Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

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siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

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Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. Romance Notes. incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. Baltimore. 19). En las notas y a veces en el texto ofrecemos. Rivista d 1 Italia. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. Cambridge. Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. Cuando es necesario. Por razones editoriales. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. Revista Hispánica Moderna. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. Chicago. University of N orth Carolina. N o se traducen algunas frases. Nueva Revista de Filología Hispánica. 1965. Madrid. Modern Language Review. Modern Philology. pero no figuran en la «Bibliografía selecta». en paréntesis. México. Aguilar. 1300) o la Parte y la página: (i. algunas traducciones están abreviadas. cap. Roma. la página. Studies in Philology. Chapel Hill. entre corchetes. . En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. Chapel Hill. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. Nueva York. Madrid. traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. Revista de Filología Española. 103).

. de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. «Advertencias». Sin ciertas modificaciones textuales resulta. persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria.quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos». En­ tre estos hechos quizás no haya. Al componer sus Novelas ejemplares. eri que se incluyen. ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación. se enmarca en la conversación de éste con aquél. etc. de modo cru­ cial. etc. de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». Y. en un solo texto. contradicción. «Dedicatorias». independientes. leída por el bachiller Peralta. las circunstancias materiales y psíquicas. en realidad. Cervantes afirm a— . 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. escrita.1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes. en efecto. sin elementos sueltos. y que su forma literaria. pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir. íntegro texto en sí mismo.. inextricablemente. antes y después de la lectura. fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. la irreductible expe­ riencia personal. ía sensibilidad subjetiva del autor. sin embargo. Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema. fas­ cinante. Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770).IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. colgantes. imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. es siempre un palpitante.

sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2. en que se gestó. . Juan Manuel. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas. una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3. sociales. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. entre innu­ merables otros cuentistas. 14. perplejidades. sobre sus narradores y "cronistas”. en la creación del texto. objeto de una intensa dramatización. las coincidencias de la vida diaria. si­ multáneamente. etcétera. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector. es decir. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello.2 4 . claro está. en su propia obra. objeciones. se narró u oyó y se escribió el cuento. sobre sus oyentes y lectores. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. indefinible de todo texto literario y. en que. pp. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. D . resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. pp. al menos en parte. presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. de modo muy im portante. Resulta así implícita. otras.194. 150. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. por tan categórica y arbitraria. en reali­ dad. convertidas en el tema mismo de la obra. Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. entre otras cosas. En éste. con sus aprobaciones. 2 0 . con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria. con ello. a la vez. considerablemente diferente de la escrita. Chaucer.con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. 26-27). 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio. duchos en apreciar y comentar lo oído o leído. 3 M uy cuestionable. y. 57. ambientales. como en tantos otros aspectos de la creación artística. 5. la multiplicidad. etc. 88. a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. en otra obra. inexorable­ mente. sobre los impulsos ínti­ mos. psicológicas. lo que se convierte así..

para así impresionar aún más al lector. ya desde la Galatea (1585). hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . imposible. C C . a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”.experimental literaria del genial escritor—. Sánchez. pero en éstas. De todos modos. al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. efectivamente publicado en 1616. Rebate bien esta tesis. «si la vida no me deja». técnicas. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». muy variadas en temas. etc. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración. a diferencia de tales opiniones críticas. algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7. 10).. 5 Sobejano. Sin 4 És significativo que. Madrid. si así lo pidiese la oca­ sión. 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward. claves narrativas en el contexto literario cervantino». como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. o la utilización comprobada de cierta obra literaria. entre otros.. establecer con precisión. no lo haría con el propósito de “abultar” su libro. Por lo tanto. todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación. que es un genuino «mar de historias». por ejemplo. Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. por ejemplo. en varios estados de composición o ya acabadas. esti­ los. como revelación de la literatura actual4. como. Según todas las evidencias. Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). como en las restantes novelas de la co­ lección. la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles. libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). Además de la fecha de pu­ blicación. según lo demuestran. por desgracia. p. las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6. 2 vols. dimensiones. claro está. las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . para “abultar” libros. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes. “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. .. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido. 1968. aparejadas para la imprenta y.

. como La gitanilla. 10 El Saffar.) un alejam iento de la realidad coti­ diana». según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9. diríamos que en las obras cervantinas.. la cronología de las obras de Cervantes.. tam­ bién... a menudo. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas. «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8.. penosas experiencias personales. íntimo y social. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama.embargo. 135). a detachment from everyday reality» 1 0 . rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria.. en que. hasta lo últim o. 19 ss. por ejemplo. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares». 16. pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». estudiamos esa intensificación del desengaño. p. se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n. 778). en su con­ junto. comprensi­ blemente. debidos a iluminadoras y. como en toda persona inteligente. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [. las novelas supuestamente tardías. La española inglesa. ciertos reajustes. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”. pp. Estos.] Sin embargo. es la misma. De modo más específico. Las dos doncellas. sensi­ tiva. La vulnerabilidad de esta tesis. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes. con lo que se revelaría. {Esencialmente!. [«(. pensante. Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece. entre otras cosas. por los males. p. basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos.. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares.] movement toward transcendence o f these problems [. escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño.. la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. pues en luminoso juicio de Américo Castro. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels».) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (. the inner content re­ m ains the same.. .. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos.]. a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot.] 1 1 Sobejano. pues es natural que con el tiempo ocurran. fiel a ideas de su juventud. Desde nuestra propia perspectiva. se reflejarían.) apartamiento de la lucha y la desesperación (. el contenido íntim o es el m ism o. etc.

económica. Así. la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6. el Pinciano and the N ovelas ejem plares ». lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones.. las Novelas ejemplares. de un más candente "realismo” l7. 15 Véase nota 10. 1500)D. a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 . es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor. tanto en sus obras tempranas como en las tardías. p. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u. en suma. 135). N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares.. «La inteligencia. como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos. «Cervantes. Lejos de desacreditar «the intelli­ gence. 1 3 Pierce dice bien: «[. p. por otra parte..] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ».] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes). 16. rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles. N o v e l to Romance.. Si.. condenándolo. En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [.] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos». a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”. P· 14· 17 A tkinson. del azar.] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.. p. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote. 18). Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales. pero de ningún modo por las razones aducidas15. por una parte. . en toda vida. señaladas como tardías en esa te­ sis.. de cosa 1 2 El Saffar. !6 El Saffar. ingenuity or understanding». «[.» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[. específicamente. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales.. es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”.]. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna.enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. política. podrían serlo de verdad. Cervantes.

palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. a su vez «se al­ teran. en todas sus obras. actitudes convencionales. todo vigente. pues. problemas políticos. «Proemio»). mediterráneo y de la época contemporánea.. culturales. de ser contados. pp. lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. comenzando por el mapa europeo. 301). Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. p. econó­ micos. como nos enseñan. y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y. tradiciones. 227). autobiográ­ ficas. 404. a la vez. etc. colectivas e individuales. [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». en que se sitúan todas las tramas. Propalladia ) 18. Como mateJ ría de arte. "vividas”. poéticas. según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español. cierta fisonomía histórica. bien documentados. algunos escritores de “la generación del 98”.] 20 G ullón. religiosos. no es ya histórico sino novelesco»20. de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. son. Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. instituciones. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. ubicables todavía.nota y vista en realidad de verdad». también los «fabulosos inventos» adquie­ ren. como diría Torres Naharro («Proemio». actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. . notorios acontecimientos y personajes históricos. 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel. moral. Al entrete­ jerse con lo histórico. sociales. siglos XVI y XVII. espiri­ tual. historizándola». entre otros. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar. abar­ cando perspectivas muy distintas. 172-173). “verdaderos”. también las "verdades” históricas. ante todo. quehaceres coti­ dianos. sociales. 88-93. «La historia com o materia novelable». literarios. peculiares. costumbres. estado psicológico. ambientes urbanos y rurales con­ cretos. etc.

que intuye en la particular de la historia22. adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. transcien­ den lo particular.. . Crucial es. el espacio. pues. es mucho más exacta. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21. N o es. 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso. algunas de éstas. ni en Francia ninguno como Molière [.]. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. 1100. por otra. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes. y no en la historia. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas. C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels. A ristotle an d the Persiles. histórico. la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». aparecen. «La historia com o materia novelable». no la calidad del hilo» 24. p. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. todo lo contrario. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. 2‘ 1 G ullón.. "político” estudio de Osterc. todavía no se hayan traducido al español. muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana.cial. Cervantes. por una parte. universal. «La literatura y Ía historia». entre otros trabajos suyos. social concretos. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. En efecto. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios. sobre todo. aunque parece lo contrario. los personajes. Sorprende que los libros de Forcione. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. la acción. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico. Sin embargo. etc. tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color. la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”. que la de los políticos. 404. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. p. Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. revelan. pues. con que se logra 2 1 Baroja.

. doce cuentos. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27.. 2 < . Sobre el problema de la verosim ilitud. esperanzadoramente. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción». esencial­ mente. independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas.. de interés actual. cuando ordenó las narraciones». pero m uy cuestionables. 52. se revelarían de un m odo u otro. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. «La estructura de las N o ­ velas ejem plares». el estudio citado en la nota anterior. 771). un detenido. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. que intentamos explicar más adelante. artística25. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido. todas sólo parcialmente satisfactorias. de la estructura y mo­ dalidad narrativa. que «dirigía a Cervan­ tes. literario de los textos en cues­ tión .. Algunas consideraciones interesantes. pese a todos los retoques.. «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». etc. N o coincidi­ m os. que [podrían] [. 770)28. en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. el estilo lingüístico. la verosimilitud literaria o el "realismo”. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos. Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. en D ie z Taboada. p. 27 Casalduero. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. pues. novedosas. particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22). con toda probabilidad. en la «idea» propuesta por Casalduero. JPor ahora. . pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas. que. del lenguaje. Ardua tarea investigadora.]. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». aunque es cierto que Cervantes recondicionaría. a su vez. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya. m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res.] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». de la caracterización.una coherencia interna. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. Éste responde. Q ue sepamos. lo que para Cervantes constituye. a nuestro juicio. que. 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. dignas de salir al mundo: «Libro bueno [. de época. sin embargo. observe­ mos que.

pp. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. N u eva York. por ejemplo. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn. e incluso ha­ cia. véase Lasperas.. 1973). en efecto. Con toda probabilidad. tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. vol. De­ jando aparte la cuentística medieval española. 88. de todos modos. La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r. 935. se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. M cGrady. «Las N ovelas ejemplares». creador de la novela corta española. son. Twayne. imitaciones y elaboraciones.por el vivido recuerdo de los novellieri. al menos algunas de ellas. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585). vol. p. Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. que había leído durante su estancia en Italia. H istoria de la literatura española. Twayne. 145-167. n o record am os al autor de esta m agnífica observación . 32 D . esencialmente. año de la publicación de sus Novelas ejemplares. hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —. 1968. cual más cual menos extensa y fiel.] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. M ateo A lem án. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). aunque a veces muy encantador. y que. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. 33 P or desgracia. Para la cronología de la novela corta española. Novelas que «son mías propias. Desde este punto de vista de Cervantes. y que él asociaría. N u eva York. 15-Í6. (escrita) con la pluma de un ángel». C ervantes.. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. 396-465. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. más bien que por ser una narración intercalada en otra. . pp. de textos ajenos anteriores29. [«. Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770). no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma». habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. todas las novelas cortas españolas. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento. I. Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. la Diana de Montemayor (1516)3l. con el género de la famosa novella. pp. I. 30 Alborg. p.

“la bella Aja”. 1990. imitadas. Espasa C alpe. por ejemplo. ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente. Y sin dejar esas humillantes. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). pp. G alateo español. psicológicas. 1942. Fácil es imaginar su reacción. creemos. al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». Algunas otras novelas anteriores. para averiguar la lealtad de su esposa. Baños de Argel). tam­ bién en este caso. E l P a tra ñ u elo . como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. 36 L. sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. M adrid. «que manifiesten los quilates de su bondad. de haberlas Cervantes conocido. ¡moderna!. frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. 122-140. también para ofrecer una contestación verosímil..]. y el enamorado. ningún efecto adverso en sus espíritus. con sobrado gozo». como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas. pp. Madrid. morales. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. «vivieron después de esto marido y mujer largos años. probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria. . «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. para saltar en ella». traducidas. infantilmente sensacionalistas. como se demostrará más adelante. 1176). bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. G radan D antisco. T im oneda. y su enamorado]. inhu­ manas pruebas. sus tramas ingenuas. hurtadas o no. 61-76. y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [.. «Patraña se­ gunda». N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. con mucha paz y con­ cordia» 35. pero no com o novelista. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios.embargo. ¡animado por Aja!. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal. burdas nociones sobre ía condición humana. a tan ingenuas. desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. considérese el probable sinsabor de Cervantes. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones.

vol. se basa su afirmación con­ fiada. “Desatino”. unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior. una significativa experiencia existencial. 141. determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770). pp.. que repre­ senta. 393-394. orgullosa. sin genuina inspiración ni savia vital. «desatino». para «henchir el tiempo ocioso». corta espa­ ñola. p. por ser representado con refinada maestría novelística. 81). C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . metafóricamente. con total y clara conciencia artís­ tica. Cipión observa: «Los cuentos. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid. fantásticas. dan contento. en general. categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso. cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. a menudo. ¡a falta de otra cosa!. pp. articulada con “propiedad”. I. a base de verosímiles móviles humanos. es decir. otros hay que es menester vestirlos de palabras. otros en el modo de contarlos. que. —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. 38 G onzález de A m ezúa y M ayo. no como diversión frívola.]. “industria”. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. claro está. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. Por su parte. durante «las horas de recreación [. 39 Riley. más bien rutinario. sino para que. «digno de admiración». pues.. Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector.afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos». «digno de ser con­ tado».. según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. 88-93. inteligencia. La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. el afligido espíritu descanse». . quiero decir que algunos hay que. En el Coloquio de los perros. Cervante's creador de la novela.

O r­ tega y G asset. y no por Cervantes. característico. Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral. Madrid. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». ¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. p. sin sustancia temática o ideológica41. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). Guadarrama. en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. pp. M editaciones del Q u ijote. escrita. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable.de las manos y con mudar la voz. p. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. O sterc. se hacen algo de nonada. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. hay casos. «Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. que conciba ésta como dotada de “gracia”. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. en parte. p. por otra parte. Con el propósito de destacar lo novedoso. inexorable ley poética. Rodríguez- . I960. 89. 27. 211. pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. IX-XIX. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». por fundamental. aunque sin una inteligente. el “contenido” y la “forma” se funden. pues. 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica». es decir. C ervantes' Theory o f the N ovel. Riley. 43 Véase Drake. «la técnica no se justifica por sí misma. Revista de O ccidente. 283. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. específica a la com unicación oral. dis­ tintivo de las Novelas ejemplares. 41 N o tienen en cuenta esta referencia. p. se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. M adrid. lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios. 106 ss. oral. Véase también Pabst. «Classifications o f N ovelas». 1956). también al teatro. «Introduction». Sordo. 154. de una con­ versación. Para él. p.

De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria. etcétera. dogmáticos. Baquero G oyanes. sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. Rinconete y Cortadillo. arbitrarios. Ortega y Gasset. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. según lo ilustran ya los términos incongruos.. en proporción variable en cada caso. pp. inven­ tado. imposible. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. Fernández G u ­ tiérrez.. M urillo y otros. 14-15. desentendida de la creación poética?. pp. Navarrete. de “predominante tono idealista”. N ovelas ejemplares. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. “idealistasrealistas”. incomprensibles. “combinadas de realismo y de corte italiano”. contenedora intrínseca. literario. Pabst. etc. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. autobiográfico. H urtado y Falencia. Arrieta. en que se “su­ pera” el “realismo”. de lo imaginado. de la sabiduría humana. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. reiteremos. en definitiva. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias. histórico. Vaibuena Prat. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?.. R odríguez-M arín. ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. Orellana. las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». G onzález López. autocontradictorios. lo cual resulta. leído. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. Apraiz.. claro está. D u n n Sobejano. .. R odríguez-Luis. Pellicer. y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”. Casalduero. simultá­ neamente de la verdad. “de vida social”. más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. observado. “de imitación italiana”. El Saffar. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. antiguas y modernas de Savj-López. 32 ss. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?. A nuestro juicio.

por ejemplo. Es muy sugerente que al estudiante. la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo. . 46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. etc.ficaciones más particulares.. claro está. advertimos. tal distinción resulta muy cuestionable. creador de la novela corta espa­ ñola.. En todas ellas.]. en suma. cuando menos. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano. aunque fuese acertada. que. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares. 47 Lo ha sugerido ya D unn. 1529). y cuáles entre las “jocosas”. Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. Las no­ velas “amatorias”. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. señor. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. 92. también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. en que una cínica trampa. que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47. quien lo aclama como «escritor alegre [. “sérieuses”. ante todo. “cómicas”. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. «Las novelas ejemplares». Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. 178. p. “ plaisantes” . sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. exenta de implicacio­ nes serias. “humanísticas”. p. por ejemplo46. regocijo de las Musas». sino. bajo la fecunda inspiración neoplatónica. pero no el rego­ cijo de las Musas. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced». «Prólogo». pp. matrimonial y. etc. como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. i. En tales ca­ sos. ante todo. En todo caso. “heroicas”. en nombre del amor. tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares. 11-13. en suma. yo. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea. Cervantes . en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. 1528. nunca sólo jocosa. soy Cervantes. —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. “trá­ gicas”. vol. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o.

todas las “acciones”. tratado. com o piensa Ortega y Gasset. en efecto.novelizado. satírico. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. por ejemplo. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo). que son. lo cual depende. de su caracteri­ zación individual. precisamente por tan frívolas y calculadas. temperamental. que. sino. social. “folklórico”. todas las “aventu­ ras”. pero en todas las novelas. ante todo. Como en el caso anterior. Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares. como novelas “de carácter”. Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”. lealtad y fortaleza interior. político. lógicamente. Así. de un modo u otro. tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. del hombre 50.. espiritual. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. íntimo. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. en realidad. lo oculta o distorsiona por completo. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje.] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the .. para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores. Por su característico. ideológica. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. hay así también una “visión ” de la vida. reminiscente del de Larra. al no percibirse su función metafórica. y no sólo en algunas. que a veces se le atribuye a Cervantes49. sobre todo. 50 Pierce: «[. anímica. convergen. preocupado con el aspecto moral de su mundo. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48. Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. 49 Véase nota 23. del problema indivi­ dual. particularizado. siempre extraordinarias e interesantes. psicoló­ gica. fervoroso interés en el ser humano esencial. cons­ tante.

dice (770). del sentido común* de la virtud. sobre todo. alto o humilde. «por no alargar este sujeto». de la pureza espiritual. pp.] mayor que el de Dédalo». (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. de la dignidad del alma. a diferencia de Erasmo.. recreación al “afligido es­ p íritu ”.] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[. ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53. ínsitas.) personajes que no son sino débiles abstracciones».. N ovelas ejemplares. nunca meras abstracciones51. «Introducción». siempre extraordinarios por su modo de ser. p. de esos «laberintos».] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526).. “trucos”. desesperados. El énfasis tan pronunciado. entretenimiento. y en su problemática existencial. de justificar la utilidad didáctica de sus obras52.) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social». En perspectiva moral. deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770). con toda probabilidad.. excep­ cional o corriente. . “laberintos” que proporcionan deleite. ar­ monizadas en todas las novelas. “Trucos”. por lo que Cervantes las p ro ­ clama.. pero.. perdidos.. inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls . erudición. “labe­ rintos” de la maldad... C ervan tes. 16). de la discreción.. en palabras del encomiador F. estimulando y exigiendo toda la inteligencia. [«(. 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”. quien está preocupado. p.quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”. 19-26. es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares. Cervantes. despertando la “curiosidad”. de la debilidad y de la ignorancia humanas. dignificador en el personaje. así de todas juntas como de cada una de por sí». Bermudez Carbajal (771). [«(. tan confiada y orguliosamente «ejemplares». Es por la verdad poética y por la verdad humana. de la genuina bondad. ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar.] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions». palpitantes. 135). creados por un «ingenio [.. N o lo hace. los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón.

consustancial de la literaria y estética. de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. se puede dudar.] puesto que aquello sea ficción poética. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello. . El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas.de heroicos actos y nobles sacrificios. A veces se sugiere com o razón de una negativa. profunda visión humanista. prejudicialmente exclusivistas 55. deprimente realidad. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». H acia Cervantes). de verdadero sincero am o r54. Prem io N obel. ingrata naturaleza humana. (E l teatro de C er­ vantes). 282. Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. de honda compasión y soli­ daridad humanas. de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». p. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe». políticos. 1950). 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. en absoluto. 56 Evocam os aquí las observaciones de W. sociales. pues. por lo me­ nos implícita o irónicamente. Sólo al no percibirse esta amplia. 58 Sordo. lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o. 57 C om o es bien sabido. O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas». En El coloquio de los perros. 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. que llevan a la perdición. aun en las referencias a la más escabrosa. ingeniosa articulación novelística: «[·■. conjuntamente. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace.. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. a los estrechos dogmatismos ideológicos. a los huecos convencionalis­ mos religiosos. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. esen­ cialmente. a nuestro juicio. El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. La ejemplaridad moral es. siempre sugerido como posible. teológicos. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente.

] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares. para proponerlos. modifica. a la vez. y. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. a sus lectores como novelas cortas moderna.1177)59. los cuales representan. Cervantes los corrige. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. cada una d o -. prodigiosa armonía. 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. p. parodia. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. a menudo admirables en su particular contexto cultural. ensartadas en in­ quebrantable. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. Doce perlas. recondiciona y actualiza. en los nuevos. in a different w ay. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos. p. [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. pp. 81-115. preciosa cadenilla. re­ combinados en una nueva entidad. A study o f Four E xem plary N ovels. Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. «Vino nuevo en odres nuevos». p. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. conjuntamente. la más lógica explicación de ella—. . que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». tan original com o la gran no­ vela». 27). tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. 24). platónica. en que también cabía a veces “buen vino”. En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás. de m odo diferente. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. 3-30. aristo­ télica. 45). Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. muy diferentes entre sí. de inconfundible. Forcione. pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. en parte. Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. creemos. maravillosa belleza individual. ejemplares. tada de una excepcional naturaleza literaria. horaciana. expurga. con sabia. reintegrándolos. pp. véase Sicroff.

517.Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. Fernández Gutiérrez. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. pero sólo tentativo. de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo. consecuentemente. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. 50. Baquero G oyanes. declara otro. infructuosos. Avalle-A rce. 63 H urtado y G onzález Patencia. por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»). H ainsworth. coherente. Rodríguez-Luis. . 1921. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. «apenas una novela». nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa. M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». en que. hablando de El licenciado Vidriera64. dicen desconcertados unos críticos. H istoria de la literatura española. que nos parece m uy interesante. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. p. a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». Madrid. resultan de antemano extraviados. tales intentos exegéticos62. de hecho. 64 Rodríguez-Luis. p. Pabst. Sin pretensión de ser definitivas. entre otros.

. «Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. p. discreción y moralidad de la protagonista. 146). pues.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales. p. 2 Rauhut. moralidad. esencial. 1416). pues. de per­ sonalidad íntima. como destaca Preciosa. p. 15). L. C ervantes. claro está. vol. «Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». con gran erudición y perspicacia. Pfandl. Se ha demostrado. . en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. irreductiblemente. y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual. creador de la novela corta española. con su virtud. se suele contestar afirmativamente2 y. de carácter. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). criada desde la in­ fancia entre gitanos l. con gran desilusión. que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas». firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables. inteligencia y sentido común. políticas. (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. 146. auto­ máticamente. económicas.D. en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». etc. pero que no determina. Rauhut. II. ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. también distinciones de espíritu. con sus empeños y lo­ gros personales. Quijote. aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia.

su precoz madurez mental y moral. en suma. Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. mutua atracción. del triángulo o cua­ drángulo amoroso. toda su conducta. por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. Juan3. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179). 93-223. en C ervan tes and. para la articulación novelística de la gradual. bailar —«se introduze [.cortejo y del matrimonio cristianos. IV. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses. sentido común. de las distintas actitudes hacia el amor. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. La “pastorcica” Pascuala. criada entre pastores. en su modo de ser. del Encina. En efecto. su discreción. de hablar. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». con semejante propósito ejemplar. vol. Teatro y poesía de J. todas sus relaciones con los demás. los pastores 3 Forcione. en particular con sus enamorados. 70-89.. 60-69. ¿Habría visto. 57-58.] yendo cantando con su ganado» (60-2). pp. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. con toda probabilidad. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». pp. / las vidas y condiciones. cantar. cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. representadas en reqüesta de unos amores. Aunque simple “pastorcica”. encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina. Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía». para novelar. sólo por el genuino amor. Cervantes. / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4. deí En­ cina. entre otras. práctico de la vida. comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final.. pp. de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. 5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar». 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. para la ambientación de los episodios. también las de Encina? .

interesada al Escudero. más bien un primer esbozo de aquélla. / si quieres tener mi amor». especula Pascualilla. son incuestionables. asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna». De seguro sin mucha ilusión. como lo puede mostrar este hábito [. entonces. una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes. el Escudero. momentánea infatuación. desentendiéndose de todas . decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero. el Escudero se proclamaría enamorado por una simple.. en el campo. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [. Pascualilla escucha. Compa­ rada con Preciosa. Y si no es por deseo de burlarse de ella. pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79).. Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora». según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior. / muy presto verás mi muerte. Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización.] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„. digno de ella: «según requiere tu gala / [.].. de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor». y un estado social elevado. / que te haga presto rica. Uno de éstos. dudosa de su seriedad. / y con tu vista me aquexas.]. imposibilitado de excusarlo [..] / ¡vete comigo. / pues que yo te quiero tanto». le promete su riqueza: «Por mi vida. veamos». pastorica.. pero está insegura. Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2).. / N o me trates de tal suerte.] / Pénasme por sólo verte. declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [. «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma». D. Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos. Presentándosele un día... El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía».] / Essas trónicas [retórica] señor.. / si tu te vas y me dexas.. se le presenta de repente un día. carilla!» (62-4). en las afueras de Madrid. observa atenta. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas. y como prueba inicial de su intención seria. un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [. / allá para las de vi­ lla» (62-3).] yo soy caballero. Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora.]..se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales... la gitanilla..

La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos.. sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios. que es la de mi entereza y virginidad.. «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida. y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa. Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. ni me desmoronan dádivas.esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole. dudas. Este «temor».. yo 1o seré vuestra».]. un «infierno de . ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen». o un grave error.]. promete Pascualilla. se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba». con quien compartirían toda la vida. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda. A mí ni me mueven promesas. podría eventualmente corresponderle en el amor. al estar observándolo «atentamente». cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas».. Por fin. sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero. trágica esclavitud. Las probables aprensiones.] no le debieron de parecer mal». pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas.. Si alcanza lo que desea.] en vuestra mano está» (782-3).. y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento.] desatinadamente se arroja tras su deseo [. mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. que haría del matrimonio una aborrecida. y vos de la mía. y no una burla. ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [. sino por el deseo de conocer bien al hombre.. en cam­ bio. Sólo así. Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». como única condición. en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición.. Juan —cuyas «razones y talle [..]. parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D. esperanzas íntimas de Pas­ cualilla.. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas. la cual [. añade Preciosa. al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos... y tomando el traje de gitano. prom ete a D. que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67). me entregaré por vuestra esposa [.

hallando esta verdad.. 1974.. «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784). ante todo. habéis de dejar la casa de vuestros padres [..Cancionero de 1496. para ella.. es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6. Mira cuando quieres que mude el traje. / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87). / quiero cumplir tu mandado / [.).. y ciertamente no decisiva. Sin embargo.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. Istm o. Madrid. «no tenga quexa de mí. [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble.]. venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”]. 179).] púsose como embelesado». 67). / . también adopta un nombre pastoril: Gil. económico. «Primero tengo de saber si sois el que decís». Juan. cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64.] . Al integrarse al mundo de Preciosa. advierte el Escudero más tarde. comprobar. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir.. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla. declara Preciosa a D. O bras dramáticas. adopta el nombre de Andrés Caballero. com o afirmó». Cuando viajan. «Ningún galán namorado». que yo querría que fuese luego» (783).... Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79). y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [.. / y va­ mos luego al ganado!». La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. Preciosa mía. Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte. Juan es lo que Preciosa quiere.] / ¡venga.pesadumbres» (ibid. El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista. cuéntame por gitano desde luego. materialista. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [. p.]» (782). Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D. «luego. p. La veracidad de D. insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina. 94).]. pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero.

Contesta Mingo. pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos». Apenas le revela D. pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa. la primera prueba que debe superar. baylar!». cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. amigos mejor que de antes».. «mas. el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos.. Juan debe aprender para vivir con Preciosa. Superado este empa­ cho íntimo.pie». dexa esse pastor [Mingo]. para «servir de lacayo a Preciosa [.]». Al revelarle el amor. Es la primera lección im portante que D. aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso. en la corte y en la aldea. Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. señor.. Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». pues. Juan son. ante todo. Cervantes nos muestra que D. Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada. / Déxalo que Dios te vala. os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]».. El verdadero amante debe te­ ner. dançar. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar.. / buena pro.]. si tú quisieres.] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797). Con indignación su­ tilmente sugerida. «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. y la contestación de aquél: «no soy [. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos. y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos. . Juan el amor a Preciosa.. pues ya soys deste hato. Los celos de D. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [. pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos. aunque con dichas "condiciones”. al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor. / no te pene su penar» (62). no en la pollina. La palabra se explica por el contexto.

¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8). sartas de plata.. luchar / [ . que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? . Juan. «mil cósicas. correr. etc. que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres». declara Mingo a la hermosa pastora. aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. baylar. etc. aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer». ofreciéndole. tiraban la barra». pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla. que suele dejar perplejos a los lectores..] / Daréle buenos anillos. cantar. apreciando sus atencio­ nes: «¡O.]. en señal de su cariño. excepto en el caso del paje-poeta. mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer. quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa..independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [. Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [. el rival deí Escudero.. / [. / y gozes la juventud / más que todos los pastores». Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y. / cercillos. / altibaxos. el paje-poeta. no puede corresponderle en el amor a Mingo. ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido». bailaban.. Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos.. débiles sugerencias del texto enciniano. la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795). chançonetas / le chaparé de mi hato.. Sutil problematización cervantina de vagas. no obstante. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D. quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo.] / cantile­ nas.]». çapatetas». que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]». así. / las fiestas de rato en rato. «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos. pero.. según sospecha de in­ mediato D. 64-6). / que. corrían. «¡Deslumbro si te oteo!». (61. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». Pascualilla no quiere. Dios te dé salud. / con saltar. se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». saltaban.. es digno de detenida considera­ ción. El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. Mingo. comprendiendo bien su intenso embeleso y.

pero pasa­ jera. inconscientemente. por lo cual. Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo».. / tu querer no lo deseo / [. «que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla. como especial privilegio. Menguilla.. Sin embargo. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla. porque «es tan hermosa». gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien. por ella ha dejado a su esposa. en cambio. espera ser amado aun más: «quiéreme. Y después le pide. hurria. «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. En otra ocasión.]? / [. de qual está Pascualeja}» (79).. como antes. pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte.«¡Miafé!.. / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2). previsiblemente. y flagrantemente egocéntrica. particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece. algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla.tu caramillo / [.. así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. su amigo. De seguro sin darse clara cuenta de ello. / no te qu ello tres de vero». Pascuali­ lla debiera entrar en una relación. por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla. es su enamo­ rado!. compa­ ñero.] / ¡silva.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75).. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada. Mingo. precisamente. mide. y. quiéreme más. no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado. . en efecto. músico y cantor: «sacude. avasalladora. contra su voluntad. pero para no herirle la sensibilidad. le dice a Pascualilla. Minguillo. Mingo personifica una pasión genuina. ¡a fin de cuentas. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. lo convierte todo en chiste. aunque pretenda despreciarla. / tan bien como a Pascualilla» (81). / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño». no monógama. tirte allá...] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». Infatuación intensa y pasa­ jera. precisamente por frustrada. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor. pasado un año. con suma gracia. que sea.

cuando aparece en el aduar de los gitanos.] / Viene un escudero» (62). «Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella. Cabe pensar que esto ocurre. así como a menudo en la vida. Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla.da gritillo! / [.. amistoso. en cambio. y no “mercancía”. de ánimo generoso. por delicadeza de sentim iento. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía.].favor de Preciosa. pues esto corresponde a su práctica usual de gitana. sólo la preocupación de no hacer celoso a D . No siendo «rico ni pobre» (785).. impropio para ella. Con delicadeza.].. le dice en una ocasión. Preciosa nunca quiere darle tal esperanza. le tendré por reliquia mientras la vida me durare».]». hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. El paje-poeta sueña con ga­ narse el. honesto [.. «Cer­ vantes’ La gitanilla».. por genuino aprecio. Juan la razón de tal conducta. 147-157. no quiere ni hablarle (796). y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9. .. por ello. Lo considera «galán y muy hombre de bien [. pero no la atrae amorosamente8. le da. por esas inexplicables razones del corazón. aunque sin animar. discreto y bien razonado [. ya no quiere aceptar el dinero. buen poeta (793). pues. pues con tanta afabilidad le había hablado» (785). pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione. creyendo que ya Preciosa quedaba rendida.. En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [. Sin em­ bargo.. pp. 9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta. donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. Sin em­ bargo.. N o es. al enamorado en su demanda. No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa. a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo.] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos.. al haber ella reconocido y recha­ zado otro. más tarde. / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779). A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777).

le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. también por sus re­ pentinas. claro está. las interiores. pero con entrega. lo cual se simboliza. según piensa para sí (799).].a todas sus protestaciones amorosas. aunque en otro sentido (793). «descubrió» Cle­ mente «discreción [. excesivo. Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». incluso. Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento». cuando más. lo cual la halaga mucho. de modo muy sugerente. condicional. pero sus otras cualidades perso­ nales. con insistencia. que considera como locura de «mocedad». Por esto. «de noche». Por esto precisamente. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa. El «amor» del paje-poeta representa. desde luego. sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. parcial. de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799). imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella. porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). / que a ser buena me encamine» (798-9). incomprensible sacrificio. «descaminado». Juan «descubra» el quilate interior del «oro». Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. muy significativamente. la hermosura. Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro.. sin duda. pues. agudeza» en ella. Sólo al final. falta de «cordura» y. y tocada. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. cairás en que es de alquimia». En palabra y verso aquél celebra. porque antes no las había buscado. Estas observaciones de Preciosa a D. inconstante a ella como mujer y persona. con toda pro­ . discretos y enamorados coloquios». honestidad. que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra.. ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. para que D. según él mismo dice. Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. la gracia de Preciosa. 792) es acep­ tado al fin como esposo. en su canción dirigida a ambos amantes. Esta mi hermosura que tú dices que tengo. como gitano (790).

aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. de seguro mandaría buscarle. discreta. esos extraños «prudentes religiosos». desaparece del aduar y se va a Italia. quien estimula. ni la muestra a todas gentes.] a todas las que yo he visto se aventaja» (795). Preciosa jes la poesía! (784). de la cual «hase de usar [.habilidad.. porque. aunque a algunos parece verídica. si es que hay fidelidad en las selvas». retirada [. casual. que es Preciosa. para él.. cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad. ¿inconscientemente?. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa. después de reconocer como mentirosas las anteriores.. Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. él tiene una bella y poderosa inspiración.]. porque el duque. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. ni a cada paso [.. y que él mismo califica. según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme.. de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. ho­ nesta. para seguir a Preciosa.. 64). tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6). «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. hacia nuevas conquistas amorosas. . Esos dos caballeros. aguda.. Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía». entre tantos encinales. según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas».]». cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y. p. la última 1 0 . su «señor» y «pariente». proba­ blemente.] como de una joya preciosísima. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar. a la vez. para no ser reconocido en su huida. quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta. mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo.. «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil. cuya «hermosura [. espontáneamente su fantasía. etc. cuyo dueño no la trae cada día. natural. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero. como «caso extraño y pocas veces visto». Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796).

de calculada. y de igual modo. etc. las de Casalduero. 215-223. Sentido y form as de las N ovelas ejemplares. Spieker. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino. el Escudero: «¡ved. hato de mal asseo». se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia.]. pp. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. / por amor de mí. pues os mudastes. a la vez. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». por pri­ mera vez con la atención debida. Después de un año de vida pastoril. muy grossera y muy mala [. D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. Selig. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. pp. con toda probabilidad ni se da cuenta del problema. 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. mi señor.]. sin temor» (79). M ingo sería otra vez un antecedente interesante. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. con­ fundiendo los dos aspectos. .que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso. Ños pa­ rece. cumpliendo su prueba de amor.. lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n. Sin embargo. / quanto mandardes haré / libremente. El Saffar. pues tam bién representa al autor. este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. para compartir la vida palaciega con él. 56-77. Gün ter t. En efecto.. el autor. 213-20. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. / mudarme. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. D e particular in­ terés.. y. Encina (70). pp. pp. quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). pastor. no pudiendo deslindarlos netamente. que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 . / yo jamás os dexaré. su prueba de amor: «Que me plaze. 101-2..]». pp. etc. 107-34. por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). N o v e l to Rom ance.. del paje-poeta-C ervantes. pp. 84). y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. por amor que le tiene desde la infancia (805). 273-6. Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es. / que también vos os tornastes. «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ». / Y pues me tenéys amor. Forcione. cuando menos. «Preciosa y Poesía».. «La gitanilla y la poética de Cervantes». «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance». Sin embargo. En este estudio se examinan. a la «palanciana». en efecto. (79. Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [.

.. fundamentalmente.. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo.. se justificarían todas sus muchas virtudes.. por boca de Mingo...]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375). etc. / las holangças de las bodas» (82)15. a pesar de que. en este estudio.. lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea». Juan con las dificultades. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». que «presumen de loçanos [. antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3. tentaciones y peligros de la vida gitana..] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso. verás.] / ¡Pues no te digo. según algunos críticos. que. que se deleitan en «sovajar» al humilde. dilemas. corcobados». tiene una implicación impor­ tante. también La gitanilla. Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”.] muy pendados [... la misma dignidad del alma.. (63).crianza». pp. / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O. radical. sólo con lo cual. deforma «la realidad en beneficio del Arte». siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores. 146. 149. Cervantes idealiza «una verdad fea». esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana. Según algunos críticos. después de la exitosa confrontación de D. esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut. 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril.. Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. Para explicar mejor este problema. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla. qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [.. que prazer tan valiente! / [. bur­ ladores». para adaptarse bien (86-7). Este be­ llo pensamiento inspira. se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [.] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche. / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas. / [..]. haciendo «atractivos» a los gitanos.]. mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor. / ¡Oh.

a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones... ¡Envidiable! Sin embargo. no es de ningún modo idílica. Salvo obvias diferencias. etc.]». Y sin embargo.. amor.? De seguro.]. sonriente Naturaleza. p. «La gitanilla y la poética de Cervantes». Forcione. 184-92. no nos desvela la ambición».. pero no carece de significado la provisión. «Idea de la libertad en Cervantes». e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo. Aparentemente. con la misma facilidad las matamos [. 369. Quijote a las de los galeotes. . Cervantes: T w o N o vela s ejemplares. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 . irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad».]» (1113).]. integridad. pp. como si fueran animales nocivos»... vivimos ale­ gres [. Schürr. L a gitanilla. pp. El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra».suya. La ilustre fregona.. Quijote: «Pues. de íntima. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes . respeto. serena comunión con la benévola. p. 17 Güntert.. Cervantes. pp. vol. si por enamorados echan a galeras [. por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». o alguna bellaquería en la amiga [. la vida gitana. llama «mala gente» 1 6 . ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance». las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos. tal reacción crédula a esas declaraciones. Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo. Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte». El coloquio de los perros. Evidente­ mente.. ¿no es quizás análoga a la de D. D.. de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio. 18 Lowe.. amistad. la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas. según se representa en la novela. creador de la novela corta. Rodríguez-Luis.. I. de paz. que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio. 37-8. a veces. 6-13. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. pp..].. (789-90)17. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo. 115-6. y cuando le hay en la mujer propia.. tan reveladores. 126.

que los gitanos infligen a sus mu­ jeres. explotación parasitaria de la mujer.castigo. ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato. desechada casualmente.. según lo observa. y nosotros vivimos seguros [.]. envidia. otro simple arreglo.. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). en la vejez.] o castigarla] [. en realidad. la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. como inútil es­ combro. representativamente. Maldonado. cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es. inexora­ ble. Muy significativamente. real o imaginada. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión.. y de modo muy revelador. puede dejar a la mujer vieja.. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer.. muy complacido de tan eficaz arreglo. venganza. El gitano escoge «ya por esposa. si las circunstancias lo exigiesen. como él sea mozo. a cualquier gitana. chismes. y de «dejar[la] [. y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos. se justifica dudar . sospechadas. de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos. castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta. «Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas. Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas.. o ya por amiga». declara el gitano viejo. sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte». sin armonía de voluntades. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido. etc.] cuando se les antoja». premeditado.. imputadas por maldad. el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. alegres». muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer. castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. y escoger otra que corresponda al gusto de sus años».

¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música. hortaliza [. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [. las canciones y los bailes. . claro está: «Somos señores de los campos. como dice Maldonado. al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [. hay «pocas [.].]. ágil.... útil para el sus­ tento de la familia.... muy «atrevido [. se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. o mar. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno.] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066). 507).. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría.. exaltada por D. en que «eran [.. etc. claro está1 9 .. Quijote. pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada.].. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o... Y las limosnas que piden a cualquier extraño. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla. ni a solicitar favores [.. uvas.].]. las huertas. 507). más bien.. monótonas. las vi­ ñas. Todas las víctimas de las tretas gitanas. la preferencia por la vida «ancha. presto. honesta. de las humillantes so­ licitudes de favores.] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [. ni a acompañar magnates..... destaca una evidente relación de causa y efecto. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia. con lo cual Cervantes. El gitano. con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión.. racionalista.] que no sean comunes a to­ dos». de industria y ánimo lleno. que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos.. son su­ persticiosas y patentem ente tontas. extendida.. encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos. los árboles [.. de los sem­ brados [. con orgullo. Tras el desdén de las rutinarias. es «zahori del fruto ajeno».. aquí y en P edro de Urdem alas .] a un gorrero [. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones. aunque no para la víctima. ni madrugamos a dar memoriales. de las frenéticas ambiciones cortesanas.]..]). a veces muy ingeniosas y divertidas. cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren. sofocantes convenciones socia­ les.. nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda».] nos ofrecen [. con que entretienen a los payos. o casa real [. a causa que los años pasados había hecho una burla [.. ir a Sevilla ni a sus contornos. holgazana...]» (796).] frutas de balde.que las gitanas.

que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. congenialidad. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas. baños de lluvia. D. por el mero hecho de serlo22. aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país. Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto. también sus corazones son corroídos por la envidia. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. y hasta la exaltada vida al aire libre.. provechosa en las fechorías. pues. música los truenos y hachas los relám­ pagos. ya bajo el gobierno comunista.. «La gitanilla y la poética de Cervantes». sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo. Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia». por el mero hecho de que se la atribuye. 21 Güntert. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas». «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo.]» (784). com o medida preventiva. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio.]. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—. «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes». en particular como modo de vida perma­ nente. fatiga» (791). liberalidad entre ellos. 115.. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. sentido práctico. in­ comodidades y peligros. como ven al Turco ahora» (784)20. pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [. sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia.]. la vieja gitana hace recordar a Celestina. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. Por todas estas razones. codicia. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. a que son siempre sujetos los gitanos. falazmente.prescindible para la continua colaboración eficaz. Costumbre que todavía existe.. refrigerio las nieves. estoica actitud frente a la vida21. p. Sin embargo. también tiene rasgos “nob les”. por ejemplo. . según se verá. como.. etcétera. A pesar de todas sus proclamaciones de amistad. cuyos desagrados. tenían de costumbre» (799). humillante de los payos..

. sin entrometerse nada en sus costumbres. excusarlo por todas las vías que pudiese. pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). 257). p. p. 47-59). a la misma vez.].. I. y de los ingenios de los gitanos. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». D. com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo. La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. de inmediato corregido: «o por mejor decir. Juan. Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . 188. 95). tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo. o. le suspendía [..].. y someterse. p.. al decir que éste «m iente». pp. como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa.. «[. observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio.. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance».]. Juan que comparta con ella la vida gitana. Esencialmente. poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24. reíase [. «El realismo idea! de L a gitanilla ». El m odo de ser «gitano» y. y de que él mismo evita. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. le cayó en gracia [. para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». y con propósito de seguir y conseguir su empresa. con toda clase de pretextos. Observador de la vida gitana. irónica se sitúa también el lector. en esta perspectiva crítica. 23 Lo ha notado ya Forcione. a lo menos. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto».]. de la curiosa vida gitana25. 24 Preciosa pide a D .] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [. prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae. Juan]. . Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad. con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». la indulgencia irónica.. a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje».puesto a renunciar.. observador por intermedio del personaje. propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala.. Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo. debajo de las leyes gitanas» (790) 23. N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas.. 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio. 851-2) = «De todo lo que había visto u oído. folklóricas.]. se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso]. sin vacilar. le admiraba [. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio.. que ella misma evita. de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D . quedó admirado [D. la diversión ín­ tima.

tiene que superarla»26. al revelarse su origen noble. siempre celosa de su ma­ rido. traicionero. ya que los gitanos. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). mentiroso. 191. cobarde. Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y.Hablando de Bélica. melifluo congraciador. cazas. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey. tanto aquí como en la novela ejem­ plar. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . en­ gañoso. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. su traicionada esposa. vano. fiestas. intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos. arbitraria. 525). adúltero. representan [. quienes.. el hombre tiene que vencer su naturaleza. y así aprovecharse personalmente. empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido. la sociedad noble a que Bélica «se eleva». p. falsa. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. malévolo. en el orden social. el favorito. inmoral tercero. y también de Preciosa. insaciable­ mente codicioso y ambicioso. defectos y debilidades de carácter. hipócrita. que alterna con superficiales devociones religiosas. . dedicado incansablemente a bailes. La rema. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. excursiones y otras diversiones parecidas.]. hipócrita. intrigante. 26 Casalduero. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades. falsa gitana-verdadera princesa... es una mujer frustrada.. Este rey no tiene condición alguna para serlo. frívolo. ¡con harta razón!. según se lo echa en cara la reina misma. arbitrario. este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra». moral. para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios. Silerio. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. espiritual.... inces­ tuoso..] el estado de naturaleza [. en esa trayectoria: gitana-sangre real. es un descarado oportunista. resulta patentemente absurdo.. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa. pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. rencorosa. En suma.. lujurioso. vengativa y cruel con sus presuntas rivales. protagonista de Pedro de Urdemalas. político. ridículo. Casalduero observa: «Cervantes. Esta po­ bre. mujeriego. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto.

. pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781). a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma.... engaños. hasta lo gene­ ral. de un modo u otro.' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo. ridículo. “respetable”. responsable... tan solemnemente proclamados. recuér­ dese que el rey. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos.. perverso consejero del rey.. sino por su pomposa vanidad. a Felipe l í i .. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios. útil función social. tonterías..] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido.. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral. cínica palabrería para explotar al desvalido. ... burda sensualidad. etc. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. vengativo y... ¡su pariente!. la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen. hasta lo enorme. colectivo. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. desde lo nimio. prudente. en un orden ascendiente.. aun llevarme habían.. craso oportunismo y grotesca tontería. 28 Véase la nota anterior. personal. hábil del monarca. errores. Si me quisieran para discreta. extrañamente considerado “normal”. abusos. la autoridad civil no se distingue por una sabia. son hueca. los ideales patrióticos. por contraste. sobre todo. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía. que hacen palidecer. e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes.. fraudes. ilusión ingenua. para el bien de toda la pa­ tria 27. los que imputan a los gita­ nos28. respectivamente. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. desde lo particular.. la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. injusticias.cruel..

«unos paseándose y otros jugando a diversos juegos». La posesión bastante corriente del “hábito”. la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación. imagino que no se puede presumir cosa mala». Juan es socialmente identificativo. ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales.tretienen. en sí. exige la prueba de la conducta personal.· Evidente­ mente. De todos modos. el “hábito” del padre de D. personal. segura para ella (781-2). esta apari­ ción llama la atención. «muy bien aderezada y muy fresca». todavía jovencito. Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [. de esa clase noble española contemporánea de Cervantes. a todas las de­ más gitanas presentes. cuando más. en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785). sobre el cual se afanan. implícitamente. por su pintoresca ornamenta­ ción. las llaman «desde una reja». sobre todo. como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala. Al ver a las gitanas en la calle. Discreto razonamiento. Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia. indica criterios nada rigurosos para su obtención. porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778).] si nos pellizcasen». no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España».· en cambio. y «el barato» en la mesa. considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas. tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos». D. y no de tantos juntos. «ornamentales». Significativamente. D. la única convincente. sin ningún aparente mérito propio. según se des­ . previsiblemente. quien. neutro.. pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas. Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje. de su padre. nótese: «a lo menos de vos. pero moralmente de valor.. 687). Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende. Juan. pero al fin decide entrar con sus compañeras.

gitanilla: A Tale o f H igh Romance». porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione. Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». en suma. que los moderase porque podría ser perdiese [D. . 213). p. Juan] la vida con ello» (804) 30. Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel. De cuestionable discreción.. a la vez. soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa. y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416). Sin em­ bargo. Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. «Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». que ninguna es com o la vuestra. Juan daba. ¡alcalde!. En esencia. Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31. por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras. quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). Juan. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D.. com prensiblem ente. y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. aunque son de dos reyes» (787).] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. que tan obviamente des­ dice de las frívolas. Más tarde. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones. cuando menos. infantiles y. 293). p. del “barato” de su juego. El tío. 32 D . oportunista. por encima de la ley. aun­ que proceda.prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. Juan». se nos revela el padre de Preciosa en este caso. según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. con otros parientes. se hace cómplice en este arreglo práctico. 30 Pierce: «cruel charade» («La. y todos los demás sí» (800)32.

por más rotas y desastradas que nos vean. y no haga usos nuevos. lo condenaron inmediatamente por criminal... sino D . pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza.. Juan.] envainó» la espada en el ofensor.. A las muy injustas. naturalmente.] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte. sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33. pues le basta al desdichado la pena del suplicio.] entiendo que no son buenos dichos [. Juan y Caballero». tan razonables. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos. tan típica de su sociedad. con perversa ironía. de «hábito en el pecho». benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente..]. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos.... que son arpías de nosotras. al verlo. . R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800). Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras. al creerlo gitano.. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido. Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero. cuyos frutos. su matanza del soldado. com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra.] por ahí he oído decir [. claro está. y. y tendrá dineros. más precian pelamos y desollarnos a nosotras [. las pobres gitanas [. jamás. que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores. N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento. cabe recordar otro con sejo de D ...rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805). se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [.]. pobre. etc.1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784).. dejándolo muerto (800). corruptas autoridades payas... El com portam iento deí alcalde. 3 . nos tienen por pobres» (784)34. como a toda su familia. todos atribuyen a ésta. corregido­ res. probablemente m uy representativo. que morirá de hambre [. «sín blanca»: «Coheche vuesa merced. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [. mientras antes. representadas a menudo sin duda por alcaldes.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”. sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416). del ilusionado caballero. Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D. jamás. jueces..

. por ejemplo. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo.. según ella lo intuye agudamente. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione. a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna. el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. ¿se debe a su carácter honesto.. que yo se lo daré después» (780). preocupación hipócrita con las apariencias de honor. nota 27.]. 209. un caso excepcional de integridad? Su pobreza. patético y cómico a la vez—. ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva. un real a Preciosa. como. y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro». que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). esto sí. Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle. más bien. señor teniente [. . 36 Véase nuestro estudio.. y sacudido y rascado muchas veces [.]» —auténtico acto teatral. en que. Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga. ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781). cuando. En este momento..para pretender otros cargos» (781). él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35. inco­ rruptible o. dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos. no quiero dar nada ahora a Preciosa». p. y que. de capacidad disimuladora del Teniente. doña Clara. ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego. cuando menos. o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. después de haberla «es­ pulgado. como a menudo se concluye.]» (777).. que lo atrajo por ser él tan «curioso». «por no ir contra su gravedad». en realidad. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino.

. Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo. spiritual p o v erty . 38 Forcione: «Penuriousness..] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». Véase nuestro estudio sobre esta obra. con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780).] . parasitariamente. p. a costa del criado. a n d unfulfilled virgin ity. de vida estancada. Poco antes. ¡Delicadamente patética. imágenes. otras la miraban. dénmelos que yo iré por él en volandas». La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara. [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía. advertencias de posibles peligros y percances. a la vez. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor. yerma. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa».. 198). Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780).. la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. all presided over by a bea rd ed old squire [. gracia y humor de cuño popular. spinsterhood. Detalles graciosos. a menudo.. Por sentir en sí “encendidos” de nuevo. cómicos. que cené anoche. cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban. todos esos deseos reprimidos. prom e­ tiendo devolvérselo. Signifi­ cativamente. que le prestase «un real de a cuatro». riqueza.. por un mo­ mento breve. la vida solterona. «en viniendo mi marido».tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo. éstas la bendecían. vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y. todo dicho con expresio­ nes.. todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta. incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española. doña Clara pidió al señor Contre­ ras.. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. su escudero.. fortuna.]. estilizado. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas».] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80). El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís. pero. aquéllas la alababan [. consejos “prudentes” para el futuro. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38. aventura. todas presididas por un viejo escudero bar­ budo».

sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. y m uy lindo» (786). cumplida su tarea.].. quizás inconsciente. El Te­ niente «es juguetón. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente. oirás [. quien.]. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -. ¿Q ueréislo ver.a lo que predice: «No llores. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía. lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho. pues las íntimas quedan siempre cuestionables—.. Juan.. no llores.] Llegaos a él enhorabuena.]. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. de hecho. lo que era dar sustos y martelos.. com o lo han observado varios críticos. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [.]. Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o. Véase nuestro estudio. todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39. En suma. sin ser ense­ ñada.]» (785)40. niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [. más tarde.] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia». Juan se desmaya de celos. sin vacilar.. y lo que vais a decir. Sin embargo. . 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”. contesta: «H ijo. brava como leona de Oran [. La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana.. que se quedó abajo para informarse de los criados [. tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. [. paloma sin hiel [. ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D . Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa. la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer. hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D . que os ama tan de burlas Andrés [.. sino la grande. Sin embargo. Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas.pondiente: «Hermosita. señora mía. acaba». Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?». y decidle algunas pala­ bras al oído [. Claro está. y ia vieja. después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa.. sube también. que las escucha. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa.].. señora. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787)... que ésas no son alabanza del paje.. Juan. no penséis. Preciosa...... etcétera (780).. entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena. D .. y veréis cuál os le ponen!» (787). en particular con un paje-poeta pobre. nota 37.] ¡N o. por quien ésta expresa aprecio..]. doncella. hermosita [.

. Trata. por alguna autorizada fuente. También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias». graciosamente. respectivamente. virtud.por lo cual doña Clara «anda algo celosita».. honor. pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán. su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad. atizándole sus deseos y sueños íntimos.]». ¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara. «cuando doncella». Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente. rubíes y perlas [. revelando su total insustanciabilidad. acuñada. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos. pero aunque sólo rozán­ dolo leve. cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle.. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance. y «como los .. con toda probabilidad. La casa del Teniente. aromas de Arabia [.. «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón».] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora. «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo. el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes». A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses». desagradable existencia halagándole la vanidad. y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7). / principalmente de espaldas. pues. se desmorona por completo.]. ¿Es de auténtica tristeza su lloro. su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad. de maravillosos seres celestiales... diamantes de las Indias [. / que suelen ser peligrosas / en las principales damas». lealtad. que como «sol [. probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco».. cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos. Por cierto.. engalanados en «ricas telas de Milán [.. amor. también del pueblo que desde las aceras. pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos». de modo muy llamativo. como una casa de naipes. alige­ rarle la monótona... su vacía preten­ sión.]. la «quiso uno de una buena cara».]. Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara..

/ ¡Qué de designios que corta!. á costa de toda la nación. exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas. Ya se han mencionado los muchos. pero sobre las mesas de juego. que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). defraudadas por com­ pleto—. haciéndo­ les olvidar. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre. / que. pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción. Declaraciones.] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!». . desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica. al menos por un rato. “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos.. trazas. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto. se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!. / para arrimo de la Igle­ sia»!. humano Atlante. estaba de continuo “encorvado”. cada día. corruptos cortesanos de Felipe III.. que dejaba a sus fa­ voritos. no naturales. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra.ojos se lleva [el espectáculo].). por ello. de hecho. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. ilícitos. indignado en las “maquinaciones”. etc. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos. / se lleva las almas todas». negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. Desinteresado de la política. nota 27. todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana. para promover sus ambiciones y gratificar su codicia. más explotada y empo­ brecida. deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. / [. Felipe III. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). pero por su acento urgente.

al ver pasar a la reina con su «perla». prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. probablemente. a la reina. / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores.. 42 Véase también Forcione. «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». a menudo. según se ha visto. pp. críanse con ladrones. Laffranque. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. 44 Lerner. 208-215. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. todos sus contemporáneos. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables. prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela.¡de la baraja!. La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. que no se quitan sino con la muerte» (774). pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43. inaccesible. no es lícito atribuirle. de modo aún más desfavorable. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». nacen de padres ladrones. . Sin embargo. tales intentos resultan inefica­ ces. salen con ser ladrones corrientes y.m o­ lientes a todo ruedo. De hecho. a quienes re­ trata. en general. ¡“re­ m oto”!. por ello. finalmente. Cervan­ tes veía a los gitanos. A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u . en el sentido natural. tan fértil para las “maquinaciones” 42. asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes. por lo cual permanecía. y. y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez.. contiene su entusiasmo. biológico. En definitiva. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». nótese. Como. estudian para ladrones.

¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto.. al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad. Caro Baroja. están los gitanos tan orgullosos de ser. «el gran gitano»46. maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes». pues. dice la gitana vieja. sociales. Así. imparcial!. contem-^ pía más bien impasible. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. Siendo estos males propios de todas las clases sociales. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”. Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. nacen de padres la­ drones [. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya. los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. Y «la costumbre vuélvese vicio» (D.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789). sociales. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas. de que la gitana carece por completo.]». a los «padres ladrones». que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [.toda la sociedad contemporánea.. en H om enaje a J. se refieren alas circunstancias sociales. “águilas” en sus trampas. paya y gitana indistintamente. 46 Véase nuestro estudio. la corrupción. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila. “respetable”. ni ninguna otra ave de rapiña. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero». mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. . económicas.. «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783).. ellos también. 1978. el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. pero fácil es adivinar una de ellas. familiares del nacimiento y de la educación del gitano. nota 27. como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. “normal”. por ejemplo. económicas de la so­ ciedad paya. Quijote). be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones. de estas actitudes gitanas45.

Repetidas veces. ninguna «lerda» (779). en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776). por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos. puesto que hermosísima. que.]. en nombre de su supuesta superioridad racial.. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios. cuando revela su robo de la niña. . pese a toda su reclamada agudeza. cultural y moral. los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales. y después califica: «privilegio de la hermosura».. privativas de ningún grupo social o racial.. y otros elogios semejantes. Por otra parte. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual. Al admirar el modo de ser. Cervantes mues­ tra con igual claridad.]» (851).. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual. que presupone en sus lectores. al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. según el lector viene com prendiéndolo poco a poco. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son. las can­ ciones. pues.].. se insiste en la individualidad irreductible de cada persona.ción moral frente a este mundo. en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47. aunque gitana. Preciosa. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha. en fin era gitana». no se ve a sí misma. a los gitanos. inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). de ma­ nera asimismo tendenciosa.. [.. se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [. que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal.] Caballero es Andrés [.. Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos». cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno.. haré que estos llantos se conviertan en risa» (801). los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio».] aunque a mí me cueste la vida [. por ignorancia y cierta inge­ nuidad. C er­ vantes exclama: «¡[. los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad. y a ser su lacayo. (800)— con que la sociedad paya juzga y trata. «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793). Como el hermanito de Lazarillo de Tormes. que..

Juan.] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779). discreción y orientación moral. Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos. en el sentido social. agudizado de continuo por su vida gitanesca. Preciosa es una joven extraordinaria. pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles. Bélica es siem­ pre. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. Por otra parte. excepcional.. Tiene inteligencia innata. Por fin. elegidas con determinada decisión personal. En efecto. varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso.. pero no “inverosímil”. 120). por sus extraordinarias virtudes. «La gitanilla y la poética de Cervantes». entre gitanos y payos. El reconocim iento del linaje de Preciosa es. sería siem­ pre “princesa”. Este último aspecto parece el más problemático. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D . com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. nota 27. de m odo im ­ portante. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes. el polo opuesto de Preciosa. sería siempre "gitana”. en algún momento de su vida. pero ¿no tiene que decidir toda persona. Preciosa. sentido común. p. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [. un recurso necesario. por sus ruines cualidades personales. entre el Bien y el Mal. en todas sus cualidades y actitudes personales. Bé­ lica. Gitana o princesa. y sin embargo. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. magnífica persona. apagada. no importa en qué clase social le tocase vivir48. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. por más formidables que sean49. sin duda. protagonista de Pedro de Urdemalas. como piensan tantos lectores. a veces por completo contradictorias. Juan. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804). Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D . «Preciosa's choice has already .

ni todas las inclemencias del cielo. no también been m ade according to her w ill» (W oodward. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo. «La gitanilla».). pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid. esen­ cialmente. cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores. a ciertos resortes y móviles interiores. aunque. acomodada sociedad. de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares. p. A lo largo de La gitanilla se muestra. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones». que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial. Quijote. a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos.. Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50. creador de la novela corta espa­ ñola. en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. en que el cura insiste. quienes la abandonaron recién nacida («[. ni los aires.] D .} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». Siendo en «extremo cortés y bien razonada». contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. Cervantes.midables. de muchos modos. como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta. al espíritu del in­ dividuo. Cervantes coincidiría de seguro con D. fundamentalmente. . que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos. atribuibles a su sangre noble. N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son. es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775). En efecto. 450). p. mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). sobre todo.. «Ni los soles. quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. 50 G onzález de Am ezúa y M ayo. sino. claro está. [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural. 25. Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables. verosímil de la tez rubia. «en la virtud». implícitos y explícitos. 1292). de m odos diversos en las obras cervantinas. resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. pues.

puede realizar sus magníficos. La genuina nobleza. que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. útil. bueno. entre otros ejemplos. tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. necesariamente. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que. jMuy rara nobleza!. esa recompensa inefable. nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. 1292). mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. por tan rara. por causa de su origen hu­ milde (aunque. sin paradoja. aunque no le conozca. generoso Pedro de Urdemalas. que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. . Y el tan extraordinariam ente discreto. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella. nota 27. sino también y sobre todo para afirmar. tan quijotesca.. Penosas injusticias.]. pensando en su propia vida. le hace decir esto a su loco caballero. Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. industrioso. pobre y humildemente nacida. pero a la misma vez sugiere. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. Es palpable la ironía con que Cervantes. siempre «sería milagro».. discreto. Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D. modesto. Juan) y no por sus virtudes. posiblemente de padres nobles). dice Cervantes. Tal modo de vida procede. inteligente. típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. honesto. exigente. siempre deseoso de mejora. en cambio. bien conocidas también en la sociedad alta. en esta expli­ cación de D. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. con gran ironía.en la confianza. deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y. “divina”.

habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención. Juan proceden. se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. quizás más que por cual­ quier otra razón. 53 Es necesario recordar. caballeresca y. glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla». también el más apropiado.. con la pastoril52. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes. A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. En efecto. Pierce. 290-1 . entre otros. senti­ mental. guardadlo cuidadosa. según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. libre de toda superficial.] con las que son imperiales». mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53. exaltado himno al espíritu humano. y por esto.. pp. que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina. A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. en particular. R od rígu ez-L u is. es su valor intrínseco. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. pp. ridicula pretensión de superioridad social.la sublime «alteza» (775). implora el cura —en nombre del autor. señor compadre». a veces. La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. 13-14). picaresca. con mucha más razón. 126-7. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. com o a veces se hace. Destacan la relación esporádica con lo pastoril. propone algo y no concluye nada». se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. sin duda—. Sólo con esta condición. . Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla. Cervantes no se propone sencillamente imitar. pues el único. pp. Claro está. «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance». aunque muy arduo criterio.

1615). En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55. / con las ansias de la muerte». Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia».54. endémico conflicto en los libros pastoriles. Se realizaría esto como ya en otras obras suyas. en ambas Partes del Quijote (1605. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope. entre el mundo bucólico clásico y el moderno.. el perdón de los lectores. con que. en La casa de los celos. en El rufián viudo. con toda probabilidad. en El coloquio de los perros. etc. repetidas veces. clásico representante de la no­ vela pastoril española. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. 55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador. que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D. la Segunda Parte de La Galatea. «que Cervan­ tes promete» (1054). referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles.] me diese el Cielo vida!» (1528). esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico. burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril.. . D e­ claró específicamente. se concebía. 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas. etc. al menos en algunos de sus proyectados aspectos. por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte. a nuestro juicio. pero quizás se nos esté revelando. en La gitanilla. La Segunda Parte de La Galatea no se realizó. ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto. Persiles y la novela bizantina. Quijote y la li­ teratura caballeresca. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte.cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. es decir. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico. todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [.

en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. en consideración de todas las implicaciones personales. D ama A. idealizados cortesanos. pero nunca tan sim étricos com o. 1001) se pasan la vida en sentimentales. los resuelven de manera “eficiente”. materialistas. en que se sitúan los enamorados pastores literarios. Los problemas amorosos. económicas. quienes en «amenos prados verdes. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. también Pre­ ciosa y D. personajes ficticios y lectores. conceptuosas conversacio­ nes. B ama C. aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. ociosos cortesanos.burgués de las novelle italianas. Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. C ama D. sutiles. mítica. en muías y asnos robados. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional. Sus preocupaciones son prácticas. sociales de su relación. que van por los caminos polvorientos. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. arroyos claros. venales. genialmente metamorfoseados. disfrazados de pastores de mansas ovejitas. por ejemplo. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. sagrados montes. El disfraz de D. espaciosas selvas. de pueblo en pueblo. que también los afligen a veces. esos cultos. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. éste de G il Polo: A ama B. los de La gitanilla. a diferencia de la insularidad absoluta. delicados. la fuente pastoril literaria de que surgen. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales. . Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase. Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. por la sobrevivencia. radicalmente final. hermosos jardines. de todos modos. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad.

particularmente el “alto”. esos pasto­ res literarios. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida. como. Los míticos gigantes. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. acusadas de “ninfas”. 1001). a su vez. se contrapone la vieja gitana. "refinado”. ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. supuestamente. que no lo es menos. poco antes aparente­ mente irresoluble. «desamoradas ninfas» (a menudo. Se trata. con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. animadora. de los sucesos. tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. de muchas. lógicos. predeterminadas. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. formulares. de que nadie puede extraerse. \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes. tan discreta. manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. como en las novelas pastoriles. tan experimentada en la vida. cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. que. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones.cia de que todo el mundo. refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales. y no. En La gitanilla. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. lleva siempre el disfraz. hechos de crucial relevancia en las . en suma.

.. insoportables calores y fríos.. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades.. en contraste con cualquier novela pastoril anterior.. [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego. y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789). esencial. nieves. Se ha observado. pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje. es.] y adornándole de ramos y juncia.. El escenario. sorprendente. interrupciones forzadas. Reduce. encinas.consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. incó­ modos. sonriente. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos. naturales. peligrosos. pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados. pese a todas las pretensiones neoplatónicas. sauces umbrosos.. las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta. del alma humana. continua. Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud. que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58. en suma.. Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento. es decir. 288. que no sólo sirve de apro­ piado fondo.. generosa.. nada benévolos.] . sin empalagos irrelevan­ tes. dinámica.. naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas. convencional desde la bucólica literatura clásica. por completo indiferente al hombre. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual.. con gran acierto. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. de amenos prados verdes. abundante. y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D . sino sólo por sus propias leyes atmosféricas. com o por ejemplo las ceremonias. por desgracia. Sin embargo. rayos. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance». claro está). rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas. Con su agudo instinto narrativo. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo. amenazadores. 58 Pierce. La naturaleza. fluida. complicaciones innecesarias. p. serena. aguaceros. ante todo.. mirtos. hielos. de una naturaleza idílica. claras aguas cristalinas. haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles».. Juan: «[. co­ rrientes.

diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros. pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). O rígenes de la novela. Juan. el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos. Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. pasajeros. de manera no­ tablemente sobria. .] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal. romances] [. hacen su acto de presencia y. so­ bre todo. y les venden sus obras» (775). cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. para cualquier ocasión. poetisa de impro^ viso. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas. D e hecho.. Andrés. Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D. 293. aparentemente. en el desm ayo de D . O bras complejas. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo.. infaliblemente. Este hecho hasta ha inducido a sospechar. 60 M enéndez Pelayo. en la vida cotidiana. y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. muy comprensible­ mente. p.. su propia noción del genuino amor y de la buena. y no faltó poeta que se los diese. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos. sin ningún sentimentalismo enfermizo. Por ejemplo. vol. tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. como todos esos pastores literarios. subordinándolas a la conducta con que.dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. honesta relación conyugal (790).. Juan por celos. Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos. Preciosa no es automá­ ticamente. 1001). 1000).. La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo. coplas. Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. zarabandas. seguidillas. después de lo cual le explica. de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. sufrir el tormento de toca. 14. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras. allí la pastora. p.

] gaitas. «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso.. muy significativa­ mente. y que ella sencillamente repite. a toda costa y con cualquier pretexto. anticipables como los «mirtos. Clemente (nótese. Todas las canciones en La gitanilla surgen. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla. 62 M ontem ayor. o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61. sino de demostrarse digno de Preciosa. rabeles. p. o». D. Paródicamente. El coloquio de los perros. y juraba por la laguna Estigia» (791). com o me prom etió a m í cierto poeta. que también proporciona a Preciosa. sauces» 62. La Diana. chirumbelas». pues. sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. pero que no son tan convencionales. no: «Lísardo. etc. . o a la de alguna mata. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. Cervantes. quien también «se picaba un poco» de poeta. Riselo». creador de la novela corta española. de la si­ tuación. IX. Juan y el paje-poeta. ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. 1001). zampoñas.: 1000).. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [. de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. al menos tanto como lo es el paje-poeta. El paje-poeta es au­ tor de poemas. Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. naturalmente. El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol. Juan. Lauro. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. 1001). advierte: «no sé si de improviso. cuando más. «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. olivos.. Jacinto. No sólo no se imponen a los oyentes. Cervantes. también en este aspecto. 25). o de algún ribazo o peña. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D.de inmediato a sus enamorados. este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril.

como por magia. donaire. sino que. a ello! Andad.. logran hacemos participar a todos. hija. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances. ¡al lector también!.. tampoco puede faltar el verso mayor. Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787).. en la de Gi! P olo. españolizar cuanto más el libro pasto ril63. imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas. que pretendía situarse en esa tradición literaria. pues crean. ingenuas o equi­ vocadas). «perlas [. rítmicos. y pisad el polvito atán menudito!. imperfectos.. Cervantes quiere nacionalizar. no hay duda. «flores [.] a cuantos la escuchan».. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad. al son de su panderete. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [.. drama.tación como en el caso del soneto (787). pues cons­ tituye una de sus características fundamentales. ¡Torna a cantar!» (776-7). no sólo dejan «admirados [.] que derrama con las manos» (787). Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico.. En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas. En el Quijote.. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana. Éste.] que despide de la boca». Estas melodiosas canciones. la novela pastoril se caracte­ riza... pese a su incuestio­ nable atractivo poético.] en redondo». Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances. Sin embargo. a menudo.] casi todos los ver­ sos mayores» (1053). ninguno. y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla. pero.. amores. de prodigiosos efectos coloristas. H ay algunos endecasílabos cojos. fundamentalmente. pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa. . llenos de color. de temas maravillosos. legendarios y actuales. musicales. zonas estáticas. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. ritmos alegres. por su combinación de prosa y poesía.. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos.. Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [. redondi­ llas y otros versos populares. música. movimiento variado. claro está. de dura acentuación. largos. romancillos. en la magnífica fiesta: «A ello.

y. prosa siempre armónica. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. Quijote. precisamente. complejas ironías. intuitiva. con frecuencia. en sus va­ riaciones. sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. armoniosa. sencilla. L ópez-E strada. elegante prosa de Montemayor. fervoroso pálpito vital. es­ pontánea del enamorado!. esencial. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). sin disonancia* exquisitamente lírica. artificioso. su sabor arcaico. a la pos­ tre. actual de las gracias de Preciosa. dramática de la narración. «j. rítmica.» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. frío. por el contexto temático y sítuacional. música. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. ix -cill.. lírica. matizada muy imaginativamente. erudito.. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica. monótonos diálogos amorosos. incisiva. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho. que son libros de entendimiento. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico. sin embargo. le habrían parecido. pero.. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. aunque sólo mencionado. (Esta. Ferreres.. penetrante. precisa. vivida. G il Polo . equilibrada.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa. bailadora. fluida. Particularmente esos solemnes. sin perjuicio de tercero.yicos —según lo percibió. creadora eficaz. ¡supuestamente expresión. ejemplar novela pastoril. parlamentos alternados. se convierte en una representación movida.. pomposos. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64. A la vez. XI-XLVIL . dinámica. ya Federico García Lorca—. determinada. y el de R. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. individualizante. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa.]. D ian a enam orada . pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. rígidos. espontánea.. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. ¡naturalmente!. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\. a la vez. cantante. 1053).» (D. poé­ tica.

en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66. pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana.. b? Ibid. 66 Ibid. también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. Preciosa es hermosa. en particular. se trataba de declaraciones esporá­ dicas. pp. gritos interminentes de protesta del autor mismo. Evidentemente. l x x i x . Quijote. mucho más importante. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes. citado en nota 5. de representación hu­ mana universal. El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”. y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. 170-1. Percibim os una actitud semejante en Encina. Cervantes destruye las artificiosas. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802). es decir. míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. impensables en 65 La D iana. única en su tiempo. ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778). Sin embargo. Sin embargo. .Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. crea una obra extraordinaria. con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. esos diálogos pastoriles. diría­ mos. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». 10. . su ejemplaridad. y> por la invención literaria con que lo expresa. «Prólogo». Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación. en cuanto a la belleza de su pensamiento. la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. Desde esta perspectiva. Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. 1001). de significado mucho más radical. 1053). que no podem os estudiar aquí. en La Diana de M ontem ayor65. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar».

es libre. de «muchos» libros pastoriles. por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque. sino al que [hace] el dar un cayado con otro [. conversando siempre de amor. al encuentro de otros pastores y pas­ toras. rabeles o gaitas. que. personalmente. determinada de vivirías ella también.Diana)68. insaciable lectora. sonoras y admirables.. con que encauza prudente y noblemente su vida. Los amores y el matrimonio con D. y nació libre. y no con voces delicadas. cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69.]. aplicables a toda la obra cervantiva.. Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles. de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate).. de faltar todos los demás resortes humanos. «Prólogo». se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia». «no encaminados a un piadoso fin»70). lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. . que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. y esto no al son de chirumbelas. Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. sentados en troncos de árboles. su dignidad: «¡mi alma. Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. ¡en voz alta!. discreta. propio y ajeno. «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—. sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada .. 70 Ferreres. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias. Juanita . todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. su discreción. xxm . y otras cosas semejantes. deseosa. de la dignidad humana. sino un cata al lobo do va. y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa.

Pastores de pasmosa vulgaridad. que parecen anunciar la parodia eventual.. sino que gritan o gruñen».. todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea. discreta. pues representa. su vuelta a la realidad. 1000-1).. solos o juntos parece. de haberla Cervantes completado72.. de recreación y actualización del arte literario pastoril. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”. un in­ tento. no que cantan. . en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita. (El coloquio de los perros. sobre todo. sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas».con voces roncas. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas. Pablos o Llorentes.. que. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas. escépticas. Domingos. magníficamente realizado. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones. su con­ fesión del terrible error. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar.

Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. tratado en tonos muy diversos. de pura fantasía. detalles episódicos y expresivos. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm.EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit. 36-38). Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia. D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca.2. o im posible.1 5 6 8 . se inspira a veces en las propias experiencias del autor. Ambas son fragmentarias. de manera inequívoca. Il. suponem os que éste debió de leerla allí. Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales.C. cuán difícil.1 5 7 8 . muchos incidentes. vol. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. 1598. aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados. y hasta. al revelarse.1600. el frecuente tema del cautiverio. de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel. pp. creador de la n ovela corta española. por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte. el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'. su fuente lite­ raria inspiradora. La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. para su concep­ ción ideológica del problema. novelista griego o bizantino del siglo III d. pp. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano. la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó . en parte. Véase también Zamora Vicente. 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad. Éste. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. ante todo. «U n sueño romántico de Cervantes». inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. D os años más tarde apareció una traducción italiana. en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ». 1608). basada enteramente en la latina. 43-49). se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. según están sugeridos.1 5 6 3 .

y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal. hasta en su teatro 3.. Leucipe y C litofonte (trad. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. traductor de Leucipe y C lítofonte ». «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto.La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. 1917. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. objetos de arte. así com o una bibliografía selecta. explanation afterw ards is his device to . Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. Esta novela se tradujo. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. C er­ vantes. que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa. encuentros inespera­ dos. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. In trodu zion e al Persiles. plantas. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. R om ero. «Action first. ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes. N ú ­ ñez de R einoso. etc. Madrid. con un claro propósito experi­ mental. D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. Por esta razón. separaciones. C er­ vantes M usterrom an Persiles. D iego Agreda y Vargas). (Véase nuestro estudio «A. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. Symposium. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. «Leucipe y C litofonte en el Persiles ». Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. La publicó en Venecia en 1552. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1. según la traducción de C occio. Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. 166-175. que algún personaje ha visto durante su aventura. robos. pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio. amigo de Lope de Vega». anagnorisis. Stegman. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. etc. El au­ tor presenta un hecho. de un m odo general. lleno de aventuras extraordinarias. naufragios. pp. natural de la ciudad de Efeso. sino. animales. verano de 1967. un novelista olvidado.

A veces. Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal. porque es. ficción dentro de la ficción. lo había oíd o de D . ésta se interrumpe. go o d or had. Éste lo ha oído de C. quien. Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. hasta el final. por la simple elusion del defecto. además de la acción contemporánea del relato. en que se atan todos los hilos. realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd.]!». C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. Novelas Ejemplares. [«Antes la acción y después la explicación. con frecuencia.. Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística. varios personajes narran fragmentos de la misma historia. según se evi­ dencia. Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». a la vez. y C. 192). [(.de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [. 770).] .. th at is really characteristic o f the G reek novel . Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). en particular.. leve. una sistemática emulación y. ejem­ plar. El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. Cada nuevo personaje narra su vida. a su vez. en el originalísimo Persiles y Segismundo.) no hay rasgo bueno o malo.». es su recurso para mantener el interés». El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. 9). Λ Zimic. de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada. por diferentes m otivos. dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. nunca mordaz. aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito. en efecto. Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco. El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro. parodia de ese género literario4.. de éste para la naciente novela corta española.] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo».. p. ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest». que también se narran por partes. Some Ancient N ovels.

y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. en realidad. che per amore infiniti affanni. el «amante liberal». como lo intuye también M ahamut. Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. particularmente en las obras de Cervantes (237-260). com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. «por quien [sus] ojos han derramado. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. su propio de­ rrumbamiento interior. por causa de Leonisa. que «saliendo de los términos de Sicilia. pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. y de otras muchas partes». e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. pero no su actualización en la literatura moderna. su «miserable estado». se extendió por todos los de Italia. 110). universal. Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. a la «fama» de Ricardo. en la conclusión de la novela. Historia de amor. En su nueva novela bizantina. El Saffar. como lo es Leucipe y Clitofonte. quien lo ha convidado a un lugar ameno. Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. sino por la referencia. . pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»]. N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». ¡tan románticamente!. derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento». «del tutto dilettevole. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas.turcos. p. porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. 810). pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano. inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose.

modos de pensar. pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). pero. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. o. iniciadas in medias res 7. y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar.. con la promesa de efectuarlo otra vez. quien. entre otras cosas. com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa». que «requiere más tiempo. creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. Se destacan así. Leonisa. por con­ sideraciones de verosimilitud. consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. en cambio. etc. p. claro está. . a menudo. reacciones emotivas. otra razón y coyuntura y otra lengua» (829).. a veces complementando las de los otros. en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). Mahamut) narra sus propias experiencias. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos. y que así llegó también a él. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. apelando. «A tu buena consideración dejo. más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista.. a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. Otra significativa diferencia inicial. reserván­ dose el oficio de apuntador». ¡oh Mahamut amigo!.que tuvo en Leonisa». Cervantes (831). estados de ánimo. en cuanto a su exactitud y finura. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813). decidió novelizarla. durante la continua transmisión oral. quizás. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. sugeridos sólo como probables. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación. gradualmente. 41). como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [. a su vez. etcétera. a veces.]. evitando por completo la necesidad del análisis anímico. cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. por muy importantes en esta no­ vela. Por razones de verosimilitud.

pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar.. al pie de la letra. narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. 1345).. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído. pero con ciertos reparos importantes. con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia. según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente. no importa a quien. un portugués cantando un nostálgico soneto y. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote. Por tan repentina muerte. e per esso Amore. y por ese amor que me complazcas»]. después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [. sin ningún pulso propio.. pp.novela de Aquiles Tacio.. toda novela bizantina.». en definitiva. De tales encuentros. dimmi che hai tu patito? [. «dando un gran suspiro. a menudo mucho más accidentados y fugaces. según su propia declaración (Persiles. se le salió el alma. y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549.) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T. di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven. que es. (. 1552). En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes.. 114-5. Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato.] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8. que.. se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”. de índole estética y ética.] .) te pido por Júpiter. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. en plena mar..] ti prego per Gioue. en el momento mismo en que acaba su relato. dime ¿qué has padecido? (. [«H e­ liodoro ya no necesita a C. y N .. poco después. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. 1656). Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos. Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes. «se ha excusado este ca8 W olff. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction.

debían de ser casos tan desesperados como peregrinos».. que no los tenéis. La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. dice Ricardo a Leonisa.] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [. Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados.ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche. comenta un personaje. que aun de animales no es habitada» (Persiles. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823). no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois. auténtica interacción humana. suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. según parece. implora Mahamut a Ricardo (808). «en pago de esto que por ti hago». Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. achacable a una concepción artística superficial. todo el pueblo de Trápana. como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles. ni por pensamiento» (Persiles. se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» . te suplico me digas». que no nos importa. sin duda. en realidad. ni cómo estáis en este lugar tan solo. los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar.].. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552).. 1567). ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. que no apures los pensamientos ajenos. pero en los ajenos. desprovista de una convin­ cente. atenta a lo más externo. Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. para desviaros desta isla tan sola. 1569).. y tan sin remos. al fin. expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio. lo que se llora. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante. se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte.

su compatriota y amigo de la niñez (808). La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío. . Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá.. Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo. sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. mi amo. sin querer saber el cómo ni el dónde. Con evidente diversión íntima. y así. le preguntaron el precio que por ella quería» (817). cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción. Leonisa. los ciudadanos de Trapana. Leonisa es su amada.. etc. necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo. “ Dramatic retardation” . de inmediato. además. quien es.que Ricardo quiere decirles (829). al afán de oír cuen­ tos. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut. between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809). característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. incondicionalmente. con que se consigue que «the story [. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). precarios límites temporales? Muy significativamente.] comes out in driblets. Sin embargo. por ejemplo. ¿No implica qui­ zás toda situación. Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. de curiosear. etc.

[«Retardación dramática (. p. que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa.] y con esto se despidió de él» (818). como el mismo Ricardo. ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. 121. Teniendo en cuenta dicho propósito paródico. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable.) sorprendente (que P.). Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo.. se parodia en el Persi­ les. pp. algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia.. por la que el lector siente también gran curiosidad.) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos. de interrumpirla continuamente.. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction . El lector se impacienta».portions concerning other interests». Esta práctica de retardar la narración. [«(. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense». un encuentro con ella. sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad. por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles. que producen así un efecto por completo contrario al deseado. El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». según lo comentan.. a menudo.. pero «queriendo pasar adelante. es decir. entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. consiguiendo así el autor que deseemos. the reader grows impatient fo r the event» 10.] .. a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (... aumentando así el interés del lector. Esta infor­ mación. censurán­ dolo..] 1 1 Riley. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. «Todos se alegraron oyendo esto. que ni podía estar atento para escucharle». 197. 1615. con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel. 192-3.. pero también. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u . 1623). injustificados. (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también..

por fin. advierte 12 W olff.] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. a la vez. consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [. ni aun los casamientos de los pescadores.) característico de la novela griega com o género. además.] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares. for the insertion o f every kind o f irrelevancy. .. is one of the most striking faults o f the whole genre». quando ha de ser sucinta.]. pues. The main story o f the Aethiopica. pp. 167-8.] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 .. The irrelevancy is [.) Lo irrelevante es (. o Periandro!» (1615).. for fully half its course. in its wide meshes. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809). del mismo narrador.. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room. y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya. y no dilatada» (1613). contrapuntística. sin duda. in particular. relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos. En nombre de Cervantes mismo. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (. Lo percibió sagazmente Cervantes. de manera muy significativa. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas. ψ. regateada por los turcos13. 195-6. y.. destacando. [«U n exceso en la descripción en particular. Hay... es uno de los defectos más llamativos de todo el género. AO).. y sin relación con el asunto principal. acrecentando la expectativa del lector y. Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias... de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá». con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo. a pedido de Ricardo. La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece. su «alma en almoneda». pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [.. sin posible «remedio» ni «alivio» (809). is degraded to the level o f a frametale [.. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen.]. 1609).zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description. no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles.

. «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid. zoología. siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio.] pasa adelante» (810). 15 W olff.. el cielo: «me senté en el castillo de popa. zoology.] 16 Rohde.. 516). aun de asuntos banales: «irrelevant geography. con ojos atento. [«(. 1611). inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa.. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos.) geo­ grafía. and other non sensous digresive matter» 1 5 . Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). Periandro menciona. y.Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. travieso y aprensivo: «Apostaré [. por ejem plo. Homeric discussions.. 176. En la de Aquiles Tacio. Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [.] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera. pp. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. por muy sucinta que parezca. incidentalmente.. y Mauricio re­ acciona de inmediato.. die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16. me puse a mirar el cielo».. von weitldufigen Reden und Monologen [. ihre verschiedenen Arten. crítica literaria. hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820). Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras. 511-3. corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas. particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her.. discusiones homéricas y otra materia digresiva». D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer. su “profundidad” y “sutileza”. ihre Aeusserungen. p. es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809). ihr Wesen. que está cercano a la marina en el camino de las salinas». [«Su novela es un ver­ . Sin em­ bargo. The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste.] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken. lite­ rary criticism. Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal. p.

1584). estoico de Cervantes. I. p. 90-1). Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” . por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles. por su parte. con que «el autor».. por eso.]» (§15). según noso­ tros. R odríguez-L uis. p. 20... Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 . y Cer­ vantes. que llegaron a humedecer el suelo. su esencia. y otros.. vol. insinúa el perspicaz Mauricio. etc.] detener las lágrimas que como suele decirse. Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes. 42.. pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor. «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826). Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es.] todo un capítulo del libro» (Persiles. y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. lo cual también desagradó al temperamento viril. Acompañóle en ellas Mahamut [. sus manifestaciones. incorrecto. explica que ha quitado «por prolija.] gasta casi [.). . quien. y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras». Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas. 1609. 1 8 Apraiz. hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia.]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte.. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo.. quien «sabía más de enamorado que de historiador [... de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a».novelística bizantina. 1576). Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje.. 1584). Ricardo «no pudo [. sus diferentes tipos. pp. de prolijos discursos y m onólo­ gos (.

No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas..cribe esas líneas. que no se pueda medir con razón al­ guna». 192. pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809). p. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. pp.. y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles. en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [. que.] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas. determinó de proseguirla. En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida.) ex­ tensión excesiva». los temores [. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva. las que son largas. Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere». se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!».]. y las aves [. «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática... «Paréceme». Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos. «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática. antiguos o contemporá­ neos. 367-8.. El peregrino en su patria. porque las más veces. fuera de los peces. por no 1 9 Lope de Vega. consciente o inconscientemente.] . He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope. suelen ser desabridas» (Persiles. A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [. 1601).. comenta el autor mismo. «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela. 1625).]. 20 W olff. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores. que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas. 19?.. 1608). Barcelona. los pensamientos que tuve y pasé.. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9. E l peregrino en su patria. abreviándola.] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles. «disproportionate length» 20. [«(. y Sinforosa de ver a Periandro. 1613). aunque sean de impor­ tancia. Juventud. con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas..

Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. una crítica social. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [. en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. punto por punto». Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í. 2 1 Además de relacionarse con la trama central. etc. a la vez. Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa. a veces.]» (814). Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra. con el maestro A quiles T acio. con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. pues. y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829). 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824). con el resto de las características. como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte.. Otras veces. evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores. pero. a veces.. 33-6).22.ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura.. reincorporar “la descripción de las costum bres”. un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio. la descripción de las costum ­ bres turcas constituye. de no caer en la. por no ser tan prolijo» (814). La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central.]. .. Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz. basta decirte que fueron tantas y tales [. por ejemplo. aunque de considera­ ble interés en sí. pp. Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza. con toda proba­ bilidad. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes. 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. G onzález de Am ezúa y M ayo. es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal. hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824). la conversación que tuvo con Leonisa (820). con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que. casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental. le relata a Ricardo «todo. A zorín y otros). La declaración de Ricardo representa. que tam poco ahora se satisface sólo c o n . se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut.

. Sin embargo. [(. decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil. la más hermosa [. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria. Ricardo. Persiles. quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (.). «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [. de una exageración impropia o hipó­ crita. digo creíble por­ que es tal. la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (. patria.. la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía».. el protagonista. and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages». y en particular en el Persiles.].]. Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación. deben de ser ángeles humanados» (Persiles.. Cervantes es el mayor transgresor..).. p. «exists in contem­ porary fiction. abolengo. otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J. etc. sin em ­ bargo. 700. words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24. 1518).. «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto».superidealizada. etc..) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela».. existe en la literatura contemporánea (... pero que «Cervantes is the greatest offender. muy significativamente. «si no son Persiles y Sigxsmunda. 1596. que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan».. que a veces. «estas alabanzas... en las obras cervantinas. Ciertamente. and after making his heroine divine .. una donzellita de una hermosura incomparable y divina». dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. hiperbólica.Así como en toda novela bizantina.) este manerismo (.. tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810).] que había en toda Sicilia [. 1583). Se ha obser­ vado que «this mannerism [... «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» . 1711)..] .]. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (. hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana»...). hace su presentación: nombre.). mujer de quien está enamorado. que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea.

no matar»25.].. por ven­ tura. por ejemplo. una maravillosa y concertada armonía.. Por Dios.] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces.] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo. o al pedir a Auristela: «hermana. sus labios. 1698).. perlas.]. su opinión acerca de ellos queda muy clara. su garganta.. Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. como en los tiempos pasados. como.. que mata en la misma hora que mira [.]».. «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [...diosa Venus. ΒΛΕ. Clareo y Florisea. porque tanta luz ciega. N ú ñ ez de R einoso.. .. vuelve a esta ciudad [. no sé quién sea ésa. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas.] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar.. con que lo cubra. 443. sus ojos dos resplandecientes soles. 1624). porque ansí puede ver. se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles. y que los necios idolatren?» (Persiles.. pur­ púreas rosas.] si no es Leonisa.. En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así. rubíes. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [. alabastro [. III. y no nos deja ver por dónde caminamos. Considerando que las metáforas con que se describe 25 A .]. que ésta sola tenía la forma que dices» (810). 1859. y pasaron adelante» (Persiles. 1693). p. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor.. que los discretos se admiren. Hízolo así Auristela. y sus mejillas. y siendo por ventura vista. que los tiernos se deshagan. o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido». cúbrase el rostro con algún velo. Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [. Madrid. siempre al menos implícita. sus dientes. ¿es posible [. ¿Quiere. Mahamut contesta presuroso: «En verdad [. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales.. o que no me oyes. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen. sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso..

Leonisa no quiere a Ricardo. y aun quizás de más provecho» (820) 26. en suma.la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. porque existen obstáculos formidables. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector. parezcas gentil [. Ricardo. convencional. en efecto. no más. y él contestó que. que determina todo el desarrollo de la acción. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte. lo «desdeña y aborrece». pero.. etc. no vio jamás una semejante. porque los padres se oponen a su amor. grande. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. 15). p. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. grité: ¿te refieres a Leucipe?»]. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa. che trattone fuori Diana. Nótese por el momento también el reproche de Mahamut. Saltando de alegría. si ella así lo deseara. p. por intención expresa del autor. detente. que dejando de parecer cristiano. pero éstos no se opondrían a Ricardo. non ne uidde mai una simile. porque hay un rival poderoso. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. Sin embargo. . el más formidable de todos. por una razón u otra. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto.. 97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. 4) . A questo io saltando d ’allegrezza gridai. Ya este cambio inicial.]. La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella. se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. a su unión. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. exceptuando a Diana.. con el consentimiento de sus codiciosos padres. et egli rispóse. con todo. exteriores.

concepto y un significado nuevo. et caduto spargeua gran copia di sangue. huyeron»]. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas.. ex­ terno. y todos embistieron a la joven. Sin embargo. habiendo metido a L. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. et tutti corsero adosso la fanciulla. amoroso alguno para escaparse de casa. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico. con espadas desnudas. «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). hay otra razón. non lo uolsi comportare. culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- . a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal. como «un loco furioso». et caddi. aunque de modo in­ directo. en un bar­ quito. a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo. porque en El amante liberal. a Leonisa «le tomó un recio desmayo». más trascenden­ tal para ello. que­ dando así a merced de los piratas. esti hauendo messa la giouane in una harchetta. La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él. no intencionado. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. et uno di loro mi feri in una coscia. Io. muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina. con le spade ignude. corro a mettermi in mezo delle spade. muchos y grandes. El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti. aquéllos. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra.mando mucha sangre. quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe. de no haber acometido Ricardo. nueva novela bizan­ tina.

pero también un desesperado deseo de expiación... diciéndole [... su celosal rival. pero de modo muy sucinto. y así yo abandonaré esta miserable vida»]. 91) [«(·. lo defiende con hábiles[ argumentos . no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere. Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito. pero en vano.. 815) 21.) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (. «dijo Mahamut: ... essendo Vun delTaltro innamorati [. para ser conde­ nado a muerte y. que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte .]»... hemos mandado matar a L...] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare.. su íntimo amigo. pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares. 90-115). p..) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M.. alcance con brevedad lo que deseo. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que. añadiendo dolor a dolor y pena a pena. 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas. Clinias. a la vez. estando enamorados. siendo aborrecido de él y de ellos. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita. mas él las atajó. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [. puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido..] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [. Cuando Clítofonte se acusa.par ación. en que Clítofonte. que es acabar la vida» (808. frente al tribunal.] delibero di confessar Vadulterio .. claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo. et dir che io et Melitte. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815). Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal.. De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte.] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [.. 89). también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [. [... decide confesarse cómplice de ésta. para que..]. haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente.] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [... .

. la qual serbo in ñaue. pero Ricardo.) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?». Al reaparecer Leonisa. quien se salva con Yzuf. está conven­ cido de que su amada pereció (815).. comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”. con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”. mi attristaua [. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada.] le taglió la testa. y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma. En una ocasión. pues lo reintroduce en su obra. gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven.. diciendo que era Leonisa [. con las manos atadas detrás. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. El Cadí ofrece a su propia esposa. pues con Clitofonte se salva. me maravillaba... «mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro. de que él mismo ha sido tes­ tigo. . tampoco muere Leonisa. flotando en «una parte della prora» (35). Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana. pero Ricardo. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí.. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825)... incrédulo. y uno de ellos (. que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla. persiguiendo Clitofonte a los piratas. Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112). flotando en unos «barriles» (823).] que se había muerto. raptadores de Leucipe. claro está.. echando el resto del cuerpo al mar»]. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio. «sería bueno comprar otra esclava. A Cervantes le interesó este incidente. su amo.] mi hai posto in si gran bene. habiendo visto estrellarse la galeota. mi marauigliaua. me entristecía (. que guardó en el barco.) pa­ lidecía.] Al preguntar. su amo moro.. et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (. y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta».Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas. et uno di loro [.. Con buen gusto.) le cortó la cabeza. tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua.. non credeua. éstos. y que una noche echarían la com­ prada a la mar. no creía.

69..) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?». artificioso e inverosímil. 70).]. con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa. Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que. no la sobresaltes. Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas.] En cada caso C litofonte . dijo Sátiro. los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron. antes de llegar a las últimas páginas. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818). ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y.]. y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (... a fin de cuen­ tas.) estamos aquí solos en el medio de las redes».cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe. en la novela griega. non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [.. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91). disse Sátiro. ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”. no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto. tan irresistible para su curio­ sidad... en realidad. [«(.. et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi. no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían. Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte.. [«Ten esta cosa secreta. a Leucipe le ocurren varias “muertes”.] noi semo qui soli nel mezzo delle reti». pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique.. que resulta hirientemente obvio. porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado». pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta. no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa. con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823).. y los temores que le so­ bresaltaron [.]. Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [. si. Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa.] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [.. el amigo le dice que «ella stessa [. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia.... Esta explicación.] quando sará tempo opportuno.

por mejor decir. étrangers à la v ie réelle ou ordinarie». Contra cualquier clase de sensacionalismo. como en los cambios señalados ante­ riormente y. turbó el juicio del autor de esta historia.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban». ¡Todo se acabó! Pero. Apenas ve a Leucipe.. por medio de un incisivo humor paró­ dico. Sin embargo. a veces de manera casi imperceptible. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo.. ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». porque Sosthene. sino a misterio [. Les romans grecs. en fin se resolvió di­ ciendo que. 68). en suma. así como dudando qué fin en él toma­ ría». por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S. ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal.. «por extraordinario caso».. ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. En Ricardo. fundamentalmente. Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave. bizarres. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés.queda entristecido. estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares. Por lo tanto. lo que «no se ha de tener a milagro. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor.] casos que acontecen raras veces» (Persiles. como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla. cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. acuciante recriminación interior.] . por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. ajenos a la vida real o cotidiana». claro está. Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios. criado de ésta. el 28 Chassang. después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios. en cuyas manos cayó. como en el Persiles. XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt. 1576-7). tan frecuente en las novelas bizantinas. pero. otras veces. extraños. respectivamente. En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[. y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él.

todas las ter­ cerías de Sosthene. Tersandro la insulta: «Tu [.] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87).. a favor de su amo. en realidad.] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones.... 78. pero consigue quedarse con ella el Cadí.. los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). sino.»]. pero.. pues estaba en su poder» (821). Para realizar este de­ seo. [«¿Tu (.]. «usaría él de la fuerza. y a Ricardo.) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?». pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [. marido de Melita.] che era mosso de hu­ mana compassione.. muy naturalmente. parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba.) rico (. estas cosas no me importan»]. parte per dimostrare [. se apasiona de ella. pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas). Con la . en parte para demostrar (.] sei vergine? O audacia degna di risa [.) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L.. Quijotey 1061).) virgen? ¡Audacia digna de risa! (.. N o es que se dude de la virtud de estas doncellas.«lascivo» Tersandro. por lo cual determina «de deshacerse de [ella]». su cautivo y compatriota de Leonisa.. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla. con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas. 84). el Cadí pide a Mahamut... de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos.. vendiéndola a al­ gún bajá. pero en vano. [«aunque sea él bello (.. para poder gozarla él mismo (817). di coteste cose non mi curo»)... su criado (^Sosthene). quien «da en solicitarla descaradamente». 80.] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [.. Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que. se apasiona locamente de ella: «lagrimaua. que en todos ello no durmió un día debajo de tejado. rico [. sin embargo. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él. Y. también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf.. al cabo de ochenta años.. y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte.) benigno. benigno.. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D.. De no poder alcanzarla por este modo. el capitán pirata que la raptó.. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla.].

et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta.ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. pero sin destruir. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista.. por consideraciones de técnica narrativa. que es la genuina virtud. sino. porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física.]. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal. Sentido y forma. y no sólo habla. que mientras más se acrisola. queda con más pureza y más limpio» (824). pues.. en el sentido más naturalista. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que. ne tagliata dal ferro.. para una conclusión feliz del re­ lato. pero. . ne abbrusciata da fuoco.]. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—. Después de una aventura peligrosa. «como rayo de oro». He aquí. ante todo. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. 90. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. la espiritual y sublime. al salir incólume de cada aventura. et questa io non las- 29 Casalduero. ¡toda mujer!. con ello. N o es. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo. mientras que la heroína. anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. de las N o vela s ejemplares. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. la voluntad libre con que todo individuo. obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824). la reaparición del héroe es comentario en sí. 30 Ibid. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. la quale non puo esser battuta da i flagelli. p. y en la literatura del Siglo de O ro. pues.. et sola..

creemos. Y al más escéptico. desnuda. Melita. The G reek Rom ances o f H eliodoru s . Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular. p. diferente de todas éstas es la de Leandra.. según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. Liberty!» 31. promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. pues coinciden con su pensamiento fundamental. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida. la cual no puede ser azotada por los látigos. lisonjea. exaltador del libre albedrío. que revela. también el que los amos de Leonisa. . con su acostumbrada travesura. L angus a n d Achilles Tatius. y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». Teniendo esto en cuenta. se explica. mujer. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego.·. algo paradójicamente. Quijote. El pensam iento de C ervantes . que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. rica. tengo sólo el escudo de la libertad. esencialmente. 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre.) yo. 87) [«(. 1605).ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte. 32 Véase Castro. tanto más radiante en las prisio­ nes. que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons. aunque en el nivel más material. Quijote. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. caps. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . 1263). 474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. del amor libremente correspondido32. y ésta yo no la rendiré jamás»]. prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. Implora. TV. Libertad¡»]. cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo. Estas magníficas pa­ labras. quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. pues. Por ejemplo. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. pudiendo usar fuerza.. poderosa.) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad. sola. ill. parecida. I. Cervantes le amo­ nesta.

310).) te ruego. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [.. A me par di amare una statua» [«(. o altra materia insensible. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte... de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. pues. in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro. aprovechándose astutamente de esta situación. leño u otra materia insensible. 68.. lo cual resulta cada vez más di­ fícil. resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro. fiel al recuerdo de la desaparecida amada. Los amantes. 72. Así. a quien. que. en lo que tú puedes.. Cli­ tofonte. 144). o legno.. Sin embargo. Leucipe promete servirle o. más bien. durante la ausencia del marido.] ben ti prego che in cose che tu puoi. 67... por su pa­ sión. que.... con toda clase de pre­ textos ingeniosos. con lo que tu salvarás mi vida. 1599). [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»]. percioche tu conserverai la mia vita . en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras .) (T.] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico.) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio.. desesperada. pues Melita no deja de intuirlo. ne di far alcuna di quelle cose. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel. lo re­ produjo en casi todos sus detalles. complá­ ceme»]. me parece amar a una estatua»]. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía.) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro. che gia vien mancando» [«(. finge querer servirle de medianera a Melita.. según se ha dicho. recurre por fin a Leucipe.) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (. 74. Ésta. a su tentadora. Fammi adunque copia di te stesso» [«(. tomando en cuenta sus obras conjuntamente. che ho usata verso di te [.. Clitofonte trata de evitar. mi facci una gratia [. 75).. che possano muover gli nomini ad amare».] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo. me hagas un favor (...) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel.. A pesar de estar por completo a la merced de Melita.) se ha ido a visitar a un amigo.ciato ne di dir. que ya me está faltando»].

con cierta indulgencia compasiva. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. sin duda. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. pero esta . Aceptada esta sugerencia. todos los creyera» (825). Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». ambos vueltos al cristianismo. U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias. no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. p. como. de evitar la repetición. que. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve. 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. en ocasiones. con facilidad dio lugar a un mal deseo». que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección».' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. que el Cadí se apasiona de Leonisa. Esta acti­ tud.anteriores. despre­ ciativa y. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. (N o v e l to Romance. por ejemplo. con el propósito. la lujuria. 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio. al abrazar Leonisa al Cadí. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. Sin duda. Halima desea sexualmente a Ricardo. incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». aunque a diferencia de Melita. «quien tanto la quería». por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34. entre otras. que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). porque ella es bella y joven. muy significativamente. por ejemplo. ¿por qué no te vas con él?» (68). Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal. después de suplicarle éste —y todos los cristianos.

