular contexto cultural. a la vez. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». creemos. pp. conjuntamente. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos. «Vino nuevo en odres nuevos». modifica. la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás. que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». ensartadas en in­ quebrantable. horaciana. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. de m odo diferente. tada de una excepcional naturaleza literaria. Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. reintegrándolos. tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. de inconfundible. p. a sus lectores como novelas cortas moderna. 24). ejemplares. preciosa cadenilla. 27). todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. en los nuevos. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. en que también cabía a veces “buen vino”. pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. Forcione. platónica. Doce perlas. con sabia. p.] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares. recondiciona y actualiza. maravillosa belleza individual. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. 81-115. in a different w ay. prodigiosa armonía. A study o f Four E xem plary N ovels. tan original com o la gran no­ vela».

de hecho. pero sólo tentativo. por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»). Fernández Gutiérrez. 517. 63 H urtado y G onzález Patencia. que nos parece m uy interesante. tales intentos exegéticos62. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. infructuosos. p. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». 1921. de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo. Madrid. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. H ainsworth. por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. Rodríguez-Luis. en que. nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa. 50. p. consecuentemente. H istoria de la literatura española. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». Baquero G oyanes. entre otros. hablando de El licenciado Vidriera64. Pabst. Avalle-A rce. dicen desconcertados unos críticos. declara otro.Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. 64 Rodríguez-Luis. resultan de antemano extraviados. Sin pretensión de ser definitivas. «apenas una novela». coherente. .

y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (. «Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». con sus empeños y lo­ gros personales. vol. creador de la novela corta española. claro está. «Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. 2 Rauhut. con su virtud. 15). etc. p. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas». pues. Quijote. (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. . Rauhut. 146. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa. de carácter. pues.. firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables. 146). inteligencia y sentido común. irreductiblemente. ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. auto­ máticamente. como destaca Preciosa. criada desde la in­ fancia entre gitanos l. se suele contestar afirmativamente2 y. de per­ sonalidad íntima. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales. p. II. en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». p. 1416). Se ha demostrado. políticas. pero que no determina. con gran erudición y perspicacia. esencial. moralidad. determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. L. también distinciones de espíritu.D. económicas. discreción y moralidad de la protagonista. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. con gran desilusión. C ervantes. que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). Pfandl.

/ las vidas y condiciones. en suma. Aunque simple “pastorcica”. toda su conducta. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. de las distintas actitudes hacia el amor. encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses. su discreción. 5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar».] yendo cantando con su ganado» (60-2). con toda probabilidad. Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. también las de Encina? . La “pastorcica” Pascuala. de hablar. deí En­ cina. para la articulación novelística de la gradual. ¿Habría visto. pp. su precoz madurez mental y moral. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. bailar —«se introduze [. Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. criada entre pastores. en C ervan tes and. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía». entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179). 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. pp. mutua atracción. sólo por el genuino amor. todas sus relaciones con los demás. representadas en reqüesta de unos amores. Cervantes. 57-58. para la ambientación de los episodios. práctico de la vida. IV.cortejo y del matrimonio cristianos. comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final. entre otras. cantar. / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4. pp. de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. los pastores 3 Forcione. para novelar. del Encina. en su modo de ser. Juan3. 93-223. 70-89. del triángulo o cua­ drángulo amoroso.. Teatro y poesía de J. 60-69. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». sentido común. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. en particular con sus enamorados. con semejante propósito ejemplar.. vol. En efecto.

decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero.. imposibilitado de excusarlo [. más bien un primer esbozo de aquélla. especula Pascualilla. digno de ella: «según requiere tu gala / [. de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. como lo puede mostrar este hábito [. Pascualilla escucha. / pues que yo te quiero tanto». / muy presto verás mi muerte.. / si tu te vas y me dexas. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas.].]. Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora...] / Essas trónicas [retórica] señor. veamos».] yo soy caballero.] / Pénasme por sólo verte.. / que te haga presto rica. le promete su riqueza: «Por mi vida. observa atenta. Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2). el Escudero se proclamaría enamorado por una simple. El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía».] / ¡vete comigo. dudosa de su seriedad. no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor». asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna». pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79). un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [.. Uno de éstos. Compa­ rada con Preciosa. y un estado social elevado. / si quieres tener mi amor». Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos. declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [.. según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior.. Y si no es por deseo de burlarse de ella. el Escudero. momentánea infatuación...]. desentendiéndose de todas . una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [. la gitanilla.] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„.. se le presenta de repente un día. y como prueba inicial de su intención seria.se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales. pero está insegura. De seguro sin mucha ilusión. / allá para las de vi­ lla» (62-3). son incuestionables. D. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora». interesada al Escudero. / y con tu vista me aquexas. en el campo. en las afueras de Madrid. entonces.. Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización. Presentándosele un día... «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma». carilla!» (62-4). pastorica. Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro. / N o me trates de tal suerte.

y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento.]. Sólo así. sino por el deseo de conocer bien al hombre. y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa.... parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas.] desatinadamente se arroja tras su deseo [..] no le debieron de parecer mal». ni me desmoronan dádivas. en cam­ bio. sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios. al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos.. promete Pascualilla. dudas. con quien compartirían toda la vida. La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos. en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición. me entregaré por vuestra esposa [. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda.] en vuestra mano está» (782-3). como única condición. o un grave error. cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [.. que es la de mi entereza y virginidad. se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba». «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida... trágica esclavitud. y no una burla. yo 1o seré vuestra». que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67). Por fin. un «infierno de . podría eventualmente corresponderle en el amor. que haría del matrimonio una aborrecida. Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». A mí ni me mueven promesas. prom ete a D.esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole... ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [. añade Preciosa. al estar observándolo «atentamente». y vos de la mía. Este «temor». Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen».]. Si alcanza lo que desea. Juan —cuyas «razones y talle [. pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas. mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. y tomando el traje de gitano. esperanzas íntimas de Pas­ cualilla. sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero.. Las probables aprensiones. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas».]. la cual [..

«Primero tengo de saber si sois el que decís». O bras dramáticas. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte. / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87).] . advierte el Escudero más tarde. Sin embargo. es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6.. cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64.. Mira cuando quieres que mude el traje. Madrid. «luego. declara Preciosa a D. El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. / y va­ mos luego al ganado!». hallando esta verdad. Al integrarse al mundo de Preciosa. [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble. Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista.. / . también adopta un nombre pastoril: Gil. comprobar..Cancionero de 1496. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [.]. Cuando viajan. «Ningún galán namorado». 67).. Preciosa mía.] púsose como embelesado». «no tenga quexa de mí..] / ¡venga. y ciertamente no decisiva. p. el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero.). habéis de dejar la casa de vuestros padres [.pesadumbres» (ibid. «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784).. Juan es lo que Preciosa quiere. para ella.. / quiero cumplir tu mandado / [. La veracidad de D. económico. materialista.]. insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina. y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [. 1974. 179). Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir.. La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. adopta el nombre de Andrés Caballero.]» (782). pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. cuéntame por gitano desde luego.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79).. ante todo. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla. 94). que yo querría que fuese luego» (783). venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”]. Istm o. com o afirmó». Juan. p.

Contesta Mingo. Juan son. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar. Es la primera lección im portante que D.pie».. ante todo.. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [. no en la pollina. Superado este empa­ cho íntimo. La palabra se explica por el contexto. Apenas le revela D. / no te pene su penar» (62). la primera prueba que debe superar. y la contestación de aquél: «no soy [. amigos mejor que de antes». aunque con dichas "condiciones”. dexa esse pastor [Mingo]. El verdadero amante debe te­ ner.. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». . os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—. / buena pro. Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada. «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). dançar. Juan el amor a Preciosa. Los celos de D. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). baylar!». pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos. el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos. pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa. pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). en la corte y en la aldea. Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos. / Déxalo que Dios te vala. pues. al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor. para «servir de lacayo a Preciosa [.. aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso..] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797). Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. Al revelarle el amor. sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos». «mas. señor.]».]. cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. pues ya soys deste hato. si tú quisieres. Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos.. Con indignación su­ tilmente sugerida. Cervantes nos muestra que D. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]». el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. Juan debe aprender para vivir con Preciosa.

/ [. el rival deí Escudero. el paje-poeta. la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795).. / cercillos. pero. pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla.. Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [. / altibaxos.] / cantile­ nas. baylar.]. / con saltar. aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer». que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres». comprendiendo bien su intenso embeleso y. «¡Deslumbro si te oteo!». en señal de su cariño. no obstante. Pascualilla no quiere. cantar.. que suele dejar perplejos a los lectores.. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D. (61. mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer. que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]». 64-6). corrían. que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos.independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [. no puede corresponderle en el amor a Mingo.] / Daréle buenos anillos. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». excepto en el caso del paje-poeta. ofreciéndole. chançonetas / le chaparé de mi hato. débiles sugerencias del texto enciniano. / las fiestas de rato en rato. es digno de detenida considera­ ción. Juan.. ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido». Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y. Sutil problematización cervantina de vagas. quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). correr. Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo.]». así. Mingo. sartas de plata. El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. / que. se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos. ¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8).. etc.. luchar / [ .. saltaban. «mil cósicas. quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa. declara Mingo a la hermosa pastora. Dios te dé salud. ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? . bailaban. tiraban la barra». / y gozes la juventud / más que todos los pastores».. apreciando sus atencio­ nes: «¡O. çapatetas». etc. a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo. según sospecha de in­ mediato D.

así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. Mingo personifica una pasión genuina. inconscientemente. Pascuali­ lla debiera entrar en una relación. contra su voluntad. Mingo. de qual está Pascualeja}» (79).] / ¡silva. por lo cual. no monógama. . algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla. su amigo. como antes. / tu querer no lo deseo / [. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. compa­ ñero. pero pasa­ jera. gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien. / no te qu ello tres de vero». Sin embargo. avasalladora. «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo». Infatuación intensa y pasa­ jera. mide. ¡a fin de cuentas. espera ser amado aun más: «quiéreme. en cambio. tirte allá.. porque «es tan hermosa». precisamente por frustrada. Menguilla.. particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. Minguillo. músico y cantor: «sacude. le dice a Pascualilla.. en efecto. y flagrantemente egocéntrica. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece. En otra ocasión.. Y después le pide. hurria. previsiblemente. lo convierte todo en chiste. como especial privilegio.. es su enamo­ rado!. / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño».] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». que sea.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75). no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado. con suma gracia. y. pasado un año. De seguro sin darse clara cuenta de ello. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor.«¡Miafé!. / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2). por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla. aunque pretenda despreciarla.tu caramillo / [. Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla.. precisamente.. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. / tan bien como a Pascualilla» (81). es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla.]? / [. pero para no herirle la sensibilidad.. por ella ha dejado a su esposa. «que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). quiéreme más. pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte.

... pues esto corresponde a su práctica usual de gitana. le da. pues con tanta afabilidad le había hablado» (785). al haber ella reconocido y recha­ zado otro.da gritillo! / [. hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella. así como a menudo en la vida. creyendo que ya Preciosa quedaba rendida. no quiere ni hablarle (796). Con delicadeza.. le tendré por reliquia mientras la vida me durare».. No siendo «rico ni pobre» (785). en cambio. y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9. a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo. discreto y bien razonado [. Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla. aunque sin animar. le dice en una ocasión.] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío... amistoso. donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. y no “mercancía”. Sin em­ bargo. por delicadeza de sentim iento. Juan la razón de tal conducta. 147-157.. cuando aparece en el aduar de los gitanos.]. 9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta. pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione. Cabe pensar que esto ocurre. de ánimo generoso. . / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779).]».] / Viene un escudero» (62). El paje-poeta sueña con ga­ narse el. sólo la preocupación de no hacer celoso a D . En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [. por ello. más tarde. pp. por esas inexplicables razones del corazón. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía. impropio para ella. Sin em­ bargo. No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa.].. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777). Preciosa nunca quiere darle tal esperanza. «Cer­ vantes’ La gitanilla». al enamorado en su demanda. pues. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos. buen poeta (793). Lo considera «galán y muy hombre de bien [..favor de Preciosa. ya no quiere aceptar el dinero. honesto [. pero no la atrae amorosamente8. «Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella. N o es. por genuino aprecio.

en su canción dirigida a ambos amantes. honestidad. condicional. que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro. excesivo. porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). discretos y enamorados coloquios». las interiores. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. también por sus re­ pentinas. parcial. le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. la hermosura. lo cual la halaga mucho. Sólo al final. «descaminado». falta de «cordura» y. para que D.a todas sus protestaciones amorosas. como gitano (790). Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. 792) es acep­ tado al fin como esposo. pues. lo cual se simboliza. «descubrió» Cle­ mente «discreción [. Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». aunque en otro sentido (793). Juan «descubra» el quilate interior del «oro». ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra. sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro. Por esto precisamente. claro está. El «amor» del paje-poeta representa. con toda pro­ . cuando más. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. / que a ser buena me encamine» (798-9). con insistencia. cairás en que es de alquimia». según él mismo dice. y tocada. agudeza» en ella. inconstante a ella como mujer y persona. imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella.]. incluso.. Esta mi hermosura que tú dices que tengo.. la gracia de Preciosa. de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799). según piensa para sí (799). que considera como locura de «mocedad». incomprensible sacrificio. Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento». porque antes no las había buscado. de modo muy sugerente. sin duda. Estas observaciones de Preciosa a D. muy significativamente. pero sus otras cualidades perso­ nales. Por esto. ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. En palabra y verso aquél celebra. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa. desde luego. pero con entrega. al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. «de noche».

de la cual «hase de usar [.] como de una joya preciosísima. hacia nuevas conquistas amorosas. «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. él tiene una bella y poderosa inspiración. discreta. casual. según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas». ¿inconscientemente?. para no ser reconocido en su huida. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa. Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes.]. esos extraños «prudentes religiosos». como «caso extraño y pocas veces visto». ni a cada paso [. porque el duque.. ho­ nesta. «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil.. desaparece del aduar y se va a Italia. Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796).. que es Preciosa. . cuyo dueño no la trae cada día. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía».] a todas las que yo he visto se aventaja» (795). cuya «hermosura [.. 64). mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo. cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y.habilidad. ni la muestra a todas gentes. natural. su «señor» y «pariente». Preciosa jes la poesía! (784). quien estimula.. tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6). Esos dos caballeros. porque. entre tantos encinales. si es que hay fidelidad en las selvas».. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero. etc. aunque a algunos parece verídica. proba­ blemente.]». aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. después de reconocer como mentirosas las anteriores. Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme. de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. retirada [. aguda. p. para seguir a Preciosa. y que él mismo califica. a la vez. de seguro mandaría buscarle. quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta.. para él. cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad. la última 1 0 . espontáneamente su fantasía..

a la «palanciana». 215-223. cumpliendo su prueba de amor. pues tam bién representa al autor. Encina (70). Sentido y form as de las N ovelas ejemplares. de calculada. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. pues os mudastes. su prueba de amor: «Que me plaze. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia. con­ fundiendo los dos aspectos. En efecto. . (79. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. «Preciosa y Poesía». pp. se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. En este estudio se examinan. cuando menos. «La gitanilla y la poética de Cervantes». quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). hato de mal asseo». que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 . pp. pp. por amor que le tiene desde la infancia (805). El Saffar. por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n. Gün ter t. 273-6. Sin embargo. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. / por amor de mí. 56-77. etc. pp. no pudiendo deslindarlos netamente. Ños pa­ rece. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. las de Casalduero. el autor. pp.. pastor. en efecto.que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso.]». 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es. N o v e l to Rom ance. pp.. y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. M ingo sería otra vez un antecedente interesante. D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. / yo jamás os dexaré. y de igual modo. mi señor. sin temor» (79). para compartir la vida palaciega con él. 213-20. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino.. 107-34. «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ». / que también vos os tornastes.]. Sin embargo.. Forcione. D e particular in­ terés. y. a la vez. / mudarme.]. «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance». Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [. 84). Selig. el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». etc. por pri­ mera vez con la atención debida. Spieker.. / Y pues me tenéys amor. 101-2. / quanto mandardes haré / libremente. muy grossera y muy mala [. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. Después de un año de vida pastoril. del paje-poeta-C ervantes. con toda probabilidad ni se da cuenta del problema.. el Escudero: «¡ved.

/ ¡Oh.. según algunos críticos.. siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores. Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa. Para explicar mejor este problema. después de la exitosa confrontación de D. tentaciones y peligros de la vida gitana. la misma dignidad del alma. lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea». qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [. haciendo «atractivos» a los gitanos..]. tiene una implicación impor­ tante. sólo con lo cual.. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo. Juan con las dificultades. Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. fundamentalmente. para adaptarse bien (86-7). antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3. Según algunos críticos. pp. corcobados». bur­ ladores».]. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”. . «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [..... en este estudio. / las holangças de las bodas» (82)15. que «presumen de loçanos [. deforma «la realidad en beneficio del Arte». / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas. que prazer tan valiente! / [.]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375). examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla. esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana. 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril.. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. también La gitanilla.] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche.] / ¡Pues no te digo. 146. verás. etc. se justificarían todas sus muchas virtudes.. mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor. Este be­ llo pensamiento inspira. 149. dilemas.. / [.. Cervantes idealiza «una verdad fea». por boca de Mingo. que.. que se deleitan en «sovajar» al humilde.] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso..] muy pendados [.crianza». (63). radical. a pesar de que. / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O. esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut.

de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes . Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo.. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo. 6-13... integridad. .? De seguro. La ilustre fregona. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. como si fueran animales nocivos». ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [. vol.. 369. pero no carece de significado la provisión.. Aparentemente. no nos desvela la ambición». Forcione.]. la vida gitana. con la misma facilidad las matamos [. 18 Lowe. Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte». Quijote a las de los galeotes. 115-6.. Cervantes: T w o N o vela s ejemplares. p. L a gitanilla. e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo.]... p. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance». y cuando le hay en la mujer propia. Y sin embargo. tan reveladores. o alguna bellaquería en la amiga [. pp. ¿no es quizás análoga a la de D. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. (789-90)17.suya. irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad».. si por enamorados echan a galeras [. Cervantes. El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra». ¡Envidiable! Sin embargo. llama «mala gente» 1 6 .. por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». creador de la novela corta. «La gitanilla y la poética de Cervantes». Quijote: «Pues. pp. de paz. a veces. etc. serena comunión con la benévola. la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas. tal reacción crédula a esas declaraciones.. a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones.. de íntima. pp.]».. I. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 .. las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos. Rodríguez-Luis. sonriente Naturaleza. vivimos ale­ gres [. respeto. amor. Schürr. 184-92. 37-8. «Idea de la libertad en Cervantes». 17 Güntert. Evidente­ mente. que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio.]» (1113).]. Salvo obvias diferencias. no es de ningún modo idílica. El coloquio de los perros. 126. según se representa en la novela. amistad.. D. pp.

«Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas. muy complacido de tan eficaz arreglo. sospechadas. otro simple arreglo. real o imaginada. muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido. que los gitanos infligen a sus mu­ jeres. etc.. sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte». inexora­ ble.. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas.. de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos. en la vejez. como inútil es­ combro. ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato.] o castigarla] [. La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es. Muy significativamente. chismes. el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. El gitano escoge «ya por esposa. Maldonado. envidia. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer. o ya por amiga». castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo.] cuando se les antoja». explotación parasitaria de la mujer.. imputadas por maldad. castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta.castigo. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). representativamente. se justifica dudar . premeditado. si las circunstancias lo exigiesen. y nosotros vivimos seguros [. desechada casualmente. en realidad. y de «dejar[la] [. sin armonía de voluntades. Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona.. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. alegres».]. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos. como él sea mozo. declara el gitano viejo. y de modo muy revelador. puede dejar a la mujer vieja. cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere. la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. a cualquier gitana. según lo observa. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión. y escoger otra que corresponda al gusto de sus años»... venganza.

. las huertas. ir a Sevilla ni a sus contornos.] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066). más bien. útil para el sus­ tento de la familia... exaltada por D.. . nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda». aquí y en P edro de Urdem alas . ágil.. de industria y ánimo lleno. son su­ persticiosas y patentem ente tontas. a causa que los años pasados había hecho una burla [.] nos ofrecen [. encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos.])...]. extendida. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [.] frutas de balde. en que «eran [. Y las limosnas que piden a cualquier extraño. o casa real [.] a un gorrero [. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas. ni a solicitar favores [.que las gitanas. se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. ni a acompañar magnates. claro está1 9 . sofocantes convenciones socia­ les. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas. como dice Maldonado. pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada.]. ¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música.. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría. con que entretienen a los payos... Quijote. 507). aunque no para la víctima.]» (796). con orgullo.] que no sean comunes a to­ dos». muy «atrevido [. a veces muy ingeniosas y divertidas. Todas las víctimas de las tretas gitanas. Tras el desdén de las rutinarias. ni madrugamos a dar memoriales.. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno.. la preferencia por la vida «ancha. monótonas. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla. hortaliza [. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones.. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o. cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren... El gitano....].] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [... destaca una evidente relación de causa y efecto.. al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [. los árboles [. etc. con lo cual Cervantes..].]. racionalista.. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia. honesta. las vi­ ñas. de las humillantes so­ licitudes de favores. de los sem­ brados [. hay «pocas [. presto. de las frenéticas ambiciones cortesanas... 507)... es «zahori del fruto ajeno». las canciones y los bailes.].. claro está: «Somos señores de los campos. holgazana. uvas. que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos.. con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión. o mar.

ya bajo el gobierno comunista. fatiga» (791). pues. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia».. A pesar de todas sus proclamaciones de amistad. tenían de costumbre» (799). que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. por el mero hecho de que se la atribuye. estoica actitud frente a la vida21. «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes». 21 Güntert. falazmente.prescindible para la continua colaboración eficaz. sentido práctico. Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto.]. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero. en particular como modo de vida perma­ nente. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—. humillante de los payos. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. in­ comodidades y peligros. etcétera. según se verá. pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. a que son siempre sujetos los gitanos. com o medida preventiva. p. D. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. por ejemplo. música los truenos y hachas los relám­ pagos. la vieja gitana hace recordar a Celestina. y hasta la exaltada vida al aire libre.. aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país. . sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo. refrigerio las nieves. codicia. Por todas estas razones. como. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas». liberalidad entre ellos.]» (784).]. 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. como ven al Turco ahora» (784)20. cuyos desagrados. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. congenialidad. sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia. pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio. también sus corazones son corroídos por la envidia. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. Costumbre que todavía existe. baños de lluvia. también tiene rasgos “nob les”. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas. Sin embargo. Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [... por el mero hecho de serlo22. provechosa en las fechorías. «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo. 115.. «La gitanilla y la poética de Cervantes»..

Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance». Esencialmente. y someterse. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. a lo menos. para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». al decir que éste «m iente». La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. sin vacilar.]. la diversión ín­ tima.]. Observador de la vida gitana. se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso].. Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . y con propósito de seguir y conseguir su empresa. N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas. reíase [. Juan. irónica se sitúa también el lector... le suspendía [. que ella misma evita. prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae. y de que él mismo evita.. con toda clase de pretextos. D. . propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. la indulgencia irónica. com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo. observador por intermedio del personaje. 23 Lo ha notado ya Forcione. o. El m odo de ser «gitano» y. debajo de las leyes gitanas» (790) 23. excusarlo por todas las vías que pudiese. de inmediato corregido: «o por mejor decir. 24 Preciosa pide a D . como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa. a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje»... observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio. 47-59). sin entrometerse nada en sus costumbres. en esta perspectiva crítica. le cayó en gracia [. 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto». pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). le admiraba [. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio.] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [.. «[.]. folklóricas.. quedó admirado [D. Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo. Juan que comparta con ella la vida gitana.. p. y de los ingenios de los gitanos. p. p. de la curiosa vida gitana25. I. pp.. con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D . tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo. 188..]. 851-2) = «De todo lo que había visto u oído. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». a la misma vez..puesto a renunciar. 257). Juan]. «El realismo idea! de L a gitanilla ». poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24. 95).].

insaciable­ mente codicioso y ambicioso. Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y. empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido..Hablando de Bélica. ridículo. es un descarado oportunista.. falsa gitana-verdadera princesa. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto.. hipócrita. frívolo. 525). pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. tiene que superarla»26. p. inmoral tercero. hipócrita. y también de Preciosa..]. en­ gañoso. para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios.. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . representan [. malévolo. dedicado incansablemente a bailes. que alterna con superficiales devociones religiosas. traicionero. resulta patentemente absurdo. 191. intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos. Esta po­ bre. siempre celosa de su ma­ rido. vano. mentiroso. en esa trayectoria: gitana-sangre real. Silerio. En suma. arbitrario. ¡con harta razón!. en el orden social. mujeriego. arbitraria. La rema. quienes. espiritual. ya que los gitanos. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades... cazas. según se lo echa en cara la reina misma. y así aprovecharse personalmente. excursiones y otras diversiones parecidas. moral. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey. vengativa y cruel con sus presuntas rivales. político. defectos y debilidades de carácter. tanto aquí como en la novela ejem­ plar. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. Este rey no tiene condición alguna para serlo.. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. protagonista de Pedro de Urdemalas. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). su traicionada esposa.. adúltero. es una mujer frustrada. inces­ tuoso. el hombre tiene que vencer su naturaleza. melifluo congraciador. el favorito. Casalduero observa: «Cervantes. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa. fiestas. intrigante. falsa. . lujurioso. rencorosa. este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra».. al revelarse su origen noble. 26 Casalduero.] el estado de naturaleza [. cobarde. la sociedad noble a que Bélica «se eleva».

cínica palabrería para explotar al desvalido.. hasta lo enorme.] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido.cruel. injusticias. la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. craso oportunismo y grotesca tontería. desde lo nimio. errores.. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa. personal. desde lo particular. vengativo y.. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral..' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo.. prudente. los que imputan a los gita­ nos28. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos. recuér­ dese que el rey. tonterías. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [. ilusión ingenua. Si me quisieran para discreta.. burda sensualidad. ridículo. extrañamente considerado “normal”. ¡su pariente!... pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781). la autoridad civil no se distingue por una sabia. son hueca.. fraudes. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. respectivamente. perverso consejero del rey. de un modo u otro.. 28 Véase la nota anterior. a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma... etc. la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición... “respetable”. en un orden ascendiente. sino por su pomposa vanidad. engaños. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios. hasta lo gene­ ral. e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes. para el bien de toda la pa­ tria 27. tan solemnemente proclamados. sobre todo. responsable. los ideales patrióticos. útil función social... hábil del monarca. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen. abusos. que hacen palidecer.. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. colectivo.. a Felipe l í i . .. por contraste.. aun llevarme habían.

«unos paseándose y otros jugando a diversos juegos». Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia.. considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas. quien. la única convincente. Significativamente. cuando más. pero al fin decide entrar con sus compañeras. las llaman «desde una reja». implícitamente. esta apari­ ción llama la atención. La posesión bastante corriente del “hábito”. previsiblemente. exige la prueba de la conducta personal. todavía jovencito. quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas. D.tretienen. personal. indica criterios nada rigurosos para su obtención.· Evidente­ mente. sobre el cual se afanan. la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación. para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778). según se des­ . neutro. De todos modos. Discreto razonamiento. y no de tantos juntos. a todas las de­ más gitanas presentes.· en cambio. Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje. imagino que no se puede presumir cosa mala». Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [. segura para ella (781-2).] si nos pellizcasen». y «el barato» en la mesa. pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España». D. como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala.. sin ningún aparente mérito propio. Juan es socialmente identificativo. en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785). Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende. pero moralmente de valor. por su pintoresca ornamenta­ ción. Al ver a las gitanas en la calle. ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales. Juan. de su padre. el “hábito” del padre de D. porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». «ornamentales». nótese: «a lo menos de vos. en sí. tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos». sobre todo. 687). «muy bien aderezada y muy fresca». de esa clase noble española contemporánea de Cervantes.

com prensiblem ente. Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel. aun­ que proceda. y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416). infantiles y. aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. De cuestionable discreción. p.. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones. que ninguna es com o la vuestra. Juan. que tan obviamente des­ dice de las frívolas. según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. a la vez. quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. gitanilla: A Tale o f H igh Romance». que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras. En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa.. ¡alcalde!. Más tarde. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». 213). cuando menos. porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione. que los moderase porque podría ser perdiese [D. por encima de la ley. con otros parientes.] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. Juan». se nos revela el padre de Preciosa en este caso. que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. . también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio.prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. Juan daba. «Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». El tío. soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31. En esencia. Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. 30 Pierce: «cruel charade» («La. y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. p. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. del “barato” de su juego. Sin em­ bargo. aunque son de dos reyes» (787). oportunista. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. 293). Juan] la vida con ello» (804) 30. 32 D . se hace cómplice en este arreglo práctico. y todos los demás sí» (800)32. en suma.

sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33. que morirá de hambre [. dejándolo muerto (800). tan razonables. cuyos frutos..]..1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784). Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras. benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido. A las muy injustas. pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza. y... al creerlo gitano.] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte. más precian pelamos y desollarnos a nosotras [. probablemente m uy representativo. pues le basta al desdichado la pena del suplicio. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [. todos atribuyen a ésta. naturalmente.] entiendo que no son buenos dichos [. «sín blanca»: «Coheche vuesa merced. tan típica de su sociedad.. por más rotas y desastradas que nos vean.... su matanza del soldado. N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento. jamás. del ilusionado caballero. corruptas autoridades payas. que son arpías de nosotras. representadas a menudo sin duda por alcaldes. Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero. al verlo.] envainó» la espada en el ofensor.. cabe recordar otro con sejo de D .. pobre. claro está. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos.. jamás.] por ahí he oído decir [. las pobres gitanas [. y tendrá dineros. Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D. y no haga usos nuevos. El com portam iento deí alcalde. que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores. Juan y Caballero». nos tienen por pobres» (784)34. lo condenaron inmediatamente por criminal. 3 . sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416).]. se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”. etc.. de «hábito en el pecho». como a toda su familia. R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800).. con perversa ironía. . sino D .rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805). com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra. mientras antes. corregido­ res. Juan.. jueces..

inco­ rruptible o.. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». .... decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle.]» —auténtico acto teatral. él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35. a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo. nota 27. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino. o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. que lo atrajo por ser él tan «curioso». 36 Véase nuestro estudio.para pretender otros cargos» (781). En este momento. el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. y que. y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro».. ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente. cuando. según ella lo intuye agudamente. no quiero dar nada ahora a Preciosa». «por no ir contra su gravedad». Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga. ¿se debe a su carácter honesto. ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781). cuando menos. más bien. que yo se lo daré después» (780). le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. en que. un caso excepcional de integridad? Su pobreza. patético y cómico a la vez—. p. como. en realidad. señor teniente [.]. que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). después de haberla «es­ pulgado. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego. como a menudo se concluye. Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione. por ejemplo.. 209. y sacudido y rascado muchas veces [. ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva. esto sí. doña Clara. un real a Preciosa.]» (777). dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos. preocupación hipócrita con las apariencias de honor. de capacidad disimuladora del Teniente.

spiritual p o v erty . vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y.] . consejos “prudentes” para el futuro. a costa del criado. a menudo. [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía. éstas la bendecían.] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». doña Clara pidió al señor Contre­ ras. parasitariamente. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa». Poco antes. por un mo­ mento breve. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas». Véase nuestro estudio sobre esta obra.. de vida estancada. imágenes. El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís. cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban.. todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta. 198). incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española. Por sentir en sí “encendidos” de nuevo. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37. riqueza. all presided over by a bea rd ed old squire [. pero. otras la miraban. p. la vida solterona. la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. ¡Delicadamente patética.. su escudero... spinsterhood. con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780).. prom e­ tiendo devolvérselo. que le prestase «un real de a cuatro». cómicos. fortuna. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38. dénmelos que yo iré por él en volandas». aquéllas la alababan [. Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo. todo dicho con expresio­ nes. yerma. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor. aventura. Signifi­ cativamente. a n d unfulfilled virgin ity. Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780). estilizado. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. advertencias de posibles peligros y percances... a la vez.]. Detalles graciosos. gracia y humor de cuño popular. todos esos deseos reprimidos. «en viniendo mi marido».tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo. todas presididas por un viejo escudero bar­ budo». que cené anoche. 38 Forcione: «Penuriousness.] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80).. La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara.

en particular con un paje-poeta pobre... niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [. señora. contesta: «H ijo. . que os ama tan de burlas Andrés [.] ¡N o.. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D . La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana. ¿Q ueréislo ver. etcétera (780). El Te­ niente «es juguetón. Claro está.] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia». Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?». que ésas no son alabanza del paje.. En suma. la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer. y m uy lindo» (786). tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. pues las íntimas quedan siempre cuestionables—. y ia vieja. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -... Juan se desmaya de celos.. brava como leona de Oran [. [. y veréis cuál os le ponen!» (787). y decidle algunas pala­ bras al oído [. Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas. Sin embargo. D ..... no llores. señora mía. todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39. no penséis. Véase nuestro estudio.a lo que predice: «No llores. de hecho. que las escucha.]. y lo que vais a decir. quizás inconsciente. paloma sin hiel [. Juan.. hermosita [. cumplida su tarea..].. doncella.. después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa. sin vacilar. sino la grande.]. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente. com o lo han observado varios críticos. lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho. entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara.. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787).. Sin embargo. más tarde. quien. que se quedó abajo para informarse de los criados [.pondiente: «Hermosita. 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”. sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D .]» (785)40. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa. sin ser ense­ ñada. Juan.].. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas. por quien ésta expresa aprecio.]. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [... sube también. Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa. lo que era dar sustos y martelos. acaba». Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o. Preciosa.] Llegaos a él enhorabuena. oirás [.]. nota 37.

virtud.]. por alguna autorizada fuente. Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente. «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo.. / principalmente de espaldas.. con toda probabilidad. lealtad. diamantes de las Indias [.. cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos.]. el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes».. su vacía preten­ sión. su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos. rubíes y perlas [. revelando su total insustanciabilidad. cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle.] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora. respectivamente. Trata.. desagradable existencia halagándole la vanidad. A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses». Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara. y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7). «cuando doncella». También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas. de modo muy llamativo. honor. La casa del Teniente. que como «sol [. «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón». pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos». graciosamente. ¿Es de auténtica tristeza su lloro. engalanados en «ricas telas de Milán [. / que suelen ser peligrosas / en las principales damas»... Por cierto. pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán.].. también del pueblo que desde las aceras.. aromas de Arabia [. pero aunque sólo rozán­ dolo leve.por lo cual doña Clara «anda algo celosita».. ¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara. de maravillosos seres celestiales. como una casa de naipes. amor. alige­ rarle la monótona. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance. atizándole sus deseos y sueños íntimos.]». probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco». acuñada. se desmorona por completo. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias».. su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad. pues. la «quiso uno de una buena cara»... y «como los .

/ se lleva las almas todas». pero sobre las mesas de juego. desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre. / para arrimo de la Igle­ sia»!. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos.. indignado en las “maquinaciones”. corruptos cortesanos de Felipe III. cada día. todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana. estaba de continuo “encorvado”. pero por su acento urgente. á costa de toda la nación. / ¡Qué de designios que corta!. Declaraciones. al menos por un rato. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). ilícitos. que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). humano Atlante. deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. que dejaba a sus fa­ voritos. De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. para promover sus ambiciones y gratificar su codicia. nota 27. haciéndo­ les olvidar. más explotada y empo­ brecida. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica. Felipe III. / [. por ello.] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!». pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción.ojos se lleva [el espectáculo]. etc. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra. . no naturales. defraudadas por com­ pleto—. negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!. Ya se han mencionado los muchos. se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». / que. trazas..). Desinteresado de la política. de hecho. “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos. exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas.

y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez.. De hecho. inaccesible. todos sus contemporáneos. 44 Lerner. a quienes re­ trata. ¡“re­ m oto”!. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido. prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela. Como.¡de la baraja!. probablemente. a menudo. de modo aún más desfavorable. finalmente. En definitiva. . Cervan­ tes veía a los gitanos. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. por lo cual permanecía. tales intentos resultan inefica­ ces. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. según se ha visto. que no se quitan sino con la muerte» (774). A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u . tan fértil para las “maquinaciones” 42. 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. pp. a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. críanse con ladrones. a la reina. estudian para ladrones.m o­ lientes a todo ruedo. no es lícito atribuirle. 42 Véase también Forcione. salen con ser ladrones corrientes y. «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». Sin embargo. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. biológico. por ello. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». al ver pasar a la reina con su «perla». Laffranque. 208-215. nótese. contiene su entusiasmo. asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes. nacen de padres ladrones. La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores.. prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. en general. y. pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave. en el sentido natural.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables.

“respetable”. Siendo estos males propios de todas las clases sociales. imparcial!. sociales. sociales. Caro Baroja. dice la gitana vieja.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789). contem-^ pía más bien impasible. familiares del nacimiento y de la educación del gitano. “águilas” en sus trampas. se refieren alas circunstancias sociales. sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones. .. 1978. la corrupción. de estas actitudes gitanas45. al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad. «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783). los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. ellos también. paya y gitana indistintamente. Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [. Así. a los «padres ladrones». 46 Véase nuestro estudio. “normal”. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas. pues. en H om enaje a J.. están los gitanos tan orgullosos de ser.toda la sociedad contemporánea. el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. Quijote). mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila.. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero».. nacen de padres la­ drones [. económicas. económicas de la so­ ciedad paya. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya. por ejemplo. pero fácil es adivinar una de ellas.]». como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. «el gran gitano»46. nota 27. ni ninguna otra ave de rapiña. maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes». Y «la costumbre vuélvese vicio» (D. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”. ¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. de que la gitana carece por completo.

Preciosa. se insiste en la individualidad irreductible de cada persona. aunque gitana. Cervantes mues­ tra con igual claridad. haré que estos llantos se conviertan en risa» (801).]» (851). cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno.. Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos».. ninguna «lerda» (779).. Como el hermanito de Lazarillo de Tormes. que. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual. por ignorancia y cierta inge­ nuidad. [.. los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad. las can­ ciones.. en nombre de su supuesta superioridad racial. según el lector viene com prendiéndolo poco a poco.. en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776). pues. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios. en fin era gitana». que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal.] Caballero es Andrés [. y después califica: «privilegio de la hermosura». «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793). pese a toda su reclamada agudeza. . en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47. inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). que presupone en sus lectores. Por otra parte.]... Al admirar el modo de ser. se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [. (800)— con que la sociedad paya juzga y trata. por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos. C er­ vantes exclama: «¡[. a los gitanos. al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. puesto que hermosísima. de ma­ nera asimismo tendenciosa.]. Repetidas veces. cuando revela su robo de la niña. no se ve a sí misma.] aunque a mí me cueste la vida [. y otros elogios semejantes. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha. privativas de ningún grupo social o racial.. que. los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son. y a ser su lacayo. cultural y moral..ción moral frente a este mundo. los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio».

y sin embargo. magnífica persona. Bélica es siem­ pre. Este último aspecto parece el más problemático. El reconocim iento del linaje de Preciosa es. protagonista de Pedro de Urdemalas. en todas sus cualidades y actitudes personales. entre el Bien y el Mal.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. por sus extraordinarias virtudes. elegidas con determinada decisión personal. Tiene inteligencia innata. pero no “inverosímil”. «La gitanilla y la poética de Cervantes».. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época. de m odo im ­ portante. sería siempre "gitana”. Juan. a veces por completo contradictorias. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804).] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779). en algún momento de su vida. como piensan tantos lectores. nota 27. en el sentido social. Gitana o princesa. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [. com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes. Por fin. 120). «Preciosa's choice has already . Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles. el polo opuesto de Preciosa. Por otra parte. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D . p. apagada. por sus ruines cualidades personales. excepcional. Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D . sentido común. entre gitanos y payos. En efecto. un recurso necesario. varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible. sin duda. discreción y orientación moral. Juan. Preciosa es una joven extraordinaria. no importa en qué clase social le tocase vivir48. Preciosa. Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. pero ¿no tiene que decidir toda persona. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. Bé­ lica. sería siem­ pre “princesa”. por más formidables que sean49. agudizado de continuo por su vida gitanesca..

quienes la abandonaron recién nacida («[. al espíritu del in­ dividuo. 50 G onzález de Am ezúa y M ayo. es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775). ni todas las inclemencias del cielo. verosímil de la tez rubia. sobre todo. ni los aires. «La gitanilla». como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta. 450). que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos. pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid. cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores.} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». sino. acomodada sociedad. «en la virtud». aunque. quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50.). es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). implícitos y explícitos. a ciertos resortes y móviles interiores. Cervantes. atribuibles a su sangre noble. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables.. [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». A lo largo de La gitanilla se muestra. pues. N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son. ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo. a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos.. Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. de muchos modos. p. Quijote. esen­ cialmente. en que el cura insiste. resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial. fundamentalmente. 1292). mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. no también been m ade according to her w ill» (W oodward.midables. contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. p. Cervantes coincidiría de seguro con D. «Ni los soles. Siendo en «extremo cortés y bien razonada». Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». de m odos diversos en las obras cervantinas. de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares. claro está. En efecto.] D . . creador de la novela corta espa­ ñola. 25. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones». Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural.

Tal modo de vida procede. modesto. que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. en cambio. siempre deseoso de mejora. útil. jMuy rara nobleza!. industrioso. bueno. pobre y humildemente nacida. Es palpable la ironía con que Cervantes. puede realizar sus magníficos. sin paradoja. “divina”.]. La genuina nobleza. exigente. . pensando en su propia vida. aunque no le conozca. Juan) y no por sus virtudes. mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. tan quijotesca. nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. en esta expli­ cación de D. de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella. generoso Pedro de Urdemalas. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. siempre «sería milagro».. Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D. que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. Y el tan extraordinariam ente discreto. típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. por tan rara. honesto. tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). sino también y sobre todo para afirmar. Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. inteligente. Penosas injusticias. posiblemente de padres nobles). que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. nota 27. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. dice Cervantes. necesariamente. Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. discreto. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que. pero a la misma vez sugiere. con gran ironía.. entre otros ejemplos. esa recompensa inefable.en la confianza. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). 1292). por causa de su origen hu­ milde (aunque. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. bien conocidas también en la sociedad alta. según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y. le hace decir esto a su loco caballero.

R od rígu ez-L u is. La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. pp. con la pastoril52. exaltado himno al espíritu humano. En efecto. se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. . Pierce. aunque muy arduo criterio. señor compadre». A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. entre otros. es su valor intrínseco. según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. libre de toda superficial. también el más apropiado. que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina. caballeresca y. se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. guardadlo cuidadosa. senti­ mental. en particular. 53 Es necesario recordar. Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla.. Destacan la relación esporádica con lo pastoril.] con las que son imperiales». Claro está. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla».la sublime «alteza» (775). a veces. Juan proceden. quizás más que por cual­ quier otra razón. 13-14). glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. 290-1 . pues el único. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. com o a veces se hace. ridicula pretensión de superioridad social. sin duda—.. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. Sólo con esta condición. A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. 126-7. implora el cura —en nombre del autor. con mucha más razón. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes. y por esto. «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance». picaresca. propone algo y no concluye nada». tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53. pp. mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. pp. mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención. Cervantes no se propone sencillamente imitar.

como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia». La Segunda Parte de La Galatea no se realizó. / con las ansias de la muerte». el perdón de los lectores. «que Cervan­ tes promete» (1054). Quijote y la li­ teratura caballeresca. al menos en algunos de sus proyectados aspectos. Persiles y la novela bizantina. a nuestro juicio. se concebía. D e­ claró específicamente. etc. clásico representante de la no­ vela pastoril española. con toda probabilidad. que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D. es decir. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. repetidas veces. en ambas Partes del Quijote (1605. referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes. Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida. la Segunda Parte de La Galatea. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte. Se realizaría esto como ya en otras obras suyas. 1615). todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [. las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas. con que. entre el mundo bucólico clásico y el moderno. en La casa de los celos. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico. pero quizás se nos esté revelando.] me diese el Cielo vida!» (1528). esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico. en El coloquio de los perros. etc. burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril. ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. en La gitanilla. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto. en El rufián viudo. .54.. por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte. En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55.cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. 55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador.. endémico conflicto en los libros pastoriles.

en muías y asnos robados. también Pre­ ciosa y D. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. idealizados cortesanos. de todos modos. en consideración de todas las implicaciones personales. D ama A. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. de pueblo en pueblo. radicalmente final. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. esos cultos. éste de G il Polo: A ama B. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad. Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. pero nunca tan sim étricos com o. 1001) se pasan la vida en sentimentales. espaciosas selvas. la fuente pastoril literaria de que surgen. conceptuosas conversacio­ nes. aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. disfrazados de pastores de mansas ovejitas. Sus preocupaciones son prácticas. Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase. mítica. que también los afligen a veces. a diferencia de la insularidad absoluta. los resuelven de manera “eficiente”. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. por la sobrevivencia. en que se sitúan los enamorados pastores literarios. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. B ama C. en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso. económicas. sociales de su relación.burgués de las novelle italianas. por ejemplo. quienes en «amenos prados verdes. arroyos claros. los de La gitanilla. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. C ama D. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. genialmente metamorfoseados. personajes ficticios y lectores. sutiles. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. El disfraz de D. que van por los caminos polvorientos. . venales. hermosos jardines. sagrados montes. delicados. materialistas. ociosos cortesanos. Los problemas amorosos.

En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. que no lo es menos. de muchas. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. formulares. esos pasto­ res literarios. se contrapone la vieja gitana.cia de que todo el mundo. lleva siempre el disfraz. particularmente el “alto”. de los sucesos. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. tan experimentada en la vida. supuestamente. ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. que. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. 1001). y no. cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. animadora. \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes. «desamoradas ninfas» (a menudo. Los míticos gigantes. poco antes aparente­ mente irresoluble. tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. en suma. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas. hechos de crucial relevancia en las . con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. de que nadie puede extraerse. como en las novelas pastoriles. Se trata. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. como. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. "refinado”. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. a su vez. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones. En La gitanilla. lógicos. acusadas de “ninfas”. tan discreta. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. predeterminadas.

mirtos. por desgracia. hielos. rayos. naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas.. por completo indiferente al hombre... pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados.] y adornándole de ramos y juncia. peligrosos. [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego.. incó­ modos. Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud. encinas. 288. haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles». p. continua. interrupciones forzadas. Con su agudo instinto narrativo. nieves. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades. dinámica. insoportables calores y fríos. con gran acierto. naturales. complicaciones innecesarias. sino sólo por sus propias leyes atmosféricas. El escenario. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos. La naturaleza.] .consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual... fluida. sauces umbrosos. pese a todas las pretensiones neoplatónicas.. amenazadores. abundante. sorprendente. generosa. pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje... rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas. en contraste con cualquier novela pastoril anterior. y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789). Sin embargo. sonriente. del alma humana. en suma. 58 Pierce. serena. Reduce. de una naturaleza idílica... claras aguas cristalinas. Se ha observado.. convencional desde la bucólica literatura clásica. ante todo. es. las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo. com o por ejemplo las ceremonias. Juan: «[. sin empalagos irrelevan­ tes.. Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento. que no sólo sirve de apro­ piado fondo. que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58. claro está). de amenos prados verdes. nada benévolos. es decir. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance». y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D .. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. co­ rrientes. aguaceros. esencial.

Juan. pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). en la vida cotidiana. 1001). Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos. ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos. D e hecho. coplas. hacen su acto de presencia y. de manera no­ tablemente sobria. y les venden sus obras» (775). después de lo cual le explica. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros. poetisa de impro^ viso. como todos esos pastores literarios. Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos. aparentemente. honesta relación conyugal (790). y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. y no faltó poeta que se los diese. Preciosa no es automá­ ticamente. muy comprensible­ mente. seguidillas. p. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo.. p. Juan por celos.. 1000). en el desm ayo de D . de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. . Este hecho hasta ha inducido a sospechar. cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. pasajeros. vol. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. para cualquier ocasión. Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. sin ningún sentimentalismo enfermizo.dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. romances] [. 293.. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo.] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal. tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. 60 M enéndez Pelayo. Andrés. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas. so­ bre todo. subordinándolas a la conducta con que. O rígenes de la novela. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. su propia noción del genuino amor y de la buena. sufrir el tormento de toca. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. 14. Por ejemplo.. zarabandas.. allí la pastora. O bras complejas. infaliblemente. Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D.

o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61.] gaitas. 1001). Lauro. de la si­ tuación. «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. p. creador de la novela corta española. advierte: «no sé si de improviso. ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D. chirumbelas». rabeles. árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. y que ella sencillamente repite. o de algún ribazo o peña.: 1000). zampoñas. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla. El coloquio de los perros. y juraba por la laguna Estigia» (791). Paródicamente.. El paje-poeta es au­ tor de poemas. «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso. anticipables como los «mirtos. Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. 25).de inmediato a sus enamorados. quien también «se picaba un poco» de poeta. naturalmente. D. La Diana. Jacinto. Cervantes. com o me prom etió a m í cierto poeta. pues. también en este aspecto. sino de demostrarse digno de Preciosa. no: «Lísardo. etc. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. Juan. que también proporciona a Preciosa. Clemente (nótese. Juan y el paje-poeta.. . sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». IX. Riselo». al menos tanto como lo es el paje-poeta. cuando más. Cervantes. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [.. muy significativa­ mente. o». No sólo no se imponen a los oyentes. este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril. a toda costa y con cualquier pretexto. El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol. olivos. sauces» 62. Todas las canciones en La gitanilla surgen. o a la de alguna mata. pero que no son tan convencionales. 1001). de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. 62 M ontem ayor.

