Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

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siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

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Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. Revista Hispánica Moderna. pero no figuran en la «Bibliografía selecta». traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. Chicago. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. Madrid.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. Studies in Philology. Cambridge. Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat. Baltimore. . Chapel Hill. entre corchetes. Roma. Chapel Hill. En las notas y a veces en el texto ofrecemos. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. Nueva York. incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. N o se traducen algunas frases. algunas traducciones están abreviadas. cap. 19). en paréntesis. Revista de Filología Española. Romance Notes. México. 103). University of N orth Carolina. Nueva Revista de Filología Hispánica. Modern Philology. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. Aguilar. Rivista d 1 Italia. 1300) o la Parte y la página: (i. Por razones editoriales. Cuando es necesario. 1965. la página. Madrid. Modern Language Review.

la irreductible expe­ riencia personal..quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos».IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. en realidad. 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. colgantes. sin embargo. persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria. en efecto. pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir. En­ tre estos hechos quizás no haya. de modo cru­ cial. las circunstancias materiales y psíquicas. Al componer sus Novelas ejemplares. contradicción. leída por el bachiller Peralta. y que su forma literaria. se enmarca en la conversación de éste con aquél. eri que se incluyen.1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes. de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. sin elementos sueltos. Cervantes afirm a— . fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. escrita. íntegro texto en sí mismo. ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación. «Dedicatorias». Y. etc. Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema. fas­ cinante. ía sensibilidad subjetiva del autor. de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». «Advertencias». etc. en un solo texto. . independientes. Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770). antes y después de la lectura. Sin ciertas modificaciones textuales resulta. es siempre un palpitante. inextricablemente.

150. en la creación del texto. a la vez.194. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. con sus aprobaciones. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas. etcétera. por tan categórica y arbitraria. otras. 26-27). resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. claro está. es decir. en que. a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. sobre los impulsos ínti­ mos. si­ multáneamente. una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector. sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2. en su propia obra. sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. Chaucer. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello. objeto de una intensa dramatización. 57. inexorable­ mente. 2 0 . en que se gestó. en reali­ dad. con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio. las coincidencias de la vida diaria. 3 M uy cuestionable. la multiplicidad. ambientales. objeciones. perplejidades. psicológicas. lo que se convierte así.. presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. . como en tantos otros aspectos de la creación artística. D . entre innu­ merables otros cuentistas. de modo muy im portante. pp. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. en otra obra. duchos en apreciar y comentar lo oído o leído. convertidas en el tema mismo de la obra.2 4 . pp. etc. 88. se narró u oyó y se escribió el cuento. sobre sus narradores y "cronistas”. al menos en parte. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. En éste. con ello. indefinible de todo texto literario y. sociales. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. Resulta así implícita. entre otras cosas. y.con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. Juan Manuel. sobre sus oyentes y lectores. Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. 5. considerablemente diferente de la escrita. 14.

. efectivamente publicado en 1616. para “abultar” libros. Madrid. como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. como revelación de la literatura actual4. por desgracia. establecer con precisión. Sánchez. a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes. claro está. 10). Según todas las evidencias. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7.. Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles. si así lo pidiese la oca­ sión. esti­ los. libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). De todos modos. ya desde la Galatea (1585). todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación. técnicas. al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6. Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. imposible. algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. 2 vols.experimental literaria del genial escritor—. a diferencia de tales opiniones críticas. p. que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración. muy variadas en temas. que es un genuino «mar de historias». “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. dimensiones. Además de la fecha de pu­ blicación. como en las restantes novelas de la co­ lección. 5 Sobejano. según lo demuestran. entre otros. no lo haría con el propósito de “abultar” su libro. o la utilización comprobada de cierta obra literaria. 1968. aparejadas para la imprenta y. 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward. «si la vida no me deja». Sin 4 És significativo que. « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . Rebate bien esta tesis. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido.. claves narrativas en el contexto literario cervantino». como. las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. en varios estados de composición o ya acabadas. para así impresionar aún más al lector. C C .. pero en éstas. «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». por ejemplo. etc. hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . por ejemplo. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. Por lo tanto.

las novelas supuestamente tardías. se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n. pues es natural que con el tiempo ocurran. diríamos que en las obras cervantinas.. pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9. con lo que se revelaría. 10 El Saffar.. tam­ bién. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos.. la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. pp. 19 ss.) apartamiento de la lucha y la desesperación (. a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. De modo más específico. el contenido íntim o es el m ism o. pues en luminoso juicio de Américo Castro. Estos. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas.] movement toward transcendence o f these problems [. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares». en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot.) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (.) un alejam iento de la realidad coti­ diana». por ejemplo.]. La vulnerabilidad de esta tesis. se reflejarían. a menudo. 16.. basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño. fiel a ideas de su juventud. por los males. sensi­ tiva.. [«(. pensante. Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece. estudiamos esa intensificación del desengaño. como La gitanilla. comprensi­ blemente. rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria. {Esencialmente!. Desde nuestra propia perspectiva. La española inglesa.. penosas experiencias personales. 778). íntimo y social.. p. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama. ciertos reajustes. entre otras cosas. etc. Las dos doncellas.embargo. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes. escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”. the inner content re­ m ains the same.] Sin embargo. es la misma. «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8. en que. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [.] 1 1 Sobejano. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels».. hasta lo últim o. 135).. en su con­ junto. a detachment from everyday reality» 1 0 . p. la cronología de las obras de Cervantes. como en toda persona inteligente. debidos a iluminadoras y.. ..

. a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”. 18). es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”.] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos».] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. señaladas como tardías en esa te­ sis. Así. de un más candente "realismo” l7.» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[. a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 . lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones. Si. «Cervantes. condenándolo... la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote. del azar. como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos.] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ». en toda vida.]. es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor. P· 14· 17 A tkinson. N o v e l to Romance. 1500)D. 15 Véase nota 10. pero de ningún modo por las razones aducidas15. económica. en suma. tanto en sus obras tempranas como en las tardías. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares. 1 3 Pierce dice bien: «[. Cervantes. podrían serlo de verdad.. las Novelas ejemplares.. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños. supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6. ingenuity or understanding».. 16. Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u. p. p. . el Pinciano and the N ovelas ejem plares ». de cosa 1 2 El Saffar. específicamente. !6 El Saffar. «[. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales. p. política. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna. por otra parte. 135). Lejos de desacreditar «the intelli­ gence.. por una parte.] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes). «La inteligencia..enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles. En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [.

Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. peculiares. también los «fabulosos inventos» adquie­ ren. moral. y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel. mediterráneo y de la época contemporánea. colectivas e individuales. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y. sociales. lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. bien documentados. problemas políticos. 301). «La historia com o materia novelable». religiosos. ubicables todavía. entre otros. como nos enseñan. todo vigente. ambientes urbanos y rurales con­ cretos. algunos escritores de “la generación del 98”. actitudes convencionales. abar­ cando perspectivas muy distintas. como diría Torres Naharro («Proemio». instituciones. siglos XVI y XVII. 404. en que se sitúan todas las tramas. notorios acontecimientos y personajes históricos. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. pues. 172-173). también las "verdades” históricas. de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. cierta fisonomía histórica. sociales.] 20 G ullón. “verdaderos”. espiri­ tual. "vividas”. pp. a su vez «se al­ teran. Propalladia ) 18. son. poéticas. estado psicológico.. no es ya histórico sino novelesco»20. historizándola». según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español. [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». Al entrete­ jerse con lo histórico. culturales. etc. ante todo. autobiográ­ ficas. tradiciones. literarios. 227). so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. comenzando por el mapa europeo. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. «Proemio»). quehaceres coti­ dianos. actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. . econó­ micos.nota y vista en realidad de verdad». etc. costumbres. p. en todas sus obras. Como mateJ ría de arte. de ser contados. a la vez. Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. 88-93.

C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels. pues. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. el espacio. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. Sin embargo. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes. aparecen. En efecto. p. A ristotle an d the Persiles. la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”. "político” estudio de Osterc. todavía no se hayan traducido al español. por otra. . pues. transcien­ den lo particular. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. Crucial es. con que se logra 2 1 Baroja. que la de los políticos. sobre todo. universal.]. ni en Francia ninguno como Molière [. 404. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. entre otros trabajos suyos. la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. histórico. es mucho más exacta. por una parte. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21.. aunque parece lo contrario. 2‘ 1 G ullón. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios. social concretos. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». «La literatura y Ía historia». algunas de éstas. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. no la calidad del hilo» 24. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare.. etc. y no en la historia. revelan. la acción. 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. 1100. N o es. Cervantes. muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana. que intuye en la particular de la historia22. tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color. Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. los personajes. adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. Sorprende que los libros de Forcione. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico. p. todo lo contrario.cial. «La historia com o materia novelable».

«La estructura de las N o ­ velas ejem plares». a nuestro juicio. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya. el estilo lingüístico. el estudio citado en la nota anterior. del lenguaje. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción». particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22). 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27. Éste responde. en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos. 2 < . a su vez. que intentamos explicar más adelante. 52. N o coincidi­ m os. Algunas consideraciones interesantes. esencial­ mente. que. lo que para Cervantes constituye. etc. observe­ mos que. que [podrían] [. pues.. se revelarían de un m odo u otro. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. que. pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. Sobre el problema de la verosim ilitud. pese a todos los retoques. sin embargo.. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. de la estructura y mo­ dalidad narrativa. literario de los textos en cues­ tión . Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. cuando ordenó las narraciones». un detenido. en la «idea» propuesta por Casalduero.. 771). . independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas. doce cuentos. que «dirigía a Cervan­ tes. pero m uy cuestionables. dignas de salir al mundo: «Libro bueno [. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. la verosimilitud literaria o el "realismo”. novedosas.una coherencia interna. Ardua tarea investigadora. aunque es cierto que Cervantes recondicionaría.. artística25. Q ue sepamos.]. JPor ahora.] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». de la caracterización. p. esperanzadoramente. intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido.. 770)28. 27 Casalduero. todas sólo parcialmente satisfactorias. con toda probabilidad. en D ie z Taboada. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». de época. de interés actual.

tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. 145-167. Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770). esencialmente. no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma». M ateo A lem án. [«. 935. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. son. habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. todas las novelas cortas españolas. al menos algunas de ellas. p. véase Lasperas. creador de la novela corta española. en efecto. más bien que por ser una narración intercalada en otra. año de la publicación de sus Novelas ejemplares. I. Twayne. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. pp. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. 1973). La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r.. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn.. hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —.] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. Para la cronología de la novela corta española. con el género de la famosa novella. n o record am os al autor de esta m agnífica observación . 88. imitaciones y elaboraciones. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. y que. aunque a veces muy encantador. Novelas que «son mías propias. cual más cual menos extensa y fiel.por el vivido recuerdo de los novellieri. Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. pp. I. p. (escrita) con la pluma de un ángel». N u eva York. De­ jando aparte la cuentística medieval española. por ejemplo. vol. 15-Í6. que había leído durante su estancia en Italia. «Las N ovelas ejemplares». M cGrady. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. . se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. 32 D . vol. H istoria de la literatura española. de textos ajenos anteriores29. pp. 30 Alborg. de todos modos. C ervantes. y que él asociaría. la Diana de Montemayor (1516)3l. Con toda probabilidad. 33 P or desgracia. 1968. Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. N u eva York. 396-465. Twayne. Desde este punto de vista de Cervantes. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento. e incluso ha­ cia. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585).

psicológicas. con sobrado gozo». como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. con mucha paz y con­ cordia» 35. infantilmente sensacionalistas. 1990. creemos. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal.. 1942. probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria. Y sin dejar esas humillantes. burdas nociones sobre ía condición humana. ¡animado por Aja!. inhu­ manas pruebas. frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J. pp. y su enamorado]. por ejemplo. Baños de Argel). Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones. «que manifiesten los quilates de su bondad. Algunas otras novelas anteriores. T im oneda. y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [. G alateo español. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios. a tan ingenuas. de haberlas Cervantes conocido. 61-76. sus tramas ingenuas. 36 L. imitadas. N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». considérese el probable sinsabor de Cervantes. traducidas. hurtadas o no. tam­ bién en este caso. 122-140. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). ¡moderna!. «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. . también para ofrecer una contestación verosímil. desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. Fácil es imaginar su reacción. “la bella Aja”. «vivieron después de esto marido y mujer largos años.]. pero no com o novelista. bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. «Patraña se­ gunda». ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente..embargo. 1176). pp. y el enamorado. para saltar en ella». Espasa C alpe. ningún efecto adverso en sus espíritus. E l P a tra ñ u elo . Madrid. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. M adrid. para averiguar la lealtad de su esposa. sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. morales. como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas. como se demostrará más adelante. G radan D antisco.

en general. a base de verosímiles móviles humanos. corta espa­ ñola. dan contento. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos». Por su parte. unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. claro está.afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. I. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid. sino para que. para «henchir el tiempo ocioso».]. 39 Riley. orgullosa. ¡a falta de otra cosa!. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. 38 G onzález de A m ezúa y M ayo. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción. cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior. pues. durante «las horas de recreación [. una significativa experiencia existencial. . otros hay que es menester vestirlos de palabras. “Desatino”. metafóricamente. C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . no como diversión frívola. con total y clara conciencia artís­ tica. otros en el modo de contarlos. pp.. que repre­ senta. “industria”. más bien rutinario. categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso.. En el Coloquio de los perros. el afligido espíritu descanse». vol. «desatino». Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector. 393-394. quiero decir que algunos hay que. sin genuina inspiración ni savia vital. inteligencia. 88-93. a menudo. pp.. 81). por ser representado con refinada maestría novelística. fantásticas. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770). según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. Cervante's creador de la novela. Cipión observa: «Los cuentos. «digno de ser con­ tado». que. p. —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. 141. se basa su afirmación con­ fiada. La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. «digno de admiración». articulada con “propiedad”. es decir.

«Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. pues. también al teatro. Para él. Sordo. Guadarrama. 43 Véase Drake. «Classifications o f N ovelas». 41 N o tienen en cuenta esta referencia. hay casos. 106 ss. pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. es decir. «Introduction». Rodríguez- . C ervantes' Theory o f the N ovel. y no por Cervantes. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). O sterc. Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral. 27. Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. dis­ tintivo de las Novelas ejemplares. Riley. «la técnica no se justifica por sí misma. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). por fundamental. M editaciones del Q u ijote. en parte. característico. específica a la com unicación oral. lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios. de una con­ versación. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable. inexorable ley poética. sin sustancia temática o ideológica41. Véase también Pabst. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. p. ¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. p. pp. O r­ tega y G asset. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». oral. Madrid. p. que conciba ésta como dotada de “gracia”. IX-XIX. 1956). 154. por otra parte.de las manos y con mudar la voz. I960. 89. M adrid. com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. el “contenido” y la “forma” se funden. 211. Revista de O ccidente. 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica». se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. p. Con el propósito de destacar lo novedoso. aunque sin una inteligente. A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. p. 283. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. se hacen algo de nonada. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). escrita.

G onzález López. autocontradictorios. N ovelas ejemplares. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. según lo ilustran ya los términos incongruos.. “combinadas de realismo y de corte italiano”. Baquero G oyanes. “de vida social”. sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». Navarrete. inven­ tado. R odríguez-M arín. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?. claro está. Pellicer. Fernández G u ­ tiérrez.De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria. Arrieta. en proporción variable en cada caso. contenedora intrínseca. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. . dogmáticos. pp. observado.. R odríguez-Luis. Orellana. etcétera. A nuestro juicio. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. pp.. 14-15. incomprensibles. M urillo y otros. imposible. en definitiva. de lo imaginado. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias. D u n n Sobejano.. reiteremos. leído. Pabst. Casalduero.. El Saffar. de la sabiduría humana. simultá­ neamente de la verdad. Rinconete y Cortadillo. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . en que se “su­ pera” el “realismo”. “idealistasrealistas”. arbitrarios. “de imitación italiana”. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. literario. Vaibuena Prat. antiguas y modernas de Savj-López. de “predominante tono idealista”. en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. lo cual resulta. autobiográfico. Apraiz. H urtado y Falencia. desentendida de la creación poética?. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. histórico. 32 ss. Ortega y Gasset. etc. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?.

“heroicas”. 1529). en que una cínica trampa. nunca sólo jocosa. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. 92. “ plaisantes” . etc. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced». la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo. también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. En tales ca­ sos. pp. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares. claro está. —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—. sino. p. Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. yo.ficaciones más particulares. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o. ante todo. soy Cervantes. Las no­ velas “amatorias”. 47 Lo ha sugerido ya D unn. por ejemplo. que. bajo la fecunda inspiración neoplatónica. y cuáles entre las “jocosas”. quien lo aclama como «escritor alegre [. regocijo de las Musas». por ejemplo46. etc. Cervantes . en suma. “humanísticas”. vol. 11-13. que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47.. En todas ellas. como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares.. en suma. cuando menos. aunque fuese acertada. “trá­ gicas”. sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. . «Las novelas ejemplares». i. 1528. tal distinción resulta muy cuestionable. «Prólogo». “sérieuses”. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. señor.]. 46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. en nombre del amor. p. advertimos. pero no el rego­ cijo de las Musas. ante todo. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. matrimonial y. exenta de implicacio­ nes serias. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano. En todo caso. Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. Es muy sugerente que al estudiante. en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea. creador de la novela corta espa­ ñola. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. 178. “cómicas”.

de un modo u otro. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. todas las “aventu­ ras”. Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. pero en todas las novelas. por ejemplo. preocupado con el aspecto moral de su mundo. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. lo oculta o distorsiona por completo. para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. lealtad y fortaleza interior. 50 Pierce: «[. com o piensa Ortega y Gasset. del problema indivi­ dual. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. como novelas “de carácter”. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares.. cons­ tante. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”. que. y no sólo en algunas. tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. del hombre 50. sobre todo. en realidad. que a veces se le atribuye a Cervantes49. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. precisamente por tan frívolas y calculadas. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. tratado. Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. “folklórico”. psicoló­ gica. 49 Véase nota 23. Así. político. anímica. en efecto. fervoroso interés en el ser humano esencial. espiritual. particularizado. siempre extraordinarias e interesantes. ideológica. convergen.novelizado. sino. todas las “acciones”. social. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores. que son. hay así también una “visión ” de la vida. reminiscente del de Larra. lo cual depende. lógicamente. satírico. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo). Por su característico. hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48. al no percibirse su función metafórica. Como en el caso anterior..] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the . Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. temperamental. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje. ante todo. íntimo. de su caracteri­ zación individual.

.. despertando la “curiosidad”. p.. de esos «laberintos».] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions». así de todas juntas como de cada una de por sí». 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. «Introducción». tan confiada y orguliosamente «ejemplares». En perspectiva moral. por lo que Cervantes las p ro ­ clama.. con toda probabilidad. “Trucos”. El énfasis tan pronunciado. “trucos”. Cervantes. es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares.] mayor que el de Dédalo». por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos.] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[. (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. «por no alargar este sujeto». ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53. 16). N o lo hace. de justificar la utilidad didáctica de sus obras52. erudición. de la discreción. ar­ monizadas en todas las novelas. Bermudez Carbajal (771). deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770). inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls . alto o humilde.. recreación al “afligido es­ p íritu ”. . “labe­ rintos” de la maldad.. “laberintos” que proporcionan deleite. y en su problemática existencial. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”. ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar.. [«(. estimulando y exigiendo toda la inteligencia. desesperados. 135). quien está preocupado. entretenimiento. sobre todo. palpitantes. nunca meras abstracciones51. C ervan tes.] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526). los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón. dice (770). Es por la verdad poética y por la verdad humana. pp. [«(.) personajes que no son sino débiles abstracciones».quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”. siempre extraordinarios por su modo de ser.. 19-26. excep­ cional o corriente. a diferencia de Erasmo. en palabras del encomiador F.. dignificador en el personaje. ínsitas. de la debilidad y de la ignorancia humanas. N ovelas ejemplares. de la pureza espiritual. perdidos. p... creados por un «ingenio [. del sentido común* de la virtud. pero. de la genuina bondad. de la dignidad del alma.) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social».

O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas». políticos. se puede dudar. H acia Cervantes). lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o.] puesto que aquello sea ficción poética. p. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». ingrata naturaleza humana. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello.de heroicos actos y nobles sacrificios. Prem io N obel. siempre sugerido como posible. consustancial de la literaria y estética. la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva. teológicos. tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente. . El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. prejudicialmente exclusivistas 55. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. La ejemplaridad moral es. Sólo al no percibirse esta amplia. El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas. de verdadero sincero am o r54. En El coloquio de los perros. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. ingeniosa articulación novelística: «[·■. 56 Evocam os aquí las observaciones de W. por lo me­ nos implícita o irónicamente. A veces se sugiere com o razón de una negativa. conjuntamente. deprimente realidad. a los huecos convencionalis­ mos religiosos. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. 1950). 57 C om o es bien sabido. que llevan a la perdición. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. aun en las referencias a la más escabrosa. 282. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. a nuestro juicio. de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. de honda compasión y soli­ daridad humanas. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». 58 Sordo. 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. profunda visión humanista. a los estrechos dogmatismos ideológicos. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe».. 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. sociales. (E l teatro de C er­ vantes). pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. en absoluto. pues. de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». esen­ cialmente.

platónica. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. A study o f Four E xem plary N ovels. p. tada de una excepcional naturaleza literaria. muy diferentes entre sí. parodia. pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. modifica. 27). 24). en los nuevos. véase Sicroff. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. cada una d o -. la más lógica explicación de ella—. pp. 81-115. tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. creemos. de m odo diferente. pp. en que también cabía a veces “buen vino”. y.] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares. re­ combinados en una nueva entidad. Forcione. maravillosa belleza individual.1177)59. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos. 45). C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. Doce perlas. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. Cervantes los corrige. para proponerlos. horaciana. a la vez. ejemplares. ensartadas en in­ quebrantable. la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás. expurga. que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». conjuntamente. a sus lectores como novelas cortas moderna. reintegrándolos. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. «Vino nuevo en odres nuevos». Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. tan original com o la gran no­ vela». en parte. preciosa cadenilla. p. Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». los cuales representan. En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. prodigiosa armonía. con sabia. aristo­ télica. . 3-30. [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. a menudo admirables en su particular contexto cultural. de inconfundible. in a different w ay. recondiciona y actualiza. Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. p.

50. consecuentemente. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. 64 Rodríguez-Luis. en que. Madrid. que nos parece m uy interesante. M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». p. Avalle-A rce. H ainsworth. de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo. por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»). declara otro. 517. infructuosos. dicen desconcertados unos críticos. Fernández Gutiérrez. entre otros. H istoria de la literatura española. tales intentos exegéticos62. «apenas una novela». Pabst. 1921. hablando de El licenciado Vidriera64. Rodríguez-Luis. 63 H urtado y G onzález Patencia. nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. coherente. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. . p. Baquero G oyanes.Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. Sin pretensión de ser definitivas. de hecho. a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. pero sólo tentativo. resultan de antemano extraviados.

«Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual. de carácter. p. Rauhut. criada desde la in­ fancia entre gitanos l. «Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». C ervantes. económicas. claro está.. (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. pues. . y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa. inteligencia y sentido común. de per­ sonalidad íntima. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). se suele contestar afirmativamente2 y. determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. II. Se ha demostrado. pero que no determina. políticas. también distinciones de espíritu. etc.D.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales. creador de la novela corta española. vol. L. en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. auto­ máticamente. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas». 15). con gran desilusión. 2 Rauhut. con gran erudición y perspicacia. en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia. p. 146). discreción y moralidad de la protagonista. que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. irreductiblemente. ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. esencial. como destaca Preciosa. pues. p. moralidad. con su virtud. Pfandl. Quijote. con sus empeños y lo­ gros personales. 1416). 146. firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables.

en suma.] yendo cantando con su ganado» (60-2). cantar. toda su conducta. mutua atracción. de las distintas actitudes hacia el amor. 60-69. en particular con sus enamorados.. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. representadas en reqüesta de unos amores. sentido común. su precoz madurez mental y moral. entre otras. Aunque simple “pastorcica”. pp. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. para la articulación novelística de la gradual.cortejo y del matrimonio cristianos. criada entre pastores. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses. práctico de la vida. vol. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. ¿Habría visto. 70-89. de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179). en su modo de ser. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. La “pastorcica” Pascuala. 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. del Encina. para novelar. en C ervan tes and. su discreción. En efecto. / las vidas y condiciones. pp. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final. IV. 93-223. deí En­ cina. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía».. sólo por el genuino amor. Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. para la ambientación de los episodios. los pastores 3 Forcione. todas sus relaciones con los demás. Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. bailar —«se introduze [. Juan3. 5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar». con semejante propósito ejemplar. del triángulo o cua­ drángulo amoroso. también las de Encina? . Cervantes. encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina. pp. de hablar. Teatro y poesía de J. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». con toda probabilidad. cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. 57-58. / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4.

son incuestionables.. Compa­ rada con Preciosa.].. Presentándosele un día. Uno de éstos. la gitanilla. / N o me trates de tal suerte. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [.]. declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [. se le presenta de repente un día. De seguro sin mucha ilusión. observa atenta.].. desentendiéndose de todas .. / muy presto verás mi muerte. / y con tu vista me aquexas. decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero. pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79).... el Escudero se proclamaría enamorado por una simple. y como prueba inicial de su intención seria. dudosa de su seriedad.. / pues que yo te quiero tanto». D. digno de ella: «según requiere tu gala / [. en el campo... Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2). de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. Y si no es por deseo de burlarse de ella. el Escudero.. imposibilitado de excusarlo [. / allá para las de vi­ lla» (62-3). Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización. una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes. / si quieres tener mi amor». pastorica. pero está insegura. como lo puede mostrar este hábito [. un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [. en las afueras de Madrid.. momentánea infatuación. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora». según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior. Pascualilla escucha. Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro.] / Essas trónicas [retórica] señor.] yo soy caballero. «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma». asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna». y un estado social elevado. no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor». Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora. carilla!» (62-4). más bien un primer esbozo de aquélla.] / ¡vete comigo.. / que te haga presto rica. le promete su riqueza: «Por mi vida. interesada al Escudero. entonces. / si tu te vas y me dexas. especula Pascualilla.se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales.] / Pénasme por sólo verte. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas. Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos.] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„.. El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía». veamos».

al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos. sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero. que haría del matrimonio una aborrecida. La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos. sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios. dudas.esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole. y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento.. ni me desmoronan dádivas.. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas.] desatinadamente se arroja tras su deseo [. Las probables aprensiones. Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». Este «temor». se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba»... sino por el deseo de conocer bien al hombre.]. y tomando el traje de gitano.. como única condición. en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición. esperanzas íntimas de Pas­ cualilla.] en vuestra mano está» (782-3). prom ete a D. Si alcanza lo que desea. A mí ni me mueven promesas. yo 1o seré vuestra». ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [.. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda. y vos de la mía.. «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida. cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [.. me entregaré por vuestra esposa [. y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa. o un grave error. la cual [.]. un «infierno de . promete Pascualilla. que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67). mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. añade Preciosa.. en cam­ bio. parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D. que es la de mi entereza y virginidad.]. y no una burla. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas»..] no le debieron de parecer mal».. trágica esclavitud. Sólo así. con quien compartirían toda la vida. Juan —cuyas «razones y talle [. ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen». Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. podría eventualmente corresponderle en el amor. al estar observándolo «atentamente».. Por fin. pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas.

p. habéis de dejar la casa de vuestros padres [. Sin embargo..] . «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784). comprobar. advierte el Escudero más tarde. 94). / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87). El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. / y va­ mos luego al ganado!». ante todo. Al integrarse al mundo de Preciosa. La veracidad de D..] púsose como embelesado».. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla.Cancionero de 1496. «no tenga quexa de mí. [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble. Istm o.pesadumbres» (ibid.... adopta el nombre de Andrés Caballero. también adopta un nombre pastoril: Gil. «luego. que yo querría que fuese luego» (783). insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina.. y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [. Cuando viajan. y ciertamente no decisiva. materialista. «Ningún galán namorado». 1974. para ella. cuéntame por gitano desde luego. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte. hallando esta verdad. Mira cuando quieres que mude el traje. com o afirmó». Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista.] / ¡venga.. económico. Juan es lo que Preciosa quiere. p. Preciosa mía. O bras dramáticas. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [. pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. 179). Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D. Juan. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir. Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79).. es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6. cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64. Madrid.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. / .]. / quiero cumplir tu mandado / [.)..]. declara Preciosa a D.]» (782). venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”]. el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero. 67). Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. «Primero tengo de saber si sois el que decís».

en la corte y en la aldea. / no te pene su penar» (62). señor. El verdadero amante debe te­ ner. el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. La palabra se explica por el contexto. . sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos». pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). ante todo. para «servir de lacayo a Preciosa [. «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). / Déxalo que Dios te vala. Los celos de D. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). Cervantes nos muestra que D. Juan el amor a Preciosa. Juan son. el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos. Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada. pues. / buena pro.]. pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos. pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». baylar!».] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797). Contesta Mingo. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]». os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—. Juan debe aprender para vivir con Preciosa. si tú quisieres. aunque con dichas "condiciones”. cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. pues ya soys deste hato. Superado este empa­ cho íntimo.pie». Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos. no en la pollina.. y la contestación de aquél: «no soy [. Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. Con indignación su­ tilmente sugerida. aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso. amigos mejor que de antes». al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor. Apenas le revela D.. «mas. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar. Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos.]». dançar. Al revelarle el amor.. la primera prueba que debe superar... Es la primera lección im portante que D. dexa esse pastor [Mingo]..

tiraban la barra».. ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido». ofreciéndole. El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. pero. el paje-poeta. corrían.. a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo. / y gozes la juventud / más que todos los pastores». quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa. / con saltar... 64-6). aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y. / cercillos. que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795). así. Sutil problematización cervantina de vagas. baylar. el rival deí Escudero. bailaban. Dios te dé salud. / [. aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer». Mingo..]». es digno de detenida considera­ ción. no puede corresponderle en el amor a Mingo. Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [. que suele dejar perplejos a los lectores. que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres». en señal de su cariño. se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». etc. chançonetas / le chaparé de mi hato. no obstante. etc. çapatetas». cantar.. Pascualilla no quiere. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla. «¡Deslumbro si te oteo!». saltaban. «mil cósicas.. comprendiendo bien su intenso embeleso y. según sospecha de in­ mediato D. declara Mingo a la hermosa pastora. débiles sugerencias del texto enciniano.].independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [. ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? . luchar / [ .] / Daréle buenos anillos. ¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8). mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos. «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos.. Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo. / que. (61. sartas de plata. excepto en el caso del paje-poeta. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D.] / cantile­ nas. / las fiestas de rato en rato. apreciando sus atencio­ nes: «¡O. / altibaxos. que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]». correr.. Juan.

músico y cantor: «sacude. es su enamo­ rado!.. es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla. avasalladora. pasado un año. Menguilla.. particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. Minguillo. y.] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». como antes. le dice a Pascualilla. así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla. ¡a fin de cuentas.«¡Miafé!. por lo cual. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece. «que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). compa­ ñero.. / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño». / tu querer no lo deseo / [. quiéreme más. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor.. tirte allá. inconscientemente. por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla.. Mingo. y flagrantemente egocéntrica. no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado. / no te qu ello tres de vero». / tan bien como a Pascualilla» (81). con suma gracia. precisamente por frustrada..tu caramillo / [. Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo». aunque pretenda despreciarla. por ella ha dejado a su esposa.. pero pasa­ jera. contra su voluntad. Mingo personifica una pasión genuina. Pascuali­ lla debiera entrar en una relación. . en cambio. gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien.]? / [.] / ¡silva. / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2). hurria. lo convierte todo en chiste. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. Y después le pide. pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte. De seguro sin darse clara cuenta de ello. previsiblemente. en efecto. En otra ocasión. «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. que sea. algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla. pero para no herirle la sensibilidad. no monógama. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. Sin embargo.. precisamente. porque «es tan hermosa». como especial privilegio. de qual está Pascualeja}» (79). su amigo. mide.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75). espera ser amado aun más: «quiéreme. Infatuación intensa y pasa­ jera.

pp.]. pero no la atrae amorosamente8.. N o es. hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. pues esto corresponde a su práctica usual de gitana. Sin em­ bargo. le dice en una ocasión. Cabe pensar que esto ocurre. en cambio.].. sólo la preocupación de no hacer celoso a D .. al haber ella reconocido y recha­ zado otro. Preciosa nunca quiere darle tal esperanza. donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. Juan la razón de tal conducta.. Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla. ya no quiere aceptar el dinero.. por delicadeza de sentim iento. «Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía. No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777). honesto [. En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [. pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione. por genuino aprecio. al enamorado en su demanda. Lo considera «galán y muy hombre de bien [. de ánimo generoso. «Cer­ vantes’ La gitanilla». por esas inexplicables razones del corazón.da gritillo! / [. cuando aparece en el aduar de los gitanos..] / Viene un escudero» (62). creyendo que ya Preciosa quedaba rendida. y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9. así como a menudo en la vida. Sin em­ bargo. . pues con tanta afabilidad le había hablado» (785). pues. y no “mercancía”..]». a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo. le da. discreto y bien razonado [. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos.. 9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta.] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío. le tendré por reliquia mientras la vida me durare». aunque sin animar. impropio para ella.favor de Preciosa. El paje-poeta sueña con ga­ narse el. / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779). 147-157. por ello. más tarde. No siendo «rico ni pobre» (785)... no quiere ni hablarle (796). Con delicadeza. amistoso. buen poeta (793). A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella.

En palabra y verso aquél celebra. porque antes no las había buscado. con toda pro­ . al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. «descaminado». Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro. la gracia de Preciosa. Por esto precisamente. desde luego. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. cairás en que es de alquimia». según piensa para sí (799). lo cual se simboliza. excesivo. muy significativamente. con insistencia.. falta de «cordura» y. ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra. sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. inconstante a ella como mujer y persona.]. Por esto. Estas observaciones de Preciosa a D. condicional. claro está. de modo muy sugerente. las interiores. Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». según él mismo dice. Esta mi hermosura que tú dices que tengo. como gitano (790). le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. discretos y enamorados coloquios». imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella. aunque en otro sentido (793). Juan «descubra» el quilate interior del «oro». incomprensible sacrificio. / que a ser buena me encamine» (798-9). que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro. sin duda. Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. para que D. El «amor» del paje-poeta representa. agudeza» en ella. Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. pues. Sólo al final. de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799). pero sus otras cualidades perso­ nales. pero con entrega. 792) es acep­ tado al fin como esposo. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa.. «de noche». que considera como locura de «mocedad». cuando más. «descubrió» Cle­ mente «discreción [. en su canción dirigida a ambos amantes.a todas sus protestaciones amorosas. ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. lo cual la halaga mucho. honestidad. la hermosura. también por sus re­ pentinas. parcial. Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento». porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. y tocada. incluso.

ho­ nesta. para él. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. de seguro mandaría buscarle. espontáneamente su fantasía. casual.] a todas las que yo he visto se aventaja» (795). él tiene una bella y poderosa inspiración. para seguir a Preciosa. porque el duque. a la vez. después de reconocer como mentirosas las anteriores. y que él mismo califica. aguda. ¿inconscientemente?. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero. aunque a algunos parece verídica.. proba­ blemente. cuyo dueño no la trae cada día.] como de una joya preciosísima. tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6). quien estimula.. ni a cada paso [. según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas».]. si es que hay fidelidad en las selvas».. cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y. que es Preciosa.habilidad.. retirada [. «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil. porque... cuya «hermosura [.. cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad. de la cual «hase de usar [. Preciosa jes la poesía! (784). la última 1 0 . quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta. aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa. esos extraños «prudentes religiosos». Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes. Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796). ni la muestra a todas gentes. como «caso extraño y pocas veces visto».. etc. discreta. desaparece del aduar y se va a Italia. entre tantos encinales. p. Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía». mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo. «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. . según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme.]». hacia nuevas conquistas amorosas. para no ser reconocido en su huida. Esos dos caballeros. su «señor» y «pariente». natural. 64).

el Escudero: «¡ved. el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ».. / Y pues me tenéys amor. Selig. lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n. «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance».. / mudarme. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia.que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso. Ños pa­ rece. cumpliendo su prueba de amor. «La gitanilla y la poética de Cervantes». y de igual modo. Spieker. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. del paje-poeta-C ervantes. con toda probabilidad ni se da cuenta del problema. Gün ter t. 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. su prueba de amor: «Que me plaze.]. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino. / por amor de mí. pp. En este estudio se examinan. sin temor» (79). cuando menos. pues os mudastes. Después de un año de vida pastoril. 84). que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 . Sin embargo. Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [. por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). pp. de calculada. Sentido y form as de las N ovelas ejemplares. pp. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. mi señor. hato de mal asseo». se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. / yo jamás os dexaré. 213-20. (79. D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. M ingo sería otra vez un antecedente interesante. / quanto mandardes haré / libremente. a la «palanciana». 101-2. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. 56-77. Encina (70). quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). 107-34. pp.]». En efecto. pastor. El Saffar.. pp. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. Forcione. etc. Sin embargo. 273-6.. este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. para compartir la vida palaciega con él. . muy grossera y muy mala [..]. en efecto. / que también vos os tornastes. con­ fundiendo los dos aspectos. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». «Preciosa y Poesía». etc. y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. N o v e l to Rom ance. las de Casalduero. D e particular in­ terés. y. pp. 215-223. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. no pudiendo deslindarlos netamente. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. pues tam bién representa al autor.. por pri­ mera vez con la atención debida. a la vez. el autor. por amor que le tiene desde la infancia (805). Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es.

Según algunos críticos.. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. (63). tiene una implicación impor­ tante. Juan con las dificultades.. haciendo «atractivos» a los gitanos.. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”. después de la exitosa confrontación de D. verás. 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril. Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. / las holangças de las bodas» (82)15. que se deleitan en «sovajar» al humilde. se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [.. / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas. mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor...] muy pendados [.. .]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375). siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores. Este be­ llo pensamiento inspira. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». dilemas. se justificarían todas sus muchas virtudes.. sólo con lo cual.. antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3. bur­ ladores». que. / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O. / [. fundamentalmente. Cervantes idealiza «una verdad fea». pp.. tentaciones y peligros de la vida gitana. radical. Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa. 146. que prazer tan valiente! / [. qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [. esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut. para adaptarse bien (86-7)..] / ¡Pues no te digo. etc. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo. / ¡Oh.. a pesar de que.]. lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea».] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche. la misma dignidad del alma. también La gitanilla. por boca de Mingo. esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana.] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso. Para explicar mejor este problema. deforma «la realidad en beneficio del Arte». 149. que «presumen de loçanos [. según algunos críticos..].crianza». corcobados». en este estudio. examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla..

. amistad.]. Salvo obvias diferencias. pero no carece de significado la provisión... la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas.. p.. sonriente Naturaleza. las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos. o alguna bellaquería en la amiga [. con la misma facilidad las matamos [. vivimos ale­ gres [. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo. de paz. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes .. I. a veces. de íntima. Cervantes: T w o N o vela s ejemplares. respeto.. Schürr. serena comunión con la benévola.. que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio. no nos desvela la ambición». como si fueran animales nocivos». amor. 17 Güntert.. Y sin embargo. Aparentemente. Quijote a las de los galeotes. vol. tal reacción crédula a esas declaraciones. Rodríguez-Luis.. llama «mala gente» 1 6 . 6-13. 126. D. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 . .]» (1113). «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance». pp. irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad». a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones.]». 115-6.suya. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. p. pp.]. «La gitanilla y la poética de Cervantes». 184-92. e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo. La ilustre fregona. Quijote: «Pues. (789-90)17. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo. Cervantes. tan reveladores.? De seguro. Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte». por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». Evidente­ mente.. si por enamorados echan a galeras [. etc. ¡Envidiable! Sin embargo. no es de ningún modo idílica.. la vida gitana. «Idea de la libertad en Cervantes». 18 Lowe.... integridad. ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [. y cuando le hay en la mujer propia. 369. de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio. Forcione. L a gitanilla. 37-8. creador de la novela corta.]. El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra». ¿no es quizás análoga a la de D. según se representa en la novela. pp. pp. El coloquio de los perros.

a cualquier gitana. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. y escoger otra que corresponda al gusto de sus años». explotación parasitaria de la mujer.. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión. de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos. y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos. se justifica dudar . Muy significativamente. muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer. y nosotros vivimos seguros [. inexora­ ble. Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona.. castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo. alegres».. en la vejez. El gitano escoge «ya por esposa. y de «dejar[la] [..castigo. como él sea mozo. chismes. etc.. castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta. y de modo muy revelador. desechada casualmente. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido. como inútil es­ combro. ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato. muy complacido de tan eficaz arreglo. cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere..] cuando se les antoja». o ya por amiga». real o imaginada. el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. declara el gitano viejo. en realidad. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). venganza. puede dejar a la mujer vieja. sospechadas. representativamente. la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. imputadas por maldad. otro simple arreglo. La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es. si las circunstancias lo exigiesen. premeditado. sin armonía de voluntades. que los gitanos infligen a sus mu­ jeres.]. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas. Maldonado. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). «Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas. sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte».. envidia. según lo observa.] o castigarla] [. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer.

.]. de las humillantes so­ licitudes de favores... claro está: «Somos señores de los campos.] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas. holgazana.. nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda».. más bien. ni a acompañar magnates. . cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren. de las frenéticas ambiciones cortesanas. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas. exaltada por D..]). hortaliza [. encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos. Todas las víctimas de las tretas gitanas.. los árboles [. son su­ persticiosas y patentem ente tontas. El gitano. que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos. Tras el desdén de las rutinarias... 507). en que «eran [. muy «atrevido [.. con lo cual Cervantes....que las gitanas. se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia. o casa real [. uvas..].]. a veces muy ingeniosas y divertidas. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [.] a un gorrero [. las huertas. presto. de los sem­ brados [..]. destaca una evidente relación de causa y efecto.] nos ofrecen [. la preferencia por la vida «ancha.. al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [.. como dice Maldonado. útil para el sus­ tento de la familia.. hay «pocas [. Quijote. ni a solicitar favores [.]» (796). ni madrugamos a dar memoriales.. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría.. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o.. con orgullo. es «zahori del fruto ajeno».. o mar.] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066).. 507). pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada.. ir a Sevilla ni a sus contornos.... las vi­ ñas.] frutas de balde. honesta.. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla. con que entretienen a los payos. sofocantes convenciones socia­ les. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno. Y las limosnas que piden a cualquier extraño. racionalista. a causa que los años pasados había hecho una burla [.. etc. aquí y en P edro de Urdem alas . claro está1 9 . las canciones y los bailes.].].] que no sean comunes a to­ dos». ágil. con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión. extendida. monótonas. ¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música. de industria y ánimo lleno. aunque no para la víctima.

Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia». codicia. falazmente. etcétera.prescindible para la continua colaboración eficaz. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. baños de lluvia. Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto.. D. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas». A pesar de todas sus proclamaciones de amistad. sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. 21 Güntert. sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. como. Por todas estas razones. y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio. también tiene rasgos “nob les”... que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. por ejemplo. por el mero hecho de serlo22. p. 115. congenialidad. provechosa en las fechorías. sentido práctico. liberalidad entre ellos.. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—. in­ comodidades y peligros. . aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país. también sus corazones son corroídos por la envidia. pues. y hasta la exaltada vida al aire libre. a que son siempre sujetos los gitanos. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero.]» (784). ya bajo el gobierno comunista. según se verá.]. com o medida preventiva.. como ven al Turco ahora» (784)20. tenían de costumbre» (799). «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes». Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [.]. en particular como modo de vida perma­ nente. humillante de los payos. Sin embargo. refrigerio las nieves. 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. fatiga» (791). música los truenos y hachas los relám­ pagos. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas.. pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. por el mero hecho de que se la atribuye. la vieja gitana hace recordar a Celestina. «La gitanilla y la poética de Cervantes». estoica actitud frente a la vida21. cuyos desagrados. «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo. pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). Costumbre que todavía existe.

Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas. 23 Lo ha notado ya Forcione.. con toda clase de pretextos. Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad. p. Juan que comparta con ella la vida gitana.. la diversión ín­ tima. quedó admirado [D. de inmediato corregido: «o por mejor decir. a la misma vez.]. o. pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). 188.]. reíase [. D. y de que él mismo evita. Juan].. se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso]. como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa. Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo. le suspendía [... 257). con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ».. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto». p. Juan. a lo menos. 47-59). «[. 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio. y de los ingenios de los gitanos. «El realismo idea! de L a gitanilla ». com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo. sin vacilar. para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». folklóricas. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance». 851-2) = «De todo lo que había visto u oído.] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [. tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo.].puesto a renunciar. . la indulgencia irónica. a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje».. al decir que éste «m iente».. de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D . en esta perspectiva crítica. propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. observador por intermedio del personaje. sin entrometerse nada en sus costumbres. que ella misma evita.. prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae. I. Esencialmente.]. debajo de las leyes gitanas» (790) 23.]. le cayó en gracia [. excusarlo por todas las vías que pudiese. poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24. p. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio. observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio. La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. le admiraba [.. de la curiosa vida gitana25. pp. El m odo de ser «gitano» y.. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». irónica se sitúa también el lector. 24 Preciosa pide a D . 95).. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. Observador de la vida gitana. y someterse. y con propósito de seguir y conseguir su empresa.

político. la sociedad noble a que Bélica «se eleva». su traicionada esposa. excursiones y otras diversiones parecidas. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey. ya que los gitanos. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra». para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios. fiestas. Casalduero observa: «Cervantes. rencorosa.. en el orden social. malévolo.. lujurioso. cobarde. moral. empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido. insaciable­ mente codicioso y ambicioso. arbitrario. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. espiritual. p. Esta po­ bre. resulta patentemente absurdo.] el estado de naturaleza [. quienes. arbitraria. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa. frívolo. en esa trayectoria: gitana-sangre real. en­ gañoso. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. melifluo congraciador. Este rey no tiene condición alguna para serlo. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. y también de Preciosa. falsa. el hombre tiene que vencer su naturaleza. 26 Casalduero. intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos.. traicionero. La rema. dedicado incansablemente a bailes. ridículo. intrigante. 191. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades.. tanto aquí como en la novela ejem­ plar. y así aprovecharse personalmente. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y.. según se lo echa en cara la reina misma.. . Silerio. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto. es un descarado oportunista. hipócrita. mentiroso. el favorito. que alterna con superficiales devociones religiosas. inmoral tercero.. ¡con harta razón!. es una mujer frustrada.Hablando de Bélica. En suma. falsa gitana-verdadera princesa. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. 525). representan [.].. inces­ tuoso. adúltero.. al revelarse su origen noble.. protagonista de Pedro de Urdemalas. mujeriego. hipócrita. vengativa y cruel con sus presuntas rivales. defectos y debilidades de carácter. cazas. vano. tiene que superarla»26. siempre celosa de su ma­ rido.

.] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido.. ilusión ingenua. . a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma.. pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781). cínica palabrería para explotar al desvalido.. “respetable”. la autoridad civil no se distingue por una sabia. a Felipe l í i . los que imputan a los gita­ nos28. vengativo y.. errores.. fraudes. recuér­ dese que el rey. útil función social. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. hábil del monarca. respectivamente. 28 Véase la nota anterior. e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes. hasta lo enorme.' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo... extrañamente considerado “normal”.... la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición. que hacen palidecer. aun llevarme habían. los ideales patrióticos. prudente. hasta lo gene­ ral. responsable. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen. sino por su pomposa vanidad.. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. Si me quisieran para discreta. son hueca. engaños.. personal. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa.cruel. craso oportunismo y grotesca tontería.. desde lo particular. abusos. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral. injusticias. burda sensualidad. de un modo u otro.. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios.. desde lo nimio. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. ¡su pariente!.. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía.. perverso consejero del rey. ridículo. tan solemnemente proclamados. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [. tonterías. colectivo.. la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. en un orden ascendiente. etc.. por contraste. para el bien de toda la pa­ tria 27. sobre todo.

todavía jovencito. Al ver a las gitanas en la calle. 687). D. pero moralmente de valor. en sí.. sin ningún aparente mérito propio. imagino que no se puede presumir cosa mala». ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales. quien. considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas. indica criterios nada rigurosos para su obtención. por su pintoresca ornamenta­ ción. pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas. a todas las de­ más gitanas presentes. de esa clase noble española contemporánea de Cervantes. nótese: «a lo menos de vos.tretienen. sobre el cual se afanan. en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785). tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos». neutro. cuando más. las llaman «desde una reja». de su padre. el “hábito” del padre de D. previsiblemente. Juan.· Evidente­ mente. implícitamente. exige la prueba de la conducta personal. Juan es socialmente identificativo. personal. sobre todo. D. Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje. Significativamente.. «unos paseándose y otros jugando a diversos juegos». y no de tantos juntos. Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende. De todos modos. como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala. pero al fin decide entrar con sus compañeras. segura para ella (781-2). esta apari­ ción llama la atención. la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación. La posesión bastante corriente del “hábito”. no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España». Discreto razonamiento. para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778). la única convincente.] si nos pellizcasen».· en cambio. Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia. Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [. y «el barato» en la mesa. según se des­ . porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». «muy bien aderezada y muy fresca». «ornamentales».

«Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». cuando menos. Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. Sin em­ bargo. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31. con otros parientes. soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). del “barato” de su juego. oportunista. 213). y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416). porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione. en suma. p. Juan daba. Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel. se nos revela el padre de Preciosa en este caso. 293). aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. 30 Pierce: «cruel charade» («La. . a la vez. El tío. 32 D .] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. p. que los moderase porque podría ser perdiese [D. que ninguna es com o la vuestra. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones. aun­ que proceda. En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa. gitanilla: A Tale o f H igh Romance». En esencia. se hace cómplice en este arreglo práctico. De cuestionable discreción. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. aunque son de dos reyes» (787). también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio. com prensiblem ente. y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. y todos los demás sí» (800)32. Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. infantiles y. Más tarde. que tan obviamente des­ dice de las frívolas.. que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. Juan». según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. Juan] la vida con ello» (804) 30. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». por encima de la ley. Juan. por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras. ¡alcalde!..prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D.

etc. más precian pelamos y desollarnos a nosotras [.. Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D. jamás.. sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416).] entiendo que no son buenos dichos [. por más rotas y desastradas que nos vean. Juan. nos tienen por pobres» (784)34. . pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza. A las muy injustas. las pobres gitanas [. y tendrá dineros.rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805). Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras. «sín blanca»: «Coheche vuesa merced. al verlo... lo condenaron inmediatamente por criminal. pues le basta al desdichado la pena del suplicio. naturalmente. se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [. su matanza del soldado.] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte. al creerlo gitano. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [. del ilusionado caballero. benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente. com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra. de «hábito en el pecho». tan razonables.. que morirá de hambre [. claro está. Juan y Caballero». que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores. N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento. tan típica de su sociedad.. sino D . todos atribuyen a ésta. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos. 3 . cabe recordar otro con sejo de D .. jamás. Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero..] envainó» la espada en el ofensor. como a toda su familia. y.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”.. representadas a menudo sin duda por alcaldes. y no haga usos nuevos. probablemente m uy representativo. jueces. sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33....1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784). pobre.]. El com portam iento deí alcalde. mientras antes. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos. corregido­ res.] por ahí he oído decir [.. que son arpías de nosotras.. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido.]. cuyos frutos.. corruptas autoridades payas. R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800). con perversa ironía. dejándolo muerto (800).

no quiero dar nada ahora a Preciosa». «por no ir contra su gravedad». Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione. ¿se debe a su carácter honesto. En este momento. que yo se lo daré después» (780). o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35. un real a Preciosa. y sacudido y rascado muchas veces [.]. p.. 36 Véase nuestro estudio. esto sí. cuando menos. y que. más bien.para pretender otros cargos» (781). ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva. por ejemplo. le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. patético y cómico a la vez—. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo.. en realidad. Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. señor teniente [.. ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente. ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781). y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro». de capacidad disimuladora del Teniente. cuando. inco­ rruptible o. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego.. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino. preocupación hipócrita con las apariencias de honor. como a menudo se concluye. en que. como. 209. un caso excepcional de integridad? Su pobreza. el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. .. doña Clara. que lo atrajo por ser él tan «curioso». Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga.]» (777). «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna. que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). después de haberla «es­ pulgado. decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle. dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos.. nota 27. según ella lo intuye agudamente.]» —auténtico acto teatral.