Sin embargo. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. 29). que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. Por otra parte. 23. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. la condena de su inverosim ilitud es inválida. de no percibirse su propósito. habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. . la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. amo pirata de Ricardo. Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. con plena libertad de volunta­ des. pp. del modo más metódico. a Fatala. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol. 824). Chassang. aunque. le advierte a Ricardo. Respecto a esta batalla. que varios críticos llaman “triunfal”. «le dio un dolor del costado tal. Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. que. por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas. 36 La persecución de una nave por otras. en una conveniente batalla naval (826-8). que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. E n o p in ió n de m uchos críticos. hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». por causa de la doncella robada. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. siempre arbitraria. claro está. Les romances grecs. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»].A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis.

y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos». este corredor y salteador [. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. ante todo. El pensam iento de C ervantes. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador. y los vivos malheridos. «possesses active courage o f a theatrical.] 38 Castro. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes.. p.. Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín. ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho. [«T.. con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810). y sabe a qué atenerse» 38. Durante la batalla. ni de más altos pensa­ mientos. espectacular de continuo apela a C. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff. 95.muertos. 1586). 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos. este esgrimidor.) frente a m uchos espectadores». «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada. 1623). p. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa. que sin defensa estaba» (827-8). Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles. O tro oyente. and wishes that she may hear o f his fortitude [.. 150. de mejor condición que la mía. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente. p o ­ see valentía de un tipo teatral. rindiendo después «la galeota de Alí. En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas. pero cierta­ mente no heroica.]?» (Persiles. .] continually calls upon Chariclea. deseando que ella oyese de su fuerza (. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen. en otra oca­ sión.. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39.] before nume­ rous spectators»37.. spectacular sort [. quizás discreta. con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos». por ejemplo...

. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113).) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». por error. su boda y la de Mahamut y H alima. con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. et p ru­ dente.) se mostraba honesto y amabilí­ simo. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto. y Callisthenes (99-115). las «luminarias [. a servirla desinteresadamente. si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras). nos dice Cervantes. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín. “pura”. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo...]. a todas luces. juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe.. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande. rapta a Calligone.. Es oportuno detenernos en este personaje que. La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana. Al volver a la patria y devolver a Calligone.. [«(.. sugirió a Cervantes. con su boda y las fiestas y banquetes en su honor. más que el mismo Clitofonte. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe. Callisthenes decide raptarla. benigno. a su padre. con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte. que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (... et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [. de quien pronto se enamora perdidamente.. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: . pero. con «ad­ miración y contento» de todos.] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes... el verdadero. Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla.] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo.) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (. después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad.] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [.las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil.

. sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [. y. hasta en situaciones muy cruciales. o a lo menos desde que tuve uso de la razón. en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate. un poco más. etc.ma quel che ho fatto poi. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114). todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados». «no movió los labios en provecho» de ella. Ricardo le lanza indignados. al negociarse el res­ cate con los piratas. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín.] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone.. y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [. 812. de voz meliflua y de amorosas palabras. Tersandro. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio».. atildado.. (811. finalmente. etc. cruel. hom bre de meras palabras. de blandas manos y rizos cabe­ llos. indolente. egoísta. más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase». coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. afeminado.) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello.). al comienzo. es su total incomprensión del verdadero amor. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa.]. Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años. Leonisa favorecía. ocioso. Sin embargo.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. en cambio. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio.. 829. cobarde. inca­ paz de acción.. no sólo la amé [a Leonisa]. suaves. llégate. abandonando a Leonisa desmayada.. El problema fundamental de Ricardo.] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40. pero éste no es en modo alguno una mera copia. ¡oh enemiga mortal de mi descanso!. a C or­ nelio. al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada. [. en realidad. soberbia. en aquél. Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo. [«(.. . è stato per elettione et per giudicio». «mancebo galán. no muy desarrollada o ca­ rente. «comienza a tem blar de miedo». Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. al encontrar al repatriado Ricardo.

obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [.. cuando ella. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios. cuando se encuentran en el cautiverio. pues. ni poder. favorece Leonisa. soberbia y mal considerada don­ cella [.. ¡«pagando mi voluntad»! (810). mercaderes. presunción de Ricardo. toda la obra: todos esos piratas. a tan despreciable individuo.se estructura. Éstos. Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo. por ventura.. . que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—.] que este mozo [.. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres».. en efecto. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste. Ricardo los ofrecía siempre anticipando.]?». intere­ sados en tener un yerno rico. le dice.que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte. ¿piensas. pues. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél. de buen gusto. (810-11)4'. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830). el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna.]. etc.. con total independen­ cia. arrogancia. sus padres favorecen a Ricardo. joven discreta. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso. «siempre fui mía» (830).]. etc. Sin embargo. con el especí­ fico.. acabe con ella la vida [. sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso. pp. Aspereza. H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [. «pone los ojos» en Cornelio. nótese. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio.. presumías de ti algo más de lo que debías» (824). De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . como la cosa más natural. como afirma con orgullo y convicción. según todas las apariencias.. 5-33. de sóli­ dos valores morales y sociales. En efecto. ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada.] ha de querer.. ¿Por qué.

Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo. Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. pero. siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». pero en sus entrañas percibe.obra. pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. entre su amo moro y Leonisa. aunque con ello arriesgue su propia libertad. que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. se afanan en comprar. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. lujuriosa (816-7).por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. el amor de Leo­ nisa. «aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). aunque sólo fingidamente. ante todo. la ine­ quívoca expresión del genuino amor. y al fingirse enamorado de Halima. de esos mercaderes del favor amoroso. de un modo u otro. una correspondencia sentimental. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual. como mercancía cotizable. también por primera vez. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos. quizás para siempre. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. empezando con el intento inicial del rescate. ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual. por sugerencia de . debiendo separarse de ella. esencialmente. en que Leonisa. él no se distingue. cargada de «gruesas perlas». por primera vez. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. encontrando en ellos. en rea­ lidad. En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa. ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812). que es. Ricardo pierde a Leonisa. Al tere ear.

al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada. 824). Por todo esto.] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [. Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es. hasta a riesgo del mayor sacrificio. sólo lo es cuando es librem ente correspondido. sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal. Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [. contra su propia voluntad. sino que la une amorosa y armónicamente a la de él. a la vez. Ricardo. Todo el desarrollo de la acción. en realidad. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada. 823). das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben».]». que del mismo modo se une a la de ella. renunciando a ella. sin obligación. en presencia de «su felicidad y contento». no le entrega su voluntad.. y. y ella. a pesar de la impresión tan contraria que le causó. su «llano proceder». purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que. Por esto. precisamente. sometiéndola a la de él.. Leo­ nisa es suya [.. Al contestarle Leonisa: «Tuya soy. nótese («¿es.... y tuya seré hasta la muerte» (830). Ricardo. sin exceptuar la gra­ titud. tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos.. reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824).Leonisa. la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?». imposición o condición alguna. le advierte Leonisa. de . la conducta de Ricardo era presuntuosa. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas. «llana» y «humilde». sacri­ ficándola. con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor.. en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon.. De hecho. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587). que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [. el que por elección. impulsiva. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte».]. en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo.. por ventura. según a ve­ ces se concluye. durante el cauti­ verio.]. el más precioso don humano. indiscreta.]! [.

p. pp. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional. p. Gil Polo. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor. 4. la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles.). . como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. Ale­ mán. La profunda influencia de las novelas bizantinas. A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y. 45 Shepard. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica . 1980. sobre todo. 214. Sin embargo.. niemals das der Beherrschung » 42. A diferencia de otros autores contemporáneos. D ié K u n st des L iebens. 31. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro.. 167. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . Frankfurt-Berlín. 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (. Philosophia A n tigu a Poética. U llstein .nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit. pero no de­ cisivo. nunca del dom inio»]. N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [. Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro».] de su complicada trama. 255. Calderón. novelistas cortesanos. «H eliodoro y las novelas españolas». El amor es criatura de la libertad. en la dulzura del cuadro. particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio.. en todo caso. sin excluir a Pin­ ciano. p. Lope. con frecuencia ameno y variado. indicados (no exhaustivamente) en este estudio.] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43... 44 L ópez Pinciano. an­ terior a la Philosophia Antigua Poética.Martín Gabriel.. en la suspensión del ánimo en el relato. la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria. etc. Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616). en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [. la cual. novela intensamente influida por la de Heliodoro 45.

Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor. 26 [«Se puede inferir. reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina.a place much more important than they give to character»47. p. and rightly. cuya eficacia depende de su utilización moderada. that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . inteligente. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador. Som e A ncien t N ovels. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario.artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. 137. discreta. Importa casi sólo la acción rápida. El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. diversa. en suma la aventura exterior: «It may be inferred. al fin su personalidad. no aparece significativamente afectada por ellas. abusivo. constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. en su ingeniosa. Sin importar la fecha de su creación. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. The G reek. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. articulado en el Persiles. con algunas excep­ ciones. ennoblecedora exploración de la condición humana y también. p. sabia técnica narrativa. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior. justam ente. casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. in­ sensible. de forma muy importante. . no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. 240). T odd. dinámica. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. en suma. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. inevitablemente recordaría al del Q uijote. 47 W olff. en su iluminadora. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. sensacionalista. Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina.

que se caracterizan por «el tiem po de aventura». Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. también la convierte en instrumento ingenioso. asimismo. p. . Cervantes la utiliza. aunque no por com pleto satisfactorio. También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. de la gradual reve­ lación interior. de novela de aventuras. pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. Sin embargo. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. pues. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. p. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman. Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. En este proceso tan excepcional. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!». La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. 89). precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones. del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». de novela bizantina. ante todo. lo que en ella se representa. sino más bien. moral se complementan y funden armoniosamente. para un relato interesante de la acción novelística. con nom enclatura errónea. 30). pertinente y útil. pero.nica narrativa bizantina. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico. 241). pp. eficaz. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. exterior. 78. nuevo. a la vez. I. pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. de la anagno­ risis. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. a la vez emulado y superado por él.

pp.]. VII. para destacar. pp. que no lo es en absoluto. 2 D unn. . 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo. El pensam iento de C ervantes . que sólo «roza motivos picarescos». 1. epi­ sodios.. H ainsw orth. semejanzas.]» (Evangelio según San Mateo. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. 8. que es «una novela de picaros. que sólo lo es en parte. 314-342. Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”. Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca. Casalduero. 18. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf. que representa «una picaresca diversa [. 43-47. entre otros. N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . p. nuevas funciones del préstam o2. p. Y.. 2). 230-9. «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». La novela picaresca española. 88 ss. «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo»...]. Blanco Aguinaga.R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. El Saffar. 45. Valbuena Prat. Estudios de literatura espa­ ñola. pp. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. C er­ vantes creador de la novela corta española. pp. G onzález de A m ezúa y M ayo. Pérez M inik. N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. 30-40. la más famosa novela picaresca3. cua­ dro de género picaresco». Castro. La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. detalles técnicos. con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios. E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. Casalduero. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria. pp. entre m u­ chos otros. diferencias. Varela. en cada caso.. pp. 109-131. il. «Estudio preliminar». pp. 43-46. personajes. pp. Sin 1 Apraiz. 41.. «Sobre el realismo cervantino en Rinconete».... Zamora Vicente. p. en efecto. en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [. 31. 97-8. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca». pp. 436-441. e t c .] que supera una visión unilateral [. pp.

embargo. quienes. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia. 32-36). de su representa­ ción de la experiencia picaresca. en su rápida narra­ ción». pode­ roso de Guzmán de Alfarache. en parénte­ sis. indiferentes. huían de casa por varías razones —padres o amos crueles. sin duda alguna. Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. tras la cita. de «mozuelos caminantes» (299). a menudo. 298)6. indicando la página. de casa de su padre».. despeñándose tras el gusto presente. 42. véa­ se Parker. ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace. como el mismo Guzmán. Rinconete y Cortadillo «representa. su genial formulación artística. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo. el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. en lectores desprevenidos. ineptos («va huyendo de su amo. todos estos estudios comparativos. 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A . pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. lo que prueba su inmediata gran popularidad. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra.. de hecho. estrecheces económicas—. «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. . pp. pero. Los picaros en la literatura. sin respetar ni mirar el daño venidero» (254. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577. 258). apa­ rentemente común en la España de aquella época. La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. sobre todo. en parte. Quijote respecto a los libros de caballerías4. Vaibuena Prat. 9 ss. L a novela picaresca española. 5 Vaibuena Prat. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. en que a menudo se hacen valiosas sugerencias. en definitiva. lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. L a novela picaresca española. con algunas obser­ vaciones penetradoras. in­ quietudes íntimas y. con varias ediciones en los años siguientes. En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. «Estudio preliminar».]. La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599. p. por el estímulo inmediato. pp. de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. sino de advertencia crítica. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [.

nos dice Cervantes. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. pues volcando el 6. aunque pudo escribirse ya en 1599. Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9. de encuentros sorprendentes. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. la fecha 1569 sería ideal. lógica. En el ma­ nuscrito Porras. la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica.. especí­ ficamente. llenos. sin entendimiento ni gobierno» (271). aventuras excitantes. . Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». a diferencia de Avendaño. por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica. 1248). que aquesta confesión general que hago. 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona.. ciudades. o poco después. para que me imites a mí: antes para que. a este modelo literario. 1605 (cap. sucesos inusuales. sabidas. Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple.personajes cervantinos. si quieres oírlo. corrijas las tuyas en ti» (391). cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569». XLVll. a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. a cada paso. no es. aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. pero. 301). este alarde público que de mis cosas te represento. a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos». esta «buena vida picaresca».] hallé» (271. según ya se ha suge­ rido. en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. países extranjeros y caminos siempre diferentes. año de la publicación de G u zm án de Alfarache.

sin las molestas preocupaciones. 34). «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance.. por el acaso» (Blanco Aguinaga. como D.. entre otras cosas. el primer padre fue alevoso [. para emular las de los libros de caballerías.. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres.. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo. vol. pues. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas. desde que se encuentran.] se van a dejar llevar. Sin embargo. peligrosas y. A diferencia de D.] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia. “romerías”... para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [. Sevilla. p.. al menos por un rato. a veces pro­ bablemente m uy sinceros. pero.].y en la astucia. «En la venta del Molinillo [. quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas. a veces forzadas. N o ­ velas ejemplares. I. de moldear su vida. otras.) sirve. Andalucía..] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años. Rinconete y Cortadillo.. «los dos m uchachos [. que considera verdaderas. p.. otras.]. D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache.. enamorados de las novelescas aventuras picarescas. deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas. que es todo el que los rodea.]. «Introducción». [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (. 33).] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . Así. se hallaron [.. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco. 339). casi siempre. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón. Quijote.. el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [. Quijote. entre otras cosas..]» (308. «Cervantes y la picaresca». «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida.. sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [.. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”. como vamos de Castilla a la Andalucía [. el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0. este ¡«almíbar picaresco»! (301). que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. 338). imprevistas.. de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca». Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce. las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales. huyen de sus hogares.] serves». al azar..

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
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procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

sin al­ terarse ni mudarse en nada..] benardinas.......]. en su buen discípulo.] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado.]» (838). pero siempre salvándose de algún modo del aprieto... y sin turbarme.]. Sayavedra dice que «el pecado [.. Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos.. le dije [. en «jactancias en el hablar» (460). acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [. únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[. He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra.. U n a mano lava la otra y entrambas la cara [..] tener paciencia. ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos.. el sacristán le miraba de la misma manera [. si acaso por el aprieto se le caía [..] no debe de estar perdida [. A menudo utiliza refranes. es decir.. día de juicio hay [...] y así se iban corridos [.]».. lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 . antes con rostro alegre. particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos.]. “profesionales”.. que de menos nos hizo Dios [. sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [.....]. Cortadillo: «para todo hay remedio...“oficio”.] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S. con que «embe­ lesa» a sus víctimas.. refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [.. respondió: [.]» (458). tener paciencia.] esa bolsa [.. como sus cómplices. con media capa menos [.]...·.. que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día..]. Martín.] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461). etc. sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [..]. que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [. Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes... le co­ menzó a decir tantos disparates [... Cortado le marcó por suyo [. típico m odo expresivo de Sayavedra...] (457). En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo. etcétera (838). posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[.].].... que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [.. (459). y donde las dan las to ­ man». cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458)..] con extraño disimulo. ..] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses.. si no es para la m uerte [. Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo».

Poco antes de llegar a Sevilla. con la víctima tan desprevenida. excepto si no se presupone radicado en su ánimo. las «memorias» de Alemán. algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [. entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. con tan cuidadosa. «me­ dio amo» de Sayavedra. Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res. 126-7). Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». «medio amo [. a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí. en circunstancias tan oportunas. de algún modo. le exigió pago. pese a todo lo entretenido del engaño. que de se­ guro.··]». en su carácter. Prescindir de este lance. . esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño. ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán. tal com o en el Q uijote. con que consideran pro­ pio. D u n n advierte que. ¿no equivaldría. En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso. en cam­ bio. en efecto. quien. por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836). inesperado.. por «generosi­ dad». «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. en verdad. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». pues. el arriero. p. que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje. sino más bien en el programa picaresco.] parece m enos simpático y más de acuerdo.. uno de los caminantes. admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis. 174). es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. ya están contemplando20. por parte de Sayavedra-Lujan (385..de la camarada» (836). N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes .]. lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos». con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán. a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores. como si fuese convenido desde el principio (295). según recordarían. 20 Sin percibir la imitación que sugerimos. pues tan extremado cinismo resulta. pp. literario. D e acuerdo con nues­ tra tesis. En suma. 391).. al terminar el viaje.

explica Guzmán. bajo de copa y ancho de falda [. A todas luces. en que traen ropa “para rem udar”. Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz.. Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar. antiguas funciones.. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4). «Vestidos de mezcla» (324).].. que todo parecía hilachas» (834). Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne. pero engaña de ordinario». “mangas”. quien. que donde falta conocimiento el hábito califica. proveniencias. prácticas. ni de ser ha­ llado dellos». [al] otro [. festi­ vas. colores.].. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego.. que al hombre pobre ninguno le acomete. quien. los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas.«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido. encerada.] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto. “hatillos”. el otro.. Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924). for­ mas. con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”. rotos y maltrata­ dos» (834). una ca­ misa color de gamuza. un sombrero sin toquilla. se deshace de sus vestidos. y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. bien es verdad . como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo. Al salir de su casa.. Por esto. particularmente a los picaros “novatos”.: «Traía el uno m ontera verde de cazador. según se lo piden las cir­ cunstancias. auténtico camaleón en los vestidos. hijos de familias “honradas”. como podría decir con más razón que nunca Guzmán. para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas. un cuello [. observa Guzmán (324)..] en el seno se le parecía un gran bulto [. para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos. de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”. vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). sabe mudarlos con la mayor destreza. no teniendo «mucha gana de volver a los suyos.. y recogida toda en una manga. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa. etc...

y. que el mozo adopta para su vida picaresca. dio noticias de mi habilidad al corregidor. el cual. sin suelas. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834). Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835). suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí.. por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254.. coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria». inveterados. ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». siempre enigmática. por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez.. y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. buena o mala.]. Diego del Rincón. aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”. pero convencido de que «contento no existe en el mundo». 435)? A la “suerte”. Rincón y Cortado parecen espantajos. 320. inescrutable e imprevisible. desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo..que lo enmendaban los zapatos [.]. claro está] (323). por habérsela robado en una venta. obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834). 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835). asimismo como Rincón. aficionado a mis . al «destino». El nombre mismo. se queda «sin capa». de lo cual hay repetidas menciones en la obra. ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269). que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán. a la «fortuna» [. según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). que los tiene «arrinconados» (269. de manera que más le servían de cormas que de zapatos». sobre todo. se queja Cortado. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida».

en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. pp. no quiero tratar con personas tan graves.]» (836). 32-36. de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen. pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835). didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas. También la tendencia morali­ zante. que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. p..] como vuesa merced. el “me­ nor”.. en cuidado lo tenía. es aceptada por ambos mozos como natural. . acreditativa de su nueva vida pica­ resca. «señor». y. sino. 29-44). y Sayavedra: «me reconocía por amo». «señor gentilhombre». tam­ bién en esto. por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán. señor Rin­ cón. la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos. etc.buenas partes.] y serviremos a vuesas mercedes» (836). y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. por ser humilde. procuré de no verme con él. pp. Mas aunque no me lo mandaran. itinerarios: «Allá vamos [. suele consentir: «Sea así [. «señor mancebo». «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852). «se­ ñor caballero». Cortadillo y Berganza». en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm. que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5). esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra. «información de hidalguía» (323. Y Cortado. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre».). quisiera verme. casi siem­ pre.. que es el “mayor” de los dos. «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. en efecto. el “m ayor”. N o v e l to Rom ance.. En efecto. ha dicho [. y así salí de la ciudad» (835-6) 21.. de un remedo fiel de esa incongrua. «vuestra merced». Esta relación. Con «vuesa merced». 108). armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835). dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22. así habla Rincón. 324. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero.. que. 22 D e tenerse en cuenta. mas yo.

461. esa «vida estrecha». 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. en familias ricas o no.435.] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados. algunos personajes intuyen la pretensión. Ambos concluirían..). etc. . sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto. López Estrada observa: «los m ozuelos [. no importa si aldeana o urbana. De todos modos. Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”. sabiendo leerse los pensa­ mientos. p. que a la postre los empujase a escaparse de casa. hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo». T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. 453. pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836). pero utilizadas por los picaros. pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios. Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo.. diferente de la nuestra en su premisa inicial.. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836). Las palabras son “cortesanas”. 61). Sayavedra y otros picaros23. C om o señala también L ópez Estrada (ibid.. sino con la pretensión de ser auténticos picaros. para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38). Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). aburrida. E n su interesante "lectura” de la novela. en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas. quienes. uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse. cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello. es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321). ¡cuántas más mejor!. aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas. Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos.) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán.

. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos. está distanciada de la sociedad». y C. y C. comencémosla con santas y loables ceremonias. Since the m ask itself represent evasion:. pues. y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero. en realidad. económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal. Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise.. en sí. sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte.Entregándose. 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro . p. Y levantándose Diego Cortado. y no por adversas circunstan­ cias sociales. verdaderos amigos». [«A diferencia del verdadero picaro. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron.). que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. etc. Quizás todo sea muy sincero26. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [. ho w ever. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27. con el estribo [. 36). «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25. indistinguibles de las del modelo literario. no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción. Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia.. Ya que la máscara m isma representa la evasión. de éste hasta el último día de nuestra vida.] . Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . y Rincón a él. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). el robo al francés. pero esto. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas.] ha de ser perpetua.] [asegurando]. Todo lo contrario. pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255). en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. abrazó a Rincón. Rincón: «pienso que habernos de ser.. R. único fin de ambos. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. y de que son muy conscientes. R. tierna y estrechamente» (836).

sentir y. de hecho.]» (836). ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. Después de la treta con los naipes en la posada. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. dejando al arriero agraviado y enojado [. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que. con propósito y convicción ab­ solutamente serios..] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). «temoroso» de que los perdedores. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran. que les hacen imposible.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. asimismo como D on Quijote. Claro está. concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura. gracioso. por ejemplo. p. Q uijote. resultan inevitablemente cómicos. «Ver» ciudades. en la interpreta­ ción de Van D oren (D. unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. como es natural. es m uy posible que en ocasiones. pero. al reconocer su esencia. Guzmán. por ejem­ plo. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz. . «como necesitados». le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [. com o en el engaño al arriero. Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura. aunque qui­ zás las evoquen íntimamente. deciden repudiar la vida picaresca28. como. saltaron delante de las muías y se fueron con ellos.. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo». así. el pesimismo y el cinismo de éstos. 6 8 ). Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. Q u ix o te ’s Profession). quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás. y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. juguetón. sus intentos de asumir unos caracteres.tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos.. el gran concurso de gente del río» (836). a diferencia de éste. «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. Según ya se ha sugerido.. Ocurriría así com o con D . Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad. según la práctica picaresca (462). a los cuales todo su ínsito alegre.. Así. ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial. no cabe pensar en un propósito imitativo. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 ..

con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey».]. palacios.. G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos. para con ello ganar de comer» (321). los instrumentos.. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán. «en especial y primero su iglesia mayor»... Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella. [.. estatuas. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro.. informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél.]. «cuya vista les hizo suspirar. De todos modos. cómo había de compadecer [.. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río. obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. jardines. el «asturianillo». casas. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836). y de qué ganancia» (836). con óptimos resultados: «Dime tan buena maña.. Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma. bosques. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321). A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid..]. plazas.]. tan exaltados en Guzmán de Alfarache. las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación. ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. asimismo como Guzmán en situación análoga.. «toman bien de memoria [. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid. lastimar. les da sobre las prácticas.] toda la lección» que un mozuelo. . una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia.. los lugares. y si era de mucho trabajo. Sayavedra y otros picaros dromómanos y. quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban. visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos.. que no sabré decir» (432-8). de quien comencé a tomar liciones. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29. a menudo. y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836). ríos.. de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles. fue tanta mi alegría.rarse» de sus «cosas curiosas». fuentes.

entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456).] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras.] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30. y apar­ tóme a solas [.. .. Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos.. cómo me llamaba. Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [. y díjole que si quería servir.. Mu­ chas veces me lo dijo.. cuándo y a qué había venido». Por esto. examinó mi vida. quien «hacía confianza de mí.. Como esportillero.. sabiendo de dónde era. nuevo es en ella. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro.].]. así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles.]. a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse». como esportillero. 342). Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero. dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre]. contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [.. se encuentra con un soldado.]. y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda». según se viene viendo cada vez más cla­ ramente.] al cam ino a la ventura [. y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309). por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837).. de acompañarle». le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [. Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro]. 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo.. enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba..]... y quien «se contentó [.. quien «cargóle muy bien. sabe poquito y nos destruye [. esto es lo único que los dos buscan. a darse avisos.] de la buena gracia del mozo.parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad. ayudarse. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase. Destruyenos el arte [... éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma. Desta continuación y trato [.. diversión.] me cobró amistad. Guzmán encuentra a un «despensero». de lo cual se arrepiente mucho. que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837).. Evidentemente muy consciente de tal “error”. pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309).. “liber­ tad”!.. Y Rincón.

mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal. y beber. vaga... según se verá más adelante.] Pues yo se lo daré a entender. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes. pero sincera com­ prensión del mundo. como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9)... Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31. . ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [.. algunas funciones del “protopobre”. «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia». deformada. para los novatos.]. di­ recta.. pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [. indirectas referencias.] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve.advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores».]. a su vez.] las ordenanzas mendicativas» (342-3). que se describe sólo con unas breves. rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio..] ¿No lo en­ tienden? [. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839). la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día». pues.. Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?». quien empieza a examinarlos: «Díganme.. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste. requieren explicación. com o m odo ejemplar de vida. en que explica su extraña. con una cu­ charada de plata [.. o no? [. con pintorescas voces germanescas —que... Este mozo de la esportilla desempeña. para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada. dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio...]. y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla». Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo.. pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas. A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio».] por escrito [..

] es santa y buena [..tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [. «Sobre el realismo cervantino . 8 8 ). Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela.. Este Capitán no era como esas «palas [. La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio. pues... p.]. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io. que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”...]... atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes .]. la orden que tiene dada Monipodio [..]. Rinconete. ¿no es peor [..] nuestra lengua.].. pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839). N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [. nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia.. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [. dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [. su jefe.]. que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo.. según Sa­ yavedra.] ser solomico [sodomita]»? (839-40). Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre.... «que de suyo era curioso» (846). de la novela de Alemán. «su maestro. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32. jefe de la cofradía maleante napolitana.] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio].. A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial... dice: «vuesa merced alargue el paso. Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante. y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán...]. creador de la novela corta española. éramos de él amparados en cualquier peligro [. pero. que muero por verme con el señor Monipodio.. inexplicablem ente. vaga. tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33. Tendencia. De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [. provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [.]?» (346). «era [... al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías. y su amparo» (839).

m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461). hábil. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae. N u eva versión.. quienes.. H ablóle [. 34 C om entando este refrán de M onipodio. El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”.sacaba sólo «su quinto. p. 441). en otra versión.]. llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846). dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo.. dice Monipodio. sus derechos.. con que mantiene «buena cuenta [. quien. D e allí se fue al notario. es Micer Morcón.] en todo siempre» con sus cómplices (459).. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán.]. sin defraudarme [.. — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. . con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459).]. junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della». quien es tan «calificado. El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. según se desprende de las «ordenanzas». así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio.] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345).]. y su fi­ ciente» en ella. según le pertenecía [.. inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir. inspirado en la historia. El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo. Este símil. al dar la “bolsa” al alguacil corrupto.. reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio. pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [. donde asienta los préstamos y las deudas. según se verá. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina.. derivada de las dos antiguas. 414). «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar». y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839). reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p.. «de todo aquello que por su industria se hurtaba. —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459). con estas buenas palabras y su mejor favor. justo será que le dé una pechuga».. En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa». Cuando Guzmán llega a Roma. «generalí­ simo nuestro [. R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón..

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
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de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

. que dio a la Cariharta. que las venden y empeñan. H íz o se m uy bravo. cura con ella mi vida estando mala». acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. deshonradas. Así. Valbuena Prat. le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [. Gutierre.. Y ella desea mucho que él le pida perdón.. claro está.. dando por excusa que [.. con la pretina. sobre todo. en El teatro de Cervantes.sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. Desahogada la furia.. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». pero más se embravecía echando verbos. con el correspondiente comentario del autor.]. dejando tal decisión a él.. por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho».. 661).. quien acaba de matar a su primera esposa. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes...] que no lo puedo más encarecer» (846)53. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. afrenta­ das. etc. tiradas de unas partes en otras [. pero esto no es nada fácil. de­ jándola «por muerta». si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847).. pues hay que salvar. la Cariharta com­ prende. sujetas a los hombres malvados. 53 54 . después de «tantos azotes. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158).]. pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”. como toda “genuina hembra”. ed. honor. el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean. sin excusar ni recoger hierros». abofe­ tean. corridas. crueles. estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo». y levantó el brazo amagándole un bofetón [. la “dig­ nidad”. pues. La Cariharta se mantiene “ofendida”. Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios. que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54. L u­ jan: «el uno.]. diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. m ostró enfadarse [. En la última escena de El m é­ dico de su honra. A. en G u zm án de Alfarache de M. p. los dos quieren hacer la paz.]» (La n ovela picaresca española. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber.]. prometiendo castigar ai culpable. la “honra” de todas las partes. aunque referente también a otras relaciones de familia. que debía de ser el respecto. sino también com o evidencia de amor. entonces nos adoran» (163)55.. que «a lo que se quiere bien se castiga. Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda. “intransigente”. es refrán vigente en el m undo hispánico.

«¡Ea boba [.]. Monipodio la ayuda a detenerlo (847). no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido». Sin em ­ bargo. también jura com o yo». Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 . cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa». 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano.nina”. cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes»... Reto por reto.. atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche.]» (847).]: ¡Vuelve acá. mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. dice D . aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos. Es esta clase de posturas externas. no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847). y más cuando ven que se 56 Sayavedra es. a m enudo. pero en la realidad.].. Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros. con esa «sotomía de muerte». (El alcalde de Zalam ea. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”. quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta. caballeros [¡!]. pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [. El Repolido: «También tenemos acá pandero [. La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„.].]. la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar. Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos. jornada II. Y al fin. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). valentón del mundo y de mis ojos!». literalm ente.. Monipodio amonesta.. en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer».. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [. ladrón de «palomas duendas» (457). temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”. a su vez. jornada I.. que si se hubiera imaginado que se decían. sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza. radicada en la vanidad.. escena 5). ¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!. última escena. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare». amenaza el Repolido. amenaza. se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería. fanfarronas.. Lope de Crespo. . que ahora hasta habla de casamiento. y.

]. como en todo. Maniferro. también ellos han oído rimar y pue­ den rimar.. cla­ vijas ni cuerdas. 1...enojan los amigos». ¡Reconvención rimada. y tan sin necesidad de templarse» (848).. frecuentan las comedias. «un galán de esta ciudad. Sin embargo. la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [..] en el concurso de gente» (457)... ¡Diálogo encadenado. Los ignorantes “picaros” se harían así eco. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín». todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”. ni el otro gran músico [Anfrión] [. de una admiración de las innovaciones lopescas.. Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61. re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas.. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59. .]. una «escoba de palma». que se pica de ser un Hector en la música» (848). 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes. y pues todos somos amigos.> (4 1 7 ). un «plato» roto. Traducidas en clave pertinente.]. con variaciones de rima. Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo. por ejemplo. dense las manos los amigos.]. nunca inventaron mejor género de música [. revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor. hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música.. como en las comedias! También Chiquiznaque. tan sin trastes. con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [.] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [.. como también en otras partes. ya divulgada en toda la sociedad. ritmo.0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos... si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [. y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. ni el Marión [Arión].. Monipodio. más barata» jamás inventada «en el mundo». como todos los “cofrades”. su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas.

desenlaces de las comedias de honor. en todos sus aspectos esenciales. supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas. claro está. p. (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes).. Como en otras obras suyas. irrelevantes para expiar la ofensa64. A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz... Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta. M Véase nota 58. una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad. al sentido común y a la razón. por esto.] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos». irracional. por inmoral.]. es el gusto más» (1848).. que se re­ vela.. iróni­ cas implicaciones. música. A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les..les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”.. re­ gocijos. . 85063. también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. hay m uy penosas. y que Cervantes condena.]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ». En el m ism o fin “feliz”.. 62 L op e. pues «sería un gran cargo de conciencia». con frecuencia. técnicos del teatro contemporáneo.) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme. esto es evidente [. en efecto. estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral. canciones.. si el enojo es grande.. y que. de un m odo u otro.. decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!. dignos de emulación. brutales relaciones personales. P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente. y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente. “H onra” que era. cuando no trágicos conflictos humanos (631).. que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2.] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [.]. Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar. Su mirada aguda se concentra. con banquete. en efecto. solía causar super­ fluos. dilemas. basado en tan precarias. habla el autor por boca de su personaje [. cómicos. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”. a m enudo. sobre todo. 113)..

en suma. pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. sin ver comedia alguna. ( G u zm án de Alfarache .] de las costumbres» (Quijote. 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes. .. «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan. por ejemplo.. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837). «respetos» de aquéllas. etc. ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer.] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). Ciertamente.Muchas «comedias que ahora se usan». peculiares de los clientes. com o en todo. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. un «es­ pejo [. 351. pero no para que de ellas saliese «el oyente [.). D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. para divertir de cualquier modo al vulgo65. repelente al lector atento. de las más deplorables. enraizados prejuicios individuales y colectivos. mecánica. sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. reformadora... exaltándolos como heroicidades. ¿había de faltar. al sentido común y a la razón. con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega.. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. que se exige aun para las em­ pero. 1253) contemporáneas. Así. pues. 457). de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. a la virtud. de hecho.] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la. «respondió la Gananciosa» (843). que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare. asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social.. El “asturiano”. pero las “comedias” que los refle­ jan. «despoblando gallineros». evidentem ente. por rústico y torpe que sea» (ibid. eran. continuas. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54).sangre). C on este trasfondo. convirtiéndose en influencia negativa. Respecto al banquete. se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa. claro está— «Pues. diestro mío? [.

H ayes). . hueca práctica externa. 67 En la literatura erasmiana. hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598). más malos que ignorantes. esencialmente. Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67. por causa de su abismal ignorancia68. en gran parte. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. cuando menos. com o sospechan algunos lectores (Buxó.presas más insensatas e injustas. hi­ pócritamente con la máscara del bien. a la ignorancia del “bien”. en todas sus manifestaciones esenciales. siendo un hombre bárbaro. empren­ didas sin maldad ni cinismo69. se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. rústico y desalmado» (852 )66.. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. tan sólo una diferencia. La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad. en rea­ lidad. por eso. en nombre de altos ideales colec­ tivos. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes. mientras que la socie­ dad “normal”. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás . sin nin­ gún escrúpulo. así exime. La ignorancia. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”.. 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. mientras que la sociedad “normal”. que. sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. “educada”. entre otros docum entos literarios e históricos. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. supuestamente educada moral e intelectualmente. Hay. hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). culta. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. disfraza cínica. la falta total de educación. supersticiosa. una perversa hipocresía o..daré”. quien después considera necesario y justo emularlo. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. al m enos en m o­ m entos. una ridicula.

en realidad. que produce el arte.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. [«(.) espejo resquebrajado». 140). porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia. que a menudo nos hacen sonreír. que nos divierten. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros. lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». sin diferenciarla de la lícita. la que Cervantes se propone revelar. que no son. la de cualquier congregación humana. Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve. 71 F ox habla de un «cracked m irror». curiosos de conocer Sevilla. A diferencia de Alemán. que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien. sino la de todas las ciudades.. la de todo el mundo. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”. pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano.. al corazón mismo de la ciudad o más bien. p. Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. responsables de sus actos. Señor!». con sus tendencias al mal y al error. histórico. . y que casi no se mencionan específicamente en el texto71. La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera). específicamente. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. grande o pequeña. artístico (436). consciente de la maldad que enseña. «¡Perdónalos. y que es cosa muy distinta. La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. «donde tenían grande deseo de verse» (836). hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. en ocasiones. grotescas. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. Sin embargo. a su espíritu tan corrompido.gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70.

44 ss. como fuentes determinantes de la de M onipodio73. 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”. cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. 87-8. R inconete y C ortadillo. pp. Los picaros en la literatura. Sobre la vida en Sevilla. Es por esta preocupación. . creador de la novela corta española. se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras. históricas o literarias. particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». por la que.· por fin. Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. C ervantes. en de­ finitiva. Guzmán de Alfarache la repudia y. la búsqueda de específicas cofradías. como metáfora coherente. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño. le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes. en la época de Cervantes.tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. aunque en un sentido más limitado. de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. pp. de la hipocresía74. p. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural». ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. Rinconete. supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana. después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. en particular. apropiados para construir su mundo de Monipodio. 449). «D iscurso preliminar». La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte. se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. en definitiva. convincente. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. 451). sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577). incluso los señalados en este estu­ dio. claro está. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca. véase Rodrí­ guez Marín. Además. resulta vana.

productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache.]. nos dice el autor. pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”.. la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y. no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad. Por esta ra­ zón. Durante estos meses. Todas las creencias. sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector. 59. p. al hacernos especular sobre el futuro. en definitiva. pues en ese momento todavía lo ve todo. y así. decide «pasar con ella adelante algunos meses». y otros sucesos de aquéllos de la infame academia.]» (851-2). “sin impor­ tancia”. según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [. como los de su maestro Monipodio. radican evidentemente. por tanto. en definitiva. en gran parte. tan vaga­ m ente sugerido. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852). del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes. como ya se ha dicho. . 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. en la ignorancia. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”. p. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia».]. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [. y que. Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es. «Cervantes y su arte de la novela».. su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”.. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura. 585... al fin. En esta “última parte” de sus experiencias. sin Sayavedra? 76 Selig. en cuya última parte G uzm án actúa solo. idealmente. el lector—. de hecho. tan inquieta y tan libre y disoluta». este epílogo76.. claro está.rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. N o nos parece una mera convención. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846). le suspendía [.

sobre todo por deseo de aventura y juego. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico. que resultan tan moro­ sos.]» (391). muy iróni­ camente. a relacionarlos natural.. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. cuando menos. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía .óvenes. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca. en definitiva. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar. excitante aventura y chispeante fantasía. y. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. ya salían del más auténtico mundo picaresco. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. por eso. en efecto. desde el punto de vista moral. De seguro también percibiría que los robos y engaños. Sugestivamente. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo. a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. Nos parece muy improbable que Cervantes. mejorables. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado. como los que él y Cortadillo efectuaron. como se muestra también en el Quijote.ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. lector sabio. tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. si es que lo deseó de veras. así.. quienes. En definitiva. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica. variada. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. ineficaz en la comunicación de su mensaje. Especialmente para los j. perspi­ caz. de cuya maldad el otro era. lo que refuerza nuestra tesis.

conociendo cuáles eran los habitadores. .. sobre todo. de hecho. Como diría Guzmán: «[.] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849). según se ha mostrado.. 257). Parte de la sociedad “nor­ mal” son. los «benefactores». G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. Sin embargo. Véase nota 48. 848-9)78. una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841. Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas. que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad. confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad. pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno».] cuántos hay que condenan otros a la horca. beneficiando a la «cofradía» y.. Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo. aquellos “ladrones grandes”. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. 843. cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475). de seguro. 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. en­ gañosas. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!]. el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad. que casi nunca se deja descubrir. pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable». el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla. donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478). por la política con que son gobernados» (439). por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio.. en la "parte” ya es­ crita. Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. [. esperanzadamente. Se sugiere. iban a plagiar. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»).de que al ir a imitar a los picaros. Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales.

Varios críticos analizan el texto.].. 585. 84 Selig. dra­ mática.lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. 9 9 . observa un crítico. 106-7..]». pp. viñetas [. 61.. haber sido conce­ bida para la escena.] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 . tiene un epílogo [. «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla. pp. más que novelesca. 81 Casalduero. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. p. pero «incipiente [. 192. realistas. «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio]. «Sobre el realismo cervantino en R inconete ». «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 .. pp. teatral» 85.. 1 1 0 . Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada.. «Cervantes y su arte de la novela».]... pero no Rinconete y Cortadillo [.]»81.. .. y se deja dividir en dos partes [... en ser su estructura. creador de la novela corta espa­ ñola. 82 Varela... particularmente entremesil86. Cervantes. 32. y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [. siempre acentuando lo pintoresco [..]. para otro es una «no­ vela [. parcial o entero.]. 85 Ynduráin. pues lo que se intenta es presentar. 86 Véase nota 52. no comple­ tamente destacada [. se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades]. 83 R odríguez-Luis. p. De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo. en realidad. 444-5. como en un cuadro.]. en buena parte de su acción. 80 G onzález de Am ezúa y M ayo... «Rinconete y Cortadillo. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 .]. cuando ha comenzado [el entremés]» 82. Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. D e entremés a novela». como si fuese teatral. «parece. siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela». p.... «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. p.] con la forma de marco».

El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. . Tarragona. son personajes centrales.frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro. Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. y en que triunfan espléndidamente. a la vez. regocijados. cuestionable. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio. sistemáticamente. combinadas de un modo excepcional en una obra de género. es explicable la estructura.. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. con que soñaban durante la lectura d e. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [. ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad. admirable­ mente lógica e ingeniosa de. durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. en busca de excitantes experiencias picarescas. Rinconete y Cortadillo. Silberman de C ywiner. En Sevilla respiran. Tárraco. Claro está. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. a ía verdad. “pacientes”. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca. 1984.. aunque. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—. «Introducción».. pues. dos "romeros”.. pero. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo.. algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental. indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. en definitiva.] cambia todo.. es más ingenioso y atrevido que el anterior. Guzmán de 87 Buxó. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. de representar sólo tal parte.]» (Fernández Gutiérrez. su función unificadora sería débilísima.] al entrar en el patio de M onipodio [. «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ». Cada trampa o truco que emprenden. Sólo desde esta pers­ pectiva. ed. nin­ guna de ellas nos resulta. a nuestro juicio. 46). la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía. paso a paso. en realidad. pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos. suficientemente persuasiva. al emprender su “rom ería”. pero. desdeñable.

según ya se ha sugerido—.] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848). la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal. El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación. que de suyo era curioso [. de hecho. de la cual. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846).Alfarache.. Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834.]» (842). con gran curiosidad: «Rinconete.. «Todo es malo».] atentamente» (840) todo y a todos. preguntó a Monipodio [.. dice Rinconete. si no fue Rinconete... con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas»..] que su vida es santa y buena? [.. hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era. ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo.. porque no somos tan ignorantes [. que sacó su me­ dia espada» (844) 89. A veces. Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial. en efecto. . Hasta en la usual per­ 89 A la vez.. y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas...... al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil.. lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [. en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo.]» (846). una grotesca cárcel del espíritu y de la mente.].. Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [. este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce. meditando sobre las costumbres de la “cofradía”. completa libertad. Evidentemente. Rinconete y Cortadillo «miraban [. 836). sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas.] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839). En la casa de Monipodio.

pero aun abstrayéndolas. burlona. tan digno de emprenderse. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851). de evidente función satírica y correctiva. pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor. que se identifica con una conciencia moral e intelectual. Con estas consideraciones estamos describiendo. Claro está. en efecto.. Con incredulidad. Se trata de una conciencia sólo implícita. según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. 850). tam poco cumplen con semejante proyecto. Lo que aquí nos preocupa. contesta Cortadillo. de un lector moral y discreto. muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía].. señor Monipodio tiene [. burla e indignación. claro está. se identifica inevitablemente también la del lector. claro está. íntima diversión. porque era en ex­ tremo bien criado» (849). asombro. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen.. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios. El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos. (841. Y con esta conciencia moral.. divertido e indignado a la vez. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90.. Con toda intención. por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas.] que vuesa merced. etc. frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio.]. etc.. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho. 65-72. es destacar la típica . eso creo yo.. nues­ tras consideraciones. que es también la del propio autor.. Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía». escéptica. dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [.vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No.] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. por mis grandes pecados». el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico. pp. inte­ lectual.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías. últim amente en Silberman de C y winer. irónica. cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842). Todo para llegar a comprender bien ese mundo. sobre todo. 848.

]» (850). La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo... «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [. animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X. pervertidos valores cívicos. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés.. «respondió». sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [.]. y.]».... y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás. Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural. mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó».pues. fluyente. enero de 1968. por ver si le podían dar un tiento [. otra —respondió Rinconete [.. preguntas. en general. que son típicamente eras­ m ianos. contestaciones. alegría». Corneli..]» (851). con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y. religiosos. es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo.]» (845). comentar.]» (843). aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [... carácter picaresco. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [. comentarios... De todos modos... . aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o... y díceme que viene mejorado en su arte [.. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio.. «dijo» Fulano.. ínsula.. Cornelius: Salve et tu. «dijo» [para contestar.]. van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum .. p.]. políticos. mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos. Sí. Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina.. 17-18). siem­ pre directas. «[. pp.. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana... «replicó». que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad. pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91..] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [. económi­ cos. 44). etc.] y que [.] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [. iam toto seculo desiderate.

. aparición. según lo demuestra.]» (837). en el alma de Rinconete y Cortadillo. que se constituye. Se podría contestar que no lo hizo. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales.mucha más frecuencia. en sus variadas formas. de la conversación.. no únicamente. pero. hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada.. en general. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. «Un muchacho asturiano. salida y.. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. «y a una voz los confirmaron todos los presentes. De habérselo propuesto.. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. con la función fundamental. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano.. se pelaba las barbas y [. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [. que fue a quien le hicieron la pregunta. por excelente que esto fuese. para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros..] decía que era grandísima afrenta [. res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [. hacer cuanto más candente el problema discutido. particular. . de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura. dramatizar. A todas luces. que toda la plática habían estado escuchando. sobre todo. de hecho.]» (842). además de servir para la introducción. Así.]» (836). porque quiso escribir una novela. consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. consonante con la de la obra entera. su Coloquio de los perros 92.. nunca satisfecho por completo con lo recibido. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos. como es natural. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. de actualizar.

ni les descontentó el oficio... la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias. más no de grasa y malicia» (836). de muy buen entendimiento [. para la descripción de fiestas. volvió Rincón. sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52)... con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”.]» (837)...(«salió en esto un arriero [. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840)... cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores.]» 836). sentimientos. por parecerles que venía como de molde [. así como lo es el de todo proyecto humano.. «Maniferro porque traía una mano de hierro [.. de modo importante. «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843).. A este res­ pecto. músicas. para revelar motiva­ ciones. objetos materiales (840. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838).].. comidas. estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [..]. 844. con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro.] (840). 836. y tretas. 847).]». pensamientos íntimos. y para su comentario final: «Era Rinconete. saltaron de­ lante de las muías [.]. no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [. en­ tró en una casa no muy buena [. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja... . «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado..... emociones. banquetes.. etc. aunque mucha­ cho. y halló en el mismo puesto a Cortado [. en suma. los vestidos.. afei­ tados los rostros. observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido..]. de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [. con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93.]..] (836).. para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [. que el personaje no puede. la condición física de los personajes: «dos mozas. y sin más detenerse.]» (838). de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación.] (834).. 837.. sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [.]» (843).. llenos de color los labios [. para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [. «todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843)... y.] la relación del asturianillo.

deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. y nuestro libro. Todas estas intervenciones novelísticas. tonos. Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos. Edim ­ burgo. estados de conciencia. los amores desastrados de la Cariharta. producién­ dose una extraordinaria. pp. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. convirtiéndolos en vividos relatos. Véase G. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata. 1923. como únicos justificados. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros. 104-60). claro está. etc. como. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano. que. D esde nuestra perspectiva. se trata de un nuevo. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. que se han indicado sólo de un modo muy general. The E arlier Renaissance. anécdo­ tas. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. Se expresa con ello. con aguda. de hecho. auténticos cuentos. sabía. 81-84. etc. originalísimo tipo de novela. simultáneamente. Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. com o tales. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. no­ torio comienzo de los Coloquios. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. constituye un característico. . sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo. discreta. mutua fecundación94. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. por ejemplo. Saints bury. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo. pp. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales.vicisitudes del tiempo. creador de la novela corta española. explicando que. también por ello.) —dignos de un detallado estudio—.

. 770). consecuentemente. excepto en esporádicos aspectos y detalles. Novelas ejemplares. I. el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. revitalizado en sus preocupaciones. Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. p. Suma cervantina. actualizado en sus temas y asuntos. pero siempre identificable. 3 D e hecho. 2 . La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas. tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías.. a ese tan “razonable” programa de revitalización. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación».. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector». «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote . pero por parecer éstas. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. entre otros. de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen».. pp. El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca. Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina». (La española inglesa) El hecho. a menudo. En lom o al Q uijote. y. depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos. la ascendencia del Persiles en el Am adís 3. pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías. 201-203. y «no para la reimpresión de los ya publicados».] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos». pero su inspiración principal es la novela bizantina. por completo “disparatadas”. como también el deseo de estimular su «revitalización» '. A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1. específicamente como libro de caballerías.LA ESPAÑOLA INGLESA «[. 248.] la virtud y la hermosura [. Por otra parte. Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias. en sus características fundamentales. Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda». N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería. 125).

encuentros inesperados. 51. incluyendo la no­ toria técnica narrativa. Esta pieza se escribiría así. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». en efecto. 4 5 . en El gallardo español. Sin embargo. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. vol. 8 Sólo al final de la novela. separaciones. Cervantes pensaba evidente­ mente. se dem uestran en extremo especulativos 5. 7 R od ríguez-L uis. estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. filosófico y estético.la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior. en definitiva. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. a base de un texto hipoté­ tico. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina. sobre todo. Sin embargo. peli­ gros y dificultades continuos.. además de ser muy esporádicos y débiles8. ejemplar. según nosotros. un auténtico drama psicológico. pero. 6 Véase nota 4. entre otras razones. etc. anagnorisis. con aventuras por tie­ rra y mar. Eisenberg. artística. con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías». subor­ dinados a un específico fin ideológico. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. en una obra narrativa. vigente. logrando crear con ella. de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. p. experimentalmente. a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. por su función peculiar en la obra. reunión feliz de los amantes. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. I. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. se revela de manera clara. ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. al relatar Ricaredo sus experiencias. tienen licitud literaria. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7. como cualquier otra materia.

significativa e ingeniosamente innovados. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. pero es más bien improbable. Aunque en esta empresa. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. pp. ed. V. Ebro. pero no declarada durante mucho tiempo. A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama. Zaragoza. encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. por boca del canónigo. . porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. Suma cervantina. se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. 1963. en parte. en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. pero no afectan la consistencia esencial. Toda las citas de esta edición. un lugar entre R om a y F loren cia (872). el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. López. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico.se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». 203). 10 A m adís de Gaula. que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis. constituyéndose. p. Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación. el proponer com o futuro m odelo literario. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . respectivam ente (25) 1 0 —-. «Persiles y Segism unda». com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. auténtico nuevo Amadís . I. en un libro de caballerías moderno. una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. p o é ­ tica de la obra.