Sin embargo. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana. sino que.. Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787). pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa. que pretendía situarse en esa tradición literaria. Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances. música. Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico. ¡Torna a cantar!» (776-7). imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas. fundamentalmente. en la de Gi! P olo.. rítmicos. no sólo dejan «admirados [. Estas melodiosas canciones. a ello! Andad. tampoco puede faltar el verso mayor. llenos de color. romancillos.. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad. de dura acentuación. largos. y pisad el polvito atán menudito!. «flores [.. legendarios y actuales. por su combinación de prosa y poesía.. la novela pastoril se caracte­ riza. zonas estáticas. logran hacemos participar a todos.] a cuantos la escuchan». musicales. donaire. En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas.. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [. pero. de temas maravillosos. pues cons­ tituye una de sus características fundamentales. claro está. como por magia. redondi­ llas y otros versos populares. .] en redondo». «perlas [. en la magnífica fiesta: «A ello. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos. amores. ¡al lector también!. Cervantes quiere nacionalizar.] que despide de la boca». Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [. pese a su incuestio­ nable atractivo poético. no hay duda. ingenuas o equi­ vocadas). Éste. de prodigiosos efectos coloristas. drama.. pues crean. imperfectos.. movimiento variado. En el Quijote..tación como en el caso del soneto (787).] casi todos los ver­ sos mayores» (1053). y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla. ninguno. al son de su panderete. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. ritmos alegres. H ay algunos endecasílabos cojos.. hija.] que derrama con las manos» (787). a menudo. españolizar cuanto más el libro pasto ril63.. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances...

» (D. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. ix -cill. actual de las gracias de Preciosa. sin disonancia* exquisitamente lírica. le habrían parecido. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. elegante prosa de Montemayor. es­ pontánea del enamorado!. lírica. Quijote. precisamente. erudito. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. sencilla. y. prosa siempre armónica. 1053). ¡supuestamente expresión. rítmica.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa. artificioso. pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. D ian a enam orada .. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\. matizada muy imaginativamente. incisiva. que son libros de entendimiento. y el de R. su sabor arcaico. sin embargo. pomposos. intuitiva. individualizante. XI-XLVIL . parlamentos alternados. equilibrada. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. ya Federico García Lorca—. ejemplar novela pastoril. poé­ tica. en sus va­ riaciones. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho. armoniosa. con frecuencia. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico. música.yicos —según lo percibió. determinada. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica.]. por el contexto temático y sítuacional.. penetrante.» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. cantante. fluida.. fervoroso pálpito vital. «j. Ferreres. a la pos­ tre. sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. a la vez. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. se convierte en una representación movida. L ópez-E strada.. pero. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). espontánea. G il Polo . bailadora. (Esta. frío. rígidos. A la vez. esencial. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa. vivida. dramática de la narración. precisa. sin perjuicio de tercero. aunque sólo mencionado. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. Particularmente esos solemnes. complejas ironías. ¡naturalmente!. creadora eficaz. dinámica... monótonos diálogos amorosos.

como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802). mucho más importante. en particular. también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. impensables en 65 La D iana. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. Percibim os una actitud semejante en Encina. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. b? Ibid. pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana. Cervantes destruye las artificiosas. se trataba de declaraciones esporá­ dicas. la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. de representación hu­ mana universal. y> por la invención literaria con que lo expresa. y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. 1001). «Prólogo». 10. ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778). 66 Ibid. Quijote. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. Sin embargo. es decir. en cuanto a la belleza de su pensamiento. 170-1. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». de significado mucho más radical. . su ejemplaridad. crea una obra extraordinaria. esos diálogos pastoriles. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. diría­ mos. . que no podem os estudiar aquí. Evidentemente. l x x i x . Sin embargo. Preciosa es hermosa.Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. única en su tiempo. gritos interminentes de protesta del autor mismo. de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y. 1053). míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar».. Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación. en La Diana de M ontem ayor65. Desde esta perspectiva. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes. citado en nota 5. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. pp. en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66. El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”.

.]. ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. personalmente. cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». y otras cosas semejantes. se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia».. y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa. su discreción. de «muchos» libros pastoriles. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada . «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—.. Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles.. deseosa. de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate). de faltar todos los demás resortes humanos. rabeles o gaitas. C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias. «Prólogo». y esto no al son de chirumbelas. sino un cata al lobo do va. determinada de vivirías ella también. todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. ¡en voz alta!. por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque. «no encaminados a un piadoso fin»70). Juanita . sentados en troncos de árboles.. Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69. y nació libre. 70 Ferreres. es libre. conversando siempre de amor. sino al que [hace] el dar un cayado con otro [. sonoras y admirables. dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. con que encauza prudente y noblemente su vida. lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. propio y ajeno.Diana)68. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. su dignidad: «¡mi alma. aplicables a toda la obra cervantiva. insaciable lectora. xxm . Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. que. sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. y no con voces delicadas. son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. al encuentro de otros pastores y pas­ toras. 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». Los amores y el matrimonio con D. discreta. de la dignidad humana.

magníficamente realizado. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”. Pablos o Llorentes. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas. (El coloquio de los perros. . en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita.. discreta. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar.. sobre todo.. 1000-1). sino que gritan o gruñen». un in­ tento. que. escépticas. que parecen anunciar la parodia eventual.. Pastores de pasmosa vulgaridad. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea. de haberla Cervantes completado72. Domingos.con voces roncas. no que cantan. su vuelta a la realidad. todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes. de recreación y actualización del arte literario pastoril. pues representa. su con­ fesión del terrible error. sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas». solos o juntos parece.. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones.

aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados. se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. suponem os que éste debió de leerla allí. el frecuente tema del cautiverio. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . Ambas son fragmentarias. Il.1600. basada enteramente en la latina.2. se inspira a veces en las propias experiencias del autor. Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia. resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. vol. pp.C. de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. o im posible. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel. «U n sueño romántico de Cervantes». 1598. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'.1 5 6 8 . la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó . su fuente lite­ raria inspiradora. 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. al revelarse. ante todo. Véase también Zamora Vicente. D os años más tarde apareció una traducción italiana. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano. muchos incidentes. en parte. de pura fantasía. 1608). L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad.1 5 7 8 . Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales. para su concep­ ción ideológica del problema. pp. 36-38).1 5 6 3 . detalles episódicos y expresivos. Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. 43-49). La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. Éste. novelista griego o bizantino del siglo III d. inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. creador de la n ovela corta española. según están sugeridos. el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm. cuán difícil.EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit. Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. y hasta. en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ». por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte. tratado en tonos muy diversos. D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca. de manera inequívoca.

Esta novela se tradujo. La publicó en Venecia en 1552. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. objetos de arte. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. que algún personaje ha visto durante su aventura. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. C er­ vantes. así com o una bibliografía selecta. explanation afterw ards is his device to . robos. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. Leucipe y C litofonte (trad. amigo de Lope de Vega». un novelista olvidado. 166-175. pp. natural de la ciudad de Efeso. R om ero. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. In trodu zion e al Persiles. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». naufragios. (Véase nuestro estudio «A. un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. según la traducción de C occio. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1. sino. Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio. de un m odo general. D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. con un claro propósito experi­ mental. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes.. D iego Agreda y Vargas).La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. «Leucipe y C litofonte en el Persiles ». quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto. Madrid. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio. animales. verano de 1967. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. encuentros inespera­ dos. El au­ tor presenta un hecho. lleno de aventuras extraordinarias. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. C er­ vantes M usterrom an Persiles. hasta en su teatro 3. etc. Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos. plantas. Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. anagnorisis. N ú ­ ñez de R einoso. traductor de Leucipe y C lítofonte ». Stegman. Por esta razón. etc. Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. «Action first. Symposium. separaciones. 1917. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa.

El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo».de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco. dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction. porque es. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro. aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito. «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [.. según se evi­ dencia. una sistemática emulación y. por la simple elusion del defecto. con frecuencia. hasta el final. Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd. por diferentes m otivos. en efecto. El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. A veces. C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. lo había oíd o de D . leve. A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. parodia de ese género literario4. th at is really characteristic o f the G reek novel .]!». ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest». Cada nuevo personaje narra su vida. p.] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. varios personajes narran fragmentos de la misma historia. de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada. en que se atan todos los hilos. «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». de éste para la naciente novela corta española.. nunca mordaz.] . Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal.. y C. go o d or had. quien. ésta se interrumpe. Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística. [(.. realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. en el originalísimo Persiles y Segismundo. ficción dentro de la ficción. a la vez. Éste lo ha oído de C.. es su recurso para mantener el interés». 770). Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). ejem­ plar. que también se narran por partes. en particular. [«Antes la acción y después la explicación. además de la acción contemporánea del relato. 9).) no hay rasgo bueno o malo. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. Novelas Ejemplares. 192). Some Ancient N ovels. a su vez.». Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. Λ Zimic.

en realidad. com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas. . Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. su propio de­ rrumbamiento interior. pero no su actualización en la literatura moderna. que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. «por quien [sus] ojos han derramado. y de otras muchas partes». N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. en la conclusión de la novela. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. «del tutto dilettevole. particularmente en las obras de Cervantes (237-260). inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose. a la «fama» de Ricardo. Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. En su nueva novela bizantina. el «amante liberal». Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. su «miserable estado». El Saffar. pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento». Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. ¡tan románticamente!. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. 810). quien lo ha convidado a un lugar ameno. ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»]. pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. como lo intuye también M ahamut. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano. Historia de amor. por causa de Leonisa.turcos. 110). sino por la referencia. universal. que «saliendo de los términos de Sicilia. como lo es Leucipe y Clitofonte. e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. p. che per amore infiniti affanni. se extendió por todos los de Italia.

otra razón y coyuntura y otra lengua» (829). Leonisa. pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida. ¡oh Mahamut amigo!. Mahamut) narra sus propias experiencias.]. en cambio. y que así llegó también a él. a su vez. durante la continua transmisión oral. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. «A tu buena consideración dejo. apelando. por con­ sideraciones de verosimilitud. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos. cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes. decidió novelizarla. a menudo. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar. Se destacan así. con la promesa de efectuarlo otra vez. entre otras cosas. etc. quien. en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). claro está. ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. . por muy importantes en esta no­ vela. más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista. Otra significativa diferencia inicial. reserván­ dose el oficio de apuntador». etcétera. estados de ánimo. a veces complementando las de los otros. en cuanto a su exactitud y finura. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación. a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. Cervantes (831). p. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813).. gradualmente. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. quizás. a veces.que tuvo en Leonisa». modos de pensar. evitando por completo la necesidad del análisis anímico. iniciadas in medias res 7.. Por razones de verosimilitud. pero. 41). que «requiere más tiempo. y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). sugeridos sólo como probables. consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. reacciones emotivas. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa».. o. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [.

y por ese amor que me complazcas»]. que. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. 1345). Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos. según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente. después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [.. y N . dimmi che hai tu patito? [.». En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes. de índole estética y ética.) te pido por Júpiter. 1656). al pie de la letra. Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes. se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”. Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato. se le salió el alma.. pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar. narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. pp.. un portugués cantando un nostálgico soneto y. 1552). De tales encuentros. en definitiva. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction.] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8. en el momento mismo en que acaba su relato.. di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven.] ti prego per Gioue.. e per esso Amore. a menudo mucho más accidentados y fugaces. y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549. según su propia declaración (Persiles.. en plena mar.novela de Aquiles Tacio.. que es. pero con ciertos reparos importantes. poco después. dime ¿qué has padecido? (. 114-5. [«H e­ liodoro ya no necesita a C.) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. no importa a quien. sin ningún pulso propio.] .. Por tan repentina muerte. toda novela bizantina. «dando un gran suspiro. (. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote. con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia. «se ha excusado este ca8 W olff.

ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche. Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. y tan sin remos. auténtica interacción humana.. achacable a una concepción artística superficial. expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio.]. ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. según parece. los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que. ni cómo estáis en este lugar tan solo. dice Ricardo a Leonisa.] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552). 1567). pero en los ajenos. que no los tenéis. implora Mahamut a Ricardo (808).. debían de ser casos tan desesperados como peregrinos». suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. todo el pueblo de Trápana. Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. que no apures los pensamientos ajenos. para desviaros desta isla tan sola. desprovista de una convin­ cente. atenta a lo más externo. 1569). no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois. te suplico me digas». lo que se llora. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823). se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» . Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados. ni por pensamiento» (Persiles. que no nos importa.. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante. al fin. en realidad. «en pago de esto que por ti hago». La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. sin duda. que aun de animales no es habitada» (Persiles. se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte.. comenta un personaje.

etc. por ejemplo. necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo. Leonisa es su amada.que Ricardo quiere decirles (829). La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. de curiosear. mi amo. característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. “ Dramatic retardation” . sin querer saber el cómo ni el dónde. y así. cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción.] comes out in driblets. Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá. de inmediato. incondicionalmente.. between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809). al afán de oír cuen­ tos. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. Leonisa. quien es. sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut. además. Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla. Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo. etc. ¿No implica qui­ zás toda situación. con que se consigue que «the story [.. pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. Sin embargo. Con evidente diversión íntima. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). los ciudadanos de Trapana. precarios límites temporales? Muy significativamente. su compatriota y amigo de la niñez (808). le preguntaron el precio que por ella quería» (817). Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. .

197. como el mismo Ricardo. 192-3. por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles. [«(. p. aumentando así el interés del lector. [«Retardación dramática (.). 1615. es decir. consiguiendo así el autor que deseemos. que ni podía estar atento para escucharle»... a menudo. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel.... entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff. pp.) sorprendente (que P. Esta infor­ mación. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable. El lector se impacienta».] 1 1 Riley. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction . que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato.] . algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro. que producen así un efecto por completo contrario al deseado. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [. «Todos se alegraron oyendo esto. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u . ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad..] y con esto se despidió de él» (818).. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense». 121. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo... de interrumpirla continuamente. con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos. a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (. (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también. Esta práctica de retardar la narración..) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos. se parodia en el Persi­ les. censurán­ dolo. un encuentro con ella. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia. 1623). pero también. Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. injustificados. según lo comentan. por la que el lector siente también gran curiosidad. pero «queriendo pasar adelante.portions concerning other interests».. Teniendo en cuenta dicho propósito paródico. the reader grows impatient fo r the event» 10.

[«U n exceso en la descripción en particular. for the insertion o f every kind o f irrelevancy. y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya. y... acrecentando la expectativa del lector y. ni aun los casamientos de los pescadores..] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 ...] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración.] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809). 167-8. consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [.]. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (. por fin. relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen. Hay. is one of the most striking faults o f the whole genre». del mismo narrador. contrapuntística. is degraded to the level o f a frametale [. Lo percibió sagazmente Cervantes.. sin posible «remedio» ni «alivio» (809). no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles. advierte 12 W olff.) característico de la novela griega com o género. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [. es uno de los defectos más llamativos de todo el género. destacando. La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece..zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description. pues.. o Periandro!» (1615).) Lo irrelevante es (. The main story o f the Aethiopica. y no dilatada» (1613). 1609).. ψ. y sin relación con el asunto principal. sin duda. for fully half its course.. AO).. a la vez. de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá». Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias. . además. in particular. En nombre de Cervantes mismo. su «alma en almoneda». pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa. con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo. The irrelevancy is [. in its wide meshes. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room..]. pp. quando ha de ser sucinta. regateada por los turcos13. a pedido de Ricardo. 195-6. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas. de manera muy significativa.

hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820).] 16 Rohde.. Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos. En la de Aquiles Tacio.. The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. aun de asuntos banales: «irrelevant geography. por ejem plo. Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal. zoology. ihre verschiedenen Arten.. 176. p. Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras. su “profundidad” y “sutileza”. D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer.] pasa adelante» (810). zoología. discusiones homéricas y otra materia digresiva».Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. crítica literaria. «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid. Sin em­ bargo. particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her. por muy sucinta que parezca. [«(. 15 W olff. y Mauricio re­ acciona de inmediato. p. 516).. el cielo: «me senté en el castillo de popa. von weitldufigen Reden und Monologen [.] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera. lite­ rary criticism. 511-3. Homeric discussions. corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas. inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa. siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. que está cercano a la marina en el camino de las salinas».. y.. die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16. Periandro menciona.) geo­ grafía. travieso y aprensivo: «Apostaré [. ihre Aeusserungen. pp. incidentalmente.. Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste. 1611).] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken. and other non sensous digresive matter» 1 5 . me puse a mirar el cielo». es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809)... [«Su novela es un ver­ . ihr Wesen. con ojos atento.

. sus diferentes tipos. 1609. etc. de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo. 1 8 Apraiz.. por eso.]» (§15). incorrecto. insinúa el perspicaz Mauricio..] gasta casi [. . hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia.. por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles. vol. 1584).. Acompañóle en ellas Mahamut [. pp. R odríguez-L uis. 42. Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . con que «el autor». de prolijos discursos y m onólo­ gos (.. 1584).] detener las lágrimas que como suele decirse. y Cer­ vantes. Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” .novelística bizantina. su esencia. Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas. 90-1). por su parte.. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles.]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte. sus manifestaciones. según noso­ tros.).. lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. quien.. estoico de Cervantes. pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor.. y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras». 1576). «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826). de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a». Ricardo «no pudo [. Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 . que llegaron a humedecer el suelo. p. y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». y otros. explica que ha quitado «por prolija. quien «sabía más de enamorado que de historiador [. Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes. 20. Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es. I.] todo un capítulo del libro» (Persiles. p. lo cual también desagradó al temperamento viril.

367-8.] . Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere».] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas. 20 W olff. pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809). en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9. fuera de los peces. suelen ser desabridas» (Persiles. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores. abreviándola. 1608). «disproportionate length» 20. «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela.. 1625). He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope. los temores [.) ex­ tensión excesiva». que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas. los pensamientos que tuve y pasé.. A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [. pp. 192.. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles. por no 1 9 Lope de Vega. y Sinforosa de ver a Periandro. «Paréceme». las que son largas. con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas. antiguos o contemporá­ neos. consciente o inconscientemente. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva. y las aves [. Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos.. determinó de proseguirla. «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática.] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles. que no se pueda medir con razón al­ guna». 1613). «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática. E l peregrino en su patria. 19?. No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas.].cribe esas líneas.. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction... se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!». Barcelona. Juventud. que..]. comenta el autor mismo. [«(. p. y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. porque las más veces. En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida.. 1601). aunque sean de impor­ tancia.. El peregrino en su patria.

le relata a Ricardo «todo. como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte. A zorín y otros). a la vez. 2 1 Además de relacionarse con la trama central. Otras veces. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa. 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824).]. Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í. La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central.]» (814). pues. .. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes.. con el maestro A quiles T acio.. a veces. por ejemplo. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824). hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna. que tam poco ahora se satisface sólo c o n .ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura. Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. aunque de considera­ ble interés en sí. reincorporar “la descripción de las costum bres”. es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal. Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz. se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut. con toda proba­ bilidad. la descripción de las costum ­ bres turcas constituye. con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. pero. basta decirte que fueron tantas y tales [. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que. por no ser tan prolijo» (814). G onzález de Am ezúa y M ayo. en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. 33-6). 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. la conversación que tuvo con Leonisa (820). La declaración de Ricardo representa. con el resto de las características.22. casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental. etc. Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra. una crítica social. de no caer en la.. y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829). com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. punto por punto». evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores. pp. Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza. con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. a veces. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [. un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio.

[(. dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. 1711).] que había en toda Sicilia [. Cervantes es el mayor transgresor... «estas alabanzas.]. abolengo.].. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (...).. mujer de quien está enamorado. etc. 700. sin em ­ bargo.. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía».) este manerismo (.]. 1596. 1518).. la más hermosa [.... y en particular en el Persiles.). la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (. hiperbólica. existe en la literatura contemporánea (. en las obras cervantinas. «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [.). etc. and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages». una donzellita de una hermosura incomparable y divina». el protagonista.).Así como en toda novela bizantina. Ricardo.superidealizada. digo creíble por­ que es tal.] . Sin embargo... que a veces. 1583).. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria. tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810). Se ha obser­ vado que «this mannerism [. pero que «Cervantes is the greatest offender. hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana». «exists in contem­ porary fiction. que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea.. «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» . quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (.. la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada. the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J. deben de ser ángeles humanados» (Persiles. muy significativamente.) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela». words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24. «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto».. Persiles. and after making his heroine divine . decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil. otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. hace su presentación: nombre. p.. de una exageración impropia o hipó­ crita. Ciertamente... Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación. patria. que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan». «si no son Persiles y Sigxsmunda..

ΒΛΕ. como. por ejemplo.]».. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles.. una maravillosa y concertada armonía. sus dientes. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen.. que los tiernos se deshagan.. p.. rubíes. Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas. y pasaron adelante» (Persiles. Clareo y Florisea. ¿es posible [. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [.]. porque tanta luz ciega. N ú ñ ez de R einoso. Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa. o al pedir a Auristela: «hermana.. sus labios. y que los necios idolatren?» (Persiles. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [...]. porque ansí puede ver. que los discretos se admiren. Madrid.. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales. 1859. 1693). 443. que mata en la misma hora que mira [.. .]. Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. perlas. alabastro [. y siendo por ventura vista. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor.. Considerando que las metáforas con que se describe 25 A . Por Dios. Hízolo así Auristela. que ésta sola tenía la forma que dices» (810). y no nos deja ver por dónde caminamos. cúbrase el rostro con algún velo. no matar»25. ¿Quiere. su opinión acerca de ellos queda muy clara. y sus mejillas. En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así..] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar. «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [.diosa Venus.. pur­ púreas rosas. siempre al menos implícita. vuelve a esta ciudad [. sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso.] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo. por ven­ tura. Mahamut contesta presuroso: «En verdad [. o que no me oyes. como en los tiempos pasados. su garganta. o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido». 1698).. no sé quién sea ésa.. 1624)..] si no es Leonisa. III. se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles. sus ojos dos resplandecientes soles. con que lo cubra.] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces.

grande. con el consentimiento de sus codiciosos padres. porque hay un rival poderoso. non ne uidde mai una simile. que dejando de parecer cristiano. A questo io saltando d ’allegrezza gridai. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. y él contestó que. parezcas gentil [. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector.la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. 15). detente. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. Leonisa no quiere a Ricardo. Saltando de alegría. etc. . La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte.. si ella así lo deseara. en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella. Nótese por el momento también el reproche de Mahamut. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. porque existen obstáculos formidables. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa. p. y aun quizás de más provecho» (820) 26. che trattone fuori Diana. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. no más. exteriores. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. que determina todo el desarrollo de la acción. Ya este cambio inicial. por intención expresa del autor.]. et egli rispóse. porque los padres se oponen a su amor. por una razón u otra. en efecto. 97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. pero.. en suma. convencional. el más formidable de todos. Sin embargo. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . Ricardo. p. lo «desdeña y aborrece». 4) . d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte.. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto. no vio jamás una semejante. con todo. a su unión. exceptuando a Diana. grité: ¿te refieres a Leucipe?»]. pero éstos no se opondrían a Ricardo.

a Leonisa «le tomó un recio desmayo». amoroso alguno para escaparse de casa. en un bar­ quito. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. non lo uolsi comportare. que­ dando así a merced de los piratas. ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él. corro a mettermi in mezo delle spade. et uno di loro mi feri in una coscia. mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). Sin embargo.. de no haber acometido Ricardo. esti hauendo messa la giouane in una harchetta. et caddi. porque en El amante liberal. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra. habiendo metido a L. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. más trascenden­ tal para ello. et tutti corsero adosso la fanciulla. ex­ terno. y todos embistieron a la joven. a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo.mando mucha sangre. huyeron»]. La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal. como «un loco furioso». quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe. nueva novela bizan­ tina. culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- . muchos y grandes. los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico.concepto y un significado nuevo. El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. aunque de modo in­ directo. et caduto spargeua gran copia di sangue. aquéllos. Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. con espadas desnudas. con le spade ignude. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina. no intencionado. Io. hay otra razón. ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti.

essendo Vun delTaltro innamorati [.] delibero di confessar Vadulterio . ..) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M..] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [. 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas... Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito... y así yo abandonaré esta miserable vida»].] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [.].. lo defiende con hábiles[ argumentos . decide confesarse cómplice de ésta. su celosal rival. para ser conde­ nado a muerte y. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [. et dir che io et Melitte. p. 90-115).. no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere. [. para que. que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte . en que Clítofonte. también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [.] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [.. pero en vano. su íntimo amigo. De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio. estando enamorados.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte. «dijo Mahamut: .. 91) [«(·.. pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares.. que es acabar la vida» (808.. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita. hemos mandado matar a L. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que. siendo aborrecido de él y de ellos.par ación.]»...... claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo. pero de modo muy sucinto. Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal. 89).. Clinias.] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare.) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (. a la vez.. 815) 21.. alcance con brevedad lo que deseo. haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente.. añadiendo dolor a dolor y pena a pena. pero también un desesperado deseo de expiación. Cuando Clítofonte se acusa. diciéndole [. mas él las atajó. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815). frente al tribunal. puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido..

«mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro. está conven­ cido de que su amada pereció (815).. mi attristaua [. diciendo que era Leonisa [. que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla.. que guardó en el barco. su amo.Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas. y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma. habiendo visto estrellarse la galeota. no creía. persiguiendo Clitofonte a los piratas.. El Cadí ofrece a su propia esposa.. A Cervantes le interesó este incidente. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí. raptadores de Leucipe. la qual serbo in ñaue. tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua.. incrédulo. pues lo reintroduce en su obra. Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112).] que se había muerto.) pa­ lidecía. non credeua. pero Ricardo. flotando en «una parte della prora» (35). me maravillaba. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada.. «sería bueno comprar otra esclava. et uno di loro [. y que una noche echarían la com­ prada a la mar. pues con Clitofonte se salva.] mi hai posto in si gran bene. Al reaparecer Leonisa. En una ocasión. comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”.. su amo moro..) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?». éstos. me entristecía (. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio.. con las manos atadas detrás. y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta». con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”. y uno de ellos (. pero Ricardo. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. flotando en unos «barriles» (823).) le cortó la cabeza. Con buen gusto. mi marauigliaua. de que él mismo ha sido tes­ tigo. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825).] le taglió la testa.. tampoco muere Leonisa.. gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven. et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (. claro está. quien se salva con Yzuf. echando el resto del cuerpo al mar»].. .] Al preguntar. Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana.

y los temores que le so­ bresaltaron [.]. tan irresistible para su curio­ sidad.. et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi.. no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa..] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [. disse Sátiro.) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?». 70).. [«(.].cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe. no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto.] quando sará tempo opportuno. y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (. no la sobresaltes...] noi semo qui soli nel mezzo delle reti».] En cada caso C litofonte . [«Ten esta cosa secreta. Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte. Esta explicación. artificioso e inverosímil. a Leucipe le ocurren varias “muertes”. con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa. pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta. a fin de cuen­ tas. dijo Sátiro. con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823).) estamos aquí solos en el medio de las redes».. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818).. en la novela griega. ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y. los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto. en realidad... porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado». Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91). pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique. si. antes de llegar a las últimas páginas. Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [.. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia. que resulta hirientemente obvio.]. ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”. 69. non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [.... Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas. el amigo le dice que «ella stessa [. no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían. Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que.

étrangers à la v ie réelle ou ordinarie». 68). Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave. En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[. XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt. Contra cualquier clase de sensacionalismo. pero.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban». criado de ésta. después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor. estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares. la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla. acuciante recriminación interior. en suma... porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios... ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal. respectivamente. por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. En Ricardo. ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. Por lo tanto. en fin se resolvió di­ ciendo que. el 28 Chassang. otras veces. Les romans grecs. extraños. desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. Apenas ve a Leucipe. ¡Todo se acabó! Pero. lo que «no se ha de tener a milagro. «por extraordinario caso». 1576-7).] casos que acontecen raras veces» (Persiles. fundamentalmente. cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. turbó el juicio del autor de esta historia. porque Sosthene. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. por mejor decir.] . sino a misterio [. como en los cambios señalados ante­ riormente y. ajenos a la vida real o cotidiana». por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés. en cuyas manos cayó. por medio de un incisivo humor paró­ dico. Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. así como dudando qué fin en él toma­ ría». ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». claro está. tan frecuente en las novelas bizantinas. bizarres. como en el Persiles. y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo. como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. a veces de manera casi imperceptible. Sin embargo.queda entristecido.

se apasiona locamente de ella: «lagrimaua. el capitán pirata que la raptó. en parte para demostrar (. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla.»]... se apasiona de ella.] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87).. N o es que se dude de la virtud de estas doncellas. los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). 78. pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [. Y.) rico (... di coteste cose non mi curo»)..) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla. [«¿Tu (. marido de Melita. Para realizar este de­ seo.) benigno. rico [. todas las ter­ cerías de Sosthene.. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D. [«aunque sea él bello (... 84).. pero. para poder gozarla él mismo (817)..] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [. pero en vano. y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte. por lo cual determina «de deshacerse de [ella]». pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas). 80.. vendiéndola a al­ gún bajá. «usaría él de la fuerza. pues estaba en su poder» (821).. sin embargo.] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones.] sei vergine? O audacia degna di risa [.) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?». y a Ricardo.«lascivo» Tersandro. su criado (^Sosthene).]. estas cosas no me importan»]. Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que. De no poder alcanzarla por este modo. Tersandro la insulta: «Tu [. también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf..] che era mosso de hu­ mana compassione.. quien «da en solicitarla descaradamente». con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas. su cautivo y compatriota de Leonisa.. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad. parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba.]. a favor de su amo.. que en todos ello no durmió un día debajo de tejado.. Con la . de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él. parte per dimostrare [... en realidad. benigno. al cabo de ochenta años.. el Cadí pide a Mahamut.) virgen? ¡Audacia digna de risa! (. Quijotey 1061). sino. pero consigue quedarse con ella el Cadí.. muy naturalmente.

et questa io non las- 29 Casalduero.]. pues. N o es. p. ante todo. ne abbrusciata da fuoco. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. ¡toda mujer!. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal. sino. Sentido y forma. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. de las N o vela s ejemplares. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. pero sin destruir. para una conclusión feliz del re­ lato. por consideraciones de técnica narrativa.. pero. ne tagliata dal ferro. con ello.. 30 Ibid. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo. al salir incólume de cada aventura. en el sentido más naturalista.. et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta.. 90. la espiritual y sublime. que mientras más se acrisola. mientras que la heroína. la reaparición del héroe es comentario en sí. Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824).]. . et sola. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda. pues. Después de una aventura peligrosa. la voluntad libre con que todo individuo.ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. y no sólo habla. y en la literatura del Siglo de O ro.. porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista. queda con más pureza y más limpio» (824). la quale non puo esser battuta da i flagelli. He aquí. que es la genuina virtud. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [. «como rayo de oro».

ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. también el que los amos de Leonisa. pudiendo usar fuerza. lisonjea. pues. Libertad¡»]. ill. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. se explica. Implora. que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà. The G reek Rom ances o f H eliodoru s . tengo sólo el escudo de la libertad. la cual no puede ser azotada por los látigos. I. Cervantes le amo­ nesta. promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. p.) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. Por ejemplo.·. 87) [«(. Quijote.. que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons. tanto más radiante en las prisio­ nes. Estas magníficas pa­ labras. 1263). cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo. pues coinciden con su pensamiento fundamental. caps. rica. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. poderosa. diferente de todas éstas es la de Leandra. exaltador del libre albedrío. creemos. esencialmente. mujer. 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre. Quijote. Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular.. que revela. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. aunque en el nivel más material. Y al más escéptico. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego. y ésta yo no la rendiré jamás»].) yo. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida. Melita. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. TV. Liberty!» 31. y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . L angus a n d Achilles Tatius. 1605). . sola. parecida. El pensam iento de C ervantes . del amor libremente correspondido32. desnuda. 32 Véase Castro. 474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. con su acostumbrada travesura. prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. Teniendo esto en cuenta. algo paradójicamente.ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte.

que. durante la ausencia del marido. pues. che gia vien mancando» [«(.ciato ne di dir. A me par di amare una statua» [«(. Leucipe promete servirle o. ne di far alcuna di quelle cose.. che ho usata verso di te [. en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras .] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico. recurre por fin a Leucipe.) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro. 74... in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro. 67. tomando en cuenta sus obras conjuntamente.] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte. resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro. lo re­ produjo en casi todos sus detalles.. que. finge querer servirle de medianera a Melita.. 68.. Clitofonte trata de evitar. desesperada. más bien.. 75)...) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio.] ben ti prego che in cose che tu puoi. [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»].. de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. con toda clase de pre­ textos ingeniosos. Fammi adunque copia di te stesso» [«(. 144).) (T. me parece amar a una estatua»]. 72.. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel. que ya me está faltando»]. A pesar de estar por completo a la merced de Melita. lo cual resulta cada vez más di­ fícil. complá­ ceme»]. con lo que tu salvarás mi vida. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel. por su pa­ sión. leño u otra materia insensible. Los amantes. fiel al recuerdo de la desaparecida amada. percioche tu conserverai la mia vita . según se ha dicho.. pues Melita no deja de intuirlo.) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (.) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (. o legno. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía.. me hagas un favor (. mi facci una gratia [. che possano muover gli nomini ad amare». a su tentadora. 310). en lo que tú puedes. o altra materia insensible. 1599). a quien.. aprovechándose astutamente de esta situación... Sin embargo.) te ruego. Cli­ tofonte. Así. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [.. Ésta..) se ha ido a visitar a un amigo.

por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34. sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal. como. todos los creyera» (825). con facilidad dio lugar a un mal deseo».' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve. «quien tanto la quería». por ejemplo. también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio. p. Sin duda. no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». Esta acti­ tud. incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». (N o v e l to Romance. por ejemplo. que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección». después de suplicarle éste —y todos los cristianos. en ocasiones. pero esta . despre­ ciativa y. ambos vueltos al cristianismo. la lujuria. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar. al abrazar Leonisa al Cadí. aunque a diferencia de Melita. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. ¿por qué no te vas con él?» (68). que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). que el Cadí se apasiona de Leonisa. Halima desea sexualmente a Ricardo. con cierta indulgencia compasiva. porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. con el propósito. Aceptada esta sugerencia. de evitar la repetición. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. porque ella es bella y joven. ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». entre otras. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas.anteriores. Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. que. 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». muy significativamente. sin duda.

sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». aunque. le advierte a Ricardo. E n o p in ió n de m uchos críticos. con plena libertad de volunta­ des. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. a Fatala. Sin embargo. Chassang. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. del modo más metódico. por causa de la doncella robada. «le dio un dolor del costado tal. hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»]. 824). por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. que varios críticos llaman “triunfal”. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. . 23. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. claro está. habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. la condena de su inverosim ilitud es inválida. que. 29). que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. Respecto a esta batalla. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis. 36 La persecución de una nave por otras. siempre arbitraria. de no percibirse su propósito. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana. en una conveniente batalla naval (826-8). Por otra parte. Les romances grecs. pp. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas.A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. amo pirata de Ricardo.

En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas. Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín. de mejor condición que la mía.. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff. deseando que ella oyese de su fuerza (.] before nume­ rous spectators»37.]?» (Persiles. Durante la batalla. que sin defensa estaba» (827-8). p.. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa. este corredor y salteador [. «possesses active courage o f a theatrical. comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador. p. 1623). quizás discreta. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos». rindiendo después «la galeota de Alí. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction...] 38 Castro.] continually calls upon Chariclea. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente. .. este esgrimidor.. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen.. spectacular sort [. and wishes that she may hear o f his fortitude [... por ejemplo. 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos. con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810). y sabe a qué atenerse» 38. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes.muertos. Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles. y los vivos malheridos. 1586). El pensam iento de C ervantes.) frente a m uchos espectadores». O tro oyente. pero cierta­ mente no heroica. en otra oca­ sión. 150. ante todo. con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos». ni de más altos pensa­ mientos. [«T. espectacular de continuo apela a C. ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho. p o ­ see valentía de un tipo teatral. «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada. 95. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39.

juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe. nos dice Cervantes. con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte.) se mostraba honesto y amabilí­ simo. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: . Callisthenes decide raptarla. las «luminarias [. su boda y la de Mahamut y H alima.] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo. rapta a Calligone. et p ru­ dente.las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil. sugirió a Cervantes.. benigno. benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (. de quien pronto se enamora perdidamente.] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes... por error. a su padre..] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [. que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. pero..]. Es oportuno detenernos en este personaje que. et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [. a servirla desinteresadamente. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo. a todas luces. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto.... con «ad­ miración y contento» de todos..) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (. más que el mismo Clitofonte.. después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad. La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113). y Callisthenes (99-115). si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras). con su boda y las fiestas y banquetes en su honor. “pura”. Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla.. el verdadero.) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande. Al volver a la patria y devolver a Calligone. [«(..

«comienza a tem blar de miedo». al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada. sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [. «no movió los labios en provecho» de ella.] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40... finalmente.. de voz meliflua y de amorosas palabras. en cambio. en realidad. soberbia.. cruel. «mancebo galán.]. coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años. [«(. y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [. no sólo la amé [a Leonisa]. Ricardo le lanza indignados. pero éste no es en modo alguno una mera copia. es su total incomprensión del verdadero amor.. hom bre de meras palabras.. Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo. Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. en aquél. llégate. afeminado. todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados». è stato per elettione et per giudicio». un poco más. 829. a C or­ nelio. abandonando a Leonisa desmayada. más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase». atildado. Sin embargo.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114).) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello. indolente. ocioso. [.] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone.). inca­ paz de acción. 812. El problema fundamental de Ricardo. al encontrar al repatriado Ricardo. egoísta. al comienzo. Leonisa favorecía. . de blandas manos y rizos cabe­ llos. en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate.ma quel che ho fatto poi. (811. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio. etc. cobarde.. al negociarse el res­ cate con los piratas. no muy desarrollada o ca­ rente. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa. etc. suaves. y. o a lo menos desde que tuve uso de la razón. hasta en situaciones muy cruciales.. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio». Tersandro. ¡oh enemiga mortal de mi descanso!.

cuando ella.. arrogancia. en efecto. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste.que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte. ¡«pagando mi voluntad»! (810). «siempre fui mía» (830). Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo. por ventura. el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna. que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres». ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada. mercaderes. ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [. sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso.. Sin embargo.. pp. intere­ sados en tener un yerno rico. presunción de Ricardo. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso. . de sóli­ dos valores morales y sociales.]... a tan despreciable individuo. ¿piensas. sus padres favorecen a Ricardo. con el especí­ fico. H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818).. presumías de ti algo más de lo que debías» (824). joven discreta. toda la obra: todos esos piratas.. Éstos. obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [. le dice.. con total independen­ cia. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio. pues. De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . ¿Por qué.] que este mozo [. acabe con ella la vida [. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél. soberbia y mal considerada don­ cella [. etc.se estructura. En efecto. 5-33.] ha de querer. nótese. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830). Ricardo los ofrecía siempre anticipando. como la cosa más natural.. (810-11)4'. ni poder. favorece Leonisa. etc. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios.]?».]. de buen gusto. cuando se encuentran en el cautiverio. «pone los ojos» en Cornelio. pues. como afirma con orgullo y convicción. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa.. Aspereza. según todas las apariencias.

pero en sus entrañas percibe. Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. Al tere ear. como mercancía cotizable. y al fingirse enamorado de Halima. aunque con ello arriesgue su propia libertad. encontrando en ellos. pero. mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. debiendo separarse de ella. en que Leonisa. el amor de Leo­ nisa. aunque sólo fingidamente. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. cargada de «gruesas perlas». Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. de esos mercaderes del favor amoroso. él no se distingue. que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. se afanan en comprar. la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo. ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812). esencialmente. por primera vez. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual. de un modo u otro. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. empezando con el intento inicial del rescate. En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa.por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. lujuriosa (816-7). Ricardo pierde a Leonisa.obra. en rea­ lidad. ante todo. quizás para siempre. también por primera vez. que es. entre su amo moro y Leonisa. una correspondencia sentimental. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual. por sugerencia de . siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». «aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). la ine­ quívoca expresión del genuino amor.

. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada. durante el cauti­ verio. impulsiva. Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es. Al contestarle Leonisa: «Tuya soy. y. sin exceptuar la gra­ titud. reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824). Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [. 824). Leo­ nisa es suya [. no le entrega su voluntad. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas.. indiscreta. sino que la une amorosa y armónicamente a la de él. con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor.]! [. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que.] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [.]. Ricardo. el que por elección. imposición o condición alguna.. precisamente. y tuya seré hasta la muerte» (830). y ella. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte».].Leonisa. su «llano proceder». Por esto.. de . sin obligación.. que del mismo modo se une a la de ella. en presencia de «su felicidad y contento». en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon. que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [.]». 823). nótese («¿es. en realidad. a pesar de la impresión tan contraria que le causó... das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben». le advierte Leonisa. sacri­ ficándola... Ricardo.. la conducta de Ricardo era presuntuosa. el más precioso don humano. De hecho. sólo lo es cuando es librem ente correspondido. la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?». sometiéndola a la de él. Todo el desarrollo de la acción. tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos. hasta a riesgo del mayor sacrificio. a la vez. según a ve­ ces se concluye. al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada. renunciando a ella. sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal. por ventura. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587). Por todo esto. contra su propia voluntad. «llana» y «humilde». en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo. purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa.

an­ terior a la Philosophia Antigua Poética. niemals das der Beherrschung » 42. sobre todo. Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616). La profunda influencia de las novelas bizantinas. El amor es criatura de la libertad.Martín Gabriel. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro.. Philosophia A n tigu a Poética. 214. 167.] de su complicada trama.. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica . p. novelistas cortesanos. N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [. la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. 255. . pero no de­ cisivo. Lope..] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43. Ale­ mán. Sin embargo. etc. con frecuencia ameno y variado.. Frankfurt-Berlín. Calderón. 1980. A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y. la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria. Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles. pp. Gil Polo. en todo caso. U llstein . en la suspensión del ánimo en el relato. como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. D ié K u n st des L iebens. 45 Shepard. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . nunca del dom inio»].. sin excluir a Pin­ ciano. p. «H eliodoro y las novelas españolas». particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio.. la cual. 44 L ópez Pinciano. A diferencia de otros autores contemporáneos. en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional. 4. indicados (no exhaustivamente) en este estudio.nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit. 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (. en la dulzura del cuadro. Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro».). 31. novela intensamente influida por la de Heliodoro 45. p.

. en suma la aventura exterior: «It may be inferred. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. in­ sensible. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. inevitablemente recordaría al del Q uijote. constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. Sin importar la fecha de su creación. 26 [«Se puede inferir. and rightly.artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario. en su iluminadora. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. The G reek. sabia técnica narrativa. al fin su personalidad. 47 W olff. reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina. cuya eficacia depende de su utilización moderada. sensacionalista. abusivo. inteligente. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. dinámica. aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. justam ente. no aparece significativamente afectada por ellas. de forma muy importante. p. T odd. en su ingeniosa. 240). El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. en suma.a place much more important than they give to character»47. Som e A ncien t N ovels. articulado en el Persiles. ennoblecedora exploración de la condición humana y también. con algunas excep­ ciones. Importa casi sólo la acción rápida. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor. that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . 137. discreta. p. no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». diversa. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior.

Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. aunque no por com pleto satisfactorio. 241). en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. lo que en ella se representa. moral se complementan y funden armoniosamente. pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. . pp. de novela bizantina. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. 30). pero. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. ante todo. En este proceso tan excepcional. con nom enclatura errónea. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. exterior. La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. de la anagno­ risis. de novela de aventuras. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. pertinente y útil. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!». p. del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje. Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares. a la vez. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. también la convierte en instrumento ingenioso. Sin embargo.nica narrativa bizantina. pues. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman. I. asimismo. precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones. Cervantes la utiliza. 89). a la vez emulado y superado por él. de la gradual reve­ lación interior. 78. que se caracterizan por «el tiem po de aventura». eficaz. sino más bien. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. para un relato interesante de la acción novelística. pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. p. nuevo.

G onzález de A m ezúa y M ayo. 436-441. «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo». 88 ss.R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. entre m u­ chos otros. El Saffar. e t c . Castro. entre otros. Pérez M inik. . Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 2).. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf.. en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [.. pp. «Estudio preliminar». VII. pp. Casalduero. Sin 1 Apraiz. 97-8.. 18. 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo.. pp. Casalduero. Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. C er­ vantes creador de la novela corta española. pp. H ainsw orth. pp. semejanzas. 41. cua­ dro de género picaresco». Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca. p. Valbuena Prat. que no lo es en absoluto. diferencias.. epi­ sodios. «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. detalles técnicos. 314-342. 2 D unn..].. pp. Blanco Aguinaga. N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . que representa «una picaresca diversa [. 43-46. en efecto. La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria. 230-9.] que supera una visión unilateral [.. en cada caso. 45. pp. que sólo lo es en parte. Varela. 30-40. «Sobre el realismo cervantino en Rinconete». 31. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. p. Y. con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios. nuevas funciones del préstam o2. 1. 8. que sólo «roza motivos picarescos». p. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca». pp. il.]» (Evangelio según San Mateo. La novela picaresca española. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”. que es «una novela de picaros. la más famosa novela picaresca3. Estudios de literatura espa­ ñola. 109-131. pp. 43-47. para destacar.]. pp. El pensam iento de C ervantes . personajes. Zamora Vicente.

pode­ roso de Guzmán de Alfarache. indiferentes. de hecho. «Estudio preliminar». pp. con algunas obser­ vaciones penetradoras. Vaibuena Prat. a menudo. En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. Quijote respecto a los libros de caballerías4. ineptos («va huyendo de su amo. quienes. Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. con varias ediciones en los años siguientes. en que a menudo se hacen valiosas sugerencias.]. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo. por el estímulo inmediato. Los picaros en la literatura. pero. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia.. véa­ se Parker. de su representa­ ción de la experiencia picaresca. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. Rinconete y Cortadillo «representa. . de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. su genial formulación artística. 42. todos estos estudios comparativos. «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace. p. en lectores desprevenidos. en definitiva. 9 ss. La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599. L a novela picaresca española. sin respetar ni mirar el daño venidero» (254. estrecheces económicas—. de «mozuelos caminantes» (299). lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. indicando la página. en parte. sobre todo. pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. como el mismo Guzmán. in­ quietudes íntimas y. 32-36). La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. 258).embargo. 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A . apa­ rentemente común en la España de aquella época. en su rápida narra­ ción». moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. huían de casa por varías razones —padres o amos crueles. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [. lo que prueba su inmediata gran popularidad. de casa de su padre». pp. el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra. 298)6. L a novela picaresca española.. sino de advertencia crítica. tras la cita. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. en parénte­ sis. despeñándose tras el gusto presente. 5 Vaibuena Prat. sin duda alguna. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577.

no es. el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569».] hallé» (271. si quieres oírlo. 1248). de encuentros sorprendentes. la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica. sabidas. . corrijas las tuyas en ti» (391). que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. sucesos inusuales. a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos».personajes cervantinos. la fecha 1569 sería ideal. 1605 (cap. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. pues volcando el 6. a diferencia de Avendaño. lógica. llenos. aventuras excitantes. cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo. este alarde público que de mis cosas te represento. pero. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9. especí­ ficamente. Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. que aquesta confesión general que hago. XLVll. ciudades. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. países extranjeros y caminos siempre diferentes. aunque pudo escribirse ya en 1599. ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona. Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. sin entendimiento ni gobierno» (271).. según ya se ha suge­ rido. o poco después. a cada paso. Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. 301). año de la publicación de G u zm án de Alfarache. para que me imites a mí: antes para que. ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. esta «buena vida picaresca». En el ma­ nuscrito Porras. nos dice Cervantes.. por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica. a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache. aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). a este modelo literario.

. casi siempre. “romerías”. 339). entre otras cosas. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales. como vamos de Castilla a la Andalucía [. que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. desde que se encuentran. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo.] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años. «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida. huyen de sus hogares. deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas...... las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales.. otras. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [. de moldear su vida. que es todo el que los rodea.. D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache.]» (308. el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0. «Introducción». al menos por un rato. se hallaron [..] se van a dejar llevar. al azar. Quijote.. pero. 34). Rinconete y Cortadillo. sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. por el acaso» (Blanco Aguinaga.]. [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (. para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [. imprevistas.. pues. Así.. el primer padre fue alevoso [. para emular las de los libros de caballerías. 338). este ¡«almíbar picaresco»! (301). Quijote. peligrosas y.y en la astucia. quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas. a veces pro­ bablemente m uy sinceros. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco.] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia. como D. enamorados de las novelescas aventuras picarescas.].) sirve. «los dos m uchachos [. sin las molestas preocupaciones.]. vol. Sin embargo. otras. «En la venta del Molinillo [.] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso.. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”. N o ­ velas ejemplares. p. el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [. Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce.. Sevilla. A diferencia de D. entre otras cosas. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas.] serves».. «Cervantes y la picaresca». de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca». 33). p.. Andalucía. I. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . a veces forzadas.. que considera verdaderas.. «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance.

