Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

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siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

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Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. Modern Language Review. Revista Hispánica Moderna. University of N orth Carolina. Nueva Revista de Filología Hispánica. Chapel Hill. Studies in Philology. Roma. Madrid. Revista de Filología Española. traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat. Chicago. Chapel Hill. Modern Philology. . N o se traducen algunas frases. cap. 1300) o la Parte y la página: (i. 103). incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. algunas traducciones están abreviadas. la página. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. Cambridge. Por razones editoriales. Baltimore. Nueva York. 19). Aguilar. Romance Notes. En las notas y a veces en el texto ofrecemos. en paréntesis. pero no figuran en la «Bibliografía selecta». Cuando es necesario. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. México. En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. 1965. Rivista d 1 Italia.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. entre corchetes. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. Madrid.

íntegro texto en sí mismo.. sin elementos sueltos. Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. sin embargo. en realidad. Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770). persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria. antes y después de la lectura. etc. fas­ cinante. la irreductible expe­ riencia personal.quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos». ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación. escrita. etc. «Dedicatorias». en efecto. pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir. es siempre un palpitante. de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. las circunstancias materiales y psíquicas. 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». Cervantes afirm a— . . imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. de modo cru­ cial.IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. Sin ciertas modificaciones textuales resulta. independientes. eri que se incluyen. ía sensibilidad subjetiva del autor. colgantes. fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. inextricablemente. «Advertencias». Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema. contradicción. Al componer sus Novelas ejemplares. leída por el bachiller Peralta. se enmarca en la conversación de éste con aquél. En­ tre estos hechos quizás no haya. Y.1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes. y que su forma literaria. en un solo texto.

en otra obra. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. En éste. al menos en parte. 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio.194. convertidas en el tema mismo de la obra. pp. etcétera. 150. si­ multáneamente. se narró u oyó y se escribió el cuento. duchos en apreciar y comentar lo oído o leído.. pp. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. otras.con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. 3 M uy cuestionable. sobre sus narradores y "cronistas”. entre otras cosas. en que. en la creación del texto. como en tantos otros aspectos de la creación artística. una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas. con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria. por tan categórica y arbitraria. sobre los impulsos ínti­ mos. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. sobre sus oyentes y lectores. 14. entre innu­ merables otros cuentistas. y. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. con sus aprobaciones.2 4 . en reali­ dad. inexorable­ mente. la multiplicidad. Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. . considerablemente diferente de la escrita. Chaucer. 26-27). sociales. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. perplejidades. Resulta así implícita. objeciones. sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello. psicológicas. D . a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. con ello. Juan Manuel. indefinible de todo texto literario y. a la vez. resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. 5. etc. lo que se convierte así. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector. de modo muy im portante. 2 0 . ambientales. claro está. las coincidencias de la vida diaria. sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2. presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. objeto de una intensa dramatización. en su propia obra. 88. es decir. 57. en que se gestó.

por ejemplo. aparejadas para la imprenta y. que es un genuino «mar de historias». Sin 4 És significativo que. libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. por ejemplo. claves narrativas en el contexto literario cervantino». Además de la fecha de pu­ blicación. como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. dimensiones. «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles. por desgracia. Madrid. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración. que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. Sánchez. De todos modos. a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”.. . 5 Sobejano. establecer con precisión. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. etc. no lo haría con el propósito de “abultar” su libro. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7. todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación.experimental literaria del genial escritor—. Rebate bien esta tesis. como revelación de la literatura actual4. esti­ los. imposible. pero en éstas. Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. 10). al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. para así impresionar aún más al lector. entre otros. si así lo pidiese la oca­ sión. para “abultar” libros.. C C . técnicas. en varios estados de composición o ya acabadas. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido. p. a diferencia de tales opiniones críticas. 2 vols. Según todas las evidencias. 1968. ya desde la Galatea (1585). efectivamente publicado en 1616. las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6.. o la utilización comprobada de cierta obra literaria. las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. «si la vida no me deja». algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. muy variadas en temas. Por lo tanto. como en las restantes novelas de la co­ lección. según lo demuestran. claro está. “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. como. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes. Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward.

basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes. 16. a detachment from everyday reality» 1 0 . pues en luminoso juicio de Américo Castro. en que.. por ejemplo. pues es natural que con el tiempo ocurran.. comprensi­ blemente. pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». the inner content re­ m ains the same. De modo más específico. etc. pensante.] Sin embargo. tam­ bién.) un alejam iento de la realidad coti­ diana». ciertos reajustes. Estos. según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos. en su con­ junto. «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8. íntimo y social. el contenido íntim o es el m ism o. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño. {Esencialmente!. con lo que se revelaría. Desde nuestra propia perspectiva. La española inglesa. entre otras cosas.. como en toda persona inteligente. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas. 19 ss. p. como La gitanilla. diríamos que en las obras cervantinas. 10 El Saffar.. hasta lo últim o.] movement toward transcendence o f these problems [. debidos a iluminadoras y. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [.. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares. pp. es la misma. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”.embargo.) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (. sensi­ tiva.]. la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. se reflejarían... 778). se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n... las novelas supuestamente tardías. en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot. penosas experiencias personales.] 1 1 Sobejano. 135).. estudiamos esa intensificación del desengaño. a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels». a menudo. La vulnerabilidad de esta tesis. p.) apartamiento de la lucha y la desesperación (. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares». Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece. la cronología de las obras de Cervantes. [«(. . por los males. fiel a ideas de su juventud. Las dos doncellas. escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama.. rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria.

las Novelas ejemplares. 16. Así. p. 1500)D. P· 14· 17 A tkinson. por una parte. !6 El Saffar. Lejos de desacreditar «the intelli­ gence. N o v e l to Romance..] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos».. ingenuity or understanding». p. 15 Véase nota 10.] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ».» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[. podrían serlo de verdad. como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos. por otra parte. en toda vida. es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”. a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 . En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [. del azar. de cosa 1 2 El Saffar. p. de un más candente "realismo” l7. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales. Cervantes. el Pinciano and the N ovelas ejem plares ». rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles.enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. . en suma.. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote.] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes). tanto en sus obras tempranas como en las tardías. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u... señaladas como tardías en esa te­ sis. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños. 1 3 Pierce dice bien: «[. es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor.]. condenándolo.... «[. «Cervantes. «La inteligencia. económica. política. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna. la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones. específicamente. 18). a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares. 135). Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales. supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6. pero de ningún modo por las razones aducidas15. Si.

so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. comenzando por el mapa europeo. abar­ cando perspectivas muy distintas. moral. Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. colectivas e individuales. 301). autobiográ­ ficas. «Proemio»). bien documentados. todo vigente. etc. como nos enseñan. sociales. mediterráneo y de la época contemporánea. sociales. Al entrete­ jerse con lo histórico. espiri­ tual. a su vez «se al­ teran. y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar. actitudes convencionales. tradiciones. de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. “verdaderos”. también las "verdades” históricas. estado psicológico. ante todo. culturales. historizándola». a la vez. en que se sitúan todas las tramas. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. p. Como mateJ ría de arte. notorios acontecimientos y personajes históricos. 88-93.. «La historia com o materia novelable». quehaceres coti­ dianos. ubicables todavía. religiosos. 227). de ser contados. también los «fabulosos inventos» adquie­ ren. son. costumbres. siglos XVI y XVII. Propalladia ) 18. [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». ambientes urbanos y rurales con­ cretos. "vividas”. Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. algunos escritores de “la generación del 98”. según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español. peculiares. 172-173).] 20 G ullón. etc. palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. en todas sus obras. problemas políticos. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y. pues. 404. lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. instituciones.nota y vista en realidad de verdad». entre otros. 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel. cierta fisonomía histórica. como diría Torres Naharro («Proemio». literarios. no es ya histórico sino novelesco»20. econó­ micos. poéticas. actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. . pp.

la acción. social concretos. ni en Francia ninguno como Molière [. Sorprende que los libros de Forcione. aunque parece lo contrario. histórico.cial. es mucho más exacta. Crucial es. A ristotle an d the Persiles. p. . con que se logra 2 1 Baroja. revelan. 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso.. C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. por otra. todavía no se hayan traducido al español. Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”. que la de los políticos. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. por una parte. que intuye en la particular de la historia22. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21. Cervantes. Sin embargo. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. En efecto. algunas de éstas. aparecen. transcien­ den lo particular. cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. entre otros trabajos suyos. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes. los personajes. «La historia com o materia novelable».. N o es. universal. "político” estudio de Osterc. 404. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios.]. todo lo contrario. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. pues. tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color. sobre todo. «La literatura y Ía historia». etc. no la calidad del hilo» 24. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. p. 1100. y no en la historia. 2‘ 1 G ullón. el espacio. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico. pues.

a nuestro juicio. en D ie z Taboada. pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas.. en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido.. JPor ahora.. de la caracterización. se revelarían de un m odo u otro. etc. con toda probabilidad. en la «idea» propuesta por Casalduero. artística25. 27 Casalduero. del lenguaje. que intentamos explicar más adelante. lo que para Cervantes constituye. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. literario de los textos en cues­ tión . cuando ordenó las narraciones». m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res. un detenido. dignas de salir al mundo: «Libro bueno [. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción». doce cuentos. Sobre el problema de la verosim ilitud. esencial­ mente. la verosimilitud literaria o el "realismo”. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos.. «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». todas sólo parcialmente satisfactorias. pues. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya. 2 < . Ardua tarea investigadora. 771). aunque es cierto que Cervantes recondicionaría. 770)28. .. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. de interés actual. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. que. Q ue sepamos. que. el estilo lingüístico. sin embargo. esperanzadoramente. novedosas.una coherencia interna. de la estructura y mo­ dalidad narrativa. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». a su vez. independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas. de época. 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. que [podrían] [. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. pese a todos los retoques.] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». Éste responde. el estudio citado en la nota anterior. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27. observe­ mos que. N o coincidi­ m os. «La estructura de las N o ­ velas ejem plares». Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. 52.]. particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22). p. que «dirigía a Cervan­ tes. pero m uy cuestionables. Algunas consideraciones interesantes.

por ejemplo.. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn. 935. habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. Twayne. 30 Alborg. pp. no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma». aunque a veces muy encantador. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585). I. más bien que por ser una narración intercalada en otra.] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento. Novelas que «son mías propias. esencialmente. al menos algunas de ellas. I. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. imitaciones y elaboraciones. C ervantes. e incluso ha­ cia. 15-Í6.por el vivido recuerdo de los novellieri. vol. n o record am os al autor de esta m agnífica observación . hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —. (escrita) con la pluma de un ángel». 145-167. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). de todos modos. 88. se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. pp. N u eva York. año de la publicación de sus Novelas ejemplares. «Las N ovelas ejemplares». p. la Diana de Montemayor (1516)3l. pp. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. N u eva York. 396-465. y que. 1973). 33 P or desgracia.. véase Lasperas. Con toda probabilidad. todas las novelas cortas españolas. Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. que había leído durante su estancia en Italia. en efecto. Desde este punto de vista de Cervantes. tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. Para la cronología de la novela corta española. De­ jando aparte la cuentística medieval española. M ateo A lem án. La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r. H istoria de la literatura española. Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770). creador de la novela corta española. de textos ajenos anteriores29. M cGrady. 1968. vol. . Twayne. con el género de la famosa novella. [«. 32 D . son. p. con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. y que él asociaría. cual más cual menos extensa y fiel.

como se demostrará más adelante. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios. 1990. T im oneda. .embargo. desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. sus tramas ingenuas. ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente. “la bella Aja”. ningún efecto adverso en sus espíritus. y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. de haberlas Cervantes conocido. para saltar en ella».. Espasa C alpe. 1176). probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria. como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas. G radan D antisco. para averiguar la lealtad de su esposa. sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. tam­ bién en este caso. N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. infantilmente sensacionalistas. imitadas. pp. considérese el probable sinsabor de Cervantes. hurtadas o no. creemos. 36 L. pp. «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. Baños de Argel). y su enamorado]. ¡animado por Aja!. Algunas otras novelas anteriores. ¡moderna!. G alateo español. traducidas. por ejemplo. con mucha paz y con­ cordia» 35.. «que manifiesten los quilates de su bondad. Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones. psicológicas. «vivieron después de esto marido y mujer largos años. «Patraña se­ gunda». 61-76. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. burdas nociones sobre ía condición humana. a tan ingenuas. con sobrado gozo». al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». E l P a tra ñ u elo .]. como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. 1942. morales. 122-140. Y sin dejar esas humillantes. también para ofrecer una contestación verosímil. Madrid. M adrid. bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. pero no com o novelista. y el enamorado. Fácil es imaginar su reacción. inhu­ manas pruebas.

En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior..]. más bien rutinario. fantásticas. no como diversión frívola. que. categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector. corta espa­ ñola. «digno de admiración». orgullosa. Por su parte. claro está. “Desatino”. durante «las horas de recreación [. dan contento. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. p.. 88-93. pues. por ser representado con refinada maestría novelística. 81). se basa su afirmación con­ fiada. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. otros en el modo de contarlos. otros hay que es menester vestirlos de palabras. “industria”. unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. . que repre­ senta. a base de verosímiles móviles humanos. en general. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770). En el Coloquio de los perros. 393-394. sin genuina inspiración ni savia vital. —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. articulada con “propiedad”. según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. con total y clara conciencia artís­ tica.. 38 G onzález de A m ezúa y M ayo. sino para que. quiero decir que algunos hay que. para «henchir el tiempo ocioso». vol. 141. 39 Riley. determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción. «desatino». «digno de ser con­ tado». Cipión observa: «Los cuentos. I. C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. es decir. inteligencia. La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. Cervante's creador de la novela. pp. una significativa experiencia existencial.afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. el afligido espíritu descanse». a menudo. metafóricamente. ¡a falta de otra cosa!. pp. que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos».

sin sustancia temática o ideológica41. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». pues. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). y no por Cervantes. Para él. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. 41 N o tienen en cuenta esta referencia. de una con­ versación. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». Riley. I960. 106 ss. característico. A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. 211. Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral. Sordo. IX-XIX. Revista de O ccidente. M adrid. 27. com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. Rodríguez- . se hacen algo de nonada. en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). 43 Véase Drake. que conciba ésta como dotada de “gracia”. O sterc. p. p. y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. el “contenido” y la “forma” se funden. hay casos. 1956). específica a la com unicación oral. p. 283. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. en parte. pp. ¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. p. Guadarrama. oral. por fundamental. Madrid. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable. M editaciones del Q u ijote. escrita. C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. O r­ tega y G asset. Véase también Pabst. lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios.de las manos y con mudar la voz. C ervantes' Theory o f the N ovel. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. también al teatro. dis­ tintivo de las Novelas ejemplares. Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. inexorable ley poética. «la técnica no se justifica por sí misma. pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). Con el propósito de destacar lo novedoso. Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. 89. 154. «Classifications o f N ovelas». se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. por otra parte. aunque sin una inteligente. «Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». «Introduction». es decir. 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica». p.

histórico. M urillo y otros.. imposible. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias. Pellicer.. de la sabiduría humana. “idealistasrealistas”. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. pp. Vaibuena Prat. etc. en proporción variable en cada caso. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. Fernández G u ­ tiérrez. claro está. literario. autocontradictorios. simultá­ neamente de la verdad. R odríguez-M arín. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. 32 ss. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. contenedora intrínseca. Arrieta.. Rinconete y Cortadillo.. “de vida social”. El Saffar. lo cual resulta.. D u n n Sobejano. según lo ilustran ya los términos incongruos. Orellana. sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. R odríguez-Luis. N ovelas ejemplares. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. G onzález López. reiteremos. de lo imaginado. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. Navarrete. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. autobiográfico. desentendida de la creación poética?. antiguas y modernas de Savj-López. H urtado y Falencia. las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . incomprensibles. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?. más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. de “predominante tono idealista”. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. 14-15. Baquero G oyanes. Apraiz. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. A nuestro juicio. en definitiva. pp. en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?. Ortega y Gasset. ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. “combinadas de realismo y de corte italiano”. leído. observado. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. etcétera. .De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria. arbitrarios. inven­ tado. “de imitación italiana”. en que se “su­ pera” el “realismo”. Pabst. dogmáticos. Casalduero.

en suma. En todo caso. señor. sino. 46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. soy Cervantes. “cómicas”. Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo. 47 Lo ha sugerido ya D unn. Las no­ velas “amatorias”. 1528. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares. pero no el rego­ cijo de las Musas. “trá­ gicas”. advertimos. creador de la novela corta espa­ ñola. claro está. y cuáles entre las “jocosas”. tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares. 178. p. Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. etc. etc. yo. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced». 1529). En todas ellas. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. en suma. sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. en nombre del amor. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. por ejemplo. como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. 11-13. que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o. «Las novelas ejemplares». en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. regocijo de las Musas». Es muy sugerente que al estudiante. también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. cuando menos. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. “sérieuses”. p. matrimonial y. que... —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—.ficaciones más particulares. ante todo. En tales ca­ sos. “humanísticas”. ante todo. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano. aunque fuese acertada. en que una cínica trampa. i. por ejemplo46. vol. exenta de implicacio­ nes serias. tal distinción resulta muy cuestionable.]. “ plaisantes” . 92. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. . bajo la fecunda inspiración neoplatónica. “heroicas”. «Prólogo». pp. Cervantes . quien lo aclama como «escritor alegre [. nunca sólo jocosa.

Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. reminiscente del de Larra. 49 Véase nota 23. lo oculta o distorsiona por completo. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo). fervoroso interés en el ser humano esencial. político. social. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje.. Así. al no percibirse su función metafórica. en efecto. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. todas las “acciones”. de su caracteri­ zación individual. ante todo. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. sino. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares.. de un modo u otro. lealtad y fortaleza interior. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. com o piensa Ortega y Gasset. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. por ejemplo. siempre extraordinarias e interesantes. sobre todo. todas las “aventu­ ras”. que son. particularizado. preocupado con el aspecto moral de su mundo. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores. espiritual. Como en el caso anterior. que a veces se le atribuye a Cervantes49. y no sólo en algunas. temperamental. que. tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. satírico. Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. hay así también una “visión ” de la vida. cons­ tante. del hombre 50.novelizado. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. pero en todas las novelas. como novelas “de carácter”. Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. 50 Pierce: «[. lógicamente.] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the . Por su característico. del problema indivi­ dual. hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48. tratado. anímica. en realidad. convergen. íntimo. precisamente por tan frívolas y calculadas. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”. “folklórico”. psicoló­ gica. ideológica. lo cual depende.

es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares.] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions». de justificar la utilidad didáctica de sus obras52. creados por un «ingenio [.. C ervan tes. quien está preocupado. (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. Cervantes. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”... erudición. N o lo hace. N ovelas ejemplares. de la debilidad y de la ignorancia humanas. inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls . despertando la “curiosidad”. excep­ cional o corriente. en palabras del encomiador F. de la discreción. dignificador en el personaje. En perspectiva moral. por lo que Cervantes las p ro ­ clama. así de todas juntas como de cada una de por sí». deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770). “trucos”. sobre todo. “Trucos”. Es por la verdad poética y por la verdad humana. de esos «laberintos». de la dignidad del alma. . perdidos. ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar. entretenimiento.] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526). con toda probabilidad. nunca meras abstracciones51. 135).] mayor que el de Dédalo». “laberintos” que proporcionan deleite. alto o humilde.. «por no alargar este sujeto».. [«(. Bermudez Carbajal (771). p. dice (770). a diferencia de Erasmo. 19-26. siempre extraordinarios por su modo de ser. de la pureza espiritual. desesperados..quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”. “labe­ rintos” de la maldad. ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53. ínsitas. ar­ monizadas en todas las novelas. 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. El énfasis tan pronunciado.. tan confiada y orguliosamente «ejemplares». estimulando y exigiendo toda la inteligencia. pp. pero. del sentido común* de la virtud. «Introducción». de la genuina bondad.) personajes que no son sino débiles abstracciones».. p. 16). por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos..] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[.. y en su problemática existencial. [«(. palpitantes. recreación al “afligido es­ p íritu ”. los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón..) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social».

p. de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». a los estrechos dogmatismos ideológicos. se puede dudar. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe». O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas». El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace. aun en las referencias a la más escabrosa. la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva. 282. El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas. 1950). siempre sugerido como posible. 58 Sordo. 57 C om o es bien sabido.de heroicos actos y nobles sacrificios. que llevan a la perdición. de verdadero sincero am o r54. por lo me­ nos implícita o irónicamente. prejudicialmente exclusivistas 55. teológicos. sociales. políticos. pues. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. En El coloquio de los perros. en absoluto. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello. A veces se sugiere com o razón de una negativa. Sólo al no percibirse esta amplia. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». ingrata naturaleza humana. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o. Prem io N obel. ingeniosa articulación novelística: «[·■. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. . conjuntamente. 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. a nuestro juicio. La ejemplaridad moral es. (E l teatro de C er­ vantes). tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente.] puesto que aquello sea ficción poética. de honda compasión y soli­ daridad humanas. deprimente realidad. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. H acia Cervantes). esen­ cialmente. Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. 56 Evocam os aquí las observaciones de W. de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. a los huecos convencionalis­ mos religiosos. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. profunda visión humanista.. 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». consustancial de la literaria y estética.

p. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. 45). in a different w ay. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. recondiciona y actualiza. ensartadas en in­ quebrantable. Cervantes los corrige. véase Sicroff.1177)59. tada de una excepcional naturaleza literaria. en parte. a sus lectores como novelas cortas moderna. conjuntamente. modifica.] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares. prodigiosa armonía. 3-30. preciosa cadenilla. a menudo admirables en su particular contexto cultural. muy diferentes entre sí. 27). 24). expurga. pp. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos. aristo­ télica. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. pp. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. para proponerlos. horaciana. En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. Forcione. p. todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. «Vino nuevo en odres nuevos». la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás. en que también cabía a veces “buen vino”. ejemplares. de m odo diferente. tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. . de inconfundible. A study o f Four E xem plary N ovels. en los nuevos. re­ combinados en una nueva entidad. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». tan original com o la gran no­ vela». con sabia. parodia. [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. la más lógica explicación de ella—. Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. p. 81-115. Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. Doce perlas. platónica. los cuales representan. reintegrándolos. creemos. a la vez. maravillosa belleza individual. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. y. cada una d o -.

a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». consecuentemente. Sin pretensión de ser definitivas. Avalle-A rce. infructuosos. H ainsworth. 63 H urtado y G onzález Patencia. Madrid. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. p. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. de hecho. Baquero G oyanes. nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa. que nos parece m uy interesante. 50. hablando de El licenciado Vidriera64. por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»). . resultan de antemano extraviados. «apenas una novela». M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». declara otro. 1921. por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. Rodríguez-Luis. tales intentos exegéticos62. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. dicen desconcertados unos críticos. 517. 64 Rodríguez-Luis. en que. Pabst. de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo. H istoria de la literatura española. Fernández Gutiérrez. coherente. p.Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. pero sólo tentativo. entre otros.

Quijote. 2 Rauhut. ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. p. que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. etc. esencial. creador de la novela corta española. (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (.D. aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia. «Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». 146. «Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. con sus empeños y lo­ gros personales. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). de carácter. p. p. políticas. inteligencia y sentido común. Se ha demostrado. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. C ervantes. pues. claro está. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas». 146). también distinciones de espíritu. como destaca Preciosa. Pfandl. Rauhut. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual. de per­ sonalidad íntima. vol. 1416). se suele contestar afirmativamente2 y. discreción y moralidad de la protagonista. con gran erudición y perspicacia. pero que no determina.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales. económicas.. firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables. pues. con gran desilusión. moralidad. en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. . L. con su virtud. auto­ máticamente. criada desde la in­ fancia entre gitanos l. irreductiblemente. 15). II.

también las de Encina? . La “pastorcica” Pascuala. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía». entre otras. de hablar. su precoz madurez mental y moral. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina.. 60-69. vol. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. deí En­ cina. 57-58. práctico de la vida. para la articulación novelística de la gradual. En efecto. 93-223. mutua atracción. entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179). ¿Habría visto. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. los pastores 3 Forcione. cantar. toda su conducta. 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. Teatro y poesía de J. su discreción. Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. Juan3. criada entre pastores. pp. IV. pp. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses. en su modo de ser. sólo por el genuino amor. / las vidas y condiciones. con semejante propósito ejemplar. del triángulo o cua­ drángulo amoroso. comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final. Cervantes. bailar —«se introduze [. para la ambientación de los episodios. por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. en C ervan tes and. en particular con sus enamorados. pp. de las distintas actitudes hacia el amor. cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. sentido común. del Encina. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. para novelar. representadas en reqüesta de unos amores. Aunque simple “pastorcica”. en suma.cortejo y del matrimonio cristianos.] yendo cantando con su ganado» (60-2). / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4. todas sus relaciones con los demás.. 70-89. con toda probabilidad. 5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar».

de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. y como prueba inicial de su intención seria. observa atenta.. Pascualilla escucha. en las afueras de Madrid. asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna».] yo soy caballero. decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero.. Y si no es por deseo de burlarse de ella. una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes. se le presenta de repente un día. D. momentánea infatuación. pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79).. especula Pascualilla.se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales. pastorica. como lo puede mostrar este hábito [.]. / si tu te vas y me dexas. carilla!» (62-4).] / Essas trónicas [retórica] señor. / pues que yo te quiero tanto».. El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía».. el Escudero se proclamaría enamorado por una simple. entonces. Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro.. son incuestionables. el Escudero.].. / y con tu vista me aquexas. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [. «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma».].] / Pénasme por sólo verte.. / N o me trates de tal suerte.] / ¡vete comigo. interesada al Escudero. y un estado social elevado. / si quieres tener mi amor». / que te haga presto rica. no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor». Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora.] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„. declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [. pero está insegura. le promete su riqueza: «Por mi vida. De seguro sin mucha ilusión. según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior. / allá para las de vi­ lla» (62-3). la gitanilla.. Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2). Presentándosele un día. / muy presto verás mi muerte. un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [... digno de ella: «según requiere tu gala / [.. Compa­ rada con Preciosa. Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización. Uno de éstos.. veamos». en el campo. desentendiéndose de todas . más bien un primer esbozo de aquélla. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas.. imposibilitado de excusarlo [. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora». Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos. dudosa de su seriedad.

].. La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos. trágica esclavitud. que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67).] desatinadamente se arroja tras su deseo [. ni me desmoronan dádivas. podría eventualmente corresponderle en el amor. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas». con quien compartirían toda la vida. Sólo así. y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento. o un grave error. añade Preciosa.. sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios.. Este «temor». la cual [. A mí ni me mueven promesas.. y tomando el traje de gitano. sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero. sino por el deseo de conocer bien al hombre. al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos..]. promete Pascualilla. mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. Si alcanza lo que desea. que es la de mi entereza y virginidad. dudas.. en cam­ bio.] en vuestra mano está» (782-3). prom ete a D. «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda.]. Juan —cuyas «razones y talle [. Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas. Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición. me entregaré por vuestra esposa [.. y vos de la mía. esperanzas íntimas de Pas­ cualilla.] no le debieron de parecer mal». Las probables aprensiones.. que haría del matrimonio una aborrecida.. y no una burla. un «infierno de .. ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen». yo 1o seré vuestra». pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas.esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole. al estar observándolo «atentamente». cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [... y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa. Por fin. se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba». como única condición. parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D.

67). Madrid. Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista.. venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”].Cancionero de 1496. materialista. insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina.. / y va­ mos luego al ganado!».. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir. «no tenga quexa de mí. Preciosa mía. Mira cuando quieres que mude el traje. p. el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero. / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87). «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784).]» (782). [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble.] púsose como embelesado». declara Preciosa a D. / . p. habéis de dejar la casa de vuestros padres [. 94). Juan es lo que Preciosa quiere. y ciertamente no decisiva. cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64. y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [. que yo querría que fuese luego» (783). «Ningún galán namorado». es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6. Al integrarse al mundo de Preciosa. advierte el Escudero más tarde. 1974. La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D.]. económico. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [..]..] .] / ¡venga.. Sin embargo. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla. Cuando viajan.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79). cuéntame por gitano desde luego. ante todo. O bras dramáticas.. «Primero tengo de saber si sois el que decís».. 179). Juan. La veracidad de D. también adopta un nombre pastoril: Gil. / quiero cumplir tu mandado / [. pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte..). adopta el nombre de Andrés Caballero.pesadumbres» (ibid.. comprobar. Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. para ella. com o afirmó». hallando esta verdad. El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. «luego. Istm o.

pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos. amigos mejor que de antes». La palabra se explica por el contexto. / Déxalo que Dios te vala. pues ya soys deste hato. Los celos de D. Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar. la primera prueba que debe superar. os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—..]».pie». aunque con dichas "condiciones”. cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. Con indignación su­ tilmente sugerida. al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor.. y la contestación de aquél: «no soy [. Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada. Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]». aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso. pues.]. El verdadero amante debe te­ ner. para «servir de lacayo a Preciosa [.] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797). y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos. / no te pene su penar» (62). Al revelarle el amor. pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). Es la primera lección im portante que D. Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos.. dançar. Juan debe aprender para vivir con Preciosa. / buena pro.. si tú quisieres. Apenas le revela D. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [. baylar!». no en la pollina.. Juan son. pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa. ante todo. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. Juan el amor a Preciosa. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». dexa esse pastor [Mingo]. en la corte y en la aldea.. «mas. Superado este empa­ cho íntimo. señor. Contesta Mingo. Cervantes nos muestra que D. sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos». .

. pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla. en señal de su cariño.] / cantile­ nas. pero. «mil cósicas. correr.. sartas de plata.] / Daréle buenos anillos. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D. así. Dios te dé salud. / que.. saltaban. tiraban la barra». que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]». bailaban. que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». comprendiendo bien su intenso embeleso y.. luchar / [ . apreciando sus atencio­ nes: «¡O.. Pascualilla no quiere. la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795). mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer. «¡Deslumbro si te oteo!». excepto en el caso del paje-poeta. no obstante. / con saltar.independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [. etc. débiles sugerencias del texto enciniano. baylar. / altibaxos. / y gozes la juventud / más que todos los pastores». declara Mingo a la hermosa pastora. cantar. Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y. aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer».. que suele dejar perplejos a los lectores.. / las fiestas de rato en rato. El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. 64-6). corrían. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos.]. Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo. Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [. aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. / cercillos. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido». el paje-poeta.]». según sospecha de in­ mediato D. el rival deí Escudero. (61. que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres».. etc.. / [. Juan. «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos. quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo. quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa. no puede corresponderle en el amor a Mingo. Sutil problematización cervantina de vagas. es digno de detenida considera­ ción. se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? . chançonetas / le chaparé de mi hato. çapatetas». ofreciéndole. ¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8). Mingo.

mide. compa­ ñero. tirte allá. contra su voluntad. así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. precisamente. algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla. Sin embargo.tu caramillo / [. Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo». pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte. pero pasa­ jera.. gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien. Menguilla. su amigo. Pascuali­ lla debiera entrar en una relación. músico y cantor: «sacude. quiéreme más. inconscientemente. espera ser amado aun más: «quiéreme. en efecto. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor. / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2).. por lo cual. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece. por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla... previsiblemente.] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». como antes. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. le dice a Pascualilla. pero para no herirle la sensibilidad. y. / no te qu ello tres de vero». . «que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). / tu querer no lo deseo / [.. no monógama. avasalladora.] / ¡silva. pasado un año. con suma gracia. / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño». como especial privilegio.. aunque pretenda despreciarla. hurria. no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado. Infatuación intensa y pasa­ jera. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada. Mingo. en cambio. es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75).]? / [. Mingo personifica una pasión genuina. y flagrantemente egocéntrica. De seguro sin darse clara cuenta de ello. de qual está Pascualeja}» (79). que sea. Minguillo. lo convierte todo en chiste.. Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla.. particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. precisamente por frustrada. es su enamo­ rado!. «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. Y después le pide. / tan bien como a Pascualilla» (81).«¡Miafé!. ¡a fin de cuentas. por ella ha dejado a su esposa. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. porque «es tan hermosa». En otra ocasión.

9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta. donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [.da gritillo! / [.. por genuino aprecio. por ello. «Cer­ vantes’ La gitanilla». Sin em­ bargo. A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella. Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla. a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo. No siendo «rico ni pobre» (785). Preciosa nunca quiere darle tal esperanza. le dice en una ocasión.. pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione.]. No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa.]». le da. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos. Lo considera «galán y muy hombre de bien [. y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9. le tendré por reliquia mientras la vida me durare». cuando aparece en el aduar de los gitanos.. pues esto corresponde a su práctica usual de gitana.favor de Preciosa. «Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella. hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. aunque sin animar.] / Viene un escudero» (62). 147-157.. Cabe pensar que esto ocurre. / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779).] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío. pues. por delicadeza de sentim iento. pero no la atrae amorosamente8. impropio para ella. Juan la razón de tal conducta. El paje-poeta sueña con ga­ narse el.. buen poeta (793). más tarde. ya no quiere aceptar el dinero. creyendo que ya Preciosa quedaba rendida. por esas inexplicables razones del corazón. en cambio. no quiere ni hablarle (796).. y no “mercancía”. honesto [.]. al haber ella reconocido y recha­ zado otro.... sólo la preocupación de no hacer celoso a D . pp. pues con tanta afabilidad le había hablado» (785).. . al enamorado en su demanda. discreto y bien razonado [. Con delicadeza. amistoso. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía. Sin em­ bargo. así como a menudo en la vida. de ánimo generoso. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777). N o es.

Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento». honestidad. Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. sin duda. de modo muy sugerente. claro está. para que D. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. En palabra y verso aquél celebra. al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. muy significativamente. que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro.a todas sus protestaciones amorosas. Sólo al final. condicional. / que a ser buena me encamine» (798-9). lo cual se simboliza. con insistencia. cuando más. incomprensible sacrificio. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa. 792) es acep­ tado al fin como esposo. sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. falta de «cordura» y. ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. pero con entrega. Juan «descubra» el quilate interior del «oro». El «amor» del paje-poeta representa.. la gracia de Preciosa. aunque en otro sentido (793). Por esto precisamente. la hermosura. porque antes no las había buscado. las interiores. también por sus re­ pentinas. con toda pro­ . le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. desde luego. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra. que considera como locura de «mocedad». «descubrió» Cle­ mente «discreción [.]. según él mismo dice. inconstante a ella como mujer y persona. Estas observaciones de Preciosa a D. excesivo. de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799). incluso. parcial. porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). y tocada. pues. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. como gitano (790). Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. discretos y enamorados coloquios». Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro. según piensa para sí (799). lo cual la halaga mucho. agudeza» en ella.. en su canción dirigida a ambos amantes. Esta mi hermosura que tú dices que tengo. Por esto. pero sus otras cualidades perso­ nales. imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella. «descaminado». «de noche». cairás en que es de alquimia».

como «caso extraño y pocas veces visto».]. espontáneamente su fantasía.. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero. Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes.. después de reconocer como mentirosas las anteriores.] como de una joya preciosísima. según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme. ni a cada paso [. cuya «hermosura [... para él. a la vez. aunque a algunos parece verídica.]». proba­ blemente. tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6). y que él mismo califica. ho­ nesta. cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y.. su «señor» y «pariente». discreta. que es Preciosa. «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. quien estimula. . «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil.habilidad.. ¿inconscientemente?.. de la cual «hase de usar [. cuyo dueño no la trae cada día. Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796). cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad. 64). porque el duque. si es que hay fidelidad en las selvas». la última 1 0 . aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. entre tantos encinales. Preciosa jes la poesía! (784). él tiene una bella y poderosa inspiración. mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía».] a todas las que yo he visto se aventaja» (795). ni la muestra a todas gentes. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar. hacia nuevas conquistas amorosas. Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. Esos dos caballeros. desaparece del aduar y se va a Italia. porque. quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta. de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. casual. para no ser reconocido en su huida. p. según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas». aguda. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa. retirada [. para seguir a Preciosa. etc. natural. de seguro mandaría buscarle. esos extraños «prudentes religiosos»..

273-6. D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. N o v e l to Rom ance.]». hato de mal asseo». por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). 56-77. (79. pp. 213-20.]. a la vez. y de igual modo. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 . pp. pues tam bién representa al autor. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino.. Sin embargo. por pri­ mera vez con la atención debida. Forcione. Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [. D e particular in­ terés. a la «palanciana».. pp. / mudarme. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». 84).. . / quanto mandardes haré / libremente. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. el Escudero: «¡ved. / que también vos os tornastes. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ». En este estudio se examinan. este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. 107-34. muy grossera y muy mala [..]. Sin embargo..que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. cuando menos. «La gitanilla y la poética de Cervantes». / por amor de mí. en efecto. En efecto. del paje-poeta-C ervantes. etc. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. Selig. mi señor. no pudiendo deslindarlos netamente. pp. / Y pues me tenéys amor. para compartir la vida palaciega con él. y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. / yo jamás os dexaré. M ingo sería otra vez un antecedente interesante. lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n. pp. de calculada. las de Casalduero. «Preciosa y Poesía». el autor. Spieker. cumpliendo su prueba de amor. sin temor» (79). pp. Encina (70).. con­ fundiendo los dos aspectos. y. 215-223. 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. con toda probabilidad ni se da cuenta del problema. el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». pastor. pues os mudastes. su prueba de amor: «Que me plaze. «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance». por amor que le tiene desde la infancia (805). quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es. etc. 101-2. El Saffar. Ños pa­ rece. Gün ter t. se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. Sentido y form as de las N ovelas ejemplares. Después de un año de vida pastoril. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia.

crianza». también La gitanilla. Según algunos críticos. etc.. fundamentalmente. siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores. sólo con lo cual. deforma «la realidad en beneficio del Arte». en este estudio. / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas.. (63). mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor. bur­ ladores». que. / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O. que prazer tan valiente! / [. Para explicar mejor este problema. haciendo «atractivos» a los gitanos. / las holangças de las bodas» (82)15. 146. que se deleitan en «sovajar» al humilde. se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [.. que «presumen de loçanos [.. después de la exitosa confrontación de D. según algunos críticos. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. se justificarían todas sus muchas virtudes. tentaciones y peligros de la vida gitana. radical. examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla.. a pesar de que. qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [. por boca de Mingo. 149. esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana.. lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea». verás.].] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso.. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”.] / ¡Pues no te digo. Este be­ llo pensamiento inspira. corcobados». pp. / [. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas».. ... 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril. la misma dignidad del alma. / ¡Oh. dilemas. Juan con las dificultades. Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa.] muy pendados [.. esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut. tiene una implicación impor­ tante.]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375).]..] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche... antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3. Cervantes idealiza «una verdad fea». Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. para adaptarse bien (86-7).

de íntima.? De seguro. amistad. pero no carece de significado la provisión. con la misma facilidad las matamos [. Aparentemente.]. como si fueran animales nocivos». 126. Quijote: «Pues.. ¡Envidiable! Sin embargo. Evidente­ mente. 17 Güntert. ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [.]». Schürr. la vida gitana. etc.. amor. 18 Lowe. irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad».. La ilustre fregona. Y sin embargo. . si por enamorados echan a galeras [. pp. 369.. de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio. a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones. integridad. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. 184-92.. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 . la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas.. llama «mala gente» 1 6 .. Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo. vol. creador de la novela corta. «La gitanilla y la poética de Cervantes». ¿no es quizás análoga a la de D. pp.]. 6-13. a veces. p. no es de ningún modo idílica.]. o alguna bellaquería en la amiga [. vivimos ale­ gres [.. por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos. de paz. Rodríguez-Luis. «Idea de la libertad en Cervantes». sonriente Naturaleza. y cuando le hay en la mujer propia.. según se representa en la novela. 115-6. que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio. Salvo obvias diferencias. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo. tan reveladores. D.. Forcione. no nos desvela la ambición». 37-8. El coloquio de los perros.]» (1113). serena comunión con la benévola.. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance». I. Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte». Cervantes. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes . (789-90)17. e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo. L a gitanilla. p.... pp. pp. Cervantes: T w o N o vela s ejemplares.suya. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra». tal reacción crédula a esas declaraciones.. Quijote a las de los galeotes. respeto.

real o imaginada. y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos... de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos. se justifica dudar . Maldonado. sospechadas.. en realidad.castigo. y escoger otra que corresponda al gusto de sus años». sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte». ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato. muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer. chismes.. y de «dejar[la] [. como inútil es­ combro. a cualquier gitana. la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. premeditado.. y de modo muy revelador. muy complacido de tan eficaz arreglo. puede dejar a la mujer vieja. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona.. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). si las circunstancias lo exigiesen. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión. en la vejez. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas. que los gitanos infligen a sus mu­ jeres. cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere.] cuando se les antoja». venganza. declara el gitano viejo. Muy significativamente. según lo observa. envidia. o ya por amiga».. sin armonía de voluntades. imputadas por maldad.] o castigarla] [. castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta. representativamente. el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es. como él sea mozo. «Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas. castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo. etc. desechada casualmente. El gitano escoge «ya por esposa. explotación parasitaria de la mujer.]. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). inexora­ ble. alegres». otro simple arreglo. y nosotros vivimos seguros [. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido.

. en que «eran [..] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066).. nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda».. hortaliza [. ni a solicitar favores [. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones.. útil para el sus­ tento de la familia.]. aunque no para la víctima. Quijote... uvas...].] nos ofrecen [.. ni madrugamos a dar memoriales. extendida. encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos. a causa que los años pasados había hecho una burla [. las huertas. claro está: «Somos señores de los campos. muy «atrevido [. 507). se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [.. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas. pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada. es «zahori del fruto ajeno».]). las canciones y los bailes. holgazana. Todas las víctimas de las tretas gitanas. ágil. o mar.] que no sean comunes a to­ dos».que las gitanas..].. sofocantes convenciones socia­ les. más bien..] frutas de balde. con lo cual Cervantes. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría.]» (796)... El gitano. con orgullo. de los sem­ brados [.. etc.]. las vi­ ñas. ni a acompañar magnates. Tras el desdén de las rutinarias. los árboles [. a veces muy ingeniosas y divertidas. la preferencia por la vida «ancha.]. hay «pocas [. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas. de las frenéticas ambiciones cortesanas.. o casa real [. cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren. racionalista. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla... honesta.. 507). que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos... ¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música.] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [.. de industria y ánimo lleno... presto.]. al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno.. aquí y en P edro de Urdem alas .. Y las limosnas que piden a cualquier extraño. son su­ persticiosas y patentem ente tontas. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia. monótonas. como dice Maldonado. ir a Sevilla ni a sus contornos. exaltada por D. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o. con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión. destaca una evidente relación de causa y efecto...] a un gorrero [. con que entretienen a los payos. claro está1 9 . de las humillantes so­ licitudes de favores.

pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). sentido práctico. D..]. refrigerio las nieves. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—. «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo.. baños de lluvia. estoica actitud frente a la vida21. in­ comodidades y peligros. como. etcétera. com o medida preventiva. que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. tenían de costumbre» (799). Por todas estas razones. pues. codicia. por el mero hecho de que se la atribuye. p. cuyos desagrados. la vieja gitana hace recordar a Celestina. y hasta la exaltada vida al aire libre. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto. en particular como modo de vida perma­ nente. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio. Sin embargo. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas». 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. provechosa en las fechorías. Costumbre que todavía existe. como ven al Turco ahora» (784)20. Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia». sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo.prescindible para la continua colaboración eficaz. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero.]. 115. falazmente. «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes».. música los truenos y hachas los relám­ pagos. liberalidad entre ellos. congenialidad.. según se verá. aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país. pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas. a que son siempre sujetos los gitanos. A pesar de todas sus proclamaciones de amistad. fatiga» (791). . también tiene rasgos “nob les”. por el mero hecho de serlo22. por ejemplo. ya bajo el gobierno comunista.. también sus corazones son corroídos por la envidia. sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia.. 21 Güntert.]» (784). «La gitanilla y la poética de Cervantes». humillante de los payos.

y de que él mismo evita. que ella misma evita. El m odo de ser «gitano» y. p... sin entrometerse nada en sus costumbres. y con propósito de seguir y conseguir su empresa. o. folklóricas.]. a lo menos. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». 257). pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje». 851-2) = «De todo lo que había visto u oído. y de los ingenios de los gitanos.].. la diversión ín­ tima. 95)...puesto a renunciar. irónica se sitúa también el lector. como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa. Juan que comparta con ella la vida gitana. La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso]. Observador de la vida gitana. en esta perspectiva crítica.. «El realismo idea! de L a gitanilla ». D. con toda clase de pretextos.. sin vacilar. 47-59). Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad... excusarlo por todas las vías que pudiese. de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D . observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio. «[. Esencialmente..]. tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo. de la curiosa vida gitana25. com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance». le cayó en gracia [. 24 Preciosa pide a D . pp. 188. p. observador por intermedio del personaje. la indulgencia irónica. 23 Lo ha notado ya Forcione. y someterse. quedó admirado [D. Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo. I. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. a la misma vez. N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas. reíase [. Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . le admiraba [. p. propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. de inmediato corregido: «o por mejor decir. con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». al decir que éste «m iente».]. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto».] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [. poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24. prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae.. . Juan]. le suspendía [.. 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio.]. Juan. para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». debajo de las leyes gitanas» (790) 23.

intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos. lujurioso. ¡con harta razón!. este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra». protagonista de Pedro de Urdemalas. pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey. político.. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). espiritual. Casalduero observa: «Cervantes. su traicionada esposa. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. 525). defectos y debilidades de carácter. la sociedad noble a que Bélica «se eleva». excursiones y otras diversiones parecidas.. 26 Casalduero. al revelarse su origen noble.. cobarde.. adúltero. cazas. falsa. insaciable­ mente codicioso y ambicioso. y así aprovecharse personalmente. rencorosa. malévolo... empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido. en esa trayectoria: gitana-sangre real. falsa gitana-verdadera princesa. el favorito. para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios. en el orden social. tanto aquí como en la novela ejem­ plar. según se lo echa en cara la reina misma. Silerio. Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y. vano. moral. es una mujer frustrada. Este rey no tiene condición alguna para serlo..Hablando de Bélica. traicionero. fiestas. . representan [. dedicado incansablemente a bailes. y también de Preciosa. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades.] el estado de naturaleza [. hipócrita. La rema. mentiroso. p. el hombre tiene que vencer su naturaleza. que alterna con superficiales devociones religiosas. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. vengativa y cruel con sus presuntas rivales. ya que los gitanos. inmoral tercero. Esta po­ bre. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. En suma. arbitraria. ridículo.]. en­ gañoso. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto. siempre celosa de su ma­ rido. arbitrario. tiene que superarla»26... 191.. frívolo. es un descarado oportunista. melifluo congraciador. hipócrita. inces­ tuoso. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . resulta patentemente absurdo. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa. intrigante. mujeriego. quienes.

¡su pariente!. colectivo. pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781). burda sensualidad. . la autoridad civil no se distingue por una sabia. tan solemnemente proclamados.. útil función social. aun llevarme habían. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. extrañamente considerado “normal”. recuér­ dese que el rey. errores. los que imputan a los gita­ nos28. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [. cínica palabrería para explotar al desvalido. responsable. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. prudente. desde lo particular. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía.. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa. 28 Véase la nota anterior.] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios.. tonterías. abusos.cruel.. a Felipe l í i .. que hacen palidecer... etc.' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo. son hueca. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. hábil del monarca. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos.. perverso consejero del rey... para el bien de toda la pa­ tria 27. craso oportunismo y grotesca tontería. vengativo y. respectivamente. Si me quisieran para discreta. e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes.. sobre todo. ilusión ingenua. a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma. los ideales patrióticos. personal. de un modo u otro. la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. ridículo. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral. por contraste. desde lo nimio.. hasta lo gene­ ral. “respetable”... engaños.... hasta lo enorme.. sino por su pomposa vanidad. fraudes. la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición. en un orden ascendiente. injusticias...

a todas las de­ más gitanas presentes. indica criterios nada rigurosos para su obtención. «muy bien aderezada y muy fresca». Juan es socialmente identificativo. previsiblemente. Discreto razonamiento. «ornamentales».· en cambio. considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas. Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje.. Al ver a las gitanas en la calle. en sí. cuando más. las llaman «desde una reja». porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». «unos paseándose y otros jugando a diversos juegos».] si nos pellizcasen». como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala. imagino que no se puede presumir cosa mala». segura para ella (781-2). y no de tantos juntos. La posesión bastante corriente del “hábito”. sobre el cual se afanan. exige la prueba de la conducta personal. personal.tretienen. nótese: «a lo menos de vos. según se des­ . D. pero moralmente de valor. y «el barato» en la mesa. para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778). De todos modos. Significativamente. por su pintoresca ornamenta­ ción. sin ningún aparente mérito propio. pero al fin decide entrar con sus compañeras. Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia. Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [.. quien. quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas. Juan. todavía jovencito. de su padre. el “hábito” del padre de D. la única convincente. de esa clase noble española contemporánea de Cervantes. Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende. neutro. no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España». 687). en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785).· Evidente­ mente. implícitamente. sobre todo. ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales. esta apari­ ción llama la atención. pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». D. tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos». la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación.

aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. se hace cómplice en este arreglo práctico. De cuestionable discreción. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D. que los moderase porque podría ser perdiese [D. Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel. p. porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione. . Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. 30 Pierce: «cruel charade» («La. el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. con otros parientes. ¡alcalde!. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». 293). soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. oportunista. Juan] la vida con ello» (804) 30. aunque son de dos reyes» (787). quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. se nos revela el padre de Preciosa en este caso. a la vez. y todos los demás sí» (800)32.] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones. cuando menos. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. com prensiblem ente. por encima de la ley. y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416).. según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. Más tarde.prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. aun­ que proceda. Juan». que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. infantiles y. en suma. p. El tío. En esencia. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. 213). Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. Juan. Juan daba. del “barato” de su juego. Sin em­ bargo. En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa. «Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». 32 D . Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31. por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras. que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio. y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. que tan obviamente des­ dice de las frívolas.. gitanilla: A Tale o f H igh Romance». que ninguna es com o la vuestra.

. sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido. cuyos frutos. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos. de «hábito en el pecho». R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800). jamás. sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416). lo condenaron inmediatamente por criminal. pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza.. y no haga usos nuevos. tan típica de su sociedad. del ilusionado caballero.]. corregido­ res.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”.. 3 . Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero.] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte. naturalmente.rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805).. Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras.. Juan. cabe recordar otro con sejo de D . jamás. . N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento. y.] por ahí he oído decir [..] envainó» la espada en el ofensor.. con perversa ironía. y tendrá dineros.. todos atribuyen a ésta.] entiendo que no son buenos dichos [. representadas a menudo sin duda por alcaldes. su matanza del soldado. tan razonables. se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [. al verlo.. benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente. sino D . más precian pelamos y desollarnos a nosotras [. que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores.. claro está. Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D. mientras antes. por más rotas y desastradas que nos vean.. que morirá de hambre [. pobre. como a toda su familia. dejándolo muerto (800). que son arpías de nosotras.. A las muy injustas. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos. etc. las pobres gitanas [. Juan y Caballero». jueces. nos tienen por pobres» (784)34. «sín blanca»: «Coheche vuesa merced... corruptas autoridades payas.]. probablemente m uy representativo.. El com portam iento deí alcalde. com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra. al creerlo gitano. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [. pues le basta al desdichado la pena del suplicio.1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784).

p. cuando. que yo se lo daré después» (780). esto sí. decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle. un caso excepcional de integridad? Su pobreza. En este momento. que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione.. de capacidad disimuladora del Teniente. dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos. . por ejemplo. él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35. en realidad. ¿se debe a su carácter honesto. y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro». o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga. Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. un real a Preciosa. como a menudo se concluye. 36 Véase nuestro estudio. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo. «por no ir contra su gravedad». le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. en que. después de haberla «es­ pulgado. a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna. y que. según ella lo intuye agudamente.. inco­ rruptible o. más bien.].. ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781).para pretender otros cargos» (781). ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente. patético y cómico a la vez—.. que lo atrajo por ser él tan «curioso». «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». 209. cuando menos. ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva.]» (777). nota 27. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino. no quiero dar nada ahora a Preciosa».]» —auténtico acto teatral. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego. doña Clara. preocupación hipócrita con las apariencias de honor. como.. señor teniente [. y sacudido y rascado muchas veces [..

consejos “prudentes” para el futuro. todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta.].. estilizado. 198). a menudo. cómicos. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. pero. spiritual p o v erty . doña Clara pidió al señor Contre­ ras. [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía.. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38. éstas la bendecían. la vida solterona. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas». todas presididas por un viejo escudero bar­ budo». aventura. fortuna. advertencias de posibles peligros y percances. all presided over by a bea rd ed old squire [. aquéllas la alababan [. dénmelos que yo iré por él en volandas». todos esos deseos reprimidos. spinsterhood. Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780). otras la miraban. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37. Por sentir en sí “encendidos” de nuevo. de vida estancada.. Signifi­ cativamente. Detalles graciosos. incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española.] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80).tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo.. parasitariamente. gracia y humor de cuño popular.. a la vez. que le prestase «un real de a cuatro». con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780). todo dicho con expresio­ nes. Véase nuestro estudio sobre esta obra. 38 Forcione: «Penuriousness. yerma. La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara. que cené anoche. ¡Delicadamente patética... cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban. su escudero. p. «en viniendo mi marido».. por un mo­ mento breve. vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa».. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor. Poco antes. a costa del criado. prom e­ tiendo devolvérselo. Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo. la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. imágenes. a n d unfulfilled virgin ity. riqueza. El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís.] .] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance».