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto». como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus. detente.. . Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). El genuino. profundo amor humano no es distinto del Divino. con elocuente simbolismo. lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo.] (870). con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870). Por esto.no haya llamado la atención de Azorín esta escena. 129. al ir a tomar el há­ bito religioso. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. perdonándole todo. gri­ tándole: ¡«Detente. precedida de otra. sobre todo. su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer.. a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53). no menos espléndida en que Isabela. espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20. Isabela. porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte. escuchando sus «discul­ pas». porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y. Aquel mismo «gran encendimiento de amor». Isabela. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos». que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino. en la relación amorosa. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética. Se evidencia. que mientras yo fuese vivo. tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. con él se funde. lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano. El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento». no puedes tú ser religiosa»! (871). Aunque no se trata de un auténtico amor místico. p. recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. abrazándolo.

pp. libro de caballerías ejemplar. [viendo] a su marido al lado de otra mujer. vol. 1966. que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia. Ljubljana.'ll. Inglaterra. Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. Cervantes responde en La española in­ glesa. Al fin decidió casarse otra vez.]. ubicando la acción en varios países europeos y Argel.] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado».. 47). Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares. ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos. L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar. A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos. etc. p. «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [.. amenazadas por la piratería mora.. Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce.. su legítima mujerl [. com o los «herederos de un hidalgo burgalés. Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos]. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito. . y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica. 31. 287290).. para que la leyesse su señor arçobispo» (873)... seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías. I.. 22 En el Am adís.. Frente a la Iglesia. «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares.] yo soy Zala. «ínsulas no falladas». «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor. en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22. pp. 7-16. Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [. A l acabar de narrar sus experiencias. En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos. etc. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved.sión de un cuento popular de las zonas costeras.]. cap. que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos.. Cabría obser­ var que al “historizar” su novela.] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes. “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos. A las descabelladas.. Los convidados a la boda fueron a la iglesia [.. El maestro Elisabat así lo hizo» (121). se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo».. porque pensaba que ella ya no volvería [. etcétera. Escocia. Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21. «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ».].

según tantas veces se dice. 26 Pabst. coti­ diano. por Isa­ bela 24. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). lo cual. amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. para poder deleitarse al oírla hablada. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»). Se ilustrará más adelante esta sugerencia. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas. 385. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción. razonables y. 60-61. sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama. pero que. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas. insistentes. ora idealizantes. p. notorios25. siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. se nos presenta. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. también... Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados. sin ser capaz de relatar. casi alegórica. la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. artístico. 25 Riley. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales. «En torno a L a española inglesa ». poetiza la historia. tan cen­ surables para algunos lectores26. En base de éstas. de m odo ele­ gante. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. en los supuestos humanos. p. lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española. 123). La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. poética en el planteamiento del problema fundamental. poética. de acuerdo con conjeturas probables. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos. . a su vez. pp. pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). por ejemplo. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias.cia peculiar”. desinteresada del detalle “realista”. con suma gracia. a la vez. C ervan tes' Theory o f the N ovel.27. sus experiencias al fin de la novela. com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.

pero. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. Sin embargo. cap. a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. en La española inglesa.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX». Es. 29). pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. económicos responda. pp. según se ha mostrado también en este estudio.] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». la deseabilidad de la joven.. I. en todos los sentidos. claro está. en parte. pp. n. es plausible que su insistencia en los detalles bancarios. Considerando el específico género literario que Cervantes emula. 14-15). como generalmente en las obras cervantinas. para todos esos “pisaverdes” que. como. p. directo entre los dos países. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles. com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. a otra preocupación más imperante. de hecho. al menos de modo complementario.. para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . se interpretan a veces. Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. I. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [. pero esta posible intención correctiva se subordinaría. pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. pues. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. para cual­ quier hombre. de hecho. les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial. fue restaurado su perdido crédito. N o vela s ejemplares. le rondan de continuo la casa (869). en la época en que se sitúa la acción. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. en pocos m eses. Significativamente. 133-134. tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo. alguno de los cuales podría representar una tentación. 3). con toda probabilidad.

Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela. Lo demuestra. como lo observa. Como lo es «la camarera mayor». obra poética en que palpita viva. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo. ante todo. como el conde de Leste.. Baroja: «La tenden­ cia [. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. cuando ésta es robada (854). cuando la española le parecía la más hermosa. sólo por su belleza. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. y la misma reina Isabel. poesía. La historia escrita por el poeta es siempre. quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. Por otra parte. española. quien se apiada de los padres de Isabela.. católica. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela. 3í Casalduero. delicada concepción lírica. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres. espléndidamente. si ya antes no la consideró. pero antes. barrocas o no. en el país enemigo (856). penetrante. de fondamental.. en realidad. Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”. no se percibe. entre otros. «La literatura y la historia». «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). tiene «mucho temor» de ser castigado. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo. . porque ahora así le conviene. quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô. hay personas buenas. por orden de la reina. estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja. así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. feroces enemigos de los católi­ cos españoles. esencial que los mismos manua­ les de historia. 125. también La española inglesa. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes.] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. como ocurre en algunas otras obras cervantinas. p. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. Sentido y form a de las N o vela s ejemplares .brio en la composición. es mucho más exacta [. ya por el hecho de ser ésta católica (864). de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste. Al tener que llevar a Isabela al palacio. y no en la historia. a todas luces.. por desgracia.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30.

que es el amor entre toda la gente34. fervoroso. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes». vigoroso de sus nobles ideas. la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que. . «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa ». olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. con toda probabilidad. dispuesta a la búsqueda ardua. 702707).). hace evocar al de A m adís . robada durante el saqueo de Génova. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 131). de que el genuino sentimiento cristiano. quien considera urgente expresarla de nuevo. p. con muchas de sus fórmulas narrativas. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. según se ha mostrado con algunos ejemplos. víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. pp. De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. B an dello. continua y bella del más su­ blime Grial. [«L.que casi tenía concertado» con aquélla (855). también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . en su propio mundo. envueltos en continuas guerras fratricidas. nacionalistas. «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). intuye el "irenismo” de la obra Soons. el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. Vives.. por otra parte. son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. p. 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís . propagarla cuanto más en su propio tiempo. etc. 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra». después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». raciales. Otro texto que. siempre revolucionaria. Tam­ bién el autor omnisciente.] Los Acforni. Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna. se mantiene viva en Cervantes. Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa. de buena volun­ tad. pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. el nuevo libro de caballerías de Cervantes. Por otra parte.

n o perdía la española. y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa. d 'età d i n o v e o dieci anni..] una niña de edad de siete años. p o c o más o m enos [. p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire». 3. e [. 197).].. que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » .]. cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854. . dislacciata la v este .» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra.. a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz.. [«ella. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ . «Era de tan buen natural. y . regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702. al ser arrancada de su patria. una fig liu o la m o lto bella.. E n Inglaterra. por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a. a unas circunstancias más verosím iles. «Se q u esta è nostra fig liu o la . a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » .] tra qu este due n a z io n i [. to d o el día deseaba volver a casa»]... aún m ás. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702). c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España. Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo. 703). el caballero inglés que la raptó. hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese. dice la m adre de L igurina. adm irada y querida p or A lfo n so . v id e il n e v o [ . 863). de la más alta n ob leza de G én ova.. sa­ qu eán dola despiadadam ente.. hija de «gente principal y de valor» (177. éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702.) m u y Bíen la len gua española. ] che L igu rin a a v e v a v i- .. de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia.].. [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella. «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»]. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a. «entre los despojos [. de la edad de nueve o d iez años.. io ta n to sto la riconoscero bene.] spagn uoli e gen ovesi» (706). durante el cual los ingleses llevaron. «figliuolo d e l duca d ’A l v a ».]. «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola.. e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(.p ita n generale in Ita lia cesáreo. p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi. Sín em bargo. q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora». sin olvidar la suya [. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad».] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [. y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » .. 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»].. Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina.. com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita. « D e esta manera... p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella». P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. según C ervantes. seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»]. E n España.] d a certi fa n ti spagn u oli [. c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho.n a cid o e n L ond res. y fu e llevada p or m ar a España». n o b ile d e i p r im i d i G en ova.

... v io la marca de n acim iento que L. E sto. tam bién abandonar la vida en España que. 704). y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (... que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [... tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s. así. a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova.ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [.. diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. (. en m o m en to m ás p rop icio (704-5).]. a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela. T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o.. Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre.] n o he de hallar [.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e .) c o m o la había visto otras m il veces (. a sus qu eridos y añorados padres (702. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire».. La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas. [«Si ésta es nu estra hija. y . abrazándose con ella d io una gran v o z . encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres]. valeroso caballero. y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde... y a c o n o c ie n d o a sus padres.. se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera. no le ha « m ai piacciu ta» (704).... la cual señal acabó de certificar sus sospechas. la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina. Según y a se . desem barcó en G enova»].) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas. n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4). n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él. c o m o p or m isteriosa in tu ición . El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [...]. q u ien con su L. che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores.. que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [.] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre]. con siete u o c h o p elos negros (. y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [. “raro in­ v e n to r ”. llo ­ rosa se acercó a L.]» (863-4)..] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» . juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. y vien d o claram ente ser Isabela su hija.. en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven. com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [. a pesar de to d o s los regalos y atenciones. p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y . y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [. p orqu e [en] m i patria [. P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os».. tenía cerca dei om b lig o .] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta . O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—. se lleg ó a Isabela..)... y ésta...) entre ellos este hijo del duque de A lba. dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d . sabía con toda certeza que aquella era L..].] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860). y sin m irar a resp eto.. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a . L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so .]. es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes. d esenlazado el vestid o. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía.

] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (.) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o. pero al propiciar sus padres e Isabela su intención. C uando Isabela tiene «catorce años». hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari. L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [... som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad. teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ . «que su ced ió habrá quince años» (860).]. sin o el resto de m i vida servir a D io s» ].] p e r h a g a scia » . inteligencia.). «com o a hijo de su señor». « com o si ella fuera su herm ana.] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » ... [sien d o todavía m u y p equ eñ a (.) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta . sensual. de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » ).) m e tu vo en sus m a­ nos (.) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba». cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a.. ropas y cosas valiosas»]. «per­ che».) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario.) el hijo del du qu e de A lb a. Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces».. p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina. aparentem ente. por causa a e la desaparición de Ligurina. sensibilidad. m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(. 5)..) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [. N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo».. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(.. la «amaba» desde el principio.]. «io non in ten d o restar p in a l m on do... a ssa ip ro d e e d anim oso». Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad .. su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz. (y A .. «essendo ancora piccolin a [. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos». Isabela «quería y servía» a R icaredo. co n v ertid a .. discreción.. La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»].. Ricaredo enferm a y casi m uere. ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854.] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so . y el m u ­ chacho. (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (. [«(. bondad. lo cual. n o v e o d iec i a n n i [ .] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias».. a ios « q u a tto r d ic i an n i»... y se acaba.ha dicho.. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años».. virtud.. nueve o d iez años (.. trágica­ m e n te..... dice. sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal. in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo». y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [. q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702...] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ .] L a m a d re d i lei [. pero. u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [. Sin em bargo.. haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla». Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España. [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»].) to d o su din ero.. 707). c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna.].. Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta». pero «por m edios de ser su es­ p oso». de A lfo n s o com ien za. Esta intensa pasión am orosa. p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio. « com o fue creciendo Isabela».. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [..

inspirador de la resistencia contra el extranjero. a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó. que lo s «quince años» desd e el saqueo. (La reina Isabel vive en 1602. paralela a la de la N o v e lla .. olvid ado. fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura.. de he­ ch o. pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o. Se trata. « L a fanciulla. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . encontrasen una engañosa. pues. Q u ijo te . con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina. .]. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. en el m om en to de escribir su obra. crea obvias contradicciones. 1490). en que se situaría la acción de la novela. esencialm ente. patriótico — Liguria— . vitalm ente dilem áticas. «tapices flam en cos p or el revés» (D . dignos de ella. llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional.] más o m enos».) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova». con que.. che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702). todas esas contradicciones cronológicas. p or ahora.. de Isabela. Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a.nía en csa ocasión. moral. de la cron ología novelística. co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so . L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa . m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. borrando de ella. en sum a. R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855). El desarrollo de esta relación am orosa. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). casi quince. [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. físicas y espirituales. p or un m om en to.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. de u n m od o plausible. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo. q u e al fin. de tratarse del saqueo de 1596. com paradas c o n su nueva obra. pero no en 1611. de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica. tan radicalm ente. en líneas generales. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e. en la m ente del autor. parecen. al am or entre todas las gentes. la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas. a m e­ n u d o . m om entáneam ente. que así explicaría. este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas.) E s p osib le. con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores. co m o tam bién su cron ología. a quien. adem ás. im pertinente en este caso. pues... que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. repentina con son an cia con lo s «catorce años [. en el m u n d o de la ficción. con que antes atribuía la edad a Isabela. la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina.

en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. pp. cínico. · despiada e incesantemente3.. 242-246. «not so nice». 147 ss. II. C ervan ­ tes. 103-143. Es notable que.EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje. independientem ente de la tesis defendida. Forcione. el licenciado Vidriera. y de «una fábula novelesca. 559-568. pp. pp. etc. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. C ervantes y la libertad. «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes».)2. pp. pesimista. cínico nihilista. 225-316. melancólico. arquetípico o simbólico «pecador». en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. con apreciaciones cada vez más convincentes. «El licenciado Vidriera. pp. pp. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista. 159-168. armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. 51-59. vol. pp. . frases ingeniosas. Casa. Gerli. incapaz de amor y de amistad. Edwards. más o menos complicada». la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. 189-199. «Cervantes and the C ynics». chistes. 174. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». Riley. y sus nom bres». picaro. García Lorca. etc. pp. C ervantes an d the H um anist Vision. pp. creador de la novela corta española. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). «The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ». Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. aforismos. en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético. al que se censura y satiriza categórica. «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». 577-87. Friedman. 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales.. 2 Casalduero. sentencias. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. y otros. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. reformador. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. p.

coincide. «El licenciado Vidriera».. pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada. 213-220. sino. Tal visión del protagonista no es nueva. G onzález de A m ezúa y M ayo. pp. todo lo contrario. que quisiera. Con C ervantes. pp. en las riberas del Tormes». según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [. significativo.]. moral e intelectual­ mente condenables por el autor. 99-102. pues. O bras C om pletas . pero frente a cuya incomprensión. dignas aspiraciones personales. Tomás. más atenta al texto. con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres. 228 ss. por medio de sus propios empeños escolares.. para nosotros. individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. pp. pp.]. «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!». diagnostican algunos ilustres lectores6. 5 Forcione. creador de la n ovela corta española. sin patrocinador alguno.. mejorar. «El licenciado Vidriera». Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo. C ervantes. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. 6 Casalduero. pp. a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín. Green. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte». según ha «oído de­ cir [. Y tam bién. por ejemplo.. con la de A zorín4. 11-146. . igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876). con encontrarse un puesto digno. entre otros. 196-97. C ervantes an d the H um anist Vision. con noble intención. por «los estudios» espera hacerse «famoso». en parte. dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». de los hombres se hacen los obispos». No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). dejándonos so­ bremanera perplejos. «mu­ chacho de hasta edad de once años». menos impresionista. de altas. útil en el mundo. 147 ss. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. pp. Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5. ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero.mente distinta de este personaje.

. ser un admirable obispo. loables. entendimiento y discurso [. honrados. se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria. lo­ grando al fin. «de los hombres se hacen los obispos». noble vergüenza! «Ser famoso». lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca. ¡Innecesaria. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. a tomar lecciones de unos caritativos religiosos. ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. diariamente. pues. como criado y compañero. Es el deseo de esta clase de "fama”. que de su remota choza en las montañas venía a pie. «hacerse obispo». Y muy significati­ vamente. fuerte voluntad. útiles para sí y la sociedad. esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio. claro está. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. completa­ mente admirables. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—. descalzo. en E l teatro de Cervantes. quien oculta su origen. tal como dice Tomás. de pobrísima familia. deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo.bal de Lugo. el mismo religioso. disposición al sacrificio y.].. virtuosos. con esperanza y maravilla. Tales aspiracio­ nes. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7. con extraordinarias dotes naturales. después de asiduos estudios. a la ciudad. pero amorosa. . según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. afirmándose como «alguien» en el mundo. del Rufián dichoso. Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. no son nada raras. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia. borrosa existencia coti­ diana. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). aunque pocas veces realizadas. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual.

ante todo. da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación». porque.]. de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884). siendo él tan buen estudiante como debe de ser [. Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. //. 42-3). pues.. salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886). por ejemplo. Diego. deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama. los «alguaciles» le parecen ladrones. y por encima de la justicia la equidad.]. no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. que parece «llevar víboras en el seno. no quiera estudiar «leyes». 1 0 0 ). ...9.. y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table.]. «embebido en la poesía». cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez».] del escribano». Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 . A D.... que le dio el cielo padres que se lo dejen. y los «procuradores y solicitadores». La justicia es mi norte. D. «El licenciado Vidriera». pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión». se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado. no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [.. podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888). que de la justicia es flor» (Azorín. que. la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista. Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese. procurarse una profesión económicamente segura. en particular. quejoso de que su hijo. parasitarios. Por las mismas razones. subirá a la cumbre de s «Estudié leyes. caps. Sin embargo. negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. lo destaca el autor— es decir. 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D ..corte. El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [.]. etc. entre otras «manifiestas injusticias». p. Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando. según se desprende de sus observaciones posteriores. adonde [.. siendo tan ven­ turoso el estudiante. «Su principal estudio fue de leyes» (876). con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia».

. puntualidad y diligencia.. y ella se ha de servir de todas. Como ese «poeta [. Quijote. com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid.las letras humanas. y.. como lo llama Platón (882) n. no dejándola correr en [.. hijo de pa­ dres pobres. que. hala de tener..]» (D .]. vuelve como primero a recitarle. no ha de .). ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [. como dice Ovidio.. simultánea­ mente. por otra parte. estudia leyes "para pane lucrado” y. a «las letras humanas [.]. que «admiraba y reverenciaba [. Así piensa Tomás de «los buenos poetas». Tomás. porque encerraba en sí todas las demás ciencias. honran y engrandecen como las mitras a los obispos [. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes. le dice.. Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [. con gran amor y entu­ siasmo. y aun los coronan con las hojas dei árbol.. de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras. se dedica. los churruleros [. 876).. hipócritas «salvas». a quien no ofende el rayo. así como Ovidio. 1325). el que la tuviere. no se le alaban [.... pulir y adornar [. torciéndose «los labios». donde queda otro millar de sonetos. de socarrones o de ignorantes.] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean». al fin. según lo sugieren sus citas de versos famosos. Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta». y todas se han de autorizar con ella» (D. y así le adornan. siempre tan pertinentes. y.] es en todo extremo hermosa. con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 . las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada. 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles..] desalmados sonetos. con tono melifluo y alfeñicado.. porque de todas se sirve. saca el que quiere relatar.]. de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos. a quien tienen cuidado de enri­ quecer. de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad. que es «delicia de los dioses y de los reyes». Preferentemente a la poesía.. con que llena el mundo de provecho. Y si acaso los que es­ cuchan.. o «intérprete de los dioses». a raya. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera. cree que «los malos. de deleite y de maravilla» (882) 10. Q uijote. haciéndoles ridiculas.] son la idiotez y la arrogancia del mundo». y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia».] todas las otras ciencias.. con no faltar un punto a sus estudios. en lo que más se mostraba» (876).. los honran y estiman y los enriquecen. virtuosos y graves.. 1325).].. parecía que sólo se ocupaba en servirlos».

ni del ignorante vulgo. los ojos de verdes esmeraldas».. vulgares peleas de perros? í3.la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. por calificados que sean. 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a. horas hay de recreación. entre otras. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 .).otros». que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882). en nombre de la poesía. tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882).. contemplados íntimamente.. un severo crítico de todo lo endeble o ridículo.].]. pues. en E l teatro de Cervantes. según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [.] que casi no hacían n ú ­ mero» (882). la frente de plata bruñida. rabiosas contiendas. cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales. y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 . particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro. originales.. invariable vocabulario.. ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. . «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. que no siempre se ocupan los oratorios. a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que. los defiende ardorosa. lector de independientes. fino. y. 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero). no mediados por la inoportuna erudi­ ción. sinceros juicios perso­ nales. los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa. de estas referencias. sensitivo. Ridicula moda literaria. 13 Las numerosas polém icas. indignadamente de «los murmuradores». a la vez. «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid. etc.. no siempre se asiste a los negocios. véase nuestro estudio sobre La entretenida . es decir. tan justi­ ficado.. inteligente apreciador de los poetas buenos. El protagonista es. aunque «tan pocos [. hacen apreciar el acumen satírico. En efecto. de lo que pasa falsamente por poesía. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ . donde el afligido espíritu descansa» (770). es el tan convencional.

20 Según ya se ha sugerido. ρρ. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. il. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». 41-45. «La filosofía en El licenciado Vidriera». Ph. Tomás revela que también él escribía versos. racionalistas. se pueden a veces especificar y. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera. pero. Oliver.. multifacética y refinada cultura1 9 . Riley. teóricos literarios. C ervantes an d the H um anist Vision . bíblicos. C erva n tes. satíricos. por lo menos adivinar. folklore. otras. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». 225-238. estoi­ cos. Forcione. filósofos idealistas. U niversity o f Texas. 153-197. morales. para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta. Dissertation. didácticos. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20. pp. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». . noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido. pp. D . C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera. Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. de que se le culpa. y otros. Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás. «Cervantes and the Cynics». Tomás no descuidaba su devoción religiosa. muchacho inteligente. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo.. poéticos. más conveniente para un largo viaje.pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . “costum­ brista”. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. H eiple. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. “sociológicos”. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. pp. cínicos. 13-21. Tom ás. evangélicos. claro está. literatura apotegmática. A ustin. pp. 31-53. Sampayo R odríguez. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o. nos parecen m uy exóticas. creador de la n ovela corta española . Singer. form ulando con ello interpretacio­ nes que. tratados históricos. «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». 6 6 ). 1977. a la verdad. los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. geo­ gráficos. «The Sources.. refraneros. Garasa. textos sagrados. 17 D icha edición sería también menos volum inosa.. En consi­ deración del «pecado de la inteligencia». pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. 225-316. Green. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. pp.] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS. deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. despierto.

Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les... como lo son las florestas. buenos actores. es natural que Tomás tenga afición también al teatro..] en una sola comedianta» (885). (Véase nuestro estudio citado en la nota 16. «fuera del tablado». son excep­ cionales en el mundo..) . pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos. Problemas serios. los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros». el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta. según él. 22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa. olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas. ridiculamente su nobleza... según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación. cuya función. Además. el cuidado extra­ ordinario. porque «con su oficio no engañan a nadie.. aunque. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza. La «indecencia» con que «los tite­ reros [. gentiles hombres y de expeditas lenguas». se alla­ nan las cuestas. pues. quien podía. las alamedas y las vistas de recreación. le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud. «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa». al juicio y a la vista de todos» (885). También la pintura le interesa mucho a Tomás. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. el inllevable. en suma. galanes sí. indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert. donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas. los desvelos... increíble trabajo. lo cual es únicamente relevante (885). algún que otro comedíante ostente vanidosa.] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás. como el poder servir un actor «a muchas damas [....] trataban [. se buscan las fuentes. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770).. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico. en el ta­ blado y fuera de él. que sepan representar artísticamente cualquier estado social. es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república. no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22. Sin embargo.. Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos. Véase también la nota 14.. The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). que «se maravilla de cómo. «jurando a fe de hijodalgo». y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21.

juiciosamente todos los buenos libros a su alcance. que. En efecto. a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz.. porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia. pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos. de su edición de las N ovelas ejemplares). hace desechar la imagen de él como gé­ lido. asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. pero que los malos la vomitaban» (883)23.. a lo más largo. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza. observando curiosa. podía gastar tres o cuatro años. leyendo asidua. 24 C oloquio de los perros: «[. 125. II. discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca. y que en esto. A Salamanca no vuelve de inmediato. p. .muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol. Tomás se ha formado una extraordinaria cultura.. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga. añadidos a los pocos que él tenía. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ). asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países. Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella.] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual.].. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo. entre otras muestras. pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella.

. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26.]. griegos..].] y tan bien dichas acerca de [. pasa acá. Véanse los diarios de Mme. la dulzura y apacíbilidad [.. Su «discreción [. se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época..]...]. de seguro.. toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» . dibujóle dulce y puntualmente el aconcha. inequívocamente. La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas.] 26 El deleite de los españoles — y. su gobierno prudente [. se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia. «los rubios cabellos de las genovesas» (878). d’A ulnoy. 190).] de tantos y tan diferentes vinos».. como los place­ res de Italia....]... la abun­ dancia de Milán. p.. «que. como el más refinado epicúreo..].] comienza a titubear».] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles. [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia».]. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia. admiración del mundo antiguo [.. «más vinos [. su sitio inexpugnable [... pp. a no haber nacido Colón en el mundo. la rusticidad [. degustando. lipolastri e li macarroni». su abundancia mucha. patrón. en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus»... sus contor­ nos alegres y..profesional25. los festines de Lombardia.. manigoldo. las holguras de Palermo. Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. es decir. en general. españoles. al decirle el capitán «tantas cosas [. italianos.] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878)... Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova.. N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”.. hombre ibérico. venga la macarela. finalmente. «la suavidad [. 233-6.... de continuar su viaje (879). la generosidad [.. .. 27 Forcione.. C ervan tes’ H um anist Vision. no tuviera en él semejante [..]. Delicias “sensuales” todas ellas.]. el valor [. su riqueza infinita [.]. por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11. pues casi le hacían olvidar de su primer intento». la grandeza [. también de Cervantes— en las hosterías italianas. las espléndidas comi­ das de las hosterías.

XXI. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete. científicos.. es decir.. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. bella ninfa seductora del mar. como Calipso. N o vela s ejem plares.fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende. según el símil que le su­ giere su vivida. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879). 557: «La città [Lucca]. O bras com pletas de C ervantes. in largbezza». maravillen y seduzcan también a Tomás. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini. vol. curioso de todo lo nuevo. materiales y espirituales. Luca le parece «pequeña. sólo interesado en abstracciones librescas.] . artísticos.): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros».. de sus habitantes —interés antropológico. de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano. de múltiples intereses humanistas. 1936. moderadas. abierto a toda significativa experiencia vital. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista. pues así son.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín. en que ca­ ben. como diamantes de oro» (878).]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [. p.. Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño. naturalmente. estimulada imaginación. dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal. también las delicias “sensuales”. p p . vol. L ettere e d A rtii Roma. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. según todas las indicaciones. 385-6. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad.. la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (. que es el lugar donde se fabrican las galeras. Treccani. con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales. aunque lo que. y después la be­ lleza de la ciudad. Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [. más le interesa es su ambiente cordial. se diría—. cuidadosamente trazado. ¡Qué mucho que todas estas dotes. Ill. ben costm ita [. que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. «en la que. y o t r o s . mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. culto. Enciclopedia Italiana di Scienze. inteligente.].... Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S . probablemente.] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m. tan eclécticos.. junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia. discretas. [«La ciudad bien construida (. brinda a todo "curioso» visitante. no sólo femenino.. pero bien hecha»29.

se pasea «cuatro días» (878).].. Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento. vol. con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681). por sus atractivos aspectos urbanísticos. Véase tam­ bién Granados.].. rotos arcos y derribadas termas» (878). . liberal?: «[. su limpieza». la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro. Sin embargo. lihri luterani diffusi gia nel 1525 [. M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina. son bien vistos y agasajados los españoles» (878). Persona de gran digni­ dad.]». él «halla [. así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles. los “tem plos”. Vinquisizione. pesimista de Tomás—.. fa ­ vor evoli alie nuove idee [.. frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!. probablemente. peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante. Tomás no tendría dificultades en esta ciudad...Italia. Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica. tollerarono e secondarono elementi riformatori [. en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze.. L ettere ed A rti.. pp. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31. sino ruegan. como muchos que visitan esa bella ciudad. como por las «apacibles calles». por cuyas orillas... ¡oh.]. 562.]. y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad. en vista de las notorias.. pues se trataría de un hecho social más bien raro. en sí.. los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna».] è fra le città italiane che più largamente accolsero. Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas. medias y enteras esta­ tuas [. despreciativa.] a Roma en Roma»32.. por su «fresco río».... 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma.]. si oppone sempre ad accogliere. de las calles. y com o en ella no hacen estancia de más de un día. XXI. pero sin arrogancia alguna. al divisar «los montes» — «i superbi colli». «su agradable asiento [. Los “nom bres”. 31 ss. despidiéndose. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30. como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo».

. ¿no la respetarían aun éstos. Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas.. despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias... los me­ dios bultos de cera. íntima. costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. veneración. mortajas. según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados. aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera. con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica. admiró» (Roma). pero algo distanciada. por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa. no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”. directa. lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33.. Su profunda “admiración” abarca... cadenas [. de modo natural. besar «el pie de su Santidad». con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [. el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración.. «Conténtale» (Florencia)... ....].. «como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878).].. contento: «admiráronle» (Genova). ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos. que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes . y. sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras.] del templo» de Loreto. confesarse «con un penitenciario». Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España. «para maravillar» (Milán. etc. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877). a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias». «adoró [. por fin..petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico. «le pa­ reció bien» (Sicilia).. observar todo eso. unién­ dose. además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados.. Amberes). pinturas y retablos». asombro. Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad.. pero. exaltado.

vol. L etter e ed A rti. C ervantes' H um anist Vision. pp. pero que se atribu­ yen lógicamente. cierta meditada distancia intelectual y emocional. y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879).. (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I». noting a n d assessing. 36 Enciclopedia Italiana di Scienze. observando y aprendiendo. pero sin envolverse en nada».] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » .opiniones personales de Cervantes. y no entendieron.]. [«(.. El pensam iento de Cervantes. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. .) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX. 190). N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. por desgracia. Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa». ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y. en particular. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19). (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover». según sugerimos. También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron. por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”. y la m uy semejante de F orcione. notando y evaluando. al personaje34.. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36. como tampoco sugerimos que sea erasmista. sin duda. p. 505. p.].. 265. p. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes.. [«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura. 230 ss. todos los cielos y todos los ángeles. de sus supues­ tas relaciones. Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. pero sí. x x í. de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist .. dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [.] 35 Castro. looking an d learning. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics».

fray Jacinto. la falsa apariencia. no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular. y. pero. . señor Licenciado. como. «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance». como si reflejasen su indignación perso­ nal 38.. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. plorate super vos et super filios vestros». en los dos cristianos nuevos: «Esperad. una “malicia” a base de e^te 38 Singer. La ropera le ha­ bía preguntado. ¡qüe se creen legítimos. ninguno se llamaba el capitán don Fulano.]» (887). al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [. fray Raimundo... la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [.. y otros. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás. ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»). y la reacción anonadada de su mujer. claro está. Domingo... ridículo propósito de hacerse pasar por lo que.. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [.]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual.. 20. todos frailes y religiosos [. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”. por este episo­ dio. pero ¿qué haré. no son. sino fray Diego.. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem.. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes.]» (881). la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. naturalmente. sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima. que me pesa de su desgracia. por ejem­ plo. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos.] la malicia del dicho» (881). pastoral ¡monachatus non est pietas!». p..muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados. que no puedo llorar?» (881). como todo el mundo sabe.] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. a que pase el sábado». menosprecian su ingenio satírico. sino tan sólo su hipócrita. marqués o duque de tal parte. Ambos aparentan una asidua participación devocional. pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. ni el conde. y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [.

la «oficina . industrial.. es una realidad perenne. que. N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales. intensa convivencia. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40.]. Cualquier persona. probablemente. pues sabe que las roperas solían ser judías. Loreto). A nte todo.de Vulcano» de Milán. ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería. pero eso sí. Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. Adem ás. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. particularmente en las com unidades de contigua. se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás. ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola. oír y saber de vidas ajenas. «gra­ nero de Italia» (878).. 99-102).. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”. la fe en la dignidad del individuo. quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas. comercial. discreta. de la vir­ tud y del honor. adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39. 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca. Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332). aunque sólo pasivo. aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente..hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. «ciudad [. Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. moral. en esas costumbres devocionales (Agnusdeis. administrativa. la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. . po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. inteligente.] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. educada. aun sin proponérselo. extranjeras. mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. de quien se dice que puede decir y hacer» (879).

que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. El viaje de Tomás revela. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. pues. En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. . individuo inteligente. p. con lo que Tomás. productividad.. con más amplia. según se elabora más adelante. 128.¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. Relación misteriosa. simpática. 44 Casalduero: «Viaje cultural [. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. Tomás es persona educada.]. esta laboriosidad. evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42. en todos esos aspectos. en efecto. pero. inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes. pp. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. de la España de los Felipes. no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. inconscientemente. From N o v e l to Rom ance . la única— del viaje de Tomás por Europa. Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos. pp.lítica. Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. culta y también muy agradable. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde. ciudad. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. con la de Tomás43. ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44. 45 Rosales. la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). se identifica en gran parte. 43 El Saffar. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. prosperidad económica y cívica de Italia. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes.. en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. 143-147). 1962). atractiva. A. C ervantes y la libertad. objetiva perspectiva crítica. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . 103).. 54-5. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o. con toda probabilidad.

y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880). Él los sirve con «fidelidad...... por el antici­ pado salario. Y. que de seguro añoraban mucho su presencia (879). con pesar grandí­ simo de su camarada. al tiempo de despedirse. camaradas en Gé­ nova (878). sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877). le avi­ sase de su salud.. de una bella re­ lación de mutuo respeto. llegada y suceso.. Prometióselo así como lo pedía [. Al volver a Salamanca de su viaje. en suma. encontrándose de­ samparado en la patria. y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen».. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. «fue bien recibido de sus amigos».].]. A todas luces. todo sólo para que Tomás fuese su compañero. si fuese necesario. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos. al fin. donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero». Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo.]. en particular. Tomás es hasta gre­ gario. cordialidad. «contentísimo de [su] buena presencia. lo cual se evidencia. Se trata. su bandera». cuando la ocasión es apropiada para ello. También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que.. «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877). el gaudeamus con los soldados. cariño y amistad. que le rogó. que él le ofrecía su mesa y aun. aunque de seguro prefiere la vida privada. al acabar los estudios. ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). Tomás se despide de ellos. meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ .. ingenio y desenvoltura [. sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella. por ejemplo. como lo ilustra. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [. Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad. aprecio. muy significativamente.los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. el capitán Val­ divia» (888). puntualidad y diligencia». lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca.]» (879). le rogó que se fuese con él a Italia [.

Véase la Epístola de los Efesios de S..] las mujeres triunfan» (887). Aun antes de criticar los ridículos fingimientos. sino las vecinas». donde [. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social.. demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio. por ejemplo. 1648). Al marido. pero no sufras que ella te mande a ti» (881).. . tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48. vaguedades de cabeza [. escrúpulos [.. a un momentáneo encono por la reciente. su modo de hablar.]. «los templos son campos de batalla. como. Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas». 887). .. A algunos lectores Tomás parece misógino47. 886. sus muchos melindres [. la va­ nidosa pretensión.. Otras declaraciones parecen misóginas.. pero algunas de sus declaraciones. v. pues. Rosales. Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886).. ante todo. entre otras cosas.]. en efecto. Quizás. flaquezas de estómago [. «las dueñas con su permafoy [.. (881.]. «tenía particular enemistad». consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo».. de cualquier modo (879). que es. su inutilidad y sus vainillas». Pablo. sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo. cuya «mujer se le había ido con otro». como..] no eran las apartadas. pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal.. en efecto.]..]: Dale lo que hubiese menester.]. la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?. déjala que mande a todos los de su casa.. te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». etc. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881)... que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115)... el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [.. a quienes. «las cortesanas [.].pos» (879). Otras declaraciones sobre las mujeres. por ejemplo. con más re­ pulgos que sus tocas [. tan determinada en conquistarlo. probablemente se deben. sin serlo en realidad. 128. Es el mismo prudente.. y le aconseja que no vaya a buscarla.]. todas o las más tenían más de corteses que de sanas»..

. Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger. lo que Tomás critica. la encontraría. que constituyen la médula de la obra. según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). p. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49. por encima del sexo que lo per­ sonifica. más bien. Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». supuesta­ mente. pero a la mujer. amistosa de Tomás. 93-102. pp. haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. Las mujeres bellas llaman mucho su atención. sociable. no quisiese cortejarla-—5 0 . todavía no la ha encontrado. Sin embargo. Sin embargo. el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52. y de su interés en el prójimo. Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». Se dice que Tomás es un “m isántropo”. 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. C ervantes y la libertad . porque. de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. a quien pudiese amar con todo su ser. según ya se ha mostrado. 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». simplemente. que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor». creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. en el futuro.que es el defecto o el vicio en sí. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. quizás. Sampayo Rodríguez. el amor. 115. 52 Críticos m encionados en la nota 3. porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879). de un modo u otro. Cervantes . resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. mucho más discreto que los otros estudiantes. toda­ vía no ha herido su corazón.

. pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera. sorprendente que Tomás. «un religioso muy gordo». profesiones. «Cervantes and the Cynics».. véase nuestro estudio citado en la nota 16. 56 O liver. Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—. de todos los tiem­ pos. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela. cívicas y personales. la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. como Vidriera. 55 Riley. A los “malos” critica y satiriza severamente. destructor. . pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55. y así. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53. oficíales. la actitud de Tomás frente a la vida. éstos. 1252)54. a que se re­ fiere. Quijote. un cínico negativo.. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad. optimista. incluso en un sentido es­ trictamente médico. p. 237. bilioso. pocos sabios [. precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es.. entre los médicos competentes. diríamos que. que desapareciera tan por completo después.tan». es claramente afirmativa. cierto optimismo. al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics».. grupos. sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son.. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ». ¿No sería quizás inverosímil. no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey. de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. ¡aunque no muy grande!. en la posibilidad del cambio. y del propio Cervantes: «[. en efecto. al futuro. son «tan pocos [. etc. esperanzada. en cualquier grupo. 190). Por desgracia. guloso. 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). en efecto.] muchos necios» (D. él no es. p.. muy justamente censurables. entre otros que no lo son (887).. de un modo impropio o in­ sensato. Antes de “enloquecer”. como algunos lectores lo han retratado.] es más el número de los simples que de los prudentes [. fundamentalmente. Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios. los «levanta sobre el cuerno de la luna»..] que casi no hac[en] número» (882).].

]. mucha­ chos porfiados como moscas. Uno de ellos lo llamó [. Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881).. ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita. sólo por oírle reñir y responder a todos». diciendo: ¿Qué me queréis. en cada calle y en cualquiera esquina». haciéndole toda clase de preguntas «continuo [. con tal de no dejarle en manos de m uchachos. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente.]..gunos m om entos—.. preguntas agresivas. 884): «Pasando. Cabe advertir. creador de la novela corta española.]. a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto.. atrevidos [..... Preguntáronle por qué [. ante todo.]..]... p... Preguntóle otro estudian­ te [. no sólo mu­ chachos. Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [. una vez por la ropería de Salamanca. que no puedo llorar? [... ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo». le comenzaron a tirar trapos. cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera.].. pues. Un príncipe quiso enviar por él [. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [.]... sin dejarle sosegar» (880..] ¿qué haré. Y después empezaron a «seguirle siempre muchos».]. le dijo una ropera: [. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales... que Tomás no critica a diestra y a siniestra. se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo. casi siempre maliciosas.]?» (880)57...]. a despecho de sus ruegos y voces. Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [. «a cada paso. Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [..].. 190). Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [. Uno le dijo: ¿Qué es esto [. provocadoras. y aun piedras [.].. Cervantes.].] ¿no tenéis qué decir? [. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo.]. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano..]. Así. como acto de defensa: «Los muchachos. Otra vez le preguntaron [. Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos... ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello. irritantes.. sucios [.]. sino «todo género de gente [. etc..... .]. y Cervantes......]»... que son la más traviesa generación del mundo.. y díjole: De nosotros [.] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [.

del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238). pp. a la postre. conforme a su parecer.]. por ejemplo. zapato malo». galas y perlas». porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”.. El silencio. del «juez de comisión» (884). 227 ss. cen­ sura a éstos. Sin embargo. La asociación mental de los dos casos. despiadada. el de a cuatro de a ocho» (885). una conveniente.. deshonestas. porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. la pasividad. a base del subterfugio. en efecto. ridiculas. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían.] empedrada [. y lo es en todos los demás casos semejantes. gratuita. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro. estas combinaciones de críti­ cas. fácil comprensión. porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885). y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia».. honradez personal. personal. hechas en una ocasión previa (886)... por ejemplo. constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. aun­ que sin provocación directa. pretensiones públicas de fe genuina. etc. paten­ temente. satiriza a los “procuradores y solicitadores”.] de dijes. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón.diato— respecto a otro blanco. aparentemente sin conexión alguna. de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58. lógicamente relacionadas de algún modo. inocentes de una crítica injusta. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [. cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta. la indiferencia frente a la mentira. resulta clara e ingeniosa. sino. que «pasea» a la hija «muy fea [.. cuando 53 Forcione. A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. cíni­ cas. En suma. pues. al disparate. aunque no siempre de inme­ diata.. siempre se revelan. Poco después de burlarse de la tendera. no se trata de víctimas inermes. ¿no sería. de individuos de hipócritas. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881). etc. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás. sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. como. del falso «licenciado» (884). . C ervan tes’ H um anist Vision. etc. ecuanimidad judicial. integridad intelectual.

cuando ésta lo provoca de m odo directo. circundando» (884). Q ui­ jote. en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. inevitablemente.].). sin duda. 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. Además. 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o . pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta. «La rueda de la mucha gente que [. pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance. 1326). con que no señale persona alguna» (D. aunque los reprende. y así de los otros vicios.. Vidriera señala a la persona. y decir en sus versos mal de los envidiosos.. punzantes y. 1326). 58) [«C om o en un jardín zoológico. p. que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce. a menudo. ingeniosas. en los individuos que lo ejemplifican... evidentemente. al encontrarlos en su cam ino62. con toda clase de preguntas. cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D. La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881).]» (887). 887).] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60.. los que lo persiguen a él. Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. «sin dejarle so­ segar» (884). Las críticas de Tomás son. p. con­ dena severamente repetidas veces (882. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . y divertirse a su costa59.. Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera. provocándole de continuo. «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [.. sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880). a veces. despiadadamente. se nos dice explícitamente que en tales situaciones. como en el caso de la ropera63. chispeantes. 161. que no de vidrio». Quijote. Tomás se sentía «confuso y [. Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid. ¡sitiado! En efecto. cuyas «lenguas y picos».. cínicas y sarcásticas. por verle armar algún escándalo. 61 Sampayo R odríguez.] corrido» (888).son éstos. la muchedumbre lo sigue por todas partes. no es un irresponsa­ ble.

entre otros. Esta op i­ nión. la estupidez. ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera. 64 El Saffar. que se le hacen.. etcétera. fundam entales. esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. la mentira. Sin embargo. la in­ competencia.. 105). confuso 64. í. la tontería. Sin embargo. cotidiano. en su conjunto. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas. refrán. en circunstancias siempre diferentes. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. y que . es evidente que Cervantes nados en nota 3). en un ambiente social.. pp. y de las preguntas tan variadas e inesperadas. 133155). “transcendentales”. Tanto las aparentemente ligeras. sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos. la hipocresía. el vicio. Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida. p. Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada. Por esta actuación meramente verbal de Vidriera. Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás. fluida. Rosales.. Esencialmente. en que coinciden varios otros críticos. Tom ás comunica verdades claras. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”. p.) en que se inspiran sus contestaciones. “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas.. natural. com o también la forma (apotegma. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad. le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad. más profun­ das. “real”— 65. 208). permeable.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol.. y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. «de pensado» (888). p. Imaginóse [.Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. N o v e l to Rom ance. en gran parte.Esta “fragmentación”. asistemático. etc. en que el público lo ha convertido. h. y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [. pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. 56.] que era todo hecho de vidrio» (880). verso.].

La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». de mágicos poderes reveladores. pe­ netradora de la más densa oscuridad y. el vidrio. pero que no decía. cuando “lo c o ”. La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás. igual que la verdad. chistosos. por ser él «hombre de vidrio». porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad.. perenne. Así.. dichos ingeniosos. pp. promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880). es decir. «Por ser [. de materia sutil y deli­ cada. im­ propio. mezquinos intereses “terrestres”. «A quí he venido [. de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo. que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda».. ob­ sérvese también que no son nunca tontos. obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo. p. por ser las cir­ cunstancias diferentes. con su sutil transparencia. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. frágil. tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). que él siempre persiguió en su vida. pesada y terrestre».) . que «le diesen de comer sin que a él llegasen».. 214). de los proverbios. por no perseguirle el público con sus preguntas. de que sólo «le hablasen de le­ jos». habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ). pero si no me dejáis. bajo la constante amenaza de un contacto violento. descansa en consideraciones m uy superficiales. Sin embargo. pero. pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. toda inhibición para decir la verdad. Así. lo que siempre pensaba. que­ bradizo. sin ser «de vidrio». es también muy “delicado”. Diríamos que se identifica con el vi­ drio. víctima fácil.] el vidrio. refra­ nes. verdades com prensibles para todo el que desea saberlas. la locura. todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. en forma alguna.] para abogar y ganar la vida. 35-78. sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”. de la mentira y de la ignorancia. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio. La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida. de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. paradójicamente. popular. ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. La única diferencia consiste en que pierde Tomás.

. favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. 165. las terribles consecuencias ínsitas en tal condición. 154 ss.. creador de la novela corta española . y le quebrase» (880). porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. supuestamente muy có­ mica. Con este objeto se fijan complacidos. 68 García Lorca.de las calles. como el vidrio-espejo. sobre todo. refleja de modo in­ mediato. consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. social. en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». consciente o subconsciente. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». De he­ cho. cuando la imagen re­ flejada no es halagadora. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887). humana. temeroso no le cayese alguna teja encima. de un modo u otro. «El licenciado Vidriera y sus nombres». la “locura” de Tomás es la explicación usual. determinado a ser fiel a sí mismo. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. véase G onzález de Am ezúa y M ayo. «si no fuera» por creerse de vidrio. sin inhibición alguna. de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». . se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada. ¿no suele quizás el mundo negarle. folklóricos. ardua enmienda personal. C ervantes . con la tan temible verdad. conveniente. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». claro está. Así. pp. Insistiéndose en su virtud deformadora. Ahora bien.. con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios. Tomás. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente. en realidad. nacional. Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. y. de esta obsesión. «hombre de vidrio». «mirando a los tejados. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. constituyen. etc. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. radical. etc. p. Personificación de la ver­ dad desnuda.

perversa o tontam ente. como hombre grave. pero sin ya declararse «de vidrio». 70 A dopta el nom bre Rueda. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. ya curado. sin jamás poderse revelar com o Rodaja. fundamentalmente. esencialmente. tam bién morirá com o Rueda. os responderá mejor de pensado» (888). U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. también porque piensa. «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. ninguna conveniente. sino tan sólo en la diversión. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»). sólo en esta sencilla y clara ironía. «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. según antes lo consideraban71. cuando promete decir siempre a todos la verdad. Al fin. aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. . en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. Rueda. modesta­ m ente. por causa de su actuación com o Vidriera. y no Rodaja. psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. pero creem os que consiste. a la vez. que todavía no ha honrado a su familia. sabio. 82-92. según dicen. y veréis que el que os respondía bien. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas. sabio. en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. a costa de un indefenso “lo c o ”. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. com o se ha propuesto al princi­ pio. que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. pp. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. de un m undo al revés. de improviso. engañosa disculpa69. entre otros). Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad. «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». Tomás va a Flandes. suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. Significativam ente. que considera. cuando Tomás. estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. preguntádmelo ahora en mi casa. and Certain Related Images» de Engstrom.cisamente por esta razón. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. bueno. Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. pa­ yaso callejero o bufón de corte.

. claro está.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877). brutal juego por la ventaja material y el privilegio. destructivo desahogo cínico.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán». aun al mejor intencionado. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [. N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. 74 La guerra por causa del rebuzno en D . Cervantes— 74. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera .. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia. C ervan tes’ H um anist Vision. el maltrato y el parasitismo. desenfrenado. . absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. a Tomás seguramente le parecería incongruente. que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado». con toda probabilidad. y el re­ chazo categórico del discreto. 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. en que principalmente parece consistir esa profesión. La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador.] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». “lamentable” con­ ducta o actitud pasada. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [.tuito. 73 F ord one. que. rasgo distintivo también de Vidriera.. Q u ijote (il. Ahora bien. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. tahúres. p. al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros. etc. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros.. pronto envuelve.. pasteleros.. incorruptible joven: «Esto sería [. rencoroso. a principios del siglo XVII. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso. de modo inexorable. de paso. El inescrupu­ loso. el texto no sustenta en absoluto tal interpretación. como cualquier turba mercenaria. caps. y también. Notemos. 316. por su tan “extraviada”.

cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. se concluye. anímica. no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase. fiel a sí mismo. todo lo contrarío. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. sino. No. pues la gente no dejó de «perseguirle». sutil. se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre». cruel. fértil. aunque ideal. la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte.. como. alado. como si todavía fuese Vidriera. él también.ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables. del pensamiento. liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». En efecto. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual. lógicamente. Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas. ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. por esto. Tomás. a la corte. delicado.. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos. al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. en realidad. creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. de Tomás bajo la «pesada». en particular. sino. como un trágico ostracismo. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877). donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. re­ crimina. «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. en efecto. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». a todas luces. pues no podía valerse de las de su ingenio» (888). sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). con amargo desengaño. a la socie­ dad entera. ex­ plica Tomás al capitán. ¡y de la actualidad!. y sentirse gratificado. morfífera «materia terrestre» (880). Teniendo en cuenta todo esto. y. en realidad. Ese mundo ignorante.

muriendo en un campo de batalla. p. p. filosófica de la obra. He aquí. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. «El licenciado Vidriera». ya otros (Riley. que a menudo se califica. Como ya se ha visto. en 75 A unque con enfoque distinto. Parte íntegra de esta ironía sería. es decir. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular. Con Cervantes. la actuación de Vidriera se sustenta. que ha escrito el inmortal genio»76. en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad. trágicas consecuencias. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. asimismo ejemplar. 77 Serrano Poncela. resignado. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. ge­ neradora de inexorables. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». con inefable tristeza. enfrentado con una insensata muerte. 194. aparentemente todavía no bien apreciada. callado. cuando menos. «El licenciado Vidñera». pero también. constituyéndose en la ejemplaridad moral. inconsciente?75. 102-3.de “terapias psiquiátricas”. repri­ miendo su opinión y su sentir. es decir. claro está. pp. sublime gratificación íntima. 76 A zorín. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888). Esta lamentable. La Torre. . quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. a nuestro juicio. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. a menudo. trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales.

virtuosos. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . dedicado. en la sabiduría tradicional. en forma de apotegmas. 78 79 . Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. ridiculas. por sus reacciones impropias. Desti­ natario de torpe.. su transmisor hábil. como en todas las obras cervantinas. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos. claro está. proverbios. analfabetos e “intelectuales”. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. y otros que no lo son. Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. anécdotas. refranes. oral y escrita.. de esta sabiduría. culta y popular. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad. Esa sabiduría tradicional. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. anónimos y notorios. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. Tomás representa a todos los autores. sabios.. chistes. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita. predominante en to­ das las esferas sociales. estéticos. sentencias. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria. naturalmente. en particular.gran parte. drama de este tipo particular de in­ com prensión. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. superficial de sus creaciones. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. que atañen a la creación y comunicación artísticas. también el arte con que se expresa. insensato apetito por la diversión fácil. quien así banaliza tanto el pensamiento. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. y como Vidriera. necias. la enseñanza como. De asiduo. a la vez. hombres y mujeres78. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. inevitablemente. dichos.. pasajera del destinatario. oral y escrita. frívola disposición anímica. festejados tan sólo por lo más “divertido”. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. morales y. y. correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos.