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
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procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

.]» (838). ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos. . que de menos nos hizo Dios [.]..] esa bolsa [.].] con extraño disimulo. Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes.... Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos. únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[. lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 .. “profesionales”.].]....] (457). particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos.. es decir. y donde las dan las to ­ man». que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [. y sin turbarme... como sus cómplices.] tener paciencia. si acaso por el aprieto se le caía [. (459).. si no es para la m uerte [. día de juicio hay [.. antes con rostro alegre..]» (458). sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [.. le dije [.. pero siempre salvándose de algún modo del aprieto...] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado..] benardinas.] no debe de estar perdida [. refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [. que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [.]. el sacristán le miraba de la misma manera [. que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día. Cortadillo: «para todo hay remedio.] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461).... le co­ menzó a decir tantos disparates [.]. Sayavedra dice que «el pecado [..]. Martín.]».. sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [.]. U n a mano lava la otra y entrambas la cara [.. respondió: [.. Cortado le marcó por suyo [...... He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra.. posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[... A menudo utiliza refranes. en «jactancias en el hablar» (460).] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S. con media capa menos [.. típico m odo expresivo de Sayavedra.. tener paciencia.·. En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo.“oficio”. en su buen discípulo. acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [. etcétera (838). sin al­ terarse ni mudarse en nada. Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo».] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses. cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458).. etc.] y así se iban corridos [....... con que «embe­ lesa» a sus víctimas....].

N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes . Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». por parte de Sayavedra-Lujan (385.. a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores. le exigió pago. como si fuese convenido desde el principio (295). lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos». quien. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis. admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente. ¿no equivaldría. sino más bien en el programa picaresco. con la víctima tan desprevenida. pues. según recordarían. literario. con tan cuidadosa.de la camarada» (836). pp. ya están contemplando20. 20 Sin percibir la imitación que sugerimos.]. Prescindir de este lance.] parece m enos simpático y más de acuerdo. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. 391). 174).··]». «medio amo [.. por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836). a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí. D u n n advierte que.Poco antes de llegar a Sevilla. con que consideran pro­ pio. al terminar el viaje. en efecto. entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. en su carácter. pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final. «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. uno de los caminantes. pues tan extremado cinismo resulta. excepto si no se presupone radicado en su ánimo. en verdad. pese a todo lo entretenido del engaño. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». «me­ dio amo» de Sayavedra. el arriero. En suma.. p. algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [. en circunstancias tan oportunas.. inesperado. que de se­ guro. con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán. . por «generosi­ dad». las «memorias» de Alemán. En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso. en cam­ bio. de algún modo. 126-7). D e acuerdo con nues­ tra tesis. tal com o en el Q uijote. Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res. ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán. esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño. que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje.

festi­ vas.. que todo parecía hilachas» (834). no teniendo «mucha gana de volver a los suyos. A todas luces. sabe mudarlos con la mayor destreza.] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto. auténtico camaleón en los vestidos. para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos. se deshace de sus vestidos. vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). «Vestidos de mezcla» (324). un sombrero sin toquilla. [al] otro [. Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924)..] en el seno se le parecía un gran bulto [. ni de ser ha­ llado dellos». hijos de familias “honradas”. bien es verdad .: «Traía el uno m ontera verde de cazador. quien... con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”. Al salir de su casa.]. quien. Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne. y recogida toda en una manga. como podría decir con más razón que nunca Guzmán.. Por esto. bajo de copa y ancho de falda [. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa. prácticas. observa Guzmán (324). que donde falta conocimiento el hábito califica.].«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido. como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo.. en que traen ropa “para rem udar”. encerada. for­ mas. etc.. según se lo piden las cir­ cunstancias. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego. proveniencias. un cuello [.. Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar. el otro. que al hombre pobre ninguno le acomete. “mangas”. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4). explica Guzmán.. para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas. antiguas funciones. rotos y maltrata­ dos» (834). particularmente a los picaros “novatos”. pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas. “hatillos”.. Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz. los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. una ca­ misa color de gamuza. de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”.. pero engaña de ordinario». colores.

desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». El nombre mismo.. que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”. inveterados.que lo enmendaban los zapatos [. por habérsela robado en una venta. que los tiene «arrinconados» (269. claro está] (323). 435)? A la “suerte”. en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo. se queja Cortado. por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez. siempre enigmática... de manera que más le servían de cormas que de zapatos». aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). asimismo como Rincón. quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835). coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). que el mozo adopta para su vida picaresca. Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834). y. inescrutable e imprevisible. y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. buena o mala. pero convencido de que «contento no existe en el mundo». ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269). 320. que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán. sin suelas. Diego del Rincón. en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835). por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254. el cual. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida». al «destino». dio noticias de mi habilidad al corregidor. a la «fortuna» [.. suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí. sobre todo. se queda «sin capa». Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». aficionado a mis .]. obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834).]. ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». Rincón y Cortado parecen espantajos. de lo cual hay repetidas menciones en la obra. coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria».

. que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5). .). Mas aunque no me lo mandaran. armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835). 29-44). y. quisiera verme. y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. 32-36. «señor mancebo». y así salí de la ciudad» (835-6) 21. N o v e l to Rom ance. Esta relación. en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm. pp. suele consentir: «Sea así [. pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. no quiero tratar con personas tan graves. 22 D e tenerse en cuenta. esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra. «información de hidalguía» (323. pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835). casi siem­ pre. dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22. En efecto. acreditativa de su nueva vida pica­ resca. «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. señor Rin­ cón. Cortadillo y Berganza». etc. sino. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.] como vuesa merced. el “me­ nor”. por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán. en cuidado lo tenía. pp. p. 324.. 108). «señor gentilhombre». por ser humilde. tam­ bién en esto.buenas partes.. itinerarios: «Allá vamos [. cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852). que. ha dicho [. que es el “mayor” de los dos. en efecto. «se­ ñor caballero». que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero. de un remedo fiel de esa incongrua. mas yo.. Y Cortado. el “m ayor”.. También la tendencia morali­ zante. «vuestra merced». la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos.]» (836). así habla Rincón.. 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. procuré de no verme con él. «señor». Con «vuesa merced». didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas. es aceptada por ambos mozos como natural. y Sayavedra: «me reconocía por amo».] y serviremos a vuesas mercedes» (836). «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre». de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen.

es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. no importa si aldeana o urbana. Ambos concluirían.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38). . 453. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos. la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836). en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [.] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados. Las palabras son “cortesanas”. esa «vida estrecha». Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo. aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar. cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello.. Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca. pero utilizadas por los picaros.) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán. T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. algunos personajes intuyen la pretensión. De todos modos. pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios. 61). hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo».435. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. aburrida. Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”. diferente de la nuestra en su premisa inicial. que a la postre los empujase a escaparse de casa. etc. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia..). 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos. quienes. pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836). C om o señala también L ópez Estrada (ibid. sino con la pretensión de ser auténticos picaros. 461. uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse.. p. Sayavedra y otros picaros23. sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto. sabiendo leerse los pensa­ mientos. Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). en familias ricas o no. pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321). ¡cuántas más mejor!. López Estrada observa: «los m ozuelos [.. E n su interesante "lectura” de la novela.

verdaderos amigos».Entregándose. de éste hasta el último día de nuestra vida. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos.). 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro . pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255). pero esto.. Y levantándose Diego Cortado. «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25..] . Ya que la máscara m isma representa la evasión. y no por adversas circunstan­ cias sociales. económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal. y Rincón a él. indistinguibles de las del modelo literario. y C. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. etc. Quizás todo sea muy sincero26. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [. ho w ever. con el estribo [. tierna y estrechamente» (836). Rincón: «pienso que habernos de ser. está distanciada de la sociedad». Todo lo contrario. el robo al francés. y de que son muy conscientes. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). y C. en sí. y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero. Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino. R. Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise. único fin de ambos. [«A diferencia del verdadero picaro. 36).] [asegurando]. R. pues. Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . Since the m ask itself represent evasion:. en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte.] ha de ser perpetua. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas. p.. abrazó a Rincón. comencémosla con santas y loables ceremonias. en realidad. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27.. no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción.

según la práctica picaresca (462). a los cuales todo su ínsito alegre. el gran concurso de gente del río» (836).tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que. Después de la treta con los naipes en la posada. por ejemplo. deciden repudiar la vida picaresca28. aunque qui­ zás las evoquen íntimamente. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz. por ejem­ plo. p... resultan inevitablemente cómicos. «Ver» ciudades. pero. en la interpreta­ ción de Van D oren (D. saltaron delante de las muías y se fueron con ellos.. no cabe pensar en un propósito imitativo. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos. sentir y. a diferencia de éste. «como necesitados». «temoroso» de que los perdedores. como es natural. Claro está. Según ya se ha sugerido..]» (836). Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. con propósito y convicción ab­ solutamente serios. como. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 . «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. asimismo como D on Quijote. Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. dejando al arriero agraviado y enojado [. Guzmán. el pesimismo y el cinismo de éstos. quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás. Q u ix o te ’s Profession). com o en el engaño al arriero.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran.. sus intentos de asumir unos caracteres. es m uy posible que en ocasiones. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo». juguetón. unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. 6 8 ).] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura.. gracioso. ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. Ocurriría así com o con D . concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura. así. al reconocer su esencia. de hecho. Así. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. Q uijote. . y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial. que les hacen imposible. Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad. le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [.

. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid. ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. cómo había de compadecer [. que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos... Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma. una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia. les da sobre las prácticas.]. de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles.].]. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro.. palacios. de quien comencé a tomar liciones.. G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón.rarse» de sus «cosas curiosas». y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836). «toman bien de memoria [.. visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél. plazas. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río. lastimar. . «cuya vista les hizo suspirar. tan exaltados en Guzmán de Alfarache. jardines.. los instrumentos. Sayavedra y otros picaros dromómanos y. que no sabré decir» (432-8).] toda la lección» que un mozuelo. bosques. estatuas. y de qué ganancia» (836).]. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán. casas.. asimismo como Guzmán en situación análoga. Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella. ríos. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321).. obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey».. «en especial y primero su iglesia mayor». a menudo. las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación. el «asturianillo». para con ello ganar de comer» (321). y si era de mucho trabajo. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. De todos modos. con óptimos resultados: «Dime tan buena maña. fuentes. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836).. fue tanta mi alegría. A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid. quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban. [... los lugares.

a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse».. nuevo es en ella. Desta continuación y trato [.. . Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos. de acompañarle». dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre]. pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309).] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30.].parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad. le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [. Como esportillero.]. sabiendo de dónde era. examinó mi vida. que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837).. y apar­ tóme a solas [.. 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo. y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda».. quien «cargóle muy bien.. de lo cual se arrepiente mucho..] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras. por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837). y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309).. Destruyenos el arte [.] al cam ino a la ventura [.. Evidentemente muy consciente de tal “error”. entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456). según se viene viendo cada vez más cla­ ramente. Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [.] de la buena gracia del mozo. éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma. quien «hacía confianza de mí. diversión. enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro]. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro. contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [. sabe poquito y nos destruye [. como esportillero. ayudarse... a darse avisos. Por esto.]. y quien «se contentó [. Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero.. así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles. “liber­ tad”!... se encuentra con un soldado. Mu­ chas veces me lo dijo....]. Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [. cuándo y a qué había venido». y díjole que si quería servir. Y Rincón. 342).. Guzmán encuentra a un «despensero».. cómo me llamaba. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase..]. esto es lo único que los dos buscan.] me cobró amistad.

] las ordenanzas mendicativas» (342-3).. quien empieza a examinarlos: «Díganme.. para los novatos. para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). pues...]... a su vez. Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo. que se describe sólo con unas breves. com o m odo ejemplar de vida... di­ recta.] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve. en que explica su extraña.] ¿No lo en­ tienden? [.. como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9). Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31. según se verá más adelante. pero sincera com­ prensión del mundo.].. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839)..advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores».] por escrito [.. y beber. indirectas referencias. Este mozo de la esportilla desempeña. seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada. ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [. vaga. pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas. deformada. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [... rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio. algunas funciones del “protopobre”. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes. o no? [.. requieren explicación. mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal. con una cu­ charada de plata [. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste.. la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día». Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?». «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia». . pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [. dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar.] Pues yo se lo daré a entender. y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla». A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio».]. con pintorescas voces germanescas —que.

]. tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33.. Tendencia. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [. inexplicablem ente. dice: «vuesa merced alargue el paso... vaga. éramos de él amparados en cualquier peligro [.. que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo.] es santa y buena [. que muero por verme con el señor Monipodio. al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías. «su maestro.... según Sa­ yavedra. «era [.]. de la novela de Alemán.. «que de suyo era curioso» (846). provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [. «Sobre el realismo cervantino .. Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela. pero..]?» (346).tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [.] ser solomico [sodomita]»? (839-40). p.. La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio.]. que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io.. la orden que tiene dada Monipodio [. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán. jefe de la cofradía maleante napolitana... atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes .] nuestra lengua.. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32.].]. Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante. Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre. nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia. ¿no es peor [. A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial. su jefe.. Rinconete.. dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [. Este Capitán no era como esas «palas [.]. De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [. pues. pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839).]. 8 8 )... creador de la novela corta española.. N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [...] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio].. y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare.. y su amparo» (839).

quien es tan «calificado.. En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. según se desprende de las «ordenanzas»... sin defraudarme [. R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón. quienes. con estas buenas palabras y su mejor favor.. «generalí­ simo nuestro [. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo. derivada de las dos antiguas.. dice Monipodio. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina... dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo. y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839). 414).. reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p.].sacaba sólo «su quinto.. con que mantiene «buena cuenta [. según le pertenecía [. llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846). N u eva versión. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae. al dar la “bolsa” al alguacil corrupto. .. según se verá. hábil.] en todo siempre» con sus cómplices (459). — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar». quien. H ablóle [. donde asienta los préstamos y las deudas.].]. «de todo aquello que por su industria se hurtaba. coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa». junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della».] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345). —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459). El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”. m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461). El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. inspirado en la historia. sus derechos. D e allí se fue al notario. justo será que le dé una pechuga».. pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [. Este símil.. 34 C om entando este refrán de M onipodio. en otra versión. inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir. reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio.]. así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio. es Micer Morcón. con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459). 441). Cuando Guzmán llega a Roma. y su fi­ ciente» en ella. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán. El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. p.

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
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de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

]. pero más se embravecía echando verbos. la “dig­ nidad”.].. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber. tiradas de unas partes en otras [. Desahogada la furia. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean.. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158).. Y ella desea mucho que él le pida perdón. es refrán vigente en el m undo hispánico. p. le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [. Gutierre.]. que debía de ser el respecto. la “honra” de todas las partes. con el correspondiente comentario del autor. acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. 53 54 .. etc.. abofe­ tean. pues.. entonces nos adoran» (163)55. en G u zm án de Alfarache de M. claro está.].. y levantó el brazo amagándole un bofetón [. En la última escena de El m é­ dico de su honra. Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios.. de­ jándola «por muerta». dando por excusa que [. después de «tantos azotes. como toda “genuina hembra”. sujetas a los hombres malvados. por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho». L u­ jan: «el uno. Valbuena Prat.] que no lo puedo más encarecer» (846)53. sino también com o evidencia de amor. con la pretina. sobre todo. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. cura con ella mi vida estando mala». honor. Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. afrenta­ das. diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. pero esto no es nada fácil. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo». corridas. sin excusar ni recoger hierros».. A.sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. que las venden y empeñan. que dio a la Cariharta. quien acaba de matar a su primera esposa. m ostró enfadarse [. deshonradas. La Cariharta se mantiene “ofendida”. aunque referente también a otras relaciones de familia. los dos quieren hacer la paz. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes. prometiendo castigar ai culpable. pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda. el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora. dejando tal decisión a él. H íz o se m uy bravo.. crueles... “intransigente”.]» (La n ovela picaresca española. si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847). pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”. pues hay que salvar. en El teatro de Cervantes. Así. ed. la Cariharta com­ prende.. el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. que «a lo que se quiere bien se castiga. 661). que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54.

a m enudo. Y al fin. (El alcalde de Zalam ea. ladrón de «palomas duendas» (457). amenaza. Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [. 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano.. cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa». pero en la realidad. a su vez.]» (847). que si se hubiera imaginado que se decían. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„.. en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer». radicada en la vanidad.nina”. última escena.]. jornada I. literalm ente. también jura com o yo».. escena 5). pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [... El Repolido: «También tenemos acá pandero [..]: ¡Vuelve acá. sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. fanfarronas. aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos.]. . no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847). Monipodio amonesta. sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”. cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes». y. atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche. mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”. valentón del mundo y de mis ojos!». dice D . «¡Ea boba [..]. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare». con esa «sotomía de muerte». y más cuando ven que se 56 Sayavedra es. quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta.. Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros. Es esta clase de posturas externas. se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería.. Monipodio la ayuda a detenerlo (847).. Lope de Crespo. jornada II. amenaza el Repolido. ¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!.]. Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. Reto por reto. que ahora hasta habla de casamiento. no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido». la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar. "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 . Sin em ­ bargo. caballeros [¡!].

como también en otras partes. revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor. 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes. «un galán de esta ciudad. su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas.. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín». Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61. como en todo. que se pica de ser un Hector en la música» (848). Sin embargo. como todos los “cofrades”. ¡Diálogo encadenado. ritmo. ¡Reconvención rimada. si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo. Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo. hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música... como en las comedias! También Chiquiznaque.]. Monipodio. y pues todos somos amigos. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [. Los ignorantes “picaros” se harían así eco.... por ejemplo. ni el Marión [Arión]. 1.] en el concurso de gente» (457).0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos... Traducidas en clave pertinente. .]. nunca inventaron mejor género de música [.]. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos..] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [. también ellos han oído rimar y pue­ den rimar. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [. tan sin trastes. con variaciones de rima. más barata» jamás inventada «en el mundo». ni el otro gran músico [Anfrión] [.> (4 1 7 ).. de una admiración de las innovaciones lopescas. la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [. todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”. un «plato» roto.enojan los amigos». y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. cla­ vijas ni cuerdas. ya divulgada en toda la sociedad.. re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas.]... dense las manos los amigos. Maniferro.. con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. frecuentan las comedias. y tan sin necesidad de templarse» (848). una «escoba de palma».

) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme. en efecto. hay m uy penosas. M Véase nota 58. Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar.. En el m ism o fin “feliz”. Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta.. re­ gocijos. al sentido común y a la razón. a m enudo. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”. desenlaces de las comedias de honor.. esto es evidente [. música. técnicos del teatro contemporáneo.] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos». por esto.. y que Cervantes condena... supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas. que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. con banquete. irrelevantes para expiar la ofensa64. A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz. canciones. cuando no trágicos conflictos humanos (631). “H onra” que era. cómicos... claro está. es el gusto más» (1848).les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”. también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. Su mirada aguda se concentra.. Como en otras obras suyas.. irracional.]. 85063. 113). (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [. solía causar super­ fluos. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les. y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente.. en efecto. basado en tan precarias. en todos sus aspectos esenciales.. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes). iróni­ cas implicaciones. dignos de emulación.] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [. p. brutales relaciones personales.. y que. A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [. con frecuencia. dilemas. de un m odo u otro. sobre todo. habla el autor por boca de su personaje [. P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente.]. una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2.]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ». decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!. si el enojo es grande. estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral. 62 L op e. por inmoral. . que se re­ vela. pues «sería un gran cargo de conciencia».

el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. a la virtud. ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer. enraizados prejuicios individuales y colectivos... «respondió la Gananciosa» (843). 1253) contemporáneas. ( G u zm án de Alfarache . La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa.. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. al sentido común y a la razón. . sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social. com o en todo.Muchas «comedias que ahora se usan». Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes.). claro está— «Pues. pero no para que de ellas saliese «el oyente [. C on este trasfondo. exaltándolos como heroicidades. Así. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54).. ¿había de faltar. pues. En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la.] de las costumbres» (Quijote. diestro mío? [. por rústico y torpe que sea» (ibid. El “asturiano”. Respecto al banquete. continuas. «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan. repelente al lector atento. etc. reformadora. que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare. convirtiéndose en influencia negativa.. «despoblando gallineros». eran. Ciertamente. en suma. que se exige aun para las em­ pero. 457). «respetos» de aquéllas. pero las “comedias” que los refle­ jan.] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). peculiares de los clientes. para divertir de cualquier modo al vulgo65. de hecho. por ejemplo. de las más deplorables. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. sin ver comedia alguna.sangre).. D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega. evidentem ente.] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. mecánica. un «es­ pejo [. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. 351. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837).

La ignorancia. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. Hay. esencialmente. al m enos en m o­ m entos. siendo un hombre bárbaro. sin nin­ gún escrúpulo. hueca práctica externa. una perversa hipocresía o. H ayes). 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males. ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67. rústico y desalmado» (852 )66. en nombre de altos ideales colec­ tivos. cuando menos. supersticiosa. hi­ pócritamente con la máscara del bien. empren­ didas sin maldad ni cinismo69. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano. la falta total de educación. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. “educada”. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598). por causa de su abismal ignorancia68. supuestamente educada moral e intelectualmente. . se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. mientras que la socie­ dad “normal”.. culta. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes. así exime. disfraza cínica. en rea­ lidad. que. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”. hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal.presas más insensatas e injustas. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). en todas sus manifestaciones esenciales. 67 En la literatura erasmiana. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad. en gran parte. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades.daré”.. hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). entre otros docum entos literarios e históricos. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás . com o sospechan algunos lectores (Buxó.. una ridicula. tan sólo una diferencia. más malos que ignorantes. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. quien después considera necesario y justo emularlo. mientras que la sociedad “normal”. a la ignorancia del “bien”. por eso.

grande o pequeña. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”. específicamente. la de todo el mundo. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. al corazón mismo de la ciudad o más bien. porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. 140). y que casi no se mencionan específicamente en el texto71. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. «donde tenían grande deseo de verse» (836). apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia. que a menudo nos hacen sonreír. que produce el arte. pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano. Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. p. y que es cosa muy distinta.. [«(.) espejo resquebrajado». . 71 F ox habla de un «cracked m irror». responsables de sus actos. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros. en ocasiones. histórico. «¡Perdónalos. A diferencia de Alemán. que nos divierten.gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70. lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». Sin embargo. en realidad. sino la de todas las ciudades. Señor!». artístico (436). que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien. a su espíritu tan corrompido.. la que Cervantes se propone revelar. la de cualquier congregación humana. hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve. La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. sin diferenciarla de la lícita. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera). con sus tendencias al mal y al error. grotescas.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. curiosos de conocer Sevilla. que no son. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. consciente de la maldad que enseña.

se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras. en definitiva. pp. p. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño.tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. Rinconete. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. en particular. como fuentes determinantes de la de M onipodio73. La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte.· por fin. R inconete y C ortadillo. Los picaros en la literatura. después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577). particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca. convincente. 87-8. por la que. 449). se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. aunque en un sentido más limitado. incluso los señalados en este estu­ dio. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. Sobre la vida en Sevilla. la búsqueda de específicas cofradías. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural». en la época de Cervantes. pp. resulta vana. véase Rodrí­ guez Marín. creador de la novela corta española. ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. Es por esta preocupación. Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. apropiados para construir su mundo de Monipodio. 44 ss. Guzmán de Alfarache la repudia y. «D iscurso preliminar». C ervantes. claro está. como metáfora coherente. cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. 451). en de­ finitiva. históricas o literarias. de la hipocresía74. . Además. de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”.

sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector.]» (851-2). en definitiva. el lector—. productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. y así.. decide «pasar con ella adelante algunos meses».. del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes. según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [. en definitiva. idealmente. radican evidentemente. tan vaga­ m ente sugerido. tan inquieta y tan libre y disoluta». por tanto. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”. “sin impor­ tancia”. como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [. pues en ese momento todavía lo ve todo. su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”.. N o nos parece una mera convención. claro está. qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846).. nos dice el autor. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. en gran parte. p.rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. de hecho. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache.]. «Cervantes y su arte de la novela». como ya se ha dicho.. no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia». Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como. y otros sucesos de aquéllos de la infame academia. Todas las creencias. sin Sayavedra? 76 Selig. 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y. .]. 59. 585. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura. Por esta ra­ zón. en la ignorancia. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. p. y que. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852). pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. en cuya última parte G uzm án actúa solo. al fin. este epílogo76. En esta “última parte” de sus experiencias. Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es.. le suspendía [. al hacernos especular sobre el futuro. Durante estos meses. como los de su maestro Monipodio.

variada. en efecto. De seguro también percibiría que los robos y engaños. lo que refuerza nuestra tesis. en definitiva. como los que él y Cortadillo efectuaron. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica. y. no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes. Sugestivamente. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca. tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. excitante aventura y chispeante fantasía. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía . si es que lo deseó de veras. mejorables.]» (391). a relacionarlos natural.. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo.. Especialmente para los j. desde el punto de vista moral. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. perspi­ caz. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector. En definitiva. sobre todo por deseo de aventura y juego. como se muestra también en el Quijote. cuando menos. por eso.ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. que resultan tan moro­ sos. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado. lector sabio. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. Nos parece muy improbable que Cervantes.óvenes. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. muy iróni­ camente. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. de cuya maldad el otro era. a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo. así. quienes. ineficaz en la comunicación de su mensaje. ya salían del más auténtico mundo picaresco. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [.

al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. iban a plagiar.] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación. pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable». con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»).de que al ir a imitar a los picaros. beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841. Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas. Parte de la sociedad “nor­ mal” son. Como diría Guzmán: «[. de hecho. 843. esperanzadamente. una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. 848-9)78. [. 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader.. conociendo cuáles eran los habitadores. el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. aquellos “ladrones grandes”. el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad. los «benefactores». en­ gañosas.] cuántos hay que condenan otros a la horca. confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad. donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478). sobre todo. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes.. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256. que casi nunca se deja descubrir. Se sugiere. según se ha mostrado.. Véase nota 48. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849). beneficiando a la «cofradía» y. que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad. Sin embargo.. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales. Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!]. por la política con que son gobernados» (439). . pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno». cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475). en la "parte” ya es­ crita. 257). de seguro.

se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades]. «Sobre el realismo cervantino en R inconete ». 86 Véase nota 52. para otro es una «no­ vela [... Varios críticos analizan el texto.] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 .] con la forma de marco». y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [. 80 G onzález de Am ezúa y M ayo.. 85 Ynduráin.lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. pp. pp. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada..]»81. más que novelesca. «parece. en buena parte de su acción. pero no Rinconete y Cortadillo [... . pues lo que se intenta es presentar.. dra­ mática. «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. 32. «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 ..]. 1 1 0 . observa un crítico. viñetas [. 82 Varela.]. D e entremés a novela»... realistas. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. «Cervantes y su arte de la novela». «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla. «Rinconete y Cortadillo.. De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo.]. p.. teatral» 85. p. parcial o entero. 444-5. p. como en un cuadro. 81 Casalduero. siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela».. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 .]». particularmente entremesil86. tiene un epílogo [. creador de la novela corta espa­ ñola.]. cuando ha comenzado [el entremés]» 82. pero «incipiente [. 585. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. 106-7.. como si fuese teatral.].. 9 9 . en realidad. 83 R odríguez-Luis.. p. no comple­ tamente destacada [.. en ser su estructura. haber sido conce­ bida para la escena. 61. y se deja dividir en dos partes [. 84 Selig.].. «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio].. pp. Cervantes.. 192. siempre acentuando lo pintoresco [.

Tarragona. nin­ guna de ellas nos resulta. pero. Claro está. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. En Sevilla respiran. y en que triunfan espléndidamente. pero. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos.] al entrar en el patio de M onipodio [. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas. a la vez.frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro.]» (Fernández Gutiérrez. en realidad. Cada trampa o truco que emprenden.. pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. Rinconete y Cortadillo. durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. admirable­ mente lógica e ingeniosa de. Tárraco. aunque. paso a paso. ed. en definitiva. en busca de excitantes experiencias picarescas. desdeñable. cuestionable. Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. con que soñaban durante la lectura d e.. indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. “pacientes”. al emprender su “rom ería”. 1984.. dos "romeros”. suficientemente persuasiva. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—. es más ingenioso y atrevido que el anterior. Silberman de C ywiner... «Introducción». combinadas de un modo excepcional en una obra de género. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca. la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero. 46). ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio. Sólo desde esta pers­ pectiva. Guzmán de 87 Buxó.. a ía verdad. es explicable la estructura. pues. a nuestro juicio. regocijados. su función unificadora sería débilísima. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. sistemáticamente.] cambia todo. ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad. de representar sólo tal parte. . «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ». son personajes centrales.

.. si no fue Rinconete. y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas. hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era.. sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas.. que de suyo era curioso [. «Todo es malo»..] atentamente» (840) todo y a todos. una grotesca cárcel del espíritu y de la mente. 836). En la casa de Monipodio. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro.] que su vida es santa y buena? [. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846). que sacó su me­ dia espada» (844) 89.. este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce. de la cual... de hecho. lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal. Rinconete y Cortadillo «miraban [. porque no somos tan ignorantes [. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [.. con gran curiosidad: «Rinconete.. . Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [. según ya se ha sugerido—. Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834. en efecto. Evidentemente.]» (846). meditando sobre las costumbres de la “cofradía”.Alfarache.]» (842). completa libertad. con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas».]. Hasta en la usual per­ 89 A la vez.. al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil..] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839). Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial. A veces. la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal. ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo.] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848). en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo... El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación... preguntó a Monipodio [. dice Rinconete.

el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico.] que vuesa merced.]. pero aun abstrayéndolas. Claro está. contesta Cortadillo. pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. claro está. en efecto. divertido e indignado a la vez. que se identifica con una conciencia moral e intelectual. burlona. tam poco cumplen con semejante proyecto. Con incredulidad.. Y con esta conciencia moral. El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos. Todo para llegar a comprender bien ese mundo. frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. etc. últim amente en Silberman de C y winer. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios. tan digno de emprenderse. inte­ lectual. escéptica. Con estas consideraciones estamos describiendo. irónica. cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor. 850).] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho.. envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías. muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía]. (841. pp. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851). por mis grandes pecados». Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía»... 848. Lo que aquí nos preocupa. según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. sobre todo.. 65-72. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90. de evidente función satírica y correctiva. es destacar la típica . que es también la del propio autor. dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [..vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No.. eso creo yo. nues­ tras consideraciones. señor Monipodio tiene [. se identifica inevitablemente también la del lector. burla e indignación. Con toda intención. asombro. claro está. cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842). por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas. íntima diversión. de un lector moral y discreto. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen. Se trata de una conciencia sólo implícita. porque era en ex­ tremo bien criado» (849).. etc.

....]» (850). «respondió». 17-18)... con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y. Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural. Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina...]» (843). y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás. enero de 1968. ínsula.pues. comentar.]» (845). económi­ cos. religiosos. animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X. siem­ pre directas. Corneli. aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [. preguntas.. y díceme que viene mejorado en su arte [.]» (851). etc. Sí. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés. en general... «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [.. Cornelius: Salve et tu. políticos. comentarios. pp. fluyente.. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo. otra —respondió Rinconete [. carácter picaresco. van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum .... De todos modos.]. . p.] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [.. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [. que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad. «dijo» Fulano. alegría».. contestaciones.] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [. La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones.. sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [. «dijo» [para contestar.... «[.]. 44). iam toto seculo desiderate.. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio..] y que [. «replicó»..]».. que son típicamente eras­ m ianos. es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo.]. por ver si le podían dar un tiento [. pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91. aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o. pervertidos valores cívicos. mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó». mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos. y.

Así. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios.]» (842). no únicamente. que toda la plática habían estado escuchando. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. pero.mucha más frecuencia.. De habérselo propuesto. dramatizar.]» (836). que se constituye. de actualizar. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos. porque quiso escribir una novela.]» (837). en sus variadas formas. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. «Un muchacho asturiano. .] decía que era grandísima afrenta [. según lo demuestra. en general.. Se podría contestar que no lo hizo. A todas luces. además de servir para la introducción. con la función fundamental. de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura. en el alma de Rinconete y Cortadillo. su Coloquio de los perros 92. de la conversación. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales.. nunca satisfecho por completo con lo recibido.. aparición. por excelente que esto fuese. para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros. hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada. consonante con la de la obra entera. hacer cuanto más candente el problema discutido. como es natural. «y a una voz los confirmaron todos los presentes. consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [.. salida y.. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. de hecho.. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos. se pelaba las barbas y [.. res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [. que fue a quien le hicieron la pregunta. particular. sobre todo.

. llenos de color los labios [. y tretas. observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido... y. saltaron de­ lante de las muías [.. ni les descontentó el oficio. etc. objetos materiales (840. «Maniferro porque traía una mano de hierro [. volvió Rincón.]. en suma. pensamientos íntimos. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840).... para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [.(«salió en esto un arriero [. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838). «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843)....]». estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [. comidas..]. con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93. «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado.. la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias. afei­ tados los rostros. de muy buen entendimiento [.] (840). así como lo es el de todo proyecto humano...]» (838). 844. no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [..] (834). en­ tró en una casa no muy buena [.]» (837).. banquetes... que el personaje no puede. por parecerles que venía como de molde [. sentimientos. de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [.. y halló en el mismo puesto a Cortado [. para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [. 847). de modo importante. 836. más no de grasa y malicia» (836).] la relación del asturianillo. de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación. y sin más detenerse.. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja. emociones.].]. A este res­ pecto.]..]» (843). 837.. aunque mucha­ cho. sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [. ..]» 836). «todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843). la condición física de los personajes: «dos mozas. con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro. sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52). para revelar motiva­ ciones.. para la descripción de fiestas.. músicas.... con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”. los vestidos.] (836). cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores. y para su comentario final: «Era Rinconete..

con aguda. deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. Véase G. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales. por ejemplo. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. estados de conciencia. pp. como únicos justificados. Todas estas intervenciones novelísticas. 1923. The E arlier Renaissance. . etc. etc. las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. los amores desastrados de la Cariharta. originalísimo tipo de novela. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. de hecho. com o tales. como. que. simultáneamente. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. que se han indicado sólo de un modo muy general. pp. producién­ dose una extraordinaria. D esde nuestra perspectiva. auténticos cuentos. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. Se expresa con ello. 81-84. anécdo­ tas. tonos. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. mutua fecundación94. explicando que. 104-60). reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo. sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos. y nuestro libro. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros.vicisitudes del tiempo. claro está. discreta. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. también por ello. constituye un característico. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. se trata de un nuevo. sabía. creador de la novela corta española. Edim ­ burgo. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano.) —dignos de un detallado estudio—. no­ torio comienzo de los Coloquios. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata. convirtiéndolos en vividos relatos. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. Saints bury. Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos.

a ese tan “razonable” programa de revitalización. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación». (La española inglesa) El hecho. Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda». «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote . a menudo. A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1. p. específicamente como libro de caballerías.. La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas. como también el deseo de estimular su «revitalización» '. Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina». y. la ascendencia del Persiles en el Am adís 3. El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca. 201-203.] la virtud y la hermosura [. consecuentemente. pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías.LA ESPAÑOLA INGLESA «[.. 3 D e hecho. Suma cervantina. Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías. pero por parecer éstas. En lom o al Q uijote. 125). pero siempre identificable. actualizado en sus temas y asuntos. Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias. 2 . Novelas ejemplares. de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen». el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. 248. I. 770). Por otra parte.. en sus características fundamentales. entre otros. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería. excepto en esporádicos aspectos y detalles. pero su inspiración principal es la novela bizantina.] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos».. depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos. y «no para la reimpresión de los ya publicados». pp. por completo “disparatadas”. tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector». revitalizado en sus preocupaciones.

6 Véase nota 4. ejemplar.la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior. además de ser muy esporádicos y débiles8. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). artística. Sin embargo. con aventuras por tie­ rra y mar. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. logrando crear con ella. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. 4 5 . 8 Sólo al final de la novela. pero. un auténtico drama psicológico. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. separaciones. en efecto. en El gallardo español. 7 R od ríguez-L uis. subor­ dinados a un específico fin ideológico. según nosotros. supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. se revela de manera clara. ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. I. ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. Sin embargo. peli­ gros y dificultades continuos. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina. al relatar Ricaredo sus experiencias. vigente. incluyendo la no­ toria técnica narrativa.. 51. Cervantes pensaba evidente­ mente. sobre todo. etc. a base de un texto hipoté­ tico. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. en una obra narrativa. tienen licitud literaria. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7. Esta pieza se escribiría así. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. anagnorisis. «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías». entre otras razones. con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. como cualquier otra materia. vol. experimentalmente. estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles. encuentros inesperados. en definitiva. se dem uestran en extremo especulativos 5. p. Eisenberg. reunión feliz de los amantes. pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. filosófico y estético. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. por su función peculiar en la obra.

en parte. constituyéndose. un lugar entre R om a y F loren cia (872). ed. una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9. auténtico nuevo Amadís . se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama.se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. respectivam ente (25) 1 0 —-. A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. I. Toda las citas de esta edición. Zaragoza. A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. Ebro. p o é ­ tica de la obra. con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. López. Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. 10 A m adís de Gaula. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. «Persiles y Segism unda». N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. pp. Suma cervantina. Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. Aunque en esta empresa. lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. V. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico. en un libro de caballerías moderno. 1963. pero no afectan la consistencia esencial. 203). que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis. 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación. pero no declarada durante mucho tiempo. pero es más bien improbable. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». por boca del canónigo. significativa e ingeniosamente innovados. . porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. p. el proponer com o futuro m odelo literario.

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

que mientras yo fuese vivo. con él se funde. Por esto. preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto». sobre todo. porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y. detente. Isabela. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos».no haya llamado la atención de Azorín esta escena. El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. escuchando sus «discul­ pas». su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer. perdonándole todo. lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo. no puedes tú ser religiosa»! (871). gri­ tándole: ¡«Detente. En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. Se evidencia. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética. abrazándolo. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20. se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. . recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte. que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino. espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos. Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). Isabela. El genuino. a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53). lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano.] (870). Aquel mismo «gran encendimiento de amor». Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus. en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento». p. «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870). Aunque no se trata de un auténtico amor místico. no menos espléndida en que Isabela. profundo amor humano no es distinto del Divino. al ir a tomar el há­ bito religioso. precedida de otra. con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. en la relación amorosa. tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. con elocuente simbolismo. 129...

. etc. El maestro Elisabat así lo hizo» (121). para que la leyesse su señor arçobispo» (873). porque pensaba que ella ya no volvería [.. Escocia. A las descabelladas. 7-16.]. “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos. Cervantes responde en La española in­ glesa. com o los «herederos de un hidalgo burgalés. seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías. pp. 1966. pp. «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [.].. libro de caballerías ejemplar. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved. [viendo] a su marido al lado de otra mujer. En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos.. y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica. amenazadas por la piratería mora. Frente a la Iglesia. se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo».. L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar.]. 22 En el Am adís. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito. en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22. 287290). Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21.. Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares.. ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos. Ljubljana.] yo soy Zala.. A l acabar de narrar sus experiencias.'ll. Cabría obser­ var que al “historizar” su novela. Los convidados a la boda fueron a la iglesia [. Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos].. «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ». I. Inglaterra.] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado». 47). ubicando la acción en varios países europeos y Argel.. 31. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor. A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos. etcétera. Al fin decidió casarse otra vez.sión de un cuento popular de las zonas costeras.. su legítima mujerl [.. vol. Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce. «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares. que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos. «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote. «ínsulas no falladas».] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes. Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [.. etc. cap. Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia.. p.

pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). a su vez. 385. para poder deleitarse al oírla hablada. p. sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama. . 26 Pabst. con suma gracia. com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. poética en el planteamiento del problema fundamental. sus experiencias al fin de la novela. ora idealizantes. «En torno a L a española inglesa ». razonables y. la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias. sin ser capaz de relatar. insistentes.27. artístico. desinteresada del detalle “realista”. 60-61.cia peculiar”. lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española.. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas.. casi alegórica. En base de éstas. amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. p. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. lo cual. La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales. se nos presenta. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. de m odo ele­ gante. coti­ diano. por ejemplo. a la vez. poética. poetiza la historia. Se ilustrará más adelante esta sugerencia. C ervan tes' Theory o f the N ovel. Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados. 123). 25 Riley. pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. en los supuestos humanos. por Isa­ bela 24. pp. notorios25. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción. pero que. según tantas veces se dice. también. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»). tan cen­ surables para algunos lectores26. de acuerdo con conjeturas probables.

de hecho. I. para todos esos “pisaverdes” que. La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. pero. para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. a otra preocupación más imperante. Sin embargo. directo entre los dos países. y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. pp.. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles. 3). tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. económicos responda. se interpretan a veces. de hecho. com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. con toda probabilidad. en parte. una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. como. fue restaurado su perdido crédito. es plausible que su insistencia en los detalles bancarios. la deseabilidad de la joven. claro está. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. pero esta posible intención correctiva se subordinaría. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. Es. cap. en todos los sentidos. pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. 14-15). 29).. n. para cual­ quier hombre. como generalmente en las obras cervantinas. en pocos m eses. I. según se ha mostrado también en este estudio. pp. le rondan de continuo la casa (869). Considerando el específico género literario que Cervantes emula. a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. pues. Significativamente. p. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote. pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial. alguno de los cuales podría representar una tentación. 133-134. en la época en que se sitúa la acción. en La española inglesa. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX».] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». N o vela s ejemplares. al menos de modo complementario.

porque ahora así le conviene. por desgracia. sólo por su belleza. pero antes. y la misma reina Isabel. esencial que los mismos manua­ les de historia. penetrante. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres.. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella. hay personas buenas. estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja. Por otra parte. quien se apiada de los padres de Isabela. como ocurre en algunas otras obras cervantinas.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30. así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. feroces enemigos de los católi­ cos españoles. en realidad. ya por el hecho de ser ésta católica (864). espléndidamente. también La española inglesa. tiene «mucho temor» de ser castigado. es mucho más exacta [. Lo demuestra. y no en la historia. . quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. de fondamental. Baroja: «La tenden­ cia [. de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo. quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô. barrocas o no.] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. católica. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. en el país enemigo (856). española. «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). ante todo. «La literatura y la historia».. Al tener que llevar a Isabela al palacio. cuando la española le parecía la más hermosa. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. entre otros. cuando ésta es robada (854). p. delicada concepción lírica. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela.. obra poética en que palpita viva. como el conde de Leste. La historia escrita por el poeta es siempre. no se percibe. Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”. como lo observa.brio en la composición. 3í Casalduero. poesía. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo. Sentido y form a de las N o vela s ejemplares . Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. 125. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes. por orden de la reina.. si ya antes no la consideró. a todas luces. Como lo es «la camarera mayor».

fervoroso. por otra parte. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. con toda probabilidad. también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . . después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». robada durante el saqueo de Génova. vigoroso de sus nobles ideas. Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa.). son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. Por otra parte. nacionalistas. pp. que es el amor entre toda la gente34. Tam­ bién el autor omnisciente. p. pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. p. 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra». etc. quien considera urgente expresarla de nuevo. siempre revolucionaria. 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís . De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. raciales. Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. hace evocar al de A m adís . propagarla cuanto más en su propio tiempo. en su propio mundo. de que el genuino sentimiento cristiano. el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. dispuesta a la búsqueda ardua. víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). de buena volun­ tad. 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. 702707). intuye el "irenismo” de la obra Soons. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa »..] Los Acforni. con muchas de sus fórmulas narrativas. B an dello. olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes». según se ha mostrado con algunos ejemplos. envueltos en continuas guerras fratricidas. se mantiene viva en Cervantes. Otro texto que. [«L. 131). el nuevo libro de caballerías de Cervantes. Vives. en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna. continua y bella del más su­ blime Grial.que casi tenía concertado» con aquélla (855). la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que.

Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina..) m u y Bíen la len gua española.p ita n generale in Ita lia cesáreo. 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»].. . sa­ qu eán dola despiadadam ente. E n España. adm irada y querida p or A lfo n so . de la edad de nueve o d iez años.. ] che L igu rin a a v e v a v i- . p o c o más o m enos [. p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire». p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella». [«ella.» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra... n o perdía la española. com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita. io ta n to sto la riconoscero bene.. y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa. « D e esta manera. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ . «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. y .] tra qu este due n a z io n i [.]. 703). «figliuolo d e l duca d ’A l v a ».. 197). durante el cual los ingleses llevaron. [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella. 3.. Sín em bargo.] d a certi fa n ti spagn u oli [. p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi. al ser arrancada de su patria. A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola. «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . hija de «gente principal y de valor» (177.. d 'età d i n o v e o dieci anni. E n Inglaterra. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad». una fig liu o la m o lto bella.. aún m ás.. 863). «Era de tan buen natural. y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»]. sin olvidar la suya [. «Se q u esta è nostra fig liu o la . éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702. seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»]. el caballero inglés que la raptó. cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854.. de la más alta n ob leza de G én ova..]. dislacciata la v este . que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo. n o b ile d e i p r im i d i G en ova. P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702).]. a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » .] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [. q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora».. «entre los despojos [. e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(. v id e il n e v o [ .... por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a. hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese.n a cid o e n L ond res. to d o el día deseaba volver a casa»]. y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » . y fu e llevada p or m ar a España». regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702. e [. Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » . a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz. c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España. según C ervantes.] una niña de edad de siete años.]. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a..] spagn uoli e gen ovesi» (706). c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho. a unas circunstancias más verosím iles. dice la m adre de L igurina.

no le ha « m ai piacciu ta» (704). com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [. La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y . n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía.] n o he de hallar [.]» (863-4). 704). che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores. se lleg ó a Isabela. encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres]..] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» .. (. E sto. y a c o n o c ie n d o a sus padres. así. la cual señal acabó de certificar sus sospechas.. con siete u o c h o p elos negros (. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire».]. El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [.... a sus qu eridos y añorados padres (702.. y vien d o claram ente ser Isabela su hija.) c o m o la había visto otras m il veces (.. a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova.. llo ­ rosa se acercó a L.... y ésta. y . que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [. en m o m en to m ás p rop icio (704-5). y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (.. y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde.... diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. v io la marca de n acim iento que L. La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas. P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os». L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so .. O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—...).) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas. valeroso caballero. tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s. en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven. p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [.] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre]. Según y a se . a pesar de to d o s los regalos y atenciones. tam bién abandonar la vida en España que. dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d .. juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. [«Si ésta es nu estra hija. tenía cerca dei om b lig o .]. abrazándose con ella d io una gran v o z .. desem barcó en G enova»].) entre ellos este hijo del duque de A lba.. y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [. “raro in­ v e n to r ”.] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860).] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta . p orqu e [en] m i patria [. n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4). T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o. c o m o p or m isteriosa in tu ición . es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes... que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [. q u ien con su L.. Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre..]. se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a . d esenlazado el vestid o. y sin m irar a resp eto.]. la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina... a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e .. sabía con toda certeza que aquella era L.ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [.

