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Campo de Fresas

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06/23/2014

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A Montserrat Sendil, compañera esencial y mágica de tantas historias y aventuras literarias

«Nada es real, no hay nada por lo que preocuparse. Campos de fresas para siempre.» Strawberry fields forever John Lennon

mientras se incorporaba un poco para hablar, y se lo llevó al oído. Su pregunta fue rápida, alarmada. —¿Sí? Escuchó una voz neutra, opaca. Una voz desconocida. —¿El señor Salas? —Soy yo. —Verá, señor —la voz, de mujer, se tomó una especie de respiro. O más bien fue como si se dispusiera a tomar carrerilla—. Le llamo desde el Clínico. Me temo que ha sucedido algo delicado y necesitamos... —¿Es mi hija? —preguntó automáticamente él. Sintió cómo su mujer se aferraba a su brazo. —Sí, señor Salas —continuó la voz, abierta y directamente—. Nos la han traído en bastante mal estado y... bueno, aún es pronto para decir nada, ¿entiende? Sería necesario que se pasara por aquí cuanto antes. —Pero... ¿está bien? —la tensión le hizo atropellarse, la presión de la mano de su esposa le hizo daño, su cabeza entró en una espiral de miedos y angustias—. Quiero decir... —Su hija ha tomado algún tipo de sustancia peligrosa, señor Salas. La han traído sus amigos y estamos haciendo todo lo posible por ella. Es cuanto puedo decirle. Confío en que cuando lleguen aquí tengamos mejores noticias que darle. —Vamos inmediatamente. —Hospital Clínico. Entren por urgencias. —Gracias... sí, claro, gracias... Se quedó con el teléfono en la mano, sin darse cuenta de que su mujer ya estaba en pie. Después la miró. —¿Un accidente de coche? —apenas si consiguió articular palabra ella. —No, dicen que se ha... tomado algo —exhaló él. La confusión se empezaba a reflejar en sus rostros.

y como las anteriores.. pero aún adormecidos. Fue Santi el primero en reaccionar. Ahora empezaban a aflorar plenamente. los nervios se mantenían a flor de piel.—¿Qué? —fue lo único que logró decir su esposa entre las brumas de su nueva realidad. 2 (Negras: c6) Cinta. Se produjo un silencio expectante. —¿Qué vamos a. Cinta se dejó arrastrar y apoyó la cabeza en él. —Y también a Loreto —terminó diciendo Cinta. —Deberíamos llamar a Eloy. Después la besó en la frente. Comenzó a llorar suavemente. . Cinta se desahogó sólo unos segundos. —Yo también estoy bien —dijo Máximo. Nadie se movió. y lo hizo para sentarse al lado de ella. Acabó mordiéndose el labio inferior. La rodeó con un brazo y la atrajo suavemente hacia sí. ¿vale? —pidió Santi. apoyo que era hurtado al instante. Sin desprenderse del amparo protector de Santi. —Ha sido un accidente —suspiró Santi con un hilo de voz. como si por alguna extraña razón no quisieran verse ni reconocerse. o mejor dicho atontados. Máximo hundió su cabeza entre sus manos. Cinta no tuvo respuesta. a causa del estallido de la situación. —Dejadlo. o buscaban el apoyo de los demás. —¿Por qué a mí no me ha pasado nada? Había formulado la pregunta media docena de veces. Desde que había empezado todo.? La pregunta de Cinta murió antes de formularla. Era como si no se atrevieran. Sólo de vez en cuando los ojos de alguno de ellos se dirigían hacia la puerta. por la que había desaparecido el último de los médicos. pronunció el nombre que todos tenían en ese mismo instante en la mente. Santi y Máximo no se movían desde hacía ya unos minutos.. Luego cerró los ojos.

a causa de haberse quedado dormido sobre la mesa. Casi no lo logró. Miró los libros. luego se desperezó. y mucho menos a una hora como aquella. No sólo era el cuello. Encima.Santi suspiró. Las primeras luces del amanecer asomaban ya al otro lado de la ventana. pero antes de poder decir nada escuchó el zumbido de la línea al cortarse. Cinta. Luciana y Cinta. Esperó un par de segundos. moviéndose lo mismo que un muñeco articulado que iniciase su andadura. En quien primero pensó fue en Luciana. y Santi ya había dejado de darle al callo. sino los músculos. Levantó el auricular. unido a la larga noche de estudio a base de cafés y colas.. Y él había hecho bien negándose a escuchar los cantos de sirenas de . Todavía tenía todo el sábado y todo el domingo por delante antes del dichoso examen del lunes. Sus padres no podían ser. los ojos espesos y la lengua pegada al paladar. Genial. y la sensación de mareo producto del súbito despertar. Santi y Máximo. así que se apartó de él y fue al cuarto de baño. para lavarse la cara. así que se levantó y fue hacia el teléfono. ay! —se quejó tratando de flexionar el cuello para liberarse del anquilosamiento. El teléfono no volvía a sonar.. La brusquedad del despertar fue paralela a ese dolor. ¿Para qué? Así que sólo podían ser ellos. agarrotados. Volvió a dejar el teléfono sobre la mesa y bufó lleno de cansancio.. Debía haberse quedado dormido aproximadamente hacía tres horas. Los muy. —¡Ay. Él estudiando y los demás de marcha. Claro que a Máximo le importaban un pito los estudios. Pero fue Máximo el que resumió la situación con un rotundo y expresivo: —¡Joder! 3 (Blancas: d4) Lo despertó el timbre del teléfono y al levantar la cabeza de la mesa. Sus padres habían hecho bien yéndose de fin de semana. Pero en cambio. Tenía la boca pastosa. Nunca llamaban.. el cuello le envió una punzada de dolor al cerebro.

. La llamada se repitió cuando se echaba agua a la cara por segunda vez. ¿Qué clase de zángano y parásito nocturno osa? Nadie le rió la broma al otro lado. —¿Una. —¿Qué pasa? —frunció el ceño instintivamente. —Los médicos están con ella —continuó Máximo—. Una conmoción.. La hemos traído porque. Pensamos que deberías saberlo y estar aquí... —Deberías venir. —Eloy —escuchó la voz de Máximo.. Estaba en medio de una pesadilla. . bueno.. —Oye. —Salgo ahora mismo —fue lo último que dijo antes de colgar. ¿Luciana? ¿Un éxtasis? Aquello no tenía sentido.. —¿Qué le ha pasado? ¿Dónde estáis? —En el Clínico. antes de que esto pueda cortarse de nuevo. pero se ha puesto muy mal de pronto y.. ¿Por qué sus padres no compraban un maldito inalámbrico? Cogió la toalla y se secó mientras se dirigía hacia el teléfono. ¿Quién si no? —Sección de Voluntarios Estudiosos y Futuros Empresarios —anunció—. A pesar de lo mucho que deseaba estar con Luciana. —Máximo.. Sí.. —Éxtasis. Eloy —escuchó de nuevo la voz de la mejor amiga de Luciana por el auricular. Se puso en pie. —Luci se tomó una pastilla.. ¡Mierda! ¿Qué clase de pastilla? La pausa fue muy breve. tenían que ser ellos. no sabemos qué le ha pasado.? —se despejó de golpe—.los otros para que al menos saliera el viernes por la noche... Es que. bueno. En esta ocasión se dejó caer en una butaca antes de levantar el auricular. Fue un mazazo. ¿qué ha ocurrido? —gritó alarmado Eloy. y le ha sentado mal. Estamos en.. Una voz nada alegre. —¡Díselo! —escuchó claramente la voz de Cinta por el hilo telefónico.

—Está dormida. Hubo una pausa al otro lado del hilo telefónico. —¿Qué ha sucedido? —Se trata de Luciana —suspiró finalmente Cinta—. —Es que.. en la cocina. —¡Dios mío! ¿Un accidente? —No. como cada mañana. ¿Le dirá lo que ha sucedido cuando despierte? . Debido a ello pudo coger el auricular antes de que su zumbido despertara a todos los demás.. pero en su estado no pienso robarle ni un minuto de sueño. la amiga de Loreto. —¿Sí? —contuvo la respiración.4 (Negras: d5) A pesar de que el sol acababa de despuntar más allá de la ciudad.. Estaba cerca del teléfono. —Será todo lo importante que tú quieras. pastilla. —¿Drogas? —No exactamente.. —¿Y quieres que Loreto vaya ahí tal y como está ella? —Yo sólo he pensado que tenía que saberlo. Que le ha sentado mal algo. ¿sabes qué hora es? —Es que ha pasado algo y creo que Loreto debería saberlo. señora.. Estamos en el hospital. No le gustaban las llamadas intempestivas. Dime lo que sea y cuando se despierte se lo digo.. La última había sido para decirle lo de su madre. —¿Qué es lo que ha tomado? —Una. —¿Señora Sanz? —¿Quién llama? —Soy Cinta. —Es algo... no señora. la mujer ya estaba en pie. preparándose su primer café. no sabría decirle —se le notaba nerviosa y con ganas de terminar cuanto antes—. —¿Cinta? Pero hija. importante. bueno. —vaciló Cinta. en el Clínico. por costumbre.

Después lo hicieron ellos. Gracias. Santi y Máximo no. Los ojos del hombre tenían un halo de marcada dureza. —¿Qué ha pasado? —repitió la pregunta con mayor dureza. Cinta se puso en pie. eso es todo —tuvo el valor de decir. Cinta tuvo un estremecimiento. 5 (Blancas: Caballo e2) La primera en entrar en la sala de espera fue Norma. frustración. claro —la mujer cerró los ojos. naufragaban en la impotencia y el desconcierto. Colgó dejando a la madre de Loreto todavía con el auricular en la mano. Vieron en ella muchas preguntas. El padre sujetaba a la madre. . en cambio. —Tomamos pastillas y a ella le han sentado mal. de ira. ¿estáis locos o qué? La madre de Luciana rompió a llorar más desconsoladamente aún por la explosión de furia de su marido. los padres. —Está bien. —¿Qué clase de pastillas? —Bueno. —¿Cómo está ella? —Lleva un par de días mejor. Incluso Norma pareció despertar con ella. ya se lo hemos dicho al médico. —¿Qué ha pasado? —la voz de Luis Salas sonó como un flagelo. que apenas si se sostenía en sus brazos. —Nada. Las miradas de los recién llegados convergieron en las de los amigos de su hija y hermana. —¡Mierda!.—Sí. y leyeron aún más sentimientos. —¿Come? —Lo intenta.. La cara de Norma era una máscara inexpresiva.. Santi se puso en pie para coger a Cinta. Los de su esposa.. señora Sanz —se despidió Cinta. El padre de Luciana se detuvo en medio de la sala. rabia. la hermana pequeña de Luciana.. estábamos. abarcándolos totalmente con su mirada llena de aristas. dolor. —¿Cómo está? —quiso saber Cinta.

puro ritmo. Luis Salas se quedó solo frente a ellos tres. tomándose un respiro para seguir bailando. Y los menos echaban una cabezada en los coches ubicados en el amplio aparcamiento. la mayoría muy jóvenes. ¿sabéis? ¡Luciana está en coma! 6 (Negras: de4) El exterior del after hour era un hervidero de chicos y chicas no precisamente dispuestos a disfrutar de los primeros rayos del recién nacido sol de la mañana. Unos hablaban. sólo que él no tenía que extender la mano para atrapar a ninguno. Algunos seguían bebiendo de sus botellas. la música atronaba el espacio con su machacona insistencia.Se acercó a su madre buscando su protección. ¿verdad? —Podría ser. primero despacio. excitados. la mujer abandonó el regazo protector de su marido para abrazar a su hija pequeña. igual que un pescador entre un banco de peces. Eran los peces los que le buscaban si querían. hiriéndolos en lo más profundo. —¿Cómo. está? —preguntó por segunda vez. con los puños apretados—: ¡Está en coma!. Y lo hacía con meticulosa cautela.. básicamente agua. Cerca de la puerta del local. El único que parecía no participar de la esencia de todo aquello era él. Pero la mayoría reían y planeaban la continuidad de la fiesta. Cinta tenía los ojos desorbitados. Sin dejar de llorar. allí o en cualquier otra parte. casi adolescentes.. Otros descansaban. —¿Cuánto? —Dos mil quinientas. —¡Eh!. sin melodías ni suavidades que nadie quería. tú eres Poli. Se movía por entre los chicos y las chicas. para agregar después con mayor desesperación. —¿Aún te queda algo? —El almacén de Poli siempre está lleno. —Está en coma —dijo el hombre. —¡Joder! ¿No eran dos mil? . agotados aunque no rendidos. Como aquella muñeca pelirroja. La respuesta les alcanzó de lleno.

