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¡Buenos dias, Princesa!

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Poesía descriptiva del idilio de una amistad
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¡BUENOS DÍAS PRINCESA!

¡BUENOS DÍAS PRINCESA!

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¡BUENOS DÍAS PRINCESA!

Hay una plenitud de frutos esperando saciar tus ansias de luz. Están en el árbol del que surgen la sombra y la claridad. Entra, Princesa, en el huerto, siéntate bajo la frondosidad del árbol que plantaron mis manos, y toma en tus labios la dulzura de los frutos maduros. Y la luz rila entre las hojas, mientras mariposas de pensamientos vuelan, entre la perfección que se desvanece, tras la oscura luz de tus ojos. 4 Todo poema busca estar cerca del corazón; enraizar como flor en tierra fecunda, para ser como el sueño de la flor: aroma de dulzura y luz. Desde el corazón fluir con plenitud, como un río de otoño abandonándose a la crecida tras una tormentosa lluvia. Después pasa, y queda el murmullo sonoro de la voz del hontanar, recitando los poemas del amante corazón. 5 Si se me concediera el cielo y todas las estrellas, o un tesoro con todas las riquezas más inmensas, nada sería comparable a ésta alegría: un pequeño trozo de tierra que me recuerde, siempre, la melodía del color afectuoso de tus ojos, Princesa. 6 En un día de hastío de verano siéntate a contemplar a aquellos que pasan sin detenerse, y observa sus rostros de sonrisas y tristezas. Por un momento detente en su recuerdo. Son flores nacidas en un instante sin sentido, mustiándose sin dar fruto.

1 Deja que la realidad se desvanezca, Princesa, para hacer imperecedera cualquier lágrima de sentimiento. Se aleja el tiempo dejando la tristeza, de la lucha, por recordar si alguna estrella de felicidad bajo a besar tu frente. Haz, en esas horas, requiebros de engaño con la cautivadora hermosura de los ojos para coronarlas de alegrías. Suspiros secretos nombras, en la noche callada, al oído de un amor que labras en el silencio fluido del corazón; y este suspira a los luceros, para que no hagan sombras, y bajen a besar tu frente. Recuerda, porque la vida olvida, que el camino no tiene memoria para dar belleza a los sentimientos. 2 Ven, Princesa, a pasear por el jardín de las flores de amanecer. No pienses en otros jardines y en otras flores, que la mente no se ciegue en ellas; tal vez sí en aquella que te ha dejado el recuerdo de una alegría casual que, como una repentina evidencia, ha iluminado, en ese instante, tu vida. Así el jardín por donde ahora paseas: dádivas de flores sin nombre entregando, como rayo de luz, sentimientos de alegría. No las cojas, que se pierdan en el recuerdo. Este no es más que una simple flor. Cuando lo necesites levantará jardines a tu paso.
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Así, en silencio, deja salir sonrisas y lágrimas que quedaron aplazadas, déjalas ir tras las huellas de los que pasaron. Serán como hojas caídas de las flores de una pesada noche. Dejarán huecos por donde la música de la vida surgirá mostrándose simple y evidente. 7 Estando junto a ti, Princesa, hay veces que no tengo necesidad de pensar ni de expresar, tan sólo sentir. A veces eso basta para escribir una canción en el corazón y cantártela en el silencio de las manos, o tejer una pulsera de poemas para ceñirla en tu muñeca; o crear perlas de poesía trenzándolas en el aire de tu pelo. A veces una mirada es la palabra necesaria para surcar las olas levantadas por la tormenta de la vida y, como velero poderoso, llevarte hasta las aguas que parecen dormir acunadas por un sueño silente. A veces tus ojos alejan las sombras el mediodía, y al atardecer, sin saber de donde, florecen sentimentales lirios de silencio. 8 Princesa, tu, qué estás ahí sola con mirada siempre desconocida, ¿tienes en ella un sitio para mi? Observo la brisa fresca que brota de tus ojos; encuentro en ellos el color de las nubes de lluvia. Abandónalos al viaje en el río del sueño para, meciéndote en su barca ir, sin detenerte, al encuentro del hogar celeste. Allí, recogida la vela y amarrada la barca a un canto del sentimiento, caminarás hacia el crepúsculo donde está la puerta del nuevo horizonte.