...] L a m a d re d i lei [.) el hijo del du qu e de A lb a.) m e tu vo en sus m a­ nos (. (y A . «io non in ten d o restar p in a l m on do.. in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo». Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta». [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»]. pero al propiciar sus padres e Isabela su intención. dice.. trágica­ m e n te. y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [.. q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [. de A lfo n s o com ien za.. cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a. p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina. su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz.]..].].. L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [. co n v ertid a . sin o el resto de m i vida servir a D io s» ]. «que su ced ió habrá quince años» (860).. (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (.). discreción.) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba»...] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ . Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad .. por causa a e la desaparición de Ligurina.] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » . «com o a hijo de su señor». som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad. Sin em bargo. La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»]. virtud. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años». « com o si ella fuera su herm ana.. Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España.] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (.. 5). la «amaba» desde el principio.) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta .. teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ .) to d o su din ero.... u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [. haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla». ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854. Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces». Esta intensa pasión am orosa.] p e r h a g a scia » . a ios « q u a tto r d ic i an n i».. sensual.. 707). n o v e o d iec i a n n i [ .. sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal.) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario. m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(. bondad.. ropas y cosas valiosas»].. aparentem ente. y se acaba. C uando Isabela tiene «catorce años».. hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari.] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias». Ricaredo enferm a y casi m uere. nueve o d iez años (. pero «por m edios de ser su es­ p oso». «essendo ancora piccolin a [. lo cual. [«(. c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna. « com o fue creciendo Isabela».. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(. sensibilidad...ha dicho.] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so . de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » ). [sien d o todavía m u y p equ eñ a (. y el m u ­ chacho.. a ssa ip ro d e e d anim oso».. inteligencia.. «per­ che». Isabela «quería y servía» a R icaredo. N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo». pero.. p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos».) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [.) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o...

de u n m od o plausible. paralela a la de la N o v e lla . Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a.. desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702).. inspirador de la resistencia contra el extranjero.. en la m ente del autor. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura. (La reina Isabel vive en 1602. borrando de ella. a m e­ n u d o . [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional. olvid ado. con que antes atribuía la edad a Isabela. que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. repentina con son an cia con lo s «catorce años [. m om entáneam ente. R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855).. casi quince.) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova».]. patriótico — Liguria— .. p or un m om en to. de la cron ología novelística. de Isabela. im pertinente en este caso. parecen. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. en el m u n d o de la ficción. que lo s «quince años» desd e el saqueo. m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. en el m om en to de escribir su obra. pues. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas. moral. a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó. la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina. Se trata. Q u ijo te . q u e al fin. físicas y espirituales. de he­ ch o. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e. pero no en 1611. tan radicalm ente. al am or entre todas las gentes. pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o.] más o m enos». dignos de ella. El desarrollo de esta relación am orosa. con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina. adem ás. con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores. a quien. co m o tam bién su cron ología. « L a fanciulla. todas esas contradicciones cronológicas. en sum a. p or ahora. este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas. che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). pues. de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica.) E s p osib le. en que se situaría la acción de la novela. fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo. 1490). . co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so . la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. crea obvias contradicciones. de tratarse del saqueo de 1596. L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa . vitalm ente dilem áticas. que así explicaría. «tapices flam en cos p or el revés» (D .. esencialm ente. en líneas generales. com paradas c o n su nueva obra. encontrasen una engañosa.nía en csa ocasión. con que.

pp. 225-316. cínico nihilista. creador de la novela corta española. y sus nom bres». pp. la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. «El licenciado Vidriera. C ervantes an d the H um anist Vision. con apreciaciones cada vez más convincentes. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». pp. Casa. 147 ss. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. cínico. 174. chistes. 159-168. pesimista. · despiada e incesantemente3. Es notable que. «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». pp.. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. 559-568. frases ingeniosas. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. Friedman. al que se censura y satiriza categórica. pp. el licenciado Vidriera. Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético. pp. C ervan ­ tes. en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. pp. Gerli. II. más o menos complicada». picaro. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. vol. aforismos. incapaz de amor y de amistad. C ervantes y la libertad. 2 Casalduero. «not so nice». y otros. 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales. reformador. 577-87. «The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ». 189-199. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. 242-246. p. García Lorca. independientem ente de la tesis defendida. armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. etc.)2.. etc. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). Forcione. «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes». pp. sentencias. 51-59. 103-143. en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. arquetípico o simbólico «pecador».EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje. Riley. melancólico. «Cervantes and the C ynics». . pp. y de «una fábula novelesca. Edwards. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista.

pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada. . sino. de los hombres se hacen los obispos». más atenta al texto. todo lo contrario. O bras C om pletas . coincide. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876). moral e intelectual­ mente condenables por el autor. individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. Y tam bién. pp. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo. menos impresionista. con encontrarse un puesto digno. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. pp.. pp. pp. 196-97. con la de A zorín4. que quisiera. mejorar.. entre otros. de altas. 5 Forcione.. por ejemplo. «El licenciado Vidriera». igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. según ha «oído de­ cir [. «El licenciado Vidriera». C ervantes an d the H um anist Vision. sin patrocinador alguno. con noble intención. pues. diagnostican algunos ilustres lectores6. Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5.]. pp. ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero. Con C ervantes. dejándonos so­ bremanera perplejos. dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». por «los estudios» espera hacerse «famoso». a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín. Tal visión del protagonista no es nueva. 11-146. pero frente a cuya incomprensión. dignas aspiraciones personales. «mu­ chacho de hasta edad de once años». 99-102. 147 ss. para nosotros.mente distinta de este personaje. por medio de sus propios empeños escolares. útil en el mundo. Tomás. Green. 228 ss.]. G onzález de A m ezúa y M ayo. en parte. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). 213-220. C ervantes. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte». según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [. con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres. 6 Casalduero. significativo. «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!». creador de la n ovela corta española. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. pp. en las riberas del Tormes»..

a tomar lecciones de unos caritativos religiosos. aunque pocas veces realizadas. se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo. ser un admirable obispo. lo­ grando al fin. no son nada raras. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria. virtuosos. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso.bal de Lugo. que de su remota choza en las montañas venía a pie. el mismo religioso. noble vergüenza! «Ser famoso». quien oculta su origen. después de asiduos estudios. útiles para sí y la sociedad. Tales aspiracio­ nes. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). tal como dice Tomás. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. entendimiento y discurso [. pues. claro está. borrosa existencia coti­ diana. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia. ¡Innecesaria. loables. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. disposición al sacrificio y. en E l teatro de Cervantes.].. afirmándose como «alguien» en el mundo. descalzo. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. fuerte voluntad. lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca.. según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. diariamente. completa­ mente admirables. «hacerse obispo». Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7. honrados. Y muy significati­ vamente. ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. «de los hombres se hacen los obispos». Es el deseo de esta clase de "fama”. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—. como criado y compañero. pero amorosa. de pobrísima familia. . esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual. a la ciudad. con esperanza y maravilla. quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio. con extraordinarias dotes naturales. del Rufián dichoso.

quejoso de que su hijo.. El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [. la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva. y los «procuradores y solicitadores». los «alguaciles» le parecen ladrones. da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación». según se desprende de sus observaciones posteriores. 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D . «El licenciado Vidriera».. siendo tan ven­ turoso el estudiante. D. Diego. parasitarios.. .9.. no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. entre otras «manifiestas injusticias». de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884).]. adonde [. porque. Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama. cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez».]. podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888). que parece «llevar víboras en el seno. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 . pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión». y por encima de la justicia la equidad. se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado.. //. subirá a la cumbre de s «Estudié leyes. no quiera estudiar «leyes». salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886). y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table.. que. caps.. negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. 42-3). que le dio el cielo padres que se lo dejen. «Su principal estudio fue de leyes» (876).. procurarse una profesión económicamente segura.. Sin embargo. en particular. p. 1 0 0 ).]. ante todo. A D. lo destaca el autor— es decir. que de la justicia es flor» (Azorín.corte. pues.]. siendo él tan buen estudiante como debe de ser [. Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe.] del escribano». no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [. por ejemplo. «embebido en la poesía». Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando. La justicia es mi norte. Por las mismas razones.. con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia». Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese. etc.

los churruleros [. Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [. ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [. el que la tuviere. hijo de pa­ dres pobres. y así le adornan.. a raya. y aun los coronan con las hojas dei árbol. haciéndoles ridiculas. a quien no ofende el rayo. de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos. con tono melifluo y alfeñicado.] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean». porque de todas se sirve. de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras. pulir y adornar [. Así piensa Tomás de «los buenos poetas».. se dedica. con que llena el mundo de provecho. no dejándola correr en [. que. por otra parte. de socarrones o de ignorantes. al fin.] desalmados sonetos.. a quien tienen cuidado de enri­ quecer. y todas se han de autorizar con ella» (D. como lo llama Platón (882) n. a «las letras humanas [. siempre tan pertinentes.. los honran y estiman y los enriquecen. Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta». con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 . torciéndose «los labios».. simultánea­ mente. que «admiraba y reverenciaba [. Y si acaso los que es­ cuchan. de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad.]. Q uijote. las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada. y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia». estudia leyes "para pane lucrado” y. no se le alaban [. con no faltar un punto a sus estudios.. que es «delicia de los dioses y de los reyes». así como Ovidio. puntualidad y diligencia. como dice Ovidio. hipócritas «salvas». vuelve como primero a recitarle. o «intérprete de los dioses». com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid.). Preferentemente a la poesía.]. no ha de . parecía que sólo se ocupaba en servirlos».] todas las otras ciencias. porque encerraba en sí todas las demás ciencias. virtuosos y graves. 876). 1325). y.. le dice.. en lo que más se mostraba» (876). Quijote.]» (D .. y.. Tomás.] es en todo extremo hermosa..]. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes... con gran amor y entu­ siasmo. donde queda otro millar de sonetos. saca el que quiere relatar.las letras humanas. según lo sugieren sus citas de versos famosos... 1325)..... y ella se ha de servir de todas. cree que «los malos. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera. hala de tener.]. honran y engrandecen como las mitras a los obispos [. Como ese «poeta [. de deleite y de maravilla» (882) 10. 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles.] son la idiotez y la arrogancia del mundo»..

y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 .. 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero). por calificados que sean. «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. véase nuestro estudio sobre La entretenida .. El protagonista es. incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid..]. ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. no mediados por la inoportuna erudi­ ción. invariable vocabulario. que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882). Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ . Ridicula moda literaria. En efecto. a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que.. es decir. pues. etc. lector de independientes. ni del ignorante vulgo. rabiosas contiendas.la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. horas hay de recreación. un severo crítico de todo lo endeble o ridículo. 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 . 13 Las numerosas polém icas. tan justi­ ficado. sensitivo.. .). los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa. del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . fino. de estas referencias. inteligente apreciador de los poetas buenos. cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales. a la vez. los defiende ardorosa. tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. donde el afligido espíritu descansa» (770). siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882). indignadamente de «los murmuradores».] que casi no hacían n ú ­ mero» (882). repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro. los ojos de verdes esmeraldas». vulgares peleas de perros? í3.]. hacen apreciar el acumen satírico. contemplados íntimamente. sinceros juicios perso­ nales... que no siempre se ocupan los oratorios.otros». particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. no siempre se asiste a los negocios. en nombre de la poesía. es el tan convencional. aunque «tan pocos [. de lo que pasa falsamente por poesía. en E l teatro de Cervantes. según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [. la frente de plata bruñida. originales. entre otras. y.

se pueden a veces especificar y. deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. Riley. “sociológicos”. poéticos. y otros. pero. de que se le culpa. satíricos. Singer. por lo menos adivinar. tratados históricos. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo. form ulando con ello interpretacio­ nes que. Ph. más conveniente para un largo viaje.. pp. 31-53. folklore. nos parecen m uy exóticas. estoi­ cos. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o. destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [. creador de la n ovela corta española . «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». 153-197. bíblicos. los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. evangélicos. En consi­ deración del «pecado de la inteligencia».] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS. Dissertation. 225-316. A ustin. «Cervantes and the Cynics». pp. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. 13-21. C ervantes an d the H um anist Vision . Tomás no descuidaba su devoción religiosa. muchacho inteligente. geo­ gráficos. U niversity o f Texas. Sampayo R odríguez. morales. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. Oliver. Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás. literatura apotegmática. Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». 1977. Garasa. ρρ. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». 20 Según ya se ha sugerido. otras. filósofos idealistas. refraneros. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. multifacética y refinada cultura1 9 . «La filosofía en El licenciado Vidriera». 225-238. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. pp.. D . il. para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta. 41-45. C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». . Tomás revela que también él escribía versos. noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido. pp. textos sagrados. despierto. cínicos. H eiple. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera.. pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. Green. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20. a la verdad. C erva n tes. 17 D icha edición sería también menos volum inosa. 6 6 ). pp. «The Sources. racionalistas. teóricos literarios.. claro está. didácticos.pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . “costum­ brista”. Tom ás. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». Forcione.

. 22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa. como el poder servir un actor «a muchas damas [.. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770). (Véase nuestro estudio citado en la nota 16.] en una sola comedianta» (885). en el ta­ blado y fuera de él. en suma.. pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos. el cuidado extra­ ordinario. le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud.] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás. el inllevable.Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les. olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas. Véase también la nota 14. se buscan las fuentes. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico. lo cual es únicamente relevante (885). y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21. quien podía. buenos actores. según él. pues. Además. Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos.. ridiculamente su nobleza. las alamedas y las vistas de recreación.] trataban [. «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa». al juicio y a la vista de todos» (885). gentiles hombres y de expeditas lenguas». La «indecencia» con que «los tite­ reros [. que sepan representar artísticamente cualquier estado social. donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas. los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros».. porque «con su oficio no engañan a nadie.) . es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república.. Sin embargo... indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert.. como lo son las florestas. es natural que Tomás tenga afición también al teatro. según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación. los desvelos.. También la pintura le interesa mucho a Tomás. se alla­ nan las cuestas.. no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza. increíble trabajo. «fuera del tablado».. que «se maravilla de cómo. aunque.. galanes sí.. Problemas serios. The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). «jurando a fe de hijodalgo». son excep­ cionales en el mundo. cuya función.. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta. algún que otro comedíante ostente vanidosa.

Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella. pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella. podía gastar tres o cuatro años. hace desechar la imagen de él como gé­ lido. impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol. a lo más largo. II. A Salamanca no vuelve de inmediato. entre otras muestras. Tomás se ha formado una extraordinaria cultura..] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. 24 C oloquio de los perros: «[. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual.. leyendo asidua. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ). que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz. porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura.muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese.. a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). y que en esto. pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos. observando curiosa.. que.]. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países. juiciosamente todos los buenos libros a su alcance. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. añadidos a los pocos que él tenía. 125. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga. pero que los malos la vomitaban» (883)23. de su edición de las N ovelas ejemplares). . asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días. discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca. p. En efecto.

... La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas.]..] 26 El deleite de los españoles — y. Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. pues casi le hacían olvidar de su primer intento»... no tuviera en él semejante [. «más vinos [.].]. en general. de continuar su viaje (879)... Delicias “sensuales” todas ellas. a no haber nacido Colón en el mundo. la abun­ dancia de Milán. 27 Forcione. N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”. d’A ulnoy. en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus». se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época.. también de Cervantes— en las hosterías italianas.. el valor [. su sitio inexpugnable [. admiración del mundo antiguo [. pp. «los rubios cabellos de las genovesas» (878). venga la macarela. hombre ibérico. la dulzura y apacíbilidad [. las espléndidas comi­ das de las hosterías. la grandeza [. p..] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878). finalmente. 190). Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova... su abundancia mucha.. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26. la generosidad [.. griegos. «que. patrón.. por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11.profesional25.. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia. su riqueza infinita [...].. sus contor­ nos alegres y. italianos. la rusticidad [.. inequívocamente.] de tantos y tan diferentes vinos». las holguras de Palermo. lipolastri e li macarroni».. de seguro.. pasa acá.] y tan bien dichas acerca de [. su gobierno prudente [. Véanse los diarios de Mme. Su «discreción [. dibujóle dulce y puntualmente el aconcha. como el más refinado epicúreo.].. los festines de Lombardia. degustando.].] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles. manigoldo. como los place­ res de Italia.]. al decirle el capitán «tantas cosas [.. españoles.] comienza a titubear».].. toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» . .. C ervan tes’ H um anist Vision.]. [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia»... se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia.]. es decir... 233-6.. «la suavidad [..

junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia.] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m. se diría—. moderadas. pero bien hecha»29. in largbezza». N o vela s ejem plares. como Calipso. como diamantes de oro» (878). cuidadosamente trazado. 385-6.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín.. dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal. ¡Qué mucho que todas estas dotes. también las delicias “sensuales”.. probablemente. «en la que.fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende. que es el lugar donde se fabrican las galeras. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. más le interesa es su ambiente cordial. Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño..]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [. según todas las indicaciones.] . curioso de todo lo nuevo. artísticos. L ettere e d A rtii Roma. O bras com pletas de C ervantes.. tan eclécticos. p. de múltiples intereses humanistas. Ill. 557: «La città [Lucca]. [«La ciudad bien construida (. vol. que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. XXI. bella ninfa seductora del mar. maravillen y seduzcan también a Tomás.].): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros». con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete. mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. p p . y después la be­ lleza de la ciudad. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista. Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [. ben costm ita [.. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. y o t r o s . la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (.. Treccani. no sólo femenino. Enciclopedia Italiana di Scienze. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879)... de sus habitantes —interés antropológico. vol. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad. pues así son. materiales y espirituales. naturalmente. científicos. discretas. culto. en que ca­ ben. según el símil que le su­ giere su vivida. es decir. de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano. sólo interesado en abstracciones librescas.. 1936. estimulada imaginación. brinda a todo "curioso» visitante. abierto a toda significativa experiencia vital.. aunque lo que. Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S . Luca le parece «pequeña. inteligente.

frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!..]. liberal?: «[. . 31 ss..]. los “tem plos”. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante. pues se trataría de un hecho social más bien raro.] è fra le città italiane che più largamente accolsero... lihri luterani diffusi gia nel 1525 [. Persona de gran digni­ dad. Tomás no tendría dificultades en esta ciudad. en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos.. Vinquisizione. no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681). de las calles. probablemente. por cuyas orillas. medias y enteras esta­ tuas [.]. XXI. la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze. Los “nom bres”. él «halla [. en vista de las notorias..]. ¡oh.]». Véase tam­ bién Granados. Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento. en sí.].. si oppone sempre ad accogliere. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». «su agradable asiento [. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31. L ettere ed A rti. como por las «apacibles calles»... así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles. 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma. por sus atractivos aspectos urbanísticos. y com o en ella no hacen estancia de más de un día. vol.. se pasea «cuatro días» (878). M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina. por su «fresco río». pesimista de Tomás—. son bien vistos y agasajados los españoles» (878).. despidiéndose. su limpieza». con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. al divisar «los montes» — «i superbi colli». y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad. despreciativa. sino ruegan. fa ­ vor evoli alie nuove idee [.. como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo». pp. Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas.. usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30. Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica.. como muchos que visitan esa bella ciudad. peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [. pero sin arrogancia alguna. tollerarono e secondarono elementi riformatori [.. los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna».Italia.] a Roma en Roma»32. Sin embargo.. 562. rotos arcos y derribadas termas» (878).

. Amberes). con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877). «como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878). admiró» (Roma). con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [. asombro. costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. íntima.. aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera.. besar «el pie de su Santidad». que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes . pinturas y retablos». pero. mortajas. unién­ dose.. los me­ dios bultos de cera. Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas. el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración..]. Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad.. sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras. «le pa­ reció bien» (Sicilia). lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33. además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados. ¿no la respetarían aun éstos.. Su profunda “admiración” abarca. Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España.. «Conténtale» (Florencia).. de modo natural.. según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados. por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa. «para maravillar» (Milán. a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias». observar todo eso.. por fin.]... no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”.. despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias. confesarse «con un penitenciario». pero algo distanciada.. veneración.. exaltado. .. y. etc. «adoró [. contento: «admiráronle» (Genova).. directa. cadenas [.. ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos.petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico.] del templo» de Loreto.

cierta meditada distancia intelectual y emocional. y no entendieron. looking an d learning.. 36 Enciclopedia Italiana di Scienze.. El pensam iento de Cervantes.. noting a n d assessing. observando y aprendiendo. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36. N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. p. 265. vol. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”.. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19). 230 ss. sin duda. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics». de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist . Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa». pero sin envolverse en nada». pp. según sugerimos. (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I». y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879). 190).]. . al personaje34. 505. dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [.]. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover». C ervantes' H um anist Vision. Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. p. como tampoco sugerimos que sea erasmista. pero que se atribu­ yen lógicamente. en particular. de sus supues­ tas relaciones. ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y. pero sí.opiniones personales de Cervantes.] 35 Castro. p. por desgracia. L etter e ed A rti. x x í. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes.) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX. [«(. También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron. notando y evaluando..] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » .. y la m uy semejante de F orcione. (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico. [«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura. todos los cielos y todos los ángeles.

] la malicia del dicho» (881). ninguno se llamaba el capitán don Fulano. 20. pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. sino tan sólo su hipócrita. todos frailes y religiosos [. fray Raimundo. La ropera le ha­ bía preguntado. por ejem­ plo. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes. que no puedo llorar?» (881).. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”. pastoral ¡monachatus non est pietas!». la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [. ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»).]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual.] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás. ni el conde. que me pesa de su desgracia. sino fray Diego. no son. una “malicia” a base de e^te 38 Singer. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. Ambos aparentan una asidua participación devocional. fray Jacinto.]» (881).. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [. ¡qüe se creen legítimos. no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular.. sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima.]» (887).. por este episo­ dio. señor Licenciado. como si reflejasen su indignación perso­ nal 38. «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance». marqués o duque de tal parte. p.. en los dos cristianos nuevos: «Esperad. y la reacción anonadada de su mujer. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem. la falsa apariencia. Domingo. ridículo propósito de hacerse pasar por lo que. .muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados.. como todo el mundo sabe. y otros. pero ¿qué haré. naturalmente. pero. al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [.. y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [. plorate super vos et super filios vestros». a que pase el sábado». y. como..... la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. claro está. menosprecian su ingenio satírico.

inteligente. Adem ás. po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. de quien se dice que puede decir y hacer» (879). educada. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia. pero eso sí. particularmente en las com unidades de contigua. administrativa. aunque sólo pasivo. probablemente. es una realidad perenne. comercial. Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas. la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. Cualquier persona.hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. moral. que. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. discreta. en esas costumbres devocionales (Agnusdeis. Loreto). Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40. adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). aun sin proponérselo. extranjeras. . se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. 99-102). pues sabe que las roperas solían ser judías.de Vulcano» de Milán. intensa convivencia. y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39.. industrial. ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola. 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca.. «ciudad [. la «oficina . nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás.. oír y saber de vidas ajenas. Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332). A nte todo. ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. «gra­ nero de Italia» (878). mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. de la vir­ tud y del honor.] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes.. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales. la fe en la dignidad del individuo.]. aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”.

prosperidad económica y cívica de Italia. A. en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. . 1962). sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44. no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. 44 Casalduero: «Viaje cultural [. pues. esta laboriosidad. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde.. en todos esos aspectos. 43 El Saffar. Tomás es persona educada. con lo que Tomás. evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42. en efecto.. atractiva. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. con la de Tomás43. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes. que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. C ervantes y la libertad. From N o v e l to Rom ance . simpática. Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. ciudad. 103). productividad. pero. En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. 128..lítica. culta y también muy agradable. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos. individuo inteligente.].¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. con más amplia. pp. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. objetiva perspectiva crítica. con toda probabilidad. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . Relación misteriosa. de la España de los Felipes. El viaje de Tomás revela. p. según se elabora más adelante. pp. ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. 54-5. inconscientemente. 143-147). se identifica en gran parte. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o. 45 Rosales. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes. la única— del viaje de Tomás por Europa. la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia.

llegada y suceso. con pesar grandí­ simo de su camarada.los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. al acabar los estudios. «fue bien recibido de sus amigos». También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que. al fin. le rogó que se fuese con él a Italia [. en particular. encontrándose de­ samparado en la patria. A todas luces. camaradas en Gé­ nova (878). y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen». Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo. Tomás se despide de ellos. En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad.. al tiempo de despedirse. que de seguro añoraban mucho su presencia (879). si fuese necesario. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [.. Prometióselo así como lo pedía [. muy significativamente.]. cuando la ocasión es apropiada para ello.]. ingenio y desenvoltura [. y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880)... ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). lo cual se evidencia. Se trata.]» (879). sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella. en suma... cariño y amistad. Y. que le rogó. le avi­ sase de su salud. de una bella re­ lación de mutuo respeto. lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. «contentísimo de [su] buena presencia. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos.. su bandera». aunque de seguro prefiere la vida privada.. «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877). Él los sirve con «fidelidad. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. cordialidad.. donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero».]. Tomás es hasta gre­ gario. el gaudeamus con los soldados. que él le ofrecía su mesa y aun. aprecio. Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca. por ejemplo. todo sólo para que Tomás fuese su compañero. el capitán Val­ divia» (888). Al volver a Salamanca de su viaje. por el antici­ pado salario. Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ .. como lo ilustra. puntualidad y diligencia». sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877).

(881.. por ejemplo.. la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?. donde [. pero algunas de sus declaraciones. escrúpulos [. «tenía particular enemistad». Otras declaraciones parecen misóginas.. . la va­ nidosa pretensión. y le aconseja que no vaya a buscarla.]. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881). Aun antes de criticar los ridículos fingimientos. entre otras cosas. v. sino las vecinas». Otras declaraciones sobre las mujeres.]. consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo».. por ejemplo. que es.pos» (879).] las mujeres triunfan» (887).. en efecto. 886.. flaquezas de estómago [.. el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [.. a quienes. sin serlo en realidad. Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886). con más re­ pulgos que sus tocas [. «las cortesanas [.]. «los templos son campos de batalla.. su modo de hablar. tan determinada en conquistarlo. Es el mismo prudente. ante todo. cuya «mujer se le había ido con otro». ...].. Al marido. te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». en efecto. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115). su inutilidad y sus vainillas». Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas». probablemente se deben. a un momentáneo encono por la reciente. que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [. pues. Rosales. «las dueñas con su permafoy [. 128. como. demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio. vaguedades de cabeza [. 1648). etc.. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social. pero no sufras que ella te mande a ti» (881). Quizás.]: Dale lo que hubiese menester. todas o las más tenían más de corteses que de sanas». 887).]. Pablo.. A algunos lectores Tomás parece misógino47.... déjala que mande a todos los de su casa. como...]. pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal.. Véase la Epístola de los Efesios de S.] no eran las apartadas.. sus muchos melindres [. sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo. de cualquier modo (879).]. tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48.

amistosa de Tomás. haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. a quien pudiese amar con todo su ser. resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. mucho más discreto que los otros estudiantes. de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor». lo que Tomás critica. según ya se ha mostrado. . el amor. Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». 115. 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». Sampayo Rodríguez. pero a la mujer. porque. no quisiese cortejarla-—5 0 . Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger. sociable. supuesta­ mente.que es el defecto o el vicio en sí. simplemente. la encontraría. 52 Críticos m encionados en la nota 3. que constituyen la médula de la obra. 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. C ervantes y la libertad . aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). Cervantes . Sin embargo. 93-102. todavía no la ha encontrado. Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. Se dice que Tomás es un “m isántropo”. y de su interés en el prójimo. de un modo u otro. el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. por encima del sexo que lo per­ sonifica. pp. critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52. al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. quizás. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49. Las mujeres bellas llaman mucho su atención. más bien. Sin embargo. toda­ vía no ha herido su corazón. en el futuro. creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879). p.

. 56 O liver. Quijote. p. muy justamente censurables. al futuro. como algunos lectores lo han retratado. un cínico negativo. es claramente afirmativa. la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. cierto optimismo.] que casi no hac[en] número» (882). éstos. ¿No sería quizás inverosímil. de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. «un religioso muy gordo». 190). p. y del propio Cervantes: «[. como Vidriera. 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. a que se re­ fiere. entre otros que no lo son (887).. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela. profesiones. oficíales. véase nuestro estudio citado en la nota 16.. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad. Antes de “enloquecer”. destructor. sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. entre los médicos competentes. él no es. precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es.] muchos necios» (D. 55 Riley. los «levanta sobre el cuerno de la luna». en efecto..] es más el número de los simples que de los prudentes [. etc.. pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera. Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios.. A los “malos” critica y satiriza severamente. Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—. grupos. bilioso. esperanzada. pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55. en cualquier grupo. optimista. en la posibilidad del cambio. de un modo impropio o in­ sensato. 1252)54.tan». al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics».]. 237. diríamos que. guloso. «Cervantes and the Cynics». cívicas y personales. fundamentalmente. y así. de todos los tiem­ pos. ¡aunque no muy grande!. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). la actitud de Tomás frente a la vida. incluso en un sentido es­ trictamente médico. no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey. son «tan pocos [. sorprendente que Tomás.. que desapareciera tan por completo después. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53.. en efecto. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ». Por desgracia... pocos sabios [.

..].].]. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales.. p. irritantes.... en cada calle y en cualquiera esquina».... sin dejarle sosegar» (880.]. no sólo mu­ chachos. 884): «Pasando..]. Así. etc.]. ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo».]. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo. . que no puedo llorar? [. con tal de no dejarle en manos de m uchachos....]. sucios [. «a cada paso. ante todo.]... 190). se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo. casi siempre maliciosas.].. a despecho de sus ruegos y voces.. creador de la novela corta española. Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [.. Uno de ellos lo llamó [.].. Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [. pues.. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [. diciendo: ¿Qué me queréis. Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [..] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente... y Cervantes.]. que son la más traviesa generación del mundo. como acto de defensa: «Los muchachos. Preguntóle otro estudian­ te [.]?» (880)57.. Otra vez le preguntaron [. le dijo una ropera: [. mucha­ chos porfiados como moscas... Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881). a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto.... Un príncipe quiso enviar por él [..]».] ¿no tenéis qué decir? [.. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano.. y díjole: De nosotros [..gunos m om entos—.]. y aun piedras [. atrevidos [. Uno le dijo: ¿Qué es esto [. Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos. Cabe advertir.. provocadoras. preguntas agresivas. una vez por la ropería de Salamanca.... sino «todo género de gente [. que Tomás no critica a diestra y a siniestra.]. Cervantes... Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [.].] ¿qué haré. Y después empezaron a «seguirle siempre muchos».].. Preguntáronle por qué [. ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita... cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera. ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello. le comenzaron a tirar trapos. haciéndole toda clase de preguntas «continuo [. sólo por oírle reñir y responder a todos».

a la postre. conforme a su parecer. como. porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885). El silencio. cíni­ cas. paten­ temente. cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta.. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [. integridad intelectual. porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”. aparentemente sin conexión alguna. fácil comprensión. la pasividad. resulta clara e ingeniosa. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón. despiadada. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro. estas combinaciones de críti­ cas.. zapato malo». aunque no siempre de inme­ diata. cuando 53 Forcione. 227 ss. no se trata de víctimas inermes. de individuos de hipócritas. etc.]. cen­ sura a éstos.] empedrada [. C ervan tes’ H um anist Vision... etc.. Sin embargo. pp. En suma. que «pasea» a la hija «muy fea [. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían. y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia». sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. Poco después de burlarse de la tendera. honradez personal. a base del subterfugio. ridiculas. ecuanimidad judicial. deshonestas. y lo es en todos los demás casos semejantes. personal.. sino.] de dijes. hechas en una ocasión previa (886). galas y perlas». pues. satiriza a los “procuradores y solicitadores”. siempre se revelan. etc. . A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. del falso «licenciado» (884). de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58. gratuita. la indiferencia frente a la mentira. el de a cuatro de a ocho» (885). en efecto. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881). por ejemplo. del «juez de comisión» (884). por ejemplo. ¿no sería. constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. inocentes de una crítica injusta. aun­ que sin provocación directa. pretensiones públicas de fe genuina. una conveniente.diato— respecto a otro blanco. La asociación mental de los dos casos. lógicamente relacionadas de algún modo.. al disparate. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás. del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238).

p. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . no es un irresponsa­ ble. cínicas y sarcásticas. en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”. cuando ésta lo provoca de m odo directo. 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce. 1326). con que no señale persona alguna» (D. a menudo. pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta. cuyas «lenguas y picos». punzantes y. Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. y decir en sus versos mal de los envidiosos.. aunque los reprende. Q ui­ jote. se nos dice explícitamente que en tales situaciones. como en el caso de la ropera63. 887). y así de los otros vicios.. los que lo persiguen a él. con toda clase de preguntas.]» (887). cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D. Vidriera señala a la persona. sin duda. «sin dejarle so­ segar» (884). 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o . «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [. La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881). al encontrarlos en su cam ino62. sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880). chispeantes. Quijote. Además. con­ dena severamente repetidas veces (882.son éstos.] corrido» (888). p. Tomás se sentía «confuso y [. despiadadamente. pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. por verle armar algún escándalo.. circundando» (884).). 58) [«C om o en un jardín zoológico. Las críticas de Tomás son. 161. ingeniosas. a veces. que no de vidrio». Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid.. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera.] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60.]. 61 Sampayo R odríguez. ¡sitiado! En efecto.. y divertirse a su costa59. «La rueda de la mucha gente que [.. inevitablemente. 1326). provocándole de continuo.. la muchedumbre lo sigue por todas partes.. evidentemente. en los individuos que lo ejemplifican.

verso. 56. más profun­ das.] que era todo hecho de vidrio» (880). y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. fundam entales. refrán.. “transcendentales”. le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad.].Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. confuso 64. 105). esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. en gran parte.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas.. Tom ás comunica verdades claras. asistemático. h. Sin embargo. entre otros. 208). y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida. pp. 133155). Esencialmente. en circunstancias siempre diferentes. Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada. etc. la hipocresía. en su conjunto. Rosales. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. í. «de pensado» (888). la estupidez. 64 El Saffar.. p. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación. que se le hacen.) en que se inspiran sus contestaciones. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad.Esta “fragmentación”. pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. fluida. la mentira. Sin embargo. com o también la forma (apotegma. “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas.. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”. la tontería. p. Imaginóse [. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás. T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos.. la in­ competencia. en que coinciden varios otros críticos. Esta op i­ nión. y que . Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. en que el público lo ha convertido. el vicio. “real”— 65.. p. permeable. natural. Por esta actuación meramente verbal de Vidriera. etcétera. es evidente que Cervantes nados en nota 3). N o v e l to Rom ance. cotidiano. Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. en un ambiente social. R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [. ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera. Tanto las aparentemente ligeras. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. y de las preguntas tan variadas e inesperadas.

Así. con su sutil transparencia. frágil. toda inhibición para decir la verdad. por ser las cir­ cunstancias diferentes. lo que siempre pensaba. por ser él «hombre de vidrio». todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. Así. de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. Diríamos que se identifica con el vi­ drio. la locura. que «le diesen de comer sin que a él llegasen». p. verdades com prensibles para todo el que desea saberlas. de los proverbios. La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás.. ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880). sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”. de la mentira y de la ignorancia. igual que la verdad. La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. sin ser «de vidrio». que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda». pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio.. bajo la constante amenaza de un contacto violento. pp. paradójicamente. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. mezquinos intereses “terrestres”. tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). el vidrio. en forma alguna. que­ bradizo. pero si no me dejáis. pe­ netradora de la más densa oscuridad y. ob­ sérvese también que no son nunca tontos. de que sólo «le hablasen de le­ jos».) .. «Por ser [. dichos ingeniosos. por no perseguirle el público con sus preguntas. cuando “lo c o ”.] para abogar y ganar la vida. obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo. im­ propio. pesada y terrestre». perenne. chistosos. pero que no decía. pero. de materia sutil y deli­ cada. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. de mágicos poderes reveladores. 35-78. porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad.. «A quí he venido [. La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida. La única diferencia consiste en que pierde Tomás. es decir. que él siempre persiguió en su vida. habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ). víctima fácil. es también muy “delicado”.] el vidrio. 214). Sin embargo. de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo. pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. descansa en consideraciones m uy superficiales. refra­ nes. popular.

folklóricos. claro está. véase G onzález de Am ezúa y M ayo. Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios. determinado a ser fiel a sí mismo. creador de la novela corta española . 68 García Lorca. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. como el vidrio-espejo.. favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. Ahora bien. en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». pp.. «si no fuera» por creerse de vidrio. consciente o subconsciente. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. Insistiéndose en su virtud deformadora.de las calles. se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada. y le quebrase» (880). la “locura” de Tomás es la explicación usual. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. y. refleja de modo in­ mediato. de un modo u otro. humana. «hombre de vidrio». etc. Tomás. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. sobre todo. social. de esta obsesión. Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887). 154 ss. supuestamente muy có­ mica. Personificación de la ver­ dad desnuda. cuando la imagen re­ flejada no es halagadora. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». Con este objeto se fijan complacidos. con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. «mirando a los tejados. constituyen. «El licenciado Vidriera y sus nombres». . ¿no suele quizás el mundo negarle. consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. en realidad. nacional. Así.. las terribles consecuencias ínsitas en tal condición. conveniente. con la tan temible verdad. p. temeroso no le cayese alguna teja encima. etc. radical. Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. sin inhibición alguna. C ervantes . 165. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». De he­ cho. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente. ardua enmienda personal.

engañosa disculpa69. sin jamás poderse revelar com o Rodaja. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. . os responderá mejor de pensado» (888). modesta­ m ente. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. sólo en esta sencilla y clara ironía. cuando promete decir siempre a todos la verdad. según antes lo consideraban71. que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. preguntádmelo ahora en mi casa. sabio. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. sino tan sólo en la diversión. pa­ yaso callejero o bufón de corte. esencialmente. por causa de su actuación com o Vidriera. como hombre grave. y no Rodaja. tam bién morirá com o Rueda. and Certain Related Images» de Engstrom. bueno. 70 A dopta el nom bre Rueda. pero creem os que consiste. de improviso. «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. según dicen. perversa o tontam ente. «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas. Tomás va a Flandes. Significativam ente. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad. Al fin. a costa de un indefenso “lo c o ”. psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. ya curado. de un m undo al revés. 82-92. sabio. como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. entre otros). suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. también porque piensa. com o se ha propuesto al princi­ pio. que considera. que todavía no ha honrado a su familia. a la vez. y veréis que el que os respondía bien. fundamentalmente. 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»). aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. Rueda. U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. pp. pero sin ya declararse «de vidrio». ninguna conveniente.cisamente por esta razón. cuando Tomás.

el texto no sustenta en absoluto tal interpretación. pronto envuelve. 74 La guerra por causa del rebuzno en D . pasteleros. las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. por su tan “extraviada”.. .. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. brutal juego por la ventaja material y el privilegio. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [. rasgo distintivo también de Vidriera. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros. en que principalmente parece consistir esa profesión.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán». en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera . aun al mejor intencionado. La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador. 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. p. sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado». El inescrupu­ loso. como cualquier turba mercenaria. caps. Ahora bien. “lamentable” con­ ducta o actitud pasada. Q u ijote (il. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso. 316. absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. 73 F ord one. de paso... que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. a principios del siglo XVII. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [.. y también. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia. etc. el maltrato y el parasitismo. Cervantes— 74. claro está. con toda probabilidad. rencoroso. destructivo desahogo cínico.tuito. que. a Tomás seguramente le parecería incongruente. Notemos. de modo inexorable. y el re­ chazo categórico del discreto.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877). desenfrenado.] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros.. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. incorruptible joven: «Esto sería [. C ervan tes’ H um anist Vision. tahúres.

Ese mundo ignorante. creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos. fértil. Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables. ex­ plica Tomás al capitán. cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. él también. de Tomás bajo la «pesada». lógicamente. pues la gente no dejó de «perseguirle». ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. sino. donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase. ¡y de la actualidad!. «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). como un trágico ostracismo. Teniendo en cuenta todo esto.ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. sutil. aunque ideal. después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas. No. se concluye. morfífera «materia terrestre» (880). Tomás.. cruel. anímica. la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877). alado. en realidad. a todas luces. delicado. a la socie­ dad entera. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». pues no podía valerse de las de su ingenio» (888). sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). en realidad. del pensamiento. al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. con amargo desengaño. re­ crimina. por esto. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». todo lo contrarío. la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. sino. en particular. En efecto. la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. y sentirse gratificado. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual.. a la corte. como. fiel a sí mismo. se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre». liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . y. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. como si todavía fuese Vidriera. en efecto.

«El licenciado Vidñera». asimismo ejemplar. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. es decir. 76 A zorín. trágicas consecuencias. constituyéndose en la ejemplaridad moral. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. inconsciente?75. que ha escrito el inmortal genio»76. que a menudo se califica. callado. 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. a nuestro juicio. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular. muriendo en un campo de batalla. pp. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. aparentemente todavía no bien apreciada. pero también. repri­ miendo su opinión y su sentir. ge­ neradora de inexorables. 194. He aquí. a menudo. filosófica de la obra. claro está. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. cuando menos. Como ya se ha visto. «El licenciado Vidriera». en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad. es decir. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. Con Cervantes. . Parte íntegra de esta ironía sería. sublime gratificación íntima. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. enfrentado con una insensata muerte. en 75 A unque con enfoque distinto. p. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». La Torre. resignado.de “terapias psiquiátricas”. ya otros (Riley. Esta lamentable. trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales. 102-3. la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888). 77 Serrano Poncela. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. la actuación de Vidriera se sustenta. p. con inefable tristeza.

dedicado. Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. la enseñanza como. sabios. y como Vidriera. refranes. analfabetos e “intelectuales”. de esta sabiduría. que atañen a la creación y comunicación artísticas. morales y. drama de este tipo particular de in­ com prensión. anécdotas. oral y escrita. estéticos. oral y escrita. y. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita. Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. festejados tan sólo por lo más “divertido”. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria. hombres y mujeres78. inevitablemente.. necias. correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. Esa sabiduría tradicional. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. y otros que no lo son.. su transmisor hábil. Desti­ natario de torpe. en particular.. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. como en todas las obras cervantinas. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad. culta y popular. Tomás representa a todos los autores. superficial de sus creaciones. proverbios. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. anónimos y notorios. 78 79 . chistes. ridiculas. en forma de apotegmas. predominante en to­ das las esferas sociales. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . frívola disposición anímica.. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. dichos. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. pasajera del destinatario. insensato apetito por la diversión fácil. en la sabiduría tradicional. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. naturalmente. claro está. a la vez. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás.gran parte. quien así banaliza tanto el pensamiento. virtuosos. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. por sus reacciones impropias. también el arte con que se expresa. sentencias. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. De asiduo.

etc. no merece ser discutida. 191. N o v e l to Rom ance. «C ervantes. «it does not merit discussion». Esta estructura parale1 A tk in son . porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. etc. «Introducción». «unworthy o f Cervantes' genius».. con que toda la materia.] 4 Calerait. advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. p.. etc. themes. en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela. de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 . «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ». 136-141. etc. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». psychological motivation and outcome as it does». . desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción. Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua. Sin embargo. p. Pierce. p. p. [«(.) no tiene relevancia para el significado de la vida. el P inciano and the N o v e la s ejem plares ». C er­ vantes. en efecto. «it has no hearing on the business or meaning o f life». De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. symbols». «anecdotes. «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events.] 2 Avalle-A rce.) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas». 3 El Saffar. 114. moraleja extraña de la historia. [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. characters.] 5 Ibid. 128. «Structure. [«(. 197.. pp. p. personajes mal retratados. falta de «buen gusto». ill. lleno de increíbles coincidencias. no es digna del genio de Cervantes». Duran.. pp.. G itlitz. l.LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . descriptions. asunto inverosí­ mil. la m otivación psicológica y el desenlace». Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ». [«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. C ervantes: N ovelas ejemplares..» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso». 71-2. se distribuye en dos partes en la obra. 27. ejemplaridad cuestionable de la obra. que.

Otras veces. “milagrosa”. antítesis. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera. Forcione. alegóricas de L a fu e rza de la sangre . la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen.. El Saffar. nuestro estudio propone otra posible lectura. se acentúa ía “industria”. es concebida de tal modo. en El teatro de C ervantes). etcétera. N o v e l to Rom ance. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. divina. «Structure. pero sin descontar al “designio di­ vino”. 8 El Saffar. de ha fuerza de la sangre. que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías. antitética. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. simétrica. díptica. «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels.. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. mís­ ticas. en cambio.)». en sus interpretaciones. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas. pp. y otros) reconocen tal estructura. alegóricas. que se considera feliz. esencialmente. sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1.. 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas. Casalduero. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. sobre todo. Soons. enga­ ñosamente..lística. p. cíclica. For­ cione. reveladoras de la naturaleza compleja de la novela. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas. determina la estructura de la novela. religiosas. sin contrición alguna.. pero. mucho más sencilla. etc. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. descripciones. por ejemplo. al menos en parte. 203. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. . Piluso. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. 134 ss. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ». etc. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural. 7 Calcraft. temas. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. sino que. caracteres.) (.] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja. en juicio de los críticos que así la caracterizan. a nuestro juicio. sím bolos (etc.

de una total abstracción de la moralidad. pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. pues. C ervantes . 69. censor de su época. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. Cervantes. Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. en un estado delirante.ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. creador de la novela corta española} o. tal conclusión. ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. I. como penas del infierno o del purgatorio. como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. de esta obra tan “realista”. G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891). en L a fu e rza de la sangre . N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . p o ­ lítico o de conciencia. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella. quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891). p. “histó­ rica”. Sin embargo. no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. en la ejemplaridad crítica. con gran sutileza conceptual e irónica. p. re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. semiconsciente. 2 1 2 . constituyéndose todo. moral. . sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. cuando menos. en sí. nada frívola ni “idealizante” H. Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. planteamiento de problemas de ningún género. característicamente cervantina. enmudece aquí». según se las hace imaginar su educación religiosa. por un ins­ tante.

que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años. entre mi y el cielo pasarán mis quejas.. tanta desdicha.]. Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra». por «piedad».. desmayada me pisaste y aniquilaste». 136-7. que le quite la «vida».. natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892). Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada. . ya que le ha quitado la «fama» o. que si ahora. destrozada para siempre.]». sino conforme a él se le asientan en la estimación [„.. ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos.. Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. despierta. sin querer que las oiga el mundo!» (891). cándida edad se acumule.. si no. con los dientes». ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle.. defendiéndose «con los pies. Al recobrar Leocadia el sentido. A pesar de su ab­ soluta inocencia. no es bien que [la] vean las gentes». de que en su tierna. propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [. pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. nótese. Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice. que «cubra con perpetuo silencio [. no llegando los míos a diecisiete» (891). sin resistencia concediese con tu abominable gusto.] traidor y desalmado hombre [. en esencia. A lo forzoso. pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [.] la ofensa que [le] ha hecho». Desesperada. le recrimina indignada «[. N o se trata de un reparo crítico del propio autor. refleja. con la caracterización verosímil del personaje1 2 . las advertencias y enseñanzas 12 Riley. a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas.. Al expresar estas preocupaciones. indica su íntima. preocupado con el decorum.chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima. pp. implora a su violador. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada.. pues.. C ervan tes ’ Theory o f the N ovel. antes podrás matarme que vencerme. con las manos. acongojada.]. es decir. tan repentina y violentamente. Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella.].

. dándolos hacia su casa [.. sus padres. ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte. no vio a persona..] tú ni en dicho.]. según se deduce también de las reacciones del padre.]... si acaso la seguían. «también has de jurar de no seguirme. es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». hija. tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones». profundamente horrorizados y entristecidos. por decreto de la “honra”.]» (893).. «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. etc. a cada paso se detenía. ni el de mis parientes». fuera de [su] padre y de [su] confesor». es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora. después de haberla violad o. N o v e l to Rom ance.] . no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [.. ni en pensamiento le has ofendido [a Dios]. dice. (893). o a lo menos junto a la iglesia mayor. que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena. implora a su ofensor. se entró en una casa que halló abierta. El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que. ni saberla [mi casa]. y por desmentir los espías. amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle. lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso. que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [. que yo por tal te tendré.. Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso».. después de la violación.que le impartieron en su casa. ni el mío.. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron». «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892). sin que jamás 13 El Saffar. y la verdadera honra en la virtud [. ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [. y de allí a poco se fue a la suya [. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle». Leoca­ dia «miró a todas partes.. [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia.]. 132. p. tente por honrada. Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen.]». y pues puedes vivir honrada con Dios en público. Por la misma preocupación. porque».. ahora. nutrida por el chisme.

. que es la verdadera honra. porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [. 15 Scott. palabras sencillas. princi­ palmente. teatrales de esa época u . suspiros y lamentos [. víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta. reales y lite­ rarios. familia buena. 894). llenas de com­ pasión y ternura paterna. cristiana. «debía de ser hombre principal y rico» (892).]. por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. Palabras exaltadoras de la virtud personal.. parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). de comprensión humana. . con todo el recogimiento posible [. pero de humildes recursos económicos (890). como único remedio.. des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols. con ves­ tido tan honesto como pobre [.te mire sino como verdadero padre tuyo» (893). sin dejar verse de persona alguna. Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. Proba­ blemente. como lo lamenta Leocadia. no fueran en mí tan desdichados» (892) 16.]. resignarse.... evocadoras de la tradición evangélica cristiana. sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. erasmiana. retirada y escondida [. 125-132. lloros. aconsejándole. entre «gemidos. temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente». La familia entera de Leocadia es.]. de solidaridad en el sufrimiento. 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia». exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos.]. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres. consciente de que no se le reparará el agravio nunca. a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles. pp.. en cambio.] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles.. la protagonista de esta novela1 5 . sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo. sufriendo terriblemente todo el tiempo. «encomendarse» a la justicia divina (893).. Como consecuencia del rapto. en que fue violada. en realidad. honradavirtuosa. Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893).. A esta convicción.

suprimiendo de continuo. .. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. D ostoïevski (El idiota). De acuerdo con su fundamental noción del individuo. sumario. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. atroz martirio!. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890).. y después. feliz. digna. su instinto y cariño matemos. Juventud trágicamente truncada. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia. Sin embargo. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. ya sin esperanza alguna de una vida normal. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. G iornata ΠΙ. 38) [«(. contaminada Ja honestidad de su mujer»]. non scemata. de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa. mucho más extraordinario. pasaje citado ya por Pianca. condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública. aunque se hubiese vengado enteramente. no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. Sin embargo. Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire. p. porque.) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir.trozada. en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. ¡du­ rante siete años!. Cer­ vantes no condena de modo categórico. de haber castigado al reo. física y emo cio nal mente. G o eth e (Fausto). usurpando este oficio la madre» (894). fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ». “deshonrada” víctima. e d essendosi scoperto. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. claro está. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida. Cervantes nos muestra otro posible desenlace. La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”. causas y motivaciones impropias. es decir. y habiéndose descubierto. novela II. hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. entre otros. a la poderosa y rica clase nobiliaria. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. ¡Auténtico.