como si se llama Margarita. ¿el Pandora's sigue siendo zona tuya? —Sí. —Vaya —suspiró. Se había ligado a una cuarentona con pasta. blanca. ¿cómo te va? —Bien. —Pues alguien tuvo una subida de calor. habrá un buen marrón. igual podía tener dieciséis. porque pronto la perdió de vista por entre la marea humana. —¿Qué? —Mario vio la movida. pero ¿era éxtasis. con una media luna dibujada en su superficie. chillón. Diecisiete. Una cría. La vio alejarse en dirección a ninguna parte. Yo te he avisado y ya está. Hay lo que hay y punto. redonda. ya verás. Ya no hablaron más. Ahora allá tú. . yo me andaría con ojo. por lo ajustado que le quedaba. Oye. No hace falta que te tomes dos o tres.—¿Quieres algo bueno o simplemente una aspirina? La pelirroja sacó el dinero del bolsillo de su pantalón verde. —Ya sabes cómo son estas cosas. Poli la contempló. —¡Poli! Giró la cabeza y le reconoció. —Néstor. Se llamaba Néstor y no era un cliente. Parecía imposible que allí dentro cupiera algo más. ¿Qué vendías? —Lo de siempre. yo vendo. Por mí. sino un ex camello. Le tendió una pastilla.? —Oye. Apenas una decena de metros. aunque con lo que se maquillaban y lo bien alimentadas que estaban. Se la llevaron en una ambulancia. tal vez dieciocho años. no fabrico. —Ya. —Con esto te mantienes en pie veinticuatro horas más.. —Bueno —Néstor se encogió de hombros—. Poli frunció el ceño. curioso. Siguió su camino. —¿Estuviste anoche vendiendo allí? —Sí. Como pase algo.. Era atractiva y exuberante. Suerte. Dejó que se le acercara. Ella la cogió y él recibió su dinero.

un tubo enorme. Total. convertirían su casa en una cárcel. De él partía un derivado que entraba en su boca. o alguien a las puertas de la muerte. Ahora. además de una hermana en coma y. a ella. Con la boca abierta y los ojos cerrados. Otro. Una sensación egoísta. reclamados de nuevo por los médicos que la atendían. Tuvo una extraña sensación. Ella aún tenía que volver a casa a unas horas concretas. Y si Luciana moría tanto como si seguía en coma mucho tiempo. Tenía agujas clavadas en un brazo. y se quedó sola con ella. Lo que tenía ante sus ojos. Entonces casi le dio miedo mirarla. por tanto. embutida en aquella parafernalia de aparatos. sus padres se convertirían en la imagen de la ansiedad. se incrustaba en el orificio de la derecha. mezcla de rabia y desesperación. ni de noche ni tal vez de día. 7 (Blancas: Caballo x e4) Norma vio cómo sus padres salían de la habitación en la que acababan de instalar a Luciana. en serio. era el fin de muchos de sus sueños. y especialmente de sus ansias de libertad. más bien se le antojó un conejillo de indias. —Chao. tío. de color blanco y amarillo. Y desde luego no parecía dormir. sellado con cinta a su nariz. de unos tres centímetros de diámetro.. parecía ser el nuevo cordón umbilical de su vida. Siempre había ido a remolque de Luciana. Por la parte de abajo de la cama asomaba una bolsa de plástico a la que irían los orines cuando se produjeran. por las que recibía probablemente el suero. ajena a la realidad primordial. Y era aterrador. propia.—Te lo agradezco. ya no la dejarían salir. Se alejó de él dejándole solo.. y no podía . por tres años de diferencia. moribunda. un pequeño artilugio fijado en un hombro y conectado a sondas y aparatos que desconocía. Realmente solo por primera vez en toda la noche. abierta.

instintivamente. en coma. 8 (Negras: Alfil f5 .. O permanecer en aquel estado el resto de su vida.salir de noche. a mi lado. Luciana ya estaba dejando atrás la adolescencia. como una verbena. Era una mujer. Le cogió una mano. Puedo verte. De pronto sintió vergüenza. aunque con una posibilidad de despertar.. y también era la misma realidad. Norma? No sé cómo. pero su hermana mayor se había ganado finalmente sus primeras y decisivas cotas de libertad. Norma. Ella aún estaba atada a la maldita adolescencia. ¿sabes. También Luciana. un compañero del colegio. ella pensara tan sólo en sí misma y en sus ansias de vivir y de ser libre para abrir las alas? ¿Era posible que aún no hubiera derramado una sola lágrima por Luciana? Se sintió tan culpable que entonces sí. a todos. pero puedo verte. y que llevas tu blusa amarilla y los vaqueros nuevos. habían perdido a un hijo en un accidente. Su mente se quedó en blanco. ¿Qué estaba pasando? ¿Era posible que con su hermana allí. de su estado. en unas horas o unos días. algo se rompió en su interior. Os necesito fuertes. ésa era la realidad. ¿verdad? . Luciana podía morir. y mucho menos regresar al amanecer y pasar la noche fuera de casa aunque se tratara de algo especial.. y se volcaron tanto en su otro hijo que lo tenían amargado. porque sé que tengo los ojos cerrados. Y empezó a llorar.Blancas: Caballo g3) No llores. Bajó la cabeza. Sé que estás ahí. Un coma era como la muerte. por favor. Ayúdame. Una posibilidad. —Luciana. así que no llores. de su simple presencia allí. Eso era lo que le esperaba a ella si. Ni siquiera sabía si su hermana era consciente de algo. —musitó. ¿Por qué había tenido que pasar aquello? Los padres de Ernesto.. No llores.

Pero no puedo moverme.. Un simple paso. 9 (Negras: Alfil g6) En el despacho del doctor Pons había dos sillas únicamente. y sentir su mano como siento la tuya. Máximo. Me gustaría ver. daría mi último aliento por tenerlo aquí. tampoco siento dolor. como si en lugar de piel tuviera un sembrado. Eloy. hermana. eran el día y la noche. Santi y Máximo. Es una extraña sensación. rizada. cuerpo en plena explosión. así que mientras esperaban. Recuerdo la placenta de mamá porque era cálida y confortable. Cinta era de estatura media. Tu mano. porque no siento nada. el taburete. allí no tenía miedo. a mi lado. él entró en un pequeño cuarto de baño y regresó con un taburete que colocó en medio de ellas. Puedo dar un paso y olvidarme de todo para siempre. Norma.¿Lo ves? Y. Desde ella los observó. antes de nacer. tirando a baja. Norma. Bueno. El segundo mostraba una densa cabellera. La siento porque estoy a sus puertas. lo sería si no estuviese tan oscuro.. como si de la cabeza le nacieran dos o . Cinta y Santi ocuparon las sillas. a pesar de que siento algo de esa misma paz. ¿y los demás? ¿Están bien? ¿Y Eloy? Oh. El médico rodeó de nuevo su mesa para ocupar la butaca que la presidía. es como si mi cuerpo estuviese fuera de toda sensación. sin embargo. El primero llevaba el cabello corto y tenía la cara llena de espinillas. había paz. abrir los ojos y mirar. Es un lugar agradable. aquí dentro está tan oscuro. Sí. Es como si flotase en ninguna parte. hermana.. pero también juvenilmente sexy: cabello largo. ni frío ni calor. mejor dicho.. en cambio. Dios. Hay algo que me recuerda la placenta de mamá. adolescentemente atractiva con la ropa que llevaba. Me siento tan sola. ¿Y cómo puedo recordar eso? No. labios pequeños. ojos grandes. Aquí en cambio tengo miedo.

tres mil tirabuzones de color negro que luego le caían en desorden por todas partes. Unió sus dos manos entrelazando los dedos y se acodó en su mesa. Luego empezó a hablar, despacio, sin que en su voz se notaran reconvenciones o tonos duros. Era médico. Sólo médico. Y había una vida en juego. —Ahora que vuestra amiga, por lo menos, está estabilizada, es hora de que retomemos la conversación que antes iniciamos. —Ya le dijimos todo... —Oídme, ¿queréis ayudarla o no? —Sí —contestó Cinta rápidamente. Los otros dos asintieron con la cabeza. —¿Quién más tomó pastillas? —Yo —volvió a hablar Cinta. Miró a Santi y a Máximo. —Todos tomasteis, ¿no? —preguntó el doctor. —Sí. —¿Éxtasis? —Sí. —¿Cómo sabéis que era éxtasis? —Bueno... —vaciló Máximo—. Se supone que... —¿Soléis tomarlo a menudo? —No —dijeron al unísono los dos chicos. Probablemente demasiado rápido, aunque... —¿Qué efecto os causó? —continuó el interrogatorio. —Era como... si tuviera un millón de hormigas dentro —dijo de nuevo Cinta, dispuesta a hablar—. Mi cuerpo era una máquina, capaz de todo. Un estado de exaltación total. —Yo quería a todo el mundo —reconoció Máximo—. Un rollo estupendo. Me dio por reírme cantidad. —Sí, eso —convino Santi—. Era como estar... muy arriba, no sé si me entiende. Arriba y muy fuerte. —¿Y ahora? No hizo falta que respondieran. El bajón ya era evidente. Fueran o no habituales, podían tener náuseas, cefaleas, dolor en las articulaciones... —¿Qué le pasó exactamente a Luciana?

—Empezó a subirle la temperatura del cuerpo. —No —Santi detuvo a Cinta—. Primero se mareó, y luego vino lo de los calambres musculares. —Fue todo junto —apuntó Máximo—. Yo me asusté cuando vi que dejaba de sudar. Entonces comprendí que le venía un golpe de calor. —¿Así que sabéis lo que es eso? —Sí. —¿Y aun así, os arriesgáis? Era una pregunta estúpida, improcedente. Lo comprendió al instante. Miles de chicos y chicas lo sabían, y sin embargo todas las semanas se jugaban la vida tomando drogas de diseño. Después de todo, sólo alguien moría de vez en cuando. Sólo. —¿Qué pasó después? —siguió el doctor Pons. —Lo que le hemos contado —dijo Cinta—. Empezó con las convulsiones, el corazón se le disparó y... —¿Tenéis aquí una pastilla de esas? —No. Suspiró con fuerza. Hubiera sido demasiada suerte. Con una pastilla al menos sabría qué llevaba Luciana en el cuerpo. Un análisis de sangre no bastaba. Había que analizar el producto. Ni siquiera sabían contra lo que luchaban. —A nosotros no nos hizo nada —manifestó Santi—. ¿Por qué sí a ella? —Eso no se sabe, por esta razón es tan peligroso. Os venden química pura adulterada con yeso, ralladura de ladrillos, materiales de construcción como el «Agua-plast» e incluso venenos como la estricnina. A veces son más benévolos y simplemente se trata de un comprimido de paracetamol, que no es más que un analgésico. Pero de lo que se trata es de que, luego, cada cuerpo humano reacciona de una forma distinta. De hecho, no hay nada, ninguna sustancia, capaz de provocar una reacción como lo que le ha sucedido a Luciana, un coma en menos de cuatro horas; pero si alguien sufre del corazón, tiene asma, diabetes, tensión arterial alta, epilepsia o alguna enfermedad mental o cardíaca, que a veces incluso se ignora por ser jóvenes y no estar detectada,

la reacción es imprevisible. Incluso beber agua en exceso, pese a que se recomienda beber un poco cada hora, puede llevar a esa reacción. En una palabra: el detonante lo pone la persona. Dejó de hablar. Los tres le habían escuchado con atención. Pero el resultado era el mismo. Cerca de allí una chica de dieciocho años se debatía entre la vida y la muerte, al filo de ambos mundos, perdida, tal vez eternamente, en una dimensión desconocida. Quizá por ello esperaba la última pregunta. La formuló Cinta. —Se pondrá bien, ¿verdad, doctor? Y no tenía ninguna respuesta para ella. Ni siquiera un mínimo de optimismo en que basarse. 10 (Blancas: h4) Al salir del despacho del doctor Pons se quedaron unos segundos sin saber qué hacer o adónde ir. Luego, de común acuerdo aunque sin mediar palabra alguna, encaminaron sus pasos en dirección a la salita en la que habían esperado las noticias acerca del estado de Luciana. No sabían a ciencia cierta por qué seguían allí, pero lo cierto es que no se les pasó por la cabeza marcharse. Era como si ya formaran parte del hospital, o del destino de su amiga. Vacilaron al ver que en la sala había otras dos personas, esperando también noticias de otros enfermos. Entonces fue cuando vieron aparecer a Eloy; venía corriendo, congestionado aún por la prisa que se había dado en llegar desde su casa a aquella hora. Máximo llenó sus pulmones de aire. Santi se quedó quieto. Cinta fue la única en reaccionar yendo, directamente, al encuentro del recién llegado para abrazarse a él. Volvió a llorar. —¿Qué... ha pasado? —preguntó Eloy alarmado. Cinta no podía hablar. Fue Santi quien lo hizo. —Está en coma. —¿Qué? —Eloy se puso pálido. —Ha sido una putada, tío —manifestó Máximo. —Pero... ¿cuánto tiempo...? —Está en coma —repitió Santi—. ¡Jo, tú, ya sabes!, ¿no?