9 Mi Princesa, tienes al alma alegre y sin embargo la vida te pesa. ¿A dónde quieres ir? ¡Qué afán por sentir! El camino es largo, tal vez angosto, mas la tierra te está esperando con sus frutos, es amable y paciente, dispuesta a concederte el hilo de sol con el que engalanar tu frente. ¿Qué importa que pase el día y el camino se pierda en luz que se extingue?: el viento del mediodía ha pasado sus caricias entre tu pelo, las flores te han susurrado secretos que anidan en sus colores, y mi pensamiento te arrulla sus canciones de cuna. Al anochecer reposa en tu alma. Por la mañana, como hacen los pájaros con alborozo de un nuevo día, te despertaré para continuar el camino. 10 ¿Qué nos impulsa a alejarnos del hogar siguiendo rastros invisibles de felicidad? ¿Qué es lo que proclama nuestra mente en ese afán? ¿Dónde buscar lo que nadie encuentra?: la música del viento que nos hace danzar con las alegrías del cielo. 11 Si pienso en ti, el tiempo se detiene. Un susurro fugaz, un instante igual que el retoñar de las hojas de la primavera en la cima de la montaña. Así el día empieza o acaba. Que la alegría nazca en el jardín junto al mar, y baile con las canciones de las flores. Sea poema que haga abrir al día de par en par sus ojos, para que el tiempo muestre su dulce asombro.

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12 Hace tiempo, Princesa, abriste la puerta del sur del jardín, y el corazón salió con júbilo a reír y danzar, perfumado por el polen de mil flores, en un repentino estallido de gozo. El aroma de aquel primer abril se respira en la senda que ahora son sueños; sólo la mirada de otros deseos lo transforma en fragancia de obstinada tristeza, y un miedo silente lo hace desaparecer. Vuélvete a mirar en el espejo de la inocencia, busca en él la evasiva alegría, y la brisa donde las flores del limón han dejado un silencio de concordias. 13 Sólo en el jardín te puedo ofrecer el vino espumante de la dulzura. Sueño que la llevas a los labios, cierras los ojos y sonríes, mientras admiro tu rostro apaciblemente silencioso. Arriba la luna vela los sueños del mundo. En el alba refrescada de rocío, tu caminas por sendas que no deseas hollar. Te dejo pasar, sentado junto a la puerta solitaria del jardín, celando la calma del alba. 14 Perdona hoy mi silencio, Princesa de los días olvidados, es la lluvia quien trae sonidos de júbilo tentando a la tierra para crear aromas de vino. Con ellos el viento perfuma los rincones de tu cabello. Perdóname, Princesa de los recuerdos nacientes, si mañana me oculto tras la recta sonrisa del horizonte, estaré buscando praderas floreadas con las que llenar de música tus ojos oscuros. 15 ¡No entristezcas al corazón, ni pienses en lo que los días te pudieron dar! ¡Alégrate por ser peregrina de las horas
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que ansían entregar su luz y de la voz callada de las estrellas! Atravesarás el corazón de la noche, y dejarás atrás el laberinto de los deseos vanos, para encaminarte al encuentro de la paz para amar, al fuego y al agua, al aire y a la tierra, al camino y a la huella, a la lágrima y a la sonrisa de los ojos, a las manos vacías y a las que tienen una fuente escondida. 16 Cuando el viento agita la hoja del naranjo, te llamo. Y tu nombre, Princesa, es brisa de azahar para impregnar de aroma al aire, a los árboles, y a las flores que contemplo por pensar en ti. Es huella dejando recuerdos por la senda que transitas. Quien por ella pasa sonríe, y algunos se detienen para buscarte entre las flores de los naranjos. Sólo yo sigo fiel al rastro del camino, buscándote sin tener en cuenta la dirección del viento; ¿acaso sabe él dónde habitas? 17 Espero en silencio a la puerta de tu jardín. Alrededor todo es un bullir de sonidos rondando los espacios entre la luna y los lirios. El amanecer llega proclamando los secretos del mundo: el amor de la flor por la luz, el enamorado baile de la mariposa por la flor, la brisa con su abrazo amante rodea al sauce para hacerlo sonreír... Así en silencio a la puerta de tu jardín, quiero dejar mi corazón callado, velar los sueños que piensan en ti. Después...el sol se irá y la luna traerá sombras de inquietud para distraer a los árboles con los arcanos nocturnos. Desde mi silencio reconfortaré las estancias donde descansa tu corazón.