] . riqueza. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas». aventura. fortuna. consejos “prudentes” para el futuro.. p.. por un mo­ mento breve.. doña Clara pidió al señor Contre­ ras. «en viniendo mi marido». estilizado. cómicos. parasitariamente.. vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y.] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance».] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80). imágenes. todos esos deseos reprimidos.. aquéllas la alababan [.]. yerma. dénmelos que yo iré por él en volandas». la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. la vida solterona. Signifi­ cativamente. todas presididas por un viejo escudero bar­ budo».. éstas la bendecían.. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37. cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban. Véase nuestro estudio sobre esta obra. a menudo. con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780). a la vez. ¡Delicadamente patética. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38. all presided over by a bea rd ed old squire [. otras la miraban. Poco antes. 198). que cené anoche. [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía. a n d unfulfilled virgin ity. La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa».tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo. spiritual p o v erty . 38 Forcione: «Penuriousness. todo dicho con expresio­ nes. gracia y humor de cuño popular. su escudero. todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta. El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís. pero.. prom e­ tiendo devolvérselo. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. Detalles graciosos. incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española. que le prestase «un real de a cuatro». Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780). Por sentir en sí “encendidos” de nuevo. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor. advertencias de posibles peligros y percances. Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo. spinsterhood.. de vida estancada. a costa del criado.

la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer. tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. Sin embargo. que las escucha.. quien.]. ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D . Claro está. en particular con un paje-poeta pobre. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa. etcétera (780). . más tarde. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [. y decidle algunas pala­ bras al oído [. contesta: «H ijo.. y ia vieja. nota 37.]» (785)40. no llores. Sin embargo.... de hecho. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena.. cumplida su tarea.. que se quedó abajo para informarse de los criados [.] ¡N o.] Llegaos a él enhorabuena. lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho.. [.a lo que predice: «No llores. y m uy lindo» (786).. sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas. que ésas no son alabanza del paje. lo que era dar sustos y martelos. que os ama tan de burlas Andrés [. oirás [. quizás inconsciente. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787). Véase nuestro estudio. hermosita [.. Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?». doncella. La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana. sino la grande. entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara. no penséis. brava como leona de Oran [. sube también. Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa. después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa.. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía. Preciosa. El Te­ niente «es juguetón. Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o..].. Juan se desmaya de celos.. En suma.].. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. ¿Q ueréislo ver. pues las íntimas quedan siempre cuestionables—..]. y veréis cuál os le ponen!» (787). com o lo han observado varios críticos. sin ser ense­ ñada. Juan. señora. acaba».pondiente: «Hermosita. D . hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D . 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”. y lo que vais a decir. Juan. niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [. Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas..].. señora mía.]. sin vacilar. por quien ésta expresa aprecio.. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -.] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia».. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente. paloma sin hiel [. todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39.

¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara.. se desmorona por completo. el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes».. pues.. pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos». cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle. «cuando doncella». su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad.. con toda probabilidad. graciosamente. Por cierto. A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses». pero aunque sólo rozán­ dolo leve.].].. lealtad. Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente. diamantes de las Indias [. amor. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance.]. engalanados en «ricas telas de Milán [. pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán.por lo cual doña Clara «anda algo celosita». «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo. la «quiso uno de una buena cara». «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón». La casa del Teniente. respectivamente... que como «sol [. revelando su total insustanciabilidad.] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora. / principalmente de espaldas. Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara. / que suelen ser peligrosas / en las principales damas». de modo muy llamativo. Trata. por alguna autorizada fuente. honor.]». como una casa de naipes.. acuñada. desagradable existencia halagándole la vanidad. también del pueblo que desde las aceras... probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco».. virtud. y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7).. su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias». su vacía preten­ sión. aromas de Arabia [. rubíes y perlas [. También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas. alige­ rarle la monótona.. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos. cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos. y «como los . ¿Es de auténtica tristeza su lloro. de maravillosos seres celestiales. atizándole sus deseos y sueños íntimos.

pero por su acento urgente. cada día. humano Atlante. todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana.). al menos por un rato. á costa de toda la nación. corruptos cortesanos de Felipe III. más explotada y empo­ brecida. negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. pero sobre las mesas de juego. no naturales. deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. / para arrimo de la Igle­ sia»!. por ello. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra. etc. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!. De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. / se lleva las almas todas». desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41.. de hecho. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto. Felipe III. trazas. Desinteresado de la política.] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!». “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos. para promover sus ambiciones y gratificar su codicia.. nota 27. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre. ilícitos. indignado en las “maquinaciones”. / [. . / que. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica. haciéndo­ les olvidar. Declaraciones. que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). / ¡Qué de designios que corta!. se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». defraudadas por com­ pleto—. estaba de continuo “encorvado”.ojos se lleva [el espectáculo]. exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas. Ya se han mencionado los muchos. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). que dejaba a sus fa­ voritos. pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción.

biológico. pp. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. por ello. al ver pasar a la reina con su «perla». todos sus contemporáneos. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». según se ha visto. La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. finalmente. Sin embargo. probablemente. . prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. En definitiva. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. a menudo.. en el sentido natural. 208-215. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. Como. salen con ser ladrones corrientes y. estudian para ladrones. críanse con ladrones. / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores. y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». tan fértil para las “maquinaciones” 42. en general. 44 Lerner.¡de la baraja!.m o­ lientes a todo ruedo. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido. que no se quitan sino con la muerte» (774). «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». inaccesible. ¡“re­ m oto”!. Cervan­ tes veía a los gitanos. nacen de padres ladrones. por lo cual permanecía. y. De hecho. a la reina. no es lícito atribuirle. tales intentos resultan inefica­ ces. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables. contiene su entusiasmo. A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u .. nótese. asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes. 42 Véase también Forcione. prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. de modo aún más desfavorable. a quienes re­ trata.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. Laffranque. pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave.

be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [. mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. pues.. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas. «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783). de que la gitana carece por completo. sociales. sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones.. ¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto. familiares del nacimiento y de la educación del gitano. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789). en H om enaje a J. Y «la costumbre vuélvese vicio» (D. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. 46 Véase nuestro estudio.. por ejemplo. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila. Quijote). Siendo estos males propios de todas las clases sociales. maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes». al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad. contem-^ pía más bien impasible. el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. Así.toda la sociedad contemporánea. económicas. “respetable”. imparcial!. los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. nacen de padres la­ drones [. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. ..]». Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. «el gran gitano»46. a los «padres ladrones». se refieren alas circunstancias sociales. de estas actitudes gitanas45. nota 27. ni ninguna otra ave de rapiña. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”. ellos también. la corrupción. Caro Baroja. sociales. están los gitanos tan orgullosos de ser. “normal”. pero fácil es adivinar una de ellas. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero». económicas de la so­ ciedad paya. paya y gitana indistintamente. 1978. dice la gitana vieja. “águilas” en sus trampas.

en fin era gitana»... Por otra parte. y a ser su lacayo. puesto que hermosísima. Cervantes mues­ tra con igual claridad. no se ve a sí misma.. se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [. en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776). pese a toda su reclamada agudeza.ción moral frente a este mundo. por ignorancia y cierta inge­ nuidad. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha. cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno. los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad.. aunque gitana. según el lector viene com prendiéndolo poco a poco. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual. haré que estos llantos se conviertan en risa» (801). cuando revela su robo de la niña. privativas de ningún grupo social o racial. inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). (800)— con que la sociedad paya juzga y trata. las can­ ciones. pues. .]» (851). Como el hermanito de Lazarillo de Tormes.. Preciosa. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual. que presupone en sus lectores.. [.. «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793). ninguna «lerda» (779).]. y otros elogios semejantes. Al admirar el modo de ser.] Caballero es Andrés [. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son. que. los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio». al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos». Repetidas veces.. que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal.. cultural y moral. se insiste en la individualidad irreductible de cada persona. los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales. en nombre de su supuesta superioridad racial.] aunque a mí me cueste la vida [. de ma­ nera asimismo tendenciosa. y después califica: «privilegio de la hermosura».. C er­ vantes exclama: «¡[. en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47.]. por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos. a los gitanos. que. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios.

de m odo im ­ portante. agudizado de continuo por su vida gitanesca. Por fin. sería siempre "gitana”. «La gitanilla y la poética de Cervantes».] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779). 120). entre el Bien y el Mal. varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible. sin duda. magnífica persona. elegidas con determinada decisión personal. Este último aspecto parece el más problemático. por más formidables que sean49. a veces por completo contradictorias. en algún momento de su vida. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. Juan. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804). en todas sus cualidades y actitudes personales. un recurso necesario. com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. entre gitanos y payos. Bélica es siem­ pre. Por otra parte. sentido común. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época.. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. el polo opuesto de Preciosa. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. no importa en qué clase social le tocase vivir48. Tiene inteligencia innata. excepcional. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D . Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. Preciosa es una joven extraordinaria. apagada. por sus ruines cualidades personales. pero ¿no tiene que decidir toda persona. «Preciosa's choice has already . Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes. Juan. Preciosa. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D . Gitana o princesa. En efecto. nota 27. en el sentido social. por sus extraordinarias virtudes. Bé­ lica. El reconocim iento del linaje de Preciosa es. Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso. y sin embargo. p. protagonista de Pedro de Urdemalas. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [.. sería siem­ pre “princesa”. pero no “inverosímil”. como piensan tantos lectores. discreción y orientación moral. pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles.

50 G onzález de Am ezúa y M ayo. A lo largo de La gitanilla se muestra. contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. de m odos diversos en las obras cervantinas. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo. creador de la novela corta espa­ ñola. mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. En efecto. ni todas las inclemencias del cielo. sino. «en la virtud». es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775). de muchos modos. Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50. que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos.] D . [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». Siendo en «extremo cortés y bien razonada». «Ni los soles. ni los aires. no también been m ade according to her w ill» (W oodward.midables. a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos. Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural. al espíritu del in­ dividuo. p. Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial. 450). ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. quienes la abandonaron recién nacida («[. quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). sobre todo.} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». implícitos y explícitos.. Quijote. es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son. verosímil de la tez rubia. claro está. como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta.. a ciertos resortes y móviles interiores. Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores. pues. 1292). Cervantes coincidiría de seguro con D. p. atribuibles a su sangre noble. pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones».). resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. «La gitanilla». 25. fundamentalmente. Cervantes. de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares. acomodada sociedad. esen­ cialmente. aunque. en que el cura insiste. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables. .

típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. por causa de su origen hu­ milde (aunque. útil. modesto. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). “divina”. sino también y sobre todo para afirmar. tan quijotesca. Juan) y no por sus virtudes. posiblemente de padres nobles). pobre y humildemente nacida. honesto. La genuina nobleza.. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella. Tal modo de vida procede. deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. inteligente. por tan rara. entre otros ejemplos. Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D. que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. nota 27. 1292). de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. generoso Pedro de Urdemalas. puede realizar sus magníficos. según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y.en la confianza. siempre deseoso de mejora. Penosas injusticias. Y el tan extraordinariam ente discreto. . que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. Es palpable la ironía con que Cervantes. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. pero a la misma vez sugiere. industrioso. sin paradoja. bueno. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. en esta expli­ cación de D. dice Cervantes.].. Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. esa recompensa inefable. que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. pensando en su propia vida. nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. siempre «sería milagro». jMuy rara nobleza!. le hace decir esto a su loco caballero. necesariamente. y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. aunque no le conozca. bien conocidas también en la sociedad alta. discreto. exigente. en cambio. con gran ironía.

13-14). mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención. que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina.. pp. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. sin duda—. caballeresca y. senti­ mental. picaresca. pues el único. guardadlo cuidadosa. Pierce. pp. tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53.la sublime «alteza» (775). es su valor intrínseco. «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance». R od rígu ez-L u is. según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. también el más apropiado. com o a veces se hace. glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. 126-7. aunque muy arduo criterio.. Claro está. pp. exaltado himno al espíritu humano. En efecto. habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. Sólo con esta condición. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla». La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. quizás más que por cual­ quier otra razón. mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. libre de toda superficial. propone algo y no concluye nada». entre otros. con mucha más razón. . se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. Juan proceden. Cervantes no se propone sencillamente imitar. Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla. Destacan la relación esporádica con lo pastoril. en particular. se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. y por esto. 53 Es necesario recordar. 290-1 . N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes. A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. señor compadre». a veces. ridicula pretensión de superioridad social.] con las que son imperiales». con la pastoril52. A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. implora el cura —en nombre del autor.

se concebía. Persiles y la novela bizantina. . referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto. clásico representante de la no­ vela pastoril española. como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles. etc. todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [. repetidas veces. La Segunda Parte de La Galatea no se realizó. esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico. a nuestro juicio. con toda probabilidad. en La casa de los celos. en ambas Partes del Quijote (1605. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia». ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. entre el mundo bucólico clásico y el moderno. «que Cervan­ tes promete» (1054). la Segunda Parte de La Galatea. etc. al menos en algunos de sus proyectados aspectos. endémico conflicto en los libros pastoriles. burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril. en El rufián viudo.. D e­ claró específicamente. las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. es decir. el perdón de los lectores.54. en El coloquio de los perros. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte. con que. 55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte. / con las ansias de la muerte». que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D.cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. en La gitanilla. Se realizaría esto como ya en otras obras suyas. Quijote y la li­ teratura caballeresca. En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55.] me diese el Cielo vida!» (1528). 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes.. 1615). Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida. pero quizás se nos esté revelando. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas.

Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. Sus preocupaciones son prácticas. en muías y asnos robados. en consideración de todas las implicaciones personales. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. sutiles. mítica. esos cultos. los de La gitanilla. genialmente metamorfoseados. Los problemas amorosos. disfrazados de pastores de mansas ovejitas. en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. económicas. B ama C. Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase. materialistas. hermosos jardines. a diferencia de la insularidad absoluta. la fuente pastoril literaria de que surgen. sociales de su relación. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad. venales. aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. . C ama D. de pueblo en pueblo. que van por los caminos polvorientos. El disfraz de D. radicalmente final. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. por la sobrevivencia. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. espaciosas selvas. en que se sitúan los enamorados pastores literarios. idealizados cortesanos. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. 1001) se pasan la vida en sentimentales. arroyos claros. sagrados montes. Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso.burgués de las novelle italianas. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. también Pre­ ciosa y D. quienes en «amenos prados verdes. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. que también los afligen a veces. ociosos cortesanos. conceptuosas conversacio­ nes. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales. D ama A. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. por ejemplo. los resuelven de manera “eficiente”. delicados. pero nunca tan sim étricos com o. éste de G il Polo: A ama B. de todos modos. personajes ficticios y lectores. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional.

a su vez. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales. refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. que no lo es menos. de los sucesos. hechos de crucial relevancia en las . "refinado”. lleva siempre el disfraz. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. en suma. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. «desamoradas ninfas» (a menudo. acusadas de “ninfas”. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas. se contrapone la vieja gitana. animadora. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. poco antes aparente­ mente irresoluble. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. tan experimentada en la vida. que. Los míticos gigantes. 1001). \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes. En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida.cia de que todo el mundo. como en las novelas pastoriles. como. tan discreta. manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. de muchas. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. En La gitanilla. particularmente el “alto”. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. predeterminadas. de que nadie puede extraerse. formulares. Se trata. lógicos. y no. esos pasto­ res literarios. supuestamente.

. dinámica. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. nada benévolos. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos. pese a todas las pretensiones neoplatónicas.. sonriente. Juan: «[. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca. mirtos.. Con su agudo instinto narrativo... esencial. Sin embargo. naturales. Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud. de amenos prados verdes. nieves. rayos.consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas. amenazadores. de una naturaleza idílica. convencional desde la bucólica literatura clásica. pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje. 58 Pierce. hielos. insoportables calores y fríos.. peligrosos. es decir. sino sólo por sus propias leyes atmosféricas. claro está).] . La naturaleza. sorprendente. es. 288.. Se ha observado.. interrupciones forzadas. p. [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego. continua. Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento. que no sólo sirve de apro­ piado fondo. pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados.. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo.. encinas. sin empalagos irrelevan­ tes. El escenario. por desgracia... del alma humana. Reduce.. sauces umbrosos. haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles». y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789). que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58. por completo indiferente al hombre. incó­ modos. com o por ejemplo las ceremonias. co­ rrientes. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance». abundante. en suma. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades. generosa. aguaceros. serena. y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D . claras aguas cristalinas.. en contraste con cualquier novela pastoril anterior.] y adornándole de ramos y juncia. complicaciones innecesarias. las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual. naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas. ante todo. con gran acierto. fluida.

cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. de manera no­ tablemente sobria. infaliblemente. Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. allí la pastora. p. subordinándolas a la conducta con que. sufrir el tormento de toca. so­ bre todo. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo. Por ejemplo. Juan por celos. Juan. Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D. zarabandas.dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. después de lo cual le explica. Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos. pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos.. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas.] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal.. 60 M enéndez Pelayo. tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. pasajeros.. de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. honesta relación conyugal (790). 14. y les venden sus obras» (775). 293. y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. y no faltó poeta que se los diese. . hacen su acto de presencia y. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. p. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras. en la vida cotidiana. vol. Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. Andrés. O bras complejas. muy comprensible­ mente. O rígenes de la novela. sin ningún sentimentalismo enfermizo. para cualquier ocasión. romances] [. D e hecho.. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. aparentemente. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros. su propia noción del genuino amor y de la buena. Preciosa no es automá­ ticamente. en el desm ayo de D . el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos. seguidillas. coplas. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo.. 1001). Este hecho hasta ha inducido a sospechar. poetisa de impro^ viso. 1000). como todos esos pastores literarios.

o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61. no: «Lísardo. Juan y el paje-poeta. com o me prom etió a m í cierto poeta. Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla. o de algún ribazo o peña. quien también «se picaba un poco» de poeta. El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol. 1001). Cervantes. rabeles. sino de demostrarse digno de Preciosa. y que ella sencillamente repite. advierte: «no sé si de improviso.de inmediato a sus enamorados. Paródicamente. y juraba por la laguna Estigia» (791). porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». también en este aspecto. este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril. anticipables como los «mirtos. D. . ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. El paje-poeta es au­ tor de poemas. La Diana. chirumbelas». IX. El coloquio de los perros.. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. Todas las canciones en La gitanilla surgen. naturalmente.] gaitas. olivos. etc.: 1000). árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. 25). cuando más. muy significativa­ mente. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [. zampoñas. Jacinto. o». «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. 1001). «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso. pues. pero que no son tan convencionales. Juan. Cervantes. creador de la novela corta española. de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. sauces» 62. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D. a toda costa y con cualquier pretexto. Clemente (nótese. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. al menos tanto como lo es el paje-poeta. Riselo». de la si­ tuación. 62 M ontem ayor. que también proporciona a Preciosa. o a la de alguna mata. Lauro... p. No sólo no se imponen a los oyentes.

claro está. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. sino que. En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas. hija... tampoco puede faltar el verso mayor.. musicales.tación como en el caso del soneto (787). zonas estáticas. no hay duda. no sólo dejan «admirados [. Sin embargo. pero. H ay algunos endecasílabos cojos. Éste. ninguno. a menudo. llenos de color. por su combinación de prosa y poesía. «flores [. que pretendía situarse en esa tradición literaria. imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas. españolizar cuanto más el libro pasto ril63. ¡Torna a cantar!» (776-7). como por magia. rítmicos..] que derrama con las manos» (787)..] casi todos los ver­ sos mayores» (1053). amores. donaire. al son de su panderete. Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [.] en redondo». música. «perlas [.. largos. drama. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos. pese a su incuestio­ nable atractivo poético. Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787).. ingenuas o equi­ vocadas). la novela pastoril se caracte­ riza.. En el Quijote. legendarios y actuales. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana. fundamentalmente. . pues cons­ tituye una de sus características fundamentales. redondi­ llas y otros versos populares.] a cuantos la escuchan». pues crean. movimiento variado. a ello! Andad.. en la magnífica fiesta: «A ello. logran hacemos participar a todos. Cervantes quiere nacionalizar.. y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla. romancillos. ¡al lector también!. Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances.. de dura acentuación.. de temas maravillosos. Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [. de prodigiosos efectos coloristas. y pisad el polvito atán menudito!. ritmos alegres. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances.] que despide de la boca». en la de Gi! P olo. pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa.. Estas melodiosas canciones. imperfectos. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad.

fervoroso pálpito vital. monótonos diálogos amorosos. poé­ tica. que son libros de entendimiento. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\. se convierte en una representación movida. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. «j. Quijote. elegante prosa de Montemayor. sin perjuicio de tercero. fluida. con frecuencia.yicos —según lo percibió. sin disonancia* exquisitamente lírica. intuitiva. ya Federico García Lorca—. espontánea. D ian a enam orada .. su sabor arcaico. por el contexto temático y sítuacional. a la vez. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. rítmica.. sin embargo.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa. y. Particularmente esos solemnes. en sus va­ riaciones. individualizante. bailadora. artificioso. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa. precisamente. le habrían parecido. A la vez. ejemplar novela pastoril. Ferreres. es­ pontánea del enamorado!. incisiva. ix -cill. cantante. aunque sólo mencionado. frío. creadora eficaz. XI-XLVIL .. pero.. G il Polo . L ópez-E strada. 1053).» (D. pomposos. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. actual de las gracias de Preciosa. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. a la pos­ tre. precisa. matizada muy imaginativamente. lírica. pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico.» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. parlamentos alternados. determinada. dramática de la narración.. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. armoniosa.].. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64. (Esta. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. ¡supuestamente expresión. equilibrada. vivida. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. complejas ironías. penetrante. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho. prosa siempre armónica. esencial. dinámica. ¡naturalmente!. erudito. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. y el de R. sencilla. rígidos. música.

también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. 10. gritos interminentes de protesta del autor mismo. en cuanto a la belleza de su pensamiento.. en particular. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. impensables en 65 La D iana. b? Ibid. como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802). de representación hu­ mana universal. que no podem os estudiar aquí. es decir. Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. «Prólogo». pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana. y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. Cervantes destruye las artificiosas. Quijote. 1053). . míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. Preciosa es hermosa. en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66. citado en nota 5. mucho más importante. ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778). con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. se trataba de declaraciones esporá­ dicas. Percibim os una actitud semejante en Encina. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. Desde esta perspectiva. y> por la invención literaria con que lo expresa. la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación. Sin embargo. 66 Ibid. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes. en La Diana de M ontem ayor65. Sin embargo. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». 1001). Evidentemente. diría­ mos. . de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y. de significado mucho más radical. crea una obra extraordinaria. pp.Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. su ejemplaridad. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. única en su tiempo. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar». El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”. l x x i x . 170-1. esos diálogos pastoriles.

y nació libre. Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles.. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». deseosa. son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia». sino un cata al lobo do va. todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias. cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». es libre. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. Juanita . conversando siempre de amor. y esto no al son de chirumbelas. ¡en voz alta!. 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance».]. de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate). Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. sentados en troncos de árboles. rabeles o gaitas. de la dignidad humana. dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. determinada de vivirías ella también. al encuentro de otros pastores y pas­ toras. y otras cosas semejantes. con que encauza prudente y noblemente su vida. sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. su discreción. «no encaminados a un piadoso fin»70). aplicables a toda la obra cervantiva. Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. insaciable lectora. que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». «Prólogo».. xxm . Los amores y el matrimonio con D.Diana)68. . propio y ajeno. lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa. por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque. su dignidad: «¡mi alma. y no con voces delicadas. «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—. Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada . y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69. 70 Ferreres. sino al que [hace] el dar un cayado con otro [.. discreta. personalmente. que.. de faltar todos los demás resortes humanos. de «muchos» libros pastoriles. sonoras y admirables.

magníficamente realizado. en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”. . sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas». que parecen anunciar la parodia eventual. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas. Domingos. Pastores de pasmosa vulgaridad.. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea. discreta. escépticas. sobre todo. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar.. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas. pues representa. 1000-1).. un in­ tento. sino que gritan o gruñen». su vuelta a la realidad. solos o juntos parece.con voces roncas. Pablos o Llorentes. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones. de haberla Cervantes completado72. de recreación y actualización del arte literario pastoril. (El coloquio de los perros. no que cantan. su con­ fesión del terrible error.. todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes. que..

al revelarse. y hasta. Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. detalles episódicos y expresivos. suponem os que éste debió de leerla allí. inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. Ambas son fragmentarias. en parte. 1608). su fuente lite­ raria inspiradora. Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia. novelista griego o bizantino del siglo III d. Véase también Zamora Vicente. para su concep­ ción ideológica del problema. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano.C.1 5 6 8 . 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver. la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó .1 5 6 3 .2. D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca. basada enteramente en la latina. «U n sueño romántico de Cervantes». Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales. pp. vol. Éste. ante todo. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm. creador de la n ovela corta española. cuán difícil. por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte. en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ». de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. Il. pp. L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad. La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. o im posible. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. 36-38).1 5 7 8 . muchos incidentes.EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit. de pura fantasía. según están sugeridos. D os años más tarde apareció una traducción italiana. el frecuente tema del cautiverio.1600. 43-49). se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'. de manera inequívoca. Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. se inspira a veces en las propias experiencias del autor. 1598. tratado en tonos muy diversos.

un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. con un claro propósito experi­ mental. encuentros inespera­ dos. «Action first. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores. que algún personaje ha visto durante su aventura. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. Madrid. (Véase nuestro estudio «A. lleno de aventuras extraordinarias. La publicó en Venecia en 1552. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. N ú ­ ñez de R einoso. animales. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio. quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto. 166-175. In trodu zion e al Persiles. anagnorisis. plantas. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». C er­ vantes M usterrom an Persiles. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. R om ero. objetos de arte. hasta en su teatro 3. robos. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio. Stegman. Esta novela se tradujo. un novelista olvidado. explanation afterw ards is his device to . según la traducción de C occio. separaciones. naufragios. 1917. traductor de Leucipe y C lítofonte ». Por esta razón. verano de 1967. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. El au­ tor presenta un hecho. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa. D iego Agreda y Vargas).. Leucipe y C litofonte (trad. de un m odo general. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. amigo de Lope de Vega». Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal. Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. pp. C er­ vantes. Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos. Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras. Symposium.La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. etc. así com o una bibliografía selecta. D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. natural de la ciudad de Efeso. etc. sino. «Leucipe y C litofonte en el Persiles ».

Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. según se evi­ dencia. que también se narran por partes.]!». Cada nuevo personaje narra su vida. en el originalísimo Persiles y Segismundo. Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. 192).] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. por la simple elusion del defecto.». El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. con frecuencia. Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal. b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd. por diferentes m otivos. además de la acción contemporánea del relato.) no hay rasgo bueno o malo. 770). A veces. porque es. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. [(. C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. go o d or had. ejem­ plar. «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. es su recurso para mantener el interés». y C. nunca mordaz. que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo». ésta se interrumpe.. Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. Novelas Ejemplares. a su vez. Λ Zimic. El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro.. ficción dentro de la ficción... en efecto. quien. leve. a la vez. «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [. dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction. [«Antes la acción y después la explicación. th at is really characteristic o f the G reek novel . Some Ancient N ovels. ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest».de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. una sistemática emulación y. parodia de ese género literario4.] . varios personajes narran fragmentos de la misma historia. Éste lo ha oído de C. lo había oíd o de D . de éste para la naciente novela corta española. en particular. en que se atan todos los hilos. p. hasta el final.. Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística. Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco. El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada. 9). aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito.

que «saliendo de los términos de Sicilia. com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. a la «fama» de Ricardo. Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose. porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. por causa de Leonisa. Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». 110). que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. «del tutto dilettevole. su propio de­ rrumbamiento interior. ¡tan románticamente!. Historia de amor. pero no su actualización en la literatura moderna. y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. el «amante liberal». pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano. como lo intuye también M ahamut. en la conclusión de la novela. El Saffar. Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. como lo es Leucipe y Clitofonte. e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»]. 810). derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento».turcos. y de otras muchas partes». . «por quien [sus] ojos han derramado. se extendió por todos los de Italia. universal. pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. p. Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. particularmente en las obras de Cervantes (237-260). Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas. en realidad. En su nueva novela bizantina. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. su «miserable estado». sino por la referencia. quien lo ha convidado a un lugar ameno. che per amore infiniti affanni.

gradualmente. Otra significativa diferencia inicial.. consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. iniciadas in medias res 7. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. Leonisa. quizás. reacciones emotivas. etc. 41). etcétera. en cambio. que «requiere más tiempo. claro está. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación.. más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista. a veces. reserván­ dose el oficio de apuntador». que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813). Cervantes (831). entre otras cosas. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa». Se destacan así. a menudo. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar. y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). a su vez. como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [. pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida. apelando. estados de ánimo. otra razón y coyuntura y otra lengua» (829). modos de pensar. creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. a veces complementando las de los otros. durante la continua transmisión oral.. con la promesa de efectuarlo otra vez. sugeridos sólo como probables. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. y que así llegó también a él. Por razones de verosimilitud. Mahamut) narra sus propias experiencias. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos. decidió novelizarla. ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. evitando por completo la necesidad del análisis anímico. por muy importantes en esta no­ vela. quien. pero. o. p. en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). en cuanto a su exactitud y finura. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). «A tu buena consideración dejo. ¡oh Mahamut amigo!.que tuvo en Leonisa». a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. por con­ sideraciones de verosimilitud.]. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. . cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes.

que. un portugués cantando un nostálgico soneto y. «se ha excusado este ca8 W olff.. con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. según su propia declaración (Persiles. y N . narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. dime ¿qué has padecido? (. 114-5. después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [. a menudo mucho más accidentados y fugaces. Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes. Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato. Por tan repentina muerte.. y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549.. pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar.».novela de Aquiles Tacio. 1656). pero con ciertos reparos importantes. sin ningún pulso propio. y por ese amor que me complazcas»]..] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído. al pie de la letra. Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos. de índole estética y ética..] .) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T..) te pido por Júpiter. pp. 1552). poco después. se le salió el alma. según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente. De tales encuentros. 1345). en el momento mismo en que acaba su relato. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote.. di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven. En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes. toda novela bizantina. [«H e­ liodoro ya no necesita a C. que es. «dando un gran suspiro.] ti prego per Gioue. no importa a quien. e per esso Amore. en plena mar.. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”. en definitiva. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction. dimmi che hai tu patito? [. (.

se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» .ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche. que no los tenéis. La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. dice Ricardo a Leonisa. pero en los ajenos.]. Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante. según parece. achacable a una concepción artística superficial.. que no nos importa. atenta a lo más externo. y tan sin remos.. lo que se llora. sin duda. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552).] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [. expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio. que no apures los pensamientos ajenos.. como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles. en realidad. ni por pensamiento» (Persiles. te suplico me digas». implora Mahamut a Ricardo (808). debían de ser casos tan desesperados como peregrinos». «en pago de esto que por ti hago». Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados. Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. para desviaros desta isla tan sola. suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. auténtica interacción humana. 1567). comenta un personaje. se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte. los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que.. desprovista de una convin­ cente. que aun de animales no es habitada» (Persiles. ni cómo estáis en este lugar tan solo. 1569). al fin. todo el pueblo de Trápana. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823).

etc. mi amo. quien es. Leonisa. sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. ¿No implica qui­ zás toda situación. precarios límites temporales? Muy significativamente. Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809). por ejemplo.] comes out in driblets. necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo. y así. de inmediato. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. incondicionalmente. Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá. . característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. le preguntaron el precio que por ella quería» (817). Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. etc.que Ricardo quiere decirles (829). La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío... Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo. al afán de oír cuen­ tos. los ciudadanos de Trapana. su compatriota y amigo de la niñez (808). Leonisa es su amada. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut. de curiosear. Con evidente diversión íntima. sin querer saber el cómo ni el dónde. con que se consigue que «the story [. Sin embargo. “ Dramatic retardation” . además. cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción.

p. Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. [«Retardación dramática (. Esta práctica de retardar la narración. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad.) sorprendente (que P. que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa. pero «queriendo pasar adelante. El lector se impacienta». 1623). «Todos se alegraron oyendo esto.] 1 1 Riley. 197. que producen así un efecto por completo contrario al deseado. a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (. algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro.. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction . con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos. censurán­ dolo.).portions concerning other interests». (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también. por la que el lector siente también gran curiosidad. 121. se parodia en el Persi­ les..) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos.. de interrumpirla continuamente. un encuentro con ella. se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo.. 1615.] . entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato. a menudo.. como el mismo Ricardo. consiguiendo así el autor que deseemos... según lo comentan.. 192-3. [«(. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable. pp.. es decir.. Esta infor­ mación. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u . El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense». que ni podía estar atento para escucharle». pero también. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [.] y con esto se despidió de él» (818).. injustificados. por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel. the reader grows impatient fo r the event» 10. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia. Teniendo en cuenta dicho propósito paródico. aumentando así el interés del lector.

quando ha de ser sucinta... su «alma en almoneda».. relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos.] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 .. de manera muy significativa. con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo. is degraded to the level o f a frametale [.. a pedido de Ricardo. consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas.. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809). del mismo narrador.].. acrecentando la expectativa del lector y. The main story o f the Aethiopica. destacando. Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias. Hay.) Lo irrelevante es (. además. Lo percibió sagazmente Cervantes. pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa. o Periandro!» (1615). y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya.. sin posible «remedio» ni «alivio» (809). for fully half its course.]. contrapuntística. a la vez. 167-8.zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description. The irrelevancy is [. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (.) característico de la novela griega com o género. 1609). ψ. is one of the most striking faults o f the whole genre».] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares. y. in particular. advierte 12 W olff. La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece. y no dilatada» (1613). for the insertion o f every kind o f irrelevancy. AO). in its wide meshes.. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room.. no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles. sin duda. ni aun los casamientos de los pescadores. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen... de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá». es uno de los defectos más llamativos de todo el género. y sin relación con el asunto principal. pues. [«U n exceso en la descripción en particular. por fin. En nombre de Cervantes mismo. regateada por los turcos13. . pp. 195-6.

. [«(. crítica literaria. Periandro menciona. lite­ rary criticism. 516). D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer. ihr Wesen. hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820). Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal. aun de asuntos banales: «irrelevant geography.. 1611). Sin em­ bargo. por ejem plo. «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid. ihre verschiedenen Arten. y. p..] pasa adelante» (810). que está cercano a la marina en el camino de las salinas». En la de Aquiles Tacio. Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste. Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her. The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. zoology. and other non sensous digresive matter» 1 5 . die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16.. me puse a mirar el cielo». corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas.Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos. es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809). Homeric discussions. 15 W olff. con ojos atento. siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio. pp. por muy sucinta que parezca. p. zoología. Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras.] 16 Rohde. von weitldufigen Reden und Monologen [.] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera. ihre Aeusserungen.. travieso y aprensivo: «Apostaré [.) geo­ grafía.] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken. incidentalmente... y Mauricio re­ acciona de inmediato. discusiones homéricas y otra materia digresiva». 511-3. inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa.. Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [. su “profundidad” y “sutileza”. 176.. el cielo: «me senté en el castillo de popa. [«Su novela es un ver­ .

1576). y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras».. explica que ha quitado «por prolija. de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a». su esencia. por su parte. según noso­ tros. lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. 42. 1 8 Apraiz. quien.. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles.novelística bizantina. pp. sus diferentes tipos. pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor.]» (§15). vol. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . con que «el autor».] gasta casi [. Acompañóle en ellas Mahamut [. I. R odríguez-L uis. por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles. que llegaron a humedecer el suelo. «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826).. 90-1)... 20.). quien «sabía más de enamorado que de historiador [. p.. p. y otros. Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes. 1609. 1584). Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje. insinúa el perspicaz Mauricio...] detener las lágrimas que como suele decirse. de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo. de prolijos discursos y m onólo­ gos (. etc. Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas. por eso. Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” . y Cer­ vantes.] todo un capítulo del libro» (Persiles. incorrecto.]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte. . 1584). sus manifestaciones. Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 . Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es. lo cual también desagradó al temperamento viril.. hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia.. y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». estoico de Cervantes. Ricardo «no pudo [.

1625). suelen ser desabridas» (Persiles. [«(.. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva.]. que no se pueda medir con razón al­ guna». comenta el autor mismo. «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela. 19?. porque las más veces. 367-8. El peregrino en su patria. que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas. abreviándola.. 1601). Barcelona. con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas. pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809). en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [..cribe esas líneas. A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [.] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles. los pensamientos que tuve y pasé. En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida. por no 1 9 Lope de Vega. «disproportionate length» 20. He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope. consciente o inconscientemente. E l peregrino en su patria. 1613). que. 1608). y las aves [. No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas. Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere».. 192. determinó de proseguirla. «Paréceme».. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. Juventud. y Sinforosa de ver a Periandro. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores.]. «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática. y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. los temores [... las que son largas. antiguos o contemporá­ neos. aunque sean de impor­ tancia.) ex­ tensión excesiva». pp. p. se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!». «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática. 20 W olff.] . Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos.] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas.. fuera de los peces.. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9.

pues. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa. que tam poco ahora se satisface sólo c o n . 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. punto por punto». Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz. G onzález de Am ezúa y M ayo. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes. con el maestro A quiles T acio. se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut. pp.22. le relata a Ricardo «todo. Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra. a la vez. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. con toda proba­ bilidad. Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. a veces. A zorín y otros). en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. Otras veces. como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte. pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que.ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura.. por ejemplo. con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. pero. de no caer en la. la conversación que tuvo con Leonisa (820). con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. por no ser tan prolijo» (814).]. 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824). La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central. etc. aunque de considera­ ble interés en sí. Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza.. basta decirte que fueron tantas y tales [. com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. . casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental.]» (814). reincorporar “la descripción de las costum bres”. hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna. 2 1 Además de relacionarse con la trama central. la descripción de las costum ­ bres turcas constituye. 33-6). con el resto de las características. es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal. una crítica social. y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829).. un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio.. evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores. Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í. La declaración de Ricardo representa. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824). a veces.

. Ciertamente. Ricardo. que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan». y en particular en el Persiles.. abolengo.]. 1583)..). and after making his heroine divine . la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada. «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto».). decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil. words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24. «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [. dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810).. the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J. p. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria.. Se ha obser­ vado que «this mannerism [.).] que había en toda Sicilia [. [(. de una exageración impropia o hipó­ crita.] ..superidealizada. «estas alabanzas. el protagonista. que a veces.. 1518).) este manerismo (. etc.. hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana».) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela». patria.. and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages». que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía»... una donzellita de una hermosura incomparable y divina».]. hiperbólica.Así como en toda novela bizantina. pero que «Cervantes is the greatest offender. en las obras cervantinas. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (.. sin em ­ bargo. 1711).. quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (.). 700. Sin embargo. hace su presentación: nombre. etc. Cervantes es el mayor transgresor. existe en la literatura contemporánea (.. Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación... muy significativamente. digo creíble por­ que es tal.].. «exists in contem­ porary fiction. la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (.. la más hermosa [. mujer de quien está enamorado.. deben de ser ángeles humanados» (Persiles.. 1596.. «si no son Persiles y Sigxsmunda. Persiles. «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» .

Por Dios. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales. porque tanta luz ciega.. ¿es posible [. que ésta sola tenía la forma que dices» (810). que los discretos se admiren...] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor.. «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [. Madrid.. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [.. III.. sus labios. por ejemplo. y pasaron adelante» (Persiles. p. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [. y sus mejillas. no sé quién sea ésa. y que los necios idolatren?» (Persiles.. cúbrase el rostro con algún velo. pur­ púreas rosas. se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles. perlas.diosa Venus.] si no es Leonisa.]. su opinión acerca de ellos queda muy clara.. N ú ñ ez de R einoso.. como en los tiempos pasados.. porque ansí puede ver. Clareo y Florisea. que los tiernos se deshagan. o al pedir a Auristela: «hermana. sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso. ΒΛΕ.. su garganta. 1698). siempre al menos implícita.. vuelve a esta ciudad [. ¿Quiere.. sus ojos dos resplandecientes soles. Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen. 443. y no nos deja ver por dónde caminamos. 1859. En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así.] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. 1693). rubíes.. o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido». Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. 1624). no matar»25. Hízolo así Auristela. una maravillosa y concertada armonía.]».. . Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa.] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar. con que lo cubra. alabastro [. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles. sus dientes. y siendo por ventura vista. Mahamut contesta presuroso: «En verdad [. Considerando que las metáforas con que se describe 25 A . o que no me oyes.]. como.]. por ven­ tura. que mata en la misma hora que mira [.

4) . 97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. exceptuando a Diana. y aun quizás de más provecho» (820) 26. porque existen obstáculos formidables. grande. con todo. . La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte. Saltando de alegría. no más. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes .. Leonisa no quiere a Ricardo. detente. pero. Ya este cambio inicial. lo «desdeña y aborrece». 15). Nótese por el momento también el reproche de Mahamut. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. p. exteriores. si ella así lo deseara. et egli rispóse. en efecto. no vio jamás una semejante.la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. por intención expresa del autor. convencional. el más formidable de todos. con el consentimiento de sus codiciosos padres.. porque los padres se oponen a su amor. a su unión. que determina todo el desarrollo de la acción. Sin embargo. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. y él contestó que. en suma. etc. se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella.]. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto. parezcas gentil [. por una razón u otra. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. non ne uidde mai una simile. porque hay un rival poderoso. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector. p. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. Ricardo.. d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte. pero éstos no se opondrían a Ricardo. grité: ¿te refieres a Leucipe?»]. che trattone fuori Diana. A questo io saltando d ’allegrezza gridai. que dejando de parecer cristiano.

mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). en un bar­ quito. ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él. no intencionado. ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. como «un loco furioso». muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina. los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico.mando mucha sangre. guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. ex­ terno. non lo uolsi comportare. culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- . et tutti corsero adosso la fanciulla. con espadas desnudas. La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra. con le spade ignude. esti hauendo messa la giouane in una harchetta. et caddi. y todos embistieron a la joven. amoroso alguno para escaparse de casa. Io. aquéllos. «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). muchos y grandes. hay otra razón.. más trascenden­ tal para ello. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas. et caduto spargeua gran copia di sangue. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. aunque de modo in­ directo. et uno di loro mi feri in una coscia. porque en El amante liberal. de no haber acometido Ricardo. a Leonisa «le tomó un recio desmayo». nueva novela bizan­ tina. El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. Sin embargo. a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. corro a mettermi in mezo delle spade. que­ dando así a merced de los piratas.concepto y un significado nuevo. habiendo metido a L. Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal. huyeron»]. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe.

90-115).] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [. Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito. que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte .]». para que...] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [.. lo defiende con hábiles[ argumentos . [. pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares. Cuando Clítofonte se acusa. essendo Vun delTaltro innamorati [. y así yo abandonaré esta miserable vida»].) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M.. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815). 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas... en que Clítofonte.. decide confesarse cómplice de ésta.. 815) 21. pero en vano. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [. siendo aborrecido de él y de ellos.par ación. diciéndole [. p. haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente. su íntimo amigo. pero también un desesperado deseo de expiación. también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [.. et dir che io et Melitte. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que. a la vez.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte. su celosal rival.. 89). no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere. claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo..] delibero di confessar Vadulterio . De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio.. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita.) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (. pero de modo muy sucinto. para ser conde­ nado a muerte y.. alcance con brevedad lo que deseo... frente al tribunal... «dijo Mahamut: . estando enamorados. puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido.] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare.. hemos mandado matar a L.. 91) [«(·.. mas él las atajó.].] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [. Clinias.... que es acabar la vida» (808. . añadiendo dolor a dolor y pena a pena. Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal.

] mi hai posto in si gran bene. et uno di loro [. y uno de ellos (. A Cervantes le interesó este incidente. Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana. y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta». que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla.. . comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”. habiendo visto estrellarse la galeota. mi attristaua [. quien se salva con Yzuf. Al reaparecer Leonisa..) le cortó la cabeza. su amo. pues lo reintroduce en su obra. Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112). y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825).. non credeua. pero Ricardo. la qual serbo in ñaue. gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven. persiguiendo Clitofonte a los piratas. incrédulo. me entristecía (.] que se había muerto. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí. El Cadí ofrece a su propia esposa. con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”. flotando en «una parte della prora» (35).. tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua. diciendo que era Leonisa [. con las manos atadas detrás.) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?».] le taglió la testa. «sería bueno comprar otra esclava. está conven­ cido de que su amada pereció (815). claro está..] Al preguntar. flotando en unos «barriles» (823). y que una noche echarían la com­ prada a la mar..Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas. et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (.. echando el resto del cuerpo al mar»]. Con buen gusto. éstos.. mi marauigliaua. pues con Clitofonte se salva. que guardó en el barco. de que él mismo ha sido tes­ tigo. no creía. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio.. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada.. En una ocasión. raptadores de Leucipe.) pa­ lidecía.. su amo moro.. tampoco muere Leonisa. «mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro. me maravillaba. pero Ricardo.

. pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta. y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (. y los temores que le so­ bresaltaron [. Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa. antes de llegar a las últimas páginas. con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa... ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”. no la sobresaltes.. Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas. tan irresistible para su curio­ sidad. a Leucipe le ocurren varias “muertes”. Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que. [«Ten esta cosa secreta. et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi.]. no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto. no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91). que resulta hirientemente obvio. Esta explicación. en realidad. [«(. a fin de cuen­ tas.. ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y. 70).. 69.. dijo Sátiro. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia.] En cada caso C litofonte . pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique.]. si. en la novela griega.. el amigo le dice que «ella stessa [. Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [.] quando sará tempo opportuno..... no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto.) estamos aquí solos en el medio de las redes».]. non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [..cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe.. artificioso e inverosímil.) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?». los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron.] noi semo qui soli nel mezzo delle reti». porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado». con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823).] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818). Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte. disse Sátiro.

. Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. tan frecuente en las novelas bizantinas. Apenas ve a Leucipe. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés. lo que «no se ha de tener a milagro. desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. por mejor decir. ajenos a la vida real o cotidiana». En Ricardo..] casos que acontecen raras veces» (Persiles. pero. ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. 68). ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal. otras veces. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios. estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares. Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. a veces de manera casi imperceptible.. en suma. así como dudando qué fin en él toma­ ría». como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. como en el Persiles.queda entristecido. porque Sosthene. después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban». por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. «por extraordinario caso». en fin se resolvió di­ ciendo que. el 28 Chassang. Contra cualquier clase de sensacionalismo. Sin embargo. como en los cambios señalados ante­ riormente y. por medio de un incisivo humor paró­ dico.] . extraños. la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla.. Por lo tanto. Les romans grecs. XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt. acuciante recriminación interior. 1576-7). cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. ¡Todo se acabó! Pero. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo. en cuyas manos cayó. sino a misterio [. étrangers à la v ie réelle ou ordinarie». y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él. ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». claro está. bizarres. por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S. En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[. turbó el juicio del autor de esta historia. fundamentalmente. criado de ésta. respectivamente. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor.

.] che era mosso de hu­ mana compassione... el capitán pirata que la raptó. rico [. con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas.] sei vergine? O audacia degna di risa [. di coteste cose non mi curo»). parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla.. pero consigue quedarse con ella el Cadí. [«aunque sea él bello (.. a favor de su amo.. estas cosas no me importan»]..»].) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?».. pero.. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla.. Para realizar este de­ seo.) virgen? ¡Audacia digna de risa! (.) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L. pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas).. por lo cual determina «de deshacerse de [ella]». se apasiona locamente de ella: «lagrimaua. vendiéndola a al­ gún bajá.. pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [.. para poder gozarla él mismo (817). De no poder alcanzarla por este modo. todas las ter­ cerías de Sosthene.] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [. Con la . quien «da en solicitarla descaradamente». muy naturalmente..] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones. «usaría él de la fuerza.) rico (. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D. en realidad. benigno. y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte. 84)..) benigno. Quijotey 1061). N o es que se dude de la virtud de estas doncellas. también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad..]. marido de Melita. se apasiona de ella. y a Ricardo. pero en vano. al cabo de ochenta años. en parte para demostrar (..] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87). sino. que en todos ello no durmió un día debajo de tejado. de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos. [«¿Tu (. su cautivo y compatriota de Leonisa.]. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él. el Cadí pide a Mahamut.. su criado (^Sosthene). 78...«lascivo» Tersandro. los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). Tersandro la insulta: «Tu [. parte per dimostrare [.. Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que. Y. sin embargo. pues estaba en su poder» (821). 80..

¡toda mujer!. et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta. anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. al salir incólume de cada aventura. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—. Sentido y forma. la voluntad libre con que todo individuo. la quale non puo esser battuta da i flagelli. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [.. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. que mientras más se acrisola. ne abbrusciata da fuoco. y no sólo habla. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista. 30 Ibid. por consideraciones de técnica narrativa. p. obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824)... He aquí. la espiritual y sublime. queda con más pureza y más limpio» (824). et questa io non las- 29 Casalduero. sino. de las N o vela s ejemplares. pero sin destruir. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. ne tagliata dal ferro. et sola. N o es..]. que es la genuina virtud.]. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda. pues. con ello. 90.ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. para una conclusión feliz del re­ lato. Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [.. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que. ante todo. y en la literatura del Siglo de O ro. la reaparición del héroe es comentario en sí. en el sentido más naturalista. pero. pues. mientras que la heroína. Después de una aventura peligrosa. . «como rayo de oro».

sola. mujer.. poderosa. del amor libremente correspondido32. y ésta yo no la rendiré jamás»]. aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . Y al más escéptico.·. Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular. según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà. 32 Véase Castro.) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad. . Por ejemplo.. Cervantes le amo­ nesta. I. esencialmente. 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre. pudiendo usar fuerza. 87) [«(. Estas magníficas pa­ labras. la cual no puede ser azotada por los látigos. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo. creemos. tengo sólo el escudo de la libertad. ill. con su acostumbrada travesura. parecida. Quijote. pues. 1263). 1605). quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. algo paradójicamente. exaltador del libre albedrío. diferente de todas éstas es la de Leandra. Liberty!» 31. y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». que revela. que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. lisonjea. pues coinciden con su pensamiento fundamental. rica. TV. Quijote. caps. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. p. L angus a n d Achilles Tatius. Libertad¡»]. aunque en el nivel más material. desnuda. 474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. Implora. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. se explica. The G reek Rom ances o f H eliodoru s . El pensam iento de C ervantes . tanto más radiante en las prisio­ nes. también el que los amos de Leonisa. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida.) yo. Teniendo esto en cuenta. que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons.ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego. Melita.

Los amantes. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte. pues.. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel..) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro.. che ho usata verso di te [. 1599). 72. 67.) se ha ido a visitar a un amigo. fiel al recuerdo de la desaparecida amada.) (T. durante la ausencia del marido. en lo que tú puedes.. Clitofonte trata de evitar. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía. Sin embargo. lo re­ produjo en casi todos sus detalles. recurre por fin a Leucipe.. con toda clase de pre­ textos ingeniosos. mi facci una gratia [. ne di far alcuna di quelle cose... 310).) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (.. o altra materia insensible. que. desesperada. finge querer servirle de medianera a Melita.) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio.... 144). por su pa­ sión.. che possano muover gli nomini ad amare»..] ben ti prego che in cose che tu puoi. según se ha dicho. de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. tomando en cuenta sus obras conjuntamente. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [. con lo que tu salvarás mi vida. 68. [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»].] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico.ciato ne di dir. complá­ ceme»].. en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras .] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo.. Cli­ tofonte. 74. che gia vien mancando» [«(. leño u otra materia insensible. a su tentadora. aprovechándose astutamente de esta situación. pues Melita no deja de intuirlo. o legno. Ésta. me hagas un favor (... A pesar de estar por completo a la merced de Melita. que ya me está faltando»]. Así. A me par di amare una statua» [«(. resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro. lo cual resulta cada vez más di­ fícil. Fammi adunque copia di te stesso» [«(. Leucipe promete servirle o. in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro. me parece amar a una estatua»]. más bien.. 75).) te ruego. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel.) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (. que. a quien. percioche tu conserverai la mia vita .