«en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». Y. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. mientras que su hijo es.. si no muy rica. Significativamente. esencialmente. inspirador para los de­ más. poder. un ruin. la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio. que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895). ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. . acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia. como ejemplo imitable.. cubiertos los rostros. porque mis padres lo son. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna. consistente con esto. miraron los de la madre y de la hija. con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas. buena gente. ya que no le po­ dían hacer rico.. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 . como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. la calidad. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896). pues para él toda “sangre” es “colorada”. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. el de las ovejas con el de los lobos y. D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia.. a pesar de ser hijo de Rodolfo. entiéndase “engendrado” y criado. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos. a lo menos muy virtuosamente [. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina. pero son.]. los genuinos méritos personales.]. a todas luces. del azar. Nobleza. según se verá. y de la criada». «com o mujer y noble». lo cual repercu­ tiría también en su vida. depravado. N o se trata de una inocua mucha­ chada. Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia. Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [. y lo han sido todos mis antepasados. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. A su vez. les imponía. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). el carácter. Luisico.lar.

. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9. arañóse la criada. brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia. todo lo cubría[n] [.subraya varias veces. Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social.]. Después. llevando «los despojos» de la desmayada. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo. gratificada por el momento su lujuria. «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ». ni los gritos escuchados. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». pues tienen también «un niño pequeño» (890)—. que «despertó en él un deseo de gozarla. fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre. con muy buena razón. 363. humana. para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana. según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . símbolo sacro­ santo de la familia. con la misma facilidad.. En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle.] Dio voces su padre. C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. ex­ poniéndola. a un gran peli­ gro de muerte. gritó su madre. La apetencia sexual 19 F ord on e. así desmayada como estaba».. más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto. Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico. lloró su hermanico.. ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [. que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo. a la madre —mujer todavía joven. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”. sin el menor escrúpulo de conciencia. ni movió a compasión el llanto. a pesar de todos los inconvenientes» (890).. que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos..] las crueles entrañas de los malhechores» (890). sin duda. lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo. pero ni las voces fueron oídas. sino de una descarada. quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro». p.

con orgullo. «llevado de su amoroso y encendido deseo. (A lzieu.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. que de m ujeres quiero la hermosa . y después. en algunos aspectos episódicos fundamentales. T oulouse. no se dife­ rencia. en este soneto burlesco: 1. porqu e es astuta. la gallina! 4. con faceta psicológica más compleja. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. sumisa. y adoran la si es fe a y es parlera. 1975. Libro vi. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). Jammes. la raposa y no como. Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. de O vidio. que una extraña. sosa de carácter: «como no sea necia. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. de algún m odo. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. tras su deseo. esencialmente. p o r simple. ¡ O necio humor. com o su ideal am oroso. anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. Es justificado pensar. como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. quizás. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. R o­ dolfo queda «sin sentido». 3. . pues hermosura busco y no dotrina. L issorgues. P or la hermosura no dan cornado. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia. 20 Lo que R odolfo proclama. con obvio tono cínico.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. pues. m as devaneo! ¡C om o. Cualquiera vaya. no amor. 2. p. 15. cuando menos. del “ideal” que "se exalta”.

pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado. Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad. p. siente algún tanto de com pasión por su víctima». R. .]. «no quiso hallarlos. 127.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo. probablemente. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada.). Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia. quiere evitar toda incomodidad con la justicia. [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (. la había dejado en la mitad del camino» (892). Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [...]». ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890). cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance. Cervantes. II. Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». Aberración sexual. Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas. por otra parte.. movido de sus lágrimas [. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo.. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas. porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien». por el poder de su familia. p. Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [. since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes). creador de la novela corta espa­ ñola. avasallando todas sus facultades racionales. Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados..]. Sin embargo. inerme. la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella. antes se resolvió en decirles que. he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. pero ya en la calle. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y.. claro está... caprichosamente. 23 Scott. siem­ pre posible cuando hay testigos24. por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22. 221. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor.Rodolfo.

porque son propicias a las «compañías libres». 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. de cuestionable propiedad.. p. D e igual m odo. 26 Es inolvidable la descripción de D .gests the facile movement toward degradation.]. «todos insolentes» (890) —sin duda. para ir al río. al explicar que su hijo llevó a Leocadia. vuelve a su casa al caer la noche. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo. m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. probablemente al río. siempre anticipando aprobación y admiración. necesario. el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador. quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito. que no obstante quedan descui­ dadas. De tales festines nocturnos. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento». . mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. por los calores del verano.. while movement away from the city suggests the opposite»25. tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo. «las once». Por cierto. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). Rodolfo baja. a estas horas. a un cuarto aparte en la casa [. a las diver­ siones disolutas. «por darle gusto» y. hay dife­ rencias significativas.]» y 25 El Saffar. Y ellos. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. y. por frío cálculo oportunista. muy obvias. con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. Likewise. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón.. como gente honrada y discreta. claro está. pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. dejándole. aplauden todos sus «desafueros». N o v e l to Rom ance . con­ secuentemente. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia. «sin ser visto de nadie [. Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. para violarla. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent.. portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos.

el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. considerados. al comportamiento y a las andanzas del hijo. «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. desee el padre alejarle. sólo como na­ tural desahogo juvenil. picioni. «conforme a su deseo» (897). permisiva en general respecto al modo de ser. probablemente. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. no atreviéndose a disciplinar al hijo. pre - . precisa­ mente por este “renombre”.que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas. discreta. Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. y. a su voluntad. pero «fea». Poco después del rapto. por un tiempo. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. como de seguro sabe muy bien. ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo. no es moralmente condenable. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. noble». Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. con su acostumbrada indulgencia. diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. que era fácil deshacerse los conciertos». «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». nótese. pero no lo es menos que. el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia. Con sutil estrategia psicológica. a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa. pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. sobre todo. donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». de Toledo. en sí. En todo caso. A la inmediata. pues. que no tuviese pena alguna. que amenaza la honra de toda la fa­ milia. enviarle a Italia. Esta “inadvertencia” que. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato. juguete para su mocedad. El “desig­ nio” se realiza puntualmente.

“mila­ groso”. creador de la novela corta española. y defenderla del turco y otros dom inadores [. 211). p. de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—. en que Luisico. Consciente de la vida libertina. sin duda. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. los cuales encontraban hermosa..]. es atropellado por un caballo. Sin embargo. acompañado. i). pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria. sino muy probable y por completo natu­ ral. ¿no es­ taría «el anciano caballero». de dos de sus cómplices toledanos. apuntan al modo de vida al que Rodolfo. precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[. hijo de Rodolfo y Leocadia. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro.. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido». y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. .. II. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—.] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. dicho encuentro no sólo no sería imposible.. en un estado de continua. sos­ pechen la conducta disoluta del hijo. en sus paseos por las calles de Toledo. El que los padres de Rodolfo conozcan o.. irresponsable del hijo. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles. Estos anticipados deleites. ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894). significativamente. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto. sino a ser soldados [. «voraces dom inadores». consideradas todas las circunstancias.suto et salcicie» (894)27. A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido. los italianos. su nieto. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia. y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba. cuando menos. Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. tan hermosa Italia. ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. ¿no sería mucho más extraño.. vol.].

es m otivo fundamental de la novella 27. irónico. objetiva.. según nuestra interpretación. este episodio es tan verosímil. derramando su sangre virginal. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. «La furia de la carrera» se refiere. etc.. y por el instinto de la «sangre». y por mejorarse de puesto. a la gran velocidad del caballo.. Sin embargo. son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías. 30 G iditz. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. de la «natura».] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras». 117. p. y dejóle como muerto... Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. pasó por encima de él. Por otra parte. a una ley física. Parte II. 70. alegórico en la obra. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo. etc. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street. Interpretación tentadora. paralelos.. evidentemente. i. cuestionable. incontrolable. con que coinciden todas las demás que..un sentido fundamental. shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. como dice un crítico. derramando mucha sangre de la cabeza» (894). Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo. de un modo u otro. quien rapta y viola a L. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». Parte II. 29 Rodríguez-Luis. [«El caballo que atropella a Luisico (. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28. estilísticos. temáticos.) derramando su sangre. y R. púsose a mirar.. p. en suma. pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo. pero.. shedding his blood. la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. por la semejanza de la «facía». cuando me­ nos.. tendido en el suelo. Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. estructurales. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her. y no a su naturaleza salvaje. para rebatir las opiniones opuestas29. “realista”.). en definitiva. de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. pero su sostén textual es.] . buscan un sentido altamente sim­ bólico.]»30. Parece «harto verosímil [.

por la Providencia D ivina en todo ello. así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»]. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. etc. crucialmente. después del accidente. Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»].. Calcraft. derramada en un simple accidente.. 35 32 . etc..]. evidentem ente. Esta distinción. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [. tanto en el nivel humano com o en el moral. primordially carnal appetite and pride » 31.. 2 0 2 [«(. según nosotros importante. sin embargo. sino para ocasiones extraordinarias. con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be. pidiénIbid. El hecho de que. todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo. porque este accidente determina la identificación de Rodolfo. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”. con el sufri­ miento de Cristo. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. víctima inocente de la maldad. hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. «Structure. p.. 33 Ibid. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es. para hospedar visitas ocasionales. Es cierto. la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y.. representado en la imagen del crucifijo. [«(. Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos. los m edios de la redención de su madre. etc. para uso diario de 1a fam i­ lia. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896). on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption».) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán. Leocadia se identifica.. y la derramada por Cristo. Y.igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. comprensiblemente.

que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. o hasta. como mero objeto precioso. con tanta probabilidad. «no por devoción ni por hurto. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella. el crucifijo. pero no se le dio nada y. Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia. se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos». para la identificación de los protagonistas. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. una obsesión patológica de Rodolfo. etc. En efecto. ni siquiera la más leve emo­ ción. como factor. de mórbidos complejos personales. sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. de prueba material. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. «abrazada del crucifijo» (896). Los personajes revelan.dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. otros considerándolo. sino llevada de un discreto designio suyo» (892). pues. se hicie­ ron deprecaciones. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. no hizo cuenta de ello» (893).. como rico. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893). nótese. en efecto. cínicamente. según lo sugiere. propiedad. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. aunque incidental. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. milagroso. Para algunos personajes —y . de­ sapasionadamente. la verificación de los hechos. de “testigo”. ya casados. su natura­ leza? Y significativamente. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico. por el crimen cometido. Independientemente de la actitud particu­ lar. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». consolador. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo. de un modo u otro. ante cuya imagen se renovaron las lágrimas. la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. sirve a todos de “testigo”. a pesar de haberle ésta revelado todo. que pues ella fue testigo de tu desgracia. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. lo cual responde a su propósito inicial. aun­ que. reconocido como propiedad del hijo.

201. Y. se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship. Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. 134 ss. 271-5. pp.. and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35.) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país. «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». pp. buscar remedio. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto. sin embargo. y.. la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas. De hecho. quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual.. N o v e l to Rom ance. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. [«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas.] . representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34. identificar a su ofensor. etc. honours his parents and the customs o f his society. etc. particularmente. «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre». Forcione. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo. Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ». libidinosa de Rodolfo... El Saf­ far. 35 Calcraft. En efecto. de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes. los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas».algunos críticos— es también “juez”.. I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. «Structure. p. Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz.

en suma. 38 A l principio. las virtudes. Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o. el carácter. para casarse. etc. pero. 37 D . sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. las costumbres.. Ninguna preocupación revela por la personalidad. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. en Toledo. pues. como mozo poco experimentado. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». sin querer saber nada de lo que tan importante.dolfo36. . sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. facultad de seguro perfeccionada en Italia. de su futura esposa. sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían.. de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña. en sí. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas. superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. en efecto. antes. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas. Lejos de contradecirlas. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». (897). tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899). sino con muletas. Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería. etc. cuando menos. se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. y. sin averiguar antes su identidad. razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [. Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-. fundamental sería para un buen matrimonio.. las circunstancias de su vida.]. ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. Regresa a España para casarse. evidentemente. su relación con Luisico. Dice algunas cosas. hasta el extremo de casarse con ella. la conversación de Rodolfo con su madre. al vol­ ver de Italia. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter.

sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899). Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo. D. una de sus víctimas. hedonista: «jque me entretenga!». supuestamente anterior al Concilio de Trento. su naturaleza monstruosamente egoísta. su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. era suficiente «la voluntad de los contrayentes. sino. se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). como una mujer no sea necia [. por lo cual también concluye Belisa..nobleza y de la discreción. 200). a Rodolfo logran casarle con Leocadia. Y muy de acuerdo con estas actitudes. Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado. y a mis pasados y a mis padres. La aceptación. la belleza quiero. porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. caprichosa. y. irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. pues.. el buen gusto de Rodolfo. sugestivamente. ante todo. sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure. discre­ ción. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”. conociendo bien la naturaleza. de manera estridentemente obvia. precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. p. Así. Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre». enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel.. no evidencia la sensibilidad estética. pero implícita queda la estridente. la caprichosa. la ma­ dre. mudable dispo­ sición del hijo. ellos me la dejaron por herencia. que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso. ¡«Fait accompli». a la par que de su belleza física39. la hermosura busco. porque en ese «tiempo». . sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza.]. El burlador de Sevilla. gracias al cielo.]». inviolada por hombres como él mismo—. tercera jornada). también posible en el caso de Rodolfo. pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897)..

. que ella. se realizaría . la doncella tan juiciosa. pues. al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898). «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo. precisamente por su desbordada sensualidad. a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos. sin poder prever que. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre.. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [.. ca­ sándose con ella.. decorosa apariencia y el bárbaro. redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella.] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo. etc. con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva.—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo. «alguna vez le miraba a hurto [. su fría crueldad.. con tan trágicas consecuencias. la afirmación de que ella.. Sí. según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [. durante la cena. y de sentido tan serio de la vida. de modo muy iró­ nico. discreta. brutal modo de ser. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto. pero de seguro. su monstruoso egoísmo. simultáneamente. por la chocante contradicción que observa entre tan gentil. Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle.] a hurto» en la mesa. y al casarse por fin con él... no dejan de «suspenderla» (896).]. se desvanece de emoción en su presencia. natural. sobreviniéndole un desmayo» (898).. cuando éste vuelve de Italia (896). y a aceptar como por completo comprensible.] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897). reconociendo su paternidad de Luisico. ante todo.] le miraba» a Rodolfo. cuando. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad. se nos dice que es «venturosa» (899). poco después. «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma». comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado». sensata. hubo de sufrir. La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. «en tanto que la cena venía».. Así. en el sentido sugerido. Leocadia «ya quería» a Rodolfo.

indicando «la restauración de la honra» de Leocadia. etc. 4 1 Rodríguez-Luis. esencial­ mente. 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891). pues al volver del que ahora he tenido [. ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige. hasta. I. en el matrimonio.. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [.] honrada» (899). dice Leocadia». Leocadia lo da todo. declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. y quizás particularmente. Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes . ni después de casados..] me hallé [. en vuestros brazos sin honra. «por bien empleado». angustiosa carga de toda su juventud. hasta la más atroz experiencia del pasado.. 4 2 El Saffar. N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—. antítesis. en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa. cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida.poco después el matrimonio. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar. abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l. Calcraft. «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43. 132. pues. ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. 43 L a estrella de Sevilla (última escena).. 68: «Honra y no amor..). etc. Aun­ que ya libres de todo rencor.. ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. Aliviada de improviso de la ator­ mentadora. tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!. Gitlitz. pero tan bru­ tal. . pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto. me hallé. pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa. p. N o v e l to Rom ance . señor.. se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada..] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). p. pero yo lo doy por bien empleado.

y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios. sería. eventual prueba material del crimen ocurrido. sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa. Calerait. es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. 100. de regreso del río. Gitlitz. y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia. Así..]. Levisí. en la primera y en la segunda parte de la novela. y otros. pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. que sus padres se encuentren «ciegos. la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral. sin los ojos de su hija. p. .. en A l margen de los clási­ cos. pp. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). vio un crucifijo pequeño [. Ahora bien. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». pp.. con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz.su «resurrección» en todos los sentidos. En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—. "luminosos”. que eran la lumbre de los suyos» (890).. «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [. aparentemente. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. (892). pp. tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo. pp. Selig. como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares.. etc. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ».. lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. cuando menos. 121-5. «Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention». llenas de «radiante luz».]. 4 5 Azorín. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ».. según varios críticos. etc. respectivamente. 87-93. los estu­ dios de El Saffar. Con «el res­ plandor de la luna.]. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales. «Al margen de La fu e rza de la sangre ». Soons. tan claro». caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. 59-67. 485-490. Forcionc. por ejemplo. pues.

durante el banquete.. es decir. Como simbolización incontrovertible. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban.. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. 4 6 . p. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido. vitalmente. ¡Leocanovelas de C ervantes. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. llovida de bo­ tones de oro y perlas. etc. del genuino sentido del amor. con airosa gracia y discreta crianza. Levantáronse todos a hacerle reverencia. Parte Π . le ser­ vían de adorno y tocas. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. se humilló a todos [. 66). sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. para expiar el crimen y el pecado. para restaurarle la honra a ella y a la familia. claro está. de los cánones sociales. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (.] de una saya entera de terciopelo negro. lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral. de un modo u otro.las sugeridas usualmente. por semejanzas. es realizar los desposorios. etcétera. la pérdida de la virginidad. pues. Es significativo. en esta obra..N o v ed a d y ejem plo de las I. Rodolfo se olvidó por completo de ella. Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia. «vestida [. y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. Era Leocadia de gentil disposición y brío. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. cintura y collar de diamantes. no corresponde a la de la virtud. de Bandello. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido. sus mismos cabellos. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio.]» (897-8). como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia. Esta escena hace evocar el banquete. acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. Lo que a todos importa. en la novella 42. probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó. no se casa con ella para desagraviarla. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo.. probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. traía de la mano a su hijo. para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. Lo dudamos mucho.

más tarde. un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. Rodolfo ahora no repara en absoluto. con toda probabilidad. como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). que ya antes re­ clamó la misma inocente. como última afirma­ ción de integridad personal. Leo­ cadia. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican. humilla­ ciones y sacrificios. los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico. pura víctima. testimonio vivo del agra­ vio —en quien. 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. desfilar frente a Rodolfo. con noble ademán espiritual. sólo con la preocupación de su paternidad (899). trayendo «de la mano a su hijo». pues. sino como señora de alta dignidad per­ sonal. por causa de las crueles. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—. su único nieto conocido. tal como éste desearía. al observarla dócil. insaciable y tirana deidad. “iluminan”. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. nótese. aunque lo fuese por él? Al hablar de la . Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. sobre todo. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». pun­ tillosas convenciones sociales. Sí. y. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria. sumisa. por todos sus muchos sufrimientos. se revela. también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente.dia lo sabe tan bien! Así. a la vez. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo.

«she has done the best she could»49. 221. de perdón y de confianza renovada. p. en La gitanilla. para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales.. ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes.! “Alegría” final. an d only then. se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre». fa m ily autho­ rity. an d hence alienating m an fro m his true nature. como reparador de la ofensa. pp..] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués. por conveniencia. p. pues. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna. creador de la novela corta espa­ ñola.] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes. trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid. over­ turning the proper hierarchy in the soul. de hecho. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». 162-3). intereses particulares.. 156 ss. necesidad.. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. que. medita sobre esta «alegría universal». [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. pp. 5 0 González de Amezúa y Mayo. o fuerza desentendida de la brutalidad. como bien se ha observado.. en suma. sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales. de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada. 121 [hizo lo mejor que pudo]. entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les».. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. el matrimonio religioso» 50. Cervantes. egoístas. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls . justas para lograrlo. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia. pues. Cervantes. 4 9 Gitlitz. . que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario. la perversidad. i]...) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. las penosas disimulaciones. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo. they are then. la arrogancia. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana.dera “venturosa” al fin. pues «en aquellos siglos [. y meras consideracio­ nes prácticas del momento. «o f Christian m arriage. las absurdas preocupaciones. el egoísmo.

P abón. con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. sin sostén ra­ cional o moral alguno. Casalduero. con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. la declaración «por permisión del Cielo» (899). cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. sino. pp. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. pp. Las dos doncellas. también. de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . en gran parte por esto mismo. p. tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. «la llaga» (895). Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. según ya se ha dicho arriba. Sin embargo. La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular. Sin embargo. D e poder demostrarse convincen­ tem ente. aun sin contrición alguna del ofensor. “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. "la medicina”. ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales. resignados. por genuino sentim iento amoroso. con igual sugerencia irónica. si tal es el pro­ pósito del autor. and La fu e rza de la sangre». atribuíble a una maduración interior. 151-8. . en base a la evidencia textual. 119-124. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. pero también. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio».en una digna relación conyugal futura. des­ pués. en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». de m uy sutil concepción artística. «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace.

Para las extremadas medidas con que el viejo.. pp. se han señalado muchos an­ tecedentes. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario. pp. así. que. 234-5. En La lena. 422-3. G onzález Palencia. 3. como gusano de seda. pues se trata de una situación hu­ mana universal. mitológicos. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos. lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3.]. un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal». con tesonero empeño. y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. 3 Cirot. propuestos hasta ahora. C ervantes . sempiterna. como es natural. p. me fabriqué la casa donde muriese. para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio. ejemplar o sólo anecdótico. Con respecto a este incidente. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. 2 Cirot.. creador de la novela corta espa­ ñola .» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [.. artístico. Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis. su joven esposa. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. 13. . cumbre de la novela corta». todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina. Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios. «G loses sur les maris jaloux». viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo. p.. y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. il. folklóricos. en que una mujer engaña a un mancebo celoso.EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que.. «G loses sur le m aris ja lo u x ». Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. se hayan encarnizado en buscarle analogías. emborrachándole y robándole las llaves. para deleitarse después con un amante. bíblicos.

El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6. en un cofre. Este y otros motivos mitológicos. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita..) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»].]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (. se vienen abajo.. por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(..). Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[.) a una roca que se llama Altamura (..... todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. Brow n. como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño. «El celoso extrem eño de Cervantes». comúnmente muy pasa­ jera5. p. perdona a su joven esposa. todavía niña..rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion. 2 0 0 .. Al descubrir el adulterio. hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7.) una vía (. El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino». comprendiendo su error.. metido en un baúl. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla. 6 G onzález Palencia.) en un aposento peor que una prisión»]. y go­ zar a la encerrada.. el viejo. peggio che preggione» [«(. bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ». pp. 7 Avalle-A rce. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano. trayéndole uno. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». El amante cava «sotto la terra [. «a su misma casa». cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos». 81-118.]/ In­ tro una ciambra. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4... pp.] una via /[. En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia.. «Las N ovelas ejemplares». 4 5 . En un cuento marroquí. «N otas sobre ios elem entos m itológicos. 417423... llegando una D u tin.

(¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. «II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G. los encuentra abrazados por la mañanaI3. pp. un rey construye una torre. En la Histoire de Floire et de Blancheflor. 11 Castro. logrando el fruto deseado. atrayendo a la esposa.]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. 13 Castro.. con algunas modificaciones interesantes. 209. tocando «certe canne». p. Garronc. / che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto. En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa. pp. 8 9 . Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina. «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable. Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca.noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 . Fue mal apto. Straparola». porque tema demasiados años. su pasión.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado. El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. Lizio. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 . 10 Cirot. Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». entreteniéndole con juegos de ajedrez. En una novella de Straparola. 138-143. 12 Cirot. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ».. 2 2 1 . Sin embargo. quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(. p. p. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo. «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». «Gloses sur les maris jalou x ». en que encierra a su joven esposa. Este cuento se reproduce en el Filocolo. 11. con el pre­ visible prem io10. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». de lo cual después alardea en la calle9. «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. guardada por centinelas. perché avea troppi anni /[. como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 .2 .. el padre de Caterina. 11. pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele.. F. Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris.

entre otros. i. en E l teatro de Cervantes. quizás incomparables en la literatura europea precervantina. tras la cita. El pensam iento de Cervantes. En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados. Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». En efecto. siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». M enéndez Pelayo). en menor grado. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña. la página. Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad».atentamente las novelle de Bandello. En nuestro juicio. con que en sus novelle. es inmanente». T utte le opere di M atteo B andello . 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». cartas. El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 . A nales cervantinos. 144. trata ese tema. [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. entre los cuales. constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. prólogos. o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. pp. cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». «perece en la demanda». se destaca Castiglíone. según C astro16. 1992. pp. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia. 16 Castro. 525-528). U tili­ zam os la edición de Flora. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5. U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. respecto a este problema particular. .136-7. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». etc. varias otras del mismo autor. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa.. aún más se destaca Bandello. y muestra que «el obstinado». Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. 129. indicando. la P arte (cuatro Partes) y la página. Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. rv.

. Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta. «degno di compassione e perdono» (33. para . En efecto.. III. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi. Bandello siempre imparte castigo al transgresor. 538). declara. sin tomarse a veces alguna remisión de la mente.] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente. Esta intención moral.. porque. el hacha y el tormento»]. ejemplar. pese a su gravedad.. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. La «natura umana ». su convicción de que la literatura. chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni. para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada.. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos. no debe ni puede «negoziare di continovo... entre otras razones. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo». 422.. (por lo cual). el arte. de una estrepitosa burla. no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa.) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (. III. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. por lo cual «non è [. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari. se merecen) las cadenas y los grillos. tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. la marinara e le croci» [«(. pero esto refleja. con más frecuencia. ya en forma de una muerte “ post errorem” ya. 57. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti.marito per moglie».

II. 64-5). en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos. al fin ella.. aunque él tuviese más ojos que Argos.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. Estas nociones sobre la función ética. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . a la vez. le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(. el «suceso» del celoso Carrizales..]. horas hay de recreación. porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. escribe él sus novelle (41..que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. también. ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido». «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [. Por estas razones también. por calificados que sean. teniendo celos sin causa.. según los casos»]. que no siempre se está en los templos. escribió él su no­ vela. muy significativamente. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley. non divenendo gelosi senza cagione. destaca Ban­ dello. 87). donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. p. che se egli avesse piu occhi che Argo. no siempre se ocupan los oratorios. digo sin daño del alma ni del cuerpo. con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. se buscan las fuentes. donde el afligido espíritu descansa. Con la misma intención. Para este objeto se plantan las alamedas. Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal. rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. claro está. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta. se sobrepondrá y se la pegará. declaradas. Sí. I. ejemplar y. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel. . recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. nos dice Cervantes. pero. no siempre se asiste a los nego­ cios. uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male.

en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. Angravalle. artís­ ticamente.. Así. la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). le causa a Carrizales. Según se verá. Con ella. pero también con la codicia de los padres de Leonora. «al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. Por mucho que se insista. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. en todos sus detalles. para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual. cuenta Carrizales. la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. en el as­ pecto humano y artístico. con tan bue­ nas razones. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza». La tendencia codiciosa se sugiere . caracteriza la novela en todas sus partes. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. sí pu­ diese pasarla con Bindoccia. granjeada en el Perú. cree él. se con­ tentó de dársela»]. en la trascendencia del “suceso” cervantino. se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. Sugerencias generales. astuto conocedor de su sociedad. “bellísima” jovencita. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. 919). caballero napolitano. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así). pues. no se trata. sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio. quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato».poco que hay que fiar de llaves. vagas. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. y con quien se casaría. una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas.

¿sería. por el afán avasallador de su «remedio» material. por mayor horror. y así. sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904). quienes. que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno. de modo tan característicamente cervantino. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre. . que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. y despidiéndose de ellos. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito.. Se evocan clásicas situaciones trágicas. les pidió su bendición. rodeada de sus esclavas y criadas. vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [. o. el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos». Señalaremos algunos casos importantes. de las obras cervantinas. llorando con sus padres. en absoluto. se satisfacen. pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material. cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice. ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. En las novelle de Bandello. 122 ). también. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. hijo.repetidas veces en ellos. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. evidentemente. com o en otras obras cervantinas. En todos estos hechos se insinúa. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903). para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. Sí.. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919).] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma. como el sacrificio de Ifigenia. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. asida de la mano de su marido. e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905). se vino a su casa» (904).

. él mismo ha destruido muchos de ellos.. p o í ejemplo.. hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (. fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”. como. es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [. se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902).).] diventa sospettoso e muore mille volte il di. que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (. sin duda. fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta. Mujeres solteras y casadas. [«(. porque.. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores.. por lo menos de algunas relaciones. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo. La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar. ha visto mu­ chos desastrados. Así. las ridiculas medidas preventivas. Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio... en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa. entre la puertecíta y la puerta. (como. para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa». rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902). infames.): cuando salía de la ciudad o de la casa. y comenzó. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos.impazzisca e divenga favola di volgo [. che da quelle non si poteva veder persona alcuna. 1. y porque. Carrizales «era [.. se hace suspicaz y muere mil veces al día. che spesso poi gli fa fare mille errori» (33.. por ejemplo.. Sin embargo.. A. con toda probabilidad... 422).) es a menudo causa. m. las ridiculas.. «el mal gobierno» de toda su vida. lo sugieren los «peligros». sobreenten­ .). sin causa alguna». con quienes. precisamente. sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4)...]. 611).] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo. indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral. al salir para América.. combattuto dal freddo verme di gelosia. pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903). a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53. "buenas” y “malas”.] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado.

sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal.. Leonora no le es "infiel” por su vejez. sino. 171. se cons­ tituyen en un asombroso. dudas. que de la casapuerta respondía al patio [. de hecho. Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero. que en Bandello se representa.]. cuya avasalladora fuerza. De hecho. se debe. en suma. . y con intención categórica­ mente condenatoria. en cambio. por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro». Como imitando al celoso marido bandelliano.. en definitiva.] con la costumbre» (Coloquio de los perros. y cuando «salía de casa». hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). «se vuelve en natura­ leza [. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. descuidada. sino por ser un viejo “vicioso”. también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo..diéndose: «sin provocación específica». psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. petulancias. miedos. de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad.]. sin paliativos posibles. de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable. que. pero reserva tan gran fracaso para Carrizales. sospechas. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales. 1017). dice Cervan­ tes. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 . pues sus celos radican en una «natural condición». no por ser éste viejo. tan intensa. absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal.. del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven. con gran ironía. Anticipán­ dose a Balzac.. sin que pudiese ver otra cosa». Cervantes adivina complejos problemas emocionales. e «hizo torno. palpitante organismo de aprensiones. de un modo más bien casual. y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. irrazonable por causa de sus celos. p. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904)..

Desde esta perspectiva. «un negro viejo y eunuco [. por celos.. con cualquier impedimento físico en ella. compra «cuatro esclavas blancas [. origina­ les de esta novela. D esd e la perspectiva de Cervantes. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis. toda la materia episódica y descriptiva constituye. quien. quien cuidaba la muía y cocinaba. y otros.. tutti i servitori». excepto «uno solo di m i si fidava [... en reali­ dad. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(. la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato. guardar la entrada de la casa. pues. (918). de quien se fiaba (. También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!. il quale la mula governava e faceva la cucina».] para curar de ella» y. 20 Ibid. a la vez. con tan buena razón. Febres. (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio. contrata criadas. pues. al casarse con la niña.elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan.] Arreglo mucho más “liberal”. enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. «tutte quelle donne che in casa teneva [. . resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales.]... como si fuesen partes distintas de la novela20. 21 Más tarde.]. de Loaysa y su es­ tratagema. etc.) a todos los criados. ma tanto inetta ch 'era da niente. etc. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo.] y otras dos negras bozales». según lo muestra su despecho. particularmente en contraste con la del marido bandelliano... se están. porque llega a conocer su perversa naturaleza. «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos». Carrizales la considera «pestífera».... despide.). despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (. che era un mascalzone ruvido e vi­ llano. un comprensivo retrato del viejo celoso... de cual­ quier modo. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca. de hecho. el de Carrizales. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes». revelado por su «maldita dueña» (916). 8-9. excepto uno. «taimada».. un truhán rudo y bellaco. Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios. de su casa. encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904). pero tan inepta que no servía para nada. pp.. que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama)..

. espiritual.) forzaba que de continuo. visual. a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [.) acompañada de la muda y de un criado.pero. más precisamente. a las esclavas. entre otras considera­ ciones. Así como el marido bandelliano. Quiere. Por su parte. vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»].] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa». cosificadas. che andasse la malina. supuestamente por sumisas.. Carrizales. al aya. ante todo. material. [«(. Considera prudente acompañarlas él mismo. tener una servidumbre desexualizada. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora. por lo menos. porque. debía «tornar a casa» (53. que él quisiera que lo fuese. Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica.. Aquél permite a la esposa ir «a le messe». nunca los invita a su casa. 70) [(. y a Marialonso. de noche no dormía. M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. “mutilada” o. 5 . por lo cual contrata al eunuco. como un nuevo Argos.. mental. 611). (pero) sólo en las fiestas. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. En su grotesco harén. a huonora. Por esta misma ra­ zón.. (debía) volver a casa»]. al considerarlo atentamente. todos. ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905). . 611. a las dos doncellas. «después que casaron a su hija» (917). 1. para trastulos sexuales. 1. con el mundo exterior. y acabada la misa.. irían a oír misa. de seguro. supuestamente ya “pasada” para amores o. coetáneas de Leonora. su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual.. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta. él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905).. 1. emocional.) a las mi­ sas. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53. incapaces de iniciativas propias. «de día pen­ saba. se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”... y tenía que ir a la primera misa (.. sin faltar nin­ guno. pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). pero «solamente le feste e hisognava. auditivo.

abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»].] con sus amigos». caracteres y pormenores. al casarse. en efecto. Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. A menudo. y que Carrizales.. Cervantes. [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. como no sea todo el concepto y toda la copla entera. empiece a negociar «en la calle [. callada y alevo-: sámente. pp. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices. il. y M ayo. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ). argumentos.. saquea poemas italianos para hurtar de ellos. entrar «de la puerta dentro del patio» (905). si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. en cualquier caso. . como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. creador de la novela corta espa­ ñola. a veces mencionándolos y otras veces no. la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos. Antes de con­ tinuar con el examen de éstas. apropiados. 81). relevantes en el nuevo. acude a unos manuscritos viejos. en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. 22 G onzález de Amezúa. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían.De acuerdo con todo lo visto. una esencial origi­ nalidad. Sería ridículo. Aunque de modo juguetón. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención». De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes. sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. eficaces. Cervantes. es decir. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño. episodios.. busca libritos rarísi­ mos. Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba. sin dejar «jamás» a ninguno de ellos. pero. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). «falto de inventiva. 241-2.. pobre de inspiración. original contexto literario que está creando.

y sobre E l am ante liberal. Questo era Valbergo delle donne. en uno estaba Clío. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. Las' ideas de este interior. quien le corresponde en ese deseo. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe. para resguardar a Leucipe. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. cerca de la entrada del pasillo. che erano alVncontro Vuna delValtra. claro está). Además de esa formidable disposición de departamentos. haueua quattro camere: due a man destra. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». en dicho aspecto. per il quale sipassaua andando alie camere. puertas. y su sentido. cuartos. En los cuartos interiores. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. stauano la fanciulla et la madre. cerca de la joven»]. Esta era la resi­ dencia de las mujeres. al comienzo del cual se cerraba una puerta. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande. pero la joven. de Leucipe y Clitofonte. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. Leonora.. dos a la derecha y dos a la izquierda. N el principio di questo ándito si serrana una porta. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». más atrás. pasillos. Clítofonte quisiera gozarla. . su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. es­ taban la joven y la madre.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. en los otros dos. frente a frente. Nelle camere piu adentro. recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”. Apasionado de Leucipe. tenía cuatro cuartos. son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. etc. Sus semejanzas con El celoso extremeño. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto. La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle. según la traducción de C occi o.

según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa». le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. et un ’altro la serrana difuori. 912). accioche egli aprisse» (Leucipe. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. quienes se entusiasman de inmediato por la empresa. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. esencial­ mente.):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. quien se en­ . y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. «dueña». del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». levantán­ dose muy temprano. así que era difícil evitarle»]. 16. y cerraba desde dentro la puerta del pasillo. «un certo seruidore curioso. etc. que de la casapuerta respondía al patio». et ella prendendole le serbaua.sempre metteua a dormir Leucippe.. al cerrar «la puerta. hablador y goloso. cínica. vigilaba. se nos muestra. Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. sobre todo. Prácticas y recursos materiales previstos por la madre. por donde le traen las provisiones. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. Frente a tan formidables obstáculos. es decir. 24). La madre de Leucipe asalaria a Conope. cicalone et goloso. «miedosa». (904. «fatigada». et serrana di dentro la porta delVándito. También Clío. que aguarda todas las mañanas. 911. etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. Clitofonte consulta a unos amigotes. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L . Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro. «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. di nuouo gli porgena le chiaui. «sobresaltada».. la «sospechosa». pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. para sensacionalizar y amenizar la intriga. que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. al ha­ cer un «torno.

.] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla. la quale egli non hauea giamai ueduta. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo.. según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte. pues Clío. la dispondré a (... que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes... de las cuales coligió de [la] mala intención suya. ofreciéndoseles a su servicio.]. De la misma estrategia.]. la fortuna ya nos ha proveído.. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo. «El Loaysa de E l celoso extrem eño »... desideraua di hauerla por mogliere. Hablólas [..) que nos ayude en esta empresa»].) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín.. che porgone alV anima gli occhi [. lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi. a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24. Poco a poco.. acordaron que se pusiese por obra.carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna. atildada y meliflua». N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [. [. gente baldía.. único. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6.] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [. 8-9. sus amigos. «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón.. ma di uita prodiga.]· los hijos de vecino de cada colación. ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe. como por ejemplo. se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe.. 915)..] pareciéndole [. 20 ) [«(. con tan buenas razones [. pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional. quien cuida el cuarto de L. che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione. sino más bien una variación local de un carácter universal. y de los más ricos de ella. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante. la quale ha cura della camera di Leucippe. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria... et erane innamorato per fama..]. et lasciua.16). 910. si è meco dimesticata. et mostra di portarmi affettione come a suo amante. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco. Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola. Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta. .

aspiraciones y deseos. responde. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad. y por las palabras se apasionan de igual modo (. [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor. II.. según lo demuestran sus promesas a Marialonso. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones. estremecido. de cuyo cumplimiento. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906). todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [. a quien él no había jamás visto.. Supo la condición del viejo. para mayor interés de la intriga. de pésimo ánimo»].]. al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes. por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse.. pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran. desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas»... y viéndola siempre cerrada.. de haber sido necesario. Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes.. Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa.. tenía una bella hija. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915).) y las cosas que no veía. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor. un día. Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora..). po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [..]. A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25. en lejanas tierras africanas: «[. compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales. Éste. a quien nunca ha visto. p. con su propia problemática íntima.]» (905). llegando a saber que S. pero de vida pródiga y lasciva.]. imaginándose la belleza de la joven (. le tomó gana de saber quién vivía adentro.. deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama.rico.. la hermosura de su es­ posa [. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi». necesidades. 946). . estaba solo. que de todo en todo vino a saber lo que deseaba.

En cierto sentido.. su complicidad con Loaysa. Poníanse una al agujero para verle. 1956. a la vez. lo que. convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él. pese al gran miedo al castigo. suspensas.]. explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. pero no al sentimiento y a la emoción.. a que responde el corazón.. pp. Las criadas son mujeres de vida yerma. N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S. Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica. 53-4. tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. 36. según lo revelan repetidas veces sus patéticos. melifluidad. atónitas [. 279-283). 27 Ibid. tienta cariñosamente las cuerdas (915). 39-40. para oírle y verle de más cerca» (910). para el lector. atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa. y que explican. de sexualidad frus­ trada.. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels. las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). con el torzal de cera encendido» (910) 27. «caballerosidad»... de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [. anchos. «de arriba a abajo. «gentil disposición y buen parecer». El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual.]. . «abrazándose con la guita­ rra». Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari.patética y conmovedoramente. Ya dentro. con cuello almidonado. Son los «romances de moros y moras». «corte­ sía». elegancia.. luego la otra». pp. cuando se esconde en el pajar y. reprimida. ¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres. audacia. Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. pp. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado. resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y. lentamente. y una montera de raso de la misma color. a la marinesca. junto con su obsesión por ser músico. al principio le aviva la fantasía26. también. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena. véanse los interesantes com entarios de Forcione. con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis. aun de haberlo querido. significativamente. astucia... un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. parecióles que miraban a un ángel (Loaysa].

sin excluir su sarcasmo. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914). aquella los pies.. Marialonso. C ervantes a n d the H um anist Vision .] luego su embajada con sus torcidos...a Loaysa «en medio [. aún mayor frustración para estas mujeres. según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa.. quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [.. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915). y concluyó con una m uy forjada mentira. la dueña («la tía fingida»): «propuso [. 39. í 740).. . más que. lo que es mucho más grave.] estaba tan pulcela com o su madre la parió.. otra: ¡Ay que blancura de dientes! [. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa. 430).].... «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií. pp. Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos. pues. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua». barbuda [. re­ pulgados y acostumbrados vocablos.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [. contando con una particular 28 En L a tía fingida..]. otra: ¡Ay que ojos [.J.]. de frenético apetito. hechicera [. 55-8. intenciones hipócritas. no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida. antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915).] del músico».].. malévolas.] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [. Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso.. «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28. ex­ cepto mi señora» (913). quien no quiso [.. de doble filo. monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [. cual fue que su señora doña Esperanza [. que se acaba en otra...]!. a nuestro juicio.]! Esta alababa la boca... con razón. Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione.. Marialonso oculta una voraz sexualidad que. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y.. respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra»... que se atribuye a Cervantes. 40.. traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio. con todo eso..

«caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. 907]. trabajos y desabrimientos echan un cero a los años. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. mal pecado. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera.) queriendo hacérselo amigo. las criadas están sobornadas. hauendo per dut o di far cosi belVopra. De modo no muy sutil. vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas.] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. essendosi nascoso dopo un certo . también lo soy [virgen]. ya “inútil”. Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte.. tan cínicamente suspicaz con todo el mundo. molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama. sobre todo. copias de las maestras de Carrizales. congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico. corrimientos. pero también entu­ meciéndole con el vino. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe.. Leucipe espera. [«(.. convirtiéndola. destaca esa "comodidad”. 26). di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves». así espera. saldría y. no teniendo treinta cumplidos. el suspicaz portero. la voz. «et quando io». después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes. promueve. escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). y a veces dos. cantándole romances. Al fin. según más tarde relata. se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. et malediceua cotale strepito.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». por Carrizales mismo. llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre».. y si acaso pa­ rezco vieja. la besa. de donde. «tentaua di far opta migliore. según se les antoja» (913).. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante. et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia. se haría recibir como «haya de Leonora».lujuria masculina. Cónope. quien la abraza. cuentos. 910]. con suprema ironía. muchas veces bromeaba con él. porque le faltan dos meses y medio. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. en yesca para Loaysa. aparece Clítofonte. Por todo lo visto.

en su «aposento». haueua fatto strepito» (Leucipe. Tacio. se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco.. y le­ vantas y viene! [. y señora. Dios perdone a to­ das!» (914). Sátiro (. la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa. habiendo visto venir a no sé quién. fue él que ha hecho el ruido»]. cuando los sorprende la madre.. Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra. En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica. suspensión de ánimo.).) trataba de hacer “obra m ejor”.. a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato.arbore. alboro­ tos. y que ella y su señora se quedaran en la sala [. por medio de «engaños a los ojos» o. A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes. Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5). . cual por una y cual por otra parte. cuando Guiomar. pero con mayor sofisticación artística. ya presentes en el episo­ dio inspirador.. La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo. sorpresas. Leucipe y Clitofonte se disponen s. habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra.].. en general.. nos levantamos. a su vez.. 19) [«(. oyendo la no espe­ rada nueva [.] Al furioso estrépito [.. la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’.]. y maldecía ese ruido.]. pero sin otras funciones en la trama. y. che hauendo ueduto uenire un non so chi. ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía. ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A . mientras en Cervantes.. blancas. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora. se produjo cierto ruido detrás de nosotros y.. Esperando a Leonora. enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia). eficaz. en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño . van. y en el lector.. Al volver la calma. 30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal». quedo. «fa r opra migliore».]29. adonde «dio orden de que se entrase» (915). tensiones.. negra. tiene como consecuencia. pero. despierto señor. espantados.. a los sentidos30..

Leucipe jura y rejura a su madre que.. embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi. un marido. está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”.] con la amarga vista [..] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)]. los brazos se le cayeron de desmayo. dolorosa resignación (Leucipe. «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [..]. las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa.] vio lo que nunca quisiera haber visto [. por fin. Por esto. cuál fue el disgusto que tuvo.) nadie ha avergonzado mi virginidad (.. sin pulsos quedó [. Temerosa de otros castigos. aun sin saber cómo se perpetuó el engaño. y así se salió». porque. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y...)... y quedó hecho una estatua de mármol frío [. tras­ torno emocional. cólera [. desesperación y. Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento.] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?».. desmayo. 26-6).... [«(.] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa]. si uergognana..]. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe. Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [... sé que y o no bastaría para narrarlo (. oyó lo que jamás esperaba oír. amarga desilusión. so che io non bastar el a narrarlo .]. e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa. 31 «A ngravalle [. recrimi­ naciones. uno de naturaleza tan patológica como Carrizales.. profunda indignación..por causa de una pesadilla: incredulidad inicial.. 26-7). si attristaua. ya sin otro remedio. por otra parte..]. [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora.. La madre de Leucipe castiga a Clío. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A.) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa.] color» (916)31. son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento.... impulsos de castigo y venganza. desmedidam ente celoso. Carriza­ les despertase [. la voz se le pegó a la garganta. Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices. y abriendo la puerta del aposento [. . creía todo lo malo de ella»]. en particular. Clío se escapa de casa... desmoronamiento inte­ rior. I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese.. et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo. pese a las apariencias.

. en realidad. se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»]. Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá».].. cuando no engañosa hipocresía.. Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [.. sino también con muy impacientes. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte. «The Refracted Image: Porras and Cervan­ . por otra.].. El caso de Leonora es mucho más complejo. no pudo mover la lengua. se dice que «Leo­ nora se rindió [.. Admite que ha «ofendido» a Carrizales. Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente. en pensar que había caído» (905)> pero. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad. ingenua sofistería... al fin.] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916). H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg... sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist). se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto.si uergognaua che le fusse detto uiltania. según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado. se asegura que su «valor [. a pesar de ellas.) hacía diversas mutaciones. a lo menos. Sólo un azar lo previno. tanto de orden temático com o lin­ güístico.]. ardorosos deseos. estilístico. y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere. et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe. se engañó [. el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [.]. Así las protestas de inocencia y virtud son. ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón»... Ahora bien. al transformar la primera versión de la novela32.]. se entristecía. de las prevenciones de Carrizales se advierte que. pero —advierte el lector—.. se arrojó a los pies de su ma­ rido. no por haberlo ella así querido. pero «sólo con el pensamiento». en 32 N o son convincentes los argumentos..]» (919).. 27-8) [«(. Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector. «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba. se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros». volvió a desmayar» (918-9). se le cubrió el corazón [..

33 Castro. según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». «Solución absurda». advirtiendo que el tema del adulterio. «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle».. novela o entre­ més): Spitzer. resultando de ello todas esas «ambigüedades». pp. Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia. Criado del Val. nunca se ha hecho en los estudios críticos. «El arte nuevo de hacer novelas». claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». pp. pp. para refinar el estilo y sobre todo. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. ío cual pasma al lector. pp. 36 Casalduero. respectivamente. C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. en sí. 325-352. D. «Cer­ vantes et le mariage chrétien». pp. 34 Casalduero. pp. pp. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). pp. 941 ss. una reelaboración de la obra. de carácter esencialmente estético. 541. . Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. 41 ss.. que llevaría a una depuración muy sincera. Se han su­ gerido. de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . en cambio. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales. «Erasmo en el tiem po de Cervantes». con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». nada hipócrita. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. 181 ss. pp. quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. en que se elimi­ naría. en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio. «Indice verbal de El celoso extrem eño ». dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). C ervantes y la libertad . «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. Ayala. cabe plantear una pregunta que. que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. 129-144. Ante todo. 253 ss. «Cervantes. 81-90. creador de la novela corta espa­ ñola il. no era un tabú en esa época. 37 Farinelli. con la censura. quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela».que ocurriría el adulterio. p. «El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. Rosales. «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño. Sánchez. por encima de la hipótesis que se propone. C ervantes. 180 ss. Bataillon. aparentemente. Sin embargo. los caracteres 3 < 1 . En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». Quijote) 34. (A base del género. en la segunda versión. 194-225 y 138-178.

aquéllos son. lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. mujer característicamente bandelliana. en el vol. Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val.. pp. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos). 256. sentimental.. femenina. pp.. ¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito. con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. pues. de hecho. permiten una interpretación coherente. con tan absoluta certeza. específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón. 257). plausible. ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. Lejos de perjudicar la verosimilitud. Π de N o vela s ejemplares . p. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. comprensible. quien. en suma. natural. es así culpable de «malas obras». aun sin pruebas. con todo esto. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela. probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. Lambert. com o se clarifica en la versión posterior. que con aquella afirmación se alude al adulterio. después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. ¿por qué se concluye. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ». pese a todas las diferencias. tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica. se om ite de la versión posterior. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism». lo cual se aduce como prueba indiscutible.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . el valor de Leonora fue tal [. 281-91. 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. Sugerimos. los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación).. definitiva. 219-31. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. En suma. pese a su ingenuidad. . Edwards. que ambas versiones de la novela. Aylward. de la indiscreción sexual de aquélla. 258. aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39. por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». humana. de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad.]». 262). «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela).

en parte. Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas. por disposición de los padres: «A la fe. también por los extremados celos de Cañizares. dram aturge. naturalmente. p.) me encuentro tan .. sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión.. e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [.. no sólo el argumento.)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario». que. malditas sus joyas. el viejo celoso y cornudo. si en mitad de la riqueza estoy pobre. ed io lo tolsi volentieñ.. 25 [«(. Por esto. y yo lo acepté voluntariamente. 70]. sobre todo.. así. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité. sin pensar más allá»].. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate». y yo.. sin sa­ berlo..] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida».] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme.. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad. [«Com o sabes. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete. d ia­ mele quien pudo. ridículo. «Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza. es insólito el m odo con que se burla.) no es excepcional en su forma. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta.. y conlas joyas y anillos que me compro (.. cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar. es un personaje patético. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[. C ervantes.]. D e nuestro artículo. [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9). fu i data p e r moglie a d Angravalle.) Si (C. che io non so come io sia v iv a [. Sin embargo. casada con el viejo Carrizales. 596) [~ « Com e sai. de comedias de golpe y porrazo. 69]. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto. reacciones divertidas en el lector. ¿De qué me sirve a mi todo aquesto. Estos ingredientes explican. la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso. [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo. anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi». com o muchacha. provocan. 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho. fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso.]. fuera de las cruces. [«(. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años. principalmente..En las novelle bandellianas. y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso. fui dada por esposa a A.. La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír. de ciertos valores intocables en esa época»]. hasta en esta 40 Marrast. con toda intención.