18 No busques promesas que engalanen al corazón. El azar tiene caprichos con los que enturbiar los sencillos remansos donde el mundo lleva a descargar las penas. Mi canto es para ti. Debería bastar para darte valor en las encrucijadas de los días. La melodía de abril realizará variaciones para sonar nueva en noviembre. Entrégale el corazón para que baile como sufí enajenado por la sonoridad silente del desierto. Juramentos y promesas quedarán olvidados, y dejarás tus puertas abiertas de par en par. 19 No sólo en jardines se proclaman las flores. Hay senderos que llevan a selvas donde nacen entre arrullos de pájaros joviales; lugares escondidos donde aguardan susurros de prímulas y violetas; rincones de luz estremecida por la pasión del sueño de los colores. Allí el sol y la luna regalan caricias a las flores. Allí los corazones encuentran aromas de mayo, y el profundo mensaje de la entrega. Allí, para ti Princesa, tiendo una silente alfombra de versos. Me siento junto a ti y, en silencio, observamos como florecen las alegrías. 20 ¿Dónde está tu canto, Princesa de la luz nostálgica? ¿Buscando entre las dudas una palabra que reverbere en el pensamiento?, o ¿en la disputa que enfrentan al corazón y la vida? Te ofrezco mi canto peregrino de tus ojos de aurora.
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¿Dónde está tu canción, Princesa de las arpas silentes? ¿Acaso entre libros de poemas vagando por arroyos pensativos de otros?, ¿o en las luces que besan las hojas blancas sobre la mesa? Mi canción nombre. susurra tímidamente tu

¿Dónde está tu alegre sonoridad, Princesa?, ¿jugando a ocultarse entre los ensueños de la luna?, ¿o rastreando sendas desconocidas por donde camina la guitarra apagando sonidos de otoño? Todo el afán de mi canto llena el cáliz de mis manos, con suspiros de prosas derramadas por ti. 21 Como mendigo persigo, la cascada de tus felices sueños, en las noches de cielos sin estrellas. Ofrezco una oración desde el hontanar turbulento de la sangre; es pájaro apagando con su canto la desesperanza de unas ilusiones perdidas. La noche sigue el duelo de las manos vacías. Tu risa trae el amanecer, y encuentro colores para ofrecerlos al nuevo día. 22 ¡Siempre estás sola en la playa de la esperanza, donde van a parar, como pequeñas olas, mis poemas! Sólo espero que tiernamente los cojas entre las manos, y en cualquier noche de abril, prenderte cualquiera de ellos en el mar azabache de tu pelo, y así recorrer la playa donde la brisa oree música de nuevas ofrendas. 23 Me gustan los parajes y riberas solitarias donde, entre arbustos y matojos, nacen pequeñas florecillas.