—¡Y una mierda! —gritó Eloy... y entonces. porque no estaba yo? —Ha sido una casualidad —Santi dejó caer la cabeza abatido.. La apretó con fuerza.! No terminó la frase. No hubo una respuesta inmediata. Se abrazó de nuevo con fuerza a Eloy y balbuceó un desesperado—: Lo siento. —Yo no habría tomado nada —insistió mirándola—. por favor —suplicó Cinta. La apartó bruscamente de su lado. —Por favor. pero ahora mucho más vulnerables por la condición de culpables ante sus ojos. —¿Qué dicen los médicos? —logró romper el nudo albergado en su garganta. tío. no os peleéis. Ya no encontró ninguna simpatía ni consuelo en él. —¡Iros a la mierda! —exclamó el muchacho—.... —Nada. sólo un estimulante —pareció defenderse Máximo.. entre sus brazos. —¿Para qué? ¡Mierda! ¿Para qué? —Oye. ¿vale? —¿Yo? ¡Si ni siquiera fumo! —¿Qué tiene que ver esto con el tabaco? Lo tomamos para ver qué pasaba y estar en forma y no cansarnos y. ¿Lo habéis hecho por eso. tú también lo habrías hecho.. —Cinta volvió a verse dominada por la emoción. Eloy apretó las mandíbulas. quietos. Giró sobre sus talones y los dejó allí. —Estábamos con Ana y Paco. inmóviles. para no sentirse solo... Las cuarenta y ocho horas siguientes son decisivas —le respondió Santi. —¿Qué mierdas habéis tomado? —alzó la voz de pronto. Fueron los ojos de Eloy los que actuaron de sacacorchos. ni tan impotente como se sentía en ese instante. 11 .... Las lágrimas le impidieron continuar hablando. Ni la habría dejado a ella. Lo siento. bailando. —Que hay que esperar. ¡Parecéis críos de. Fue como si se diera cuenta de que Cinta estaba allí. —¡Y para ver qué pasaba.. Lo siento.La idea penetró muy despacio en su mente. tan perdidos como lo estaban ya antes de su llegada.. si hubieras estado allí.. coño! —acabó Santi la frase de Máximo.

Luciana se acababa de convertir en una mujer. por entre la espesa mata de su pelo. cauteloso. —Ven —se limitó a decir. Pero Eloy apenas si reparó en ellos. Por primera vez desde que la conocía. Era un contacto dulce y. —¡Eloy! La hermana de Luciana se le echó a los brazos. le atravesó la mente. Los dos se encontraron dentro con los padres de las dos hermanas. Y él esperó. la boca abierta y las agujas. —Hijo... Norma no se separó de su abrazo. empleando la otra para abrirla. Luego lo cogió de la mano. mientras se sentía como un león enjaulado en mitad del laberinto de pasillos y salas. inmóvil. Norma se detuvo en una puerta. estuviera enamorada de él. La imagen de Luciana. —No me han dejado verla —dijo Eloy—. en coma —murmuró casi un minuto después. . aunque en aquel momento sabía que se necesitaban. —suspiró con emoción la mujer levantándose. Ya no tenía nada que ver el hecho de que ella. y pronto haría dos años. El trayecto apenas duró veinte segundos.. una mano amiga. sin embargo. y los tubos entrando y saliendo de ella. recordaba cómo y cuándo se había enamorado de Luciana. con los ojos cerrados. —Tengo miedo —reconoció. ¡Norma y Luciana se parecían tanto! De hecho. La primera en aquel mundo inhóspito. como muchas hermanas menores. Llevo la tira pidiendo. Esta vez sí. él no la rehuyó.. viendo a Norma. sin saber qué más hacer para conseguir abrir una brecha en el sistema. En aquel tiempo. Sin soltarle a él de la mano la traspuso. al contrario: la abrazó y le dio un beso en la cabeza. Norma temblaba. —Me han dicho que está. envueltos en su soledad. Los dos se reconocieron en mitad de la nada. La siguió. La chica se apartó de él para mirarle a los ojos.(Negras: h6) Se tropezó con Norma inesperadamente... en el fondo.

. junto a la ventana. Eloy. Lo único que deseaba era pasar una noche loca..Negras: Caballo d7) ¿Eloy? ¡Oh!. Estoy horrible. Lo deseaba más que nunca.. Eres tú. Estás aquí. me alegra tanto tenerte a mi lado! Aunque lamento mi aspecto. cógeme de la mano.. estaba jugando. no sé. emborracharme de música.. Sabía que lo harías. Cógeme de la mano. ¡Ahora. Lo siento.. No quiero perderte. Te quiero.. Y ahora esto.... olvidar. Reconozco tu voz... Se dicen tantas tonterías acerca del primer amor: que si se empieza pronto luego se estropea enseguida. no es un sueño. Aunque te echaba de menos. ya sabes tú. toda la noche. pero como aquí el tiempo no existe. Vamos.. ¡lo siento! —apenas si logró articular palabra aunque sin poder dejar de mirar a la persona que más amaba en el mundo. ¡menudo palo! Si el lunes suspendes el examen. ¿Por qué no me coges de la mano? Por favor. . Dios. Me sabe mal. Creo que me asustaba atarme. ¿Has estudiado mucho? Supongo que sí. ¿Eres tú. encima será culpa mía.. sí. Has llegado. Me crees. De lo contrario no habrías venido.. ¿verdad? Y pensar que lo último que te dije fue. no sabía cuándo sería posible verte. y huelo tu perfume y. Así. pero te juro que yo no quería acabar así. Y terco. ¿verdad? Claro. ¿sabes? ¡Qué estúpida fui! En realidad. también puedo verte.—Me quedé a estudiar. que es mejor vivir primero y después.. sin embargo. 12 (Blancas: Caballo f3 . Menudo eres. cariño. Ni quiero perderme yo. Y ahora mamá que te da un beso mientras papá sigue abatido ahí. No hablaba en serio. al lado de Norma. Eloy? ¿Estoy soñando? No. volar.

antes podré hacer algo. —Era un hombre de unos treinta años. Puede que os vendieran cualquier cosa adulterada. Los tres se miraron. Era como si hubiera aparecido allí de improviso. y estaba oscuro. —¿Qué aspecto tenía? —Pues. Todo fue muy rápido. —No lo conocíamos —dijo Cinta. un tatuaje? . Ahora. Vicente Espinós. —¿Qué creéis? —hizo un gesto explícito—. color de ojos. Su voz se hizo un poco más ruda. —¿Policía? —se extrañó Santi. —Nosotros no hemos hecho nada —se defendió. El hombre no respondió a su aseveración. sorprendidos. inseguros. —trató de intercalar Santi. —Oídme: cuanto antes me lo contéis. no sé —miró a Santi y a Máximo en busca de ayuda.. de cabello. ¿no os parece? Cinta estaba pálida. Suficiente.. acobardados.. es probable que la ayudemos a recuperarse. Me pareció normal. —¿Alguna seña.. depende de lo que ahora hagamos. puede que menos. —¿Quién os dio esa pastilla? —preguntó sin ambages.. Sólo un poco. indecisos. 13 (Blancas: h5) —¿Sois los que estabais con Luciana Salas? Lo miraron los tres. —Era la primera vez.Gracias. El policía no les dejó reaccionar. —Inspector Espinós —se presentó el hombre—. no tengo buen ojo para eso —se adelantó Máximo—. Se trata de un delito. Es más: si conseguimos una pastilla igual a la que se tomó ella. —Sí —reconoció Máximo. Nada más. Ahora ya no me importan el silencio ni la oscuridad. materializándose en su presencia. ¿entendéis? Para que esta noche no acabe nadie más como vuestra amiga. vulgar..

pero al comprar varias. Chasqueó la lengua con mal contenida furia. ¿de acuerdo? No esperó su respuesta y se alejó de ellos caminando con el paso muy vivo. —¿Qué pasa? —quiso saber Máximo. vestía traje oscuro. —se incomodó Máximo.. —¿Se lo pregunto a vuestros padres? —Tomamos todos —dijo Cinta. llamadme —les tendió una tarjeta a cada uno—. —¿Algún nombre? —No. —Nada que os importe —se apartó de ellos pensativo antes de agregar—: ¿Dónde fue? —En el Pandora's.. —¿Una media luna? —Sí. y pudieron percibir claramente las huellas del llanto en sus ojos. —¿La has visto? —se interesó Cinta..? —Tenían una media luna grabada —manifestó Santi sabiendo a qué se refería el inspector. 14 (Negras: Alfil h7) Volvieron a tropezarse con Eloy frente a la puerta de acceso a urgencias. ¿cómo quiere que.. redondas. —Muy bien —suspiró—. Salía de la zona de las habitaciones.. Me chocó porque hacía calor. allá donde ellos no habían conseguido entrar. Tenía las mandíbulas apretadas.. El hombre puso cara de fastidio. —Nariz aguileña —recordó Santi. A cualquier hora. —¿Cómo eran las pastillas? —Blancas. cabello negro y corto. Dejadme vuestros teléfonos y direcciones. —¿Tomasteis todos? —Oiga. tipo aspirina y más pequeñas. —¿Cuánto os costó lo que comprasteis? —Dos mil cada uno. Pedía dos mil quinientas. . y si recordáis algo más.—Bajo.

. —¿Habéis llamado a Loreto? —Sí.. fue él quien formuló la siguiente pregunta. —¿Tenéis alguna píldora más de esas? —preguntó de pronto Eloy. —¿Qué ha dicho? —Hemos hablado con su madre. —A casa.? —apuntó Cinta. —¿Te pasas los fines de semana enteros bailando. Frente al abatimiento y la desesperanza de Cinta. cuál era su composición. Nadie hizo caso ahora a Cinta. —¿Qué quieres que hagamos? —¿Ella está muriéndose y vosotros os vais a dormir tan tranquilos? — insistió él. sin parar. —Fuiste tú quien compró esa mierda. ya lo sabemos —asintió Santi. —¿Adónde ibais? —les preguntó de nuevo. sino a Máximo. Si pudiéramos conseguir una. Parecía no podérselo creer. de viernes a domingo. —¿De veras crees que una pastilla ayudaría a. —Los médicos no saben qué había en ella. tío! —protestó Máximo. Eloy —trató de calmarlo Santi. una ansiedad mal medida y peor controlada. —Todos estamos. Eloy seguía dirigiéndose a Máximo.. —Ya vale. tal vez. ¿verdad? . —¿Os vais a dormir? —espetó. pero no lo hizo al ver la cara de su amigo. —No. Sólo le faltaba esto tal y como está ella. Eloy no la miró a ella. y ahora me vienes con que estás agotado un sábado por la mañana? — levantó la voz preso de su furia. —Sí. ¿no? No ocultó su impotencia llena de rabia. todo en él era puro nervio. No ha querido despertarla. —¡Estamos agotados... pero se podría intentar!. a dormir un poco —suspiró Cinta. Santi y Máximo..—Sí. Iba a preguntar algo más. Por el contrario. —¡No lo sé.