] p er fa r loro si bello onore. en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas.] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]. a costui m i maritaste [. deseos que pronto realiza con el notorio adulterio. pero la astuta Lorenza oculta al amante. mi señora doña Lorenza...]. fingiéndose «profundamente ofendida». y no querría. Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas.. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia.) para honrarlos de tan bella manera... se reconcilia sólo después de prometer aquél.. se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o».... se sai>che questa notte che viene io voglio che [. voi. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama.. pero Lorenza. describe. el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone. estoy temerosa. p. dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín».. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito.] perdón [.... la tercera: «a dirti il vero.) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo. pensando sorprender a su mujer en flagrante.) que te equivocas (. y verá com o es verdad cuanto le he dicho [. 42 Castro. 82-3] [«Mira bien por el cuarto (.].«escandalosa zapateta»42. que n o sé cóm o estoy viva (. pues de las sospechas hace cer­ teza. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél.. la m ia sventura.). 71) [«(. a momentos. che non andera divolgando i casi nostri..]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto. 600) [~ « G uardam ipitre. Provocado.. a quien.. 596) [-Isabella. .]». de m odo singularmente cínico y descarado: «entre. a trueco del gusto. 600) [75].]. A.. mujer distintivamente bandelliana en desesperada. Signori miei.] che tu t'inganni[. Lorenza convierte la desesperación. en ocasiones..)!»].. Cañizares interviene. al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano.. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (.] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande.. El pensam iento de Cervantes. Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [. que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso.. 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [. y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso.... de hecho. de las mentiras verdades [. ¡Señores míos... 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire.. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»]...)....] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso. 242.. 71] [«(. sin darse cuenta de ello. por mi desventura me casaron con éste (...] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso. no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [. durante el acto. 74]. en presencia del marido. m al anderebbe il fa tto nostro. no se queje tanto.) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (.) nuestras cosas irían mal. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene». los deleites sexuales {Elviejo celoso. Lorenza. mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [.]la tua n avepassiper corneto».. poner a riesgo la honra [. m arito. si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»]..

sobre todo. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». antes y despues. con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes. perpe­ tuada por los novellieri italianos.. de compasión. cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [. suscitando. C ervantes' H u m an ist Vi­ sion. pero muy poco se le parece a la cínica. Cañizares nos refrena la carcajada. Tan penosamente consciente de su enorme error. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión. como tam­ bién en el novelístico.su comportamiento “libre”. cínico y vengativo. pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. . pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte. una joven algo insegura. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. 84). que en el tradicional. moral. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. en cambio. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico. artístico43.. Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. 31-92. Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes. y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. literario.]. desconcertada. compañía hallé. al prin­ cipio. aunque muy pasajero. un sen­ timiento. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597). al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. pp. Con más detenimiento y. Varios otros lectores. europeos. compañía quise. es también. han llegado a la misma conclusión. o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. tanto en el sentido filosófico. No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. contemporáneos de Cervantes. 537). aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione.

. com o en Bandello y en El viejo celoso. procura estar siempre presente. nota Carrizales. Carrizales logra. mansa y tierna Leonora.(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. 399) [«En el alma de L. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ». pero. se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. Vi-... únicos que puede brindarle a su es­ posa. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. de seguro. no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón». «Ella es niña»..] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. ésta. Sin embargo. pasa­ ban todas las recién casadas. Y para distraerla de su latente sexualidad. al llevársela a casa. de todos modos. sobre todo.. cuando las criadas cuentan «consejas [. p. y controlando cada pensamiento de Leonora. mantenerla obediente. y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903). prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). dans l'âm e de Leonora. ni la pierde de vista un solo momento» (910). Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”. siempre in­ genua. la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares . 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». pero es significativo que no se destaquen. encerraréla y haréla a mis mañas.]. para no despertar su sensibilidad femenina. «casarme he con ella. p. promueve placeres sensuales sustitutos. pasiva («la nueva esposa [. de hecho. no teniendo «experiencia» de otros. .. 904). de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual. N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45. la hace su mujer. a quien estaba siempre obediente». «Se desvela» en traerle «regalos». Mas: «Mais elle n ’a p a s . la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente.] en las largas noches del invierno» (905). se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas». como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904). y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. su­ misa. 177). a lo cual ya lo obligarían. los «frutos doblados del matrimonio» (598). Así. A Carrizales preocupa. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto. no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904). gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra.

al complacerse tanto por el juramento de Loaysa. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales. o. una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle . con acento particular. Leonora se hace cómplice de las criadas. que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [.] El rey tiene harta. de modo particularmente contun­ dente. ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra. sin reparo alguno en la persona que lo hace.. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913). Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura.]. serán. claro esá. y tomándola en sus manos. en varias ocasiones. pero.. al fin.]». que la deja desprevenida frente a la maldad humana. Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [.. de todos modos.] y por esta señal de la cruz.. si acá estás. haciéndole creer. con perversa lógica.. que destruye su voluntad individual... Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911). el éxito de sus empresas: «sacó la llave [. exigido y aceptado por D.]» (1047). pero. dramático: «Por vida de mi padre juro [. de seguro inconsciente. especialmente la dueña» (910). un excitante juego de escondite. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras.]. en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra. que no deja de impresionar a Leonora.. sobre todo. Con cierto buen instinto. y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [.en voluntad». porque le pesaría en el alma» (911).absoluta. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). Esta la ridiculiza. que la beso con mi boca sucia» (911). Por cierto que el virote jura de modo solemne. muy irónicamente. reprimidas por la vida “adulta” impuesta. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913). co­ menzó a dar brincos de contento» (912). Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento... todo olvida». en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada. Predice bien una criada: «aunque más jura. Quijote. ¡Oh. «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás. y la ignorancia abis­ mal del mundo. por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas. por una necesidad natural.. de desahogar sus incli­ naciones adolescentes. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y. quien así acepta el juramento literalmente. sin que el viejo lo sintiese [..

según parece. pp. «Quedó vence­ dora [. 40-50).. le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—..] y casi por fuerza» a Leonora. N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores. Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza».. que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912). Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado.] fue tal. . estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento. porque. llenas de colores retóricos. a la postre.. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. sino el de un endure­ cido mármol» (915). ante todo. pero. a su tiempo..]. no recurras a la fuerza. pero advierte la manera en que los rechaza. «preñados de lá­ grimas los ojos. pues Marialonso debe llevar «por la mano [. Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil. Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora.. el «donaire». .cantar y tañer. y ella quedó vencedora. ¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914). el «secreto y duración del deleite. Si da muestras de ce­ der... y él se cansó en balde. 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares. que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora. todo esto requiere tacto. pues todavía no está en disposición propicia. Todo lo contrario. el «valor». que. en cuanto al coito.y. Al verle por primera vez. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [.] contra las fuerzas villanas» de Loaysa. el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones. en ese momento. en ésta no se percibe ningún interés sexual.. pues no fueron bastantes a ven­ cerla. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador. y entrambos dormidos» (916) 47. Si ella persiste en resistirte. [.] donde Loaysa estaba» (916). para no echar a 4 6 Véase nota 28.. con otras cosas semejantes [. le favorecería en definitiva. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él. los «abrazos del amante mozo». sigue actuando no obstante con gran cautela. tan demostrati­ vos y eficaces4é. sin duda.

que. pero hay. el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa. tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso».perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte. Aunque extraviada por su simpleza y pasividad. que le vino con la comprensión de que «ofender». . Le «ató la lengua [. Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente. 213-219). Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando.] la turba­ ción» (919). la conquista definitiva para otra noche. p. entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48. para ello. Libro i). Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. pero decide astutamente esperar. Es ésta la culpa que va a expiar. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia. Aunque mucho más insistente al principio. que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. 49 U na interpretación algo parecida en Rosales. otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal. aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito.. pp. en ciertos casos. con toda pro­ babilidad. C ervantes y la libertad. Leonora. exento de tal “pensamiento”. aunque sólo «con el pensamiento». tanto dijo la dueña. pues. 940. se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. Leucipe. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49.. el acto sexual mismo. ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). porque. quien podría violentarla. Es éste.

263]. pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”. Compasión humana. él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual..] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). ¡tan característicamente cervantina!. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase».].. aunque sólo tímida. a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa. además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales.. claro está. in­ fructuosamente. estaba Leonora dis­ puesta a amarle y. preguntándole qué era lo que sentía. a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce. Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. pero pronto fundida con una pura. a costa de Carrizales y Leonora. sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno.. se sentiría m uy hu­ m illado. que. Por tremenda ironía. pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero. porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales. y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad».] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ». también... sin duda. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. porque su corazón late con afecto genuino por él. Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices. con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. pues.. p. en su fantasía. p. se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento».] muchas lágrimas [. .] se imprime en el alma» (908 ). N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. pero no conquistó el corazón de Leonora— . quien.. convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina. serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—. acrecentada por la conciencia con­ trita. los virotes y mantones. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [. no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919). tentativa. dado su peculiar orgullo de virote.. in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho. 27).ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . en efecto. derramando [. ¡donde no le conociese nadie!»..

con muy dolorosa ironía.. és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores. El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. «The T w o Versions o f El celoso extrem eño ».).. 918-922) [«En aquel pecho (. en un complejo de inferioridad del celoso.]. Bandello: «In quel petto [.. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor. y mi bien todo» (918).). no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (. no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo. 228. Cervantes. non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»].. más bien. Se trata de cierta «hipocrisy» 53. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes.J sormonti e vinca il nostro valore». p. los celos no pueden encontrar lugar...de Carrizales. 52 R uiz Vernacci.. aunque éste. pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta. el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [.. y en la creencia de que ignora la treta» 52. Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado. no hay duda.J. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares . dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio. «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso.].. en el egoísmo. gelosia non puo aver luogo». . como observa muchas veces. p. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora.) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede. chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n. 53 Lambert.. 8). por esto.. En el romance de los Celos. 25. y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero. radica. «¡Vivid vos muchos años. asimismo. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [. dormido en su cuarto51. quien.. 25. entre otros autores renacen­ tistas. y. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». 187). dude de la sinceridad de su tristeza. mi señor. p. a la vez.. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido.

del respeto. disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad. .]. 41 ss. Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta. y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [. pues. 42) [«C. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento. del cariño paterno.] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. Y. y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903). sin embargo. sobre todo. en suma* del cuerpo y del alma de los demás. debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales.. p. específica y segura retribución56. 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar. que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. otras. Enjuiciada. en La casa de los celos. por lo cual todos «le quieren bien» (905). por mostrarse tan liberal con todas» (217). para que no se les «desmande el pensamiento». se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas. en implícito... un enorme egoísmo. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»]. pp. que de todos sería ser­ vida. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija. y. “liberalidad".] en grande abundancia lo que habían menester. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana. ge­ nerosidad. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270). N o v e l to Rom ance. de la amistad. cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada.los celos. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55. El “solipsismo”.. a veces muy obvia y. de la lealtad. espontánea “liberalidad”. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [. el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. dándoles «muchas dádivas» (905).» A las criadas «sobrábales [... 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ».

] su patria». piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903). 99. Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903). Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada. por lo cual también puede volver después rico a España. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. en realidad. y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903).dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada. 58 D unn. que toma durante el viaje a América. pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. p. renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad. Carrizales queda complacido. Muy significativamente. en su larga vida anterior. pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. gratificado más que nunca. sino gusto» (903). decide no irse a «vivir a [.. como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo. detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni. en que Carrizales se pasó la vida. consiste. «Las N ovelas ejemplares». oportunistas y manipuladoras. en sus gratificaciones personales. La «firme resolución de mudar manera de vida». por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino. . Así.) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»]. «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar. para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora. Al considerar el matrimonio. ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. tan sólo en un modo dis­ tinto. aparentemente. más prudente.. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . Siempre concibió ésta. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda. esencialmente. pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia.

. para llegar a una inesperada. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos. personificadas en Loaysa y Marialonso. a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo.) con deliberación de hacerles una fea burla. p. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia». atribuye. etc. me fabriqué la casa donde muriese» (918)60. por ser hombre receloso y m alicioso. puede Carrizales reconstruir. 18). Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho».]. su fracaso. 916. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»].). Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. Yo fui el que. en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. 86-7) [«(. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905). de inmediato. prese le sue arm i». etc. como gusano de seda.. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo.mejor que se la supo imaginar». [«(.. que ha­ bría gustado a Calderón o Lope. Carrizales no toma . pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana. por lo cual. como también a la imprudencia de Leonora.. por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci. En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño. pero ¡qué diferencia de tratamiento. 918) la terrible experiencia. «niña mal aconsejada» (918). enlazados en la red de sus brazos». y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59. varios personajes del Persiles. Sólo a éstas.. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta. determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo. hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. con ven cid o de su «error».) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa. A n­ gravalle... muy significativamente. para demostrarles la maldad de su hija. El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote. lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [. se le desmo­ rona el ánimo.

]. él mismo nunca invirtió amistad ni amor. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications. En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía.. ¡Todo tan natural!. y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. derra­ la venganza. 47) [«El largo discurso de C. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [. por causa del amargo. con tan frenética urgencia (918). En la primera versión de la novela. por sus muchas transgresiones contra ella. a toda la humanidad. perverso sub­ terfugio.].»]. porque se desmaya. Con esto.]. de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba. 6 2 Edición de Avalle-Arce.. quizás inconscientemente. al dejar toda su hacienda a Leonora. Carriza­ les quiere hacer enmiendas. con sutil. que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. «atónito y embelesado [. a «obras pías». oscilantes entre el sincero. p. a la cual tenía asida de las ma­ nos [.].. según ahora com prende mejor. a sus padres. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza...]» (917-8)6l. m uy com prensiblem ente. «parasitarios» de su vida entera. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido. con­ tiene una serie de autojustificaciones.de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas. en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía. entreguéle mi hacienda [. la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales.. que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [. and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ».. Entre desmayos. 263. pues fue la dote. Al «tomar venganza de sí mismo». poin ­ tin g back to his liberality. a los criados. .. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M.. un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. cuando menos. ya no encuentra buena razón para la venganza. p. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. pa­ rece que quedó algo satisfecho. lo cual revela certeramente. Sin em­ bargo. doloroso desengaño. clavados los ojos en su esposa.. Carrizales. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. y L. en que. hícela mi igual.

Por esto. por una catarsis64. 67 Entre otras cosas. 228) [«C. no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí. sin contar .) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»]. Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas.]» (919). aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. evidente­ m ente. p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor». acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos.. Por primera vez en su vida intuye la belleza. después de siete largos días de agonía. o por un re­ pentino. 397) [«(.mando [. pese a sus sinceros. fría soledad66. que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales. 64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares». es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento. con sereni­ dad.. con total confianza en sus propios resortes personales. el poder de un genuino mutuo amor. fervorosos deseos de total expiación. tan yerma de amistad y amor.] muchas lágrimas».. com o sugiere Bataillon. Carrizales no puede morir con el alma purgada. al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos». él derramaba «muchas lágrimas [. es decir... en la más angustiosa. p. pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. p. muere de “dolor”. Evidentemente... Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas. incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos. como Tolstoi. 181). «Entrando a cuentas consigo a solas»65. cínicos enconos y ásperos remordimientos. incondicional reconocimiento del sublime poder del amor. besando «el rostro» de aquélla (918-9). Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales. «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño».] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz.. considerando la falsedad de sus lágrimas». 65 La expresión es de El rufián dichoso (342). N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering. pero se­ ría exagerado decir que está transformado»].. “d olor” fatal.. 105).. como los clásicos héroes trágicos. con su entera vida. de origen espiritual. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas.

. por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño ». de otro. sino.. con gran probabilidad..poco consigo mismo. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro. Por esta posible interpre­ tación.]. aún con m ayor riesgo. 389). sobre lo que nunca se detiene a meditar. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68. en C er­ vantes: su obra y su m undo. identificándola. casi instintivo. Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. p. intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes. Ayala lo llama «héroe m oderno [. 305-1). resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral. 68 C on gran acierto. filosófica de E l celoso extremeño. extrema soledad. Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino. p. pp. 84). héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud.

sus variados y «verosímiles [. inverosímil3. su ri­ queza de materia folklórica.. C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola.]... quod perstet. casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas. lances y sucesos [. 3 M ew. «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador]. 284-5. 208.. 4 G onzález de Am ezúa y M ayo. popular: anécdotas. de «una luz radiante». ei Pinciano. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos».] no tienen nada de edificante». su música y canciones. II. por extremo grata a él. and the N o vela s ejem plares ». Sin embargo. 358-372. a saber. in orbe (Ovidio.. por el encanto de las “escenas individuales” 2—. II. «The N o v els o f Cervantes». p. La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes. Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola.. sobre todo.] retratos costumbristas». 1 A tkinson. tan vividos y realistas». «Cervantes. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. pp. el valor aní­ mico de la sangre noble. «contrived». de hecho. de perspectivas metodológicas muy distintas. coplas y seguidillas. 285. al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna». «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría. p. . pullas. reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—.. En los estudios más recientes. chistes.. pp. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y. se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona.. Metamorfosis) Por sus «episodios.]. Cuando más [. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo. bailes de «movimientos ágiles». cuentos. respecto al desenlace tan arbitra­ rio.. de «ritmos alegres». 309-10. a la gran ambigüedad del tema fun­ damental.LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto.

.en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria.]». a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache». donde «¡campea la libertad!» (922). ni el calor le enfadaba.. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres. en efecto. Se justifica así un nuevo intento exegético. responsabilidades. ni el frío le ofendía. de los personajes. «finibusterre de la picaresca».. ni el andar a pie le cansaba. pasatiempos. honrado caballero cortesano. «A todos los mayo­ res» placeres: cazas. que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. empujándolo a “la vida libre”. Por esto. los bailes como en bodas [. En efecto. de las perspectivas narrativas. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922).. El rutinario «buen tra­ tamiento». aburre. que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre. las muertes por puntos. preocupaciones impuestas. donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». A los trece.]. Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas. Carriazo «se desgarró [. las pullas a cada paso.. se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. el juego siempre. es. juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona. sofoca.. «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923). convin­ cente a esos reparos y dudas.. ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación. lo que al fin lo “cansa”. con que sus padres quieren hacerle admirable. convites.] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante». que a Carriazo impacienta.. a veces éstos se reconfirman. restricciones. las pen­ dencias por momentos.] sin disfraz el vicio [. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922).

auténtica celebración ritual de una venerada. Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. sueños que probablemente no abandona jamás. p. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas. de la completa libertad. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. «andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. Antonio con su hermana6. pues. No es. A este respecto. y tan menos. como la llama Cas­ tro. mirando bobas» (931) y. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. muy sugerentemente. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. según cree. Necesidad insaciable de “libertad”. por sus constantes. que así no son. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. ni al final. aunque inconsciente.contar entre ellas a la pobre Arguello. basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. como se suele pensar. entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. 192). 89). como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. artificiosas en absoluto. pues. otras veces. Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza. que a veces Carriazo satisface. . fervorosos sueños con las alma­ drabas. El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». en parte. que por vosotros se me van todos» (318). único reino. de D. y al verla. pero enamoróle mucho me­ nos. ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. por querer evi­ tar semejante situación.

dijo. “prudencia”. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas. que ellos llaman. poeta de viejo..]/ Entren. por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona. músico falso!». bo­ rracho! ¡Calle. de cuya belleza están apasionados.. cuero! ¡Calla odrina. se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933). de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [.. .. dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando. En efecto.]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [.] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas. con una felicísima corriente.». “discreción”. y tras esto.]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona.. en ocasiones algo grotescos. pero sin ánimo de declararlo identificándose. fácil y lindo ingenio.]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [. para que no lo errasen. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!».] hicieron al pie de la letra. con el espectáculo. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4).] y que. sin quitarse el embozo: ¡Calla. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [.. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza.] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [. De su hipocresía... de seguro. y no otra cosa [.comedias [. Después de haberse di­ vertido mucho.]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [. como también para ver a Constanza.... Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [.. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. «de presto. Sin embargo.. Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas. pues todas las ninfas / y los ninfos [. Que estos episodios. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas. acabado el baile. etc. ellas y ellos... Carriazo.. sin duda.. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7....]».

revelada como inapropiada. G iusti.. Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. Desenlace gracioso. gracias a los astutos.]». Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego. Así. R accolta d i p ro v e r b i toscani. cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién.. non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera». a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta. Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo. porque «era de propiedad del azúcar. Intento de ostentación erudita. sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores.. que no le alcanzara un galgo. del que. ¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito». .) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [.]. Edikronos. etc. miren qué hará Costancica!»... 1981.. Infeliz estado de los músicos. ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [... murciélagos y lechuzos [. pero la cola que se la diesen [.]. entre otros. después de la escena de la chacona. 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda.] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno.un hombre»). no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares..]» (34-5). por dónde o cómo le vino» (938). muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope. G. Palermo. recuperándolo poco después todo.]»x (922). allí se reniega..... zucchero e acqua rosa. piensa salir ganando. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano. que jamás gastó menestra» (938)8 . C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán.. p. de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»). Sin embargo. otra de un juego de naipes. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. evidentemente. y por todo se hurta [. Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura».] nunca su intención fue jugar la cola [. acullá se riñe. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo. acá se juega.y en que pierde todo el dinero y también el asno. obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [. pretendiéndose fe­ roz.

p. cierta desconfianza íntima o inseguridad personal.]... Así. Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. por lo que Ca­ rriazo. pese a todas sus muchas experiencias mundanas. otras. p. como un «contraste» de Carriazo9. 191. por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923). Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías. al ganar. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes». pero. por lo que se ha insinuado. R odríguezLuis. «si fueran [otros] tiempos [. según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. mucho tiempo con Avendaño en Toledo. El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y. Contrariado de cualquier modo. Por cierto. esta estancia se le hace más tolerable también por su afán. Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto.]. le alzaran por [su] rey» (939). éste «quedó sobre modo contento [. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos». a quien «arremetió [.. al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo. 150. mucho más que por la amistad.. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. sino el hecho mismo de haber perdido.. se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola. humillado. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. Mientras éste 9 Casalduero. y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo. pareciendo así menos listo que sus rivales. I.es mera fanfarronada. se queda pese a ello. resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador. . Y en efecto. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas. en­ tre ellas. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno.]. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas. quienes. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». en parte gratificado. poco después.. que se le abrió por dos partes» (930). Y es probablemente por esta razón. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores.

. 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo». aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico. p. o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño. li­ Herrero. mudé vestido [. N o nos resulta tan categórica esta diferenciación... probablemente. Hay. y el lector recuerda. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares . al menos en parte..]». de seguro muy semejante a la de Carriazo.].. se debe. 10 11 . requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [. pp. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses». a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [..]. a las circunstan­ cias de su vida diaria. entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal.. 54-5. pero también..]... nuestra hidalga intención». Allí ya había estado «tres años [. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad.]» (937). eviden­ temente. que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. Casalduero... pues. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932)..] es­ tudiando las lenguas griega y latina [. sin haber estado en las almadrabas. arrastrada del camino recto por un mal compañero u.tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas. en parte. 923). en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). etc. Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932). dejé mi patria. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo.. en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira. que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10.. sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas. «Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona». y. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [. a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca. A ciertas picardías amorosas. divertido. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca.] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas.

muere por ella y la solicita con música [.] colorados. ¡de oídas! En realidad. pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año.. y viéndolo ella. muy raras veces. por medio de una bella des­ cripción.. en una mejilla tiene el sol. Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o... porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla. los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n.] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931). lleno de turbación y sobresalto» (925. Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925). que a Avendaño deja «suspenso y atónito [.terario y rústico. Ya está enamorado..] lo que suelen pintar de los ángeles». y áspera como una ortiga. pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio.]. que el au­ tor hace apreciar también al lector. que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol.. p.. Al ver a Costanza por primera vez. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor. que parecían perlas. cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936)... 927-8). pero que tan sólo puede admirar a distancia.]. la una es hecha de rosas y la otra de claveles.. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925). En tales circunstancias. y en otra la luna. su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas.. Por no ser «totalmente rubio».. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [. le ha­ bía dicho antes que llegase: [.] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939). . y en toda su presencia un irresistible encanto. con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [.. Extraordina­ ria hermosura. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla..]... con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [. zapatos [. y zahareña como vi­ llana de Sayago.] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!». en particular. 145). Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas». Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. En su «rostro» le «parecía ver [. que es mozo brioso y algo atrevido.

. Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo. y. pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927). p.] cuan al descubierto te burlas de mí» (932). que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ . humilde sujeto. que él persigue con «amor limpio. la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»]. . «Platónico» lo llama sólo Carriazo. quien lo percibe claramente: «ya veo [. por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931). el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina. por fin. aunque mantenga que la «vir­ tud». en esencia. que le hace parecer «loco o he­ reje».. El amor de Avendaño no es di­ ferente. el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3. 59) [«El ángel es algo arisco. que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos. no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”.. disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937).. al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro. el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». a distancia. intensa a la ar­ monía espiritual.. si alcanzo de días a mi padre. padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926). a servir y a procurar que ella me quiera». the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas.. mofándose del compañero. Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande». ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ». Con más probabilidad. Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [.]» (937).puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual. hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución.] / las potencias del alma nos encantas /[ .] / deja el servir.. en realidad. del alma de Costanza. a su vez. donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly.. que. “plató­ nico”. que no se extiende a más que. en el sentido clásico de una aspiración pura.

pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [. lim­ pio. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro). por fin. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona.. como su amigo. en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. bien nacido.. como lo llama el mismo autor (925). con gran simpleza. sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). Consecuentemente. de modo insis­ tente. pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante. 285). p. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas.. con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [. a nues­ tro juicio.su estancia segura [. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre. .]. ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin. Sugesti­ vamente. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5. precisamente. el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. hijos del mismo padre. se insinúa.. Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados. sólo por hartarse de mirarla». y el mozo de muías. Y. pero de seguro con la misma disposición amorosa. Igualmente “platónicos” son. incluyendo la de su amigo. Sin tanto cinismo. que se rema­ tan.. ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores.] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. el meollo ideológico de la novela. noble— cuyo contraste constituye.. pues. II. 15 Ibid. pues. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14.]» (934).

con que «el mundo».] ¡a tiro de escopeta.partido con sus camaradas». en las almadrabas de Zahara. algo popuchalera. «como bien nacido». «Em erging Realism». Mostráronse los hijos humildes [... equivocada o absurda. quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 . Cristóbal de Lugo. que se le atribuyen. p. en todos los casos. ¿por qué sería la generosidad. Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular.] sin disfraz el vicio». irónico “consejero”. a Carriazo.]» (923). La perspectiva cómica. tan patentemente cómicas.. 49. «allí está [. el discurso directo viene mediado por la narración indirecta.. como a menudo en la prosa cervantina. Otras veces. Esta observación es aplicable también a las hipérboles. pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian.. aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso. los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo.. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán. 16 17 . le alzaran por el rey de los aguadores [. por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores.. que son los personajes mismos.] [al] gran Lope [Carriazo]» (939). pues. la discreción. en la arenga del autor.. en el notorio episodio de la cola del asno. claro está. Pedro de Urdemalas 1 lerrero. ingenua. Además de este hecho. a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes». privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes. que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad. Re­ cuérdese. (922)1 6 . muy importante en sí. El contexto episódico y estilístico revela. en mil señales!» (subrayado nuestro) (922). Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias.. la compasión. ¡y no el autor!. justa o injustamente.. todo lo cual «se descubría [.. etc. Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna. además. atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. En gran parte. principalmente los bien nacidos. la liberalidad. en que Carriazo.

La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina. «tomó el bolsillo. intensamente.. muy significativamente. impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella. cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos.(que es también picaro). tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. que no vengan?: «Y si en este año [. no permanece. se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes. extraordinaria no­ bleza de espíritu18. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. En La ilustre fregona. meses. El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal. sin embargo. como casi sin advertirlo (941). sin responderle».. . El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. Pedro y Cristóbal con genuina. ¡ni mucho menos! «Quince años.. frío frente al inm inente cambio en su familia. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”. ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. emocionalmente ya la han prohijado. que no éramos personas que por interés. es decir.. compartido con su mujer. sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida». fervorosa. Dios sea bendito» (942). para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. en E l teatro de Cervantes. nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». Bello sueño. según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años. porque..] no vienen. a todas luces. el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina]. porque la consideran como hija propia. días que Costanza vive con ellos. más que por caridad. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso .

de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia. moral o temperamental redentora. Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. De hecho. Al rela­ tar la violación de ésta.. I. personajes cervantinos. sin que él «jamás la viese» de nuevo. Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta».] no grite. explica que «el silencio. Y hay. como. cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas. ruines. dejándola como atontada y suspensa me volví a salir». hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. sin ninguna calidad espiritual. ella cansada. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer. le dije: [. Bélica y otros aristócratas. nobles de naci­ miento. y yo. y en nuestra novela.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto. violento. cap. Fi­ nalmente. 41). «llegándome a ella la desperté. la soledad. que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [. hom bre monstruosamente egoísta. la señora. por lo cual. pero flagrantemente mezquinos. por otra parte. «se m udó de aquel lugar a otro». ¡«ni [que] lo procurase»! (945).. y teniéndola asida fuerte­ mente. Q uijote. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó». Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto.que esta pareja no tiene hijos propios. que suele «llover sueño en [los] criados». Después de esto. rendida y turbada [. se puede entrar en la casa. muy sig­ nificativam ente.... . yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía. para mencionar sólo algunos.] [quedará] en opinión vuestra fama. de hecho. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban. ¿no fue.].. cruel chantajista. precisamente.. «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme».. no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D. fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [. meticulosamente premeditado? De cualquier modo. el padre de C arriazo y C ostanza. por ejemplo. degenerados. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto».

. después de tantos años de total indife­ rencia. 105. «Emerging Realism». en cambio.]» (946). se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural... porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo. emocionalmente revivida lo induciría a revelar. p. Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija. la soledad [.].]»? Esta pasión lujuriosa.el crimen com etido20. p. que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás..] y nos pusimos en camino» (945). N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes. se las comienza a be­ sar tiernamente. “la soledad”. ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. inexplicable. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados. Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija. pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar. la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión. hincada de rodillas ante él. Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida». N ovelas ejemplares. quien.. 56. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»].]. Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva. .. sin causa lógica. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21. "el silencio”. K la ocasión”? En efecto.. «turbada y temblando»... «tomándole las manos.. responde a algún motivo ulterior. bañándoselas con infinitas lágrimas [. 21 Herrero. y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [. el silencio. todos esos detalles de su infame acto. sin darse él cuenta de ello.

lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. ya dis­ cutidos—. p. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope». a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie. de valentía heroica. no se manifiestan en ningún momento. pullas. apasionado. riñas. se ilustra esta convicción.. supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. pero con tan malas entrañas [. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo. es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen. Consecuentemente. y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación. en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. p. útiles. de modo muy ingenioso. en su total desafecto a las actividades dignas. en su casa.. 45. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne». que se destaca al final de la obra: temor al ridículo. a todas luces.] le había pe­ gado una docena de palos tales. de amor ideal.les» n . hurtos. espiritual.. Maravall.. del «nacimiento» en s í24.. con sus juegos. esos instintos de honor o pundonor personal. 22 23 . virtuosas de la vida.]» (929). ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer. En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo. variables.. de seguro. quizás. despechado y lleno de cólera [. que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas». 24 Véase nota 6 .. 55. como gato arrinconado. Teatro y literatura en la sociedad barroca. pero. Todo lo contrarío. cuyos “casos” resuelve. pero jamás por completo erradicada. el noble por los del «espíritu» 23. a las aspiraciones altas. pero con indepen­ dencia de la «sangre». En suma. Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición. al que prefiere el cínico trato picaresco. amansada. Apeóse en fin. M ontesinos. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. en proporciones diferentes.

y que. Puntualice­ mos. maldita y maldiciente» (939). adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. es feliz. real o literaria. Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa. En suma. los deplorables. pese a que «la mala bestia del vulgo. 14-16. la innata “in­ clinación picaresca”» 26. sugiere traviesamente el autor. . ¡ni mucho menos! Así. por fin. El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer. 200). Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). por ejemplo. L iteratura an d the D elinquent. 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa. aunque sean “señores d. “la afición a Baco”. pero a quien desanima como a todos los demás. por lo menos no en todos. pero a nin­ guno de ellos. En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares.e título”.sobre todo. pero vive tem iendo. declara orgulloso el mesonero. a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). pp. a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. tiene hijos. que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. permite un trato íntimo. por la mayor parte es mala. véase Par­ ker. «No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922). p. es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas. y muchos lo son. por otra parte. A todos los huéspedes recibe con gentileza. como. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca. muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. es siempre respetuosa j obediente.

pues. en cualquier circunstancia29. Todos piensan. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. concluyendo que aquélla es menos interesante28. 200. le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. De seguro le han enseñado. 28 L ow e. destacando este hecho* además de los ya discutidos. desde la infancia. a tratar con cordialidad hospitalaria. Fuese con ellos a su mujer. leídos. el moz. Además. incrédulos. honesta. y andan por todos los aposentos. todo el com portam iento de Costanza refleja. por ejemplo). y donde hay cada día gente nueva. la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. que se manifiesta de modo infalible. . 29 Ibid. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico. siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. muchos lectores. hacer labores domésti­ cas. como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». 69. la morali­ dad. le turbaron y sobresaltaron. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. llamó a Costanza. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). pero. y nota 4. actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden.explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. de modo completamente verosímil. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. escribir. a la vez. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón. sobre todo. que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27. enseñándole a leer. rezar. que. Cervantes: Two N ovelas ejemplares. y. p. p.o de la cebada. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». y antes que se los leyese. con «ojos de Argos». y con grandes encarecimientos. la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935). que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. consecuentemente. mezclados con amenazas. En suma. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa.

ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. Costanza podría cometer indiscreciones. tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). . que es. por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. í 69). en cambio. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. ¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. castas. T am poco esta observación contradice nuestra tesis. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». con los corte­ sanos parecía cosa del cielo.su mujer. un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942). corte o mesón. «con tanto amor» 30 y también. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos. Por su propia determinación de ser virtuosa. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. Costanza puede serlo en cualquier lugar. 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly. p. p. 202).N o v ed a d de las novelas de Cervantes. mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. Así. 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. que es su “virtud”. la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya. que daba a entender. punzante ironía. En estos versos se condensa una convicción cervantina. 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre. Hecho que se puntualiza con una poderosa. de modo muy im por­ tante. donde la tentación ace­ cha de continuo. protagonizadas por mujeres virtuosas. 103-116. pp. tan bien le cuadraban. pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. Pese a todos estos cuidados y prevenciones. la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño. 914)31. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (.

el “destino”. moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. in orbe» 3 4 . Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto.1 Libro XV. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste». del Hombre. para nosotros. a su vez. constante. entre otros críticos. ante todo. con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra. buena o mala. Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. según se sugiere al final. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”. un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes. los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. p. en todas sus manifestaciones características. creemos. pero cuando las introduce es. [«Nada es constante en el mundo». es la sangre humana. la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. rather than character». Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”.) Lo qué no cambia.] 35 Véase nota 6. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes. nunca. N o cabe duda. etc. heredada de generación en generación.. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. todo cambia de continuo. dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929). benévola y perversa a la vez. la casualidad. . rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. herencia imparcial de to^ dos los hombres. quod perstet. invariable. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. sin embargo. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. y. la “Fortuna”. 3 . 86). Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo. El Saffar. (Como se ha visto. en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35. verso 177. Consiste en esto. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. Hijo de la Naturaleza. 947.

Buen conocedor de las obras ovidianas. trayectoria lineal e inversa del relato [. desplazamientos constantes [. un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación».].. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas.]..]. los continuos cam­ bios de todo orden. y. cuya complejidad. Ramond. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas». en múltiples direccio­ nes.3 8 . el movimiento fluido.. Alsina. p. sin zonas estáticas...]. 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro. 116 [«(. en distintos planos. «Tres por dos son seis». movimiento entre dos térmi­ nos [. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir. se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos. 40 Libro XV. p.39. perseguida. p.. La novela corta en la teoría y en la creación literaria. «El espacio narrativo en La ilustre fregona. 39 Pabst. en efecto. Todas estas observaciones acertadas. aunque inconsciente.. es también «a significant device for the structure o f this novella »37.. visión del mundo como multiplicidad [.. y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [. Chauchadis. espacios que se desdoblan [. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»]. ..]».]. D unn. esencialmente. y su «espacio mítico como viaje». perspicaces. «Las N ovelas ejem plares ». etc.El motivo de la “transformación”. Es..]....]. muy sugerentemente.) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»].. se­ 37 Selig. y.. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona». la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem .. traducen. «Ser y parecer». «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio». oposición de los personajes y de su trayectoria [... organización secuencial de la intriga [... versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra.. entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [. etc.. Débax. Paulino.]. discontinuidad y confluencia [.. a su vez persigue a la que va delante.]. 94.. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». cuatro cuartos y una cola».. 228.]. «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ». de manera precisa. Ezquerro....]. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida. / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40. varios niveles de enunciación engastados [. sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [. «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona».

. personajes. re­ hacerse. Se señalan así sólo algunas de ellas. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. 120. a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. al propósito de proponer. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. N o v e d a d de las novelas de C ervantes . tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). de invención nueva y rara. Valbuena Prat. p. primordialmente. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. etc. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. 42 R odríguez-Luis. que es el de todo el Universo. En tal propósito ideal. y para deleite artístico del lector contemporáneo. 1033. matices. Esta inspi­ radora metáfora. La ilustre fregona parece responder. entre otras obras estram­ bóticas. pinto quién fue la Giralda de Sevilla. olas en un eterno hacerse. episodios. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés. 4 1 Véase en la edición de A. temática y estéticamente.gún lo sugieren sus citas de éstas41. pp. formas. 1348. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho. 752. . etcétera. contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. que tiene la acción dispersa. a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. fuerzas. restrictivo espacio de una novela corta. a la vez. va­ riables a cada instante. y autor de felices referencias literarias a ellas. quien.. detalles irrelevantes. 98. demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. porque en él. 577. siempre nuevas. y. hecho en sí muy significa­ tivo. 1036. ¡transformarse!. y ¡tan hermosa! para él. también siempre viejas. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. para provecho moral.» (1348). cívico. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. En efecto. Ofrecer una imagen precisa. pormenorizada. deshacerse. 882. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje. de algún modo.

En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola. fragorosas. Puesto. en prosa y verso. a veces. atraído irresistiblemente.. áspero cambio de rumbo. las pequeñas. siempre contenidas. en visitar las nubes de contino. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [.]. hacia un efervescente torbellino. picaros. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos.] contentos y alegres» (924).Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona. mansas.. 68 ): el ayo descartado... des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente. de curso propio. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante». a las cuales se une. etc. casi imperceptibles. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas. y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso.. otra —Avendaño—. al río. mozos de muías. de brevísimo recorrido visible. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores. al viaje..] se pusieron en ca­ mino [. mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas. pero. de quien ya «no dice nada el autor». «presuntuosas. de las metas fascinantes por desconocidas. a su tiempo. pues. entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente. referidos al mar.. después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924). fregonas. de flujo ya paralelo —Avendaño—. se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas. impetuosas. pero de un curso pasado o futuro sugerido o. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara.. dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. a la ligera [. impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. Empuje repentino. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora. Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. vistié­ ronse a lo payo [. igualmente atraída. claro está. «como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. muy a menudo. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. .].. en parte. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año. también en las desprendidas. Entre las olas gran­ des. a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid. 77).

Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios. a la postre.. grisáceos. cercanos. para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. mientras la de otros es más incierta. se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias. Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. La relevancia novelística de algunos personajes. «de socarrón». principales.]» (939). pp. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas. rufianesco. Sin embargo. «Identity. en nuestro caso.. aparenciales. constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”. como la de Argüello. aun tales consideraciones. folklórico.. hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. Oleaje juguetón que. prosaico. íntimo. . intensa interdependencia de todos los personajes. relevantes.. de un modo u o tro 45. p. reflejo fidedigno de las relaciones humanas. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro.]» (930).. lejanos. secundarios. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». humorístico. refranesco. en todos los casos sí se descubre. se revelan.una media parienta suya» (938). Poco después. es bastante evidente. turbios.. aunque sólo con brevísima ojeada. a quienes alude el mesov ñero. evanescentes. oficial.: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano. y la monja [. claros. al perder todo el dinero en el juego. multiformes y multicolores con miles de matices. verdosos. 39-56. accidentales. límpidos.. a su modo cómico. que. también simboliza la constante.. además de sus propias frustraciones íntimas > H .] de tal calidad». en la novela. 45 Véase nota 42. borrosos. 87). aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea. a primera vista desviadas del asunto central. y el confesor a la monja. con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza. retórico. burlesco. D iscourse and Social Order in La ilustre fregona». poético. que si pedirá.. pero.. inspirado en Bajtin.. 82) en el vasto mar. dialectal. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. 2 0 0 . para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija.

y más dura que un pedazo de argamasa [.. se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. blanca como una leche. de un brioso brote de agua. entonada como un plumaje. 47 A lgunas observaciones sobre esto. que. reveladoras de lo problem ático a que aludimos. 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado. Así lo desea Cervantes mismo. de diferentes maneras. lo que. impresiones. 107-8. debe aparecer fundido con ellas. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios.. pp.]»(ibid.. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler.diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron.] Dijérala [. tres hijos.]. implicaciones.. llamándola lunes y martes [. siempre resulta arduo47. des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa. quod perstet.] que es tiesa como un espárrago. . ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48.. múltiples nuevos sentidos.. sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo. Para nosotros.. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos».. enlazando con nuestra metáfora. muy significativamente.. etc. luminoso: «quedaron todos conten­ tos. de nuevo re­ novóse la tormenta [. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [. quien. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. desem­ bocando en un mar pacífico. como ser humano y como escritor. From N o v e l to Rom ance.... como el de las turbulentas olas de nuestra novela. al proponer las olas como metáfora de la humanidad. 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo.]» (934). Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo. es consciente de que él.]» (El viaje del Parnaso. «Turbóse en esto el líquido elemento.. hoy están todos estudiando en Salamanca» (947). para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. en El Saffar. sugerencias. in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). En éste y otros casos en la novela. honesta como un fraile novicio.

949. R odríguez-Luis. 96. pero 1 M enéndez Pelayo. O bras completas de C ervantes . 3 T hom pson. Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas. O rígenes de la novela . Al principio. 78. «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting». C ervantes. a menudo haciendo abstracción total de la opuesta. bajo la influencia de la novelística italiana. «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». [«El asunto de esta novela no es m uy interesante. convencio­ nal y artificiosa». 2 Valbuena Prat. creador de la novela corta. p.«D e tal palo tal astilla. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra. p. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás. pálido. p. «nea­ rest to failure». «una de las más endebles de la colección». p. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas». N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado». XV. G onzález de A m ezúa y M ayo.] novela de relleno» l. Ares M on­ tes. Fitzm aurice-K elly. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. aunque hábil en el relato a la italiana»2. frívola. 326. «Las novelas ejemplares».» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta». En efecto. «escrita sin mucha gana». N o v ela s ejem plares de C ervantes. pp. v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. «mediocre. 113. «Introduction». p. de hecho “extraña”.] . inocente. etc. The Exem plary N ovels. 150.. 216-217.. Apraiz. Las dos doncellas puede parecer. Π. aunque «the story is well constructed and presented» 3. para poder llegar a la docena proyectada [.

su se­ ductor. 185. Al lle­ gar los tres a Barcelona. el gusto por la superposición de enredos. geográficas. Por fin. con la finalidad de alegrarle [al lector]». Rafael se enamora de ella. temporales. Sin embargo. «La estructura de las N ovelas Ejemplares». su «principio supremo» 6. Al día siguiente. p. p. topan con el fugitivo. Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura. en el Quijote. p. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud. que viene de Salamanca.. 101. Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas. también abandonada por Marco Antonio.. por boca del Canónigo. i. defendiéndose de una turba. etc. «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. con particular severidad. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. En busca de Marco Antonio. su «asunto imposible»4. Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. y le salvan la vida. lo cual él considera «como una forma de caridad. ¡en una obra cervantina!. creador de la novela corta. Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael.. todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz.]. 64.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos. 6 D iez Taboada. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio.. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael. etc. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. Creyéndose mortalmente herido. 4 5 . el embrollo por el em­ brollo. C ervantes. de servir al lector». de encuentros ca­ suales.. p. se ha sugerido que «en algunas narraciones [. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo. rival en amores de Teodosia. en las andanzas y en los encuentros de los personajes. 335. pueri­ les al sano juicio. social y literario que de ella se desprenden. Marco Antonio se casa con Teodosia. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. [. G onzález de Am ezúa y M ayo. todas esas increíbles coincidencias episódicas. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5.

p. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. acabado «con las an­ sias de la muerte [. desde sus piezas primerizas hasta el Persiles. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley. También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos. C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar. 92)9 —y que así deja de ser “desatino”. tan repletas de coincidencias ex­ ternas. 88-94 [sin verosim ilitud. de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia. no importa de qué índole.]» no podrá hacer «que sus fábulas [. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso. pero con la intención específica de confrontarse.. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley. alboroten y entretengan.. etc. que se constituyen en la metáfora de la obra. . Esta noción. es ve­ rosímil. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. lo cual es un problem a distinto. C ervan tes> Theory o f the N o vel. críticamente. en efecto. y con la que las ordena en esa secuencia específica. “encuentros casuales”.] admiren.. en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [. 47. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales. a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad». Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada. 1251). de ser de los personajes. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. Por ejemplo. de evidente raíz aristotélica. con la inverosim ilitud com o recurso literario. pp. cap. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras.. 1527) 8. lo inverosím il. “embrollos”. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción]. Según todas las evidencias...] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. suspendan.de la verosimilitud y de la imitación. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. 60. para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. te­ m ática y form al. asi­ mismo abundante en coincidencias. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley. En su interpretación de la verosim ili­ tud. depende así de la completa. «De­ dicatoria». en E l teatro de Cervantes.. con tal de ser utilizado con plena justificación estética.

. que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967). p. 8 6 ). en situaciones extraordinarias. por ver si eran fan­ tásticos. Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso. tentábanles los cuerpos. y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. a la her­ mana “deshonrada”. lícito. dramática y conflictiva. anecdóticas. p. tradicionalmente pundonoroso. 77. A esta misma conciencia autocrítica. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama. se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor. con la frugal acción aventuresca. ante todo. por ejemplo. discusiones. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. acciones físicas. Una con­ frontación similar de todos los personajes..] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. se condensan y abrevian notablemente. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria. Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. y la de ésta a aquél. 11 Ibid. Y las que se introducen. no sabían qué decirse. en efecto. Así. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos. conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. interpelaciones.. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). y.. exhortacio­ nes. lo cual contrasta. de manera muy llamativa. es la reacción del hermano. oportunas para ese efecto. en el momento de reve­ larse sus identidades. es lo que Cervantes persigue. polémicas. suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[. escasean peripe­ cias episódicas. por otra parte. diálogos. que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. principalmente.lectores).

Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid. sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas. Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas. cuando se trata de viajeros.). destaca las “prevenciones” económi­ cas. B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. conscientes de las exigencias materiales del viaje..] sacándola llena de escudos de oro» (955). sugerida por Valbuena Prat (949). Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes.. Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958). Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho. en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n. Cervantes a me­ nudo y por varias razones. es inaceptable la relación entre los amos. pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”. Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [. quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). Rafael y D . V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa. p. y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). 74). pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras. II.. . 1284). D . Q uijote es la víctim a de semejante impresión.viaje. etc.. mozo de muías. pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 . etc. Al tratar de viajes en sus obras.] en el escritorio de su padre [. a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955). ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. Por otra parte. Q uijote. Para su propio viaje.I3. C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores.). es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior. con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». D . ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D . como la de Calvete. al acompañar a su amo.

? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo.. 14).. lógicam ente. hablan de su «construcción teatral» 1 7 . pp. Cervantes. quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores. III. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían. íb A ... propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy. 104. aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. A n ton io — T. claro está.. R odríguez-Luis.. pp. [«¿Q uién es la más infeliz. impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». 17 Véanse D ie z Taboada.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así.] Who has the gre­ ater cause for jealousy [. «La estructura de las N ovelas ejemplares».] com edias en prosa. y algunos críticos moder­ nos. que eso son las más de sus novelas». 18 Thom pson. o L. particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. actitu­ des e intereses. creador de la novela corta.] Who has the greater claim. según se ha sugerido arriba. «Introducción». 144-150. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas. cuyo amor fue consum ado o L. pues.. 73. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa. a veces. or Leocadia. Fernández de Avellaneda. T. who was loved more recently than Teodosia? [. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ». en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. Ingenioso hidalgo D. p. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes.] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605.. a base de unos significativos problemas sociales y humanos.. whose love was consmnated. sugestivas de entreactos—. Teodo sia or Leocadiaf [. ... legally and emotionally. Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”. on Marco Antonio — Teodosia. «Prólogo»: «[. Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector. es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles. p. p. Aunque Marco Antonio es «rico [. 352).]» 1 S .. 85-6. La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. Q u ijote de la Mancha. la fecha de la creación de esta novela.

cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [. por fin. o. a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante. la revela como una joven desconsiderada.. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina.. «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». de hecho. 113.] una compla­ cencia» al verlo (952). p. inescrupulosa. porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado. la promesa de matrimonio..] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio». con la promesa de ser mí esposo. a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [. o. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—. gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953).. «sin saber cómo [. También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio. los juramentos. tiene de esto la hace. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. con toda premeditación. gentileza. las lágrimas. y que es 19 El Saffar. Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [.. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19. N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. [«El conocim iento que T. cuando menos..»] . por ejemplo. se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953). rostro.].] a hurto de mis padres» (952).] en su poder». claro está. las dulces «palabras [. culpable de la traición de que la acusa L. se entregó en ese momento. egoísta... N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares... incluyendo. Sin embargo. De todos modos. los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador».mado» por todos por su «gala. únicamente. más bien. por lo que Teodosia se entregó. qui­ zás decisivo: «Y finalmente. como.

N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. y a su matri­ m onio con M. pero secretamente le guarda rencor. 347). 21 Scheviil y Bonilla. Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». surge otra en traje de muchacho. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero. C ervantes. [«La parte de L. . G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor». siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T. C on m uy fina intuición. A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». 208. Leocadia has no independent meaning in the story. 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. p. Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas». 109).». creador de la n ovela corta . mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. ill. 24 El Saffar. N ovelas ejemplares. 393. 116. cuestionables. A n tonio. Π.] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). no tiene un significado independiente en el cuento. «Leocadias role is a secondary one. si la una va en busca del novio que la abandonó. La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. II. «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. pp. p. significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . N o v e l to Rom ance. p. aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 22 Casalduero. Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta». being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. 21 1 . es. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. 165-176).. hasta «deseándole la muerte». es secundaria.precisamente lo que ha hecho. cuando menos. p. 347. con que se suelen justificar los peores extre­ mos. L.. p. A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. la otra sigue la misma demanda» 2 1. creador de la novela corta . no obstante. pp.

. para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual. reacciona interesado. p. para que «no piense [. lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo». 343. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese». para mayor ironía.. que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo».] le quitaré la vida sí puedo» (959). «Práctica inmoral» 2 5 . desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. C erva n tes. pero.]. . que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente. Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [. que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [. ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario.terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que. aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso... Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival. para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [.. es decir. pues. herida en su vanidad.] gozar a tan poca costa lo que es mío [. de­ bajo de grandes [. por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado.. percatándose de ello. consiguiendo de él «su fe y palabra... que ella.. pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula». Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano. Una pronunciada ambición y codicia. firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso». Leocadia está dispuesta a rendírsele.. como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia. sobre todo. Poco después. Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». casi sin emoción.] no se las llevase el viento» (957-8)..] para coger el fruto que para él solo estaba señalado». para turbarle a ésta el «sosiego». y Marco Antonio. antes de salir de casa tras él. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada».] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio.. leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. creador de la n o v e la corta .

26 Recuérdese la contestación de D . firmada en una cédula de [su] mano y letra».. «se llegó a la cabecera del herido.. caps. su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3). que [él] le dio.. que bien poco tiempo se pase sin que os siga». y después. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe. médicos y criados en la sala. como si de un monopolio se tratase. y asiéndole de la mano».. por vos. no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade». en el palacio de los duques. el «valor de sus padres» y. adelantándose a to­ dos.]. sobre todo. Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa. que debéis mucho a ser quien sois [..].. prometo de darme tal vida después de vuestra muerte. si no para la salud de vuestro cuerpo [. ..]. exenta de genuinas consideraciones sentimentales... sobre todo. «No puedo ne­ gar [. la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [. ante todo. Muy significativamente. a quien debéis más que a otra persona del mundo». típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26. conocidos. La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. para la de vuestra alma». Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo. por mí. Q uijote al C anónigo. en presen­ cia de todos los amigos. ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva.] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9). «la palabra. se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad».. con hacer lo que debéis [.]. se lleva al herido en el esquife... apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra». y ad­ virtiéndole. 31. Obvia­ mente. a toda costa. sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida. A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio». que las palabras que le dirigiría «convienen. después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n.confirmar «las razones [. Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio. 32).] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres.

y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. caprichosa conducta. decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. precisamente por serlo. con toda probabilidad. . «Sin embargo». porque se la robaron los bandoleros. no la esgrime.]. especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer. a Italia. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. T e o ­ dosia. y esperando que a su vuelta. La escarmentada Leocadia observa. yéndose muy lejos. pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. que la cédula no puede ser «testigo de fe»... a base de la cédula. ya no tiene. p. a su «juicio de mozo [. a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio. ausentándose. Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas. porque. a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter. con­ tinúa Marco Antonio. con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. Del pueblo huyó tan de improviso. pues. Ahora com prende que las obligaciones. En efecto. «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto. podría ser que después os fuere de prove­ cho». de seguro con Cervantes m ism o. de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. después de algunos años. hizo la cédula. 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»]. excepto en el sentido más externo. encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. desea pagar lo que debe. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio. dice Marco Antonio. repelen.junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». que. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón. se arrepiente de todo lo malo que hizo. irónicamente. Personalmente inmaduro.. Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo. Confiesa que la «quiso bien». confiesa todas sus «muchas culpas». sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959).

con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado. N o v e l to Rom ance. no grave. C o n toda probabilidad. a su parecer. en el contexto de la muerte.28. convencido de que ha llegado al «término [.Teodosia. autoenfrentamiento». A este res­ pecto. p.] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). y asimismo [. self confrontation». sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat.. 347). creador de la novela corta. ante todo.. p. etc.. por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto.. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. siempre impresionado por la mera apariencia.. se desm ienten con toda su conducta. a pie.. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese».) La libertad con que sueña.. com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona. . ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!.. cuando menos.. ii. when placed in the context o f death. tenía el herido. atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio. 23 El Saffar. por ejem plo)... dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960).]. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [.. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado. para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30. a Santiago de Galicia» (966). así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium .. Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica. Ahora bien. si D io s le sanase.] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however. o. de ir en romería.] exageró el peligro de Marco Antonio» (962). se convierte en ilusión. [«(. becomes an illusion [. Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio. 115..) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (. es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista.] de su vida».) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (. y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia. a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964).

Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia. tan reminiscente de la de las raposas esópicas. es «caballero [. pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano». pues. in­ contrastable! Además. pues». «la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue. según el astuto joven. y el mismo Cielo.Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [. «el mismo Cielo» le trae ahora remedio. ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». que hoy os ha quitado a Marco Antonio. en «ninguna cosa». inescrutable. pues. ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es.] y rico». en el pasado tan «huidizo».. señor mío». Teodosia se preocupa. «rica.. «pues así lo ha ordenado el Cielo.] hallado». «recompensa» a Leocadia. porque el Cielo le hizo de mi hermana. ante todo. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. ¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio. «cumpliendo con el gusto» de Rafael. hágase lo que Él quiere y vos que­ réis. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. tiene todo el efecto deseado: «Ea. Rafael. de cual­ quier modo..] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia. a pesar de todas sus pro­ .. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan». consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro.. Antes de este parlam ento. declarándole su alma. facilitándole también la vuelta a casa. estimada y servida». ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». sino tan sólo por la voluntad del Cielo. Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». allí está él. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo. os quiere hacer recompensa conmigo». Como es­ poso «ha de olvidar [. por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966). contenta. contesta Leocadia. y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje».. Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión. La estrategia argumentativa de Rafael. en suma. señora de mi alma.

pues es una unión de conveniencia económica y social. 207). y se hinca de rodillas delante de él. «sea como fuere». Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32. p. se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo. p. Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que. 376. satisfaciendo tu enojo [. Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra».]. como lo más natural y ló­ gico. sobre todo para Leocadia. dar «feliz suceso en su deseo [. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. La na­ turaleza utilitaria... con pre­ meditada pose “poética”. ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio. en la venta. sobre todo. E l pensam iento de Cervantes.. Al encontrar a Leocadia. Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares... comenzó a interesarse también en Marco Antonio. Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y. la mar. Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951). no es bien que ninguna misericordia me valga». venal. la muerte: «Haz con este hierro el castigo [. 13). El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones. reconociéndole poco después. y con este título sólo viviré contenta». R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. que «el castigo que [le] diere fuere Castro.. p. si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). p. para Rafael. Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer». 31 32 . siempre predominante en Leocadia. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación. principal­ mente. Sin embargo. y de gratificación lujuriosa. es decir. III. Por el título y la riqueza. «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga. las arenas y este silencio».] por el camino de la fuerza». y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares. Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—. En la oscuridad del aposento. Rafael (964-6). decide de inmediato «alcanzarla».mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. 78). anticipando. «In­ troducción».].

las puertas [al] remedio» de Teodosia.] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960).secreto». Rafael está muy dis­ puesto.. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo. evidentem ente.. O bras completas de Cervantes. A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [. «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final. . a este notorio código de conducta pundo­ norosa..]. creador de la novela corta. sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. si se llega a mencionar en abso­ luto. C ervantes. 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón. II.]. Q uijote»35.. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia. «secreta venganza»!. ¡Actitud noble y sensata!. La escena final de la novela. lo subordina. 34 Valbuena-Prat. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 . «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. el desafío a muerte de los padres.. C erva n tes. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años». a una genuina compasión por la desventurada hermana. 350). pero lo su­ prime o.. ¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo). nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [.. sin escrúpulo alguno. aparentemente. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. sí. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954).. Siente. como condiciones personales ínsitas de Rafael.]. Ciertamente. más bien.. p. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33. como hubiera dicho el ama de D. o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente.. Rafael no acude. Sin embargo. 949. asistencia sincera [. casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio. poco después. p . de ayuda desinteresada al prójim o [. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción.. «quería antes procurársele por todas las vías posibles. un fuerte impulso de "venganza”. porque.

N ovelas ejemplares . al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan. con el único objeto. estos jóvenes frívolos. y quizás de muchos. cual más cual menos. fría. III. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. Estando ya «a vista» de sus pueblos.. co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza.] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. «Introducción».. pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.. los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8). p. al recordar todas esas maquinaciones. que todos los personajes. las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos». Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il. engaños. Pero no es así» (Sieber. 26). Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». de acuerdo con nuestra lectura. «Introducción». p. contrastada con todo lo que pre­ cede. esta escena final. insustanciales. 16). p. . ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37.] gran cantidad de gente armada. como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito. egoísta. 238). 27).flua. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [. urden y perpetran los unos contra los otros. N o ­ velas ejemplares.. constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. 38 Casalduero percibe este efecto. traiciones. arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos.]». Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo».. cínicamente premeditados. siempre bien calculado... En cambio. que Cervantes destaca. al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. 8 6 ). A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes. por su propia imprudencia o necedad. p. ya hurtando los golpes. 25. caps. pues por el valle «asomó [. del provecho material propio y de la gratificación sensual. «cambio sumam ente brusco». de a pie y de a caballo. con toda claridad. etc. aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [. «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela.

auténticamente histórica.. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas. relaciones restrictivas. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales. osificadas actitudes frente a la vida. materialista. de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. la nueva generación se retrata como frívola.. como. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas. ridículo pundonor. cinism o. pues contiene una muy significativa. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles. en suma. es.de continuo pretenden actuar. toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos». disim ulaciones. de la educación que reciben de sus padres. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es.. Su­ gestivamente.]. mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—. amoral [.. sus «gruesas y largas lan­ zas». a menudo despreciada como pálida. directa del m odo de vida rígido. etc. encerramiento. etc.).. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación. una novela “realista”. egoísm o. desconfianza. Intervención propicia. porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [.. en efecto. en pos de un quimérico. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños. caballeros. cí­ nica. irra­ zonable (honor externo.) de los jóvenes es consecuencia natural. todo lo contrario. ridiculísima. en los últimos años de Cervantes. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida. Las dos doncellas. desde luego. es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos.]» (953)39. etc. sensata. mentiras. que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967).] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». irrelevante. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes. traiciones. mostrándome tan presta a la venganza [. libertina. no más.— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. . no importa cuán deplorables. padres e hijos. trivial fantasía. si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores.

como sabe bien el iniciado. vil. nunca por ra­ zón. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes. The Exem plary N ovels. 96. a no dudarlo.. que obran siempre por sentimientos.. Según se ha mostrado en las páginas anteriores. y de modo inconsciente. la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía. Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes. Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas». actuaron sobre Cervantes [. Apraiz y Sáenz. [«Cervan­ tes sigue a los italianos (.]4I. 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. porque. Valbuena-Prat. siendo de características y di­ mensiones nacionales. burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes. no es necesario. la evanescencia misma del lugar de la acción. el asunto es totalmente verosí­ mil. claro está. hay «irreflexión» pasional. es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías. la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. C erva n tes. todo el argumento es ita­ liano». p. la irreflexión de sus protagonistas. N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón.. O bras completas de Cervantes. 949.los protagonistas. apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [. p . 40 Fitzm aurice-Kelly.. que cambia a cada ins­ tante.. p. el imperio mismo del amor sensual.]. «tiene por objeto emular a los italianos. creador de la n o v e la corta.. «Introduction». que.. mati­ ces y elementos de la novela italiana. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica.. «the most italianate o f the collection». cierto parale­ lismo en los episodios.) el argumento es el más italianizante en la colección»]. . SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. «relato a la ita­ liana» 40. pues sus problemas transcendían todo lugar particular. son rasgos. hasta “histórico” en sus implicaciones. el modo de concebir la novela [. 325. el predominio de la aventura sobre la psicología.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones.

tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales.pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares. vernáculos»42..] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán.. las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles. los billetes y papeles [. copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [. con toda pro­ babilidad.. máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación. lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia. aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo.]. De hecho. la nocturna aventura [. de una tiernísima sensibilidad para el amor [. héroe y cabeza de la novela cortesana [. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales. según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [.]..]. rico y ocioso.] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros... Sin em­ bargo.. comienza [... ¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas.]. que.. significativamente. a veces auténti­ camente paródica. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia.. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida. noble. de la novelís­ tica italiana..]. el caballero m ozo es de una profunda.. estéticos y éticos. en efecto.. que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. alma y subs­ trato de la novela cortesana [. sino al cálculo frío del provecho propio. también observa que «el ambiente.].. como todos saben. quien. el escenario.. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta. los personajes. . A no dudarlo.

por la «cuestión de amor». procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares. en tales novelas. implícito en toda la obra. los desposorios mismos.]. asistido también de sus camara­ das [. y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43. 457470 [N ovelas cortas cortesanas]. la consabida pendencia... y llegará un día en que el Amor. Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes. todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [. Este propósito. que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [. cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor. . bodas felices de la errante pareja.rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [. La novela cortesana.]. amigo de L ope de Vega».. ora con algún desdeñado rival. ineluctable­ mente..]».. ¡diferencia radical! en clave crítica. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [. la pre­ surosa huida.. dirigida contra esa anquilosada. con riesgo cierto para la vida de ambos [. 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [.. se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo.].. 39-47. que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [. todavía faltan [.. ridicula. fin dichoso de sus andanzas y enredos.]. cuando es también más abundante... episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [. y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida. irónica. las mil aventuras. llega siempre... particularmente en la época de Felipe IV. Formación y elem entos de la novela corte­ sana. no discrepante del tono juguetón. Palom o.. Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas. pp.. 16). en las costumbres de esa sociedad.. «A Study in the G olden Age».]. impondrá sus despóti­ cas leyes [.]. véase nuestro estudio.] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento.. So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época. «F. ill..]..].].. pero. «Introducción». de Quintana. choque de espadas. insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H..].. p. Véanse también N ich ols. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas. ora con los deudos de la doncella. un novelista olvidado. olvido de la razón [.. sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45. pp..

ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas. al ver llegar a Rafael. «no de menos gallardía» que Teodosia.) 49 Ya desde el libro de Apraiz. Uno de sus atri­ butos más significativos. Sin embargo.. y sobre El am ante liberal. quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.. Según se ha deseado mostrar en este estudio. 347). ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III. creador de la novela corta . se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. de este tipo en España y. todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana.] que jamás tal belleza habían visto». pues. en que. 216). La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. simultáneamente. con toda probabilidad. Es. Quijote 49. encuentra su inspira­ ción. p. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana. de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético. Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas.lias». por lo m enos. donde reconocemos su transcendental ejemplaridad. principalmente. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera. p. jtan cervantino!. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física. es que representa. Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. y qué es esto! ¿Vienen. . es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». por ventura. una de las primeras novelas cortas. La novela cortesana es. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes. si no la pri­ mera. pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47.

muy populares en España ya antes de 16123. Sacchetti. D on i. con gente misteriosa. sus m ode­ los vivos. 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. de’Mori. Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas)..«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. . Giraldi. desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. claves de cruciales secretos. sin duda. ágil. F. Por sugestión. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612. A . Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media. F. F. G razzini (Lasca).. p undono rosos lances de capa y espada. Firenzuola. A .. Erizzo. extraños encuentros. protagonistas o testigos de enredadas situaciones. G. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. da Barberíno. A . Straparola. con frecuencia ilícitas relaciones amorosas. p. Salernitano. Esta hipóte­ sis. A. Bandello. todo narrado con técnica dinámica. A . F. 189. estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. G. triunfo final del bueno o del “furbo”. italianos o extranjeros. vista global­ mente. sus m odelos literarios. revelaciones y reconocimientos. «Las N ovelas ejem plares». Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos. no siempre congruentes con el asunto. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . de enredo. G. muy digna de consideración. M. pp. varios otros y algunas novelle anónimas. M. F loren­ tino. G. Sercambi. a ve­ ces nocturnos. B. S. 2 Icaza. año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio. 81-118.

M. L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. de La señora Cornelia tiene su referente lógico. 1955. B. pp. S. vol. G rif­ fith. que. Sette secoli d i N o velle italiane. «Introduzione». 1982. Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. R. «Cervantes y B occaccio». t. I. 1973. 1977. nos han sido m uy útiles: Auerbach. «Introduzione». nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. Madrid. Rossi. Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. pp. A . pp. G.. el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6.el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. términos. cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas . expresiones italia­ nas. F orcion e.x lv ïI . Tutte le opere d i M. Battaglia-G .. V1I-XXVII. ill. 1987. vol. N ovellen theorie u n d N ovellendichtung. «Introduzione». 323-356. 1921. B an dello’s Fiction. O bras C om pletas . Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. pp. «C ervantes-B occaccio». además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. N o velle del Cinquecento. Gibaldi. Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. sea en versiones originales o en traducciones. V -xxiiI. 1982. estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. deta­ lles. 590-603. superativo. Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. en mi concepto. Clem ents y J. O bras completas de Cervantes. «Introducción». 1967.8 . 8 6 . N o v e lle del Q u attrocento. v . F. L etteratu ra italiana L aterza. con su propósito correctivo. Bourland. π. J. 19-48. 1948. pp. M azzacurati. Schevill y B oni­ lla. «Introdu­ zione». etc. Belloni. Flora.x x iv . 31-92. A . 291). ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar. T. pp. pp . IX-XLIX. Porcelli. Pabst. 1952. de esta vasta tradición novelística. personajes. Fattini. 1974. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . P ancorbo. La novellistica d el Lasca. 22.). Pianca. v . I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. «Introduzione». G. en obras del mismo género litera­ rio. situaciones. al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo. Bandello. 1985. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. 34-39. 1952. claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. 4 Sin embargo. de una novela italiana. Paolella. H ainsw orth. A larcos García. C erva n tes a n d the H u m an ist Vision. p. del Duca. Place. pues. A n a to m y o f the N ovella . Savi-López. La novella d el Cinquecento. W. 1953. 195-235. The Short Story in Spain in the 18th Century. G. C iccuto. «Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». A l introducir perso­ . 1944. Retorica e racconto. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística.. N o v elle italiane: II C inquecento. salpi­ cando el texto también de palabras. sobre todo. C ervantes. v i. M an ual elem en­ tal de novelística española.

7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. en que Teodosia. todos nuestros em peños por identificarlo. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. Y. de autor desconocido7. 8 8 . He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. Se Uama D. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid. Por mero interés económico. Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». noble caballero veneciano.]. en líneas generales. pero nos parece por com pleto innecesario y. creador de la novela corta española. Cervantes. Londres. disfrazada de hombre. 975). incluso en bibliotecas italianas. en que D . .. Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza. hace recordar la de Las dos doncellas. de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles. Le encom ienda su «vida y honra». 8 Las situación de L a fuga. de paso por Mecerra. Cornelia. Rafael (949-51). la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida. de hecho. Juan y D. relata su «desdichada historia» a sus protectores. en definitiva. podría serlo. acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D . se aloja en la posada con D . Nim agri. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. G onzález de A m ezúa y M ayo. Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. N o identifica al autor y. Por ser D. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. implorándole que la lleve a su aposento8. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. Nimagri un verdadero caballero. 369-370). pp. pp.a Colomba. 1824. algo sosegada». los protagonistas españoles (ibid.. después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. han resultado vanos. cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D. con que volvió en sí [.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas. a nuestro juicio. En la posada. disfrazada de hombre. para salvarla de un gran peligro. se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre. II. en la po­ sada. su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece. La fuga. muy agitada. 363-4). Nimagri. pasados los peores sobresaltos. pero. le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. B aldw yn. 974).a C o­ najes de ilustres familias italianas.a Colom ba.

protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta. sin más complicaciones. tan rico como la cruz».. como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( . y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos.] viene a quitarme la vida [. mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977). dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme. señor!» (= Cornelia. «sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. puñal. «si menester fuera».lomba a la posada. señores. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»]. El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de . 977).Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973). pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores. para mantenerlos a distancia. mientras D. «en la casa de un sacerdote de misa». reanuda su viaje a Roma. cerca de Ferrara. con sus «pistoletes» y. y una grande espada» ( . y amparo». con el mismo propósito. si fuese necesario. Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso.. Juan y D. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud.. colérico hermano. «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro. pero disponiéndose a defen­ derla. D..Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia. D. con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [.. colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes».. D.]. 988). donde por fin llega. Al tener que disparar D.] ¡socorro. Antonio. pues. logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta. en igual situación: «[. D. abadesa de un convento cerca de Be­ nevento.a Coloniba queda muy preocupada.a Colomba en su huida de la ciudad. aunque sus hermanos son «crueles». después de un breve descanso. para volver a España. D. Nimagri.a Colomba. le hace aceptar un bello anillo de diamantes.a Colomba. Nimagri contra ellos. Al fin. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. Nimagri acompaña a D.

en que deseando D . la estructura misma de la novela. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. Juan. deter­ minan todo el desarrollo de la acción. benéfica para todos. n ó te s e resulta desenfocado. Juan sale sólo «a coger aire». en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». pero después decide esperarlo»]. es decir. su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. lo que. en una calle oscura: «¿Sois. parándose por fin en Bolonia. tan sugestivamente. por ventura.La señora Cornelia. «por sí o por no. ya en ese incidente inicial. pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. aventurero. hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico. constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia. . según se ejemplifica. respondió sí» (971). para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970). Fabio?». Antonio y D. de experiencias nuevas. moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». D . m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro. dadas las convenciones sociales y literarias de la época. en el proceso de españolizarla. En la novella XLV del N ovellin o de M. quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. D. D. algo casual o travieso. irrelevante. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística.

pero Avalle-A rce.. Y es de importancia crucial comprender. denigra a los dos «mozos y españoles». D. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés. histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . «¡italiano. L a N o v ella V.. el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. Además del afán de aventuras y de la curiosidad. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria. y que se fíe de españoles [. pero. su nacionalidad española. Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana. aparentemente. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados. / / maestro gabatto d ’amore). «Introducción». Antonio como individuos. con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino.). este personaje demuestra cierto aprecio por D. Juan y D. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). Por otra parte. propagado en los países bajo la ocupación española. 19. Estos elogios y vituperios en abstracto. mientras la «massara». sin justificación alguna en las relaciones personales con D. p.. amabilidad.de la inverosimilitud» 10. etc. pues.]!» (980). Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972). independientemente de su convicción. Juan y D.. están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas. temerosa del señor Lorenzo. discreción. sobre todo. N o se trata. D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi. sólo a base de la tradi­ cional. Antonio. muy particu­ larmente. trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos. De hecho. Juan y D. honradez. al menos inicialmente. España en la v id a italiana durante el Renacim iento. D unn. pero. 10 11 .. Juan y D. etc. tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo. Cervantes: N ovelas ejemplares . es decir. sin que este hecho sea realmente relevante para el relato. Rodríguez-Luis. lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos. 12 Croce. intensas intervenciones. Según se verá. III. buena crianza. 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). y.

Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971).) todavía m u­ chos»]. Juan. Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella . Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras... y porque «a más 14 D . Juan le salvó la vida. El venir el señor D. .. la “massara” logra convencer a Cornelia. que soy de los Críbelos de Milán. quien tantas buenas razones tiene para no creerlas.).] ancora m olti» (N ovelle. de algún modo. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque.] si pose fra I’avan zo di co­ loro [. Juan —y no también la de D. Además de la cómica hipérbole. según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [. Firenze. sólo por ser españoles. Borghi. con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971). en una ocasión llegue a dudar. Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque.... cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos. Giacom o [. aun­ que sólo. declara a D.atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. se enfrentó con el avance de aquéllos (. G. en parte. Antonio. y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes. según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984).] las calami­ dades que por mí han pasado.. Por su sólita preocupación con la verosimilitud.. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. soy bien nacida. de la honradez y dignidad de los dos amigos... nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo. Cervantes advierte: «la Críbela. por lo menos como ella decía» (986). por un brevísimo instante. pues éste está en grandes deudas con D. Juan que está plenamente confiado en su ayuda.. y en esto se podrá echar de ver [..].. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). a quien D. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D .. Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo.]. Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. Lorenzo a solicitar la ayuda de D. «por ser» éste «español y caballero». 1832. Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo. 305) [«Solo entre tantos armados contra él (. de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978).

se sienten muy "corridos”. pp.. Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. ¡caballeros españoles!. lo cual constituye. ¿No hay quizás un sutil. p. singulares. 1 2 1 . en efecto. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas. pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes. 118-128. pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s . las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 . . los amigos italianos que han confiado en ellos. Tom Sawyer. temerosos de lo que podrían pensar de ellos.. D. Juan y D. exclama D. según ya se ha dicho. señor Lorenzo —dijo a esta razón D. 16 Véase la tesis. Quijote. lo cual simboliza y explica. de recíproca determinación con todos los otros personajes.]!».. Juan y D. pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles.. de manera muy sugerente y fundamental. «¡Por Santiago de Galicia [. «diligencias posibles y aun imposibles». Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. Juan—. 17 Ibid.. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos. por lo cual redoblan los empeños. Juan al disponerse una vez a la acción (987). de considerable ingeniosidad.obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978). 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. están en relación de mutua dependencia. etc. A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares. Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. D.]. p. y pues nosotros lo somos y principales [. eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. de E l Saffar.. N o v e l to R o ­ mance. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978).]» (974). 222). en el mismo nivel de ficción.. . para desquitarse a sí y a su patria (984). Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. Juan y D. D. en nombre de su nacionalidad. Sin embargo.

.. le contó»... El duque le contó asimismo a él todo». «Yo. delinea los sucesos «sucedió. «Yo soy el duque de Ferrara [.]..] que yo jamás engañé a vuestra hermana [.. como autor omnisciente... «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [. dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero. caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [. con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.. en los mo­ mentos oportunos...] yo soy [.]».]» (987). 3.]..]».. pp.». «Bien sabéis [. «y luego le contó punto por punto [.. comentarios y explicaciones. desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas. .]. de muy variada extensión. 980.que quieren.. dijo». Juan.] y dio cuenta [.]» (417).. res­ pondió que sí. pero vamos [..]... señora. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». etc. y contadme el vuestro [.]».. como estos cuentos os podré contar yo [...... 1.... y que [. «Volvió [....]».-1» (972-9...]».. «En esto llegó un paje [.] de lo que había pasado [.]. con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas... cuentos dentro de cuentos o. por no tenerla más suspensa. sólo sé que habrá no sé cuantas noches [.] y al oído le dijo [.] mi desdichada historia»..].]».). Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos. «Dio cuenta [. lo que sintió D. estadme atentos y escuchen [. etc. pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes .]. «No sé.. etc.. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [. desde perspectivas incisiva­ mente individuales. yo no he engañado [.. respondió el cura. Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces..... 5. «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo...]».. por sí mismos. «Señores [. recuentos. sus partes y fragmentos....].. oíd el mío».. respondió [.]»...Cervantes..].] de todos los sucesos [. «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [.]..]».. Antonio [. «Preguntóle el duque que si era verdad [.]... he servido a un piovano. 199-210. lo que preguntó D. empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [..]. pues [.. de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [.. ofreciendo.. proporciona el marco ge­ neral de la acción. darnos cuenta de sus vidas. más bien. «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [.. «Entonces [.].... 6 .

El juego se ejecuta con ingeniosa.. ocasionalmente. advierte a los oyentes: «Si queréis que hable./ Cornelia come y bebe /. como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). por una disposición “traviesa”. G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980). / Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”. señores y escuchadme». de muy activa. ciertos modos de ser.]» (974-6). a veces.] un fligiu ol maschio [. por la información que les es asequible... no pudiendo así comenzar con el relato. parturisce di nascosto [.. etc. por su visión del mundo.res”. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso. de la sociedad. y. Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos. provocan su indignación.: «Lippa ingravida d i un suo am ante ... / Sin embargo. y. G iraldi. dadme pri­ mero algo que coma. pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [.] con voz algo doliente y turbada.] mi desdichada historia». dice. desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente.. como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias. que me desmayo». 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos. dijo [. etc. y después invita: «sentaos. «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia». tem e Vira d el padre e d e fra telli. por una apre­ hensión momentánea. de manera premeditada.. Por medio de sus relatos los personajes revelan. «fi­ nalmente [. N ovella l) [«L. las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente. etc.. . por una inclina­ ción rencorosa. ágil técnica narrativa. da a luz secretamente a un hijo»]. A veces. Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y. D eca l.]» (G. complejos. teme la ira del padre y de ios hermanos. nacim ientos secretos. como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983). in­ tensa interacción entre actores y espectadores. un personaje (983). actitudes. B.. Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9.». y su interés propio o su altruismo. embarazada por un amante. consciente o inconscientemente. muy sugestivamente. / Llora un niño.

después de entregar su virgi­ nidad. pocas lenguas hay que no la publiquen [. Por influencia del Duque. observamos que todas sus dificultades son atribuibles. se nos sugiere el hecho irónico de que todas estas consecuencias. sobre todo. por las preocupaciones del Duque con su herencia. pero. pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. a la vez. claro está.preocupaciones. Además. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas. ¡«Yerros por amores dignos son de perdonar»!. que Cornelia nos deja percibir hasta en sus orgullosas. pero. .. que el her­ mano mismo recoge en la ciudad: «anoche lo supe» (978). según lo sugiere también el chisme. su pundonoroso hermano. Cornelia renuncia a apelar a la probable disposición favorable del hermano. de «las honrosas amonestaciones». en que la guarda con «gran solicitud» el señor Lorenzo. más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). también «confiaba en [la] honrada condición» de ella. fervorosas afirmaciones de su genuino amor (975). aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. por el que comienza su interés amoroso en el Duque. a su propia im­ prudencia e indiscreción. Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). El hecho de que éste. por «las libertades» y «la perdición». Corne­ lia. acrecienta en su conciencia el pesar por el descuido de «los recatos». Algunos lectores se extrañan de que tal heroína alardee tan ostentosamente de su belleza: «la fama de mi belleza tal cual ella es. al menos en ocasiones. con la tercería de «la criada. como Dorotea del Quijote .]» (410). Cornelia se gana nuestra simpatía. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque. sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad.. y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa. todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios. aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975). pronto convertido en pasión que —acallados convenien­ temente los escrúpulos morales con la promesa de matrimonio— la induce a entregarse sexualmente.

. el señor Lorenzo habría aprobado de seguro una relación amorosa formal entre el Duque y su hermana. lo cual se evidencia también en el revelador dativo de interés en su declaración desengañada: «triunfó [el Duque] de mi industria [.. pero. p.».. en el chisme: «mi parienta me ha dicho [. cada relato sobre las relaciones de Cornelia y el Duque... etc. Esta se manifiesta de modo inequívoco en la escena de la reconciliación con el Duque.].«Cada situación es el resultado conflictivo de la situación an­ terior» 20. a la vez que responde a ciertas preguntas. cebándose. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». Contempla a su hermana.] arrojándose a los pies del duque. posiblemente trágico. cual­ quier galán. Juan en una gran perplejidad: ¿Es el Duque de veras un malvado? ¿Se ha aprovechado de una ingenua con intenciones rui­ nes y pretextos falsos? «Todo esto se ha de saber de su boca» 20 Lacadena y Calero. y al duque lo mismo. muy significativamente. En otros momentos. Según ya se ha sugerido.] por ser desigual el matrimonio en cuanto a los bienes de fortuna» (978). y.]. parece que no tanto por la felicidad de ésta como por su propia ambición social. de modo parecido. cínicos prejuicios sociales (978).. La obsesión pundonorosa con “el qué dirán” motiva toda la ac­ tuación del señor Lorenzo.. Sin duda que éste sería el criterio de que el señor Lorenzo mismo se valdría en semejante si­ tuación. anoche lo supe.. y el otro con el hallazgo de tan buen cu­ ñado» (982).. el uno con la pérdida de su esposa. cuando todavía hay gran incertidumbre sobre el destino. esta indigna disposición servil del señor Lorenzo se demuestra naturalmente consustancial de su resentimiento y odio a “los poderosos”.] y anoche me la llevó» (978). aclarándolas. El relato del señor Lorenzo sobre la seducción de su hermana deja a D. de Cornelia y su criatura: «[.. . 204. semejantes y diferentes a la vez. sobre todo. también conveniente­ mente apoyados en enraizados. generándose así una serie de versiones. enternecidos.. que porfiaba por levantarlo [. como objeto de as­ tutas contiendas entre sus «ojos de Argos» y los del «lince». Sólo en base al chisme presupone también una «vo­ luntad arrojada» en la hermana y las más deshonrosas y mezqui­ nas intenciones en el Duque: «Esto yo no lo creo [que el Duque quiere casarse con Cornelia [.] [al señor Lorenzo] se le arrasaban los ojos de lágrimas. dicen [. mutuo empuje. como olas del mar en continuo. también provoca algunas nuevas..

pues. no revela al señor Lorenzo su amor por Cornelia. G razzini (Lasca). Ftienteovejuna ). como. también porque duda de la reacción comprensiva del pundonoroso hermano. aunque los dos españoles. Juan. con intencionada in­ dulgencia. cierta frivolidad infantil en su cuento de la «labradora». Q u ijote . que podrían fácilmente traducirse en un absurdo desenlace trágico. obvia por la exageración. com o diría Lope. además de otras tendencias personales negativas.. Queriendo ser admirado como uno de esos muchos «astuti e gran maestri di beffare altri» 2 1 de la novella italiana.) astutos y grandes maestros en burlar a la gente»]. es una tradicional costumbre popular. inocua y graciosa.. aparentemente más superficia­ les.. También el “piovanow de notoria reputación escandalosa y jocosa en la novella italiana gusta burlarse de la gente con sus cuentos inventados. con su burla el Duque se revela en cambio como un sujeto indiscreto. señala los lím ites de dicho juego. es un aspecto caracterís­ tico de la técnica narrativa con que Cervantes m ism o evidentemente se deleita al sorprender al lector: «Si no lo has.. ¿Como pueden justificarse éstos moralmente por la mera preocupación del Duque de asegurarse la herencia que la madre le tiene prome­ tida? Por cálculo oportunista.] rico y curioso». Esta inclinación del «piovano [. según se desprende de las reacciones indig­ nadas y angustiadas de los dos españoles y del señor Lorenzo. aunque inocuos y graciosos. 22 «Dar lejos de lo que se espera». Le cene (l) [«(. la dignidad y la felici­ dad de Cornelia y de otros a m uy grandes peligros. Entre éstas. A la vez. pronto después ocurre: El Duque confirma su amor sincero y sus intenciones honradas res­ pecto a Cornelia. le dicen que «ha hecho la más discreta y más sabrosa burla del mundo» (987) 22. im puestos por la in­ teligencia y la discreción. de hecho. decide D. y p or eso.. ¡oh lector!. con que explora los sentimientos del Duque (985). y. i. . así entendida por todos.(979). a m enudo contienen interesantes. amigo también de la 2! F.]» (D . pero es no obstante cierto que con su impru­ dente comportamiento ha expuesto la vida. más bien ligero de cascos. según lo demuestra con el del niño expósito. Los pasajes cervantinos. serias im plicaciones estéticas y morales. su «pro­ metida esposa» que relata como «verdad» en un momento tan inoportuno para ello. 1105). aunque. O bservem os de paso que el fingim iento de Juan R ojo con F rondoso acerca de la hija «ya prom etida a otro» (Lope. ¿por no querer privarse de la excitación sensual de la relación ilícita? Es pertinente esta pregunta porque en la actuación del Duque se transparenta un pronunciado egoís­ mo. como ésta «mil veces» le pide que haga (975).. por pesadumbre y enojo [.

es sumamente significativo que las interpretaciones erróneas. produciéndose así de continuo situaciones en que todos. ex­ plica la razón principal de la amistad entre él y el Duque. men­ tiras. aprehensiones. Sin embargo. parecer.«massara» a quien «tiene obligación más que de amo» (980). quien «viene a visitarle muchas veces desde Ferrara». indistintamente. entre las cuales también figuran D. de manera llamativa. Cervantes no sugiere esto como mero detalle pinto­ resco. imaginar. Castro. am bición. Ejemplifica magnífica­ . objetos de origen misterioso. es fácil imaginar cuán “entretenidos” serían sus encuentros. disper­ sas piezas. aunque también justificadas por la devoción de aquél a la caza. reivindicadora de la “dignidad” y los "buenos propósitos” en el pasado y prometedora de la solu­ ción más satisfactoria y feliz para todos. Juan y D. son raras y que. resentimientos. en toda clase de obs­ táculos que dificultan la interpretación correcta de los aconteci­ mientos: ambientes extraños. declaraciones de doble sentido. tem ores. información incompleta. desfavorables circunstancias tem­ porales. como. Antonio mismos como piezas integradoras del enigma. La obra abunda. vanidad. Gustando éste «mucho así de la curiosidad del cura como de su donaire en cuanto decía y hacía» (985). A este respecto resulta muy su ge­ rente el lenguaje conjetural de que todos se sirven con frecuencia: suponer. apariencias ambiguas. falsas acusaciones. sino por su usual preocupación de explicar lo que podría parecer inverosímil. deber de ser. diálogos enigmáticos. odios. aun éstas tienen su causa primaria en los com­ plejos y prejuicios íntimos y en las predisposiciones morales y psicológicas de los personajes mismos. ignorancia. disfraces. identidades enigmáticas. Juan y D. para hacer al fin aceptar a todos una versión fun­ damentalmente fiel a los sucesos. extrañas. como diría A. Anto­ nio consiste en averiguar las causas de las discrepancias conflicti­ vas entre las distintas versiones de la “historia” que propugnan los otros personajes. Por esto precisa­ mente ellos también resultan a veces misteriosos. y suponiendo el recíproco aprecio del cura. de hecho. de hecho. incomprensibles a los otros personajes. Glaro está. La más importante función mediadora de D. etcétera. atribuibles al «as­ pecto engañoso de la realidad». parece a algunos lectores: las frecuentes visitas del noble a un cura de aldea. experimentan grandes dificultades al tratar de averiguar la verdad. creer. Se impone otra vez la imagen del intrincado rompecabezas de muchas. etc.

particularmente. a m enudo por los n o v e llieri de los siglos siguientes. el señor Lorenzo y el Duque están a punto de arremeterse. al verlos abrazados «desde algo lejos» (981). la trama entera se es­ tructura a base de unas causas y unos efectos que se identifican. como en algunas otras novelas cervantinas. 25 El m ism o tema fundamental se dramatiza en E l laberinto de amor. y no sólo por su nacionali­ dad. lleguen a ser ellos mismos. A nto­ nio. sino tan sólo por la palabra llana.mente este hecho la inmediata suposición del señor Lorenzo de que es «de cólera» el encuentro de D. A este respecto nos parecen también de valor emblemático “el camino derecho” y las “sendas apartadas”. Juan y D. con variaciones. el sombrero tienen un papel significativo para complicar y desenredar las siVéase nuestro estudio sobre El vizcaíno fin gido en E l teatro de Cervantes. como una concatenación de desconfianzas. quienes tanto se empeñan en erradicar la desconfianza de los otros. erigida por la desconfianza. generán­ dose mutuamente. debidos al defecto intrínseco en el engañado. la indu­ mentaria. G i o r n a t a v iii. en que casi todos parecen desconfiar de todos por una razón u otra (983-4)24. la solución final de to ­ dos los problemas no se determina por una anagnorisis dramá­ tica ni por una transformación radical de los personajes. de modo inexorable y continuo. las joyas y. N ovella 4) y tratado. F. Véase nuestro estudio en El teatro de Cervantes. Bandello. Sí. desde la ini­ cial de la madre del Duque hasta la de la escena final. Sin embargo. en realidaid. El error o el truco de carácter sólo externo. como la de las dos Cornelias. Y es casi simbólico el que hasta D. víctimas inocentes de la misma. que se contraponen en la o b ra25. en que los dos españoles. Esta lacra de las relaciones humanas se dramatiza en algunas escenas particularmente memorables. Juan y el Duque. Sansovino y M. en defini­ tiva. Es de crucial importancia el hecho de que todos los distintos factores humanos que inducen al error o a la impropie­ dad en La señora Cornelia tiene su denominador común en la desconfianza. no suele tener interés para C er­ vantes 23. 23 24 . los pañales. mediada por los dos españoles entre todas las partes. entre ellos. con que se supera la barrera de los malentendidos. Todos los «engaños a los ojos» en las obras cervantinas son. Así. de las mentiras y de los temores. N o v e l l a 8 . desprendido de explícitas motiva­ ciones o tendencias humanas. El m otivo del engaño con una mujer “falsa” en la cama fue utilizado ya por Boccaccio ( G io m a ta vil. de un modo u otro.

1 2 0 ) [«(. 2 H Propone tal tesis Avalle-A rce.. ill. 28 A valle-A rce. sólitos compañeros de la relación honesta. confusos del laberinto de la desconfianza humana. pp.. en sí. siempre es secunda­ rio respecto a la m otivación humana. de los que debe depender aquél que. Teniendo en cuenta el hecho comprobable de que en cada novela ejemplar cervantina ocurre un explícito o implícito diálogo crítico con su específico modelo inspirador (La española inglesa —libros de caballerías. es. ya casi rutinaria. endebles. sin posibilidad alguna de un entrecruce armonioso. Reconocida la inequívoca fisonomía “italia­ 26 Véase R odríguez-Luis. «Introducción». 19-20.. etc. incluyendo el mero azar. «La señora Cornelia is a highly im probable story . pero. «La estructura de las N o vela s ejemplares». su función más importante e ingeniosa con­ siste en su ironía implícita.tuaciones 26. cayendo en el engranaje de las continuas y mutuas desconfianzas de los personajes. se comprenderá también la palpitante relevancia de La señora Cornelia para la vida cotidiana y la condición hu­ mana. Cervantes: N ovelas ejemplares. en definitiva. ¿por qué razón lo emprendería La señora Cornelia con “la novelística greco-bizantina”? 29. orientador. etc.]. Lacadena y otros sobre La señora C ornelia se concede demasiada importancia al "azar”. 27 En los estudios de D u nn . sincera27.). a veces se encuentra deambulando con ellos desorientado. De­ bidamente apreciada esta metáfora fundamental. ínsita en la es­ tructura entera.. al hacernos meditar sobre los insegu­ ros. A ve­ ces. directa. pp. a la virtud. El amante liberal —novela bizantina. como estructura narrativa. «Intro- . ridículos medios. C ervantes: N o vela s ejem plares . de que es «la más desalada carrera tras lo inverosímil [. Las dos doncellas —no­ vela cortesana. de las que es penetrante y fidedigno reflejo. N o v e d a d y ejem plo de las N o vela s de C ervan tes .28. 94. el colmo de la in­ verosimilitud». ¡Interferencia impropia del positivism o en el m undo de la ficción! Algunas nuevas considera­ ciones sobre la verosim ilitud cervantina en D ie z Taboada. al sentido común.» (N o v e l to R o­ mance. La ingeniosidad de esta con­ cepción novelística de ias múltiples. La trama muy enredada. que. se engaña precisamente porque se cree privilegiado por la información que los personajes no poseen. 87-105. etc.'y se rechazará como obvia incomprensión la condena. p. El Saffar.) es un cuento sumamente improbable»] y otros. inciertas perspectivas se apre­ cia también en el hecho de que el lector. una genial metáfora literaria de los pasillos oscuros. ha renunciado a la razón. confuso. por cualquier motivo o circuns­ tancia. ΠΙ. de modo muy irónico.

a m enudo. pero nos parecería oportuna. ¿no es quizás lógico. El abuso frecuente degenera en práctica ruti­ naria que. la novella italiana. como temas melódiducción». técnicos. al darse cuenta de que ha caído en una innecesaria digresión moral en una dedicatoria (Bandello . a menudo de extra­ ordinario logro artístico en sus numerosas combinaciones de dife­ rentes ingredientes temáticos. señora Cornelia— era uno de los tipos más cultivados por los novellieri.) habiéndoos prom etido narrar una novela»]. . de que fuera considerado «degno di meraviglia e ammirazione» 30. personajes.. que su diálogo crítico sea con su raíz litera­ ria directa? La “novella alVintreccio” —caracterizada también por la actitud cínica y desconfiada de los personajes. 30 Sandello. Rosales destaca bien que La señora Cornelia es el eslabón entre la novella italiana y la novela corta cervantina ( C ervantes y la liber­ tad. Tutte le opere. hasta traspasar. en que todos los sucesos. la imaginación y la ingeniosidad de los novellieri debían agudizarse más y más en su afanosa búsqueda de lo novedoso. vehículo favo­ rito de la inverosimilitud y de la “digresión” de todas clases: «Ma dove mi lascio io trasportare avendovi io promesso di narrar una novella [... ya desde los tiem pos de Boccaccio. La utiliza­ ción de cada ingrediente particular dependía.. En estas deformadoras tendencias sensacionalistas de la no­ vella italiana no podía menos de reparar el sentido de la mesura y de la armonía artística que suelen orientar y animar toda la activi­ dad literaria de Cervantes. 1025. vol. Con su trama cuidadosamente organizada. de repente. 492).. claro está. lo cual es tam­ bién crucial para la concepción de La. I. etc. de su previa capacidad para excitar la curiosidad y la admira­ ción del lector. inevitablemente.. El Saffar mantiene que «La señora Cornelia reflects the influence o f the G reek n ovel and the contem porary Spanish com edia as w ell as C ervantes' ow n Persiles» (N o v e l to Rom ance. 119) [«(. sorprendente.. a su tiempo.) digno de maravilla y admira­ ción». p. Tutte le opere. únicamente relevante. pero sin contar con la más importante. es de­ cir. p. [«(.]?»31. p.. sobre todo. lingüísticos. vol. los delicados confines del arte y caer en el mero sensacionalismo... 20. 1027) [«¿adonde me dejo llevar (.] 3Í Bandello se hace esta pregunta. I.) refleja la influencia de la novela griega y de la com edia contemporánea y del Persiles»]. adquiere visos de características constitu­ tiva. en efecto.. detalles revelan su esencial funcionalidad y. que. entre sus elem en tos tam bién in clu ye esporádicam ente el greco-b izan tin o. al observar la tendencia a la di­ gresión episódica en él y en otros n ovellieri del Cinquecento. Para gratificar la apetencia insaciable de éste. maravilloso. como lector y escritor. Posibles influencias signi­ ficativas. p.nizante” de esta novela ejemplar. p.