. no llores.. y lo que vais a decir... que las escucha.]. sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. lo que era dar sustos y martelos. Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o. hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D . niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [.. cumplida su tarea. todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39. etcétera (780). que se quedó abajo para informarse de los criados [. brava como leona de Oran [. quizás inconsciente. ¿Q ueréislo ver.. quien.]. Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa. sin ser ense­ ñada. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. por quien ésta expresa aprecio.. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787). que os ama tan de burlas Andrés [. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía.. sin vacilar. Juan.].. Sin embargo. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [. pues las íntimas quedan siempre cuestionables—. y ia vieja. paloma sin hiel [. después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa. 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”.. que ésas no son alabanza del paje..].pondiente: «Hermosita. ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D . [.. no penséis. y veréis cuál os le ponen!» (787). En suma. la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer.. Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?». tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. Juan se desmaya de celos. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa. Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena. Preciosa. de hecho. El Te­ niente «es juguetón..]» (785)40. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -.. oirás [. acaba».. com o lo han observado varios críticos. Sin embargo. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente. Juan. Véase nuestro estudio. doncella. lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho. contesta: «H ijo. . sube también.. Claro está. señora mía. nota 37. en particular con un paje-poeta pobre..]. sino la grande. entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara.. señora.] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia». más tarde.]..a lo que predice: «No llores. hermosita [. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas.] Llegaos a él enhorabuena. La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana.] ¡N o. y decidle algunas pala­ bras al oído [. y m uy lindo» (786). D .

rubíes y perlas [.]. su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad. desagradable existencia halagándole la vanidad. y «como los . / principalmente de espaldas. que como «sol [. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias». Trata. pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos». probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco». y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7).]».. revelando su total insustanciabilidad.. como una casa de naipes. engalanados en «ricas telas de Milán [. de modo muy llamativo... se desmorona por completo. también del pueblo que desde las aceras.] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora.. amor. respectivamente... Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente.. / que suelen ser peligrosas / en las principales damas»... honor.. También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas. «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón». La casa del Teniente. pues. A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses». ¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara. «cuando doncella». la «quiso uno de una buena cara». atizándole sus deseos y sueños íntimos.. «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo. su vacía preten­ sión. el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes». Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara. su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad. de maravillosos seres celestiales. por alguna autorizada fuente.]. con toda probabilidad. acuñada.por lo cual doña Clara «anda algo celosita». lealtad.. diamantes de las Indias [. Por cierto. ¿Es de auténtica tristeza su lloro. pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán.]. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos. pero aunque sólo rozán­ dolo leve. cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance. virtud. alige­ rarle la monótona. graciosamente. aromas de Arabia [. cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle.

á costa de toda la nación. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra. para promover sus ambiciones y gratificar su codicia. cada día. .). más explotada y empo­ brecida..] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!». pero por su acento urgente. Felipe III. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre. humano Atlante. exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica. corruptos cortesanos de Felipe III. que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41. Declaraciones. haciéndo­ les olvidar. / [. de hecho. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos. negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. Ya se han mencionado los muchos. defraudadas por com­ pleto—. pero sobre las mesas de juego. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto. Desinteresado de la política. / para arrimo de la Igle­ sia»!. deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. etc. trazas. todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana. / que. por ello. que dejaba a sus fa­ voritos. / se lleva las almas todas». estaba de continuo “encorvado”.ojos se lleva [el espectáculo]. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). / ¡Qué de designios que corta!. nota 27. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!.. ilícitos. se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos. indignado en las “maquinaciones”. pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción. al menos por un rato. no naturales.

De hecho. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. todos sus contemporáneos.. inaccesible. al ver pasar a la reina con su «perla». y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez. 208-215. tan fértil para las “maquinaciones” 42. La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. nótese. a menudo. Cervan­ tes veía a los gitanos. en el sentido natural. ¡“re­ m oto”!. / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores. finalmente. que no se quitan sino con la muerte» (774).¡de la baraja!. prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela. .m o­ lientes a todo ruedo. contiene su entusiasmo. 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. tales intentos resultan inefica­ ces. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave. pp. probablemente. Sin embargo. A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u . nacen de padres ladrones. por ello. a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». no es lícito atribuirle. salen con ser ladrones corrientes y. estudian para ladrones. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. de modo aún más desfavorable. En definitiva. a la reina. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. Laffranque. prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. biológico.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43. críanse con ladrones. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido. Como. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». en general.. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». y. asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes. 44 Lerner. «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». por lo cual permanecía. 42 Véase también Forcione. según se ha visto. a quienes re­ trata.

1978. . «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783).toda la sociedad contemporánea.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789).. a los «padres ladrones». al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad.. ellos también. por ejemplo. pero fácil es adivinar una de ellas. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila. be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. Así. 46 Véase nuestro estudio. contem-^ pía más bien impasible. que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero». de que la gitana carece por completo. mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. están los gitanos tan orgullosos de ser. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas.. nota 27. Caro Baroja. los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. imparcial!. Siendo estos males propios de todas las clases sociales. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. en H om enaje a J. «el gran gitano»46. paya y gitana indistintamente. Quijote). “águilas” en sus trampas. sociales. económicas. se refieren alas circunstancias sociales. económicas de la so­ ciedad paya. maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes».. el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. “normal”. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”. la corrupción. familiares del nacimiento y de la educación del gitano. sociales. ni ninguna otra ave de rapiña.]». “respetable”. de estas actitudes gitanas45. pues. Y «la costumbre vuélvese vicio» (D. dice la gitana vieja. sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya. nacen de padres la­ drones [. como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. ¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto.

ninguna «lerda» (779). inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad.. privativas de ningún grupo social o racial. los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales.] Caballero es Andrés [. C er­ vantes exclama: «¡[. cuando revela su robo de la niña. y otros elogios semejantes.] aunque a mí me cueste la vida [. los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio». pese a toda su reclamada agudeza.]. según el lector viene com prendiéndolo poco a poco. «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793).ción moral frente a este mundo. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual... las can­ ciones. en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47. cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno. [. Al admirar el modo de ser. se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [. que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal. pues. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha. se insiste en la individualidad irreductible de cada persona. en fin era gitana».]» (851). Cervantes mues­ tra con igual claridad. Por otra parte. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual. .. Como el hermanito de Lazarillo de Tormes.. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son. haré que estos llantos se conviertan en risa» (801).].. en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776). Preciosa. aunque gitana. al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. puesto que hermosísima. Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos». Repetidas veces. de ma­ nera asimismo tendenciosa. que. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios. por ignorancia y cierta inge­ nuidad.. en nombre de su supuesta superioridad racial. que presupone en sus lectores. que... y a ser su lacayo. a los gitanos. (800)— con que la sociedad paya juzga y trata. y después califica: «privilegio de la hermosura». por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos.. cultural y moral. no se ve a sí misma.

Juan. en algún momento de su vida. magnífica persona. excepcional. Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [. Por fin. sería siem­ pre “princesa”. protagonista de Pedro de Urdemalas. en todas sus cualidades y actitudes personales. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804). En efecto. elegidas con determinada decisión personal. agudizado de continuo por su vida gitanesca. por sus ruines cualidades personales. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D . Preciosa. p. Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D . sentido común. Gitana o princesa.. un recurso necesario. no importa en qué clase social le tocase vivir48. El reconocim iento del linaje de Preciosa es. pero no “inverosímil”. por sus extraordinarias virtudes. a veces por completo contradictorias. en el sentido social. sin duda. y sin embargo. com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. pero ¿no tiene que decidir toda persona. 120). Tiene inteligencia innata. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época. de m odo im ­ portante. Bé­ lica. «Preciosa's choice has already . Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos. apagada. sería siempre "gitana”. Este último aspecto parece el más problemático. varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes. Juan. Por otra parte. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. como piensan tantos lectores. pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. Bélica es siem­ pre. «La gitanilla y la poética de Cervantes». el polo opuesto de Preciosa. entre gitanos y payos.. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. nota 27. Preciosa es una joven extraordinaria. entre el Bien y el Mal. por más formidables que sean49. discreción y orientación moral.] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779).

cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores. acomodada sociedad. Cervantes coincidiría de seguro con D. Quijote. Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural. a ciertos resortes y móviles interiores. sobre todo. En efecto.] D . ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50. Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta. al espíritu del in­ dividuo. verosímil de la tez rubia. p. creador de la novela corta espa­ ñola. A lo largo de La gitanilla se muestra. contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. de muchos modos. [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo. quienes la abandonaron recién nacida («[. sino. 1292). esen­ cialmente. p. Cervantes. ni todas las inclemencias del cielo. Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». 50 G onzález de Am ezúa y M ayo. ni los aires..} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». en que el cura insiste. 450). en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. implícitos y explícitos. «en la virtud». a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones»..midables. «La gitanilla». «Ni los soles. pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid. de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares. es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775). pues. Siendo en «extremo cortés y bien razonada». . de m odos diversos en las obras cervantinas. ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial.). fundamentalmente. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables. no también been m ade according to her w ill» (W oodward. atribuibles a su sangre noble. quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son. que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos. 25. claro está. es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). aunque.

exigente. Tal modo de vida procede. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. útil. de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. inteligente. Y el tan extraordinariam ente discreto. entre otros ejemplos. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. generoso Pedro de Urdemalas. 1292). Juan) y no por sus virtudes. mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. puede realizar sus magníficos. discreto. pensando en su propia vida. que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. Es palpable la ironía con que Cervantes. típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. siempre deseoso de mejora. Penosas injusticias. Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. bueno. necesariamente. bien conocidas también en la sociedad alta. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). . le hace decir esto a su loco caballero. que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D.en la confianza. en cambio. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). jMuy rara nobleza!.. por tan rara. con gran ironía.]. por causa de su origen hu­ milde (aunque. industrioso. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. honesto. modesto. siempre «sería milagro». Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. “divina”. nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. pero a la misma vez sugiere. y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. sin paradoja. tan quijotesca. aunque no le conozca. sino también y sobre todo para afirmar. dice Cervantes. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella. en esta expli­ cación de D. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que. según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y. nota 27.. pobre y humildemente nacida. La genuina nobleza. esa recompensa inefable. posiblemente de padres nobles).

290-1 . «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance».] con las que son imperiales». según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. Pierce. A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. exaltado himno al espíritu humano.. con la pastoril52. com o a veces se hace. pues el único. propone algo y no concluye nada». se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. caballeresca y.la sublime «alteza» (775).. mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. . sin duda—. Claro está. 13-14). pp. glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. también el más apropiado. R od rígu ez-L u is. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. ridicula pretensión de superioridad social. 53 Es necesario recordar. que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. En efecto. pp. libre de toda superficial. con mucha más razón. picaresca. es su valor intrínseco. Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla. guardadlo cuidadosa. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes. aunque muy arduo criterio. a veces. Cervantes no se propone sencillamente imitar. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla». señor compadre». A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. 126-7. implora el cura —en nombre del autor. entre otros. La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención. tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53. Juan proceden. habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. senti­ mental. pp. en particular. y por esto. quizás más que por cual­ quier otra razón. Destacan la relación esporádica con lo pastoril. Sólo con esta condición.

en La casa de los celos. burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril. 1615). las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope. En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55. ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. «que Cervan­ tes promete» (1054). D e­ claró específicamente. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia». / con las ansias de la muerte». a nuestro juicio. etc. con que. repetidas veces. en El coloquio de los perros. es decir. se concebía. en La gitanilla. clásico representante de la no­ vela pastoril española. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. .54. el perdón de los lectores.cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico. todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [. 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes. en El rufián viudo. como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles. La Segunda Parte de La Galatea no se realizó. etc.] me diese el Cielo vida!» (1528). pero quizás se nos esté revelando. Se realizaría esto como ya en otras obras suyas. por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte. entre el mundo bucólico clásico y el moderno. endémico conflicto en los libros pastoriles. Quijote y la li­ teratura caballeresca. Persiles y la novela bizantina. 55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. en ambas Partes del Quijote (1605. la Segunda Parte de La Galatea.. referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. con toda probabilidad. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto.. que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D. esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico. al menos en algunos de sus proyectados aspectos. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte. Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida.

Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso. esos cultos. de pueblo en pueblo. que también los afligen a veces. en que se sitúan los enamorados pastores literarios. Sus preocupaciones son prácticas. pero nunca tan sim étricos com o. los de La gitanilla. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. por la sobrevivencia. de todos modos. quienes en «amenos prados verdes. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales. que van por los caminos polvorientos. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. personajes ficticios y lectores. hermosos jardines.burgués de las novelle italianas. venales. ociosos cortesanos. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. arroyos claros. conceptuosas conversacio­ nes. económicas. en consideración de todas las implicaciones personales. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. 1001) se pasan la vida en sentimentales. B ama C. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. también Pre­ ciosa y D. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad. materialistas. aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. la fuente pastoril literaria de que surgen. mítica. en muías y asnos robados. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. sagrados montes. Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase. éste de G il Polo: A ama B. por ejemplo. genialmente metamorfoseados. . El disfraz de D. sociales de su relación. a diferencia de la insularidad absoluta. C ama D. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. idealizados cortesanos. radicalmente final. los resuelven de manera “eficiente”. delicados. D ama A. espaciosas selvas. sutiles. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional. Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. Los problemas amorosos. disfrazados de pastores de mansas ovejitas.

particularmente el “alto”. poco antes aparente­ mente irresoluble. En La gitanilla. Los míticos gigantes. refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones. tan discreta. que.cia de que todo el mundo. supuestamente. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. se contrapone la vieja gitana. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. "refinado”. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. lógicos. en suma. «desamoradas ninfas» (a menudo. 1001). a su vez. acusadas de “ninfas”. \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes. formulares. manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. como. de los sucesos. Se trata. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. hechos de crucial relevancia en las . ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. lleva siempre el disfraz. que no lo es menos. animadora. En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. y no. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. predeterminadas. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales. de muchas. de que nadie puede extraerse. tan experimentada en la vida. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas. como en las novelas pastoriles. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. esos pasto­ res literarios.

interrupciones forzadas. 288. las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta. incó­ modos. y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789). 58 Pierce.consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. es. fluida. rayos. rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas. Sin embargo. es decir. Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento. sorprendente.] y adornándole de ramos y juncia. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo. abundante. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos... nada benévolos. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. naturales. sino sólo por sus propias leyes atmosféricas. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance».] . haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles». en suma.. pese a todas las pretensiones neoplatónicas. peligrosos. aguaceros. de amenos prados verdes.. pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje. convencional desde la bucólica literatura clásica. com o por ejemplo las ceremonias. que no sólo sirve de apro­ piado fondo. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual. continua. insoportables calores y fríos. esencial. claras aguas cristalinas... complicaciones innecesarias. nieves. sin empalagos irrelevan­ tes. co­ rrientes. amenazadores. sauces umbrosos. Juan: «[. serena. naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas. Con su agudo instinto narrativo. en contraste con cualquier novela pastoril anterior. por desgracia. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades.. Se ha observado. que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58. y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D . [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego. del alma humana. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca. ante todo. mirtos. dinámica... p. claro está). por completo indiferente al hombre. con gran acierto. El escenario. Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud. generosa. hielos... Reduce. La naturaleza... encinas. pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados. de una naturaleza idílica. sonriente..

Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. muy comprensible­ mente. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». pasajeros. seguidillas. Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos. infaliblemente. Preciosa no es automá­ ticamente.] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal. para cualquier ocasión. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. coplas. zarabandas. . 1001).dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos.. y no faltó poeta que se los diese. aparentemente. de manera no­ tablemente sobria.. O bras complejas. honesta relación conyugal (790). pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos. subordinándolas a la conducta con que.. O rígenes de la novela. 293. 1000). p. Por ejemplo. en el desm ayo de D .. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. Juan por celos. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas. romances] [. 60 M enéndez Pelayo. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. después de lo cual le explica. La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D. su propia noción del genuino amor y de la buena. Este hecho hasta ha inducido a sospechar. Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. D e hecho. sin ningún sentimentalismo enfermizo. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras. hacen su acto de presencia y. so­ bre todo. tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. vol. sufrir el tormento de toca. Andrés. poetisa de impro^ viso. de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. como todos esos pastores literarios. allí la pastora. cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. Juan. diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros. 14. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo. en la vida cotidiana. y les venden sus obras» (775).. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo. p.

quien también «se picaba un poco» de poeta. y que ella sencillamente repite. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. Riselo». cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [. zampoñas.. no: «Lísardo. ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. anticipables como los «mirtos. olivos. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. p. «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. de la si­ tuación. 1001). 25). No sólo no se imponen a los oyentes.: 1000). muy significativa­ mente. El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol. Lauro. . Cervantes. o a la de alguna mata. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla. o». pues. árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. o de algún ribazo o peña. Cervantes. porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». creador de la novela corta española. de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. etc. 62 M ontem ayor.de inmediato a sus enamorados. Jacinto. y juraba por la laguna Estigia» (791). cuando más. D.. La Diana. Juan y el paje-poeta. sino de demostrarse digno de Preciosa. «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso. Juan. que también proporciona a Preciosa. El paje-poeta es au­ tor de poemas. rabeles. El coloquio de los perros. este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril. naturalmente.. pero que no son tan convencionales. advierte: «no sé si de improviso. sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. también en este aspecto. Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. sauces» 62. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. al menos tanto como lo es el paje-poeta. Todas las canciones en La gitanilla surgen. o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61. 1001). com o me prom etió a m í cierto poeta.] gaitas. chirumbelas». Paródicamente. a toda costa y con cualquier pretexto. IX. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D. Clemente (nótese.

no sólo dejan «admirados [. al son de su panderete. de prodigiosos efectos coloristas. pues cons­ tituye una de sus características fundamentales. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances.. y pisad el polvito atán menudito!. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana. hija. ingenuas o equi­ vocadas). de temas maravillosos. pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa. movimiento variado.] en redondo». la novela pastoril se caracte­ riza. ninguno. fundamentalmente. por su combinación de prosa y poesía. en la magnífica fiesta: «A ello. que pretendía situarse en esa tradición literaria. «perlas [. Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [... pese a su incuestio­ nable atractivo poético. pero. En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas. largos.. sino que. Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances.. como por magia.. Sin embargo. de dura acentuación.... Éste. tampoco puede faltar el verso mayor. amores. zonas estáticas. y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla. no hay duda.... música. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos.] que derrama con las manos» (787). redondi­ llas y otros versos populares. a menudo. pues crean. imperfectos. logran hacemos participar a todos. Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787). llenos de color. Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico. ¡al lector también!. ¡Torna a cantar!» (776-7).] a cuantos la escuchan».tación como en el caso del soneto (787). legendarios y actuales. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [. «flores [. a ello! Andad.] casi todos los ver­ sos mayores» (1053). imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas. romancillos. ritmos alegres. españolizar cuanto más el libro pasto ril63. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad. Estas melodiosas canciones.. Cervantes quiere nacionalizar. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. en la de Gi! P olo. rítmicos. donaire. .] que despide de la boca». H ay algunos endecasílabos cojos. musicales. claro está. En el Quijote. drama.

actual de las gracias de Preciosa.. espontánea. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. pero. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico. penetrante. lírica. Ferreres. complejas ironías. sin disonancia* exquisitamente lírica. sin perjuicio de tercero. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. parlamentos alternados. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. erudito. poé­ tica. con frecuencia. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64. sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. frío. incisiva.» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. «j. y. sin embargo. intuitiva. dinámica. por el contexto temático y sítuacional. pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. ix -cill.. armoniosa. precisamente. fluida. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica. artificioso. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\. ¡supuestamente expresión. (Esta. pomposos. monótonos diálogos amorosos.» (D. es­ pontánea del enamorado!. a la vez.. precisa. ya Federico García Lorca—. G il Polo .]. fervoroso pálpito vital. matizada muy imaginativamente. ejemplar novela pastoril. en sus va­ riaciones. y el de R. rígidos. A la vez. XI-XLVIL .. determinada.yicos —según lo percibió. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. ¡naturalmente!. aunque sólo mencionado. música. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa. sencilla. esencial. le habrían parecido. dramática de la narración. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. 1053). rítmica. elegante prosa de Montemayor. cantante. equilibrada. individualizante. su sabor arcaico.. L ópez-E strada. se convierte en una representación movida. D ian a enam orada . a la pos­ tre. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. Particularmente esos solemnes. vivida. Quijote. que son libros de entendimiento. prosa siempre armónica. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). bailadora.. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. creadora eficaz.

170-1. es decir. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. su ejemplaridad. también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. esos diálogos pastoriles. de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. citado en nota 5. Cervantes destruye las artificiosas. de representación hu­ mana universal. Evidentemente. crea una obra extraordinaria. Sin embargo. pp. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». 1001).. en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66. mucho más importante. impensables en 65 La D iana. . Quijote. que no podem os estudiar aquí. l x x i x . Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación. . única en su tiempo. 10. como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802). «Prólogo». Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana. Desde esta perspectiva. 1053). en La Diana de M ontem ayor65. y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. Preciosa es hermosa. b? Ibid. con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. 66 Ibid. míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. Sin embargo. de significado mucho más radical. en particular. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. gritos interminentes de protesta del autor mismo. ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778). se trataba de declaraciones esporá­ dicas. y> por la invención literaria con que lo expresa. El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”. diría­ mos.Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. Percibim os una actitud semejante en Encina. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar». en cuanto a la belleza de su pensamiento. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes.

]. . discreta. y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69. «Prólogo». al encuentro de otros pastores y pas­ toras. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». su dignidad: «¡mi alma. que. «no encaminados a un piadoso fin»70). Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles. sentados en troncos de árboles. son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. aplicables a toda la obra cervantiva. Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada . de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate). 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». insaciable lectora. cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». sino al que [hace] el dar un cayado con otro [. y esto no al son de chirumbelas. con que encauza prudente y noblemente su vida. de la dignidad humana. ¡en voz alta!.. su discreción. es libre. que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. conversando siempre de amor. y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa.. dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias. sonoras y admirables. rabeles o gaitas. Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. de faltar todos los demás resortes humanos. «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—. Los amores y el matrimonio con D. Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque. 70 Ferreres.. y otras cosas semejantes. propio y ajeno. Juanita .. de «muchos» libros pastoriles. y no con voces delicadas. personalmente. se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia». xxm . determinada de vivirías ella también. deseosa. sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. y nació libre. todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. sino un cata al lobo do va.Diana)68.

1000-1). magníficamente realizado. que. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas. un in­ tento. que parecen anunciar la parodia eventual. no que cantan. escépticas. sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas».. pues representa. de haberla Cervantes completado72. en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita. Domingos. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar.. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”. su con­ fesión del terrible error.con voces roncas.. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas. discreta. Pastores de pasmosa vulgaridad. todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes.. (El coloquio de los perros. sino que gritan o gruñen». solos o juntos parece.. de recreación y actualización del arte literario pastoril. sobre todo. . su vuelta a la realidad. Pablos o Llorentes. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea.

suponem os que éste debió de leerla allí. su fuente lite­ raria inspiradora. Véase también Zamora Vicente. ante todo. 43-49). cuán difícil. 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. novelista griego o bizantino del siglo III d. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel. Il. Éste. Ambas son fragmentarias.1 5 6 3 . Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales. o im posible. en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ». se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. 36-38). creador de la n ovela corta española. Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia. se inspira a veces en las propias experiencias del autor. D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca. de manera inequívoca. tratado en tonos muy diversos. y hasta. según están sugeridos. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . el frecuente tema del cautiverio. resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. vol.1 5 6 8 . D os años más tarde apareció una traducción italiana. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'. 1608).EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit. Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma. «U n sueño romántico de Cervantes». para su concep­ ción ideológica del problema. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm. de pura fantasía. pp. L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad. pp.1600. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver. detalles episódicos y expresivos.C. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados. 1598. en parte. muchos incidentes. basada enteramente en la latina. al revelarse. por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte.2. Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó . inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano.1 5 7 8 .

que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. etc. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. C er­ vantes. animales. La publicó en Venecia en 1552. Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. objetos de arte. «Leucipe y C litofonte en el Persiles ». ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras. sino. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. plantas. un novelista olvidado. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. de un m odo general. verano de 1967. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. naufragios. R om ero. Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. In trodu zion e al Persiles. y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. que algún personaje ha visto durante su aventura. Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos.. lleno de aventuras extraordinarias. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1. etc. Leucipe y C litofonte (trad. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. así com o una bibliografía selecta. separaciones. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. Symposium. 166-175. explanation afterw ards is his device to . pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes. pp. 1917. traductor de Leucipe y C lítofonte ». D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. Esta novela se tradujo. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal.La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores. hasta en su teatro 3. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. N ú ­ ñez de R einoso. amigo de Lope de Vega». encuentros inespera­ dos. según la traducción de C occio. anagnorisis. Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. (Véase nuestro estudio «A. robos. C er­ vantes M usterrom an Persiles. «Action first. D iego Agreda y Vargas). El au­ tor presenta un hecho. con un claro propósito experi­ mental.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. Por esta razón. quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto. Madrid. Stegman. natural de la ciudad de Efeso. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio.

parodia de ese género literario4. [«Antes la acción y después la explicación. Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco. lo había oíd o de D . b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd. C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. 9). quien.] .) no hay rasgo bueno o malo. ficción dentro de la ficción.]!».»..de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. varios personajes narran fragmentos de la misma historia. es su recurso para mantener el interés». Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. a la vez. A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. y C. por la simple elusion del defecto. Éste lo ha oído de C. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. que también se narran por partes.. en efecto.] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada. por diferentes m otivos. Some Ancient N ovels. hasta el final. Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction. El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. porque es. go o d or had.. El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. de éste para la naciente novela corta española. 192). en que se atan todos los hilos. [(. El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro. además de la acción contemporánea del relato. una sistemática emulación y. «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo». Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística.. Novelas Ejemplares. realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. ésta se interrumpe. ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest». en el originalísimo Persiles y Segismundo. ejem­ plar. nunca mordaz. Cada nuevo personaje narra su vida. en particular.. th at is really characteristic o f the G reek novel . aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito. Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. leve. según se evi­ dencia. p. 770). A veces. a su vez. «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [. con frecuencia. Λ Zimic.

y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. che per amore infiniti affanni. su «miserable estado».turcos. p. inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose. com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. particularmente en las obras de Cervantes (237-260). En su nueva novela bizantina. e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. en la conclusión de la novela. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. pero no su actualización en la literatura moderna. y de otras muchas partes». Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. a la «fama» de Ricardo. sino por la referencia. que «saliendo de los términos de Sicilia. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas. el «amante liberal». como lo intuye también M ahamut. «del tutto dilettevole. por causa de Leonisa. Historia de amor. 110). universal. . El Saffar. quien lo ha convidado a un lugar ameno. en realidad. pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento». que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. 810). ¡tan románticamente!. Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. se extendió por todos los de Italia. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. «por quien [sus] ojos han derramado. su propio de­ rrumbamiento interior. ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. como lo es Leucipe y Clitofonte. pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»].

o. Por razones de verosimilitud. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. entre otras cosas. Cervantes (831). en cuanto a su exactitud y finura. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar. modos de pensar. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación.. pero. como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [. apelando. que «requiere más tiempo. ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. ¡oh Mahamut amigo!. a veces complementando las de los otros. gradualmente. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes. por con­ sideraciones de verosimilitud. a su vez. claro está.que tuvo en Leonisa». pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida. reserván­ dose el oficio de apuntador».. Leonisa. 41). a menudo. y que así llegó también a él. estados de ánimo. durante la continua transmisión oral.]. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos. a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. p. Otra significativa diferencia inicial. etc.. otra razón y coyuntura y otra lengua» (829). Se destacan así. con la promesa de efectuarlo otra vez. quizás. . en cambio. que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813). com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa». y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). quien. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. «A tu buena consideración dejo. Mahamut) narra sus propias experiencias. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). evitando por completo la necesidad del análisis anímico. por muy importantes en esta no­ vela. iniciadas in medias res 7. etcétera. más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista. sugeridos sólo como probables. decidió novelizarla. reacciones emotivas. creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. a veces.

según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente..». en el momento mismo en que acaba su relato.. se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”. de índole estética y ética. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction. «se ha excusado este ca8 W olff. toda novela bizantina.novela de Aquiles Tacio. con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia.] . en plena mar.. poco después. y por ese amor que me complazcas»]. se le salió el alma. dime ¿qué has padecido? (. 1345). pero con ciertos reparos importantes. pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar. di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven. a menudo mucho más accidentados y fugaces... y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549. según su propia declaración (Persiles.) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T. 1656). después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [. no importa a quien. narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos. [«H e­ liodoro ya no necesita a C. que.] ti prego per Gioue. e per esso Amore. que es. dimmi che hai tu patito? [.] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8. en definitiva. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. Por tan repentina muerte. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote. al pie de la letra... y N . En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes. un portugués cantando un nostálgico soneto y.) te pido por Júpiter. 114-5. Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato. (. Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes.. «dando un gran suspiro. De tales encuentros. 1552). sin ningún pulso propio. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. pp.

que no nos importa. ni cómo estáis en este lugar tan solo. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar. debían de ser casos tan desesperados como peregrinos». auténtica interacción humana. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552). todo el pueblo de Trápana. y tan sin remos. implora Mahamut a Ricardo (808).] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [.ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche.]. atenta a lo más externo.. Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. según parece. como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles. en realidad. para desviaros desta isla tan sola. desprovista de una convin­ cente. al fin. «en pago de esto que por ti hago». no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois.. comenta un personaje. La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. 1567). se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte. sin duda. Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. 1569).. pero en los ajenos. que aun de animales no es habitada» (Persiles. ni por pensamiento» (Persiles. achacable a una concepción artística superficial. se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» . los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que. que no apures los pensamientos ajenos. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante. lo que se llora. Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823). que no los tenéis. ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio. te suplico me digas». dice Ricardo a Leonisa..

por ejemplo. consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809). precarios límites temporales? Muy significativamente. con que se consigue que «the story [. Sin embargo. Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. quien es. etc. le preguntaron el precio que por ella quería» (817). Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá.. necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo. cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla. Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo. Leonisa es su amada. pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. de curiosear. incondicionalmente. característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. mi amo. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío. su compatriota y amigo de la niñez (808). Con evidente diversión íntima. los ciudadanos de Trapana. sin querer saber el cómo ni el dónde. al afán de oír cuen­ tos. Leonisa.que Ricardo quiere decirles (829). además. ¿No implica qui­ zás toda situación. y así.] comes out in driblets.. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). de inmediato. etc. . “ Dramatic retardation” .

. se parodia en el Persi­ les. censurán­ dolo. 1623). Teniendo en cuenta dicho propósito paródico.. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [. [«(.portions concerning other interests».. Esta práctica de retardar la narración. según lo comentan. se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo.. pero también. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia. aumentando así el interés del lector. «Todos se alegraron oyendo esto..) sorprendente (que P. injustificados. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato. ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa. the reader grows impatient fo r the event» 10. 1615... es decir. pero «queriendo pasar adelante. con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». Esta infor­ mación.)... [«Retardación dramática (. consiguiendo así el autor que deseemos. como el mismo Ricardo. por la que el lector siente también gran curiosidad. 197. sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad. que ni podía estar atento para escucharle».] 1 1 Riley..] y con esto se despidió de él» (818). El lector se impacienta». entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense». (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también. que producen así un efecto por completo contrario al deseado.] . a menudo. 192-3. El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u . Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. de interrumpirla continuamente.. pp. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction . un encuentro con ella. por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles. 121. a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (. p. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable.) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos.

La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece. in particular. pues. is degraded to the level o f a frametale [..] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración.. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809).. 167-8.. is one of the most striking faults o f the whole genre». ni aun los casamientos de los pescadores. 195-6. o Periandro!» (1615).] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 . sin posible «remedio» ni «alivio» (809). consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [.) Lo irrelevante es (. acrecentando la expectativa del lector y. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen. su «alma en almoneda». En nombre de Cervantes mismo. for fully half its course. a pedido de Ricardo. Hay. es uno de los defectos más llamativos de todo el género. de manera muy significativa. pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa.. for the insertion o f every kind o f irrelevancy. relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos.. sin duda. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room. Lo percibió sagazmente Cervantes. pp.]. .] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (. The irrelevancy is [. de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá». contrapuntística. con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo. y. The main story o f the Aethiopica.) característico de la novela griega com o género. [«U n exceso en la descripción en particular. 1609)..]. ψ. advierte 12 W olff. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [. regateada por los turcos13. destacando. por fin. a la vez. AO).. in its wide meshes. además.. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas.zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description. no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles. del mismo narrador. y no dilatada» (1613). The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias. y sin relación con el asunto principal.. y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya. quando ha de ser sucinta..

p. p. corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas. que está cercano a la marina en el camino de las salinas».) geo­ grafía. el cielo: «me senté en el castillo de popa. es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809).. and other non sensous digresive matter» 1 5 . me puse a mirar el cielo». siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio. su “profundidad” y “sutileza”..Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. crítica literaria. Homeric discussions. D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer. discusiones homéricas y otra materia digresiva». von weitldufigen Reden und Monologen [. Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras... y Mauricio re­ acciona de inmediato. ihre Aeusserungen. 176. Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). incidentalmente. Sin em­ bargo. die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16. ihr Wesen. 1611). por muy sucinta que parezca. [«Su novela es un ver­ . inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa. ihre verschiedenen Arten.] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera. The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. zoología.. Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal. y. zoology. [«(. por ejem plo. Periandro menciona. particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her. Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [. hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820). travieso y aprensivo: «Apostaré [. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos. con ojos atento. En la de Aquiles Tacio. lite­ rary criticism.] pasa adelante» (810).. «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid. pp. aun de asuntos banales: «irrelevant geography. Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste.] 16 Rohde..] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken. 516).. 15 W olff. 511-3.

]» (§15).] detener las lágrimas que como suele decirse. estoico de Cervantes. p. incorrecto. p. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles. de prolijos discursos y m onólo­ gos (. «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826). según noso­ tros.] gasta casi [. 90-1). 1 8 Apraiz.. 1584).. Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 . 20. Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes. I. y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». lo cual también desagradó al temperamento viril. y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras». Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas. insinúa el perspicaz Mauricio.. .novelística bizantina. y Cer­ vantes. pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor.. Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje. 1576). Ricardo «no pudo [. sus manifestaciones. quien. por su parte. con que «el autor». y otros. explica que ha quitado «por prolija... Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es. 1609. por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles. 1584). que llegaron a humedecer el suelo. lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. R odríguez-L uis. su esencia. Acompañóle en ellas Mahamut [. hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia. sus diferentes tipos. de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo.. pp. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . etc. por eso. de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a». Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” . 42..).. quien «sabía más de enamorado que de historiador [..] todo un capítulo del libro» (Persiles. vol.]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte.

comenta el autor mismo. determinó de proseguirla.] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas..].]. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva. los temores [. Barcelona. pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809). El peregrino en su patria. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles.. 19?. aunque sean de impor­ tancia. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores. consciente o inconscientemente.] . por no 1 9 Lope de Vega. suelen ser desabridas» (Persiles. No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas. En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida. antiguos o contemporá­ neos.. las que son largas. 20 W olff. «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática.. se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!»... fuera de los peces. Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos. E l peregrino en su patria.) ex­ tensión excesiva». «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela. en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [. [«(. Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere».. 1608). He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope. que. que no se pueda medir con razón al­ guna». 1625).cribe esas líneas. que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas. con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas. y las aves [.. los pensamientos que tuve y pasé. 1613). y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. p. porque las más veces. «disproportionate length» 20. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. 192.] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles.. abreviándola. pp. y Sinforosa de ver a Periandro. 1601). Juventud. A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9. «Paréceme». «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática.. 367-8.

La declaración de Ricardo representa. casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental. Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que.ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura.. 2 1 Además de relacionarse con la trama central. la descripción de las costum ­ bres turcas constituye. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes. un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio. pero. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa. Otras veces. basta decirte que fueron tantas y tales [. La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central. hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna. es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [. G onzález de Am ezúa y M ayo. de no caer en la. punto por punto». reincorporar “la descripción de las costum bres”. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. a la vez. evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores. pp.]» (814). Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í.]. a veces. A zorín y otros). que tam poco ahora se satisface sólo c o n . Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829). . le relata a Ricardo «todo. con el maestro A quiles T acio. en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. la conversación que tuvo con Leonisa (820). 33-6). una crítica social. aunque de considera­ ble interés en sí. 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. por ejemplo. com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza. se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut. Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra.. por no ser tan prolijo» (814). con el resto de las características. etc. a veces. con toda proba­ bilidad. con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824).. 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824). como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte. pues. Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz.22..

hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana». deben de ser ángeles humanados» (Persiles. existe en la literatura contemporánea (... Se ha obser­ vado que «this mannerism [. decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil..).. la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada. hace su presentación: nombre.]. 1596. the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J.. Ricardo. abolengo. Ciertamente. «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria.]. and after making his heroine divine .. pero que «Cervantes is the greatest offender.. Sin embargo.) este manerismo (. la más hermosa [. en las obras cervantinas. etc. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (. words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía».). que a veces. «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» .. patria. Persiles.. hiperbólica. una donzellita de una hermosura incomparable y divina». de una exageración impropia o hipó­ crita. p.]. etc.] .. otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. sin em ­ bargo. 700.... tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810). «exists in contem­ porary fiction.. quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (..superidealizada.). que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan».) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela». Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación.. muy significativamente. 1711).Así como en toda novela bizantina.. digo creíble por­ que es tal. 1518). el protagonista... y en particular en el Persiles. dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. «si no son Persiles y Sigxsmunda. «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto». Cervantes es el mayor transgresor. que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea. «estas alabanzas.. la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (. [(.).] que había en toda Sicilia [. and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages». 1583). mujer de quien está enamorado..

. su opinión acerca de ellos queda muy clara. Clareo y Florisea. su garganta..... se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales. N ú ñ ez de R einoso.. una maravillosa y concertada armonía. III. siempre al menos implícita.. como en los tiempos pasados. sus labios. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [. porque ansí puede ver. Considerando que las metáforas con que se describe 25 A . no matar»25. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor.] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo. . que los tiernos se deshagan. Madrid. ¿Quiere. Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas.]». por ven­ tura... por ejemplo. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así. que los discretos se admiren. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [. como. o al pedir a Auristela: «hermana. sus dientes. 1624). ¿es posible [.. que mata en la misma hora que mira [. y siendo por ventura vista.]. Mahamut contesta presuroso: «En verdad [. que ésta sola tenía la forma que dices» (810).] si no es Leonisa. perlas. «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [. Por Dios. sus ojos dos resplandecientes soles. sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso. cúbrase el rostro con algún velo.]. vuelve a esta ciudad [. p.. y que los necios idolatren?» (Persiles. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles. ΒΛΕ..] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces.]. Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa.. rubíes. 1698).diosa Venus.. 1859. Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. y sus mejillas. alabastro [. y pasaron adelante» (Persiles.. 1693). pur­ púreas rosas.] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar. o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido».. o que no me oyes. con que lo cubra. Hízolo así Auristela. y no nos deja ver por dónde caminamos. porque tanta luz ciega. no sé quién sea ésa. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen. 443.

97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. el más formidable de todos. Saltando de alegría. 15). se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. Ya este cambio inicial. convencional. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto. parezcas gentil [. grande. por una razón u otra. lo «desdeña y aborrece». che trattone fuori Diana. porque hay un rival poderoso. no más. etc. Ricardo. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa. .].. grité: ¿te refieres a Leucipe?»]. detente. et egli rispóse. si ella así lo deseara. que dejando de parecer cristiano. con el consentimiento de sus codiciosos padres.la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. a su unión. A questo io saltando d ’allegrezza gridai. p. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector. Sin embargo. en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . en suma. La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte. exceptuando a Diana. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. pero éstos no se opondrían a Ricardo. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. porque existen obstáculos formidables. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. y aun quizás de más provecho» (820) 26. por intención expresa del autor. d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte.. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. y él contestó que. Nótese por el momento también el reproche de Mahamut. p.. no vio jamás una semejante. porque los padres se oponen a su amor. con todo. 4) . exteriores. en efecto. que determina todo el desarrollo de la acción. pero. non ne uidde mai una simile. Leonisa no quiere a Ricardo.

esti hauendo messa la giouane in una harchetta. La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- . non lo uolsi comportare. más trascenden­ tal para ello. a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo. Sin embargo. aquéllos. como «un loco furioso». guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas. y todos embistieron a la joven. Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. de no haber acometido Ricardo. a Leonisa «le tomó un recio desmayo». porque en El amante liberal. Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal.. «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). no intencionado. El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. hay otra razón. mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). nueva novela bizan­ tina. que­ dando así a merced de los piratas. ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. corro a mettermi in mezo delle spade.mando mucha sangre. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra. muchos y grandes. ex­ terno. con le spade ignude. Io. los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico. et tutti corsero adosso la fanciulla. amoroso alguno para escaparse de casa. a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina. con espadas desnudas. aunque de modo in­ directo. et uno di loro mi feri in una coscia. et caduto spargeua gran copia di sangue. ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él.concepto y un significado nuevo. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. huyeron»]. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. habiendo metido a L. et caddi. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. en un bar­ quito. quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe.

] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [. haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente.. Clinias. diciéndole [. Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal... en que Clítofonte.] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare. y así yo abandonaré esta miserable vida»]. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que. pero también un desesperado deseo de expiación. Cuando Clítofonte se acusa..] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [. para ser conde­ nado a muerte y. frente al tribunal.par ación. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [. pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares. estando enamorados.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte. 90-115).) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M... p. 815) 21. pero de modo muy sucinto. para que.]»... . que es acabar la vida» (808. mas él las atajó..... 89).] delibero di confessar Vadulterio . et dir che io et Melitte. «dijo Mahamut: .. añadiendo dolor a dolor y pena a pena. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita. su celosal rival.. [. Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito. pero en vano. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815).. De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio. alcance con brevedad lo que deseo. también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [.. 91) [«(·. hemos mandado matar a L. 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas.] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [... no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere. lo defiende con hábiles[ argumentos . puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido. que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte . decide confesarse cómplice de ésta. claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo.. a la vez. siendo aborrecido de él y de ellos. essendo Vun delTaltro innamorati [.. su íntimo amigo.) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (....].

et uno di loro [. la qual serbo in ñaue. diciendo que era Leonisa [. raptadores de Leucipe.] mi hai posto in si gran bene. pues con Clitofonte se salva. mi attristaua [. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio. mi marauigliaua. pero Ricardo. éstos. que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla..] que se había muerto. et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (. non credeua. . persiguiendo Clitofonte a los piratas. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825). comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”.. «mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro. echando el resto del cuerpo al mar»]. «sería bueno comprar otra esclava. me maravillaba. Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana.] le taglió la testa.. su amo moro. con las manos atadas detrás. El Cadí ofrece a su propia esposa. Al reaparecer Leonisa. pero Ricardo. claro está. y uno de ellos (. flotando en unos «barriles» (823). Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112).. me entristecía (. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada.. habiendo visto estrellarse la galeota.. tampoco muere Leonisa. su amo. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. flotando en «una parte della prora» (35). pues lo reintroduce en su obra... gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven. de que él mismo ha sido tes­ tigo. con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”. y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta»..Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas.. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí. quien se salva con Yzuf. que guardó en el barco. no creía.) le cortó la cabeza. A Cervantes le interesó este incidente.) pa­ lidecía. En una ocasión. está conven­ cido de que su amada pereció (815). y que una noche echarían la com­ prada a la mar. y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma..] Al preguntar..) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?». tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua. Con buen gusto. incrédulo.

Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que.] En cada caso C litofonte .].]. ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”. artificioso e inverosímil. Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas. 70).].. 69.] noi semo qui soli nel mezzo delle reti».. con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823).] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [. dijo Sátiro... Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte. antes de llegar a las últimas páginas. pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique. Esta explicación.] quando sará tempo opportuno. a fin de cuen­ tas...) estamos aquí solos en el medio de las redes». y los temores que le so­ bresaltaron [. [«(.... porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado». non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [. a Leucipe le ocurren varias “muertes”. no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto. el amigo le dice que «ella stessa [.. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91). en realidad. que resulta hirientemente obvio.. los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron. en la novela griega.. no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían. et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi.cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818). y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (. pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta. disse Sátiro. no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto.. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia.. Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [. si. tan irresistible para su curio­ sidad.) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?». Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa. ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y. [«Ten esta cosa secreta. no la sobresaltes. con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa.

En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[. y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él. como en el Persiles. por medio de un incisivo humor paró­ dico. respectivamente. en fin se resolvió di­ ciendo que. otras veces. ¡Todo se acabó! Pero. después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios. por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios. Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave. como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor. ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal. desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. fundamentalmente. extraños. en suma.queda entristecido.] casos que acontecen raras veces» (Persiles. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo. lo que «no se ha de tener a milagro.. XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt. turbó el juicio del autor de esta historia. acuciante recriminación interior. étrangers à la v ie réelle ou ordinarie». Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. Sin embargo.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban». la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla. el 28 Chassang. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés. Contra cualquier clase de sensacionalismo. claro está. En Ricardo. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. Por lo tanto. «por extraordinario caso». por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S. cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. pero. estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares. porque Sosthene. ajenos a la vida real o cotidiana». así como dudando qué fin en él toma­ ría». Apenas ve a Leucipe.. 1576-7)..] . ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. bizarres. tan frecuente en las novelas bizantinas. por mejor decir. ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». 68). sino a misterio [.. a veces de manera casi imperceptible. criado de ésta. en cuyas manos cayó. Les romans grecs. como en los cambios señalados ante­ riormente y.

al cabo de ochenta años. Para realizar este de­ seo. Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que.. se apasiona locamente de ella: «lagrimaua..) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?». y a Ricardo... parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba.. 84)... benigno. 80. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él.. de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos.«lascivo» Tersandro. «usaría él de la fuerza....] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87).. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla. se apasiona de ella. el Cadí pide a Mahamut..) rico (.. pues estaba en su poder» (821). a favor de su amo.. sin embargo. rico [. pero en vano. en realidad.»].. pero. parte per dimostrare [. Con la . en parte para demostrar (.) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L. muy naturalmente.. Quijotey 1061). quien «da en solicitarla descaradamente». di coteste cose non mi curo»). Y..] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [.] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones.] che era mosso de hu­ mana compassione. Tersandro la insulta: «Tu [.. su cautivo y compatriota de Leonisa. De no poder alcanzarla por este modo. [«aunque sea él bello (. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad.. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D. por lo cual determina «de deshacerse de [ella]». los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). vendiéndola a al­ gún bajá. N o es que se dude de la virtud de estas doncellas.) virgen? ¡Audacia digna de risa! (.]. todas las ter­ cerías de Sosthene. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla. también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf. marido de Melita. pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [. pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas). [«¿Tu (. pero consigue quedarse con ella el Cadí..) benigno. sino. 78..].] sei vergine? O audacia degna di risa [. y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte. con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas. su criado (^Sosthene). para poder gozarla él mismo (817). el capitán pirata que la raptó. que en todos ello no durmió un día debajo de tejado. estas cosas no me importan»].

ne abbrusciata da fuoco. mientras que la heroína. la voluntad libre con que todo individuo. «como rayo de oro». en el sentido más naturalista.]. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—. N o es.]. pues. 90. pero sin destruir. ne tagliata dal ferro. para una conclusión feliz del re­ lato. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que. et questa io non las- 29 Casalduero. que es la genuina virtud. obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824). que mientras más se acrisola. la reaparición del héroe es comentario en sí. He aquí. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. la espiritual y sublime.. Sentido y forma. por consideraciones de técnica narrativa. de las N o vela s ejemplares. queda con más pureza y más limpio» (824). anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. sino. pero. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda. ante todo. ¡toda mujer!.. y en la literatura del Siglo de O ro. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo. et sola. porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29.. pues. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. y no sólo habla. p.ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. Después de una aventura peligrosa. . la quale non puo esser battuta da i flagelli. al salir incólume de cada aventura... Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [. con ello. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. 30 Ibid.

sola. Teniendo esto en cuenta. Por ejemplo. creemos. The G reek Rom ances o f H eliodoru s .) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. tengo sólo el escudo de la libertad. aunque en el nivel más material. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. ill. Y al más escéptico. 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre. mujer. desnuda. la cual no puede ser azotada por los látigos. y ésta yo no la rendiré jamás»]. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego. que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. Libertad¡»]. Quijote. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà.ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte.) yo. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida. Estas magníficas pa­ labras. 1605). I. que revela. pues. 474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. Implora. rica. también el que los amos de Leonisa. tanto más radiante en las prisio­ nes. con su acostumbrada travesura. p. que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons.·. ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. poderosa. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. pues coinciden con su pensamiento fundamental. algo paradójicamente. exaltador del libre albedrío.. 1263). Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular. lisonjea. promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo.. . prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. se explica. Liberty!» 31. parecida. pudiendo usar fuerza. y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». del amor libremente correspondido32. Quijote. El pensam iento de C ervantes . Melita. L angus a n d Achilles Tatius. 87) [«(. 32 Véase Castro. diferente de todas éstas es la de Leandra. quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. esencialmente. caps. TV. Cervantes le amo­ nesta.

A pesar de estar por completo a la merced de Melita.] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo. Fammi adunque copia di te stesso» [«(. percioche tu conserverai la mia vita . lo cual resulta cada vez más di­ fícil.. durante la ausencia del marido. según se ha dicho. en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras . a quien. Sin embargo.) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro.) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (.) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (. 68..) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio. que. resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro. que ya me está faltando»].. 144).) se ha ido a visitar a un amigo.ciato ne di dir.. fiel al recuerdo de la desaparecida amada. pues Melita no deja de intuirlo. 75). más bien. Así.. de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. me hagas un favor (. me parece amar a una estatua»]. Los amantes... pues.] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico. finge querer servirle de medianera a Melita. que. 310). a su tentadora. 67. leño u otra materia insensible. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte. [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»]. A me par di amare una statua» [«(. recurre por fin a Leucipe.. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [.. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel. Cli­ tofonte. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel. 74.] ben ti prego che in cose che tu puoi. aprovechándose astutamente de esta situación. mi facci una gratia [. tomando en cuenta sus obras conjuntamente. 72. complá­ ceme»].. che possano muover gli nomini ad amare».. lo re­ produjo en casi todos sus detalles.. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía. o altra materia insensible.) te ruego..) (T. con toda clase de pre­ textos ingeniosos. en lo que tú puedes. desesperada. por su pa­ sión.. che ho usata verso di te [. 1599). Clitofonte trata de evitar. ne di far alcuna di quelle cose. Ésta... in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro. che gia vien mancando» [«(. con lo que tu salvarás mi vida. Leucipe promete servirle o.. o legno..

sin duda. por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34. como. aunque a diferencia de Melita. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. p. Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. Sin duda. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. ¿por qué no te vas con él?» (68). por ejemplo. 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio. ambos vueltos al cristianismo. sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. después de suplicarle éste —y todos los cristianos. en ocasiones. ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». porque ella es bella y joven. Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas. que el Cadí se apasiona de Leonisa. con cierta indulgencia compasiva. «quien tanto la quería». con el propósito. despre­ ciativa y. Halima desea sexualmente a Ricardo. que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección». con facilidad dio lugar a un mal deseo». incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». pero esta . Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal. que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). por ejemplo. (N o v e l to Romance. la lujuria. porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». muy significativamente. de evitar la repetición.anteriores. Esta acti­ tud. todos los creyera» (825). U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias. entre otras. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar. Aceptada esta sugerencia.' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. que. al abrazar Leonisa al Cadí.

de no percibirse su propósito. amo pirata de Ricardo. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas. 23. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. 29). XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»]. sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». con plena libertad de volunta­ des. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. del modo más metódico. siempre arbitraria. pp. la condena de su inverosim ilitud es inválida. aunque. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. E n o p in ió n de m uchos críticos. que. en una conveniente batalla naval (826-8). «le dio un dolor del costado tal. la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. Les romances grecs. Por otra parte. por causa de la doncella robada. Sin embargo. que varios críticos llaman “triunfal”.A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. 36 La persecución de una nave por otras. . Chassang. hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. le advierte a Ricardo. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. claro está. que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. Respecto a esta batalla. por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. 824). a Fatala. Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol.