(N o v e l to Romance. Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal. por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34. ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». «quien tanto la quería». como. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. por ejemplo. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas. que. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. entre otras. aunque a diferencia de Melita. Esta acti­ tud. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. despre­ ciativa y. U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias.' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. muy significativamente. Aceptada esta sugerencia. después de suplicarle éste —y todos los cristianos. con el propósito. también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. la lujuria. con facilidad dio lugar a un mal deseo». que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección». porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. pero esta . ambos vueltos al cristianismo. de evitar la repetición. todos los creyera» (825). 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. con cierta indulgencia compasiva. no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». ¿por qué no te vas con él?» (68). incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». Sin duda. porque ella es bella y joven. por ejemplo. al abrazar Leonisa al Cadí. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar.anteriores. Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). Halima desea sexualmente a Ricardo. p. 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». sin duda. que el Cadí se apasiona de Leonisa. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. en ocasiones.

Respecto a esta batalla. . hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. «le dio un dolor del costado tal. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol. la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. amo pirata de Ricardo. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis. 824). que varios críticos llaman “triunfal”. habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. Sin embargo. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. 29). por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. claro está. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. con plena libertad de volunta­ des. que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. 23. 36 La persecución de una nave por otras. Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. pp. Por otra parte. siempre arbitraria. Les romances grecs. del modo más metódico. Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». le advierte a Ricardo. XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»]. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas. aunque. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana.A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. la condena de su inverosim ilitud es inválida. de no percibirse su propósito. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. E n o p in ió n de m uchos críticos. por causa de la doncella robada. a Fatala. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. que. Chassang. en una conveniente batalla naval (826-8).

1586). ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho. por ejemplo. Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles. El pensam iento de C ervantes.. .. «possesses active courage o f a theatrical.. de mejor condición que la mía. p. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. [«T. 150. en otra oca­ sión. p. O tro oyente..) frente a m uchos espectadores».. 95. este corredor y salteador [. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes. pero cierta­ mente no heroica. rindiendo después «la galeota de Alí. con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos». p o ­ see valentía de un tipo teatral. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen.]?» (Persiles. y sabe a qué atenerse» 38. ni de más altos pensa­ mientos. y los vivos malheridos. and wishes that she may hear o f his fortitude [... spectacular sort [. espectacular de continuo apela a C. En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas. y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos».. comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39. este esgrimidor.] 38 Castro. 1623). ante todo. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa. «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada. que sin defensa estaba» (827-8). Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín.muertos.] before nume­ rous spectators»37.. deseando que ella oyese de su fuerza (. con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810).] continually calls upon Chariclea. Durante la batalla. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente. quizás discreta. 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff.

[«(. et p ru­ dente. benigno.. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113).] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo. de quien pronto se enamora perdidamente. a su padre...) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (. después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad. Es oportuno detenernos en este personaje que. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo.. las «luminarias [.. y Callisthenes (99-115). benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe. que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto. Al volver a la patria y devolver a Calligone.) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». más que el mismo Clitofonte. Callisthenes decide raptarla. a servirla desinteresadamente. nos dice Cervantes...] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande.. “pura”.. sugirió a Cervantes. con «ad­ miración y contento» de todos. si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras). por error.] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [.) se mostraba honesto y amabilí­ simo. La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín. juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe. con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte. con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. pero. con su boda y las fiestas y banquetes en su honor. et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [..las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil. su boda y la de Mahamut y H alima. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: .. rapta a Calligone.. Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla. el verdadero. a todas luces.].

«mancebo galán. de voz meliflua y de amorosas palabras. ¡oh enemiga mortal de mi descanso!. es su total incomprensión del verdadero amor. egoísta.. Tersandro. más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase». en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate. Ricardo le lanza indignados. en realidad. cobarde. «comienza a tem blar de miedo». [«(. Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo. al negociarse el res­ cate con los piratas. al comienzo.) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello. Sin embargo. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio». pero éste no es en modo alguno una mera copia. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa.] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone. afeminado. y. cruel. de blandas manos y rizos cabe­ llos. etc.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. hom bre de meras palabras... en cambio. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio.). «no movió los labios en provecho» de ella. a C or­ nelio. (811. sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [.. al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada. al encontrar al repatriado Ricardo. . abandonando a Leonisa desmayada.]. no muy desarrollada o ca­ rente. coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. El problema fundamental de Ricardo. en aquél. hasta en situaciones muy cruciales. finalmente. un poco más. 812.. llégate. indolente. etc. o a lo menos desde que tuve uso de la razón.. ocioso. soberbia.. 829. no sólo la amé [a Leonisa]. [. è stato per elettione et per giudicio».ma quel che ho fatto poi. y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [. inca­ paz de acción. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín.] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114). Leonisa favorecía. suaves.. atildado. todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados». Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años.

cuando se encuentran en el cautiverio. presunción de Ricardo. sus padres favorecen a Ricardo. con total independen­ cia. en efecto.. de sóli­ dos valores morales y sociales. joven discreta. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio. ¡«pagando mi voluntad»! (810). como afirma con orgullo y convicción. De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [.]?». H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). ¿piensas. obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [. cuando ella.que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte. En efecto. Aspereza. intere­ sados en tener un yerno rico. le dice. 5-33. arrogancia. . «siempre fui mía» (830). Sin embargo. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830). el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna.. a tan despreciable individuo. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres». Éstos. Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo. por ventura. pues. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste. etc.]. ni poder. nótese. acabe con ella la vida [.. pues.] ha de querer. Ricardo los ofrecía siempre anticipando. con el especí­ fico. (810-11)4'. según todas las apariencias. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso..... soberbia y mal considerada don­ cella [. «pone los ojos» en Cornelio. mercaderes. que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—.. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios. toda la obra: todos esos piratas. presumías de ti algo más de lo que debías» (824). etc. ¿Por qué. de buen gusto.se estructura. sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso. como la cosa más natural. favorece Leonisa. ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada.] que este mozo [. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa.].. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél.. pp.

de un modo u otro. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual. encontrando en ellos. que es. una correspondencia sentimental. en rea­ lidad. aunque con ello arriesgue su propia libertad. la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo.obra. de esos mercaderes del favor amoroso.por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. por sugerencia de . la ine­ quívoca expresión del genuino amor. y al fingirse enamorado de Halima. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. «aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). él no se distingue. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual. pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. quizás para siempre. en que Leonisa. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812). ante todo. pero. mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. debiendo separarse de ella. Ricardo pierde a Leonisa. En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa. se afanan en comprar. lujuriosa (816-7). aunque sólo fingidamente. Al tere ear. esencialmente. también por primera vez. que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. como mercancía cotizable. empezando con el intento inicial del rescate. Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. entre su amo moro y Leonisa. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos. el amor de Leo­ nisa. ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. pero en sus entrañas percibe. por primera vez. Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». cargada de «gruesas perlas».

Ricardo. que del mismo modo se une a la de ella. de . y ella.]. le advierte Leonisa. renunciando a ella. que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [. sometiéndola a la de él. en realidad. hasta a riesgo del mayor sacrificio. Todo el desarrollo de la acción.. De hecho. sin obligación. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada. por ventura.. Al contestarle Leonisa: «Tuya soy. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587). «llana» y «humilde». según a ve­ ces se concluye. al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada. con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor. Por todo esto. Por esto. no le entrega su voluntad. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte». 823). a la vez.. en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo.. sacri­ ficándola.Leonisa... Ricardo. indiscreta. reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824).] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [. Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [.. imposición o condición alguna. sin exceptuar la gra­ titud. y. a pesar de la impresión tan contraria que le causó. nótese («¿es. en presencia de «su felicidad y contento». Leo­ nisa es suya [... la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?». das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben». su «llano proceder». 824). en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas. contra su propia voluntad. tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos. la conducta de Ricardo era presuntuosa. impulsiva. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que. durante el cauti­ verio. Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es.. y tuya seré hasta la muerte» (830). sólo lo es cuando es librem ente correspondido. el más precioso don humano. sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal. el que por elección. sino que la une amorosa y armónicamente a la de él. precisamente.]». purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa.].]! [.

). p. la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. 1980. 45 Shepard. la cual.nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit. novela intensamente influida por la de Heliodoro 45. A diferencia de otros autores contemporáneos. El amor es criatura de la libertad. an­ terior a la Philosophia Antigua Poética. nunca del dom inio»]. en todo caso.] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro. 44 L ópez Pinciano. en la suspensión del ánimo en el relato. con frecuencia ameno y variado. pero no de­ cisivo. 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (. sobre todo. La profunda influencia de las novelas bizantinas.] de su complicada trama. 214. como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. niemals das der Beherrschung » 42. sin excluir a Pin­ ciano. Gil Polo. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . pp. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica . .. Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro»..Martín Gabriel. en la dulzura del cuadro. Philosophia A n tigu a Poética. A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y. Frankfurt-Berlín. 255. Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles. p. p. novelistas cortesanos.. «H eliodoro y las novelas españolas». en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [. 167.. 31. Calderón. Lope. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional. Ale­ mán. 4. U llstein . la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria. particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio. D ié K u n st des L iebens.. indicados (no exhaustivamente) en este estudio. N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [. etc. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor.. Sin embargo. Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616).

aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. cuya eficacia depende de su utilización moderada. El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario. ennoblecedora exploración de la condición humana y también. abusivo. inteligente. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador. Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. en suma. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. 26 [«Se puede inferir. con algunas excep­ ciones. de forma muy importante. Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. inevitablemente recordaría al del Q uijote. T odd. en suma la aventura exterior: «It may be inferred. casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. 137. discreta. .artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. Importa casi sólo la acción rápida. in­ sensible. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor. 47 W olff. al fin su personalidad. constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. articulado en el Persiles. sabia técnica narrativa. no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». justam ente.a place much more important than they give to character»47. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. en su iluminadora. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. diversa. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior. El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. no aparece significativamente afectada por ellas. en su ingeniosa. The G reek. p. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina. and rightly. Som e A ncien t N ovels. that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . 240). p. Sin importar la fecha de su creación. dinámica. sensacionalista.

exterior. del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje. precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». En este proceso tan excepcional. que se caracterizan por «el tiem po de aventura». p. lo que en ella se representa. ante todo. de novela de aventuras. Sin embargo. Cervantes la utiliza. asimismo. para un relato interesante de la acción novelística. en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. pp. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman. Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. a la vez emulado y superado por él. pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. de la anagno­ risis. aunque no por com pleto satisfactorio. También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. 30). pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. de novela bizantina. eficaz. con nom enclatura errónea. 241). también la convierte en instrumento ingenioso. 78. 89). I. pertinente y útil. p. . sino más bien. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. nuevo. Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. moral se complementan y funden armoniosamente. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!».nica narrativa bizantina. a la vez. pues. de la gradual reve­ lación interior. pero.

2 D unn. que sólo «roza motivos picarescos». G onzález de A m ezúa y M ayo. 18. Zamora Vicente. 8. 30-40. Varela. pp. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria. Castro. cua­ dro de género picaresco».. 2). semejanzas. 314-342. p. Casalduero. 109-131. p. «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo». 230-9. «Sobre el realismo cervantino en Rinconete». VII. Valbuena Prat.R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. que sólo lo es en parte. en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [. 43-46.].. diferencias.. . Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. 45.. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en efecto. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”. entre otros. N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . Pérez M inik. pp. Estudios de literatura espa­ ñola. entre m u­ chos otros. epi­ sodios. pp. personajes. La novela picaresca española. nuevas funciones del préstam o2. para destacar. 41. que no lo es en absoluto. El pensam iento de C ervantes . detalles técnicos. 1. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. que representa «una picaresca diversa [. 31. la más famosa novela picaresca3. il.. pp. H ainsw orth. pp. pp. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf. Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca. El Saffar. «Estudio preliminar».]» (Evangelio según San Mateo. Y..] que supera una visión unilateral [. en cada caso. 97-8. «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios. e t c . 88 ss. C er­ vantes creador de la novela corta española. Casalduero. Blanco Aguinaga.. p. pp. 43-47. que es «una novela de picaros.]. pp. Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. pp. N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. 436-441. 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo. Sin 1 Apraiz.. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca». E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. pp..

indiferentes. en definitiva. Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. L a novela picaresca española. 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A . quienes. sino de advertencia crítica. En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. p. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. estrecheces económicas—. 298)6. La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. pp. de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. despeñándose tras el gusto presente. tras la cita.. véa­ se Parker. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [. por el estímulo inmediato. pode­ roso de Guzmán de Alfarache. Los picaros en la literatura. pero. 5 Vaibuena Prat. en lectores desprevenidos. ineptos («va huyendo de su amo. 32-36). como el mismo Guzmán. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo.. el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. con varias ediciones en los años siguientes. huían de casa por varías razones —padres o amos crueles. 258). sobre todo. apa­ rentemente común en la España de aquella época. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra. «Estudio preliminar». ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace. «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. Vaibuena Prat. moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. 42. La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599.embargo. en su rápida narra­ ción». in­ quietudes íntimas y. L a novela picaresca española. Quijote respecto a los libros de caballerías4. pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. . Rinconete y Cortadillo «representa. en parénte­ sis. indicando la página. de hecho. de «mozuelos caminantes» (299). pp. sin duda alguna. sin respetar ni mirar el daño venidero» (254.]. en parte. con algunas obser­ vaciones penetradoras. de casa de su padre». en que a menudo se hacen valiosas sugerencias. a menudo. de su representa­ ción de la experiencia picaresca. 9 ss. todos estos estudios comparativos. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. su genial formulación artística. lo que prueba su inmediata gran popularidad.

nos dice Cervantes. el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569». este alarde público que de mis cosas te represento. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. o poco después. según ya se ha suge­ rido. sin entendimiento ni gobierno» (271). llenos. en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple. de encuentros sorprendentes. a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache.] hallé» (271. que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. corrijas las tuyas en ti» (391). 1605 (cap. ciudades.. pues volcando el 6. si quieres oírlo. XLVll. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. a cada paso. aventuras excitantes. 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. sabidas. Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona. aunque pudo escribirse ya en 1599. 1248). pero. año de la publicación de G u zm án de Alfarache. Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». la fecha 1569 sería ideal. a diferencia de Avendaño. no es.personajes cervantinos. a este modelo literario. 301). En el ma­ nuscrito Porras. para que me imites a mí: antes para que. a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos». especí­ ficamente. cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo. la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). sucesos inusuales. que aquesta confesión general que hago. esta «buena vida picaresca». . ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9. por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica. lógica. países extranjeros y caminos siempre diferentes..

. «En la venta del Molinillo [. otras. «Cervantes y la picaresca». «Introducción». Sevilla.. Quijote. como D.] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia.. por el acaso» (Blanco Aguinaga. el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0..]» (308. Quijote.]. sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. Así. deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas. a veces pro­ bablemente m uy sinceros. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . para emular las de los libros de caballerías. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo. enamorados de las novelescas aventuras picarescas. «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida. para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [.y en la astucia. vol. entre otras cosas. se hallaron [. I....]. imprevistas. a veces forzadas. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas.]. Andalucía.. que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. “romerías”. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales. al azar. 338). entre otras cosas. «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance.. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres. p. 33). como vamos de Castilla a la Andalucía [. sin las molestas preocupaciones. desde que se encuentran. el primer padre fue alevoso [. Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce. 34).. que es todo el que los rodea. [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (.) sirve. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco. N o ­ velas ejemplares. «los dos m uchachos [. otras. de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca». Rinconete y Cortadillo. quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas. pues. el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón. p..] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años. al menos por un rato.] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso.. de moldear su vida. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”.. las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales... que considera verdaderas..] se van a dejar llevar. pero. Sin embargo. 339). huyen de sus hogares.. D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache. casi siempre. este ¡«almíbar picaresco»! (301). A diferencia de D. peligrosas y.] serves»..

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
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procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

. cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458).. Sayavedra dice que «el pecado [.] y así se iban corridos [.]».. particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos. si acaso por el aprieto se le caía [.. tener paciencia.·.. etc. antes con rostro alegre.. U n a mano lava la otra y entrambas la cara [.]..“oficio”.... En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo.] benardinas.].]» (458).]. refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [..]. en su buen discípulo..]» (838)... le dije [...] (457). Cortado le marcó por suyo [.. día de juicio hay [.. únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[.] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S. ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos... ..]. que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [... “profesionales”. Martín... típico m odo expresivo de Sayavedra. en «jactancias en el hablar» (460). lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 .. con que «embe­ lesa» a sus víctimas.] con extraño disimulo.. es decir.. y donde las dan las to ­ man».] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado.] tener paciencia..] no debe de estar perdida [.] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461)... que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día.]. (459).] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses. acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [.]. Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes.. como sus cómplices.. Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo».... sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [.. que de menos nos hizo Dios [. Cortadillo: «para todo hay remedio. respondió: [.]. Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos. con media capa menos [. le co­ menzó a decir tantos disparates [.... posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[. si no es para la m uerte [. He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra. que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [...]. sin al­ terarse ni mudarse en nada. el sacristán le miraba de la misma manera [. y sin turbarme....] esa bolsa [. etcétera (838).. pero siempre salvándose de algún modo del aprieto. A menudo utiliza refranes.. sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [.

En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso. con la víctima tan desprevenida. quien. en efecto. por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836). 20 Sin percibir la imitación que sugerimos. por «generosi­ dad».. pues tan extremado cinismo resulta. a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores. pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final.de la camarada» (836). por parte de Sayavedra-Lujan (385. que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje. sino más bien en el programa picaresco. Prescindir de este lance. 391). excepto si no se presupone radicado en su ánimo. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis.Poco antes de llegar a Sevilla. D e acuerdo con nues­ tra tesis.. ¿no equivaldría. D u n n advierte que. con tan cuidadosa. en verdad. según recordarían. al terminar el viaje. En suma. ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán. admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente. a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí. es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. como si fuese convenido desde el principio (295). 174). de algún modo..] parece m enos simpático y más de acuerdo.··]». pese a todo lo entretenido del engaño. el arriero. lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos». . Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res. las «memorias» de Alemán. «medio amo [. ya están contemplando20. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. uno de los caminantes. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». literario. en circunstancias tan oportunas. en su carácter. p. entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. 126-7). algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [. con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes . «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. pp. con que consideran pro­ pio. pues.. que de se­ guro.]. en cam­ bio. «me­ dio amo» de Sayavedra. Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». tal com o en el Q uijote. le exigió pago. inesperado. esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño.

. y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. prácticas.. un cuello [.. “mangas”.] en el seno se le parecía un gran bulto [. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego. Al salir de su casa.]. de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”. “hatillos”. «Vestidos de mezcla» (324). rotos y maltrata­ dos» (834). el otro. Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne.. festi­ vas. vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). se deshace de sus vestidos. con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”. A todas luces. no teniendo «mucha gana de volver a los suyos. que al hombre pobre ninguno le acomete. los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. Por esto.. observa Guzmán (324). quien. un sombrero sin toquilla. sabe mudarlos con la mayor destreza. for­ mas. Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar.. quien. antiguas funciones.. auténtico camaleón en los vestidos.] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto. explica Guzmán. para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas. proveniencias. pero engaña de ordinario». que donde falta conocimiento el hábito califica.. hijos de familias “honradas”. bajo de copa y ancho de falda [.. y recogida toda en una manga. para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4).«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido. particularmente a los picaros “novatos”. colores. como podría decir con más razón que nunca Guzmán. pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas. ni de ser ha­ llado dellos».. una ca­ misa color de gamuza.]. Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz. en que traen ropa “para rem udar”.. [al] otro [. etc. que todo parecía hilachas» (834). Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924). según se lo piden las cir­ cunstancias. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa. como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo.: «Traía el uno m ontera verde de cazador. bien es verdad . encerada.

. se queda «sin capa». al «destino». obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834). Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». siempre enigmática. aficionado a mis . a la «fortuna» [. suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí. ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez.. de manera que más le servían de cormas que de zapatos». en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo. El nombre mismo. Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254. Diego del Rincón. de lo cual hay repetidas menciones en la obra. 435)? A la “suerte”. 320.que lo enmendaban los zapatos [. aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. por habérsela robado en una venta. dio noticias de mi habilidad al corregidor. pero convencido de que «contento no existe en el mundo». ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269). buena o mala. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida». coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria». en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. y. inescrutable e imprevisible.]. según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). claro está] (323). sobre todo. inveterados. sin suelas. que los tiene «arrinconados» (269. se queja Cortado. que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”. desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán.].. 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835). Rincón y Cortado parecen espantajos.. y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. asimismo como Rincón. que el mozo adopta para su vida picaresca. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834). quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835). coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). el cual.

suele consentir: «Sea así [. «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm. por ser humilde. sino. «señor gentilhombre». a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre». tam­ bién en esto. «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835). y Sayavedra: «me reconocía por amo».. Mas aunque no me lo mandaran. pp. que es el “mayor” de los dos. casi siem­ pre.. «señor mancebo». itinerarios: «Allá vamos [. Cortadillo y Berganza». la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos. 108). por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán.] y serviremos a vuesas mercedes» (836). 324. y. que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. pp. en efecto. 22 D e tenerse en cuenta. procuré de no verme con él. y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5). En efecto. 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. «señor». ha dicho [. Esta relación. no quiero tratar con personas tan graves. así habla Rincón. armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835). «vuestra merced». cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852). Y Cortado. N o v e l to Rom ance.)..]» (836).buenas partes. «información de hidalguía» (323. acreditativa de su nueva vida pica­ resca. . que. 32-36. También la tendencia morali­ zante. de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen. dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22.. y así salí de la ciudad» (835-6) 21. Con «vuesa merced». mas yo.. 29-44). esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra. en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero. señor Rin­ cón. p. es aceptada por ambos mozos como natural.] como vuesa merced. el “me­ nor”.. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas. quisiera verme. el “m ayor”. etc. de un remedo fiel de esa incongrua. «se­ ñor caballero». en cuidado lo tenía.

diferente de la nuestra en su premisa inicial. aburrida. E n su interesante "lectura” de la novela.] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados. Ambos concluirían. Sayavedra y otros picaros23.435. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos.) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar. ¡cuántas más mejor!. pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836). 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. no importa si aldeana o urbana. esa «vida estrecha». sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto. pero utilizadas por los picaros. Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas. quienes. en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia. Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”. 61). para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38). C om o señala también L ópez Estrada (ibid. sabiendo leerse los pensa­ mientos. pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios.. es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836)... cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello. hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo». 453. Las palabras son “cortesanas”. que a la postre los empujase a escaparse de casa. p. T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. en familias ricas o no. uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse. sino con la pretensión de ser auténticos picaros. etc. De todos modos.. pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321).). López Estrada observa: «los m ozuelos [. algunos personajes intuyen la pretensión. Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca. Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). . aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas. 461.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [.

y C.. está distanciada de la sociedad». en realidad.] ha de ser perpetua. Since the m ask itself represent evasion:. R. R. y Rincón a él. y de que son muy conscientes. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. Y levantándose Diego Cortado. que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro . Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . y no por adversas circunstan­ cias sociales. ho w ever. se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas. en sí. y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero. no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción.. en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. el robo al francés. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino. Rincón: «pienso que habernos de ser.. Todo lo contrario. comencémosla con santas y loables ceremonias. abrazó a Rincón. Ya que la máscara m isma representa la evasión.). Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia. 36). verdaderos amigos». Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise.] [asegurando].] . «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron. indistinguibles de las del modelo literario. [«A diferencia del verdadero picaro. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas.. tierna y estrechamente» (836).Entregándose. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. de éste hasta el último día de nuestra vida. etc. y C. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). único fin de ambos. pues. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [. económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal. pero esto. sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte. con el estribo [. Quizás todo sea muy sincero26. pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255). p.

ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura. pero. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran. Ocurriría así com o con D . así. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz.tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos. Después de la treta con los naipes en la posada. com o en el engaño al arriero. Q uijote. en la interpreta­ ción de Van D oren (D. juguetón. y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. como. con propósito y convicción ab­ solutamente serios. «temoroso» de que los perdedores. de hecho. deciden repudiar la vida picaresca28. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 ... sentir y. p. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo».] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). al reconocer su esencia. le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [. «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. Q u ix o te ’s Profession). según la práctica picaresca (462)... Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad. como es natural.]» (836). aunque qui­ zás las evoquen íntimamente. no cabe pensar en un propósito imitativo. es m uy posible que en ocasiones. Según ya se ha sugerido.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. resultan inevitablemente cómicos. Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura. quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás.. a diferencia de éste. saltaron delante de las muías y se fueron con ellos. gracioso. que les hacen imposible. sus intentos de asumir unos caracteres. ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial. asimismo como D on Quijote. unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos. Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que. Guzmán. Claro está. . a los cuales todo su ínsito alegre. Así.. 6 8 ). por ejem­ plo. dejando al arriero agraviado y enojado [. por ejemplo. Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. el gran concurso de gente del río» (836). el pesimismo y el cinismo de éstos. «Ver» ciudades. «como necesitados».

. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro. les da sobre las prácticas. que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29.]. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836).rarse» de sus «cosas curiosas». casas.]. . ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [. quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán.. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos. «en especial y primero su iglesia mayor». y si era de mucho trabajo.. una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia. ríos. fuentes. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos. con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey»..] toda la lección» que un mozuelo. para con ello ganar de comer» (321). G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón. lastimar. los lugares. tan exaltados en Guzmán de Alfarache. Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella. «cuya vista les hizo suspirar. de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles. con óptimos resultados: «Dime tan buena maña. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321). y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836). las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación. palacios. «toman bien de memoria [.. de quien comencé a tomar liciones.].]. A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid.. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. bosques. [. Sayavedra y otros picaros dromómanos y. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río. plazas. De todos modos. informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél. que no sabré decir» (432-8).. a menudo. y de qué ganancia» (836). fue tanta mi alegría. jardines.. obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. los instrumentos.. asimismo como Guzmán en situación análoga.. estatuas.. cómo había de compadecer [. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid.. el «asturianillo». Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma..

. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro].parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad. nuevo es en ella. a darse avisos. así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles. entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456). 342). que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837). esto es lo único que los dos buscan. Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [. Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos. ayudarse. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro.. le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [. quien «hacía confianza de mí. Desta continuación y trato [. Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [... éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma... por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837). Evidentemente muy consciente de tal “error”. y apar­ tóme a solas [.... pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309). y quien «se contentó [. contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [. y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda».].].] de la buena gracia del mozo. diversión.]. enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba. dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre].. se encuentra con un soldado.. cómo me llamaba. “liber­ tad”!.] me cobró amistad. y díjole que si quería servir. Como esportillero.] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30.] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras... quien «cargóle muy bien. de lo cual se arrepiente mucho. examinó mi vida. a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse». Guzmán encuentra a un «despensero».. Por esto.]. . y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309). de acompañarle». Mu­ chas veces me lo dijo..]. sabe poquito y nos destruye [. cuándo y a qué había venido». sabiendo de dónde era.. 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo... Y Rincón. Destruyenos el arte [.. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase. Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero. como esportillero. según se viene viendo cada vez más cla­ ramente.] al cam ino a la ventura [..

seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada. dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [. A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio». requieren explicación..]. indirectas referencias. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [. pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas.. y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla». según se verá más adelante. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar.] Pues yo se lo daré a entender. com o m odo ejemplar de vida. o no? [. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes. Este mozo de la esportilla desempeña. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio.] ¿No lo en­ tienden? [. pues. rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio. . di­ recta.] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve.. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839).advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores». y beber. la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día».. pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [.] por escrito [. para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). algunas funciones del “protopobre”. con pintorescas voces germanescas —que. «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia»....] las ordenanzas mendicativas» (342-3).. como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9).. deformada.. pero sincera com­ prensión del mundo.. que se describe sólo con unas breves. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste. vaga. ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [. en que explica su extraña. Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo. para los novatos. quien empieza a examinarlos: «Díganme.]. Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?». a su vez.]... Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31... mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal.. con una cu­ charada de plata [.

Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante. atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes . que muero por verme con el señor Monipodio. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán.. «Sobre el realismo cervantino . Este Capitán no era como esas «palas [. dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [.]. al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías.. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [. y su amparo» (839). Rinconete.. que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”..... p. Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre. y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare.] es santa y buena [.]. pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839). ¿no es peor [. que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo. creador de la novela corta española. de la novela de Alemán.] nuestra lengua. pues.]?» (346)... Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela.. De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [. su jefe. pero.tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [. vaga.. inexplicablem ente. tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33.] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio]. éramos de él amparados en cualquier peligro [.. provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [.. según Sa­ yavedra. N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [. nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia. «su maestro.]. Tendencia...]. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io. jefe de la cofradía maleante napolitana. A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial. «era [...].] ser solomico [sodomita]»? (839-40). La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio.. dice: «vuesa merced alargue el paso...].. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32. la orden que tiene dada Monipodio [. «que de suyo era curioso» (846)...].. 8 8 ).

y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839). Cuando Guzmán llega a Roma. R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón. donde asienta los préstamos y las deudas. y su fi­ ciente» en ella. al dar la “bolsa” al alguacil corrupto.] en todo siempre» con sus cómplices (459). junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della». coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa».sacaba sólo «su quinto. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo. N u eva versión. pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [...]. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae. con que mantiene «buena cuenta [. p. sus derechos. D e allí se fue al notario. 34 C om entando este refrán de M onipodio. sin defraudarme [. reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio. quienes. inspirado en la historia. inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir. dice Monipodio. En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. en otra versión. quien. «generalí­ simo nuestro [.]. El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”. según se desprende de las «ordenanzas»..] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345).. así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio. con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459).. 414). H ablóle [. según se verá.]. 441). justo será que le dé una pechuga». según le pertenecía [. Este símil.. derivada de las dos antiguas. reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p. «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar».. es Micer Morcón. dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo. hábil. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina. .]..... —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459).. m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461). — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. con estas buenas palabras y su mejor favor. El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. quien es tan «calificado. El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. «de todo aquello que por su industria se hurtaba. llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846).

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
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de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

p. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes. los dos quieren hacer la paz. el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora... acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. dando por excusa que [. es refrán vigente en el m undo hispánico. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158). le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [.. ed. estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo». como toda “genuina hembra”.. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber.]» (La n ovela picaresca española.]. diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. sin excusar ni recoger hierros». y levantó el brazo amagándole un bofetón [. 661). Desahogada la furia. la “honra” de todas las partes. en G u zm án de Alfarache de M. honor. deshonradas. Así..] que no lo puedo más encarecer» (846)53.. quien acaba de matar a su primera esposa. que debía de ser el respecto. con el correspondiente comentario del autor... afrenta­ das. sino también com o evidencia de amor. H íz o se m uy bravo. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean. pues hay que salvar. entonces nos adoran» (163)55. la “dig­ nidad”. pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”.]. crueles. dejando tal decisión a él. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. que las venden y empeñan. si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847)..sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. de­ jándola «por muerta». por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho». que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54.]. cura con ella mi vida estando mala». 53 54 . tiradas de unas partes en otras [. sujetas a los hombres malvados. sobre todo. “intransigente”. La Cariharta se mantiene “ofendida”. aunque referente también a otras relaciones de familia.. A. corridas. pues. el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. con la pretina. etc.. pero más se embravecía echando verbos. Gutierre. abofe­ tean. Y ella desea mucho que él le pida perdón. En la última escena de El m é­ dico de su honra. L u­ jan: «el uno. Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios. Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. después de «tantos azotes. m ostró enfadarse [. que «a lo que se quiere bien se castiga. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». la Cariharta com­ prende. pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda. Valbuena Prat. que dio a la Cariharta. prometiendo castigar ai culpable. en El teatro de Cervantes.. claro está..]. pero esto no es nada fácil.

¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!. Sin em ­ bargo. mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. que si se hubiera imaginado que se decían. sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. El Repolido: «También tenemos acá pandero [. Lope de Crespo. jornada I.. atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche. literalm ente. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes).]. Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros. y más cuando ven que se 56 Sayavedra es. a su vez. pero en la realidad. escena 5).. sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [.. también jura com o yo». jornada II. que ahora hasta habla de casamiento. ladrón de «palomas duendas» (457). Reto por reto. no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847).. La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„. «¡Ea boba [. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”.]. la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar. se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería. Y al fin. cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes». . a m enudo.. Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos.]. fanfarronas.. dice D . no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido». amenaza.nina”. y. aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos.]: ¡Vuelve acá. (El alcalde de Zalam ea. caballeros [¡!]. Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. radicada en la vanidad. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare». Monipodio la ayuda a detenerlo (847). valentón del mundo y de mis ojos!». pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [. última escena. 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano. Es esta clase de posturas externas. quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta.]» (847). amenaza el Repolido... "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 .. con esa «sotomía de muerte».]. cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa». en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer».. Monipodio amonesta. temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”.

. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59. la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [. Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61.. Traducidas en clave pertinente. dense las manos los amigos.0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos. frecuentan las comedias. por ejemplo. una «escoba de palma». tan sin trastes.. nunca inventaron mejor género de música [.. hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música..enojan los amigos». re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas.. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [.. todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”. con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. ni el otro gran músico [Anfrión] [. revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor. ritmo.].] en el concurso de gente» (457).]. ¡Diálogo encadenado. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. como en las comedias! También Chiquiznaque. si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo.. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos. que se pica de ser un Hector en la música» (848).].]. más barata» jamás inventada «en el mundo». como todos los “cofrades”. . también ellos han oído rimar y pue­ den rimar. Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo. 1.] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [. cla­ vijas ni cuerdas. y tan sin necesidad de templarse» (848). Sin embargo. como en todo. ¡Reconvención rimada.. con variaciones de rima.. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín». ni el Marión [Arión].. un «plato» roto... «un galán de esta ciudad.. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [. ya divulgada en toda la sociedad. 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes. y pues todos somos amigos. como también en otras partes. Maniferro.> (4 1 7 ). su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas. de una admiración de las innovaciones lopescas. Monipodio. Los ignorantes “picaros” se harían así eco.

brutales relaciones personales. de un m odo u otro. Su mirada aguda se concentra. irrelevantes para expiar la ofensa64. a m enudo. . basado en tan precarias.. decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!.les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”.. hay m uy penosas. “H onra” que era. con frecuencia. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes). Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar.. canciones. cuando no trágicos conflictos humanos (631). dignos de emulación. esto es evidente [. por esto. en todos sus aspectos esenciales. y que Cervantes condena. estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral.. re­ gocijos. al sentido común y a la razón. M Véase nota 58. sobre todo. también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. En el m ism o fin “feliz”. por inmoral. dilemas. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”. cómicos. (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [. y que. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les. A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz.. si el enojo es grande.. Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta. A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [.] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos». iróni­ cas implicaciones. con banquete... una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad.]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ». P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente. solía causar super­ fluos. que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2. técnicos del teatro contemporáneo. Como en otras obras suyas. claro está. y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente. 85063. 113). desenlaces de las comedias de honor. que se re­ vela. habla el autor por boca de su personaje [.) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme. en efecto.. es el gusto más» (1848)..]. p. supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas.]. 62 L op e..] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [.. pues «sería un gran cargo de conciencia». irracional. música. en efecto..

repelente al lector atento. a la virtud. que se exige aun para las em­ pero.. D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. El “asturiano”. el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837). En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la. Así. etc. 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes. claro está— «Pues. continuas. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer. com o en todo. de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. pero no para que de ellas saliese «el oyente [.] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. 457). reformadora... se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa. Ciertamente.Muchas «comedias que ahora se usan». exaltándolos como heroicidades. evidentem ente. con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega. «respetos» de aquéllas. pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. al sentido común y a la razón. Respecto al banquete. 1253) contemporáneas. La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. 351. ( G u zm án de Alfarache .. para divertir de cualquier modo al vulgo65. un «es­ pejo [. Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. convirtiéndose en influencia negativa. asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social. C on este trasfondo.sangre).] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). ¿había de faltar. enraizados prejuicios individuales y colectivos. peculiares de los clientes. . diestro mío? [. mecánica. en suma. de hecho. «respondió la Gananciosa» (843). por ejemplo. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54). pero las “comedias” que los refle­ jan. eran. «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan. sin ver comedia alguna..). por rústico y torpe que sea» (ibid.] de las costumbres» (Quijote. sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. de las más deplorables. «despoblando gallineros». que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare.. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. pues.

en rea­ lidad.presas más insensatas e injustas. sin nin­ gún escrúpulo. 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males.. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden. Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). siendo un hombre bárbaro. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. una ridicula. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás . “educada”. La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad. tan sólo una diferencia. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. rústico y desalmado» (852 )66. Hay. al m enos en m o­ m entos. mientras que la sociedad “normal”. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. en todas sus manifestaciones esenciales. hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). quien después considera necesario y justo emularlo.. así exime. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano. cuando menos. empren­ didas sin maldad ni cinismo69. una perversa hipocresía o. supersticiosa. hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal. culta. más malos que ignorantes. la falta total de educación. entre otros docum entos literarios e históricos. com o sospechan algunos lectores (Buxó. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. hi­ pócritamente con la máscara del bien. 67 En la literatura erasmiana. se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. en nombre de altos ideales colec­ tivos. hueca práctica externa. H ayes). a la ignorancia del “bien”. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. esencialmente. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. supuestamente educada moral e intelectualmente. La ignorancia. por eso. que. mientras que la socie­ dad “normal”.daré”. . en gran parte. por causa de su abismal ignorancia68. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598).. disfraza cínica. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades. ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67.

[«(. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. que produce el arte. específicamente. la de cualquier congregación humana. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros.gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70. «¡Perdónalos. grande o pequeña. grotescas.. lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». Señor!». 71 F ox habla de un «cracked m irror». sino la de todas las ciudades. apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia. Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano. «donde tenían grande deseo de verse» (836). 140). que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. A diferencia de Alemán. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. que nos divierten. artístico (436). porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. a su espíritu tan corrompido. consciente de la maldad que enseña.. la que Cervantes se propone revelar. histórico. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. en ocasiones. con sus tendencias al mal y al error. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera). y que casi no se mencionan específicamente en el texto71. hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. sin diferenciarla de la lícita. que no son. . La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. Sin embargo. responsables de sus actos. en realidad. la de todo el mundo. y que es cosa muy distinta. al corazón mismo de la ciudad o más bien. Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. que a menudo nos hacen sonreír. curiosos de conocer Sevilla.) espejo resquebrajado». p.

resulta vana. aunque en un sentido más limitado. después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. C ervantes. pp. 449). por la que. Además. véase Rodrí­ guez Marín. supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320. históricas o literarias. incluso los señalados en este estu­ dio. p. como metáfora coherente. 44 ss. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca. Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. R inconete y C ortadillo. sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. en particular. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. Rinconete. claro está. apropiados para construir su mundo de Monipodio. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. la búsqueda de específicas cofradías. 87-8. si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577). 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”. . particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». Es por esta preocupación. cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. como fuentes determinantes de la de M onipodio73. «D iscurso preliminar».tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. convincente. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana. en de­ finitiva. ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. de la hipocresía74. 451). se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras.· por fin. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes. La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte. Guzmán de Alfarache la repudia y. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. Los picaros en la literatura. en la época de Cervantes. Sobre la vida en Sevilla. se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. creador de la novela corta española. en definitiva. pp. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural».

Durante estos meses. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache.. p.. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”. y así.. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector. productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. claro está. decide «pasar con ella adelante algunos meses». le suspendía [. no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad. tan vaga­ m ente sugerido. radican evidentemente. 59. como ya se ha dicho. sin Sayavedra? 76 Selig. como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [.]. del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes. de hecho. N o nos parece una mera convención. en cuya última parte G uzm án actúa solo. Todas las creencias. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. este epílogo76. en definitiva. En esta “última parte” de sus experiencias. pues en ese momento todavía lo ve todo. y otros sucesos de aquéllos de la infame academia. según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia». idealmente. y que. en la ignorancia. la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y. al hacernos especular sobre el futuro. tan inquieta y tan libre y disoluta». el lector—. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura.]» (851-2). Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como. qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846).. p.. «Cervantes y su arte de la novela». por tanto. Por esta ra­ zón. en definitiva. pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”. en gran parte. nos dice el autor. Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es.rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. 585. como los de su maestro Monipodio. 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. “sin impor­ tancia”. al fin.]. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos.. . su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852).

como los que él y Cortadillo efectuaron. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar. y. cuando menos. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo.. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo. mejorables. De seguro también percibiría que los robos y engaños. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. variada. sobre todo por deseo de aventura y juego. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector.. tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. por eso. ineficaz en la comunicación de su mensaje. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. así. Especialmente para los j. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico. que resultan tan moro­ sos. En definitiva. si es que lo deseó de veras. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca. en definitiva. Sugestivamente. Nos parece muy improbable que Cervantes.óvenes. desde el punto de vista moral. excitante aventura y chispeante fantasía. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía . quienes.ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. a relacionarlos natural. ya salían del más auténtico mundo picaresco. de cuya maldad el otro era. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. en efecto. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado. a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. muy iróni­ camente. lo que refuerza nuestra tesis. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. perspi­ caz.]» (391). no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes. como se muestra también en el Quijote. lector sabio.

. Se sugiere. Véase nota 48.. Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales. en la "parte” ya es­ crita. Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas. Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla. 843. pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable». de hecho.de que al ir a imitar a los picaros. el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad. 257). 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!]. pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno».. según se ha mostrado. que casi nunca se deja descubrir. beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841. por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. de seguro. conociendo cuáles eran los habitadores.. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849).] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación. Como diría Guzmán: «[. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». beneficiando a la «cofradía» y. Sin embargo. que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes.. iban a plagiar. los «benefactores». en­ gañosas. Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. esperanzadamente. Parte de la sociedad “nor­ mal” son. una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478). G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»).] cuántos hay que condenan otros a la horca. sobre todo. [. aquellos “ladrones grandes”. confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad. hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. por la política con que son gobernados» (439). cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475). 848-9)78.

«Sobre el realismo cervantino en R inconete ».]. para otro es una «no­ vela [. dra­ mática.]. haber sido conce­ bida para la escena. . teatral» 85. 9 9 . en realidad. observa un crítico. 32.. como en un cuadro.. «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio].. 86 Véase nota 52. siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela». «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla.. 106-7. pp. parcial o entero. en ser su estructura. «Cervantes y su arte de la novela».. p.].]».. 81 Casalduero. «Rinconete y Cortadillo. pero «incipiente [. 444-5. Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. como si fuese teatral. creador de la novela corta espa­ ñola. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 . 1 1 0 . y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [. viñetas [.].] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 . Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. realistas.lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. no comple­ tamente destacada [.. «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. más que novelesca.] con la forma de marco». 61. tiene un epílogo [. p. 82 Varela. 83 R odríguez-Luis. 585.. en buena parte de su acción.... p. «parece.]. 192.]. 85 Ynduráin. pp. particularmente entremesil86.. «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 . D e entremés a novela». Cervantes.. Varios críticos analizan el texto... pp. 84 Selig. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada. pero no Rinconete y Cortadillo [. se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades]. pues lo que se intenta es presentar.... De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo.. y se deja dividir en dos partes [. p. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. cuando ha comenzado [el entremés]» 82.. 80 G onzález de Am ezúa y M ayo.]»81. siempre acentuando lo pintoresco [.

son personajes centrales. en definitiva.. indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. Guzmán de 87 Buxó.. 1984. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [.. a nuestro juicio. pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos. «Introducción». Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía.. Rinconete y Cortadillo. al emprender su “rom ería”. nin­ guna de ellas nos resulta. de representar sólo tal parte. Claro está. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio. a ía verdad. dos "romeros”. cuestionable. sistemáticamente. suficientemente persuasiva.]» (Fernández Gutiérrez. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca. Tárraco. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo. “pacientes”. y en que triunfan espléndidamente. admirable­ mente lógica e ingeniosa de. En Sevilla respiran. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. es explicable la estructura. durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental. Cada trampa o truco que emprenden. a la vez. desdeñable. pues. . aunque. regocijados. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas. es más ingenioso y atrevido que el anterior. ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. Sólo desde esta pers­ pectiva.] al entrar en el patio de M onipodio [. en busca de excitantes experiencias picarescas. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. con que soñaban durante la lectura d e.. ed.. paso a paso. pero. 46). combinadas de un modo excepcional en una obra de género. «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ». la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero.] cambia todo. pero. su función unificadora sería débilísima. en realidad.frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro. Silberman de C ywiner. Tarragona.

A veces.. porque no somos tan ignorantes [.] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848). En la casa de Monipodio...] atentamente» (840) todo y a todos. Hasta en la usual per­ 89 A la vez. que de suyo era curioso [. sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas..]. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [. Evidentemente. de hecho.. de la cual. El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación.]» (846). preguntó a Monipodio [. dice Rinconete.. Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834. la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal. ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo. Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [.Alfarache.. lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal.. al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil. 836)... y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas.. una grotesca cárcel del espíritu y de la mente. según ya se ha sugerido—. .] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839).. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro. con gran curiosidad: «Rinconete. con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas». hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era.. en efecto. Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial.] que su vida es santa y buena? [. si no fue Rinconete.. meditando sobre las costumbres de la “cofradía”.. este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce. en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo. completa libertad.]» (842). Rinconete y Cortadillo «miraban [. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846). que sacó su me­ dia espada» (844) 89.. «Todo es malo».

cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842). íntima diversión.. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios.. Lo que aquí nos preocupa.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. etc. asombro. según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. claro está. burlona. Con incredulidad. claro está. 65-72. se identifica inevitablemente también la del lector. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90.] que vuesa merced. tam poco cumplen con semejante proyecto. últim amente en Silberman de C y winer. tan digno de emprenderse. frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio. Y con esta conciencia moral.] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. contesta Cortadillo. eso creo yo. Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía». pero aun abstrayéndolas. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen. pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos. en efecto. porque era en ex­ tremo bien criado» (849). etc. cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor..vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No. Con estas consideraciones estamos describiendo.. por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho. sobre todo.. Se trata de una conciencia sólo implícita. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851)..]. escéptica. de evidente función satírica y correctiva.. nues­ tras consideraciones.. dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [. Con toda intención. burla e indignación. pp. señor Monipodio tiene [. irónica. que se identifica con una conciencia moral e intelectual. divertido e indignado a la vez. 850). envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías. Claro está. Todo para llegar a comprender bien ese mundo. 848. es destacar la típica . por mis grandes pecados». inte­ lectual. de un lector moral y discreto. que es también la del propio autor. muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía]. (841. el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico.

«dijo» [para contestar.. Sí.. «dijo» Fulano. 17-18).] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [. «replicó».] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [. «respondió». etc.]» (845).. es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo.] y que [. Corneli... pervertidos valores cívicos.. p. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo. sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [. alegría». ínsula. comentar. económi­ cos.]» (843). fluyente. comentarios. iam toto seculo desiderate... políticos. pp.]» (850). aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [. «[.. Cornelius: Salve et tu.. por ver si le podían dar un tiento [. en general.. La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones.].. y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás. pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91.. .. religiosos.. enero de 1968. carácter picaresco.. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [. que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés.. De todos modos.]». siem­ pre directas.]» (851).].. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio. Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina. 44). animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X.. y.. contestaciones.. que son típicamente eras­ m ianos.. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana.. preguntas.]. otra —respondió Rinconete [..pues. con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y.. aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o. van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum . «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [. Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural. mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó».. y díceme que viene mejorado en su arte [. mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos.

consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. de la conversación. Se podría contestar que no lo hizo. de actualizar. no únicamente. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios. como es natural.. Así. en el alma de Rinconete y Cortadillo.. que se constituye. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. pero. hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada. con la función fundamental. para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros. además de servir para la introducción. .mucha más frecuencia... hacer cuanto más candente el problema discutido. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano. de hecho. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. De habérselo propuesto. su Coloquio de los perros 92. aparición. porque quiso escribir una novela. que fue a quien le hicieron la pregunta. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. sobre todo. «y a una voz los confirmaron todos los presentes.. particular. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos. según lo demuestra.. de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura.] decía que era grandísima afrenta [. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [. res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [. «Un muchacho asturiano. dramatizar. salida y. A todas luces.. nunca satisfecho por completo con lo recibido.. por excelente que esto fuese. consonante con la de la obra entera. que toda la plática habían estado escuchando.]» (837).]» (842).]» (836). se pelaba las barbas y [. en sus variadas formas. en general.

. de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación. en­ tró en una casa no muy buena [. no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [. cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores.] (836). más no de grasa y malicia» (836).(«salió en esto un arriero [. banquetes.. emociones. pensamientos íntimos. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838). sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52)..]. de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [. saltaron de­ lante de las muías [. «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843)... ni les descontentó el oficio. los vestidos. de muy buen entendimiento [.]». la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias.. volvió Rincón. músicas. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840).]» 836). para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [..... con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro.. observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido. 844. y tretas. que el personaje no puede. y para su comentario final: «Era Rinconete. con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93. de modo importante. con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”. afei­ tados los rostros. 847).] la relación del asturianillo. y halló en el mismo puesto a Cortado [. «todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843). así como lo es el de todo proyecto humano. y sin más detenerse. para la descripción de fiestas...]» (837)..]» (843).] (840).].]... llenos de color los labios [..].] (834). comidas. en suma. estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [. «Maniferro porque traía una mano de hierro [..... para revelar motiva­ ciones. A este res­ pecto. 837... sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [.. etc. aunque mucha­ cho.]» (838). la condición física de los personajes: «dos mozas. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja. por parecerles que venía como de molde [.. objetos materiales (840. «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado. 836. sentimientos.. y. para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [.].... .

como únicos justificados. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos. sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas.) —dignos de un detallado estudio—. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. y nuestro libro. auténticos cuentos. las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. pp. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. Todas estas intervenciones novelísticas. discreta. se trata de un nuevo. mutua fecundación94. The E arlier Renaissance. que. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros. convirtiéndolos en vividos relatos. pp. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. sabía. Se expresa con ello. D esde nuestra perspectiva.vicisitudes del tiempo. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano. tonos. reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo. producién­ dose una extraordinaria. constituye un característico. que se han indicado sólo de un modo muy general. explicando que. 81-84. cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. creador de la novela corta española. com o tales. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales. . Saints bury. simultáneamente. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. como. etc. Véase G. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. 1923. 104-60). los amores desastrados de la Cariharta. etc. estados de conciencia. Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos. claro está. con aguda. también por ello. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. no­ torio comienzo de los Coloquios. Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. de hecho. anécdo­ tas. Edim ­ burgo. originalísimo tipo de novela. por ejemplo. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata.

la ascendencia del Persiles en el Am adís 3. pero siempre identificable.] la virtud y la hermosura [. Por otra parte. Novelas ejemplares. Suma cervantina. pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías. Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina». consecuentemente. Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. 3 D e hecho. La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas. entre otros. pero por parecer éstas. de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen». El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca.LA ESPAÑOLA INGLESA «[. como también el deseo de estimular su «revitalización» '. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector». pero su inspiración principal es la novela bizantina. «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote . (La española inglesa) El hecho. Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda».. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación». y. p. revitalizado en sus preocupaciones. por completo “disparatadas”. tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. 201-203. a menudo. A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1.. 770). específicamente como libro de caballerías. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. 125). en sus características fundamentales.. 248.. pp. En lom o al Q uijote. y «no para la reimpresión de los ya publicados». N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería. excepto en esporádicos aspectos y detalles.] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos». depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos. a ese tan “razonable” programa de revitalización. 2 . actualizado en sus temas y asuntos. Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias. Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías. I.

Esta pieza se escribiría así. reunión feliz de los amantes. pero. p. entre otras razones. pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. Sin embargo. Sin embargo. en una obra narrativa. se revela de manera clara. como cualquier otra materia. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. incluyendo la no­ toria técnica narrativa. estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. encuentros inesperados. 8 Sólo al final de la novela. separaciones. experimentalmente. se dem uestran en extremo especulativos 5. en efecto. en El gallardo español. tienen licitud literaria. Eisenberg. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. I. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. en definitiva. supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. ejemplar. «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías».la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior. logrando crear con ella. subor­ dinados a un específico fin ideológico. vigente. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. 7 R od ríguez-L uis. además de ser muy esporádicos y débiles8. un auténtico drama psicológico. Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. según nosotros.. vol. Cervantes pensaba evidente­ mente. con aventuras por tie­ rra y mar. filosófico y estético. El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. sobre todo. etc. por su función peculiar en la obra. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina. 4 5 . al relatar Ricaredo sus experiencias. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. artística. ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. peli­ gros y dificultades continuos. anagnorisis. 6 Véase nota 4. 51. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7. a base de un texto hipoté­ tico.

se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. Ebro. una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9. com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. Suma cervantina. con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. en parte. pero no declarada durante mucho tiempo. auténtico nuevo Amadís . N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. López. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama. 1963. 203). el proponer com o futuro m odelo literario. porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. 10 A m adís de Gaula. p o é ­ tica de la obra. p. pp. Aunque en esta empresa. «Persiles y Segism unda». en un libro de caballerías moderno. Zaragoza. en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. ed. que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis. Toda las citas de esta edición. pero es más bien improbable. un lugar entre R om a y F loren cia (872). encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación.se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. V. . pero no afectan la consistencia esencial. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. constituyéndose. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico. significativa e ingeniosamente innovados. respectivam ente (25) 1 0 —-. 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. por boca del canónigo. Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. I.