Quizá no debía haberse prohibido. pero Santi estaba alerta. corriendo. eh? —acabó disparándose Máximo—. —¿Estaba ahí ese imbécil? —abrió los ojos Eloy. Cinta quedó en medio.. Máximo también respiró con fuerza. mientras Cinta se ponía también en medio. y entonces sale . sino eva. tío? —¡Maldito cabrón! Se le echó encima. —Lo malo es que ahora que teníamos el éxtasis bastante estudiado. ¿Qué pasa contigo. Fue en ese momento cuando las puertas de urgencias se abrieron de par en par y. cálmate —pidió Santi—. Eloy. Cuando vamos descubriendo una cosa. Y tampoco ha sido culpa suya. —No es éxtasis —aclaró el médico—. —Vamos. sino Metilendioxietanfetamina. La gente sigue llamándolo éxtasis pero. —Desde luego. y era más fuerte que él. —hizo un gesto de desesperanza el doctor Pons antes de empezar a hablar. la prohíben. El inspector Espinós alzó la vista del análisis de sangre. abrazándose con desvalida tristeza. El lugar se convirtió en un caos de gritos... casi como si lo hiciera para sí mismo—. dándoles la espalda mientras daba unos pasos nerviosos en torno a sí mismo. ¿de qué vas? —¡Fuiste tú! —¿Y qué si fui yo. apretando los puños. La presión cedió. —Bueno.. entraron varias personas llevando a un niño lleno de sangre en los brazos. no os peleéis. ya ves tú. —Sí —reconoció Santi. por favor! —gritó la muchacha. —¡Por favor... 15 (Blancas: Alfil d3) El doctor Pons le tendió el pliego de hojas. Fue Raúl el que trajo al tipo y el que. voces y carreras. los músculos de Eloy dejaron de empujar y Santi relajó los suyos. No ha sido culpa de nadie.—Oye. Lo detuvo y lo obligó a retroceder. de nuevo llorosa y al borde de un ataque de nervios. eso ya me lo imaginaba —reconoció el policía—. no es Metilendioximetaanfetamina.

logotipos de canales de televisión. En fin.. Es todo lo que sabemos y poco más. esta luna ya tiene una víctima. Está claro que siendo el eva un veinticinco por ciento menos potente que el éxtasis. desde que la DEA lo catalogó en 1985 dentro del grupo de sustancias sin utilidad médica reconocida. así que debe haber una nueva partida recién llegada a la ciudad. —¿Y además de eva. Ahora. ¡qué sé yo! He visto pastillas con tantas figuras y nombres. tal vez de procedencia remota. la lengua de los Rolling Stones. El cuerpo ya ha eliminado algunas sustancias. Juan? Alrededor de doscientos ochenta gramos. —Doce mil el gramo. ¿cómo lo ves. muy poco más. pero como siempre. Malditos hijos de puta.. qué contenía esa pastilla? —Ahí está todo lo que hemos detectado —señaló el análisis de sangre—. y no había ninguna pastilla cuya composición fuese igual a otra.. ¡Diez mil pastillas pesan menos de tres kilos! ¡Y valen veinte millones de pesetas en el mercado! —Es el precio lo que lo hace fácil —intercaló el médico—.otra más difícil y compleja de detectar.. amigo. tenía una media luna grabada.. que prefería vérmelas con el éxtasis. Un paquete de mil pastillas pesa algo más de un cuarto de kilo. Siempre hay alguna porquería que las diferencia entre sí.. Seguimos sin saber contra qué luchamos. ¿A cómo está ahora la cocaína en la calle? Vicente Espinós suspiró agotado. dibujos infantiles. —¿Por qué les ponen esos sellos? ¿Lo sabes? —Para distinguirlas. —Ésta también es diferente —le informó el inspector Espinós—. A comienzos de siglo se empleaban dosis controladas de éxtasis en psiquiatría para mejorar la comunicación con los pacientes.: el conejito de Play Boy. el ochenta por ciento era eva. su mayor cantidad de principio activo lo hace más peligroso. Según esos chicos. y con riesgos de adicción. eh. Es la primera con esta marca. De las variedades analizadas por los laboratorios de toxicología últimamente. para jugar.. porque actúa más rápido. es insuficiente. —De momento... .. —Luna —rezongó el policía—.

Las lesiones cerebrales y físicas serán de consideración. y sobre todo en estos últimos tiempos. —Por eso te decía que a veces se necesita algo como lo de esta chica para sacudir a la opinión pública. lesiones permanentes y efectos secundarios. techno. —Este caso levantará ampollas —dijo Vicente Espinós.. y esos chicos por otro. los fabricantes y los traficantes por un lado. house. Aun así. trance. Pero desde luego va a haber una buena movida. Y eso quitando comas. —¿Qué harás. hardcore. hiphop. ¿me equivoco? Es lo más barato.. ¿Cuántas se consumen en España? No había cifras. Juan —protestó el inspector—. —Ya. . que se dice pronto. —Nos llevan una gran ventaja —dijo el policía—. Y espera. ha seguido aumentando su consumo. Desde entonces. Por ello la pregunta se hacía más angustiosa. y por tanto también lo más explosivamente peligroso. una redada general de camellos con sello de urgencia? —No seas cruel. En Inglaterra se consumen a la semana entre un millón y un millón y medio de pastillas. estamos lejos de los cincuenta y dos adolescentes muertos en Inglaterra en la primera mitad de los noventa. Cincuenta y dos. que dentro de diez años tendremos una generación de depresivos. ¡Hasta hace poco aún creía que el bacalao se comía. A veces oigo a mi hija hablar de música y me parece una extraterrestre. en 1994 llegamos al treinta y cuatro por ciento y en 1995. ¿Qué más quieren si ya salen de noche. todas entre chicos y chicas de trece a diecinueve años. y ahora resulta que lo escriben con K y se baila! —no se rió de su mal chiste—..—Creo que el speed está a unas tres mil. no compares. porque eso es lo menos que les va a pasar a estos chicos. pero a la única opinión pública que va a sacudir es a la policía. practican el sexo y hacen lo que les da la gana? ¿Por qué además han de destruirse? ¿Es eso libertad? —¿Recuerdas cuando fumábamos hierba en los sesenta? —¡Venga. y los dos lo sabían. En 1992 las drogas de diseño apenas si alcanzaban un tres por ciento del consumo total en nuestra Comunidad. Rave. tú! —Lo único que sé es que a veces se necesita una muerte para sacudir a la sociedad —desgranó Juan Pons con deliberada cautela—.. En 1993 saltamos al diecinueve por ciento. y el éxtasis o el eva a un poco menos.

Y le tendió la mano a su amigo. dispuesto a irse. Poli García. Estoy en una cabina. ¿Quién le llama? —Poli —dijo él—. —¿Qué clase de movida? —Oye. De las primeras. —Una chica en el hospital —bufó el camello—. —¿Poli? —escuchó la voz de Alejandro Castro—. —¿Qué quieres? —Ha habido una movida. Estuve en el Pandora's. ¿Qué clase de mierda es ésa? —Ya ves. —Una nariz aguileña. vendí como cincuenta. —¿Y? —Es suficiente —dijo Vicente Espinós—. —¿El señor Castro? —Duerme —fue un comentario escueto—. y no tengo muchas monedas. He de hablar con él. —Espera —suspiró. Ahora sí. ¿vale? Puede ser importante y tiene que saberlo. y nada más irme una chica se puso a parir. Al menos por ahora. miró a derecha e izquierda. 16 (Negras: Alfil x d3) Marcó el número de teléfono de memoria y apenas lo hubo hecho. No tuvo que esperar mucho. pero por si acaso introdujo otra moneda de veinte duros por la ranura del teléfono. —¿Qué clase de movida? —repitió la voz femenina.—¿Te han dado algún dato de interés esos chicos? El policía se puso en pie. ¿Qué tiene que ver esa chica con Alex? —Le vendí una luna. —Cómprate un móvil. dando por terminada su breve charla. —¿Golpe de calor? . Ella pareció captar la intención. No tuvo que hacerlo mucho tiempo. —¿Sí? —le contestó una voz femenina por el auricular. para asegurarse una vez más de que todo estaba tranquilo y la calle envuelta en la normalidad prematura de un sábado por la mañana. despiértalo.

Poli. Llenó sus pulmones de aire. Su madre la contempló buscando. Yo también tengo amigos. si esa cría muere.—Eso parece. ¿vale? No había mucho más que decir.. las importo. y como den conmigo. la naturalidad en sus gestos y la indiferencia en su mirada. —Nada —acabó diciendo—. me dijiste que era material de primera! —¡Y lo es!. ¿qué te crees? —¡Nunca me había pasado nada así! —Oye. que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas. 17 (Blancas: Reina x d3) Loreto apareció en la puerta de la cocina con el sueño todavía pegado a sus párpados. —Todo lo que tú quieras. Si muere. Y trabajo con gente que lo hace bien. —¡Eh. entérate: yo no las fabrico. la poli va a remover cielo y tierra. ¡Coño. y hay que venderlas. habrá problemas. Supongo que estoy un poco nervioso. de su hija era tan manifiesta que seguía horrorizándola. —Pues tómate una tila y cálmate. —¡Vale! El otro ni siquiera se despidió. y aunque no la palme puede que los haya igualmente. —¿Cómo lo sabes? —Me lo han soplado. como cada mañana en los últimos días. no me vengas con chorradas! —Mira. le fue difícil hacerlo.. Pese al camisón. —¿Como den contigo. Poli percibió claramente su tono. Los brazos y las piernas eran simples huesos con apenas unos gramos de carne todavía luchando con firmeza por la . qué? —le atajó el aludido al otro lado del teléfono. —¡Yo tengo quince kilos. la delgadez. Pero también como cada mañana. tranquilo! —¿Tranquilo? Esa clase de marrones no me gustan. pero yo tengo doscientas pastillas encima y ya veremos qué pasa esta noche. ¿sabes? —¿Está bien? —¡Y yo qué sé! Debe estar en algún hospital. eh. Castro.

sino que no lo vomitara después. La vio salir y se apoyó en la mesa. Buenos días. Si ella flaqueaba. Loreto estaría perdida. Ésa era la clave. Pero bastó una fracción de segundo para que ella pudiese verla desnuda. —Hola. —Buenos días. El pecho no existía. La pregunta que tres veces al día la llenaba de zozobra. Pensó en no decirle nada. Casi tuvo que abortar un grito de pánico y dolor. Llamó a la puerta y entró casi a continuación. De pronto recordó la llamada telefónica. —¿Quieres desayunar? Se encontró con la mirada de su hija. A fin de cuentas lo importante ya no era sólo que comiera algo sin muestras de gula o ansiedad. Pero los médicos..supervivencia. gracias. Ya estaba en el baño. estupendamente. Tan. Y no porque ella fuese a rechazarla. lleno de ángulos debido a que en él no había ya más que piel. Su hija se cubrió el cuerpo rápidamente con la toalla. Le hizo la pregunta que tanto temía. pero de cualquier forma ella llamaría antes o después a sus amigos. mamá. —¿Te los pongo yo? —No. Voy a lavarme. Pero lo peor seguía siendo el rostro. cielo. no dejaban de repetirle y recordarle que tenía que ser fuerte. A veces le costaba reconocerla.. —He dormido doce horas. enteco. pero que debía formular para dar visos de normalidad cotidiana. . ¿no? —Sí. —Unos cereales. De algún lugar de sí misma buscó las fuerzas que le permitieran seguir. los psiquiatras sobre todo. muy fuerte. —¡Loreto! Fue tras ella.. ¿Cómo te encuentras? —¡Oh!. Ella también estaba como su hija: en los huesos de su resistencia. ya lo haré yo misma. así que.. con leche. Había sido tan bonita. está bien.

siento. —¡Oh.. no! —el rostro de la muchacha se transmutó—. la ley —dijo el aparecido deteniéndose ante él. Marcó el número de la casa de Luciana y esperó unos segundos. a las puertas del verano y en tiempo de verbena. Por lo visto se ha tomado algo esta noche.. Se olvidó de sus malos presagios cuando le vio a él. Se decía que un buen tanto por ciento de personas que entraban en un hospital. —¿Qué pasa? —se alarmó. apenas había amanecido. pero aún sin los calores caniculares.Los prisioneros de los campos de exterminio nazis no tenían peor aspecto. El reconocimiento fue mutuo. —¿En tu estado? —Mamá. —No hay nadie —dijo finalmente. Y en ese instante el timbre del aparato las sacó a las dos de su silencio. ¿Está bien? —No lo sé. Y lo mismo los pacientes. Colgó. ¿qué querías que hiciese? —He de ir allí —dijo Loreto. alguna clase de droga. —La han llevado al Clínico. hija. hija —trató de dominarse a duras penas—. Es que algo le ha pasado a Luciana y.. Aunque de hecho su presencia no hizo más que reavivarle otros. Los curaban de una tontería y salían con algo gordo. y caminó en dirección al teléfono. 18 (Negras: e6) Vicente Espinós salió por la puerta de urgencias del Hospital Clínico y se detuvo en la acera para tomar aire y decidir qué rumbo seguir. Una típica mañana de primavera. —Lo. La mañana era agradable. No le gustaban los hospitales. Salió del baño. salían con algún virus pegado al forro. —¿Por qué no me despertaste? —Vamos. envuelta en la toalla. —¡Vaya por Dios! —comentó el policía sin ocultar su disgusto. Loreto se olvidó de la interrupción. . —¡Mamá! —gritó Loreto. Han llamado muy de mañana.. —Caramba... Debía ser hipocondríaco.