[«(.] 4 Calerait. Pierce. pp. «Introducción». «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events. p. el P inciano and the N o v e la s ejem plares ». . «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ». etc.] 2 Avalle-A rce. 114. «it does not merit discussion». porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. characters.. en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela. se distribuye en dos partes en la obra.LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . con que toda la materia.» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso». advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. «anecdotes. 27. pp. descriptions. de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 . no es digna del genio de Cervantes». Sin embargo.) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas». p. 71-2. 128. «unworthy o f Cervantes' genius». Esta estructura parale1 A tk in son . moraleja extraña de la historia. C ervantes: N ovelas ejemplares. «C ervantes.. [«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. Duran. psychological motivation and outcome as it does». p. desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción. «Structure. personajes mal retratados.) no tiene relevancia para el significado de la vida. N o v e l to Rom ance.. 197.] 5 Ibid. etc. 191. no merece ser discutida. en efecto. asunto inverosí­ mil. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. themes. 136-141. que... ill. lleno de increíbles coincidencias. etc. etc. Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua.. symbols». Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ». G itlitz. p. ejemplaridad cuestionable de la obra. la m otivación psicológica y el desenlace». l. De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. p. 3 El Saffar. C er­ vantes. «it has no hearing on the business or meaning o f life». [«(. [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. falta de «buen gusto».

temas.. antítesis.. pero. Soons. sino que. «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. mís­ ticas. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera. 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas. El Saffar. 7 Calcraft. de ha fuerza de la sangre. es concebida de tal modo. antitética. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. sím bolos (etc. 134 ss. . cíclica. sobre todo. «Structure.. Otras veces. y otros) reconocen tal estructura. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. en El teatro de C ervantes). no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. determina la estructura de la novela. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. divina. a nuestro juicio. “milagrosa”. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. por ejemplo. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica. mucho más sencilla. etc. en juicio de los críticos que así la caracterizan. en cambio. Casalduero. enga­ ñosamente. la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse. alegóricas. For­ cione. simétrica. pero sin descontar al “designio di­ vino”. reveladoras de la naturaleza compleja de la novela. etcétera. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. díptica. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ». p. 8 El Saffar. descripciones. sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1. en sus interpretaciones. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6.lística. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen. nuestro estudio propone otra posible lectura. se acentúa ía “industria”.] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja.) (.. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. alegóricas de L a fu e rza de la sangre . que se considera feliz. que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías. caracteres. N o v e l to Rom ance. Piluso. Forcione. 203. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. religiosas.. pp.)». al menos en parte. etc. sin contrición alguna. esencialmente. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas.

semiconsciente. sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. de esta obra tan “realista”. pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. Sin embargo. enmudece aquí». creador de la novela corta española} o. I. concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. 2 1 2 . la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. cuando menos. con gran sutileza conceptual e irónica. “histó­ rica”. en sí. ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891). como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. según se las hace imaginar su educación religiosa. pues. planteamiento de problemas de ningún género. en L a fu e rza de la sangre . censor de su época. 69. de una total abstracción de la moralidad. como penas del infierno o del purgatorio. tal conclusión. y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. nada frívola ni “idealizante” H. Cervantes. Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891). por un ins­ tante. G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . p. p o ­ lítico o de conciencia. . p. constituyéndose todo. característicamente cervantina. en un estado delirante.ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. en la ejemplaridad crítica. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella. entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. C ervantes . moral.

sin resistencia concediese con tu abominable gusto. antes podrás matarme que vencerme. las advertencias y enseñanzas 12 Riley. con los dientes». A lo forzoso. ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle. pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [..]... que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años. Al recobrar Leocadia el sentido. Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. A pesar de su ab­ soluta inocencia. de que en su tierna. que le quite la «vida». por «piedad». Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella. pues. preocupado con el decorum.] la ofensa que [le] ha hecho».. propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [. Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada. si no. sino conforme a él se le asientan en la estimación [„. tan repentina y violentamente. acongojada.]. 136-7. refleja. a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas. no es bien que [la] vean las gentes». despierta. que «cubra con perpetuo silencio [. cándida edad se acumule.chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima.] traidor y desalmado hombre [.. con la caracterización verosímil del personaje1 2 . desmayada me pisaste y aniquilaste». implora a su violador. pp. le recrimina indignada «[. Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra». .. Al expresar estas preocupaciones. N o se trata de un reparo crítico del propio autor. con las manos. indica su íntima. tanta desdicha.. es decir. Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice. natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). defendiéndose «con los pies... nótese. ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos.]. destrozada para siempre. en esencia. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada. entre mi y el cielo pasarán mis quejas.]». C ervan tes ’ Theory o f the N ovel. sin querer que las oiga el mundo!» (891).. que si ahora. no llegando los míos a diecisiete» (891). podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892). ya que le ha quitado la «fama» o. pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. Desesperada.

etc. no vio a persona. es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». y por desmentir los espías. El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que. o a lo menos junto a la iglesia mayor.que le impartieron en su casa. que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [. «también has de jurar de no seguirme. no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [. Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso». tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones».]. si acaso la seguían. después de la violación. y de allí a poco se fue a la suya [. tente por honrada.. y la verdadera honra en la virtud [. fuera de [su] padre y de [su] confesor». «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. ni el de mis parientes». sin que jamás 13 El Saffar... y pues puedes vivir honrada con Dios en público.. lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso.. porque». que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen.]». p.] . implora a su ofensor. profundamente horrorizados y entristecidos. dice... dándolos hacia su casa [.. Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle. Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron». N o v e l to Rom ance..] tú ni en dicho. ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. ni el mío. se entró en una casa que halló abierta. según se deduce también de las reacciones del padre. ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte. Leoca­ dia «miró a todas partes.. es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora. (893). Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [. ni saberla [mi casa]. a cada paso se detenía. «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892). nutrida por el chisme. ahora. ni en pensamiento le has ofendido [a Dios].. amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. sus padres. hija.]. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle». por decreto de la “honra”.].. 132. después de haberla violad o. [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia. Por la misma preocupación.]» (893). que yo por tal te tendré.

Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres..].. familia buena. porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [. pp. 894). como único remedio. erasmiana. suspiros y lamentos [.. en cambio. llenas de com­ pasión y ternura paterna.. .]. princi­ palmente.] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles. lloros. 125-132. sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo. en que fue violada. de comprensión humana. que es la verdadera honra. 15 Scott. exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos.. palabras sencillas. retirada y escondida [. víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta. Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893). no fueran en mí tan desdichados» (892) 16.. A esta convicción. 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia». por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles. «encomendarse» a la justicia divina (893). Proba­ blemente. honradavirtuosa.].. en realidad. la protagonista de esta novela1 5 . teatrales de esa época u . Como consecuencia del rapto. cristiana. sufriendo terriblemente todo el tiempo. reales y lite­ rarios.]. «debía de ser hombre principal y rico» (892). con ves­ tido tan honesto como pobre [. resignarse. La familia entera de Leocadia es. como lo lamenta Leocadia. consciente de que no se le reparará el agravio nunca. entre «gemidos. Palabras exaltadoras de la virtud personal. aconsejándole. Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols.. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. pero de humildes recursos económicos (890). parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente».. con todo el recogimiento posible [. sin dejar verse de persona alguna. de solidaridad en el sufrimiento. evocadoras de la tradición evangélica cristiana.te mire sino como verdadero padre tuyo» (893)..

digna. p. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. entre otros. claro está. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa. usurpando este oficio la madre» (894). G iornata ΠΙ. es decir. De acuerdo con su fundamental noción del individuo. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. sumario. Cervantes nos muestra otro posible desenlace.) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir. pasaje citado ya por Pianca. 38) [«(. porque. Juventud trágicamente truncada. contaminada Ja honestidad de su mujer»]. y habiéndose descubierto. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890).trozada. a la poderosa y rica clase nobiliaria. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ». no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia.. ya sin esperanza alguna de una vida normal. G o eth e (Fausto). causas y motivaciones impropias. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. atroz martirio!. de haber castigado al reo. non scemata. condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. feliz. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. Cer­ vantes no condena de modo categórico. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera.. física y emo cio nal mente. sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social. e d essendosi scoperto. ¡du­ rante siete años!. en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”. Sin embargo. fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo. Sin embargo. “deshonrada” víctima. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida. «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. . suprimiendo de continuo. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. su instinto y cariño matemos. y después. ¡Auténtico. hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza. mucho más extraordinario. D ostoïevski (El idiota). aunque se hubiese vengado enteramente. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. novela II.

el de las ovejas con el de los lobos y. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos. Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia. N o se trata de una inocua mucha­ chada. a lo menos muy virtuosamente [. Luisico. Y.. buena gente. porque mis padres lo son. miraron los de la madre y de la hija. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia. y lo han sido todos mis antepasados. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. depravado. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 .. pero son. «com o mujer y noble». con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas. y de la criada». cubiertos los rostros. si no muy rica. poder. les imponía. mientras que su hijo es.]. A su vez. el carácter. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. ya que no le po­ dían hacer rico. un ruin.]. según se verá. esencialmente. como ejemplo imitable. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896).. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones. a pesar de ser hijo de Rodolfo. pues para él toda “sangre” es “colorada”. . a todas luces.. D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia. que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895).lar. entiéndase “engendrado” y criado. «en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». Nobleza. consistente con esto. inspirador para los de­ más. la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio. la calidad. los genuinos méritos personales. Significativamente. como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina. lo cual repercu­ tiría también en su vida. Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [. del azar. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna.

gritó su madre. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9. C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo.subraya varias veces. más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto.. lloró su hermanico. arañóse la criada. Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social. ni los gritos escuchados. ex­ poniéndola. humana. que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo. que «despertó en él un deseo de gozarla. que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo. quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro»..] Dio voces su padre.] las crueles entrañas de los malhechores» (890). sin el menor escrúpulo de conciencia.. símbolo sacro­ santo de la familia. llevando «los despojos» de la desmayada. pero ni las voces fueron oídas. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». así desmayada como estaba». ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [. «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ». fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre. Después.. sin duda. si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”. p. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle. gratificada por el momento su lujuria. sino de una descarada. Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico. con muy buena razón. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia. En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. a pesar de todos los inconvenientes» (890). a la madre —mujer todavía joven..]. ni movió a compasión el llanto.. La apetencia sexual 19 F ord on e. todo lo cubría[n] [. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana. a un gran peli­ gro de muerte. según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [. con la misma facilidad. 363. para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación. pues tienen también «un niño pequeño» (890)—.

Libro vi. que una extraña. T oulouse. ¡ O necio humor. pues. m as devaneo! ¡C om o. . como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. (A lzieu. 2. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. no se dife­ rencia. cuando menos. la raposa y no como. de algún m odo. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella. Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. en algunos aspectos episódicos fundamentales. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. que de m ujeres quiero la hermosa . con obvio tono cínico. 3. 1975. tras su deseo. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia. la gallina! 4. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. esencialmente. en este soneto burlesco: 1. com o su ideal am oroso. 20 Lo que R odolfo proclama. R o­ dolfo queda «sin sentido». sumisa. con orgullo. del “ideal” que "se exalta”.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. porqu e es astuta. y adoran la si es fe a y es parlera. L issorgues. sosa de carácter: «como no sea necia. Es justificado pensar. y después. pues hermosura busco y no dotrina. con faceta psicológica más compleja. Cualquiera vaya. «llevado de su amoroso y encendido deseo. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. Jammes. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. P or la hermosura no dan cornado. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. quizás.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. no amor. 15. anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. p. p o r simple. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). de O vidio.

. por el poder de su familia.].. Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad. p.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». inerme. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada. cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance. Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [. Cervantes. R. Aberración sexual. creador de la novela corta espa­ ñola.. movido de sus lágrimas [. antes se resolvió en decirles que.]».. he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (.Rodolfo. Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas.]. probablemente. claro está. por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22.. la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella. siem­ pre posible cuando hay testigos24. Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [. 127. caprichosamente. Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados. pero ya en la calle.. la había dejado en la mitad del camino» (892). 221.. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. Sin embargo. II. ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890). since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes). avasallando todas sus facultades racionales. 23 Scott. «no quiso hallarlos. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo. p. Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia.). Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor. siente algún tanto de com pasión por su víctima». porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien». pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado. . Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». por otra parte. nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y. quiere evitar toda incomodidad con la justicia.. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas.

hay dife­ rencias significativas. vuelve a su casa al caer la noche. tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). De tales festines nocturnos. de cuestionable propiedad. p. el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador. D e igual m odo.. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. claro está. «sin ser visto de nadie [. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. N o v e l to Rom ance . por los calores del verano. quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito.. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent. «todos insolentes» (890) —sin duda. mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. «las once».]. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón. siempre anticipando aprobación y admiración. para ir al río. por frío cálculo oportunista. Likewise. a las diver­ siones disolutas. while movement away from the city suggests the opposite»25. como gente honrada y discreta. que no obstante quedan descui­ dadas. Por cierto. con­ secuentemente.. porque son propicias a las «compañías libres». Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres. y.gests the facile movement toward degradation. al explicar que su hijo llevó a Leocadia. Rodolfo baja. muy obvias. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia. portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. 26 Es inolvidable la descripción de D . para violarla. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. a un cuarto aparte en la casa [. . pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo. aplauden todos sus «desafueros». necesario. 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. dejándole. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo.. «por darle gusto» y. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento». m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. a estas horas. probablemente al río.]» y 25 El Saffar. Y ellos.

enviarle a Italia. Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas. ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo. picioni. pues. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. no atreviéndose a disciplinar al hijo. considerados. a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. sobre todo. Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. probablemente. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). noble». Poco después del rapto. al comportamiento y a las andanzas del hijo. A la inmediata. discreta. desee el padre alejarle. En todo caso. El “desig­ nio” se realiza puntualmente. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato. como de seguro sabe muy bien. donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». precisa­ mente por este “renombre”. diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). con su acostumbrada indulgencia. pero no lo es menos que. Esta “inadvertencia” que. el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia.que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). que amenaza la honra de toda la fa­ milia. que no tuviese pena alguna. «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». que era fácil deshacerse los conciertos». juguete para su mocedad. a su voluntad. de Toledo. Con sutil estrategia psicológica. pero «fea». Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. no es moralmente condenable. pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. por un tiempo. «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa. y. el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. «conforme a su deseo» (897). en sí. permisiva en general respecto al modo de ser. nótese. sólo como na­ tural desahogo juvenil. pre - .

]. sin duda. en que Luisico. vol. dicho encuentro no sólo no sería imposible. ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894). tan hermosa Italia. y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia.] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros.]. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. creador de la novela corta española.. Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. y defenderla del turco y otros dom inadores [. “mila­ groso”. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». II. de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido».. los italianos. .. Sin embargo. de dos de sus cómplices toledanos. cuando menos. apuntan al modo de vida al que Rodolfo. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. acompañado. en sus paseos por las calles de Toledo.. ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. p. pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria. sino a ser soldados [. su nieto. sos­ pechen la conducta disoluta del hijo. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—. significativamente.. Estos anticipados deleites. irresponsable del hijo. i). «voraces dom inadores».suto et salcicie» (894)27. A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido. en un estado de continua. El que los padres de Rodolfo conozcan o. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto.. ¿no sería mucho más extraño. consideradas todas las circunstancias. ¿no es­ taría «el anciano caballero». totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—. precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[. Consciente de la vida libertina. 211). hijo de Rodolfo y Leocadia. es atropellado por un caballo. sino muy probable y por completo natu­ ral. los cuales encontraban hermosa. y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles.

estilísticos. Por otra parte. “realista”.. y por mejorarse de puesto. El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. objetiva. Parece «harto verosímil [. «La furia de la carrera» se refiere. Sin embargo. alegórico en la obra. paralelos. 117.). p. y dejóle como muerto. de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. para rebatir las opiniones opuestas29. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her. de un modo u otro. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street. shedding his blood. derramando su sangre virginal. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. etc.un sentido fundamental.. en definitiva. y por el instinto de la «sangre». derramando mucha sangre de la cabeza» (894). son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. es m otivo fundamental de la novella 27. según nuestra interpretación.. púsose a mirar.. pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo. temáticos. con que coinciden todas las demás que. 29 Rodríguez-Luis. a una ley física. incontrolable.. [«El caballo que atropella a Luisico (..] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras». cuestionable. por la semejanza de la «facía». en suma..]»30.. de la «natura». estructurales. Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. cuando me­ nos. Parte II. tendido en el suelo. como dice un crítico. p. i.] . Parte II. a la gran velocidad del caballo. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. pasó por encima de él. y no a su naturaleza salvaje. shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. etc. buscan un sentido altamente sim­ bólico. 70.. irónico. Interpretación tentadora. este episodio es tan verosímil. 30 G iditz. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo. quien rapta y viola a L. y R.. pero. pero su sostén textual es. evidentemente. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28.) derramando su sangre. la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino.

p. 35 32 .. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es. y la derramada por Cristo. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»].) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption». la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y. Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular. El hecho de que. etc. derramada en un simple accidente. 33 Ibid. sin embargo. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [. Calcraft. crucialmente. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896). etc.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»]. para uso diario de 1a fam i­ lia. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». sino para ocasiones extraordinarias. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. etc.]. así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32. con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be. Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos. evidentem ente. Y. hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico. primordially carnal appetite and pride » 31. Esta distinción. para hospedar visitas ocasionales. porque este accidente determina la identificación de Rodolfo. [«(.. víctima inocente de la maldad. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. 2 0 2 [«(. los m edios de la redención de su madre. después del accidente..igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. Es cierto... tanto en el nivel humano com o en el moral. comprensiblemente.. según nosotros importante. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”.. representado en la imagen del crucifijo. Leocadia se identifica. todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo. con el sufri­ miento de Cristo. por la Providencia D ivina en todo ello. pidiénIbid. «Structure.

la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia.. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. a pesar de haberle ésta revelado todo. como rico. «abrazada del crucifijo» (896).dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). su natura­ leza? Y significativamente. una obsesión patológica de Rodolfo. consolador. de prueba material. como mero objeto precioso. en efecto. otros considerándolo. Los personajes revelan. como factor. la verificación de los hechos. reconocido como propiedad del hijo. de mórbidos complejos personales. «no por devoción ni por hurto. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893). aunque incidental. aun­ que. de un modo u otro. con tanta probabilidad. propiedad. nótese. se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos». sino llevada de un discreto designio suyo» (892). de “testigo”. En efecto. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. de­ sapasionadamente. milagroso. ni siquiera la más leve emo­ ción. ante cuya imagen se renovaron las lágrimas. por el crimen cometido. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico. pero no se le dio nada y. etc. o hasta. que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. que pues ella fue testigo de tu desgracia. pues. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella. no hizo cuenta de ello» (893). el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. el crucifijo. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. Independientemente de la actitud particu­ lar. se hicie­ ron deprecaciones. sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. para la identificación de los protagonistas. cínicamente. lo cual responde a su propósito inicial. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo. sirve a todos de “testigo”. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». Para algunos personajes —y . y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. según lo sugiere. ya casados.

201. los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas». De hecho. pp. «Structure. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. [«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas. libidinosa de Rodolfo. «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes.algunos críticos— es también “juez”.] . Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz. Forcione. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35. etc. Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. y. pp. representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto. quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (.) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país. 35 Calcraft. buscar remedio. N o v e l to Rom ance. «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre».. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. 271-5.. particularmente.. El Saf­ far.. En efecto. identificar a su ofensor. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34. Y. 134 ss. p.. Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ». I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien. se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship.. sin embargo. etc. honours his parents and the customs o f his society. la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual. la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas.

Lejos de contradecirlas. 37 D . razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). antes. hasta el extremo de casarse con ella. se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. de su futura esposa. sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”. etc.]. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas. en efecto.. las costumbres. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña. sin querer saber nada de lo que tan importante. Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-. facultad de seguro perfeccionada en Italia. sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería. para casarse. sino con muletas. de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió. las circunstancias de su vida.dolfo36. etc. las virtudes. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter. sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. y. cuando menos. 38 A l principio. evidentemente. sin averiguar antes su identidad. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». como mozo poco experimentado. ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. pues. (897). tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899).. pero. Ninguna preocupación revela por la personalidad. en suma. superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. fundamental sería para un buen matrimonio. su relación con Luisico. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas. el carácter. . Dice algunas cosas. al vol­ ver de Italia. la conversación de Rodolfo con su madre. en Toledo. Regresa a España para casarse. en sí..

. porque en ese «tiempo». su naturaleza monstruosamente egoísta. Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado.]».. supuestamente anterior al Concilio de Trento. y. por lo cual también concluye Belisa. ellos me la dejaron por herencia. La aceptación. Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre».. ante todo. pues. sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure.]. Así. y a mis pasados y a mis padres. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”. no evidencia la sensibilidad estética. inviolada por hombres como él mismo—. se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). sugestivamente. precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso. también posible en el caso de Rodolfo. Y muy de acuerdo con estas actitudes. el buen gusto de Rodolfo. tercera jornada). sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza. a la par que de su belleza física39. mudable dispo­ sición del hijo. pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. pero implícita queda la estridente. hedonista: «jque me entretenga!». p. . irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». de manera estridentemente obvia. enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel. porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. era suficiente «la voluntad de los contrayentes. sino. conociendo bien la naturaleza. una de sus víctimas. ¡«Fait accompli». la ma­ dre. discre­ ción. 200). a Rodolfo logran casarle con Leocadia. D..nobleza y de la discreción. la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. la belleza quiero. sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899). caprichosa. El burlador de Sevilla. la caprichosa. Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897). su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. gracias al cielo. la hermosura busco. como una mujer no sea necia [.

brutal modo de ser. en el sentido sugerido. hubo de sufrir. redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella. «en tanto que la cena venía». ante todo. se desvanece de emoción en su presencia. se nos dice que es «venturosa» (899). Sí. y de sentido tan serio de la vida. de modo muy iró­ nico. se realizaría . durante la cena. «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma».]... a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [. con tan trágicas consecuencias. pero de seguro.. reconociendo su paternidad de Luisico. y al casarse por fin con él. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [. que ella. y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos. cuando. y a aceptar como por completo comprensible. natural.] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897). con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva. pues. sensata. cuando éste vuelve de Italia (896). etc...] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [. su fría crueldad. no dejan de «suspenderla» (896). ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo.. comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado». La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. la doncella tan juiciosa. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad... «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo.] a hurto» en la mesa.—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle. Leocadia «ya quería» a Rodolfo. sin poder prever que. la afirmación de que ella. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto. sobreviniéndole un desmayo» (898). decorosa apariencia y el bárbaro. ca­ sándose con ella. al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898).] le miraba» a Rodolfo. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre.. poco después. discreta. su monstruoso egoísmo. Así. «alguna vez le miraba a hurto [.. por la chocante contradicción que observa entre tan gentil. precisamente por su desbordada sensualidad. simultáneamente.

p. en vuestros brazos sin honra. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [. etc. Gitlitz. en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa.. señor. pues. pero yo lo doy por bien empleado. dice Leocadia». hasta la más atroz experiencia del pasado. cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida.. 68: «Honra y no amor. N o v e l to Rom ance .. 4 1 Rodríguez-Luis. se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada. etc. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar. 43 L a estrella de Sevilla (última escena).] me hallé [. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891)... Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes . ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige. pues al volver del que ahora he tenido [. ni después de casados. angustiosa carga de toda su juventud. Leocadia lo da todo.. . «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43. Aliviada de improviso de la ator­ mentadora. pero tan bru­ tal. ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!. hasta.] honrada» (899). abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l.). ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. esencial­ mente. 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia. me hallé. indicando «la restauración de la honra» de Leocadia.. antítesis. pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie. Aun­ que ya libres de todo rencor. y quizás particularmente. declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto. en el matrimonio. 132. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa.poco después el matrimonio. «por bien empleado». N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—..] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). p. por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. I. 4 2 El Saffar. Calcraft.

lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz. que eran la lumbre de los suyos» (890).. tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ». . «Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention». "luminosos”. cuando menos. Calerait. pp. y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia. Gitlitz.]. 4 5 Azorín.]. Selig. respectivamente. 100.]. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa. etc. pp. 87-93. que sus padres se encuentren «ciegos. Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. Así. p. la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia. caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. Forcionc. Con «el res­ plandor de la luna. Ahora bien. aparentemente. 59-67.. llenas de «radiante luz». los estu­ dios de El Saffar. es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. pues. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). 121-5. sería. Levisí.. y otros. etc. pp. por ejemplo.. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ». pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [. En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—... eventual prueba material del crimen ocurrido. tan claro». y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios. de regreso del río. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral. vio un crucifijo pequeño [. en la primera y en la segunda parte de la novela. en A l margen de los clási­ cos. pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. (892). 485-490. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales. como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares. pp. «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». «Al margen de La fu e rza de la sangre ». según varios críticos.su «resurrección» en todos los sentidos.. Soons. sin los ojos de su hija.

en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. del genuino sentido del amor. se humilló a todos [. como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia. Parte Π . probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó. y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo. cintura y collar de diamantes. lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral. etc. no se casa con ella para desagraviarla. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido. es decir. traía de la mano a su hijo. Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia. por semejanzas. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo. para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. Esta escena hace evocar el banquete. sus mismos cabellos. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio.. le ser­ vían de adorno y tocas. de Bandello. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido. Rodolfo se olvidó por completo de ella. de un modo u otro. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban. «vestida [. 66). Como simbolización incontrovertible.. en la novella 42. no corresponde a la de la virtud.. Lo dudamos mucho.. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (.N o v ed a d y ejem plo de las I. p. etcétera. es realizar los desposorios.]» (897-8). claro está. 4 6 . para restaurarle la honra a ella y a la familia.las sugeridas usualmente. acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. pues. vitalmente. con airosa gracia y discreta crianza. Era Leocadia de gentil disposición y brío. ¡Leocanovelas de C ervantes. la pérdida de la virginidad. en esta obra. probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. de los cánones sociales. para expiar el crimen y el pecado. llovida de bo­ tones de oro y perlas. durante el banquete. Lo que a todos importa.] de una saya entera de terciopelo negro. Levantáronse todos a hacerle reverencia. sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. Es significativo.

con noble ademán espiritual.dia lo sabe tan bien! Así. sobre todo. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. sólo con la preocupación de su paternidad (899). 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente. como última afirma­ ción de integridad personal. «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». insaciable y tirana deidad. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. testimonio vivo del agra­ vio —en quien. su único nieto conocido. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. tal como éste desearía. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico. se revela. un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. desfilar frente a Rodolfo. Sí. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican. sino como señora de alta dignidad per­ sonal. “iluminan”. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante. más tarde. del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. a la vez. pun­ tillosas convenciones sociales. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria. Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. Rodolfo ahora no repara en absoluto. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. al observarla dócil. como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. nótese. aunque lo fuese por él? Al hablar de la . que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. pues. pura víctima. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. y. Leo­ cadia. por todos sus muchos sufrimientos. por causa de las crueles. que ya antes re­ clamó la misma inocente. trayendo «de la mano a su hijo». con toda probabilidad. sumisa. humilla­ ciones y sacrificios.

que. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». pp. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales. el egoísmo. p.dera “venturosa” al fin. las absurdas preocupaciones. . de hecho. entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les». justas para lograrlo. se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio. creador de la novela corta espa­ ñola. 221. 5 0 González de Amezúa y Mayo. que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario.] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes. y meras consideracio­ nes prácticas del momento. 121 [hizo lo mejor que pudo]. o fuerza desentendida de la brutalidad. over­ turning the proper hierarchy in the soul. de perdón y de confianza renovada. an d hence alienating m an fro m his true nature. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls .. necesidad. [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza.. en suma. pues. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. an d only then. «o f Christian m arriage.. p. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre». Cervantes. por conveniencia. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna..) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos.] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués. they are then. las penosas disimulaciones. i]. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. pues «en aquellos siglos [. la arrogancia. 156 ss.! “Alegría” final. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo. Cervantes.. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid. el matrimonio religioso» 50. sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales. medita sobre esta «alegría universal». 4 9 Gitlitz. fa m ily autho­ rity. pues. como bien se ha observado. ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes. 162-3). como reparador de la ofensa. pp. de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada. «she has done the best she could»49.. egoístas. intereses particulares.. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia. en La gitanilla.. la perversidad.

con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. . D e poder demostrarse convincen­ tem ente. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales. La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular. “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. aun sin contrición alguna del ofensor. 151-8. con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. «la llaga» (895). según ya se ha dicho arriba. atribuíble a una maduración interior. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. resignados. sino. pp. Las dos doncellas. and La fu e rza de la sangre». de m uy sutil concepción artística. «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. pp. p. si tal es el pro­ pósito del autor. «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. en gran parte por esto mismo. des­ pués. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio». la declaración «por permisión del Cielo» (899). en base a la evidencia textual. Sin embargo. tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. "la medicina”. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51. Casalduero. también.en una digna relación conyugal futura. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. pero también. con igual sugerencia irónica. P abón. sin sostén ra­ cional o moral alguno. por genuino sentim iento amoroso. Sin embargo. 119-124.

Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. se han señalado muchos an­ tecedentes. . il. ejemplar o sólo anecdótico. se hayan encarnizado en buscarle analogías. creador de la novela corta espa­ ñola . «G loses sur les maris jaloux». con tesonero empeño. p. como es natural. viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo. lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3. 2 Cirot. mitológicos. pues se trata de una situación hu­ mana universal. emborrachándole y robándole las llaves. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario. un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal». pp. 422-3. p. para deleitarse después con un amante. y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. que. 3. lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos. y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. 13. pp.].. sempiterna. bíblicos. Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis..EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que. como gusano de seda. así. C ervantes . artístico. Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios.. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ».» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [. G onzález Palencia. cumbre de la novela corta».. para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio.. me fabriqué la casa donde muriese. «G loses sur le m aris ja lo u x ». Con respecto a este incidente. folklóricos. 3 Cirot. su joven esposa. en que una mujer engaña a un mancebo celoso. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. 234-5. En La lena. propuestos hasta ahora. Para las extremadas medidas con que el viejo. todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina.

«a su misma casa». Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[. 6 G onzález Palencia. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4.. 2 0 0 . como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño. Brow n.. comúnmente muy pasa­ jera5. en un cofre. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». Este y otros motivos mitológicos. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano.. trayéndole uno.).. 7 Avalle-A rce. pp.. cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos».]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (. 417423. El amante cava «sotto la terra [. el viejo. por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(. metido en un baúl. «El celoso extrem eño de Cervantes». El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6. 81-118. y go­ zar a la encerrada.. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita.. En un cuento marroquí. «N otas sobre ios elem entos m itológicos.. p. hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7. llegando una D u tin. perdona a su joven esposa. Al descubrir el adulterio. todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. todavía niña.... 4 5 . bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ». se vienen abajo. En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia. «Las N ovelas ejemplares»... El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino».) a una roca que se llama Altamura (..) una vía (.]/ In­ tro una ciambra.) en un aposento peor que una prisión»]. peggio che preggione» [«(.) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»]. pp. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla.rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion.. comprendiendo su error..] una via /[.

su pasión. (¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. Sin embargo. con algunas modificaciones interesantes. tocando «certe canne».. perché avea troppi anni /[. «II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G. «Gloses sur les maris jalou x ».noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 .. p. 2 2 1 . 10 Cirot. Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina. El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado. En una novella de Straparola. En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa.. entreteniéndole con juegos de ajedrez. / che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto. 12 Cirot. Garronc. 11. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo. los encuentra abrazados por la mañanaI3. Straparola». Fue mal apto. 209. p. pp. porque tema demasiados años. atrayendo a la esposa. Este cuento se reproduce en el Filocolo. En la Histoire de Floire et de Blancheflor. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 . Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris. de lo cual después alardea en la calle9. 8 9 . como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 . El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. F. Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca. guardada por centinelas.. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». en que encierra a su joven esposa. «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». 11. el padre de Caterina. ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable. 13 Castro. 11 Castro. «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». un rey construye una torre. con el pre­ visible prem io10.2 . logrando el fruto deseado. Lizio. 138-143. p. pp.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ».]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(.

136-7. se destaca Castiglíone. Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . 144.. . siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». pp. T utte le opere di M atteo B andello . entre los cuales. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa. o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». la P arte (cuatro Partes) y la página. entre otros. indicando. Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». cartas. 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». 1992. [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. respecto a este problema particular. i. la página. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia. Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. según C astro16. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5. varias otras del mismo autor. 129. En efecto.atentamente las novelle de Bandello. pp. rv. con que en sus novelle. Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. «perece en la demanda». quizás incomparables en la literatura europea precervantina. y muestra que «el obstinado». El pensam iento de Cervantes. cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria. 16 Castro. en menor grado. etc. aún más se destaca Bandello. tras la cita. es inmanente». En nuestro juicio. Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 . Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. A nales cervantinos. trata ese tema. prólogos. 525-528). en E l teatro de Cervantes. U tili­ zam os la edición de Flora. constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. M enéndez Pelayo). de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad».

La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. La «natura umana ». Bandello siempre imparte castigo al transgresor. de una estrepitosa burla. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. con más frecuencia. Esta intención moral. se merecen) las cadenas y los grillos. 422. ejemplar.. su convicción de que la literatura. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. III. sin tomarse a veces alguna remisión de la mente. a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. porque. tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. 538). no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos.marito per moglie». pese a su gravedad. «degno di compassione e perdono» (33. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo». no debe ni puede «negoziare di continovo.) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (. En efecto. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari. declara.. Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido. para . la marinara e le croci» [«(. el hacha y el tormento»].. III.] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente. (por lo cual).. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa. por lo cual «non è [.. 57. pero esto refleja.. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi. chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni. el arte... ya en forma de una muerte “ post errorem” ya. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada. entre otras razones.

no siempre se asiste a los nego­ cios. rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. Estas nociones sobre la función ética. non divenendo gelosi senza cagione.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. donde el afligido espíritu descansa. digo sin daño del alma ni del cuerpo. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male. recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. teniendo celos sin causa. nos dice Cervantes. le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(. . Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. por calificados que sean. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley. según los casos»]. Sí. aunque él tuviese más ojos que Argos. destaca Ban­ dello. claro está.. muy significativamente. 87). el «suceso» del celoso Carrizales. p. se buscan las fuentes. se sobrepondrá y se la pegará.. Por estas razones también. escribe él sus novelle (41. pero.que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. Para este objeto se plantan las alamedas. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd. ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido». donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. declaradas. escribió él su no­ vela. uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. Con la misma intención. «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [. I. también. al fin ella. che se egli avesse piu occhi che Argo. no siempre se ocupan los oratorios. a la vez. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta.. en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos.]. con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. horas hay de recreación. ejemplar y. que no siempre se está en los templos. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel. 64-5). II..

en la trascendencia del “suceso” cervantino. sí pu­ diese pasarla con Bindoccia.. se con­ tentó de dársela»]. al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio. Así. caballero napolitano. Según se verá. cree él. no se trata. astuto conocedor de su sociedad. pues. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así). «al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. cuenta Carrizales.poco que hay que fiar de llaves. vagas. Con ella. le causa a Carrizales. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas. “bellísima” jovencita. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza». Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. 919). Sugerencias generales. con tan bue­ nas razones. y con quien se casaría. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. Angravalle. tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. en el as­ pecto humano y artístico. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. artís­ ticamente. granjeada en el Perú. La tendencia codiciosa se sugiere . Por mucho que se insista. en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. en todos sus detalles. pero también con la codicia de los padres de Leonora. para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual. la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato». caracteriza la novela en todas sus partes.

vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. y despidiéndose de ellos. En todos estos hechos se insinúa. y así. de las obras cervantinas. llorando con sus padres. Sí. el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos». 122 ). para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma. como el sacrificio de Ifigenia. cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice.repetidas veces en ellos. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919). En las novelle de Bandello. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales.. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. de modo tan característicamente cervantino. ¿sería. o. concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. se vino a su casa» (904). rodeada de sus esclavas y criadas. pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito. Señalaremos algunos casos importantes.] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. . las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. se satisfacen. también. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903). quienes. e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. evidentemente. en absoluto.. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre. Se evocan clásicas situaciones trágicas. para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. com o en otras obras cervantinas. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904). la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905). por mayor horror. asida de la mano de su marido. por el afán avasallador de su «remedio» material. hijo. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. les pidió su bendición. que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno.

. sobreenten­ .]. en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida. al salir para América. 1. Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio. infames. Sin embargo. pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903). las ridiculas. por lo menos de algunas relaciones.. precisamente.. (como.. [«(. y comenzó. hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (. rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902). sin causa alguna». che spesso poi gli fa fare mille errori» (33. para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa». combattuto dal freddo verme di gelosia. Mujeres solteras y casadas. las ridiculas medidas preventivas.... es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [. con quienes. 611).): cuando salía de la ciudad o de la casa.. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos. porque. 422). che da quelle non si poteva veder persona alcuna.. A.. ha visto mu­ chos desastrados.] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo. sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4). y porque. lo sugieren los «peligros». La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar.. sin duda. entre la puertecíta y la puerta. «el mal gobierno» de toda su vida.impazzisca e divenga favola di volgo [.). se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902).] diventa sospettoso e muore mille volte il di.. él mismo ha destruido muchos de ellos. Así.] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado. que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa. m. p o í ejemplo.). con toda probabilidad. Carrizales «era [. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo. "buenas” y “malas”.. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores. a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53... indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”.. se hace suspicaz y muere mil veces al día. como. fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta.) es a menudo causa.. fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano. por ejemplo.

dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904). hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). tan intensa... sin paliativos posibles. pues sus celos radican en una «natural condición».diéndose: «sin provocación específica». dudas. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. no por ser éste viejo. Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero. también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo.] con la costumbre» (Coloquio de los perros. de un modo más bien casual. Anticipán­ dose a Balzac. se debe. cuya avasalladora fuerza. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 . descuidada. en cambio.. por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro». e «hizo torno. dice Cervan­ tes. se cons­ tituyen en un asombroso. miedos. petulancias.. sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal. irrazonable por causa de sus celos. Como imitando al celoso marido bandelliano.]. 1017). De hecho. y con intención categórica­ mente condenatoria. sino por ser un viejo “vicioso”. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales. pero reserva tan gran fracaso para Carrizales. Cervantes adivina complejos problemas emocionales. palpitante organismo de aprensiones. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable. psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. «se vuelve en natura­ leza [.. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. con gran ironía. de hecho. absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal. Leonora no le es "infiel” por su vejez.. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. p. de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad. sino. en definitiva. que. en suma. sin que pudiese ver otra cosa». y cuando «salía de casa». de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo.]. y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. . 171. que en Bandello se representa. del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven. que de la casapuerta respondía al patio [. sospechas.

despide. con tan buena razón. que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama)... «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos». de cual­ quier modo. Febres... quien cuidaba la muía y cocinaba. pues. Carrizales la considera «pestífera». con cualquier impedimento físico en ella. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca. «tutte quelle donne che in casa teneva [. de hecho. porque llega a conocer su perversa naturaleza. se están. como si fuesen partes distintas de la novela20. 21 Más tarde. la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato. etc.. «taimada». enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. de su casa. excepto «uno solo di m i si fidava [. origina­ les de esta novela.. «un negro viejo y eunuco [. un truhán rudo y bellaco. toda la materia episódica y descriptiva constituye. el de Carrizales. particularmente en contraste con la del marido bandelliano.) a todos los criados. encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904). (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio. compra «cuatro esclavas blancas [. guardar la entrada de la casa. a la vez. ma tanto inetta ch 'era da niente. un comprensivo retrato del viejo celoso. revelado por su «maldita dueña» (916). 20 Ibid. quien.). y otros. etc.] Arreglo mucho más “liberal”. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo. en reali­ dad. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes». (918). contrata criadas.. pues. de quien se fiaba (. despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (. por celos. de Loaysa y su es­ tratagema. pero tan inepta que no servía para nada..elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan. excepto uno. Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios. .]...... al casarse con la niña.... D esd e la perspectiva de Cervantes. 8-9.].] para curar de ella» y. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(. pp. Desde esta perspectiva. il quale la mula governava e faceva la cucina». resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales. También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!. según lo muestra su despecho.] y otras dos negras bozales». che era un mascalzone ruvido e vi­ llano. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis. tutti i servitori».

. irían a oír misa. a las esclavas. 5 . 1. M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. «después que casaron a su hija» (917). supuestamente ya “pasada” para amores o. “mutilada” o..] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa». En su grotesco harén. como un nuevo Argos. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora. a huonora. Así como el marido bandelliano. ante todo. entre otras considera­ ciones...) a las mi­ sas. su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual. (pero) sólo en las fiestas. vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»]. nunca los invita a su casa. «de día pen­ saba. pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). porque. 1. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53. Considera prudente acompañarlas él mismo.. 70) [(. Aquél permite a la esposa ir «a le messe».. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta. Por su parte. y tenía que ir a la primera misa (. supuestamente por sumisas. por lo cual contrata al eunuco. 1. más precisamente. ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905). al considerarlo atentamente. por lo menos. mental. espiritual.. 611. visual. para trastulos sexuales. debía «tornar a casa» (53. Por esta misma ra­ zón. de noche no dormía. auditivo. coetáneas de Leonora.) acompañada de la muda y de un criado. [«(. cosificadas. Quiere. se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. . material. de seguro.. todos. (debía) volver a casa»]. tener una servidumbre desexualizada.. incapaces de iniciativas propias. al aya. con el mundo exterior. Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica.pero. y a Marialonso.. pero «solamente le feste e hisognava. que él quisiera que lo fuese.) forzaba que de continuo. a las dos doncellas. che andasse la malina. y acabada la misa. él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905). Carrizales.. 611). a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [. sin faltar nin­ guno. emocional.

Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. acude a unos manuscritos viejos. episodios.De acuerdo con todo lo visto. empiece a negociar «en la calle [. es decir. en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. Cervantes. . caracteres y pormenores. en efecto. 22 G onzález de Amezúa. como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. callada y alevo-: sámente. al casarse. Aunque de modo juguetón.. «falto de inventiva. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño. 241-2. entrar «de la puerta dentro del patio» (905). relevantes en el nuevo. una esencial origi­ nalidad. Sería ridículo. apropiados. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ). Antes de con­ tinuar con el examen de éstas. abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»]. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices. saquea poemas italianos para hurtar de ellos. [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían. original contexto literario que está creando.. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención».. creador de la novela corta espa­ ñola. a veces mencionándolos y otras veces no. pp. y que Carrizales. en cualquier caso. sin dejar «jamás» a ninguno de ellos. y M ayo. pobre de inspiración. como no sea todo el concepto y toda la copla entera. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba. pero. argumentos. busca libritos rarísi­ mos. Cervantes. la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos. 81). sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. il. eficaces. A menudo.. si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes.] con sus amigos».

che erano alVncontro Vuna delValtra. per il quale sipassaua andando alie camere. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. dos a la derecha y dos a la izquierda. de Leucipe y Clitofonte. está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. más atrás. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. es­ taban la joven y la madre. en los otros dos. Las' ideas de este interior. tenía cuatro cuartos. N el principio di questo ándito si serrana una porta. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». cerca de la entrada del pasillo. pero la joven. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. en uno estaba Clío. quien le corresponde en ese deseo. et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto. en dicho aspecto. . cerca de la joven»]. Apasionado de Leucipe. etc. Esta era la resi­ dencia de las mujeres. frente a frente. Leonora. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». Sus semejanzas con El celoso extremeño. y sobre E l am ante liberal. stauano la fanciulla et la madre. Clítofonte quisiera gozarla.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. Questo era Valbergo delle donne. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle.. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. para resguardar a Leucipe. En los cuartos interiores. recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”. según la traducción de C occi o. Nelle camere piu adentro. y su sentido. pasillos. claro está). al comienzo del cual se cerraba una puerta. E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande. haueua quattro camere: due a man destra. Además de esa formidable disposición de departamentos. puertas. cuartos. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe.

etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. «sobresaltada». quienes se entusiasman de inmediato por la empresa. et ella prendendole le serbaua.. según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa». cínica. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. sobre todo. di nuouo gli porgena le chiaui. para sensacionalizar y amenizar la intriga.sempre metteua a dormir Leucippe. que de la casapuerta respondía al patio».. Frente a tan formidables obstáculos. blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. es decir. 912). le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. 24).):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. hablador y goloso. 911. así que era difícil evitarle»]. «dueña». etc. Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro. al cerrar «la puerta. (904. quien se en­ . que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. vigilaba. y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. por donde le traen las provisiones. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. 16. accioche egli aprisse» (Leucipe. La madre de Leucipe asalaria a Conope. Clitofonte consulta a unos amigotes. del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. cicalone et goloso. «miedosa». y cerraba desde dentro la puerta del pasillo. se nos muestra. «fatigada». «un certo seruidore curioso. Prácticas y recursos materiales previstos por la madre. si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. et un ’altro la serrana difuori. al ha­ cer un «torno. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. que aguarda todas las mañanas. et serrana di dentro la porta delVándito. la «sospechosa». levantán­ dose muy temprano. También Clío. esencial­ mente. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L .

et lasciua. et erane innamorato per fama.] pareciéndole [. ofreciéndoseles a su servicio. se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe. la fortuna ya nos ha proveído. Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola. N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [. que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes. «El Loaysa de E l celoso extrem eño ». .. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante.16).. con tan buenas razones [.) que nos ayude en esta empresa»].] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla. Poco a poco. pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional. [.. lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi.. quien cuida el cuarto de L. et mostra di portarmi affettione come a suo amante. 20 ) [«(.. la quale ha cura della camera di Leucippe.. acordaron que se pusiese por obra. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo. ma di uita prodiga. de las cuales coligió de [la] mala intención suya.]. De la misma estrategia.. como por ejemplo. la dispondré a (.. Hablólas [.. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco.] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [...carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria. único.. si è meco dimesticata... Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta. 915).. desideraua di hauerla por mogliere. sino más bien una variación local de un carácter universal. la quale egli non hauea giamai ueduta. che porgone alV anima gli occhi [. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6. sus amigos. atildada y meliflua». y de los más ricos de ella. pues Clío. che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione. «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón..]. a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe.]· los hijos de vecino de cada colación. 910. gente baldía. 8-9.]... ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio. según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte.) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín..

. de cuyo cumplimiento. pero de vida pródiga y lasciva. de pésimo ánimo»]. todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia. para mayor interés de la intriga. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915). Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa. en lejanas tierras africanas: «[.rico. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi»..]. al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes.. desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas». necesidades. p.). tenía una bella hija. a quien él no había jamás visto. po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [. Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora. y por las palabras se apasionan de igual modo (. pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran. a quien nunca ha visto. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor. y viéndola siempre cerrada... [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor.. compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales. le tomó gana de saber quién vivía adentro... estremecido. con su propia problemática íntima..]» (905). II.. de haber sido necesario. imaginándose la belleza de la joven (. Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes. aspiraciones y deseos. 946). llegando a saber que S. la hermosura de su es­ posa [. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906). un día. que de todo en todo vino a saber lo que deseaba. Éste.) y las cosas que no veía.. estaba solo.]. responde. según lo demuestran sus promesas a Marialonso.. deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama. por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo. A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25. Supo la condición del viejo.]. .

Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. En cierto sentido. aun de haberlo querido. atónitas [. 36. a que responde el corazón.. 27 Ibid. para el lector. significativamente. y una montera de raso de la misma color. parecióles que miraban a un ángel (Loaysa]. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. 53-4. «corte­ sía». cuando se esconde en el pajar y. 279-283). junto con su obsesión por ser músico.patética y conmovedoramente. al principio le aviva la fantasía26. Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari. 1956. un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. 39-40. con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. melifluidad. lo que. tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis. atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa. ¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres. convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él. suspensas. . pero no al sentimiento y a la emoción.. para oírle y verle de más cerca» (910). también. lentamente. Ya dentro.]. Las criadas son mujeres de vida yerma. Poníanse una al agujero para verle. Son los «romances de moros y moras».. elegancia.. y que explican.. luego la otra». explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. tienta cariñosamente las cuerdas (915). «abrazándose con la guita­ rra». «gentil disposición y buen parecer». según lo revelan repetidas veces sus patéticos. El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual.. «de arriba a abajo. «caballerosidad». pp. N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S.. reprimida. de sexualidad frus­ trada. las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y. con el torzal de cera encendido» (910) 27. pese al gran miedo al castigo.. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena.. pp. con cuello almidonado. de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [. véanse los interesantes com entarios de Forcione. anchos. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels. astucia. Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica. a la vez. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado. audacia. su complicidad con Loaysa. a la marinesca. rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. pp.].

respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra». según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa.] del músico». Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915). aquella los pies. 430). 39. 40.. pues... no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida.. quien no quiso [. barbuda [.a Loaysa «en medio [. sin excluir su sarcasmo. malévolas.. lo que es mucho más grave.] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [. Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos. ex­ cepto mi señora» (913). aún mayor frustración para estas mujeres.]!... que se atribuye a Cervantes.. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa.. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza. con razón. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y. í 740). cual fue que su señora doña Esperanza [.. y concluyó con una m uy forjada mentira.. C ervantes a n d the H um anist Vision .. . pp.. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua».]... traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio.]! Esta alababa la boca.].. intenciones hipócritas.J. con todo eso. de doble filo..]. Marialonso oculta una voraz sexualidad que.] luego su embajada con sus torcidos. a nuestro juicio.. Marialonso... monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [. la dueña («la tía fingida»): «propuso [. Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso. «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií.. quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914). re­ pulgados y acostumbrados vocablos. de frenético apetito.. otra: ¡Ay que blancura de dientes! [. hechicera [. «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28. contando con una particular 28 En L a tía fingida.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [.] estaba tan pulcela com o su madre la parió. más que. otra: ¡Ay que ojos [.. 55-8.]. que se acaba en otra.. antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915).

llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre».. porque le faltan dos meses y medio. trabajos y desabrimientos echan un cero a los años.lujuria masculina.. destaca esa "comodidad”. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe. sobre todo. Cónope.) queriendo hacérselo amigo.. mal pecado. aparece Clítofonte. se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. 26). et malediceua cotale strepito. saldría y. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves».. «caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. la voz. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. 907]. también lo soy [virgen]. Leucipe espera. Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte. así espera. en yesca para Loaysa. según más tarde relata. «et quando io». después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes. et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia. «tentaua di far opta migliore. Al fin. se haría recibir como «haya de Leonora». vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas.] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. corrimientos. Por todo lo visto. promueve. cuentos.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). la besa. molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara. [«(. no teniendo treinta cumplidos. por Carrizales mismo. di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. convirtiéndola. essendosi nascoso dopo un certo . las criadas están sobornadas. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante.. pero también entu­ meciéndole con el vino. según se les antoja» (913). hauendo per dut o di far cosi belVopra. ya “inútil”. tan cínicamente suspicaz con todo el mundo. trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera. copias de las maestras de Carrizales. cantándole romances. el suspicaz portero. muchas veces bromeaba con él. quien la abraza. y si acaso pa­ rezco vieja. De modo no muy sutil. con suprema ironía. 910]. de donde. congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico. y a veces dos.