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

. en la relación amorosa. porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte. abrazándolo. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos». en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento». perdonándole todo. Se evidencia. profundo amor humano no es distinto del Divino.. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares.] (870). El genuino. con él se funde. precedida de otra. y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. gri­ tándole: ¡«Detente. no puedes tú ser religiosa»! (871). Por esto. lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano. al ir a tomar el há­ bito religioso. a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53).no haya llamado la atención de Azorín esta escena. tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. Isabela. no menos espléndida en que Isabela. preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto». recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. p. Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870). Isabela. porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y. como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus. En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20. que mientras yo fuese vivo. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética. escuchando sus «discul­ pas». Aunque no se trata de un auténtico amor místico. con elocuente simbolismo. Aquel mismo «gran encendimiento de amor». se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo. detente. sobre todo. 129. El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos.. que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino. su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer.

en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22.]. pp.'ll. para que la leyesse su señor arçobispo» (873). Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce. com o los «herederos de un hidalgo burgalés.. Cabría obser­ var que al “historizar” su novela. Escocia. Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos]... Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos. su legítima mujerl [. etcétera. seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito. Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares... L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar. A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos. etc. cap.. pp. 1966.] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado». 287290). Los convidados a la boda fueron a la iglesia [. «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote.. ubicando la acción en varios países europeos y Argel. I. p. ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos.. porque pensaba que ella ya no volvería [. 31. amenazadas por la piratería mora. En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos. libro de caballerías ejemplar. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor. se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo». y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica. Inglaterra... «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [. .. 47). A las descabelladas. Frente a la Iglesia. Cervantes responde en La española in­ glesa. A l acabar de narrar sus experiencias. “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos. 7-16. Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [.].sión de un cuento popular de las zonas costeras. «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ». [viendo] a su marido al lado de otra mujer. El maestro Elisabat así lo hizo» (121).. Al fin decidió casarse otra vez. «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares.] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes.] yo soy Zala. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved. Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21. Ljubljana.. que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia. etc. vol. 22 En el Am adís. «ínsulas no falladas».].

25 Riley. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama. tan cen­ surables para algunos lectores26. siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. de m odo ele­ gante. notorios25. . de acuerdo con conjeturas probables. también. coti­ diano. lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española. amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. poetiza la historia.. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas. pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). p. «En torno a L a española inglesa ». p. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales. En base de éstas.. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas. casi alegórica. pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. 60-61. La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. lo cual. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. 26 Pabst. Se ilustrará más adelante esta sugerencia. según tantas veces se dice. ora idealizantes. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). desinteresada del detalle “realista”. artístico. poética en el planteamiento del problema fundamental.cia peculiar”. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias. pp. a la vez. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»). com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. C ervan tes' Theory o f the N ovel. se nos presenta. para poder deleitarse al oírla hablada. con suma gracia. por Isa­ bela 24. poética.27. por ejemplo. razonables y. en los supuestos humanos. pero que. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas. insistentes. la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. sin ser capaz de relatar. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción. a su vez. sus experiencias al fin de la novela. 123). 385. Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados.

para cual­ quier hombre. como. una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . p. pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [. de hecho. pero esta posible intención correctiva se subordinaría.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX». es plausible que su insistencia en los detalles bancarios. pp. claro está.. 14-15). con toda probabilidad. I. pues. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. para todos esos “pisaverdes” que. pero. I. de hecho. para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. fue restaurado su perdido crédito. Significativamente. 29). a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. en parte. les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial. N o vela s ejemplares. en La española inglesa. pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. según se ha mostrado también en este estudio. Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. cap. com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. 133-134. Considerando el específico género literario que Cervantes emula. al menos de modo complementario. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote. le rondan de continuo la casa (869). se interpretan a veces. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles.. 3). la deseabilidad de la joven. como generalmente en las obras cervantinas. La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. Es. y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. a otra preocupación más imperante. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». pp. en la época en que se sitúa la acción. en todos los sentidos. n. Sin embargo.] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». directo entre los dos países. Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. alguno de los cuales podría representar una tentación. en pocos m eses. económicos responda.

. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. católica. barrocas o no. si ya antes no la consideró. también La española inglesa. Lo demuestra. poesía. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella.. penetrante. a todas luces. Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”. quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. La historia escrita por el poeta es siempre. Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela. hay personas buenas. de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste. feroces enemigos de los católi­ cos españoles. «La literatura y la historia».. cuando la española le parecía la más hermosa. ante todo. ya por el hecho de ser ésta católica (864). como ocurre en algunas otras obras cervantinas. Como lo es «la camarera mayor». como lo observa. espléndidamente. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo. por desgracia.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30. 3í Casalduero. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres. y la misma reina Isabel. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes. obra poética en que palpita viva.brio en la composición. delicada concepción lírica. quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô. porque ahora así le conviene. entre otros. es mucho más exacta [. Baroja: «La tenden­ cia [. cuando ésta es robada (854). y no en la historia.] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. 125. como el conde de Leste. p. por orden de la reina. sólo por su belleza. quien se apiada de los padres de Isabela. .. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. esencial que los mismos manua­ les de historia. Al tener que llevar a Isabela al palacio. no se percibe. pero antes. así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. española. estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo. de fondamental. tiene «mucho temor» de ser castigado. Por otra parte. «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). en realidad. en el país enemigo (856). Sentido y form a de las N o vela s ejemplares .

vigoroso de sus nobles ideas. «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). Otro texto que. con toda probabilidad. etc.. 702707). víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. dispuesta a la búsqueda ardua. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes». con muchas de sus fórmulas narrativas. en su propio mundo. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. de que el genuino sentimiento cristiano. fervoroso.que casi tenía concertado» con aquélla (855). según se ha mostrado con algunos ejemplos. olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. [«L. por otra parte. que es el amor entre toda la gente34. pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. Por otra parte. también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . propagarla cuanto más en su propio tiempo. robada durante el saqueo de Génova.] Los Acforni. hace evocar al de A m adís . después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». nacionalistas. Tam­ bién el autor omnisciente. se mantiene viva en Cervantes. 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra». quien considera urgente expresarla de nuevo. p. «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa ». Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa.). continua y bella del más su­ blime Grial. siempre revolucionaria. raciales. el nuevo libro de caballerías de Cervantes. 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís . el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que. envueltos en continuas guerras fratricidas. intuye el "irenismo” de la obra Soons. pp. son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. de buena volun­ tad. 131). B an dello. Vives. p. . en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna.

p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi.. hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese.. una fig liu o la m o lto bella.) m u y Bíen la len gua española. c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España. 703). «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . ] che L igu rin a a v e v a v i- .] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [. A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola. Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad». y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa. y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » . p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella». 3. Sín em bargo.. n o b ile d e i p r im i d i G en ova.. E n España. de la más alta n ob leza de G én ova.] tra qu este due n a z io n i [. q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora».].. to d o el día deseaba volver a casa»]. sin olvidar la suya [..» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra. «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». d 'età d i n o v e o dieci anni.. Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo. [«ella. 863). P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a.]. por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a. «entre los despojos [. n o perdía la española. aún m ás. seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»]. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. durante el cual los ingleses llevaron. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702).] spagn uoli e gen ovesi» (706). «figliuolo d e l duca d ’A l v a ». e [.. p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire»... 197). v id e il n e v o [ . a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz. io ta n to sto la riconoscero bene.n a cid o e n L ond res. según C ervantes. dislacciata la v este . cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854. c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ . y . p o c o más o m enos [..] una niña de edad de siete años. adm irada y querida p or A lfo n so . com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita. al ser arrancada de su patria. el caballero inglés que la raptó.]. de la edad de nueve o d iez años. 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»].. a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » .]. «Era de tan buen natural. que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(. Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » . [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella. regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702.. « D e esta manera. y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»]... sa­ qu eán dola despiadadam ente. E n Inglaterra. . de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia.p ita n generale in Ita lia cesáreo.. dice la m adre de L igurina.] d a certi fa n ti spagn u oli [. a unas circunstancias más verosím iles.. y fu e llevada p or m ar a España». hija de «gente principal y de valor» (177. «Se q u esta è nostra fig liu o la . éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702..

con siete u o c h o p elos negros (..ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [. abrazándose con ella d io una gran v o z . a pesar de to d o s los regalos y atenciones.]. d esenlazado el vestid o. así. O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—. es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes.... y sin m irar a resp eto. tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s..]» (863-4). (.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e ...) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas.. n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él. c o m o p or m isteriosa in tu ición .) entre ellos este hijo del duque de A lba... a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela. la cual señal acabó de certificar sus sospechas. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a .. “raro in­ v e n to r ”. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía. T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o. che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores. y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde.. n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4). la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina.... y vien d o claram ente ser Isabela su hija. que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [. dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d .].. que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [.. se lleg ó a Isabela... v io la marca de n acim iento que L. a sus qu eridos y añorados padres (702.. tenía cerca dei om b lig o . en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven. tam bién abandonar la vida en España que. encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres]. no le ha « m ai piacciu ta» (704).]. a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova.. y .] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta .] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860). y ésta. desem barcó en G enova»]. sabía con toda certeza que aquella era L. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire».. juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [... diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre. El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [..].] n o he de hallar [. La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y .. Según y a se . y a c o n o c ie n d o a sus padres. se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera. q u ien con su L. La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas. com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [. p orqu e [en] m i patria [. L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so .). en m o m en to m ás p rop icio (704-5).. y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [.. llo ­ rosa se acercó a L.. P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os». [«Si ésta es nu estra hija. 704). valeroso caballero. y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (.) c o m o la había visto otras m il veces (.] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre]. E sto.] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» .

. haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla».. « com o fue creciendo Isabela». de A lfo n s o com ien za.. inteligencia. por causa a e la desaparición de Ligurina.. aparentem ente.. m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(..) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o. pero «por m edios de ser su es­ p oso». Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta»...). lo cual. discreción. y se acaba.]. p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio.) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta . Isabela «quería y servía» a R icaredo. [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»]. 707)..... a ios « q u a tto r d ic i an n i».] L a m a d re d i lei [. c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años».]. co n v ertid a .] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ .] p e r h a g a scia » . la «amaba» desde el principio. bondad. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(. teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ . in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo». C uando Isabela tiene «catorce años». Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces».. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos».] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias».. u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [..) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario. [sien d o todavía m u y p equ eñ a (. (y A . hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari.. dice... sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal. «essendo ancora piccolin a [....) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [.. nueve o d iez años (. Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad .] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (. Sin em bargo. 5). pero al propiciar sus padres e Isabela su intención.) m e tu vo en sus m a­ nos (.. N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo». sin o el resto de m i vida servir a D io s» ].) to d o su din ero. Esta intensa pasión am orosa. [«(. sensibilidad.] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so . « com o si ella fuera su herm ana...]. y el m u ­ chacho.ha dicho. virtud.. «per­ che». p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina. pero....) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba».. su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz. Ricaredo enferm a y casi m uere. Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España. (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (. trágica­ m e n te. y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [. sensual. L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [.) el hijo del du qu e de A lb a.. som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad. n o v e o d iec i a n n i [ ... «com o a hijo de su señor». q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702. de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » ). ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854. «que su ced ió habrá quince años» (860). «io non in ten d o restar p in a l m on do. a ssa ip ro d e e d anim oso». cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [. ropas y cosas valiosas»].] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » . La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»]..

con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. con que antes atribuía la edad a Isabela.) E s p osib le. « L a fanciulla. borrando de ella. que lo s «quince años» desd e el saqueo. esencialm ente. en líneas generales.nía en csa ocasión. en la m ente del autor.. co m o tam bién su cron ología. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo. [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. im pertinente en este caso. Se trata. com paradas c o n su nueva obra. la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas. Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a.) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova».].. fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. moral. casi quince. pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o.] más o m enos». El desarrollo de esta relación am orosa. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e. pero no en 1611. que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa . de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica. m om entáneam ente. la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina. 1490). desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702). de la cron ología novelística. con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores. «tapices flam en cos p or el revés» (D .. paralela a la de la N o v e lla . adem ás. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas. p or ahora. inspirador de la resistencia contra el extranjero. parecen. dignos de ella. repentina con son an cia con lo s «catorce años [. de Isabela. a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó. en el m om en to de escribir su obra. con que. m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. p or un m om en to.. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. pues. vitalm ente dilem áticas. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). q u e al fin. Q u ijo te . que así explicaría. patriótico — Liguria— . en que se situaría la acción de la novela. llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional. crea obvias contradicciones. todas esas contradicciones cronológicas. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). en sum a. pues. . a quien. de u n m od o plausible. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . tan radicalm ente. físicas y espirituales. N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura. de tratarse del saqueo de 1596. a m e­ n u d o . en el m u n d o de la ficción. p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. al am or entre todas las gentes. este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas. co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so . R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855). che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . encontrasen una engañosa. (La reina Isabel vive en 1602. olvid ado.. de he­ ch o..

C ervan ­ tes. pp. 189-199.. «The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ». pesimista.EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje. cínico nihilista. etc. «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». 147 ss. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. y otros. pp. cínico. sentencias. 51-59. pp. pp. melancólico. García Lorca. «not so nice». el licenciado Vidriera. y de «una fábula novelesca. 225-316. arquetípico o simbólico «pecador». . en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. Gerli. picaro. chistes. más o menos complicada». frases ingeniosas. 159-168. C ervantes an d the H um anist Vision. pp. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. · despiada e incesantemente3. 103-143. Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético. Casa. y sus nom bres».)2. pp. «El licenciado Vidriera. 577-87. independientem ente de la tesis defendida. «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes». Friedman. Forcione. armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. creador de la novela corta española. 242-246. incapaz de amor y de amistad.. vol. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). etc. II. aforismos. pp. 174. en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. pp. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales. Edwards. al que se censura y satiriza categórica. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. Es notable que. pp. 2 Casalduero. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista. con apreciaciones cada vez más convincentes. reformador. C ervantes y la libertad. 559-568. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. «Cervantes and the C ynics». p. Riley.

creador de la n ovela corta española. sin patrocinador alguno. significativo.. Y tam bién. O bras C om pletas . pp. entre otros. Tomás. Con C ervantes.]. mejorar. con noble intención. pp. pp.. en las riberas del Tormes». sino. para nosotros. según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [. moral e intelectual­ mente condenables por el autor. 6 Casalduero. con encontrarse un puesto digno. C ervantes. dignas aspiraciones personales. Tal visión del protagonista no es nueva. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876). individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada.mente distinta de este personaje. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo. que quisiera. «El licenciado Vidriera». dejándonos so­ bremanera perplejos. pues. con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres. más atenta al texto. 11-146. pp. Green. No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). 5 Forcione. de los hombres se hacen los obispos». «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte». todo lo contrario. «mu­ chacho de hasta edad de once años». «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!». 147 ss. por medio de sus propios empeños escolares. ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero. G onzález de A m ezúa y M ayo. igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. «El licenciado Vidriera». por ejemplo. según ha «oído de­ cir [. menos impresionista. con la de A zorín4. C ervantes an d the H um anist Vision. 99-102.].. Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5. coincide. 228 ss. de altas. pp. dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». 213-220. útil en el mundo. diagnostican algunos ilustres lectores6. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. en parte. pero frente a cuya incomprensión. a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín. . Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.. por «los estudios» espera hacerse «famoso». pp. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. 196-97.

deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. con esperanza y maravilla. se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. borrosa existencia coti­ diana. a la ciudad. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—. claro está. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. quien oculta su origen. el mismo religioso.bal de Lugo. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. descalzo. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). entendimiento y discurso [. esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria. no son nada raras. a tomar lecciones de unos caritativos religiosos. loables. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual..]. noble vergüenza! «Ser famoso». ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. completa­ mente admirables. con extraordinarias dotes naturales. según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. «de los hombres se hacen los obispos». pero amorosa. ¡Innecesaria. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. virtuosos. Es el deseo de esta clase de "fama”. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7. ser un admirable obispo. del Rufián dichoso. de pobrísima familia. afirmándose como «alguien» en el mundo. útiles para sí y la sociedad. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso. lo­ grando al fin. fuerte voluntad. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. Y muy significati­ vamente.. tal como dice Tomás. «hacerse obispo». lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca. disposición al sacrificio y. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia. pues. aunque pocas veces realizadas. Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. honrados. . en E l teatro de Cervantes. diariamente. que de su remota choza en las montañas venía a pie. como criado y compañero. después de asiduos estudios. Tales aspiracio­ nes. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio.

Sin embargo. ante todo.corte.. etc.. 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D . A D. parasitarios.]. que le dio el cielo padres que se lo dejen.].. quejoso de que su hijo. no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [. Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe. pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión». El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [. y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table. caps..]. según se desprende de sus observaciones posteriores. siendo él tan buen estudiante como debe de ser [. D. que de la justicia es flor» (Azorín. Por las mismas razones. siendo tan ven­ turoso el estudiante. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 .] del escribano». procurarse una profesión económicamente segura. que parece «llevar víboras en el seno. 42-3).. Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese. p. subirá a la cumbre de s «Estudié leyes. adonde [.. //. . podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888).9. «Su principal estudio fue de leyes» (876). deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama. negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. entre otras «manifiestas injusticias».. pues.. porque. en particular. da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación».. Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. no quiera estudiar «leyes». Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando.. por ejemplo. Diego. no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. los «alguaciles» le parecen ladrones. lo destaca el autor— es decir. con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia». la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva. y los «procuradores y solicitadores». y por encima de la justicia la equidad. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista. «embebido en la poesía».]. salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886). que. de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884). cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez». 1 0 0 ). se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado. La justicia es mi norte. «El licenciado Vidriera».

al fin. en lo que más se mostraba» (876). según lo sugieren sus citas de versos famosos.las letras humanas. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes. de deleite y de maravilla» (882) 10. 876).] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean». y así le adornan. de socarrones o de ignorantes.. a quien no ofende el rayo.]. com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid. Tomás. las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada. y. hala de tener. Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [.] son la idiotez y la arrogancia del mundo». como lo llama Platón (882) n.]. siempre tan pertinentes. torciéndose «los labios». puntualidad y diligencia.. a «las letras humanas [. cree que «los malos. o «intérprete de los dioses». donde queda otro millar de sonetos.... el que la tuviere. 1325). Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta».. estudia leyes "para pane lucrado” y. le dice. con gran amor y entu­ siasmo. hijo de pa­ dres pobres.).] todas las otras ciencias. parecía que sólo se ocupaba en servirlos». no ha de . honran y engrandecen como las mitras a los obispos [.] es en todo extremo hermosa.. haciéndoles ridiculas.. Así piensa Tomás de «los buenos poetas». pulir y adornar [. ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [. porque de todas se sirve.. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera.. de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras.. virtuosos y graves. que.. y ella se ha de servir de todas. saca el que quiere relatar.] desalmados sonetos. los churruleros [. de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos.]. simultánea­ mente.. hipócritas «salvas».].. Preferentemente a la poesía. porque encerraba en sí todas las demás ciencias. los honran y estiman y los enriquecen. y todas se han de autorizar con ella» (D.. con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 . que «admiraba y reverenciaba [. con tono melifluo y alfeñicado. Y si acaso los que es­ cuchan. 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles. con no faltar un punto a sus estudios. como dice Ovidio.. así como Ovidio.]» (D . no se le alaban [. de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad. Como ese «poeta [... a raya. Quijote. se dedica. y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia». por otra parte. y aun los coronan con las hojas dei árbol. y. 1325). Q uijote. que es «delicia de los dioses y de los reyes». vuelve como primero a recitarle.. a quien tienen cuidado de enri­ quecer.. no dejándola correr en [. con que llena el mundo de provecho.

fino.. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 . rabiosas contiendas. «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. un severo crítico de todo lo endeble o ridículo. entre otras. del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . vulgares peleas de perros? í3.otros». El protagonista es. a la vez.]. de lo que pasa falsamente por poesía. ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. sinceros juicios perso­ nales. que no siempre se ocupan los oratorios.la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. no mediados por la inoportuna erudi­ ción. Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. indignadamente de «los murmuradores». no siempre se asiste a los negocios. invariable vocabulario. tan justi­ ficado. y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 . tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. 13 Las numerosas polém icas. repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro. horas hay de recreación. los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa. y.. por calificados que sean.. etc. lector de independientes. los defiende ardorosa. aunque «tan pocos [. originales. . ni del ignorante vulgo.. a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que. en E l teatro de Cervantes..] que casi no hacían n ú ­ mero» (882).. particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. de estas referencias. donde el afligido espíritu descansa» (770). la frente de plata bruñida. es decir. véase nuestro estudio sobre La entretenida . En efecto. siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882). «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. contemplados íntimamente. 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero). hacen apreciar el acumen satírico. incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid.. Ridicula moda literaria. los ojos de verdes esmeraldas». 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a. pues. cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ . según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [. que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882).]. inteligente apreciador de los poetas buenos. sensitivo. es el tan convencional.). en nombre de la poesía.

. evangélicos. «La filosofía en El licenciado Vidriera». form ulando con ello interpretacio­ nes que. H eiple. más conveniente para un largo viaje. Tomás no descuidaba su devoción religiosa. Garasa. creador de la n ovela corta española . se pueden a veces especificar y. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». Tom ás. 20 Según ya se ha sugerido. morales. il. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. despierto. folklore. C erva n tes. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. . 153-197. destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [. pp. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o. Sampayo R odríguez. estoi­ cos. bíblicos.. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera. 41-45. 17 D icha edición sería también menos volum inosa. 225-238. pp. U niversity o f Texas. multifacética y refinada cultura1 9 . Oliver. Riley. Tomás revela que también él escribía versos. noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido. de que se le culpa.pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . satíricos. Green. didácticos. Dissertation. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20. A ustin. C ervantes an d the H um anist Vision . Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. 225-316. Forcione. filósofos idealistas. a la verdad. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás. deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». 6 6 ). “costum­ brista”. pero. claro está. C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera. geo­ gráficos. «Cervantes and the Cynics». 1977.. los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. pp. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. racionalistas. 13-21. cínicos. por lo menos adivinar. D . refraneros. tratados históricos. teóricos literarios. Ph. 31-53. nos parecen m uy exóticas. En consi­ deración del «pecado de la inteligencia». poéticos. muchacho inteligente. pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». y otros.. otras.] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS. pp. “sociológicos”. literatura apotegmática. textos sagrados. Singer. ρρ. «The Sources. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta. pp.

22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa. pues. se alla­ nan las cuestas. gentiles hombres y de expeditas lenguas». quien podía. según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación.] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás. Problemas serios.. en suma..] en una sola comedianta» (885). le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud. «fuera del tablado». son excep­ cionales en el mundo. La «indecencia» con que «los tite­ reros [. indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert. «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa». «jurando a fe de hijodalgo». aunque. que sepan representar artísticamente cualquier estado social. ridiculamente su nobleza. al juicio y a la vista de todos» (885).. que «se maravilla de cómo. Además..] trataban [. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico...) . The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros». como lo son las florestas. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. en el ta­ blado y fuera de él. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza.. no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22. También la pintura le interesa mucho a Tomás. Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos. porque «con su oficio no engañan a nadie. es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república.. el cuidado extra­ ordinario. se buscan las fuentes. lo cual es únicamente relevante (885).... es natural que Tomás tenga afición también al teatro. Sin embargo. el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta.. olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas. galanes sí. (Véase nuestro estudio citado en la nota 16.. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770).Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les. el inllevable. donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas. los desvelos. cuya función. como el poder servir un actor «a muchas damas [. algún que otro comedíante ostente vanidosa. Véase también la nota 14.. según él. buenos actores.. increíble trabajo. las alamedas y las vistas de recreación. y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21. pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos.

podía gastar tres o cuatro años. observando curiosa. de su edición de las N ovelas ejemplares). asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. pero que los malos la vomitaban» (883)23. impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo. En efecto. leyendo asidua. entre otras muestras. añadidos a los pocos que él tenía. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual. pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella. juiciosamente todos los buenos libros a su alcance. a lo más largo. a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). Tomás se ha formado una extraordinaria cultura. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura. hace desechar la imagen de él como gé­ lido.. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. que. que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz. y que en esto.. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ). pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos.]. 125. asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días. Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países. . discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca.muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese.. porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia.] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. 24 C oloquio de los perros: «[. II. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol. A Salamanca no vuelve de inmediato. p.. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga.

] de tantos y tan diferentes vinos». La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas. finalmente. se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época.].. . pasa acá.. la grandeza [. 233-6. lipolastri e li macarroni». d’A ulnoy.... como los place­ res de Italia. Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. sus contor­ nos alegres y.... Su «discreción [.. su riqueza infinita [. su sitio inexpugnable [. admiración del mundo antiguo [. pues casi le hacían olvidar de su primer intento». a no haber nacido Colón en el mundo. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26.. su abundancia mucha..] y tan bien dichas acerca de [.. italianos. su gobierno prudente [..profesional25. los festines de Lombardia.. «más vinos [.] 26 El deleite de los españoles — y. hombre ibérico. es decir.].. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia. Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova. las holguras de Palermo. N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”.].]... «la suavidad [. «los rubios cabellos de las genovesas» (878)..]. como el más refinado epicúreo. españoles. por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11..]. 190). en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus». se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia.].. la dulzura y apacíbilidad [. «que. al decirle el capitán «tantas cosas [.. toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» . Véanse los diarios de Mme. no tuviera en él semejante [... de continuar su viaje (879). degustando..]. dibujóle dulce y puntualmente el aconcha... C ervan tes’ H um anist Vision... las espléndidas comi­ das de las hosterías..] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles. de seguro. griegos. venga la macarela. también de Cervantes— en las hosterías italianas.] comienza a titubear». pp.]. [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia». en general.... p. patrón. inequívocamente. Delicias “sensuales” todas ellas.] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878). la rusticidad [. 27 Forcione. manigoldo. la generosidad [. la abun­ dancia de Milán.].. el valor [.

[«La ciudad bien construida (. Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [.. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista.fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende.): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros». Treccani.. abierto a toda significativa experiencia vital. la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (. Luca le parece «pequeña. inteligente. 385-6. aunque lo que. se diría—. pues así son. Enciclopedia Italiana di Scienze.. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad. bella ninfa seductora del mar. vol. también las delicias “sensuales”. «en la que. que es el lugar donde se fabrican las galeras. naturalmente. sólo interesado en abstracciones librescas.]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [.] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín. XXI. como Calipso. en que ca­ ben. mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. ¡Qué mucho que todas estas dotes. de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano. Ill. dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal. materiales y espirituales. junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia. 1936. p. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879).. según el símil que le su­ giere su vivida. ben costm ita [. p p . O bras com pletas de C ervantes. es decir. y o t r o s .. no sólo femenino. que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. moderadas. brinda a todo "curioso» visitante.. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. discretas.. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. de sus habitantes —interés antropológico. como diamantes de oro» (878). con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales. de múltiples intereses humanistas. Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño. y después la be­ lleza de la ciudad. más le interesa es su ambiente cordial. estimulada imaginación.]. in largbezza». maravillen y seduzcan también a Tomás. L ettere e d A rtii Roma. cuidadosamente trazado. pero bien hecha»29. artísticos. probablemente. vol. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete. N o vela s ejem plares. curioso de todo lo nuevo... Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S . culto.] . científicos. tan eclécticos.. 557: «La città [Lucca]. según todas las indicaciones.

no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681). tollerarono e secondarono elementi riformatori [. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante.. fa ­ vor evoli alie nuove idee [. pero sin arrogancia alguna. si oppone sempre ad accogliere. Véase tam­ bién Granados. medias y enteras esta­ tuas [. como muchos que visitan esa bella ciudad. liberal?: «[. su limpieza». por cuyas orillas. pesimista de Tomás—. Persona de gran digni­ dad.. por su «fresco río». Sin embargo.] a Roma en Roma»32. son bien vistos y agasajados los españoles» (878). por sus atractivos aspectos urbanísticos.. . M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina. lihri luterani diffusi gia nel 1525 [. pp. y com o en ella no hacen estancia de más de un día. con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. Los “nom bres”. Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento... como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo». los “tem plos”. sino ruegan. XXI. vol. despidiéndose.. rotos arcos y derribadas termas» (878). despreciativa. Tomás no tendría dificultades en esta ciudad... Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas. y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad. Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica.]. así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles.]... los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna». como por las «apacibles calles». ¡oh. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze.. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31. «su agradable asiento [. se pasea «cuatro días» (878).]. usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30. pues se trataría de un hecho social más bien raro. al divisar «los montes» — «i superbi colli».].. Vinquisizione.]. 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma. peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [.. probablemente.] è fra le città italiane che più largamente accolsero.Italia..]». él «halla [. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos. 562. en vista de las notorias... 31 ss. la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro. en sí. L ettere ed A rti. de las calles. frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!.

pinturas y retablos».] del templo» de Loreto. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877). por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa. a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias».petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico. asombro. el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración.. por fin.. con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica.. contento: «admiráronle» (Genova). aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera. exaltado. Amberes). pero algo distanciada.. Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas.. «para maravillar» (Milán. ¿no la respetarían aun éstos.. Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad. directa.]. con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [. ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos. pero. etc. «adoró [. sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras.... Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España. cadenas [. lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33.. observar todo eso. Su profunda “admiración” abarca... los me­ dios bultos de cera. besar «el pie de su Santidad». confesarse «con un penitenciario». mortajas. «Conténtale» (Florencia).. admiró» (Roma).. además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados. de modo natural. «como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878). según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados. no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”... . «le pa­ reció bien» (Sicilia).. costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. íntima..].. unién­ dose. veneración. que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes . y. despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias.

todos los cielos y todos los ángeles.. y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879).. observando y aprendiendo. ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y. Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa». cierta meditada distancia intelectual y emocional. 190). 36 Enciclopedia Italiana di Scienze. (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19).]. de sus supues­ tas relaciones.] 35 Castro.]. por desgracia. N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. p. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes. pero sí. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover». 265.opiniones personales de Cervantes. C ervantes' H um anist Vision. como tampoco sugerimos que sea erasmista. según sugerimos. El pensam iento de Cervantes. looking an d learning. p. x x í. (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I». 505. dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [. pero que se atribu­ yen lógicamente. pero sin envolverse en nada». p. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics». por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”.. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. [«(. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. pp.. 230 ss. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36. L etter e ed A rti.. vol. También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron.. . y no entendieron. en particular. al personaje34. [«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura. notando y evaluando. sin duda.) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX. y la m uy semejante de F orcione.] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » . de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist . noting a n d assessing.

.. como todo el mundo sabe. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos.]» (887).. en los dos cristianos nuevos: «Esperad. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”.]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual.. ninguno se llamaba el capitán don Fulano. una “malicia” a base de e^te 38 Singer. menosprecian su ingenio satírico. pastoral ¡monachatus non est pietas!». y la reacción anonadada de su mujer. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás. ¡qüe se creen legítimos. pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [. y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [.. por ejem­ plo.. que me pesa de su desgracia. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. fray Raimundo. como si reflejasen su indignación perso­ nal 38. y.] la malicia del dicho» (881). ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»). como. ridículo propósito de hacerse pasar por lo que. sino tan sólo su hipócrita.. Domingo. a que pase el sábado». marqués o duque de tal parte.... ni el conde. plorate super vos et super filios vestros». «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance».] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. la falsa apariencia. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem. que no puedo llorar?» (881). pero. todos frailes y religiosos [. naturalmente. claro está.muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados. . Ambos aparentan una asidua participación devocional. pero ¿qué haré. no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular. 20. sino fray Diego. sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima. por este episo­ dio. La ropera le ha­ bía preguntado. señor Licenciado. fray Jacinto. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes. la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [. no son.]» (881).. y otros. p.

en esas costumbres devocionales (Agnusdeis..hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). es una realidad perenne. 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. la «oficina . quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas. «ciudad [. probablemente. pues sabe que las roperas solían ser judías. se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. intensa convivencia. la fe en la dignidad del individuo. mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia. comercial.. de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. oír y saber de vidas ajenas. ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40. Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. particularmente en las com unidades de contigua. discreta. inteligente. .de Vulcano» de Milán. industrial. moral. la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. Loreto). aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”..]. pero eso sí. y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39. que. aunque sólo pasivo. Adem ás. administrativa. 99-102). Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332)..] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás. extranjeras. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales. de quien se dice que puede decir y hacer» (879). N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes. de la vir­ tud y del honor. ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola. A nte todo. aun sin proponérselo. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. Cualquier persona. educada. «gra­ nero de Italia» (878).

lítica. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. 44 Casalduero: «Viaje cultural [. según se elabora más adelante. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. esta laboriosidad. objetiva perspectiva crítica. pp. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes. 128. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . inconscientemente. en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. culta y también muy agradable..¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. . p. pp. no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. prosperidad económica y cívica de Italia.. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44. con lo que Tomás. 54-5. El viaje de Tomás revela. con más amplia. la única— del viaje de Tomás por Europa. ciudad. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos.. con la de Tomás43. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42. en todos esos aspectos. pero. que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. simpática. 43 El Saffar. en efecto. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o. productividad. individuo inteligente. la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). 143-147). Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia. se identifica en gran parte. Tomás es persona educada. Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. C ervantes y la libertad. 45 Rosales. atractiva. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. pues. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde. ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. 1962). de la España de los Felipes. 103). A. Relación misteriosa. con toda probabilidad. From N o v e l to Rom ance . inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes.].

Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. cordialidad. el gaudeamus con los soldados.. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. su bandera». al fin.. si fuese necesario. cariño y amistad. También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos. sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella. meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ . le avi­ sase de su salud. por el antici­ pado salario. «contentísimo de [su] buena presencia.]. encontrándose de­ samparado en la patria.los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. Y. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [..]. cuando la ocasión es apropiada para ello. ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). le rogó que se fuese con él a Italia [...].. Tomás se despide de ellos. Se trata. que de seguro añoraban mucho su presencia (879). aunque de seguro prefiere la vida privada.. que él le ofrecía su mesa y aun. en particular.. Tomás es hasta gre­ gario.. llegada y suceso. ingenio y desenvoltura [. lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen». Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca. aprecio. Al volver a Salamanca de su viaje. Prometióselo así como lo pedía [. por ejemplo. con pesar grandí­ simo de su camarada. que le rogó. al tiempo de despedirse. en suma. muy significativamente. al acabar los estudios.]» (879). sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877). camaradas en Gé­ nova (878). y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880). como lo ilustra. el capitán Val­ divia» (888). Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo. A todas luces. de una bella re­ lación de mutuo respeto. puntualidad y diligencia». todo sólo para que Tomás fuese su compañero. «fue bien recibido de sus amigos». lo cual se evidencia. «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877). Él los sirve con «fidelidad.. En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad. donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero».

Es el mismo prudente. 886...]: Dale lo que hubiese menester..]. v. cuya «mujer se le había ido con otro». donde [. en efecto. entre otras cosas.. Véase la Epístola de los Efesios de S. «las cortesanas [. «tenía particular enemistad». como. su inutilidad y sus vainillas».. tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48.]. Quizás. déjala que mande a todos los de su casa. 128. con más re­ pulgos que sus tocas [. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115)... su modo de hablar.. pero algunas de sus declaraciones..]. sino las vecinas». sin serlo en realidad. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881). «los templos son campos de batalla.. por ejemplo. 887)..]. vaguedades de cabeza [. Aun antes de criticar los ridículos fingimientos.].]. a quienes. todas o las más tenían más de corteses que de sanas». pues. que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [. la va­ nidosa pretensión. a un momentáneo encono por la reciente. demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio. en efecto. escrúpulos [. probablemente se deben. «las dueñas con su permafoy [. pero no sufras que ella te mande a ti» (881). Otras declaraciones parecen misóginas.pos» (879).]. por ejemplo. que es. y le aconseja que no vaya a buscarla. 1648). Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas».. el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social.. tan determinada en conquistarlo. pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal. Al marido. como. A algunos lectores Tomás parece misógino47. etc.. Rosales. te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». flaquezas de estómago [.... la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?. sus muchos melindres [. (881. Pablo... . .] no eran las apartadas. Otras declaraciones sobre las mujeres. Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886). consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo».] las mujeres triunfan» (887). sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo.. de cualquier modo (879). ante todo..

Se dice que Tomás es un “m isántropo”. Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger. p. sociable. según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). por encima del sexo que lo per­ sonifica. C ervantes y la libertad . pero a la mujer. Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». supuesta­ mente. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49. mucho más discreto que los otros estudiantes. Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». 52 Críticos m encionados en la nota 3. que constituyen la médula de la obra. que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52.que es el defecto o el vicio en sí. el amor. el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). la encontraría. Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. . porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879). Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. Sin embargo. de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor». pp. Sampayo Rodríguez. 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. en el futuro. 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». porque. Las mujeres bellas llaman mucho su atención. de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. simplemente. al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. lo que Tomás critica. no quisiese cortejarla-—5 0 . resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. de un modo u otro. más bien. amistosa de Tomás. 115. a quien pudiese amar con todo su ser. toda­ vía no ha herido su corazón. quizás. Cervantes . según ya se ha mostrado. 93-102. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. Sin embargo. y de su interés en el prójimo. creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. todavía no la ha encontrado.

al futuro. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). Quijote. de un modo impropio o in­ sensato. los «levanta sobre el cuerno de la luna». guloso. profesiones. ¿No sería quizás inverosímil. 190). fundamentalmente. cierto optimismo.. un cínico negativo. no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey. y así. de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. optimista. la actitud de Tomás frente a la vida. es claramente afirmativa. Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—.tan». en la posibilidad del cambio.. de todos los tiem­ pos... «un religioso muy gordo». como algunos lectores lo han retratado. entre los médicos competentes. bilioso. pocos sabios [. 56 O liver.. cívicas y personales.. grupos. 1252)54. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela.] muchos necios» (D. sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. en efecto. a que se re­ fiere. pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55. que desapareciera tan por completo después. en efecto. y del propio Cervantes: «[. oficíales. al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics». ¡aunque no muy grande!. incluso en un sentido es­ trictamente médico. etc. 237.] que casi no hac[en] número» (882). entre otros que no lo son (887). pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera. . Por desgracia.] es más el número de los simples que de los prudentes [. véase nuestro estudio citado en la nota 16. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ».. 55 Riley.]. Antes de “enloquecer”. él no es. destructor. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53. precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es. «Cervantes and the Cynics». p. Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios.. esperanzada. 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. como Vidriera. muy justamente censurables. diríamos que. p. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad.. son «tan pocos [. sorprendente que Tomás. la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. éstos. A los “malos” critica y satiriza severamente. en cualquier grupo.

sólo por oírle reñir y responder a todos».gunos m om entos—. y aun piedras [..]. a despecho de sus ruegos y voces.]..]. casi siempre maliciosas.. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano. ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo»..].... y Cervantes. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [. diciendo: ¿Qué me queréis.. Cervantes.. se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo. 190). cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera... Un príncipe quiso enviar por él [. que no puedo llorar? [.. ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello.. Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos. una vez por la ropería de Salamanca.].. Uno le dijo: ¿Qué es esto [. Uno de ellos lo llamó [. creador de la novela corta española. 884): «Pasando. como acto de defensa: «Los muchachos. haciéndole toda clase de preguntas «continuo [. ante todo. ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales.].....]. mucha­ chos porfiados como moscas. no sólo mu­ chachos. Preguntóle otro estudian­ te [..] ¿qué haré.. con tal de no dejarle en manos de m uchachos.. .] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [. «a cada paso. Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [. irritantes. en cada calle y en cualquiera esquina»...]....]?» (880)57.. Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881).]... Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [.. etc. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo. sino «todo género de gente [. que son la más traviesa generación del mundo..]. le comenzaron a tirar trapos..]». que Tomás no critica a diestra y a siniestra. atrevidos [.. sin dejarle sosegar» (880. Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [.].]. provocadoras.].... preguntas agresivas.] ¿no tenéis qué decir? [. a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto. le dijo una ropera: [.]. Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [. Otra vez le preguntaron [. y díjole: De nosotros [. Y después empezaron a «seguirle siempre muchos». sucios [. Así. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente.].. pues.].. Cabe advertir.. p. Preguntáronle por qué [....

sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. por ejemplo. aun­ que sin provocación directa. etc. como. y lo es en todos los demás casos semejantes. . porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”. sino..diato— respecto a otro blanco. el de a cuatro de a ocho» (885). la pasividad. porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885). etc. a base del subterfugio. cuando 53 Forcione. C ervan tes’ H um anist Vision. ecuanimidad judicial. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían.. a la postre. pp.] empedrada [. deshonestas. inocentes de una crítica injusta. galas y perlas». honradez personal. hechas en una ocasión previa (886). constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. 227 ss. de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58.. al disparate.] de dijes. no se trata de víctimas inermes. conforme a su parecer. etc. ridiculas. El silencio. aparentemente sin conexión alguna. integridad intelectual. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881). del falso «licenciado» (884). en efecto. de individuos de hipócritas. resulta clara e ingeniosa. aunque no siempre de inme­ diata. zapato malo». Sin embargo. gratuita. cíni­ cas.. por ejemplo. La asociación mental de los dos casos. que «pasea» a la hija «muy fea [. la indiferencia frente a la mentira. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón. satiriza a los “procuradores y solicitadores”.. pues. cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta. una conveniente. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [. despiadada.]. lógicamente relacionadas de algún modo. A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás. estas combinaciones de críti­ cas.. En suma. cen­ sura a éstos. del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238). del «juez de comisión» (884). Poco después de burlarse de la tendera. ¿no sería.. fácil comprensión. pretensiones públicas de fe genuina. siempre se revelan. paten­ temente. y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia». personal.

. ingeniosas. 1326). «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [. Q ui­ jote.] corrido» (888). en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”. cuyas «lenguas y picos». cínicas y sarcásticas. Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid. «sin dejarle so­ segar» (884).]. 161. 58) [«C om o en un jardín zoológico. la muchedumbre lo sigue por todas partes. a veces. Quijote. Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera. por verle armar algún escándalo. p. 887). sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880). circundando» (884). 61 Sampayo R odríguez. y divertirse a su costa59.).. pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. despiadadamente.]» (887). the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . Las críticas de Tomás son. con toda clase de preguntas.. Además. chispeantes. 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o . aunque los reprende. evidentemente. La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881). inevitablemente. Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. punzantes y. pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. los que lo persiguen a él. provocándole de continuo. y decir en sus versos mal de los envidiosos. al encontrarlos en su cam ino62. cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D.. se nos dice explícitamente que en tales situaciones. no es un irresponsa­ ble. 1326). a menudo. Tomás se sentía «confuso y [. en los individuos que lo ejemplifican. que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce.son éstos...] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60. sin duda. Vidriera señala a la persona.. con que no señale persona alguna» (D. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. «La rueda de la mucha gente que [. con­ dena severamente repetidas veces (882.. p. ¡sitiado! En efecto. como en el caso de la ropera63. que no de vidrio». cuando ésta lo provoca de m odo directo. y así de los otros vicios.

asistemático. fundam entales. y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad. T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos. pp. «de pensado» (888). y que . 208). “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas. en un ambiente social. Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. Esta op i­ nión.) en que se inspiran sus contestaciones. le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad... ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera. la in­ competencia. Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. 133155). Tom ás comunica verdades claras. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación. p..Esta “fragmentación”. refrán. p. fluida. p. verso. cotidiano. que se le hacen.] que era todo hecho de vidrio» (880).Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. Por esta actuación meramente verbal de Vidriera.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol.. 64 El Saffar. etcétera. natural. Imaginóse [. y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. com o también la forma (apotegma. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. 56. h. la estupidez. el vicio. Rosales. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. N o v e l to Rom ance. es evidente que Cervantes nados en nota 3). la mentira. en gran parte. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas. en circunstancias siempre diferentes. más profun­ das. en que coinciden varios otros críticos. R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [... en su conjunto. etc. 105). pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. permeable. “real”— 65. en que el público lo ha convertido. Tanto las aparentemente ligeras. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”. “transcendentales”. la tontería. Sin embargo. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás. la hipocresía. esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. entre otros. y de las preguntas tan variadas e inesperadas. í. Sin embargo. Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada. Esencialmente. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida.]. confuso 64.

pero. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio. que «le diesen de comer sin que a él llegasen». de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo. sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”. de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. en forma alguna. cuando “lo c o ”.. descansa en consideraciones m uy superficiales. im­ propio. perenne. promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880). por ser las cir­ cunstancias diferentes. chistosos. que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda». es también muy “delicado”. paradójicamente. porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad. pesada y terrestre». por ser él «hombre de vidrio». el vidrio. mezquinos intereses “terrestres”. La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». Sin embargo. «Por ser [. ob­ sérvese también que no son nunca tontos. 35-78. toda inhibición para decir la verdad. con su sutil transparencia. tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). de mágicos poderes reveladores. víctima fácil.) . p. de materia sutil y deli­ cada. (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. de que sólo «le hablasen de le­ jos». que­ bradizo. la locura. pp.] el vidrio. La única diferencia consiste en que pierde Tomás. por no perseguirle el público con sus preguntas.. Diríamos que se identifica con el vi­ drio. de la mentira y de la ignorancia.. de los proverbios. 214). habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ). «A quí he venido [. pero que no decía.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. igual que la verdad. Así..] para abogar y ganar la vida. todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. bajo la constante amenaza de un contacto violento. frágil. verdades com prensibles para todo el que desea saberlas. ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. Así. obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo. que él siempre persiguió en su vida. La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida. dichos ingeniosos. lo que siempre pensaba. pe­ netradora de la más densa oscuridad y. La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás. es decir. pero si no me dejáis. refra­ nes. sin ser «de vidrio». pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. popular.

165. refleja de modo in­ mediato. Insistiéndose en su virtud deformadora. cuando la imagen re­ flejada no es halagadora. pp. en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». «El licenciado Vidriera y sus nombres». las terribles consecuencias ínsitas en tal condición. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. temeroso no le cayese alguna teja encima. p. ¿no suele quizás el mundo negarle. favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. constituyen. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente. humana... nacional. «hombre de vidrio».. en realidad. determinado a ser fiel a sí mismo. . como el vidrio-espejo. de esta obsesión. folklóricos. con la tan temible verdad. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. y le quebrase» (880). Tomás. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. C ervantes .de las calles. con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. radical. claro está. de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. etc. social. se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. etc. véase G onzález de Am ezúa y M ayo. 68 García Lorca. 154 ss. Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887). porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. de un modo u otro. Ahora bien. creador de la novela corta española . y. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios. consciente o subconsciente. sobre todo. ardua enmienda personal. conveniente. Personificación de la ver­ dad desnuda. De he­ cho. «mirando a los tejados. Así. «si no fuera» por creerse de vidrio. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». sin inhibición alguna. la “locura” de Tomás es la explicación usual. Con este objeto se fijan complacidos. supuestamente muy có­ mica.

de improviso. y veréis que el que os respondía bien. «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». entre otros). «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». 82-92. 70 A dopta el nom bre Rueda. cuando Tomás. sólo en esta sencilla y clara ironía. según antes lo consideraban71. Al fin. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. modesta­ m ente. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. como hombre grave. Significativam ente. . preguntádmelo ahora en mi casa. fundamentalmente. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. que todavía no ha honrado a su familia. pa­ yaso callejero o bufón de corte. U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. cuando promete decir siempre a todos la verdad. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. tam bién morirá com o Rueda. pero sin ya declararse «de vidrio». como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad. El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. perversa o tontam ente. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. ya curado. pp. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. sin jamás poderse revelar com o Rodaja. a costa de un indefenso “lo c o ”. por causa de su actuación com o Vidriera. también porque piensa.cisamente por esta razón. psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. de un m undo al revés. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»). os responderá mejor de pensado» (888). que considera. engañosa disculpa69. Rueda. según dicen. Tomás va a Flandes. suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. sabio. esencialmente. en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). sino tan sólo en la diversión. and Certain Related Images» de Engstrom. sabio. bueno. y no Rodaja. com o se ha propuesto al princi­ pio. ninguna conveniente. a la vez. pero creem os que consiste. propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas.

Q u ijote (il. que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. que. “lamentable” con­ ducta o actitud pasada.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877).. de paso. en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera . claro está. Notemos. pasteleros. de modo inexorable. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso. pronto envuelve.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán»..] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». p. en que principalmente parece consistir esa profesión. rencoroso. desenfrenado. Ahora bien. 316. Cervantes— 74. absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. rasgo distintivo también de Vidriera.tuito. caps. al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros. y también.. destructivo desahogo cínico. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia. etc. y el re­ chazo categórico del discreto.. 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador. El inescrupu­ loso. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. con toda probabilidad. . por su tan “extraviada”. N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. aun al mejor intencionado.. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [. el texto no sustenta en absoluto tal interpretación.. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda. a principios del siglo XVII. a Tomás seguramente le parecería incongruente. C ervan tes’ H um anist Vision. brutal juego por la ventaja material y el privilegio. tahúres. incorruptible joven: «Esto sería [. 73 F ord one. las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado». 74 La guerra por causa del rebuzno en D . el maltrato y el parasitismo. como cualquier turba mercenaria. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [.

él también.. fértil.. de Tomás bajo la «pesada». al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. como un trágico ostracismo. ¡y de la actualidad!. lógicamente. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». No. liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. del pensamiento. a la corte. donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). sutil. delicado. en efecto. Ese mundo ignorante. con amargo desengaño. la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte. pues no podía valerse de las de su ingenio» (888). se concluye. cruel. sino. re­ crimina. que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. en realidad. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877). Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . pues la gente no dejó de «perseguirle». creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. En efecto. y. Teniendo en cuenta todo esto. Tomás. morfífera «materia terrestre» (880). se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre». cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. como si todavía fuese Vidriera. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables. alado. la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase. y sentirse gratificado. fiel a sí mismo. aunque ideal. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos. como. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual. sino. por esto. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas.ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». anímica. ex­ plica Tomás al capitán. todo lo contrarío. en realidad. después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. en particular. a la socie­ dad entera. a todas luces.

que a menudo se califica. quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. 102-3. resignado. . La Torre.de “terapias psiquiátricas”. 77 Serrano Poncela. «El licenciado Vidñera». sublime gratificación íntima. cuando menos. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. es decir. Como ya se ha visto. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. aparentemente todavía no bien apreciada. la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888). p. repri­ miendo su opinión y su sentir. a nuestro juicio. a menudo. ge­ neradora de inexorables. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales. inconsciente?75. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. Parte íntegra de esta ironía sería. ya otros (Riley. 76 A zorín. claro está. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. He aquí. con inefable tristeza. filosófica de la obra. que ha escrito el inmortal genio»76. en 75 A unque con enfoque distinto. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. muriendo en un campo de batalla. es decir. Esta lamentable. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. trágicas consecuencias. «El licenciado Vidriera». 194. constituyéndose en la ejemplaridad moral. Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. pp. p. en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. enfrentado con una insensata muerte. pero también. callado. la actuación de Vidriera se sustenta. Con Cervantes. asimismo ejemplar.

insensato apetito por la diversión fácil. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. virtuosos. De asiduo. oral y escrita. a la vez. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . ridiculas. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. proverbios. analfabetos e “intelectuales”. que atañen a la creación y comunicación artísticas. anécdotas. oral y escrita. dichos.. festejados tan sólo por lo más “divertido”... y como Vidriera. Desti­ natario de torpe. 78 79 .gran parte. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. también el arte con que se expresa. chistes. drama de este tipo particular de in­ com prensión. dedicado.. estéticos. superficial de sus creaciones. anónimos y notorios. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos. por sus reacciones impropias. culta y popular. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. en la sabiduría tradicional. en forma de apotegmas. Tomás representa a todos los autores. y. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. su transmisor hábil. necias. y otros que no lo son. Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. sabios. sentencias. en particular. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. naturalmente. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos. de esta sabiduría. hombres y mujeres78. predominante en to­ das las esferas sociales. pasajera del destinatario. Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria. como en todas las obras cervantinas. frívola disposición anímica. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. refranes. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. Esa sabiduría tradicional. claro está. inevitablemente. la enseñanza como. quien así banaliza tanto el pensamiento. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás. morales y.