No podía ser casual. No con Mariano Zapata. —¿Qué hace por aquí? —le preguntó. —Creo que lo mismo que usted —sonrió el periodista—. ¿Qué hay de esa chica? —Las noticias vuelan rápido. ¿Quién le ha llamado? —Contactos —se evadió Mariano Zapata con un aire de suficiencia. —¿Por qué no le hace un favor a ella, y a la investigación, y se va? —Vamos, Espinós —el periodista abrió los brazos mostrándole sus manos desnudas—. ¿Me lo dice en serio? —Se lo digo en serio, sí. —Debería saber que es bueno que esas cosas se sepan —justificó Zapata—. Siempre actúan de freno. Un montón de padres les prohibirán a sus hijos salir el próximo fin de semana, y tal vez, algunos chicos y chicas no vuelvan a tomar porquerías recordando lo que le ha sucedido a esta chica. Eso tiene de bueno la información. —Depende de cómo se dé. —¿Quiere decir que yo la manipulo? No le contestó directamente, aunque le hubiera gustado. Siempre había existido una coexistencia más o menos pacífica entre la ley y la prensa. Pero Mariano Zapata era otra cosa. Un sensacionalista. —Si habla de esa chica, los responsables de lo que le ha sucedido tomarán precauciones. —O sea, que debo callar para ayudarles a desarrollar su investigación. —Más o menos. —No puedo creerlo —se burló el periodista antes de que cambiara de tono y dijera con énfasis—: ¡La gente tiene derecho a saber lo que pasa! ¡Y cuanto antes mejor! Era la misma historia de siempre. No sabía por qué discutía con él. Inició de nuevo su camino, sin siquiera despedirse. —Vamos, Espinós —le acompañó la voz de Zapata—. Tiene todo el día de hoy para investigar el caso, ¿qué más quiere? Quería romperle la cara, o detenerle, pero eso hubiera sido... ¿anticonstitucional? ¿Quién decía que hasta las ratas tienen derechos?

19 (Blancas: Alfil f4) Al llegar al portal del edificio, los dos aminoraron el paso de forma que se detuvieron como si se les hubiese terminado la energía. Santi, que llevaba a Cinta cogida por los hombros, fue el que se colocó delante de la chica para besarla. Ella se dejó hacer, sin colaborar, sin reaccionar. —¿Estás bien? —acabó preguntando él. —Sí. —¿Seguro? —Que sí. Santi levantó la cabeza. Miró la casa. —No es conveniente que te quedes sola —comentó. —Ya —Cinta plegó los labios. —¿Tus padres vuelven mañana? —Ya sabes que sí. —Déjame que suba. —No. —Pero... —Ahora no —quiso zanjar el tema sin conseguirlo. —¿Por qué? —Porque acabarás como siempre, y no me apetece. Además, la última vez casi nos pillan, y juré que no volvería a ser tan imprudente. —Oye, que es sábado por la mañana. La otra vez era domingo y nos quedamos dormidos. Y ellos no van a volver el sábado por la mañana, ¿vale? —Imagínate que mi madre se pone mal o qué sé yo. —Escucha —trató de ser convincente, casi tanto como solía gustarle a su novia—, sólo quiero echarme un rato, nada más. Y así nos hacemos compañía. Ha sido un palo, y no quiero dejarte sola. Se encontró con la mirada cargada de dudosos reproches de Cinta, pero nada más.

—Además dije en casa que estaría fuera todo el fin de semana —continuó él—. Si aparezco a esta hora del sábado van a creer que ha pasado algo. No esperaba que ocurriera una cosa así. —Mucha cara tienes tú. —Va, no seas así. Le dio un beso en la frente y Cinta cerró los ojos. Luego él la atrajo hacia su pecho, y ella se dejó acariciar, muy quieta. No hizo falta volver a hablar. Acabaron entrando en el portal en silencio, todavía abrazados, revestidos de ternura, hasta que la aparición de una vecina en la escalera les hizo separarse. 20 (Negras: Reina a5) Abrió la puerta con sigilo, por si tenía suerte y ellos aún dormían o por lo menos no le oían llegar, pero comprendió que no era precisamente su día de suerte. Su madre apareció en el pasillo, en bata, con su habitual cara de preocupación. —¡Vaya horas, Máximo! —fue lo primero que le dijo. Lo siguiente fue acercarse a él, para comprobar su estado. —Estoy bien, mamá. No he bebido. Parecía no creerle. Se le plantó delante, mirándolo de hito en hito. No tuvo tiempo de mostrarse enfadado por la falta de fe materna, ni de protestar o tratar de capear el temporal al que, por otra parte, ya estaba habituado. Su padre apareció por la puerta del baño a medio afeitar. —¿Qué, por qué no empalmas ya, directamente? —le gritó. —Se me ha hecho tarde, caramba. No voy a estar mirando la hora... —¡Ay, hijo, es que primero llegabas a las tres o las cuatro, luego ya fue al amanecer, y ahora...! —se puso en plan dramático su madre. —Oye, tengo casi diecinueve años, ¿vale? —¡A tu madre no le contestes!, ¿me oyes? ¡Mira que te doy un guantazo que te pongo las orejas del revés! ¡Casi diecinueve años, casi diecinueve años! ¡Si aún te quedan siete meses, crío de mierda! —Bueno, no discutáis —trató de contemporizar la mujer.

al entrar en la sala. —Si es que cada semana se matan tantos chicos en accidentes que. coma —articuló Luis Salas. Fue suficiente. eh? ¿Sabes lo que te digo? ¡Que se me están empezando a hinchar las narices! ¡Y a mí cuando se me hinchan las narices. Dejaron de hacerle caso a ella. tenía los puños apretados. Acto seguido les mostró su credencial de prensa. se me ha hecho tarde y estoy bien. Lo hizo tanto por cansancio como por su madre. ¿ves? ¿Qué más quieres? —¿Y no piensas que tu madre a veces no pega ojo en toda la noche? — continuó gritando el hombre. —¡Tú a callar. Seguía pensando en Luciana.. La discusión ahora ya era entre ellos dos. porque a lo peor empalmas y hasta la noche. y en Raúl. dando un portazo. La tensión cedió de manera progresiva. Esther Salas lo miró sin acabar de comprender. oye. Y Máximo entró en su habitación. En el momento de dejarse caer sobre la cama. Mariano Zapata se levantó. He salido. yo grito lo que me da la gana! Máximo se tragó su posible respuesta. —¿Señores Salas? Primero se la estrechó a ella. —En. pero no sólo era por la discusión que acababa de tener. de forma que los tres se miraron como animales acorralados. El hombre volvió a meterse en el cuarto de baño.. haciendo una leve inclinación. 21 (Blancas: Alfil d2) Aparecieron los dos. Después a él... Fue él quien les tendió la mano en primer lugar. mamá —la acusó Máximo—. como una espiral. El silencio los envolvió súbitamente. y en.—Tú has empezado.. y vuelta a empezar! Pues ¿sabes lo que te digo. .. —¿Cómo está su hija Luciana? —se interesó el periodista.. como habitualmente solía suceder. y. claro! ¡Eso si te levantas.. —¡Y ahora a dormir hasta la hora de comer. no grites —trató de contenerle Máximo al ver que su madre iba a ponerse a llorar.! —Vale. —Yo no tengo la culpa de eso —se defendió él.

que me den alguna fotografía. —Zapata.. por Dios! Todo el horror del mundo tintaba sus facciones. —No. —Señor Zapata —continuó Luis Salas—. —¿Va a escribir algo sobre nuestra hija? —vaciló el padre de Luciana. señor Zapata —pidió Luis Salas. —Créanme que lo siento.. —Debo hacerlo. ¿entiende? Tal vez mañana. lo sé.—Sí. a posibles víctimas y a sus padres —le aclaró su marido. saber algo más de su hija. —¿Podría hacerle una fotografía a Luciana? —¡No! Fue casi un grito. —balbuceó Esther Salas. —Esta noche cientos de chicos y chicas tomarán la misma porquería que ha llevado a Luciana a ese estado. Estas cosas le revuelven a uno el estómago. dicen que aún es.. El periodista supo ver en ellas una negativa cerrada. —No le entiendo —musitó la mujer. Ahora mismo no estamos para otra cosa que no sea para estar a su lado. y en el fondo lo era—. pedirles que me cuenten cómo era.. —Todo esto acaba de ocurrir. —Se lo ruego. —Un caso como el de Luciana alerta a los demás. Lo siento. —Señor. señor Salas —trató de mostrarse lo más sincero posible.. —Señora. De ahí que quiera hablar con ustedes. no sé. —De acuerdo.. .. Los dos hombres la miraron. señor Salas —insistió él. Todavía. señora —se resignó—.. —¡No quiero que nadie la vea así. esa imagen.... —¿Porque es noticia? —Es algo más que eso. Y volvió a tenderles la mano dispuesto a marcharse. —Así es —corroboró el periodista—. Me refería a si había habido algún cambio —aclaró Mariano Zapata. o pasado. pronto. Cuando estas cosas pasan la desgracia de una persona suele ser la salvación de otras. Mariano Zapata —les recordó..

Roto apenas unos segundos después por el ahogado llanto de ella. Santi no le hizo caso. y también en sus mentes. —Eres un cerdo —le espetó su novia. Era como si Luciana estuviese allí. —No soy un cerdo. 23 (Blancas: 0-0-0) Al principio. y rápidamente movió la suya para detener su avance. —se defendió él.22 (Negras: Reina c7) Cinta sintió la mano de Santi en su muslo desnudo. todo cuanto encerraba en su cuerpo. A través de la penumbra Santi vio sus formas suaves.. Tan cerca. de pronto. sin olvidar a Loreto. que iba más a . tratando de vencer la oposición de la mano de ella. en sentido ascendente. El mismo silencio. la que le había gustado era Luciana. furiosa.. No hubo respuesta. —Ya vale —dijo con escueta sequedad. —Mujer. Cinta se acodó con un brazo y le miró presa de una fuerte rabia. Aunque sabía que no era por él. —¡Pues cierra los ojos. en coma? —Precisamente por eso necesito. Las conoció a las dos al mismo tiempo. —¿Serías capaz de hacerlo... tan lejos. inseparables. —¿Por qué no? —¿Con Luciana en el hospital. —¡Estáte quieto!. colocándose prácticamente en el filo de la cama. su belleza juvenil. precisamente. Hizo algo más: se apartó de él. ¿quieres? —acabó gritando Cinta mientras se daba la vuelta en la cama.. entre ellos. perdona —dijo. —He dicho que lo siento. y. —Vale. Siguió recorriendo su piel.. —¡Has dicho que sólo querías echarte un rato! —Es que al verte así. Cinta volvió a darle la espalda. ahora? —le preguntó. o date la vuelta! —Ya.

entonces. y ella en él. Tuvo deseos de cogerla.su bola y apareció después. Era una mujer. a ver qué pasa. y que además se inclinaba por Eloy. en serio. entonces se fijó en Cinta. Cinta tenía carácter. Pero en sus rostros y en sus cuerpos anidaba un ángel. eran fans de casi todos los grupos de guaperas habidos y por haber. Después ya no. Cerró los ojos. Os mato.. hasta que el viento huracanado de ese sentimiento menguó y cesó. —¡Pero si no es más fuerte que una anfeta. Enamorados como tontos. Cinta. ya sin deseo sexual. va.. bailando. él. y a los demás. pero con Cinta había encontrado algo que no conocía: la paz. porque arrasaban. Ahora Cinta no era fan de ningún grupo de guaperas. Ana. Tenían toda la marcha del mundo. Desde ese momento todo fue muy rápido. que te voy a creer! —En serio. más inaccesible. Jamás pensó que pudiera liarse tan pronto. pero no se atrevió siquiera a tocarla. primero todo fue un juego adolescente. tía. la pasada noche. ¿verdad? —A mí me da por reírme. abrazarla. —¡Ya. ¿no? —¡Cómo te enrollas! —Venga. Máximo. Por otra parte. Paco. —Mirad que como mañana me despierte en una cama ajena y no recuerde nada.. ¿vale? —Todo depende de cómo sea él. algo especial. Raúl. —Que no. esto no será muy fuerte. Luciana. Las llamó las destroyers. ¿Por qué había tenido que meter la pata? La oyó llorar más y más.. sólo porque ella lo necesitaba. —Vamos. Oía sus voces. . y. Cuando comprendió que Luciana era diferente.. Mucho carácter.. se vio a sí mismo. —Oye. total. Una mujer de dieciocho años. cagada! —Por eso vale dos mil cucas.