30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal».]29. en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño . A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes. 19) [«(. «fa r opra migliore»... y que ella y su señora se quedaran en la sala [. espantados. blancas. En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica. Esperando a Leonora. quedo. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora.]. alboro­ tos. sorpresas.. a los sentidos30. pero con mayor sofisticación artística. se produjo cierto ruido detrás de nosotros y..]. y en el lector.]. Tacio. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco. se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [. . Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5).) trataba de hacer “obra m ejor”. tiene como consecuencia. oyendo la no espe­ rada nueva [. Sátiro (. pero sin otras funciones en la trama. habiendo visto venir a no sé quién. enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia). negra. por medio de «engaños a los ojos» o. ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A .). Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra. adonde «dio orden de que se entrase» (915).. habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra. y maldecía ese ruido. ya presentes en el episo­ dio inspirador. ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía. Al volver la calma. Dios perdone a to­ das!» (914). cual por una y cual por otra parte. despierto señor. a su vez. en general. la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. che hauendo ueduto uenire un non so chi.. fue él que ha hecho el ruido»]. pero. la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa. La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo.. tensiones. Leucipe y Clitofonte se disponen s.... mientras en Cervantes. y le­ vantas y viene! [. nos levantamos. a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato. suspensión de ánimo. van.arbore. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’. cuando Guiomar...] Al furioso estrépito [. en su «aposento». eficaz.. y.. y señora. cuando los sorprende la madre. haueua fatto strepito» (Leucipe.

oyó lo que jamás esperaba oír. pese a las apariencias. Leucipe jura y rejura a su madre que... Temerosa de otros castigos.] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)]. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y. profunda indignación. aun sin saber cómo se perpetuó el engaño. y quedó hecho una estatua de mármol frío [. si attristaua. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A.. cuál fue el disgusto que tuvo... embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi. sin pulsos quedó [. . desmayo. tras­ torno emocional.]. et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo...] con la amarga vista [. son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento. si uergognana.] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?».]. los brazos se le cayeron de desmayo.... 26-7).] vio lo que nunca quisiera haber visto [.. desesperación y. las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa.) nadie ha avergonzado mi virginidad (. dolorosa resignación (Leucipe. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe... I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese. Clío se escapa de casa. un marido. ya sin otro remedio. [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora. creía todo lo malo de ella»]. so che io non bastar el a narrarlo . e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa. Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices. Por esto. y abriendo la puerta del aposento [.. desmoronamiento inte­ rior..). Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento. uno de naturaleza tan patológica como Carrizales. en particular..) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa. «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [... 26-6). porque.] color» (916)31. Carriza­ les despertase [.]. La madre de Leucipe castiga a Clío.. la voz se le pegó a la garganta. cólera [.por causa de una pesadilla: incredulidad inicial. y así se salió». sé que y o no bastaría para narrarlo (.]. 31 «A ngravalle [.. recrimi­ naciones.. impulsos de castigo y venganza. Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [... está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”. amarga desilusión. por fin. [«(.] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa].... desmedidam ente celoso. por otra parte.

se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto.. se asegura que su «valor [. et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe.]. de las prevenciones de Carrizales se advierte que. no pudo mover la lengua. al transformar la primera versión de la novela32. estilístico. sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [. Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá».. ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón». Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [. «The Refracted Image: Porras and Cervan­ .]. Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente. se arrojó a los pies de su ma­ rido. cuando no engañosa hipocresía. ingenua sofistería. Admite que ha «ofendido» a Carrizales.. El caso de Leonora es mucho más complejo...] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916).si uergognaua che le fusse detto uiltania.]» (919).. se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros». se dice que «Leo­ nora se rindió [...]. el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [. se le cubrió el corazón [. sino también con muy impacientes. Así las protestas de inocencia y virtud son.]. Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector.]. a lo menos. volvió a desmayar» (918-9). Ahora bien. en 32 N o son convincentes los argumentos.. en realidad.. por otra. «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba.. y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere. 27-8) [«(.. se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»]. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist).. no por haberlo ella así querido. en pensar que había caído» (905)> pero.) hacía diversas mutaciones. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte. al fin.... se entristecía. tanto de orden temático com o lin­ güístico. según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado. a pesar de ellas. pero —advierte el lector—. Sólo un azar lo previno. se engañó [. ardorosos deseos. pero «sólo con el pensamiento». H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg.

Se han su­ gerido. com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). D. de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle».. 941 ss. por encima de la hipótesis que se propone. «El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. p.que ocurriría el adulterio. ío cual pasma al lector. de carácter esencialmente estético. pp. quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela». 81-90. que llevaría a una depuración muy sincera. dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). en que se elimi­ naría. «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». C ervantes. en la segunda versión. 180 ss. «Erasmo en el tiem po de Cervantes». . advirtiendo que el tema del adulterio. pp. pp. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. pp. nunca se ha hecho en los estudios críticos. nada hipócrita. «Cer­ vantes et le mariage chrétien». Sánchez. en cambio. pp. aparentemente. 325-352. pp. pp.. no era un tabú en esa época. 41 ss. respectivamente. cabe plantear una pregunta que. claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales. 34 Casalduero. C ervantes y la libertad . 129-144. «Indice verbal de El celoso extrem eño ». Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia. 253 ss. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. creador de la novela corta espa­ ñola il. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. novela o entre­ més): Spitzer. con la censura. los caracteres 3 < 1 . 181 ss. según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio. Sin embargo. (A base del género. «Solución absurda». C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». Quijote) 34. 37 Farinelli. 36 Casalduero. con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». Rosales. otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. Criado del Val. pp. una reelaboración de la obra. Ayala. 541. 194-225 y 138-178. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. pp. Ante todo. «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño. 33 Castro. «Cervantes. «El arte nuevo de hacer novelas». en sí. para refinar el estilo y sobre todo. resultando de ello todas esas «ambigüedades». Bataillon.

de hecho. después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism». los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación). Π de N o vela s ejemplares . por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón. «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela).. 257). pp. aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39. humana. Edwards. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. Lambert. ¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. que ambas versiones de la novela. el valor de Leonora fue tal [. aun sin pruebas. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad. femenina. quien. en el vol. 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. en suma. 219-31. aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o. permiten una interpretación coherente. p.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . 258. pp. lo cual se aduce como prueba indiscutible. con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. que con aquella afirmación se alude al adulterio. se om ite de la versión posterior. de la indiscreción sexual de aquélla. mujer característicamente bandelliana. tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica. Sugerimos. con todo esto. comprensible.]». natural. es así culpable de «malas obras».. Lejos de perjudicar la verosimilitud. pese a todas las diferencias. 262). com o se clarifica en la versión posterior. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela. plausible. ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. aquéllos son. ¿por qué se concluye. pese a su ingenuidad. definitiva. 256. . Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos). de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. pues. lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. 281-91. sentimental. Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val. En suma.. probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. Aylward. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. con tan absoluta certeza.. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ».

¿De qué me sirve a mi todo aquesto. también por los extremados celos de Cañizares. principalmente. si en mitad de la riqueza estoy pobre. casada con el viejo Carrizales. La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír..]. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta. sin pensar más allá»]. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto. ed io lo tolsi volentieñ.. y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso..) Si (C.. fu i data p e r moglie a d Angravalle... Sin embargo. [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo..] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme. es insólito el m odo con que se burla. e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [. fui dada por esposa a A. el viejo celoso y cornudo. sin sa­ berlo. 596) [~ « Com e sai. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate». cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar.. d ia­ mele quien pudo. 70]. no sólo el argumento. por disposición de los padres: «A la fe. reacciones divertidas en el lector. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[. y conlas joyas y anillos que me compro (. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité.]. y yo. [«(. es un personaje patético. en parte. naturalmente. que.. [«Com o sabes.En las novelle bandellianas. Por esto.] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida». y yo lo acepté voluntariamente. che io non so come io sia v iv a [.. provocan.) no es excepcional en su forma. Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros. hasta en esta 40 Marrast. anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi». de ciertos valores intocables en esa época»]. «Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza. malditas sus joyas. p. 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho. ridículo.. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad. así. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. con toda intención. fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso. sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión. de comedias de golpe y porrazo. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete. D e nuestro artículo.)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario». fuera de las cruces.. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años.. sobre todo. [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9).) me encuentro tan . dram aturge. com o muchacha. 69]. C ervantes. 25 [«(. la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso. Estos ingredientes explican.

«escandalosa zapateta»42.. Cañizares interviene. pero la astuta Lorenza oculta al amante. los deleites sexuales {Elviejo celoso. describe.. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia. m al anderebbe il fa tto nostro.. en presencia del marido. El pensam iento de Cervantes. 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire..) que te equivocas (. p. de las mentiras verdades [. 600) [~ « G uardam ipitre. que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso. en ocasiones.. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél. sin darse cuenta de ello.) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (. 71) [«(. pero Lorenza. se sai>che questa notte che viene io voglio che [. dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín». 42 Castro.) nuestras cosas irían mal.].] perdón [.. al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano. en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas. a momentos.. Lorenza convierte la desesperación. se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o». hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [.... Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas..... el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene»... no se queje tanto. y no querría. mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [. 600) [75]. la m ia sventura... mujer distintivamente bandelliana en desesperada.] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]. estoy temerosa. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito. 74]. 596) [-Isabella.. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (. de m odo singularmente cínico y descarado: «entre... durante el acto. de hecho. mi señora doña Lorenza.. . fingiéndose «profundamente ofendida». y verá com o es verdad cuanto le he dicho [. 82-3] [«Mira bien por el cuarto (..] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso.] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso. voi.) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo.]la tua n avepassiper corneto». no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama.). que n o sé cóm o estoy viva (.. 242. la tercera: «a dirti il vero.]. a trueco del gusto. se reconcilia sólo después de prometer aquél...... pues de las sospechas hace cer­ teza..] p er fa r loro si bello onore.)!»].]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto.]..] che tu t'inganni[. che non andera divolgando i casi nostri.. Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [.. Provocado..] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande. Signori miei. a costui m i maritaste [. por mi desventura me casaron con éste (. y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso. a quien. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [.) para honrarlos de tan bella manera.. si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»].. ¡Señores míos. pensando sorprender a su mujer en flagrante. A..).. poner a riesgo la honra [. m arito. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»].]». deseos que pronto realiza con el notorio adulterio. Lorenza... 71] [«(.

perpe­ tuada por los novellieri italianos. aunque muy pasajero. en cambio. al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. 537). sobre todo.su comportamiento “libre”. Con más detenimiento y. que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. suscitando. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». C ervantes' H u m an ist Vi­ sion. No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. pp. de compasión. cínico y vengativo. cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [. compañía hallé. 84).. artístico43. al prin­ cipio. que en el tradicional. pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. Varios otros lectores. pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte. es también. 31-92. compañía quise. Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. Tan penosamente consciente de su enorme error. un sen­ timiento. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico. pero muy poco se le parece a la cínica.. una joven algo insegura. antes y despues. y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. literario. contemporáneos de Cervantes. como tam­ bién en el novelístico. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica. tanto en el sentido filosófico. desconcertada. europeos. . con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana. o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). Cañizares nos refrena la carcajada. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597).]. Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. han llegado a la misma conclusión. moral. aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione. Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes.

prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). a lo cual ya lo obligarían. «Ella es niña». la hace su mujer. pasa­ ban todas las recién casadas.]. de seguro. Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas». la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares . dans l'âm e de Leonora. . se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. a quien estaba siempre obediente». nota Carrizales. pero es significativo que no se destaquen. ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). siempre in­ genua. pero.. no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón». A Carrizales preocupa. ésta. «casarme he con ella. N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45.. mansa y tierna Leonora. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. 399) [«En el alma de L. de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual.. Así. pasiva («la nueva esposa [. Carrizales logra. ni la pierde de vista un solo momento» (910). y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903).] en las largas noches del invierno» (905).] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. únicos que puede brindarle a su es­ posa.(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. com o en Bandello y en El viejo celoso. los «frutos doblados del matrimonio» (598).. de hecho. p. mantenerla obediente. para no despertar su sensibilidad femenina.. que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto. de todos modos. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ». Sin embargo. 177). Mas: «Mais elle n ’a p a s . Vi-. promueve placeres sensuales sustitutos. 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. procura estar siempre presente. al llevársela a casa. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. Y para distraerla de su latente sexualidad. encerraréla y haréla a mis mañas. la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente. y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. su­ misa. como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904).. Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”. cuando las criadas cuentan «consejas [. no teniendo «experiencia» de otros. gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra. y controlando cada pensamiento de Leonora. p. no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904). 904). sobre todo. «Se desvela» en traerle «regalos».

Esta la ridiculiza. de modo particularmente contun­ dente.] y por esta señal de la cruz.] El rey tiene harta. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913). una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle . muy irónicamente. en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos. en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada.]».. haciéndole creer. al complacerse tanto por el juramento de Loaysa. que no deja de impresionar a Leonora.]. de desahogar sus incli­ naciones adolescentes. que la beso con mi boca sucia» (911). por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas. Por cierto que el virote jura de modo solemne. Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911). Quijote.. quien así acepta el juramento literalmente.en voluntad»..]» (1047).. con perversa lógica. Predice bien una criada: «aunque más jura. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras. que destruye su voluntad individual. con acento particular. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás.. reprimidas por la vida “adulta” impuesta. serán. y la ignorancia abis­ mal del mundo. sin reparo alguno en la persona que lo hace.absoluta. porque le pesaría en el alma» (911). ¡Oh. co­ menzó a dar brincos de contento» (912).. pero. o. al fin. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y. Con cierto buen instinto. Leonora se hace cómplice de las criadas. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales. el éxito de sus empresas: «sacó la llave [.. en varias ocasiones. por una necesidad natural. que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [.. y tomándola en sus manos. de todos modos.]. y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [. Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura.. claro esá. un excitante juego de escondite. que la deja desprevenida frente a la maldad humana. pero. ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra.. sobre todo. Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento. todo olvida».. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913). de seguro inconsciente. sin que el viejo lo sintiese [. Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [. dramático: «Por vida de mi padre juro [. si acá estás.. exigido y aceptado por D. especialmente la dueña» (910).

. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él.. Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza». según parece. y ella quedó vencedora. y entrambos dormidos» (916) 47. Si ella persiste en resistirte. «Quedó vence­ dora [. a la postre. pero advierte la manera en que los rechaza. «preñados de lá­ grimas los ojos..] contra las fuerzas villanas» de Loaysa..] fue tal.]. 40-50). Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora.] y casi por fuerza» a Leonora. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. sin duda. que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora.. Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil.cantar y tañer. todo esto requiere tacto. porque. en ésta no se percibe ningún interés sexual. pues no fueron bastantes a ven­ cerla. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [. para no echar a 4 6 Véase nota 28. Todo lo contrario.. el «valor». con otras cosas semejantes [. en cuanto al coito. sino el de un endure­ cido mármol» (915). y él se cansó en balde.y. el «secreto y duración del deleite. ante todo. que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912). le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—. N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores. le favorecería en definitiva. pp. pues Marialonso debe llevar «por la mano [. no recurras a la fuerza. Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado... . Al verle por primera vez. pero. en ese momento. [. 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares. pues todavía no está en disposición propicia. ¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa. llenas de colores retóricos..] donde Loaysa estaba» (916). a su tiempo. sigue actuando no obstante con gran cautela. el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador.. que. . el «donaire». estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento. Si da muestras de ce­ der. los «abrazos del amante mozo». tan demostrati­ vos y eficaces4é. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914).

49 U na interpretación algo parecida en Rosales. 940. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso». el acto sexual mismo. Libro i). en ciertos casos.. pero hay. Leonora. que le vino con la comprensión de que «ofender». entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal. la conquista definitiva para otra noche.] la turba­ ción» (919). tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). que. C ervantes y la libertad. aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito. Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa. pero decide astutamente esperar. p. com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». exento de tal “pensamiento”. que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. 213-219). . tanto dijo la dueña. con toda pro­ babilidad. Es éste. porque. Leucipe. para ello. pp. pues. ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido. Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. Aunque mucho más insistente al principio. Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente. Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia.perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte. Aunque extraviada por su simpleza y pasividad. puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio.. pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49. Es ésta la culpa que va a expiar. el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. quien podría violentarla. se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. aunque sólo «con el pensamiento». Le «ató la lengua [.

y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad».. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”. sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina.. acrecentada por la conciencia con­ trita. pero no conquistó el corazón de Leonora— . con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. p.. derramando [. serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—. quien. N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. en su fantasía. los virotes y mantones. que. in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho. pues. él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual. 27). no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919). tentativa. se sentiría m uy hu­ m illado. también. 263]. en efecto. Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices. dado su peculiar orgullo de virote.].. ¡tan característicamente cervantina!. porque su corazón late con afecto genuino por él. Compasión humana. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase».] se imprime en el alma» (908 ).] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). Por tremenda ironía. sin duda. se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento». a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce. in­ fructuosamente. aunque sólo tímida.] muchas lágrimas [. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero. porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales. p. ... ¡donde no le conociese nadie!».. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa.. a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla.ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. a costa de Carrizales y Leonora. pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido.] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ». además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales. estaba Leonora dis­ puesta a amarle y. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [... pero pronto fundida con una pura. preguntándole qué era lo que sentía. Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. claro está.

. y mi bien todo» (918). más bien. 25. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor. radica.J.). asimismo. «The T w o Versions o f El celoso extrem eño ». 52 R uiz Vernacci. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes. dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio. aunque éste.. p.. a la vez. como observa muchas veces.. entre otros autores renacen­ tistas. dude de la sinceridad de su tristeza. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [. 53 Lambert.. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido. 25.J sormonti e vinca il nostro valore». el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [. 8). p. gelosia non puo aver luogo».). és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores. quien. por esto. «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso. «¡Vivid vos muchos años. y.. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora. . El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. 918-922) [«En aquel pecho (. mi señor. no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (.) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede. Bandello: «In quel petto [.. non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [. dormido en su cuarto51. en el egoísmo. chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n. 228. 187). pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta. no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo..de Carrizales. p.]. no hay duda. los celos no pueden encontrar lugar. con muy dolorosa ironía. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»]. En el romance de los Celos. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares ...]. y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero. Se trata de cierta «hipocrisy» 53.. y en la creencia de que ignora la treta» 52. Cervantes. en un complejo de inferioridad del celoso...

el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. en implícito. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana. de la lealtad.. sin embargo. 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar. . A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija. Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta. que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. específica y segura retribución56. un enorme egoísmo. en suma* del cuerpo y del alma de los demás. cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». 41 ss. dándoles «muchas dádivas» (905). “liberalidad". espontánea “liberalidad”. a veces muy obvia y. Y. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270). pues.. El “solipsismo”. Enjuiciada. se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina.] en grande abundancia lo que habían menester. sobre todo. por mostrarse tan liberal con todas» (217). debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [.]. del respeto. N o v e l to Rom ance. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»]. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55. para que no se les «desmande el pensamiento». y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [. que de todos sería ser­ vida. y. p. ge­ nerosidad. disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad.los celos. del cariño paterno. en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas. pp.] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. otras. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento.. 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903). en La casa de los celos.. que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida.» A las criadas «sobrábales [.. de la amistad. por lo cual todos «le quieren bien» (905).. 42) [«C.

como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo.) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»]. tan sólo en un modo dis­ tinto. Siempre concibió ésta. pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. esencialmente. y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903). pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia. La «firme resolución de mudar manera de vida». «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada. Carrizales queda complacido. si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal. .dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar.. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora. para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). 58 D unn. en sus gratificaciones personales. Muy significativamente. en realidad. que toma durante el viaje a América. «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. consiste. Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903).. decide no irse a «vivir a [. p. ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni. Así. sino gusto» (903). en su larga vida anterior. en que Carrizales se pasó la vida.] su patria». oportunistas y manipuladoras. gratificado más que nunca. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. por lo cual también puede volver después rico a España. Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. 99. por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino. Al considerar el matrimonio. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903). aparentemente. más prudente. «Las N ovelas ejemplares». pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad.

como también a la imprudencia de Leonora. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia». pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana. se le desmo­ rona el ánimo.) con deliberación de hacerles una fea burla. p. Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho». para llegar a una inesperada. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». atribuye. prese le sue arm i». y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905). En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño. etc. El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote. Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci.). Yo fui el que.mejor que se la supo imaginar». Sólo a éstas. enlazados en la red de sus brazos». inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. 18). hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo. me fabriqué la casa donde muriese» (918)60.. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo. muy significativamente. su fracaso.]. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»]. por lo cual.. que ha­ bría gustado a Calderón o Lope. A n­ gravalle. para demostrarles la maldad de su hija.. 916. a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo.. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta. por ser hombre receloso y m alicioso.. puede Carrizales reconstruir. como gusano de seda. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos. «niña mal aconsejada» (918). varios personajes del Persiles.) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. [«(. personificadas en Loaysa y Marialonso. Carrizales no toma . etc. 918) la terrible experiencia. determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa.. y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59. con ven cid o de su «error». lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [.. 86-7) [«(. pero ¡qué diferencia de tratamiento. de inmediato.

Al «tomar venganza de sí mismo». y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. p. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener. a la cual tenía asida de las ma­ nos [. en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía. p. él mismo nunca invirtió amistad ni amor...]. pa­ rece que quedó algo satisfecho. hícela mi igual. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. oscilantes entre el sincero. clavados los ojos en su esposa. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [. entreguéle mi hacienda [. un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. Entre desmayos. la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta.]. En la primera versión de la novela.]. con tan frenética urgencia (918).]» (917-8)6l. porque se desmaya. derra­ la venganza. and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [.. En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía. al dejar toda su hacienda a Leonora. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido.. Carrizales.»]. a sus padres. 47) [«El largo discurso de C. y L. por causa del amargo. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M. Sin em­ bargo. doloroso desengaño. .. por sus muchas transgresiones contra ella. a toda la humanidad. lo cual revela certeramente. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications. ya no encuentra buena razón para la venganza. cuando menos. con­ tiene una serie de autojustificaciones. ¡Todo tan natural!. «atónito y embelesado [.. a los criados. perverso sub­ terfugio. según ahora com prende mejor.de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas. a «obras pías». que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. 263.... con sutil.. «parasitarios» de su vida entera. en que. quizás inconscientemente. de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba. Carriza­ les quiere hacer enmiendas.]. 6 2 Edición de Avalle-Arce. poin ­ tin g back to his liberality. m uy com prensiblem ente. pues fue la dote. Con esto.

con sereni­ dad. en la más angustiosa.mando [. Por esto. «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». es decir. N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering. o por un re­ pentino. pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. p. es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento. «Entrando a cuentas consigo a solas»65... besando «el rostro» de aquélla (918-9). p. pese a sus sinceros. después de siete largos días de agonía. de origen espiritual. evidente­ m ente... pero se­ ría exagerado decir que está transformado»].. tan yerma de amistad y amor. 105). Carrizales no puede morir con el alma purgada. Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas. Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas. y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí. b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño». el poder de un genuino mutuo amor. considerando la falsedad de sus lágrimas». 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz. él derramaba «muchas lágrimas [. cínicos enconos y ásperos remordimientos. aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. fervorosos deseos de total expiación.]» (919). que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales. sin contar .] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. fría soledad66.] muchas lágrimas».) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»]. Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales. com o sugiere Bataillon. 181). 67 Entre otras cosas... no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos». incondicional reconocimiento del sublime poder del amor. “d olor” fatal. p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor». 397) [«(.. como Tolstoi. acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos. incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos. como los clásicos héroes trágicos. con su entera vida. 228) [«C. 64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares».. muere de “dolor”. Por primera vez en su vida intuye la belleza. Evidentemente.. por una catarsis64. 65 La expresión es de El rufián dichoso (342). Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas. con total confianza en sus propios resortes personales..

héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». 305-1). p. Por esta posible interpre­ tación. . identificándola. filosófica de E l celoso extremeño. casi instintivo.]. p. pp. resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes. extrema soledad. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. 68 C on gran acierto. sobre lo que nunca se detiene a meditar. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima. Ayala lo llama «héroe m oderno [. Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino. con gran probabilidad. 389).. Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud. sino. de otro. por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68. en C er­ vantes: su obra y su m undo.poco consigo mismo. aún con m ayor riesgo. 84).. Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño ».

En los estudios más recientes. chistes. sobre todo. 358-372...]. II. «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador]. and the N o vela s ejem plares ». casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas. su música y canciones. pp. a la gran ambigüedad del tema fun­ damental.. . Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola. La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes. 4 G onzález de Am ezúa y M ayo. de hecho.] retratos costumbristas».LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto. lances y sucesos [. por el encanto de las “escenas individuales” 2—. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo.. 309-10. quod perstet. C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola. p. «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna». 284-5.. bailes de «movimientos ágiles».]. de «ritmos alegres». por extremo grata a él. inverosímil3. a saber. su ri­ queza de materia folklórica. Sin embargo. Cuando más [. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos». de perspectivas metodológicas muy distintas. 208.... el valor aní­ mico de la sangre noble. «contrived». de «una luz radiante». «Cervantes. «The N o v els o f Cervantes». 285. reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—. tan vividos y realistas».] no tienen nada de edificante». II. respecto al desenlace tan arbitra­ rio. pp.. 1 A tkinson. 3 M ew.. Metamorfosis) Por sus «episodios. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4. coplas y seguidillas. popular: anécdotas. p. in orbe (Ovidio. cuentos. sus variados y «verosímiles [. se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y. ei Pinciano. pullas.

. ni el calor le enfadaba. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres. aburre. los bailes como en bodas [. lo que al fin lo “cansa”. las pen­ dencias por momentos..... a veces éstos se reconfirman. honrado caballero cortesano. el juego siempre. empujándolo a “la vida libre”. ni el frío le ofendía.. y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923). En efecto. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922). donde «¡campea la libertad!» (922). «A todos los mayo­ res» placeres: cazas.. responsabilidades.] sin disfraz el vicio [. que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre. Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas. «finibusterre de la picaresca». preocupaciones impuestas. juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. de los personajes. Por esto. convin­ cente a esos reparos y dudas. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera. se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . de las perspectivas narrativas. es. ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación. que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona.]». con que sus padres quieren hacerle admirable. Carriazo «se desgarró [. Se justifica así un nuevo intento exegético. en efecto. convites. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922). las pullas a cada paso. donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [. A los trece.] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante».en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria.]. pasatiempos. El rutinario «buen tra­ tamiento». sofoca. a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache». restricciones.. las muertes por puntos. que a Carriazo impacienta. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». ni el andar a pie le cansaba.

siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. Antonio con su hermana6. ni al final. que por vosotros se me van todos» (318). como la llama Cas­ tro. y tan menos. ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también.contar entre ellas a la pobre Arguello. que así no son. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. . cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. según cree. fervorosos sueños con las alma­ drabas. sueños que probablemente no abandona jamás. en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. mirando bobas» (931) y. artificiosas en absoluto. otras veces. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas. en parte. No es. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. único reino. basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. de la completa libertad. por sus constantes. Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. auténtica celebración ritual de una venerada. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . p. pues. muy sugerentemente. «andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. que a veces Carriazo satisface. como se suele pensar. 89). aunque inconsciente. A este respecto. momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. y al verla. entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. 192). El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». Necesidad insaciable de “libertad”. pero enamoróle mucho me­ nos. pues. de D. por querer evi­ tar semejante situación.

. fácil y lindo ingenio. «de presto.. Después de haberse di­ vertido mucho. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza.]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [. cuero! ¡Calla odrina. que ellos llaman.. músico falso!».]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [. De su hipocresía. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7. Sin embargo. con una felicísima corriente. Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [.] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas.. pues todas las ninfas / y los ninfos [. en ocasiones algo grotescos. pero sin ánimo de declararlo identificándose. de seguro. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas. Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas.] y que. Que estos episodios.. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”. dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona. dijo..]». por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona.comedias [. “prudencia”. para que no lo errasen. Carriazo. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4). con el espectáculo..... ellas y ellos. etc. se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933). y no otra cosa [..]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [. sin quitarse el embozo: ¡Calla. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico..... y tras esto.». . sin duda. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!».]/ Entren.] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [. acabado el baile. En efecto.. poeta de viejo. bo­ rracho! ¡Calle.... de cuya belleza están apasionados.. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [.] hicieron al pie de la letra.]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [. “discreción”. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas. como también para ver a Constanza.

Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo. obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [. después de la escena de la chacona... de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»).y en que pierde todo el dinero y también el asno. recuperándolo poco después todo.. del que. cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién. que no le alcanzara un galgo. Edikronos. non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera»..) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [. R accolta d i p ro v e r b i toscani.. acullá se riñe. murciélagos y lechuzos [. Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura». pero la cola que se la diesen [.]»x (922). .]. por dónde o cómo le vino» (938).]» (34-5). ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [.. otra de un juego de naipes. sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores. y por todo se hurta [.. G. entre otros. muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope.. acá se juega. allí se reniega. revelada como inapropiada. G iusti. evidentemente. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano. a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta. etc. piensa salir ganando. p. Palermo. C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán.] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno. miren qué hará Costancica!». Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. Así....] nunca su intención fue jugar la cola [. porque «era de propiedad del azúcar. Intento de ostentación erudita. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares.un hombre»). Infeliz estado de los músicos.. Desenlace gracioso. Sin embargo. ¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito». 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda. 1981. pretendiéndose fe­ roz.. que jamás gastó menestra» (938)8 . Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego..]. gracias a los astutos. zucchero e acqua rosa.]».

cierta desconfianza íntima o inseguridad personal. en parte gratificado. Mientras éste 9 Casalduero. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes». p. p. quienes.. Por cierto. poco después. se queda pese a ello. humillado. por lo que Ca­ rriazo. otras.es mera fanfarronada. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto. «si fueran [otros] tiempos [. éste «quedó sobre modo contento [. Así. al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo. esta estancia se le hace más tolerable también por su afán. como un «contraste» de Carriazo9. Contrariado de cualquier modo. Y es probablemente por esta razón. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas. que se le abrió por dos partes» (930). y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. pareciendo así menos listo que sus rivales. según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. a quien «arremetió [. Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores. I. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. mucho más que por la amistad.].].. 150. al ganar.. le alzaran por [su] rey» (939). pero. sino el hecho mismo de haber perdido. Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923). pese a todas sus muchas experiencias mundanas.]. mucho tiempo con Avendaño en Toledo.. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno.. en­ tre ellas. se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos».. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 191. resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador. El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y. por lo que se ha insinuado. R odríguezLuis. Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego. . Y en efecto.

y.. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca. entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal.] es­ tudiando las lenguas griega y latina [.. en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. al menos en parte. Casalduero. de seguro muy semejante a la de Carriazo.]». N o nos resulta tan categórica esta diferenciación. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares . eviden­ temente. probablemente. «Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona».] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas... Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932).. li­ Herrero.. que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10.. a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [. 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo». y el lector recuerda.. arrastrada del camino recto por un mal compañero u. mudé vestido [. se debe.tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas. nuestra hidalga intención». pero también. en parte... sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas. Hay. sin haber estado en las almadrabas. 54-5. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente.]. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses». pues.. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño. o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo. A ciertas picardías amorosas. dejé mi patria. aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico. a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca..]. a las circunstan­ cias de su vida diaria. etc.]. 923).. pp. requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad.. p.. 10 11 . divertido. Allí ya había estado «tres años [. en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932).]» (937).

En su «rostro» le «parecía ver [... Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas». zapatos [. en una mejilla tiene el sol. la una es hecha de rosas y la otra de claveles. en particular. pero que tan sólo puede admirar a distancia. y en toda su presencia un irresistible encanto. En tales circunstancias.. lleno de turbación y sobresalto» (925. que a Avendaño deja «suspenso y atónito [. cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936)..] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!». con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [.. que es mozo brioso y algo atrevido. 927-8). Extraordina­ ria hermosura.] lo que suelen pintar de los ángeles». que el au­ tor hace apreciar también al lector. Al ver a Costanza por primera vez. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla..] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939). Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o.] colorados. Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925). Por no ser «totalmente rubio».].. con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [. muere por ella y la solicita con música [..]. y viéndolo ella. pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio. pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año. por medio de una bella des­ cripción. ¡de oídas! En realidad. y en otra la luna.terario y rústico..] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931). que parecían perlas. Ya está enamorado.. 145).]. su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas.... que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol. . y áspera como una ortiga. le ha­ bía dicho antes que llegase: [. y zahareña como vi­ llana de Sayago. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925). Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n. p. porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla.. muy raras veces.. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [..

a distancia. hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución. disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937). y.. . en esencia.. en el sentido clásico de una aspiración pura. humilde sujeto... no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”. a servir y a procurar que ella me quiera». que le hace parecer «loco o he­ reje». “plató­ nico”. aunque mantenga que la «vir­ tud». el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3.] / deja el servir. el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina.. Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”. p. en realidad. mofándose del compañero. por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931). que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ .. que no se extiende a más que. al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande».]» (937). Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo.puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual. the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. «Platónico» lo llama sólo Carriazo. donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly. quien lo percibe claramente: «ya veo [.] / las potencias del alma nos encantas /[ . padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926). Con más probabilidad. pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927). a su vez. la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»]. si alcanzo de días a mi padre. que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos.] cuan al descubierto te burlas de mí» (932). que él persigue con «amor limpio. intensa a la ar­ monía espiritual. ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ». del alma de Costanza. el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas. heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [. que.. El amor de Avendaño no es di­ ferente.. por fin. 59) [«El ángel es algo arisco.

de modo insis­ tente. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil. a nues­ tro juicio. se insinúa. pues. ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin. con gran simpleza. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre. ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. 15 Ibid. sólo por hartarse de mirarla». pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante. hijos del mismo padre. lim­ pio.] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. que se rema­ tan.. noble— cuyo contraste constituye. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [. sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). el meollo ideológico de la novela. Sin tanto cinismo. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro). pero de seguro con la misma disposición amorosa. como lo llama el mismo autor (925). el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. precisamente.su estancia segura [.. Igualmente “platónicos” son. Y. catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros. incluyendo la de su amigo.]. Consecuentemente. . II. pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados.. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14. p. pues.]» (934). en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. Sugesti­ vamente. 285). por fin. como su amigo. desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores. bien nacido. y el mozo de muías. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5... con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [..

en las almadrabas de Zahara. Además de este hecho. Mostráronse los hijos humildes [. Otras veces. irónico “consejero”.. le alzaran por el rey de los aguadores [. atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. la liberalidad. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán. el discurso directo viene mediado por la narración indirecta. todo lo cual «se descubría [.. en que Carriazo. La perspectiva cómica. en la arenga del autor. El contexto episódico y estilístico revela. en mil señales!» (subrayado nuestro) (922). principalmente los bien nacidos. Pedro de Urdemalas 1 lerrero. 16 17 . claro está. «allí está [.. ¿por qué sería la generosidad. ingenua.] sin disfraz el vicio». pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian. Re­ cuérdese. la discreción. los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo. además.] ¡a tiro de escopeta. como a menudo en la prosa cervantina. 49. que son los personajes mismos. equivocada o absurda.. en todos los casos.. la compasión... en el notorio episodio de la cola del asno. algo popuchalera. tan patentemente cómicas.] [al] gran Lope [Carriazo]» (939). Esta observación es aplicable también a las hipérboles. quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 .. a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes». En gran parte. (922)1 6 . «Em erging Realism». etc.. ¡y no el autor!. pues. con que «el mundo». justa o injustamente. Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular.. privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes. Cristóbal de Lugo. p. que se le atribuyen. muy importante en sí. «como bien nacido». a Carriazo.. Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias. aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso.]» (923). Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna. por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores. que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad.partido con sus camaradas».

para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. frío frente al inm inente cambio en su familia. Dios sea bendito» (942). que no éramos personas que por interés. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso . sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años.. ¡ni mucho menos! «Quince años. meses. impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella. El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. En La ilustre fregona. muy significativamente. fervorosa. no permanece. pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. . porque la consideran como hija propia. nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». días que Costanza vive con ellos.] no vienen. y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida». «tomó el bolsillo. que no vengan?: «Y si en este año [. es decir. sin responderle». Pedro y Cristóbal con genuina... extraordinaria no­ bleza de espíritu18. intensamente. ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal.(que es también picaro). más que por caridad. cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos. en E l teatro de Cervantes. compartido con su mujer. La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”.. el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina].. Bello sueño. porque. a todas luces. sin embargo. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. emocionalmente ya la han prohijado. se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes. como casi sin advertirlo (941).

«llegándome a ella la desperté. se puede entrar en la casa. el padre de C arriazo y C ostanza. para mencionar sólo algunos. pero flagrantemente mezquinos. dejándola como atontada y suspensa me volví a salir». Al rela­ tar la violación de ésta.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer.] no grite. de hecho. Bélica y otros aristócratas. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó». ruines. rendida y turbada [.que esta pareja no tiene hijos propios. yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía. sin que él «jamás la viese» de nuevo. personajes cervantinos. explica que «el silencio. precisamente. y en nuestra novela. .. que suele «llover sueño en [los] criados». de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia.. y yo. meticulosamente premeditado? De cualquier modo. ella cansada. que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [. y teniéndola asida fuerte­ mente. como. Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto. por ejemplo. Q uijote.. moral o temperamental redentora.. Después de esto. no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D.. Y hay. Fi­ nalmente. I.]. cruel chantajista. Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta». la señora. hom bre monstruosamente egoísta..] [quedará] en opinión vuestra fama. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto». ¿no fue. Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. ¡«ni [que] lo procurase»! (945). la soledad.. nobles de naci­ miento. cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas. violento. hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. sin ninguna calidad espiritual. De hecho. le dije: [. cap.. por otra parte. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban. por lo cual. 41). «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme». degenerados. «se m udó de aquel lugar a otro». fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [. muy sig­ nificativam ente.

pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes. emocionalmente revivida lo induciría a revelar. Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija. p. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21.]» (946). sin darse él cuenta de ello. la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [.] y nos pusimos en camino» (945). p. N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes. el silencio. en cambio.. Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida». N ovelas ejemplares..el crimen com etido20. . «tomándole las manos. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar.. responde a algún motivo ulterior. bañándoselas con infinitas lágrimas [.. «turbada y temblando». Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»]. "el silencio”.]. K la ocasión”? En efecto. «Emerging Realism». inexplicable.. Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija.. sin causa lógica. que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás. y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [. después de tantos años de total indife­ rencia.. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad. todos esos detalles de su infame acto. se las comienza a be­ sar tiernamente.]»? Esta pasión lujuriosa. ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. “la soledad”.].. hincada de rodillas ante él.. porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo. la soledad [. se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural. 56. 21 Herrero.. 105. quien.

esos instintos de honor o pundonor personal. en proporciones diferentes. a todas luces. de valentía heroica. 45. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. con sus juegos.. virtuosas de la vida. hurtos. por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo. riñas. variables. p. pero. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. En suma. como gato arrinconado. cuyos “casos” resuelve. Maravall.. amansada. que se destaca al final de la obra: temor al ridículo.]» (929). Teatro y literatura en la sociedad barroca. 22 23 . Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición.. de modo muy ingenioso. pero con tan malas entrañas [. 55. en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. espiritual. a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas». se ilustra esta convicción. p. es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen..] le había pe­ gado una docena de palos tales. 24 Véase nota 6 . ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación. supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. al que prefiere el cínico trato picaresco. lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. pullas. en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope». Apeóse en fin. despechado y lleno de cólera [. en su casa. Consecuentemente. que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. del «nacimiento» en s í24. a las aspiraciones altas.. Todo lo contrarío. el noble por los del «espíritu» 23.. esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. quizás. útiles. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne». de amor ideal. apasionado. no se manifiestan en ningún momento.les» n .. de seguro. M ontesinos. ya dis­ cutidos—. en su total desafecto a las actividades dignas. en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie. pero con indepen­ dencia de la «sangre». a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer. pero jamás por completo erradicada.

200). Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa. a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. la innata “in­ clinación picaresca”» 26. por fin. permite un trato íntimo. «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922).e título”. El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer. es siempre respetuosa j obediente. por lo menos no en todos. aunque sean “señores d. tiene hijos. maldita y maldiciente» (939). Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares. Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas.sobre todo. véase Par­ ker. que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. y que. Puntualice­ mos. al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). por ejemplo. es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. pp. adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). como. real o literaria. En suma. p. y muchos lo son. L iteratura an d the D elinquent. pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. pese a que «la mala bestia del vulgo. pero a quien desanima como a todos los demás. . 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa. pero a nin­ guno de ellos. “la afición a Baco”. constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. por otra parte. pero vive tem iendo. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca. A todos los huéspedes recibe con gentileza. es feliz. «No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). los deplorables. a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. 14-16. ¡ni mucho menos! Así. por la mayor parte es mala. declara orgulloso el mesonero. muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). sugiere traviesamente el autor.

actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). pues. . Además. de modo completamente verosímil. que. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón. y antes que se los leyese. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). desde la infancia. que se manifiesta de modo infalible. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble.explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. De seguro le han enseñado. y con grandes encarecimientos. a la vez. le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. concluyendo que aquélla es menos interesante28. destacando este hecho* además de los ya discutidos. Fuese con ellos a su mujer. pero. la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. la morali­ dad. 29 Ibid. p. y nota 4. que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. el moz. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico.o de la cebada. y. y andan por todos los aposentos. incrédulos. llamó a Costanza. y donde hay cada día gente nueva. honesta. escribir. le turbaron y sobresaltaron. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden. 69. discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. muchos lectores. 28 L ow e. enseñándole a leer. mezclados con amenazas. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». con «ojos de Argos». En suma. en cualquier circunstancia29. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». Cervantes: Two N ovelas ejemplares. siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. por ejemplo). la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935). p. rezar. leídos. a tratar con cordialidad hospitalaria. hacer labores domésti­ cas. Todos piensan. consecuentemente. 200. sobre todo. todo el com portam iento de Costanza refleja. que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27.

¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. en cambio. ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. Por su propia determinación de ser virtuosa. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. de modo muy im por­ tante. que es su “virtud”. . tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. 103-116. que es. tan bien le cuadraban. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (. 202). Pese a todos estos cuidados y prevenciones. í 69). por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. T am poco esta observación contradice nuestra tesis. p. la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño. punzante ironía. Costanza puede serlo en cualquier lugar. pp. Así. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya.N o v ed a d de las novelas de Cervantes. p. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). con los corte­ sanos parecía cosa del cielo. Costanza podría cometer indiscreciones. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos.su mujer. En estos versos se condensa una convicción cervantina. castas. Hecho que se puntualiza con una poderosa. que daba a entender. con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre. protagonizadas por mujeres virtuosas. donde la tentación ace­ cha de continuo. un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942). corte o mesón. 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. 914)31. «con tanto amor» 30 y también.

la casualidad. pero cuando las introduce es. (Como se ha visto. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye. el “destino”. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. etc. la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. El Saffar. constante. la “Fortuna”. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. 947. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. . todo cambia de continuo. heredada de generación en generación. creemos.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes. dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. Consiste en esto. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929). en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. a su vez. N o cabe duda. quod perstet. buena o mala. y. p. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. es la sangre humana. en todas sus manifestaciones características. Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”. para nosotros. Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. ante todo. Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo. in orbe» 3 4 . con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra. dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto. benévola y perversa a la vez. sin embargo. herencia imparcial de to^ dos los hombres. Hijo de la Naturaleza. [«Nada es constante en el mundo».) Lo qué no cambia. rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste».] 35 Véase nota 6. del Hombre.. un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes. 86). entre otros críticos. 3 . moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. verso 177.1 Libro XV. según se sugiere al final. rather than character». los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. nunca. invariable.

se­ 37 Selig. «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio».. «Ser y parecer». etc. Ramond. D unn. traducen. movimiento entre dos térmi­ nos [.. 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir. en distintos planos. Paulino.39. Chauchadis... a su vez persigue a la que va delante. «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona». sin zonas estáticas. oposición de los personajes y de su trayectoria [.. Todas estas observaciones acertadas..... Buen conocedor de las obras ovidianas.. esencialmente. visión del mundo como multiplicidad [... Débax. 116 [«(... aunque inconsciente. es también «a significant device for the structure o f this novella »37. y. cuatro cuartos y una cola». 40 Libro XV. «El espacio narrativo en La ilustre fregona. discontinuidad y confluencia [.3 8 . desplazamientos constantes [. 94... un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación».. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas».].]. p.. «Las N ovelas ejem plares ». cuya complejidad. La novela corta en la teoría y en la creación literaria. en múltiples direccio­ nes. espacios que se desdoblan [.].. «Tres por dos son seis». Alsina. p. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona». organización secuencial de la intriga [. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»]. 228.) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»].. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas. en efecto.El motivo de la “transformación”. varios niveles de enunciación engastados [.. Es.].].. el movimiento fluido. «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ». .]. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». etc.. de manera precisa.. Ezquerro. 39 Pabst.. se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos. muy sugerentemente.]. entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [. y su «espacio mítico como viaje».]. trayectoria lineal e inversa del relato [. versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra. perspicaces. y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [.].]».].. p... la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem . los continuos cam­ bios de todo orden. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida.]. y.. sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [. / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40. perseguida.

primordialmente. de invención nueva y rara. 752. para provecho moral. porque en él. olas en un eterno hacerse. 42 R odríguez-Luis. va­ riables a cada instante.. y. 577. fuerzas. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. siempre nuevas. a la vez. re­ hacerse. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés. y ¡tan hermosa! para él. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. y para deleite artístico del lector contemporáneo. al propósito de proponer. A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. Se señalan así sólo algunas de ellas. hecho en sí muy significa­ tivo. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje. La ilustre fregona parece responder. 120. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho.» (1348). etcétera. 1033. tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). Valbuena Prat. entre otras obras estram­ bóticas. también siempre viejas. detalles irrelevantes. 882. cívico. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. de algún modo.gún lo sugieren sus citas de éstas41. episodios. En efecto. a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. etc. que tiene la acción dispersa. ¡transformarse!. N o v e d a d de las novelas de C ervantes .. y autor de felices referencias literarias a ellas. 4 1 Véase en la edición de A. pinto quién fue la Giralda de Sevilla. formas. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. 1348. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. 98. 1036. . matices. que es el de todo el Universo. restrictivo espacio de una novela corta. pormenorizada. deshacerse. demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. En tal propósito ideal. contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. p. Esta inspi­ radora metáfora. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. Ofrecer una imagen precisa. temática y estéticamente. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. pp. personajes. quien.

en prosa y verso. claro está. pero. igualmente atraída.Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona. atraído irresistiblemente. las pequeñas. hacia un efervescente torbellino. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante».. 68 ): el ayo descartado. fragorosas. se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas. mozos de muías. vistié­ ronse a lo payo [.. pero de un curso pasado o futuro sugerido o.. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [... fregonas.] contentos y alegres» (924). después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924). a las cuales se une. «como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso. otra —Avendaño—. de curso propio. mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas. al viaje. Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. a la ligera [. áspero cambio de rumbo. mansas. ... entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores. Empuje repentino. en visitar las nubes de contino. En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola. también en las desprendidas. en parte. etc. de flujo ya paralelo —Avendaño—.].. a su tiempo. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora. a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid. «presuntuosas. impetuosas. 77).] se pusieron en ca­ mino [. de las metas fascinantes por desconocidas. referidos al mar. casi imperceptibles. impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. Entre las olas gran­ des. des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente. siempre contenidas. pues. picaros. dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. de quien ya «no dice nada el autor».. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. al río. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos. de brevísimo recorrido visible. a veces.]. muy a menudo. Puesto. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas.

que si pedirá. íntimo. . Poco después. con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza. en nuestro caso.: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano. a su modo cómico. además de sus propias frustraciones íntimas > H . folklórico. aparenciales. 87). constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”.una media parienta suya» (938).. secundarios.. Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. claros. grisáceos. pp. se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. de un modo u o tro 45. Oleaje juguetón que.]» (939). a la postre. 82) en el vasto mar. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». D iscourse and Social Order in La ilustre fregona».. a primera vista desviadas del asunto central. oficial. como la de Argüello.. relevantes. para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro. principales. Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios. verdosos. burlesco. pero. turbios. límpidos. inspirado en Bajtin. cercanos. aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea.]» (930). retórico. Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. «de socarrón». 45 Véase nota 42. accidentales.. y la monja [.. rufianesco..] de tal calidad». hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. poético. prosaico. reflejo fidedigno de las relaciones humanas. «Identity. multiformes y multicolores con miles de matices. en todos los casos sí se descubre. a quienes alude el mesov ñero. borrosos. también simboliza la constante. 2 0 0 . mientras la de otros es más incierta. aun tales consideraciones. se revelan. Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas. 39-56. La relevancia novelística de algunos personajes. que. y el confesor a la monja. aunque sólo con brevísima ojeada. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. intensa interdependencia de todos los personajes. lejanos. para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija. dialectal. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias. refranesco.. al perder todo el dinero en el juego. Sin embargo.. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. es bastante evidente... p. evanescentes. en la novela. humorístico.

47 A lgunas observaciones sobre esto. blanca como una leche. enlazando con nuestra metáfora. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos».. sugerencias. que. 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo. es consciente de que él.. Así lo desea Cervantes mismo. en El Saffar. impresiones.. 107-8.]. Para nosotros...]»(ibid..]» (El viaje del Parnaso. . Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia. honesta como un fraile novicio. y más dura que un pedazo de argamasa [. múltiples nuevos sentidos.diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. debe aparecer fundido con ellas. quod perstet.. como el de las turbulentas olas de nuestra novela. reveladoras de lo problem ático a que aludimos. hoy están todos estudiando en Salamanca» (947). «Turbóse en esto el líquido elemento. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler. pp. sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo. tres hijos..] que es tiesa como un espárrago.. al proponer las olas como metáfora de la humanidad. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente.. En éste y otros casos en la novela. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. From N o v e l to Rom ance. 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado.. se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. de un brioso brote de agua. lo que. entonada como un plumaje.. luminoso: «quedaron todos conten­ tos.. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios. ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48. implicaciones. etc. como ser humano y como escritor. de diferentes maneras. muy significativamente.] Dijérala [. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa. de nuevo re­ novóse la tormenta [. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [. para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. desem­ bocando en un mar pacífico.]» (934). in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). llamándola lunes y martes [. quien. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo. siempre resulta arduo47. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron.

inocente. G onzález de A m ezúa y M ayo. O bras completas de C ervantes . XV. 78. aunque «the story is well constructed and presented» 3. En efecto. Al principio. v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado». R odríguez-Luis. etc. «nea­ rest to failure». «escrita sin mucha gana». «una de las más endebles de la colección». N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I. N o v ela s ejem plares de C ervantes. Las dos doncellas puede parecer. de hecho “extraña”. 216-217. p. p.] . aunque hábil en el relato a la italiana»2.. «Introduction». a menudo haciendo abstracción total de la opuesta. p.. convencio­ nal y artificiosa». pp. 949. para poder llegar a la docena proyectada [. 326. The Exem plary N ovels. «mediocre.] novela de relleno» l. Ares M on­ tes. O rígenes de la novela . «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». Π. C ervantes. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás. «Las novelas ejemplares». 96. 2 Valbuena Prat. creador de la novela corta. Apraiz. con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas. Fitzm aurice-K elly. pálido. [«El asunto de esta novela no es m uy interesante. p. 113.«D e tal palo tal astilla. Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. pero 1 M enéndez Pelayo. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra. p. frívola.» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta». bajo la influencia de la novelística italiana. 3 T hom pson. 150. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas». «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting».

i. Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas.. etc. rival en amores de Teodosia. 185. Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura. [.. 335. en el Quijote. su se­ ductor. temporales. con la finalidad de alegrarle [al lector]». Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael. Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. Creyéndose mortalmente herido. su «asunto imposible»4. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. que viene de Salamanca. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5. en las andanzas y en los encuentros de los personajes. también abandonada por Marco Antonio. p. 6 D iez Taboada.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes. Rafael se enamora de ella. por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio. pueri­ les al sano juicio. Por fin. lo cual él considera «como una forma de caridad..]. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo. topan con el fugitivo. social y literario que de ella se desprenden. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. de encuentros ca­ suales. 101. de servir al lector». el gusto por la superposición de enredos. G onzález de Am ezúa y M ayo. Sin embargo. «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. se ha sugerido que «en algunas narraciones [. todas esas increíbles coincidencias episódicas. p. «La estructura de las N ovelas Ejemplares». 64. creador de la novela corta. defendiéndose de una turba. p. con particular severidad. C ervantes. por boca del Canónigo. geográficas. su «principio supremo» 6. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. el embrollo por el em­ brollo. etc. ¡en una obra cervantina!. y le salvan la vida. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. En busca de Marco Antonio.. p. Marco Antonio se casa con Teodosia. Al lle­ gar los tres a Barcelona. todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos. Al día siguiente.. 4 5 .

a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad». en E l teatro de Cervantes. depende así de la completa. con tal de ser utilizado con plena justificación estética. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción]. de evidente raíz aristotélica.... C ervan tes> Theory o f the N o vel. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley. que se constituyen en la metáfora de la obra.. tan repletas de coincidencias ex­ ternas. “encuentros casuales”. Por ejemplo. te­ m ática y form al. «De­ dicatoria». 92)9 —y que así deja de ser “desatino”. 88-94 [sin verosim ilitud. Según todas las evidencias. “embrollos”. cap. etc. críticamente. p. en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [. con la inverosim ilitud com o recurso literario. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley. En su interpretación de la verosim ili­ tud. C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. y con la que las ordena en esa secuencia específica. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones. pero con la intención específica de confrontarse. de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia.] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. asi­ mismo abundante en coincidencias. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley. 60. Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada. de ser de los personajes. desde sus piezas primerizas hasta el Persiles.]» no podrá hacer «que sus fábulas [. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso. es ve­ rosímil. acabado «con las an­ sias de la muerte [. También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso. no importa de qué índole. pp. lo inverosím il.. . 1251). suspendan. en efecto. lo cual es un problem a distinto. Esta noción. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. 47. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras. 1527) 8..] admiren. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar. alboroten y entretengan. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos.de la verosimilitud y de la imitación. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales..