[«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. . Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua. De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. que. 197. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». Duran. ejemplaridad cuestionable de la obra. l. C er­ vantes. G itlitz. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. asunto inverosí­ mil. 136-141. p.) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas». p. etc.. 114. personajes mal retratados. descriptions. «it has no hearing on the business or meaning o f life». en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela. themes. 27.] 2 Avalle-A rce.. «C ervantes. no merece ser discutida. la m otivación psicológica y el desenlace». psychological motivation and outcome as it does».) no tiene relevancia para el significado de la vida. no es digna del genio de Cervantes». «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ». [«(. advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. ill.LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción. se distribuye en dos partes en la obra. «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events. el P inciano and the N o v e la s ejem plares ». Pierce.. p.» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso». 191. p. 71-2. [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. characters. C ervantes: N ovelas ejemplares. «Introducción». con que toda la materia. 128. Sin embargo. 3 El Saffar. [«(. etc. Esta estructura parale1 A tk in son .] 4 Calerait. Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ». etc. porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. pp. N o v e l to Rom ance. p. «anecdotes. en efecto.. lleno de increíbles coincidencias. falta de «buen gusto». etc. moraleja extraña de la historia.. «unworthy o f Cervantes' genius». symbols».. de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 .] 5 Ibid. «Structure. «it does not merit discussion». pp.

)». se acentúa ía “industria”. mís­ ticas. en El teatro de C ervantes).. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. de ha fuerza de la sangre. 203. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. reveladoras de la naturaleza compleja de la novela. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. El Saffar. la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. N o v e l to Rom ance. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. en sus interpretaciones. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural. a nuestro juicio. cíclica. en juicio de los críticos que así la caracterizan. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ». «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. Forcione. sin contrición alguna. p. divina. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. religiosas. pero. 7 Calcraft. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen. etc.. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse. alegóricas de L a fu e rza de la sangre . temas. sím bolos (etc. sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas. sobre todo. por ejemplo. sino que. simétrica.] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja. en cambio. caracteres. antitética. For­ cione. “milagrosa”.. no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. enga­ ñosamente. es concebida de tal modo. descripciones. . Casalduero. 134 ss. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías. al menos en parte. etcétera. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera.lística. mucho más sencilla. pp. Piluso. «Structure. Otras veces. pero sin descontar al “designio di­ vino”.) (. determina la estructura de la novela. díptica. Soons. y otros) reconocen tal estructura.. etc. 8 El Saffar.. esencialmente. 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica. alegóricas. antítesis. nuestro estudio propone otra posible lectura. que se considera feliz.

por un ins­ tante. de una total abstracción de la moralidad. 2 1 2 . Sin embargo. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella. p o ­ lítico o de conciencia. la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. creador de la novela corta española} o. según se las hace imaginar su educación religiosa. C ervantes . I. moral. en L a fu e rza de la sangre . re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. . enmudece aquí». p. característicamente cervantina. 69. de esta obra tan “realista”. tal conclusión. pues. Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. cuando menos. constituyéndose todo. Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. como penas del infierno o del purgatorio. en un estado delirante. censor de su época. “histó­ rica”. no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891). quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891). en sí. concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. nada frívola ni “idealizante” H. planteamiento de problemas de ningún género. como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. en la ejemplaridad crítica. Cervantes. semiconsciente. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. con gran sutileza conceptual e irónica.ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. p.

]. pp. defendiéndose «con los pies. A pesar de su ab­ soluta inocencia. .. Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice. Al recobrar Leocadia el sentido. con las manos.]. A lo forzoso.. Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle. que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años.chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima.]». tan repentina y violentamente. con los dientes». despierta. propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [. es decir. acongojada. pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [. desmayada me pisaste y aniquilaste». destrozada para siempre. que «cubra con perpetuo silencio [. ya que le ha quitado la «fama» o.. cándida edad se acumule.. tanta desdicha. en esencia. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada. antes podrás matarme que vencerme.. sin resistencia concediese con tu abominable gusto. 136-7. que si ahora. pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. preocupado con el decorum. de que en su tierna..] traidor y desalmado hombre [. si no. podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892).] la ofensa que [le] ha hecho». refleja.. Al expresar estas preocupaciones. indica su íntima. no llegando los míos a diecisiete» (891). pues. entre mi y el cielo pasarán mis quejas. las advertencias y enseñanzas 12 Riley.. Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada.. no es bien que [la] vean las gentes». sin querer que las oiga el mundo!» (891). sino conforme a él se le asientan en la estimación [„. le recrimina indignada «[. Desesperada. C ervan tes ’ Theory o f the N ovel. a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas. Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra». natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). por «piedad». nótese. Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella.]. que le quite la «vida». ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos. N o se trata de un reparo crítico del propio autor.. implora a su violador. con la caracterización verosímil del personaje1 2 .

Por la misma preocupación. y por desmentir los espías.. Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [. ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte.. Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo..] tú ni en dicho.. [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia. lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso. que yo por tal te tendré.]. hija. dice. que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle». tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones».. es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora.que le impartieron en su casa. ni saberla [mi casa]. si acaso la seguían. o a lo menos junto a la iglesia mayor. sus padres. «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. después de haberla violad o. se entró en una casa que halló abierta. según se deduce también de las reacciones del padre. y pues puedes vivir honrada con Dios en público. fuera de [su] padre y de [su] confesor». y de allí a poco se fue a la suya [. ni el de mis parientes». N o v e l to Rom ance. no vio a persona. «también has de jurar de no seguirme. (893). implora a su ofensor. por decreto de la “honra”.]. después de la violación. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen. 132. nutrida por el chisme. es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». ahora.. El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que. amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. p. no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [.]» (893).]. profundamente horrorizados y entristecidos. ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. etc. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron».. dándolos hacia su casa [.... Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle. Leoca­ dia «miró a todas partes. tente por honrada.]». que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [. a cada paso se detenía. «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892)... Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso».] . ni en pensamiento le has ofendido [a Dios]. porque». sin que jamás 13 El Saffar. y la verdadera honra en la virtud [. ni el mío.

entre «gemidos... sin dejar verse de persona alguna. reales y lite­ rarios. lloros. teatrales de esa época u . pero de humildes recursos económicos (890). aconsejándole. 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia». honradavirtuosa.te mire sino como verdadero padre tuyo» (893). suspiros y lamentos [. pp. «encomendarse» a la justicia divina (893). que es la verdadera honra.]. 894). 125-132. resignarse. sufriendo terriblemente todo el tiempo.. sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo. A esta convicción.. como lo lamenta Leocadia. erasmiana.]. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». consciente de que no se le reparará el agravio nunca... víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta. con todo el recogimiento posible [. de solidaridad en el sufrimiento. des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols. La familia entera de Leocadia es. de comprensión humana. cristiana. llenas de com­ pasión y ternura paterna.. retirada y escondida [.]. Palabras exaltadoras de la virtud personal. sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. familia buena. exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos. como único remedio. evocadoras de la tradición evangélica cristiana. Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893)..]. Como consecuencia del rapto. en cambio. princi­ palmente. 15 Scott. parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). no fueran en mí tan desdichados» (892) 16. en que fue violada. en realidad. Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres. palabras sencillas. «debía de ser hombre principal y rico» (892). por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [. . con ves­ tido tan honesto como pobre [. Proba­ blemente. la protagonista de esta novela1 5 ..] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles. a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles. temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente»..

non scemata. La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”. Cer­ vantes no condena de modo categórico. novela II. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa. física y emo cio nal mente. sumario. contaminada Ja honestidad de su mujer»]. entre otros. feliz. D ostoïevski (El idiota). causas y motivaciones impropias. e d essendosi scoperto. ¡du­ rante siete años!. G iornata ΠΙ. atroz martirio!. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública. 38) [«(. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. . Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. y después. “deshonrada” víctima. claro está. aunque se hubiese vengado enteramente. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. Juventud trágicamente truncada. su instinto y cariño matemos. Cervantes nos muestra otro posible desenlace. Sin embargo. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ». p. es decir. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. mucho más extraordinario. Sin embargo. pasaje citado ya por Pianca. a la poderosa y rica clase nobiliaria. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. G o eth e (Fausto). en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. de haber castigado al reo. porque. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. De acuerdo con su fundamental noción del individuo. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. digna. «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire.. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. ya sin esperanza alguna de una vida normal. usurpando este oficio la madre» (894). suprimiendo de continuo. y habiéndose descubierto. hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza. fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890).) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida.. sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social.trozada. ¡Auténtico.

Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [. lo cual repercu­ tiría también en su vida. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones. entiéndase “engendrado” y criado. miraron los de la madre y de la hija. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. Y. pues para él toda “sangre” es “colorada”. D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). el carácter. poder. si no muy rica. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas.. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna. Nobleza. y lo han sido todos mis antepasados. un ruin. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 . pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina. los genuinos méritos personales. «com o mujer y noble». y de la criada».]. la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio. depravado. buena gente. del azar.. según se verá. N o se trata de una inocua mucha­ chada. que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895). pero son. cubiertos los rostros.]. a todas luces. Significativamente. consistente con esto. acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia. como ejemplo imitable. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos..lar. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia. A su vez. la calidad. a pesar de ser hijo de Rodolfo. Luisico. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896). «en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». mientras que su hijo es. . ya que no le po­ dían hacer rico. a lo menos muy virtuosamente [. esencialmente.. inspirador para los de­ más. ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. porque mis padres lo son. les imponía. el de las ovejas con el de los lobos y.

sino de una descarada.. «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle. llevando «los despojos» de la desmayada.. más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto.] Dio voces su padre. ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [.. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [. sin el menor escrúpulo de conciencia. con muy buena razón. a la madre —mujer todavía joven. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . ni movió a compasión el llanto. arañóse la criada. p.. pues tienen también «un niño pequeño» (890)—. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana.. gritó su madre. símbolo sacro­ santo de la familia. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo. La apetencia sexual 19 F ord on e. pero ni las voces fueron oídas. a un gran peli­ gro de muerte. En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. así desmayada como estaba». ex­ poniéndola.] las crueles entrañas de los malhechores» (890). Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social. Después. fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre. para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación. todo lo cubría[n] [. a pesar de todos los inconvenientes» (890). gratificada por el momento su lujuria. lloró su hermanico. que «despertó en él un deseo de gozarla. ni los gritos escuchados. «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ». si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”. sin duda. 363. humana. Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico. con la misma facilidad. quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro».subraya varias veces. lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo.]. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo. C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos. brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia.. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9.

de algún m odo. T oulouse. m as devaneo! ¡C om o. que de m ujeres quiero la hermosa . 1975. con obvio tono cínico. pues hermosura busco y no dotrina. la gallina! 4. no se dife­ rencia. y después. Jammes. que una extraña. «llevado de su amoroso y encendido deseo. como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. porqu e es astuta. Libro vi. la raposa y no como. sosa de carácter: «como no sea necia. de O vidio. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). . Es justificado pensar. Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. y adoran la si es fe a y es parlera. pues. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. 2. p. con faceta psicológica más compleja. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia. 3. ¡ O necio humor. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella. cuando menos. P or la hermosura no dan cornado. con orgullo. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. L issorgues. Cualquiera vaya. anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. quizás. sumisa. p o r simple.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. com o su ideal am oroso.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. del “ideal” que "se exalta”. (A lzieu. en algunos aspectos episódicos fundamentales. esencialmente. 15. tras su deseo. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. 20 Lo que R odolfo proclama. no amor. en este soneto burlesco: 1. R o­ dolfo queda «sin sentido».

la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella. p. Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo. Sin embargo. Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [. porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien».Rodolfo. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo.. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890). Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia.]. movido de sus lágrimas [. inerme. Cervantes. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas. siente algún tanto de com pasión por su víctima». la había dejado en la mitad del camino» (892). Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados. pero ya en la calle. caprichosamente. claro está. cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance..]». [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (.. Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor. Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [. .). por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22. creador de la novela corta espa­ ñola. nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y. antes se resolvió en decirles que. Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». «no quiso hallarlos. por otra parte.]. II... avasallando todas sus facultades racionales. Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. siem­ pre posible cuando hay testigos24. 127.. Aberración sexual. quiere evitar toda incomodidad con la justicia. por el poder de su familia.. probablemente. p.. 221. 23 Scott. R. he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes). pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado.

muy obvias. pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador. quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito. m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. Rodolfo baja. y. con­ secuentemente.]» y 25 El Saffar. Likewise. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia. porque son propicias a las «compañías libres». con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. «por darle gusto» y. mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo. . claro está. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón. «las once». por frío cálculo oportunista. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. while movement away from the city suggests the opposite»25.].. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento». al explicar que su hijo llevó a Leocadia. para ir al río.. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. 26 Es inolvidable la descripción de D . «todos insolentes» (890) —sin duda. a un cuarto aparte en la casa [. D e igual m odo. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. dejándole. hay dife­ rencias significativas. probablemente al río. para violarla. Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres. p. N o v e l to Rom ance . que no obstante quedan descui­ dadas. portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos. Y ellos. necesario. «sin ser visto de nadie [. a estas horas.gests the facile movement toward degradation. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent. De tales festines nocturnos. vuelve a su casa al caer la noche. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). como gente honrada y discreta. tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo.. por los calores del verano. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. a las diver­ siones disolutas. Por cierto.. siempre anticipando aprobación y admiración. de cuestionable propiedad. aplauden todos sus «desafueros».

precisa­ mente por este “renombre”. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). probablemente. enviarle a Italia. «conforme a su deseo» (897). que era fácil deshacerse los conciertos». y. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. no es moralmente condenable. Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. sobre todo. considerados. en sí. a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. por un tiempo. nótese. Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. sólo como na­ tural desahogo juvenil. Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. Poco después del rapto. por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. que no tuviese pena alguna. el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». Con sutil estrategia psicológica. no atreviéndose a disciplinar al hijo. A la inmediata. Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. como de seguro sabe muy bien. al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa. desee el padre alejarle. a su voluntad. noble». pues. con su acostumbrada indulgencia. juguete para su mocedad. pre - . Esta “inadvertencia” que. discreta. donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo. al comportamiento y a las andanzas del hijo. diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). En todo caso. el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia. pero no lo es menos que. de Toledo. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas. picioni. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. que amenaza la honra de toda la fa­ milia. pero «fea». pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. permisiva en general respecto al modo de ser.que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). El “desig­ nio” se realiza puntualmente. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato.

apuntan al modo de vida al que Rodolfo. vol. «voraces dom inadores».. los cuales encontraban hermosa. sino muy probable y por completo natu­ ral.]. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—. irresponsable del hijo. Estos anticipados deleites. y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba. ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. El que los padres de Rodolfo conozcan o. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro. Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. de dos de sus cómplices toledanos. p. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia. y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. 211). de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria.suto et salcicie» (894)27. sin duda. i). Sin embargo. ¿no sería mucho más extraño. cuando menos. acompañado. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. Consciente de la vida libertina. ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894). II. dicho encuentro no sólo no sería imposible. tan hermosa Italia. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto. consideradas todas las circunstancias. hijo de Rodolfo y Leocadia. en un estado de continua. Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido». los italianos. significativamente. y defenderla del turco y otros dom inadores [. es atropellado por un caballo. sino a ser soldados [.. ¿no es­ taría «el anciano caballero».] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros. creador de la novela corta española. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina.. . en que Luisico. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido. sos­ pechen la conducta disoluta del hijo. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—.].. precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[. “mila­ groso”.. su nieto.. en sus paseos por las calles de Toledo.

de un modo u otro. “realista”. Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. etc.. El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías. en suma..] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras». Parte II. incontrolable. shedding his blood. quien rapta y viola a L. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. alegórico en la obra.. Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. de la «natura». pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo. estilísticos.. Parece «harto verosímil [. paralelos. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo. y no a su naturaleza salvaje. según nuestra interpretación. derramando su sangre virginal. p. irónico. con que coinciden todas las demás que. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo. púsose a mirar. objetiva.. como dice un crítico. Por otra parte. evidentemente. estructurales. Interpretación tentadora.] .]»30. la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street.un sentido fundamental. tendido en el suelo. pero. pero su sostén textual es. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. y por mejorarse de puesto. i. este episodio es tan verosímil. a una ley física. a la gran velocidad del caballo. es m otivo fundamental de la novella 27. cuestionable. Parte II. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». para rebatir las opiniones opuestas29. Sin embargo. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her.. «La furia de la carrera» se refiere. Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes. [«El caballo que atropella a Luisico (.. y R.) derramando su sangre.). derramando mucha sangre de la cabeza» (894).. 70. y dejóle como muerto. son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». cuando me­ nos. buscan un sentido altamente sim­ bólico... y por el instinto de la «sangre». 117. pasó por encima de él. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28. 30 G iditz. de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. p. en definitiva. etc. por la semejanza de la «facía». 29 Rodríguez-Luis. temáticos.

con el sufri­ miento de Cristo. todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”. Es cierto. etc.. 2 0 2 [«(. [«(. El hecho de que. sino para ocasiones extraordinarias. Calcraft. 33 Ibid. etc. para uso diario de 1a fam i­ lia. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896).igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. Leocadia se identifica. comprensiblemente.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»].. víctima inocente de la maldad. sin embargo. hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico. Y. p. etc.. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. según nosotros importante..) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán.. con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be.. para hospedar visitas ocasionales. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [. primordially carnal appetite and pride » 31. así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32. los m edios de la redención de su madre. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. crucialmente. y la derramada por Cristo. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». representado en la imagen del crucifijo. así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»]. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos.]. on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption». porque este accidente determina la identificación de Rodolfo. tanto en el nivel humano com o en el moral. evidentem ente. por la Providencia D ivina en todo ello. pidiénIbid. 35 32 . Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es. la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y. después del accidente. Esta distinción.. derramada en un simple accidente. «Structure.

se hicie­ ron deprecaciones. ante cuya imagen se renovaron las lágrimas. el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico. Independientemente de la actitud particu­ lar. «no por devoción ni por hurto. pues. pero no se le dio nada y. propiedad. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo. de “testigo”. la verificación de los hechos. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. reconocido como propiedad del hijo. según lo sugiere. aunque incidental. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. no hizo cuenta de ello» (893). sirve a todos de “testigo”. «abrazada del crucifijo» (896). se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos». como rico. su natura­ leza? Y significativamente. sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893). para la identificación de los protagonistas. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. aun­ que. a pesar de haberle ésta revelado todo. por el crimen cometido. que pues ella fue testigo de tu desgracia. de mórbidos complejos personales. que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. en efecto. ni siquiera la más leve emo­ ción. otros considerándolo. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. milagroso. o hasta. Para algunos personajes —y . ya casados. de un modo u otro. etc. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella.dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). sino llevada de un discreto designio suyo» (892). de prueba material. con tanta probabilidad. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. lo cual responde a su propósito inicial. Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia. cínicamente. como factor. como mero objeto precioso. el crucifijo. de­ sapasionadamente. nótese. consolador. Los personajes revelan.. una obsesión patológica de Rodolfo. En efecto.

la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas.. En efecto. Y. El Saf­ far. 134 ss.algunos críticos— es también “juez”. p. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34. pp. «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». N o v e l to Rom ance. pp. libidinosa de Rodolfo. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. 35 Calcraft. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ». Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual. identificar a su ofensor. y.. 201. «Structure. «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre». sin embargo. se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship.. particularmente.) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país. and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35... quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (. [«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas. honours his parents and the customs o f his society. buscar remedio.. de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes.] . la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo. 271-5. los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas». I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien. ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto. Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz. De hecho. Forcione. representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. etc. etc.

su relación con Luisico. y. el carácter. Ninguna preocupación revela por la personalidad. superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”. Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o. . en efecto. sin averiguar antes su identidad. las costumbres. hasta el extremo de casarse con ella. etc. sin querer saber nada de lo que tan importante. evidentemente. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían. 38 A l principio. se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. pero. como mozo poco experimentado. de su futura esposa.. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter. razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas. para casarse. etc. cuando menos. Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. fundamental sería para un buen matrimonio. la conversación de Rodolfo con su madre. ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería.. Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-.dolfo36. en sí. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». antes. las circunstancias de su vida. facultad de seguro perfeccionada en Italia. al vol­ ver de Italia. las virtudes. tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899). en Toledo. Regresa a España para casarse. Dice algunas cosas.]. sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. en suma. pues. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña. de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió. sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas. Lejos de contradecirlas. 37 D .. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). (897). sino con muletas.

a la par que de su belleza física39. sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899). también posible en el caso de Rodolfo.. mudable dispo­ sición del hijo. de manera estridentemente obvia. el buen gusto de Rodolfo.nobleza y de la discreción.]. inviolada por hombres como él mismo—. sugestivamente. la ma­ dre. discre­ ción. Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo. Así. ellos me la dejaron por herencia. por lo cual también concluye Belisa. pues. sino. su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. ¡«Fait accompli». La aceptación.]». enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel. Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre». porque en ese «tiempo». Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado. El burlador de Sevilla. hedonista: «jque me entretenga!». pero implícita queda la estridente. a Rodolfo logran casarle con Leocadia. gracias al cielo.. sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure.. era suficiente «la voluntad de los contrayentes. pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. . y a mis pasados y a mis padres. Y muy de acuerdo con estas actitudes. conociendo bien la naturaleza. p. que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso. supuestamente anterior al Concilio de Trento. como una mujer no sea necia [. y. Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897). irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». tercera jornada). la hermosura busco. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”.. la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. caprichosa. la belleza quiero. su naturaleza monstruosamente egoísta. precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. ante todo. sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza. 200). una de sus víctimas. D. no evidencia la sensibilidad estética. porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). la caprichosa.

cuando éste vuelve de Italia (896). ca­ sándose con ella. sin poder prever que. precisamente por su desbordada sensualidad.. por la chocante contradicción que observa entre tan gentil. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle. Leocadia «ya quería» a Rodolfo. discreta.—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo. y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos.. ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo. durante la cena. se desvanece de emoción en su presencia.. «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma». y al casarse por fin con él...] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897). «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo.. reconociendo su paternidad de Luisico. que ella. en el sentido sugerido. decorosa apariencia y el bárbaro. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad. y a aceptar como por completo comprensible.. simultáneamente. «alguna vez le miraba a hurto [. sobreviniéndole un desmayo» (898). pues. no dejan de «suspenderla» (896). redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [. etc. sensata.]. a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva. brutal modo de ser. al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898).. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto. Sí. pero de seguro.] a hurto» en la mesa. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre. la doncella tan juiciosa. «en tanto que la cena venía». cuando. ante todo.. con tan trágicas consecuencias. la afirmación de que ella. natural. según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [. se realizaría . y de sentido tan serio de la vida. Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [. su monstruoso egoísmo.. poco después. se nos dice que es «venturosa» (899). de modo muy iró­ nico.] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. Así. hubo de sufrir. comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado».] le miraba» a Rodolfo. La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. su fría crueldad.

. 43 L a estrella de Sevilla (última escena).] honrada» (899). pues al volver del que ahora he tenido [. pero yo lo doy por bien empleado. N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—. en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa. Leocadia lo da todo..] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). pero tan bru­ tal. abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l.. ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar. Calcraft. declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. hasta.poco después el matrimonio. 4 1 Rodríguez-Luis.. dice Leocadia». y quizás particularmente. 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia. 68: «Honra y no amor. me hallé. en vuestros brazos sin honra. pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie. 132. I. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [. Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes . 4 2 El Saffar. por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa.. ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige. esencial­ mente. p. ni después de casados. etc.. ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada. N o v e l to Rom ance .). indicando «la restauración de la honra» de Leocadia. «por bien empleado». en el matrimonio. Aun­ que ya libres de todo rencor. Aliviada de improviso de la ator­ mentadora..] me hallé [. señor. «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891). Gitlitz. . p. angustiosa carga de toda su juventud. hasta la más atroz experiencia del pasado. cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida. etc. pues. pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto. antítesis. tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!..

su «resurrección» en todos los sentidos. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ». que eran la lumbre de los suyos» (890). Gitlitz.. Ahora bien. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ». que sus padres se encuentren «ciegos. 59-67. sería. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares. de regreso del río. por ejemplo. Selig.]. Soons. pp. eventual prueba material del crimen ocurrido. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—. p. en A l margen de los clási­ cos. «Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention». etc. respectivamente. pp. tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo. los estu­ dios de El Saffar. (892). y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia. . etc. pp. pp. Calerait.. pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa. Así. Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. según varios críticos. pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [.]. 100. 485-490. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral. lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. cuando menos..]. en la primera y en la segunda parte de la novela. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». 87-93. aparentemente. 4 5 Azorín. «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. 121-5. tan claro». caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. vio un crucifijo pequeño [. llenas de «radiante luz». y otros. «Al margen de La fu e rza de la sangre ».. "luminosos”. Forcionc. sin los ojos de su hija. y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios.. con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz. pues. Con «el res­ plandor de la luna. la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia.. Levisí..

llovida de bo­ tones de oro y perlas. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido.]» (897-8). acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. Rodolfo se olvidó por completo de ella. Lo que a todos importa. sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. le ser­ vían de adorno y tocas. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. se humilló a todos [. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo. Es significativo. 4 6 . probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. es realizar los desposorios. en esta obra. de los cánones sociales. Esta escena hace evocar el banquete. Lo dudamos mucho.las sugeridas usualmente. ¡Leocanovelas de C ervantes. la pérdida de la virginidad. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban. para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. para restaurarle la honra a ella y a la familia.N o v ed a d y ejem plo de las I. Levantáronse todos a hacerle reverencia. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio. 66).] de una saya entera de terciopelo negro. no se casa con ella para desagraviarla. etcétera. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (. inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia. traía de la mano a su hijo. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. con airosa gracia y discreta crianza. lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral. Parte Π .. p. para expiar el crimen y el pecado.. de un modo u otro. pues. «vestida [. en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. claro está. etc. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia.. Como simbolización incontrovertible. es decir. y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó. de Bandello. vitalmente. en la novella 42. cintura y collar de diamantes. no corresponde a la de la virtud. durante el banquete. del genuino sentido del amor. por semejanzas. Era Leocadia de gentil disposición y brío.. sus mismos cabellos.

“iluminan”. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. humilla­ ciones y sacrificios. los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico. que ya antes re­ clamó la misma inocente. por causa de las crueles. su único nieto conocido. pun­ tillosas convenciones sociales. un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante. con noble ademán espiritual. 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. trayendo «de la mano a su hijo». pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. aunque lo fuese por él? Al hablar de la . con toda probabilidad. como última afirma­ ción de integridad personal. Rodolfo ahora no repara en absoluto. por todos sus muchos sufrimientos. que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. y. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. se revela. insaciable y tirana deidad. Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente. del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—. tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. más tarde. sobre todo. Leo­ cadia. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. a la vez. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria. pura víctima. pues. nótese. sumisa. sólo con la preocupación de su paternidad (899). testimonio vivo del agra­ vio —en quien.dia lo sabe tan bien! Así. «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. desfilar frente a Rodolfo. tal como éste desearía. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo. al observarla dócil. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. Sí. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. sino como señora de alta dignidad per­ sonal.

la perversidad. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. el egoísmo. que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario.! “Alegría” final. la arrogancia. de hecho.] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes. p... an d hence alienating m an fro m his true nature. se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio.. pues «en aquellos siglos [. por conveniencia. trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza. de perdón y de confianza renovada. necesidad. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». . intereses particulares. las absurdas preocupaciones. en La gitanilla.. pues. o fuerza desentendida de la brutalidad.. las penosas disimulaciones. ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes. «she has done the best she could»49. over­ turning the proper hierarchy in the soul. pues. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre». 156 ss. como bien se ha observado. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia. para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. they are then. fa m ily autho­ rity. p. y meras consideracio­ nes prácticas del momento.. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. Cervantes. entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les». 4 9 Gitlitz. en suma. 221. 5 0 González de Amezúa y Mayo. pp. de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada.dera “venturosa” al fin. 121 [hizo lo mejor que pudo]. el matrimonio religioso» 50. medita sobre esta «alegría universal». Cervantes. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo. i].. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls . [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. 162-3).) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos. creador de la novela corta espa­ ñola. an d only then.] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués.. que. pp. sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales. «o f Christian m arriage. como reparador de la ofensa. egoístas. justas para lograrlo.

p. “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. sin sostén ra­ cional o moral alguno. aun sin contrición alguna del ofensor. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. des­ pués. con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. atribuíble a una maduración interior. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio». con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. también. «la llaga» (895). 151-8. de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales. P abón.en una digna relación conyugal futura. Las dos doncellas. la declaración «por permisión del Cielo» (899). en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. Sin embargo. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51. según ya se ha dicho arriba. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». resignados. pp. "la medicina”. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace. 119-124. pp. pero también. . sino. D e poder demostrarse convincen­ tem ente. Sin embargo. con igual sugerencia irónica. cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. si tal es el pro­ pósito del autor. tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. de m uy sutil concepción artística. La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular. Casalduero. ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». en gran parte por esto mismo. «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. por genuino sentim iento amoroso. and La fu e rza de la sangre». en base a la evidencia textual.

Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis. pues se trata de una situación hu­ mana universal. Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios. p. G onzález Palencia. y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. Con respecto a este incidente. 2 Cirot.. cumbre de la novela corta». para deleitarse después con un amante. 3 Cirot. 3. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario.. . «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». bíblicos. p.» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [. lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos.]. se hayan encarnizado en buscarle analogías. artístico. su joven esposa. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. folklóricos. Para las extremadas medidas con que el viejo. propuestos hasta ahora. «G loses sur les maris jaloux». 13. creador de la novela corta espa­ ñola . que. con tesonero empeño.EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que. como gusano de seda. como es natural. me fabriqué la casa donde muriese. mitológicos. ejemplar o sólo anecdótico. pp.. sempiterna. En La lena. así.. para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio. C ervantes . «G loses sur le m aris ja lo u x ». lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3. 234-5. un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal».. viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo. pp. il. en que una mujer engaña a un mancebo celoso. se han señalado muchos an­ tecedentes. y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina. Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. 422-3. emborrachándole y robándole las llaves.

7 Avalle-A rce.. como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño. perdona a su joven esposa.) en un aposento peor que una prisión»]. 4 5 .). «N otas sobre ios elem entos m itológicos. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla.] una via /[... «a su misma casa». «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ».. 6 G onzález Palencia. 2 0 0 . en un cofre. por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(. Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[. peggio che preggione» [«(. pp.. el viejo. «Las N ovelas ejemplares». 81-118.) una vía (. Este y otros motivos mitológicos. cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos». En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia.]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (. metido en un baúl.. Brow n.]/ In­ tro una ciambra. 417423.. se vienen abajo. pp. En un cuento marroquí. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4... El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino». p. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano. y go­ zar a la encerrada.) a una roca que se llama Altamura (.. todavía niña.. comúnmente muy pasa­ jera5. El amante cava «sotto la terra [. Al descubrir el adulterio. «El celoso extrem eño de Cervantes».. hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7.rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion.. comprendiendo su error. trayéndole uno. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita. El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6.) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»]... bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ».. todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. llegando una D u tin.

«II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G.noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 . En una novella de Straparola. un rey construye una torre. guardada por centinelas. Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián. En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. perché avea troppi anni /[.. 13 Castro. los encuentra abrazados por la mañanaI3. logrando el fruto deseado. 12 Cirot. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». 209. pp. Fue mal apto. Lizio. con el pre­ visible prem io10. El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». tocando «certe canne». su pasión. pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele. como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 . Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris. «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». atrayendo a la esposa. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». 11.. 138-143. (¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo. p. «Gloses sur les maris jalou x ». entreteniéndole con juegos de ajedrez. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina. 11. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 . Este cuento se reproduce en el Filocolo.2 . p. el padre de Caterina. porque tema demasiados años. Straparola». de lo cual después alardea en la calle9.]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. con algunas modificaciones interesantes. Garronc. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado. ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable. 8 9 . 10 Cirot. pp. El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. / che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto. Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca. Sin embargo. 11 Castro. 2 2 1 .. En la Histoire de Floire et de Blancheflor. en que encierra a su joven esposa. p. F.. quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(.

y muestra que «el obstinado». o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. 144. T utte le opere di M atteo B andello . entre los cuales. U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. según C astro16. Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña. Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . 129. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». entre otros. es inmanente». A nales cervantinos. En efecto. Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. prólogos. varias otras del mismo autor. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». M enéndez Pelayo).atentamente las novelle de Bandello.. [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria. respecto a este problema particular. rv. 1992. 525-528). «perece en la demanda». 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». trata ese tema. en menor grado. etc. Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. En nuestro juicio. la P arte (cuatro Partes) y la página. En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados. 16 Castro. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia. El pensam iento de Cervantes. pp. «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». con que en sus novelle. cartas. tras la cita. El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 . constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. la página. indicando. se destaca Castiglíone. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . i. de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad». quizás incomparables en la literatura europea precervantina. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5.136-7. en E l teatro de Cervantes. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa. U tili­ zam os la edición de Flora. siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». . aún más se destaca Bandello. pp.

La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. porque. la marinara e le croci» [«(. «degno di compassione e perdono» (33.. para . chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni. a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. declara. no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari.. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos. 538). Esta intención moral. por lo cual «non è [. para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada. pero esto refleja.. III. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo». no debe ni puede «negoziare di continovo. el arte. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. 422. ejemplar. (por lo cual)... tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. sin tomarse a veces alguna remisión de la mente. III. La «natura umana ». con más frecuencia.) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (..marito per moglie». En efecto. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi. su convicción de que la literatura.] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente.. se merecen) las cadenas y los grillos. Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta.. el hacha y el tormento»]. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. Bandello siempre imparte castigo al transgresor. entre otras razones. 57. pese a su gravedad. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido. ya en forma de una muerte “ post errorem” ya. de una estrepitosa burla.

ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido». 87). Con la misma intención. Para este objeto se plantan las alamedas. que no siempre se está en los templos. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . se sobrepondrá y se la pegará. muy significativamente. donde el afligido espíritu descansa. no siempre se asiste a los nego­ cios. según los casos»]. uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd. declaradas. escribe él sus novelle (41. non divenendo gelosi senza cagione. destaca Ban­ dello.. Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal. rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. Por estas razones también. el «suceso» del celoso Carrizales. I. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta. che se egli avesse piu occhi che Argo. por calificados que sean.. . 64-5). pero.. II. escribió él su no­ vela. aunque él tuviese más ojos que Argos. con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. también.]. horas hay de recreación. a la vez. «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(. ejemplar y. en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos. al fin ella. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel. teniendo celos sin causa. porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. p.. Sí.que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. digo sin daño del alma ni del cuerpo. se buscan las fuentes. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male. donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. nos dice Cervantes. recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. claro está. Estas nociones sobre la función ética. no siempre se ocupan los oratorios.

la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). «al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. cree él. Según se verá. en el as­ pecto humano y artístico.poco que hay que fiar de llaves. astuto conocedor de su sociedad. pero también con la codicia de los padres de Leonora. sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. “bellísima” jovencita. caballero napolitano. cuenta Carrizales. para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual. vagas. le causa a Carrizales. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza».. sí pu­ diese pasarla con Bindoccia. Angravalle. Sugerencias generales. conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. La tendencia codiciosa se sugiere . en todos sus detalles. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. no se trata. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así). al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. 919). se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. se con­ tentó de dársela»]. granjeada en el Perú. quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato». Así. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. Por mucho que se insista. Con ella. artís­ ticamente. tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas. con tan bue­ nas razones. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». pues. la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. en la trascendencia del “suceso” cervantino. caracteriza la novela en todas sus partes. y con quien se casaría.

cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice. les pidió su bendición. ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. y así. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. En todos estos hechos se insinúa.. por el afán avasallador de su «remedio» material. por mayor horror. evidentemente. o. vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. Se evocan clásicas situaciones trágicas. quienes. y despidiéndose de ellos. sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales. . se satisfacen. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos». como el sacrificio de Ifigenia. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904).] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. rodeada de sus esclavas y criadas. asida de la mano de su marido. Sí. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919). de modo tan característicamente cervantino. las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. de las obras cervantinas. para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre.. se vino a su casa» (904). 122 ). que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno.repetidas veces en ellos. Señalaremos algunos casos importantes. la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905). para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. también. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903). ¿sería. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. com o en otras obras cervantinas. concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [. llorando con sus padres. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito. e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. En las novelle de Bandello. en absoluto. hijo. pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material.

). que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (. él mismo ha destruido muchos de ellos.. ha visto mu­ chos desastrados. como. Sin embargo. fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa. precisamente. Así.) es a menudo causa.] diventa sospettoso e muore mille volte il di..]. m.. infames. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo.. sobreenten­ .. por lo menos de algunas relaciones. La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar.). en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida. 1. p o í ejemplo. las ridiculas.. se hace suspicaz y muere mil veces al día. hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (. para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa».. fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano.. sin causa alguna». combattuto dal freddo verme di gelosia. Carrizales «era [. entre la puertecíta y la puerta. con quienes. "buenas” y “malas”. 611).impazzisca e divenga favola di volgo [. che spesso poi gli fa fare mille errori» (33. A. porque. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”. indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral.. (como.. y comenzó.] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo. sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4). con toda probabilidad. al salir para América. rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902)...): cuando salía de la ciudad o de la casa. che da quelle non si poteva veder persona alcuna. por ejemplo.. Mujeres solteras y casadas. pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903).. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos. Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio. «el mal gobierno» de toda su vida. es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [.] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado. sin duda. a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53.. se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902). 422).. [«(.. lo sugieren los «peligros». las ridiculas medidas preventivas. y porque.

se debe. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales. sin que pudiese ver otra cosa». hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). «se vuelve en natura­ leza [. en definitiva.. sino. sin paliativos posibles. por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro». del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven. de un modo más bien casual. y con intención categórica­ mente condenatoria. y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. Como imitando al celoso marido bandelliano. miedos. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 .diéndose: «sin provocación específica». sospechas. Cervantes adivina complejos problemas emocionales. sino por ser un viejo “vicioso”. que en Bandello se representa. y cuando «salía de casa». psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. dudas. se cons­ tituyen en un asombroso.]. De hecho. sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal. absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal. 171. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo. Leonora no le es "infiel” por su vejez. palpitante organismo de aprensiones. pues sus celos radican en una «natural condición». petulancias. . pero reserva tan gran fracaso para Carrizales. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. irrazonable por causa de sus celos..] con la costumbre» (Coloquio de los perros. en cambio. no por ser éste viejo. descuidada. de hecho.. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable. que.]. con gran ironía. 1017). cuya avasalladora fuerza. tan intensa. que de la casapuerta respondía al patio [. dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904). Anticipán­ dose a Balzac. p. dice Cervan­ tes. en suma... también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo. e «hizo torno. Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero. de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad..

el de Carrizales.) a todos los criados. (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio..] Arreglo mucho más “liberal”. revelado por su «maldita dueña» (916). il quale la mula governava e faceva la cucina»... enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca.].. de hecho. despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo... pues.. que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama). ma tanto inetta ch 'era da niente. Desde esta perspectiva. 8-9. un comprensivo retrato del viejo celoso. También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!.. pues. tutti i servitori». Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios. con tan buena razón.. compra «cuatro esclavas blancas [. de Loaysa y su es­ tratagema. (918).]. Febres. excepto «uno solo di m i si fidava [. pp. etc.. guardar la entrada de la casa. al casarse con la niña. 21 Más tarde. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(. por celos. de su casa. Carrizales la considera «pestífera». porque llega a conocer su perversa naturaleza. como si fuesen partes distintas de la novela20. con cualquier impedimento físico en ella.. particularmente en contraste con la del marido bandelliano. un truhán rudo y bellaco. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis.] para curar de ella» y.). contrata criadas. en reali­ dad.. pero tan inepta que no servía para nada.. de cual­ quier modo. origina­ les de esta novela.elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan. de quien se fiaba (.. . «un negro viejo y eunuco [.. che era un mascalzone ruvido e vi­ llano. la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato.. etc. quien cuidaba la muía y cocinaba. quien. 20 Ibid. se están. encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904). «taimada». D esd e la perspectiva de Cervantes. según lo muestra su despecho. despide. a la vez. excepto uno.] y otras dos negras bozales». «tutte quelle donne che in casa teneva [. resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes». y otros. toda la materia episódica y descriptiva constituye. «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos».

como un nuevo Argos. espiritual.. 70) [(. visual. [«(. M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. coetáneas de Leonora. Por esta misma ra­ zón. a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [.) a las mi­ sas... che andasse la malina. ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905).pero.. Quiere. pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). Aquél permite a la esposa ir «a le messe». Así como el marido bandelliano. y tenía que ir a la primera misa (. su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual. mental. incapaces de iniciativas propias. porque. se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”. Por su parte. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53. 1... él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905). . que él quisiera que lo fuese. a las dos doncellas. material. cosificadas. «después que casaron a su hija» (917). emocional. por lo menos. vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»]. irían a oír misa. supuestamente ya “pasada” para amores o. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora.) acompañada de la muda y de un criado. “mutilada” o. Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica. (debía) volver a casa»]. para trastulos sexuales. ante todo.) forzaba que de continuo. Considera prudente acompañarlas él mismo. tener una servidumbre desexualizada. más precisamente.. «de día pen­ saba. entre otras considera­ ciones. de seguro. con el mundo exterior. 1. todos. supuestamente por sumisas. y a Marialonso. de noche no dormía. sin faltar nin­ guno.. a huonora. 611). Carrizales. 5 .] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa». 611. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta. pero «solamente le feste e hisognava. a las esclavas. (pero) sólo en las fiestas.. En su grotesco harén... 1. por lo cual contrata al eunuco. al aya. nunca los invita a su casa. al considerarlo atentamente. auditivo. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. y acabada la misa. debía «tornar a casa» (53.

. Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba.De acuerdo con todo lo visto. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ).] con sus amigos».. como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. empiece a negociar «en la calle [. una esencial origi­ nalidad. a veces mencionándolos y otras veces no. il. creador de la novela corta espa­ ñola. al casarse. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño. eficaces. relevantes en el nuevo. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían. en cualquier caso. «falto de inventiva. Aunque de modo juguetón. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). Sería ridículo. es decir. pobre de inspiración.. sin dejar «jamás» a ninguno de ellos. Cervantes. A menudo. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices. pp. sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. episodios. Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. original contexto literario que está creando. y M ayo. apropiados. busca libritos rarísi­ mos. entrar «de la puerta dentro del patio» (905). [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención». Antes de con­ tinuar con el examen de éstas. 81). pero.. . en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. Cervantes. acude a unos manuscritos viejos. argumentos. y que Carrizales. abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»]. en efecto. 22 G onzález de Amezúa. callada y alevo-: sámente. como no sea todo el concepto y toda la copla entera. saquea poemas italianos para hurtar de ellos. 241-2. De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes. caracteres y pormenores. la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos.

Sus semejanzas con El celoso extremeño. cerca de la entrada del pasillo. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe. cuartos. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. más atrás. tenía cuatro cuartos. . pasillos. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”. en uno estaba Clío. Esta era la resi­ dencia de las mujeres. según la traducción de C occi o. che erano alVncontro Vuna delValtra. son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas». cerca de la joven»]. En los cuartos interiores. stauano la fanciulla et la madre. para resguardar a Leucipe. de Leucipe y Clitofonte. Nelle camere piu adentro. en los otros dos. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. y su sentido. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande. Las' ideas de este interior. es­ taban la joven y la madre. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle. Leonora. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. Clítofonte quisiera gozarla.. y sobre E l am ante liberal. su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. per il quale sipassaua andando alie camere. et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto. Apasionado de Leucipe. haueua quattro camere: due a man destra. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. puertas. Questo era Valbergo delle donne. claro está). en dicho aspecto.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. N el principio di questo ándito si serrana una porta. al comienzo del cual se cerraba una puerta. dos a la derecha y dos a la izquierda. frente a frente. Además de esa formidable disposición de departamentos. pero la joven. quien le corresponde en ese deseo. etc.

):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. 16. etc. 911. «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. levantán­ dose muy temprano. Frente a tan formidables obstáculos. esencial­ mente. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L . etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. La madre de Leucipe asalaria a Conope. «miedosa». y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro. para sensacionalizar y amenizar la intriga. se nos muestra. la «sospechosa». vigilaba. 24). si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. di nuouo gli porgena le chiaui. (904. al ha­ cer un «torno. pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. que de la casapuerta respondía al patio». 912). et serrana di dentro la porta delVándito. «fatigada». blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. quien se en­ .. que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. Clitofonte consulta a unos amigotes. le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. quienes se entusiasman de inmediato por la empresa. es decir. et un ’altro la serrana difuori. hablador y goloso. cínica. del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». y cerraba desde dentro la puerta del pasillo. sobre todo. «un certo seruidore curioso. y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. et ella prendendole le serbaua. que aguarda todas las mañanas. así que era difícil evitarle»].. Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. al cerrar «la puerta. cicalone et goloso. según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa». por donde le traen las provisiones. «dueña». También Clío. accioche egli aprisse» (Leucipe. Prácticas y recursos materiales previstos por la madre. «sobresaltada».sempre metteua a dormir Leucippe.

16). a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24.. según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte.. et erane innamorato per fama.. desideraua di hauerla por mogliere. que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes. «El Loaysa de E l celoso extrem eño ». la quale ha cura della camera di Leucippe. [. Hablólas [..] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla.]. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante. lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi. 8-9. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo. la quale egli non hauea giamai ueduta..]. se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe. gente baldía.]· los hijos de vecino de cada colación. N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [.. ma di uita prodiga. «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón. et mostra di portarmi affettione come a suo amante. atildada y meliflua».] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [.) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín...) que nos ayude en esta empresa»].. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe. De la misma estrategia. quien cuida el cuarto de L. che porgone alV anima gli occhi [. ofreciéndoseles a su servicio. pues Clío. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco.. la dispondré a (. pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional. Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta.. 915). como por ejemplo. 20 ) [«(. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6. Poco a poco... et lasciua. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria. acordaron que se pusiese por obra. único. de las cuales coligió de [la] mala intención suya. ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio. y de los más ricos de ella. la fortuna ya nos ha proveído.. sus amigos..]. con tan buenas razones [. Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola.. 910... che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione.] pareciéndole [. .carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna.. si è meco dimesticata. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo. sino más bien una variación local de un carácter universal.

compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales. la hermosura de su es­ posa [. de pésimo ánimo»]. le tomó gana de saber quién vivía adentro... Éste.) y las cosas que no veía. Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes. de haber sido necesario. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906). todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [. imaginándose la belleza de la joven (. con su propia problemática íntima. aspiraciones y deseos... para mayor interés de la intriga. llegando a saber que S.rico.]. y por las palabras se apasionan de igual modo (. por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo. Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa. Supo la condición del viejo. 946). según lo demuestran sus promesas a Marialonso... pero de vida pródiga y lasciva.. a quien él no había jamás visto. po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [.. estremecido. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915).]. estaba solo. . desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas». necesidades.. al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes... de cuyo cumplimiento. [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones. en lejanas tierras africanas: «[. a quien nunca ha visto. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse. pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran. p. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor. responde. deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama.). que de todo en todo vino a saber lo que deseaba. y viéndola siempre cerrada.]. un día. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia.. II. Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora.]» (905). A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25. tenía una bella hija. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi».

. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. «corte­ sía». Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. de sexualidad frus­ trada.. explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual. pese al gran miedo al castigo. «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis. pp. su complicidad con Loaysa. 36. véanse los interesantes com entarios de Forcione. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado.. pp. «gentil disposición y buen parecer». para oírle y verle de más cerca» (910). lo que. audacia. 53-4. según lo revelan repetidas veces sus patéticos. las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). reprimida. anchos. «abrazándose con la guita­ rra». atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa.]. y que explican. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena. a la vez. con el torzal de cera encendido» (910) 27.. suspensas. Las criadas son mujeres de vida yerma. ¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres. significativamente. a la marinesca. a que responde el corazón.. pp. 39-40. también. un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. atónitas [. elegancia. al principio le aviva la fantasía26. para el lector. Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari. 279-283). «caballerosidad». En cierto sentido. melifluidad. Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica.. cuando se esconde en el pajar y. pero no al sentimiento y a la emoción.]. lentamente. de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels.. Poníanse una al agujero para verle. aun de haberlo querido. Son los «romances de moros y moras».. tienta cariñosamente las cuerdas (915).. rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él. 27 Ibid. con cuello almidonado. con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. y una montera de raso de la misma color. tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. «de arriba a abajo. parecióles que miraban a un ángel (Loaysa]. junto con su obsesión por ser músico. luego la otra». 1956. N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S.patética y conmovedoramente. astucia. Ya dentro. resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y..

pues. de frenético apetito.. Marialonso oculta una voraz sexualidad que.. traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio. que se atribuye a Cervantes. «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28...a Loaysa «en medio [.].. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza. cual fue que su señora doña Esperanza [. contando con una particular 28 En L a tía fingida. quien no quiso [. monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [.. ex­ cepto mi señora» (913). quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [. sin excluir su sarcasmo.. 39. respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra».. aquella los pies.. 55-8. otra: ¡Ay que ojos [. Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [. í 740).]! Esta alababa la boca. a nuestro juicio. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua».. malévolas.. pp. Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos... .] luego su embajada con sus torcidos. «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915). con todo eso.. barbuda [.] del músico».. 430). lo que es mucho más grave..]!. Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione.. Marialonso. según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914)..].]. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa.. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y. de doble filo.... re­ pulgados y acostumbrados vocablos. con razón. antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915). la dueña («la tía fingida»): «propuso [. no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida. otra: ¡Ay que blancura de dientes! [.].J. aún mayor frustración para estas mujeres.] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [.] estaba tan pulcela com o su madre la parió. intenciones hipócritas. y concluyó con una m uy forjada mentira. que se acaba en otra. más que. 40. hechicera [.. C ervantes a n d the H um anist Vision ..

di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. la voz. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. se haría recibir como «haya de Leonora». sobre todo. ya “inútil”. por Carrizales mismo. destaca esa "comodidad”. trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama. también lo soy [virgen]. con suprema ironía. no teniendo treinta cumplidos. el suspicaz portero. porque le faltan dos meses y medio. molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara. 26). «tentaua di far opta migliore. hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. [«(. y a veces dos. hauendo per dut o di far cosi belVopra. quien la abraza. trabajos y desabrimientos echan un cero a los años. y si acaso pa­ rezco vieja. vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas. Al fin. según se les antoja» (913).. pero también entu­ meciéndole con el vino.. muchas veces bromeaba con él. promueve. essendosi nascoso dopo un certo . et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia.. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe. llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre». 907].lujuria masculina.. de donde. convirtiéndola. copias de las maestras de Carrizales.. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. Cónope. cantándole romances. et malediceua cotale strepito. Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte. escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). cuentos. «et quando io». De modo no muy sutil. «caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves». tan cínicamente suspicaz con todo el mundo. la besa.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». 910].] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. en yesca para Loaysa. las criadas están sobornadas. Por todo lo visto. saldría y. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera. mal pecado.) queriendo hacérselo amigo. después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes. así espera. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. corrimientos. Leucipe espera. congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico. según más tarde relata. aparece Clítofonte.