] before nume­ rous spectators»37.. spectacular sort [. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. and wishes that she may hear o f his fortitude [.. y los vivos malheridos. . comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador. con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos». [«T. p. 95. rindiendo después «la galeota de Alí.] continually calls upon Chariclea. que sin defensa estaba» (827-8)..]?» (Persiles. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39. ante todo. O tro oyente. y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos». 1586). Durante la batalla. espectacular de continuo apela a C. «possesses active courage o f a theatrical. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff. deseando que ella oyese de su fuerza (.. «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada. y sabe a qué atenerse» 38. 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos. este esgrimidor. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes.muertos. En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas.. Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles.) frente a m uchos espectadores». The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction... pero cierta­ mente no heroica. ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho. quizás discreta. Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín. con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810). este corredor y salteador [. de mejor condición que la mía. en otra oca­ sión. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen.. 150. ni de más altos pensa­ mientos. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa.] 38 Castro. 1623). por ejemplo. p. El pensam iento de C ervantes. p o ­ see valentía de un tipo teatral..

Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla.] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes.) se mostraba honesto y amabilí­ simo. con su boda y las fiestas y banquetes en su honor. “pura”. et p ru­ dente. si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras). y Callisthenes (99-115).. de quien pronto se enamora perdidamente. con «ad­ miración y contento» de todos. más que el mismo Clitofonte. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo.. el verdadero. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113). con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte. a servirla desinteresadamente. [«(. La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana... después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad. las «luminarias [.las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil. su boda y la de Mahamut y H alima. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto. a todas luces. Callisthenes decide raptarla. sugirió a Cervantes.. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande. et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [.]. benigno.. pero. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín. rapta a Calligone.] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo...) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (. benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (. a su padre. juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe.] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [.) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». Al volver a la patria y devolver a Calligone.. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: . por error. Es oportuno detenernos en este personaje que. con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe.. nos dice Cervantes...

[«(. en cambio..] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone. afeminado. de voz meliflua y de amorosas palabras. etc. Leonisa favorecía. cruel.. en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate. Ricardo le lanza indignados. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio». Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. abandonando a Leonisa desmayada. al comienzo. en realidad. o a lo menos desde que tuve uso de la razón. sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [. un poco más. al encontrar al repatriado Ricardo. Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo.]. suaves. todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados». Tersandro.. etc. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114). al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada. Sin embargo.) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello. finalmente. cobarde. indolente. es su total incomprensión del verdadero amor. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio. egoísta.). El problema fundamental de Ricardo. «mancebo galán.ma quel che ho fatto poi. .. «comienza a tem blar de miedo». 812. inca­ paz de acción.. no muy desarrollada o ca­ rente.. soberbia. de blandas manos y rizos cabe­ llos. Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años. a C or­ nelio. no sólo la amé [a Leonisa]. ¡oh enemiga mortal de mi descanso!. [. al negociarse el res­ cate con los piratas. «no movió los labios en provecho» de ella. è stato per elettione et per giudicio». más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase». 829. atildado. (811. coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. en aquél. llégate.] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40.. y. y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [.. hom bre de meras palabras. ocioso. hasta en situaciones muy cruciales. pero éste no es en modo alguno una mera copia.

. sus padres favorecen a Ricardo... que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—. por ventura. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres». el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna.. De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . mercaderes. (810-11)4'.. etc. 5-33. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso. nótese. ¡«pagando mi voluntad»! (810). «pone los ojos» en Cornelio.se estructura. favorece Leonisa. Aspereza. ni poder.. soberbia y mal considerada don­ cella [. . ¿Por qué. En efecto. como afirma con orgullo y convicción..] ha de querer. pues.que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte.]. Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio. pp.. ¿piensas. de sóli­ dos valores morales y sociales.. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste. cuando ella. cuando se encuentran en el cautiverio. le dice. obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [. ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [. Sin embargo. Ricardo los ofrecía siempre anticipando. joven discreta. según todas las apariencias. como la cosa más natural. acabe con ella la vida [. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830). etc. Éstos. intere­ sados en tener un yerno rico. a tan despreciable individuo. toda la obra: todos esos piratas. con total independen­ cia.]?».]. presunción de Ricardo.. sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso. H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). «siempre fui mía» (830). de buen gusto. con el especí­ fico. presumías de ti algo más de lo que debías» (824). pues. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios. en efecto. ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada. arrogancia.] que este mozo [.

«aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. pero. en rea­ lidad. se afanan en comprar. En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa. debiendo separarse de ella. pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. que es. lujuriosa (816-7). la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo. aunque con ello arriesgue su propia libertad.obra. que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual. y al fingirse enamorado de Halima. por sugerencia de . cargada de «gruesas perlas». esencialmente. aunque sólo fingidamente. de esos mercaderes del favor amoroso. también por primera vez. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. como mercancía cotizable. Ricardo pierde a Leonisa. entre su amo moro y Leonisa. Al tere ear. quizás para siempre. en que Leonisa. encontrando en ellos. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos. El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. él no se distingue. Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. el amor de Leo­ nisa. ante todo. pero en sus entrañas percibe. siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». una correspondencia sentimental. la ine­ quívoca expresión del genuino amor. por primera vez.por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812). empezando con el intento inicial del rescate. mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. de un modo u otro.

Por todo esto. indiscreta. Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [. Ricardo. sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal.]. hasta a riesgo del mayor sacrificio.. no le entrega su voluntad. le advierte Leonisa. a pesar de la impresión tan contraria que le causó. que del mismo modo se une a la de ella. Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es. en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo. de . contra su propia voluntad. 824). su «llano proceder». sólo lo es cuando es librem ente correspondido. Al contestarle Leonisa: «Tuya soy. en realidad. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que. Por esto. 823). en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon.. a la vez. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587). nótese («¿es. imposición o condición alguna.].]! [.. al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte». durante el cauti­ verio. Ricardo... De hecho. sino que la une amorosa y armónicamente a la de él. tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos. das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben». reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824). sin exceptuar la gra­ titud. la conducta de Ricardo era presuntuosa. por ventura. sin obligación....Leonisa.. el que por elección. y. purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa. en presencia de «su felicidad y contento».]».] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [. «llana» y «humilde». que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [. y tuya seré hasta la muerte» (830). Leo­ nisa es suya [. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas. renunciando a ella. Todo el desarrollo de la acción. con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor. sacri­ ficándola.. impulsiva. y ella. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada. la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?». precisamente. según a ve­ ces se concluye. sometiéndola a la de él. el más precioso don humano.

en la dulzura del cuadro. Ale­ mán. Sin embargo. la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. la cual. Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles. Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro». p. 4. particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio.. 255. como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. Gil Polo.nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit.] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43. U llstein . pp. El amor es criatura de la libertad. 31. en todo caso. 44 L ópez Pinciano. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional.. con frecuencia ameno y variado. novelistas cortesanos. an­ terior a la Philosophia Antigua Poética. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . sin excluir a Pin­ ciano. La profunda influencia de las novelas bizantinas. etc. sobre todo. A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y.). Frankfurt-Berlín. en la suspensión del ánimo en el relato. Calderón. en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [.. Lope. 1980. N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [.] de su complicada trama. 214. D ié K u n st des L iebens. niemals das der Beherrschung » 42. nunca del dom inio»].. A diferencia de otros autores contemporáneos.. la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria. indicados (no exhaustivamente) en este estudio. pero no de­ cisivo. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor. 45 Shepard. . 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro. Philosophia A n tigu a Poética. novela intensamente influida por la de Heliodoro 45. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica . 167. p. «H eliodoro y las novelas españolas». p.Martín Gabriel. Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616)..

al fin su personalidad. in­ sensible. The G reek. . 137. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina. Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. justam ente. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. Importa casi sólo la acción rápida.a place much more important than they give to character»47. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. sensacionalista. discreta. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario. de forma muy importante. cuya eficacia depende de su utilización moderada. en suma. articulado en el Persiles. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior. inteligente. 240). casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. no aparece significativamente afectada por ellas. en suma la aventura exterior: «It may be inferred. constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. p. and rightly. p. con algunas excep­ ciones. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. 26 [«Se puede inferir. El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. diversa. en su ingeniosa. en su iluminadora. T odd. abusivo. dinámica. Sin importar la fecha de su creación. aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. 47 W olff. Som e A ncien t N ovels.artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. inevitablemente recordaría al del Q uijote. ennoblecedora exploración de la condición humana y también. sabia técnica narrativa. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador.

pp. a la vez. 241). sino más bien. a la vez emulado y superado por él. pues. de la anagno­ risis. Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. pero. del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje. nuevo. 78. eficaz. ante todo. de novela bizantina. aunque no por com pleto satisfactorio. p. Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. Cervantes la utiliza. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. 89). pertinente y útil. pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares. p. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. de novela de aventuras. en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. 30). Sin embargo. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!». lo que en ella se representa. moral se complementan y funden armoniosamente. también la convierte en instrumento ingenioso. pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. que se caracterizan por «el tiem po de aventura». I. exterior. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. de la gradual reve­ lación interior. En este proceso tan excepcional. asimismo. para un relato interesante de la acción novelística. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. . con nom enclatura errónea.nica narrativa bizantina. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico. precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones.

Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. Castro. 109-131.. 88 ss.R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. El pensam iento de C ervantes . «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo». 2 D unn. Casalduero.. La novela picaresca española. que no lo es en absoluto. 45. personajes. en cada caso. Sin 1 Apraiz. detalles técnicos. p. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. pp.]. «Sobre el realismo cervantino en Rinconete». pp.]» (Evangelio según San Mateo. G onzález de A m ezúa y M ayo. 8. pp. Zamora Vicente. en efecto. N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. que representa «una picaresca diversa [. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”...] que supera una visión unilateral [. pp. Estudios de literatura espa­ ñola. 1. cua­ dro de género picaresco». 2). VII. H ainsw orth. pp. pp. El Saffar. que es «una novela de picaros. pp. 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo. la más famosa novela picaresca3. 18. 31. C er­ vantes creador de la novela corta española.. 43-47. en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [..]. Valbuena Prat. Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca. Casalduero. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. entre m u­ chos otros. que sólo lo es en parte. La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. pp. il. Y. epi­ sodios. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria. e t c . E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca». p. Varela. 436-441. 30-40. Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. «Estudio preliminar». N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios.. . 230-9. pp. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf. p. 43-46. nuevas funciones del préstam o2. Pérez M inik.. que sólo «roza motivos picarescos». diferencias. 97-8. pp. semejanzas. 314-342.. entre otros. para destacar. Blanco Aguinaga. 41.

pp. en parte. despeñándose tras el gusto presente. por el estímulo inmediato. L a novela picaresca española. 5 Vaibuena Prat. indiferentes. sin respetar ni mirar el daño venidero» (254. p. ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace. Quijote respecto a los libros de caballerías4. todos estos estudios comparativos. pode­ roso de Guzmán de Alfarache. 298)6. moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. . de su representa­ ción de la experiencia picaresca. indicando la página. de casa de su padre». con algunas obser­ vaciones penetradoras. Los picaros en la literatura. 9 ss. ineptos («va huyendo de su amo. pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [. La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599.embargo. lo que prueba su inmediata gran popularidad. pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. 32-36). a menudo. pp. huían de casa por varías razones —padres o amos crueles. con varias ediciones en los años siguientes. estrecheces económicas—. sobre todo. en su rápida narra­ ción». 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A .. Vaibuena Prat. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia. Rinconete y Cortadillo «representa. como el mismo Guzmán. La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. en definitiva. «Estudio preliminar». En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. pero. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. sino de advertencia crítica. in­ quietudes íntimas y. en parénte­ sis. 42. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. L a novela picaresca española. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra.]. sin duda alguna.. su genial formulación artística. tras la cita. de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. quienes. apa­ rentemente común en la España de aquella época. de «mozuelos caminantes» (299). Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. en lectores desprevenidos. 258). de hecho. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo. «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. véa­ se Parker. en que a menudo se hacen valiosas sugerencias.

en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. según ya se ha suge­ rido. En el ma­ nuscrito Porras. Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». pues volcando el 6. países extranjeros y caminos siempre diferentes. o poco después. especí­ ficamente. aventuras excitantes. Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. XLVll. sabidas. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. aunque pudo escribirse ya en 1599. la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica. 1605 (cap. Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9. corrijas las tuyas en ti» (391). a este modelo literario. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo.personajes cervantinos. para que me imites a mí: antes para que. sin entendimiento ni gobierno» (271). sucesos inusuales. año de la publicación de G u zm án de Alfarache. lógica. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. la fecha 1569 sería ideal. a cada paso.] hallé» (271. esta «buena vida picaresca». que aquesta confesión general que hago. no es. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache.. a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos». 1248). de encuentros sorprendentes. ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. si quieres oírlo. nos dice Cervantes.. a diferencia de Avendaño. este alarde público que de mis cosas te represento. . Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple. el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569». pero. ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona. aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. ciudades. llenos. que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. 301). por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica.

como vamos de Castilla a la Andalucía [. a veces forzadas. imprevistas. sin las molestas preocupaciones. I. para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [.. al menos por un rato. A diferencia de D. Sin embargo. Quijote. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales... enamorados de las novelescas aventuras picarescas. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas. Quijote.. pero. entre otras cosas. Así. de moldear su vida. que considera verdaderas. “romerías”. Andalucía... Rinconete y Cortadillo. huyen de sus hogares. deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas. el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [. [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (.. 34). vol.. D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache. que es todo el que los rodea.. el primer padre fue alevoso [..) sirve. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco. «En la venta del Molinillo [. «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance.]» (308. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón.. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0. otras. p. este ¡«almíbar picaresco»! (301). desde que se encuentran.] se van a dejar llevar. 339).. «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida.]. para emular las de los libros de caballerías.] serves».. por el acaso» (Blanco Aguinaga. peligrosas y..y en la astucia. p.] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años. casi siempre. quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas. como D. N o ­ velas ejemplares. 33). entre otras cosas. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”. a veces pro­ bablemente m uy sinceros.. «Introducción». «Cervantes y la picaresca». que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca». las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales. al azar. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo..]. «los dos m uchachos [. pues.]. Sevilla. se hallaron [. 338).] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia. Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce. otras... sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres.] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso.

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
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procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

.]» (458).].] y así se iban corridos [.. si acaso por el aprieto se le caía [... posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[.. sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [. respondió: [.].... acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [. pero siempre salvándose de algún modo del aprieto..... etcétera (838).] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses...·.] no debe de estar perdida [. con media capa menos [... .. le dije [. que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [.“oficio”. típico m odo expresivo de Sayavedra.] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado.]» (838).] esa bolsa [.] con extraño disimulo.. y sin turbarme. en «jactancias en el hablar» (460). Cortado le marcó por suyo [.... A menudo utiliza refranes.] benardinas. “profesionales”. sin al­ terarse ni mudarse en nada.].] tener paciencia. el sacristán le miraba de la misma manera [.]. únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[... (459). como sus cómplices... en su buen discípulo.]. y donde las dan las to ­ man». tener paciencia...] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461).. particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos.]. es decir. que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [.. con que «embe­ lesa» a sus víctimas...] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S. antes con rostro alegre.. lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 ... He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra. Cortadillo: «para todo hay remedio.. Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo». etc.. Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes.. Sayavedra dice que «el pecado [.. Martín.]». sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [... día de juicio hay [.. En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo... le co­ menzó a decir tantos disparates [. ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos. que de menos nos hizo Dios [.]. U n a mano lava la otra y entrambas la cara [.. Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos.. cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458). refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [.].. que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día. si no es para la m uerte [..].] (457).

como si fuese convenido desde el principio (295). es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. Prescindir de este lance. pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes . le exigió pago. las «memorias» de Alemán. «me­ dio amo» de Sayavedra. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». al terminar el viaje. quien. 126-7). por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836).. que de se­ guro. .. literario. D e acuerdo con nues­ tra tesis.. lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos». inesperado. pues. ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán.]. con tan cuidadosa. D u n n advierte que. uno de los caminantes. En suma. en circunstancias tan oportunas.Poco antes de llegar a Sevilla. por «generosi­ dad».. de algún modo. Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res. pp. ¿no equivaldría. que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje. «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán. ya están contemplando20. Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». «medio amo [. sino más bien en el programa picaresco. entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. excepto si no se presupone radicado en su ánimo. En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso. en verdad. algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [. en cam­ bio. admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente.··]».] parece m enos simpático y más de acuerdo. según recordarían. p. pese a todo lo entretenido del engaño. por parte de Sayavedra-Lujan (385.de la camarada» (836). con que consideran pro­ pio. a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí. pues tan extremado cinismo resulta. 174). con la víctima tan desprevenida. en efecto. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis. en su carácter. 391). esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño. el arriero. tal com o en el Q uijote. 20 Sin percibir la imitación que sugerimos. a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores.

una ca­ misa color de gamuza. [al] otro [. Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz. for­ mas. sabe mudarlos con la mayor destreza. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4).. ni de ser ha­ llado dellos». rotos y maltrata­ dos» (834). los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924). para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas. “hatillos”.. quien. un sombrero sin toquilla. bajo de copa y ancho de falda [. hijos de familias “honradas”. particularmente a los picaros “novatos”. explica Guzmán. vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). auténtico camaleón en los vestidos. Por esto. no teniendo «mucha gana de volver a los suyos. un cuello [. quien.«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido. para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos. antiguas funciones. Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne. «Vestidos de mezcla» (324).: «Traía el uno m ontera verde de cazador. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego.].] en el seno se le parecía un gran bulto [. A todas luces. pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas. y recogida toda en una manga. proveniencias.].. encerada. Al salir de su casa. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa.. bien es verdad . observa Guzmán (324). “mangas”.. como podría decir con más razón que nunca Guzmán. en que traen ropa “para rem udar”. etc. festi­ vas. prácticas.... y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. según se lo piden las cir­ cunstancias. de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”. se deshace de sus vestidos.] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto. pero engaña de ordinario». Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar. colores.. que todo parecía hilachas» (834). con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”. el otro. como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo. que donde falta conocimiento el hábito califica... que al hombre pobre ninguno le acomete.

desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». que los tiene «arrinconados» (269. 320. inescrutable e imprevisible.que lo enmendaban los zapatos [. ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269).. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida».. 435)? A la “suerte”. y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. dio noticias de mi habilidad al corregidor. por habérsela robado en una venta. según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. el cual. por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254. 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835). que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán. aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo. por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez. siempre enigmática. Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). buena o mala. coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria». Diego del Rincón. pero convencido de que «contento no existe en el mundo». sobre todo. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834).]. a la «fortuna» [. de lo cual hay repetidas menciones en la obra. aficionado a mis .. de manera que más le servían de cormas que de zapatos». asimismo como Rincón. y. se queja Cortado. Rincón y Cortado parecen espantajos. quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835). que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”. El nombre mismo. obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834)..]. en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. que el mozo adopta para su vida picaresca. sin suelas. claro está] (323). se queda «sin capa». al «destino». inveterados. suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí.

quisiera verme.]» (836). 108). p. «señor gentilhombre». y. «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. el “me­ nor”. la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos. pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. y Sayavedra: «me reconocía por amo». ha dicho [. «vuestra merced». Con «vuesa merced». «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. por ser humilde. es aceptada por ambos mozos como natural. didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas.] como vuesa merced. y así salí de la ciudad» (835-6) 21. sino. En efecto. en efecto. itinerarios: «Allá vamos [. así habla Rincón. el “m ayor”. en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm. de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen. a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre». «señor». 29-44). no quiero tratar con personas tan graves.buenas partes. 324.] y serviremos a vuesas mercedes» (836). «se­ ñor caballero»... cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852). También la tendencia morali­ zante. «señor mancebo». armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835). Esta relación. 22 D e tenerse en cuenta. N o v e l to Rom ance.). Cortadillo y Berganza». pp. señor Rin­ cón. Y Cortado.. etc. de un remedo fiel de esa incongrua.. que es el “mayor” de los dos. 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. pp.. casi siem­ pre. por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán. esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra.. . que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero. que. dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22. suele consentir: «Sea así [. que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5). pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835). tam­ bién en esto. acreditativa de su nueva vida pica­ resca. mas yo. Mas aunque no me lo mandaran. procuré de no verme con él. y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. «información de hidalguía» (323. 32-36. en cuidado lo tenía. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.

pero utilizadas por los picaros. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar. es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. Las palabras son “cortesanas”. 61). Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”. Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo. sino con la pretensión de ser auténticos picaros. aburrida. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38). De todos modos.] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados. 461.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. que a la postre los empujase a escaparse de casa. 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos. p. esa «vida estrecha». hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo». la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836). López Estrada observa: «los m ozuelos [. aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas... diferente de la nuestra en su premisa inicial. . Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca. en familias ricas o no. pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836).435. pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321). T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos. cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello. C om o señala también L ópez Estrada (ibid. sabiendo leerse los pensa­ mientos. algunos personajes intuyen la pretensión. Ambos concluirían. en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24. sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto..) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas.). E n su interesante "lectura” de la novela. ¡cuántas más mejor!. pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios. quienes. 453. Sayavedra y otros picaros23. etc. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [.. no importa si aldeana o urbana. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia. uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse.

] [asegurando]. Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise. pero esto.Entregándose. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino. y no por adversas circunstan­ cias sociales. Todo lo contrario. Since the m ask itself represent evasion:. y C. en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255). tierna y estrechamente» (836). p. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. [«A diferencia del verdadero picaro. R. Ya que la máscara m isma representa la evasión. Rincón: «pienso que habernos de ser. y C. Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia. Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27.. sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. único fin de ambos.. etc.] ha de ser perpetua. el robo al francés. 36). no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción. y Rincón a él. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro . comencémosla con santas y loables ceremonias. Quizás todo sea muy sincero26. ho w ever. que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. y de que son muy conscientes. Y levantándose Diego Cortado. con el estribo [. verdaderos amigos». de éste hasta el último día de nuestra vida. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos.).. pues. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas. está distanciada de la sociedad». económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal. abrazó a Rincón.. en sí. indistinguibles de las del modelo literario. R.] . y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [. en realidad. «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25.

«como necesitados». dejando al arriero agraviado y enojado [. no cabe pensar en un propósito imitativo. le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [.]» (836). . al reconocer su esencia.. según la práctica picaresca (462). concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que. gracioso. «Ver» ciudades. con propósito y convicción ab­ solutamente serios. por ejemplo. «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. a diferencia de éste. Después de la treta con los naipes en la posada.. como es natural. Según ya se ha sugerido. com o en el engaño al arriero.] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial. deciden repudiar la vida picaresca28. «temoroso» de que los perdedores. Ocurriría así com o con D . es m uy posible que en ocasiones. 6 8 ).. por ejem­ plo. a los cuales todo su ínsito alegre. resultan inevitablemente cómicos.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. Q uijote.. unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. así. Guzmán. pero. Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura. sus intentos de asumir unos caracteres. Q u ix o te ’s Profession). de hecho. asimismo como D on Quijote. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran. Así. como. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. saltaron delante de las muías y se fueron con ellos. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 . ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo». Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz. Claro está. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos. juguetón.tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos. el gran concurso de gente del río» (836). quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás. en la interpreta­ ción de Van D oren (D.. que les hacen imposible. aunque qui­ zás las evoquen íntimamente.. p. el pesimismo y el cinismo de éstos. sentir y.

asimismo como Guzmán en situación análoga. fue tanta mi alegría. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos.. fuentes.. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro. De todos modos. tan exaltados en Guzmán de Alfarache. las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación. ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. bosques.. con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey». G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río. lastimar. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836).]. para con ello ganar de comer» (321).. y de qué ganancia» (836)..... Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella. casas. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. los lugares. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321). informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél. «en especial y primero su iglesia mayor».. y si era de mucho trabajo. estatuas.rarse» de sus «cosas curiosas».. les da sobre las prácticas. «toman bien de memoria [. el «asturianillo».. Sayavedra y otros picaros dromómanos y. ríos. de quien comencé a tomar liciones. A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid.. plazas.]. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán. . que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29. palacios. jardines. una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia. cómo había de compadecer [. y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836). los instrumentos. a menudo..]. Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma.] toda la lección» que un mozuelo. «cuya vista les hizo suspirar. visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [. [.]. que no sabré decir» (432-8). con óptimos resultados: «Dime tan buena maña. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos. de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles. obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban.

]. Por esto. le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [.. 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo. cómo me llamaba. quien «cargóle muy bien... examinó mi vida.. quien «hacía confianza de mí. dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre]. esto es lo único que los dos buscan. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro. pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309). de acompañarle». se encuentra con un soldado. Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [. y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda»... Evidentemente muy consciente de tal “error”. y apar­ tóme a solas [. sabiendo de dónde era.] al cam ino a la ventura [. Mu­ chas veces me lo dijo.. nuevo es en ella.. . ayudarse.] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30. así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles. éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma.] de la buena gracia del mozo.. Y Rincón. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase. contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [...].parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad.]. y quien «se contentó [. a darse avisos.]. por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837)..] me cobró amistad. Como esportillero. y díjole que si quería servir.] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro].]. que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837).. según se viene viendo cada vez más cla­ ramente. y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309). Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos. sabe poquito y nos destruye [.. Desta continuación y trato [... como esportillero. diversión. “liber­ tad”!... a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse». Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero.. Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [.. entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456). 342). enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba. Destruyenos el arte [. cuándo y a qué había venido». de lo cual se arrepiente mucho. Guzmán encuentra a un «despensero».

] ¿No lo en­ tienden? [.advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores». como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9). para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). en que explica su extraña... y beber. com o m odo ejemplar de vida. y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla». que se describe sólo con unas breves. mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar. Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?». con una cu­ charada de plata [.]. seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste.. Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31.] por escrito [. para los novatos. di­ recta. la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día».. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio. algunas funciones del “protopobre”.. ... pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas. indirectas referencias. rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio.. ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [. pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [.. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes. Este mozo de la esportilla desempeña..] Pues yo se lo daré a entender. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [. dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [. requieren explicación. quien empieza a examinarlos: «Díganme.. a su vez. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839). A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio». Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo.] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve.. deformada. «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia».. pero sincera com­ prensión del mundo.]. o no? [... pues. con pintorescas voces germanescas —que.] las ordenanzas mendicativas» (342-3).]. vaga. según se verá más adelante..

que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo. éramos de él amparados en cualquier peligro [... De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [. atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes ..].]. dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [... Este Capitán no era como esas «palas [.. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32. pues.] es santa y buena [.. dice: «vuesa merced alargue el paso.. vaga. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [.]. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io... que muero por verme con el señor Monipodio. jefe de la cofradía maleante napolitana. y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare. Rinconete.... que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”. N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [.]?» (346).]. provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [..] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio]. La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio. inexplicablem ente.... pero.]. «era [.] ser solomico [sodomita]»? (839-40).. pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839). al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías. creador de la novela corta española.].. de la novela de Alemán. A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán. «su maestro. Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela. «Sobre el realismo cervantino . Tendencia. Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante.] nuestra lengua. 8 8 ).tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [.. su jefe... la orden que tiene dada Monipodio [. y su amparo» (839). p. Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre.].. nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia. «que de suyo era curioso» (846).. según Sa­ yavedra. ¿no es peor [. tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33.

así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio. quien. sus derechos. quien es tan «calificado. y su fi­ ciente» en ella.] en todo siempre» con sus cómplices (459). con que mantiene «buena cuenta [. El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. según se desprende de las «ordenanzas». inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo.. —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459)..]. Este símil. sin defraudarme [. dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo. — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae. «de todo aquello que por su industria se hurtaba. 414).. justo será que le dé una pechuga». 441). llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846). El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio. D e allí se fue al notario. H ablóle [.sacaba sólo «su quinto. dice Monipodio. junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della».. con estas buenas palabras y su mejor favor.. con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459).].. coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa». Cuando Guzmán llega a Roma. según le pertenecía [. El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”.. y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839). inspirado en la historia.. según se verá. N u eva versión..]. es Micer Morcón. en otra versión.. p. «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar». R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón.. pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [. .]. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán. En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. hábil. derivada de las dos antiguas. donde asienta los préstamos y las deudas.] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345). m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461). al dar la “bolsa” al alguacil corrupto. «generalí­ simo nuestro [. quienes. reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p. 34 C om entando este refrán de M onipodio. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina..

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
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de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber....]. prometiendo castigar ai culpable.. deshonradas. 53 54 . Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios. pero más se embravecía echando verbos. sujetas a los hombres malvados. sino también com o evidencia de amor. cura con ella mi vida estando mala». le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158). etc. crueles.. afrenta­ das. Así. quien acaba de matar a su primera esposa. claro está. honor.]» (La n ovela picaresca española. si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847). A.. y levantó el brazo amagándole un bofetón [. que dio a la Cariharta..].. abofe­ tean. dejando tal decisión a él.]. Desahogada la furia. el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora. Gutierre. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. la “honra” de todas las partes. p. Y ella desea mucho que él le pida perdón. pues... en G u zm án de Alfarache de M. ed.. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes. pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda. corridas. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. m ostró enfadarse [. estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo». los dos quieren hacer la paz.]. pero esto no es nada fácil. pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”. es refrán vigente en el m undo hispánico. pues hay que salvar. después de «tantos azotes. La Cariharta se mantiene “ofendida”. 661). como toda “genuina hembra”.. con el correspondiente comentario del autor.. sin excusar ni recoger hierros». con la pretina. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean. la “dig­ nidad”.sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. entonces nos adoran» (163)55. que debía de ser el respecto. de­ jándola «por muerta». dando por excusa que [. que las venden y empeñan. sobre todo. H íz o se m uy bravo.] que no lo puedo más encarecer» (846)53. en El teatro de Cervantes. por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho». Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. “intransigente”. En la última escena de El m é­ dico de su honra. aunque referente también a otras relaciones de familia. L u­ jan: «el uno. el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. la Cariharta com­ prende. tiradas de unas partes en otras [. que «a lo que se quiere bien se castiga. que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54. Valbuena Prat.

Reto por reto. a su vez. en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer». con esa «sotomía de muerte».. "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 . 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano. quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta. radicada en la vanidad. dice D . mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza. Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros. Lope de Crespo.nina”. Es esta clase de posturas externas. aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos. Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos. escena 5).. temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”. amenaza. Y al fin..]: ¡Vuelve acá. pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [. Sin em ­ bargo.. fanfarronas. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare». Monipodio la ayuda a detenerlo (847). sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes». Monipodio amonesta. también jura com o yo».]. no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847).. se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”. ladrón de «palomas duendas» (457).. caballeros [¡!]..]» (847). Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. pero en la realidad. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [. la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar. (El alcalde de Zalam ea... cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa». que si se hubiera imaginado que se decían. a m enudo. El Repolido: «También tenemos acá pandero [. no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido». atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche. «¡Ea boba [. y más cuando ven que se 56 Sayavedra es. y.. jornada II. última escena.]. valentón del mundo y de mis ojos!». amenaza el Repolido. La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„. ¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!. que ahora hasta habla de casamiento. literalm ente.]. jornada I. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes).]. .

dense las manos los amigos... Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo. ya divulgada en toda la sociedad.enojan los amigos». y tan sin necesidad de templarse» (848).] en el concurso de gente» (457).]. ¡Diálogo encadenado. ni el Marión [Arión]. de una admiración de las innovaciones lopescas. 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes. cla­ vijas ni cuerdas. con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. como también en otras partes. 1. Sin embargo. tan sin trastes.. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín». y pues todos somos amigos.]. Traducidas en clave pertinente. ¡Reconvención rimada.0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos.. su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas. como en las comedias! También Chiquiznaque. ni el otro gran músico [Anfrión] [. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [. como todos los “cofrades”. todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”... hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música. por ejemplo. con variaciones de rima. .. si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo...]. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos.... nunca inventaron mejor género de música [. «un galán de esta ciudad. un «plato» roto. como en todo. ritmo. Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61.> (4 1 7 ).. más barata» jamás inventada «en el mundo». también ellos han oído rimar y pue­ den rimar..] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [. revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor. que se pica de ser un Hector en la música» (848). Monipodio. y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [. la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [. re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas.]. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59. frecuentan las comedias. Maniferro. Los ignorantes “picaros” se harían así eco. una «escoba de palma».

re­ gocijos. Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar. “H onra” que era. desenlaces de las comedias de honor.. y que. iróni­ cas implicaciones.) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme. 113). p. basado en tan precarias.les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”. supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas. M Véase nota 58. a m enudo. estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral. A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [. P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente. en todos sus aspectos esenciales. pues «sería un gran cargo de conciencia». habla el autor por boca de su personaje [. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”. esto es evidente [. y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente.. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes). dilemas. claro está.] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos». canciones. En el m ism o fin “feliz”.. solía causar super­ fluos. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2. con banquete..]. al sentido común y a la razón... (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [.. de un m odo u otro. que se re­ vela...]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ». y que Cervantes condena.. A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz. que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta. irrelevantes para expiar la ofensa64. 62 L op e. una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad. Su mirada aguda se concentra. Como en otras obras suyas. sobre todo. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les. cómicos.. técnicos del teatro contemporáneo. . con frecuencia. en efecto. irracional. hay m uy penosas.] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [. música. brutales relaciones personales. es el gusto más» (1848). también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. 85063. decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!. cuando no trágicos conflictos humanos (631).. por inmoral. dignos de emulación. si el enojo es grande.]. en efecto. por esto..

enraizados prejuicios individuales y colectivos. Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. . para divertir de cualquier modo al vulgo65. 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes. Respecto al banquete. «despoblando gallineros». repelente al lector atento. La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan.] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. reformadora. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837).. ( G u zm án de Alfarache . pero las “comedias” que los refle­ jan.] de las costumbres» (Quijote. Ciertamente. continuas. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. C on este trasfondo. a la virtud. pues. etc. se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa. «respetos» de aquéllas. un «es­ pejo [. en suma... pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. claro está— «Pues.Muchas «comedias que ahora se usan». convirtiéndose en influencia negativa. que se exige aun para las em­ pero.. de hecho. eran. Así. el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. diestro mío? [. peculiares de los clientes. En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la. com o en todo. por rústico y torpe que sea» (ibid. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. evidentem ente. 457). ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer. mecánica. pero no para que de ellas saliese «el oyente [. al sentido común y a la razón. sin ver comedia alguna. que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. ¿había de faltar. de las más deplorables.sangre). por ejemplo. de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54). D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. 1253) contemporáneas. con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega.] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). 351.). exaltándolos como heroicidades. El “asturiano”.. asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social. «respondió la Gananciosa» (843)..

La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad.. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. por eso. la falta total de educación. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. rústico y desalmado» (852 )66. 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males. ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67. en nombre de altos ideales colec­ tivos. hueca práctica externa. entre otros docum entos literarios e históricos. al m enos en m o­ m entos. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598). en gran parte. supuestamente educada moral e intelectualmente. se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. por causa de su abismal ignorancia68. . una ridicula. disfraza cínica. hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal.. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano. supersticiosa. mientras que la sociedad “normal”. com o sospechan algunos lectores (Buxó. culta.presas más insensatas e injustas. quien después considera necesario y justo emularlo. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. H ayes).daré”. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. “educada”. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades. siendo un hombre bárbaro. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás . empren­ didas sin maldad ni cinismo69. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”. La ignorancia. hi­ pócritamente con la máscara del bien. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. más malos que ignorantes. 67 En la literatura erasmiana. una perversa hipocresía o. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. tan sólo una diferencia. cuando menos.. que. así exime. esencialmente. en rea­ lidad. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden. mientras que la socie­ dad “normal”. Hay. en todas sus manifestaciones esenciales. hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). sin nin­ gún escrúpulo. a la ignorancia del “bien”.

sin diferenciarla de la lícita. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. 140). Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. . a su espíritu tan corrompido. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”. responsables de sus actos. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera).. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve. «donde tenían grande deseo de verse» (836). que a menudo nos hacen sonreír. pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano.. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. artístico (436). p. [«(. 71 F ox habla de un «cracked m irror».gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70. porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. la de todo el mundo. específicamente. que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. que no son. que produce el arte. y que casi no se mencionan específicamente en el texto71. Señor!».) espejo resquebrajado». histórico. grande o pequeña. apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. al corazón mismo de la ciudad o más bien. en realidad. «¡Perdónalos. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros. sino la de todas las ciudades. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». curiosos de conocer Sevilla. consciente de la maldad que enseña. y que es cosa muy distinta. Sin embargo. grotescas. la de cualquier congregación humana. la que Cervantes se propone revelar. que nos divierten. en ocasiones. con sus tendencias al mal y al error. A diferencia de Alemán.

«D iscurso preliminar». de la hipocresía74. Los picaros en la literatura. creador de la novela corta española. . ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. Es por esta preocupación. 449). 451). si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577).tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”. pp. incluso los señalados en este estu­ dio. le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes. aunque en un sentido más limitado. pp. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca. Guzmán de Alfarache la repudia y. en de­ finitiva. véase Rodrí­ guez Marín. después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. 87-8. Además. C ervantes. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana.· por fin. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. R inconete y C ortadillo. Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. convincente. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. como metáfora coherente. 44 ss. apropiados para construir su mundo de Monipodio. cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. en definitiva. La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte. en la época de Cervantes. de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. la búsqueda de específicas cofradías. históricas o literarias. Rinconete. en particular. particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320. se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. como fuentes determinantes de la de M onipodio73. claro está. resulta vana. p. Sobre la vida en Sevilla. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural». se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. por la que.

y otros sucesos de aquéllos de la infame academia. como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [. en definitiva. su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”. Por esta ra­ zón. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura. productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852). sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector. la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y. y que. Todas las creencias. pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”.]. . este epílogo76. En esta “última parte” de sus experiencias. 59. en gran parte. le suspendía [. al fin. en definitiva. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache. idealmente. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia». de hecho. en la ignorancia. 585.. en cuya última parte G uzm án actúa solo. tan inquieta y tan libre y disoluta». qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846). al hacernos especular sobre el futuro. «Cervantes y su arte de la novela». Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es. no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad. radican evidentemente.]. p. decide «pasar con ella adelante algunos meses».. pues en ese momento todavía lo ve todo. p. claro está. el lector—. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”. “sin impor­ tancia”. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. nos dice el autor.. tan vaga­ m ente sugerido. por tanto. N o nos parece una mera convención..rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. y así.]» (851-2). según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes. Durante estos meses. sin Sayavedra? 76 Selig.. como los de su maestro Monipodio. 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. como ya se ha dicho.. Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como.

ineficaz en la comunicación de su mensaje. Nos parece muy improbable que Cervantes. Sugestivamente.]» (391).óvenes. a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. excitante aventura y chispeante fantasía. en definitiva. quienes. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar.. lo que refuerza nuestra tesis. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. mejorables. ya salían del más auténtico mundo picaresco. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. cuando menos. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. de cuya maldad el otro era..ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. muy iróni­ camente. que resultan tan moro­ sos. y. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. lector sabio. por eso. perspi­ caz. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. desde el punto de vista moral. sobre todo por deseo de aventura y juego. variada. a relacionarlos natural. Especialmente para los j. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. en efecto. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica. como los que él y Cortadillo efectuaron. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. así. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado. si es que lo deseó de veras. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía . En definitiva. como se muestra también en el Quijote. De seguro también percibiría que los robos y engaños.

de hecho. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes. Sin embargo. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475). conociendo cuáles eran los habitadores. pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable». esperanzadamente. confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. en­ gañosas.de que al ir a imitar a los picaros. según se ha mostrado. 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader.] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación. iban a plagiar. el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad. Véase nota 48. 848-9)78. G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. de seguro. pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno». beneficiando a la «cofradía» y. con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»). Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». Como diría Guzmán: «[. que casi nunca se deja descubrir. aquellos “ladrones grandes”. 843. 257). el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. Se sugiere.. por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio. en la "parte” ya es­ crita. por la política con que son gobernados» (439).. Parte de la sociedad “nor­ mal” son.] cuántos hay que condenan otros a la horca. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla.. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!]. Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo. los «benefactores». una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad.. Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256. donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478). [. Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales. beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849). sobre todo. .

. pues lo que se intenta es presentar. parcial o entero. realistas..]. D e entremés a novela».. cuando ha comenzado [el entremés]» 82..]. para otro es una «no­ vela [. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes.] con la forma de marco». en buena parte de su acción.. pp. en ser su estructura. en realidad. 83 R odríguez-Luis..]. pero «incipiente [..].lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 . «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla. 85 Ynduráin. teatral» 85. siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela». p. más que novelesca. 106-7. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada. viñetas [. se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades]. siempre acentuando lo pintoresco [. Varios críticos analizan el texto. observa un crítico. particularmente entremesil86. 84 Selig. y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [.. De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo.. p. y se deja dividir en dos partes [. . 81 Casalduero. pero no Rinconete y Cortadillo [. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.. Cervantes.. «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. pp.. 80 G onzález de Am ezúa y M ayo. 444-5..]»81... 61.]. «Cervantes y su arte de la novela». dra­ mática. 86 Véase nota 52. pp.]. 1 1 0 . Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. «parece. como si fuese teatral. no comple­ tamente destacada [.]».. como en un cuadro. «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio]... «Sobre el realismo cervantino en R inconete ».. 32. 9 9 . 585. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 . p. 192. haber sido conce­ bida para la escena. «Rinconete y Cortadillo. creador de la novela corta espa­ ñola. tiene un epílogo [. p.. 82 Varela.] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 .

durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. a ía verdad.. suficientemente persuasiva.] al entrar en el patio de M onipodio [. pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos.. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía. la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero. desdeñable. Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. Sólo desde esta pers­ pectiva. algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental. con que soñaban durante la lectura d e. a la vez. Cada trampa o truco que emprenden.. «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ».. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. Claro está. . 46). pero. dos "romeros”.. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca.frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro. su función unificadora sería débilísima. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. pero. es explicable la estructura. ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio. pues. “pacientes”. aunque. paso a paso. cuestionable. admirable­ mente lógica e ingeniosa de. a nuestro juicio. es más ingenioso y atrevido que el anterior. son personajes centrales. «Introducción». Rinconete y Cortadillo. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas. indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. En Sevilla respiran. regocijados.. ed. y en que triunfan espléndidamente. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [. combinadas de un modo excepcional en una obra de género. Silberman de C ywiner. de representar sólo tal parte. en busca de excitantes experiencias picarescas. al emprender su “rom ería”. sistemáticamente. ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad.]» (Fernández Gutiérrez. en realidad.] cambia todo. Guzmán de 87 Buxó. Tarragona. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. 1984. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. nin­ guna de ellas nos resulta. en definitiva. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—. Tárraco.

Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [. El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación.. ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo.. una grotesca cárcel del espíritu y de la mente. Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial. con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas».. con gran curiosidad: «Rinconete... meditando sobre las costumbres de la “cofradía”.. 836).. Rinconete y Cortadillo «miraban [. porque no somos tan ignorantes [. lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal.. preguntó a Monipodio [. según ya se ha sugerido—.. Hasta en la usual per­ 89 A la vez.]» (846).]. dice Rinconete. en efecto... que sacó su me­ dia espada» (844) 89. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [. .] atentamente» (840) todo y a todos. completa libertad. en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo... A veces.] que su vida es santa y buena? [. «Todo es malo».. si no fue Rinconete. y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas. la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal.] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839). de hecho. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro. de la cual. sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas. que de suyo era curioso [.]» (842). este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce.] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848).. Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834. hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era.. En la casa de Monipodio. Evidentemente.Alfarache. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846). al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil.

dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [. inte­ lectual.. envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías. Con toda intención. burlona. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen. contesta Cortadillo. nues­ tras consideraciones. claro está. porque era en ex­ tremo bien criado» (849).. (841. en efecto.. burla e indignación. sobre todo. etc.. íntima diversión. etc. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. divertido e indignado a la vez.] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. tan digno de emprenderse. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho.. eso creo yo. 65-72. últim amente en Silberman de C y winer. pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. por mis grandes pecados». el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico. 848. de un lector moral y discreto. de evidente función satírica y correctiva. Con estas consideraciones estamos describiendo. Lo que aquí nos preocupa.. muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía]. asombro. Con incredulidad. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios. es destacar la típica . por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas. pp. irónica. Se trata de una conciencia sólo implícita. Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía».vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No. escéptica. El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos.]. que es también la del propio autor. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851). según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. señor Monipodio tiene [. cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842). se identifica inevitablemente también la del lector. cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor. Todo para llegar a comprender bien ese mundo. pero aun abstrayéndolas. 850). Claro está. tam poco cumplen con semejante proyecto. frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio. claro está. que se identifica con una conciencia moral e intelectual.] que vuesa merced. Y con esta conciencia moral...

]» (851). ínsula... .. siem­ pre directas. etc. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [. preguntas. «[.]». y díceme que viene mejorado en su arte [. pp. «dijo» Fulano. comentar.. carácter picaresco. 17-18). es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo. aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o. iam toto seculo desiderate. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo. comentarios. Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina. con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y.] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana.. contestaciones... pervertidos valores cívicos.pues. La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones. otra —respondió Rinconete [..]» (850). Cornelius: Salve et tu. Corneli. «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [.. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio. religiosos.. que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad.] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [. van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum .]» (843).. De todos modos. pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91... económi­ cos. mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó». «respondió».]. p. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés..... alegría»..] y que [. «replicó». aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [.]» (845).. enero de 1968. en general.]. por ver si le podían dar un tiento [. y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás... políticos. y. que son típicamente eras­ m ianos. Sí. 44).]. «dijo» [para contestar. fluyente... Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural. animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X.. sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [. mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos...

además de servir para la introducción. De habérselo propuesto. «y a una voz los confirmaron todos los presentes. sobre todo. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. se pelaba las barbas y [. consonante con la de la obra entera. por excelente que esto fuese.. de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano. no únicamente.] decía que era grandísima afrenta [. que toda la plática habían estado escuchando. de actualizar. su Coloquio de los perros 92. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. en general. aparición..mucha más frecuencia. como es natural. que fue a quien le hicieron la pregunta.. con la función fundamental. hacer cuanto más candente el problema discutido. hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada. Así. en el alma de Rinconete y Cortadillo.]» (836).. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [.. «Un muchacho asturiano. de hecho. en sus variadas formas.. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios. pero. nunca satisfecho por completo con lo recibido. para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros.. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos. porque quiso escribir una novela. particular. .]» (842). de la conversación..]» (837). según lo demuestra. consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales. que se constituye. A todas luces. dramatizar. salida y. Se podría contestar que no lo hizo. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos. res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [.

(«salió en esto un arriero [. los vestidos.] la relación del asturianillo.]. con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro. volvió Rincón. 847)... con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”.. aunque mucha­ cho. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840).. sentimientos. y para su comentario final: «Era Rinconete. comidas. de modo importante.]. 844. con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93. «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado.]» (843).]»....]. pensamientos íntimos.. cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores. que el personaje no puede...]» (837).. no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [. y tretas. así como lo es el de todo proyecto humano.. etc. en­ tró en una casa no muy buena [.]. de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación. «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843)..]» 836). y sin más detenerse. 836.. «Maniferro porque traía una mano de hierro [. 837. para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [. la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias. llenos de color los labios [. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838). y halló en el mismo puesto a Cortado [. banquetes. . A este res­ pecto.. en suma. la condición física de los personajes: «dos mozas. observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido. sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [. sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52). estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [. para revelar motiva­ ciones..]. de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [. más no de grasa y malicia» (836). «todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843). por parecerles que venía como de molde [.]» (838)..... saltaron de­ lante de las muías [...] (840). músicas.. emociones. afei­ tados los rostros... y.. de muy buen entendimiento [... objetos materiales (840.. para la descripción de fiestas.] (834).] (836). para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [. ni les descontentó el oficio.

D esde nuestra perspectiva. 81-84. pp. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. pp. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. Saints bury. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. convirtiéndolos en vividos relatos. deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. discreta. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos.vicisitudes del tiempo. Edim ­ burgo. reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo. mutua fecundación94. . constituye un característico. originalísimo tipo de novela. que se han indicado sólo de un modo muy general. Véase G. los amores desastrados de la Cariharta. cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. explicando que. producién­ dose una extraordinaria. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano. también por ello. como.) —dignos de un detallado estudio—. se trata de un nuevo. no­ torio comienzo de los Coloquios. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros. anécdo­ tas. con aguda. como únicos justificados. Todas estas intervenciones novelísticas. 104-60). 1923. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. etc. creador de la novela corta española. por ejemplo. de hecho. etc. com o tales. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. que. claro está. auténticos cuentos. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo. y nuestro libro. The E arlier Renaissance. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos. sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas. tonos. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. Se expresa con ello. estados de conciencia. simultáneamente. Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. sabía.

revitalizado en sus preocupaciones. por completo “disparatadas”. 201-203. específicamente como libro de caballerías. consecuentemente. depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos. entre otros. Suma cervantina. en sus características fundamentales.LA ESPAÑOLA INGLESA «[. y. pp. tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. excepto en esporádicos aspectos y detalles. Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias. 248. Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina». 3 D e hecho. Novelas ejemplares. a menudo. pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías. Por otra parte. N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería. pero siempre identificable. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación». 125). «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote .. Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías. y «no para la reimpresión de los ya publicados». A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1.] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos». la ascendencia del Persiles en el Am adís 3. el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca.. a ese tan “razonable” programa de revitalización. I. 2 . 770).] la virtud y la hermosura [. de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen». actualizado en sus temas y asuntos. En lom o al Q uijote. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector». Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda».. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. como también el deseo de estimular su «revitalización» '. (La española inglesa) El hecho.. pero por parecer éstas. La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas. p. pero su inspiración principal es la novela bizantina.

pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. 7 R od ríguez-L uis. entre otras razones. además de ser muy esporádicos y débiles8. tienen licitud literaria. en definitiva. a base de un texto hipoté­ tico. etc. separaciones. sobre todo. ejemplar. de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. incluyendo la no­ toria técnica narrativa. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». en efecto. 4 5 . por su función peculiar en la obra. 8 Sólo al final de la novela. vol. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. encuentros inesperados. subor­ dinados a un específico fin ideológico. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina. «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías». 51. se dem uestran en extremo especulativos 5. supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. un auténtico drama psicológico. vigente. a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles.la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior.. Cervantes pensaba evidente­ mente. reunión feliz de los amantes. estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. se revela de manera clara. pero. I. El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. según nosotros. Sin embargo. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. como cualquier otra materia. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. con aventuras por tie­ rra y mar. al relatar Ricaredo sus experiencias. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. peli­ gros y dificultades continuos. p. ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. Sin embargo. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. experimentalmente. logrando crear con ella. artística. Eisenberg. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. anagnorisis. 6 Véase nota 4. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7. filosófico y estético. Esta pieza se escribiría así. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. en El gallardo español. en una obra narrativa.

una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9. Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. p. 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . por boca del canónigo.se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. V. Aunque en esta empresa. en un libro de caballerías moderno. significativa e ingeniosamente innovados. López. I. con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. Toda las citas de esta edición. com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación. ed. un lugar entre R om a y F loren cia (872). pp. el proponer com o futuro m odelo literario. Ebro. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. respectivam ente (25) 1 0 —-. Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico. 10 A m adís de Gaula. en parte. 1963. pero no declarada durante mucho tiempo. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. pero no afectan la consistencia esencial. que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis. encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. constituyéndose. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. auténtico nuevo Amadís . pero es más bien improbable. «Persiles y Segism unda». 203). A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. p o é ­ tica de la obra. A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. Suma cervantina. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama. Zaragoza. se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. .