Una con­ frontación similar de todos los personajes.] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. en situaciones extraordinarias.. diálogos. acciones físicas. en efecto. A esta misma conciencia autocrítica. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). Y las que se introducen. dramática y conflictiva. y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. principalmente.. anecdóticas. 77. y la de ésta a aquél. discusiones. exhortacio­ nes. es la reacción del hermano. por otra parte. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos. y. oportunas para ese efecto. lo cual contrasta. conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. p. con la frugal acción aventuresca. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. 8 6 ). por ver si eran fan­ tásticos. de manera muy llamativa. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama. escasean peripe­ cias episódicas. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. . polémicas. lícito.. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso. Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. 11 Ibid. se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor. p. ante todo. interpelaciones. en el momento de reve­ larse sus identidades. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria. a la her­ mana “deshonrada”. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. tradicionalmente pundonoroso. se condensan y abrevian notablemente. es lo que Cervantes persigue. Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. tentábanles los cuerpos. suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[. por ejemplo. no sabían qué decirse. Así. que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967).lectores).

conscientes de las exigencias materiales del viaje. Por otra parte. Para su propio viaje. sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas. Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas. y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). D .. D . 74). Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid.. Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [. destaca las “prevenciones” económi­ cas.I3.). con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. Q uijote es la víctim a de semejante impresión. pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 .. .] en el escritorio de su padre [.. II. cuando se trata de viajeros. ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n. al acompañar a su amo. mozo de muías. B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. es inaceptable la relación entre los amos. que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. p. sugerida por Valbuena Prat (949). 1284). Q uijote. como la de Calvete. a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955). Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho. pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras. Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. etc. Cervantes a me­ nudo y por varias razones. ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D .viaje. quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). etc. es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior. Al tratar de viajes en sus obras. C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores.). pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”. Rafael y D . V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa. Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958).] sacándola llena de escudos de oro» (955).

] Who has the greater claim. o L. particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. sugestivas de entreactos—.] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605. 14).. R odríguez-Luis..... Ingenioso hidalgo D. «La estructura de las N ovelas ejemplares». hablan de su «construcción teatral» 1 7 . y algunos críticos moder­ nos. III. or Leocadia. actitu­ des e intereses. que eso son las más de sus novelas». Cervantes. p. Q u ijote de la Mancha..] Who has the gre­ ater cause for jealousy [. 104. pues. 18 Thom pson. 144-150.. A n ton io — T.] com edias en prosa. quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. 352). Teodo sia or Leocadiaf [. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. según se ha sugerido arriba.. whose love was consmnated. a base de unos significativos problemas sociales y humanos. on Marco Antonio — Teodosia. Aunque Marco Antonio es «rico [. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes. p. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían. who was loved more recently than Teodosia? [. [«¿Q uién es la más infeliz.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así. Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector. La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta. que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores. claro está. cuyo amor fue consum ado o L. en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. pp. pp.. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ». . íb A . 85-6. lógicam ente. «Prólogo»: «[. legally and emotionally. Fernández de Avellaneda.]» 1 S . es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles. creador de la novela corta. Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”. «Introducción». p. a veces. impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. 73. la fecha de la creación de esta novela. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas... 17 Véanse D ie z Taboada.. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa. Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo. T.? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy.

gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953). También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio.mado» por todos por su «gala. gentileza. p. egoísta. como. a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante.. se entregó en ese momento. las lágrimas.. culpable de la traición de que la acusa L. incluyendo.. los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador».. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19.. Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [. rostro. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. tiene de esto la hace. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina.] una compla­ cencia» al verlo (952). porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado.]. Sin embargo. se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953). la revela como una joven desconsiderada. claro está. a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—. con la promesa de ser mí esposo. y que es 19 El Saffar.] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio». de hecho.. De todos modos. [«El conocim iento que T.. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. inescrupulosa.»] . o.] a hurto de mis padres» (952).. la promesa de matrimonio. cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [.] en su poder». N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares. por ejemplo. los juramentos. «sin saber cómo [. con toda premeditación. por fin.. únicamente. más bien. N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo. cuando menos.. o. qui­ zás decisivo: «Y finalmente. las dulces «palabras [. «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». 113. por lo que Teodosia se entregó.

being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. no tiene un significado independiente en el cuento. p. p. hasta «deseándole la muerte». N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. con que se suelen justificar los peores extre­ mos. [«La parte de L. . «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. 109).precisamente lo que ha hecho. es. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. 347. aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. pp. G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor». Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». N o v e l to Rom ance. A n tonio. p. y a su matri­ m onio con M. ill. «Leocadias role is a secondary one. 347). Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta». 21 1 . pero secretamente le guarda rencor. A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». creador de la n ovela corta . Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . C on m uy fina intuición. C ervantes. es secundaria. L.». cuestionables. Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas». siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T.. p. cuando menos. significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. 393. 208. 21 Scheviil y Bonilla. 165-176). 24 El Saffar. significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio.] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. creador de la novela corta . surge otra en traje de muchacho. pp. Π. la otra sigue la misma demanda» 2 1. signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. p. A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. si la una va en busca del novio que la abandonó. 22 Casalduero. N ovelas ejemplares. II. 116. no obstante.. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero. Leocadia has no independent meaning in the story.

que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo». que ella..] le quitaré la vida sí puedo» (959). C erva n tes. Una pronunciada ambición y codicia.... lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo». antes de salir de casa tras él. «Práctica inmoral» 2 5 . pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula». pues. aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso.. casi sin emoción. para que «no piense [. pero. Leocadia está dispuesta a rendírsele..] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio. De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada». desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. creador de la n o v e la corta . p.. para mayor ironía. firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso». Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival. Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [. leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. Poco después..terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que. para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual. ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario. para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese». percatándose de ello. que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». sobre todo. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales. . y Marco Antonio. reacciona interesado. como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia...]. consiguiendo de él «su fe y palabra. 343. herida en su vanidad.] para coger el fruto que para él solo estaba señalado». por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado. de­ bajo de grandes [.. es decir. que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente.] gozar a tan poca costa lo que es mío [.] no se las llevase el viento» (957-8). Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». para turbarle a ésta el «sosiego».. Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano.

Q uijote al C anónigo. prometo de darme tal vida después de vuestra muerte. conocidos.. no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade». 32). y asiéndole de la mano». La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. que debéis mucho a ser quien sois [. y ad­ virtiéndole.]. adelantándose a to­ dos. caps.]. sobre todo. 31. se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad». «la palabra. se lleva al herido en el esquife. a toda costa. la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [. exenta de genuinas consideraciones sentimentales..... su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3). firmada en una cédula de [su] mano y letra». con hacer lo que debéis [.] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres. en el palacio de los duques. a quien debéis más que a otra persona del mundo». en presen­ cia de todos los amigos. Muy significativamente.. «se llegó a la cabecera del herido. como si de un monopolio se tratase... médicos y criados en la sala. si no para la salud de vuestro cuerpo [.confirmar «las razones [. Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo. Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio. que [él] le dio. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe. sobre todo.. 26 Recuérdese la contestación de D . Obvia­ mente.] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9). .. A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio». después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n.]. para la de vuestra alma». por mí. por vos. sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida.. «No puedo ne­ gar [. ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva. el «valor de sus padres» y. y después. típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26. que las palabras que le dirigiría «convienen. que bien poco tiempo se pase sin que os siga».]. apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra». Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa.. ante todo.

precisamente por serlo. Personalmente inmaduro. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. excepto en el sentido más externo. irónicamente. La escarmentada Leocadia observa. ya no tiene.. Del pueblo huyó tan de improviso. pues. caprichosa conducta. después de algunos años. Confiesa que la «quiso bien».. Ahora com prende que las obligaciones.]. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959). yéndose muy lejos. de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. porque. desea pagar lo que debe.junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo. que. especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio. con­ tinúa Marco Antonio. En efecto. decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable. repelen. a base de la cédula. con toda probabilidad. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer. y esperando que a su vuelta. no la esgrime. a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»]. T e o ­ dosia. dice Marco Antonio. confiesa todas sus «muchas culpas». encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía. ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas. «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. podría ser que después os fuere de prove­ cho». a Italia. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». «Sin embargo». se arrepiente de todo lo malo que hizo. porque se la robaron los bandoleros. pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter. sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas. Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». p. que la cédula no puede ser «testigo de fe». a su «juicio de mozo [. con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto. hizo la cédula.. . Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». ausentándose. de seguro con Cervantes m ism o.

Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio.. tenía el herido.. A este res­ pecto.] de su vida». se convierte en ilusión.. p. atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio..] exageró el peligro de Marco Antonio» (962).Teodosia. Ahora bien. ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!.. a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964). com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona. 23 El Saffar. dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960). para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica. cuando menos. no grave. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese». por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto. sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat... etc.. [«(. a pie. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [. N o v e l to Rom ance. a Santiago de Galicia» (966). por ejem plo). p..].. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. autoenfrentamiento». siempre impresionado por la mera apariencia. convencido de que ha llegado al «término [. ii.) La libertad con que sueña. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado. se desm ienten con toda su conducta.] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista. when placed in the context o f death. becomes an illusion [.] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however.) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (. C o n toda probabilidad.. y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia. 115. de ir en romería. self confrontation».28. en el contexto de la muerte. .) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (. creador de la novela corta.. ante todo. así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium . 347). a su parecer. o. y asimismo [.. si D io s le sanase. mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30.. con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado.

señor mío». tan reminiscente de la de las raposas esópicas. «el mismo Cielo» le trae ahora remedio. Antes de este parlam ento.] y rico».. ¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio.. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo. consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro. estimada y servida». «pues así lo ha ordenado el Cielo. por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966). in­ contrastable! Además. Como es­ poso «ha de olvidar [.. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan».] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. «cumpliendo con el gusto» de Rafael. es «caballero [. que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». a pesar de todas sus pro­ . Teodosia se preocupa. tiene todo el efecto deseado: «Ea.. en el pasado tan «huidizo». Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». «la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue.. contesta Leocadia. La estrategia argumentativa de Rafael. os quiere hacer recompensa conmigo». porque el Cielo le hizo de mi hermana. allí está él. según el astuto joven. pues. ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». pues. hágase lo que Él quiere y vos que­ réis.Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [. en «ninguna cosa». y el mismo Cielo. Rafael. que hoy os ha quitado a Marco Antonio. facilitándole también la vuelta a casa. inescrutable. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. «recompensa» a Leocadia. sino tan sólo por la voluntad del Cielo. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia. declarándole su alma. ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es. a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje». «rica. pues». en suma. ante todo. de cual­ quier modo. Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia.. señora de mi alma. Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión. contenta. y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano».] hallado».

III. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. es decir. la mar. R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. dar «feliz suceso en su deseo [. Por el título y la riqueza.. p. E l pensam iento de Cervantes. y se hinca de rodillas delante de él.]. «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga. Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares. 78). 376. «In­ troducción». decide de inmediato «alcanzarla». Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951). y de gratificación lujuriosa.. anticipando. con pre­ meditada pose “poética”. las arenas y este silencio». comenzó a interesarse también en Marco Antonio.. p. reconociéndole poco después. Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y. se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo.. que «el castigo que [le] diere fuere Castro. En la oscuridad del aposento. Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—. 13). sobre todo para Leocadia. como lo más natural y ló­ gico. si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones.] por el camino de la fuerza». para Rafael. La na­ turaleza utilitaria. pues es una unión de conveniencia económica y social. no es bien que ninguna misericordia me valga». Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra».]. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación. venal. no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32.mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. Al encontrar a Leocadia. la muerte: «Haz con este hierro el castigo [. «sea como fuere».. 207). y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares. Rafael (964-6). Sin embargo. y con este título sólo viviré contenta». p. 31 32 . satisfaciendo tu enojo [. en la venta. Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que. Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer».. principal­ mente. Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio. sobre todo. siempre predominante en Leocadia. p.

el desafío a muerte de los padres. O bras completas de Cervantes. «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. Q uijote»35. de ayuda desinteresada al prójim o [. lo subordina. o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente. . 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [. un fuerte impulso de "venganza”. evidentem ente. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 . p. p . Rafael está muy dis­ puesto. sí. ¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo). La escena final de la novela.. creador de la novela corta...... A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes. C ervantes. poco después. más bien. porque. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón. 350).]. si se llega a mencionar en abso­ luto. II.. «secreta venganza»!. a este notorio código de conducta pundo­ norosa. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia.].. sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. Ciertamente. pero lo su­ prime o. casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954). sin escrúpulo alguno. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años». «quería antes procurársele por todas las vías posibles. C erva n tes.]. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [. Rafael no acude. las puertas [al] remedio» de Teodosia. asistencia sincera [. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo. «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final. aparentemente. 949. 34 Valbuena-Prat. Sin embargo. como hubiera dicho el ama de D. como condiciones personales ínsitas de Rafael. ¡Actitud noble y sensata!. a una genuina compasión por la desventurada hermana. Siente..secreto»..] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960).. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33.

aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [. egoísta. N o ­ velas ejemplares. Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il. con toda claridad.. y quizás de muchos. al recordar todas esas maquinaciones. III.. 26). 25. arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos. caps. etc. p. 8 6 ). . «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela. que Cervantes destaca. «Introducción».. las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos».flua. «Introducción».] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. 238). al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. siempre bien calculado. urden y perpetran los unos contra los otros. que todos los personajes. Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo». ya hurtando los golpes. constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. con el único objeto. al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan.. «cambio sumam ente brusco». Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». del provecho material propio y de la gratificación sensual. En cambio. cual más cual menos. de acuerdo con nuestra lectura. por su propia imprudencia o necedad. 38 Casalduero percibe este efecto. como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito. Estando ya «a vista» de sus pueblos. de a pie y de a caballo. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [.. esta escena final. insustanciales. fría.]». p. contrastada con todo lo que pre­ cede.] gran cantidad de gente armada. engaños. traiciones. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza. pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37. los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8). estos jóvenes frívolos. 16). N ovelas ejemplares . cínicamente premeditados. pues por el valle «asomó [.. 27). Pero no es así» (Sieber. A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes. p. p..

osificadas actitudes frente a la vida. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación. toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos». ridículo pundonor. la nueva generación se retrata como frívola.. relaciones restrictivas. ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es... ridiculísima. en los últimos años de Cervantes. encerramiento. cí­ nica. que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967). libertina. etc. caballeros. trivial fantasía. porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [. de la educación que reciben de sus padres. de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. sus «gruesas y largas lan­ zas». padres e hijos. sensata.de continuo pretenden actuar. Intervención propicia. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». en efecto. amoral [. mentiras. desde luego.. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. auténticamente histórica.. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas.— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. como. es. es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos.) de los jóvenes es consecuencia natural. no importa cuán deplorables. irra­ zonable (honor externo. etc. irrelevante. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes. directa del m odo de vida rígido. pues contiene una muy significativa. mostrándome tan presta a la venganza [. en pos de un quimérico. mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños. egoísm o. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. traiciones. no más. si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores. Su­ gestivamente. etc. Las dos doncellas. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. disim ulaciones. cinism o.. una novela “realista”.]» (953)39. . a menudo despreciada como pálida. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas. materialista. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida. desconfianza.] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta. en suma. todo lo contrario.).].

. pues sus problemas transcendían todo lugar particular. hay «irreflexión» pasional. 40 Fitzm aurice-Kelly. el predominio de la aventura sobre la psicología. es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías. 96. mati­ ces y elementos de la novela italiana.. hasta “histórico” en sus implicaciones. siendo de características y di­ mensiones nacionales. p ..]4I. Valbuena-Prat. . no es necesario. todo el argumento es ita­ liano». burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes. el modo de concebir la novela [. porque. el imperio mismo del amor sensual. p. como sabe bien el iniciado. O bras completas de Cervantes.) el argumento es el más italianizante en la colección»]. y de modo inconsciente. la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. creador de la n o v e la corta. «tiene por objeto emular a los italianos.. Según se ha mostrado en las páginas anteriores.].. nunca por ra­ zón. cierto parale­ lismo en los episodios. la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía. 325. p. a no dudarlo. apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica.. [«Cervan­ tes sigue a los italianos (. que. Apraiz y Sáenz. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes. claro está. The Exem plary N ovels.. vil. el asunto es totalmente verosí­ mil. «relato a la ita­ liana» 40. que obran siempre por sentimientos. la irreflexión de sus protagonistas. 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón.. la evanescencia misma del lugar de la acción. 949.los protagonistas.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones. «Introduction». SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas». «the most italianate o f the collection». Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes. son rasgos. C erva n tes. actuaron sobre Cervantes [. que cambia a cada ins­ tante.

¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas. copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [. A no dudarlo. de la novelís­ tica italiana...] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán.]. la nocturna aventura [... que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. rico y ocioso. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales.].]. alma y subs­ trato de la novela cortesana [. significativamente. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones.. el caballero m ozo es de una profunda. máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII..].pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”... las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles. tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales. aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza. noble. como todos saben.. de una tiernísima sensibilidad para el amor [. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia..]. lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia. sino al cálculo frío del provecho propio.... vernáculos»42. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida. a veces auténti­ camente paródica. . Sin em­ bargo. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta. estéticos y éticos.. héroe y cabeza de la novela cortesana [.. con toda pro­ babilidad. según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [.]. que. en efecto. quien.. el escenario. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación.] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros. comienza [. también observa que «el ambiente. los billetes y papeles [. los personajes. De hecho.

ridicula... insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H.]. ora con los deudos de la doncella.].]. implícito en toda la obra. amigo de L ope de Vega».. véase nuestro estudio. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [. en las costumbres de esa sociedad..]. asistido también de sus camara­ das [. no discrepante del tono juguetón. bodas felices de la errante pareja. por la «cuestión de amor»... y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43. procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [. se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo. Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas. y llegará un día en que el Amor. que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [.]. de Quintana..]. Palom o. los desposorios mismos. las mil aventuras. fin dichoso de sus andanzas y enredos.. la pre­ surosa huida. Véanse también N ich ols. dirigida contra esa anquilosada. y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida.. «A Study in the G olden Age».] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento. ill.]. 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior. que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [. irónica. llega siempre. con riesgo cierto para la vida de ambos [. Formación y elem entos de la novela corte­ sana. ora con algún desdeñado rival.. p.. todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [. . Este propósito... So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época.]. cuando es también más abundante.]... Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes. 16).. un novelista olvidado. pp.rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [. 457470 [N ovelas cortas cortesanas]. pero.. episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [. sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45. ineluctable­ mente.. 39-47.. choque de espadas. en tales novelas.]». cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor.. La novela cortesana. la consabida pendencia. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas. olvido de la razón [. «Introducción».. impondrá sus despóti­ cas leyes [. particularmente en la época de Felipe IV.. «F.. pp. todavía faltan [.].. ¡diferencia radical! en clave crítica.

encuentra su inspira­ ción. La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. y qué es esto! ¿Vienen. ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes. todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana.) 49 Ya desde el libro de Apraiz. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III. en que. creador de la novela corta . pues. pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. es que representa. . si no la pri­ mera. con toda probabilidad. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.. es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor. 347). 216). Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes. Quijote 49. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana. y sobre El am ante liberal. por lo m enos. Sin embargo. simultáneamente. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física. una de las primeras novelas cortas.. esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. donde reconocemos su transcendental ejemplaridad. p. p. al ver llegar a Rafael. principalmente.] que jamás tal belleza habían visto». ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas. de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. Es. «no de menos gallardía» que Teodosia. La novela cortesana es. en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina».lias». quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47. Según se ha deseado mostrar en este estudio. jtan cervantino!. Uno de sus atri­ butos más significativos. de este tipo en España y. por ventura.

de enredo. 2 Icaza. sus m ode­ los vivos. claves de cruciales secretos. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612. Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos. Straparola. de’Mori. con frecuencia ilícitas relaciones amorosas. A. con gente misteriosa. D on i. F. A . Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. Por sugestión. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. «Las N ovelas ejem plares». niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. muy populares en España ya antes de 16123. Sacchetti. Sercambi.. M. Giraldi. protagonistas o testigos de enredadas situaciones. B. p undono rosos lances de capa y espada. 81-118. S. sus m odelos literarios. M. G. G.. A . varios otros y algunas novelle anónimas. Bandello. F loren­ tino. G. da Barberíno. Erizzo. desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. G. revelaciones y reconocimientos. 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. a ve­ ces nocturnos. no siempre congruentes con el asunto. extraños encuentros. Salernitano. año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio. G razzini (Lasca). de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media. Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas). vista global­ mente. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. pp. muy digna de consideración. Esta hipóte­ sis. . 189. p.«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. A . F. todo narrado con técnica dinámica. sin duda. F. ágil. Firenzuola. A . F. triunfo final del bueno o del “furbo”.. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . italianos o extranjeros.

1987. con su propósito correctivo. A .el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. en obras del mismo género litera­ rio. V1I-XXVII. al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. 22. Tutte le opere d i M. «Introduzione». N ovellen theorie u n d N ovellendichtung. vol. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística. Belloni. G. v . C iccuto. personajes. Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. 1952. V -xxiiI. pp. vol. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo.. O bras C om pletas . Place. La novella d el Cinquecento. L etteratu ra italiana L aterza. v . Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. en mi concepto. P ancorbo. A . G rif­ fith. I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. de una novela italiana. 1921. deta­ lles. N o velle del Cinquecento. W. estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. sea en versiones originales o en traducciones. 8 6 . Rossi. el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6.. B. 590-603. «Introdu­ zione». 1967. Flora. Bandello. situaciones. «C ervantes-B occaccio».). 34-39. J. F. B an dello’s Fiction. A l introducir perso­ . 1974. términos. sobre todo. «Cervantes y B occaccio». Bourland. etc. pp. «Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. ill. 1944. Sette secoli d i N o velle italiane. G. 1982. 31-92. G. pues. C ervantes. pp . Pianca. 1952. ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. I. F orcion e. M azzacurati. 1948. Retorica e racconto.8 . La novellistica d el Lasca. 4 Sin embargo. superativo. M an ual elem en­ tal de novelística española. Clem ents y J. salpi­ cando el texto también de palabras. «Introduzione». A n a to m y o f the N ovella . N o v e lle del Q u attrocento. The Short Story in Spain in the 18th Century. H ainsw orth. Porcelli. pp. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . R. N o v elle italiane: II C inquecento. Schevill y B oni­ lla. Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. de esta vasta tradición novelística. del Duca. 1985. 323-356. O bras completas de Cervantes. A larcos García. nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. que. 1955. Savi-López. π. Madrid. Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar. t. 1953.x lv ïI . S.. pp. Paolella. expresiones italia­ nas. p. 1977. pp. «Introduzione». 19-48. C erva n tes a n d the H u m an ist Vision. pp. T.x x iv . 195-235. Fattini. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. v i. Gibaldi. IX-XLIX. claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. 1973. L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. Pabst. Battaglia-G . M. cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas . de La señora Cornelia tiene su referente lógico. 291). «Introduzione». nos han sido m uy útiles: Auerbach. «Introducción». 1982.

se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre.a Colomba. disfrazada de hombre. La fuga. 363-4). en definitiva. hace recordar la de Las dos doncellas.. en que D . cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D. Cervantes. han resultado vanos. 369-370). la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida.. podría serlo. en la po­ sada. Nimagri. implorándole que la lleve a su aposento8. de autor desconocido7. Nim agri. 1824. para salvarla de un gran peligro. 8 Las situación de L a fuga. todos nuestros em peños por identificarlo. Y. He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. en que Teodosia. pasados los peores sobresaltos. acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D . le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. N o identifica al autor y. G onzález de A m ezúa y M ayo. se aloja en la posada con D . Por mero interés económico. En la posada. Rafael (949-51). pp. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. noble caballero veneciano. con que volvió en sí [. Nimagri un verdadero caballero. Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. pero nos parece por com pleto innecesario y. Cornelia.a Colom ba. Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece. Por ser D. 974). Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza. pero.a C o­ najes de ilustres familias italianas. Juan y D. II. 975). de hecho. de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. . creador de la novela corta española. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. Le encom ienda su «vida y honra». relata su «desdichada historia» a sus protectores. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. algo sosegada». disfrazada de hombre. incluso en bibliotecas italianas.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas. de paso por Mecerra. 7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. pp. después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. Londres. los protagonistas españoles (ibid. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. Se Uama D. 8 8 . B aldw yn. a nuestro juicio. muy agitada.]. en líneas generales. que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles.

«sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. señor!» (= Cornelia.Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973). cerca de Ferrara. logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta. 977).a Colomba en su huida de la ciudad. Al fin.. El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de . abadesa de un convento cerca de Be­ nevento. D.] ¡socorro. Nimagri contra ellos.. mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977). D. en igual situación: «[. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud..lomba a la posada. colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes». con sus «pistoletes» y. «si menester fuera». donde por fin llega. sin más complicaciones. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos. señores. protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»].a Coloniba queda muy preocupada. Antonio. Nimagri. Al tener que disparar D. aunque sus hermanos son «crueles». D.]. pues. D.. tan rico como la cruz». con el mismo propósito. después de un breve descanso.. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta. y una grande espada» ( . y amparo».Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia.. con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [. dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme.] viene a quitarme la vida [. si fuese necesario. ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso. «en la casa de un sacerdote de misa». como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( . para mantenerlos a distancia. Nimagri acompaña a D. pero disponiéndose a defen­ derla. Juan y D. pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores. mientras D. le hace aceptar un bello anillo de diamantes. Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). reanuda su viaje a Roma. D. para volver a España.a Colomba. puñal. colérico hermano. 988).a Colomba. «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro.

en que deseando D . A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». En la novella XLV del N ovellin o de M. por ventura. pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro. Fabio?». moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. según se ejemplifica. en una calle oscura: «¿Sois. pero después decide esperarlo»]. constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia. Juan sale sólo «a coger aire». para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). D. en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». n ó te s e resulta desenfocado.La señora Cornelia. D. . lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad. lo que. con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970). benéfica para todos. «por sí o por no. pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. aventurero. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. algo casual o travieso. en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. respondió sí» (971). a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico. la estructura misma de la novela. pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. tan sugestivamente. hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. D . Antonio y D. ya en ese incidente inicial. es decir. parándose por fin en Bolonia. su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. de experiencias nuevas. deter­ minan todo el desarrollo de la acción. dadas las convenciones sociales y literarias de la época. Juan. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. irrelevante. en el proceso de españolizarla.

buena crianza. Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas.]!» (980). / / maestro gabatto d ’amore). trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos. El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana. honradez. independientemente de su convicción. pero. 19. Juan y D. sin que este hecho sea realmente relevante para el relato. N o se trata. pues. propagado en los países bajo la ocupación española. De hecho. Estos elogios y vituperios en abstracto.. Antonio como individuos. Antonio. lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos. Juan y D. Según se verá. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). 12 Croce. mientras la «massara». España en la v id a italiana durante el Renacim iento. pero.). D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi.de la inverosimilitud» 10. amabilidad. Por otra parte. al menos inicialmente. III. y que se fíe de españoles [. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados.. sobre todo. discreción. que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés. su nacionalidad española.. Cervantes: N ovelas ejemplares . D.. y. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo. determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. Juan y D. temerosa del señor Lorenzo. intensas intervenciones. histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . es decir. sin justificación alguna en las relaciones personales con D. L a N o v ella V. Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972). D unn. etc. «Introducción». «¡italiano. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . aparentemente. están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino. muy particu­ larmente. 10 11 . denigra a los dos «mozos y españoles». Rodríguez-Luis. el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. Además del afán de aventuras y de la curiosidad.. sólo a base de la tradi­ cional. pero Avalle-A rce. Y es de importancia crucial comprender. p. etc. este personaje demuestra cierto aprecio por D. Juan y D. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria.

. Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971).) todavía m u­ chos»]. Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo. quien tantas buenas razones tiene para no creerlas.]. nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo... y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes. Antonio. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). la “massara” logra convencer a Cornelia. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque. cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos.] si pose fra I’avan zo di co­ loro [. Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque.. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D . y porque «a más 14 D . Juan le salvó la vida.. en parte. Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella . por un brevísimo instante.].. por lo menos como ella decía» (986). de la honradez y dignidad de los dos amigos. sólo por ser españoles. Borghi. Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras.] ancora m olti» (N ovelle. El venir el señor D.. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. Giacom o [. ... Por su sólita preocupación con la verosimilitud. Juan que está plenamente confiado en su ayuda. en una ocasión llegue a dudar...atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. de algún modo. Cervantes advierte: «la Críbela.] las calami­ dades que por mí han pasado. Lorenzo a solicitar la ayuda de D.. de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978). se enfrentó con el avance de aquéllos (. según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [. Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo. declara a D. Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. y en esto se podrá echar de ver [. a quien D. G. según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984). con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971). 305) [«Solo entre tantos armados contra él (. Además de la cómica hipérbole. Juan.. Firenze.). soy bien nacida. 1832. que soy de los Críbelos de Milán. «por ser» éste «español y caballero». pues éste está en grandes deudas con D. aun­ que sólo. Juan —y no también la de D..

]!». 17 Ibid. lo cual simboliza y explica. eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. en nombre de su nacionalidad. singulares. 118-128. pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s . Juan y D. Juan y D.obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978). exclama D. D. los amigos italianos que han confiado en ellos. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978). pp... señor Lorenzo —dijo a esta razón D. D. por lo cual redoblan los empeños. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos. para desquitarse a sí y a su patria (984). no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. de considerable ingeniosidad. p. . pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes. «diligencias posibles y aun imposibles». etc. Juan y D.. Juan al disponerse una vez a la acción (987). temerosos de lo que podrían pensar de ellos. de manera muy sugerente y fundamental. 222). Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. N o v e l to R o ­ mance. D. de recíproca determinación con todos los otros personajes. uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. p. «¡Por Santiago de Galicia [. ¿No hay quizás un sutil. y pues nosotros lo somos y principales [... Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. lo cual constituye. Tom Sawyer. Sin embargo. se sienten muy "corridos”. ¡caballeros españoles!. en efecto. Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares. de E l Saffar. pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles. Juan—. están en relación de mutua dependencia. en el mismo nivel de ficción. Quijote... 16 Véase la tesis. 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. según ya se ha dicho. Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. 1 2 1 . .]. las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 .]» (974).

.. etc. «Yo.]».. por no tenerla más suspensa.]». dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero..]».. comentarios y explicaciones.... empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [. 5. estadme atentos y escuchen [.. etc.]...].. con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.. «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [. «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo.. lo que preguntó D. «Señores [... como autor omnisciente.].]....-1» (972-9.]. por sí mismos.. de muy variada extensión.. «Preguntóle el duque que si era verdad [..». Antonio [.. 1.]..] de lo que había pasado [... sólo sé que habrá no sé cuantas noches [. caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [..]». más bien.]..]. respondió [.]». Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos.. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [...Cervantes. pero vamos [..]». en los mo­ mentos oportunos... sus partes y fragmentos. y que [. 199-210.]». de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [. 3. delinea los sucesos «sucedió..).. «Entonces [.] que yo jamás engañé a vuestra hermana [. darnos cuenta de sus vidas. como estos cuentos os podré contar yo [.] yo soy [.].] y dio cuenta [.]. «No sé.. desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas.. «Volvió [.... 980... pp. «y luego le contó punto por punto [. señora.. El duque le contó asimismo a él todo». «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [. . y contadme el vuestro [..que quieren.]» (417)..]. proporciona el marco ge­ neral de la acción.. «Dio cuenta [.]. Juan. con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas.] y al oído le dijo [.. cuentos dentro de cuentos o. dijo». Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces. lo que sintió D.. pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes . yo no he engañado [......]». he servido a un piovano. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». «Yo soy el duque de Ferrara [. «En esto llegó un paje [..]». 6 .. desde perspectivas incisiva­ mente individuales.] de todos los sucesos [. «Bien sabéis [.]» (987). etc. le contó»...... recuentos. respondió el cura..... pues [.. oíd el mío».]..] mi desdichada historia». «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [. ofreciendo. res­ pondió que sí.

muy sugestivamente. ciertos modos de ser. G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. N ovella l) [«L. por una disposición “traviesa”.. como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983).. que me desmayo». etc.]» (G.]» (974-6). dijo [. de muy activa. etc.] con voz algo doliente y turbada. no pudiendo así comenzar con el relato.. consciente o inconscientemente../ Cornelia come y bebe /. complejos. las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente. por la información que les es asequible. parturisce di nascosto [. dice. un personaje (983). . antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente. por una inclina­ ción rencorosa. A veces.. «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia». como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias. ocasionalmente. dadme pri­ mero algo que coma. actitudes. Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y. y su interés propio o su altruismo. de la sociedad.] mi desdichada historia».. D eca l. Por medio de sus relatos los personajes revelan. y después invita: «sentaos.. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso. por su visión del mundo.». / Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”. y. de manera premeditada. tem e Vira d el padre e d e fra telli. Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos. B. a veces.. como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). embarazada por un amante. / Sin embargo. «fi­ nalmente [. etc. y. por una apre­ hensión momentánea. nacim ientos secretos.res”. G iraldi. señores y escuchadme».: «Lippa ingravida d i un suo am ante . provocan su indignación. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9. advierte a los oyentes: «Si queréis que hable.. pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [. in­ tensa interacción entre actores y espectadores. / Llora un niño. ágil técnica narrativa. teme la ira del padre y de ios hermanos.] un fligiu ol maschio [. El juego se ejecuta con ingeniosa. da a luz secretamente a un hijo»].. 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos. como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980).

aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975). también «confiaba en [la] honrada condición» de ella. Cornelia se gana nuestra simpatía... pronto convertido en pasión que —acallados convenien­ temente los escrúpulos morales con la promesa de matrimonio— la induce a entregarse sexualmente. según lo sugiere también el chisme. que Cornelia nos deja percibir hasta en sus orgullosas. sobre todo. como Dorotea del Quijote . al menos en ocasiones. más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). pero. después de entregar su virgi­ nidad. pocas lenguas hay que no la publiquen [. por el que comienza su interés amoroso en el Duque.preocupaciones. su pundonoroso hermano. Además. por las preocupaciones del Duque con su herencia. en que la guarda con «gran solicitud» el señor Lorenzo. observamos que todas sus dificultades son atribuibles. Por influencia del Duque. aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). con la tercería de «la criada. acrecienta en su conciencia el pesar por el descuido de «los recatos». Algunos lectores se extrañan de que tal heroína alardee tan ostentosamente de su belleza: «la fama de mi belleza tal cual ella es. de «las honrosas amonestaciones». aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. El hecho de que éste. que el her­ mano mismo recoge en la ciudad: «anoche lo supe» (978). pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque. . a la vez.]» (410). por «las libertades» y «la perdición». sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad. fervorosas afirmaciones de su genuino amor (975). se nos sugiere el hecho irónico de que todas estas consecuencias. Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). Cornelia renuncia a apelar a la probable disposición favorable del hermano. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas. Corne­ lia. a su propia im­ prudencia e indiscreción. claro está. todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios. ¡«Yerros por amores dignos son de perdonar»!. y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa. pero.

Sin duda que éste sería el criterio de que el señor Lorenzo mismo se valdría en semejante si­ tuación. cual­ quier galán. La obsesión pundonorosa con “el qué dirán” motiva toda la ac­ tuación del señor Lorenzo. en el chisme: «mi parienta me ha dicho [. el señor Lorenzo habría aprobado de seguro una relación amorosa formal entre el Duque y su hermana. esta indigna disposición servil del señor Lorenzo se demuestra naturalmente consustancial de su resentimiento y odio a “los poderosos”. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». cebándose. p.].«Cada situación es el resultado conflictivo de la situación an­ terior» 20. y al duque lo mismo. de Cornelia y su criatura: «[. En otros momentos. también provoca algunas nuevas. y. posiblemente trágico. mutuo empuje. de modo parecido.] por ser desigual el matrimonio en cuanto a los bienes de fortuna» (978). Contempla a su hermana. como olas del mar en continuo.. y el otro con el hallazgo de tan buen cu­ ñado» (982). Sólo en base al chisme presupone también una «vo­ luntad arrojada» en la hermana y las más deshonrosas y mezqui­ nas intenciones en el Duque: «Esto yo no lo creo [que el Duque quiere casarse con Cornelia [..] [al señor Lorenzo] se le arrasaban los ojos de lágrimas. sobre todo... a la vez que responde a ciertas preguntas. el uno con la pérdida de su esposa.. cuando todavía hay gran incertidumbre sobre el destino... etc. enternecidos. anoche lo supe. semejantes y diferentes a la vez.] arrojándose a los pies del duque. parece que no tanto por la felicidad de ésta como por su propia ambición social. que porfiaba por levantarlo [. cada relato sobre las relaciones de Cornelia y el Duque. lo cual se evidencia también en el revelador dativo de interés en su declaración desengañada: «triunfó [el Duque] de mi industria [.. generándose así una serie de versiones. Esta se manifiesta de modo inequívoco en la escena de la reconciliación con el Duque.».. dicen [.. Según ya se ha sugerido. aclarándolas. El relato del señor Lorenzo sobre la seducción de su hermana deja a D.] y anoche me la llevó» (978). muy significativamente. también conveniente­ mente apoyados en enraizados.]. pero.. Juan en una gran perplejidad: ¿Es el Duque de veras un malvado? ¿Se ha aprovechado de una ingenua con intenciones rui­ nes y pretextos falsos? «Todo esto se ha de saber de su boca» 20 Lacadena y Calero. como objeto de as­ tutas contiendas entre sus «ojos de Argos» y los del «lince». 204. .. cínicos prejuicios sociales (978).

Queriendo ser admirado como uno de esos muchos «astuti e gran maestri di beffare altri» 2 1 de la novella italiana. ¿Como pueden justificarse éstos moralmente por la mera preocupación del Duque de asegurarse la herencia que la madre le tiene prome­ tida? Por cálculo oportunista. A la vez. ¿por no querer privarse de la excitación sensual de la relación ilícita? Es pertinente esta pregunta porque en la actuación del Duque se transparenta un pronunciado egoís­ mo. más bien ligero de cascos. decide D.] rico y curioso». no revela al señor Lorenzo su amor por Cornelia. G razzini (Lasca). im puestos por la in­ teligencia y la discreción.(979). cierta frivolidad infantil en su cuento de la «labradora». O bservem os de paso que el fingim iento de Juan R ojo con F rondoso acerca de la hija «ya prom etida a otro» (Lope.. aunque los dos españoles. Ftienteovejuna ). obvia por la exageración. serias im plicaciones estéticas y morales. señala los lím ites de dicho juego. como ésta «mil veces» le pide que haga (975). aparentemente más superficia­ les. que podrían fácilmente traducirse en un absurdo desenlace trágico.) astutos y grandes maestros en burlar a la gente»]. aunque. aunque inocuos y graciosos.. y p or eso. pronto después ocurre: El Duque confirma su amor sincero y sus intenciones honradas res­ pecto a Cornelia. Juan.]» (D . según lo demuestra con el del niño expósito. pues. 22 «Dar lejos de lo que se espera». a m enudo contienen interesantes. y. con su burla el Duque se revela en cambio como un sujeto indiscreto. pero es no obstante cierto que con su impru­ dente comportamiento ha expuesto la vida. por pesadumbre y enojo [. inocua y graciosa. su «pro­ metida esposa» que relata como «verdad» en un momento tan inoportuno para ello. le dicen que «ha hecho la más discreta y más sabrosa burla del mundo» (987) 22. amigo también de la 2! F. es una tradicional costumbre popular. Le cene (l) [«(. . con intencionada in­ dulgencia.. también porque duda de la reacción comprensiva del pundonoroso hermano. la dignidad y la felici­ dad de Cornelia y de otros a m uy grandes peligros. com o diría Lope. i.. según se desprende de las reacciones indig­ nadas y angustiadas de los dos españoles y del señor Lorenzo. como. es un aspecto caracterís­ tico de la técnica narrativa con que Cervantes m ism o evidentemente se deleita al sorprender al lector: «Si no lo has. Q u ijote . Esta inclinación del «piovano [. 1105). así entendida por todos. Entre éstas. con que explora los sentimientos del Duque (985).. además de otras tendencias personales negativas.. de hecho. También el “piovanow de notoria reputación escandalosa y jocosa en la novella italiana gusta burlarse de la gente con sus cuentos inventados. ¡oh lector!. Los pasajes cervantinos.

parece a algunos lectores: las frecuentes visitas del noble a un cura de aldea. sino por su usual preocupación de explicar lo que podría parecer inverosímil. son raras y que. apariencias ambiguas. ignorancia. disper­ sas piezas. aprehensiones. Juan y D. Cervantes no sugiere esto como mero detalle pinto­ resco. de manera llamativa. men­ tiras. La obra abunda. es fácil imaginar cuán “entretenidos” serían sus encuentros. Gustando éste «mucho así de la curiosidad del cura como de su donaire en cuanto decía y hacía» (985). Anto­ nio consiste en averiguar las causas de las discrepancias conflicti­ vas entre las distintas versiones de la “historia” que propugnan los otros personajes. de hecho. en toda clase de obs­ táculos que dificultan la interpretación correcta de los aconteci­ mientos: ambientes extraños. para hacer al fin aceptar a todos una versión fun­ damentalmente fiel a los sucesos.«massara» a quien «tiene obligación más que de amo» (980). falsas acusaciones. disfraces. de hecho. am bición. Antonio mismos como piezas integradoras del enigma. como. reivindicadora de la “dignidad” y los "buenos propósitos” en el pasado y prometedora de la solu­ ción más satisfactoria y feliz para todos. ex­ plica la razón principal de la amistad entre él y el Duque. etc. La más importante función mediadora de D. Se impone otra vez la imagen del intrincado rompecabezas de muchas. produciéndose así de continuo situaciones en que todos. Juan y D. extrañas. resentimientos. deber de ser. aunque también justificadas por la devoción de aquél a la caza. objetos de origen misterioso. experimentan grandes dificultades al tratar de averiguar la verdad. declaraciones de doble sentido. y suponiendo el recíproco aprecio del cura. incomprensibles a los otros personajes. desfavorables circunstancias tem­ porales. quien «viene a visitarle muchas veces desde Ferrara». odios. Ejemplifica magnífica­ . creer. Castro. identidades enigmáticas. Sin embargo. información incompleta. entre las cuales también figuran D. A este respecto resulta muy su ge­ rente el lenguaje conjetural de que todos se sirven con frecuencia: suponer. diálogos enigmáticos. como diría A. imaginar. tem ores. indistintamente. atribuibles al «as­ pecto engañoso de la realidad». Glaro está. parecer. es sumamente significativo que las interpretaciones erróneas. vanidad. etcétera. aun éstas tienen su causa primaria en los com­ plejos y prejuicios íntimos y en las predisposiciones morales y psicológicas de los personajes mismos. Por esto precisa­ mente ellos también resultan a veces misteriosos.

la solución final de to ­ dos los problemas no se determina por una anagnorisis dramá­ tica ni por una transformación radical de los personajes. de modo inexorable y continuo. debidos al defecto intrínseco en el engañado. Es de crucial importancia el hecho de que todos los distintos factores humanos que inducen al error o a la impropie­ dad en La señora Cornelia tiene su denominador común en la desconfianza. los pañales. quienes tanto se empeñan en erradicar la desconfianza de los otros. que se contraponen en la o b ra25. de las mentiras y de los temores. al verlos abrazados «desde algo lejos» (981). la indu­ mentaria. el sombrero tienen un papel significativo para complicar y desenredar las siVéase nuestro estudio sobre El vizcaíno fin gido en E l teatro de Cervantes. erigida por la desconfianza. N ovella 4) y tratado. G i o r n a t a v iii. Juan y el Duque. no suele tener interés para C er­ vantes 23. F.mente este hecho la inmediata suposición del señor Lorenzo de que es «de cólera» el encuentro de D. como una concatenación de desconfianzas. víctimas inocentes de la misma. A nto­ nio. de un modo u otro. en realidaid. desde la ini­ cial de la madre del Duque hasta la de la escena final. El m otivo del engaño con una mujer “falsa” en la cama fue utilizado ya por Boccaccio ( G io m a ta vil. A este respecto nos parecen también de valor emblemático “el camino derecho” y las “sendas apartadas”. en que casi todos parecen desconfiar de todos por una razón u otra (983-4)24. Sansovino y M. particularmente. sino tan sólo por la palabra llana. en que los dos españoles. Todos los «engaños a los ojos» en las obras cervantinas son. la trama entera se es­ tructura a base de unas causas y unos efectos que se identifican. el señor Lorenzo y el Duque están a punto de arremeterse. y no sólo por su nacionali­ dad. entre ellos. como la de las dos Cornelias. generán­ dose mutuamente. a m enudo por los n o v e llieri de los siglos siguientes. como en algunas otras novelas cervantinas. 25 El m ism o tema fundamental se dramatiza en E l laberinto de amor. 23 24 . desprendido de explícitas motiva­ ciones o tendencias humanas. Bandello. Así. con variaciones. N o v e l l a 8 . Esta lacra de las relaciones humanas se dramatiza en algunas escenas particularmente memorables. en defini­ tiva. Juan y D. las joyas y. Véase nuestro estudio en El teatro de Cervantes. Y es casi simbólico el que hasta D. lleguen a ser ellos mismos. Sí. con que se supera la barrera de los malentendidos. Sin embargo. El error o el truco de carácter sólo externo. mediada por los dos españoles entre todas las partes.

tuaciones 26. N o v e d a d y ejem plo de las N o vela s de C ervan tes . incluyendo el mero azar. inciertas perspectivas se apre­ cia también en el hecho de que el lector. ¡Interferencia impropia del positivism o en el m undo de la ficción! Algunas nuevas considera­ ciones sobre la verosim ilitud cervantina en D ie z Taboada. ¿por qué razón lo emprendería La señora Cornelia con “la novelística greco-bizantina”? 29. a veces se encuentra deambulando con ellos desorientado. Cervantes: N ovelas ejemplares. por cualquier motivo o circuns­ tancia.]. C ervantes: N o vela s ejem plares .).28. «Intro- . La ingeniosidad de esta con­ cepción novelística de ias múltiples. siempre es secunda­ rio respecto a la m otivación humana. sincera27. pp. 27 En los estudios de D u nn . cayendo en el engranaje de las continuas y mutuas desconfianzas de los personajes. como estructura narrativa.» (N o v e l to R o­ mance. ha renunciado a la razón. pp. orientador. p. al hacernos meditar sobre los insegu­ ros. ΠΙ. etc. Reconocida la inequívoca fisonomía “italia­ 26 Véase R odríguez-Luis. «La estructura de las N o vela s ejemplares».. confuso. a la virtud.. ridículos medios. 87-105. en sí. A ve­ ces. sólitos compañeros de la relación honesta. una genial metáfora literaria de los pasillos oscuros. etc. se comprenderá también la palpitante relevancia de La señora Cornelia para la vida cotidiana y la condición hu­ mana. de que es «la más desalada carrera tras lo inverosímil [. 1 2 0 ) [«(.'y se rechazará como obvia incomprensión la condena. De­ bidamente apreciada esta metáfora fundamental.) es un cuento sumamente improbable»] y otros. El Saffar. directa. endebles. 94. es. sin posibilidad alguna de un entrecruce armonioso. El amante liberal —novela bizantina. Teniendo en cuenta el hecho comprobable de que en cada novela ejemplar cervantina ocurre un explícito o implícito diálogo crítico con su específico modelo inspirador (La española inglesa —libros de caballerías. ill. de modo muy irónico. Lacadena y otros sobre La señora C ornelia se concede demasiada importancia al "azar”. en definitiva. etc. Las dos doncellas —no­ vela cortesana. pero. 28 A valle-A rce. que. al sentido común. se engaña precisamente porque se cree privilegiado por la información que los personajes no poseen. ya casi rutinaria. su función más importante e ingeniosa con­ siste en su ironía implícita.. 19-20. de las que es penetrante y fidedigno reflejo.. 2 H Propone tal tesis Avalle-A rce. el colmo de la in­ verosimilitud». «La señora Cornelia is a highly im probable story . confusos del laberinto de la desconfianza humana. La trama muy enredada. de los que debe depender aquél que. «Introducción». ínsita en la es­ tructura entera.

) digno de maravilla y admira­ ción». los delicados confines del arte y caer en el mero sensacionalismo.) refleja la influencia de la novela griega y de la com edia contemporánea y del Persiles»]. I... que. 1027) [«¿adonde me dejo llevar (. p.) habiéndoos prom etido narrar una novela»]. [«(.. a menudo de extra­ ordinario logro artístico en sus numerosas combinaciones de dife­ rentes ingredientes temáticos. El Saffar mantiene que «La señora Cornelia reflects the influence o f the G reek n ovel and the contem porary Spanish com edia as w ell as C ervantes' ow n Persiles» (N o v e l to Rom ance... como temas melódiducción». . en efecto.. de repente. Posibles influencias signi­ ficativas. al darse cuenta de que ha caído en una innecesaria digresión moral en una dedicatoria (Bandello . 30 Sandello. Para gratificar la apetencia insaciable de éste.. 1025. 20. 119) [«(. lo cual es tam­ bién crucial para la concepción de La. p. la imaginación y la ingeniosidad de los novellieri debían agudizarse más y más en su afanosa búsqueda de lo novedoso.nizante” de esta novela ejemplar. sobre todo. La utiliza­ ción de cada ingrediente particular dependía. como lector y escritor. de que fuera considerado «degno di meraviglia e ammirazione» 30. inevitablemente. adquiere visos de características constitu­ tiva. de su previa capacidad para excitar la curiosidad y la admira­ ción del lector. p. Con su trama cuidadosamente organizada. sorprendente. Rosales destaca bien que La señora Cornelia es el eslabón entre la novella italiana y la novela corta cervantina ( C ervantes y la liber­ tad. En estas deformadoras tendencias sensacionalistas de la no­ vella italiana no podía menos de reparar el sentido de la mesura y de la armonía artística que suelen orientar y animar toda la activi­ dad literaria de Cervantes. claro está. señora Cornelia— era uno de los tipos más cultivados por los novellieri. 492)..]?»31.. ya desde los tiem pos de Boccaccio. lingüísticos. vol. I. es de­ cir. vol. únicamente relevante. vehículo favo­ rito de la inverosimilitud y de la “digresión” de todas clases: «Ma dove mi lascio io trasportare avendovi io promesso di narrar una novella [. técnicos. p. la novella italiana. personajes. al observar la tendencia a la di­ gresión episódica en él y en otros n ovellieri del Cinquecento. p. Tutte le opere. que su diálogo crítico sea con su raíz litera­ ria directa? La “novella alVintreccio” —caracterizada también por la actitud cínica y desconfiada de los personajes. hasta traspasar. Tutte le opere.. entre sus elem en tos tam bién in clu ye esporádicam ente el greco-b izan tin o.] 3Í Bandello se hace esta pregunta. maravilloso. etc. pero sin contar con la más importante.. ¿no es quizás lógico. pero nos parecería oportuna. a m enudo. detalles revelan su esencial funcionalidad y. en que todos los sucesos. a su tiempo. El abuso frecuente degenera en práctica ruti­ naria que.