). mientras en Cervantes. y en el lector. tensiones. . «fa r opra migliore». en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño . a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato. y señora. pero sin otras funciones en la trama. Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5). ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A . enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia).) trataba de hacer “obra m ejor”.. nos levantamos. Leucipe y Clitofonte se disponen s. eficaz. cuando Guiomar.arbore. A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes. la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa. 30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal». suspensión de ánimo.].. despierto señor. quedo. se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco.. y maldecía ese ruido.. La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’. Tacio. habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra... pero. en general. Al volver la calma. pero con mayor sofisticación artística. la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. a los sentidos30. negra. Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra. por medio de «engaños a los ojos» o... se produjo cierto ruido detrás de nosotros y.. Esperando a Leonora. habiendo visto venir a no sé quién. Sátiro (. ya presentes en el episo­ dio inspirador. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora.. a su vez. cual por una y cual por otra parte. cuando los sorprende la madre. haueua fatto strepito» (Leucipe. en su «aposento». ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía. y. blancas. sorpresas. che hauendo ueduto uenire un non so chi.]29.. fue él que ha hecho el ruido»]. y le­ vantas y viene! [. Dios perdone a to­ das!» (914).. y que ella y su señora se quedaran en la sala [. 19) [«(. van. En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica. alboro­ tos...]. espantados. tiene como consecuencia.] Al furioso estrépito [. adonde «dio orden de que se entrase» (915).]. oyendo la no espe­ rada nueva [.

...) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa. 31 «A ngravalle [. si uergognana.. «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [...] con la amarga vista [.] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)]. y así se salió». tras­ torno emocional. Por esto. desmedidam ente celoso. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A...]. pese a las apariencias. 26-6). aun sin saber cómo se perpetuó el engaño. . por otra parte. si attristaua.).] color» (916)31. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y. las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa.. Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento... Clío se escapa de casa. Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [.. por fin. ya sin otro remedio..) nadie ha avergonzado mi virginidad (. un marido.. los brazos se le cayeron de desmayo. dolorosa resignación (Leucipe. recrimi­ naciones. en particular. y quedó hecho una estatua de mármol frío [. embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi.. 26-7). cuál fue el disgusto que tuvo.]. profunda indignación.. so che io non bastar el a narrarlo . la voz se le pegó a la garganta. porque. creía todo lo malo de ella»]. oyó lo que jamás esperaba oír.... uno de naturaleza tan patológica como Carrizales.por causa de una pesadilla: incredulidad inicial. Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices. e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa.]. desesperación y. Carriza­ les despertase [. sé que y o no bastaría para narrarlo (.] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa]. sin pulsos quedó [.. cólera [. está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”. Temerosa de otros castigos. I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese.. et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo. impulsos de castigo y venganza. La madre de Leucipe castiga a Clío.] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?».. Leucipe jura y rejura a su madre que.].] vio lo que nunca quisiera haber visto [. [«(. y abriendo la puerta del aposento [. [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora. amarga desilusión.. son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento. desmayo. desmoronamiento inte­ rior....

. Admite que ha «ofendido» a Carrizales. en 32 N o son convincentes los argumentos. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist). Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá». «The Refracted Image: Porras and Cervan­ .. ardorosos deseos. se dice que «Leo­ nora se rindió [. se engañó [. no pudo mover la lengua. Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector.]. se le cubrió el corazón [.. se asegura que su «valor [. «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba. cuando no engañosa hipocresía. et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe. ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón». no por haberlo ella así querido. H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg...]. volvió a desmayar» (918-9). Sólo un azar lo previno...]. pero «sólo con el pensamiento». por otra. estilístico. se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»]. Así las protestas de inocencia y virtud son.]..si uergognaua che le fusse detto uiltania. en pensar que había caído» (905)> pero. el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [.. a lo menos. a pesar de ellas. sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [. se arrojó a los pies de su ma­ rido. Ahora bien. se entristecía. tanto de orden temático com o lin­ güístico.] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916). pero —advierte el lector—. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad.) hacía diversas mutaciones. ingenua sofistería. se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros». según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado. al fin. Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente.]» (919).]. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte.. El caso de Leonora es mucho más complejo. sino también con muy impacientes. de las prevenciones de Carrizales se advierte que. se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto.. Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [. y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere. en realidad. 27-8) [«(..... al transformar la primera versión de la novela32..

(A base del género. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. Se han su­ gerido.que ocurriría el adulterio. Ante todo. nada hipócrita. «Solución absurda». en cambio. 325-352. quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela». de carácter esencialmente estético. advirtiendo que el tema del adulterio. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales. según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. nunca se ha hecho en los estudios críticos. 181 ss. con la censura. «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño. pp. en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio. «El arte nuevo de hacer novelas». «Erasmo en el tiem po de Cervantes». Criado del Val. pp. no era un tabú en esa época. 941 ss. pp. novela o entre­ més): Spitzer. «Cervantes. en la segunda versión. 129-144. en sí. 253 ss. Bataillon. para refinar el estilo y sobre todo. com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). aparentemente. D. 180 ss. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. C ervantes. que llevaría a una depuración muy sincera. Quijote) 34. quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. 41 ss. 36 Casalduero. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. 194-225 y 138-178. En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». pp. los caracteres 3 < 1 .. pp. en que se elimi­ naría. claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). 34 Casalduero. «Indice verbal de El celoso extrem eño ». . «Cer­ vantes et le mariage chrétien». Rosales. «El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. 541. Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia.. pp. pp. 81-90. resultando de ello todas esas «ambigüedades». p. de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . respectivamente. 33 Castro. C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle». creador de la novela corta espa­ ñola il. C ervantes y la libertad . Sin embargo. Ayala. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. una reelaboración de la obra. «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». 37 Farinelli. ío cual pasma al lector. cabe plantear una pregunta que. pp. Sánchez. pp. por encima de la hipótesis que se propone.

¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito.]». 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. Π de N o vela s ejemplares . aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39. pues. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. con todo esto. p. en el vol. permiten una interpretación coherente. Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos). de hecho. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. en suma. 281-91. después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. que con aquella afirmación se alude al adulterio. pese a todas las diferencias. pp. Sugerimos. aun sin pruebas. por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». Lejos de perjudicar la verosimilitud. con tan absoluta certeza. ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica. aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad. 262). definitiva. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism».. comprensible. sentimental. los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación). con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. 219-31. es así culpable de «malas obras». de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ». 256.. específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón. quien. Aylward. En suma. aquéllos son. 258. Edwards. com o se clarifica en la versión posterior. plausible.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . femenina. «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela). pp.. lo cual se aduce como prueba indiscutible. natural. de la indiscreción sexual de aquélla. . se om ite de la versión posterior. Lambert. que ambas versiones de la novela. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. 257).. Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val. ¿por qué se concluye. el valor de Leonora fue tal [. mujer característicamente bandelliana. humana. pese a su ingenuidad.

]. fui dada por esposa a A. p.] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme.. y conlas joyas y anillos que me compro (. [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9). d ia­ mele quien pudo. 596) [~ « Com e sai. [«(. sin pensar más allá»]. La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír. fu i data p e r moglie a d Angravalle. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta. reacciones divertidas en el lector. si en mitad de la riqueza estoy pobre. por disposición de los padres: «A la fe. cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar. Sin embargo. sobre todo. hasta en esta 40 Marrast. anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi». C ervantes. com o muchacha. Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros. sin sa­ berlo. es insólito el m odo con que se burla. ridículo.. dram aturge. es un personaje patético.. 69]. naturalmente. no sólo el argumento.] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida». [«Com o sabes. che io non so come io sia v iv a [. el viejo celoso y cornudo. 70].. 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[..) Si (C..) no es excepcional en su forma. y yo. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [.) me encuentro tan . sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión.. malditas sus joyas.. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto. D e nuestro artículo. provocan. de comedias de golpe y porrazo. de ciertos valores intocables en esa época»]. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate». la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso. ¿De qué me sirve a mi todo aquesto. y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad. que. así. [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo. en parte. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años. ed io lo tolsi volentieñ.. y yo lo acepté voluntariamente. Estos ingredientes explican. principalmente.. «Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza.En las novelle bandellianas.. también por los extremados celos de Cañizares. fuera de las cruces. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité. casada con el viejo Carrizales. 25 [«(.]. fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso. con toda intención..)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario».. Por esto. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete.

.. los deleites sexuales {Elviejo celoso.. pensando sorprender a su mujer en flagrante..]... Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. estoy temerosa. mi señora doña Lorenza. 71) [«(. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama. pero la astuta Lorenza oculta al amante.]. m arito.] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso. durante el acto. a quien. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [. la tercera: «a dirti il vero... ¡Señores míos. se sai>che questa notte che viene io voglio che [. A.]la tua n avepassiper corneto»...) nuestras cosas irían mal. mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [. se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o». hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [. en presencia del marido. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél. la m ia sventura.]».. 596) [-Isabella. 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire... que n o sé cóm o estoy viva (. Provocado. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»].. poner a riesgo la honra [. dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín». p... se reconcilia sólo después de prometer aquél.] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]. pero Lorenza...) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo.).. 74].] perdón [.). y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso.. Cañizares interviene. Lorenza. en ocasiones. mujer distintivamente bandelliana en desesperada. . pues de las sospechas hace cer­ teza. al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano.. 600) [75]...] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande. de m odo singularmente cínico y descarado: «entre. El pensam iento de Cervantes.]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto. y no querría. que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso..) que te equivocas (. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia. de las mentiras verdades [.] che tu t'inganni[.. por mi desventura me casaron con éste (.] p er fa r loro si bello onore. fingiéndose «profundamente ofendida».. Lorenza convierte la desesperación.. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene». de hecho. voi. describe..«escandalosa zapateta»42. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (.. 71] [«(. deseos que pronto realiza con el notorio adulterio. che non andera divolgando i casi nostri. Signori miei. m al anderebbe il fa tto nostro. el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone. sin darse cuenta de ello.. a costui m i maritaste [. 242. 42 Castro....) para honrarlos de tan bella manera.]. no se queje tanto. a momentos. en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas..) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (... si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»].)!»].. 600) [~ « G uardam ipitre.] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso. y verá com o es verdad cuanto le he dicho [... Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas.. 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [. a trueco del gusto. no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [. 82-3] [«Mira bien por el cuarto (.

31-92. desconcertada. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico. 537). pero muy poco se le parece a la cínica.. No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [.. que en el tradicional. compañía hallé. C ervantes' H u m an ist Vi­ sion. cínico y vengativo. sobre todo. compañía quise. una joven algo insegura. un sen­ timiento. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica. con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes. pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. como tam­ bién en el novelístico. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión. europeos. . Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. Tan penosamente consciente de su enorme error. de compasión. Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes. moral. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione. pp. al prin­ cipio. contemporáneos de Cervantes. literario. es también. artístico43. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597). tanto en el sentido filosófico. Varios otros lectores. 84). en cambio. antes y despues. suscitando. Con más detenimiento y. o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). han llegado a la misma conclusión. y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. aunque muy pasajero. Cañizares nos refrena la carcajada.].su comportamiento “libre”. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». perpe­ tuada por los novellieri italianos.

y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. para no despertar su sensibilidad femenina. . «Ella es niña». los «frutos doblados del matrimonio» (598).. 177). procura estar siempre presente. la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente. de seguro. no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904). A Carrizales preocupa. no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón». de hecho. pero es significativo que no se destaquen. Así. «casarme he con ella.. Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”.. a quien estaba siempre obediente».]. Sin embargo. pasa­ ban todas las recién casadas. y controlando cada pensamiento de Leonora. 904). y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903). únicos que puede brindarle a su es­ posa. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ». cuando las criadas cuentan «consejas [.. que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto. como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904). mantenerla obediente.(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. Y para distraerla de su latente sexualidad. pasiva («la nueva esposa [. pero. ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). ni la pierde de vista un solo momento» (910). p. la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares . N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. Mas: «Mais elle n ’a p a s . prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). la hace su mujer. nota Carrizales. dans l'âm e de Leonora.. com o en Bandello y en El viejo celoso. Vi-. 399) [«En el alma de L.. no teniendo «experiencia» de otros. encerraréla y haréla a mis mañas.] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. siempre in­ genua. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. «Se desvela» en traerle «regalos». gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra. de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual. al llevársela a casa. de todos modos. 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. a lo cual ya lo obligarían. sobre todo. p. promueve placeres sensuales sustitutos. su­ misa. Carrizales logra.] en las largas noches del invierno» (905). se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». ésta. mansa y tierna Leonora. se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas».

quien así acepta el juramento literalmente. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913). pero. con perversa lógica.. si acá estás. Leonora se hace cómplice de las criadas..absoluta. reprimidas por la vida “adulta” impuesta.. que destruye su voluntad individual. haciéndole creer. el éxito de sus empresas: «sacó la llave [. de modo particularmente contun­ dente. Por cierto que el virote jura de modo solemne.. Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento. sobre todo. de todos modos. serán. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913). dramático: «Por vida de mi padre juro [. una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle .]. que no deja de impresionar a Leonora. de desahogar sus incli­ naciones adolescentes. Esta la ridiculiza. ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra. o. de seguro inconsciente.. Quijote. todo olvida».]» (1047). en varias ocasiones. y la ignorancia abis­ mal del mundo. especialmente la dueña» (910). «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás.. ¡Oh. porque le pesaría en el alma» (911). que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [. en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada. y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [.. un excitante juego de escondite. co­ menzó a dar brincos de contento» (912). con acento particular. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra.. al complacerse tanto por el juramento de Loaysa.]. pero. por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas. que la deja desprevenida frente a la maldad humana. sin que el viejo lo sintiese [.. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras.] y por esta señal de la cruz. Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911).] El rey tiene harta. Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura. claro esá. y tomándola en sus manos. por una necesidad natural. muy irónicamente. al fin.en voluntad».. que la beso con mi boca sucia» (911). exigido y aceptado por D. sin reparo alguno en la persona que lo hace. Predice bien una criada: «aunque más jura.]». Con cierto buen instinto... Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [.

Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza». Al verle por primera vez. y ella quedó vencedora. en ese momento. sigue actuando no obstante con gran cautela. a su tiempo. pp. pues todavía no está en disposición propicia. «preñados de lá­ grimas los ojos. Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado... Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador.y. pues Marialonso debe llevar «por la mano [. que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora. tan demostrati­ vos y eficaces4é.. sino el de un endure­ cido mármol» (915).] fue tal. N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores. el «donaire».. que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912). ante todo. y entrambos dormidos» (916) 47. que. «Quedó vence­ dora [.cantar y tañer.. . Si da muestras de ce­ der. a la postre. pero. . 40-50).. el «valor».] donde Loaysa estaba» (916). porque. le favorecería en definitiva. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [. y él se cansó en balde. pues no fueron bastantes a ven­ cerla. ¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa. llenas de colores retóricos.. estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento.]. pero advierte la manera en que los rechaza. en cuanto al coito. sin duda. [. Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora. el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones. en ésta no se percibe ningún interés sexual.] contra las fuerzas villanas» de Loaysa. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. Si ella persiste en resistirte. para no echar a 4 6 Véase nota 28. Todo lo contrario. no recurras a la fuerza. con otras cosas semejantes [... los «abrazos del amante mozo». todo esto requiere tacto. 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él. le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—.] y casi por fuerza» a Leonora. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914).. según parece. el «secreto y duración del deleite.

en ciertos casos. pp. Es ésta la culpa que va a expiar. exento de tal “pensamiento”. Le «ató la lengua [. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal. 213-219). Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa. tanto dijo la dueña. Libro i).. pues. pero hay.perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte. Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. C ervantes y la libertad. . ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido. el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. que. que le vino con la comprensión de que «ofender». la conquista definitiva para otra noche. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia. otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso». Leucipe. el acto sexual mismo.. p. pero decide astutamente esperar. Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente. Aunque extraviada por su simpleza y pasividad. Leonora. Es éste. quien podría violentarla. 940. que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48. aunque sólo «con el pensamiento». pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49. para ello. aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito.] la turba­ ción» (919). com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». con toda pro­ babilidad. Aunque mucho más insistente al principio. puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio. Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando. tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). 49 U na interpretación algo parecida en Rosales. porque.

dado su peculiar orgullo de virote. estaba Leonora dis­ puesta a amarle y.] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ». in­ fructuosamente. convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina. 263]. se sentiría m uy hu­ m illado. ¡tan característicamente cervantina!.. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento». p. en efecto. no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919).ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. derramando [.. . tentativa. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [. pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido.. además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales. pues. ¡donde no le conociese nadie!». en su fantasía.] se imprime en el alma» (908 ). Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices. in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho. porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales. sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno. pero no conquistó el corazón de Leonora— . Por tremenda ironía. pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”. con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase». y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad». aunque sólo tímida. sin duda. preguntándole qué era lo que sentía.]. también. que. porque su corazón late con afecto genuino por él. los virotes y mantones. acrecentada por la conciencia con­ trita. Compasión humana. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa.. p... Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. claro está.] muchas lágrimas [.. N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce. serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—.] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla.. él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. pero pronto fundida con una pura. 27). a costa de Carrizales y Leonora.. quien..

53 Lambert. como observa muchas veces...]. Bandello: «In quel petto [. los celos no pueden encontrar lugar.. no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares . és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores. y. Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado. asimismo. radica. p.. 228. non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [. 8). 25. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»]. dude de la sinceridad de su tristeza. no hay duda. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes. El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. y en la creencia de que ignora la treta» 52.. en un complejo de inferioridad del celoso. . quien. 918-922) [«En aquel pecho (.de Carrizales. pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta. a la vez. con muy dolorosa ironía.. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor. mi señor. Cervantes..) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede. 187). gelosia non puo aver luogo». «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso. no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (. dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio. y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero.). dormido en su cuarto51.]. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». Se trata de cierta «hipocrisy» 53.). 25. el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora. por esto.. aunque éste. más bien. p.. «The T w o Versions o f El celoso extrem eño ».J. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido. chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n.. En el romance de los Celos. entre otros autores renacen­ tistas. en el egoísmo. p. «¡Vivid vos muchos años. y mi bien todo» (918)..J sormonti e vinca il nostro valore»... 52 R uiz Vernacci.

los celos. 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar. 42) [«C.. pues. en implícito. sobre todo. que de todos sería ser­ vida. que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». del respeto. otras.]. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»]. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270). Y. específica y segura retribución56.. espontánea “liberalidad”.. El “solipsismo”. sin embargo.] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. un enorme egoísmo. dándoles «muchas dádivas» (905). 41 ss. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina. p. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento. ge­ nerosidad. a veces muy obvia y. en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas. Enjuiciada. y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903). que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. “liberalidad". y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [. del cariño paterno. pp. . disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad. 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada. se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. por lo cual todos «le quieren bien» (905). y. A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija.» A las criadas «sobrábales [. de la lealtad. para que no se les «desmande el pensamiento». el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55.. en suma* del cuerpo y del alma de los demás.] en grande abundancia lo que habían menester... en La casa de los celos. de la amistad. Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta. por mostrarse tan liberal con todas» (217). debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales. N o v e l to Rom ance.

Al considerar el matrimonio. por lo cual también puede volver después rico a España. por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino.. «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. oportunistas y manipuladoras. sino gusto» (903). La «firme resolución de mudar manera de vida». renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad. Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903). «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada.) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»]. esencialmente. consiste. y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903). detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni.. Siempre concibió ésta. que toma durante el viaje a América. en que Carrizales se pasó la vida. pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. 99. en realidad. aparentemente.dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada. pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia. en sus gratificaciones personales. decide no irse a «vivir a [. Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . . más prudente. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. en su larga vida anterior. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda.] su patria». Carrizales queda complacido. ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora. p. como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo. piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903). Así. 58 D unn. tan sólo en un modo dis­ tinto. para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). gratificado más que nunca. «Las N ovelas ejemplares». pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. Muy significativamente. si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal.

y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59. [«(.]. y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905). personificadas en Loaysa y Marialonso. como gusano de seda. etc. puede Carrizales reconstruir. Yo fui el que. se le desmo­ rona el ánimo. inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. A n­ gravalle. por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci. «niña mal aconsejada» (918).. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo.. pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana. por ser hombre receloso y m alicioso. ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. 86-7) [«(. a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo. de inmediato. Sólo a éstas.. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa. Carrizales no toma . para llegar a una inesperada. p. para demostrarles la maldad de su hija.) con deliberación de hacerles una fea burla. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta. El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote.) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. pero ¡qué diferencia de tratamiento. me fabriqué la casa donde muriese» (918)60. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos. 918) la terrible experiencia. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia». etc. atribuye.. por lo cual. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»]. Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo. 916. enlazados en la red de sus brazos». varios personajes del Persiles.). Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho».. En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño. como también a la imprudencia de Leonora. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. 18).mejor que se la supo imaginar».. muy significativamente. su fracaso. que ha­ bría gustado a Calderón o Lope.. con ven cid o de su «error». hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo. lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [. prese le sue arm i».

de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba.].»]. con­ tiene una serie de autojustificaciones. que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. hícela mi igual. él mismo nunca invirtió amistad ni amor. Carrizales.. ya no encuentra buena razón para la venganza. según ahora com prende mejor. 263. por causa del amargo.. a «obras pías».].]» (917-8)6l. Carriza­ les quiere hacer enmiendas.. derra­ la venganza. p. «parasitarios» de su vida entera. Entre desmayos. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener. que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [. entreguéle mi hacienda [. cuando menos.. oscilantes entre el sincero.de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas. a la cual tenía asida de las ma­ nos [.. 6 2 Edición de Avalle-Arce.]. a sus padres. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. al dejar toda su hacienda a Leonora.. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. a los criados. en que. clavados los ojos en su esposa. m uy com prensiblem ente. pues fue la dote. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications. con tan frenética urgencia (918). un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. Sin em­ bargo... perverso sub­ terfugio. porque se desmaya. ¡Todo tan natural!. «atónito y embelesado [. quizás inconscientemente. Al «tomar venganza de sí mismo».. . en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía.. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza. En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía.]. la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales. Con esto. por sus muchas transgresiones contra ella. pa­ rece que quedó algo satisfecho. and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». p. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M. con sutil. poin ­ tin g back to his liberality. 47) [«El largo discurso de C. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [. y L. doloroso desengaño. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido. lo cual revela certeramente. a toda la humanidad. En la primera versión de la novela.

64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares». p. o por un re­ pentino. Por esto.. después de siete largos días de agonía. tan yerma de amistad y amor. pero se­ ría exagerado decir que está transformado»]. aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. fervorosos deseos de total expiación.. Evidentemente. él derramaba «muchas lágrimas [. «Entrando a cuentas consigo a solas»65.. acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos. besando «el rostro» de aquélla (918-9). es decir. cínicos enconos y ásperos remordimientos. p. Carrizales no puede morir con el alma purgada. en la más angustiosa. evidente­ m ente. 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz.. no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos. b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño». p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor». por una catarsis64. es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento. “d olor” fatal.] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. 65 La expresión es de El rufián dichoso (342).. Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales. con sereni­ dad.mando [.. 105). 67 Entre otras cosas.. Por primera vez en su vida intuye la belleza. considerando la falsedad de sus lágrimas». Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas. muere de “dolor”.) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»].. al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos». de origen espiritual.. el poder de un genuino mutuo amor. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. 228) [«C. fría soledad66.]» (919).. N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering. con total confianza en sus propios resortes personales.] muchas lágrimas». como Tolstoi. Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas.. sin contar . como los clásicos héroes trágicos. com o sugiere Bataillon. Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas. 181). pese a sus sinceros. con su entera vida. que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales. «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». 397) [«(. y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí. incondicional reconocimiento del sublime poder del amor.

Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. pp. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima. sino. Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud. resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral. de otro. Por esta posible interpre­ tación. 68 C on gran acierto. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68. por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». Ayala lo llama «héroe m oderno [. filosófica de E l celoso extremeño. aún con m ayor riesgo. .. sobre lo que nunca se detiene a meditar. con gran probabilidad. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. 305-1). en C er­ vantes: su obra y su m undo. 389). identificándola. «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño »..poco consigo mismo.]. casi instintivo. p. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes. Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro. intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. p. 84). extrema soledad.

por extremo grata a él. lances y sucesos [. pullas. 358-372. II. and the N o vela s ejem plares ». bailes de «movimientos ágiles». sus variados y «verosímiles [.]. 284-5. casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas. por el encanto de las “escenas individuales” 2—. ei Pinciano. 1 A tkinson... C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola. chistes. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo. 285. pp. su ri­ queza de materia folklórica. 309-10. Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola. Metamorfosis) Por sus «episodios.] retratos costumbristas». Sin embargo.. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos». 208. pp. Cuando más [. popular: anécdotas. reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—. de «ritmos alegres».LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto. 4 G onzález de Am ezúa y M ayo. in orbe (Ovidio.]. inverosímil3. . «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador]. La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y. p. 3 M ew. En los estudios más recientes. se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona. «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría. «Cervantes.. II.. cuentos. sobre todo. de «una luz radiante». «contrived». quod perstet.. de hecho. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. el valor aní­ mico de la sangre noble. tan vividos y realistas». respecto al desenlace tan arbitra­ rio.] no tienen nada de edificante». su música y canciones. a saber. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4.. coplas y seguidillas. de perspectivas metodológicas muy distintas. p. a la gran ambigüedad del tema fun­ damental. «The N o v els o f Cervantes». al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna»....

el juego siempre.] sin disfraz el vicio [. ni el andar a pie le cansaba. que a Carriazo impacienta. de las perspectivas narrativas. En efecto. «finibusterre de la picaresca». las muertes por puntos.. las pen­ dencias por momentos.en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922). A los trece.... ni el frío le ofendía. ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación.. «A todos los mayo­ res» placeres: cazas. El rutinario «buen tra­ tamiento».]. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». los bailes como en bodas [. honrado caballero cortesano. responsabilidades. en efecto. convites. restricciones. pasatiempos.. sofoca. preocupaciones impuestas. Por esto. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922). Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas. con que sus padres quieren hacerle admirable. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres. aburre. convin­ cente a esos reparos y dudas. juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. las pullas a cada paso. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera.]». a veces éstos se reconfirman. donde «¡campea la libertad!» (922). Se justifica así un nuevo intento exegético. a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache».] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante». que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre. y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. Carriazo «se desgarró [. de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona. es. donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [. de los personajes. «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923)... que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . lo que al fin lo “cansa”. ni el calor le enfadaba. empujándolo a “la vida libre”.

A este respecto.contar entre ellas a la pobre Arguello. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. por sus constantes. 89). que por vosotros se me van todos» (318). como se suele pensar. de la completa libertad. pues. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. fervorosos sueños con las alma­ drabas. en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. Necesidad insaciable de “libertad”. por querer evi­ tar semejante situación. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). sueños que probablemente no abandona jamás. cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza. pero enamoróle mucho me­ nos. que a veces Carriazo satisface. ni al final. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». en parte. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . como la llama Cas­ tro. muy sugerentemente. Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también. p. auténtica celebración ritual de una venerada. como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. de D. mirando bobas» (931) y. 192). No es. Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. pues. otras veces. Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. según cree. que así no son. . entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. Antonio con su hermana6. y al verla. aunque inconsciente. único reino. artificiosas en absoluto. «andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. y tan menos.

]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona. “discreción”.. .. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico. pues todas las ninfas / y los ninfos [. Sin embargo. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando..]/ Entren. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!». «de presto.. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”. con una felicísima corriente. Que estos episodios.]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [.. con el espectáculo..] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [. bo­ rracho! ¡Calle. de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [.comedias [.. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona.. Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas.. Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [.. y tras esto. que ellos llaman.. ellas y ellos. De su hipocresía. se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933).]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [.. pero sin ánimo de declararlo identificándose. de cuya belleza están apasionados.] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas. “prudencia”. como también para ver a Constanza.. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza.. acabado el baile.]».».] hicieron al pie de la letra. dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [. poeta de viejo. cuero! ¡Calla odrina. En efecto. para que no lo errasen.] y que. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas. y no otra cosa [.... Carriazo. Después de haberse di­ vertido mucho. de seguro. sin duda... en ocasiones algo grotescos.. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas. músico falso!». etc.]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [. dijo. fácil y lindo ingenio. sin quitarse el embozo: ¡Calla. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4).

y por todo se hurta [. sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores. que no le alcanzara un galgo. zucchero e acqua rosa. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura». obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [. Edikronos... non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera».. ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [. G.. pretendiéndose fe­ roz. del que.. a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta. murciélagos y lechuzos [. otra de un juego de naipes. Desenlace gracioso. de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»). acá se juega.] nunca su intención fue jugar la cola [.y en que pierde todo el dinero y también el asno. 1981. . pero la cola que se la diesen [. Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo. porque «era de propiedad del azúcar. Así..] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno. recuperándolo poco después todo. gracias a los astutos. 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda.) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [. no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares. Palermo. Sin embargo. evidentemente. muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope. p.]»x (922).].. etc. cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién. allí se reniega.. Infeliz estado de los músicos. que jamás gastó menestra» (938)8 .un hombre»). G iusti.]» (34-5). piensa salir ganando.... después de la escena de la chacona.]. acullá se riñe... C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán. entre otros. ¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito». por dónde o cómo le vino» (938). miren qué hará Costancica!»..]». revelada como inapropiada. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano. Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo. Intento de ostentación erudita. R accolta d i p ro v e r b i toscani.

Y es probablemente por esta razón. humillado. otras. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. p. Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto. pareciendo así menos listo que sus rivales. mucho tiempo con Avendaño en Toledo. que se le abrió por dos partes» (930). sino el hecho mismo de haber perdido. quienes. R odríguezLuis.]. poco después.. I. por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923). según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas. esta estancia se le hace más tolerable también por su afán. cierta desconfianza íntima o inseguridad personal. al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo.. en parte gratificado. . por lo que se ha insinuado. Mientras éste 9 Casalduero. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo.es mera fanfarronada. p. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas. por lo que Ca­ rriazo..]. Contrariado de cualquier modo. en­ tre ellas. pese a todas sus muchas experiencias mundanas.. se queda pese a ello. resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador. le alzaran por [su] rey» (939). Así. 150. éste «quedó sobre modo contento [. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno. mucho más que por la amistad.]. «si fueran [otros] tiempos [. Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos». Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego. al ganar. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes». pero.. Por cierto. Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. 191. a quien «arremetió [. El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y. se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola.. como un «contraste» de Carriazo9. Y en efecto.

... o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [. a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [. arrastrada del camino recto por un mal compañero u. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses».]». que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo. sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas. Casalduero. aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico. probablemente.. N o nos resulta tan categórica esta diferenciación. a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932). Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares ... entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal. 923)... 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo». y.]. sin haber estado en las almadrabas. divertido. A ciertas picardías amorosas. requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [. dejé mi patria. pp..]» (937). de seguro muy semejante a la de Carriazo. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca. mudé vestido [. etc. Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932). p.] es­ tudiando las lenguas griega y latina [.. nuestra hidalga intención». 10 11 . se debe. pues.] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad. pero también. li­ Herrero.. eviden­ temente..tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas.].. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño. en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). en parte. al menos en parte. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente. 54-5. a las circunstan­ cias de su vida diaria. que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10. y el lector recuerda. «Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona».]... Hay. en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira. Allí ya había estado «tres años [.

145). pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio. zapatos [. con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [. que parecían perlas. 927-8). su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas. que es mozo brioso y algo atrevido..]. que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol. Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925).. cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936). muere por ella y la solicita con música [. con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [. la una es hecha de rosas y la otra de claveles..] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939). pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año... Por no ser «totalmente rubio». Ya está enamorado. p. Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. pero que tan sólo puede admirar a distancia. los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n. que el au­ tor hace apreciar también al lector. Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o. En tales circunstancias. en una mejilla tiene el sol. Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas». En su «rostro» le «parecía ver [. y viéndolo ella.].. porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla.. ¡de oídas! En realidad. Al ver a Costanza por primera vez..] colorados. y áspera como una ortiga. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [.. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla.... muy raras veces. Extraordina­ ria hermosura. y en otra la luna. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor. que a Avendaño deja «suspenso y atónito [. en particular. y en toda su presencia un irresistible encanto. lleno de turbación y sobresalto» (925. y zahareña como vi­ llana de Sayago.] lo que suelen pintar de los ángeles»..].. le ha­ bía dicho antes que llegase: [.. por medio de una bella des­ cripción.] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931).terario y rústico. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925).. .] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!».

donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly. el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». que.puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual. del alma de Costanza. padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926).. el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina.. en realidad. El amor de Avendaño no es di­ ferente.. mofándose del compañero. a distancia. si alcanzo de días a mi padre. por fin. intensa a la ar­ monía espiritual. «Platónico» lo llama sólo Carriazo. que no se extiende a más que. el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3.. por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931). the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución. que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos. que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ . que le hace parecer «loco o he­ reje». no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”. pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927). aunque mantenga que la «vir­ tud». en esencia. ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ».]» (937). 59) [«El ángel es algo arisco. “plató­ nico”.] / deja el servir. Con más probabilidad. Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande». Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo. a su vez. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. que él persigue con «amor limpio.. disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937). quien lo percibe claramente: «ya veo [.] cuan al descubierto te burlas de mí» (932). . componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas. Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”. a servir y a procurar que ella me quiera». al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro. p. humilde sujeto.] / las potencias del alma nos encantas /[ ... en el sentido clásico de una aspiración pura. heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [. la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»].. y.

de modo insis­ tente.. 285).. pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre. p. Consecuentemente. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona.. que se rema­ tan. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro).su estancia segura [. como su amigo. desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores. Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados. por fin. . 15 Ibid. pues. Y. hijos del mismo padre. pero de seguro con la misma disposición amorosa. con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil.. Sugesti­ vamente. pues. el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. bien nacido. sólo por hartarse de mirarla». incluyendo la de su amigo. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas. el meollo ideológico de la novela. con gran simpleza. noble— cuyo contraste constituye. se insinúa. Igualmente “platónicos” son. a nues­ tro juicio.] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [. pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. II. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14. precisamente. como lo llama el mismo autor (925). ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). y el mozo de muías. lim­ pio. Sin tanto cinismo.. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5.. en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin. catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros.].]» (934).

Además de este hecho. Mostráronse los hijos humildes [.. que son los personajes mismos. p. La perspectiva cómica. en que Carriazo..partido con sus camaradas». Otras veces. Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna. claro está.. a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes».. le alzaran por el rey de los aguadores [.] sin disfraz el vicio». muy importante en sí. Re­ cuérdese. el discurso directo viene mediado por la narración indirecta. Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular. ¿por qué sería la generosidad. pues. en todos los casos. ¡y no el autor!. en mil señales!» (subrayado nuestro) (922).. Cristóbal de Lugo. equivocada o absurda. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán... tan patentemente cómicas. En gran parte.] [al] gran Lope [Carriazo]» (939).] ¡a tiro de escopeta. (922)1 6 .. la discreción. quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 . 16 17 . por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores. justa o injustamente. todo lo cual «se descubría [... etc.]» (923). además. «Em erging Realism». como a menudo en la prosa cervantina. El contexto episódico y estilístico revela. con que «el mundo». en las almadrabas de Zahara.. la liberalidad. los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo. principalmente los bien nacidos. aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso. pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian. 49. Pedro de Urdemalas 1 lerrero. que se le atribuyen. algo popuchalera. «como bien nacido». que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad. en la arenga del autor. atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias. ingenua. la compasión. a Carriazo. en el notorio episodio de la cola del asno. irónico “consejero”. «allí está [. privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes. Esta observación es aplicable también a las hipérboles.

es decir. frío frente al inm inente cambio en su familia. se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes. sin responderle». en E l teatro de Cervantes. muy significativamente. no permanece.. como casi sin advertirlo (941). intensamente. nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos. . Bello sueño.. fervorosa. porque.. que no vengan?: «Y si en este año [. sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. sin embargo. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”.. días que Costanza vive con ellos. pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. más que por caridad. porque la consideran como hija propia. compartido con su mujer. ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina. emocionalmente ya la han prohijado. extraordinaria no­ bleza de espíritu18. Pedro y Cristóbal con genuina. En La ilustre fregona. meses. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso .(que es también picaro). «tomó el bolsillo. Dios sea bendito» (942). El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal. para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. que no éramos personas que por interés. ¡ni mucho menos! «Quince años. a todas luces. según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años.] no vienen. impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina]. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella. tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida»..

violento.. I. de hecho. muy sig­ nificativam ente. personajes cervantinos. degenerados. Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto. De hecho. Fi­ nalmente. dejándola como atontada y suspensa me volví a salir». que suele «llover sueño en [los] criados». y teniéndola asida fuerte­ mente. le dije: [.. la soledad. sin que él «jamás la viese» de nuevo. la señora. meticulosamente premeditado? De cualquier modo. que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [.que esta pareja no tiene hijos propios. pero flagrantemente mezquinos. y yo.. precisamente. Y hay. «llegándome a ella la desperté.. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó». «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme». Bélica y otros aristócratas. por otra parte. . explica que «el silencio. ruines. por lo cual. sin ninguna calidad espiritual. ella cansada. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer. y en nuestra novela. de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia.] [quedará] en opinión vuestra fama. Al rela­ tar la violación de ésta. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban. ¡«ni [que] lo procurase»! (945). 41). cap. el padre de C arriazo y C ostanza. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto.. no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D. hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. Q uijote. Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta». cruel chantajista. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto». cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas. rendida y turbada [.. nobles de naci­ miento. ¿no fue.]. como. yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía. Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. se puede entrar en la casa. «se m udó de aquel lugar a otro». moral o temperamental redentora.. hom bre monstruosamente egoísta. por ejemplo.] no grite. para mencionar sólo algunos. fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—.. Después de esto.

N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes. pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes. se las comienza a be­ sar tiernamente. el silencio. hincada de rodillas ante él. "el silencio”. en cambio. «Emerging Realism». 21 Herrero.. sin darse él cuenta de ello. 105. p.el crimen com etido20. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión.. bañándoselas con infinitas lágrimas [. quien. sin causa lógica. Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva. Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija. inexplicable.]» (946).. “la soledad”. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21. todos esos detalles de su infame acto. «turbada y temblando».. la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [...]..] y nos pusimos en camino» (945). se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural. Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida». que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»]. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad.. «tomándole las manos. K la ocasión”? En efecto. N ovelas ejemplares. Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija. la soledad [. 56.. ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. emocionalmente revivida lo induciría a revelar. después de tantos años de total indife­ rencia. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar. p. .]»? Esta pasión lujuriosa. porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo.].. y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [. responde a algún motivo ulterior.

amansada.] le había pe­ gado una docena de palos tales. 45. Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición.. de modo muy ingenioso. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne».. p. Apeóse en fin. y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación.. 24 Véase nota 6 . que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. de amor ideal. En suma.. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. al que prefiere el cínico trato picaresco. en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie.. útiles. en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. quizás. pullas. p. cuyos “casos” resuelve. ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). en proporciones diferentes. como gato arrinconado. virtuosas de la vida. lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. espiritual. Maravall. hurtos. a todas luces.les» n . a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer. ya dis­ cutidos—. a las aspiraciones altas. es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope». Teatro y literatura en la sociedad barroca. esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. no se manifiestan en ningún momento. Todo lo contrarío. variables. riñas. M ontesinos. 22 23 . pero con tan malas entrañas [. del «nacimiento» en s í24. por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo. en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. esos instintos de honor o pundonor personal. de seguro.]» (929). en su total desafecto a las actividades dignas. supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. Consecuentemente. en su casa. de valentía heroica. se ilustra esta convicción.. apasionado. pero. pero con indepen­ dencia de la «sangre». despechado y lleno de cólera [. la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas». que se destaca al final de la obra: temor al ridículo. con sus juegos. 55. En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo. el noble por los del «espíritu» 23.. pero jamás por completo erradicada.

«No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). pp. p. la innata “in­ clinación picaresca”» 26. maldita y maldiciente» (939).sobre todo.e título”. aunque sean “señores d. a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). A todos los huéspedes recibe con gentileza. Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa. pero a quien desanima como a todos los demás. por ejemplo. a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. sugiere traviesamente el autor. muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). es feliz. ¡ni mucho menos! Así. por lo menos no en todos. Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). por otra parte. constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas. pero vive tem iendo. por la mayor parte es mala. adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). Puntualice­ mos. 14-16. como. real o literaria. «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922). 200). L iteratura an d the D elinquent. “la afición a Baco”. pero a nin­ guno de ellos. . por fin. véase Par­ ker. al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares. es siempre respetuosa j obediente. En suma. los deplorables. tiene hijos. y muchos lo son. pese a que «la mala bestia del vulgo. a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. y que. 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa. que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. declara orgulloso el mesonero. El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer. permite un trato íntimo. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca.

le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. y con grandes encarecimientos. p. todo el com portam iento de Costanza refleja. De seguro le han enseñado. 69. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. Además. pues. y andan por todos los aposentos. de modo completamente verosímil. que se manifiesta de modo infalible. llamó a Costanza. Fuese con ellos a su mujer. mezclados con amenazas. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. hacer labores domésti­ cas. a tratar con cordialidad hospitalaria. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble. por ejemplo). 200. consecuentemente. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico. y nota 4. muchos lectores. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden. discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. y. escribir. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa. con «ojos de Argos». siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. el moz.explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. le turbaron y sobresaltaron. pero. en cualquier circunstancia29. desde la infancia. actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. Cervantes: Two N ovelas ejemplares. y donde hay cada día gente nueva. Todos piensan. a la vez. p. 29 Ibid. que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935). y antes que se los leyese. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». honesta. sobre todo. concluyendo que aquélla es menos interesante28. destacando este hecho* además de los ya discutidos. 28 L ow e. . enseñándole a leer. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón.o de la cebada. leídos. la morali­ dad. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). rezar. incrédulos. que. En suma.

la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño. ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. protagonizadas por mujeres virtuosas. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya. En estos versos se condensa una convicción cervantina. 103-116. de modo muy im por­ tante.su mujer. Así. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos. mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. punzante ironía. . 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly. ¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. 202). con los corte­ sanos parecía cosa del cielo. 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. 914)31. tan bien le cuadraban. por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. Costanza puede serlo en cualquier lugar. en cambio. Pese a todos estos cuidados y prevenciones. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre. tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. castas. que daba a entender. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (. pp. Hecho que se puntualiza con una poderosa. donde la tentación ace­ cha de continuo. p. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. T am poco esta observación contradice nuestra tesis. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. corte o mesón. «con tanto amor» 30 y también. que es. p. un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942).N o v ed a d de las novelas de Cervantes. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). í 69). Costanza podría cometer indiscreciones. Por su propia determinación de ser virtuosa. que es su “virtud”.

los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. rather than character».) Lo qué no cambia. moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste». Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”. del Hombre. herencia imparcial de to^ dos los hombres. la “Fortuna”. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. in orbe» 3 4 . todo cambia de continuo. p. nunca. [«Nada es constante en el mundo». la casualidad. Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto. 3 . es la sangre humana. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”. Hijo de la Naturaleza. constante. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. . buena o mala. sin embargo. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929). la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. y. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes. en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. según se sugiere al final.. en todas sus manifestaciones características. a su vez. etc. heredada de generación en generación. Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo.1 Libro XV. ante todo.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. Consiste en esto. quod perstet. 86). pero cuando las introduce es.] 35 Véase nota 6. creemos. N o cabe duda. benévola y perversa a la vez. para nosotros. entre otros críticos. dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. invariable. el “destino”. 947. El Saffar. con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra. verso 177. (Como se ha visto.

]».. etc. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir. y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [.].]. 94. y su «espacio mítico como viaje».]. a su vez persigue a la que va delante. desplazamientos constantes [. «El espacio narrativo en La ilustre fregona. visión del mundo como multiplicidad [. Es. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona».].. en efecto.3 8 .. perseguida..]. 116 [«(. Todas estas observaciones acertadas.].. se­ 37 Selig. etc.. en múltiples direccio­ nes. / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40. versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra. traducen.]. perspicaces. muy sugerentemente.]. Buen conocedor de las obras ovidianas. cuatro cuartos y una cola».. y.... aunque inconsciente. «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona». p. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas. Paulino. D unn. p. un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación». sin zonas estáticas.. en distintos planos.. el movimiento fluido. los continuos cam­ bios de todo orden. «Ser y parecer».. organización secuencial de la intriga [. 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro... esencialmente.) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»]. de manera precisa. p.El motivo de la “transformación”. . entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [..]. Débax.]. movimiento entre dos térmi­ nos [.. sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas». es también «a significant device for the structure o f this novella »37. «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio». Chauchadis.. y. «Las N ovelas ejem plares ». discontinuidad y confluencia [. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»].. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». 40 Libro XV. «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ».. se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos.. Ramond. cuya complejidad. La novela corta en la teoría y en la creación literaria.. «Tres por dos son seis».39. varios niveles de enunciación engastados [. Alsina. la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem ....].. Ezquerro. 39 Pabst. espacios que se desdoblan [. trayectoria lineal e inversa del relato [. 228.. oposición de los personajes y de su trayectoria [...

fuerzas. 1348. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje. Se señalan así sólo algunas de ellas. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. para provecho moral. que tiene la acción dispersa. y para deleite artístico del lector contemporáneo. . La ilustre fregona parece responder. formas. al propósito de proponer. de algún modo. 98.. re­ hacerse. porque en él. va­ riables a cada instante. que es el de todo el Universo. pormenorizada. detalles irrelevantes. pinto quién fue la Giralda de Sevilla. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho.gún lo sugieren sus citas de éstas41. matices. 42 R odríguez-Luis. deshacerse. y. y autor de felices referencias literarias a ellas. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. temática y estéticamente. etcétera. hecho en sí muy significa­ tivo. En tal propósito ideal. contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. olas en un eterno hacerse. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés. y ¡tan hermosa! para él. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. etc. como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. 1036. siempre nuevas. demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. 882. Valbuena Prat. primordialmente. N o v e d a d de las novelas de C ervantes . personajes. p. entre otras obras estram­ bóticas. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. restrictivo espacio de una novela corta. 120. Ofrecer una imagen precisa. a la vez. A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. quien.. de invención nueva y rara. episodios. ¡transformarse!. tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. Esta inspi­ radora metáfora. también siempre viejas. 4 1 Véase en la edición de A. 577. 752. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. 1033. cívico. En efecto.» (1348). a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. pp.

] contentos y alegres» (924). Entre las olas gran­ des. fragorosas. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante». fregonas. Puesto. hacia un efervescente torbellino. referidos al mar. dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos. «presuntuosas. otra —Avendaño—. de flujo ya paralelo —Avendaño—. en prosa y verso. casi imperceptibles. impetuosas. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara. igualmente atraída. se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas. Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. de curso propio.Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona. a la ligera [. des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente. Empuje repentino. etc. claro está.]. al viaje. de las metas fascinantes por desconocidas.. muy a menudo. En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola. . «como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. también en las desprendidas. áspero cambio de rumbo. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año.] se pusieron en ca­ mino [.. pero de un curso pasado o futuro sugerido o. a las cuales se une. después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924). atraído irresistiblemente. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [.. a su tiempo. pues. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora. a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid. las pequeñas. mansas. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. mozos de muías.. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas. vistié­ ronse a lo payo [. picaros. de quien ya «no dice nada el autor». a veces. de brevísimo recorrido visible. mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas. impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso... 77). pero. entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente..]. en visitar las nubes de contino. al río. en parte.. 68 ): el ayo descartado.. siempre contenidas.

íntimo. con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza. se revelan.. lejanos. 45 Véase nota 42. 87). accidentales. grisáceos. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina».: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano. límpidos. para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija. refranesco.] de tal calidad». a la postre. y la monja [. en la novela. a primera vista desviadas del asunto central.. turbios. rufianesco.. prosaico. a quienes alude el mesov ñero. 2 0 0 . además de sus propias frustraciones íntimas > H . en todos los casos sí se descubre.. pp. también simboliza la constante. «Identity.. «de socarrón». se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. que. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias. 39-56. al perder todo el dinero en el juego.una media parienta suya» (938). constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”. retórico. principales. como la de Argüello. aunque sólo con brevísima ojeada. secundarios.. inspirado en Bajtin. oficial. p. para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. borrosos. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. aun tales consideraciones.. aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea. humorístico. es bastante evidente. pero. mientras la de otros es más incierta. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. folklórico. Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. a su modo cómico..]» (939). 82) en el vasto mar. que si pedirá. Sin embargo. Oleaje juguetón que. relevantes. poético. La relevancia novelística de algunos personajes. intensa interdependencia de todos los personajes. . dialectal. Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. D iscourse and Social Order in La ilustre fregona».]» (930).. Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas. y el confesor a la monja. multiformes y multicolores con miles de matices. burlesco. claros.. en nuestro caso.. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro. aparenciales. de un modo u o tro 45. hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. Poco después. reflejo fidedigno de las relaciones humanas. verdosos. evanescentes. cercanos. Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios.

implicaciones. sugerencias. desem­ bocando en un mar pacífico. de un brioso brote de agua.. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo...] Dijérala [.diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. quien. de diferentes maneras. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos».. des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. que. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler.]. pp. hoy están todos estudiando en Salamanca» (947). Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. luminoso: «quedaron todos conten­ tos. reveladoras de lo problem ático a que aludimos. lo que. siempre resulta arduo47. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron. honesta como un fraile novicio.. etc. muy significativamente. al proponer las olas como metáfora de la humanidad.]»(ibid. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia.]» (934). impresiones. llamándola lunes y martes [. blanca como una leche. ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48.. 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios. debe aparecer fundido con ellas.. enlazando con nuestra metáfora. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente. entonada como un plumaje. 47 A lgunas observaciones sobre esto. en El Saffar. múltiples nuevos sentidos... se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. de nuevo re­ novóse la tormenta [.] que es tiesa como un espárrago. En éste y otros casos en la novela. para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa.. 107-8. Para nosotros. sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo.]» (El viaje del Parnaso. in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo.. quod perstet.. Así lo desea Cervantes mismo. es consciente de que él. From N o v e l to Rom ance. . y más dura que un pedazo de argamasa [. como ser humano y como escritor. «Turbóse en esto el líquido elemento.. tres hijos. como el de las turbulentas olas de nuestra novela.