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). no menos espléndida en que Isabela. espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos. escuchando sus «discul­ pas». Por esto. precedida de otra. Aquel mismo «gran encendimiento de amor». con elocuente simbolismo. . a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53). preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto».] (870). que mientras yo fuese vivo. abrazándolo. Isabela. Aunque no se trata de un auténtico amor místico. en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento».no haya llamado la atención de Azorín esta escena. Se evidencia. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. profundo amor humano no es distinto del Divino. recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. sobre todo. tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. no puedes tú ser religiosa»! (871). y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y. p. con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. al ir a tomar el há­ bito religioso. lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo. su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos». El genuino. como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus. perdonándole todo. porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte. se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. 129. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20. detente... «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870). Isabela. lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano. que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino. En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. en la relación amorosa. con él se funde. gri­ tándole: ¡«Detente. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética.

Los convidados a la boda fueron a la iglesia [. Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos].]... En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos. «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ».sión de un cuento popular de las zonas costeras. Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce. «ínsulas no falladas». para que la leyesse su señor arçobispo» (873). com o los «herederos de un hidalgo burgalés. 1966.] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado». El maestro Elisabat así lo hizo» (121). amenazadas por la piratería mora.'ll. etc. . A las descabelladas. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved. L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar. pp.. en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22. que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia. [viendo] a su marido al lado de otra mujer.] yo soy Zala. porque pensaba que ella ya no volvería [.].. Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. p. “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos. Escocia. «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [.] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes. etcétera. 22 En el Am adís. 7-16. pp.. Cervantes responde en La española in­ glesa. Frente a la Iglesia. Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares.. su legítima mujerl [. Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21. Al fin decidió casarse otra vez.. ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito. seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías... Ljubljana. «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor. «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares...]. Cabría obser­ var que al “historizar” su novela. ubicando la acción en varios países europeos y Argel. etc. libro de caballerías ejemplar. A l acabar de narrar sus experiencias. que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos.. Inglaterra. y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica.. vol. cap. 47). se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo». A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos. Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [. 287290). I. 31.

En base de éstas.27. para poder deleitarse al oírla hablada. sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas. amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). 123). según tantas veces se dice. a la vez. lo cual. 26 Pabst. de acuerdo con conjeturas probables. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias. la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. 385. Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados. artístico. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. razonables y. La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. también. a su vez. tan cen­ surables para algunos lectores26. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos. lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española. C ervan tes' Theory o f the N ovel. siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. por ejemplo. pp. casi alegórica. en los supuestos humanos. p. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). desinteresada del detalle “realista”. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. insistentes. se nos presenta. poética. «En torno a L a española inglesa ». 60-61.. poética en el planteamiento del problema fundamental. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. coti­ diano. Se ilustrará más adelante esta sugerencia. por Isa­ bela 24. poetiza la historia. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción. p.cia peculiar”. . pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. sus experiencias al fin de la novela. com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. sin ser capaz de relatar. pero que. notorios25. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas. con suma gracia. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales. ora idealizantes. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas.. 25 Riley. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»). de m odo ele­ gante.

para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. como generalmente en las obras cervantinas. de hecho. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. I. 133-134. Sin embargo. 14-15). a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. en parte. pp. para cual­ quier hombre. económicos responda. con toda probabilidad. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. pues. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial. en todos los sentidos. una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . de hecho. N o vela s ejemplares. en La española inglesa. pero.. se interpretan a veces. 3). Significativamente. alguno de los cuales podría representar una tentación. a otra preocupación más imperante. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. Es. pp. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles. es plausible que su insistencia en los detalles bancarios.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX». La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo. n. Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. le rondan de continuo la casa (869). 29). cap.] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. p. pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. según se ha mostrado también en este estudio. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote. com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. como. I.. la deseabilidad de la joven. fue restaurado su perdido crédito. pero esta posible intención correctiva se subordinaría. Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. en pocos m eses. en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. en la época en que se sitúa la acción. al menos de modo complementario. claro está. para todos esos “pisaverdes” que. directo entre los dos países. tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. Considerando el específico género literario que Cervantes emula.

quien se apiada de los padres de Isabela. como el conde de Leste.] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. cuando la española le parecía la más hermosa. si ya antes no la consideró. quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. cuando ésta es robada (854). a todas luces. católica. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. no se percibe. poesía. espléndidamente. Por otra parte.. Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela. por desgracia. tiene «mucho temor» de ser castigado.. Baroja: «La tenden­ cia [. penetrante. también La española inglesa. de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste.. delicada concepción lírica. en realidad. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres. La historia escrita por el poeta es siempre. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo. 125. en el país enemigo (856). Lo demuestra. ante todo. pero antes.. esencial que los mismos manua­ les de historia. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela. así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. es mucho más exacta [. barrocas o no. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella. obra poética en que palpita viva. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes. entre otros. y la misma reina Isabel. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. 3í Casalduero. Al tener que llevar a Isabela al palacio. «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja. hay personas buenas. feroces enemigos de los católi­ cos españoles.brio en la composición. de fondamental. Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”. por orden de la reina. . quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô. porque ahora así le conviene. Como lo es «la camarera mayor». y no en la historia. «La literatura y la historia». ya por el hecho de ser ésta católica (864). como ocurre en algunas otras obras cervantinas. Sentido y form a de las N o vela s ejemplares . p. sólo por su belleza. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo. como lo observa. española.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30.

p. por otra parte. en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna. propagarla cuanto más en su propio tiempo. según se ha mostrado con algunos ejemplos.. Tam­ bién el autor omnisciente. el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. . fervoroso. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. quien considera urgente expresarla de nuevo. en su propio mundo.que casi tenía concertado» con aquélla (855). B an dello. hace evocar al de A m adís . «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). etc. envueltos en continuas guerras fratricidas. también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . raciales. Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. Por otra parte. son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. vigoroso de sus nobles ideas. olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa. el nuevo libro de caballerías de Cervantes. robada durante el saqueo de Génova. Otro texto que. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. [«L.). Vives. que es el amor entre toda la gente34. «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa ». 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra». se mantiene viva en Cervantes. con muchas de sus fórmulas narrativas. 131). pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. con toda probabilidad. de buena volun­ tad. De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. nacionalistas. continua y bella del más su­ blime Grial. dispuesta a la búsqueda ardua. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes». de que el genuino sentimiento cristiano. pp. 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís .] Los Acforni. intuye el "irenismo” de la obra Soons. 702707). víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. p. después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». siempre revolucionaria. la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que.

p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi. durante el cual los ingleses llevaron. «figliuolo d e l duca d ’A l v a ». «entre los despojos [. aún m ás. «Se q u esta è nostra fig liu o la ... P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres.] una niña de edad de siete años.. y ... seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»]. al ser arrancada de su patria. 197). de la edad de nueve o d iez años.) m u y Bíen la len gua española. c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ .. cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854. n o b ile d e i p r im i d i G en ova. por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a. regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702.n a cid o e n L ond res. io ta n to sto la riconoscero bene.] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [. E n España. v id e il n e v o [ .].. to d o el día deseaba volver a casa»].] spagn uoli e gen ovesi» (706).. y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » . y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa. [«ella. 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»]. 863). sa­ qu eán dola despiadadam ente.p ita n generale in Ita lia cesáreo. según C ervantes. e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(. com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita. . p o c o más o m enos [.]. A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola. a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » . 3. dislacciata la v este .].. Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » .. y fu e llevada p or m ar a España». hija de «gente principal y de valor» (177. «Era de tan buen natural. q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora».. hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». dice la m adre de L igurina..» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra. «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella». Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo. a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad». e [.] tra qu este due n a z io n i [. de la más alta n ob leza de G én ova. de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia. d 'età d i n o v e o dieci anni. c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho. a unas circunstancias más verosím iles..] d a certi fa n ti spagn u oli [.. éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702.. Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina. el caballero inglés que la raptó. que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a. sin olvidar la suya [. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702). p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire».]. una fig liu o la m o lto bella. adm irada y querida p or A lfo n so . Sín em bargo. [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella.. « D e esta manera. y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»]. E n Inglaterra. 703). n o perdía la española.. ] che L igu rin a a v e v a v i- ..

.. che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores.. y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde. la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina... 704).. llo ­ rosa se acercó a L. y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [.) entre ellos este hijo del duque de A lba.. tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s... valeroso caballero. Según y a se .] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta . a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela. y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (. Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre. “raro in­ v e n to r ”. y .]. [«Si ésta es nu estra hija. desem barcó en G enova»]. tam bién abandonar la vida en España que. com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [. n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él.) c o m o la había visto otras m il veces (... dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d . a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova.. la cual señal acabó de certificar sus sospechas. que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [.] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» . encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres]. se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera... La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y .. T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o.ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [.]. v io la marca de n acim iento que L.) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas. p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». c o m o p or m isteriosa in tu ición .. que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [. y ésta. en m o m en to m ás p rop icio (704-5).... E sto. (.. es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes. P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os»..]. se lleg ó a Isabela.]» (863-4). no le ha « m ai piacciu ta» (704). n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4). La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas. con siete u o c h o p elos negros (..] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860). sabía con toda certeza que aquella era L.. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire». O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—. en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven..] n o he de hallar [. L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so . El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [.] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre].. q u ien con su L..).. a pesar de to d o s los regalos y atenciones. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía. y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e ..]. y a c o n o c ie n d o a sus padres. y vien d o claram ente ser Isabela su hija. diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a . abrazándose con ella d io una gran v o z . así. d esenlazado el vestid o. y sin m irar a resp eto. a sus qu eridos y añorados padres (702. tenía cerca dei om b lig o .. juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. p orqu e [en] m i patria [.

ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854.] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (. hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari.] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias». haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla». a ios « q u a tto r d ic i an n i».) el hijo del du qu e de A lb a. discreción.. su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz.. som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad. de A lfo n s o com ien za.. Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta».) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o. Ricaredo enferm a y casi m uere.. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos». 707). virtud.. (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (. in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo».. [sien d o todavía m u y p equ eñ a (.) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba». pero al propiciar sus padres e Isabela su intención...]. bondad. C uando Isabela tiene «catorce años». sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal.) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [. «que su ced ió habrá quince años» (860).] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so . Isabela «quería y servía» a R icaredo. y el m u ­ chacho. aparentem ente.].. co n v ertid a ..] L a m a d re d i lei [. [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»].) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario. N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo». nueve o d iez años (. sensibilidad. por causa a e la desaparición de Ligurina. « com o si ella fuera su herm ana. n o v e o d iec i a n n i [ .. «per­ che». 5). «essendo ancora piccolin a [. ropas y cosas valiosas»]. sin o el resto de m i vida servir a D io s» ]... c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna. u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [. p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina. trágica­ m e n te..) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta .... Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces». la «amaba» desde el principio. y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [...].ha dicho.. Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España. lo cual.) m e tu vo en sus m a­ nos (.. y se acaba...] p e r h a g a scia » .. dice. inteligencia. pero. teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ . Esta intensa pasión am orosa. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años».. «com o a hijo de su señor»...] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » . Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad . q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [.. «io non in ten d o restar p in a l m on do. cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a.. La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»].] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ .). sensual.... de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » ). [«(. pero «por m edios de ser su es­ p oso». L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [.. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(. « com o fue creciendo Isabela».. p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio. m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(. (y A .) to d o su din ero. a ssa ip ro d e e d anim oso». Sin em bargo.

de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica. parecen. N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura.nía en csa ocasión. vitalm ente dilem áticas. la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina.. repentina con son an cia con lo s «catorce años [. en el m u n d o de la ficción. [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. crea obvias contradicciones. de he­ ch o. en que se situaría la acción de la novela. co m o tam bién su cron ología. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo.. al am or entre todas las gentes. esencialm ente. en la m ente del autor. m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e.] más o m enos». llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional.]. pero no en 1611. de tratarse del saqueo de 1596. im pertinente en este caso. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas. con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina. desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702). .. de la cron ología novelística. « L a fanciulla. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). que lo s «quince años» desd e el saqueo. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas. patriótico — Liguria— . dignos de ella. che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . «tapices flam en cos p or el revés» (D . a m e­ n u d o . El desarrollo de esta relación am orosa. co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so .. que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. com paradas c o n su nueva obra. paralela a la de la N o v e lla . en sum a. borrando de ella. adem ás. m om entáneam ente. físicas y espirituales. a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó. con que.. p or un m om en to. R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855). de Isabela. Se trata. en el m om en to de escribir su obra. encontrasen una engañosa. (La reina Isabel vive en 1602. Q u ijo te . en líneas generales. olvid ado. pues. casi quince. L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa . 1490). inspirador de la resistencia contra el extranjero. de u n m od o plausible. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. a quien. pues. Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a.) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova». q u e al fin. que así explicaría. tan radicalm ente. todas esas contradicciones cronológicas. moral. p or ahora. pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o.) E s p osib le. con que antes atribuía la edad a Isabela.. con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores.

incapaz de amor y de amistad. Forcione. 2 Casalduero. el licenciado Vidriera. al que se censura y satiriza categórica. . aforismos. II. «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes». pp. pp. reformador.. sentencias. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. independientem ente de la tesis defendida. en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. etc. 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales. · despiada e incesantemente3. arquetípico o simbólico «pecador». Friedman.)2. «not so nice». C ervantes y la libertad. Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético.EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje. picaro. y sus nom bres». etc. p. chistes. C ervan ­ tes. melancólico. 242-246. Edwards. «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». pesimista. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. frases ingeniosas. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista. 159-168. García Lorca. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». creador de la novela corta española. cínico. C ervantes an d the H um anist Vision. con apreciaciones cada vez más convincentes. 225-316. Casa. 577-87. «Cervantes and the C ynics». pp. «El licenciado Vidriera. Es notable que. pp. y otros.. 559-568. en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. pp. cínico nihilista. Riley. 103-143. en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. vol. y de «una fábula novelesca. 51-59. 189-199. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. más o menos complicada». 147 ss. Gerli. pp. 174. pp. pp. pp. «The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ».

por «los estudios» espera hacerse «famoso». ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero. coincide.. dejándonos so­ bremanera perplejos. «El licenciado Vidriera». 213-220. 147 ss. 228 ss. por medio de sus propios empeños escolares. significativo. pues. con noble intención. pero frente a cuya incomprensión. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo.]. 196-97. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. C ervantes an d the H um anist Vision. . con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres. que quisiera. dignas aspiraciones personales. para nosotros. pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada. menos impresionista. Y tam bién. pp. útil en el mundo. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. según ha «oído de­ cir [. sino. con la de A zorín4. Con C ervantes. «mu­ chacho de hasta edad de once años». creador de la n ovela corta española. de altas.mente distinta de este personaje. moral e intelectual­ mente condenables por el autor. igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. en parte. Green. «El licenciado Vidriera». pp. sin patrocinador alguno. 99-102. Tal visión del protagonista no es nueva. todo lo contrario. según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [. entre otros. de los hombres se hacen los obispos». 6 Casalduero. G onzález de A m ezúa y M ayo. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. pp. mejorar. a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín. O bras C om pletas ... «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte».]. Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5. pp. «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!». C ervantes. individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. pp. por ejemplo. en las riberas del Tormes». dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». más atenta al texto. 5 Forcione. No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). pp. diagnostican algunos ilustres lectores6. Tomás. 11-146. con encontrarse un puesto digno. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876)..

diariamente. «de los hombres se hacen los obispos». Y muy significati­ vamente. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. con extraordinarias dotes naturales.].bal de Lugo. el mismo religioso. quien oculta su origen. según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual. borrosa existencia coti­ diana. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. loables. a la ciudad. Es el deseo de esta clase de "fama”. a tomar lecciones de unos caritativos religiosos.. afirmándose como «alguien» en el mundo. quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—. ¡Innecesaria. virtuosos. de pobrísima familia. ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso. noble vergüenza! «Ser famoso». Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. lo­ grando al fin. aunque pocas veces realizadas. . tal como dice Tomás. con esperanza y maravilla. fuerte voluntad. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia. pero amorosa. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). honrados. Tales aspiracio­ nes. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. como criado y compañero.. claro está. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria. que de su remota choza en las montañas venía a pie. «hacerse obispo». después de asiduos estudios. en E l teatro de Cervantes. lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7. descalzo. se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. entendimiento y discurso [. esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. útiles para sí y la sociedad. pues. disposición al sacrificio y. ser un admirable obispo. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. del Rufián dichoso. deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo. completa­ mente admirables. no son nada raras.

los «alguaciles» le parecen ladrones. y por encima de la justicia la equidad. pues. Por las mismas razones. procurarse una profesión económicamente segura. Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista.]. lo destaca el autor— es decir. 42-3). no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. «Su principal estudio fue de leyes» (876). 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D . «El licenciado Vidriera». adonde [. no quiera estudiar «leyes».. El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [. entre otras «manifiestas injusticias». .]. siendo él tan buen estudiante como debe de ser [.. «embebido en la poesía». subirá a la cumbre de s «Estudié leyes.. y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table. no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [.] del escribano». Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe. en particular. siendo tan ven­ turoso el estudiante.. A D. que parece «llevar víboras en el seno. quejoso de que su hijo.. podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888). de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884). negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. según se desprende de sus observaciones posteriores. con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia». La justicia es mi norte. y los «procuradores y solicitadores». salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886).]. Sin embargo. pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión». D. por ejemplo. que de la justicia es flor» (Azorín. que le dio el cielo padres que se lo dejen. caps. Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando. deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama.. p. Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese. que. parasitarios... cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez». la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva.. porque.. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 . etc. da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación». se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado. //.corte. ante todo. 1 0 0 ). Diego.].9.

virtuosos y graves. saca el que quiere relatar. Preferentemente a la poesía.. estudia leyes "para pane lucrado” y. haciéndoles ridiculas. 876). como dice Ovidio. y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia». que es «delicia de los dioses y de los reyes». y ella se ha de servir de todas.. los honran y estiman y los enriquecen. 1325). Quijote. al fin. torciéndose «los labios»..] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean».. y todas se han de autorizar con ella» (D... com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid. se dedica. Como ese «poeta [. ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [. las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada.. honran y engrandecen como las mitras a los obispos [. simultánea­ mente. vuelve como primero a recitarle. a «las letras humanas [. según lo sugieren sus citas de versos famosos. porque encerraba en sí todas las demás ciencias.. 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles. puntualidad y diligencia. Así piensa Tomás de «los buenos poetas».] todas las otras ciencias. y aun los coronan con las hojas dei árbol. de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras. en lo que más se mostraba» (876).. hala de tener.]. a raya. con tono melifluo y alfeñicado.. que.]. siempre tan pertinentes. le dice. no se le alaban [.. con que llena el mundo de provecho.. a quien tienen cuidado de enri­ quecer. hijo de pa­ dres pobres. Y si acaso los que es­ cuchan. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera. de deleite y de maravilla» (882) 10. donde queda otro millar de sonetos... hipócritas «salvas». de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad. como lo llama Platón (882) n. no ha de . y. Q uijote. con gran amor y entu­ siasmo.. parecía que sólo se ocupaba en servirlos». Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [. a quien no ofende el rayo.].. pulir y adornar [. o «intérprete de los dioses». los churruleros [. Tomás. el que la tuviere.. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes. y. porque de todas se sirve. con no faltar un punto a sus estudios. cree que «los malos. no dejándola correr en [. y así le adornan. por otra parte.].] es en todo extremo hermosa.las letras humanas..] desalmados sonetos. que «admiraba y reverenciaba [. de socarrones o de ignorantes. 1325).. con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 .. así como Ovidio.]» (D . Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta». de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos.).] son la idiotez y la arrogancia del mundo».

que no siempre se ocupan los oratorios.] que casi no hacían n ú ­ mero» (882).. de lo que pasa falsamente por poesía. «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. pues.. en E l teatro de Cervantes. ni del ignorante vulgo. fino.. sinceros juicios perso­ nales. etc.la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. horas hay de recreación.. repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro. es el tan convencional. a la vez. de estas referencias. tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. no siempre se asiste a los negocios. donde el afligido espíritu descansa» (770). 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a.. véase nuestro estudio sobre La entretenida . que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882). contemplados íntimamente. es decir. siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882). la frente de plata bruñida. vulgares peleas de perros? í3. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 .]. a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que. 13 Las numerosas polém icas.otros». tan justi­ ficado. particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa. aunque «tan pocos [. sensitivo. En efecto. por calificados que sean. un severo crítico de todo lo endeble o ridículo... El protagonista es. entre otras. Ridicula moda literaria. Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. en nombre de la poesía. cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales. y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 . «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. indignadamente de «los murmuradores». invariable vocabulario. incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid. según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [. los defiende ardorosa. ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . no mediados por la inoportuna erudi­ ción. lector de independientes. . 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero).].). y. inteligente apreciador de los poetas buenos. rabiosas contiendas. originales. los ojos de verdes esmeraldas». hacen apreciar el acumen satírico. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ .

racionalistas. «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». ρρ. pp. destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [.. creador de la n ovela corta española . U niversity o f Texas. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». bíblicos. Sampayo R odríguez. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». 1977. Tomás no descuidaba su devoción religiosa. pp. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. filósofos idealistas. C erva n tes. se pueden a veces especificar y. «Cervantes and the Cynics». 6 6 ). claro está. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o. teóricos literarios. pero. 225-238. 17 D icha edición sería también menos volum inosa. pp. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». tratados históricos. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. Green. “sociológicos”. pp. D . muchacho inteligente. Tom ás. 13-21. Tomás revela que también él escribía versos. form ulando con ello interpretacio­ nes que. geo­ gráficos. multifacética y refinada cultura1 9 . satíricos. nos parecen m uy exóticas. . textos sagrados. pp. Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás.] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS.. para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta.pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . Ph. A ustin. H eiple. C ervantes an d the H um anist Vision . refraneros. Dissertation. C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera. de que se le culpa. deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. Riley. Forcione. 225-316. pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. «The Sources. y otros. 153-197. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. didácticos. cínicos. morales.. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. evangélicos. il. En consi­ deración del «pecado de la inteligencia». los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. por lo menos adivinar. Oliver. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. otras. literatura apotegmática. 20 Según ya se ha sugerido. poéticos. folklore. Garasa. “costum­ brista”. a la verdad.. estoi­ cos. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo. 41-45. despierto. más conveniente para un largo viaje. Singer. 31-53. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20. «La filosofía en El licenciado Vidriera». «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido.

. son excep­ cionales en el mundo. ridiculamente su nobleza. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. increíble trabajo. 22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa. pues. el cuidado extra­ ordinario. «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa». algún que otro comedíante ostente vanidosa.] trataban [.. al juicio y a la vista de todos» (885). «fuera del tablado». el inllevable. Problemas serios. aunque. olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas. indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert. porque «con su oficio no engañan a nadie. es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república. donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas.. las alamedas y las vistas de recreación.. Véase también la nota 14. se alla­ nan las cuestas.. cuya función. según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación. La «indecencia» con que «los tite­ reros [.) . no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22.. en suma.. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770). que sepan representar artísticamente cualquier estado social. The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). gentiles hombres y de expeditas lenguas». Sin embargo. quien podía. como el poder servir un actor «a muchas damas [. le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud. los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros».. También la pintura le interesa mucho a Tomás. pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos. se buscan las fuentes.] en una sola comedianta» (885).] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás. Además.Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les. Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos. buenos actores. en el ta­ blado y fuera de él. que «se maravilla de cómo.. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico. «jurando a fe de hijodalgo». es natural que Tomás tenga afición también al teatro. según él... lo cual es únicamente relevante (885). (Véase nuestro estudio citado en la nota 16. galanes sí. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza... y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21... como lo son las florestas. los desvelos. el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta.

p. asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días. Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella. añadidos a los pocos que él tenía. impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo.] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual.. podía gastar tres o cuatro años. porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia.. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países. 125. entre otras muestras. hace desechar la imagen de él como gé­ lido. y que en esto. discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca. 24 C oloquio de los perros: «[. Tomás se ha formado una extraordinaria cultura. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol. En efecto. II.]. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. leyendo asidua.. a lo más largo. que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz. pero que los malos la vomitaban» (883)23. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. A Salamanca no vuelve de inmediato. que. pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ). de su edición de las N ovelas ejemplares). . pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza.. a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura. observando curiosa.muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese. juiciosamente todos los buenos libros a su alcance.

pues casi le hacían olvidar de su primer intento».] de tantos y tan diferentes vinos». la generosidad [. los festines de Lombardia.] comienza a titubear».]... venga la macarela. hombre ibérico. Delicias “sensuales” todas ellas.. Véanse los diarios de Mme. patrón. su gobierno prudente [.. d’A ulnoy. finalmente.. en general.. de seguro..... toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» . su riqueza infinita [. Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova. «la suavidad [... de continuar su viaje (879). por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11. 27 Forcione.. admiración del mundo antiguo [. «que..... [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia». como el más refinado epicúreo.. . C ervan tes’ H um anist Vision. al decirle el capitán «tantas cosas [.] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878)... el valor [. no tuviera en él semejante [.]. manigoldo. las espléndidas comi­ das de las hosterías..]. 233-6.. a no haber nacido Colón en el mundo..] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles. se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época. pp. p. griegos. la abun­ dancia de Milán. la grandeza [. dibujóle dulce y puntualmente el aconcha. La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas. españoles. degustando.].]. las holguras de Palermo.].. Su «discreción [.. también de Cervantes— en las hosterías italianas. la dulzura y apacíbilidad [. N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”.. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia.] 26 El deleite de los españoles — y. inequívocamente. su sitio inexpugnable [. como los place­ res de Italia. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26.]. la rusticidad [. pasa acá. Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. sus contor­ nos alegres y....].] y tan bien dichas acerca de [..]. italianos. es decir. «más vinos [.profesional25. lipolastri e li macarroni».].. 190). «los rubios cabellos de las genovesas» (878).. su abundancia mucha.. en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus». se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia.

. Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño. brinda a todo "curioso» visitante. sólo interesado en abstracciones librescas. junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia. «en la que. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista. p p . vol. pues así son.] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m. moderadas. en que ca­ ben.fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende... probablemente.. tan eclécticos. Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S . Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [. ben costm ita [. culto. y o t r o s . XXI. mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. maravillen y seduzcan también a Tomás. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete. discretas. O bras com pletas de C ervantes. con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales. Ill. y después la be­ lleza de la ciudad. 385-6. Treccani. pero bien hecha»29.]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [. artísticos. según el símil que le su­ giere su vivida. materiales y espirituales. Luca le parece «pequeña. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. como Calipso. naturalmente... que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. también las delicias “sensuales”.. abierto a toda significativa experiencia vital. p. ¡Qué mucho que todas estas dotes.. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini.. [«La ciudad bien construida (. cuidadosamente trazado. como diamantes de oro» (878). de múltiples intereses humanistas. que es el lugar donde se fabrican las galeras. más le interesa es su ambiente cordial. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. N o vela s ejem plares. curioso de todo lo nuevo. es decir. bella ninfa seductora del mar. inteligente. 1936. se diría—. 557: «La città [Lucca]. la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (.): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros». vol. in largbezza». de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano.. científicos. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879). aunque lo que.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín.]. Enciclopedia Italiana di Scienze. no sólo femenino. estimulada imaginación.] . de sus habitantes —interés antropológico. L ettere e d A rtii Roma. según todas las indicaciones. dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal.

despidiéndose. en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos. M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina. Los “nom bres”. Tomás no tendría dificultades en esta ciudad.. son bien vistos y agasajados los españoles» (878). sino ruegan. ¡oh. L ettere ed A rti. Persona de gran digni­ dad. tollerarono e secondarono elementi riformatori [. en vista de las notorias..] a Roma en Roma»32. liberal?: «[.].. al divisar «los montes» — «i superbi colli». no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681).. 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma. vol. peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze.]». como muchos que visitan esa bella ciudad.. despreciativa. y com o en ella no hacen estancia de más de un día. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». si oppone sempre ad accogliere. Véase tam­ bién Granados.. por sus atractivos aspectos urbanísticos. XXI. Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas. pp. Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento. por cuyas orillas. Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica.. como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo». fa ­ vor evoli alie nuove idee [.].. medias y enteras esta­ tuas [. frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!.. la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro. por su «fresco río». lihri luterani diffusi gia nel 1525 [. se pasea «cuatro días» (878). pues se trataría de un hecho social más bien raro. los “tem plos”. en sí. usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30.. como por las «apacibles calles». de las calles. rotos arcos y derribadas termas» (878). y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad. Sin embargo.]. con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles. 31 ss..]. pesimista de Tomás—. «su agradable asiento [.. su limpieza». probablemente..]. él «halla [. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31.. los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna».Italia. pero sin arrogancia alguna.. Vinquisizione.] è fra le città italiane che più largamente accolsero. 562.. .

despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias.. Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad. que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes . aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera. de modo natural.]... «adoró [.. «Conténtale» (Florencia). directa. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877). sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras. confesarse «con un penitenciario».petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico.. exaltado. besar «el pie de su Santidad». los me­ dios bultos de cera. unién­ dose. según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados. mortajas. admiró» (Roma). lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33. pero. el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración. con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica. a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias». cadenas [.. íntima.. . Amberes). y... no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”. etc. por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa. «para maravillar» (Milán. por fin. contento: «admiráronle» (Genova). costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. asombro... pero algo distanciada.. «le pa­ reció bien» (Sicilia). Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas. ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos. observar todo eso... «como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878).] del templo» de Loreto. pinturas y retablos».. ¿no la respetarían aun éstos.. además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados.. Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España. veneración.].. con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [. Su profunda “admiración” abarca..

sin duda. dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [. 190).... p. [«(. como tampoco sugerimos que sea erasmista. pero que se atribu­ yen lógicamente. x x í. pp. por desgracia. p. pero sí. ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y. en particular. de sus supues­ tas relaciones. Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa». 505. looking an d learning.] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » . al personaje34.. observando y aprendiendo.]. N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron. noting a n d assessing. El pensam iento de Cervantes. pero sin envolverse en nada». (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico. C ervantes' H um anist Vision.. . notando y evaluando. todos los cielos y todos los ángeles. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19).opiniones personales de Cervantes. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. cierta meditada distancia intelectual y emocional. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover». (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I». p.. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36.] 35 Castro. según sugerimos. 265. de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist . 230 ss.].) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics». y no entendieron. por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”. Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. y la m uy semejante de F orcione. vol. 36 Enciclopedia Italiana di Scienze. L etter e ed A rti. y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879). [«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura.

sino tan sólo su hipócrita. como todo el mundo sabe. al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [.. pero. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [. que me pesa de su desgracia.. todos frailes y religiosos [. la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [. ridículo propósito de hacerse pasar por lo que. y otros. fray Raimundo..muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados. . en los dos cristianos nuevos: «Esperad. pero ¿qué haré.. ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»).. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem. fray Jacinto. como. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos. marqués o duque de tal parte. claro está. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes. y la reacción anonadada de su mujer.]» (887). sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima... ninguno se llamaba el capitán don Fulano. y. Domingo. señor Licenciado. la falsa apariencia. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”.]» (881). que no puedo llorar?» (881). ni el conde. La ropera le ha­ bía preguntado..] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. una “malicia” a base de e^te 38 Singer. p. sino fray Diego. «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance». como si reflejasen su indignación perso­ nal 38.]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual. no son. 20. por este episo­ dio... menosprecian su ingenio satírico. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás.] la malicia del dicho» (881). ¡qüe se creen legítimos. naturalmente. la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. plorate super vos et super filios vestros». no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular.. pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. Ambos aparentan una asidua participación devocional. y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [. por ejem­ plo. pastoral ¡monachatus non est pietas!». a que pase el sábado».

es una realidad perenne. po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. . ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería.. educada. Adem ás. oír y saber de vidas ajenas. «gra­ nero de Italia» (878). Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. aun sin proponérselo.]. administrativa. industrial. N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes. de quien se dice que puede decir y hacer» (879). de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. de la vir­ tud y del honor. A nte todo. «ciudad [. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”. comercial..de Vulcano» de Milán. intensa convivencia. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente. pero eso sí. se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. la «oficina . inteligente.] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. Loreto). extranjeras.hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. discreta. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales. quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. aunque sólo pasivo. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia. en esas costumbres devocionales (Agnusdeis. y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39. pues sabe que las roperas solían ser judías. ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola. la fe en la dignidad del individuo. moral. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40. particularmente en las com unidades de contigua. que... la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. 99-102). Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332). 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca. Cualquier persona. nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás. adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). probablemente.

atractiva. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos. prosperidad económica y cívica de Italia. Relación misteriosa. con la de Tomás43. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes. la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. productividad. objetiva perspectiva crítica. en efecto. p. A.¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. C ervantes y la libertad. Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia. con lo que Tomás. 43 El Saffar. pp. simpática. . evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42. pues. El viaje de Tomás revela. se identifica en gran parte. 44 Casalduero: «Viaje cultural [.lítica. 128. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. la única— del viaje de Tomás por Europa. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. 143-147).]. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . culta y también muy agradable. no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. Tomás es persona educada. ciudad.. 54-5. En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. 45 Rosales. sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44.. que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. en todos esos aspectos. según se elabora más adelante. de la España de los Felipes. From N o v e l to Rom ance . pp. en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. con toda probabilidad. inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes.. con más amplia. individuo inteligente. pero. 103). 1962). esta laboriosidad. ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. inconscientemente.

A todas luces. y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880). muy significativamente. encontrándose de­ samparado en la patria.. en suma. aunque de seguro prefiere la vida privada. aprecio. por el antici­ pado salario. donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero». «fue bien recibido de sus amigos». que le rogó.]. todo sólo para que Tomás fuese su compañero. sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella.. al tiempo de despedirse. como lo ilustra. Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. Al volver a Salamanca de su viaje. por ejemplo.los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. le avi­ sase de su salud. Tomás es hasta gre­ gario.. al acabar los estudios. Y. con pesar grandí­ simo de su camarada...]» (879).. que él le ofrecía su mesa y aun. Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca.]. En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos.. llegada y suceso. ingenio y desenvoltura [.]. el gaudeamus con los soldados. lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que. puntualidad y diligencia». Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo. ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). Tomás se despide de ellos. su bandera». cariño y amistad. lo cual se evidencia. si fuese necesario. «contentísimo de [su] buena presencia.. y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen». al fin. cordialidad. Él los sirve con «fidelidad. que de seguro añoraban mucho su presencia (879). «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877). de una bella re­ lación de mutuo respeto.. meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ . el capitán Val­ divia» (888). camaradas en Gé­ nova (878). cuando la ocasión es apropiada para ello. sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877).. le rogó que se fuese con él a Italia [. en particular. Se trata. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [. Prometióselo así como lo pedía [.

pero no sufras que ella te mande a ti» (881). como.]. pues. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115). Véase la Epístola de los Efesios de S. Pablo. 886. que es.. consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo». a un momentáneo encono por la reciente. Es el mismo prudente. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social. la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881). sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo. «las dueñas con su permafoy [.]. 128.] no eran las apartadas. con más re­ pulgos que sus tocas [. déjala que mande a todos los de su casa.. pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal. Otras declaraciones parecen misóginas. y le aconseja que no vaya a buscarla.]. que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [. cuya «mujer se le había ido con otro». (881. 1648). v. «los templos son campos de batalla. por ejemplo... . probablemente se deben. demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio... Quizás.]: Dale lo que hubiese menester. en efecto. a quienes. tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48. «las cortesanas [.. ante todo...] las mujeres triunfan» (887).. sino las vecinas». Rosales.].. etc..]. Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas». todas o las más tenían más de corteses que de sanas». Otras declaraciones sobre las mujeres. «tenía particular enemistad». escrúpulos [.].. . donde [. su inutilidad y sus vainillas». 887). entre otras cosas. de cualquier modo (879). vaguedades de cabeza [. tan determinada en conquistarlo. su modo de hablar. Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886). sin serlo en realidad. como..].. por ejemplo.... en efecto... te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». A algunos lectores Tomás parece misógino47. flaquezas de estómago [. Aun antes de criticar los ridículos fingimientos. pero algunas de sus declaraciones. Al marido. el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [.. sus muchos melindres [. la va­ nidosa pretensión.pos» (879).

p. toda­ vía no ha herido su corazón. critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52. el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). Se dice que Tomás es un “m isántropo”. ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. porque. . Cervantes . creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. y de su interés en el prójimo. de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. Sin embargo. que constituyen la médula de la obra. Sampayo Rodríguez. porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879). ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. Sin embargo. Las mujeres bellas llaman mucho su atención. mucho más discreto que los otros estudiantes. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. simplemente. Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». 52 Críticos m encionados en la nota 3.que es el defecto o el vicio en sí. Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. por encima del sexo que lo per­ sonifica. 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. quizás. amistosa de Tomás. a quien pudiese amar con todo su ser. que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). sociable. supuesta­ mente. 93-102. todavía no la ha encontrado. 115. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49. de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor». haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. más bien. no quisiese cortejarla-—5 0 . Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger. de un modo u otro. el amor. C ervantes y la libertad . la encontraría. según ya se ha mostrado. resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. pp. al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. pero a la mujer. en el futuro. lo que Tomás critica.

190). 1252)54. 56 O liver. p. pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55. ¿No sería quizás inverosímil. sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. entre otros que no lo son (887).. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53. . pocos sabios [. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ».] muchos necios» (D. 55 Riley.. son «tan pocos [. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad. fundamentalmente. sorprendente que Tomás. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. oficíales. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela. destructor. Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios. 237.. esperanzada.] que casi no hac[en] número» (882). grupos. cívicas y personales. Por desgracia. que desapareciera tan por completo después. «Cervantes and the Cynics». en cualquier grupo.. 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. y así. «un religioso muy gordo». incluso en un sentido es­ trictamente médico. cierto optimismo.tan». ¡aunque no muy grande!. optimista. Quijote. los «levanta sobre el cuerno de la luna». la actitud de Tomás frente a la vida. en la posibilidad del cambio.]. como Vidriera. como algunos lectores lo han retratado. Antes de “enloquecer”. un cínico negativo. A los “malos” critica y satiriza severamente. éstos. profesiones. pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera.. bilioso. de todos los tiem­ pos.. en efecto.] es más el número de los simples que de los prudentes [. entre los médicos competentes. Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—. él no es. de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. y del propio Cervantes: «[. véase nuestro estudio citado en la nota 16. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son. diríamos que.. no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey.. al futuro. guloso. en efecto. precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es.. a que se re­ fiere. etc. es claramente afirmativa. muy justamente censurables. de un modo impropio o in­ sensato. p. al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics».

p.. irritantes. . mucha­ chos porfiados como moscas.. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano. Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [. Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [... casi siempre maliciosas..... cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera. «a cada paso. ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo». Así. no sólo mu­ chachos. le dijo una ropera: [. Otra vez le preguntaron [. Preguntóle otro estudian­ te [... le comenzaron a tirar trapos.. sin dejarle sosegar» (880.... ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita.]. que Tomás no critica a diestra y a siniestra.]. Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos. con tal de no dejarle en manos de m uchachos. pues. Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [. atrevidos [.]. haciéndole toda clase de preguntas «continuo [.gunos m om entos—.].]. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [...]».]... ante todo.].. que no puedo llorar? [.. 190).] ¿no tenéis qué decir? [. Cabe advertir.]. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales... a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto. sino «todo género de gente [... Cervantes...]. ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente.]. Uno de ellos lo llamó [.]..... preguntas agresivas.]. como acto de defensa: «Los muchachos. que son la más traviesa generación del mundo...]?» (880)57. etc. Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881)... Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [. diciendo: ¿Qué me queréis.] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [. Y después empezaron a «seguirle siempre muchos». creador de la novela corta española. sucios [.. y díjole: De nosotros [.] ¿qué haré.]. sólo por oírle reñir y responder a todos». a despecho de sus ruegos y voces.]... provocadoras.]...]. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo.. se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo. y Cervantes.. en cada calle y en cualquiera esquina». Preguntáronle por qué [. una vez por la ropería de Salamanca. Uno le dijo: ¿Qué es esto [. y aun piedras [. 884): «Pasando. Un príncipe quiso enviar por él [..

porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885).. aun­ que sin provocación directa. por ejemplo. a la postre. al disparate. . pretensiones públicas de fe genuina. y lo es en todos los demás casos semejantes. cuando 53 Forcione. galas y perlas». honradez personal. que «pasea» a la hija «muy fea [. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían. despiadada. etc. ecuanimidad judicial. conforme a su parecer. pues. pp. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro. deshonestas. una conveniente.. inocentes de una crítica injusta. Poco después de burlarse de la tendera. aunque no siempre de inme­ diata. de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58.. como. ¿no sería.] empedrada [.] de dijes. satiriza a los “procuradores y solicitadores”. porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. la indiferencia frente a la mentira. etc. C ervan tes’ H um anist Vision. Sin embargo. el de a cuatro de a ocho» (885). cen­ sura a éstos. aparentemente sin conexión alguna. cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta. del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238). estas combinaciones de críti­ cas. 227 ss. y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia». resulta clara e ingeniosa. porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”.diato— respecto a otro blanco. En suma. La asociación mental de los dos casos. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881). constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. etc. sino.. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón. del «juez de comisión» (884). ridiculas. la pasividad.. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [. paten­ temente. del falso «licenciado» (884). a base del subterfugio. zapato malo». sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. de individuos de hipócritas. lógicamente relacionadas de algún modo. hechas en una ocasión previa (886). siempre se revelan. integridad intelectual. El silencio. gratuita..].. A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. en efecto. fácil comprensión. personal. cíni­ cas. no se trata de víctimas inermes. por ejemplo.

cuyas «lenguas y picos». ¡sitiado! En efecto. Quijote. Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. Vidriera señala a la persona. 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o . y divertirse a su costa59. con toda clase de preguntas.. en los individuos que lo ejemplifican. con­ dena severamente repetidas veces (882. por verle armar algún escándalo. despiadadamente. p.). «sin dejarle so­ segar» (884).. circundando» (884). 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. la muchedumbre lo sigue por todas partes. a veces. como en el caso de la ropera63. al encontrarlos en su cam ino62.] corrido» (888). Tomás se sentía «confuso y [. provocándole de continuo. se nos dice explícitamente que en tales situaciones. aunque los reprende.]» (887). Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid. evidentemente. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. Las críticas de Tomás son. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. 61 Sampayo R odríguez. p. a menudo.] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60. Además. Q ui­ jote. 58) [«C om o en un jardín zoológico.. sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880). «La rueda de la mucha gente que [. no es un irresponsa­ ble. sin duda.. cínicas y sarcásticas. Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera. y así de los otros vicios. cuando ésta lo provoca de m odo directo. 1326).. los que lo persiguen a él. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [. cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D. inevitablemente. 887). the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance. pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. ingeniosas.. punzantes y. 1326). La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881). y decir en sus versos mal de los envidiosos.. en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”. con que no señale persona alguna» (D.son éstos. 161. pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta.].. que no de vidrio». que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce. chispeantes.

verso. la estupidez.. “real”— 65. com o también la forma (apotegma. fundam entales. 133155). Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera. p. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas. p.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol. N o v e l to Rom ance. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. refrán. 105). R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [. í. y de las preguntas tan variadas e inesperadas. permeable. la in­ competencia.. Tom ás comunica verdades claras.. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura. Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada. cotidiano. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida.] que era todo hecho de vidrio» (880). h. más profun­ das. etcétera..]. asistemático. y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. entre otros. en gran parte. Tanto las aparentemente ligeras. esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. Sin embargo.) en que se inspiran sus contestaciones.Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. es evidente que Cervantes nados en nota 3). y que . T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos. “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas. en que coinciden varios otros críticos. «de pensado» (888). en un ambiente social. que se le hacen.. la mentira. Imaginóse [. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad.. Por esta actuación meramente verbal de Vidriera. confuso 64. Rosales. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación. Sin embargo.Esta “fragmentación”. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás. en circunstancias siempre diferentes. natural. el vicio. p. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”. 208). en su conjunto. pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. 56. Esencialmente. y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. Esta op i­ nión. pp. etc. la tontería. “transcendentales”. 64 El Saffar. en que el público lo ha convertido. fluida. le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad. la hipocresía.

La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». 35-78.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. por no perseguirle el público con sus preguntas. p. (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. es decir. bajo la constante amenaza de un contacto violento.. ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos. que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda».) . obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo. la locura.] el vidrio. pero.. por ser las cir­ cunstancias diferentes. promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880). de materia sutil y deli­ cada. descansa en consideraciones m uy superficiales. cuando “lo c o ”. pe­ netradora de la más densa oscuridad y.] para abogar y ganar la vida. im­ propio. de los proverbios. 214). por ser él «hombre de vidrio». es también muy “delicado”. pp. que «le diesen de comer sin que a él llegasen». de mágicos poderes reveladores. chistosos. perenne. porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad. igual que la verdad. ob­ sérvese también que no son nunca tontos. paradójicamente. Así. «Por ser [. víctima fácil. verdades com prensibles para todo el que desea saberlas. con su sutil transparencia. todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. que él siempre persiguió en su vida. habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ). tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida. pero si no me dejáis. popular. Así. pesada y terrestre».. que­ bradizo. de la mentira y de la ignorancia. pero que no decía. Sin embargo. toda inhibición para decir la verdad. La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás. el vidrio. de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. lo que siempre pensaba. en forma alguna. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo. refra­ nes. pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio. Diríamos que se identifica con el vi­ drio. de que sólo «le hablasen de le­ jos». pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. La única diferencia consiste en que pierde Tomás. frágil. dichos ingeniosos. sin ser «de vidrio». mezquinos intereses “terrestres”.. «A quí he venido [.

con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. con la tan temible verdad. en realidad. Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. ardua enmienda personal. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. de un modo u otro. p. pp. véase G onzález de Am ezúa y M ayo. la “locura” de Tomás es la explicación usual. etc. «hombre de vidrio».. radical. folklóricos. Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios. consciente o subconsciente. 68 García Lorca. y. «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887). las terribles consecuencias ínsitas en tal condición. Tomás. De he­ cho. constituyen. porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. creador de la novela corta española . favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. Insistiéndose en su virtud deformadora.. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. supuestamente muy có­ mica. claro está. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». «mirando a los tejados. refleja de modo in­ mediato. . determinado a ser fiel a sí mismo. Con este objeto se fijan complacidos. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». «El licenciado Vidriera y sus nombres». en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». nacional. etc. social. «si no fuera» por creerse de vidrio. 165. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente. Así. ¿no suele quizás el mundo negarle. temeroso no le cayese alguna teja encima. Personificación de la ver­ dad desnuda. sin inhibición alguna. como el vidrio-espejo. 154 ss. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». conveniente. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. sobre todo. se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada.de las calles. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. cuando la imagen re­ flejada no es halagadora. de esta obsesión. C ervantes .. y le quebrase» (880). humana. Ahora bien.

Al fin. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. Significativam ente. por causa de su actuación com o Vidriera. sabio. y no Rodaja. propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. and Certain Related Images» de Engstrom. y veréis que el que os respondía bien. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. Tomás va a Flandes. de improviso. «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. como hombre grave. “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. también porque piensa. Rueda. U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. pero creem os que consiste. 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»). que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. pero sin ya declararse «de vidrio». modesta­ m ente.cisamente por esta razón. os responderá mejor de pensado» (888). ya curado. «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. fundamentalmente. a costa de un indefenso “lo c o ”. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). sabio. según antes lo consideraban71. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. pa­ yaso callejero o bufón de corte. de un m undo al revés. tam bién morirá com o Rueda. sin jamás poderse revelar com o Rodaja. bueno. . 70 A dopta el nom bre Rueda. Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. ninguna conveniente. aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. engañosa disculpa69. en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. sino tan sólo en la diversión. perversa o tontam ente. según dicen. sólo en esta sencilla y clara ironía. entre otros). 82-92. cuando promete decir siempre a todos la verdad. cuando Tomás. Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad. preguntádmelo ahora en mi casa. a la vez. que considera. que todavía no ha honrado a su familia. pp. com o se ha propuesto al princi­ pio. esencialmente.