—Cinta. ni pizca de sueño. y otra muy distinta una pastilla de éxtasis.. En realidad. aunque agradecía el hecho de poder estar tumbada.. quien necesitaba que le abrazaran ahora. que vamos a arrasar. No era Cinta. Demasiado. Eran como ondas que se dilataban y se contraían en la superficie quieta de un lago. tú. —¿Vas a ser la única que pase? —En fin.. 24 (Negras: Caballo gf6) Cinta miraba las rendijas de la persiana. incluso la misma Ana. ni Ana ni Paco formaban parte del grupo. fueron los motores. Lo único malo del silencio era oír el eco de sus propios pensamientos. los segmentos horizontales por los cuales se filtraba la luz del sol. pero sin pasarse. pero no se lo digáis a Eloy. No hubo respuesta. sino él. —¿Habéis oído hablar del Special K? —No. Ella y Luciana habían sido las más reacias a tomar la pastilla. Y bebed agua cada hora... No tenía sueño. . —Venga. y el corazón le latía con mucha fuerza en el pecho. Una cosa eran las anfetas o alguna bebida fuerte. —susurró. lo más fuerte! ¡Y lo último! —No toméis alcohol con esto. venga. y Máximo. —Hombre. ¿qué es? —¡Huy. hay que saber de qué va la película. Un eco cargado de reverberaciones que la aturdían. y también Santi en el fondo. —Muy enterado estás tú. —¡Venga. Y no podía escapar de las mismas. —¿Qué tal? ¿Flipa o no flipa? —Yo no siento nada.. Jadeaba. pero los conocían. —A ver si es que vas a tener que pedirle permiso para todo. Raúl y Máximo estaban habituados. Ella parecía estar de vuelta de todo.—Serás. Raúl. vamos a bailar! ¡Que circule! Santi volvió a abrir los ojos. en silencio. ¿eh? Te deshidratas.

y se dio cuenta de lo mal que estaba. Tengo los exámenes metidos en el tarro. redonda. los que mejor cantaban. No pudieron ir a ese concierto. Hacían cola para comprar dos entradas del concierto de su grupo preferido. pero desde entonces fueron como hermanas. o tal vez más pequeña.. Sin saber cómo. —Bueno. tía! ¡Tómatela ya y calla de una vez! Ojalá hubiera vomitado. —¡Jo.Una simple pastilla blanca. ¡tan absurdo! Una simple noche. y sobre todo. mañana le llamas y le dices que eres idiota.. Pero esta noche vamos a soltarnos el pelo. Eran íntimas. Luego. pero compartían su amor infinito por ellos. Pero no se movió. llorando desconsoladas. dispuesta a saltar sobre la taquilla y abrirla a golpes. cuando la sacaron fuera.. lejano. Y solas. De pronto todo parecía increíble. y todo lo demás. —Seguro que me mareo y vomito. Incluso tenían planes... los que mejor bailaban. ¿no dices que quieres probar nuevas experiencias. y la espera de la ambulancia. —A mí no me irá mal dejar de pensar un rato.. qué moral. y abrazándose. así que Luciana y ella tenían muchas más cosas en común. se vieron una junto a la otra. Y todo lo que ocurrió después. ternura. Recordaba cuando se conocieron.. y de pronto cerraron la taquilla y anunciaron que se habían agotado. el disparo podía llegar a ser mortal. y empezaron los gritos.. del tamaño de una uña. Luciana le presentó a Loreto. Se querían ir a vivir juntas. y que le has dicho a Eloy que vas a tomártelo con calma? Pues empieza. Luciana se echó a llorar. —La verdad es que pagar dos mil del ala por esto. Cuando la vio caer al suelo. una simple pastilla que se suponía iba a disparar. Sí... los que mejor se movían. Santi tal vez tuviera razón: necesitaba un poco de cariño. pero a Loreto la música le importaba menos. amor. los cinco chicos más guapos de la creación. . ¿Cómo era posible que.? —Oye.. tal vez sexo. —Creo que soy idiota.. No sabían nada la una de la otra. disparar era la palabra exacta. Como todas las armas. y ella empezó a gritar.

Él y. El silencio se convertía en un caos. Raúl ya llevaba algo encima. pero sí gran parte. . El camello. le vendría bien.. con los ojos iluminados. —¡Anda ya! Se conocían. y. la disco. ¿A que son bonitas? ¿Veis? Una luna. hombre. Raúl. por supuesto. Tal y como se lo describió al inspector. Santi y Luciana. —De amigo sería a mil. —Sí. de gritar. no de ninguna mierda de esas de colores para críos con acné. Loco o no. todos formando una cadena. Entonces fueron con Cinta. Creía que un descanso. Dos mil cada una si compráis media docena. —Que ya lo sé.. —¿Luci y Cinta? ¿Qué son. Nunca había tenido a nadie. y descubría que no. Fue él quien llevó las malditas pastillas a Luciana. de viernes a lunes prácticamente. La pelea entre sus padres a causa de él había cesado hacía rato. pero él no tenía a nadie. el camello. pero su mente era un hervidero. —Recién llegadas. Raúl era de los que aguantaban todo el fin de semana. Cuatro días de bajada y al siguiente viernes. bebés? ¡Eh. Paco y Ana también estaban allí. y ahora la casa estaba en silencio. Raúl.25 (Blancas: Reina e2) Máximo tampoco podía dormir. de reír. que la soledad era peor. si quieres te las regalo. el movimiento continuo. Y en un momento determinado. no toda. —¡Vamos. Raúl y el camello se conocían. tío. ahora no podía eludir su responsabilidad. Siete pastillas. él. La culpa era suya. Precio de amigo. Eloy tenía razón. hombre. Cinta y Santi. Era su vida. El loco de Máximo. si compramos un puñado nos las rebaja! —¿Colocan bien? —¿De qué vas? Te estoy hablando de éxtasis. Cinta y Santi estaban juntos. porque no paraba de moverse. La música. Catorce mil pesetas. la mákina y el bakalao. Aún más condenadamente loco. ¿qué te crees? Pero no sé si ellas. vuelta a empezar. atemperar los nervios. colega! Entonces había aparecido él.

. Rubia. —Vaya —le sonrió—. salía del portal. ¿Cómo estás? —Bien —mintió—. Estaba temblando. Una cadena que se rompía por el eslabón más pequeño y más débil.finalmente. . llevando de la mano a un niño. Total. Ni siquiera esperó el ascensor.. o años. La conocía. Luciana. para sentirse vivo. —¿Es un chiste? —sonrió—. menos lo sé yo. la única chica que le había importado. Es toda una sorpresa.. ojos grises.. ¿Por qué lo buscas? —Necesito una información urgente. ¿Está Raúl? Su hermana pareció sorprenderse por la pregunta. ¿Por qué iba a estar aquí un sábado por la mañana habiendo after hours? —¿Sabes dónde podría encontrarlo? —No es de los que dicen dónde va. Si permanecía en coma durante meses. de pecho pequeño y puntiagudo. si es que ya no lo hacía ahora. No se vio obligado a llamar desde el interfono. pero sólo consiguió recordar que Luciana ya no podía hacerlo. Un hombre. Luego llamó. Y no tenía ni idea de cómo arrancárselo.. y que ya no era más que una sombra de sí misma por culpa de la maldita bulimia. sólo eran tres pisos. Pasa. —No. Aparte de Loreto. ¿Por qué se destruían a sí mismos? Suspiró con fuerza. Era una preciosidad de catorce años. Máximo se levantó de un salto. Si tú no lo sabes. piernas largas que ella resaltaba con ajustadas minifaldas de tubo. Le abrió Julia. y él se coló dentro sin necesidad de llamar. tengo prisa. El dolor se le hizo entonces insoportable. 26 (Negras: 0-0-0) Eloy tuvo suerte. que daría mucho que hablar cuando se formara un poco más. Ella no ocultó su disgusto. Los subió dando zancadas que devoraron los peldaños de dos en dos y se detuvo ante la puerta el tiempo justo para coger aire. ni tampoco de los que hacen planes previos. —¿No conoces a Raúl? El fin de semana no aparece por casa.. Si Luciana moría.

¿En qué lío se ha metido ahora. No había nadie dentro. —Y yo de exámenes. inspector. Ya estaba en la escalera. apareció de detrás de una cortina hecha con clips unidos unos a otros.—Pues hasta el lunes. gracias. pero no tuvo que esperar demasiado. Se dio cuenta de que ella aún pensaba que era una excusa. a pesar de no llevar ningún distintivo que indicase que era un coche policial. Sólo un idiota se lo robaría. Un hombre calvo.. —Hola. Le sacaba toda la cabeza al calvo. y bajó de él sin prisa. pero aún carnosa y sugestiva. Iba muy ceñida. —Hola. . —Está buscando al Mosca —la informó Benito. Ágata —la saludó él. —¡Inspector! —cantó con apariencia feliz. inspector? —Sólo quiero hablarle de un par de cosas. —El bueno de Policarpo —suspiró la mujer—. Y aburrida. Julia se encogió de hombros. una mujer. nada importante. bajito. que no tengo el día. ¿qué le trae por aquí? No había alegría ni efusividad en su voz. así que se rindió definitivamente. con una camiseta sudada. —Busco al Mosca. luciendo sus caducos encantos. La hermana de Raúl cerró la puerta sin darle tiempo a despedirse. entrada en años.. y un vano intento de parecer tranquilo. Benito —le saludó el policía. No cerró la puerta con llave. Luego salvó la breve distancia que le separaba de la entrada de la pensión Ágata. —Perdone. —Estoy sola —le dijo—. —Benito. —Vale. Por la cortina apareció alguien más. sólo respeto.. —Hola. Su ánimo decreció al verlo y reconocerlo. —Moscas tenemos muchas. 27 (Blancas: Caballo e5) Vicente Espinós aparcó el coche sobre la acera directamente.. distendido. inspector.