. R odríguez-Luis. Π. de hecho “extraña”. frívola. G onzález de A m ezúa y M ayo. Las dos doncellas puede parecer.» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta». aunque hábil en el relato a la italiana»2. «escrita sin mucha gana». p. etc. O bras completas de C ervantes . p. creador de la novela corta. pero 1 M enéndez Pelayo. a menudo haciendo abstracción total de la opuesta.. 2 Valbuena Prat. p. 949. 216-217. 113. N o v ela s ejem plares de C ervantes. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. 78. convencio­ nal y artificiosa». The Exem plary N ovels. inocente. bajo la influencia de la novelística italiana. pp. «Las novelas ejemplares».] . para poder llegar a la docena proyectada [. 326. O rígenes de la novela . [«El asunto de esta novela no es m uy interesante. «mediocre. p. 3 T hom pson. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I. 150. En efecto. 96. Apraiz. Al principio. C ervantes. XV. p. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado». v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. Ares M on­ tes. «una de las más endebles de la colección». con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas.] novela de relleno» l. Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. Fitzm aurice-K elly. Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas». «nea­ rest to failure». pálido. «Introduction». «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting».«D e tal palo tal astilla. aunque «the story is well constructed and presented» 3. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás.

todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz. rival en amores de Teodosia. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. por boca del Canónigo. también abandonada por Marco Antonio. el embrollo por el em­ brollo. Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas. Al lle­ gar los tres a Barcelona. «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. que viene de Salamanca.]. de servir al lector». p. su se­ ductor. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia. 335.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. el gusto por la superposición de enredos. se ha sugerido que «en algunas narraciones [.. G onzález de Am ezúa y M ayo. con particular severidad. ¡en una obra cervantina!. de encuentros ca­ suales. su «principio supremo» 6. Creyéndose mortalmente herido. 101. i. en las andanzas y en los encuentros de los personajes. creador de la novela corta. su «asunto imposible»4. p.. 185. etc. geográficas. en el Quijote. C ervantes. social y literario que de ella se desprenden. todas esas increíbles coincidencias episódicas. Al día siguiente. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5. por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio. Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. topan con el fugitivo. p. Marco Antonio se casa con Teodosia. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo. En busca de Marco Antonio. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes. pueri­ les al sano juicio. Sin embargo. temporales. y le salvan la vida. etc. lo cual él considera «como una forma de caridad.. 4 5 . 64. «La estructura de las N ovelas Ejemplares».. p. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. 6 D iez Taboada. Por fin. defendiéndose de una turba.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud. Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael. con la finalidad de alegrarle [al lector]». Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. Rafael se enamora de ella. [.. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael.

desde sus piezas primerizas hasta el Persiles. “embrollos”...] admiren. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales. y con la que las ordena en esa secuencia específica. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar. «De­ dicatoria». También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso.. Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada.]» no podrá hacer «que sus fábulas [.. a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad». de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia. pp. pero con la intención específica de confrontarse. 1251). C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. etc. Esta noción. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso.de la verosimilitud y de la imitación. Según todas las evidencias. lo inverosím il. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley. que se constituyen en la metáfora de la obra. alboroten y entretengan. 60. acabado «con las an­ sias de la muerte [. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones. en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [. asi­ mismo abundante en coincidencias. 92)9 —y que así deja de ser “desatino”. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley. para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. te­ m ática y form al. de ser de los personajes.. lo cual es un problem a distinto. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. En su interpretación de la verosim ili­ tud. de evidente raíz aristotélica. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. en efecto. 1527) 8. críticamente. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. no importa de qué índole.] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. tan repletas de coincidencias ex­ ternas. C ervan tes> Theory o f the N o vel.. con tal de ser utilizado con plena justificación estética. 47.. p. “encuentros casuales”. con la inverosim ilitud com o recurso literario. . Por ejemplo. cap. en E l teatro de Cervantes. depende así de la completa. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras. suspendan. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción]. es ve­ rosímil. 88-94 [sin verosim ilitud.

que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967). conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. principalmente. tentábanles los cuerpos.. tradicionalmente pundonoroso.. Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. . y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos. Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. discusiones. en situaciones extraordinarias. diálogos. Una con­ frontación similar de todos los personajes.lectores). por ver si eran fan­ tásticos. lícito. dramática y conflictiva. que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. en efecto. es la reacción del hermano. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). ante todo. es lo que Cervantes persigue. polémicas. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. p. suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[. y. de manera muy llamativa. 8 6 ).. A esta misma conciencia autocrítica. en el momento de reve­ larse sus identidades. 11 Ibid. Y las que se introducen. y la de ésta a aquél. Así. con la frugal acción aventuresca. acciones físicas. se condensan y abrevian notablemente. se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor. lo cual contrasta. no sabían qué decirse.] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. oportunas para ese efecto. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. anecdóticas. por ejemplo. 77. por otra parte. Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama. interpelaciones. exhortacio­ nes. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. a la her­ mana “deshonrada”. p. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria. escasean peripe­ cias episódicas. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso.

B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. Rafael y D . sugerida por Valbuena Prat (949). . en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n.). II. con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa.viaje. 74). Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras.] sacándola llena de escudos de oro» (955). pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 . 1284). sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas. ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D . Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas. a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955). Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. cuando se trata de viajeros.. p. Al tratar de viajes en sus obras. Por otra parte. pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”. al acompañar a su amo. y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). Para su propio viaje. C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores. etc. Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [. es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior. etc.). D .] en el escritorio de su padre [. ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. Q uijote. pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho. D .. Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid. Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958). conscientes de las exigencias materiales del viaje.I3. como la de Calvete. es inaceptable la relación entre los amos. destaca las “prevenciones” económi­ cas. quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. mozo de muías... que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. Q uijote es la víctim a de semejante impresión. Cervantes a me­ nudo y por varias razones. 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes.

«Introducción». la fecha de la creación de esta novela.] com edias en prosa. who was loved more recently than Teodosia? [. Cervantes. Teodo sia or Leocadiaf [. a veces. 73..] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605.. es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles.. claro está. «La estructura de las N ovelas ejemplares». Q u ijote de la Mancha. on Marco Antonio — Teodosia. 144-150. propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy. Fernández de Avellaneda. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes. sugestivas de entreactos—. or Leocadia. .. Ingenioso hidalgo D. 14). La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta. y algunos críticos moder­ nos. hablan de su «construcción teatral» 1 7 . p.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así.. 352). Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo.. a base de unos significativos problemas sociales y humanos. lógicam ente. 17 Véanse D ie z Taboada.. T. A n ton io — T. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ». en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. Aunque Marco Antonio es «rico [.? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. pues.] Who has the greater claim.. íb A . Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector. que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores. legally and emotionally. 18 Thom pson. aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. cuyo amor fue consum ado o L. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas. [«¿Q uién es la más infeliz.. impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». R odríguez-Luis. actitu­ des e intereses. «Prólogo»: «[. particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. creador de la novela corta.. Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían. pp. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa. 104. p. p.. III. 85-6.] Who has the gre­ ater cause for jealousy [. quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. whose love was consmnated. que eso son las más de sus novelas».]» 1 S . pp.. según se ha sugerido arriba. o L.

los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador».. a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante. y que es 19 El Saffar. p. con toda premeditación. las dulces «palabras [. por ejemplo.. o. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—. gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953). «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». la revela como una joven desconsiderada. tiene de esto la hace. Sin embargo. claro está. se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953). porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado. por fin. 113. incluyendo.] a hurto de mis padres» (952). únicamente. se entregó en ese momento. [«El conocim iento que T.] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio». N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo. de hecho...] en su poder».»] . cuando menos. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina. «sin saber cómo [.. qui­ zás decisivo: «Y finalmente. por lo que Teodosia se entregó. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19. inescrupulosa. culpable de la traición de que la acusa L.. rostro. los juramentos.. De todos modos.] una compla­ cencia» al verlo (952). También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio. con la promesa de ser mí esposo..]. las lágrimas. la promesa de matrimonio.mado» por todos por su «gala. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. o. a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [. cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [. gentileza. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares... más bien. Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [. egoísta. como.

. con que se suelen justificar los peores extre­ mos. 109). aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. es secundaria. II. «Leocadias role is a secondary one. p. creador de la n ovela corta . p. «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. la otra sigue la misma demanda» 2 1. mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. 24 El Saffar. significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. pero secretamente le guarda rencor. significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio. pp. . Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta». N o v e l to Rom ance. 116. cuestionables.. signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. ill. Leocadia has no independent meaning in the story. Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas». 21 1 . G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor».».precisamente lo que ha hecho. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero. es. N ovelas ejemplares. C ervantes. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. p. cuando menos. Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. L. no obstante. creador de la novela corta . 165-176). p. pp. being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. 21 Scheviil y Bonilla. Π. [«La parte de L.] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). 347). 22 Casalduero. N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. A n tonio. siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T. 208. no tiene un significado independiente en el cuento. y a su matri­ m onio con M. p. A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. surge otra en traje de muchacho. C on m uy fina intuición. si la una va en busca del novio que la abandonó. hasta «deseándole la muerte». 347. 393.

.] para coger el fruto que para él solo estaba señalado». . por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado. casi sin emoción.. firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso».].] gozar a tan poca costa lo que es mío [. Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano.] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio.. consiguiendo de él «su fe y palabra. «Práctica inmoral» 2 5 .] no se las llevase el viento» (957-8).. es decir. 343. Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». Una pronunciada ambición y codicia. de­ bajo de grandes [. aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese». pues.. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». y Marco Antonio. De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada». p.] le quitaré la vida sí puedo» (959). para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual.. pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula». herida en su vanidad. creador de la n o v e la corta . para mayor ironía. C erva n tes. para turbarle a ésta el «sosiego». como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia... pero.. Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [.. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales. que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente.terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que. Poco después. que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo». que ella. reacciona interesado.. lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo». para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [. desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario. para que «no piense [. percatándose de ello. Leocadia está dispuesta a rendírsele.. que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [. antes de salir de casa tras él. Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival. sobre todo.

Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo... no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade»..].confirmar «las razones [. adelantándose a to­ dos. con hacer lo que debéis [. y después. Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa.. apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra». Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio. sobre todo. después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n. el «valor de sus padres» y.] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9).. conocidos. para la de vuestra alma». . ante todo.. «No puedo ne­ gar [. y asiéndole de la mano». 26 Recuérdese la contestación de D . médicos y criados en la sala. a toda costa. «la palabra. La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [... Q uijote al C anónigo. típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26. sobre todo. que las palabras que le dirigiría «convienen. se lleva al herido en el esquife. en presen­ cia de todos los amigos. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe. como si de un monopolio se tratase. si no para la salud de vuestro cuerpo [.. a quien debéis más que a otra persona del mundo». que debéis mucho a ser quien sois [.]. «se llegó a la cabecera del herido. que bien poco tiempo se pase sin que os siga». Obvia­ mente.. 32). sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida. y ad­ virtiéndole. 31. caps. se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad». ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva.. Muy significativamente. A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio». firmada en una cédula de [su] mano y letra». por mí..]. por vos. su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3).] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres. prometo de darme tal vida después de vuestra muerte. en el palacio de los duques.]. exenta de genuinas consideraciones sentimentales. que [él] le dio.

desea pagar lo que debe. especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. hizo la cédula. con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. y esperando que a su vuelta. pues. de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. Personalmente inmaduro. «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto. . a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter. excepto en el sentido más externo. Confiesa que la «quiso bien». Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». irónicamente. porque.junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». confiesa todas sus «muchas culpas». yéndose muy lejos. caprichosa conducta. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio. Del pueblo huyó tan de improviso. 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»].. En efecto.. encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable. pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo.]. precisamente por serlo. a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio. T e o ­ dosia. pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. porque se la robaron los bandoleros. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959). «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. a Italia. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía. La escarmentada Leocadia observa. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. a base de la cédula. después de algunos años. Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». que la cédula no puede ser «testigo de fe». de seguro con Cervantes m ism o. sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas. y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». con­ tinúa Marco Antonio. ausentándose. podría ser que después os fuere de prove­ cho». Ahora com prende que las obligaciones. ya no tiene. no la esgrime. que. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas. se arrepiente de todo lo malo que hizo. a su «juicio de mozo [. con toda probabilidad. repelen. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. dice Marco Antonio.. «Sin embargo». p. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón.

. cuando menos. . p. when placed in the context o f death. y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia. siempre impresionado por la mera apariencia. ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!. becomes an illusion [. a Santiago de Galicia» (966). creador de la novela corta.]. a su parecer. en el contexto de la muerte. atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio. se convierte en ilusión.. sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat. autoenfrentamiento». mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30. N o v e l to Rom ance. Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio.) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (...Teodosia. por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto.] de su vida»... A este res­ pecto. se desm ienten con toda su conducta. a pie.. no grave.] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however. 115. de ir en romería. self confrontation». 23 El Saffar. para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese». C o n toda probabilidad. etc... o.. si D io s le sanase. [«(.] exageró el peligro de Marco Antonio» (962). 347). y asimismo [.. por ejem plo). a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964). es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista. convencido de que ha llegado al «término [. dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960). Ahora bien.) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (. con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado.. p. ante todo.28. tenía el herido.. ii. así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium ..] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado. com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona.) La libertad con que sueña.

¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio. «recompensa» a Leocadia. «rica. tan reminiscente de la de las raposas esópicas.. «cumpliendo con el gusto» de Rafael. os quiere hacer recompensa conmigo». in­ contrastable! Además. en «ninguna cosa».. en suma. Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. contenta. ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». «pues así lo ha ordenado el Cielo. Como es­ poso «ha de olvidar [. inescrutable. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo.] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. de cual­ quier modo. Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión. pues». pues. y el mismo Cielo.] hallado». Teodosia se preocupa... es «caballero [. Rafael. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. Antes de este parlam ento.. pues.] y rico». La estrategia argumentativa de Rafael. declarándole su alma. estimada y servida». señora de mi alma. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. porque el Cielo le hizo de mi hermana. ante todo. «el mismo Cielo» le trae ahora remedio. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan». allí está él. señor mío». Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia. sino tan sólo por la voluntad del Cielo. a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje». que hoy os ha quitado a Marco Antonio. ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». a pesar de todas sus pro­ . «la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue. facilitándole también la vuelta a casa. ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es. por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966).. y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. tiene todo el efecto deseado: «Ea. según el astuto joven. consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro. hágase lo que Él quiere y vos que­ réis. contesta Leocadia. Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia. en el pasado tan «huidizo». pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano».Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [.

venal. Al encontrar a Leocadia. p. con pre­ meditada pose “poética”. Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra». Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación. R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer». sobre todo para Leocadia.. Rafael (964-6). Sin embargo. p. En la oscuridad del aposento. y con este título sólo viviré contenta». p. no es bien que ninguna misericordia me valga». ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio.. siempre predominante en Leocadia. que «el castigo que [le] diere fuere Castro.].. El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones. Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que. y se hinca de rodillas delante de él. 31 32 . si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). comenzó a interesarse también en Marco Antonio.. Por el título y la riqueza.. pues es una unión de conveniencia económica y social. la mar. «In­ troducción». se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo. p. las arenas y este silencio».mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. la muerte: «Haz con este hierro el castigo [. principal­ mente. reconociéndole poco después.]. Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951). satisfaciendo tu enojo [. dar «feliz suceso en su deseo [.] por el camino de la fuerza». Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y. 207).. «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga. decide de inmediato «alcanzarla». «sea como fuere». en la venta. E l pensam iento de Cervantes. La na­ turaleza utilitaria. y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares. sobre todo. Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. anticipando. para Rafael. es decir. 78). como lo más natural y ló­ gico. no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32. Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares. y de gratificación lujuriosa. 13). III. 376.

poco después. 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. Rafael está muy dis­ puesto. ¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo).] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960). p . 350). «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción. como condiciones personales ínsitas de Rafael.]. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954).. Sin embargo. C erva n tes. sí. un fuerte impulso de "venganza”. p. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 . sin escrúpulo alguno.. 34 Valbuena-Prat. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años»...]. ¡Actitud noble y sensata!. creador de la novela corta... a una genuina compasión por la desventurada hermana. casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio. a este notorio código de conducta pundo­ norosa. A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes.. de ayuda desinteresada al prójim o [.. si se llega a mencionar en abso­ luto.]. lo subordina. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [. «secreta venganza»!. asistencia sincera [. sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. Rafael no acude. evidentem ente. La escena final de la novela. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33. Siente. O bras completas de Cervantes.. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón. Ciertamente. el desafío a muerte de los padres. . «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente.secreto». aparentemente. 949. más bien. nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [. II. pero lo su­ prime o. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. «quería antes procurársele por todas las vías posibles. las puertas [al] remedio» de Teodosia. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia. porque. Q uijote»35. C ervantes. como hubiera dicho el ama de D. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo...

ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37. Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. con el único objeto. ya hurtando los golpes. 8 6 ). etc.] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. contrastada con todo lo que pre­ cede. N ovelas ejemplares . con toda claridad. los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8).. 27). p. aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [. las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos». N o ­ velas ejemplares. «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela. cual más cual menos. de acuerdo con nuestra lectura.. p. siempre bien calculado. egoísta. pues por el valle «asomó [.]». .. En cambio. 16). «cambio sumam ente brusco». estos jóvenes frívolos. del provecho material propio y de la gratificación sensual. Estando ya «a vista» de sus pueblos. 38 Casalduero percibe este efecto. y quizás de muchos. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. de a pie y de a caballo..] gran cantidad de gente armada. traiciones. esta escena final. que todos los personajes. que Cervantes destaca. como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito. caps. constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. por su propia imprudencia o necedad. al recordar todas esas maquinaciones. p. 26). «Introducción». Pero no es así» (Sieber. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [.. engaños. cínicamente premeditados. 25. urden y perpetran los unos contra los otros. A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes.. fría. Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo». pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza. al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan. Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il. «Introducción». p. III.flua.. arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos. 238). insustanciales.

de la educación que reciben de sus padres... etc. en pos de un quimérico. caballeros. ridiculísima. porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [.). libertina. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales. trivial fantasía. egoísm o..de continuo pretenden actuar.. Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes.] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta. ridículo pundonor. etc.].. no más.— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. es. Las dos doncellas. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida.]» (953)39. cí­ nica. irrelevante. como. sus «gruesas y largas lan­ zas». toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos». mentiras. desde luego. relaciones restrictivas. amoral [. es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos. traiciones. Intervención propicia. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas.) de los jóvenes es consecuencia natural. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. cinism o. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas. todo lo contrario. en suma. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967).. mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—. Su­ gestivamente. no importa cuán deplorables. disim ulaciones. etc. sensata. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación. . materialista. en efecto. una novela “realista”. directa del m odo de vida rígido. osificadas actitudes frente a la vida. padres e hijos. si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores. a menudo despreciada como pálida. en los últimos años de Cervantes. pues contiene una muy significativa. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. auténticamente histórica. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. mostrándome tan presta a la venganza [. encerramiento. irra­ zonable (honor externo. desconfianza. la nueva generación se retrata como frívola. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es.

el predominio de la aventura sobre la psicología.. The Exem plary N ovels. son rasgos. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones. Según se ha mostrado en las páginas anteriores. 949. y de modo inconsciente. actuaron sobre Cervantes [. p.los protagonistas. [«Cervan­ tes sigue a los italianos (. que cambia a cada ins­ tante. que. la irreflexión de sus protagonistas. apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [. siendo de características y di­ mensiones nacionales. porque. la evanescencia misma del lugar de la acción.) el argumento es el más italianizante en la colección»]. como sabe bien el iniciado. no es necesario. creador de la n o v e la corta. el modo de concebir la novela [. cierto parale­ lismo en los episodios.. Apraiz y Sáenz. el asunto es totalmente verosí­ mil. mati­ ces y elementos de la novela italiana.. N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón.. todo el argumento es ita­ liano». Valbuena-Prat. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes. O bras completas de Cervantes. claro está. . p . a no dudarlo. el imperio mismo del amor sensual. Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes.]4I.. 40 Fitzm aurice-Kelly. la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía.]. es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías. pues sus problemas transcendían todo lugar particular. vil. hasta “histórico” en sus implicaciones. «Introduction». 96.. SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. «relato a la ita­ liana» 40. 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. que obran siempre por sentimientos. nunca por ra­ zón. p. C erva n tes. 325.. «the most italianate o f the collection». hay «irreflexión» pasional. Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas».. burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes. «tiene por objeto emular a los italianos.

los personajes. que. de la novelís­ tica italiana.. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales.. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación. alma y subs­ trato de la novela cortesana [. estéticos y éticos. a veces auténti­ camente paródica..]..]. con toda pro­ babilidad. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones..]... significativamente.].] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros. máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII.. tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales. rico y ocioso..]. aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza.pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”.]. De hecho. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia... copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [.. vernáculos»42. héroe y cabeza de la novela cortesana [. el caballero m ozo es de una profunda. el escenario.. quien. también observa que «el ambiente. ¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo. Sin em­ bargo. en efecto. según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [. que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. la nocturna aventura [. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida...] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán. A no dudarlo. como todos saben.. comienza [. los billetes y papeles [. sino al cálculo frío del provecho propio. de una tiernísima sensibilidad para el amor [. lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia. las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles. . noble.

«Introducción». implícito en toda la obra. episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [.]. y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43. ridicula. insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H.. procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [.].. pp.. La novela cortesana. So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época.]. asistido también de sus camara­ das [.. irónica.] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento. que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [. y llegará un día en que el Amor.. p. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [.... Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas. todavía faltan [. con riesgo cierto para la vida de ambos [.. por la «cuestión de amor».. los desposorios mismos..]. olvido de la razón [.. Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes. 39-47.. bodas felices de la errante pareja..].. dirigida contra esa anquilosada. ora con algún desdeñado rival... «F.. Palom o. las mil aventuras. amigo de L ope de Vega». se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo.]. en las costumbres de esa sociedad. ¡diferencia radical! en clave crítica. no discrepante del tono juguetón. 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior. la pre­ surosa huida.]». Este propósito. un novelista olvidado. de Quintana. choque de espadas. que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [. cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor.].rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [.. impondrá sus despóti­ cas leyes [.. ora con los deudos de la doncella. fin dichoso de sus andanzas y enredos. ill..].]. y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida.. . en tales novelas. véase nuestro estudio. Formación y elem entos de la novela corte­ sana. 457470 [N ovelas cortas cortesanas].]. llega siempre. ineluctable­ mente. pp. la consabida pendencia. particularmente en la época de Felipe IV. Véanse también N ich ols. cuando es también más abundante. pero.. «A Study in the G olden Age». 16).. todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas. sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45.

en que. por lo m enos. Quijote 49. donde reconocemos su transcendental ejemplaridad. y qué es esto! ¿Vienen. 216). en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47. jtan cervantino!. ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas. es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física. Es. ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes.) 49 Ya desde el libro de Apraiz. Uno de sus atri­ butos más significativos. esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético. y sobre El am ante liberal. . simultáneamente. al ver llegar a Rafael. «no de menos gallardía» que Teodosia.] que jamás tal belleza habían visto».lias». quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III. 347). Según se ha deseado mostrar en este estudio. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes. una de las primeras novelas cortas. es que representa. si no la pri­ mera. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. por ventura. pues. de este tipo en España y. todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana. p. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». con toda probabilidad. Sin embargo. La novela cortesana es.. pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. principalmente. p.. encuentra su inspira­ ción. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera. de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. creador de la novela corta . Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas.

F. 189. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612. Straparola. extraños encuentros. M. Por sugestión. italianos o extranjeros. Sacchetti. de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». 2 Icaza. F loren­ tino. Erizzo. de enredo. Sercambi. F. triunfo final del bueno o del “furbo”. todo narrado con técnica dinámica. con gente misteriosa. D on i. revelaciones y reconocimientos. sus m ode­ los vivos. Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas). G. ágil. niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . vista global­ mente. A . F. sin duda. pp. de’Mori. Esta hipóte­ sis. G razzini (Lasca). da Barberíno. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. F. G. varios otros y algunas novelle anónimas. p undono rosos lances de capa y espada. M. muy populares en España ya antes de 16123. A . Giraldi. se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media.. p. . A . muy digna de consideración. S. desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. con frecuencia ilícitas relaciones amorosas. A . Firenzuola. B. A. G. no siempre congruentes con el asunto. «Las N ovelas ejem plares». estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. Salernitano. a ve­ ces nocturnos. claves de cruciales secretos. 81-118.. año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio.. Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos.«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. Bandello. sus m odelos literarios. protagonistas o testigos de enredadas situaciones. G.

que. F orcion e. cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas . G. 1952. 1982. ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. etc. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. 291). 34-39. G. C ervantes. Sette secoli d i N o velle italiane. pp. pp. Clem ents y J. deta­ lles. O bras completas de Cervantes. The Short Story in Spain in the 18th Century. La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar.x lv ïI . salpi­ cando el texto también de palabras. Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. Gibaldi. B an dello’s Fiction. I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. La novellistica d el Lasca. 323-356. del Duca. A n a to m y o f the N ovella . «Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. S. Retorica e racconto. pues. Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. π. «Introduzione». M azzacurati. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . W. J. L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. de La señora Cornelia tiene su referente lógico. F. 1955. sea en versiones originales o en traducciones. R. L etteratu ra italiana L aterza. personajes. A . O bras C om pletas . IX-XLIX. v i. en mi concepto. con su propósito correctivo. M an ual elem en­ tal de novelística española. pp. de esta vasta tradición novelística. 4 Sin embargo.. sobre todo. p. Bandello. expresiones italia­ nas. H ainsw orth. Tutte le opere d i M. claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. Battaglia-G . «Introduzione». Fattini. C erva n tes a n d the H u m an ist Vision. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo. Pabst. 1967. V -xxiiI. pp . «Cervantes y B occaccio». 1977. «Introducción».). Savi-López. pp. V1I-XXVII. Pianca. pp. t.x x iv . Flora. nos han sido m uy útiles: Auerbach. Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. superativo. 195-235. N ovellen theorie u n d N ovellendichtung. 1973. 1944. términos. «Introduzione». 1987. 22. situaciones. al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. A . Belloni. 1953. 1948. pp. N o velle del Cinquecento. B. G rif­ fith. Paolella.. I. A larcos García. vol. Porcelli. «C ervantes-B occaccio». M. T. G. v . C iccuto. 19-48. 31-92. N o v e lle del Q u attrocento. 1921. el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6. Bourland. La novella d el Cinquecento.el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. «Introduzione».8 . Madrid. Rossi. 1982. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística. ill.. 590-603. «Introdu­ zione». v . de una novela italiana. 8 6 . Place. 1985. A l introducir perso­ . Schevill y B oni­ lla. 1974. vol. además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. en obras del mismo género litera­ rio. N o v elle italiane: II C inquecento. 1952. estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. P ancorbo.

7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. Londres. Y. Se Uama D.. G onzález de A m ezúa y M ayo. hace recordar la de Las dos doncellas. después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles. para salvarla de un gran peligro. han resultado vanos. 1824. en la po­ sada. cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D. 8 Las situación de L a fuga. pasados los peores sobresaltos. Rafael (949-51). . He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. B aldw yn. se aloja en la posada con D . muy agitada. 363-4). disfrazada de hombre. Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». Le encom ienda su «vida y honra».. a nuestro juicio. acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D .a C o­ najes de ilustres familias italianas. implorándole que la lleve a su aposento8. creador de la novela corta española. su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece.]. todos nuestros em peños por identificarlo. de autor desconocido7. En la posada. N o identifica al autor y. se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre. pero nos parece por com pleto innecesario y. Nimagri un verdadero caballero. de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida. en que Teodosia. Juan y D. pp. en que D . con que volvió en sí [. La fuga. Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid. en líneas generales. Cornelia. 975). de hecho. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. incluso en bibliotecas italianas. Nimagri. podría serlo. 8 8 . le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. de paso por Mecerra. 369-370). Cervantes. Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. Por ser D. los protagonistas españoles (ibid. II. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. en definitiva. algo sosegada». Nim agri. pero. 974).a Colom ba.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas. Por mero interés económico. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. disfrazada de hombre. noble caballero veneciano. pp. relata su «desdichada historia» a sus protectores.a Colomba.

a Colomba.] ¡socorro. como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( . y amparo». si fuese necesario. «sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. abadesa de un convento cerca de Be­ nevento. Antonio. y una grande espada» ( . D. para mantenerlos a distancia. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»].] viene a quitarme la vida [. señores. 988). mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977). para volver a España. D. sin más complicaciones. puñal. Nimagri. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. reanuda su viaje a Roma.. mientras D.]. 977). logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta.Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973).lomba a la posada. con sus «pistoletes» y. protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino. con el mismo propósito. Al tener que disparar D. El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de . D... tan rico como la cruz». Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). en igual situación: «[. colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes». aunque sus hermanos son «crueles»...a Colomba en su huida de la ciudad. donde por fin llega. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud.Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia. pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores. después de un breve descanso.. pues. cerca de Ferrara. Al fin. y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos.a Coloniba queda muy preocupada. «si menester fuera». «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro. le hace aceptar un bello anillo de diamantes. señor!» (= Cornelia. Nimagri acompaña a D. ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso. dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme. Nimagri contra ellos. pero disponiéndose a defen­ derla.a Colomba. con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [. D. colérico hermano. Juan y D. D. «en la casa de un sacerdote de misa».

lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad. el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». Antonio y D. Juan sale sólo «a coger aire». constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia. y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. la estructura misma de la novela. pero después decide esperarlo»]. «por sí o por no.La señora Cornelia. por ventura. en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». parándose por fin en Bolonia. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». según se ejemplifica. deter­ minan todo el desarrollo de la acción. en el proceso de españolizarla. pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. tan sugestivamente. lo que. algo casual o travieso. es decir. n ó te s e resulta desenfocado. respondió sí» (971). quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. dadas las convenciones sociales y literarias de la época. no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. irrelevante. A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico. ya en ese incidente inicial. de experiencias nuevas. D. D. en que deseando D . . En la novella XLV del N ovellin o de M. para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). D . pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». en una calle oscura: «¿Sois. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. Fabio?». hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. aventurero. m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro. Juan. pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística. pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. benéfica para todos. con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970).

sobre todo. independientemente de su convicción. aparentemente. lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos. sin que este hecho sea realmente relevante para el relato. Juan y D. Juan y D. III. Cervantes: N ovelas ejemplares . D. el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo. denigra a los dos «mozos y españoles». «Introducción». honradez. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). muy particu­ larmente. Según se verá. discreción.. y. pero. D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi. Además del afán de aventuras y de la curiosidad. están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. al menos inicialmente. etc. propagado en los países bajo la ocupación española. que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés. 12 Croce. p. amabilidad. este personaje demuestra cierto aprecio por D. Por otra parte. sin justificación alguna en las relaciones personales con D. tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. «¡italiano. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria. Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas. D unn.). determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. N o se trata. su nacionalidad española. es decir. trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos. intensas intervenciones. / / maestro gabatto d ’amore). mientras la «massara».. España en la v id a italiana durante el Renacim iento. L a N o v ella V. Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972). etc.de la inverosimilitud» 10. Juan y D. 19.. 10 11 . pero. De hecho. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . pues.]!» (980).. Estos elogios y vituperios en abstracto. Juan y D. Y es de importancia crucial comprender. y que se fíe de españoles [. Rodríguez-Luis. 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). buena crianza. temerosa del señor Lorenzo. histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . Antonio. pero Avalle-A rce. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados. con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino.. Antonio como individuos. El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana. sólo a base de la tradi­ cional.

]. 1832.. G. por un brevísimo instante. según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984). en parte... Juan. Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo. según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [. Firenze. Juan que está plenamente confiado en su ayuda.. El venir el señor D. cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos. Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque... con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971).) todavía m u­ chos»]. y en esto se podrá echar de ver [. 305) [«Solo entre tantos armados contra él (. la “massara” logra convencer a Cornelia. pues éste está en grandes deudas con D.] si pose fra I’avan zo di co­ loro [. Juan —y no también la de D. Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras. Antonio. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. a quien D. Giacom o [. Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971). se enfrentó con el avance de aquéllos (. en una ocasión llegue a dudar.. de la honradez y dignidad de los dos amigos. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque. nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo.. declara a D... aun­ que sólo.atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. que soy de los Críbelos de Milán. de algún modo. Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. Lorenzo a solicitar la ayuda de D.] las calami­ dades que por mí han pasado.. Por su sólita preocupación con la verosimilitud. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). Juan le salvó la vida. «por ser» éste «español y caballero».. sólo por ser españoles. soy bien nacida. Borghi. quien tantas buenas razones tiene para no creerlas.]. Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D .] ancora m olti» (N ovelle.). Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella . .. y porque «a más 14 D .. Cervantes advierte: «la Críbela. y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes. por lo menos como ella decía» (986). Además de la cómica hipérbole. de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978).

eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. Juan al disponerse una vez a la acción (987). lo cual constituye. D. 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. «¡Por Santiago de Galicia [. 222). lo cual simboliza y explica. de manera muy sugerente y fundamental.. N o v e l to R o ­ mance.. exclama D.]» (974). Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s . en el mismo nivel de ficción. de recíproca determinación con todos los otros personajes. pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes.]!».obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978). p. etc. 1 2 1 . de considerable ingeniosidad. según ya se ha dicho. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas. Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. 16 Véase la tesis. están en relación de mutua dependencia. no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. se sienten muy "corridos”. Juan y D. D.. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978). Sin embargo. p. pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles. «diligencias posibles y aun imposibles». y pues nosotros lo somos y principales [. Juan y D. por lo cual redoblan los empeños. de E l Saffar. temerosos de lo que podrían pensar de ellos... Quijote. ¿No hay quizás un sutil. para desquitarse a sí y a su patria (984). . uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. singulares. 118-128. Juan—. las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 . señor Lorenzo —dijo a esta razón D. A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares. en efecto. 17 Ibid. ¡caballeros españoles!.. D. Juan y D. Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. pp.]. . en nombre de su nacionalidad. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos. los amigos italianos que han confiado en ellos.. Tom Sawyer.

. desde perspectivas incisiva­ mente individuales.».... señora. en los mo­ mentos oportunos..].que quieren. ofreciendo. 6 . dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero... desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas.]». El duque le contó asimismo a él todo».]». estadme atentos y escuchen [..].. yo no he engañado [. por no tenerla más suspensa. 5.]». empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [.] de lo que había pasado [. etc.. y que [... delinea los sucesos «sucedió. Antonio [... recuentos. 980. caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [. como estos cuentos os podré contar yo [. oíd el mío»... «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo.]. pero vamos [... pp.]. etc.. respondió [. Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces.] yo soy [.]». sus partes y fragmentos.. pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes . «Dio cuenta [.. «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [.] mi desdichada historia». «y luego le contó punto por punto [. he servido a un piovano.]... sólo sé que habrá no sé cuantas noches [. pues [...] y dio cuenta [.. res­ pondió que sí..]». «Entonces [. etc.. 199-210.]».. lo que sintió D..]..]. de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [. darnos cuenta de sus vidas.. Juan..... «Bien sabéis [. .]. más bien..].. respondió el cura.]. «Señores [. y contadme el vuestro [...] y al oído le dijo [...].]»... «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [. «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [.. con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas. con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.-1» (972-9. «La señora Cornelia y su técnica narrativa». proporciona el marco ge­ neral de la acción. «Preguntóle el duque que si era verdad [..)... por sí mismos..]..]».. comentarios y explicaciones... «Yo...]. cuentos dentro de cuentos o.. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [.. «No sé.]» (987)..Cervantes... 3..]».. «Volvió [.. dijo». le contó».] de todos los sucesos [. lo que preguntó D.. Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos. 1... «Yo soy el duque de Ferrara [.. de muy variada extensión.]» (417). como autor omnisciente.] que yo jamás engañé a vuestra hermana [. «En esto llegó un paje [.

actitudes. advierte a los oyentes: «Si queréis que hable. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso. / Llora un niño. 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos. «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia». como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980). antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente.. muy sugestivamente. Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos...] un fligiu ol maschio [. un personaje (983).. etc. y su interés propio o su altruismo. de muy activa. «fi­ nalmente [. A veces. dijo [.] con voz algo doliente y turbada. ocasionalmente. por una inclina­ ción rencorosa. Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y. dadme pri­ mero algo que coma. de manera premeditada.. parturisce di nascosto [. por la información que les es asequible. G iraldi. consciente o inconscientemente.] mi desdichada historia».: «Lippa ingravida d i un suo am ante . G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. B. por una apre­ hensión momentánea. señores y escuchadme». Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. tem e Vira d el padre e d e fra telli. etc.. y después invita: «sentaos.. Por medio de sus relatos los personajes revelan.]» (G. / Sin embargo./ Cornelia come y bebe /. in­ tensa interacción entre actores y espectadores. dice.. por una disposición “traviesa”. a veces.]» (974-6). como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). embarazada por un amante. teme la ira del padre y de ios hermanos. . El juego se ejecuta con ingeniosa. pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [. nacim ientos secretos. de la sociedad. provocan su indignación. las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente. N ovella l) [«L.res”. no pudiendo así comenzar con el relato. etc. como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983). y. ciertos modos de ser. D eca l. por su visión del mundo. complejos. que me desmayo». ágil técnica narrativa. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9.». / Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”.. da a luz secretamente a un hijo»]. como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias. y..

se nos sugiere el hecho irónico de que todas estas consecuencias. sobre todo. claro está. a su propia im­ prudencia e indiscreción. pocas lenguas hay que no la publiquen [. sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad. pronto convertido en pasión que —acallados convenien­ temente los escrúpulos morales con la promesa de matrimonio— la induce a entregarse sexualmente. Cornelia se gana nuestra simpatía. Cornelia renuncia a apelar a la probable disposición favorable del hermano. más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). como Dorotea del Quijote . por las preocupaciones del Duque con su herencia. Además. Corne­ lia.. por el que comienza su interés amoroso en el Duque. de «las honrosas amonestaciones». todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios. Algunos lectores se extrañan de que tal heroína alardee tan ostentosamente de su belleza: «la fama de mi belleza tal cual ella es. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque. Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). según lo sugiere también el chisme. después de entregar su virgi­ nidad. por «las libertades» y «la perdición». fervorosas afirmaciones de su genuino amor (975). con la tercería de «la criada. Por influencia del Duque. su pundonoroso hermano. a la vez. observamos que todas sus dificultades son atribuibles. . pero. pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. acrecienta en su conciencia el pesar por el descuido de «los recatos». en que la guarda con «gran solicitud» el señor Lorenzo. aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. pero. que el her­ mano mismo recoge en la ciudad: «anoche lo supe» (978). al menos en ocasiones.preocupaciones.. El hecho de que éste. ¡«Yerros por amores dignos son de perdonar»!. aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975). aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). que Cornelia nos deja percibir hasta en sus orgullosas. también «confiaba en [la] honrada condición» de ella. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas. y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa.]» (410).

Juan en una gran perplejidad: ¿Es el Duque de veras un malvado? ¿Se ha aprovechado de una ingenua con intenciones rui­ nes y pretextos falsos? «Todo esto se ha de saber de su boca» 20 Lacadena y Calero. Sin duda que éste sería el criterio de que el señor Lorenzo mismo se valdría en semejante si­ tuación.. y al duque lo mismo. y.].. cual­ quier galán. y el otro con el hallazgo de tan buen cu­ ñado» (982). Contempla a su hermana. anoche lo supe.. aclarándolas.] arrojándose a los pies del duque. cuando todavía hay gran incertidumbre sobre el destino. . «La señora Cornelia y su técnica narrativa». de Cornelia y su criatura: «[. también provoca algunas nuevas. p. parece que no tanto por la felicidad de ésta como por su propia ambición social. 204...]... esta indigna disposición servil del señor Lorenzo se demuestra naturalmente consustancial de su resentimiento y odio a “los poderosos”. sobre todo. cebándose. que porfiaba por levantarlo [.. el señor Lorenzo habría aprobado de seguro una relación amorosa formal entre el Duque y su hermana. generándose así una serie de versiones. enternecidos... La obsesión pundonorosa con “el qué dirán” motiva toda la ac­ tuación del señor Lorenzo. muy significativamente. El relato del señor Lorenzo sobre la seducción de su hermana deja a D.] [al señor Lorenzo] se le arrasaban los ojos de lágrimas. como objeto de as­ tutas contiendas entre sus «ojos de Argos» y los del «lince». Esta se manifiesta de modo inequívoco en la escena de la reconciliación con el Duque. semejantes y diferentes a la vez..] y anoche me la llevó» (978). cada relato sobre las relaciones de Cornelia y el Duque. cínicos prejuicios sociales (978).] por ser desigual el matrimonio en cuanto a los bienes de fortuna» (978). también conveniente­ mente apoyados en enraizados.».«Cada situación es el resultado conflictivo de la situación an­ terior» 20. Sólo en base al chisme presupone también una «vo­ luntad arrojada» en la hermana y las más deshonrosas y mezqui­ nas intenciones en el Duque: «Esto yo no lo creo [que el Duque quiere casarse con Cornelia [. Según ya se ha sugerido. En otros momentos. en el chisme: «mi parienta me ha dicho [. a la vez que responde a ciertas preguntas. pero.. mutuo empuje. dicen [. lo cual se evidencia también en el revelador dativo de interés en su declaración desengañada: «triunfó [el Duque] de mi industria [. posiblemente trágico. el uno con la pérdida de su esposa. etc. como olas del mar en continuo. de modo parecido.

Le cene (l) [«(. decide D. Queriendo ser admirado como uno de esos muchos «astuti e gran maestri di beffare altri» 2 1 de la novella italiana. O bservem os de paso que el fingim iento de Juan R ojo con F rondoso acerca de la hija «ya prom etida a otro» (Lope. según se desprende de las reacciones indig­ nadas y angustiadas de los dos españoles y del señor Lorenzo.. También el “piovanow de notoria reputación escandalosa y jocosa en la novella italiana gusta burlarse de la gente con sus cuentos inventados.. obvia por la exageración.. de hecho.. Esta inclinación del «piovano [. según lo demuestra con el del niño expósito. aparentemente más superficia­ les.] rico y curioso». a m enudo contienen interesantes. pero es no obstante cierto que con su impru­ dente comportamiento ha expuesto la vida. es un aspecto caracterís­ tico de la técnica narrativa con que Cervantes m ism o evidentemente se deleita al sorprender al lector: «Si no lo has. con intencionada in­ dulgencia. más bien ligero de cascos. con que explora los sentimientos del Duque (985). serias im plicaciones estéticas y morales. es una tradicional costumbre popular. aunque los dos españoles. que podrían fácilmente traducirse en un absurdo desenlace trágico. también porque duda de la reacción comprensiva del pundonoroso hermano. im puestos por la in­ teligencia y la discreción. . 22 «Dar lejos de lo que se espera».) astutos y grandes maestros en burlar a la gente»]. aunque inocuos y graciosos. como. y p or eso. la dignidad y la felici­ dad de Cornelia y de otros a m uy grandes peligros. no revela al señor Lorenzo su amor por Cornelia. con su burla el Duque se revela en cambio como un sujeto indiscreto. le dicen que «ha hecho la más discreta y más sabrosa burla del mundo» (987) 22.]» (D . y. ¡oh lector!. Entre éstas. Juan. por pesadumbre y enojo [. además de otras tendencias personales negativas.(979). amigo también de la 2! F. 1105). com o diría Lope. señala los lím ites de dicho juego. A la vez. Q u ijote .. inocua y graciosa. i. aunque.. Los pasajes cervantinos. ¿Como pueden justificarse éstos moralmente por la mera preocupación del Duque de asegurarse la herencia que la madre le tiene prome­ tida? Por cálculo oportunista. como ésta «mil veces» le pide que haga (975). así entendida por todos. cierta frivolidad infantil en su cuento de la «labradora». pues. Ftienteovejuna ). ¿por no querer privarse de la excitación sensual de la relación ilícita? Es pertinente esta pregunta porque en la actuación del Duque se transparenta un pronunciado egoís­ mo. su «pro­ metida esposa» que relata como «verdad» en un momento tan inoportuno para ello. G razzini (Lasca). pronto después ocurre: El Duque confirma su amor sincero y sus intenciones honradas res­ pecto a Cornelia.

parece a algunos lectores: las frecuentes visitas del noble a un cura de aldea. odios. entre las cuales también figuran D. Cervantes no sugiere esto como mero detalle pinto­ resco. declaraciones de doble sentido. deber de ser. disfraces. Se impone otra vez la imagen del intrincado rompecabezas de muchas. atribuibles al «as­ pecto engañoso de la realidad».«massara» a quien «tiene obligación más que de amo» (980). disper­ sas piezas. tem ores. objetos de origen misterioso. extrañas. Juan y D. es sumamente significativo que las interpretaciones erróneas. falsas acusaciones. Gustando éste «mucho así de la curiosidad del cura como de su donaire en cuanto decía y hacía» (985). son raras y que. de hecho. como diría A. produciéndose así de continuo situaciones en que todos. aprehensiones. para hacer al fin aceptar a todos una versión fun­ damentalmente fiel a los sucesos. Ejemplifica magnífica­ . A este respecto resulta muy su ge­ rente el lenguaje conjetural de que todos se sirven con frecuencia: suponer. Anto­ nio consiste en averiguar las causas de las discrepancias conflicti­ vas entre las distintas versiones de la “historia” que propugnan los otros personajes. experimentan grandes dificultades al tratar de averiguar la verdad. am bición. etc. de manera llamativa. creer. de hecho. La obra abunda. aunque también justificadas por la devoción de aquél a la caza. diálogos enigmáticos. aun éstas tienen su causa primaria en los com­ plejos y prejuicios íntimos y en las predisposiciones morales y psicológicas de los personajes mismos. men­ tiras. quien «viene a visitarle muchas veces desde Ferrara». es fácil imaginar cuán “entretenidos” serían sus encuentros. ignorancia. La más importante función mediadora de D. resentimientos. etcétera. Sin embargo. indistintamente. imaginar. Castro. incomprensibles a los otros personajes. reivindicadora de la “dignidad” y los "buenos propósitos” en el pasado y prometedora de la solu­ ción más satisfactoria y feliz para todos. Antonio mismos como piezas integradoras del enigma. como. identidades enigmáticas. y suponiendo el recíproco aprecio del cura. sino por su usual preocupación de explicar lo que podría parecer inverosímil. en toda clase de obs­ táculos que dificultan la interpretación correcta de los aconteci­ mientos: ambientes extraños. Por esto precisa­ mente ellos también resultan a veces misteriosos. ex­ plica la razón principal de la amistad entre él y el Duque. vanidad. información incompleta. Juan y D. apariencias ambiguas. parecer. desfavorables circunstancias tem­ porales. Glaro está.

en que los dos españoles. mediada por los dos españoles entre todas las partes. sino tan sólo por la palabra llana. como en algunas otras novelas cervantinas. con que se supera la barrera de los malentendidos. Sí. N ovella 4) y tratado. erigida por la desconfianza. N o v e l l a 8 . quienes tanto se empeñan en erradicar la desconfianza de los otros. Bandello. en defini­ tiva. Y es casi simbólico el que hasta D. debidos al defecto intrínseco en el engañado. el sombrero tienen un papel significativo para complicar y desenredar las siVéase nuestro estudio sobre El vizcaíno fin gido en E l teatro de Cervantes. con variaciones. Así. a m enudo por los n o v e llieri de los siglos siguientes. la trama entera se es­ tructura a base de unas causas y unos efectos que se identifican. no suele tener interés para C er­ vantes 23. de las mentiras y de los temores. como una concatenación de desconfianzas. en realidaid. como la de las dos Cornelias.mente este hecho la inmediata suposición del señor Lorenzo de que es «de cólera» el encuentro de D. A este respecto nos parecen también de valor emblemático “el camino derecho” y las “sendas apartadas”. 25 El m ism o tema fundamental se dramatiza en E l laberinto de amor. Sin embargo. desde la ini­ cial de la madre del Duque hasta la de la escena final. Sansovino y M. los pañales. El m otivo del engaño con una mujer “falsa” en la cama fue utilizado ya por Boccaccio ( G io m a ta vil. 23 24 . A nto­ nio. que se contraponen en la o b ra25. el señor Lorenzo y el Duque están a punto de arremeterse. en que casi todos parecen desconfiar de todos por una razón u otra (983-4)24. la solución final de to ­ dos los problemas no se determina por una anagnorisis dramá­ tica ni por una transformación radical de los personajes. F. G i o r n a t a v iii. de un modo u otro. de modo inexorable y continuo. Véase nuestro estudio en El teatro de Cervantes. generán­ dose mutuamente. lleguen a ser ellos mismos. Juan y D. entre ellos. al verlos abrazados «desde algo lejos» (981). particularmente. la indu­ mentaria. Todos los «engaños a los ojos» en las obras cervantinas son. El error o el truco de carácter sólo externo. y no sólo por su nacionali­ dad. Es de crucial importancia el hecho de que todos los distintos factores humanos que inducen al error o a la impropie­ dad en La señora Cornelia tiene su denominador común en la desconfianza. Juan y el Duque. Esta lacra de las relaciones humanas se dramatiza en algunas escenas particularmente memorables. las joyas y. desprendido de explícitas motiva­ ciones o tendencias humanas. víctimas inocentes de la misma.

«La estructura de las N o vela s ejemplares». 19-20.28. como estructura narrativa. incluyendo el mero azar. su función más importante e ingeniosa con­ siste en su ironía implícita. «Intro- . 94. etc. al hacernos meditar sobre los insegu­ ros.. una genial metáfora literaria de los pasillos oscuros.). de que es «la más desalada carrera tras lo inverosímil [. sin posibilidad alguna de un entrecruce armonioso.) es un cuento sumamente improbable»] y otros. al sentido común. N o v e d a d y ejem plo de las N o vela s de C ervan tes . ínsita en la es­ tructura entera. a la virtud. 27 En los estudios de D u nn . pp. A ve­ ces. de los que debe depender aquél que. De­ bidamente apreciada esta metáfora fundamental. en definitiva. ridículos medios. cayendo en el engranaje de las continuas y mutuas desconfianzas de los personajes. ¡Interferencia impropia del positivism o en el m undo de la ficción! Algunas nuevas considera­ ciones sobre la verosim ilitud cervantina en D ie z Taboada. pp.tuaciones 26. confusos del laberinto de la desconfianza humana. ¿por qué razón lo emprendería La señora Cornelia con “la novelística greco-bizantina”? 29. El Saffar. es. 87-105. Las dos doncellas —no­ vela cortesana. inciertas perspectivas se apre­ cia también en el hecho de que el lector. se engaña precisamente porque se cree privilegiado por la información que los personajes no poseen. ΠΙ.'y se rechazará como obvia incomprensión la condena. «La señora Cornelia is a highly im probable story . sólitos compañeros de la relación honesta. 2 H Propone tal tesis Avalle-A rce. Reconocida la inequívoca fisonomía “italia­ 26 Véase R odríguez-Luis. 1 2 0 ) [«(. 28 A valle-A rce. La ingeniosidad de esta con­ cepción novelística de ias múltiples.. en sí. C ervantes: N o vela s ejem plares . orientador.. «Introducción». La trama muy enredada.. etc. siempre es secunda­ rio respecto a la m otivación humana. que. ya casi rutinaria.» (N o v e l to R o­ mance. Cervantes: N ovelas ejemplares. Teniendo en cuenta el hecho comprobable de que en cada novela ejemplar cervantina ocurre un explícito o implícito diálogo crítico con su específico modelo inspirador (La española inglesa —libros de caballerías. por cualquier motivo o circuns­ tancia. sincera27. de las que es penetrante y fidedigno reflejo.]. p. Lacadena y otros sobre La señora C ornelia se concede demasiada importancia al "azar”. el colmo de la in­ verosimilitud». directa. a veces se encuentra deambulando con ellos desorientado. endebles. confuso. de modo muy irónico. pero. ill. El amante liberal —novela bizantina. ha renunciado a la razón. se comprenderá también la palpitante relevancia de La señora Cornelia para la vida cotidiana y la condición hu­ mana. etc.

]?»31. que. etc. entre sus elem en tos tam bién in clu ye esporádicam ente el greco-b izan tin o. Tutte le opere.. vol... como temas melódiducción».. sobre todo.nizante” de esta novela ejemplar. [«(. inevitablemente. adquiere visos de características constitu­ tiva. técnicos. p. la novella italiana. vol. la imaginación y la ingeniosidad de los novellieri debían agudizarse más y más en su afanosa búsqueda de lo novedoso.] 3Í Bandello se hace esta pregunta. Tutte le opere. . de que fuera considerado «degno di meraviglia e ammirazione» 30... 1025. pero nos parecería oportuna. a su tiempo.) refleja la influencia de la novela griega y de la com edia contemporánea y del Persiles»]. los delicados confines del arte y caer en el mero sensacionalismo.. en que todos los sucesos. En estas deformadoras tendencias sensacionalistas de la no­ vella italiana no podía menos de reparar el sentido de la mesura y de la armonía artística que suelen orientar y animar toda la activi­ dad literaria de Cervantes. hasta traspasar. p. 1027) [«¿adonde me dejo llevar (. 20. sorprendente.) habiéndoos prom etido narrar una novela»]. Rosales destaca bien que La señora Cornelia es el eslabón entre la novella italiana y la novela corta cervantina ( C ervantes y la liber­ tad. detalles revelan su esencial funcionalidad y. 492). únicamente relevante. es de­ cir. vehículo favo­ rito de la inverosimilitud y de la “digresión” de todas clases: «Ma dove mi lascio io trasportare avendovi io promesso di narrar una novella [. lo cual es tam­ bién crucial para la concepción de La. señora Cornelia— era uno de los tipos más cultivados por los novellieri. pero sin contar con la más importante. de su previa capacidad para excitar la curiosidad y la admira­ ción del lector. al darse cuenta de que ha caído en una innecesaria digresión moral en una dedicatoria (Bandello . p. claro está. El Saffar mantiene que «La señora Cornelia reflects the influence o f the G reek n ovel and the contem porary Spanish com edia as w ell as C ervantes' ow n Persiles» (N o v e l to Rom ance. I. p. 119) [«(. El abuso frecuente degenera en práctica ruti­ naria que. maravilloso. que su diálogo crítico sea con su raíz litera­ ria directa? La “novella alVintreccio” —caracterizada también por la actitud cínica y desconfiada de los personajes. Posibles influencias signi­ ficativas.. lingüísticos.. en efecto. Para gratificar la apetencia insaciable de éste. como lector y escritor. La utiliza­ ción de cada ingrediente particular dependía. de repente. al observar la tendencia a la di­ gresión episódica en él y en otros n ovellieri del Cinquecento. a m enudo. Con su trama cuidadosamente organizada. I. p.) digno de maravilla y admira­ ción».. a menudo de extra­ ordinario logro artístico en sus numerosas combinaciones de dife­ rentes ingredientes temáticos. ya desde los tiem pos de Boccaccio. personajes. 30 Sandello.. ¿no es quizás lógico.