. destructivo desahogo cínico. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [. el texto no sustenta en absoluto tal interpretación. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. Notemos. “lamentable” con­ ducta o actitud pasada. N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. el maltrato y el parasitismo. de paso. 74 La guerra por causa del rebuzno en D . etc. tahúres.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán». a Tomás seguramente le parecería incongruente. como cualquier turba mercenaria. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda.. C ervan tes’ H um anist Vision. .] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». de modo inexorable. Cervantes— 74. que.. 73 F ord one. desenfrenado. Q u ijote (il. pronto envuelve. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros. caps. y también. rasgo distintivo también de Vidriera. a principios del siglo XVII. en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera .. con toda probabilidad. y el re­ chazo categórico del discreto. las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. claro está. 316. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia. pasteleros. al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros. en que principalmente parece consistir esa profesión. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. El inescrupu­ loso... La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877). absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. Ahora bien. por su tan “extraviada”. aun al mejor intencionado. rencoroso. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [. sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado».tuito. incorruptible joven: «Esto sería [. que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. brutal juego por la ventaja material y el privilegio. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso. p.

ex­ plica Tomás al capitán. pues la gente no dejó de «perseguirle». como un trágico ostracismo. a la corte. Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. y. en particular. Ese mundo ignorante. cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. alado. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877). con amargo desengaño. sino.ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». en realidad. a la socie­ dad entera. anímica. como si todavía fuese Vidriera. Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. de Tomás bajo la «pesada». Tomás. del pensamiento. pues no podía valerse de las de su ingenio» (888).. la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. No.. lógicamente. delicado. sino. que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas. por esto. fiel a sí mismo. ¡y de la actualidad!. morfífera «materia terrestre» (880). donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte. se concluye. a todas luces. todo lo contrarío. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». Teniendo en cuenta todo esto. ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. él también. sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). sutil. como. creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre». y sentirse gratificado. liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». cruel. En efecto. la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. en efecto. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual. aunque ideal. re­ crimina. no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase. en realidad. fértil. después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos.

trágicas consecuencias. claro está. ge­ neradora de inexorables. cuando menos. Esta lamentable. inconsciente?75. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. en 75 A unque con enfoque distinto. p. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. aparentemente todavía no bien apreciada. que ha escrito el inmortal genio»76. con inefable tristeza. callado. «El licenciado Vidriera». constituyéndose en la ejemplaridad moral. muriendo en un campo de batalla. a menudo. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. pp. en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad.de “terapias psiquiátricas”. enfrentado con una insensata muerte. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. 76 A zorín. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales. Con Cervantes. filosófica de la obra. sublime gratificación íntima. ya otros (Riley. resignado. 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular. 102-3. He aquí. la actuación de Vidriera se sustenta. repri­ miendo su opinión y su sentir. a nuestro juicio. es decir. . quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. Como ya se ha visto. Parte íntegra de esta ironía sería. la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888). La Torre. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. 77 Serrano Poncela. 194. asimismo ejemplar. p. que a menudo se califica. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. es decir. «El licenciado Vidñera». Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». pero también.

superficial de sus creaciones.. en forma de apotegmas. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita.gran parte. virtuosos. predominante en to­ das las esferas sociales. inevitablemente. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. necias. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . pasajera del destinatario. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria. sentencias. oral y escrita. en particular.. proverbios. refranes. Esa sabiduría tradicional. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. analfabetos e “intelectuales”. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. frívola disposición anímica. morales y. oral y escrita. correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. ridiculas. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad. que atañen a la creación y comunicación artísticas. chistes. y otros que no lo son. su transmisor hábil. 78 79 . insensato apetito por la diversión fácil. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos. y. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. sabios. dedicado. Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. la enseñanza como. naturalmente. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos. y como Vidriera. anécdotas. Tomás representa a todos los autores. festejados tan sólo por lo más “divertido”. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. quien así banaliza tanto el pensamiento. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. también el arte con que se expresa. Desti­ natario de torpe... De asiduo. estéticos. a la vez. culta y popular. dichos. de esta sabiduría. drama de este tipo particular de in­ com prensión. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. anónimos y notorios. claro está. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. como en todas las obras cervantinas. en la sabiduría tradicional. por sus reacciones impropias. hombres y mujeres78.

ejemplaridad cuestionable de la obra. C er­ vantes. psychological motivation and outcome as it does». [«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. descriptions. «anecdotes. 191.. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. ill. desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción. [«(. symbols». Pierce. «Introducción». personajes mal retratados. no merece ser discutida.] 2 Avalle-A rce.) no tiene relevancia para el significado de la vida. N o v e l to Rom ance. De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. Esta estructura parale1 A tk in son .LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . se distribuye en dos partes en la obra. con que toda la materia. pp. moraleja extraña de la historia. asunto inverosí­ mil. lleno de increíbles coincidencias.» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso».) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas». etc. p. [«(. de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 . «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ».] 5 Ibid. 27. p.] 4 Calerait. que. 136-141. la m otivación psicológica y el desenlace». «it does not merit discussion».. Duran. G itlitz. etc.. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». etc. l. etc. [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. . C ervantes: N ovelas ejemplares.. no es digna del genio de Cervantes». el P inciano and the N o v e la s ejem plares ». characters. advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. «it has no hearing on the business or meaning o f life». «unworthy o f Cervantes' genius». «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events. en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela. 3 El Saffar. p. p. porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. 114. «Structure. p. Sin embargo. «C ervantes. falta de «buen gusto». pp. 71-2. en efecto. 128. Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ».. Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua.. 197. themes.

p. antítesis. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ». determina la estructura de la novela. al menos en parte. sím bolos (etc.. Forcione. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. se acentúa ía “industria”. antitética. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural. es concebida de tal modo. cíclica. nuestro estudio propone otra posible lectura. descripciones. pp. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas.) (. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. díptica. mís­ ticas. divina. sobre todo. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica. no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. temas. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse.. reveladoras de la naturaleza compleja de la novela. simétrica. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. 7 Calcraft. pero. N o v e l to Rom ance. y otros) reconocen tal estructura. “milagrosa”. For­ cione. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen. Piluso. que se considera feliz. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6. en cambio. 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas. que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías.lística. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera. alegóricas. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. 134 ss. alegóricas de L a fu e rza de la sangre .. en juicio de los críticos que así la caracterizan. sino que. «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas. sin contrición alguna. Casalduero. El Saffar. mucho más sencilla. la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. 203. .] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja. «Structure. etc. a nuestro juicio. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. 8 El Saffar.)». enga­ ñosamente. Otras veces. en El teatro de C ervantes). en sus interpretaciones. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. etc. de ha fuerza de la sangre. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. etcétera. religiosas. pero sin descontar al “designio di­ vino”. Soons. caracteres... sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1. esencialmente. por ejemplo.

como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. . con gran sutileza conceptual e irónica. Sin embargo. re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. en la ejemplaridad crítica. característicamente cervantina. 2 1 2 . y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. semiconsciente. sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. en L a fu e rza de la sangre . Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. cuando menos. según se las hace imaginar su educación religiosa. “histó­ rica”. concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. enmudece aquí». de esta obra tan “realista”. como penas del infierno o del purgatorio. entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella. en sí. Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891).ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. censor de su época. C ervantes . creador de la novela corta española} o. pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. moral. de una total abstracción de la moralidad. I. p o ­ lítico o de conciencia. nada frívola ni “idealizante” H. quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891). por un ins­ tante. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. 69. no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. en un estado delirante. Cervantes. Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. p. la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. constituyéndose todo. planteamiento de problemas de ningún género. tal conclusión. pues. p.

. cándida edad se acumule.. Al expresar estas preocupaciones.. por «piedad». . en esencia. las advertencias y enseñanzas 12 Riley. con los dientes». con las manos. Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella. A lo forzoso.chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima... que «cubra con perpetuo silencio [. defendiéndose «con los pies. N o se trata de un reparo crítico del propio autor. ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos. tan repentina y violentamente.]. Desesperada. pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [.. natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). sin resistencia concediese con tu abominable gusto. pp. sin querer que las oiga el mundo!» (891). Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra».].]».. que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años. nótese. Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. si no.] traidor y desalmado hombre [. Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice.]. que le quite la «vida». destrozada para siempre. refleja. pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. entre mi y el cielo pasarán mis quejas. le recrimina indignada «[. propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [. A pesar de su ab­ soluta inocencia.. acongojada. preocupado con el decorum. implora a su violador. 136-7.. indica su íntima. con la caracterización verosímil del personaje1 2 . ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle. antes podrás matarme que vencerme. Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada. desmayada me pisaste y aniquilaste».. podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892). no llegando los míos a diecisiete» (891). no es bien que [la] vean las gentes». ya que le ha quitado la «fama» o. tanta desdicha. C ervan tes ’ Theory o f the N ovel. despierta. pues. Al recobrar Leocadia el sentido. a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas. es decir.] la ofensa que [le] ha hecho». que si ahora. sino conforme a él se le asientan en la estimación [„. de que en su tierna. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada.

ni el de mis parientes». Leoca­ dia «miró a todas partes. p. Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [.]. (893). ni en pensamiento le has ofendido [a Dios]. implora a su ofensor. Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle. o a lo menos junto a la iglesia mayor. lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso. que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena. Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo. que yo por tal te tendré. y pues puedes vivir honrada con Dios en público.. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle»... fuera de [su] padre y de [su] confesor». profundamente horrorizados y entristecidos.... porque». ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [. no vio a persona. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen..]. «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892). según se deduce también de las reacciones del padre. es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora. a cada paso se detenía. y por desmentir los espías... hija.] tú ni en dicho. después de haberla violad o. ni saberla [mi casa]. tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones». [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia. Por la misma preocupación. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron».. etc. ahora. N o v e l to Rom ance. «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. 132. ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte.que le impartieron en su casa. sus padres. y de allí a poco se fue a la suya [. tente por honrada.].]».. dándolos hacia su casa [. dice..] . ni el mío. nutrida por el chisme. y la verdadera honra en la virtud [. se entró en una casa que halló abierta. después de la violación. sin que jamás 13 El Saffar. no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [. es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que. Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso». amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. por decreto de la “honra”.]» (893). si acaso la seguían. «también has de jurar de no seguirme.

parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). 125-132. entre «gemidos. retirada y escondida [. resignarse.]. 15 Scott.. Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. suspiros y lamentos [. como lo lamenta Leocadia. teatrales de esa época u . «debía de ser hombre principal y rico» (892). Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893). por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta. 894). des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols. en realidad. pp... de solidaridad en el sufrimiento. honradavirtuosa. con ves­ tido tan honesto como pobre [.. la protagonista de esta novela1 5 . como único remedio. temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente». 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia». a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles.. porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [. evocadoras de la tradición evangélica cristiana.te mire sino como verdadero padre tuyo» (893). consciente de que no se le reparará el agravio nunca. «encomendarse» a la justicia divina (893)... aconsejándole. pero de humildes recursos económicos (890). llenas de com­ pasión y ternura paterna.. Palabras exaltadoras de la virtud personal. La familia entera de Leocadia es. A esta convicción. princi­ palmente. palabras sencillas. con todo el recogimiento posible [. Proba­ blemente. erasmiana. cristiana. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ».. sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. sufriendo terriblemente todo el tiempo. sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo.] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles. lloros. de comprensión humana. que es la verdadera honra. en que fue violada. familia buena.]. sin dejar verse de persona alguna. .]..]. no fueran en mí tan desdichados» (892) 16. reales y lite­ rarios. exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos. Como consecuencia del rapto. Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres. en cambio.

Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. mucho más extraordinario. 38) [«(. y después. digna. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. a la poderosa y rica clase nobiliaria. Sin embargo. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. ¡du­ rante siete años!. Cer­ vantes no condena de modo categórico. física y emo cio nal mente. «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. e d essendosi scoperto. . suprimiendo de continuo. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. Juventud trágicamente truncada. usurpando este oficio la madre» (894). hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. causas y motivaciones impropias. non scemata. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ». Cervantes nos muestra otro posible desenlace. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. y habiéndose descubierto. en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”. aunque se hubiese vengado enteramente. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890). claro está. p. contaminada Ja honestidad de su mujer»]. es decir. ¡Auténtico. G iornata ΠΙ. de haber castigado al reo. feliz. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. novela II. porque. Sin embargo..trozada. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. pasaje citado ya por Pianca. no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. G o eth e (Fausto). condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública. sumario.. D ostoïevski (El idiota). su instinto y cariño matemos. entre otros.) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida. “deshonrada” víctima. atroz martirio!. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera. de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social. ya sin esperanza alguna de una vida normal. De acuerdo con su fundamental noción del individuo. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia. fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa.

la calidad. lo cual repercu­ tiría también en su vida. pues para él toda “sangre” es “colorada”.. como ejemplo imitable. con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas.]. D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). Y. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. . Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896). «en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». si no muy rica.. como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos. Luisico. que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895). mientras que su hijo es. buena gente. entiéndase “engendrado” y criado. A su vez. a lo menos muy virtuosamente [. según se verá.. inspirador para los de­ más. esencialmente. depravado. les imponía. a pesar de ser hijo de Rodolfo. consistente con esto. y de la criada». del azar.lar. y lo han sido todos mis antepasados. pero son. N o se trata de una inocua mucha­ chada. el de las ovejas con el de los lobos y. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). un ruin. Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [. los genuinos méritos personales.]. la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. ya que no le po­ dían hacer rico. cubiertos los rostros. Nobleza. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones. el carácter. miraron los de la madre y de la hija. acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia. ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. Significativamente. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 . «com o mujer y noble». porque mis padres lo son. a todas luces.. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. poder. pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina.

a pesar de todos los inconvenientes» (890). gritó su madre. Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social. símbolo sacro­ santo de la familia. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». La apetencia sexual 19 F ord on e. Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana.subraya varias veces. que «despertó en él un deseo de gozarla. «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ». lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo. gratificada por el momento su lujuria. pero ni las voces fueron oídas. que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos. con la misma facilidad. quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro». ex­ poniéndola. a un gran peli­ gro de muerte. brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia.. humana.. todo lo cubría[n] [.] las crueles entrañas de los malhechores» (890).] Dio voces su padre. si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”. sin duda. sin el menor escrúpulo de conciencia.. «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto. 363. llevando «los despojos» de la desmayada. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». con muy buena razón. según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [.. En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. arañóse la criada. que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo. así desmayada como estaba». a la madre —mujer todavía joven. lloró su hermanico. ni movió a compasión el llanto.]. ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [... Después. p. ni los gritos escuchados. para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación. pues tienen también «un niño pequeño» (890)—. fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo. sino de una descarada.

no se dife­ rencia. T oulouse. quizás. Jammes. de O vidio. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. porqu e es astuta. «llevado de su amoroso y encendido deseo. de algún m odo. m as devaneo! ¡C om o. 15. . en este soneto burlesco: 1. y después. no amor. como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. 20 Lo que R odolfo proclama.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. Cualquiera vaya. Es justificado pensar. esencialmente. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. sosa de carácter: «como no sea necia. que de m ujeres quiero la hermosa . con faceta psicológica más compleja. tras su deseo. (A lzieu. Libro vi. en algunos aspectos episódicos fundamentales. pues hermosura busco y no dotrina. R o­ dolfo queda «sin sentido». anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). y adoran la si es fe a y es parlera. p o r simple. ¡ O necio humor. que una extraña. la raposa y no como. cuando menos. con obvio tono cínico. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. 1975. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. sumisa. L issorgues. 2. P or la hermosura no dan cornado. p. pues. del “ideal” que "se exalta”. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella. 3.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. la gallina! 4. Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. con orgullo. com o su ideal am oroso.

nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y. p. Cervantes.. probablemente. inerme.. Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella.. 221. II. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada. Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor. he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes).). Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad.Rodolfo. siem­ pre posible cuando hay testigos24. R.. por otra parte..].]». porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien». la había dejado en la mitad del camino» (892). . por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22. «no quiso hallarlos. Sin embargo. [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (.. cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance. Aberración sexual. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas. Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [.. pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado. pero ya en la calle.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo.. 127. antes se resolvió en decirles que. avasallando todas sus facultades racionales. quiere evitar toda incomodidad con la justicia. p. siente algún tanto de com pasión por su víctima». 23 Scott. Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados. movido de sus lágrimas [. Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo. por el poder de su familia. creador de la novela corta espa­ ñola. claro está. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ».]. caprichosamente. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia. ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890). Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas.

. claro está. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento». necesario. Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres.]. porque son propicias a las «compañías libres». p. a un cuarto aparte en la casa [. «por darle gusto» y. al explicar que su hijo llevó a Leocadia. probablemente al río. mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador. Rodolfo baja.gests the facile movement toward degradation. y. D e igual m odo. de cuestionable propiedad. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). Likewise. a estas horas. por frío cálculo oportunista. «las once». para ir al río.]» y 25 El Saffar. para violarla. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo. «sin ser visto de nadie [. por los calores del verano.. portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos.. con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. Por cierto. vuelve a su casa al caer la noche. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón. como gente honrada y discreta. De tales festines nocturnos. muy obvias. while movement away from the city suggests the opposite»25. . Y ellos. 26 Es inolvidable la descripción de D . pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. hay dife­ rencias significativas. dejándole. a las diver­ siones disolutas. que no obstante quedan descui­ dadas. m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia. tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. aplauden todos sus «desafueros». pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. con­ secuentemente. siempre anticipando aprobación y admiración. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent. N o v e l to Rom ance . quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito. «todos insolentes» (890) —sin duda..

de Toledo. el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. Esta “inadvertencia” que. «conforme a su deseo» (897). En todo caso. sobre todo. que amenaza la honra de toda la fa­ milia. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato. El “desig­ nio” se realiza puntualmente. Con sutil estrategia psicológica. por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. pre - . por un tiempo. Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. que era fácil deshacerse los conciertos». discreta. juguete para su mocedad. no atreviéndose a disciplinar al hijo. precisa­ mente por este “renombre”. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. noble». A la inmediata. Poco después del rapto. diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). desee el padre alejarle. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. a su voluntad. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. no es moralmente condenable. con su acostumbrada indulgencia. donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia. Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. considerados. pero «fea». como de seguro sabe muy bien. sólo como na­ tural desahogo juvenil. al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa. en sí. Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. y. que no tuviese pena alguna. permisiva en general respecto al modo de ser. pero no lo es menos que. ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo. enviarle a Italia. probablemente. a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. nótese. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas.que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. pues. al comportamiento y a las andanzas del hijo. picioni.

precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto.]. hijo de Rodolfo y Leocadia. Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. .. significativamente. 211). consideradas todas las circunstancias. “mila­ groso”. y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. Estos anticipados deleites.] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros. los cuales encontraban hermosa. p.. i).suto et salcicie» (894)27. El que los padres de Rodolfo conozcan o. ¿no sería mucho más extraño. Consciente de la vida libertina. ¿no es­ taría «el anciano caballero». en un estado de continua. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—. ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894). su nieto. sino a ser soldados [. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina. de dos de sus cómplices toledanos. dicho encuentro no sólo no sería imposible. y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba.. A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido.. es atropellado por un caballo. en sus paseos por las calles de Toledo. ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles. tan hermosa Italia. pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria. los italianos. y defenderla del turco y otros dom inadores [. totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—. creador de la novela corta española. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia. «voraces dom inadores». sino muy probable y por completo natu­ ral. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro. de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. acompañado. vol. Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido». sos­ pechen la conducta disoluta del hijo. Sin embargo. en que Luisico. apuntan al modo de vida al que Rodolfo. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». cuando menos... irresponsable del hijo. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—. II.]. sin duda.

. Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. es m otivo fundamental de la novella 27. quien rapta y viola a L. y por el instinto de la «sangre». irónico. púsose a mirar. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo.) derramando su sangre. de un modo u otro. de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. a una ley física.. derramando su sangre virginal... en suma. objetiva. de la «natura». a la gran velocidad del caballo. estilísticos. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes. este episodio es tan verosímil. i. cuestionable. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her. estructurales.. pero su sostén textual es. buscan un sentido altamente sim­ bólico.]»30. alegórico en la obra. incontrolable. para rebatir las opiniones opuestas29. pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo.. 29 Rodríguez-Luis.un sentido fundamental. shedding his blood. derramando mucha sangre de la cabeza» (894). cuando me­ nos. la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino. Parte II. Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros.. “realista”. paralelos. 70. Interpretación tentadora. «La furia de la carrera» se refiere. por la semejanza de la «facía». p.] . 117. en definitiva. y por mejorarse de puesto. y dejóle como muerto. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. según nuestra interpretación. Por otra parte. etc. etc. Sin embargo. con que coinciden todas las demás que.. y no a su naturaleza salvaje. pero. [«El caballo que atropella a Luisico (. pasó por encima de él. evidentemente. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street.). p. shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ».. El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28. son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». 30 G iditz. como dice un crítico. Parece «harto verosímil [..] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras». temáticos. Parte II. tendido en el suelo. y R.

p. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. sino para ocasiones extraordinarias. [«(. Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular. así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32. pidiénIbid. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”.. derramada en un simple accidente. 33 Ibid. la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y. crucialmente. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896). comprensiblemente. El hecho de que. Esta distinción. etc. con el sufri­ miento de Cristo. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». evidentem ente.. porque este accidente determina la identificación de Rodolfo. los m edios de la redención de su madre.. Y. 35 32 .. así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»]. Leocadia se identifica. para hospedar visitas ocasionales. Es cierto. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. etc. para uso diario de 1a fam i­ lia. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. víctima inocente de la maldad. por la Providencia D ivina en todo ello. tanto en el nivel humano com o en el moral. después del accidente. etc. 2 0 2 [«(. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo.. representado en la imagen del crucifijo. on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption». con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be.. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es.. y la derramada por Cristo. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [. hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico. Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos.) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán.igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. según nosotros importante. primordially carnal appetite and pride » 31. sin embargo.]. «Structure. Calcraft.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»].

se hicie­ ron deprecaciones. Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia. sino llevada de un discreto designio suyo» (892). el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella. de un modo u otro. pues. y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos». la verificación de los hechos. con tanta probabilidad. como factor. una obsesión patológica de Rodolfo. sirve a todos de “testigo”. el crucifijo. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». a pesar de haberle ésta revelado todo. como rico. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. lo cual responde a su propósito inicial. por el crimen cometido. de “testigo”. aun­ que. ya casados. de prueba material. «no por devoción ni por hurto. de mórbidos complejos personales. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. «abrazada del crucifijo» (896). Los personajes revelan. ni siquiera la más leve emo­ ción. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893).dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). Independientemente de la actitud particu­ lar. otros considerándolo. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico. la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. cínicamente.. no hizo cuenta de ello» (893). sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. aunque incidental. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. o hasta. como mero objeto precioso. su natura­ leza? Y significativamente. milagroso. que pues ella fue testigo de tu desgracia. reconocido como propiedad del hijo. Para algunos personajes —y . nótese. consolador. propiedad. ante cuya imagen se renovaron las lágrimas. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo. etc. en efecto. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. según lo sugiere. En efecto. para la identificación de los protagonistas. pero no se le dio nada y. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. de­ sapasionadamente.

Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz. pp. I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. 35 Calcraft.. «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ». se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship. p.. la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas. y. libidinosa de Rodolfo. 271-5. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas». buscar remedio. De hecho.. El Saf­ far. 201. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35.. pp.algunos críticos— es también “juez”. «Structure. ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. En efecto. etc. particularmente. [«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas. N o v e l to Rom ance.) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país.. identificar a su ofensor. etc. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien.. de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes. sin embargo. «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre». Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual. 134 ss. la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo. Y. honours his parents and the customs o f his society. representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. Forcione.] . quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34.

ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). . 37 D . la conversación de Rodolfo con su madre. 38 A l principio. Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían. las circunstancias de su vida. su relación con Luisico. y. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña. pero. Lejos de contradecirlas. sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. Ninguna preocupación revela por la personalidad. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas. como mozo poco experimentado. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería. las virtudes. (897). el carácter. en efecto. antes. fundamental sería para un buen matrimonio. Dice algunas cosas.. Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o.dolfo36. Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”. evidentemente. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas. pues.]. etc. cuando menos. sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. Regresa a España para casarse. Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter. para casarse. facultad de seguro perfeccionada en Italia. se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. en sí.. sin averiguar antes su identidad. razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [. superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. al vol­ ver de Italia. en suma. sino con muletas. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». etc. hasta el extremo de casarse con ella.. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». sin querer saber nada de lo que tan importante. las costumbres. en Toledo. de su futura esposa. tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899).

D. porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. como una mujer no sea necia [. supuestamente anterior al Concilio de Trento. conociendo bien la naturaleza. la caprichosa. Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado. .. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897). su naturaleza monstruosamente egoísta. gracias al cielo. sugestivamente. a Rodolfo logran casarle con Leocadia. Y muy de acuerdo con estas actitudes. el buen gusto de Rodolfo. Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre».. caprichosa. y. también posible en el caso de Rodolfo. Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. La aceptación.nobleza y de la discreción. la ma­ dre. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”. pues. la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899). El burlador de Sevilla. irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. porque en ese «tiempo». por lo cual también concluye Belisa. una de sus víctimas. pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure. p. su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. discre­ ción. ante todo. y a mis pasados y a mis padres. ¡«Fait accompli». de manera estridentemente obvia. inviolada por hombres como él mismo—. la hermosura busco.]». 200). que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso. la belleza quiero.. no evidencia la sensibilidad estética. sino. a la par que de su belleza física39. hedonista: «jque me entretenga!». Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo. Así. ellos me la dejaron por herencia. pero implícita queda la estridente. era suficiente «la voluntad de los contrayentes.. mudable dispo­ sición del hijo.]. sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza. tercera jornada). enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel.

«en tanto que la cena venía». la afirmación de que ella. ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo. cuando éste vuelve de Italia (896). con tan trágicas consecuencias. Así.] a hurto» en la mesa. y a aceptar como por completo comprensible. su fría crueldad. que ella. la doncella tan juiciosa. por la chocante contradicción que observa entre tan gentil. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad.] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. en el sentido sugerido. no dejan de «suspenderla» (896). de modo muy iró­ nico. redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella. durante la cena. natural.—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo.]. sobreviniéndole un desmayo» (898). Leocadia «ya quería» a Rodolfo. según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [.. su monstruoso egoísmo.. reconociendo su paternidad de Luisico. La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. hubo de sufrir. sin poder prever que. y al casarse por fin con él... y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos. se nos dice que es «venturosa» (899). «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma». Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [. simultáneamente. discreta. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre. pues. brutal modo de ser. ante todo. con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle. comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado». Sí. y de sentido tan serio de la vida.. se realizaría . pero de seguro.. cuando.. etc. poco después. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto.] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897). ca­ sándose con ella. precisamente por su desbordada sensualidad.... al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898).] le miraba» a Rodolfo. sensata. se desvanece de emoción en su presencia. decorosa apariencia y el bárbaro. «alguna vez le miraba a hurto [. «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo.

Aliviada de improviso de la ator­ mentadora. pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto. pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie.] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa. 68: «Honra y no amor.. 4 2 El Saffar. 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia.] me hallé [. indicando «la restauración de la honra» de Leocadia. por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar. ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige. ni después de casados. pues al volver del que ahora he tenido [. y quizás particularmente. «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43.. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [. pero tan bru­ tal.. N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—. hasta la más atroz experiencia del pasado. I. etc. N o v e l to Rom ance . cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida. antítesis.. Gitlitz. ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891). dice Leocadia». en el matrimonio. me hallé. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa.. 4 1 Rodríguez-Luis. p. pero yo lo doy por bien empleado. 132. Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes . declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. Aun­ que ya libres de todo rencor.. en vuestros brazos sin honra. etc. .poco después el matrimonio. Leocadia lo da todo. se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada. tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!. abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l.] honrada» (899). angustiosa carga de toda su juventud... 43 L a estrella de Sevilla (última escena).). esencial­ mente. «por bien empleado». Calcraft. pues. ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. hasta. p. señor.

«Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention».. aparentemente. pues. Ahora bien. . llenas de «radiante luz».. pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [. 100. 59-67. 121-5. y otros. de regreso del río.. (892). según varios críticos. es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ». pp.. que sus padres se encuentren «ciegos. en la primera y en la segunda parte de la novela. vio un crucifijo pequeño [. Calerait. 87-93. p.]. 4 5 Azorín. pp. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales. Levisí. eventual prueba material del crimen ocurrido. pp. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. Con «el res­ plandor de la luna. 485-490. por ejemplo. Forcionc. sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa.]. Soons. pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ». Gitlitz. Selig. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». en A l margen de los clási­ cos. y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia..]. que eran la lumbre de los suyos» (890). «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—.. los estu­ dios de El Saffar. tan claro». cuando menos. caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares. con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz. y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios.. respectivamente. pp. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral. Así. "luminosos”. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia. etc. sin los ojos de su hija. sería. etc. tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo.su «resurrección» en todos los sentidos. Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. «Al margen de La fu e rza de la sangre ».

. llovida de bo­ tones de oro y perlas. Es significativo. Esta escena hace evocar el banquete. pues. «vestida [. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. etc. con airosa gracia y discreta crianza. 4 6 . la pérdida de la virginidad. es realizar los desposorios. le ser­ vían de adorno y tocas. traía de la mano a su hijo. p. en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. no corresponde a la de la virtud. es decir.. durante el banquete. Era Leocadia de gentil disposición y brío. ¡Leocanovelas de C ervantes. sus mismos cabellos. Como simbolización incontrovertible. Rodolfo se olvidó por completo de ella.N o v ed a d y ejem plo de las I. Lo dudamos mucho. por semejanzas. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. claro está. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (. etcétera. 66).]» (897-8). no se casa con ella para desagraviarla. vitalmente. de un modo u otro. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. cintura y collar de diamantes. Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia. inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. Lo que a todos importa. en esta obra. del genuino sentido del amor. sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo. lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral. para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. se humilló a todos [. probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo. para restaurarle la honra a ella y a la familia. de los cánones sociales. probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio. en la novella 42. como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia. Parte Π . para expiar el crimen y el pecado. de Bandello.] de una saya entera de terciopelo negro. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. Levantáronse todos a hacerle reverencia. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido.. acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido..las sugeridas usualmente.

tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. sobre todo. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. como última afirma­ ción de integridad personal. trayendo «de la mano a su hijo». «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». “iluminan”. nótese. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo. sumisa. testimonio vivo del agra­ vio —en quien. humilla­ ciones y sacrificios. más tarde. sólo con la preocupación de su paternidad (899). al observarla dócil. su único nieto conocido. desfilar frente a Rodolfo. Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. que ya antes re­ clamó la misma inocente. Leo­ cadia. un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. y. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. por todos sus muchos sufrimientos. los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico. pues. que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. insaciable y tirana deidad. 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. pura víctima. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. a la vez. las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. Rodolfo ahora no repara en absoluto. sino como señora de alta dignidad per­ sonal. pun­ tillosas convenciones sociales. también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente. pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. con noble ademán espiritual. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). aunque lo fuese por él? Al hablar de la . por causa de las crueles. se revela. Sí. tal como éste desearía. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria. con toda probabilidad. como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—.dia lo sabe tan bien! Así. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante.

el egoísmo. over­ turning the proper hierarchy in the soul.! “Alegría” final.dera “venturosa” al fin. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. they are then. sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales. 121 [hizo lo mejor que pudo]. pues «en aquellos siglos [. de perdón y de confianza renovada.. que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario. entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les». medita sobre esta «alegría universal». i]. Cervantes...] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués. intereses particulares. en La gitanilla. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre». trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza. se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio. como reparador de la ofensa. la arrogancia. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls . las absurdas preocupaciones. 221. creador de la novela corta espa­ ñola. 5 0 González de Amezúa y Mayo.. 4 9 Gitlitz. justas para lograrlo. pues. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo. la perversidad. 156 ss. pp. las penosas disimulaciones. por conveniencia. en suma. «she has done the best she could»49... . de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana. o fuerza desentendida de la brutalidad. como bien se ha observado. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna. ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes. 162-3). de hecho. para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales. p. «o f Christian m arriage.. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia. pp.] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes. Cervantes. pues. el matrimonio religioso» 50.. que. egoístas. y meras consideracio­ nes prácticas del momento. [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. an d hence alienating m an fro m his true nature. an d only then. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». p.) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid. necesidad. fa m ily autho­ rity.

La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular. 151-8. tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. pp. aun sin contrición alguna del ofensor. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio». Sin embargo. resignados. pp. «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. 119-124. en base a la evidencia textual. según ya se ha dicho arriba. si tal es el pro­ pósito del autor. con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. "la medicina”. Sin embargo. «la llaga» (895). . atribuíble a una maduración interior. D e poder demostrarse convincen­ tem ente. con igual sugerencia irónica. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51. cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. pero también. la declaración «por permisión del Cielo» (899). también. sino. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. por genuino sentim iento amoroso. ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . en gran parte por esto mismo. P abón. Casalduero.en una digna relación conyugal futura. de m uy sutil concepción artística. p. en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. sin sostén ra­ cional o moral alguno. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. and La fu e rza de la sangre». des­ pués. Las dos doncellas. ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales.

G onzález Palencia. En La lena. se han señalado muchos an­ tecedentes. como gusano de seda. bíblicos. C ervantes .. que. emborrachándole y robándole las llaves. folklóricos. cumbre de la novela corta». lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos.» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [. todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». me fabriqué la casa donde muriese.EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. 422-3.. lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3. Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis. artístico. 3. y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. pues se trata de una situación hu­ mana universal. p. 13. p.. propuestos hasta ahora. mitológicos. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. sempiterna. Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. se hayan encarnizado en buscarle analogías. creador de la novela corta espa­ ñola . y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. para deleitarse después con un amante. ejemplar o sólo anecdótico. 2 Cirot. pp. il. 234-5.. pp.. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario. «G loses sur le m aris ja lo u x ». Con respecto a este incidente. viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo. su joven esposa. para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio. con tesonero empeño. así. en que una mujer engaña a un mancebo celoso. Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios. 3 Cirot.]. . Para las extremadas medidas con que el viejo. como es natural. «G loses sur les maris jaloux». un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal».

Brow n. 4 5 . llegando una D u tin... como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño.. «N otas sobre ios elem entos m itológicos. todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6. por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(.. bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ». «Las N ovelas ejemplares». perdona a su joven esposa.) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»]..]/ In­ tro una ciambra. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano. 81-118. peggio che preggione» [«(. pp.] una via /[. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4. El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino». se vienen abajo. cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos». comprendiendo su error. «El celoso extrem eño de Cervantes».rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion. 7 Avalle-A rce. «a su misma casa». pp. 6 G onzález Palencia.. 417423... Al descubrir el adulterio. comúnmente muy pasa­ jera5. y go­ zar a la encerrada. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». en un cofre. trayéndole uno. Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[.. El amante cava «sotto la terra [..) en un aposento peor que una prisión»]. hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7.. En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia. metido en un baúl.. Este y otros motivos mitológicos. En un cuento marroquí. el viejo..).) una vía (.. p. 2 0 0 .. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla. todavía niña.]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (.) a una roca que se llama Altamura (..

/ che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto. perché avea troppi anni /[. Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris. 8 9 . con algunas modificaciones interesantes. (¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. pp. Garronc. 11. en que encierra a su joven esposa.]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca. como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 . guardada por centinelas. «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». porque tema demasiados años. Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina.noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 . un rey construye una torre. «Gloses sur les maris jalou x ».. «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». 13 Castro.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. 2 2 1 . con el pre­ visible prem io10. Fue mal apto.. quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(. «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». tocando «certe canne». 11 Castro. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado. En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa. p. 138-143. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». En una novella de Straparola. «II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G. pp. pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable. 11. El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián. de lo cual después alardea en la calle9. Lizio. Este cuento se reproduce en el Filocolo. F. En la Histoire de Floire et de Blancheflor. los encuentra abrazados por la mañanaI3. su pasión. atrayendo a la esposa. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 . 12 Cirot. p. logrando el fruto deseado. Straparola».. el padre de Caterina. 10 Cirot. El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. Sin embargo.. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo.2 . entreteniéndole con juegos de ajedrez. p. 209.

Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. varias otras del mismo autor. la página. 16 Castro. 144. siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». 1992. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa. 129. etc. o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia. con que en sus novelle. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. la P arte (cuatro Partes) y la página. En nuestro juicio. T utte le opere di M atteo B andello . rv. prólogos. entre otros. cartas. Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . 525-528). A nales cervantinos. aún más se destaca Bandello. Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 . En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados. . en menor grado. i. Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. y muestra que «el obstinado». En efecto. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . respecto a este problema particular.136-7. entre los cuales. es inmanente». El pensam iento de Cervantes. «perece en la demanda». cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria. M enéndez Pelayo). constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. pp. según C astro16. en E l teatro de Cervantes. de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad». quizás incomparables en la literatura europea precervantina. 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». trata ese tema. se destaca Castiglíone. indicando. tras la cita. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5.atentamente las novelle de Bandello. U tili­ zam os la edición de Flora.. pp. U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña.

Bandello siempre imparte castigo al transgresor..] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente.. 57. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido. La «natura umana ». el hacha y el tormento»]. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. «degno di compassione e perdono» (33. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo».) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (.. a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. sin tomarse a veces alguna remisión de la mente. Esta intención moral. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. pero esto refleja.marito per moglie». Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti. pese a su gravedad. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi. En efecto. declara. para . con más frecuencia. III. ya en forma de una muerte “ post errorem” ya. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos.. chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni. no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. entre otras razones. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa. III. por lo cual «non è [. 538).. porque. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari.. la marinara e le croci» [«(. para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada.. ejemplar. (por lo cual). no debe ni puede «negoziare di continovo. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. de una estrepitosa burla. La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. 422. el arte. su convicción de que la literatura.. se merecen) las cadenas y los grillos.

Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal. claro está. . uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. 87). I. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta.]. teniendo celos sin causa. horas hay de recreación. nos dice Cervantes. que no siempre se está en los templos. se sobrepondrá y se la pegará. non divenendo gelosi senza cagione. escribió él su no­ vela. muy significativamente. digo sin daño del alma ni del cuerpo. por calificados que sean. destaca Ban­ dello. che se egli avesse piu occhi che Argo. Con la misma intención. declaradas.. II... le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(. Para este objeto se plantan las alamedas. Por estas razones también. donde el afligido espíritu descansa. «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. según los casos»]. escribe él sus novelle (41. ejemplar y. ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido». porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. el «suceso» del celoso Carrizales.que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. Estas nociones sobre la función ética. a la vez. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . pero. aunque él tuviese más ojos que Argos. se buscan las fuentes. p. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley. no siempre se asiste a los nego­ cios. 64-5). Sí.. también. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd. no siempre se ocupan los oratorios. rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. al fin ella. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel.

vagas.. en la trascendencia del “suceso” cervantino. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza». una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual.poco que hay que fiar de llaves. Con ella. la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. se con­ tentó de dársela»]. con tan bue­ nas razones. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio. pero también con la codicia de los padres de Leonora. caballero napolitano. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así). la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). en el as­ pecto humano y artístico. pues. en todos sus detalles. «al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. astuto conocedor de su sociedad. cree él. quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato». granjeada en el Perú. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. La tendencia codiciosa se sugiere . cuenta Carrizales. Sugerencias generales. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. “bellísima” jovencita. sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. Por mucho que se insista. Según se verá. tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. Así. caracteriza la novela en todas sus partes. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. y con quien se casaría. no se trata. sí pu­ diese pasarla con Bindoccia. conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. 919). le causa a Carrizales. artís­ ticamente. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. Angravalle.

y despidiéndose de ellos. asida de la mano de su marido. rodeada de sus esclavas y criadas. las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. evidentemente. la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905). e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. o. en absoluto. por mayor horror. concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [.repetidas veces en ellos. para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. de modo tan característicamente cervantino. 122 ). que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno. sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales. también.. para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma. y así. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919). que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. llorando con sus padres. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904). Señalaremos algunos casos importantes. pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material. hijo. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. les pidió su bendición. En las novelle de Bandello. se satisfacen. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. Sí. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». de las obras cervantinas. com o en otras obras cervantinas. quienes.] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice. vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. por el afán avasallador de su «remedio» material. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos». ¿sería. Se evocan clásicas situaciones trágicas. En todos estos hechos se insinúa. . como el sacrificio de Ifigenia. se vino a su casa» (904).. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903).

).): cuando salía de la ciudad o de la casa. Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio. en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida. hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (.] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo. y comenzó. La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar. (como... indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral. las ridiculas medidas preventivas.. Así. él mismo ha destruido muchos de ellos. Mujeres solteras y casadas. es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [.. "buenas” y “malas”... con quienes. Sin embargo. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”.. por lo menos de algunas relaciones. pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903).. che da quelle non si poteva veder persona alcuna.. para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa». sin duda.. por ejemplo..). precisamente. [«(.. che spesso poi gli fa fare mille errori» (33. Carrizales «era [.) es a menudo causa. «el mal gobierno» de toda su vida. a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53. porque. las ridiculas. 611). y porque.]. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa. rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902). p o í ejemplo... lo sugieren los «peligros». fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano. 422). al salir para América. se hace suspicaz y muere mil veces al día. que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (. se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902). sin causa alguna». fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta.. combattuto dal freddo verme di gelosia. sobreenten­ . 1.. A. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo.] diventa sospettoso e muore mille volte il di. como.] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado. infames. ha visto mu­ chos desastrados. sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4). m. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos.impazzisca e divenga favola di volgo [.. entre la puertecíta y la puerta. con toda probabilidad.

dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904). pero reserva tan gran fracaso para Carrizales. sino. petulancias. por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro».]. de un modo más bien casual.] con la costumbre» (Coloquio de los perros. sin que pudiese ver otra cosa». Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en cambio.. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. Leonora no le es "infiel” por su vejez. tan intensa.]. dudas. en suma. no por ser éste viejo. se debe. 171. con gran ironía. que de la casapuerta respondía al patio [. p. de hecho. miedos. de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad. psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. . se cons­ tituyen en un asombroso.diéndose: «sin provocación específica».. 1017).. e «hizo torno.. De hecho. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable. de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo. descuidada. dice Cervan­ tes. hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal. «se vuelve en natura­ leza [. irrazonable por causa de sus celos. y cuando «salía de casa». Cervantes adivina complejos problemas emocionales. Anticipán­ dose a Balzac. palpitante organismo de aprensiones.. que en Bandello se representa. pues sus celos radican en una «natural condición». Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero. sino por ser un viejo “vicioso”.. en definitiva. y con intención categórica­ mente condenatoria. sin paliativos posibles. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 . Como imitando al celoso marido bandelliano. que. cuya avasalladora fuerza. sospechas. y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal. también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo. del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven.

se están. particularmente en contraste con la del marido bandelliano.. excepto «uno solo di m i si fidava [. despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (. Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios.] para curar de ella» y. de Loaysa y su es­ tratagema. de quien se fiaba (. porque llega a conocer su perversa naturaleza. por celos. origina­ les de esta novela. que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama). en reali­ dad.]. pues. toda la materia episódica y descriptiva constituye. de cual­ quier modo. . pero tan inepta que no servía para nada... También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis.. che era un mascalzone ruvido e vi­ llano. pues. Desde esta perspectiva. revelado por su «maldita dueña» (916).] y otras dos negras bozales». etc. 20 Ibid.. de su casa.. il quale la mula governava e faceva la cucina». Carrizales la considera «pestífera». encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904). con cualquier impedimento físico en ella....) a todos los criados. compra «cuatro esclavas blancas [. un comprensivo retrato del viejo celoso.elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan.. como si fuesen partes distintas de la novela20. ma tanto inetta ch 'era da niente. el de Carrizales. pp. un truhán rudo y bellaco. etc. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes»... «taimada». quien cuidaba la muía y cocinaba.. (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio. D esd e la perspectiva de Cervantes. resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales. 21 Más tarde. quien.. con tan buena razón.].. según lo muestra su despecho. a la vez. al casarse con la niña. contrata criadas. 8-9. tutti i servitori». «un negro viejo y eunuco [. enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. (918). «tutte quelle donne che in casa teneva [.] Arreglo mucho más “liberal”. guardar la entrada de la casa. excepto uno. la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato.). Febres. «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos». de hecho. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(. y otros. despide. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca..

. de noche no dormía. 611). su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual. 70) [(. . M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. incapaces de iniciativas propias. entre otras considera­ ciones. a las esclavas.pero. para trastulos sexuales. ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905). supuestamente ya “pasada” para amores o. Considera prudente acompañarlas él mismo. emocional. Por su parte. él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905). [«(. auditivo. cosificadas. nunca los invita a su casa... “mutilada” o. Quiere. coetáneas de Leonora. Aquél permite a la esposa ir «a le messe». de seguro.) forzaba que de continuo. visual. y a Marialonso. pero «solamente le feste e hisognava. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53. irían a oír misa. En su grotesco harén. debía «tornar a casa» (53. sin faltar nin­ guno. y tenía que ir a la primera misa (. 5 . supuestamente por sumisas. (pero) sólo en las fiestas. al considerarlo atentamente. a las dos doncellas.] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa». mental. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. 1. porque. por lo cual contrata al eunuco. Por esta misma ra­ zón. se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”. Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica. por lo menos... al aya..) a las mi­ sas. «después que casaron a su hija» (917). espiritual. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta. tener una servidumbre desexualizada.. más precisamente... y acabada la misa. a huonora. che andasse la malina. como un nuevo Argos. (debía) volver a casa»]. con el mundo exterior. Carrizales. 1. que él quisiera que lo fuese. pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). «de día pen­ saba. ante todo.) acompañada de la muda y de un criado. 1. todos. vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»]. a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [. 611.. Así como el marido bandelliano.. material.

eficaces. y que Carrizales. entrar «de la puerta dentro del patio» (905). De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes. en cualquier caso. empiece a negociar «en la calle [. argumentos. original contexto literario que está creando. Cervantes. relevantes en el nuevo. 22 G onzález de Amezúa. al casarse. callada y alevo-: sámente. creador de la novela corta espa­ ñola. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices. saquea poemas italianos para hurtar de ellos.] con sus amigos». Aunque de modo juguetón. Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba. una esencial origi­ nalidad. . Antes de con­ tinuar con el examen de éstas. Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. apropiados. en efecto. [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ). si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. y M ayo. acude a unos manuscritos viejos. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño..De acuerdo con todo lo visto. abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»].. caracteres y pormenores. sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. Cervantes. episodios. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). pp. pobre de inspiración.. en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. como no sea todo el concepto y toda la copla entera. il. 81). Sería ridículo. A menudo. busca libritos rarísi­ mos. como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. «falto de inventiva. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención». a veces mencionándolos y otras veces no.. es decir. 241-2. la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos. sin dejar «jamás» a ninguno de ellos. pero.

quien le corresponde en ese deseo. pasillos. cerca de la entrada del pasillo.. más atrás. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. según la traducción de C occi o. dos a la derecha y dos a la izquierda. frente a frente. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. . Clítofonte quisiera gozarla. y su sentido. Esta era la resi­ dencia de las mujeres. haueua quattro camere: due a man destra. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. al comienzo del cual se cerraba una puerta. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. che erano alVncontro Vuna delValtra. La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle. en uno estaba Clío. Nelle camere piu adentro. puertas. recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe. etc. E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. Sus semejanzas con El celoso extremeño. en dicho aspecto. Además de esa formidable disposición de departamentos. para resguardar a Leucipe. de Leucipe y Clitofonte. en los otros dos. es­ taban la joven y la madre. claro está). Apasionado de Leucipe. son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». y sobre E l am ante liberal. cuartos. Las' ideas de este interior. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande. En los cuartos interiores. cerca de la joven»]. tenía cuatro cuartos. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». N el principio di questo ándito si serrana una porta. Questo era Valbergo delle donne. su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. per il quale sipassaua andando alie camere. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. stauano la fanciulla et la madre. pero la joven. Leonora.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto.

pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. et un ’altro la serrana difuori. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. (904. se nos muestra. Frente a tan formidables obstáculos. esencial­ mente. cicalone et goloso. que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. «un certo seruidore curioso. etc. le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. cínica. «miedosa». por donde le traen las provisiones. 16. et ella prendendole le serbaua. Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro.):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. di nuouo gli porgena le chiaui. et serrana di dentro la porta delVándito. es decir. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L . blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. para sensacionalizar y amenizar la intriga. «dueña». «sobresaltada». así que era difícil evitarle»].. si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa». y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. Prácticas y recursos materiales previstos por la madre. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. La madre de Leucipe asalaria a Conope. levantán­ dose muy temprano. que aguarda todas las mañanas. 911. la «sospechosa». etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. hablador y goloso. quien se en­ . También Clío. «fatigada». al ha­ cer un «torno. 24). Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. vigilaba.. y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. 912). que de la casapuerta respondía al patio». del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». al cerrar «la puerta. Clitofonte consulta a unos amigotes.sempre metteua a dormir Leucippe. accioche egli aprisse» (Leucipe. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. y cerraba desde dentro la puerta del pasillo. sobre todo. quienes se entusiasman de inmediato por la empresa.

.]· los hijos de vecino de cada colación. «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón. único.].. che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione.. Hablólas [. Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta. pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional. ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio. pues Clío. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante. sino más bien una variación local de un carácter universal. ofreciéndoseles a su servicio. gente baldía.].].. N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [. De la misma estrategia. si è meco dimesticata.. quien cuida el cuarto de L.. de las cuales coligió de [la] mala intención suya.16).. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria. la quale egli non hauea giamai ueduta..] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla. con tan buenas razones [. et lasciua.. a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24. 910. sus amigos.. et mostra di portarmi affettione come a suo amante.carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna.. che porgone alV anima gli occhi [.. la quale ha cura della camera di Leucippe. y de los más ricos de ella. lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi. «El Loaysa de E l celoso extrem eño ». desideraua di hauerla por mogliere. se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe. et erane innamorato per fama.. 8-9.. . Poco a poco. la dispondré a (.] pareciéndole [.. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo. 20 ) [«(. la fortuna ya nos ha proveído. ma di uita prodiga.. según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte. acordaron que se pusiese por obra. Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola. 915). atildada y meliflua».] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [... que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes.. [.) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo.) que nos ayude en esta empresa»]. como por ejemplo. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco.

tenía una bella hija. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi». Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa. todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [.) y las cosas que no veía. aspiraciones y deseos.).]» (905). por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo.]. compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales. de pésimo ánimo»]. llegando a saber que S. con su propia problemática íntima. pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran.. de haber sido necesario. II.. p. responde.. Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora. para mayor interés de la intriga. desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas»... Éste. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906)..]. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse.. imaginándose la belleza de la joven (. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor.rico. un día. A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25.. y viéndola siempre cerrada. deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama. según lo demuestran sus promesas a Marialonso. a quien nunca ha visto. le tomó gana de saber quién vivía adentro. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915). [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor. y por las palabras se apasionan de igual modo (. en lejanas tierras africanas: «[. al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad.]. Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones. 946). pero de vida pródiga y lasciva.. a quien él no había jamás visto.. de cuyo cumplimiento. que de todo en todo vino a saber lo que deseaba. estremecido. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia.. . estaba solo. la hermosura de su es­ posa [. po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [. Supo la condición del viejo. necesidades..

parecióles que miraban a un ángel (Loaysa]. Poníanse una al agujero para verle. «corte­ sía». según lo revelan repetidas veces sus patéticos. reprimida. con cuello almidonado.. también.. «abrazándose con la guita­ rra». rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. pp. para el lector. luego la otra». «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis. melifluidad. El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual. «de arriba a abajo. Ya dentro. Son los «romances de moros y moras». su complicidad con Loaysa. cuando se esconde en el pajar y. Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica... con el torzal de cera encendido» (910) 27. explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. para oírle y verle de más cerca» (910). lo que. pp.. convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. y una montera de raso de la misma color. anchos... un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. En cierto sentido. a la marinesca. pero no al sentimiento y a la emoción. . pese al gran miedo al castigo.]. 53-4. lentamente. tienta cariñosamente las cuerdas (915). significativamente. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels. «gentil disposición y buen parecer».. junto con su obsesión por ser músico. y que explican. 36. pp. de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [. 279-283).. 1956. astucia.]. tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S. suspensas. resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y. a que responde el corazón. elegancia. de sexualidad frus­ trada. al principio le aviva la fantasía26. atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa.patética y conmovedoramente. Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. atónitas [. Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari. Las criadas son mujeres de vida yerma. audacia. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena. con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). 27 Ibid. «caballerosidad». a la vez. 39-40. véanse los interesantes com entarios de Forcione. aun de haberlo querido. ¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres.