Ahí te busco, Princesa de luz arrebatada, no en los caminos donde el tumulto de las gentes levanta polvo de distracción, y la mirada se dispersa entre infinitas luces artificiales. ¿Cómo escuchar los sonidos de este río de sueños que transcurre entre los dos? Los escucho, solo, en la luz del alba; tu los escuchas con las primeras estrellas. Oímos distintos secretos, quedando en el corazón misterios para un amanecer de primavera. 24 Desde tu ventana buscas gotas de rocío, perlas que puedan adornar tu pensamiento de luz. Y sólo ves caminos polvorientos, y un horizonte siempre lejano de imágenes repetitivas. Has tenido la premonición de que en gota de luz destilará el mensaje que anuncie, al abrirse la mañana, la palabra esplendente que sacie, para siempre, a tu pecho con auroras de sueños sagrados. Y abrirás la ventana para que la luz fulgente de tus lágrimas llene de rocíos las espesuras de tu camino. Entonces sabré como encontrarte. 25 ¿Qué pueden decir las palabras o el silencio que no digan tus ojos? En ellos se pierde mi corazón buscando el sentimiento de lo que expresan. Si los apartas me hundo en una profundidad sin sentido. Si no los enfrentas a mí, estaré ante un laberinto que no sabré resolver. ¿Quién podrá decirme como es la música de las flores? 26 La lúdica luz del amanecer halagando bosques y jardines, el despertar de la primavera otorgando suspiros de dulzura
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y belleza, las sendas que las olas purifican en las playas de la tristeza, la canción jubilosa de un arpa de lágrimas de amor, el vuelo armonioso de mil pájaros danzando sobre la alegría del río: ¿Cómo no pensar en ti? En la ventana del sur espero. Al atardecer la lámpara deja sombras en las paredes el pensamiento, donde las luces sólo están para recordarte. 27 Estoy como un árbol en otoño, te he dado todo cuanto tenía. No se si aguardabas mas de mi. No puedo esperar al nuevo verano, ¿qué puedo ofrecerte?: estas manos vacías mostrando la veracidad de que todo lo he entregado. Son mi última ofrenda. Si no las coges las regaré con lágrimas de esperanza, y en días estivales volver a encontrar en ellas, como una cesta fértil, los frutos de mis pensamientos por ti. 28 Navegando por el hastío de la soledad del día sin ti, llegue a la playa de la vida. Cansado, me recosté junto a la palmera de nuestro último adiós. Ante un cielo luminoso y callado, ensoñé contigo. Estabas junto a mí; acariciaba tu pelo, y las manos sentían armonías de arpa acompañando los sentimientos del mar. El momento se quebró al querer salir de mí una palabra de gratitud. Entonces las olas trajeron la lejanía de una presencia ocultada por el velo del horizonte. Al silencio de las manos pregunte si tu pensamiento sueña con el mío. Sólo por ello recuperé la alegría.

29 Sólo te puedo decir mi verdad mirándote a los ojos. Si no están es febril mi búsqueda, porque los míos necesitan reflejar lo que la voz calla. No es fácil mantenerse en la ola del tiempo, embriagado en parabienes sin sentido. ¿Dónde tus ojos? Encuentro el brillo del cielo en mis lágrimas, y son la veleta que orientan a mis ojos. Y es tu aroma el céfiro que los incita: ¡Allí! 30 El mundo no alcanza sentido fuera de tus ojos. En el ocio, observas los caminos: la tierra no escribe versos que la nube pronuncia, y el horizonte se hace más lejano por que no tiene ningún horizonte cercano. Desde dentro, observa; entre tanta monotonía siempre hay algún reflejo de tus sueños, volando en dirección de su destino. Y entonces el mundo será claro y luminoso; y el velo ocioso desaparecerá dejando los ojos libres para buscar. 31 En esta encrucijada de caminos peregrinos, distingo tus huellas Princesa, y sé que estás cerca. Decido recorrer el sendero angosto, y te encuentro en una esquina del laberinto, donde enfrentar nuestras palabras y silencios. En cada palabra la verdad de la flor; en cada silencio el pensamiento de la piedra. En las manos el deseo de eliminar encrucijadas. 32 Mis pensamientos son de dulzura y aroma de miel de mil flores. Para ti son Princesa, como un ramo de flores silvestres
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recogidas para que te den el aliento de la primavera. Mis palabras son de dulzura y aroma de miel, que atrapadas en un silencio palpitante brotan, para ti Princesa, como estrellas de vía láctea para encontrar su sueño perdido. Los ojos que miro son de dulzura y aroma de miel; si no atienden a mis ojos de abeja, las flores quedan mustias y las palabras sólo sirven para inflamar el silencio. 33 ¡Cuántas veces llamó a nuestra puerta el aire de la alegría y, estando buscando sueños en el corazón del horizonte, no respondimos! Así nos queda el quebranto de lo no logrado, como una vida derramada sobre un campo de desilusión, para dejar veredas abandonadas por donde transitar en soledad. Hay que abrir puertas y ventanas: ¡que los aires entren hasta la profundidad más recóndita del corazón! La vida tomará loa arreboles palpitantes en los deseos de un cielo enardecido de amanecer. 34 Te vas, Princesa, por caminos por donde no ha pasado la lluvia, tras la llamada de la aurora. Vas sola, sin la compañía de una canción que arrulle tus pensamientos. Te vas por la senda llana, con la mirada inmóvil en la luz que crees el final del camino, y así no ves la sombra pesada con la que cubres las huellas. Recojo sombras y huellas para crear una guirnalda que ofrecer al crepúsculo. Mañana desearás llevar en tu voz la canción que te haga recordar la ilusión de tu sueño. ¿Volverás?