A n ton io hay que señalar también com o m uy importante la de sim bolizar la españolización de la “novella” italiana “alVintreccio*. La nueva fecunda relación entre el genio es­ pañol y ese género literario italiano parece prescribirse en. 32 Sobejano advierte que en todos y cada uno de los 12 cuentos de Cervantes. su plena correspondencia con el tema conceptual de la obra. 33 Entre las diferentes funciones de D .la cor­ dial y correcta «correspondencia» que los personajes españoles e italianos deciden mantener. «con grandísimo gusto de todos» (98 8) 33. La señora Cornelia se propone como un posible modelo estético y moral a los futuros cultivadores de la novela corta de enredo. inspirada en la famosa “novella alVintreccio” italiana. por aquel entonces ya popular también en España32. 75). moral y vital («Sobre tipología y ordenación de las N ovelas Ejem plares ».cos. creándose una perfecta armonía entre todas las partes. sin perjuicio alguno para la obra. muy grata a los sentidos e incitante para el intelecto. p. . Sin tal función. hay una ejemplaridad artística. Juan y D . podrían ser sustituidos por dos extranjeros de cualquier otra nacionalidad o región italiana.

se trata de un sueño. una sola novela. «The U n ity o f the C asam iento engañoso and the C oloquio de los perros». 2 A E l casam iento engañoso corresponden las páginas 991-997 y al Coloquio de los perros.' muy rabioso.. Cabrera. encomendándose a N uestra Señora [... «Valor actual del hum anism o español»..EL CASAMIENTO EN G A Ñ O SO Y C O L O Q U IO DE LOS PERROS «Ihr seid ein Schelm.]. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares.. se propone ofrecer algunas sugerencias nuevas sobre los episodios particulares y la confluen­ cia de sus temas en la implicación fundamental de la obra.. tan innovadoras en la historia de la ficción hasta entonces. pp. claro está..]. «desproporción». «con presu­ puesto de hacer en ella un ejemplar castigo». 1 Casalduero.. cae en una extrema «desesperación». de inmediato.. «El casamiento engañoso y E l coloquio de los perros».. so­ bre la técnica narrativa y la estructura novelística. después. que asimismo sugiere la unidad conceptual. las 997-1026. Campuzano. wie Ihr nur immer wart. Waiey. a quien él mismo pensaba engañar.]. A lgu ­ nos de los primeros estudios centrados en el problem a de la unidad del C asa­ m iento-C oloquio: Parker. de una vigilia [de Campuzano] [. sobre la relación del individuo con el ambiente moral en que se forja. pp. Viéndose burlado estrepitosamente por una mujer. pp. Berganza y Cipión [.]» (994-5). «N uevos valores de E l casamiento engañoso y El coloquio de los perros».] son el desdoblamiento del pnismo personaje [Campuzano]» K Casi todos los críticos actuales coinciden en tal comprensión de El casa­ miento engañoso y Coloquio de los perros. frustrado y agotado entra en una iglesia. casi insospechadas hasta muy recientemente. 237.» (Goethe. va en frenética búsqueda de la traidora.. que habría sido fatal. 20 ss. 249. y.] con pesa­ dumbre [. a veces con interpreta­ ciones que revelan grandes complejidades ideológicas y artísticas. 80-87. ba­ sado asimismo en esa visión unitaria. no dos [. «si tantico se des­ cuidara el ángel de [su guarda] en socorrerle]» (224)2. en la edición de Valbuena Prat. pp.. 244. En vano. cayendo en un escaño «[. . Faust) «Es. 49-58. W oodw ard. Nuestro estudio.. 201-212.

con corazón vengativo. . 996). pensando que son de oro. piensa. febril de Campu­ zano en estos m om entos3. 37). Pasados algunos días. Y. sin embargo. todavía muy incierto del remate de su enfermedad. Sin embargo. y poco a poco [le] dejaron los cabellos». De transcendental importancia debió de ser esa experiencia para la vida de Campuzano. espada tengo. Al afirmar Campuzano que oyó «hablar» los dos perros. a menudo fatal (995). pero esta experiencia vendría acompañada de em ociones contradictorias. Berganza y Cipión. por completo indigente: «Dicen que quedaré sano si me guardo. sirviéndole «la espada de báculo». «haciendo pinitos y dando traspiés». el li­ cenciado Peralta. ¡Realidad del juego que practica y que no siempre puede favorecerle a él! Además. según lo demuestran los acontecim ientos posteriores. por la experiencia extraordinaria que ha tenido durante las últimas dos noches. su «amigo». se calma algún tanto. y cuando oyó esa conversación no quiso «dar crédito a 3 Q uizás C am puzano experimenta un «m om ent o f illum ination» [«m om ento de alumbramiento»] en la iglesia (El Saffar. p. razonablemente. conjetura. Campuzano ha contraído «la lupicia» o «pelarela». Del hospital sale después de haber «tomado cuarenta sudores» (996). «ride bene chi ride Γultimo»: ¡la sorpresa que se llevaría doña Estefanía al darse cuenta de que «las cadenas. muy juiciosamente.¿suplicándola. non s’ha di lamentar s’altro Vinganna» (995). entreoyendo una con­ versación de los dos perros del hospital. el jaquemate se lo da doña Estefanía a él: «comenzaron a pelárse[le] las cejas y las pestañas. «chi prende diletto di far fro de. considerando. dispo­ niéndose a “escuchar” atentamente ese coloquio para desentrañar la explicación. que le ayude encontrar a la malvada?. cintillos. C ervantes: El casam iento engañoso a n d E l C oloquio de los perros. amarillo en el rostro. indignado. ¿que se apiade de él y le perdone su insensata vida peca­ dora? Probablemente todos estos y otros pensamientos y emocio­ nes semejantes revuelven la mente trastornada. que al fin de cuentas. lo demás Dios lo reme­ die» (991. afirma que da «por bien emplea­ das todas [sus] desgracias». Campuzano le asegura que él tampoco es tan «ignorante» para creer que «pueden hablar los animales». enfermedad venérea de ho­ rrorosos efectos físicos y psicológicos. son todos «de alquimia»! (995). flaco de piernas. joyas y brincos» que le robó. el lector. que aquél quiere hacerle creer unos «disparates». nunca totalm ente resucitas.

.] riéndose y como haciendo burla de todo lo que había oído y de lo que pensaba leer» (996-7). 434). con m uy interesantes explicaciones e. sin reserva alguna. sin faltar palabra».. sutil y desocu­ pada la memoria». irónicamente.. ¿no se holgaría [. Peralta accede a leer el Coloquio. hablaron?». muchos lectores modernos todavía vuelven a esa “disputa”. Campuzano considera superfluo «ponerse más en disputa [.[sí] mismo». Y. delicada. estando [él] des­ pierto.. y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros». el Coloquio será. toda la conversación. pues fue «escrito y notado» por Campu­ zano. C am puzano m edita sobre sus «pasados sucesos y presentes desgracias» (996). teniéndola. con lo cual Peralta se declara perfecta­ mente conforme: «no volvamos más a esa disputa» (1026). el Coloquio. Y allá está escrita.. en cuanto a su verosim ili­ tud» (P ozuelo Yvancos. tales cuales Nuestro Señor fue servido de dár[se]los.] una coherencia del discurso consigo mismo» fibid. pero tomando «el cartapacio [. que él «alcanzfa] su artificio» e «invención».] si hablaron los perros o no». «a escu­ ras y desvelado».. «delicado el juicio. 161.] para C er­ vantes. Al recordar sus más nota­ 4 Riley. o sean quien fueren. ameno. oí. la verosimilitud [. en efecto.. solo. llena de «cosas grandes y diferentes. aunque «[se] haya engañado y [su] verdad sea sueño [. probablemente. con todos [sus] cinco sentidos. finalmente.. 195. desembarazada la mente de las fiebres y aluci­ naciones recientes.]. Por lo menos..] el señor Peralta de ver escritas en un colo­ quio las cosas que estos perros. A condición de qüe Campuzano «no se canse más en persuadirle] que oyó hablar a los perros».. a la postre. el día siguiente (996). Vindicado. y.. noté. que él no pudiera «inventar de [suyo]» y que así le obliga «a creer que no soñaba y que los perros hablaban» (996). con acertada intuición de tan extraña “irresponsabilidad” cervantina: «[.. p. se consuela el escéptico licenciado. pp. de m uy difícil defensa. 59. es cierto. escribí. perplejos respecto a la “verosimilitud” de todo ello4. escuché. Peralta declara..] era [. de la responsabilidad de justi­ ficar un discurso. «por cosa soñada».. al acabar de leerlo. y que con su lectura «ha recreado los [ojos] del entendimiento». «Enunciación y recepción en E l casam iento-Coloquio». De to­ dos modos. pero. .. Está generalizada la opinion de que «Cervantes se ha evadido. tuvo que admitir que ocurrió «realmente.. al principio. que «está bien com­ puesto». aunque. «A la mitad de la» penúltima «noche» en el hospital. cuyo «buen ingenio» ya conoce (997). Sin em­ bargo.. ). a veces. C ervan tes3 Theory o f the N o vel.

éste tendría la función primordial de alter ego —se­ mejante a la del “amigo” de Cervantes en el «Prólogo» del Qui­ jote (1605)—. ¡narrada! sólo desde la perspectiva de un perro “racional”. no siempre. en realidad. que la suya ha sido. comprenderían muy bien el penoso sentido de la imagen. en los estudios actuales {«Coloquio de los perros. a Campuzano le parece más bien borrosa. Su desastrada vida. consecuentemente. Sin embargo. notorios po r su «amistad». identificada con la de un perro nacido y criado entre los humanos. Como estos animales. beneficiada por la experiencia acumu­ lada en el pasado. aunque elaboradas y m odificadas. «Cipión: su carácter y sus funciones en E l coloquio de los perros». para puntualizar lo dicho. com o el compañero de Berganza—. con sutil ironía. sus únicos compañeros en esta in­ terminable noche insomne. 195-200. cuando sólo quiso ser “hombre”. . lealtad. honradez. para expresar dudas y escrúpulos. 47-72). simultáneamente. escuchada p o r o tro —que se llam e C ipión. maltratado por los hom ­ bres. Cipión representaría también. ignorantes. vida que podría ser comprendida. con lúcida convicción. de modo muy importante. que no obstante casi siempre fueron “premiados” con crasa ingratitud y crueldad. él también quiso tratar al mundo con afecto. a veces. una vida de perros. mordaz sarcasmo o frío ci­ nismo. «La diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional. pp. ingenuas.bles y penosas experiencias. y el bruto irracional» (997). Sin embargo. como el del hospi­ tal—. concluye. incide más y más en la mente de Campuzano. erróneas. pues todo relato debe tener oyente. en contraste con las perspectivas del pasado. explicada. para hacer comentarios y reparos oportunos. pero habiendo vivido tanto tiempo en ese «mondo cane» —mundo pe­ rruno del hombre—. sin la ventaja de esa experiencia5. la perspectiva del presente. y «agradecimiento» (998). Recientemente: Miranda. lo cual constituye una verosí­ 5 Las observaciones de Lain Entralgo sobre las funciones fundam entales de C ipión y Berganza son todavía aceptadas. pues la perspectiva inicial puede ser a veces más acertada que la posterior. pp. con el lector implícito. cuestionable tan categórica distinción entre la “animalidad” del “p erro ” y la “hum anidad” del “hom bre”. «fidelidad inviolable». Nace asi la idea de la auto­ biografía de un perro —que se llame Berganza. Esos dos perros «echados detrás de [su] cama». dar conse­ jos y consultarse con el narrador y. soliloquio de Cervantes».

de todos los antece­ dentes fabulísticos.. los dos perros de su Coloquio . colorido.. que Berganza-“perro” es también un conveniente recurso literario para p o ­ der observar y conocer aquella sociedad de manera íntima y extensa. Cipión: «Habla [.].. matiz estilístico. Campuzano destaca la diferencia entre «los animales [. C ervantes . según se verá. sin preám­ bulos y juramentos de palabra». pienso aprovecharme [. drama­ tismo. hasta ahora señalados!6. creador de la novela corta española. intensidad. sin muchos “colores retóricos”.. morales-satíricos.. Por esta misma razón se expresa la esperanza de que este «cuento» dé «contento» sólo «por la gracia» que «encierra y tiene en el mismo [. y si te cansare lo que te fuere diciendo. tono. pues no es. Estas funciones fundamentales están repartidas y diferenciadas clara­ mente desde el principio: Berganza: «Pues [. la narrativa de los episodios variaría en extensión. escucha. II. Dependiendo de la experiencia evocada y del tiempo disponible para elaborarla o reaccionar a ella. o me reprendes.. que se revela muy significativo en el contexto del Coloquio.. emocional..]... en su ímprevisibilidad y.... pp. 429-430. [vestidos] de palabras y con demostra6 Sobre las posibles fuentes literarias de Cervantes: Pierce.. escueta. G onzález de A m ezúa y M ayo. inverosímiles o más bien improbables en una conver­ sación espontánea y apresurada: «no sabemos cuánto durará esa nueva ventura [el don de hablar] [... los representan en su complejidad. tan artificiosos. por­ que. o me mandas que calle».] de Esopo» que «departían [. aunque sea atropellada y confusamente» (998). com o lo han señalado varios crí­ ticos. Es obvio.mil complejidad del proceso mental. ¡no puede ser! de esos cuentos que dan contento por «la gracia» que «tienen en el modo de contarlos [.. dándome prisa a decir todo aquello que se me acordare. surgida de unas circunstancias psicoló­ gicas y ambientales por completo naturales. De hecho. autonomía (996-7). .]. sin impedirte sino cuando viere ser necesario» (998). jcuán distante es esta concepción literaria. «Cervantes 3 A ni­ mal Fable».]. pp. obviamente. asimismo como los seres humanos. por otra parte. Estos «pueden hablar y responder con discurso concertado».] cómoda para poder pronunciarlas» y. ritmo.. 103-155. picazas y papagayos» que «hablan» sólo «las palabras que aprenden y toman de memoria y por tener la lengua [. expresión lingüística.].. Ésta sería predominantemente sencilla..].] unos con otros» y los «animales» como «los tordos. que yo te escucharé de muy buena gana.

tam­ bién representación del complejísimo proceso articulatorio de “los pensamientos escondidos”. de una representación dia­ logada —cuya naturaleza monológica se sugiere también por la omisión de los «dijo Cipión.. casi por las mismas palabras» (se reconoce la imposibilidad de una reproducción exacta en todos los detalles expresivos). Estas observa­ ciones son aplicables estrictamente a la forma literaria. artísticamente premeditada.]. como propuesta teórica y como realización literaria. es decir. de que los interlocutores a veces se percatan con el propósito de evitarla en el futuro (1006). funcional en su existencia y perfectamente ar­ m onizado con su ambiente. supuesta­ mente para no «alargar la escritura» (997)—. determinado y declarado propósito de reproducir «todo lo que había oído [. sobre toda su desastrada vida. El “p u lp o ” como metáfora de la perfecta coherencia de una aparente incoherencia.. un intercambio oral que es. genial. a menudo caótico e incontrolable por la conciencia ordenadora. sino. su proceso mismo de formularse mental. N o constituye este “pulpo” narrativo un de­ fecto. de una rememora­ ción de «pasados sucesos» y de una meditación sobre ellos y las «presentes desgracias». una transgresión de los preceptos aristotélicos. Se trataría así de un soliloquio íntimo en forma de un pre­ tendido diálogo o. por lo menos. un organismo por completo íntegro. Hamlet): el “pulpo”. pero en cuanto esta labor literaria representa un consciente. una muy imaginativa aplica­ ción del aristotelismo a la concepción literaria. siempre variables formas. escrita* en que Campuzano ha puesto el coloquio de los perros. de hecho. más precisamente. El propósito de representar o. en esa larga noche de convalecencia. en su movimiento imprevisible. de una representación de «los pensamientos escondidos» de Campuzano. resulta de inmediato evidente el radical experimento cervantino. que sólo responde a . sugerir este proceso mental de la evocación y de la meditación se manifiesta inevita­ blemente en la estructura o forma narrativa del “pulpo”. «for this effect “defective " comes hy cause» [«para este efecto lo “defectuoso” viene con causa»] (Shakespeare. im portante es observarlo. todo lo contrario.ciones de rostro y de las ma nos y con mudar la voz se hacen algo de nonada. imaginativamente. y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gusto­ sos». resulta así auténticamente original. con todos sus tentáculos de múltiples. a nuestro juicio. respondió Berganza». tamaños y movimientos es. Por lo tanto. en suma.

Excelentes observaciones en Casalduero. P ozu elo Yvancos. im aginativo exegeta para explicarlo bien. C on respecto a todo esto resulta sugestiva también la aguda observación de M urillo sobre la «simple com plexity» [«complejidad sen­ cilla»] del C asam iento-C oloquio («Cervantes’ C oloquio de los perros. (pp. Véase. la metáfora de la de Campuzano. 261). Casalduero habla de «la brevedad del tiem po que atosiga a la vez al narrador y al lector». 176. 64 ss. o com o se hace una novela». 423-435. de los episodios de extensión numérica que responderían a cierta «simetría renacentista» [¡!]. por la presión del tiem po se acelera. del «tiem po acelerado de la narración» de «la corriente em ocional que fluye de un episodio en otro». que nos parece aplicable a todos estos y otros estudios de la estructura na­ rrativa del C asam iento-C oloquio. Percibida así la articulación del Coloquio. «Enunciación y recepción en El casam iento-Coloquio». que no obstante no evita que la trama se articule «sin orden ni plan». explicarla con claridada. sugerente anticipo de notorios experimentos literarios modernos. p. principalmente. a base de la metáfora del "pulpo”. Así. 242 ss. 147-166. que no se han cristali­ zad o en una clara com prensión y que así revelan a las claras su desconcierto. los actuales m ucho más que ios del pasado. sin embargo. Intuiciones buenas de la “estructura” imprevisible del “pensa­ m iento” que. se entienden también las grandes dificultades que siempre se experimentan al tratar d e . «Género y estructura de El colo­ quio de los perros. M olhó. 8 T odos los lectores acusan la gran complejidad de la estructura narrativa. del «deshílanado c o n ­ tar». al frn. . U n comentario crí­ tico. ca­ rente de antecedentes teóricos. y. del «m ovim iento de fuga». 11-95. pp. 119-143. pp. pp. «Remarques». pp. El Saffar.su propia lógica interna. de que la escritura es sólo una representación aproxi­ mada. véase el libro de Forcione. C er­ vantes an d the M ystery o f Lawlessness. ex­ plica después que Cervantes «se va acercando al final y lo que quiere es acumular •una serie de figuras que p or su núm ero contrapesen los prim eros episodios» (ibid.196). 61-90. pp.. pues. El casamiento engañoso y C oloquio de los perros. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d E l coloquio de los perros. «La estructura de El coloquio de los p e ­ rros». Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. El Coloquio de los perros es. sin posibles antecedentes te ó rico s7. Y de un m odó parecido habla Belié de la «desproporción entre la materia narrativa y el tiem po del cual dispone el narrador» para relatarla. pese a que este hecho fundamental siempre se reconoce o intuye de ante­ mano. y 71). pp. de «las relampagueantes apariciones de las últimas seis figuras». etc. todo lo cual surge de «la vida sentimental y psíquica». además del estudio de Forcione (nota anterior). «El pacto narrativo: sem iología del receptor inm a­ nente en El coloquio de los perros». 7 Sobre la estructura literaria y la concepción filosófica del Casam iento engañoso-Coloquio. N u estro propio estudio contiene tan sólo algunas sugerencias esporádicas sobre este aspecto. en espera de un hábil. los interesantes de Belic. sería la relativa desatención al m ovim iento del pen sam ien to escondido. a novel-dia­ logue». “La vida de perros” es. de obligada consulta para todo lector se­ rio de esta obra cervantina. Rey H azas. de la estética o lógica ínsita en el problema representado. pp. en este as­ pecto. a base.

10 Mientras C ipión es el «alter ego» de Berganza. y co­ brando en momentos él mismo una mala naturaleza perruna...].1licenciado y el despertar el alférez fue todo a un tiempo.] este coloquio [.. debe llegar a sus propias conclusiones respecto a lo leído: «yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee. si quiere. es quien. en definitiva. que no tie­ nen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden [.Peralta —representante de todos los lectores inteligentes— comprende al acabar la lectura del Coloquio. entre otros) y se deben siempre. donde «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca».pero el valor metafórico parece desvanecerse por completo al re­ velarse tan literalmente aplicable a la realidad del alférez. p. 1026)1 0 . pero Ci­ pión le aconseja que se limite en este empeño. «¿Por dónde has venido al punto en que ahora te hallas?» (998).] una visión en que el sentido estético cir­ cunvale al sentido ético de la obra» («Conciencia estética en una obra de Cervan­ tes». ser hu­ mano. ¿Por qué «ponerse en disputas». pues de otro modo 9 Subercaseaux representa gran parte de la crítica actual con este comentario: «La literatura se im pone. sin extrañas intervenciones del autor. domina desenfrenada la maldad en todas sus formas posibles. Recostóse el alférez. «si hablaron los perros o no»? ¡Hablaron! ¡Muy de veras. Tales juicios contradicen las declaraciones explícitas de Cervantes ( Q u ijote. según se ha dicho ya. abrió el licenciado el cartapacio El acabar el Coloquio e. Lo ilustra con ejemplos concretos (999-1000). Berganza tiene grandes incertidumbres acerca de su origen. com o sería inextricable el aire del oxígeno.]» (997. es sólo un lector. inextricable de lo ético en Cervantes... . entonces. considerando ya innecesario argüir acerca de los perros hablantes9. pues nació en un «matadero». com o fin en sí misma [. y el licenciado dijo: [. 47-48. 546). com o literatura. todos los lectores de la obra de Cam puzano. De manera magníficamente suges­ tiva muestra Cervantes la esperanza de todo autor de ser com­ prendido por el lector. tan sólo puede conjeturar que sus «padres» fueron «obreros».. caps. instigado por el inquisitivo Cipión. con sus propios criterios y gustos. se pregunta Berganza. pues. pero considerado como un perro por su prójimo. i. sospecham os.] está bien compuesto [„. a una in­ com pren sión de lo estético. com o lenguaje imaginario y autosuficiente. distintamente! Esto es lo que. según recuerda muy bien. esos sueños o disparates... no hay razón alguna para re­ lacionar del m ism o m odo a Cam puzano con Peralta: Éste.. pero sabiendo que éste. En este siniestro lugar.

Al descubrir debajo de esta bella apariencia tan repulsiva fealdad. En el "matadero” —claro símbolo microcósmico— le enseñaron a Ber­ ganza. «Como el hacer mal viene de natural cosecha. Antes de hacer esta observación. según se pone de re­ lieve en el incidente con la «moza hermosa en extremo» —de acuerdo con los postulados neoplatónicos. ya en su niñez Berganza deriva la . acaba «burlado»: «Andad. claro está. es Ci­ pión. por conveniencia novelística. sino de un "ol­ vido” premeditado de Campuzano. según se ha visto arriba. «a arremeter a los toros y hacerles presa de las orejas». observa Cipión (999). Si «el hacer mal [le] viene de natural cosecha» al hombre. como advierte con sarcasmo Cipión (1000). tam­ bién hay en él una inclinación natural al bien. la hermosura reflejaría una íntima bondad—. El que lo ha dicho.«no llegarás a la mitad de tu historia» (999). y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre». vuestro amo. descuidado de esa realidad. como el mismo Berganza. porque el hipócrita sabe que es «prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto». le ofende. con profunda reverencia. a su parecer. Consecuentemente. que no se fie de anima­ les» (999). Berganza ad­ vierte: «vuelvo a decir lo que otra vez he dicho» (1004). para la vida. como preparación esencial para todas las relaciones con el prójimo. pero no se trata de un error de Cervantes. La engañosa «moza hermosa en extremo» representa el menosprecio malévolo por aquel que. sino para que se moderen [en los hurtos]» (999). con imagen estremecedora: «el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros pri­ meros padres y lo mamamos en la leche. Cipión ya sabe cuán larga es esta “historia”. su personalidad desdoblada. Gavilán [.. comprende una de las más alarmantes verdades de la vida: a menudo el mal se dis­ fraza de bien. y esta creencia se acentúa también en otra ocasión.. muy temprano. como autor del Coloquio . fácilmente se aprende el hacerlo». para poner de relieve sutilmente. En el “matadero” se presupone como na­ tural la maldad en el prójimo: «Los dueños se encomiendan a esta buena gente»— el sarcasmo de Berganza es igual al de Cipión— «no para que no les hurten (que esto es imposible). como en varias otras ocasiones. en los dos perros. aunque en otras palabras.] y decid a Nicolás el Romo. hacia quien Berganza se siente atraído de modo irresistible. Vese claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse en quien.

que más parecía atajador de la costa que señor de 11 Se han escrito ya varios artículos sobre esta costumbre de escupir en la boca del perro: Abrams. sería de seguro siempre obediente del modo más «solícito y diligente» ( 1000 ) a cualquier orden.. que es obra donde se encierra una virtud grande. Es preci­ samente con la intención de que sus crímenes tengan tales desen­ laces por lo que los pastores admiten a su servicio a Berganzáj después de averiguar que es «perro de casta»: Como tal. Sin embargo. En efecto. 19-24. pero sin percibir el fundamental cinism o del acto. en nuestro juicio. como.desconsoladora lección de que la inclinación al bien debiera siem­ pre condicionarse por una actitud cínicamente precavida frente a todo el mundo. confiado en poder ganarse la vida con el trabajo honesto y puntual: «me hallaba bien con el oficio de guardar ganado por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo. como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden» (1000). cabría sobreentenderse. a la parte que me señalaban [. a las deshonestas que piensan darle. la culpa del estrago recae siempre. que. . descubriendo que «los pastores eran los lobos y que despedazaban el ganado los mismos que lo habían de guardar». Víctima inocente del engaño y del castigo —casi le cuesta la vida—. aunque con notables. quien aparece «sobre una yegua rucia. En esta situación tan perversamente cínica se perfilan todos los elementos de una ingeniosa alegoría satírica de la situación política y económica nacional. Pese a esta temprana comprensión desengañada. incluso. desempeña sus deberes con genuino idealismo: «pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado. Barcino. raíz y madre de todos los vicios. pp. «Sobre lo que hizo el pastor a Berganza». no tenía que ver conmigo» (1002). cuando acudía. ante todo. que «por pere­ zosos». in­ dependientem ente de la interpretación particular de esa costumbre. progre­ sivos cambios. ocurre: «apenas me habían dicho los pastores: A l lobo. son castigados con una «lluvia de palos» (1002). «Una frase m isteriosa en el C oloquio de los perros». Berganza se escapa del «matadero» y se junta con unos pastores.]» (1002)n. de hecho. sobre los perros. con lanza y adarga. claro está.. Supervía. primero que otros perros. Pronto se desengaña. y que la ocio­ sidad. El amo. 79-82. a la jineta. pp. la fe ingenua de Berganza en la condición humana persiste en afir­ marse en las experiencias sucesivas.

que la confianza roba y el que os guarda os mata?» ( 1002 ). inten­ tando defenderse de sus enemigos externos y. en repetidas ocasiones. y otros cortesanos. pues. pero sugiriendo: «quédese aquí esto. Cipión y Berganza expresan la de­ terminación de no convertirse en meros murmuradores con sus críticas. etc. inevitablemente. que piensa que todos pueden y deben ganarse la vida con su propio «sudor y trabajo». el du­ que de Lerma. cuando todos “los pastores” son cómplices en el cínico engaño? «¡Válgame Dios! —decía yo entre mí— ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar entender que la defensa ofende. después de oír la experiencia de Berganza con “los pastores”. Pasa adelante» (1002). H ay algunas observaciones interesantes en este estudio. sobre todo. de su favorito. 24-27. honesto e ingenuo. quienes con su inescrupuloso y despiadado parasitismo contribuyeron. a la enorme miseria de todo el pueblo y. encargado. pp. totalmente inconsciente de los muchos enemigos internos que le están deso­ llando vorazmente eí país. y quien hace sólo ocasionales actos de presencia en el «hato» ( 1000). pp.ganado». en gran medida. con penosa ironía. resultan impropias en vista del flagrante descuido o desconocim iento de estudios fundamentales anteriores (El Saffar. ¿A quién “descubrirlo”. con toda la claridad de­ seable. «Es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo sí no se fía y se confía». al desengañarse. 91-137. cínica desconfianza en las relaciones sociales humanas 12. En efecto. . M árquez-Villanueva.). hace pensar. etc. Q uerillacq. a la total. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». en el monarca. a su cuidado: «No hay mayor ni más sutil ladrón que el doméstico» (1002). y quien. a la terri­ ble crisis política y económica del país. que no quiero que parezcamos predicadores. en definitiva. pero las frecuentes reclamaciones de novedad. Cuán penosamente pertinentes eran estas preguntas desesperadas lo muestra. impotente frente a tan perversa deshonestidad: «quisiera yo descubrirlo. originalidad. Y el pueblo común es el “castigado”. hallábame mudo» ( 1002 ). sobre él se descargan las consecuencias más graves de la corrup­ ción de todos esos codiciosos “guardianes” del tesoro nacional. que los centinelas duermen. la historia del reinado de Felipe III. «Remarques». se siente por completo frus­ trado.. a la vez. con el evidente propósito de aclarar al lector que ellos no tienen deseo de «herir» ni «rùatar» a ningún individuo en particu­ 12 Véase también M olho. observa des­ consolado Cipión. Forcione. Berganza es el ciudadano honrado. ya antes.

hace «difícil cosa el no escribir sátiras» ( 1000 ). deshonestos. siempre f3 Analizam os este problema en nuestro estudio sobre La gitanilla. espirituales mutuas relaciones. pese a todas sus finuras externas.lar. hay otro. comprensible. en este momento. he­ cho universal centinela de la mía y de las casas ajenas». además del contraste explícito entre la fic­ ción pastoril y los pastores rústicos. Berganza narra cómo iba en busca de nuevos amos: «Cuando venía el señor. reales. bajaba la cabeza y. Sin embargo. . sino «señalar» el vicio. Obsérvese también la. en esas vir­ tuosas nobles. es­ pecífica advertencia de que la crítica del aspecto meramente litera­ rio es. y los cortesanos que supuestamente sirven a aquéllos de modelo. el cual. queríanme luego bien y nadie me despidió» (1003). entre esos pastores idealizados. pero tiempo vendrá en que lo diga todo con me­ jores razones y con mejor discurso que ahora» ( 1001 ). se ma­ nifiesta a menudo cierta perplejidad acerca de la función precisa de esta parodia literaria en el contexto de esta novela.. cíni­ cos y voraces “lobos”. Así. Tal interpreta­ ción es coherente con las consideraciones anteriores sobre los “pastores -lobos” y hace apreciar mejor la sutil complejidad de la visión satírica cervantina. me iba a él. disfrazados de “pastores”.]. ¡muchas sátiras! A la vez que se pretende la preocupación con un posible “exceso” de críticas. servía bien... se revela teniéndose bien en cuenta que tras los pastores literarios solía disfrazarse la sociedad cortesana contemporánea. que suelen entretenerse en «aque­ llos tan honestos cuanto bien declarados requiebros». implícito. ex­ presada por Berganza e identificable con la visión estética del pro­ pio Cervantes respecto a las idealizaciones de «todos aquellos li­ bros» que «son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. a dos porfías. En el servicio se excedía en sus deberes: «no dormía de noche [. y no verdad alguna» (1001)13. sin embargo. me quedaba en casa. posiblemente. de interés secundario: «de manera se me iba calentando la boca. sufría­ los. y con la lengua le limpiaba los zapatos. se implica. A todos resulta evidente la parodia de la literatura pastoril. moviendo la cola.. y con la misma mansedumbre volvía a hacer halagos al que me apaleaba [.. Si me echaba a palos. que no parara hasta pintarte un libro en­ tero de éstos [..]. y que en la realidad cotidiana son. es tan omnipre­ sente en la sociedad que. que éste sería de todos modos. De esta manera. Uno de los propósitos importantes. astutamente.].

poco antes reveló que su humildad personal había sido. arremetiendo a la criada. «por los mejores medios que pudiese». le marcan la apostura [. cap. quiso «responder a lo que a [su] amo debía.. con que él hubiera querido servirles. pero «sin osar» jamás «llegarle con las manos. con las sobras de la cocina» (1003). Corolario natural. pues tiraba sus gajes y co­ mía su pan». aun en el mo­ mento de evocar esas experiencias. pero «sin ladrar. «como buen criado. Berganza se dejó sobornar también por una criada. pues «los señores de la tierra [sus amos] para recibir un criado. ya salido de su «primer ignorancia» ( 1001 ). estorbar [.]. . Berganza.festejando a su amo: «dando infinitos saltos cuando [lo] veía» (1003). cuando aquel asno [. «llevado de [su] buen natural». examinan la habilidad. Berganza fue “querido” de sus amos sólo porque. atributos gratos a Dios. consideran sólo los atributos externos y no «la limpieza de corazón». de hecho.. determinó. para mante­ nerse en su servicio. Consciente de las graves consecuencias que sufriría por ello. Por esta razón.. 7 [«El perro se gana nuestro favor jugando con nuestra propensión a dominar»]. intere­ sada en «hacerle callar». ¿Decoro? ¿Humildad? Sin darse cuenta de ello. para quien «el más pobre [servidor] es más rico. que se revela precisamente en sus intentos de negarse la verdad con todas esas racionalizaciones. de que —nótese— «me aprovechaba» (1003). Berganza es consciente de su humillante conducta zala­ mera para con sus vanidosos amos y siente una íntima vergüenza por causa de ello. Como si de repente se percatase de la emboscada en que cayó por un momen­ táneo descuido. primero le espulgan el linaje. pese a su pobreza y humildad.. inevitable de la zala­ mería hipócrita es la deshonestidad en otras formas. entre otras.] commends himself to our favor by affording play to our propensity for mas­ tery» 14.. Berganza diserta sobre la conducta decorosa y sobre la virtud de la «humil­ dad».. latrocinio y deshonestidad» de los criados. el más humilde de mejor linaje» (1002). por completo irrelevante para esos fines. los ves­ tidos que tiene»..] la insolen­ cia. sabía gratificar cier­ tos complejos psicológicos de aquéllos: «The dog [. No para que su 14 Veblen. porque no se alborotasen los de casa» (1007-8).. The Theory o f the Leisure Class. Sabe muy bien que se com­ portó de tal modo sólo por «la ración de pan y los huesos que se levantasen y arrojasen de su mesa [del amo]. acordán­ dose de la fábula de Esopo. en suma. en la casa del mercader rico.]».

. que forjaron la personalidad presente. La declaración hiperbólica en un texto cervantino siempre invita al escepticismo. de la «honestidad». independientem ente de su categoría social. Típica crítica propagandista. Las alabanzas que Berganza y Cipión hacen de «aquellos ben­ ditos padres y maestros» de la Compañía de Jesús son llamati­ vamente hiperbólicas: «repúblicos del mundo. en nuestro jui­ cio.]. condenaban. sino sólo porque «las dádivas» le pesaban a Berganza en «la conciencia». sólo porque su «buen na­ tural» lo impelía a recobrar la honestidad 15. etc. .) «Desprecia cuanto ignora».].. base sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza» (1004-5). eco­ nómica. con lo cual. los estudiosos dedicados a la polém ica intelectual abierta. adalidades del camino del cielo [. de todo el contexto en 15 Según Hart.. también declara que ahora ya no estaría dispuesto a «hacer finezas detrás de una estera. condena de continuo a la «deplorable crítica tradicional». al proponer sus propias interpretaciones. pin­ tándoles «la fealdad y horror de los vicios» y dibujándoles «la hermosura de las virtudes». patente en todas sus obras: su escrupulosa distin­ ción del hom bre bueno del malo. la humildad profunda. com o diría M achado. que se desentiende de una ver­ dad que honra más a Cervantes.. p. com o arcaica. “con lupa”. Sin embargo. O sterc. p. com o sería imprescindible. pues su intención es mostrarnos precisamente una mentalidad llena de ambigüedades y contradicciones todavía en el momento de evocar todas las experiencias pasadas. Jarocka.. 381). L.amo lo supiese y lo premiase. «industria». en el momento mismo en que recuerda este extraordinario triunfo de su virtud. irrelevante. finalmente. de barricada. Jarocka. El Saffar. quien atribuye a Cervantes una mentalidad proletaria marxista. ¡in toto!. «solicitud». Típicamente. declaradamente inspirada en su maestro. M árquez-Villanueva. supuestamente ya supe­ radas. en­ señaban» a sus alumnos con «amor». ¡Irónico! H ace ya muchas décadas. precisamente la clase de crítica lite­ raria que todavía practican Jarocka y O sterc. no los hay tan prudentes en todo él [.. para la tesis que mantiene (M olho. donde de nadie soy visto que pueda alabar mi honrosa determinación» (1007). considera el ataque de Berganza contra la criada com o una alevosa traición de clase {El coloquio de los perros a una nu eva luz. ¿Mero sarcasmo respecto al reconocimiento sólo de la virtud ostentada superficial­ mente? ¿Intención cínica de no “gastar” esfuerzos en “finezas” no “vistas” en el futuro? Cervantes nos deja en la incertidumbre. el incidente sería bastante banal. a una reconsideración atenta. «la prudencia. Jarocka condena la crí­ tica anterior sin conocerla. y. Berganza mordería a la criada por mero «resentm ent a t his loss o f freedom » («Cervantes’ Sententious D ogs». 95). al m enos tácitam ente. ¡en los m ism os países com unistas!.

p... moralmente. base sobre quien se le­ vanta todo el edificio dé la bienaventuranza» (1005). La supuesta distinción.. sin cultura refinada ni sólida educación cristiana —lo prueba precisamente su “ostentación”—. —me hizo considerar [..que se produceI6. quienes tratan a sus hijos «como si fuesen hijos de algún príncipe. El “aparato” con que esos “niños” van ¡a educarse! con los jesuítas constituye una grotesca perversión de las más fundamentales virtudes cristia­ nas. maes­ tros y «espejos». y los productos inmediatos de su educación.]» (1005). «Remarques». Se destaca el hecho significativo de que los maestros jesuítas tienen la autori­ dad para exigir o sugerir a los padres cambios en la conducta de sus hijos: «aquellos señores maestros [.. ¿qué dis­ culpa en absoluto hay para esos «benditos padres» jesuítas. Berganza [. Ostentosa procesión de príncipes paganos para la admi­ ración idólatra del populacho.. hay fla­ grantes. dejan la clara impresión de una obligación ritual. . cumplida mecá­ nicamente y abadonada cuanto antes. “ambición” con “perjuicio de tercero” y. entre esos «benditos padres». 31. y algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya» (1004). se anula irónica. claro está. como.]» (1003-4). si la ostentación de riqueza y poder. Las aprobaciones con que Berganza y Cipión se regalan por esas alabanzas de la Compañía de Jesús: «Muy bien dices.] ordenaron a mis amos 16 M olho. estridentes discrepancias: «estudiaban [los dos. hijos del mercader] gramática en el estudio de la Compañía de Jesús. según esas alabanzas. en efecto. Todo es así como lo dices. es previsible en esos padres.. por la condena que la precede. De todos modos.]. Además de esta sugerencia inicial de un contrasentido irónico. típi­ cos “nouveaux riches”. sus alumnos. que les llevábanlos libros y aquél que llaman vademecum. maestros y «espejos» de todas las virtudes cristianas. Cipión» (1005). iban con autoridad. “con daño” de toda la sociedad. de esas «tiernas varas» para que éstas no «toma­ sen mal siniestro en el camino de la virtud»? (1005). según lo sugiere la brusque­ dad impaciente que Berganza demuestra hacia ella: «Y siguiendo mi historia [. Cipión culpa a los padres. en sillas si había sol. ¡«tanto»!. con ayo y con pajes. se nos sugiere es­ pecíficamente: «la ambición y la riqueza mueren por manifes­ tarse». en definitiva.. en coche si llovía. El verlos ir con tanto aparato. sobre todo de «la humildad profunda.

. pp.] partía [las nueces] como mona [. en efecto. atrevidas referencias críticas que quizás se comple­ mentan con una ejemplificación implícita de los efectos contra­ producentes.[de Berganza] que no me llevasen más al estudio. hay posibles implicaciones críticas también al fracaso del sistema educativo mismo.] la virtud y el gusto». y.]» (1005).. inocente diversión. Al notar «aquellos señores maestros» que «la media hora que hay de lección a lección la ocupaban los estudian­ tes no en repasar las lecciones. Dieron en darme de comer [.. Esta «glo­ ria» y «quietud» viene a quitárselas a Berganza y a los alumnos «una señora» que «llaman por ahí razón de estado. del dicho al hecho hay gran trecho» (1004). 18 Véase también: El Saffar.]». éstas se describen con patente exaltación: «los estudiantes me metían la mano en la boca y los más chiquillos su­ bían sobre mí. . Se transluce claramente la indulgencia de esos «ben­ ditos padres» con la “frivolidad” de algunos de sus clientes ricos17.. 146-153. y yo sé los vol­ vía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo.. El Saffar. interior del individuo? La Com pañía de Jesús.. inequívoca. La ostentación soberbia del “aparato” de esos niños sim­ boliza una escandalosa contradicción entre la doctrina y la prác­ tica: «Una cosa es alabar la disciplina y otra el darse con ella. sino en holgarse» con el perro. ¿no resulta quizás m uy atípico del pensam iento de Cervantes colocar tanta confianza en cualquier institución hu­ mana para la reforma existencial.: «co­ rrían parejas [. 45-51. que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con otras razones muchas» (1005). H ay otros críticos que consideran sinceros y entu­ siasmados los elogios cervantinos de la Com pañía de Jesús. Cervantes: E l casamiento engañoso a n d E l colo­ quio de los perros.]. 31-41.. obedecieron [. ¡¿única guía y espe­ ranza lum inosa del hombre?! Repetim os. Por encima del relativo valor de los argumentos históricos de una u otra tesis. sana actividad física. gustaban de ver que [. ¡¿único ente intachable entre la universal ruindad humana?!. precisamente de tales proposiciones se nutre la más aguda ironía cervantina. y Forcione. p. Ahora bien. C ervantes: E l casamiento engañoso a n d Coloquio de los perros. de un breve. de una erudición secamente libresca. 50. E l pensam iento de Cervantes. «or­ denaron que se interrumpiesen de inmediato estas diversiones» (1005).. incluso algunos'de los más destacados. C ervan­ tes an d the M ystery o f Lawlessness. pp. ruti­ 17 Ibid. Sin embargo.. Sutiles. arrojaban los bonetes o sombreros... sugestiva pará­ frasis del ideal clásico: «mens sana in corpore sano» 1 S .. com o Castro. pp. negativos. de una alegre. necesario alivio entre las monótonas rutinas de clase. Se tiene la sensación de una agradable..

cuyos pensamientos reflejan. 22-3. p. Respectivamente. Las N ovelas ejemplares.]» (1004). «Remarques». y parece que nos lei­ mos los pensamientos» (1003). 19 20 . lo cual se ha atribuido a un error de Cervantes. el supuesto crítico juicioso de la murmuración. que no afecta en absoluto el curso de la historia ni la verdad poética de la situa­ M olho. a una sutil sátira del “estado”. ¿Por qué razón es necesario saber este detalle. callo» (1002).]. procede di­ rectamente de una referencia a «algunos latines» que Berganza re­ cuerda de sus «estudios» con los jesuítas (1006)I9. N o obstante estas y otras posibilidades. «La estructura de El coloquio de los p erros ». p. y ya en Sevilla andaba sin ellas» (1008).naria. «que dije al principio de mi historia. Ahora bien. por miedo a la venganza de la criada* Berganza se encuentra con un alguacil. Cipión: «De la misma manera que has contado entraba yo con los amos que tuve. por designio de Campuzano. las insinuacio­ nes. Nicolás el Romo» (1008). Se confirma de nuevo que «se le­ yeron los pensamientos» en todo. aplicarse: «podemos inferir que tanto peca el que dice latines de­ lante de quien los ignora como el que los dice ignorándolos [.. Algunas son muy evidentes: Berganza: «Todo esto es predicar.. Esta conclusión. a una preocupación primordial con cierta continuidad de elementos novelísticos20... Escapándose de la casa del mercader. pp. se intensifican. Rodríguez-M arín. Acaba un maldiciente murmurador [. Ber­ ganza: «Ahora acabo de confirmar [. “tras­ trocándose” los papeles. 259..] me las quitó un gitano en una venta. acaba siendo el censurado..] es que hay algunos que no les excusa el ser latinos de ser asnos». ¿no parece quizás muy verosímil semejante “olvido” en una narración tan larga y variada como la de Berganza? Sugesti­ vamente. Cipión: «Sí.. más o menos sutiles. y así. Cipión amigo». Cipión: «Así me lo parece a mí. pp. que yo no murmuro de nadie». M olho. de la misma personalidad desdoblada en los dos perros. poco después éste recuerda de repente otro olvido: «háseme olvidado decirte que las carlancas con puntas de acero [. ante todo. II. «Remarques». 47. irrelevante para la realidad humana a que debiera. 36-7. que era grande amigo de mi amo. Durante la narración de las experiencias de Berganza en la casa del mercader rico y con los jesuítas. Belie. precedida de anécdotas ilustrativas.. inicialmente. Berganza no mencionó a este perso­ naje antes. Cipión.

a menudo atribuible sólo a su insustancialidad e incapa­ cidad personales.]». convertiría de nuevo. se nos sugerirían como percances natura­ les. los “recuerdos” repentinos de los “olvi­ dos”. a serlo de un corchete». como también la incertidumbre respecto al pasado: «Si mal no recuerdo [. por lo que también Berganza se refiere a su «buena suerte». Muchos «maldicen la For­ tuna sólo porque piense el que los oye que de alta. un olvido en ingrediente funcio­ nal que. esto sí. burlón: «como si hubiera mucha diferencia de ser mozo de un jilfero. a menudo espontáneo. Berganza se queja de la «rueda variable de la fortuna».. intrínsecos de un relato tan extenso.. casi siempre tan sólo la maldad. Pensando en los trastornos sufridos inmerecida­ mente por Berganza.]» ( 1010). Berganza ha evocado—¿por una momentánea pre­ sunción. falta de reflexión o travesura paródica?— el notorio la­ mento de D. pues. / H oy no lo soy de una villa / [. además. que. estoico: «Así va el mundo» (1008). «ayer me vi estudiante y hoy me ves corchete». personajes y sucesos. Rodrigo: «Ayer era rey de España.). una vez. casi «sin faltar palabra» lo que dijeron los perros (996). Es en este sentido. en realidad. La “naturali­ dad” de esta conversación se pondría de relieve de este y otros modos también por el hecho importante de que Campuzano ase­ guró que él sencillamente oyó.. Cipión piensa en los muchos “godos” contemporáneos. como con las “correc­ ciones” en la IIa Parte del Quijote.ción referida? Quizás Cervantes quiso prevenirse de esa clase de crítica que se le hizo por los olvidos en la Ia Parte del Quijote (el rucio robado de Sancho. la distinta ominosa fisonomía de una trágica fatalidad. intimando que la “fortuna" a la que todos culpan es. De ser esto así. En el Coloquio. Cipión también observa.... de menti­ rosas y ridiculas pretensiones —«la mayor [fortuna] que tuvieron fue tener esperanzas de llegar a ser escuderos» (1008)— quejosos de la “adversa fortuna”. próspera y buena ventura han venido a la desdichada y baja en que los mi­ ran» (1008). henchido de ironía estoica.] / Ayer tenía criados y gente que me servía [. finalmente. acrecienta notoriamente el interés literario. so­ bre tantos y tan variados temas. por ejem­ plo. Cipión lo re­ prende. escuchó y notó y. . que por su omnipresencia y terrible poder en las relaciones humanas adquiere. para poder justificar su resonante fracaso en la vida. el dinero encontrado en Sierra Morena. «quiso» que él hallara en su camino una compañía de Solda­ dos-rufianes ( 1012). los “olvidos”. etc. escri­ bió.

y. . todo era confusión. y «el mismo día pesca a un marinero [. in­ sistía al alguacil que mirase los vestidos de la Colindres [. por la multa que puede imponerle: «pagó otro tanto [como el bretón]». Tras la co­ micidad superficial de la ridicula presunción de honradez e ino21 Q uerillacq. como se ejem­ plifica con la intervención del “teniente”.Pese a los ya muchos desengaños y a haber ya «salido» de su «primer ignorancia». lo quiere para un trabajo honesto. Todo indica la indiferencia o hasta la colusión del “teniente” en las fechorías del aguacil21. sólo secundariamente. que es la mentira.. El escribano. de cuya desapari­ ción se culpan mutuamente: «Los corchetes porfiaban que ellos no habían visto los follados [. «El coloquio de los perros: Cervantes frente a su época y a sí m ism o». sobre todo. 98. corruptos «funcionarios de la justicia». La mutua y tan justificada sospecha de deshonestidad los obliga a to­ dos a una continua. contra quien tantas acusaciones acaba de oír.. pues las altas autoridades de la justicia se desen­ tienden de las transgresiones de sus subordinados. asidua vigilancia: irónicamente apropiado cas­ tigo para estos pervertidos "vigilantes” de la ley. Sin embargo. quien manda encarcelar al bretón. gritos y juramentos» (1010). justicia.]. pero nada hace respecto al alguacil. auténticas farsas con que pervierten la. pronto sale «libre por la puerta afuera». es su único castigo. por lo callado. Sin embargo. Para realizar esto traman toda clase de trampas. fingiendo identidades morales por completo opuestas a las suyas propias. A la “huéspeda” la encarcelaría.]. por acabar «enfadado de su mucho hablar y presumir de ejecutoria» (1010). a la huéspeda y a la Colindres.. Como en los casos anteriores. pronto se re­ vela la fea verdad: El alguacil y todos sus subordinados son des­ honestos.]... es inevitable que ellos mismos acaben contem­ plándose mutuamente en su única verdad. por represen­ tar siempre al mundo la mentira como verdad y la hipocresía como sinceridad. La Colindres. ¡amigo del criminal Romo!.. Berganza se demuestra todavía muy ingenuo al creer que el aguacil. como se ilustra en el episodio del dinero del bretón. Sólo con esta posibilidad se revela el sarcasmo de la caracterización del “teniente” por Berganza como «demasiadamente severo» (1010). con el mismo embuste del soplo» (1010). p... «red y anzuelo» del alguacil para «pescar en seco» a las vícti­ mas. quienes hasta colaboran con maleantes profesionales para desollar a la gente. Ella decía [.].

. an­ dando triunfalmente «por las calles del pueblo [. p. Esto hace probable el sarcasmo también en la afirmación de Ber22 M olho («Remarques». cobarde. indefensa.. sin discrepar en nada» (1012). volteando y revolviendo el caballo» en «caracoles y rodeos» por la plaza.].cencía de la huéspeda. «más hueco y pomposo que aldeano vestido de fiesta» en el caballo robado.. «para dejarse ver [. pues es por completo acciden­ tal (el «asistente» manda que Berganza persiga a un «hombre co­ rriendo [. virtuoso. noble. pero a continuación menciona una serie de fechorías cometidas por aquéllos.. un nuevo Rodamonte» (1010-11)..]!»). como es bien sabido23. Tampoco el ataque de Berganza contra el alguacil. grotesca deformación. 42) considera al “asistente” com o un o de los dos «hom m es de bien » que Berganza encuentra en sus andanzas. noble protector de los desamparados. para ser señalado con el dedo como si dije­ ran: aquel es el valiente [. se transparenta la precaria condición nacional en que los documentos de “limpieza de sangre” y de herencia titular servían a menudo como la prueba más decisiva de honradez y vir­ tud. que consigue sugerirnos precisa­ mente la excepcionalidad o escasez de los funcionarios buenos. 23 H em os explicado esta “técnica” de los Entrem eses cervantinos. «por cum­ plir lo que el señor asistente me mandaba. montado. afirma que hay «muchos [. según se ha visto. M uy cuestionabl