No lo harían.. las diagonales de sus costillas. —El mundo está lleno de desagradecidos —apostilló el hombre. —Bueno. Cuando algunos ganan un poco de dinero.. —Sé quién es —asintió Vicente Espinós. Luego se dio media vuelta. Y aun así. Y llevaban treinta años casados. pero como se marchó de aquí. el cabello débil y sin fuerza que se le caía cada día más. —Lo llamamos.—Pues tendrá que buscar en otra parte —dijo Ágata. Otros se divorciaban a la más mínima.Gorda. —¿Adónde? —¿Quién lo sabe? —fingió indiferencia ella—. 28 (Negras: Caballo b8) Loreto se miró en el espejo de su habitación. ¿la conoce? Una del Laberinto. así que decidieron lo más práctico. Tuvo que cerrar los ojos. la pelvis salida y extrañamente frondosa. —¿Trincó pasta el Mosca? —Yo no he dicho eso —se defendió Ágata—. —¡Hombre. —Si lo veis. para enfrentarse a la realidad.. siempre intentan buscar algo que creen que es mejor. Desnuda. —Haced memoria o llamo a Sanidad o a alguien parecido. —Lo único que sabemos es que se veía con la Loles. las nudosidades de sus rodillas. Tal y como le había dicho el psiquiatra. pero eso era lo de menos. Recorrió las líneas de su cuerpo. inspector! —¡Que tampoco es eso! No lo conmovieron. se sintió mal por algo distinto. No faltaría más. Se estaba muriendo. inspector. Ésta es una pensión familiar. y volver a abrirlos. Casi podía contar sus huesos. Si no dejaba de comer incontroladamente para vomitar después al sentirse culpable de ello y . —Se marchó hace dos meses —concluyó Benito. la piel seca. Peor. pues me alegro —manifestó la mujer. y barata. El policía los miró de hito en hito.. Formaban una extraña pareja. el vientre hundido. descuide. una a una.

sino también por ella misma. aguda. para vomitar. pues al perder peso. Luciana. No podía ser la menstruación. Aunque mucho peor era estar gorda. dolorosa. Era tan injusto. Ella.. Y ahora ella estaba en coma. habían tenido que desarrollar su propia base para sostenerla. y el estreñimiento no le producía aquel tipo de daño. Estaba ahí. pugnase por estallar. Luciana había estado allí. sin gulas ni ansiedades. tan llena de vida. ¿es que no lo ves? ¡Mira tus dedos. consigo misma. —¡Yo te ayudaré. porque se le había retirado hacía meses después de tenerla en ocasiones diez días seguidos o de pasar tres meses sin ella. en su interior. De tanto introducírselos en la boca. Desde que sabía que estaba en coma. y tras él. los tenía sin uñas. era como si algo. ni tampoco por dónde saldría esa explosión. Luciana.temiendo a la obesidad. Loreto! ¡Voy a ayudarte a superar esto! ¡Te lo prometo! ¡Estaré a tu lado! ¡Comeremos juntas. obligándola también a mirarse. doblados. sería el fin. Loreto!. y. Tener tanta hambre. no existía retorno posible. Porque la dejaba sola. Tampoco eran sus habituales dolores abdominales. atacados por los ácidos del estómago. colgando como racimos de uva seca de una vid agotada. y engordar. Miró sus pies. agazapado. y pensó en Luciana.. tus dientes. Tal vez un espasmo. Miró sus dientes. .. Era un dolor diferente.. al desaparecer la carne de su cuerpo. —¡Por Dios. con las encías descarnadas. Y no sólo por Luciana. siempre alegre. se acabó! ¡Te lo juro! No hacía ni veinticuatro horas. frente a aquel espejo. y comer. convertidos en dos garfios. Apenas veinticuatro horas antes. casi tanto como las manos unos años antes. Había llegado al punto límite. tus pies! Miró sus dedos. nuevo.. y no te dejaré vomitar. Sola. Sintió una punzada en el bajo vientre. Luchó desesperadamente.. sin saber qué era. también destrozados por los ácidos estomacales que subían con la comida al vomitar. Era un monstruo. ahora llenos de callosidades. a su lado. lo necesario. sus hermosos pies. Se moría.

—Claro. cabizbaja. ¿verdad? La hermana de Luciana. es el mismo perro con distinto collar. había salido para pasarlo bien. ¿Usted es.. Primero la mano. —Bueno. —¿Estudia o trabaja? . Luciana no sentía nada. Se acercó a ella. sino eva.. por extraño que pareciese. con las muestras de la preocupación atentando su serena belleza adolescente. Para el periodista. ¿verdad? —El médico dice que no es éxtasis. —Sí. 29 (Blancas: Torre h4) Mariano Zapata estaba en la cafetería del hospital. tal vez una máquina en vez de la barra del bar. ¿Qué edad tiene tu hermana? —Casi dieciocho. no se trata de eso. gracias a él sintió. ahora puede morir. cuando apareció Norma. la que buscaba desde que una enfermera se la señaló a lo lejos. que estaba viva. Después la cabeza. perdona! Me llamo Mariano. Soy de la Asociación Española de Ayuda a Drogodependientes. Esa porquería que se tomó. Cerró definitivamente los ojos. bailar. sin embargo. —Tú eres Norma Salas. Ya no. Por favor. Ni ella misma supo a cuál de las dos se refería. —No te mueras —susurró—. no te mueras. claro —la tranquilizó él—. —¿Cómo se encuentra? —Igual.Pero de alguna forma.? —¡Oh. éxtasis. Loreto se apoyó en el espejo. ¿entiendes? —¿Por qué? —Tu hermana es una chica joven y sana... de pronto.. —Mi hermana no es una drogata —la defendió espontáneamente. tomando su segundo café del día. era la oportunidad que esperaba. Lo miró sin sospechar nada. Lo que pasa es que este caso va a dar mucho que hablar. Como comprenderás. La muchacha parecía buscar algo. y..

claro. por favor. El camarero tomó el billete de mil pesetas y le dio el cambio del café en monedas de cien y de cincuenta. Ha ganado varios campeonatos escolares. pero lo suyo es el ajedrez. y ella aún no lo tiene claro. —Sí. Mientras lo hacía le sirvieron el café. El listín llegó inmediatamente. —Un cortado y el listín telefónico. a menos de veinte metros. que era verde y estaba ubicado en el . Apenas había gente a aquella hora. —¿Dónde sucedió todo? Quiero decir lo de tomarse esa cosa. con sus amigos y amigas. —¿Tomas algo? —le propuso antes de que ella siguiera hablando o dejara de hacerlo. Norma se percató de que sin darse cuenta estaba respondiendo a las preguntas del desconocido que tenía delante. —¿Qué será? —le preguntó un camarero. sí? Interesante.—Aún estudia. despacio. En todas las calles de todas las ciudades de España había por lo menos un bar. —¿Tiene cambio para hacer algunas llamadas telefónicas? —pidió. Buscó los teléfonos de los hospitales de la ciudad y empezó a anotarlos en un papel. 30 (Negras: Alfil d6) Poli García volvió a detenerse frente a una cabina telefónica. Chasqueó la lengua y miró arriba y abajo de la calle en busca de un bar. Supongo que para sobresalir en eso hay que arrimar mucho el hombro. Lo divisó en la esquina opuesta. ¿Tiene novio? Por primera vez. Fue directamente a la barra. ¿Es buena? —Mucho. Cruzó la calzada y entró en el local. se bebió el café de dos tragos y se fue hacia el teléfono. aunque ella no acaba de creérselo. es lógico. Ayer era viernes por la noche. Aunque no parecía mal tipo. —¿Ah. pero sólo fue cuestión de unos segundos. Un bar y dos o tres bancos. —¿Iba sola? —No. Él también percibió su instintiva reacción. para no dejarse ninguno. —En una discoteca llamada Pandoras. El camello las recogió.

¿podría decirme si tienen ingresada ahí a una chica que anoche tomó drogas en una discoteca? La llevaron en una ambulancia.. Tal vez no fuese ella. ha sido usted muy amable. por favor. impulsivamente..extremo opuesto de la barra de manera visible. Golpeó el mostrador con el puño cerrado. ¡Dios. se ha estabilizado y por el momento está bien. Colgó y se quedó mirando el teléfono. Tal vez la de Pandora's ya estuviese en casa. Coma... Marcó un segundo número. No tenía ni idea.. señor. sin saber adónde ir o qué hacer. ¿Pero cuántas chicas habrían ingresado de noche por causa de las drogas? —Sí. Se acercó a la puerta y descubrió que estaba precintada por la . ¡por favor! —Bueno —la resistencia cedió—. sí es ella —su tono cambió revistiéndose de angustias— ¿Cómo se encuentra? —Disculpe. qué angustia!. Al instante se encontró con la mirada preocupada del camarero. pero. —Urgencias. —Mire. Negativo. pero sin decirme el hospital ni nada.. y como estamos fuera. es que mi cuñada me ha dejado el recado en el contestador contándome lo que había pasado. Marcó el primero de los números que había anotado.. —De nada. sólo quiero saber. Y un tercero. para asegurarse. aunque no fuera de peligro. ¿dígame? —Perdone.. —Sí. Está viva.. inesperadamente. ¿verdad? —¿Es su sobrina? —insistió la voz femenina.. —¿Luciana Salas Masoliver? —le preguntó una voz femenina. pero. tan tranquila. al encontrarse con El Arca de los Noés cerrada. preso de una incontenible rabia.. Tal vez. Es cuanto puedo decirle.. —Gracias. sigue en coma. Coma. Tal vez debiera llamar a los otros hospitales. Salió del bar desorientado. 31 (Blancas: Caballo c4) Eloy se detuvo en seco. La respuesta le llegó en el cuarto intento.

Pero aun antes de saber que era ella. No iba a poder amar a nadie más como la amaba a ella. Luciana. y oyó decir que iba a llegar «la Karpov». La llamaban así porque había ganado un campeonato de ajedrez escolar. paticorta. Suspiró desalentado. ya se había enamorado. Eso lo sabía. abatido. Se imaginó a una chica con gafas. sin embargo. Un año después. Era una de las posibilidades de encontrar a Raúl a aquella hora. «Si supiéramos qué sustancias contenía».. legales. hombruna. Oyó su voz y su risa contagiosa en algún lugar de su cerebro. de salvar a Luciana. se preguntó qué demonios estaba haciendo. Su padre le habló una vez del «amor de su vida». Quería dar con él para intentar ayudar a salvar a Luciana. no parar. No. Su desconcierto fue palpable. sin el menor sexy. Las palabras revoloteaban por su mente como moscas inquietas: «Si pudiéramos dar con una pastilla igual a la que se ha tomado ella». o en el hospital. «El éxtasis. porque era la pura y simple realidad. Pero en parte era algo más. ilegales. camuflados o privados. Una semana después le daba el primer beso. tal vez fuese una oportunidad de hacerlo.autoridad facultativa. Flechazo puro. Nunca la . no quería dar con Raúl para romperle la cara. ¿Qué estaba haciendo. son como bombas inexploradas. Aquella primera vez. jugar a policías y ladrones? Y.. Tenía que conseguir una de aquellas pastillas. Cinco minutos después ya estaban hablando. Como para no creérselo. sí. Y entonces. el eva. En parte lo sabía: moverse. y cada remesa es diferente a otra». su primera novia.. y su machismo se vio sorprendido con algo totalmente diferente. Desde el momento en que entró en la casa se le paró el corazón en el pecho. Se sentó en el bordillo y hundió la cabeza entre las manos. No habría podido quedarse en casa. con Luciana tan cerca hundida en la sima de su silencio. hacer algo para no volverse loco. solo. con granos. Y recordó la primera vez. Así de simple. por primera vez desde que había salido del hospital. fea. Pese a todo. uno un poco pirado. Estaba en casa de Alfredo. no había muchos locales de baile abiertos en un sábado por la mañana.. o reírse.

se tocan. Ahora ya no tenía remedio. —¿Dónde estás? —En el Clínico. —gimió envuelto en un suspiro.. Ya eran novios. para no parecer idiota. —¿Mariano? —escuchó la voz de su compañero y jefe de sección. —Oye. el eva. —¿Qué es? —Una adolescente en coma por un golpe de calor debido al eva. aman y buscan ser amadas. los casos en Inglaterra de comas y muertes de adolescentes. para acompañarla en todo. aprenden. 32 (Negras: Torre d7) Acabó de marcar el número telefónico y esperó con la frente apoyada en el puño cerrado de su mano libre.. . Su padre decía que la adolescencia era la parte de la vida más importante. Por eso se había declarado a Luciana. Se habría tomado aquella cosa igualmente. —Luciana. aún pensaba en ella. ponme con Gaspar. Otros cinco segundos. así que la respuesta le llegó de inmediato. porque había sido lo más importante de su adolescencia. Su padre tenía razón. Era sábado. Se puso en pie. Y probablemente él también lo hubiera hecho. descubren que están vivas. El estallido de las emociones.olvidó. Si no se hubiera quedado a estudiar. pero él quería el compromiso definitivo. hazme un favor: que me busquen todo lo que haya en documentación acerca del éxtasis. de golpe. —Marisa —le dijo a la telefonista—. No tenía remedio el pasado. apartó las sombras de su mente y continuó su búsqueda. Cada minuto contaba. sufren la primera realidad de la existencia. Por eso no entendía el comportamiento de ella. porque es aquella en la que las personas se abren a todo. con algo muy bueno.. y aunque había sido feliz con su madre.. aunque sí el futuro. estadísticas españolas y todo lo relacionado con el tema. se sienten. Si no. para empezar a hacer planes. ¿A quién quería engañar? Máximo tenía razón: Luciana era tozuda.