32 Sobejano advierte que en todos y cada uno de los 12 cuentos de Cervantes. Sin tal función.cos. 33 Entre las diferentes funciones de D . p. La señora Cornelia se propone como un posible modelo estético y moral a los futuros cultivadores de la novela corta de enredo. inspirada en la famosa “novella alVintreccio” italiana. su plena correspondencia con el tema conceptual de la obra. creándose una perfecta armonía entre todas las partes. podrían ser sustituidos por dos extranjeros de cualquier otra nacionalidad o región italiana. hay una ejemplaridad artística. . «con grandísimo gusto de todos» (98 8) 33. moral y vital («Sobre tipología y ordenación de las N ovelas Ejem plares ». sin perjuicio alguno para la obra. Juan y D . La nueva fecunda relación entre el genio es­ pañol y ese género literario italiano parece prescribirse en. A n ton io hay que señalar también com o m uy importante la de sim bolizar la españolización de la “novella” italiana “alVintreccio*. muy grata a los sentidos e incitante para el intelecto. por aquel entonces ya popular también en España32.la cor­ dial y correcta «correspondencia» que los personajes españoles e italianos deciden mantener. 75).

EL CASAMIENTO EN G A Ñ O SO Y C O L O Q U IO DE LOS PERROS «Ihr seid ein Schelm. encomendándose a N uestra Señora [. 237. va en frenética búsqueda de la traidora. 244.] con pesa­ dumbre [. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares..» (Goethe. 1 Casalduero. Faust) «Es.. Waiey.. «N uevos valores de E l casamiento engañoso y El coloquio de los perros».. «desproporción». Campuzano. En vano. casi insospechadas hasta muy recientemente. pp. cae en una extrema «desesperación». sobre la relación del individuo con el ambiente moral en que se forja. frustrado y agotado entra en una iglesia. las 997-1026. «con presu­ puesto de hacer en ella un ejemplar castigo»..]. y.. A lgu ­ nos de los primeros estudios centrados en el problem a de la unidad del C asa­ m iento-C oloquio: Parker. 201-212. 249. se trata de un sueño. a quien él mismo pensaba engañar. pp.' muy rabioso.]» (994-5). 49-58. de una vigilia [de Campuzano] [. Berganza y Cipión [.. claro está. que asimismo sugiere la unidad conceptual. se propone ofrecer algunas sugerencias nuevas sobre los episodios particulares y la confluen­ cia de sus temas en la implicación fundamental de la obra. «Valor actual del hum anism o español». W oodw ard. a veces con interpreta­ ciones que revelan grandes complejidades ideológicas y artísticas. Nuestro estudio. de inmediato.. ba­ sado asimismo en esa visión unitaria.]. . tan innovadoras en la historia de la ficción hasta entonces.]. 20 ss. una sola novela... en la edición de Valbuena Prat. que habría sido fatal. 2 A E l casam iento engañoso corresponden las páginas 991-997 y al Coloquio de los perros.. Cabrera.. so­ bre la técnica narrativa y la estructura novelística. no dos [. «El casamiento engañoso y E l coloquio de los perros». pp. 80-87. «The U n ity o f the C asam iento engañoso and the C oloquio de los perros».. después. wie Ihr nur immer wart. «si tantico se des­ cuidara el ángel de [su guarda] en socorrerle]» (224)2. pp. cayendo en un escaño «[.] son el desdoblamiento del pnismo personaje [Campuzano]» K Casi todos los críticos actuales coinciden en tal comprensión de El casa­ miento engañoso y Coloquio de los perros. Viéndose burlado estrepitosamente por una mujer.

Pasados algunos días. se calma algún tanto. y poco a poco [le] dejaron los cabellos». que aquél quiere hacerle creer unos «disparates». nunca totalm ente resucitas. amarillo en el rostro. son todos «de alquimia»! (995). el jaquemate se lo da doña Estefanía a él: «comenzaron a pelárse[le] las cejas y las pestañas. Y. y cuando oyó esa conversación no quiso «dar crédito a 3 Q uizás C am puzano experimenta un «m om ent o f illum ination» [«m om ento de alumbramiento»] en la iglesia (El Saffar. C ervantes: El casam iento engañoso a n d E l C oloquio de los perros. febril de Campu­ zano en estos m om entos3. afirma que da «por bien emplea­ das todas [sus] desgracias». Sin embargo. Al afirmar Campuzano que oyó «hablar» los dos perros. joyas y brincos» que le robó. espada tengo. «chi prende diletto di far fro de. su «amigo». 996). ¿que se apiade de él y le perdone su insensata vida peca­ dora? Probablemente todos estos y otros pensamientos y emocio­ nes semejantes revuelven la mente trastornada. todavía muy incierto del remate de su enfermedad. a menudo fatal (995). lo demás Dios lo reme­ die» (991. non s’ha di lamentar s’altro Vinganna» (995). «haciendo pinitos y dando traspiés». sin embargo. Campuzano le asegura que él tampoco es tan «ignorante» para creer que «pueden hablar los animales». . enfermedad venérea de ho­ rrorosos efectos físicos y psicológicos. muy juiciosamente.¿suplicándola. indignado. considerando. razonablemente. flaco de piernas. el lector. Del hospital sale después de haber «tomado cuarenta sudores» (996). cintillos. entreoyendo una con­ versación de los dos perros del hospital. conjetura. por completo indigente: «Dicen que quedaré sano si me guardo. pero esta experiencia vendría acompañada de em ociones contradictorias. según lo demuestran los acontecim ientos posteriores. por la experiencia extraordinaria que ha tenido durante las últimas dos noches. De transcendental importancia debió de ser esa experiencia para la vida de Campuzano. que al fin de cuentas. Campuzano ha contraído «la lupicia» o «pelarela». sirviéndole «la espada de báculo». dispo­ niéndose a “escuchar” atentamente ese coloquio para desentrañar la explicación. con corazón vengativo. ¡Realidad del juego que practica y que no siempre puede favorecerle a él! Además. el li­ cenciado Peralta. 37). «ride bene chi ride Γultimo»: ¡la sorpresa que se llevaría doña Estefanía al darse cuenta de que «las cadenas. Berganza y Cipión. p. piensa. que le ayude encontrar a la malvada?. pensando que son de oro.

. sutil y desocu­ pada la memoria».] era [. aunque. de la responsabilidad de justi­ ficar un discurso. el Coloquio será.. Está generalizada la opinion de que «Cervantes se ha evadido. se consuela el escéptico licenciado. tales cuales Nuestro Señor fue servido de dár[se]los. es cierto. ). Vindicado. llena de «cosas grandes y diferentes. pp. ameno. «a escu­ ras y desvelado». probablemente. p. cuyo «buen ingenio» ya conoce (997). al acabar de leerlo. pero. sin faltar palabra». Campuzano considera superfluo «ponerse más en disputa [. De to­ dos modos.. solo. C am puzano m edita sobre sus «pasados sucesos y presentes desgracias» (996).[sí] mismo». Sin em­ bargo.. irónicamente. .. Peralta declara.. oí. de m uy difícil defensa.] si hablaron los perros o no». hablaron?». en cuanto a su verosim ili­ tud» (P ozuelo Yvancos. con m uy interesantes explicaciones e. el día siguiente (996). A condición de qüe Campuzano «no se canse más en persuadirle] que oyó hablar a los perros». C ervan tes3 Theory o f the N o vel. el Coloquio. que «está bien com­ puesto». la verosimilitud [.. Peralta accede a leer el Coloquio. teniéndola. noté. a veces.. delicada. que él «alcanzfa] su artificio» e «invención». Por lo menos. y. en efecto... y que con su lectura «ha recreado los [ojos] del entendimiento». y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros». Y allá está escrita. perplejos respecto a la “verosimilitud” de todo ello4.. con lo cual Peralta se declara perfecta­ mente conforme: «no volvamos más a esa disputa» (1026).] el señor Peralta de ver escritas en un colo­ quio las cosas que estos perros.]. 59..] para C er­ vantes. «delicado el juicio.. escribí. desembarazada la mente de las fiebres y aluci­ naciones recientes.] riéndose y como haciendo burla de todo lo que había oído y de lo que pensaba leer» (996-7). o sean quien fueren. toda la conversación. muchos lectores modernos todavía vuelven a esa “disputa”. a la postre. 195. finalmente.. con acertada intuición de tan extraña “irresponsabilidad” cervantina: «[. 434). «por cosa soñada». 161.. al principio. con todos [sus] cinco sentidos. estando [él] des­ pierto. escuché. pero tomando «el cartapacio [. aunque «[se] haya engañado y [su] verdad sea sueño [. «A la mitad de la» penúltima «noche» en el hospital..] una coherencia del discurso consigo mismo» fibid. pues fue «escrito y notado» por Campu­ zano. que él no pudiera «inventar de [suyo]» y que así le obliga «a creer que no soñaba y que los perros hablaban» (996). Y.. ¿no se holgaría [. «Enunciación y recepción en E l casam iento-Coloquio». sin reserva alguna. tuvo que admitir que ocurrió «realmente. Al recordar sus más nota­ 4 Riley.

maltratado por los hom ­ bres. mordaz sarcasmo o frío ci­ nismo. . Sin embargo. y «agradecimiento» (998). «La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional. en realidad. de modo muy importante. identificada con la de un perro nacido y criado entre los humanos. 47-72). ¡narrada! sólo desde la perspectiva de un perro “racional”. que la suya ha sido. concluye. «Cipión: su carácter y sus funciones en E l coloquio de los perros». ignorantes. con el lector implícito. «fidelidad inviolable». éste tendría la función primordial de alter ego —se­ mejante a la del “amigo” de Cervantes en el «Prólogo» del Qui­ jote (1605)—. Recientemente: Miranda. él también quiso tratar al mundo con afecto.bles y penosas experiencias. una vida de perros. beneficiada por la experiencia acumu­ lada en el pasado. Como estos animales. soliloquio de Cervantes». pues todo relato debe tener oyente. cuestionable tan categórica distinción entre la “animalidad” del “p erro ” y la “hum anidad” del “hom bre”. pp. Esos dos perros «echados detrás de [su] cama». en contraste con las perspectivas del pasado. explicada. dar conse­ jos y consultarse con el narrador y. lealtad. con lúcida convicción. Cipión representaría también. lo cual constituye una verosí­ 5 Las observaciones de Lain Entralgo sobre las funciones fundam entales de C ipión y Berganza son todavía aceptadas. erróneas. sus únicos compañeros en esta in­ terminable noche insomne. consecuentemente. com o el compañero de Berganza—. para expresar dudas y escrúpulos. como el del hospi­ tal—. en los estudios actuales {«Coloquio de los perros. que no obstante casi siempre fueron “premiados” con crasa ingratitud y crueldad. y el bruto irracional» (997). la perspectiva del presente. honradez. vida que podría ser comprendida. sin la ventaja de esa experiencia5. a Campuzano le parece más bien borrosa. incide más y más en la mente de Campuzano. Nace asi la idea de la auto­ biografía de un perro —que se llame Berganza. cuando sólo quiso ser “hombre”. escuchada p o r o tro —que se llam e C ipión. aunque elaboradas y m odificadas. para hacer comentarios y reparos oportunos. pero habiendo vivido tanto tiempo en ese «mondo cane» —mundo pe­ rruno del hombre—. Su desastrada vida. Sin embargo. 195-200. para puntualizar lo dicho. a veces. pp. con sutil ironía. ingenuas. pues la perspectiva inicial puede ser a veces más acertada que la posterior. comprenderían muy bien el penoso sentido de la imagen. simultáneamente. notorios po r su «amistad». no siempre.

surgida de unas circunstancias psicoló­ gicas y ambientales por completo naturales. Es obvio. Dependiendo de la experiencia evocada y del tiempo disponible para elaborarla o reaccionar a ella. asimismo como los seres humanos. o me reprendes. los representan en su complejidad.. intensidad.. ... matiz estilístico. obviamente.... ¡no puede ser! de esos cuentos que dan contento por «la gracia» que «tienen en el modo de contarlos [. com o lo han señalado varios crí­ ticos. morales-satíricos.] unos con otros» y los «animales» como «los tordos... pues no es. por­ que. creador de la novela corta española.].. Cipión: «Habla [. o me mandas que calle».. dándome prisa a decir todo aquello que se me acordare. Estos «pueden hablar y responder con discurso concertado». sin muchos “colores retóricos”. colorido. escueta.. los dos perros de su Coloquio . que yo te escucharé de muy buena gana. la narrativa de los episodios variaría en extensión. drama­ tismo. sin preám­ bulos y juramentos de palabra».]..] cómoda para poder pronunciarlas» y. hasta ahora señalados!6. ritmo.. aunque sea atropellada y confusamente» (998).. 429-430.] de Esopo» que «departían [.. de todos los antece­ dentes fabulísticos. tan artificiosos. C ervantes . escucha. inverosímiles o más bien improbables en una conver­ sación espontánea y apresurada: «no sabemos cuánto durará esa nueva ventura [el don de hablar] [. y si te cansare lo que te fuere diciendo. Por esta misma razón se expresa la esperanza de que este «cuento» dé «contento» sólo «por la gracia» que «encierra y tiene en el mismo [.. tono. picazas y papagayos» que «hablan» sólo «las palabras que aprenden y toman de memoria y por tener la lengua [. pp. que se revela muy significativo en el contexto del Coloquio. Estas funciones fundamentales están repartidas y diferenciadas clara­ mente desde el principio: Berganza: «Pues [. II. «Cervantes 3 A ni­ mal Fable». pienso aprovecharme [.].. pp. Campuzano destaca la diferencia entre «los animales [.. G onzález de A m ezúa y M ayo.]. sin impedirte sino cuando viere ser necesario» (998). según se verá.]. [vestidos] de palabras y con demostra6 Sobre las posibles fuentes literarias de Cervantes: Pierce. autonomía (996-7). Ésta sería predominantemente sencilla.mil complejidad del proceso mental. expresión lingüística.. 103-155. emocional. por otra parte. De hecho. jcuán distante es esta concepción literaria. en su ímprevisibilidad y.]. que Berganza-“perro” es también un conveniente recurso literario para p o ­ der observar y conocer aquella sociedad de manera íntima y extensa.

un intercambio oral que es. sino. de una representación dia­ logada —cuya naturaleza monológica se sugiere también por la omisión de los «dijo Cipión.. siempre variables formas. pero en cuanto esta labor literaria representa un consciente. casi por las mismas palabras» (se reconoce la imposibilidad de una reproducción exacta en todos los detalles expresivos). por lo menos. imaginativamente. de una rememora­ ción de «pasados sucesos» y de una meditación sobre ellos y las «presentes desgracias». «for this effect “defective " comes hy cause» [«para este efecto lo “defectuoso” viene con causa»] (Shakespeare. de hecho. Estas observa­ ciones son aplicables estrictamente a la forma literaria. con todos sus tentáculos de múltiples. en esa larga noche de convalecencia. una muy imaginativa aplica­ ción del aristotelismo a la concepción literaria. de una representación de «los pensamientos escondidos» de Campuzano. más precisamente. artísticamente premeditada.. resulta de inmediato evidente el radical experimento cervantino. a nuestro juicio.ciones de rostro y de las ma nos y con mudar la voz se hacen algo de nonada. su proceso mismo de formularse mental. una transgresión de los preceptos aristotélicos. Se trataría así de un soliloquio íntimo en forma de un pre­ tendido diálogo o. que sólo responde a . tamaños y movimientos es.]. resulta así auténticamente original. y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gusto­ sos». N o constituye este “pulpo” narrativo un de­ fecto. sobre toda su desastrada vida. un organismo por completo íntegro. Hamlet): el “pulpo”. en suma. El “p u lp o ” como metáfora de la perfecta coherencia de una aparente incoherencia. supuesta­ mente para no «alargar la escritura» (997)—. respondió Berganza». funcional en su existencia y perfectamente ar­ m onizado con su ambiente. es decir. El propósito de representar o. escrita* en que Campuzano ha puesto el coloquio de los perros. tam­ bién representación del complejísimo proceso articulatorio de “los pensamientos escondidos”. Por lo tanto. todo lo contrario. sugerir este proceso mental de la evocación y de la meditación se manifiesta inevita­ blemente en la estructura o forma narrativa del “pulpo”. determinado y declarado propósito de reproducir «todo lo que había oído [. im portante es observarlo. de que los interlocutores a veces se percatan con el propósito de evitarla en el futuro (1006). genial. como propuesta teórica y como realización literaria. en su movimiento imprevisible. a menudo caótico e incontrolable por la conciencia ordenadora.

que nos parece aplicable a todos estos y otros estudios de la estructura na­ rrativa del C asam iento-C oloquio.196). ca­ rente de antecedentes teóricos. y 71). Casalduero habla de «la brevedad del tiem po que atosiga a la vez al narrador y al lector». de la estética o lógica ínsita en el problema representado. 7 Sobre la estructura literaria y la concepción filosófica del Casam iento engañoso-Coloquio. pp. sin embargo. (pp.su propia lógica interna. C er­ vantes an d the M ystery o f Lawlessness. pese a que este hecho fundamental siempre se reconoce o intuye de ante­ mano. a novel-dia­ logue». principalmente. Intuiciones buenas de la “estructura” imprevisible del “pensa­ m iento” que. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d E l coloquio de los perros. a base. El casamiento engañoso y C oloquio de los perros. «Enunciación y recepción en El casam iento-Coloquio». véase el libro de Forcione. ex­ plica después que Cervantes «se va acercando al final y lo que quiere es acumular •una serie de figuras que p or su núm ero contrapesen los prim eros episodios» (ibid. Y de un m odó parecido habla Belié de la «desproporción entre la materia narrativa y el tiem po del cual dispone el narrador» para relatarla. 261). pp. U n comentario crí­ tico. del «deshílanado c o n ­ tar». “La vida de perros” es. 8 T odos los lectores acusan la gran complejidad de la estructura narrativa. «Remarques». «Género y estructura de El colo­ quio de los perros. pp. . todo lo cual surge de «la vida sentimental y psíquica». los actuales m ucho más que ios del pasado. en este as­ pecto. al frn. de «las relampagueantes apariciones de las últimas seis figuras». pp. a base de la metáfora del "pulpo”. pp. sugerente anticipo de notorios experimentos literarios modernos. M olhó. por la presión del tiem po se acelera. de que la escritura es sólo una representación aproxi­ mada. pp. pp. 61-90.. El Coloquio de los perros es. Así. 11-95. «El pacto narrativo: sem iología del receptor inm a­ nente en El coloquio de los perros». Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 423-435. Percibida así la articulación del Coloquio. sin posibles antecedentes te ó rico s7. El Saffar. sería la relativa desatención al m ovim iento del pen sam ien to escondido. 147-166. que no se han cristali­ zad o en una clara com prensión y que así revelan a las claras su desconcierto. 176. 242 ss. o com o se hace una novela». Excelentes observaciones en Casalduero. 119-143. im aginativo exegeta para explicarlo bien. además del estudio de Forcione (nota anterior). que no obstante no evita que la trama se articule «sin orden ni plan». se entienden también las grandes dificultades que siempre se experimentan al tratar d e . C on respecto a todo esto resulta sugestiva también la aguda observación de M urillo sobre la «simple com plexity» [«complejidad sen­ cilla»] del C asam iento-C oloquio («Cervantes’ C oloquio de los perros. de los episodios de extensión numérica que responderían a cierta «simetría renacentista» [¡!]. en espera de un hábil. los interesantes de Belic. de obligada consulta para todo lector se­ rio de esta obra cervantina. y. explicarla con claridada. «La estructura de El coloquio de los p e ­ rros». del «tiem po acelerado de la narración» de «la corriente em ocional que fluye de un episodio en otro». Véase. la metáfora de la de Campuzano. Rey H azas. 64 ss. del «m ovim iento de fuga». etc. P ozu elo Yvancos. p. N u estro propio estudio contiene tan sólo algunas sugerencias esporádicas sobre este aspecto. pues.

Berganza tiene grandes incertidumbres acerca de su origen. esos sueños o disparates. De manera magníficamente suges­ tiva muestra Cervantes la esperanza de todo autor de ser com­ prendido por el lector. pero sabiendo que éste. en definitiva.]» (997. ¿Por qué «ponerse en disputas». instigado por el inquisitivo Cipión. com o fin en sí misma [. com o sería inextricable el aire del oxígeno.] una visión en que el sentido estético cir­ cunvale al sentido ético de la obra» («Conciencia estética en una obra de Cervan­ tes». «¿Por dónde has venido al punto en que ahora te hallas?» (998)..pero el valor metafórico parece desvanecerse por completo al re­ velarse tan literalmente aplicable a la realidad del alférez. distintamente! Esto es lo que. pero Ci­ pión le aconseja que se limite en este empeño. pero considerado como un perro por su prójimo... domina desenfrenada la maldad en todas sus formas posibles. p. considerando ya innecesario argüir acerca de los perros hablantes9. donde «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca». abrió el licenciado el cartapacio El acabar el Coloquio e. com o lenguaje imaginario y autosuficiente. pues de otro modo 9 Subercaseaux representa gran parte de la crítica actual con este comentario: «La literatura se im pone. sospecham os. com o literatura.. 1026)1 0 . a una in­ com pren sión de lo estético. y el licenciado dijo: [. pues nació en un «matadero». Lo ilustra con ejemplos concretos (999-1000). tan sólo puede conjeturar que sus «padres» fueron «obreros». no hay razón alguna para re­ lacionar del m ism o m odo a Cam puzano con Peralta: Éste. entonces. sin extrañas intervenciones del autor... según se ha dicho ya. Tales juicios contradicen las declaraciones explícitas de Cervantes ( Q u ijote.] este coloquio [. y co­ brando en momentos él mismo una mala naturaleza perruna.]. En este siniestro lugar. caps. ser hu­ mano. Recostóse el alférez.1licenciado y el despertar el alférez fue todo a un tiempo. es quien. «si hablaron los perros o no»? ¡Hablaron! ¡Muy de veras. todos los lectores de la obra de Cam puzano. según recuerda muy bien.] está bien compuesto [„. es sólo un lector.. si quiere.Peralta —representante de todos los lectores inteligentes— comprende al acabar la lectura del Coloquio. debe llegar a sus propias conclusiones respecto a lo leído: «yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee.. con sus propios criterios y gustos. 10 Mientras C ipión es el «alter ego» de Berganza. 47-48. pues. se pregunta Berganza. 546). inextricable de lo ético en Cervantes.. i. . entre otros) y se deben siempre. que no tie­ nen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden [.

le ofende. El que lo ha dicho.. es Ci­ pión. con imagen estremecedora: «el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros pri­ meros padres y lo mamamos en la leche. descuidado de esa realidad. según se ha visto arriba. La engañosa «moza hermosa en extremo» representa el menosprecio malévolo por aquel que. muy temprano. Vese claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse en quien. sino de un "ol­ vido” premeditado de Campuzano. fácilmente se aprende el hacerlo». Al descubrir debajo de esta bella apariencia tan repulsiva fealdad. la hermosura reflejaría una íntima bondad—. claro está.. y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre». como en varias otras ocasiones. y esta creencia se acentúa también en otra ocasión. con profunda reverencia. para la vida. comprende una de las más alarmantes verdades de la vida: a menudo el mal se dis­ fraza de bien. observa Cipión (999). En el "matadero” —claro símbolo microcósmico— le enseñaron a Ber­ ganza. pero no se trata de un error de Cervantes. ya en su niñez Berganza deriva la . vuestro amo. como advierte con sarcasmo Cipión (1000). Antes de hacer esta observación. Berganza ad­ vierte: «vuelvo a decir lo que otra vez he dicho» (1004). Gavilán [. sino para que se moderen [en los hurtos]» (999). como autor del Coloquio . por conveniencia novelística. Si «el hacer mal [le] viene de natural cosecha» al hombre. Consecuentemente. según se pone de re­ lieve en el incidente con la «moza hermosa en extremo» —de acuerdo con los postulados neoplatónicos. a su parecer. «a arremeter a los toros y hacerles presa de las orejas».] y decid a Nicolás el Romo. En el “matadero” se presupone como na­ tural la maldad en el prójimo: «Los dueños se encomiendan a esta buena gente»— el sarcasmo de Berganza es igual al de Cipión— «no para que no les hurten (que esto es imposible). aunque en otras palabras. como preparación esencial para todas las relaciones con el prójimo. en los dos perros. para poner de relieve sutilmente. tam­ bién hay en él una inclinación natural al bien. Cipión ya sabe cuán larga es esta “historia”. hacia quien Berganza se siente atraído de modo irresistible.«no llegarás a la mitad de tu historia» (999). acaba «burlado»: «Andad. porque el hipócrita sabe que es «prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto». su personalidad desdoblada. como el mismo Berganza. «Como el hacer mal viene de natural cosecha. que no se fie de anima­ les» (999).

in­ dependientem ente de la interpretación particular de esa costumbre. que más parecía atajador de la costa que señor de 11 Se han escrito ya varios artículos sobre esta costumbre de escupir en la boca del perro: Abrams. Sin embargo. pp. Berganza se escapa del «matadero» y se junta con unos pastores.. El amo. con lanza y adarga. no tenía que ver conmigo» (1002). quien aparece «sobre una yegua rucia. 19-24. desempeña sus deberes con genuino idealismo: «pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado. Supervía. que «por pere­ zosos».]» (1002)n. progre­ sivos cambios. que es obra donde se encierra una virtud grande. raíz y madre de todos los vicios. aunque con notables. como. que. Barcino. sobre los perros. a la jineta. cuando acudía. incluso. Víctima inocente del engaño y del castigo —casi le cuesta la vida—. son castigados con una «lluvia de palos» (1002). confiado en poder ganarse la vida con el trabajo honesto y puntual: «me hallaba bien con el oficio de guardar ganado por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo. claro está. 79-82. ocurre: «apenas me habían dicho los pastores: A l lobo. «Sobre lo que hizo el pastor a Berganza».desconsoladora lección de que la inclinación al bien debiera siem­ pre condicionarse por una actitud cínicamente precavida frente a todo el mundo. en nuestro juicio. sería de seguro siempre obediente del modo más «solícito y diligente» ( 1000 ) a cualquier orden. la culpa del estrago recae siempre. pero sin percibir el fundamental cinism o del acto. Pronto se desengaña. En efecto. Es preci­ samente con la intención de que sus crímenes tengan tales desen­ laces por lo que los pastores admiten a su servicio a Berganzáj después de averiguar que es «perro de casta»: Como tal. de hecho. ante todo. descubriendo que «los pastores eran los lobos y que despedazaban el ganado los mismos que lo habían de guardar». y que la ocio­ sidad. En esta situación tan perversamente cínica se perfilan todos los elementos de una ingeniosa alegoría satírica de la situación política y económica nacional. la fe ingenua de Berganza en la condición humana persiste en afir­ marse en las experiencias sucesivas. como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden» (1000). pp. «Una frase m isteriosa en el C oloquio de los perros». . a la parte que me señalaban [. primero que otros perros.. a las deshonestas que piensan darle. Pese a esta temprana comprensión desengañada. cabría sobreentenderse.

en definitiva. a su cuidado: «No hay mayor ni más sutil ladrón que el doméstico» (1002). «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». con penosa ironía. pp. M árquez-Villanueva.. «Es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo sí no se fía y se confía».). encargado. en el monarca. a la enorme miseria de todo el pueblo y. totalmente inconsciente de los muchos enemigos internos que le están deso­ llando vorazmente eí país. a la total. que piensa que todos pueden y deben ganarse la vida con su propio «sudor y trabajo». 24-27. en gran medida. con el evidente propósito de aclarar al lector que ellos no tienen deseo de «herir» ni «rùatar» a ningún individuo en particu­ 12 Véase también M olho. etc. pero sugiriendo: «quédese aquí esto. al desengañarse. pues. y otros cortesanos. etc. en repetidas ocasiones. . inevitablemente. el du­ que de Lerma. H ay algunas observaciones interesantes en este estudio. sobre él se descargan las consecuencias más graves de la corrup­ ción de todos esos codiciosos “guardianes” del tesoro nacional. «Remarques». a la vez. honesto e ingenuo. de su favorito. inten­ tando defenderse de sus enemigos externos y. Pasa adelante» (1002). sobre todo. la historia del reinado de Felipe III. resultan impropias en vista del flagrante descuido o desconocim iento de estudios fundamentales anteriores (El Saffar. Berganza es el ciudadano honrado. En efecto. impotente frente a tan perversa deshonestidad: «quisiera yo descubrirlo. que no quiero que parezcamos predicadores. que la confianza roba y el que os guarda os mata?» ( 1002 ). observa des­ consolado Cipión. ya antes.ganado». ¿A quién “descubrirlo”. cínica desconfianza en las relaciones sociales humanas 12. a la terri­ ble crisis política y económica del país. pp. hallábame mudo» ( 1002 ). pero las frecuentes reclamaciones de novedad. y quien. Y el pueblo común es el “castigado”. Forcione. Cipión y Berganza expresan la de­ terminación de no convertirse en meros murmuradores con sus críticas. originalidad. Q uerillacq. Cuán penosamente pertinentes eran estas preguntas desesperadas lo muestra. que los centinelas duermen. quienes con su inescrupuloso y despiadado parasitismo contribuyeron. hace pensar. se siente por completo frus­ trado. y quien hace sólo ocasionales actos de presencia en el «hato» ( 1000). 91-137. después de oír la experiencia de Berganza con “los pastores”. cuando todos “los pastores” son cómplices en el cínico engaño? «¡Válgame Dios! —decía yo entre mí— ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar entender que la defensa ofende. con toda la claridad de­ seable.

siempre f3 Analizam os este problema en nuestro estudio sobre La gitanilla. disfrazados de “pastores”. que suelen entretenerse en «aque­ llos tan honestos cuanto bien declarados requiebros». se ma­ nifiesta a menudo cierta perplejidad acerca de la función precisa de esta parodia literaria en el contexto de esta novela.]. deshonestos. el cual. pero tiempo vendrá en que lo diga todo con me­ jores razones y con mejor discurso que ahora» ( 1001 ). queríanme luego bien y nadie me despidió» (1003). sufría­ los. ex­ presada por Berganza e identificable con la visión estética del pro­ pio Cervantes respecto a las idealizaciones de «todos aquellos li­ bros» que «son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos..lar. pese a todas sus finuras externas. se implica. sino «señalar» el vicio. ¡muchas sátiras! A la vez que se pretende la preocupación con un posible “exceso” de críticas. que éste sería de todos modos. que no parara hasta pintarte un libro en­ tero de éstos [. Obsérvese también la. cíni­ cos y voraces “lobos”. se revela teniéndose bien en cuenta que tras los pastores literarios solía disfrazarse la sociedad cortesana contemporánea. y con la lengua le limpiaba los zapatos. es­ pecífica advertencia de que la crítica del aspecto meramente litera­ rio es. comprensible. De esta manera. y que en la realidad cotidiana son. además del contraste explícito entre la fic­ ción pastoril y los pastores rústicos. implícito.]... Así. Sin embargo. En el servicio se excedía en sus deberes: «no dormía de noche [. reales.. hace «difícil cosa el no escribir sátiras» ( 1000 ). Berganza narra cómo iba en busca de nuevos amos: «Cuando venía el señor. A todos resulta evidente la parodia de la literatura pastoril. . moviendo la cola. a dos porfías. Si me echaba a palos. posiblemente.. hay otro. me iba a él. Uno de los propósitos importantes. entre esos pastores idealizados.. de interés secundario: «de manera se me iba calentando la boca. sin embargo. en esas vir­ tuosas nobles. y los cortesanos que supuestamente sirven a aquéllos de modelo. he­ cho universal centinela de la mía y de las casas ajenas». Tal interpreta­ ción es coherente con las consideraciones anteriores sobre los “pastores -lobos” y hace apreciar mejor la sutil complejidad de la visión satírica cervantina. y con la misma mansedumbre volvía a hacer halagos al que me apaleaba [. es tan omnipre­ sente en la sociedad que. servía bien. astutamente. bajaba la cabeza y. en este momento.]. y no verdad alguna» (1001)13. me quedaba en casa. espirituales mutuas relaciones.

pero «sin osar» jamás «llegarle con las manos. en suma. Berganza se dejó sobornar también por una criada. aun en el mo­ mento de evocar esas experiencias. atributos gratos a Dios. en la casa del mercader rico. latrocinio y deshonestidad» de los criados. Berganza es consciente de su humillante conducta zala­ mera para con sus vanidosos amos y siente una íntima vergüenza por causa de ello. poco antes reveló que su humildad personal había sido. primero le espulgan el linaje. estorbar [. intere­ sada en «hacerle callar». Berganza fue “querido” de sus amos sólo porque. Por esta razón. sabía gratificar cier­ tos complejos psicológicos de aquéllos: «The dog [.. de hecho.]. con que él hubiera querido servirles. de que —nótese— «me aprovechaba» (1003). Como si de repente se percatase de la emboscada en que cayó por un momen­ táneo descuido... para quien «el más pobre [servidor] es más rico.] commends himself to our favor by affording play to our propensity for mas­ tery» 14. que se revela precisamente en sus intentos de negarse la verdad con todas esas racionalizaciones.. Consciente de las graves consecuencias que sufriría por ello. 7 [«El perro se gana nuestro favor jugando con nuestra propensión a dominar»]. para mante­ nerse en su servicio. con las sobras de la cocina» (1003). Berganza diserta sobre la conducta decorosa y sobre la virtud de la «humil­ dad». Corolario natural.. entre otras. Berganza. pues «los señores de la tierra [sus amos] para recibir un criado. pero «sin ladrar. examinan la habilidad. ya salido de su «primer ignorancia» ( 1001 ).. . Sabe muy bien que se com­ portó de tal modo sólo por «la ración de pan y los huesos que se levantasen y arrojasen de su mesa [del amo]. pese a su pobreza y humildad.. pues tiraba sus gajes y co­ mía su pan».]». por completo irrelevante para esos fines. quiso «responder a lo que a [su] amo debía. «como buen criado. inevitable de la zala­ mería hipócrita es la deshonestidad en otras formas. cuando aquel asno [. acordán­ dose de la fábula de Esopo. consideran sólo los atributos externos y no «la limpieza de corazón». cap.] la insolen­ cia.festejando a su amo: «dando infinitos saltos cuando [lo] veía» (1003). le marcan la apostura [. porque no se alborotasen los de casa» (1007-8). ¿Decoro? ¿Humildad? Sin darse cuenta de ello. determinó. «por los mejores medios que pudiese». arremetiendo a la criada. No para que su 14 Veblen. el más humilde de mejor linaje» (1002). los ves­ tidos que tiene». The Theory o f the Leisure Class.. «llevado de [su] buen natural».

com o diría M achado.. Sin embargo.. . quien atribuye a Cervantes una mentalidad proletaria marxista. ¿Mero sarcasmo respecto al reconocimiento sólo de la virtud ostentada superficial­ mente? ¿Intención cínica de no “gastar” esfuerzos en “finezas” no “vistas” en el futuro? Cervantes nos deja en la incertidumbre. Berganza mordería a la criada por mero «resentm ent a t his loss o f freedom » («Cervantes’ Sententious D ogs». de todo el contexto en 15 Según Hart. p. Jarocka. considera el ataque de Berganza contra la criada com o una alevosa traición de clase {El coloquio de los perros a una nu eva luz. al proponer sus propias interpretaciones. La declaración hiperbólica en un texto cervantino siempre invita al escepticismo.) «Desprecia cuanto ignora». sino sólo porque «las dádivas» le pesaban a Berganza en «la conciencia».. adalidades del camino del cielo [. en nuestro jui­ cio. condena de continuo a la «deplorable crítica tradicional». com o sería imprescindible. que se desentiende de una ver­ dad que honra más a Cervantes. independientem ente de su categoría social. pin­ tándoles «la fealdad y horror de los vicios» y dibujándoles «la hermosura de las virtudes». Las alabanzas que Berganza y Cipión hacen de «aquellos ben­ ditos padres y maestros» de la Compañía de Jesús son llamati­ vamente hiperbólicas: «repúblicos del mundo. supuestamente ya supe­ radas. declaradamente inspirada en su maestro.]. la humildad profunda. al m enos tácitam ente. «solicitud». “con lupa”. El Saffar. Jarocka. ¡en los m ism os países com unistas!. base sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza» (1004-5).. de la «honestidad». no los hay tan prudentes en todo él [. p. en­ señaban» a sus alumnos con «amor». pues su intención es mostrarnos precisamente una mentalidad llena de ambigüedades y contradicciones todavía en el momento de evocar todas las experiencias pasadas. M árquez-Villanueva. que forjaron la personalidad presente.amo lo supiese y lo premiase. de barricada.. y. también declara que ahora ya no estaría dispuesto a «hacer finezas detrás de una estera. 381). L. 95). para la tesis que mantiene (M olho.. sólo porque su «buen na­ tural» lo impelía a recobrar la honestidad 15. O sterc. etc. com o arcaica. Típicamente. patente en todas sus obras: su escrupulosa distin­ ción del hom bre bueno del malo. «la prudencia.]. irrelevante. Jarocka condena la crí­ tica anterior sin conocerla. «industria». donde de nadie soy visto que pueda alabar mi honrosa determinación» (1007). Típica crítica propagandista. ¡Irónico! H ace ya muchas décadas. a una reconsideración atenta. los estudiosos dedicados a la polém ica intelectual abierta. precisamente la clase de crítica lite­ raria que todavía practican Jarocka y O sterc. finalmente. el incidente sería bastante banal. en el momento mismo en que recuerda este extraordinario triunfo de su virtud. condenaban. eco­ nómica. ¡in toto!. con lo cual.

]» (1005). es previsible en esos padres. Cipión culpa a los padres. sus alumnos. “ambición” con “perjuicio de tercero” y. La supuesta distinción... Berganza [. Además de esta sugerencia inicial de un contrasentido irónico. por la condena que la precede. ¡«tanto»!. sin cultura refinada ni sólida educación cristiana —lo prueba precisamente su “ostentación”—. iban con autoridad. «Remarques». hijos del mercader] gramática en el estudio de la Compañía de Jesús.. en sillas si había sol. —me hizo considerar [. El “aparato” con que esos “niños” van ¡a educarse! con los jesuítas constituye una grotesca perversión de las más fundamentales virtudes cristia­ nas. maes­ tros y «espejos». dejan la clara impresión de una obligación ritual. El verlos ir con tanto aparato. maestros y «espejos» de todas las virtudes cristianas. estridentes discrepancias: «estudiaban [los dos. en definitiva.] ordenaron a mis amos 16 M olho.]» (1003-4).]. con ayo y con pajes. 31. según esas alabanzas.. “con daño” de toda la sociedad. .. cumplida mecá­ nicamente y abadonada cuanto antes. moralmente. en efecto. si la ostentación de riqueza y poder. hay fla­ grantes. p. Se destaca el hecho significativo de que los maestros jesuítas tienen la autori­ dad para exigir o sugerir a los padres cambios en la conducta de sus hijos: «aquellos señores maestros [. quienes tratan a sus hijos «como si fuesen hijos de algún príncipe. como..que se produceI6. y algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya» (1004). típi­ cos “nouveaux riches”. base sobre quien se le­ vanta todo el edificio dé la bienaventuranza» (1005). claro está. Ostentosa procesión de príncipes paganos para la admi­ ración idólatra del populacho. Las aprobaciones con que Berganza y Cipión se regalan por esas alabanzas de la Compañía de Jesús: «Muy bien dices. entre esos «benditos padres». se nos sugiere es­ pecíficamente: «la ambición y la riqueza mueren por manifes­ tarse». De todos modos. ¿qué dis­ culpa en absoluto hay para esos «benditos padres» jesuítas. se anula irónica.. Todo es así como lo dices.. que les llevábanlos libros y aquél que llaman vademecum. sobre todo de «la humildad profunda. según lo sugiere la brusque­ dad impaciente que Berganza demuestra hacia ella: «Y siguiendo mi historia [. de esas «tiernas varas» para que éstas no «toma­ sen mal siniestro en el camino de la virtud»? (1005). en coche si llovía. y los productos inmediatos de su educación. Cipión» (1005).

hay posibles implicaciones críticas también al fracaso del sistema educativo mismo. com o Castro.. sana actividad física. 31-41. Al notar «aquellos señores maestros» que «la media hora que hay de lección a lección la ocupaban los estudian­ tes no en repasar las lecciones..]. pp. ¡¿único ente intachable entre la universal ruindad humana?!..: «co­ rrían parejas [. ¡¿única guía y espe­ ranza lum inosa del hombre?! Repetim os. de un breve. Sin embargo. interior del individuo? La Com pañía de Jesús.. Se tiene la sensación de una agradable.. de una erudición secamente libresca. y. 146-153.[de Berganza] que no me llevasen más al estudio. pp. 18 Véase también: El Saffar. gustaban de ver que [.. atrevidas referencias críticas que quizás se comple­ mentan con una ejemplificación implícita de los efectos contra­ producentes. p. Dieron en darme de comer [. que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con otras razones muchas» (1005). y yo sé los vol­ vía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo. pp. 45-51. necesario alivio entre las monótonas rutinas de clase. H ay otros críticos que consideran sinceros y entu­ siasmados los elogios cervantinos de la Com pañía de Jesús. incluso algunos'de los más destacados. Sutiles. E l pensam iento de Cervantes. Ahora bien. inocente diversión. . El Saffar.. Esta «glo­ ria» y «quietud» viene a quitárselas a Berganza y a los alumnos «una señora» que «llaman por ahí razón de estado. ruti­ 17 Ibid..]». Por encima del relativo valor de los argumentos históricos de una u otra tesis. y Forcione. «or­ denaron que se interrumpiesen de inmediato estas diversiones» (1005).] la virtud y el gusto». arrojaban los bonetes o sombreros. obedecieron [.]» (1005).] partía [las nueces] como mona [. Cervantes: E l casamiento engañoso a n d E l colo­ quio de los perros. del dicho al hecho hay gran trecho» (1004). Se transluce claramente la indulgencia de esos «ben­ ditos padres» con la “frivolidad” de algunos de sus clientes ricos17. sugestiva pará­ frasis del ideal clásico: «mens sana in corpore sano» 1 S . C ervan­ tes an d the M ystery o f Lawlessness. inequívoca. La ostentación soberbia del “aparato” de esos niños sim­ boliza una escandalosa contradicción entre la doctrina y la prác­ tica: «Una cosa es alabar la disciplina y otra el darse con ella. 50.. en efecto... de una alegre.. negativos.. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d Coloquio de los perros. ¿no resulta quizás m uy atípico del pensam iento de Cervantes colocar tanta confianza en cualquier institución hu­ mana para la reforma existencial. sino en holgarse» con el perro. éstas se describen con patente exaltación: «los estudiantes me metían la mano en la boca y los más chiquillos su­ bían sobre mí. precisamente de tales proposiciones se nutre la más aguda ironía cervantina.

a una preocupación primordial con cierta continuidad de elementos novelísticos20. «Remarques». que yo no murmuro de nadie». Las N ovelas ejemplares. irrelevante para la realidad humana a que debiera. aplicarse: «podemos inferir que tanto peca el que dice latines de­ lante de quien los ignora como el que los dice ignorándolos [. callo» (1002). II. pp. poco después éste recuerda de repente otro olvido: «háseme olvidado decirte que las carlancas con puntas de acero [. Esta conclusión. p. Cipión: «De la misma manera que has contado entraba yo con los amos que tuve. ¿no parece quizás muy verosímil semejante “olvido” en una narración tan larga y variada como la de Berganza? Sugesti­ vamente.]» (1004).]. Cipión amigo».. más o menos sutiles. N o obstante estas y otras posibilidades. y ya en Sevilla andaba sin ellas» (1008). “tras­ trocándose” los papeles. y así. «que dije al principio de mi historia. ante todo. Acaba un maldiciente murmurador [.. de la misma personalidad desdoblada en los dos perros.. 22-3. cuyos pensamientos reflejan. «Remarques». Respectivamente. se intensifican. ¿Por qué razón es necesario saber este detalle. Cipión: «Así me lo parece a mí. p. por miedo a la venganza de la criada* Berganza se encuentra con un alguacil.. el supuesto crítico juicioso de la murmuración. Nicolás el Romo» (1008). Rodríguez-M arín. M olho.naria. Ber­ ganza: «Ahora acabo de confirmar [. las insinuacio­ nes. Algunas son muy evidentes: Berganza: «Todo esto es predicar. 259. y parece que nos lei­ mos los pensamientos» (1003). Cipión: «Sí.. Durante la narración de las experiencias de Berganza en la casa del mercader rico y con los jesuítas. lo cual se ha atribuido a un error de Cervantes.. «La estructura de El coloquio de los p erros ».. pp. que no afecta en absoluto el curso de la historia ni la verdad poética de la situa­ M olho.] me las quitó un gitano en una venta. procede di­ rectamente de una referencia a «algunos latines» que Berganza re­ cuerda de sus «estudios» con los jesuítas (1006)I9. Berganza no mencionó a este perso­ naje antes.. Se confirma de nuevo que «se le­ yeron los pensamientos» en todo. Cipión. acaba siendo el censurado. inicialmente. Escapándose de la casa del mercader. que era grande amigo de mi amo. Belie. 36-7. a una sutil sátira del “estado”. Ahora bien. precedida de anécdotas ilustrativas.] es que hay algunos que no les excusa el ser latinos de ser asnos». 19 20 . por designio de Campuzano. 47.

como con las “correc­ ciones” en la IIa Parte del Quijote.]». «ayer me vi estudiante y hoy me ves corchete». además. de menti­ rosas y ridiculas pretensiones —«la mayor [fortuna] que tuvieron fue tener esperanzas de llegar a ser escuderos» (1008)— quejosos de la “adversa fortuna”.. escuchó y notó y. «quiso» que él hallara en su camino una compañía de Solda­ dos-rufianes ( 1012). En el Coloquio. falta de reflexión o travesura paródica?— el notorio la­ mento de D. personajes y sucesos. . finalmente.] / Ayer tenía criados y gente que me servía [. una vez. los “olvidos”. por lo que también Berganza se refiere a su «buena suerte». Muchos «maldicen la For­ tuna sólo porque piense el que los oye que de alta. un olvido en ingrediente funcio­ nal que. esto sí. próspera y buena ventura han venido a la desdichada y baja en que los mi­ ran» (1008).). en realidad. pues.. Pensando en los trastornos sufridos inmerecida­ mente por Berganza. el dinero encontrado en Sierra Morena. acrecienta notoriamente el interés literario. Rodrigo: «Ayer era rey de España. so­ bre tantos y tan variados temas. Cipión piensa en los muchos “godos” contemporáneos. que. De ser esto así. intimando que la “fortuna" a la que todos culpan es. por ejem­ plo.. Cipión lo re­ prende. a serlo de un corchete».ción referida? Quizás Cervantes quiso prevenirse de esa clase de crítica que se le hizo por los olvidos en la Ia Parte del Quijote (el rucio robado de Sancho. se nos sugerirían como percances natura­ les. a menudo espontáneo. estoico: «Así va el mundo» (1008). casi siempre tan sólo la maldad.. Es en este sentido.]» ( 1010). para poder justificar su resonante fracaso en la vida. la distinta ominosa fisonomía de una trágica fatalidad. Cipión también observa. convertiría de nuevo. casi «sin faltar palabra» lo que dijeron los perros (996).. los “recuerdos” repentinos de los “olvi­ dos”. Berganza ha evocado—¿por una momentánea pre­ sunción. / H oy no lo soy de una villa / [. etc. a menudo atribuible sólo a su insustancialidad e incapa­ cidad personales. burlón: «como si hubiera mucha diferencia de ser mozo de un jilfero. como también la incertidumbre respecto al pasado: «Si mal no recuerdo [. henchido de ironía estoica. que por su omnipresencia y terrible poder en las relaciones humanas adquiere. intrínsecos de un relato tan extenso. escri­ bió. Berganza se queja de la «rueda variable de la fortuna». La “naturali­ dad” de esta conversación se pondría de relieve de este y otros modos también por el hecho importante de que Campuzano ase­ guró que él sencillamente oyó..

.].. por acabar «enfadado de su mucho hablar y presumir de ejecutoria» (1010). 98. Tras la co­ micidad superficial de la ridicula presunción de honradez e ino21 Q uerillacq. Berganza se demuestra todavía muy ingenuo al creer que el aguacil. pronto sale «libre por la puerta afuera». quienes hasta colaboran con maleantes profesionales para desollar a la gente. El escribano.. y «el mismo día pesca a un marinero [. por lo callado. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». La mutua y tan justificada sospecha de deshonestidad los obliga a to­ dos a una continua. asidua vigilancia: irónicamente apropiado cas­ tigo para estos pervertidos "vigilantes” de la ley.]. Sin embargo.. que es la mentira. corruptos «funcionarios de la justicia». lo quiere para un trabajo honesto. ¡amigo del criminal Romo!. A la “huéspeda” la encarcelaría.]. Ella decía [. todo era confusión. fingiendo identidades morales por completo opuestas a las suyas propias. justicia. Como en los casos anteriores. como se ejem­ plifica con la intervención del “teniente”. sólo secundariamente. con el mismo embuste del soplo» (1010).. pronto se re­ vela la fea verdad: El alguacil y todos sus subordinados son des­ honestos. sobre todo. a la huéspeda y a la Colindres. como se ilustra en el episodio del dinero del bretón. Sin embargo. Todo indica la indiferencia o hasta la colusión del “teniente” en las fechorías del aguacil21.]. quien manda encarcelar al bretón. es su único castigo.. y. Sólo con esta posibilidad se revela el sarcasmo de la caracterización del “teniente” por Berganza como «demasiadamente severo» (1010). de cuya desapari­ ción se culpan mutuamente: «Los corchetes porfiaban que ellos no habían visto los follados [. p. pero nada hace respecto al alguacil. auténticas farsas con que pervierten la. Para realizar esto traman toda clase de trampas. es inevitable que ellos mismos acaben contem­ plándose mutuamente en su única verdad. La Colindres.. gritos y juramentos» (1010). pues las altas autoridades de la justicia se desen­ tienden de las transgresiones de sus subordinados. .. «red y anzuelo» del alguacil para «pescar en seco» a las vícti­ mas. por la multa que puede imponerle: «pagó otro tanto [como el bretón]». in­ sistía al alguacil que mirase los vestidos de la Colindres [. contra quien tantas acusaciones acaba de oír.Pese a los ya muchos desengaños y a haber ya «salido» de su «primer ignorancia». por represen­ tar siempre al mundo la mentira como verdad y la hipocresía como sinceridad.

intré­ pido defensor y salvador de la patria! Técnica fundamental de las concepciones satíricas cervantinas es el contraste entre lo ideal o lo normal implícito y su burda... virtuoso.] con sus colgadores de plomo» (1009). Pertenece a la más notable iconografía satírica cervantina el “re­ trato ecuestre” del aguacil malvado. según se ha visto..cencía de la huéspeda. y con tal insistencia en que «no todos». Esto hace probable el sarcasmo también en la afirmación de Ber22 M olho («Remarques». afirma que hay «muchos [..... pero a continuación menciona una serie de fechorías cometidas por aquéllos. también conoce bien a alguaciles y escr