C ervantes a n d the H um anist Vision . Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos.. ex­ cepto mi señora» (913). con razón. cual fue que su señora doña Esperanza [. la dueña («la tía fingida»): «propuso [. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua». pp. monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [. de frenético apetito. «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií.].. pues.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [. intenciones hipócritas.. «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28. aquella los pies.. 430).]. lo que es mucho más grave.] del músico».].. 55-8. Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso.] estaba tan pulcela com o su madre la parió..] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [. traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio. quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [. malévolas. re­ pulgados y acostumbrados vocablos. otra: ¡Ay que ojos [.. 40..]!. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y. más que. . barbuda [. no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida. aún mayor frustración para estas mujeres. 39. hechicera [... y concluyó con una m uy forjada mentira. de doble filo. Marialonso oculta una voraz sexualidad que.. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza. según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa.]! Esta alababa la boca... otra: ¡Ay que blancura de dientes! [. a nuestro juicio. Marialonso. í 740).J. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914). contando con una particular 28 En L a tía fingida. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa.. quien no quiso [.]. con todo eso.] luego su embajada con sus torcidos.a Loaysa «en medio [.. que se atribuye a Cervantes. Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione.. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915). antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915). sin excluir su sarcasmo. que se acaba en otra........ respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra»..

hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. también lo soy [virgen]. ya “inútil”. Cónope. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe. promueve. y a veces dos. hauendo per dut o di far cosi belVopra. quien la abraza. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. según más tarde relata. essendosi nascoso dopo un certo . congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico.. Al fin. convirtiéndola.. el suspicaz portero.. Leucipe espera. por Carrizales mismo. corrimientos. con suprema ironía. molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara. et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia. en yesca para Loaysa. trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama. después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes.] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. 26). trabajos y desabrimientos echan un cero a los años. no teniendo treinta cumplidos. según se les antoja» (913). y si acaso pa­ rezco vieja.. 910]. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera. cuentos. mal pecado. la besa. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. saldría y. aparece Clítofonte. pero también entu­ meciéndole con el vino. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves». di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. de donde. copias de las maestras de Carrizales. 907]. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante. escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). «et quando io». et malediceua cotale strepito. Por todo lo visto. [«(. cantándole romances. muchas veces bromeaba con él. se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. la voz. destaca esa "comodidad”.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre». se haría recibir como «haya de Leonora».. así espera.) queriendo hacérselo amigo. «tentaua di far opta migliore. porque le faltan dos meses y medio. sobre todo. las criadas están sobornadas. De modo no muy sutil. tan cínicamente suspicaz con todo el mundo.lujuria masculina. «caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas. Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte.

oyendo la no espe­ rada nueva [. suspensión de ánimo. nos levantamos. mientras en Cervantes. Tacio. se produjo cierto ruido detrás de nosotros y. tensiones. y.. 19) [«(.]29. che hauendo ueduto uenire un non so chi. a su vez. la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa. A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes.. La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo.). en general. habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra. y le­ vantas y viene! [.. Sátiro (. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco..) trataba de hacer “obra m ejor”. despierto señor. tiene como consecuencia.. a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato. Al volver la calma. en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño .. haueua fatto strepito» (Leucipe. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’... a los sentidos30. fue él que ha hecho el ruido»]..]. cuando Guiomar. cual por una y cual por otra parte.]. se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [.. la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5). espantados. «fa r opra migliore».] Al furioso estrépito [. Esperando a Leonora. pero sin otras funciones en la trama. pero. ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A . pero con mayor sofisticación artística. ..].. van. En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica. en su «aposento». quedo. Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra. adonde «dio orden de que se entrase» (915). Leucipe y Clitofonte se disponen s. cuando los sorprende la madre.. ya presentes en el episo­ dio inspirador.. alboro­ tos. negra. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora. blancas.arbore. eficaz. sorpresas. ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía. por medio de «engaños a los ojos» o. Dios perdone a to­ das!» (914). y señora. y que ella y su señora se quedaran en la sala [. y en el lector. enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia). y maldecía ese ruido. habiendo visto venir a no sé quién. 30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal».

dolorosa resignación (Leucipe...] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa].) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa.... cuál fue el disgusto que tuvo. uno de naturaleza tan patológica como Carrizales. 31 «A ngravalle [..) nadie ha avergonzado mi virginidad (.... un marido. las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa.]. creía todo lo malo de ella»]. está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”.. Por esto. impulsos de castigo y venganza.. si attristaua. profunda indignación.por causa de una pesadilla: incredulidad inicial... La madre de Leucipe castiga a Clío. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y..] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)].].. 26-7). la voz se le pegó a la garganta. et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo.] color» (916)31. e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa. porque.] con la amarga vista [..]. desesperación y. y abriendo la puerta del aposento [. pese a las apariencias. 26-6). Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices..] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?». [«(. I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese.. [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora.. Carriza­ les despertase [. desmoronamiento inte­ rior. aun sin saber cómo se perpetuó el engaño. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A. y quedó hecho una estatua de mármol frío [. Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento. recrimi­ naciones.).. Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [. sin pulsos quedó [. ya sin otro remedio. los brazos se le cayeron de desmayo.. «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [. por otra parte. cólera [. tras­ torno emocional. y así se salió».]. . desmayo. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe. en particular. amarga desilusión. oyó lo que jamás esperaba oír... Leucipe jura y rejura a su madre que. sé que y o no bastaría para narrarlo (. so che io non bastar el a narrarlo . son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento.. Clío se escapa de casa. Temerosa de otros castigos.. embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi. por fin. desmedidam ente celoso. si uergognana..] vio lo que nunca quisiera haber visto [.

et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe. se engañó [. «The Refracted Image: Porras and Cervan­ .. al fin..].. al transformar la primera versión de la novela32. y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere. se asegura que su «valor [. no pudo mover la lengua. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist). tanto de orden temático com o lin­ güístico. estilístico. se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto.. volvió a desmayar» (918-9). cuando no engañosa hipocresía. se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros».] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916). pero «sólo con el pensamiento»... «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba. en realidad. Ahora bien. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad.. Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector. según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado... Sólo un azar lo previno. El caso de Leonora es mucho más complejo. ardorosos deseos. en pensar que había caído» (905)> pero. se entristecía. Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [. el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [. pero —advierte el lector—.) hacía diversas mutaciones. H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg. sino también con muy impacientes. a lo menos.]» (919).. no por haberlo ella así querido. a pesar de ellas. se dice que «Leo­ nora se rindió [. Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente.... en 32 N o son convincentes los argumentos.]. Así las protestas de inocencia y virtud son. Admite que ha «ofendido» a Carrizales. se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»]. Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá».. sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [.si uergognaua che le fusse detto uiltania. por otra.. 27-8) [«(. ingenua sofistería.]. ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón».].].. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte. se le cubrió el corazón [. se arrojó a los pies de su ma­ rido. de las prevenciones de Carrizales se advierte que.

«El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). aparentemente. Sánchez. 181 ss. claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». creador de la novela corta espa­ ñola il. Rosales. de carácter esencialmente estético. «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño. «Erasmo en el tiem po de Cervantes». Ante todo. nada hipócrita. «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». Sin embargo. novela o entre­ més): Spitzer. de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . 194-225 y 138-178. para refinar el estilo y sobre todo. (A base del género. Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. pp. En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». 253 ss. en sí. quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. pp. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. p. Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Quijote) 34. Se han su­ gerido. pp. una reelaboración de la obra. 41 ss. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. 37 Farinelli. respectivamente. en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio.que ocurriría el adulterio. pp. 541. «Solución absurda».. pp. pp. cabe plantear una pregunta que. por encima de la hipótesis que se propone. Bataillon. C ervantes y la libertad . no era un tabú en esa época. según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». nunca se ha hecho en los estudios críticos. «Cervantes. 34 Casalduero. pp. que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. los caracteres 3 < 1 . C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. ío cual pasma al lector. en cambio. en la segunda versión. advirtiendo que el tema del adulterio. «Indice verbal de El celoso extrem eño ». con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». 81-90. com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). «El arte nuevo de hacer novelas». resultando de ello todas esas «ambigüedades». «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle». Ayala. pp. 36 Casalduero. «Cer­ vantes et le mariage chrétien». . C ervantes. pp. quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela». 129-144.. en que se elimi­ naría. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. D. que llevaría a una depuración muy sincera. 180 ss. 941 ss. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales. 33 Castro. 325-352. otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. Criado del Val. con la censura.

p. Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos). ¿por qué se concluye.. Lejos de perjudicar la verosimilitud. com o se clarifica en la versión posterior. plausible. probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. . 258. quien. Aylward. pues. Π de N o vela s ejemplares .. Edwards. «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela). los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación).. 281-91. lo cual se aduce como prueba indiscutible. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ». pp. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism». en suma. con todo esto. definitiva. de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. 262). pese a su ingenuidad. permiten una interpretación coherente. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela. ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. sentimental. aquéllos son. natural. Lambert. con tan absoluta certeza. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. pese a todas las diferencias. pp. Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val. se om ite de la versión posterior. 257). el valor de Leonora fue tal [.. humana. específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón. femenina. de hecho. Sugerimos. 256. aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o.]». lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. que con aquella afirmación se alude al adulterio. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. mujer característicamente bandelliana. en el vol. que ambas versiones de la novela. con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. En suma. 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. comprensible. de la indiscreción sexual de aquélla. es así culpable de «malas obras». 219-31.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . ¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito. después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad. aun sin pruebas. por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica.

cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas..].. D e nuestro artículo.. también por los extremados celos de Cañizares. fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso.. principalmente. anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi». naturalmente. la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso. sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad. y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso. d ia­ mele quien pudo.)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario». reacciones divertidas en el lector.En las novelle bandellianas. fui dada por esposa a A. che io non so come io sia v iv a [. malditas sus joyas.. es insólito el m odo con que se burla. p. de ciertos valores intocables en esa época»]. 70]. hasta en esta 40 Marrast. e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [. así.) no es excepcional en su forma. [«Com o sabes. que. 596) [~ « Com e sai.] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme. de comedias de golpe y porrazo. en parte. con toda intención. el viejo celoso y cornudo.] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida». y conlas joyas y anillos que me compro (. no sólo el argumento. provocan. y yo. sobre todo.. sin pensar más allá»]. ridículo. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité. si en mitad de la riqueza estoy pobre... [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo. dram aturge. sin sa­ berlo. 25 [«(. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto. [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9). [«(. Sin embargo. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años. casada con el viejo Carrizales. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta. por disposición de los padres: «A la fe. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[. y yo lo acepté voluntariamente. com o muchacha. fu i data p e r moglie a d Angravalle..) Si (C..].. «Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza. fuera de las cruces.) me encuentro tan . Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros. ed io lo tolsi volentieñ. C ervantes. es un personaje patético. 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. 69]... Estos ingredientes explican. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate». La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír. Por esto. ¿De qué me sirve a mi todo aquesto.

describe.. pues de las sospechas hace cer­ teza. estoy temerosa..] perdón [. che non andera divolgando i casi nostri. m al anderebbe il fa tto nostro. la tercera: «a dirti il vero.. de hecho..). que n o sé cóm o estoy viva (. a quien.. fingiéndose «profundamente ofendida». dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín». 82-3] [«Mira bien por el cuarto (. por mi desventura me casaron con éste (. poner a riesgo la honra [.. 74].]»..).] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]. no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [. m arito... 71) [«(. Signori miei..) que te equivocas (. deseos que pronto realiza con el notorio adulterio.... Lorenza convierte la desesperación. El pensam iento de Cervantes. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito. sin darse cuenta de ello.. y verá com o es verdad cuanto le he dicho [. 71] [«(. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél.. en presencia del marido.]. en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas. se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o». mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [.) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo..]la tua n avepassiper corneto». mujer distintivamente bandelliana en desesperada. la m ia sventura. 596) [-Isabella. en ocasiones. mi señora doña Lorenza.«escandalosa zapateta»42.. 600) [75]. A. Cañizares interviene..] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso.. y no querría.. hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [. los deleites sexuales {Elviejo celoso. no se queje tanto. 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [. voi.] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso... durante el acto..] che tu t'inganni[.) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (.].] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande.) nuestras cosas irían mal. el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone. a trueco del gusto. Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas... . pero la astuta Lorenza oculta al amante.. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»]. 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire... a costui m i maritaste [. Lorenza.. ¡Señores míos...) para honrarlos de tan bella manera. de las mentiras verdades [. pensando sorprender a su mujer en flagrante. pero Lorenza...]. y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso.. que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso. Provocado. a momentos..]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto.. p.] p er fa r loro si bello onore. Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (.. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene». 242.)!»]. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia. 42 Castro. si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»]. 600) [~ « G uardam ipitre. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [. al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano. se sai>che questa notte che viene io voglio che [... se reconcilia sólo después de prometer aquél. de m odo singularmente cínico y descarado: «entre..

y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. compañía quise. han llegado a la misma conclusión. literario. pp. perpe­ tuada por los novellieri italianos. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico. Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. antes y despues. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana. contemporáneos de Cervantes. cínico y vengativo. No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte. con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes. europeos.. 84). cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [. Tan penosamente consciente de su enorme error. pero muy poco se le parece a la cínica. pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. Varios otros lectores. tanto en el sentido filosófico. un sen­ timiento. aunque muy pasajero.]. artístico43. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). como tam­ bién en el novelístico. que en el tradicional. al prin­ cipio. Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes.su comportamiento “libre”. una joven algo insegura. es también. de compasión. C ervantes' H u m an ist Vi­ sion. aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión.. suscitando. que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. 31-92. . 537). Cañizares nos refrena la carcajada. en cambio. desconcertada. Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. Con más detenimiento y. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597). compañía hallé. moral. sobre todo.

«casarme he con ella. no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón». de seguro. p. Así. no teniendo «experiencia» de otros. Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904). 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. Y para distraerla de su latente sexualidad. 399) [«En el alma de L. siempre in­ genua. y controlando cada pensamiento de Leonora. 177). ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). nota Carrizales. Vi-. gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra. encerraréla y haréla a mis mañas. promueve placeres sensuales sustitutos. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”. pero es significativo que no se destaquen.] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904).]. com o en Bandello y en El viejo celoso. únicos que puede brindarle a su es­ posa. de todos modos. ésta. a quien estaba siempre obediente».. ni la pierde de vista un solo momento» (910).(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. al llevársela a casa. mantenerla obediente.. . la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente. procura estar siempre presente. de hecho.. mansa y tierna Leonora. de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual. la hace su mujer. prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares .] en las largas noches del invierno» (905). y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. su­ misa. Mas: «Mais elle n ’a p a s . se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas». 904). A Carrizales preocupa. «Ella es niña». a lo cual ya lo obligarían. los «frutos doblados del matrimonio» (598). N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45. pasiva («la nueva esposa [. «Se desvela» en traerle «regalos». pero. Sin embargo. dans l'âm e de Leonora. pasa­ ban todas las recién casadas. para no despertar su sensibilidad femenina. p.. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ».. que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto. sobre todo. Carrizales logra.. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. cuando las criadas cuentan «consejas [. y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903).

serán.en voluntad». que la beso con mi boca sucia» (911). de todos modos.]. porque le pesaría en el alma» (911). por una necesidad natural. especialmente la dueña» (910). Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura. reprimidas por la vida “adulta” impuesta.]. y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [. que no deja de impresionar a Leonora. muy irónicamente.absoluta. y tomándola en sus manos. y la ignorancia abis­ mal del mundo. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). pero.] y por esta señal de la cruz. quien así acepta el juramento literalmente. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales. Esta la ridiculiza. co­ menzó a dar brincos de contento» (912). Por cierto que el virote jura de modo solemne. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y. en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra. Leonora se hace cómplice de las criadas.]». sin que el viejo lo sintiese [. Con cierto buen instinto.. en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos. haciéndole creer. «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás.. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras.. con perversa lógica.. Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento.. ¡Oh. Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911).]» (1047)... de modo particularmente contun­ dente. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913). de desahogar sus incli­ naciones adolescentes. que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [. una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle . ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra. sobre todo. con acento particular.. claro esá. que destruye su voluntad individual. todo olvida». exigido y aceptado por D. Quijote. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913). en varias ocasiones.. un excitante juego de escondite. por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas... Predice bien una criada: «aunque más jura. al complacerse tanto por el juramento de Loaysa. o. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada.. de seguro inconsciente.] El rey tiene harta. Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [. al fin. el éxito de sus empresas: «sacó la llave [. dramático: «Por vida de mi padre juro [. sin reparo alguno en la persona que lo hace. si acá estás. que la deja desprevenida frente a la maldad humana. pero.

¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa. pero advierte la manera en que los rechaza. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador. pp. pues no fueron bastantes a ven­ cerla.. Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado.] y casi por fuerza» a Leonora. en ese momento.y.. no recurras a la fuerza.. Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora. pues todavía no está en disposición propicia. «Quedó vence­ dora [. ante todo. llenas de colores retóricos. . Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza». Si ella persiste en resistirte. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. le favorecería en definitiva. 40-50). que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912). N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores. que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora. a la postre. que..] fue tal. los «abrazos del amante mozo». porque. en cuanto al coito. y ella quedó vencedora.] donde Loaysa estaba» (916). el «secreto y duración del deleite. pues Marialonso debe llevar «por la mano [. pero. sin duda.]. «preñados de lá­ grimas los ojos... todo esto requiere tacto.. le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—. el «valor». con otras cosas semejantes [. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [. 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares. según parece. para no echar a 4 6 Véase nota 28.cantar y tañer.. y él se cansó en balde. el «donaire».] contra las fuerzas villanas» de Loaysa. estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento. sino el de un endure­ cido mármol» (915). el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones. Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil. en ésta no se percibe ningún interés sexual. tan demostrati­ vos y eficaces4é. [. y entrambos dormidos» (916) 47. a su tiempo. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914).. sigue actuando no obstante con gran cautela. .. Todo lo contrario. Si da muestras de ce­ der. Al verle por primera vez.

tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente. aunque sólo «con el pensamiento». Libro i). Aunque mucho más insistente al principio. Leucipe. pp. Es éste. El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso». puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio. . Leonora. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49. p. que. com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. 940. Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. con toda pro­ babilidad. ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido. Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. pero hay. C ervantes y la libertad. 213-219). en ciertos casos. pero decide astutamente esperar. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal. el acto sexual mismo. «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando.perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte.. pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. la conquista definitiva para otra noche. para ello. que le vino con la comprensión de que «ofender». tanto dijo la dueña. Le «ató la lengua [. Aunque extraviada por su simpleza y pasividad.] la turba­ ción» (919). entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48. Es ésta la culpa que va a expiar. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia. pues. Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa.. el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. 49 U na interpretación algo parecida en Rosales. porque. aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito. exento de tal “pensamiento”. quien podría violentarla.

... sin duda. además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales. que. 263]. p. 27). convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina. preguntándole qué era lo que sentía. claro está. tentativa.] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ». no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919).] muchas lágrimas [. pero pronto fundida con una pura. Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices. se sentiría m uy hu­ m illado.. acrecentada por la conciencia con­ trita. porque su corazón late con afecto genuino por él. . quien.. pero no conquistó el corazón de Leonora— . derramando [.. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa.]. p. Compasión humana. en su fantasía.] se imprime en el alma» (908 ).ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. en efecto.. in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho... sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno.] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). in­ fructuosamente. pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”. Por tremenda ironía. N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. dado su peculiar orgullo de virote. Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase». se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento». estaba Leonora dis­ puesta a amarle y. pues. él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual. los virotes y mantones. también. aunque sólo tímida. a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero. y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad».. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [. ¡tan característicamente cervantina!. a costa de Carrizales y Leonora. serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—. ¡donde no le conociese nadie!». a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce. pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido.

no hay duda. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora. en el egoísmo.. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido.. dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio. 228.. 53 Lambert. radica. aunque éste.. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes.. «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso. asimismo. como observa muchas veces. 25. . 187). 918-922) [«En aquel pecho (.. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor.].. y mi bien todo» (918). en un complejo de inferioridad del celoso.) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede. 25. 8). «¡Vivid vos muchos años.. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [. dude de la sinceridad de su tristeza. El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. 52 R uiz Vernacci.]. pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta.. Bandello: «In quel petto [. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares .. no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (. con muy dolorosa ironía. Cervantes. a la vez. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»]. quien. «M editación en torno a E l celoso extrem eño»... entre otros autores renacen­ tistas. no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo. dormido en su cuarto51. los celos no pueden encontrar lugar.J. «The T w o Versions o f El celoso extrem eño ». Se trata de cierta «hipocrisy» 53. non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [. En el romance de los Celos. p. mi señor.J sormonti e vinca il nostro valore».. y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero.). el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [. p. Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado.). más bien. por esto. gelosia non puo aver luogo».de Carrizales. p. y. és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores. y en la creencia de que ignora la treta» 52. chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n.

.. y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [. sin embargo.. dándoles «muchas dádivas» (905).] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. del cariño paterno. pues.los celos. Enjuiciada. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina. un enorme egoísmo. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana. 41 ss. en implícito. El “solipsismo”. 42) [«C. debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales. 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ».» A las criadas «sobrábales [. que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. de la amistad.] en grande abundancia lo que habían menester. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270). Y.. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas. específica y segura retribución56. otras. en suma* del cuerpo y del alma de los demás.. p. por lo cual todos «le quieren bien» (905). del respeto. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [. para que no se les «desmande el pensamiento». 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar.. “liberalidad". N o v e l to Rom ance. . Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»]. de la lealtad. ge­ nerosidad. que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida. sobre todo. pp. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. que de todos sería ser­ vida. por mostrarse tan liberal con todas» (217). cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada. a veces muy obvia y. en La casa de los celos. disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad. el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija.]. y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903). se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. y. espontánea “liberalidad”.

pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. en realidad. Así. que toma durante el viaje a América. 58 D unn. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad. p. consiste. gratificado más que nunca. piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903). como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo. más prudente.. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora.dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada. por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino. en que Carrizales se pasó la vida. Muy significativamente. pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903). oportunistas y manipuladoras. Al considerar el matrimonio. decide no irse a «vivir a [. aparentemente.. esencialmente. si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal.) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»]. sino gusto» (903). . La «firme resolución de mudar manera de vida». ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni. Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. Siempre concibió ésta.] su patria». por lo cual también puede volver después rico a España. tan sólo en un modo dis­ tinto. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar. «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda. «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada. en sus gratificaciones personales. en su larga vida anterior. «Las N ovelas ejemplares». pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia. Carrizales queda complacido. 99. y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903).

En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño. El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote. como gusano de seda. inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia». personificadas en Loaysa y Marialonso. Yo fui el que. 916. hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. prese le sue arm i». determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo. Carrizales no toma .. para demostrarles la maldad de su hija. se le desmo­ rona el ánimo. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»]. 86-7) [«(.. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo.) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. pero ¡qué diferencia de tratamiento. por lo cual. y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905).mejor que se la supo imaginar». para llegar a una inesperada. Sólo a éstas. Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho». por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci. «niña mal aconsejada» (918). etc. p. enlazados en la red de sus brazos»... pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana. y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59.. en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. atribuye. Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. su fracaso. puede Carrizales reconstruir.. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos.) con deliberación de hacerles una fea burla. A n­ gravalle. de inmediato. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». como también a la imprudencia de Leonora. que ha­ bría gustado a Calderón o Lope. 18). con ven cid o de su «error». ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. me fabriqué la casa donde muriese» (918)60. varios personajes del Persiles. lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [. muy significativamente. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa. por ser hombre receloso y m alicioso. 918) la terrible experiencia.. [«(. a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo.].). etc. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta.

and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ».]. con sutil. quizás inconscientemente. porque se desmaya.. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía. a sus padres.]. Carrizales. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza.].. por sus muchas transgresiones contra ella. m uy com prensiblem ente. Sin em­ bargo. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [.]» (917-8)6l. en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía. Al «tomar venganza de sí mismo».]. 263. a la cual tenía asida de las ma­ nos [. él mismo nunca invirtió amistad ni amor. Carriza­ les quiere hacer enmiendas. 47) [«El largo discurso de C. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener.de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas.. a los criados.. ¡Todo tan natural!. hícela mi igual. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido. En la primera versión de la novela. doloroso desengaño. la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales. por causa del amargo. entreguéle mi hacienda [. pa­ rece que quedó algo satisfecho. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M.. que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [. . en que. y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta. a toda la humanidad. según ahora com prende mejor. de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba. al dejar toda su hacienda a Leonora.. Con esto.. p. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications. lo cual revela certeramente. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. oscilantes entre el sincero. que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. poin ­ tin g back to his liberality. ya no encuentra buena razón para la venganza. 6 2 Edición de Avalle-Arce. con­ tiene una serie de autojustificaciones. cuando menos. pues fue la dote. p. Entre desmayos.»]. perverso sub­ terfugio.. y L. con tan frenética urgencia (918).. a «obras pías».. «parasitarios» de su vida entera. derra­ la venganza. un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. «atónito y embelesado [. clavados los ojos en su esposa.

181). el poder de un genuino mutuo amor. sin contar . com o sugiere Bataillon. fría soledad66.. Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas. en la más angustiosa. al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos». tan yerma de amistad y amor. cínicos enconos y ásperos remordimientos. Por primera vez en su vida intuye la belleza. Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas. pese a sus sinceros.] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. Por esto.. considerando la falsedad de sus lágrimas». evidente­ m ente.. muere de “dolor”. es decir. con total confianza en sus propios resortes personales. acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos.. de origen espiritual. b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño». fervorosos deseos de total expiación. Evidentemente. con su entera vida. 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz. p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor». 105).) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»]. incondicional reconocimiento del sublime poder del amor. «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». p.. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. 65 La expresión es de El rufián dichoso (342). Carrizales no puede morir con el alma purgada. 64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares». incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos.. después de siete largos días de agonía. «Entrando a cuentas consigo a solas»65.. p. que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales.. él derramaba «muchas lágrimas [.]» (919).. como Tolstoi. 228) [«C. pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. “d olor” fatal. con sereni­ dad. N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering.. 67 Entre otras cosas. 397) [«(. es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento.] muchas lágrimas». besando «el rostro» de aquélla (918-9). pero se­ ría exagerado decir que está transformado»]. no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas.. aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. como los clásicos héroes trágicos. Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales.mando [. y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí. o por un re­ pentino. por una catarsis64.

identificándola. . 389). en C er­ vantes: su obra y su m undo. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino. extrema soledad. «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño ». 305-1). sino. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima. por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. aún con m ayor riesgo.. resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral. Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. pp. Ayala lo llama «héroe m oderno [. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes. con gran probabilidad. casi instintivo. 84). p. héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro.]. 68 C on gran acierto. filosófica de E l celoso extremeño. sobre lo que nunca se detiene a meditar. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68.poco consigo mismo.. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. Por esta posible interpre­ tación. de otro. p. Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud.

3 M ew. and the N o vela s ejem plares ». Sin embargo... «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador]. quod perstet. casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas.]. popular: anécdotas. II. pullas. p. de hecho. «The N o v els o f Cervantes».. pp. su ri­ queza de materia folklórica. tan vividos y realistas». cuentos. lances y sucesos [.]. coplas y seguidillas. p. La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes.. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y. En los estudios más recientes. se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona. «Cervantes. inverosímil3.] no tienen nada de edificante». chistes. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo. el valor aní­ mico de la sangre noble. de perspectivas metodológicas muy distintas. reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—.LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4. sobre todo. por el encanto de las “escenas individuales” 2—. C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. bailes de «movimientos ágiles». 4 G onzález de Am ezúa y M ayo.. 285. de «una luz radiante». por extremo grata a él. al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna». 358-372.. in orbe (Ovidio.. Cuando más [. ei Pinciano. 309-10. 1 A tkinson. sus variados y «verosímiles [. pp.] retratos costumbristas». 284-5.. . «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría. «contrived». a la gran ambigüedad del tema fun­ damental... su música y canciones. 208. de «ritmos alegres». a saber. Metamorfosis) Por sus «episodios. II. Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola. respecto al desenlace tan arbitra­ rio. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos».

es. ni el calor le enfadaba. Por esto. empujándolo a “la vida libre”. con que sus padres quieren hacerle admirable. ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación. convites. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres. aburre.. a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache». donde «¡campea la libertad!» (922). el juego siempre. Se justifica así un nuevo intento exegético... las pen­ dencias por momentos. «finibusterre de la picaresca». pasatiempos..]». los bailes como en bodas [. Carriazo «se desgarró [.]. honrado caballero cortesano. se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona.] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante». las muertes por puntos. sofoca. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922). juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. preocupaciones impuestas. En efecto.] sin disfraz el vicio [. El rutinario «buen tra­ tamiento». donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [.. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922). las pullas a cada paso. «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923). de las perspectivas narrativas. que a Carriazo impacienta. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». restricciones. convin­ cente a esos reparos y dudas. y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. de los personajes. ni el andar a pie le cansaba. Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas. que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. A los trece.. que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre.. a veces éstos se reconfirman. ni el frío le ofendía. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera.. «A todos los mayo­ res» placeres: cazas.en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria. lo que al fin lo “cansa”. responsabilidades. en efecto.

Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. que por vosotros se me van todos» (318). . en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. de D. ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. por querer evi­ tar semejante situación. muy sugerentemente. auténtica celebración ritual de una venerada. fervorosos sueños con las alma­ drabas. p. 192). artificiosas en absoluto. cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza. de la completa libertad. aunque inconsciente. como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. como se suele pensar. El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. A este respecto.contar entre ellas a la pobre Arguello. ni al final. único reino. en parte. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). mirando bobas» (931) y. que así no son. entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. No es. Necesidad insaciable de “libertad”. según cree. como la llama Cas­ tro. pero enamoróle mucho me­ nos. otras veces. Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. que a veces Carriazo satisface. pues. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. 89). «andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. sueños que probablemente no abandona jamás. y al verla. pues. y tan menos. Antonio con su hermana6. por sus constantes. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas.

. de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [.]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico. Sin embargo... Después de haberse di­ vertido mucho. como también para ver a Constanza. cuero! ¡Calla odrina. sin quitarse el embozo: ¡Calla. Que estos episodios.. y tras esto.. Carriazo.]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas.. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas...comedias [.] hicieron al pie de la letra.. dijo.. ellas y ellos. y no otra cosa [.]». sin duda. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza.]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [. poeta de viejo. “prudencia”. En efecto. pues todas las ninfas / y los ninfos [..]/ Entren.] y que. etc.. «de presto. dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona. pero sin ánimo de declararlo identificándose.. de cuya belleza están apasionados. con una felicísima corriente. que ellos llaman. en ocasiones algo grotescos. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!»..] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4). “discreción”. Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [. De su hipocresía.. bo­ rracho! ¡Calle.. .]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [.. fácil y lindo ingenio. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [.. músico falso!».. para que no lo errasen. con el espectáculo.] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [. Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas. acabado el baile. de seguro. por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7.. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando.». se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933).

]. obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [. cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién.. Edikronos. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo.. zucchero e acqua rosa. Desenlace gracioso. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano.. por dónde o cómo le vino» (938)...) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [. etc. Así. que jamás gastó menestra» (938)8 . 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda. de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»).. Intento de ostentación erudita. R accolta d i p ro v e r b i toscani. non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera».y en que pierde todo el dinero y también el asno.. miren qué hará Costancica!». sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores. C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán. ¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito». no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares. otra de un juego de naipes. 1981. evidentemente. porque «era de propiedad del azúcar. . revelada como inapropiada. pero la cola que se la diesen [. piensa salir ganando. recuperándolo poco después todo.. muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope.]». Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo. que no le alcanzara un galgo.un hombre»). Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura». G iusti. Palermo. p. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. del que.. después de la escena de la chacona. Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego. y por todo se hurta [. Infeliz estado de los músicos. acá se juega.]. G. acullá se riñe. pretendiéndose fe­ roz. a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta. entre otros... Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [.] nunca su intención fue jugar la cola [. murciélagos y lechuzos [. gracias a los astutos.]» (34-5).. Sin embargo. allí se reniega.]»x (922)..] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno..

«si fueran [otros] tiempos [. pareciendo así menos listo que sus rivales. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador. quienes. . otras. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos». R odríguezLuis. como un «contraste» de Carriazo9... I. Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías.]... esta estancia se le hace más tolerable también por su afán.. El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y. Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto. al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo. 191.es mera fanfarronada. Mientras éste 9 Casalduero. Así. p.]. Contrariado de cualquier modo. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en parte gratificado. por lo que Ca­ rriazo.. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes». según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. se queda pese a ello. éste «quedó sobre modo contento [. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. Y es probablemente por esta razón. mucho tiempo con Avendaño en Toledo. p. se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola. Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. cierta desconfianza íntima o inseguridad personal. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores. por lo que se ha insinuado. en­ tre ellas. le alzaran por [su] rey» (939). 150. poco después. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas. a quien «arremetió [. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas. y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo. Por cierto. al ganar. humillado. Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego. sino el hecho mismo de haber perdido. pese a todas sus muchas experiencias mundanas. mucho más que por la amistad. Y en efecto. pero. por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923).]. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. que se le abrió por dos partes» (930).

«Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona». li­ Herrero. 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo».tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas. y el lector recuerda. al menos en parte. que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. eviden­ temente.] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas.] es­ tudiando las lenguas griega y latina [. 923).. probablemente. que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10. A ciertas picardías amorosas. dejé mi patria.]» (937).. pero también. requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [...]».. Allí ya había estado «tres años [. nuestra hidalga intención».].. a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [. a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca. mudé vestido [... arrastrada del camino recto por un mal compañero u.]. Hay. Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932). y. en parte. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño.. entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal. en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). Casalduero.. en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira. de seguro muy semejante a la de Carriazo. sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares . N o nos resulta tan categórica esta diferenciación. se debe. 10 11 . divertido.. pues. sin haber estado en las almadrabas. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932). 54-5. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [. pp. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca.. a las circunstan­ cias de su vida diaria. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses».. o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [.]. aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo. p. etc...

927-8). cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936). que parecían perlas... y en toda su presencia un irresistible encanto.. y áspera como una ortiga. que es mozo brioso y algo atrevido. le ha­ bía dicho antes que llegase: [. Al ver a Costanza por primera vez. En su «rostro» le «parecía ver [. Por no ser «totalmente rubio».]. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla. que a Avendaño deja «suspenso y atónito [. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [.. en particular. por medio de una bella des­ cripción. Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925). muere por ella y la solicita con música [. con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [. pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año.] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939). porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla.. ¡de oídas! En realidad. Ya está enamorado. que el au­ tor hace apreciar también al lector. En tales circunstancias. que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol. pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio.... con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [. muy raras veces..]. Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes.] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931).. los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n.. la una es hecha de rosas y la otra de claveles.] colorados.terario y rústico. y en otra la luna. Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o. p..] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!».. lleno de turbación y sobresalto» (925. zapatos [. y zahareña como vi­ llana de Sayago. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925). en una mejilla tiene el sol.. Extraordina­ ria hermosura.].. y viéndolo ella. . Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas».. 145). pero que tan sólo puede admirar a distancia. su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor.] lo que suelen pintar de los ángeles».

al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro.. por fin.. quien lo percibe claramente: «ya veo [. en esencia. y. Con más probabilidad.]» (937).] / deja el servir.. heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [. por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931).. que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ . si alcanzo de días a mi padre.. “plató­ nico”. mofándose del compañero. que no se extiende a más que. el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo. «Platónico» lo llama sólo Carriazo. aunque mantenga que la «vir­ tud». p. Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”.. el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina.. disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937). en realidad. ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ». la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»].] / las potencias del alma nos encantas /[ . que él persigue con «amor limpio. no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”. padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926). que le hace parecer «loco o he­ reje». . El amor de Avendaño no es di­ ferente. hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución. a servir y a procurar que ella me quiera». del alma de Costanza. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly. a su vez. que. the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. 59) [«El ángel es algo arisco. el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3. en el sentido clásico de una aspiración pura. intensa a la ar­ monía espiritual. pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927).] cuan al descubierto te burlas de mí» (932).. que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos. componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas. Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande».puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual. humilde sujeto. a distancia.

con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [. a nues­ tro juicio.. el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. precisamente. Igualmente “platónicos” son.su estancia segura [. incluyendo la de su amigo. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14.] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. que se rema­ tan. Sugesti­ vamente.. pues. catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros. Sin tanto cinismo. 285). sólo por hartarse de mirarla». p.. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre.. en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. se insinúa. pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante.. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro).]. de modo insis­ tente. 15 Ibid. pero de seguro con la misma disposición amorosa. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [. por fin. ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. como lo llama el mismo autor (925). Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados. II.. bien nacido. lim­ pio. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona. como su amigo. el meollo ideológico de la novela. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas. Consecuentemente. con gran simpleza. ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin. desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores. sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). hijos del mismo padre. noble— cuyo contraste constituye. pues. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil.]» (934). Y. y el mozo de muías. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5. pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. .

la liberalidad. le alzaran por el rey de los aguadores [. en todos los casos. a Carriazo.. Mostráronse los hijos humildes [.] ¡a tiro de escopeta. por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores. Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna. p. La perspectiva cómica.. todo lo cual «se descubría [. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán.. con que «el mundo». aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso. Cristóbal de Lugo. justa o injustamente. además. en la arenga del autor. que se le atribuyen. (922)1 6 .. El contexto episódico y estilístico revela. equivocada o absurda.. tan patentemente cómicas. Re­ cuérdese.. que son los personajes mismos.. en que Carriazo. 49. etc. «allí está [. ¿por qué sería la generosidad. la discreción. Esta observación es aplicable también a las hipérboles.]» (923). que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad. quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 . ¡y no el autor!. 16 17 . la compasión. el discurso directo viene mediado por la narración indirecta.. muy importante en sí. a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes». los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo. en mil señales!» (subrayado nuestro) (922). en el notorio episodio de la cola del asno. En gran parte..] [al] gran Lope [Carriazo]» (939). Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias. claro está. pues. Además de este hecho. Pedro de Urdemalas 1 lerrero. irónico “consejero”. privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes. en las almadrabas de Zahara. Otras veces. «como bien nacido». atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian.partido con sus camaradas». como a menudo en la prosa cervantina..] sin disfraz el vicio». Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular.. principalmente los bien nacidos. «Em erging Realism». algo popuchalera. ingenua.

más que por caridad. cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos.] no vienen. . Pedro y Cristóbal con genuina. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso . sin responderle».. nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. en E l teatro de Cervantes. se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes. no permanece. a todas luces.(que es también picaro). intensamente. Bello sueño. que no vengan?: «Y si en este año [. fervorosa. frío frente al inm inente cambio en su familia. es decir. Dios sea bendito» (942). compartido con su mujer. extraordinaria no­ bleza de espíritu18.. En La ilustre fregona. «tomó el bolsillo. ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. muy significativamente. sin embargo. y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida». tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. porque. ¡ni mucho menos! «Quince años.. días que Costanza vive con ellos. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella. El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal.. emocionalmente ya la han prohijado.. como casi sin advertirlo (941). que no éramos personas que por interés. sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años. El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”. La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina. porque la consideran como hija propia. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. meses. el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina].

¿no fue.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—. personajes cervantinos. rendida y turbada [. Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D. la soledad.].. sin ninguna calidad espiritual.] [quedará] en opinión vuestra fama. Al rela­ tar la violación de ésta. que suele «llover sueño en [los] criados».. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto. Q uijote. de hecho. ruines. hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. muy sig­ nificativam ente. sin que él «jamás la viese» de nuevo. y yo. «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme». como. Bélica y otros aristócratas. meticulosamente premeditado? De cualquier modo. Y hay.. cruel chantajista. fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto». cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas. dejándola como atontada y suspensa me volví a salir».. yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía... que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [. degenerados.que esta pareja no tiene hijos propios. por lo cual. Después de esto. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó».] no grite. para mencionar sólo algunos. Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta». Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto. ella cansada. nobles de naci­ miento. cap. explica que «el silencio. de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia. hom bre monstruosamente egoísta. «se m udó de aquel lugar a otro». y teniéndola asida fuerte­ mente. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban. el padre de C arriazo y C ostanza.. precisamente. De hecho. por otra parte. y en nuestra novela. 41).. «llegándome a ella la desperté. moral o temperamental redentora. por ejemplo. violento. la señora. Fi­ nalmente. se puede entrar en la casa. ¡«ni [que] lo procurase»! (945). . pero flagrantemente mezquinos. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer. le dije: [. I.

se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural..]» (946).]. N ovelas ejemplares. en cambio. sin darse él cuenta de ello. . se las comienza a be­ sar tiernamente. “la soledad”. 56. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad. p. después de tantos años de total indife­ rencia.. N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes. Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»]. porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo. la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [. Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija..el crimen com etido20. quien.]»? Esta pasión lujuriosa. responde a algún motivo ulterior...] y nos pusimos en camino» (945).. la soledad [. bañándoselas con infinitas lágrimas [. «Emerging Realism». hincada de rodillas ante él. "el silencio”. todos esos detalles de su infame acto.... 105. sin causa lógica. ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. «turbada y temblando». emocionalmente revivida lo induciría a revelar.]. el silencio. Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva.. K la ocasión”? En efecto. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión. inexplicable. pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes. que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados. «tomándole las manos. 21 Herrero. y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [. Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida». p.

en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie. variables. cuyos “casos” resuelve. Maravall. que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. amansada. útiles. Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición. que se destaca al final de la obra: temor al ridículo. esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. p.. de amor ideal. virtuosas de la vida.. a las aspiraciones altas. y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación.] le había pe­ gado una docena de palos tales. espiritual. a todas luces. pullas. de valentía heroica. pero jamás por completo erradicada. 22 23 . la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas»... riñas. pero con indepen­ dencia de la «sangre». a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer. p. pero. 45. el noble por los del «espíritu» 23. no se manifiestan en ningún momento. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. despechado y lleno de cólera [. en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. como gato arrinconado. ya dis­ cutidos—. es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen. Apeóse en fin. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. Teatro y literatura en la sociedad barroca. de modo muy ingenioso. en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. 55. Consecuentemente. en proporciones diferentes.. 24 Véase nota 6 . Todo lo contrarío. en su casa. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope». supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. M ontesinos. al que prefiere el cínico trato picaresco. se ilustra esta convicción. quizás. en su total desafecto a las actividades dignas. pero con tan malas entrañas [.. apasionado. En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo. En suma. con sus juegos.]» (929). del «nacimiento» en s í24. ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. hurtos. esos instintos de honor o pundonor personal.les» n . por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne». de seguro..

El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer. «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922). L iteratura an d the D elinquent. adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). por la mayor parte es mala. maldita y maldiciente» (939). Puntualice­ mos. Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas. pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. los deplorables. A todos los huéspedes recibe con gentileza. sugiere traviesamente el autor. 14-16. real o literaria. a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. declara orgulloso el mesonero. aunque sean “señores d. permite un trato íntimo. En suma. “la afición a Baco”. pero vive tem iendo. 200). véase Par­ ker. es feliz. por otra parte. ¡ni mucho menos! Así.sobre todo. la innata “in­ clinación picaresca”» 26. es siempre respetuosa j obediente. tiene hijos. que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. pero a quien desanima como a todos los demás. 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca.e título”. En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares. p. es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). como. pese a que «la mala bestia del vulgo. por lo menos no en todos. por ejemplo. y muchos lo son. muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). y que. . pero a nin­ guno de ellos. por fin. Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa. a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. «No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). pp.

que. Todos piensan. la morali­ dad. rezar. p. muchos lectores. En suma. llamó a Costanza. honesta. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico. enseñándole a leer. destacando este hecho* además de los ya discutidos. que se manifiesta de modo infalible. de modo completamente verosímil. y con grandes encarecimientos. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble. concluyendo que aquélla es menos interesante28. hacer labores domésti­ cas. que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27.o de la cebada. por ejemplo). y. desde la infancia. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. 200. escribir. 28 L ow e. con «ojos de Argos». De seguro le han enseñado. siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. Fuese con ellos a su mujer. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. pues. y nota 4.explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). le turbaron y sobresaltaron. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». mezclados con amenazas. todo el com portam iento de Costanza refleja. le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. 69. p. Además. discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. y andan por todos los aposentos. Cervantes: Two N ovelas ejemplares. sobre todo. . y donde hay cada día gente nueva. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón. consecuentemente. pero. 29 Ibid. actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). incrédulos. como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». a tratar con cordialidad hospitalaria. a la vez. que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. en cualquier circunstancia29. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935). y antes que se los leyese. leídos. el moz.

T am poco esta observación contradice nuestra tesis. «con tanto amor» 30 y también. un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942). Costanza puede serlo en cualquier lugar. pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. Hecho que se puntualiza con una poderosa.su mujer. con los corte­ sanos parecía cosa del cielo. Por su propia determinación de ser virtuosa. í 69). p. protagonizadas por mujeres virtuosas. En estos versos se condensa una convicción cervantina. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). corte o mesón. castas. ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. 202). punzante ironía. 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. 103-116. mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (. 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly.N o v ed a d de las novelas de Cervantes. en cambio. que daba a entender. que es su “virtud”. p. tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. Costanza podría cometer indiscreciones. ¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño. pp. 914)31. . que es. donde la tentación ace­ cha de continuo. Pese a todos estos cuidados y prevenciones. la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya. con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. Así. de modo muy im por­ tante. tan bien le cuadraban. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre.

Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. quod perstet. verso 177. Consiste en esto. sin embargo. rather than character». Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”. dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. a su vez.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes. con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”. heredada de generación en generación. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. la “Fortuna”. . moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. buena o mala. (Como se ha visto. [«Nada es constante en el mundo». para nosotros. Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto. y. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. 86). N o cabe duda. ante todo. Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes.. herencia imparcial de to^ dos los hombres. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. 947. Hijo de la Naturaleza. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. constante. en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35. 3 . pero cuando las introduce es. según se sugiere al final. del Hombre. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye. dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. etc. in orbe» 3 4 . p. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste». Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo. El Saffar. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. invariable. benévola y perversa a la vez. creemos. nunca. todo cambia de continuo. el “destino”.1 Libro XV.] 35 Véase nota 6. en todas sus manifestaciones características. la casualidad.) Lo qué no cambia. es la sangre humana. los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. entre otros críticos. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929).

... p. los continuos cam­ bios de todo orden.. 228.. en distintos planos.. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»]. se­ 37 Selig. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas». el movimiento fluido. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida.. y su «espacio mítico como viaje».]». varios niveles de enunciación engastados [.]. en efecto. / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40. p.. movimiento entre dos térmi­ nos [. aunque inconsciente. Ezquerro. perspicaces. cuya complejidad. traducen.. es también «a significant device for the structure o f this novella »37. la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem .El motivo de la “transformación”.39. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas... Chauchadis. Débax. un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación». Paulino.]. de manera precisa. etc..]. 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro. Alsina. 94.]. espacios que se desdoblan [. visión del mundo como multiplicidad [.].]. «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona». La novela corta en la teoría y en la creación literaria. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona».. etc. 39 Pabst. p. desplazamientos constantes [..... y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [. muy sugerentemente.. trayectoria lineal e inversa del relato [. D unn.. versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra.. Buen conocedor de las obras ovidianas. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir.. oposición de los personajes y de su trayectoria [. Todas estas observaciones acertadas.. perseguida. se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos.. sin zonas estáticas. «Las N ovelas ejem plares ». «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio». Es.]. «El espacio narrativo en La ilustre fregona. cuatro cuartos y una cola». esencialmente.].. organización secuencial de la intriga [.) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»]. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». «Tres por dos son seis». «Ser y parecer»..]. discontinuidad y confluencia [.. y. y. . a su vez persigue a la que va delante. «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ». entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [.]... 116 [«(.]. 40 Libro XV..3 8 . sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [. Ramond. en múltiples direccio­ nes.

como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. primordialmente. va­ riables a cada instante. . al propósito de proponer. episodios. formas.. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. a la vez. demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. 1033. Ofrecer una imagen precisa. entre otras obras estram­ bóticas. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. ¡transformarse!. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. siempre nuevas. 4 1 Véase en la edición de A. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. restrictivo espacio de una novela corta.. 120. contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. etcétera. 98. también siempre viejas. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés. Esta inspi­ radora metáfora. que tiene la acción dispersa. y ¡tan hermosa! para él. a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. hecho en sí muy significa­ tivo. matices.» (1348). pormenorizada. cívico. fuerzas. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. porque en él. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho. temática y estéticamente. p. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. 1036. personajes. En efecto. La ilustre fregona parece responder. etc. y para deleite artístico del lector contemporáneo. N o v e d a d de las novelas de C ervantes . pinto quién fue la Giralda de Sevilla. quien. 42 R odríguez-Luis. 577. 1348. y. de invención nueva y rara. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje.gún lo sugieren sus citas de éstas41. 882. deshacerse. y autor de felices referencias literarias a ellas. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). Valbuena Prat. re­ hacerse. Se señalan así sólo algunas de ellas. 752. a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. olas en un eterno hacerse. pp. que es el de todo el Universo. A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. En tal propósito ideal. para provecho moral. detalles irrelevantes. de algún modo.

77). siempre contenidas. dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año. a veces. mozos de muías. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos. vistié­ ronse a lo payo [. a la ligera [. pues. de quien ya «no dice nada el autor». des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente.. casi imperceptibles. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante». se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas. «como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. a su tiempo. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas. Empuje repentino. muy a menudo. entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente. En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola. al río. en prosa y verso.]. referidos al mar. en parte. de brevísimo recorrido visible. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora. fragorosas. hacia un efervescente torbellino. impetuosas.. impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. a las cuales se une. Entre las olas gran­ des. fregonas. también en las desprendidas. pero de un curso pasado o futuro sugerido o. y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso. a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid.... en visitar las nubes de contino. «presuntuosas. 68 ): el ayo descartado. de curso propio. atraído irresistiblemente. después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924). picaros.Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores.].. las pequeñas. igualmente atraída. áspero cambio de rumbo.] contentos y alegres» (924). mansas. Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. pero.. etc. . de flujo ya paralelo —Avendaño—. otra —Avendaño—...] se pusieron en ca­ mino [. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [. claro está. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara. de las metas fascinantes por desconocidas. Puesto. al viaje.

íntimo. relevantes. reflejo fidedigno de las relaciones humanas. en nuestro caso. verdosos. La relevancia novelística de algunos personajes. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza. es bastante evidente. . para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”. aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea. a la postre. turbios. límpidos. como la de Argüello.]» (930). además de sus propias frustraciones íntimas > H . multiformes y multicolores con miles de matices. Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios.. a quienes alude el mesov ñero. poético. aun tales consideraciones. y la monja [. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. «Identity. que si pedirá. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro.]» (939)... pp. accidentales. secundarios. 82) en el vasto mar.. grisáceos. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». intensa interdependencia de todos los personajes. 45 Véase nota 42.. Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. también simboliza la constante. Sin embargo.. borrosos. en todos los casos sí se descubre. Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas. dialectal. de un modo u o tro 45. refranesco. a primera vista desviadas del asunto central. se revelan. pero. en la novela. se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. aunque sólo con brevísima ojeada. mientras la de otros es más incierta. «de socarrón». inspirado en Bajtin. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias. humorístico. p.. retórico. al perder todo el dinero en el juego..una media parienta suya» (938). Oleaje juguetón que. rufianesco. folklórico. burlesco. 87).. 39-56.] de tal calidad». Poco después. hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. 2 0 0 . que. lejanos. y el confesor a la monja. claros. D iscourse and Social Order in La ilustre fregona». Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija..: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano. evanescentes. a su modo cómico.. principales. oficial. prosaico. aparenciales. cercanos.

]» (934). impresiones. como el de las turbulentas olas de nuestra novela. sugerencias. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo. ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48.. para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. siempre resulta arduo47. pp.] que es tiesa como un espárrago. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [.. luminoso: «quedaron todos conten­ tos. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron. blanca como una leche. es consciente de que él. de un brioso brote de agua. implicaciones.... 107-8. lo que..]»(ibid. en El Saffar. hoy están todos estudiando en Salamanca» (947). sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler. honesta como un fraile novicio. 47 A lgunas observaciones sobre esto.]» (El viaje del Parnaso. de diferentes maneras. y más dura que un pedazo de argamasa [. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa. enlazando con nuestra metáfora. múltiples nuevos sentidos. quien. in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). al proponer las olas como metáfora de la humanidad. se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. . como ser humano y como escritor.. From N o v e l to Rom ance. Así lo desea Cervantes mismo. llamándola lunes y martes [. En éste y otros casos en la novela. muy significativamente. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos».].diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. Para nosotros. que. «Turbóse en esto el líquido elemento. etc.. des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente. debe aparecer fundido con ellas. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. entonada como un plumaje. tres hijos. reveladoras de lo problem ático a que aludimos. quod perstet..] Dijérala [.. Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado.. desem­ bocando en un mar pacífico.. de nuevo re­ novóse la tormenta [. 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo..

Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. aunque «the story is well constructed and presented» 3. «una de las más endebles de la colección».] . aunque hábil en el relato a la italiana»2. O bras completas de C ervantes . etc. con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas.» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta». Fitzm aurice-K elly. p.] novela de relleno» l.«D e tal palo tal astilla. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I. Las dos doncellas puede parecer. pp. 113. 949. Apraiz. p. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás. Ares M on­ tes. «mediocre. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting». Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. inocente. 216-217. Al principio. The Exem plary N ovels. 3 T hom pson. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas».. R odríguez-Luis. Π. bajo la influencia de la novelística italiana. a menudo haciendo abstracción total de la opuesta. 78. convencio­ nal y artificiosa». «nea­ rest to failure». frívola. 150. 326. C ervantes. pero 1 M enéndez Pelayo. En efecto. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado». «Introduction». v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». p. «Las novelas ejemplares». N o v ela s ejem plares de C ervantes. O rígenes de la novela . 96. pálido. XV. de hecho “extraña”. p. p. para poder llegar a la docena proyectada [. [«El asunto de esta novela no es m uy interesante. G onzález de A m ezúa y M ayo. «escrita sin mucha gana». creador de la novela corta. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra.. 2 Valbuena Prat.

Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. Por fin. p. también abandonada por Marco Antonio. su se­ ductor. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes. defendiéndose de una turba. Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. su «principio supremo» 6. Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura. de servir al lector». todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia. Sin embargo. que viene de Salamanca. el gusto por la superposición de enredos. 64. etc. en las andanzas y en los encuentros de los personajes.. Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael. rival en amores de Teodosia.]. su «asunto imposible»4. Al día siguiente. 335. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. p.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos. C ervantes. Al lle­ gar los tres a Barcelona. 101. Rafael se enamora de ella. el embrollo por el em­ brollo. [. social y literario que de ella se desprenden. Marco Antonio se casa con Teodosia. con la finalidad de alegrarle [al lector]». temporales. «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. p. de encuentros ca­ suales. topan con el fugitivo. 185. p. con particular severidad. ¡en una obra cervantina!. por boca del Canónigo.. En busca de Marco Antonio. Creyéndose mortalmente herido.. pueri­ les al sano juicio. i. se ha sugerido que «en algunas narraciones [. creador de la novela corta.. todas esas increíbles coincidencias episódicas. por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio. y le salvan la vida. «La estructura de las N ovelas Ejemplares». etc. en el Quijote. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael.. 4 5 . geográficas. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. lo cual él considera «como una forma de caridad. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo. 6 D iez Taboada. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. G onzález de Am ezúa y M ayo.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud.

de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras. no importa de qué índole.] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. lo inverosím il.. es ve­ rosímil. suspendan. 1251).. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. Según todas las evidencias. en E l teatro de Cervantes.. acabado «con las an­ sias de la muerte [.. “embrollos”... de evidente raíz aristotélica. con la inverosim ilitud com o recurso literario. pp. cap. «De­ dicatoria».de la verosimilitud y de la imitación.]» no podrá hacer «que sus fábulas [. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. Por ejemplo. para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. y con la que las ordena en esa secuencia específica. de ser de los personajes. en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley. C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. 92)9 —y que así deja de ser “desatino”. También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso.] admiren. 88-94 [sin verosim ilitud. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción]. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley.. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. lo cual es un problem a distinto. asi­ mismo abundante en coincidencias. depende así de la completa. 60. C ervan tes> Theory o f the N o vel. . a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad». 47. p. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso. alboroten y entretengan. con tal de ser utilizado con plena justificación estética. En su interpretación de la verosim ili­ tud. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar. etc. que se constituyen en la metáfora de la obra. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos. 1527) 8. Esta noción. te­ m ática y form al. “encuentros casuales”. pero con la intención específica de confrontarse. tan repletas de coincidencias ex­ ternas. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley. críticamente. en efecto. desde sus piezas primerizas hasta el Persiles. Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada.

Así. tentábanles los cuerpos. discusiones. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. en efecto. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama.. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria. principalmente. Y las que se introducen. . suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[. es lo que Cervantes persigue. es la reacción del hermano. p. oportunas para ese efecto. tradicionalmente pundonoroso. 11 Ibid. se condensan y abrevian notablemente. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso.. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos. exhortacio­ nes. 77.. por otra parte. conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. en situaciones extraordinarias. diálogos. interpelaciones. Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. no sabían qué decirse. dramática y conflictiva. por ver si eran fan­ tásticos. por ejemplo.lectores). lo cual contrasta. Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. con la frugal acción aventuresca. que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. polémicas. acciones físicas. que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967). anecdóticas. se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor. lícito. escasean peripe­ cias episódicas. y la de ésta a aquél. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. Una con­ frontación similar de todos los personajes. Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. 8 6 ). ante todo. p. y. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). en el momento de reve­ larse sus identidades. de manera muy llamativa. a la her­ mana “deshonrada”.] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. A esta misma conciencia autocrítica.

Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. mozo de muías. D . Para su propio viaje. 1284). sugerida por Valbuena Prat (949). Cervantes a me­ nudo y por varias razones. destaca las “prevenciones” económi­ cas. V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa. con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». es inaceptable la relación entre los amos. sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas.I3. Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [. D . quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). al acompañar a su amo. B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. Rafael y D . C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores. en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n. es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior. como la de Calvete. Al tratar de viajes en sus obras. Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho. etc. p.] en el escritorio de su padre [. II.. Q uijote. Por otra parte.viaje. pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 .] sacándola llena de escudos de oro» (955). que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid. cuando se trata de viajeros. y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955).. . pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”.. Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes.).. Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas. Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958). conscientes de las exigencias materiales del viaje. Q uijote es la víctim a de semejante impresión. Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras. ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D .). pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. etc. 74).

pp. pp. [«¿Q uién es la más infeliz. p. «La estructura de las N ovelas ejemplares». a base de unos significativos problemas sociales y humanos.. Fernández de Avellaneda. on Marco Antonio — Teodosia. actitu­ des e intereses.] Who has the greater claim. Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector.. sugestivas de entreactos—. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían.. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas. 73. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ».. Q u ijote de la Mancha. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes. A n ton io — T... Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”.] com edias en prosa. propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy. cuyo amor fue consum ado o L. Teodo sia or Leocadiaf [.? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. who was loved more recently than Teodosia? [. impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». whose love was consmnated. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. 17 Véanse D ie z Taboada. hablan de su «construcción teatral» 1 7 . la fecha de la creación de esta novela. claro está. . o L. 14)..] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605. 85-6. particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. y algunos críticos moder­ nos.]» 1 S . a veces. quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. según se ha sugerido arriba. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa. que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores. legally and emotionally. Ingenioso hidalgo D. Aunque Marco Antonio es «rico [. Cervantes. «Prólogo»: «[. en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. 104. p. Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo. creador de la novela corta. íb A . aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. que eso son las más de sus novelas».. 352). lógicam ente..] Who has the gre­ ater cause for jealousy [.. p. La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta. or Leocadia. 144-150.. R odríguez-Luis.. T.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así. 18 Thom pson. III. «Introducción». es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles. pues.

113. como.. únicamente... «sin saber cómo [. cuando menos. o. la promesa de matrimonio. las dulces «palabras [. porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado. por ejemplo. «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». por lo que Teodosia se entregó. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina.] una compla­ cencia» al verlo (952). cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [. gentileza. Sin embargo. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. p. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19. los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador». a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [..mado» por todos por su «gala. [«El conocim iento que T. por fin.. la revela como una joven desconsiderada. De todos modos.. rostro. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—. tiene de esto la hace. más bien. los juramentos. las lágrimas.. con toda premeditación.. o.]. de hecho. egoísta.] en su poder». N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo. se entregó en ese momento. claro está. qui­ zás decisivo: «Y finalmente.. a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante. con la promesa de ser mí esposo. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. incluyendo. se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953). y que es 19 El Saffar.] a hurto de mis padres» (952).] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio». gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953). inescrupulosa. También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio.»] . culpable de la traición de que la acusa L. N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares.. Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [.

pero secretamente le guarda rencor. p. 21 Scheviil y Bonilla. 347. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero. p. no obstante. A n tonio. aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. II. A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. L. siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T. pp. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . pp. ill. 347). Leocadia has no independent meaning in the story. C on m uy fina intuición. 21 1 . p. p. Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. . significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. 165-176). significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. es secundaria. 24 El Saffar.precisamente lo que ha hecho. 109). 116.. 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. cuestionables. creador de la novela corta . being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. la otra sigue la misma demanda» 2 1. mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. «Leocadias role is a secondary one. y a su matri­ m onio con M. no tiene un significado independiente en el cuento. 208. cuando menos. N ovelas ejemplares. N o v e l to Rom ance. es. Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas». 393.. A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». C ervantes. p. surge otra en traje de muchacho. N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor». signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. hasta «deseándole la muerte». Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta». 22 Casalduero. [«La parte de L. Π. si la una va en busca del novio que la abandonó.». creador de la n ovela corta .] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). con que se suelen justificar los peores extre­ mos.

. lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo»..]. pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula». pues. reacciona interesado. que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [. ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario. 343..] no se las llevase el viento» (957-8). p. que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo». leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo.. para mayor ironía. aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso. Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [. percatándose de ello. desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada».] le quitaré la vida sí puedo» (959).] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio. «Práctica inmoral» 2 5 .. y Marco Antonio. es decir. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese». C erva n tes. para turbarle a ésta el «sosiego».] para coger el fruto que para él solo estaba señalado». Una pronunciada ambición y codicia. Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival.] gozar a tan poca costa lo que es mío [.terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que.. Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano. Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». creador de la n o v e la corta . firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso». casi sin emoción. herida en su vanidad. . Poco después. sobre todo.. que ella. de­ bajo de grandes [. pero. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales.. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado. como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia.. consiguiendo de él «su fe y palabra. que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente.. para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [.. antes de salir de casa tras él. Leocadia está dispuesta a rendírsele. para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual. para que «no piense [..

prometo de darme tal vida después de vuestra muerte. firmada en una cédula de [su] mano y letra». 31. «No puedo ne­ gar [... el «valor de sus padres» y. 26 Recuérdese la contestación de D ..confirmar «las razones [. sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida. Muy significativamente. Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo. «se llegó a la cabecera del herido. Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio. por mí.].]. se lleva al herido en el esquife. conocidos.. Obvia­ mente. en presen­ cia de todos los amigos. «la palabra. 32). a quien debéis más que a otra persona del mundo».. y ad­ virtiéndole. .. por vos. Q uijote al C anónigo. después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n.] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres. se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad». en el palacio de los duques. caps. exenta de genuinas consideraciones sentimentales.]. Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa.. a toda costa.. que bien poco tiempo se pase sin que os siga». ante todo..] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9). La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. que [él] le dio. para la de vuestra alma». sobre todo. médicos y criados en la sala. ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva.. apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra».. y después. sobre todo.]. que debéis mucho a ser quien sois [. adelantándose a to­ dos.. no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade». como si de un monopolio se tratase. A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio». su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3). típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26. la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [. y asiéndole de la mano». con hacer lo que debéis [. si no para la salud de vuestro cuerpo [. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe. que las palabras que le dirigiría «convienen.

de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer. Del pueblo huyó tan de improviso. .]. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía..junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». En efecto. Ahora com prende que las obligaciones. que. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959). a su «juicio de mozo [.. T e o ­ dosia. pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. Personalmente inmaduro. caprichosa conducta. se arrepiente de todo lo malo que hizo. pues. «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. a base de la cédula. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. irónicamente. dice Marco Antonio. no la esgrime. después de algunos años. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. Confiesa que la «quiso bien». ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas.. precisamente por serlo. La escarmentada Leocadia observa. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón. a Italia. a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio. y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»]. yéndose muy lejos. excepto en el sentido más externo. con­ tinúa Marco Antonio. sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas. p. a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter. hizo la cédula. decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable. porque se la robaron los bandoleros. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. ya no tiene. repelen. de seguro con Cervantes m ism o. pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo. «Sin embargo». con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. porque. desea pagar lo que debe. podría ser que después os fuere de prove­ cho». confiesa todas sus «muchas culpas». con toda probabilidad. Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. ausentándose. y esperando que a su vuelta. «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio. que la cédula no puede ser «testigo de fe».

tenía el herido. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese».] exageró el peligro de Marco Antonio» (962).. . es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado.) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (. Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio. con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado. A este res­ pecto. a Santiago de Galicia» (966). y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia. y asimismo [..]. a pie. por ejem plo). convencido de que ha llegado al «término [.Teodosia.. cuando menos. ante todo.. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [.] de su vida». si D io s le sanase. creador de la novela corta. atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio. ii. sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. a su parecer. así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium . 347).28. se convierte en ilusión. self confrontation». etc. siempre impresionado por la mera apariencia.) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (. se desm ienten con toda su conducta. para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. o. de ir en romería. com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona. p.] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). N o v e l to Rom ance. 23 El Saffar.) La libertad con que sueña. en el contexto de la muerte. when placed in the context o f death. becomes an illusion [.. a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964).... mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30. no grave. [«(.. C o n toda probabilidad. p.] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however. Ahora bien. por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto..... dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960). Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica.. 115. ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!. autoenfrentamiento».

a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje». Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo. que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». contesta Leocadia. declarándole su alma. en suma. «pues así lo ha ordenado el Cielo. y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. Teodosia se preocupa.. inescrutable. estimada y servida». allí está él.] hallado». «rica. señora de mi alma. que hoy os ha quitado a Marco Antonio. tan reminiscente de la de las raposas esópicas... consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro. Antes de este parlam ento. hágase lo que Él quiere y vos que­ réis. pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano». «el mismo Cielo» le trae ahora remedio. en el pasado tan «huidizo».. y el mismo Cielo. Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia.. según el astuto joven. señor mío». in­ contrastable! Además. de cual­ quier modo. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es. Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia. Rafael. pues. os quiere hacer recompensa conmigo». ante todo. en «ninguna cosa». Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión. ¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio. a pesar de todas sus pro­ .Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [. ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». «recompensa» a Leocadia.] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan». porque el Cielo le hizo de mi hermana. es «caballero [. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. pues. facilitándole también la vuelta a casa. «la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue. Como es­ poso «ha de olvidar [.. tiene todo el efecto deseado: «Ea. pues». «cumpliendo con el gusto» de Rafael. sino tan sólo por la voluntad del Cielo. contenta.] y rico». por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966). La estrategia argumentativa de Rafael.

Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951).. y de gratificación lujuriosa.mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. comenzó a interesarse también en Marco Antonio. la muerte: «Haz con este hierro el castigo [. decide de inmediato «alcanzarla».]..].. se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo. sobre todo. «sea como fuere». con pre­ meditada pose “poética”. p. Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que. 13). p. dar «feliz suceso en su deseo [. como lo más natural y ló­ gico. la mar. pues es una unión de conveniencia económica y social. es decir. E l pensam iento de Cervantes. «In­ troducción». p.. las arenas y este silencio». reconociéndole poco después. y se hinca de rodillas delante de él. R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer». principal­ mente. En la oscuridad del aposento. Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—. que «el castigo que [le] diere fuere Castro. Al encontrar a Leocadia. no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32. para Rafael.] por el camino de la fuerza». venal. no es bien que ninguna misericordia me valga». El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones. 376. Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. p. Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. satisfaciendo tu enojo [. en la venta. 78). «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación. Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra». 207). Por el título y la riqueza. siempre predominante en Leocadia. anticipando. La na­ turaleza utilitaria. Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares. ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio.. III. Rafael (964-6).. Sin embargo. 31 32 . y con este título sólo viviré contenta». sobre todo para Leocadia. y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares.

más bien..].. evidentem ente. a este notorio código de conducta pundo­ norosa. «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final.. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia. O bras completas de Cervantes. C erva n tes. de ayuda desinteresada al prójim o [. 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. sí. ¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo).]. A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes. el desafío a muerte de los padres. 350). p.. 34 Valbuena-Prat. nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [. un fuerte impulso de "venganza”. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33. las puertas [al] remedio» de Teodosia. «quería antes procurársele por todas las vías posibles. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. sin escrúpulo alguno. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años». poco después. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción. Ciertamente. o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente.. creador de la novela corta.. si se llega a mencionar en abso­ luto.. C ervantes. a una genuina compasión por la desventurada hermana. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 . lo subordina. Siente. Sin embargo. La escena final de la novela. como condiciones personales ínsitas de Rafael. «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [. aparentemente. asistencia sincera [.secreto».] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960). Rafael está muy dis­ puesto. 949. II.. porque. casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio. p .]. . como hubiera dicho el ama de D. «secreta venganza»!.. Rafael no acude. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954). sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón.. Q uijote»35.. pero lo su­ prime o. ¡Actitud noble y sensata!.

etc. Pero no es así» (Sieber... .. del provecho material propio y de la gratificación sensual. «Introducción». caps. p. p. por su propia imprudencia o necedad. que todos los personajes. 38 Casalduero percibe este efecto. ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37. 25.] gran cantidad de gente armada. «cambio sumam ente brusco». p.flua. que Cervantes destaca. al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan.. de acuerdo con nuestra lectura. urden y perpetran los unos contra los otros. aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [.. fría. contrastada con todo lo que pre­ cede. p. siempre bien calculado. insustanciales. Estando ya «a vista» de sus pueblos. cual más cual menos. pues por el valle «asomó [. 27). con el único objeto. 16).] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. En cambio. al recordar todas esas maquinaciones. 8 6 ). «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela. Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito. egoísta.. esta escena final. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes. N o ­ velas ejemplares. N ovelas ejemplares . y quizás de muchos. co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza. cínicamente premeditados. estos jóvenes frívolos. ya hurtando los golpes. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [. las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos». arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos. 238). engaños. 26). de a pie y de a caballo. pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il. con toda claridad.. III.]». «Introducción». constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8). Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo». traiciones.

]. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida. sensata. de la educación que reciben de sus padres... no importa cuán deplorables. padres e hijos. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños.] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta.). que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967). mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—. Las dos doncellas. una novela “realista”. libertina.. Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes. ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es. mostrándome tan presta a la venganza [. etc. traiciones. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. a menudo despreciada como pálida.) de los jóvenes es consecuencia natural. etc. como. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. disim ulaciones. sus «gruesas y largas lan­ zas». irrelevante.]» (953)39.de continuo pretenden actuar. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles. ridiculísima.— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. osificadas actitudes frente a la vida. en efecto. la nueva generación se retrata como frívola.. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales. es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos. mentiras. Su­ gestivamente. es. Intervención propicia. de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. pues contiene una muy significativa. cí­ nica. encerramiento. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas. . caballeros. relaciones restrictivas. en pos de un quimérico. desde luego. irra­ zonable (honor externo. etc. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». egoísm o. trivial fantasía. porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [. cinism o. en los últimos años de Cervantes. si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores. toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos». directa del m odo de vida rígido. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas. materialista. auténticamente histórica. todo lo contrario. amoral [. desconfianza.. en suma. ridículo pundonor. no más..

. apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [. N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón. O bras completas de Cervantes. p ... es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías. «tiene por objeto emular a los italianos. 325. que obran siempre por sentimientos. vil. pues sus problemas transcendían todo lugar particular... mati­ ces y elementos de la novela italiana. The Exem plary N ovels. «Introduction». burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes.los protagonistas. que cambia a cada ins­ tante. SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. claro está. el imperio mismo del amor sensual. «the most italianate o f the collection». y de modo inconsciente. 96. la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. Según se ha mostrado en las páginas anteriores. nunca por ra­ zón. que. 40 Fitzm aurice-Kelly. cierto parale­ lismo en los episodios.]. actuaron sobre Cervantes [. la irreflexión de sus protagonistas. todo el argumento es ita­ liano». el predominio de la aventura sobre la psicología. porque.. el asunto es totalmente verosí­ mil. como sabe bien el iniciado.) el argumento es el más italianizante en la colección»]. Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas». C erva n tes. p... no es necesario. 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía. «relato a la ita­ liana» 40. . siendo de características y di­ mensiones nacionales. p. Apraiz y Sáenz. hasta “histórico” en sus implicaciones.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones. a no dudarlo. 949. [«Cervan­ tes sigue a los italianos (. son rasgos. el modo de concebir la novela [. hay «irreflexión» pasional. creador de la n o v e la corta. Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes.]4I. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica. Valbuena-Prat. la evanescencia misma del lugar de la acción.

. a veces auténti­ camente paródica. sino al cálculo frío del provecho propio.. comienza [. . aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta. que. A no dudarlo.. el caballero m ozo es de una profunda. con toda pro­ babilidad. rico y ocioso. alma y subs­ trato de la novela cortesana [. noble. el escenario. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares.. de una tiernísima sensibilidad para el amor [. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales.] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros.. Sin em­ bargo.. estéticos y éticos. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida.. como todos saben.].].. en efecto.pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”. la nocturna aventura [. héroe y cabeza de la novela cortesana [. máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII. vernáculos»42.. significativamente. tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales... quien. ¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia. que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles..]. De hecho. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo... lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia. según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [.] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán.]. los billetes y papeles [. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones. también observa que «el ambiente.].. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación. de la novelís­ tica italiana.. los personajes.]. copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [.

. particularmente en la época de Felipe IV. ridicula.]. los desposorios mismos. que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [.. «A Study in the G olden Age».].]. cuando es también más abundante. ill. no discrepante del tono juguetón. Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas.. de Quintana. la consabida pendencia. ¡diferencia radical! en clave crítica..]». sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45.]. en las costumbres de esa sociedad. p. que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [.. la pre­ surosa huida. y llegará un día en que el Amor. se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo. La novela cortesana. implícito en toda la obra. bodas felices de la errante pareja. So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época.].. ineluctable­ mente.. Formación y elem entos de la novela corte­ sana. «F.. todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [. Palom o.. por la «cuestión de amor». pp. véase nuestro estudio.rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [. todavía faltan [.. ora con los deudos de la doncella. . cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor. «Introducción». pp. 39-47.. procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares... choque de espadas. Véanse también N ich ols. impondrá sus despóti­ cas leyes [. 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior. Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas.]..]. un novelista olvidado. irónica. episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [. las mil aventuras. dirigida contra esa anquilosada. 457470 [N ovelas cortas cortesanas]. en tales novelas. pero. asistido también de sus camara­ das [... llega siempre.] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [. ora con algún desdeñado rival. 16)... y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida.]. fin dichoso de sus andanzas y enredos. con riesgo cierto para la vida de ambos [. insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H. Este propósito. amigo de L ope de Vega»....]... olvido de la razón [. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [.]. y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43..

creador de la novela corta . «no de menos gallardía» que Teodosia. Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. en que. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera. donde reconocemos su transcendental ejemplaridad. encuentra su inspira­ ción. ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas.) 49 Ya desde el libro de Apraiz. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». al ver llegar a Rafael. pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. principalmente. por lo m enos. pues.] que jamás tal belleza habían visto». jtan cervantino!. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física.lias». en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético.. y qué es esto! ¿Vienen. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana. 216). todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana. es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor. ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes. Es. y sobre El am ante liberal. La novela cortesana es. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III. La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. Quijote 49. es que representa. Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas. quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. 347). Según se ha deseado mostrar en este estudio. con toda probabilidad. . de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47. Uno de sus atri­ butos más significativos.. Sin embargo. de este tipo en España y. simultáneamente. p. si no la pri­ mera. una de las primeras novelas cortas. por ventura. p.

. M. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. sus m odelos literarios.«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. da Barberíno. Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612. pp. «Las N ovelas ejem plares». a ve­ ces nocturnos. Bandello. Por sugestión. con frecuencia ilícitas relaciones amorosas. extraños encuentros. F loren­ tino. F. protagonistas o testigos de enredadas situaciones. G. estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. G. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . S. F. muy populares en España ya antes de 16123. Esta hipóte­ sis. ágil. p.. F. B. G. M. Giraldi. niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas). G. de’Mori. triunfo final del bueno o del “furbo”. de enredo. Salernitano. G razzini (Lasca). A . año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio. se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media. sin duda. desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. 189. Erizzo. de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». con gente misteriosa. Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. A . D on i. 81-118... vista global­ mente. F. todo narrado con técnica dinámica. muy digna de consideración. Sacchetti. Straparola. Sercambi. italianos o extranjeros. no siempre congruentes con el asunto. sus m ode­ los vivos. A . claves de cruciales secretos. varios otros y algunas novelle anónimas. 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. Firenzuola. 2 Icaza. A . p undono rosos lances de capa y espada. A. revelaciones y reconocimientos.

La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar. M azzacurati. estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. 1948. 1953. 590-603. 1974. Madrid. O bras C om pletas . La novellistica d el Lasca. J. «Introduzione». Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. 34-39. Paolella. 31-92. Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. Rossi. deta­ lles. N ovellen theorie u n d N ovellendichtung. ill. Belloni.8 . 291). L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. B an dello’s Fiction. T. en obras del mismo género litera­ rio. que.. pp. términos. I. F orcion e. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . Pianca. M. etc. V1I-XXVII. personajes. G rif­ fith. «Introducción». Gibaldi. 4 Sin embargo. «Introduzione». A . nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. A . 195-235. 1955. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo. de La señora Cornelia tiene su referente lógico. pp. en mi concepto. Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. Battaglia-G . nos han sido m uy útiles: Auerbach. F. 1921. π. 1944. pp. Savi-López. v . al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. 22. «Introduzione». N o v elle italiane: II C inquecento. 1952. O bras completas de Cervantes. M an ual elem en­ tal de novelística española. G. Sette secoli d i N o velle italiane. L etteratu ra italiana L aterza. Pabst. pp.. Tutte le opere d i M. pp. «Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». «Introdu­ zione». 1987. IX-XLIX. Place. I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas . 8 6 . Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. C iccuto. 1973. Bandello. t. del Duca.x lv ïI . v . C ervantes. B. Flora. S. Fattini. A n a to m y o f the N ovella . 1977. P ancorbo. de esta vasta tradición novelística. 1985. N o v e lle del Q u attrocento. R. 19-48. Clem ents y J. de una novela italiana. «Cervantes y B occaccio». expresiones italia­ nas. A l introducir perso­ . vol. 1982. N o velle del Cinquecento.el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. v i. vol. 1952. claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. V -xxiiI. La novella d el Cinquecento. pp. superativo. el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6. C erva n tes a n d the H u m an ist Vision.. salpi­ cando el texto también de palabras. Bourland. con su propósito correctivo. Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. «C ervantes-B occaccio». además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. 1967. 323-356. pues. «Introduzione». Porcelli. G. G. H ainsw orth. p. sea en versiones originales o en traducciones. A larcos García.). Schevill y B oni­ lla. The Short Story in Spain in the 18th Century. Retorica e racconto. sobre todo. situaciones. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. pp . W. 1982.x x iv .

pp. su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece. Rafael (949-51). G onzález de A m ezúa y M ayo. a nuestro juicio. en líneas generales. Se Uama D.. pasados los peores sobresaltos. N o identifica al autor y. incluso en bibliotecas italianas. todos nuestros em peños por identificarlo. implorándole que la lleve a su aposento8. acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D . para salvarla de un gran peligro. disfrazada de hombre. que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles. pero nos parece por com pleto innecesario y. Le encom ienda su «vida y honra».a Colom ba. 1824. En la posada. Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. con que volvió en sí [. Londres. II. de paso por Mecerra. pp. Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza. en la po­ sada. han resultado vanos. la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida. podría serlo.a C o­ najes de ilustres familias italianas. 975). en que Teodosia. en definitiva. en que D . Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». 8 8 . relata su «desdichada historia» a sus protectores. Por mero interés económico. cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D. Nimagri. se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre. 974). He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. 369-370). Cornelia. Juan y D. Por ser D. de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. de hecho..a Colomba. le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. Cervantes.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas. después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. se aloja en la posada con D . pero. Nim agri. 363-4). B aldw yn. 7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. Nimagri un verdadero caballero. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. de autor desconocido7. hace recordar la de Las dos doncellas. algo sosegada». creador de la novela corta española. 8 Las situación de L a fuga. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid.]. muy agitada. . La fuga. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. los protagonistas españoles (ibid. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. disfrazada de hombre. Y. noble caballero veneciano.

protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino. «si menester fuera». «en la casa de un sacerdote de misa». «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro. y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos. D. con sus «pistoletes» y.Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia..]. Al tener que disparar D. D.] ¡socorro. D. Nimagri contra ellos. 977). Al fin. le hace aceptar un bello anillo de diamantes. como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( .. colérico hermano.a Colomba.] viene a quitarme la vida [. dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme. D. donde por fin llega. mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977).. en igual situación: «[. para mantenerlos a distancia. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud. logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta. sin más complicaciones. Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). si fuese necesario. aunque sus hermanos son «crueles».a Colomba. tan rico como la cruz». cerca de Ferrara. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso. pero disponiéndose a defen­ derla.lomba a la posada. señores. puñal. pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores.. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta. pues. Juan y D.a Coloniba queda muy preocupada. y una grande espada» ( . Nimagri. abadesa de un convento cerca de Be­ nevento. con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [.. D.Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973).. mientras D. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»]. 988). «sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. Nimagri acompaña a D.a Colomba en su huida de la ciudad. Antonio. reanuda su viaje a Roma. para volver a España. con el mismo propósito. El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de . después de un breve descanso. señor!» (= Cornelia. y amparo». colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes».

En la novella XLV del N ovellin o de M. por ventura. en una calle oscura: «¿Sois. en que deseando D . algo casual o travieso. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. aventurero. lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. tan sugestivamente. D. Fabio?». moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. según se ejemplifica. pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. n ó te s e resulta desenfocado. en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970). D . lo que. pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. Antonio y D. A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». parándose por fin en Bolonia. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. en el proceso de españolizarla. pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro.La señora Cornelia. la estructura misma de la novela. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». ya en ese incidente inicial. a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico. irrelevante. D. . Juan sale sólo «a coger aire». deter­ minan todo el desarrollo de la acción. benéfica para todos. «por sí o por no. respondió sí» (971). pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística. es decir. el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». pero después decide esperarlo»]. de experiencias nuevas. quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. Juan. dadas las convenciones sociales y literarias de la época. para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia.

N o se trata. D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi. pues. buena crianza. muy particu­ larmente. propagado en los países bajo la ocupación española. Antonio. De hecho. etc. Juan y D. «Introducción». Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972). p. España en la v id a italiana durante el Renacim iento.de la inverosimilitud» 10. honradez. Además del afán de aventuras y de la curiosidad. Cervantes: N ovelas ejemplares . discreción. el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. Estos elogios y vituperios en abstracto. es decir. al menos inicialmente. Por otra parte. histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos. pero. L a N o v ella V. denigra a los dos «mozos y españoles».. y que se fíe de españoles [. «¡italiano. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria.. Juan y D. sólo a base de la tradi­ cional. intensas intervenciones.. / / maestro gabatto d ’amore).. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados.). pero Avalle-A rce. Según se verá. amabilidad. 12 Croce. temerosa del señor Lorenzo. que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés. D unn. con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino. este personaje demuestra cierto aprecio por D. Juan y D. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. 10 11 . 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos. sin que este hecho sea realmente relevante para el relato. sobre todo. tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. mientras la «massara». y. determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. Antonio como individuos. Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . etc. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . III. Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas. aparentemente.. pero. D. su nacionalidad española. Y es de importancia crucial comprender. 19. sin justificación alguna en las relaciones personales con D. Rodríguez-Luis. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo. Juan y D. independientemente de su convicción.]!» (980). El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana.

Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras. y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes. y en esto se podrá echar de ver [. con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971). sólo por ser españoles. en una ocasión llegue a dudar.).atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. Juan que está plenamente confiado en su ayuda. Por su sólita preocupación con la verosimilitud. según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984).. Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella . según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [. declara a D. Además de la cómica hipérbole... Firenze. 1832.. Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo. a quien D. Juan —y no también la de D. por un brevísimo instante. que soy de los Críbelos de Milán. Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo. nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). Borghi. por lo menos como ella decía» (986).] las calami­ dades que por mí han pasado. la “massara” logra convencer a Cornelia.. 305) [«Solo entre tantos armados contra él (.... y porque «a más 14 D . de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978). soy bien nacida.]. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque..) todavía m u­ chos»]. Juan le salvó la vida. Lorenzo a solicitar la ayuda de D.. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. aun­ que sólo. se enfrentó con el avance de aquéllos (.] ancora m olti» (N ovelle... Juan. de algún modo.]. Antonio. G. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D . en parte. El venir el señor D.] si pose fra I’avan zo di co­ loro [. de la honradez y dignidad de los dos amigos. «por ser» éste «español y caballero». Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque.. Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. Cervantes advierte: «la Críbela.. cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos. . Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971). Giacom o [. quien tantas buenas razones tiene para no creerlas. pues éste está en grandes deudas con D.

. ¿No hay quizás un sutil. pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles. Sin embargo. Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. D. Juan y D. Juan al disponerse una vez a la acción (987). Juan y D. en nombre de su nacionalidad. 17 Ibid. p. Quijote. Juan—. «¡Por Santiago de Galicia [..obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978). los amigos italianos que han confiado en ellos. D.. para desquitarse a sí y a su patria (984). de E l Saffar. señor Lorenzo —dijo a esta razón D. Juan y D. en efecto. Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 . exclama D. de recíproca determinación con todos los otros personajes.]» (974). en el mismo nivel de ficción. 16 Véase la tesis. . lo cual simboliza y explica. de considerable ingeniosidad. p.. pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes. y pues nosotros lo somos y principales [. por lo cual redoblan los empeños. lo cual constituye.. están en relación de mutua dependencia. Tom Sawyer. 1 2 1 . Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. de manera muy sugerente y fundamental. A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares.]!». N o v e l to R o ­ mance. no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. ¡caballeros españoles!. se sienten muy "corridos”.]. 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.. según ya se ha dicho.. Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. singulares. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978). temerosos de lo que podrían pensar de ellos. 222). pp.. uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. «diligencias posibles y aun imposibles». pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s . eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. 118-128. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas. D. etc. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos.

ofreciendo..]...».).. etc. «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [. y que [... por sí mismos.]». lo que sintió D. «Dio cuenta [.]».. «Señores [.. y contadme el vuestro [. desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas...] yo soy [.]. yo no he engañado [.. sólo sé que habrá no sé cuantas noches [. 1. 980..... «y luego le contó punto por punto [. de muy variada extensión. . pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes . dijo».].. «Yo. respondió [..] de todos los sucesos [. empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [... desde perspectivas incisiva­ mente individuales. 5. como estos cuentos os podré contar yo [.. de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [.Cervantes.-1» (972-9...] de lo que había pasado [.. «Entonces [..]». 6 . El duque le contó asimismo a él todo»... proporciona el marco ge­ neral de la acción. he servido a un piovano....] y al oído le dijo [.... sus partes y fragmentos... Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos..] mi desdichada historia». pero vamos [. Juan. «Bien sabéis [.]..]». pues [..].. más bien. delinea los sucesos «sucedió. con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.].] y dio cuenta [. «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo.. comentarios y explicaciones. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [. cuentos dentro de cuentos o.... res­ pondió que sí....]... «Yo soy el duque de Ferrara [..]» (987).]». «Preguntóle el duque que si era verdad [.].. respondió el cura. caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [.. Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces. etc.]». etc.]. pp..]»..... «Volvió [. dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero. en los mo­ mentos oportunos. oíd el mío».. recuentos. 199-210..]. con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas. «La señora Cornelia y su técnica narrativa».]».]» (417).]. como autor omnisciente.. señora. «En esto llegó un paje [. darnos cuenta de sus vidas.. 3. «No sé. Antonio [. por no tenerla más suspensa... lo que preguntó D..]... «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [.. «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [. le contó». estadme atentos y escuchen [.] que yo jamás engañé a vuestra hermana [..].que quieren..]».

] con voz algo doliente y turbada. / Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”. dijo [. G iraldi. . dadme pri­ mero algo que coma. / Llora un niño. no pudiendo así comenzar con el relato. de manera premeditada. y. da a luz secretamente a un hijo»]. / Sin embargo. parturisce di nascosto [. Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos. nacim ientos secretos. como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). por una inclina­ ción rencorosa. de muy activa. B.res”... advierte a los oyentes: «Si queréis que hable. ágil técnica narrativa. ocasionalmente.. Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y. «fi­ nalmente [.] un fligiu ol maschio [./ Cornelia come y bebe /. a veces. dice. «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia». como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980). A veces. y. antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. D eca l. un personaje (983). como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983). de la sociedad. muy sugestivamente. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso. actitudes. por una apre­ hensión momentánea.. Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. N ovella l) [«L.». y después invita: «sentaos.. y su interés propio o su altruismo. etc.]» (974-6).. desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente. Por medio de sus relatos los personajes revelan.] mi desdichada historia».. 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos. teme la ira del padre y de ios hermanos. El juego se ejecuta con ingeniosa. etc. etc. ciertos modos de ser. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9. G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. por una disposición “traviesa”. in­ tensa interacción entre actores y espectadores. las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente.. embarazada por un amante. pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [.. que me desmayo». como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias..: «Lippa ingravida d i un suo am ante . por su visión del mundo.]» (G. por la información que les es asequible. tem e Vira d el padre e d e fra telli. provocan su indignación. consciente o inconscientemente. señores y escuchadme». complejos.

pero. ¡«Yerros por amores dignos son de perdonar»!. El hecho de que éste. aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. Además. por las preocupaciones del Duque con su herencia. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque. pronto convertido en pasión que —acallados convenien­ temente los escrúpulos morales con la promesa de matrimonio— la induce a entregarse sexualmente.]» (410). sobre todo. aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). Corne­ lia. pero. Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). que el her­ mano mismo recoge en la ciudad: «anoche lo supe» (978). pocas lenguas hay que no la publiquen [. todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios. al menos en ocasiones. aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975). Cornelia renuncia a apelar a la probable disposición favorable del hermano. pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. Algunos lectores se extrañan de que tal heroína alardee tan ostentosamente de su belleza: «la fama de mi belleza tal cual ella es.. observamos que todas sus dificultades son atribuibles. acrecienta en su conciencia el pesar por el descuido de «los recatos». después de entregar su virgi­ nidad. que Cornelia nos deja percibir hasta en sus orgullosas. por el que comienza su interés amoroso en el Duque. de «las honrosas amonestaciones». sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad. Por influencia del Duque. fervorosas afirmaciones de su genuino amor (975). a su propia im­ prudencia e indiscreción. su pundonoroso hermano. con la tercería de «la criada. según lo sugiere también el chisme. también «confiaba en [la] honrada condición» de ella.preocupaciones. claro está. . más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa. a la vez. se nos sugiere el hecho irónico de que todas estas consecuencias. por «las libertades» y «la perdición». como Dorotea del Quijote . en que la guarda con «gran solicitud» el señor Lorenzo. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas.. Cornelia se gana nuestra simpatía.

también conveniente­ mente apoyados en enraizados. mutuo empuje. En otros momentos. Esta se manifiesta de modo inequívoco en la escena de la reconciliación con el Duque.. muy significativamente. de Cornelia y su criatura: «[. como objeto de as­ tutas contiendas entre sus «ojos de Argos» y los del «lince». cuando todavía hay gran incertidumbre sobre el destino. el uno con la pérdida de su esposa. parece que no tanto por la felicidad de ésta como por su propia ambición social. anoche lo supe.. en el chisme: «mi parienta me ha dicho [. que porfiaba por levantarlo [.. cínicos prejuicios sociales (978). La obsesión pundonorosa con “el qué dirán” motiva toda la ac­ tuación del señor Lorenzo.] por ser desigual el matrimonio en cuanto a los bienes de fortuna» (978). Sólo en base al chisme presupone también una «vo­ luntad arrojada» en la hermana y las más deshonrosas y mezqui­ nas intenciones en el Duque: «Esto yo no lo creo [que el Duque quiere casarse con Cornelia [.]. y el otro con el hallazgo de tan buen cu­ ñado» (982). 204. como olas del mar en continuo. cebándose.«Cada situación es el resultado conflictivo de la situación an­ terior» 20.] arrojándose a los pies del duque. dicen [.]. El relato del señor Lorenzo sobre la seducción de su hermana deja a D. enternecidos. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». el señor Lorenzo habría aprobado de seguro una relación amorosa formal entre el Duque y su hermana. sobre todo.] [al señor Lorenzo] se le arrasaban los ojos de lágrimas. Sin duda que éste sería el criterio de que el señor Lorenzo mismo se valdría en semejante si­ tuación.] y anoche me la llevó» (978). también provoca algunas nuevas.. lo cual se evidencia también en el revelador dativo de interés en su declaración desengañada: «triunfó [el Duque] de mi industria [. cual­ quier galán.». aclarándolas. y al duque lo mismo. Según ya se ha sugerido. y. esta indigna disposición servil del señor Lorenzo se demuestra naturalmente consustancial de su resentimiento y odio a “los poderosos”. de modo parecido.. posiblemente trágico.. p. etc. generándose así una serie de versiones. a la vez que responde a ciertas preguntas.. semejantes y diferentes a la vez.. Contempla a su hermana. Juan en una gran perplejidad: ¿Es el Duque de veras un malvado? ¿Se ha aprovechado de una ingenua con intenciones rui­ nes y pretextos falsos? «Todo esto se ha de saber de su boca» 20 Lacadena y Calero... cada relato sobre las relaciones de Cornelia y el Duque. .. pero..

1105).) astutos y grandes maestros en burlar a la gente»]. im puestos por la in­ teligencia y la discreción.. obvia por la exageración. cierta frivolidad infantil en su cuento de la «labradora». pero es no obstante cierto que con su impru­ dente comportamiento ha expuesto la vida. O bservem os de paso que el fingim iento de Juan R ojo con F rondoso acerca de la hija «ya prom etida a otro» (Lope. pues. también porque duda de la reacción comprensiva del pundonoroso hermano. según lo demuestra con el del niño expósito.]» (D . aunque los dos españoles. su «pro­ metida esposa» que relata como «verdad» en un momento tan inoportuno para ello. Juan. por pesadumbre y enojo [. También el “piovanow de notoria reputación escandalosa y jocosa en la novella italiana gusta burlarse de la gente con sus cuentos inventados. pronto después ocurre: El Duque confirma su amor sincero y sus intenciones honradas res­ pecto a Cornelia. y. decide D. de hecho. . como ésta «mil veces» le pide que haga (975). a m enudo contienen interesantes. le dicen que «ha hecho la más discreta y más sabrosa burla del mundo» (987) 22. 22 «Dar lejos de lo que se espera». Q u ijote . más bien ligero de cascos. con intencionada in­ dulgencia. ¿Como pueden justificarse éstos moralmente por la mera preocupación del Duque de asegurarse la herencia que la madre le tiene prome­ tida? Por cálculo oportunista. Queriendo ser admirado como uno de esos muchos «astuti e gran maestri di beffare altri» 2 1 de la novella italiana. es un aspecto caracterís­ tico de la técnica narrativa con que Cervantes m ism o evidentemente se deleita al sorprender al lector: «Si no lo has. Esta inclinación del «piovano [.. ¡oh lector!. inocua y graciosa. A la vez. aunque. i. aunque inocuos y graciosos.] rico y curioso». señala los lím ites de dicho juego. la dignidad y la felici­ dad de Cornelia y de otros a m uy grandes peligros.(979). así entendida por todos.. es una tradicional costumbre popular. con su burla el Duque se revela en cambio como un sujeto indiscreto. Los pasajes cervantinos. no revela al señor Lorenzo su amor por Cornelia. Ftienteovejuna ).. aparentemente más superficia­ les. y p or eso.. com o diría Lope. amigo también de la 2! F. según se desprende de las reacciones indig­ nadas y angustiadas de los dos españoles y del señor Lorenzo. como. ¿por no querer privarse de la excitación sensual de la relación ilícita? Es pertinente esta pregunta porque en la actuación del Duque se transparenta un pronunciado egoís­ mo. además de otras tendencias personales negativas. G razzini (Lasca).. con que explora los sentimientos del Duque (985). serias im plicaciones estéticas y morales. Entre éstas. Le cene (l) [«(. que podrían fácilmente traducirse en un absurdo desenlace trágico.

ex­ plica la razón principal de la amistad entre él y el Duque. A este respecto resulta muy su ge­ rente el lenguaje conjetural de que todos se sirven con frecuencia: suponer. disper­ sas piezas. sino por su usual preocupación de explicar lo que podría parecer inverosímil. aun éstas tienen su causa primaria en los com­ plejos y prejuicios íntimos y en las predisposiciones morales y psicológicas de los personajes mismos. extrañas. Se impone otra vez la imagen del intrincado rompecabezas de muchas. Juan y D. falsas acusaciones. incomprensibles a los otros personajes. diálogos enigmáticos. ignorancia. Antonio mismos como piezas integradoras del enigma. es sumamente significativo que las interpretaciones erróneas. deber de ser. men­ tiras. y suponiendo el recíproco aprecio del cura. es fácil imaginar cuán “entretenidos” serían sus encuentros. objetos de origen misterioso. entre las cuales también figuran D. Anto­ nio consiste en averiguar las causas de las discrepancias conflicti­ vas entre las distintas versiones de la “historia” que propugnan los otros personajes. información incompleta. de hecho. en toda clase de obs­ táculos que dificultan la interpretación correcta de los aconteci­ mientos: ambientes extraños. Juan y D. reivindicadora de la “dignidad” y los "buenos propósitos” en el pasado y prometedora de la solu­ ción más satisfactoria y feliz para todos. atribuibles al «as­ pecto engañoso de la realidad». La obra abunda. desfavorables circunstancias tem­ porales. creer. etc. aprehensiones. parecer. disfraces. son raras y que. Por esto precisa­ mente ellos también resultan a veces misteriosos. etcétera. resentimientos. Sin embargo. Ejemplifica magnífica­ . Cervantes no sugiere esto como mero detalle pinto­ resco. como diría A. de manera llamativa. La más importante función mediadora de D. am bición. Glaro está. indistintamente. vanidad. Gustando éste «mucho así de la curiosidad del cura como de su donaire en cuanto decía y hacía» (985).«massara» a quien «tiene obligación más que de amo» (980). como. produciéndose así de continuo situaciones en que todos. de hecho. aunque también justificadas por la devoción de aquél a la caza. experimentan grandes dificultades al tratar de averiguar la verdad. quien «viene a visitarle muchas veces desde Ferrara». declaraciones de doble sentido. odios. para hacer al fin aceptar a todos una versión fun­ damentalmente fiel a los sucesos. apariencias ambiguas. tem ores. identidades enigmáticas. Castro. parece a algunos lectores: las frecuentes visitas del noble a un cura de aldea. imaginar.

la solución final de to ­ dos los problemas no se determina por una anagnorisis dramá­ tica ni por una transformación radical de los personajes. Sansovino y M. G i o r n a t a v iii. en realidaid. sino tan sólo por la palabra llana. A nto­ nio. El error o el truco de carácter sólo externo. en que casi todos parecen desconfiar de todos por una razón u otra (983-4)24. F. Bandello. al verlos abrazados «desde algo lejos» (981). 23 24 . Juan y el Duque. Sí. debidos al defecto intrínseco en el engañado. Sin embargo. como la de las dos Cornelias. Y es casi simbólico el que hasta D. de modo inexorable y continuo. Todos los «engaños a los ojos» en las obras cervantinas son. con que se supera la barrera de los malentendidos. quienes tanto se empeñan en erradicar la desconfianza de los otros. con variaciones. el sombrero tienen un papel significativo para complicar y desenredar las siVéase nuestro estudio sobre El vizcaíno fin gido en E l teatro de Cervantes. que se contraponen en la o b ra25. N o v e l l a 8 . víctimas inocentes de la misma. A este respecto nos parecen también de valor emblemático “el camino derecho” y las “sendas apartadas”.mente este hecho la inmediata suposición del señor Lorenzo de que es «de cólera» el encuentro de D. Juan y D. erigida por la desconfianza. en que los dos españoles. mediada por los dos españoles entre todas las partes. Esta lacra de las relaciones humanas se dramatiza en algunas escenas particularmente memorables. Así. la trama entera se es­ tructura a base de unas causas y unos efectos que se identifican. los pañales. y no sólo por su nacionali­ dad. la indu­ mentaria. N ovella 4) y tratado. Es de crucial importancia el hecho de que todos los distintos factores humanos que inducen al error o a la impropie­ dad en La señora Cornelia tiene su denominador común en la desconfianza. de las mentiras y de los temores. las joyas y. a m enudo por los n o v e llieri de los siglos siguientes. desprendido de explícitas motiva­ ciones o tendencias humanas. de un modo u otro. lleguen a ser ellos mismos. como una concatenación de desconfianzas. generán­ dose mutuamente. en defini­ tiva. no suele tener interés para C er­ vantes 23. entre ellos. como en algunas otras novelas cervantinas. el señor Lorenzo y el Duque están a punto de arremeterse. 25 El m ism o tema fundamental se dramatiza en E l laberinto de amor. El m otivo del engaño con una mujer “falsa” en la cama fue utilizado ya por Boccaccio ( G io m a ta vil. particularmente. Véase nuestro estudio en El teatro de Cervantes. desde la ini­ cial de la madre del Duque hasta la de la escena final.

pp. La trama muy enredada. siempre es secunda­ rio respecto a la m otivación humana. ¿por qué razón lo emprendería La señora Cornelia con “la novelística greco-bizantina”? 29. cayendo en el engranaje de las continuas y mutuas desconfianzas de los personajes.. «Introducción». sólitos compañeros de la relación honesta. en definitiva. 87-105.» (N o v e l to R o­ mance. confusos del laberinto de la desconfianza humana..28. de las que es penetrante y fidedigno reflejo. La ingeniosidad de esta con­ cepción novelística de ias múltiples. ha renunciado a la razón.tuaciones 26. que. directa. etc. 1 2 0 ) [«(. a veces se encuentra deambulando con ellos desorientado. N o v e d a d y ejem plo de las N o vela s de C ervan tes . pp. orientador. ridículos medios. 2 H Propone tal tesis Avalle-A rce. al hacernos meditar sobre los insegu­ ros. como estructura narrativa. 28 A valle-A rce. 19-20. una genial metáfora literaria de los pasillos oscuros. C ervantes: N o vela s ejem plares . Cervantes: N ovelas ejemplares.). «La estructura de las N o vela s ejemplares». su función más importante e ingeniosa con­ siste en su ironía implícita. confuso.'y se rechazará como obvia incomprensión la condena. endebles. sincera27. se comprenderá también la palpitante relevancia de La señora Cornelia para la vida cotidiana y la condición hu­ mana. ínsita en la es­ tructura entera. de que es «la más desalada carrera tras lo inverosímil [.) es un cuento sumamente improbable»] y otros. es. pero. 94. en sí. ill. de los que debe depender aquél que. p.]. a la virtud. por cualquier motivo o circuns­ tancia. ΠΙ. incluyendo el mero azar.. «La señora Cornelia is a highly im probable story . 27 En los estudios de D u nn .. ya casi rutinaria. El Saffar. sin posibilidad alguna de un entrecruce armonioso. etc. Teniendo en cuenta el hecho comprobable de que en cada novela ejemplar cervantina ocurre un explícito o implícito diálogo crítico con su específico modelo inspirador (La española inglesa —libros de caballerías. el colmo de la in­ verosimilitud». se engaña precisamente porque se cree privilegiado por la información que los personajes no poseen. Lacadena y otros sobre La señora C ornelia se concede demasiada importancia al "azar”. A ve­ ces. de modo muy irónico. etc. ¡Interferencia impropia del positivism o en el m undo de la ficción! Algunas nuevas considera­ ciones sobre la verosim ilitud cervantina en D ie z Taboada. Las dos doncellas —no­ vela cortesana. inciertas perspectivas se apre­ cia también en el hecho de que el lector. De­ bidamente apreciada esta metáfora fundamental. Reconocida la inequívoca fisonomía “italia­ 26 Véase R odríguez-Luis. «Intro- . al sentido común. El amante liberal —novela bizantina.

maravilloso. vol.. 1027) [«¿adonde me dejo llevar (.. pero nos parecería oportuna. Tutte le opere. p. Con su trama cuidadosamente organizada. p. que. I. vol. hasta traspasar. entre sus elem en tos tam bién in clu ye esporádicam ente el greco-b izan tin o. la novella italiana. técnicos. 119) [«(.. sobre todo. El Saffar mantiene que «La señora Cornelia reflects the influence o f the G reek n ovel and the contem porary Spanish com edia as w ell as C ervantes' ow n Persiles» (N o v e l to Rom ance. es de­ cir. a su tiempo. a m enudo.. personajes. la imaginación y la ingeniosidad de los novellieri debían agudizarse más y más en su afanosa búsqueda de lo novedoso. La utiliza­ ción de cada ingrediente particular dependía. de que fuera considerado «degno di meraviglia e ammirazione» 30. sorprendente. como temas melódiducción». señora Cornelia— era uno de los tipos más cultivados por los novellieri..] 3Í Bandello se hace esta pregunta.. claro está. 30 Sandello. adquiere visos de características constitu­ tiva.]?»31. al observar la tendencia a la di­ gresión episódica en él y en otros n ovellieri del Cinquecento. I. en efecto. Tutte le opere..) habiéndoos prom etido narrar una novela»]. detalles revelan su esencial funcionalidad y. Posibles influencias signi­ ficativas. que su diálogo crítico sea con su raíz litera­ ria directa? La “novella alVintreccio” —caracterizada también por la actitud cínica y desconfiada de los personajes. únicamente relevante. . p. vehículo favo­ rito de la inverosimilitud y de la “digresión” de todas clases: «Ma dove mi lascio io trasportare avendovi io promesso di narrar una novella [. lo cual es tam­ bién crucial para la concepción de La. de repente. como lector y escritor. El abuso frecuente degenera en práctica ruti­ naria que. a menudo de extra­ ordinario logro artístico en sus numerosas combinaciones de dife­ rentes ingredientes temáticos. Rosales destaca bien que La señora Cornelia es el eslabón entre la novella italiana y la novela corta cervantina ( C ervantes y la liber­ tad. inevitablemente. pero sin contar con la más importante. 492). lingüísticos. etc.) refleja la influencia de la novela griega y de la com edia contemporánea y del Persiles»].. en que todos los sucesos. Para gratificar la apetencia insaciable de éste. En estas deformadoras tendencias sensacionalistas de la no­ vella italiana no podía menos de reparar el sentido de la mesura y de la armonía artística que suelen orientar y animar toda la activi­ dad literaria de Cervantes.nizante” de esta novela ejemplar. al darse cuenta de que ha caído en una innecesaria digresión moral en una dedicatoria (Bandello .. ya desde los tiem pos de Boccaccio. [«(. los delicados confines del arte y caer en el mero sensacionalismo.. ¿no es quizás lógico.) digno de maravilla y admira­ ción». 1025. p. 20. de su previa capacidad para excitar la curiosidad y la admira­ ción del lector.. p.

podrían ser sustituidos por dos extranjeros de cualquier otra nacionalidad o región italiana.la cor­ dial y correcta «correspondencia» que los personajes españoles e italianos deciden mantener. muy grata a los sentidos e incitante para el intelecto. . hay una ejemplaridad artística. La señora Cornelia se propone como un posible modelo estético y moral a los futuros cultivadores de la novela corta de enredo. Sin tal función. 32 Sobejano advierte que en todos y cada uno de los 12 cuentos de Cervantes. «con grandísimo gusto de todos» (98 8) 33. A n ton io hay que señalar también com o m uy importante la de sim bolizar la españolización de la “novella” italiana “alVintreccio*. sin perjuicio alguno para la obra.cos. 33 Entre las diferentes funciones de D . La nueva fecunda relación entre el genio es­ pañol y ese género literario italiano parece prescribirse en. moral y vital («Sobre tipología y ordenación de las N ovelas Ejem plares ». creándose una perfecta armonía entre todas las partes. Juan y D . inspirada en la famosa “novella alVintreccio” italiana. 75). su plena correspondencia con el tema conceptual de la obra. p. por aquel entonces ya popular también en España32.