38 35 Anoche quise transitar por la alfombra del sueño que me llevara hacia ti, y encontré la lluvia de tus pasos perdidos. Desperté embriagado por sombras que ceñían mi nostalgia. Desvelado por un sueño vano, busqué en las sombras la solitaria forma de tu recuerdo. En la noche, enajenado por una tormenta de sombras, me rendí al absurdo de una ilusión perdida. Y se fue la noche. El amanecer me trajo la bendición de la luz donante del ensueño que llena tu vacío, para cantar como el pájaro de la mañana. 36 Son tus formas, Princesa, mis cadenas; en mi pensamiento juego a crear su ornamento, orlándolos con la luz de poniente: ¡así nace la música en el corazón! No te canto en mis canciones, tú eres la canción, comienza con la aurora y deja su estela hasta la postrera luz dorada del atardecer. Busco el último soneto en la noche, y quedo dormido deseando soñar con tus formas para engalanarlas de canción. 37 He ido como barca a la deriva, después de romper las velas siguiendo vientos sin horizontes. En este zozobrar tus ojos han sido faro y ancla. Ahora espero en medio de un mar en el que sólo siento la brisa de tu aroma, a que tus manos arrullen mi ajada barca y la lleven a la orilla de tus sueños. He caminado por sendas de amaneceres que derrochaban brisas primaverales. Fueron días en que el luminoso color de las flores incendiaba el aire, el canto de los pájaros propalaba sinfonías mágicas, los árboles se orlaban con ingentes frutos de alegrías, y las nubes eran parasol bendiciendo de sombras los juegos del mediodía. Pero he pasado por tu jardín, Princesa, y el corazón ha abandonado el vértigo de los amaneceres para desear, ver, y sentir la pasión que florece en tu vergel bajo un cielo de estrellas.

39 Detrás de mis ojos estás. Veo lo que miras: una playa de recuerdos, donde el sol reverbera un cielo de ilusión sobre el agua estremecida de pasión. Y con tu mirada renuevo los misterios velándolos en el horizonte. Si no estás, te encuentro invadiendo mis ojos de murmullos, atrapados por tu mirada de las estrellas sin nombre. 40 Te espero, Princesa, entre las flores que nacerán en mayo, cuando las sonrisas son frutos de la promesa de la palabra, y el secreto de los corazones se comparte. Me encontrarás, al alzar la cabeza, en un ligero movimiento de tu mirada, o al abrir tu mano. Me encontrarás, como el sueño de la ola para brillar en la esperanza de la playa. Búscame para recorrer, sin ansias, la orilla que nos regala la vida.

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