«con grandísimo gusto de todos» (98 8) 33. inspirada en la famosa “novella alVintreccio” italiana. 33 Entre las diferentes funciones de D . Sin tal función.cos. por aquel entonces ya popular también en España32. p. 75). sin perjuicio alguno para la obra. muy grata a los sentidos e incitante para el intelecto. hay una ejemplaridad artística. creándose una perfecta armonía entre todas las partes. Juan y D .la cor­ dial y correcta «correspondencia» que los personajes españoles e italianos deciden mantener. . su plena correspondencia con el tema conceptual de la obra. podrían ser sustituidos por dos extranjeros de cualquier otra nacionalidad o región italiana. A n ton io hay que señalar también com o m uy importante la de sim bolizar la españolización de la “novella” italiana “alVintreccio*. La señora Cornelia se propone como un posible modelo estético y moral a los futuros cultivadores de la novela corta de enredo. moral y vital («Sobre tipología y ordenación de las N ovelas Ejem plares ». 32 Sobejano advierte que en todos y cada uno de los 12 cuentos de Cervantes. La nueva fecunda relación entre el genio es­ pañol y ese género literario italiano parece prescribirse en.

una sola novela. 237.» (Goethe.]. 201-212. «con presu­ puesto de hacer en ella un ejemplar castigo». Faust) «Es. pp. de inmediato.. se trata de un sueño. ba­ sado asimismo en esa visión unitaria. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. so­ bre la técnica narrativa y la estructura novelística. wie Ihr nur immer wart. pp. se propone ofrecer algunas sugerencias nuevas sobre los episodios particulares y la confluen­ cia de sus temas en la implicación fundamental de la obra.. cae en una extrema «desesperación».. cayendo en un escaño «[. a quien él mismo pensaba engañar..] son el desdoblamiento del pnismo personaje [Campuzano]» K Casi todos los críticos actuales coinciden en tal comprensión de El casa­ miento engañoso y Coloquio de los perros. a veces con interpreta­ ciones que revelan grandes complejidades ideológicas y artísticas... Cabrera.. «Valor actual del hum anism o español». «N uevos valores de E l casamiento engañoso y El coloquio de los perros». 1 Casalduero. 2 A E l casam iento engañoso corresponden las páginas 991-997 y al Coloquio de los perros.].. W oodw ard. las 997-1026. después. de una vigilia [de Campuzano] [. sobre la relación del individuo con el ambiente moral en que se forja. Berganza y Cipión [. claro está. «desproporción».] con pesa­ dumbre [. tan innovadoras en la historia de la ficción hasta entonces. Nuestro estudio. «El casamiento engañoso y E l coloquio de los perros». no dos [. va en frenética búsqueda de la traidora. En vano. pp.]. 80-87.EL CASAMIENTO EN G A Ñ O SO Y C O L O Q U IO DE LOS PERROS «Ihr seid ein Schelm. que habría sido fatal... encomendándose a N uestra Señora [.. casi insospechadas hasta muy recientemente.. 20 ss. «The U n ity o f the C asam iento engañoso and the C oloquio de los perros». Campuzano. 249. A lgu ­ nos de los primeros estudios centrados en el problem a de la unidad del C asa­ m iento-C oloquio: Parker. . 244. Viéndose burlado estrepitosamente por una mujer.. frustrado y agotado entra en una iglesia. en la edición de Valbuena Prat. «si tantico se des­ cuidara el ángel de [su guarda] en socorrerle]» (224)2. y. pp. que asimismo sugiere la unidad conceptual. Waiey.' muy rabioso.]» (994-5). 49-58.

Campuzano ha contraído «la lupicia» o «pelarela». son todos «de alquimia»! (995). lo demás Dios lo reme­ die» (991. conjetura. el jaquemate se lo da doña Estefanía a él: «comenzaron a pelárse[le] las cejas y las pestañas. pero esta experiencia vendría acompañada de em ociones contradictorias. ¡Realidad del juego que practica y que no siempre puede favorecerle a él! Además. el li­ cenciado Peralta. se calma algún tanto. «haciendo pinitos y dando traspiés». C ervantes: El casam iento engañoso a n d E l C oloquio de los perros. cintillos. su «amigo».¿suplicándola. amarillo en el rostro. a menudo fatal (995). enfermedad venérea de ho­ rrorosos efectos físicos y psicológicos. que al fin de cuentas. y poco a poco [le] dejaron los cabellos». Del hospital sale después de haber «tomado cuarenta sudores» (996). «chi prende diletto di far fro de. piensa. joyas y brincos» que le robó. De transcendental importancia debió de ser esa experiencia para la vida de Campuzano. nunca totalm ente resucitas. febril de Campu­ zano en estos m om entos3. dispo­ niéndose a “escuchar” atentamente ese coloquio para desentrañar la explicación. «ride bene chi ride Γultimo»: ¡la sorpresa que se llevaría doña Estefanía al darse cuenta de que «las cadenas. indignado. Sin embargo. flaco de piernas. sin embargo. y cuando oyó esa conversación no quiso «dar crédito a 3 Q uizás C am puzano experimenta un «m om ent o f illum ination» [«m om ento de alumbramiento»] en la iglesia (El Saffar. 996). el lector. Pasados algunos días. todavía muy incierto del remate de su enfermedad. Campuzano le asegura que él tampoco es tan «ignorante» para creer que «pueden hablar los animales». afirma que da «por bien emplea­ das todas [sus] desgracias». espada tengo. Y. ¿que se apiade de él y le perdone su insensata vida peca­ dora? Probablemente todos estos y otros pensamientos y emocio­ nes semejantes revuelven la mente trastornada. pensando que son de oro. p. razonablemente. por la experiencia extraordinaria que ha tenido durante las últimas dos noches. que le ayude encontrar a la malvada?. Berganza y Cipión. por completo indigente: «Dicen que quedaré sano si me guardo. considerando. non s’ha di lamentar s’altro Vinganna» (995). muy juiciosamente. que aquél quiere hacerle creer unos «disparates». entreoyendo una con­ versación de los dos perros del hospital. Al afirmar Campuzano que oyó «hablar» los dos perros. sirviéndole «la espada de báculo». . 37). según lo demuestran los acontecim ientos posteriores. con corazón vengativo.

muchos lectores modernos todavía vuelven a esa “disputa”. pp. sin faltar palabra».] si hablaron los perros o no». estando [él] des­ pierto. toda la conversación. Y. De to­ dos modos. Campuzano considera superfluo «ponerse más en disputa [.] era [.] el señor Peralta de ver escritas en un colo­ quio las cosas que estos perros. escuché. .. A condición de qüe Campuzano «no se canse más en persuadirle] que oyó hablar a los perros». es cierto. Peralta accede a leer el Coloquio. llena de «cosas grandes y diferentes.. el Coloquio. con lo cual Peralta se declara perfecta­ mente conforme: «no volvamos más a esa disputa» (1026).[sí] mismo». aunque «[se] haya engañado y [su] verdad sea sueño [. sutil y desocu­ pada la memoria». Está generalizada la opinion de que «Cervantes se ha evadido. al principio. solo.. que «está bien com­ puesto». en cuanto a su verosim ili­ tud» (P ozuelo Yvancos. perplejos respecto a la “verosimilitud” de todo ello4. desembarazada la mente de las fiebres y aluci­ naciones recientes. teniéndola. escribí. 59. sin reserva alguna..] para C er­ vantes. el día siguiente (996). Y allá está escrita.. ). Vindicado. Sin em­ bargo.. que él no pudiera «inventar de [suyo]» y que así le obliga «a creer que no soñaba y que los perros hablaban» (996).] riéndose y como haciendo burla de todo lo que había oído y de lo que pensaba leer» (996-7).. a la postre.. «por cosa soñada». en efecto. el Coloquio será... pero. o sean quien fueren. «a escu­ ras y desvelado». a veces. tales cuales Nuestro Señor fue servido de dár[se]los. hablaron?». «Enunciación y recepción en E l casam iento-Coloquio». 434). que él «alcanzfa] su artificio» e «invención». «delicado el juicio. y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros». 161. pero tomando «el cartapacio [. pues fue «escrito y notado» por Campu­ zano.. Por lo menos.. de m uy difícil defensa.] una coherencia del discurso consigo mismo» fibid. finalmente.. tuvo que admitir que ocurrió «realmente. con acertada intuición de tan extraña “irresponsabilidad” cervantina: «[. irónicamente. con m uy interesantes explicaciones e. al acabar de leerlo. 195..].. la verosimilitud [. probablemente. y que con su lectura «ha recreado los [ojos] del entendimiento». C am puzano m edita sobre sus «pasados sucesos y presentes desgracias» (996). se consuela el escéptico licenciado. ¿no se holgaría [. noté.. «A la mitad de la» penúltima «noche» en el hospital. con todos [sus] cinco sentidos. cuyo «buen ingenio» ya conoce (997). p. de la responsabilidad de justi­ ficar un discurso. y. delicada. aunque. Peralta declara.. ameno. oí. Al recordar sus más nota­ 4 Riley. C ervan tes3 Theory o f the N o vel.

pero habiendo vivido tanto tiempo en ese «mondo cane» —mundo pe­ rruno del hombre—. a veces. ignorantes. cuando sólo quiso ser “hombre”.bles y penosas experiencias. que la suya ha sido. honradez. concluye. «fidelidad inviolable». comprenderían muy bien el penoso sentido de la imagen. cuestionable tan categórica distinción entre la “animalidad” del “p erro ” y la “hum anidad” del “hom bre”. incide más y más en la mente de Campuzano. «Cipión: su carácter y sus funciones en E l coloquio de los perros». Esos dos perros «echados detrás de [su] cama». Sin embargo. «La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional. explicada. en realidad. Recientemente: Miranda. en los estudios actuales {«Coloquio de los perros. Nace asi la idea de la auto­ biografía de un perro —que se llame Berganza. 47-72). y el bruto irracional» (997). que no obstante casi siempre fueron “premiados” con crasa ingratitud y crueldad. notorios po r su «amistad». y «agradecimiento» (998). como el del hospi­ tal—. soliloquio de Cervantes». éste tendría la función primordial de alter ego —se­ mejante a la del “amigo” de Cervantes en el «Prólogo» del Qui­ jote (1605)—. él también quiso tratar al mundo con afecto. en contraste con las perspectivas del pasado. Sin embargo. vida que podría ser comprendida. escuchada p o r o tro —que se llam e C ipión. maltratado por los hom ­ bres. erróneas. para puntualizar lo dicho. identificada con la de un perro nacido y criado entre los humanos. ¡narrada! sólo desde la perspectiva de un perro “racional”. de modo muy importante. Como estos animales. pues todo relato debe tener oyente. con lúcida convicción. 195-200. ingenuas. la perspectiva del presente. con el lector implícito. simultáneamente. una vida de perros. lealtad. lo cual constituye una verosí­ 5 Las observaciones de Lain Entralgo sobre las funciones fundam entales de C ipión y Berganza son todavía aceptadas. dar conse­ jos y consultarse con el narrador y. mordaz sarcasmo o frío ci­ nismo. aunque elaboradas y m odificadas. para expresar dudas y escrúpulos. sin la ventaja de esa experiencia5. consecuentemente. pp. a Campuzano le parece más bien borrosa. Cipión representaría también. com o el compañero de Berganza—. pues la perspectiva inicial puede ser a veces más acertada que la posterior. no siempre. . con sutil ironía. para hacer comentarios y reparos oportunos. Su desastrada vida. pp. sus únicos compañeros en esta in­ terminable noche insomne. beneficiada por la experiencia acumu­ lada en el pasado.

hasta ahora señalados!6.. y si te cansare lo que te fuere diciendo. Es obvio.. tono. escueta.. inverosímiles o más bien improbables en una conver­ sación espontánea y apresurada: «no sabemos cuánto durará esa nueva ventura [el don de hablar] [... pp. Por esta misma razón se expresa la esperanza de que este «cuento» dé «contento» sólo «por la gracia» que «encierra y tiene en el mismo [. «Cervantes 3 A ni­ mal Fable».] de Esopo» que «departían [. G onzález de A m ezúa y M ayo. sin impedirte sino cuando viere ser necesario» (998). los representan en su complejidad. C ervantes . o me mandas que calle». morales-satíricos.].]. emocional. matiz estilístico. Ésta sería predominantemente sencilla. .. en su ímprevisibilidad y. Dependiendo de la experiencia evocada y del tiempo disponible para elaborarla o reaccionar a ella. expresión lingüística.. ritmo. jcuán distante es esta concepción literaria. Estas funciones fundamentales están repartidas y diferenciadas clara­ mente desde el principio: Berganza: «Pues [. II..].] cómoda para poder pronunciarlas» y. la narrativa de los episodios variaría en extensión. Cipión: «Habla [.. o me reprendes. pues no es. [vestidos] de palabras y con demostra6 Sobre las posibles fuentes literarias de Cervantes: Pierce. pp... sin muchos “colores retóricos”. ¡no puede ser! de esos cuentos que dan contento por «la gracia» que «tienen en el modo de contarlos [. sin preám­ bulos y juramentos de palabra». obviamente. los dos perros de su Coloquio . com o lo han señalado varios crí­ ticos..].mil complejidad del proceso mental.. por otra parte. Estos «pueden hablar y responder con discurso concertado». pienso aprovecharme [. que se revela muy significativo en el contexto del Coloquio. drama­ tismo. picazas y papagayos» que «hablan» sólo «las palabras que aprenden y toman de memoria y por tener la lengua [. De hecho. Campuzano destaca la diferencia entre «los animales [. tan artificiosos. autonomía (996-7).]. aunque sea atropellada y confusamente» (998).] unos con otros» y los «animales» como «los tordos... de todos los antece­ dentes fabulísticos. dándome prisa a decir todo aquello que se me acordare. según se verá. colorido. intensidad..].. que Berganza-“perro” es también un conveniente recurso literario para p o ­ der observar y conocer aquella sociedad de manera íntima y extensa.. asimismo como los seres humanos.. surgida de unas circunstancias psicoló­ gicas y ambientales por completo naturales. por­ que. creador de la novela corta española.. que yo te escucharé de muy buena gana. escucha. 103-155. 429-430.

su proceso mismo de formularse mental. tamaños y movimientos es. Hamlet): el “pulpo”. de una representación de «los pensamientos escondidos» de Campuzano. en su movimiento imprevisible. Estas observa­ ciones son aplicables estrictamente a la forma literaria. todo lo contrario. im portante es observarlo. determinado y declarado propósito de reproducir «todo lo que había oído [. resulta de inmediato evidente el radical experimento cervantino. resulta así auténticamente original. funcional en su existencia y perfectamente ar­ m onizado con su ambiente. respondió Berganza». una muy imaginativa aplica­ ción del aristotelismo a la concepción literaria. El “p u lp o ” como metáfora de la perfecta coherencia de una aparente incoherencia. es decir. supuesta­ mente para no «alargar la escritura» (997)—. sino. en esa larga noche de convalecencia. con todos sus tentáculos de múltiples. por lo menos.. sugerir este proceso mental de la evocación y de la meditación se manifiesta inevita­ blemente en la estructura o forma narrativa del “pulpo”. y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gusto­ sos». casi por las mismas palabras» (se reconoce la imposibilidad de una reproducción exacta en todos los detalles expresivos). genial. que sólo responde a . Se trataría así de un soliloquio íntimo en forma de un pre­ tendido diálogo o. artísticamente premeditada. a nuestro juicio. de que los interlocutores a veces se percatan con el propósito de evitarla en el futuro (1006). una transgresión de los preceptos aristotélicos. un organismo por completo íntegro.].. a menudo caótico e incontrolable por la conciencia ordenadora.ciones de rostro y de las ma nos y con mudar la voz se hacen algo de nonada. de hecho. escrita* en que Campuzano ha puesto el coloquio de los perros. pero en cuanto esta labor literaria representa un consciente. en suma. como propuesta teórica y como realización literaria. más precisamente. sobre toda su desastrada vida. Por lo tanto. N o constituye este “pulpo” narrativo un de­ fecto. un intercambio oral que es. tam­ bién representación del complejísimo proceso articulatorio de “los pensamientos escondidos”. de una representación dia­ logada —cuya naturaleza monológica se sugiere también por la omisión de los «dijo Cipión. siempre variables formas. «for this effect “defective " comes hy cause» [«para este efecto lo “defectuoso” viene con causa»] (Shakespeare. El propósito de representar o. de una rememora­ ción de «pasados sucesos» y de una meditación sobre ellos y las «presentes desgracias». imaginativamente.

a base. «Remarques». pp. Y de un m odó parecido habla Belié de la «desproporción entre la materia narrativa y el tiem po del cual dispone el narrador» para relatarla. «La estructura de El coloquio de los p e ­ rros». al frn. 147-166. pues. . 61-90. C er­ vantes an d the M ystery o f Lawlessness. sería la relativa desatención al m ovim iento del pen sam ien to escondido. ex­ plica después que Cervantes «se va acercando al final y lo que quiere es acumular •una serie de figuras que p or su núm ero contrapesen los prim eros episodios» (ibid. explicarla con claridada. sugerente anticipo de notorios experimentos literarios modernos. 8 T odos los lectores acusan la gran complejidad de la estructura narrativa. “La vida de perros” es. Excelentes observaciones en Casalduero. 7 Sobre la estructura literaria y la concepción filosófica del Casam iento engañoso-Coloquio. en este as­ pecto.. se entienden también las grandes dificultades que siempre se experimentan al tratar d e .su propia lógica interna. de los episodios de extensión numérica que responderían a cierta «simetría renacentista» [¡!]. U n comentario crí­ tico. que no se han cristali­ zad o en una clara com prensión y que así revelan a las claras su desconcierto. «El pacto narrativo: sem iología del receptor inm a­ nente en El coloquio de los perros». 261). M olhó. sin posibles antecedentes te ó rico s7. El Saffar. sin embargo.196). C on respecto a todo esto resulta sugestiva también la aguda observación de M urillo sobre la «simple com plexity» [«complejidad sen­ cilla»] del C asam iento-C oloquio («Cervantes’ C oloquio de los perros. pese a que este hecho fundamental siempre se reconoce o intuye de ante­ mano. p. pp. que nos parece aplicable a todos estos y otros estudios de la estructura na­ rrativa del C asam iento-C oloquio. que no obstante no evita que la trama se articule «sin orden ni plan». del «deshílanado c o n ­ tar». 119-143. de obligada consulta para todo lector se­ rio de esta obra cervantina. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. y. El casamiento engañoso y C oloquio de los perros. pp. los actuales m ucho más que ios del pasado. Véase. o com o se hace una novela». 64 ss. véase el libro de Forcione. ca­ rente de antecedentes teóricos. Así. Intuiciones buenas de la “estructura” imprevisible del “pensa­ m iento” que. Percibida así la articulación del Coloquio. 176. Casalduero habla de «la brevedad del tiem po que atosiga a la vez al narrador y al lector». del «m ovim iento de fuga». de la estética o lógica ínsita en el problema representado. «Género y estructura de El colo­ quio de los perros. del «tiem po acelerado de la narración» de «la corriente em ocional que fluye de un episodio en otro». todo lo cual surge de «la vida sentimental y psíquica». C ervantes: E l casamiento engañoso a n d E l coloquio de los perros. pp. además del estudio de Forcione (nota anterior). por la presión del tiem po se acelera. los interesantes de Belic. de «las relampagueantes apariciones de las últimas seis figuras». principalmente. etc. (pp. 11-95. de que la escritura es sólo una representación aproxi­ mada. im aginativo exegeta para explicarlo bien. N u estro propio estudio contiene tan sólo algunas sugerencias esporádicas sobre este aspecto. El Coloquio de los perros es. a novel-dia­ logue». Rey H azas. pp. pp. 242 ss. 423-435. a base de la metáfora del "pulpo”. y 71). en espera de un hábil. «Enunciación y recepción en El casam iento-Coloquio». pp. P ozu elo Yvancos. la metáfora de la de Campuzano.

instigado por el inquisitivo Cipión. sin extrañas intervenciones del autor. «si hablaron los perros o no»? ¡Hablaron! ¡Muy de veras. abrió el licenciado el cartapacio El acabar el Coloquio e.] está bien compuesto [„..] este coloquio [. tan sólo puede conjeturar que sus «padres» fueron «obreros». entre otros) y se deben siempre.. 10 Mientras C ipión es el «alter ego» de Berganza. com o lenguaje imaginario y autosuficiente. 47-48. todos los lectores de la obra de Cam puzano. según recuerda muy bien. ¿Por qué «ponerse en disputas».. Lo ilustra con ejemplos concretos (999-1000). pues nació en un «matadero». pero Ci­ pión le aconseja que se limite en este empeño. se pregunta Berganza. no hay razón alguna para re­ lacionar del m ism o m odo a Cam puzano con Peralta: Éste. distintamente! Esto es lo que. según se ha dicho ya. i. caps.] una visión en que el sentido estético cir­ cunvale al sentido ético de la obra» («Conciencia estética en una obra de Cervan­ tes». considerando ya innecesario argüir acerca de los perros hablantes9.. a una in­ com pren sión de lo estético. 546).Peralta —representante de todos los lectores inteligentes— comprende al acabar la lectura del Coloquio. inextricable de lo ético en Cervantes. Tales juicios contradicen las declaraciones explícitas de Cervantes ( Q u ijote. sospecham os.. y co­ brando en momentos él mismo una mala naturaleza perruna. pues.. en definitiva. y el licenciado dijo: [. esos sueños o disparates.1licenciado y el despertar el alférez fue todo a un tiempo. pues de otro modo 9 Subercaseaux representa gran parte de la crítica actual con este comentario: «La literatura se im pone. Berganza tiene grandes incertidumbres acerca de su origen.]. Recostóse el alférez. es quien. entonces.. si quiere. «¿Por dónde has venido al punto en que ahora te hallas?» (998). . donde «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca». ser hu­ mano. con sus propios criterios y gustos. p. que no tie­ nen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden [.pero el valor metafórico parece desvanecerse por completo al re­ velarse tan literalmente aplicable a la realidad del alférez.. com o sería inextricable el aire del oxígeno.. 1026)1 0 . com o fin en sí misma [. pero considerado como un perro por su prójimo. com o literatura. En este siniestro lugar. debe llegar a sus propias conclusiones respecto a lo leído: «yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee. pero sabiendo que éste. es sólo un lector. De manera magníficamente suges­ tiva muestra Cervantes la esperanza de todo autor de ser com­ prendido por el lector.]» (997. domina desenfrenada la maldad en todas sus formas posibles.

La engañosa «moza hermosa en extremo» representa el menosprecio malévolo por aquel que. En el "matadero” —claro símbolo microcósmico— le enseñaron a Ber­ ganza. vuestro amo. fácilmente se aprende el hacerlo».. Cipión ya sabe cuán larga es esta “historia”. como autor del Coloquio . sino de un "ol­ vido” premeditado de Campuzano. El que lo ha dicho.] y decid a Nicolás el Romo. tam­ bién hay en él una inclinación natural al bien. muy temprano. aunque en otras palabras. por conveniencia novelística. para la vida. descuidado de esa realidad. y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre». Berganza ad­ vierte: «vuelvo a decir lo que otra vez he dicho» (1004). acaba «burlado»: «Andad. Antes de hacer esta observación. según se ha visto arriba. Si «el hacer mal [le] viene de natural cosecha» al hombre. y esta creencia se acentúa también en otra ocasión. porque el hipócrita sabe que es «prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto». como advierte con sarcasmo Cipión (1000). para poner de relieve sutilmente. como preparación esencial para todas las relaciones con el prójimo. Consecuentemente. a su parecer. Gavilán [. es Ci­ pión. «Como el hacer mal viene de natural cosecha.«no llegarás a la mitad de tu historia» (999). le ofende. observa Cipión (999). claro está. en los dos perros. que no se fie de anima­ les» (999). pero no se trata de un error de Cervantes. Vese claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse en quien. la hermosura reflejaría una íntima bondad—. sino para que se moderen [en los hurtos]» (999). Al descubrir debajo de esta bella apariencia tan repulsiva fealdad. comprende una de las más alarmantes verdades de la vida: a menudo el mal se dis­ fraza de bien. según se pone de re­ lieve en el incidente con la «moza hermosa en extremo» —de acuerdo con los postulados neoplatónicos. su personalidad desdoblada. ya en su niñez Berganza deriva la . con profunda reverencia.. En el “matadero” se presupone como na­ tural la maldad en el prójimo: «Los dueños se encomiendan a esta buena gente»— el sarcasmo de Berganza es igual al de Cipión— «no para que no les hurten (que esto es imposible). con imagen estremecedora: «el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros pri­ meros padres y lo mamamos en la leche. «a arremeter a los toros y hacerles presa de las orejas». como en varias otras ocasiones. como el mismo Berganza. hacia quien Berganza se siente atraído de modo irresistible.

pp. como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden» (1000). sería de seguro siempre obediente del modo más «solícito y diligente» ( 1000 ) a cualquier orden. En efecto. confiado en poder ganarse la vida con el trabajo honesto y puntual: «me hallaba bien con el oficio de guardar ganado por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo. . la culpa del estrago recae siempre. En esta situación tan perversamente cínica se perfilan todos los elementos de una ingeniosa alegoría satírica de la situación política y económica nacional. 19-24. Berganza se escapa del «matadero» y se junta con unos pastores. como. progre­ sivos cambios. «Una frase m isteriosa en el C oloquio de los perros».. primero que otros perros. descubriendo que «los pastores eran los lobos y que despedazaban el ganado los mismos que lo habían de guardar». Víctima inocente del engaño y del castigo —casi le cuesta la vida—. desempeña sus deberes con genuino idealismo: «pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado. ante todo. claro está. Supervía. pp. que «por pere­ zosos». a la jineta. a las deshonestas que piensan darle. Es preci­ samente con la intención de que sus crímenes tengan tales desen­ laces por lo que los pastores admiten a su servicio a Berganzáj después de averiguar que es «perro de casta»: Como tal.]» (1002)n. pero sin percibir el fundamental cinism o del acto. «Sobre lo que hizo el pastor a Berganza». con lanza y adarga. ocurre: «apenas me habían dicho los pastores: A l lobo. Sin embargo. Pese a esta temprana comprensión desengañada. cabría sobreentenderse. aunque con notables. in­ dependientem ente de la interpretación particular de esa costumbre. sobre los perros. cuando acudía. que más parecía atajador de la costa que señor de 11 Se han escrito ya varios artículos sobre esta costumbre de escupir en la boca del perro: Abrams. no tenía que ver conmigo» (1002). y que la ocio­ sidad. son castigados con una «lluvia de palos» (1002). quien aparece «sobre una yegua rucia. de hecho. Barcino. que es obra donde se encierra una virtud grande. incluso. en nuestro juicio.desconsoladora lección de que la inclinación al bien debiera siem­ pre condicionarse por una actitud cínicamente precavida frente a todo el mundo. que. raíz y madre de todos los vicios. 79-82. El amo. la fe ingenua de Berganza en la condición humana persiste en afir­ marse en las experiencias sucesivas. a la parte que me señalaban [.. Pronto se desengaña.

y quien. observa des­ consolado Cipión. a la total. a su cuidado: «No hay mayor ni más sutil ladrón que el doméstico» (1002). en definitiva. se siente por completo frus­ trado. con el evidente propósito de aclarar al lector que ellos no tienen deseo de «herir» ni «rùatar» a ningún individuo en particu­ 12 Véase también M olho. M árquez-Villanueva. originalidad. Cuán penosamente pertinentes eran estas preguntas desesperadas lo muestra. inevitablemente. etc. pero las frecuentes reclamaciones de novedad. el du­ que de Lerma. que no quiero que parezcamos predicadores. cínica desconfianza en las relaciones sociales humanas 12. quienes con su inescrupuloso y despiadado parasitismo contribuyeron. cuando todos “los pastores” son cómplices en el cínico engaño? «¡Válgame Dios! —decía yo entre mí— ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar entender que la defensa ofende. H ay algunas observaciones interesantes en este estudio. Berganza es el ciudadano honrado. Pasa adelante» (1002). en repetidas ocasiones. pero sugiriendo: «quédese aquí esto.ganado». Cipión y Berganza expresan la de­ terminación de no convertirse en meros murmuradores con sus críticas. y otros cortesanos. en el monarca. después de oír la experiencia de Berganza con “los pastores”.. la historia del reinado de Felipe III. a la vez. totalmente inconsciente de los muchos enemigos internos que le están deso­ llando vorazmente eí país. honesto e ingenuo. sobre todo. «Remarques». ¿A quién “descubrirlo”. resultan impropias en vista del flagrante descuido o desconocim iento de estudios fundamentales anteriores (El Saffar. que los centinelas duermen. pues. En efecto. 91-137. en gran medida. hallábame mudo» ( 1002 ). Y el pueblo común es el “castigado”. que piensa que todos pueden y deben ganarse la vida con su propio «sudor y trabajo». y quien hace sólo ocasionales actos de presencia en el «hato» ( 1000). a la enorme miseria de todo el pueblo y. Q uerillacq. . que la confianza roba y el que os guarda os mata?» ( 1002 ). inten­ tando defenderse de sus enemigos externos y. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». etc.). 24-27. de su favorito. «Es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo sí no se fía y se confía». a la terri­ ble crisis política y económica del país. Forcione. hace pensar. pp. con toda la claridad de­ seable. sobre él se descargan las consecuencias más graves de la corrup­ ción de todos esos codiciosos “guardianes” del tesoro nacional. con penosa ironía. impotente frente a tan perversa deshonestidad: «quisiera yo descubrirlo. encargado. al desengañarse. ya antes. pp.

deshonestos. Obsérvese también la. posiblemente. moviendo la cola.. implícito.lar. En el servicio se excedía en sus deberes: «no dormía de noche [. astutamente. hay otro. queríanme luego bien y nadie me despidió» (1003). a dos porfías. y no verdad alguna» (1001)13. me iba a él. me quedaba en casa.]. y con la lengua le limpiaba los zapatos. servía bien. sin embargo. ex­ presada por Berganza e identificable con la visión estética del pro­ pio Cervantes respecto a las idealizaciones de «todos aquellos li­ bros» que «son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. disfrazados de “pastores”. reales. Uno de los propósitos importantes. entre esos pastores idealizados. en esas vir­ tuosas nobles. A todos resulta evidente la parodia de la literatura pastoril. cíni­ cos y voraces “lobos”. . el cual. se implica.]. y los cortesanos que supuestamente sirven a aquéllos de modelo.. se ma­ nifiesta a menudo cierta perplejidad acerca de la función precisa de esta parodia literaria en el contexto de esta novela. es­ pecífica advertencia de que la crítica del aspecto meramente litera­ rio es. de interés secundario: «de manera se me iba calentando la boca. siempre f3 Analizam os este problema en nuestro estudio sobre La gitanilla. bajaba la cabeza y. Berganza narra cómo iba en busca de nuevos amos: «Cuando venía el señor. se revela teniéndose bien en cuenta que tras los pastores literarios solía disfrazarse la sociedad cortesana contemporánea. Así. pese a todas sus finuras externas. espirituales mutuas relaciones. y con la misma mansedumbre volvía a hacer halagos al que me apaleaba [. Sin embargo.. comprensible.. es tan omnipre­ sente en la sociedad que. que no parara hasta pintarte un libro en­ tero de éstos [. además del contraste explícito entre la fic­ ción pastoril y los pastores rústicos... y que en la realidad cotidiana son. que suelen entretenerse en «aque­ llos tan honestos cuanto bien declarados requiebros». pero tiempo vendrá en que lo diga todo con me­ jores razones y con mejor discurso que ahora» ( 1001 ). sufría­ los. sino «señalar» el vicio. Si me echaba a palos. en este momento. De esta manera. ¡muchas sátiras! A la vez que se pretende la preocupación con un posible “exceso” de críticas. Tal interpreta­ ción es coherente con las consideraciones anteriores sobre los “pastores -lobos” y hace apreciar mejor la sutil complejidad de la visión satírica cervantina. he­ cho universal centinela de la mía y de las casas ajenas». que éste sería de todos modos. hace «difícil cosa el no escribir sátiras» ( 1000 ).].

festejando a su amo: «dando infinitos saltos cuando [lo] veía» (1003).. por completo irrelevante para esos fines. quiso «responder a lo que a [su] amo debía. ya salido de su «primer ignorancia» ( 1001 ). «llevado de [su] buen natural». «como buen criado. aun en el mo­ mento de evocar esas experiencias. pese a su pobreza y humildad. de hecho. los ves­ tidos que tiene». Sabe muy bien que se com­ portó de tal modo sólo por «la ración de pan y los huesos que se levantasen y arrojasen de su mesa [del amo]. intere­ sada en «hacerle callar». No para que su 14 Veblen. con que él hubiera querido servirles. Como si de repente se percatase de la emboscada en que cayó por un momen­ táneo descuido. latrocinio y deshonestidad» de los criados. pero «sin ladrar. examinan la habilidad. cap. «por los mejores medios que pudiese». pues «los señores de la tierra [sus amos] para recibir un criado. Berganza diserta sobre la conducta decorosa y sobre la virtud de la «humil­ dad».. Consciente de las graves consecuencias que sufriría por ello. Berganza se dejó sobornar también por una criada.. de que —nótese— «me aprovechaba» (1003). en la casa del mercader rico... arremetiendo a la criada. pero «sin osar» jamás «llegarle con las manos. porque no se alborotasen los de casa» (1007-8). en suma.]. The Theory o f the Leisure Class. cuando aquel asno [.] commends himself to our favor by affording play to our propensity for mas­ tery» 14. Berganza. . que se revela precisamente en sus intentos de negarse la verdad con todas esas racionalizaciones. Berganza es consciente de su humillante conducta zala­ mera para con sus vanidosos amos y siente una íntima vergüenza por causa de ello. con las sobras de la cocina» (1003).. le marcan la apostura [. sabía gratificar cier­ tos complejos psicológicos de aquéllos: «The dog [. 7 [«El perro se gana nuestro favor jugando con nuestra propensión a dominar»]. para quien «el más pobre [servidor] es más rico. el más humilde de mejor linaje» (1002). Corolario natural. pues tiraba sus gajes y co­ mía su pan». consideran sólo los atributos externos y no «la limpieza de corazón».. para mante­ nerse en su servicio.]». determinó. ¿Decoro? ¿Humildad? Sin darse cuenta de ello.] la insolen­ cia. acordán­ dose de la fábula de Esopo. estorbar [. atributos gratos a Dios. primero le espulgan el linaje.. poco antes reveló que su humildad personal había sido. inevitable de la zala­ mería hipócrita es la deshonestidad en otras formas. Por esta razón. Berganza fue “querido” de sus amos sólo porque. entre otras.

base sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza» (1004-5). . de barricada. supuestamente ya supe­ radas. La declaración hiperbólica en un texto cervantino siempre invita al escepticismo. p.. al proponer sus propias interpretaciones. 381). Jarocka. independientem ente de su categoría social. “con lupa”. para la tesis que mantiene (M olho. el incidente sería bastante banal. donde de nadie soy visto que pueda alabar mi honrosa determinación» (1007). Las alabanzas que Berganza y Cipión hacen de «aquellos ben­ ditos padres y maestros» de la Compañía de Jesús son llamati­ vamente hiperbólicas: «repúblicos del mundo. en nuestro jui­ cio. al m enos tácitam ente.. precisamente la clase de crítica lite­ raria que todavía practican Jarocka y O sterc. sólo porque su «buen na­ tural» lo impelía a recobrar la honestidad 15. considera el ataque de Berganza contra la criada com o una alevosa traición de clase {El coloquio de los perros a una nu eva luz. a una reconsideración atenta. declaradamente inspirada en su maestro. finalmente. Típica crítica propagandista. pin­ tándoles «la fealdad y horror de los vicios» y dibujándoles «la hermosura de las virtudes». Berganza mordería a la criada por mero «resentm ent a t his loss o f freedom » («Cervantes’ Sententious D ogs». condena de continuo a la «deplorable crítica tradicional». «industria». con lo cual. y.amo lo supiese y lo premiase.. 95). ¡in toto!. también declara que ahora ya no estaría dispuesto a «hacer finezas detrás de una estera. etc. com o sería imprescindible. Sin embargo. Jarocka. M árquez-Villanueva.]..) «Desprecia cuanto ignora». los estudiosos dedicados a la polém ica intelectual abierta. quien atribuye a Cervantes una mentalidad proletaria marxista. irrelevante. en­ señaban» a sus alumnos con «amor». no los hay tan prudentes en todo él [. ¿Mero sarcasmo respecto al reconocimiento sólo de la virtud ostentada superficial­ mente? ¿Intención cínica de no “gastar” esfuerzos en “finezas” no “vistas” en el futuro? Cervantes nos deja en la incertidumbre. Típicamente. p. que forjaron la personalidad presente.]. ¡en los m ism os países com unistas!. ¡Irónico! H ace ya muchas décadas. «solicitud». patente en todas sus obras: su escrupulosa distin­ ción del hom bre bueno del malo. adalidades del camino del cielo [. L.. com o arcaica. la humildad profunda. de todo el contexto en 15 Según Hart. condenaban. O sterc.. sino sólo porque «las dádivas» le pesaban a Berganza en «la conciencia». de la «honestidad». El Saffar. que se desentiende de una ver­ dad que honra más a Cervantes. «la prudencia. eco­ nómica. pues su intención es mostrarnos precisamente una mentalidad llena de ambigüedades y contradicciones todavía en el momento de evocar todas las experiencias pasadas. com o diría M achado. en el momento mismo en que recuerda este extraordinario triunfo de su virtud. Jarocka condena la crí­ tica anterior sin conocerla.

Se destaca el hecho significativo de que los maestros jesuítas tienen la autori­ dad para exigir o sugerir a los padres cambios en la conducta de sus hijos: «aquellos señores maestros [. estridentes discrepancias: «estudiaban [los dos.. «Remarques».. en sillas si había sol. quienes tratan a sus hijos «como si fuesen hijos de algún príncipe. De todos modos. claro está. de esas «tiernas varas» para que éstas no «toma­ sen mal siniestro en el camino de la virtud»? (1005).que se produceI6. se anula irónica. con ayo y con pajes. se nos sugiere es­ pecíficamente: «la ambición y la riqueza mueren por manifes­ tarse».] ordenaron a mis amos 16 M olho. La supuesta distinción. es previsible en esos padres. maes­ tros y «espejos». en efecto. sobre todo de «la humildad profunda. . “ambición” con “perjuicio de tercero” y. —me hizo considerar [. El verlos ir con tanto aparato. dejan la clara impresión de una obligación ritual. p. entre esos «benditos padres». en coche si llovía. 31.]» (1003-4). sin cultura refinada ni sólida educación cristiana —lo prueba precisamente su “ostentación”—. hijos del mercader] gramática en el estudio de la Compañía de Jesús. que les llevábanlos libros y aquél que llaman vademecum. Cipión culpa a los padres. cumplida mecá­ nicamente y abadonada cuanto antes.. “con daño” de toda la sociedad.. moralmente. ¿qué dis­ culpa en absoluto hay para esos «benditos padres» jesuítas. iban con autoridad.. Berganza [.. sus alumnos. maestros y «espejos» de todas las virtudes cristianas. Las aprobaciones con que Berganza y Cipión se regalan por esas alabanzas de la Compañía de Jesús: «Muy bien dices. típi­ cos “nouveaux riches”. según lo sugiere la brusque­ dad impaciente que Berganza demuestra hacia ella: «Y siguiendo mi historia [. base sobre quien se le­ vanta todo el edificio dé la bienaventuranza» (1005). y algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya» (1004). si la ostentación de riqueza y poder.].]» (1005). en definitiva.. Ostentosa procesión de príncipes paganos para la admi­ ración idólatra del populacho. Todo es así como lo dices. hay fla­ grantes. Cipión» (1005).. ¡«tanto»!. según esas alabanzas. como. por la condena que la precede. y los productos inmediatos de su educación. El “aparato” con que esos “niños” van ¡a educarse! con los jesuítas constituye una grotesca perversión de las más fundamentales virtudes cristia­ nas. Además de esta sugerencia inicial de un contrasentido irónico.

precisamente de tales proposiciones se nutre la más aguda ironía cervantina. Cervantes: E l casamiento engañoso a n d E l colo­ quio de los perros. Al notar «aquellos señores maestros» que «la media hora que hay de lección a lección la ocupaban los estudian­ tes no en repasar las lecciones. El Saffar. y Forcione. atrevidas referencias críticas que quizás se comple­ mentan con una ejemplificación implícita de los efectos contra­ producentes. pp.. sino en holgarse» con el perro. Sin embargo. H ay otros críticos que consideran sinceros y entu­ siasmados los elogios cervantinos de la Com pañía de Jesús. del dicho al hecho hay gran trecho» (1004). que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con otras razones muchas» (1005).. Ahora bien.] partía [las nueces] como mona [.. inocente diversión.. sana actividad física. Por encima del relativo valor de los argumentos históricos de una u otra tesis... com o Castro. 50. La ostentación soberbia del “aparato” de esos niños sim­ boliza una escandalosa contradicción entre la doctrina y la prác­ tica: «Una cosa es alabar la disciplina y otra el darse con ella. p. Se tiene la sensación de una agradable. ¡¿única guía y espe­ ranza lum inosa del hombre?! Repetim os. incluso algunos'de los más destacados. pp. y.]» (1005).: «co­ rrían parejas [. necesario alivio entre las monótonas rutinas de clase. . arrojaban los bonetes o sombreros. C ervan­ tes an d the M ystery o f Lawlessness. ruti­ 17 Ibid. de un breve..]». E l pensam iento de Cervantes..]. 146-153.. Se transluce claramente la indulgencia de esos «ben­ ditos padres» con la “frivolidad” de algunos de sus clientes ricos17..[de Berganza] que no me llevasen más al estudio. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d Coloquio de los perros.] la virtud y el gusto». sugestiva pará­ frasis del ideal clásico: «mens sana in corpore sano» 1 S . interior del individuo? La Com pañía de Jesús. gustaban de ver que [. y yo sé los vol­ vía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo. pp. «or­ denaron que se interrumpiesen de inmediato estas diversiones» (1005). Dieron en darme de comer [. Esta «glo­ ria» y «quietud» viene a quitárselas a Berganza y a los alumnos «una señora» que «llaman por ahí razón de estado. ¡¿único ente intachable entre la universal ruindad humana?!. Sutiles.. 18 Véase también: El Saffar. inequívoca. obedecieron [. en efecto. hay posibles implicaciones críticas también al fracaso del sistema educativo mismo. ¿no resulta quizás m uy atípico del pensam iento de Cervantes colocar tanta confianza en cualquier institución hu­ mana para la reforma existencial. éstas se describen con patente exaltación: «los estudiantes me metían la mano en la boca y los más chiquillos su­ bían sobre mí. de una erudición secamente libresca. de una alegre.. negativos.. 31-41. 45-51.

¿no parece quizás muy verosímil semejante “olvido” en una narración tan larga y variada como la de Berganza? Sugesti­ vamente. Cipión: «Sí. cuyos pensamientos reflejan. «que dije al principio de mi historia. aplicarse: «podemos inferir que tanto peca el que dice latines de­ lante de quien los ignora como el que los dice ignorándolos [. más o menos sutiles. y parece que nos lei­ mos los pensamientos» (1003). 19 20 . a una sutil sátira del “estado”. acaba siendo el censurado. «Remarques».naria. M olho. el supuesto crítico juicioso de la murmuración. Durante la narración de las experiencias de Berganza en la casa del mercader rico y con los jesuítas. que no afecta en absoluto el curso de la historia ni la verdad poética de la situa­ M olho. «La estructura de El coloquio de los p erros ».. «Remarques». Se confirma de nuevo que «se le­ yeron los pensamientos» en todo. lo cual se ha atribuido a un error de Cervantes. Respectivamente. se intensifican.. 259. II. Berganza no mencionó a este perso­ naje antes. 36-7. de la misma personalidad desdoblada en los dos perros. y ya en Sevilla andaba sin ellas» (1008). que yo no murmuro de nadie». Rodríguez-M arín.. Las N ovelas ejemplares. y así. Belie. las insinuacio­ nes.. a una preocupación primordial con cierta continuidad de elementos novelísticos20.]» (1004). callo» (1002). por miedo a la venganza de la criada* Berganza se encuentra con un alguacil. Cipión. Algunas son muy evidentes: Berganza: «Todo esto es predicar. precedida de anécdotas ilustrativas. Escapándose de la casa del mercader. procede di­ rectamente de una referencia a «algunos latines» que Berganza re­ cuerda de sus «estudios» con los jesuítas (1006)I9. ¿Por qué razón es necesario saber este detalle. Ber­ ganza: «Ahora acabo de confirmar [. Cipión amigo».]. 22-3.. por designio de Campuzano. Esta conclusión. pp. pp.] me las quitó un gitano en una venta. p.. 47. Acaba un maldiciente murmurador [. irrelevante para la realidad humana a que debiera. Ahora bien.] es que hay algunos que no les excusa el ser latinos de ser asnos». Cipión: «Así me lo parece a mí. “tras­ trocándose” los papeles. Cipión: «De la misma manera que has contado entraba yo con los amos que tuve.. inicialmente.. ante todo. N o obstante estas y otras posibilidades. Nicolás el Romo» (1008). poco después éste recuerda de repente otro olvido: «háseme olvidado decirte que las carlancas con puntas de acero [. p. que era grande amigo de mi amo.

Cipión también observa. Cipión piensa en los muchos “godos” contemporáneos. La “naturali­ dad” de esta conversación se pondría de relieve de este y otros modos también por el hecho importante de que Campuzano ase­ guró que él sencillamente oyó. escri­ bió. la distinta ominosa fisonomía de una trágica fatalidad. personajes y sucesos.. Rodrigo: «Ayer era rey de España. el dinero encontrado en Sierra Morena. esto sí. «ayer me vi estudiante y hoy me ves corchete». falta de reflexión o travesura paródica?— el notorio la­ mento de D. intimando que la “fortuna" a la que todos culpan es. además.] / Ayer tenía criados y gente que me servía [. En el Coloquio. henchido de ironía estoica.. Es en este sentido. como con las “correc­ ciones” en la IIa Parte del Quijote. por ejem­ plo. Muchos «maldicen la For­ tuna sólo porque piense el que los oye que de alta. los “recuerdos” repentinos de los “olvi­ dos”. casi siempre tan sólo la maldad.]» ( 1010). / H oy no lo soy de una villa / [. como también la incertidumbre respecto al pasado: «Si mal no recuerdo [.]». próspera y buena ventura han venido a la desdichada y baja en que los mi­ ran» (1008). convertiría de nuevo. escuchó y notó y. a menudo atribuible sólo a su insustancialidad e incapa­ cidad personales. finalmente. pues.. un olvido en ingrediente funcio­ nal que. una vez. «quiso» que él hallara en su camino una compañía de Solda­ dos-rufianes ( 1012). . acrecienta notoriamente el interés literario. etc.. para poder justificar su resonante fracaso en la vida. intrínsecos de un relato tan extenso. burlón: «como si hubiera mucha diferencia de ser mozo de un jilfero. Berganza ha evocado—¿por una momentánea pre­ sunción. a menudo espontáneo. en realidad.). de menti­ rosas y ridiculas pretensiones —«la mayor [fortuna] que tuvieron fue tener esperanzas de llegar a ser escuderos» (1008)— quejosos de la “adversa fortuna”. Cipión lo re­ prende.ción referida? Quizás Cervantes quiso prevenirse de esa clase de crítica que se le hizo por los olvidos en la Ia Parte del Quijote (el rucio robado de Sancho. estoico: «Así va el mundo» (1008).. Berganza se queja de la «rueda variable de la fortuna». De ser esto así. por lo que también Berganza se refiere a su «buena suerte». los “olvidos”. a serlo de un corchete». casi «sin faltar palabra» lo que dijeron los perros (996).. Pensando en los trastornos sufridos inmerecida­ mente por Berganza. se nos sugerirían como percances natura­ les. so­ bre tantos y tan variados temas. que. que por su omnipresencia y terrible poder en las relaciones humanas adquiere.

quien manda encarcelar al bretón. ¡amigo del criminal Romo!. de cuya desapari­ ción se culpan mutuamente: «Los corchetes porfiaban que ellos no habían visto los follados [. Para realizar esto traman toda clase de trampas.Pese a los ya muchos desengaños y a haber ya «salido» de su «primer ignorancia». y «el mismo día pesca a un marinero [. Berganza se demuestra todavía muy ingenuo al creer que el aguacil. pronto se re­ vela la fea verdad: El alguacil y todos sus subordinados son des­ honestos. es su único castigo.. in­ sistía al alguacil que mirase los vestidos de la Colindres [. p. a la huéspeda y a la Colindres. Sólo con esta posibilidad se revela el sarcasmo de la caracterización del “teniente” por Berganza como «demasiadamente severo» (1010). fingiendo identidades morales por completo opuestas a las suyas propias. Sin embargo. y. La mutua y tan justificada sospecha de deshonestidad los obliga a to­ dos a una continua. por acabar «enfadado de su mucho hablar y presumir de ejecutoria» (1010). pues las altas autoridades de la justicia se desen­ tienden de las transgresiones de sus subo