.. pp. Waiey.. «con presu­ puesto de hacer en ella un ejemplar castigo». cayendo en un escaño «[.. Campuzano. en la edición de Valbuena Prat. después. tan innovadoras en la historia de la ficción hasta entonces. Berganza y Cipión [. pp. claro está. 1 Casalduero. A lgu ­ nos de los primeros estudios centrados en el problem a de la unidad del C asa­ m iento-C oloquio: Parker..» (Goethe.] son el desdoblamiento del pnismo personaje [Campuzano]» K Casi todos los críticos actuales coinciden en tal comprensión de El casa­ miento engañoso y Coloquio de los perros. 249. que habría sido fatal. a veces con interpreta­ ciones que revelan grandes complejidades ideológicas y artísticas. «Valor actual del hum anism o español». «The U n ity o f the C asam iento engañoso and the C oloquio de los perros». cae en una extrema «desesperación». 2 A E l casam iento engañoso corresponden las páginas 991-997 y al Coloquio de los perros.. En vano. de una vigilia [de Campuzano] [. wie Ihr nur immer wart. casi insospechadas hasta muy recientemente. a quien él mismo pensaba engañar. 201-212. Viéndose burlado estrepitosamente por una mujer.]» (994-5). se propone ofrecer algunas sugerencias nuevas sobre los episodios particulares y la confluen­ cia de sus temas en la implicación fundamental de la obra. pp. y. . Cabrera. W oodw ard. «N uevos valores de E l casamiento engañoso y El coloquio de los perros». 20 ss.. frustrado y agotado entra en una iglesia. «desproporción». no dos [.] con pesa­ dumbre [.. ba­ sado asimismo en esa visión unitaria. 80-87. de inmediato. so­ bre la técnica narrativa y la estructura novelística. pp. las 997-1026. 244.. una sola novela.. Faust) «Es. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. va en frenética búsqueda de la traidora.. Nuestro estudio.' muy rabioso. 49-58. encomendándose a N uestra Señora [.]. que asimismo sugiere la unidad conceptual. se trata de un sueño..].]. «si tantico se des­ cuidara el ángel de [su guarda] en socorrerle]» (224)2. 237. «El casamiento engañoso y E l coloquio de los perros»..EL CASAMIENTO EN G A Ñ O SO Y C O L O Q U IO DE LOS PERROS «Ihr seid ein Schelm. sobre la relación del individuo con el ambiente moral en que se forja.

febril de Campu­ zano en estos m om entos3. el jaquemate se lo da doña Estefanía a él: «comenzaron a pelárse[le] las cejas y las pestañas. nunca totalm ente resucitas. indignado. Berganza y Cipión. sirviéndole «la espada de báculo». «chi prende diletto di far fro de. considerando. razonablemente. C ervantes: El casam iento engañoso a n d E l C oloquio de los perros. amarillo en el rostro. Campuzano le asegura que él tampoco es tan «ignorante» para creer que «pueden hablar los animales». enfermedad venérea de ho­ rrorosos efectos físicos y psicológicos. que al fin de cuentas.¿suplicándola. p. ¡Realidad del juego que practica y que no siempre puede favorecerle a él! Además. ¿que se apiade de él y le perdone su insensata vida peca­ dora? Probablemente todos estos y otros pensamientos y emocio­ nes semejantes revuelven la mente trastornada. 37). su «amigo». y poco a poco [le] dejaron los cabellos». . pero esta experiencia vendría acompañada de em ociones contradictorias. Pasados algunos días. Y. espada tengo. por la experiencia extraordinaria que ha tenido durante las últimas dos noches. Del hospital sale después de haber «tomado cuarenta sudores» (996). Al afirmar Campuzano que oyó «hablar» los dos perros. piensa. afirma que da «por bien emplea­ das todas [sus] desgracias». «ride bene chi ride Γultimo»: ¡la sorpresa que se llevaría doña Estefanía al darse cuenta de que «las cadenas. dispo­ niéndose a “escuchar” atentamente ese coloquio para desentrañar la explicación. el lector. muy juiciosamente. según lo demuestran los acontecim ientos posteriores. el li­ cenciado Peralta. son todos «de alquimia»! (995). cintillos. todavía muy incierto del remate de su enfermedad. 996). y cuando oyó esa conversación no quiso «dar crédito a 3 Q uizás C am puzano experimenta un «m om ent o f illum ination» [«m om ento de alumbramiento»] en la iglesia (El Saffar. por completo indigente: «Dicen que quedaré sano si me guardo. se calma algún tanto. lo demás Dios lo reme­ die» (991. De transcendental importancia debió de ser esa experiencia para la vida de Campuzano. pensando que son de oro. conjetura. flaco de piernas. «haciendo pinitos y dando traspiés». que le ayude encontrar a la malvada?. Campuzano ha contraído «la lupicia» o «pelarela». Sin embargo. a menudo fatal (995). con corazón vengativo. non s’ha di lamentar s’altro Vinganna» (995). que aquél quiere hacerle creer unos «disparates». sin embargo. joyas y brincos» que le robó. entreoyendo una con­ versación de los dos perros del hospital.

el día siguiente (996).. es cierto. en cuanto a su verosim ili­ tud» (P ozuelo Yvancos. . Sin em­ bargo. «Enunciación y recepción en E l casam iento-Coloquio».] era [. escribí. 59. escuché. solo. de la responsabilidad de justi­ ficar un discurso.. «a escu­ ras y desvelado». aunque «[se] haya engañado y [su] verdad sea sueño [. sutil y desocu­ pada la memoria». estando [él] des­ pierto. «delicado el juicio. muchos lectores modernos todavía vuelven a esa “disputa”. al principio... pp. pero. teniéndola..] una coherencia del discurso consigo mismo» fibid. a veces. aunque. sin reserva alguna. cuyo «buen ingenio» ya conoce (997). Y. Peralta accede a leer el Coloquio. con lo cual Peralta se declara perfecta­ mente conforme: «no volvamos más a esa disputa» (1026). el Coloquio será.] el señor Peralta de ver escritas en un colo­ quio las cosas que estos perros. y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros».. con m uy interesantes explicaciones e. Por lo menos. probablemente. tales cuales Nuestro Señor fue servido de dár[se]los. Y allá está escrita. noté.] si hablaron los perros o no»..] para C er­ vantes.. ¿no se holgaría [. de m uy difícil defensa. delicada.] riéndose y como haciendo burla de todo lo que había oído y de lo que pensaba leer» (996-7). sin faltar palabra». Al recordar sus más nota­ 4 Riley. y.. con acertada intuición de tan extraña “irresponsabilidad” cervantina: «[. finalmente.. oí. «A la mitad de la» penúltima «noche» en el hospital.. toda la conversación. la verosimilitud [. ). que él «alcanzfa] su artificio» e «invención». 195. irónicamente. llena de «cosas grandes y diferentes. 434). De to­ dos modos. p. hablaron?». 161. ameno. Peralta declara. C am puzano m edita sobre sus «pasados sucesos y presentes desgracias» (996). se consuela el escéptico licenciado. con todos [sus] cinco sentidos.. que él no pudiera «inventar de [suyo]» y que así le obliga «a creer que no soñaba y que los perros hablaban» (996)..]. pero tomando «el cartapacio [. Campuzano considera superfluo «ponerse más en disputa [.. desembarazada la mente de las fiebres y aluci­ naciones recientes.. tuvo que admitir que ocurrió «realmente. Vindicado. pues fue «escrito y notado» por Campu­ zano. al acabar de leerlo. Está generalizada la opinion de que «Cervantes se ha evadido..[sí] mismo». «por cosa soñada». A condición de qüe Campuzano «no se canse más en persuadirle] que oyó hablar a los perros».. que «está bien com­ puesto». y que con su lectura «ha recreado los [ojos] del entendimiento». en efecto. C ervan tes3 Theory o f the N o vel. el Coloquio. a la postre. o sean quien fueren. perplejos respecto a la “verosimilitud” de todo ello4.

«Cipión: su carácter y sus funciones en E l coloquio de los perros». consecuentemente. con el lector implícito. con sutil ironía. como el del hospi­ tal—. la perspectiva del presente. concluye. para expresar dudas y escrúpulos. cuestionable tan categórica distinción entre la “animalidad” del “p erro ” y la “hum anidad” del “hom bre”. aunque elaboradas y m odificadas. y el bruto irracional» (997). notorios po r su «amistad». ignorantes. sin la ventaja de esa experiencia5. en los estudios actuales {«Coloquio de los perros. identificada con la de un perro nacido y criado entre los humanos. maltratado por los hom ­ bres. com o el compañero de Berganza—. a veces. mordaz sarcasmo o frío ci­ nismo. «fidelidad inviolable». vida que podría ser comprendida. 47-72). lo cual constituye una verosí­ 5 Las observaciones de Lain Entralgo sobre las funciones fundam entales de C ipión y Berganza son todavía aceptadas. él también quiso tratar al mundo con afecto. no siempre. «La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional. Como estos animales. ¡narrada! sólo desde la perspectiva de un perro “racional”. 195-200. pero habiendo vivido tanto tiempo en ese «mondo cane» —mundo pe­ rruno del hombre—. escuchada p o r o tro —que se llam e C ipión. honradez. incide más y más en la mente de Campuzano. Su desastrada vida. una vida de perros. erróneas. Nace asi la idea de la auto­ biografía de un perro —que se llame Berganza. Esos dos perros «echados detrás de [su] cama». a Campuzano le parece más bien borrosa. pp. para hacer comentarios y reparos oportunos. que la suya ha sido. sus únicos compañeros en esta in­ terminable noche insomne. .bles y penosas experiencias. pues la perspectiva inicial puede ser a veces más acertada que la posterior. pues todo relato debe tener oyente. dar conse­ jos y consultarse con el narrador y. en realidad. en contraste con las perspectivas del pasado. Recientemente: Miranda. Cipión representaría también. comprenderían muy bien el penoso sentido de la imagen. para puntualizar lo dicho. éste tendría la función primordial de alter ego —se­ mejante a la del “amigo” de Cervantes en el «Prólogo» del Qui­ jote (1605)—. pp. con lúcida convicción. de modo muy importante. Sin embargo. y «agradecimiento» (998). simultáneamente. soliloquio de Cervantes». beneficiada por la experiencia acumu­ lada en el pasado. Sin embargo. lealtad. ingenuas. que no obstante casi siempre fueron “premiados” con crasa ingratitud y crueldad. explicada. cuando sólo quiso ser “hombre”.

C ervantes . intensidad. emocional.]. De hecho. asimismo como los seres humanos.]. morales-satíricos. Por esta misma razón se expresa la esperanza de que este «cuento» dé «contento» sólo «por la gracia» que «encierra y tiene en el mismo [. hasta ahora señalados!6. [vestidos] de palabras y con demostra6 Sobre las posibles fuentes literarias de Cervantes: Pierce. Estos «pueden hablar y responder con discurso concertado».. G onzález de A m ezúa y M ayo.. autonomía (996-7). colorido. o me reprendes.. com o lo han señalado varios crí­ ticos. Es obvio. por otra parte.. Estas funciones fundamentales están repartidas y diferenciadas clara­ mente desde el principio: Berganza: «Pues [.mil complejidad del proceso mental. matiz estilístico. tan artificiosos.. aunque sea atropellada y confusamente» (998).] cómoda para poder pronunciarlas» y.. «Cervantes 3 A ni­ mal Fable». que se revela muy significativo en el contexto del Coloquio. que Berganza-“perro” es también un conveniente recurso literario para p o ­ der observar y conocer aquella sociedad de manera íntima y extensa.. pp. según se verá.].].. la narrativa de los episodios variaría en extensión. Ésta sería predominantemente sencilla. pues no es.. II. expresión lingüística.] unos con otros» y los «animales» como «los tordos.. 103-155. sin preám­ bulos y juramentos de palabra». Cipión: «Habla [.. sin impedirte sino cuando viere ser necesario» (998). 429-430. escueta. surgida de unas circunstancias psicoló­ gicas y ambientales por completo naturales. pp.. drama­ tismo.. jcuán distante es esta concepción literaria. inverosímiles o más bien improbables en una conver­ sación espontánea y apresurada: «no sabemos cuánto durará esa nueva ventura [el don de hablar] [. sin muchos “colores retóricos”. tono. ¡no puede ser! de esos cuentos que dan contento por «la gracia» que «tienen en el modo de contarlos [. los dos perros de su Coloquio . ritmo. . dándome prisa a decir todo aquello que se me acordare. pienso aprovecharme [.. obviamente. escucha. Dependiendo de la experiencia evocada y del tiempo disponible para elaborarla o reaccionar a ella.]..] de Esopo» que «departían [. los representan en su complejidad. en su ímprevisibilidad y.. Campuzano destaca la diferencia entre «los animales [. creador de la novela corta española.. de todos los antece­ dentes fabulísticos.. por­ que.. o me mandas que calle».. que yo te escucharé de muy buena gana. y si te cansare lo que te fuere diciendo. picazas y papagayos» que «hablan» sólo «las palabras que aprenden y toman de memoria y por tener la lengua [.].

una transgresión de los preceptos aristotélicos.. resulta así auténticamente original. respondió Berganza». resulta de inmediato evidente el radical experimento cervantino. tam­ bién representación del complejísimo proceso articulatorio de “los pensamientos escondidos”. tamaños y movimientos es. casi por las mismas palabras» (se reconoce la imposibilidad de una reproducción exacta en todos los detalles expresivos). «for this effect “defective " comes hy cause» [«para este efecto lo “defectuoso” viene con causa»] (Shakespeare. de hecho. funcional en su existencia y perfectamente ar­ m onizado con su ambiente. Se trataría así de un soliloquio íntimo en forma de un pre­ tendido diálogo o. con todos sus tentáculos de múltiples. más precisamente. su proceso mismo de formularse mental. sugerir este proceso mental de la evocación y de la meditación se manifiesta inevita­ blemente en la estructura o forma narrativa del “pulpo”. un organismo por completo íntegro. El propósito de representar o.ciones de rostro y de las ma nos y con mudar la voz se hacen algo de nonada. Estas observa­ ciones son aplicables estrictamente a la forma literaria. determinado y declarado propósito de reproducir «todo lo que había oído [. de que los interlocutores a veces se percatan con el propósito de evitarla en el futuro (1006). todo lo contrario. una muy imaginativa aplica­ ción del aristotelismo a la concepción literaria. artísticamente premeditada. supuesta­ mente para no «alargar la escritura» (997)—. como propuesta teórica y como realización literaria. escrita* en que Campuzano ha puesto el coloquio de los perros.. de una rememora­ ción de «pasados sucesos» y de una meditación sobre ellos y las «presentes desgracias». y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gusto­ sos». que sólo responde a . de una representación de «los pensamientos escondidos» de Campuzano. genial. sino. N o constituye este “pulpo” narrativo un de­ fecto. Por lo tanto. en su movimiento imprevisible. im portante es observarlo.]. sobre toda su desastrada vida. siempre variables formas. a nuestro juicio. El “p u lp o ” como metáfora de la perfecta coherencia de una aparente incoherencia. es decir. pero en cuanto esta labor literaria representa un consciente. por lo menos. a menudo caótico e incontrolable por la conciencia ordenadora. en suma. de una representación dia­ logada —cuya naturaleza monológica se sugiere también por la omisión de los «dijo Cipión. imaginativamente. Hamlet): el “pulpo”. en esa larga noche de convalecencia. un intercambio oral que es.

Así. que no se han cristali­ zad o en una clara com prensión y que así revelan a las claras su desconcierto. p. pues. todo lo cual surge de «la vida sentimental y psíquica». del «tiem po acelerado de la narración» de «la corriente em ocional que fluye de un episodio en otro». 176. que no obstante no evita que la trama se articule «sin orden ni plan». además del estudio de Forcione (nota anterior). 7 Sobre la estructura literaria y la concepción filosófica del Casam iento engañoso-Coloquio. de la estética o lógica ínsita en el problema representado. y. Intuiciones buenas de la “estructura” imprevisible del “pensa­ m iento” que. los interesantes de Belic. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d E l coloquio de los perros. etc. «Remarques». pp. sugerente anticipo de notorios experimentos literarios modernos. El casamiento engañoso y C oloquio de los perros. C on respecto a todo esto resulta sugestiva también la aguda observación de M urillo sobre la «simple com plexity» [«complejidad sen­ cilla»] del C asam iento-C oloquio («Cervantes’ C oloquio de los perros. pp. del «deshílanado c o n ­ tar». El Saffar. sin posibles antecedentes te ó rico s7. «Enunciación y recepción en El casam iento-Coloquio». sería la relativa desatención al m ovim iento del pen sam ien to escondido. 147-166. pese a que este hecho fundamental siempre se reconoce o intuye de ante­ mano. del «m ovim iento de fuga». pp. la metáfora de la de Campuzano. U n comentario crí­ tico. ca­ rente de antecedentes teóricos. principalmente. im aginativo exegeta para explicarlo bien. en espera de un hábil. 423-435. de los episodios de extensión numérica que responderían a cierta «simetría renacentista» [¡!].196). Véase. N u estro propio estudio contiene tan sólo algunas sugerencias esporádicas sobre este aspecto. de obligada consulta para todo lector se­ rio de esta obra cervantina. M olhó. . véase el libro de Forcione. Percibida así la articulación del Coloquio. de que la escritura es sólo una representación aproxi­ mada. pp. que nos parece aplicable a todos estos y otros estudios de la estructura na­ rrativa del C asam iento-C oloquio. C er­ vantes an d the M ystery o f Lawlessness. «El pacto narrativo: sem iología del receptor inm a­ nente en El coloquio de los perros». 61-90. 8 T odos los lectores acusan la gran complejidad de la estructura narrativa.. El Coloquio de los perros es. pp. de «las relampagueantes apariciones de las últimas seis figuras». por la presión del tiem po se acelera. «Género y estructura de El colo­ quio de los perros. los actuales m ucho más que ios del pasado. Casalduero habla de «la brevedad del tiem po que atosiga a la vez al narrador y al lector». (pp. ex­ plica después que Cervantes «se va acercando al final y lo que quiere es acumular •una serie de figuras que p or su núm ero contrapesen los prim eros episodios» (ibid. a novel-dia­ logue». se entienden también las grandes dificultades que siempre se experimentan al tratar d e . «La estructura de El coloquio de los p e ­ rros». 11-95. Rey H azas. pp. Excelentes observaciones en Casalduero. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. P ozu elo Yvancos. a base.su propia lógica interna. explicarla con claridada. 64 ss. 119-143. sin embargo. en este as­ pecto. al frn. pp. o com o se hace una novela». Y de un m odó parecido habla Belié de la «desproporción entre la materia narrativa y el tiem po del cual dispone el narrador» para relatarla. 261). “La vida de perros” es. a base de la metáfora del "pulpo”. 242 ss. y 71).

] este coloquio [. en definitiva. con sus propios criterios y gustos..].... según se ha dicho ya. 47-48. todos los lectores de la obra de Cam puzano. com o sería inextricable el aire del oxígeno. pues de otro modo 9 Subercaseaux representa gran parte de la crítica actual con este comentario: «La literatura se im pone. com o lenguaje imaginario y autosuficiente. . De manera magníficamente suges­ tiva muestra Cervantes la esperanza de todo autor de ser com­ prendido por el lector. caps. y co­ brando en momentos él mismo una mala naturaleza perruna. i..]» (997. Recostóse el alférez. distintamente! Esto es lo que. a una in­ com pren sión de lo estético. y el licenciado dijo: [.. En este siniestro lugar. considerando ya innecesario argüir acerca de los perros hablantes9. inextricable de lo ético en Cervantes. pues.] está bien compuesto [„. abrió el licenciado el cartapacio El acabar el Coloquio e. pero considerado como un perro por su prójimo. no hay razón alguna para re­ lacionar del m ism o m odo a Cam puzano con Peralta: Éste.. p. se pregunta Berganza. pero Ci­ pión le aconseja que se limite en este empeño. 10 Mientras C ipión es el «alter ego» de Berganza.Peralta —representante de todos los lectores inteligentes— comprende al acabar la lectura del Coloquio.. si quiere. Lo ilustra con ejemplos concretos (999-1000). entre otros) y se deben siempre.pero el valor metafórico parece desvanecerse por completo al re­ velarse tan literalmente aplicable a la realidad del alférez. com o fin en sí misma [. esos sueños o disparates. instigado por el inquisitivo Cipión. pues nació en un «matadero». «si hablaron los perros o no»? ¡Hablaron! ¡Muy de veras.. domina desenfrenada la maldad en todas sus formas posibles. Tales juicios contradicen las declaraciones explícitas de Cervantes ( Q u ijote. Berganza tiene grandes incertidumbres acerca de su origen. según recuerda muy bien. pero sabiendo que éste.] una visión en que el sentido estético cir­ cunvale al sentido ético de la obra» («Conciencia estética en una obra de Cervan­ tes». que no tie­ nen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden [. com o literatura. es quien. debe llegar a sus propias conclusiones respecto a lo leído: «yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee. sospecham os. ¿Por qué «ponerse en disputas». sin extrañas intervenciones del autor.1licenciado y el despertar el alférez fue todo a un tiempo. es sólo un lector. donde «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca». 1026)1 0 . entonces. 546). tan sólo puede conjeturar que sus «padres» fueron «obreros». «¿Por dónde has venido al punto en que ahora te hallas?» (998). ser hu­ mano.

Al descubrir debajo de esta bella apariencia tan repulsiva fealdad. y esta creencia se acentúa también en otra ocasión.«no llegarás a la mitad de tu historia» (999). la hermosura reflejaría una íntima bondad—. acaba «burlado»: «Andad. que no se fie de anima­ les» (999). Consecuentemente. comprende una de las más alarmantes verdades de la vida: a menudo el mal se dis­ fraza de bien. En el “matadero” se presupone como na­ tural la maldad en el prójimo: «Los dueños se encomiendan a esta buena gente»— el sarcasmo de Berganza es igual al de Cipión— «no para que no les hurten (que esto es imposible). «Como el hacer mal viene de natural cosecha. por conveniencia novelística. como preparación esencial para todas las relaciones con el prójimo. a su parecer.] y decid a Nicolás el Romo. La engañosa «moza hermosa en extremo» representa el menosprecio malévolo por aquel que. En el "matadero” —claro símbolo microcósmico— le enseñaron a Ber­ ganza. según se pone de re­ lieve en el incidente con la «moza hermosa en extremo» —de acuerdo con los postulados neoplatónicos.. sino de un "ol­ vido” premeditado de Campuzano. descuidado de esa realidad. pero no se trata de un error de Cervantes. como autor del Coloquio . hacia quien Berganza se siente atraído de modo irresistible. Berganza ad­ vierte: «vuelvo a decir lo que otra vez he dicho» (1004). Gavilán [. es Ci­ pión. para poner de relieve sutilmente. para la vida. vuestro amo. El que lo ha dicho. Antes de hacer esta observación. claro está. ya en su niñez Berganza deriva la . fácilmente se aprende el hacerlo». con imagen estremecedora: «el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros pri­ meros padres y lo mamamos en la leche. su personalidad desdoblada. como el mismo Berganza. aunque en otras palabras. Cipión ya sabe cuán larga es esta “historia”. muy temprano. Si «el hacer mal [le] viene de natural cosecha» al hombre. en los dos perros. observa Cipión (999). tam­ bién hay en él una inclinación natural al bien. con profunda reverencia. como en varias otras ocasiones. porque el hipócrita sabe que es «prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto». le ofende. según se ha visto arriba. como advierte con sarcasmo Cipión (1000). «a arremeter a los toros y hacerles presa de las orejas». sino para que se moderen [en los hurtos]» (999).. Vese claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse en quien. y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre».

Pronto se desengaña. cabría sobreentenderse. la fe ingenua de Berganza en la condición humana persiste en afir­ marse en las experiencias sucesivas. aunque con notables. que. con lanza y adarga. pp. El amo. raíz y madre de todos los vicios. a la jineta. Pese a esta temprana comprensión desengañada.. no tenía que ver conmigo» (1002). confiado en poder ganarse la vida con el trabajo honesto y puntual: «me hallaba bien con el oficio de guardar ganado por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo. in­ dependientem ente de la interpretación particular de esa costumbre. desempeña sus deberes con genuino idealismo: «pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado. descubriendo que «los pastores eran los lobos y que despedazaban el ganado los mismos que lo habían de guardar». En efecto. pero sin percibir el fundamental cinism o del acto. 19-24. como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden» (1000). a las deshonestas que piensan darle. pp. primero que otros perros. . incluso. «Una frase m isteriosa en el C oloquio de los perros». que más parecía atajador de la costa que señor de 11 Se han escrito ya varios artículos sobre esta costumbre de escupir en la boca del perro: Abrams. de hecho. cuando acudía. claro está. sobre los perros. que «por pere­ zosos». progre­ sivos cambios. quien aparece «sobre una yegua rucia. Supervía. en nuestro juicio. Es preci­ samente con la intención de que sus crímenes tengan tales desen­ laces por lo que los pastores admiten a su servicio a Berganzáj después de averiguar que es «perro de casta»: Como tal. Barcino. 79-82. «Sobre lo que hizo el pastor a Berganza». son castigados con una «lluvia de palos» (1002). sería de seguro siempre obediente del modo más «solícito y diligente» ( 1000 ) a cualquier orden. la culpa del estrago recae siempre. En esta situación tan perversamente cínica se perfilan todos los elementos de una ingeniosa alegoría satírica de la situación política y económica nacional. Sin embargo.. y que la ocio­ sidad. Víctima inocente del engaño y del castigo —casi le cuesta la vida—. ocurre: «apenas me habían dicho los pastores: A l lobo. a la parte que me señalaban [. como. que es obra donde se encierra una virtud grande.]» (1002)n. ante todo. Berganza se escapa del «matadero» y se junta con unos pastores.desconsoladora lección de que la inclinación al bien debiera siem­ pre condicionarse por una actitud cínicamente precavida frente a todo el mundo.

Q uerillacq. la historia del reinado de Felipe III. a su cuidado: «No hay mayor ni más sutil ladrón que el doméstico» (1002). cínica desconfianza en las relaciones sociales humanas 12. a la terri­ ble crisis política y económica del país. con penosa ironía. y quien hace sólo ocasionales actos de presencia en el «hato» ( 1000). Pasa adelante» (1002). impotente frente a tan perversa deshonestidad: «quisiera yo descubrirlo. etc. al desengañarse. sobre él se descargan las consecuencias más graves de la corrup­ ción de todos esos codiciosos “guardianes” del tesoro nacional. el du­ que de Lerma. resultan impropias en vista del flagrante descuido o desconocim iento de estudios fundamentales anteriores (El Saffar. después de oír la experiencia de Berganza con “los pastores”. pero las frecuentes reclamaciones de novedad. ¿A quién “descubrirlo”. que piensa que todos pueden y deben ganarse la vida con su propio «sudor y trabajo». quienes con su inescrupuloso y despiadado parasitismo contribuyeron. 24-27. sobre todo. Berganza es el ciudadano honrado. M árquez-Villanueva. .). pp. inten­ tando defenderse de sus enemigos externos y. pp. ya antes. que la confianza roba y el que os guarda os mata?» ( 1002 ). originalidad. cuando todos “los pastores” son cómplices en el cínico engaño? «¡Válgame Dios! —decía yo entre mí— ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar entender que la defensa ofende. en repetidas ocasiones. inevitablemente. Forcione. H ay algunas observaciones interesantes en este estudio. con toda la claridad de­ seable.. totalmente inconsciente de los muchos enemigos internos que le están deso­ llando vorazmente eí país. que no quiero que parezcamos predicadores. a la enorme miseria de todo el pueblo y. en el monarca. y quien. de su favorito. hace pensar. y otros cortesanos. encargado. «Es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo sí no se fía y se confía». etc. a la total. Cipión y Berganza expresan la de­ terminación de no convertirse en meros murmuradores con sus críticas. observa des­ consolado Cipión. se siente por completo frus­ trado.ganado». en gran medida. En efecto. Cuán penosamente pertinentes eran estas preguntas desesperadas lo muestra. «Remarques». 91-137. que los centinelas duermen. honesto e ingenuo. Y el pueblo común es el “castigado”. con el evidente propósito de aclarar al lector que ellos no tienen deseo de «herir» ni «rùatar» a ningún individuo en particu­ 12 Véase también M olho. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». hallábame mudo» ( 1002 ). pero sugiriendo: «quédese aquí esto. pues. a la vez. en definitiva.

y que en la realidad cotidiana son. sin embargo. siempre f3 Analizam os este problema en nuestro estudio sobre La gitanilla..]. disfrazados de “pastores”. espirituales mutuas relaciones. es tan omnipre­ sente en la sociedad que. además del contraste explícito entre la fic­ ción pastoril y los pastores rústicos. me iba a él. en esas vir­ tuosas nobles.. y no verdad alguna» (1001)13. hace «difícil cosa el no escribir sátiras» ( 1000 ). que suelen entretenerse en «aque­ llos tan honestos cuanto bien declarados requiebros». y con la lengua le limpiaba los zapatos. que no parara hasta pintarte un libro en­ tero de éstos [.. Así. ex­ presada por Berganza e identificable con la visión estética del pro­ pio Cervantes respecto a las idealizaciones de «todos aquellos li­ bros» que «son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. A todos resulta evidente la parodia de la literatura pastoril. servía bien. se ma­ nifiesta a menudo cierta perplejidad acerca de la función precisa de esta parodia literaria en el contexto de esta novela... se revela teniéndose bien en cuenta que tras los pastores literarios solía disfrazarse la sociedad cortesana contemporánea.].]. Berganza narra cómo iba en busca de nuevos amos: «Cuando venía el señor. astutamente. el cual. Si me echaba a palos. sino «señalar» el vicio. comprensible. pero tiempo vendrá en que lo diga todo con me­ jores razones y con mejor discurso que ahora» ( 1001 ). pese a todas sus finuras externas. deshonestos. y los cortesanos que supuestamente sirven a aquéllos de modelo.lar. a dos porfías. cíni­ cos y voraces “lobos”. En el servicio se excedía en sus deberes: «no dormía de noche [. queríanme luego bien y nadie me despidió» (1003). y con la misma mansedumbre volvía a hacer halagos al que me apaleaba [. Obsérvese también la. moviendo la cola. entre esos pastores idealizados. me quedaba en casa. de interés secundario: «de manera se me iba calentando la boca. reales. Sin embargo. De esta manera. bajaba la cabeza y. Tal interpreta­ ción es coherente con las consideraciones anteriores sobre los “pastores -lobos” y hace apreciar mejor la sutil complejidad de la visión satírica cervantina. hay otro. es­ pecífica advertencia de que la crítica del aspecto meramente litera­ rio es. he­ cho universal centinela de la mía y de las casas ajenas».. en este momento. se implica. sufría­ los. ¡muchas sátiras! A la vez que se pretende la preocupación con un posible “exceso” de críticas. posiblemente. Uno de los propósitos importantes. que éste sería de todos modos. implícito. .

cap. acordán­ dose de la fábula de Esopo..]. pues tiraba sus gajes y co­ mía su pan».. Berganza se dejó sobornar también por una criada. Corolario natural. «por los mejores medios que pudiese». porque no se alborotasen los de casa» (1007-8). en la casa del mercader rico. examinan la habilidad. latrocinio y deshonestidad» de los criados. atributos gratos a Dios. Berganza diserta sobre la conducta decorosa y sobre la virtud de la «humil­ dad». los ves­ tidos que tiene». pero «sin osar» jamás «llegarle con las manos. . No para que su 14 Veblen. Sabe muy bien que se com­ portó de tal modo sólo por «la ración de pan y los huesos que se levantasen y arrojasen de su mesa [del amo]. por completo irrelevante para esos fines. quiso «responder a lo que a [su] amo debía. cuando aquel asno [. aun en el mo­ mento de evocar esas experiencias. Como si de repente se percatase de la emboscada en que cayó por un momen­ táneo descuido. Por esta razón. con las sobras de la cocina» (1003). ya salido de su «primer ignorancia» ( 1001 ). poco antes reveló que su humildad personal había sido.] la insolen­ cia..festejando a su amo: «dando infinitos saltos cuando [lo] veía» (1003). inevitable de la zala­ mería hipócrita es la deshonestidad en otras formas. en suma. Berganza. «llevado de [su] buen natural». de hecho. «como buen criado. pero «sin ladrar. pues «los señores de la tierra [sus amos] para recibir un criado. primero le espulgan el linaje. pese a su pobreza y humildad.. el más humilde de mejor linaje» (1002). entre otras. 7 [«El perro se gana nuestro favor jugando con nuestra propensión a dominar»]. estorbar [.]». Consciente de las graves consecuencias que sufriría por ello. consideran sólo los atributos externos y no «la limpieza de corazón». con que él hubiera querido servirles.. de que —nótese— «me aprovechaba» (1003). Berganza fue “querido” de sus amos sólo porque. Berganza es consciente de su humillante conducta zala­ mera para con sus vanidosos amos y siente una íntima vergüenza por causa de ello.] commends himself to our favor by affording play to our propensity for mas­ tery» 14. intere­ sada en «hacerle callar». para mante­ nerse en su servicio... determinó. le marcan la apostura [. que se revela precisamente en sus intentos de negarse la verdad con todas esas racionalizaciones.. para quien «el más pobre [servidor] es más rico. arremetiendo a la criada. ¿Decoro? ¿Humildad? Sin darse cuenta de ello. sabía gratificar cier­ tos complejos psicológicos de aquéllos: «The dog [. The Theory o f the Leisure Class.

que forjaron la personalidad presente. sólo porque su «buen na­ tural» lo impelía a recobrar la honestidad 15. los estudiosos dedicados a la polém ica intelectual abierta. patente en todas sus obras: su escrupulosa distin­ ción del hom bre bueno del malo. La declaración hiperbólica en un texto cervantino siempre invita al escepticismo. que se desentiende de una ver­ dad que honra más a Cervantes. Las alabanzas que Berganza y Cipión hacen de «aquellos ben­ ditos padres y maestros» de la Compañía de Jesús son llamati­ vamente hiperbólicas: «repúblicos del mundo. con lo cual. finalmente. de barricada. quien atribuye a Cervantes una mentalidad proletaria marxista. ¡Irónico! H ace ya muchas décadas. Típica crítica propagandista.. declaradamente inspirada en su maestro. al proponer sus propias interpretaciones. 95). 381). Jarocka. ¡in toto!. condena de continuo a la «deplorable crítica tradicional». supuestamente ya supe­ radas. pin­ tándoles «la fealdad y horror de los vicios» y dibujándoles «la hermosura de las virtudes». .amo lo supiese y lo premiase. irrelevante. donde de nadie soy visto que pueda alabar mi honrosa determinación» (1007). para la tesis que mantiene (M olho. pues su intención es mostrarnos precisamente una mentalidad llena de ambigüedades y contradicciones todavía en el momento de evocar todas las experiencias pasadas. condenaban. considera el ataque de Berganza contra la criada com o una alevosa traición de clase {El coloquio de los perros a una nu eva luz... Berganza mordería a la criada por mero «resentm ent a t his loss o f freedom » («Cervantes’ Sententious D ogs». precisamente la clase de crítica lite­ raria que todavía practican Jarocka y O sterc. L. al m enos tácitam ente. la humildad profunda. independientem ente de su categoría social. com o diría M achado. El Saffar. a una reconsideración atenta. y. “con lupa”. «solicitud». también declara que ahora ya no estaría dispuesto a «hacer finezas detrás de una estera. el incidente sería bastante banal. en nuestro jui­ cio. de todo el contexto en 15 Según Hart. ¡en los m ism os países com unistas!. M árquez-Villanueva.. «industria». Jarocka condena la crí­ tica anterior sin conocerla. de la «honestidad».. en el momento mismo en que recuerda este extraordinario triunfo de su virtud. Sin embargo. base sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza» (1004-5). no los hay tan prudentes en todo él [. Típicamente.]. etc. adalidades del camino del cielo [.]. p. «la prudencia. Jarocka. com o arcaica. eco­ nómica. en­ señaban» a sus alumnos con «amor». p. O sterc. ¿Mero sarcasmo respecto al reconocimiento sólo de la virtud ostentada superficial­ mente? ¿Intención cínica de no “gastar” esfuerzos en “finezas” no “vistas” en el futuro? Cervantes nos deja en la incertidumbre.. sino sólo porque «las dádivas» le pesaban a Berganza en «la conciencia».) «Desprecia cuanto ignora». com o sería imprescindible.

como. Ostentosa procesión de príncipes paganos para la admi­ ración idólatra del populacho. en definitiva. Se destaca el hecho significativo de que los maestros jesuítas tienen la autori­ dad para exigir o sugerir a los padres cambios en la conducta de sus hijos: «aquellos señores maestros [. según lo sugiere la brusque­ dad impaciente que Berganza demuestra hacia ella: «Y siguiendo mi historia [. “ambición” con “perjuicio de tercero” y. hijos del mercader] gramática en el estudio de la Compañía de Jesús. Todo es así como lo dices. hay fla­ grantes. Además de esta sugerencia inicial de un contrasentido irónico. El “aparato” con que esos “niños” van ¡a educarse! con los jesuítas constituye una grotesca perversión de las más fundamentales virtudes cristia­ nas. entre esos «benditos padres». estridentes discrepancias: «estudiaban [los dos. quienes tratan a sus hijos «como si fuesen hijos de algún príncipe. cumplida mecá­ nicamente y abadonada cuanto antes..]» (1003-4). iban con autoridad. Cipión culpa a los padres. El verlos ir con tanto aparato. maes­ tros y «espejos». —me hizo considerar [.. por la condena que la precede. dejan la clara impresión de una obligación ritual. maestros y «espejos» de todas las virtudes cristianas. de esas «tiernas varas» para que éstas no «toma­ sen mal siniestro en el camino de la virtud»? (1005). sus alumnos. según esas alabanzas. p. Las aprobaciones con que Berganza y Cipión se regalan por esas alabanzas de la Compañía de Jesús: «Muy bien dices.. base sobre quien se le­ vanta todo el edificio dé la bienaventuranza» (1005).] ordenaron a mis amos 16 M olho. se anula irónica... Cipión» (1005). La supuesta distinción. Berganza [. sin cultura refinada ni sólida educación cristiana —lo prueba precisamente su “ostentación”—.].]» (1005).. que les llevábanlos libros y aquél que llaman vademecum.. «Remarques». en coche si llovía. De todos modos. . ¿qué dis­ culpa en absoluto hay para esos «benditos padres» jesuítas. 31. en efecto. en sillas si había sol. y los productos inmediatos de su educación. claro está. sobre todo de «la humildad profunda.. es previsible en esos padres. moralmente. con ayo y con pajes. “con daño” de toda la sociedad. y algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya» (1004). ¡«tanto»!. si la ostentación de riqueza y poder. típi­ cos “nouveaux riches”. se nos sugiere es­ pecíficamente: «la ambición y la riqueza mueren por manifes­ tarse».que se produceI6.

. de un breve.]» (1005). 31-41. que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con otras razones muchas» (1005). negativos. del dicho al hecho hay gran trecho» (1004).] la virtud y el gusto». arrojaban los bonetes o sombreros. atrevidas referencias críticas que quizás se comple­ mentan con una ejemplificación implícita de los efectos contra­ producentes. inocente diversión. com o Castro. ¡¿única guía y espe­ ranza lum inosa del hombre?! Repetim os. y yo sé los vol­ vía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo. Se transluce claramente la indulgencia de esos «ben­ ditos padres» con la “frivolidad” de algunos de sus clientes ricos17. 146-153.. sana actividad física. Se tiene la sensación de una agradable. precisamente de tales proposiciones se nutre la más aguda ironía cervantina. 45-51. La ostentación soberbia del “aparato” de esos niños sim­ boliza una escandalosa contradicción entre la doctrina y la prác­ tica: «Una cosa es alabar la disciplina y otra el darse con ella. C ervan­ tes an d the M ystery o f Lawlessness. pp. E l pensam iento de Cervantes. ¡¿único ente intachable entre la universal ruindad humana?!. 18 Véase también: El Saffar. y Forcione. Sin embargo. Por encima del relativo valor de los argumentos históricos de una u otra tesis. éstas se describen con patente exaltación: «los estudiantes me metían la mano en la boca y los más chiquillos su­ bían sobre mí. Al notar «aquellos señores maestros» que «la media hora que hay de lección a lección la ocupaban los estudian­ tes no en repasar las lecciones. necesario alivio entre las monótonas rutinas de clase. Sutiles.. pp. en efecto. inequívoca. ruti­ 17 Ibid. H ay otros críticos que consideran sinceros y entu­ siasmados los elogios cervantinos de la Com pañía de Jesús.]...: «co­ rrían parejas [. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d Coloquio de los perros. obedecieron [.. p. Dieron en darme de comer [.. 50. Ahora bien.. incluso algunos'de los más destacados. «or­ denaron que se interrumpiesen de inmediato estas diversiones» (1005)... sugestiva pará­ frasis del ideal clásico: «mens sana in corpore sano» 1 S .[de Berganza] que no me llevasen más al estudio.. y. pp. Esta «glo­ ria» y «quietud» viene a quitárselas a Berganza y a los alumnos «una señora» que «llaman por ahí razón de estado. gustaban de ver que [.] partía [las nueces] como mona [. . de una alegre. Cervantes: E l casamiento engañoso a n d E l colo­ quio de los perros. interior del individuo? La Com pañía de Jesús.. sino en holgarse» con el perro.. de una erudición secamente libresca. ¿no resulta quizás m uy atípico del pensam iento de Cervantes colocar tanta confianza en cualquier institución hu­ mana para la reforma existencial. hay posibles implicaciones críticas también al fracaso del sistema educativo mismo. El Saffar.]».

. Respectivamente. Ahora bien. pp. ante todo. Las N ovelas ejemplares. Cipión.. acaba siendo el censurado. inicialmente.. a una preocupación primordial con cierta continuidad de elementos novelísticos20. que no afecta en absoluto el curso de la historia ni la verdad poética de la situa­ M olho. Algunas son muy evidentes: Berganza: «Todo esto es predicar. «La estructura de El coloquio de los p erros ». 36-7.naria. «Remarques». Cipión amigo». pp. Cipión: «De la misma manera que has contado entraba yo con los amos que tuve. precedida de anécdotas ilustrativas. 259.] es que hay algunos que no les excusa el ser latinos de ser asnos». “tras­ trocándose” los papeles. 47. Se confirma de nuevo que «se le­ yeron los pensamientos» en todo. cuyos pensamientos reflejan. Cipión: «Así me lo parece a mí.]. N o obstante estas y otras posibilidades. procede di­ rectamente de una referencia a «algunos latines» que Berganza re­ cuerda de sus «estudios» con los jesuítas (1006)I9.. aplicarse: «podemos inferir que tanto peca el que dice latines de­ lante de quien los ignora como el que los dice ignorándolos [. que yo no murmuro de nadie».] me las quitó un gitano en una venta. M olho.. callo» (1002). «que dije al principio de mi historia. Esta conclusión. lo cual se ha atribuido a un error de Cervantes. Rodríguez-M arín. Escapándose de la casa del mercader. por designio de Campuzano. «Remarques».. Nicolás el Romo» (1008). se intensifican. y parece que nos lei­ mos los pensamientos» (1003). Cipión: «Sí.. Ber­ ganza: «Ahora acabo de confirmar [. más o menos sutiles. 19 20 . p. a una sutil sátira del “estado”. el supuesto crítico juicioso de la murmuración. irrelevante para la realidad humana a que debiera.. ¿Por qué razón es necesario saber este detalle. ¿no parece quizás muy verosímil semejante “olvido” en una narración tan larga y variada como la de Berganza? Sugesti­ vamente. y ya en Sevilla andaba sin ellas» (1008). Berganza no mencionó a este perso­ naje antes. que era grande amigo de mi amo. y así. II.]» (1004). poco después éste recuerda de repente otro olvido: «háseme olvidado decirte que las carlancas con puntas de acero [. 22-3. Belie. Acaba un maldiciente murmurador [. Durante la narración de las experiencias de Berganza en la casa del mercader rico y con los jesuítas. las insinuacio­ nes. p. de la misma personalidad desdoblada en los dos perros. por miedo a la venganza de la criada* Berganza se encuentra con un alguacil.

la distinta ominosa fisonomía de una trágica fatalidad. etc.]».ción referida? Quizás Cervantes quiso prevenirse de esa clase de crítica que se le hizo por los olvidos en la Ia Parte del Quijote (el rucio robado de Sancho. por lo que también Berganza se refiere a su «buena suerte»... convertiría de nuevo. Muchos «maldicen la For­ tuna sólo porque piense el que los oye que de alta. burlón: «como si hubiera mucha diferencia de ser mozo de un jilfero. que por su omnipresencia y terrible poder en las relaciones humanas adquiere. / H oy no lo soy de una villa / [. Cipión piensa en los muchos “godos” contemporáneos. a serlo de un corchete». por ejem­ plo.]» ( 1010). finalmente. personajes y sucesos. a menudo espontáneo. falta de reflexión o travesura paródica?— el notorio la­ mento de D. para poder justificar su resonante fracaso en la vida. que. casi siempre tan sólo la maldad. La “naturali­ dad” de esta conversación se pondría de relieve de este y otros modos también por el hecho importante de que Campuzano ase­ guró que él sencillamente oyó. Cipión también observa.] / Ayer tenía criados y gente que me servía [. «ayer me vi estudiante y hoy me ves corchete». escuchó y notó y. una vez. estoico: «Así va el mundo» (1008). Pensando en los trastornos sufridos inmerecida­ mente por Berganza. en realidad. En el Coloquio. casi «sin faltar palabra» lo que dijeron los perros (996).. el dinero encontrado en Sierra Morena. se nos sugerirían como percances natura­ les. además. intimando que la “fortuna" a la que todos culpan es. Berganza se queja de la «rueda variable de la fortuna». esto sí. Cipión lo re­ prende. acrecienta notoriamente el interés literario. «quiso» que él hallara en su camino una compañía de Solda­ dos-rufianes ( 1012). De ser esto así. Es en este sentido. los “olvidos”. los “recuerdos” repentinos de los “olvi­ dos”. como también la incertidumbre respecto al pasado: «Si mal no recuerdo [. de menti­ rosas y ridiculas pretensiones —«la mayor [fortuna] que tuvieron fue tener esperanzas de llegar a ser escuderos» (1008)— quejosos de la “adversa fortuna”. un olvido en ingrediente funcio­ nal que. pues. so­ bre tantos y tan variados temas. próspera y buena ventura han venido a la desdichada y baja en que los mi­ ran» (1008). Berganza ha evocado—¿por una momentánea pre­ sunción. como con las “correc­ ciones” en la IIa Parte del Quijote.).. intrínsecos de un relato tan extenso. . henchido de ironía estoica.. a menudo atribuible sólo a su insustancialidad e incapa­ cidad personales. escri­ bió. Rodrigo: «Ayer era rey de España..

por la multa que puede imponerle: «pagó otro tanto [como el bretón]». todo era confusión. es su único castigo. «red y anzuelo» del alguacil para «pescar en seco» a las vícti­ mas. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». Como en los casos anteriores. quien manda encarcelar al bretón. Sólo con esta posibilidad se revela el sarcasmo de la caracterización del “teniente” por Berganza como «demasiadamente severo» (1010). ¡amigo del criminal Romo!. auténticas farsas con que pervierten la.. Sin embargo.].. asidua vigilancia: irónicamente apropiado cas­ tigo para estos pervertidos "vigilantes” de la ley. p. Para realizar esto traman toda clase de trampas. Sin embargo. pronto sale «libre por la puerta afuera». sobre todo.. por acabar «enfadado de su mucho hablar y presumir de ejecutoria» (1010). pues las altas autoridades de la justicia se desen­ tienden de las transgresiones de sus subordinados. es inevitable que ellos mismos acaben contem­ plándose mutuamente en su única verdad. y «el mismo día pesca a un marinero [. de cuya desapari­ ción se culpan mutuamente: «Los corchetes porfiaban que ellos no habían visto los follados [..].]. contra quien tantas acusaciones acaba de oír.].. gritos y juramentos» (1010). que es la mentira. lo quiere para un trabajo honesto. La Colindres. Ella decía [. La mutua y tan justificada sospecha de deshonestidad los obliga a to­ dos a una continua. pronto se re­ vela la fea verdad: El alguacil y todos sus subordinados son des­ honestos. Berganza se demuestra todavía muy ingenuo al creer que el aguacil. como se ejem­ plifica con la intervención del “teniente”. 98. justicia. Tras la co­ micidad superficial de la ridicula presunción de honradez e ino21 Q uerillacq. por represen­ tar siempre al mundo la mentira como verdad y la hipocresía como sinceridad. fingiendo identidades morales por completo opuestas a las suyas propias. Todo indica la indiferencia o hasta la colusión del “teniente” en las fechorías del aguacil21.Pese a los ya muchos desengaños y a haber ya «salido» de su «primer ignorancia»... quienes hasta colaboran con maleantes profesionales para desollar a la gente. corruptos «funcionarios de la justicia». y. como se ilustra en el episodio del dinero del bretón. pero nada hace respecto al alguacil. con el mismo embuste del soplo» (1010). a la huéspeda y a la Colindres. .. A la “huéspeda” la encarcelaría. in­ sistía al alguacil que mirase los vestidos de la Colindres [. El escribano. sólo secundariamente. por lo callado.

supuestamente amparada por la ley que él representa.]. afirma que hay «muchos [. Esto hace probable el sarcasmo también en la afirmación de Ber22 M olho («Remarques». grotesca deformación. an­ dando triunfalmente «por las calles del pueblo [.. Tampoco el ataque de Berganza contra el alguacil.. se transparenta la precaria condición nacional en que los documentos de “limpieza de sangre” y de herencia titular servían a menudo como la prueba más decisiva de honradez y vir­ tud. puede considerarse como un intento de la alta autoridad de castigar al corrupto funcionario.] con sus colgadores de plomo» (1009). que consigue sugerirnos precisa­ mente la excepcionalidad o escasez de los funcionarios buenos. y con tal insistencia en que «no todos». desollador despiadado de la gente inocente. pero a continuación menciona una serie de fechorías cometidas por aquéllos. y celebrado como una muy diver­ tida broma. cobarde. «Entendióse la malicia [del “asistente”]» (1012)22... noble protector de los desamparados. naturalmente. sin discrepar en nada» (1012). un nuevo Santiago. «para dejarse ver [.. «más hueco y pomposo que aldeano vestido de fiesta» en el caballo robado. según se ha visto. también conoce bien a alguaciles y esc