—Puedes apostar a que sí —confirmó Mariano Zapata—. —se detuvo un instante y cambió el tono para decir—: ¡Eh. Después. que son la tapadera de ese comercio. —Buena movida.? —¿Qué te pasa? Sacamos en portada cuatro o cinco temas. una voz gutural. Y mucho más con esa chica en coma. Un caso así. Vamos a remover las conciencias justamente el día en que la gente olvida las suyas en casa para echarse a las carreteras a hacer el hortera.. —Hasta luego. limpia. 33 (Blancas: Caballo e4) Vicente Espinós tuvo que esperar más de un minuto. —¿La puedes conseguir? —Creo que sí. —Pues este tema va a dar para toda la semana. se hizo patente con escasas muestras de cordialidad. —Cuenta con ella. y a esos niñatos que se pasan el fin de semana bailando con la muerte.. Disfrutas con tu trabajo. espesa.. vale. Vamos a poner a la policía en el disparadero. —¿Quién es? . buen titular: «Bailando con la muerte»! ¡Me gusta! —Eres un caso —se burló Gaspar—. será dinamita pura. la reunión de la ONU. ¿eh? —¿Me he equivocado alguna vez cuando he dicho que tenía algo bueno? —No —reconoció su compañero. y a todas las discotecas makineras. —Si hay foto desde luego es portada —convino Gaspar. antes de que al otro lado de la puerta sonara un ruido o lo más parecido a una respuesta. Te tendré informado —se despidió el periodista. ¿vale? —¿Estando el Campeonato de Europa de fútbol. campeona de ajedrez.. y llamar tres veces. Y te aseguro que éste será uno de mañana. Sólo me falta su fotografía. a las puertas del verano.—¿Crees que vale la pena? —¿Una buena niña. lo del Gobierno y. sana? ¿Tú qué crees? Esto es de portada. —Vale. Tú eres el experto —concedió el otro.

por los confines caóticos de la habitación. los ojos cargados de rimel corrido. Pero eso no era lo peor. el maquillaje tan seco como los pantanos en España después de una sequía canicular. siempre en el mismo tono y con la misma expresión. —Estoy buscando al Mosca —la informó tras echar también una ojeada por detrás de Loles. aunque lo que ocultaba tampoco era como para recrearse. toda su edad doblada en los pliegues de una vida castigada. la puerta se abrió sólo unos centímetros. estabais juntos. Olía a vino peleón y a sudor. las uñas de las manos con el esmalte roto. —¿Os peleasteis? —Diferencias irreconciliables —manifestó Loles. con el cabello alborotado. porque se la hubiera llevado a ella por delante. Lo peor era su imagen. Humphrey Bogart? Porque muy al día no está.—Abre. —¿Quieres que te muestre la patita por debajo de la puerta? Abre o echo la puerta abajo. Loles se tuvo que apartar. a pesar del metro escaso de distancia. —¿Qué quiere? —farfulló la mujer una vez lo hubo reconocido. la bata que apenas le cubría nada. —¿Quién es su informante. Pudo olerla desde allí. No la empujó. que digamos. Transcurrieron unos segundos. Vicente Espinós puso la mano en la puerta. Esperó. Sólo hizo un poco de presión. —Yo en cambio ya he dejado de buscarle —rezongó la mujer. —¿Quién es? —repitió la voz prácticamente en el mismo tono. Ella también había vivido el viernes noche. Loles. Tras ellos. Los necesarios para que por ellos asomara un ojo enrojecido que se esforzó al máximo para centrarlo en su retina. —Según parece. —¿No me engañas? . —¿Cuánto hace que no lo ves? —Se largó hace un par de meses. la justa. que más se asemejaba a una sucursal del infierno que a otra cosa. El policía no dijo nada.

silencioso. le asaltó de arriba abajo. y siempre había sido angustioso.—¿Por qué tendría que hacerlo? Es un idiota malnacido. Y también estaba despierto. Le tembló el labio inferior. Escuchó su propio gemido de impotencia. sino mentalmente. No pudo ni darle las gracias. pedir ayuda. como si algo fallara entre el cerebro y sus terminaciones nerviosas. —¿Poli? —se llenó de dudas sin poderlo creer. que lo mejor era . Adolescente. Loles lo miró fijamente. Algo muy impresionante la estaba aplastando de forma lenta pero implacable. ¿Qué ha hecho. Le vendió algo. O tal vez no. La ingravidez del policía frente al desmoronamiento de la mujer. que era una pesadilla. Estaba dormido. Ella está en coma por su culpa. —Mi hija murió hace dos años —dijo. llamar a alguien. Un miedo atroz. Y eso le asustó aún más. Desear incluso gritar. ¿Era eso lo que sentía Luciana? Se le coló por la puerta de la razón. ¿entiendes? Pareció acusarlo. Ella cerró la puerta sin despedirse. No pudo. 34 (Negras: Caballo x e4) Máximo intentó abrir los ojos. Querer y no poder. y puede morir. —Pensión Costa Roja —musitó Loles con un hilo de voz. abrumador. no física. Sabía que tenía que guardar la calma. Le había sucedido un par de veces. —No es un problema de esos. aunque ahora el tiempo dejó de tener validez para ambos. porque de lo contrario no hubiera podido pensar y darse cuenta de su imposibilidad de reacciones. lo sabía. primero una mano. después una pierna. Siguieron mirándose. —Lo siento. lo sabía. Intentó moverse. No pudo. Vicente Espinós recordó que Loles tenía una hija. Más bien fue un pulso. Su cara seguía siendo una máscara. La máscara se resquebrajó un poco. pero maniatado. Todo su ser se agitó. —¿Tu hija se salió de la heroína? —preguntó de pronto. Luciana. Por esta razón no esperaba aquello. inspector? —Ha metido a una chica en un problema. y sentirse muerto en vida.

Ni siquiera cuando murió su abuela.tranquilizarse y esperar. detrás de cada ventana. La imagen de lo cotidiano. podría haber una tragedia. empapado por el sudor. Aunque. a mil pulsaciones por minuto. tal vez. y entonces despertó. Se debatió en esa zozobra. A fin de cuentas era mayor. Su corazón estaba desbocado. porque el sueño de su novio la dejaba sola con sus propias ideas y pesadillas. . y al otro lado. las ventanas. Cinta cerró los ojos. Pero unos segundos podían ser eternos a veces. de un salto. por primera vez. ¿Y si salía. El miedo se hizo atroz. arrastrado hacia la sima. Y entonces supo que aquello sólo era el comienzo. El mundo entero vivía cerrado en sí mismo. Nunca había pensado así. antes de ponerse en pie. con los ojos abiertos. se convertían en ronquidos cargados de una paz que a ella le enturbiaba aún más los sentidos. Miró la hora y pensó que su familia estaría sentándose a la mesa. y ya estaba muerta cuando llegaron ellos. y sus suspiros. le pareció espantosa.. En unos segundos todo volvería a la normalidad y podría abrir los ojos. mejor no. nunca había sentido tanto. Así que se levantó. ¡qué estupidez! A su padre sólo le faltaba eso. por el fantasma de Luciana y por su propia realidad. Dejó de luchar. moverse. en las ventanas del edificio de enfrente. 35 (Blancas: Torre x e4) Santi se había quedado dormido finalmente. aumentada mil.. porque nunca hasta ahora se había tenido que enfrentar a nada semejante. no. a veces. no se veía movimiento alguno. las calles. Se acercó a la ventana y miró a través de una de las rendijas horizontales de la persiana. Por la calle casi no circulaban coches. Quedó tendido en la cama. Se acercó a la ventana y miró a través de ella. vencido. una lucha tal vez perdida de antemano. La ciudad vivía encerrada en sí misma. las casas. cien mil veces. se sentaba con ellos y lo contaba todo? No.

pero no llegó a ponerla sobre él. como si aquello fuese un juego. Más risas. y sonando. El teléfono estaba a su lado. para no abandonarse a su depresión. no hagas tonterías! —¡Está ardiendo! —¡Luciana! —¡Que alguien llame a un médico! ¡Socorro! La música seguía sonando. Tendió su mano en dirección al aparato. Tenía cada uno de aquellos espasmos grabado en la memoria. Un coma es algo que puede durar días. Los demás. fuera del coma. sonriendo. Salió de la habitación y se dejó caer. Cada vez que los cerraba veía a Luciana cayendo al suelo en mitad de la pista de la discoteca. tía. No tenía más que levantar el auricular y marcar un número.Ahora todo era distinto. 36 (Negras: Reina x d8) —¿Y si ya estuviese muerta? —Vamos. en una de las butacas de la sala-comedor. o meses. —Si es que no aguantan.. pero de ahí a que en unas horas se produzca un desenlace fatal. era como madurar de golpe. Bailaban juntos pero nadie conocía a nadie. y los que les rodeaban lo miraban todo entre curiosos y sorprendidos. Luciana tal vez ya estuviese bien. Eran compartimientos estancos de un mismo barco. Ni siquiera eran conscientes de que en ese barco navegaban todos juntos. y sonando. Fin de la pesadilla. aunque su abatimiento la acompañó. —Menudo pedo. . Cinta abandonó la ventana. Un latigazo en mitad de la conciencia. —¡Luciana! ¡Luciana! ¿Qué te pasa? ¡Luciana! —¡Va. casi la habían pisoteado. No iba con ellos. dado lo abigarrado del espacio.. Volvió a abrir los ojos. Loreto —dijo su padre—. tendrá un mal embarazo. —Sea como sea he de ir. agotada por ese simple esfuerzo. no se quedó allí mirando a través de ella. entendedlo. —Sacadla fuera. más indiferencia.

con determinación. Ahora lo que debes hacer es comer de manera tranquila y no pensar en nada. —Te damos las gracias. Pero incluso esa emoción quedó en un segundo plano cuando Loreto levantó la cabeza. la naturalidad era difícil de guardar cuanto lo que veían ante sí no era más que el pálido reflejo de lo que un día había sido su hija. Ayúdala a encontrar el camino de regreso de las sombras. por los alimentos que recibimos de tu bondad. —No me pasará nada —insistió ella. antes de continuar diciendo—: Y te pido que ayudes a Luciana. y a ser firme en esta hora oscura. Luego introdujo la cuchara en el . Sin embargo. Los psiquiatras les habían insistido en que no la forzaran. La necesidad de comer se le disparó en la mente. de verdad. —Hablaremos luego. en especial aquellos que sufren — hizo una pausa muy breve. los tres bajaron la cabeza y unieron sus manos. mientras la emoción se apoderaba de ellos. se sirvió tres cazos de sopa. —¿Hija? —trasladó él el ofrecimiento a Loreto. el pan. Señor. Sobrevino un largo segundo de silencio. La avidez de su estómago le acentuó su habitual dolor de cabeza. ¿de acuerdo? Llamas por teléfono y si sigue igual.El hombre y la mujer se miraron entre sí. — concedió su padre—. la ensalada. Ayúdala a luchar. —¿Das tú las gracias hoy? —le preguntó la mujer a su marido cambiando rápidamente de conversación. No me cansaré. —Cogeré un taxi. Te lo pedimos.. aunque ya era demasiado tarde. pero no llegaron a proferir palabra alguna. Loreto miró la sopera. apretó las mandíbulas y. y te pedimos por todos tus hijos. Señor. Ella vaciló sólo un instante. porque sin Ti estará perdida. suspiró. —Puede ser un esfuerzo considerable —se arriesgó su madre. que no hablaran de obligaciones ni nada parecido. aunque tampoco se mostraran permisivos o falsamente indiferentes. Su esposa le miró directamente. Dios mío.. la fuente de carne. Después.

Su marido ya se había dado cuenta. Estaba segura de ello.plato para empezar a tomarla con la mayor naturalidad. Una cuarta llamaba al médico. Fue a cogerla de la mano. —¡Está en opistótonos! . tratase a su hija como si ella realmente pudiera oírla. un respirador para la ventilación asistida. —¡Luis! —gritó. Por lo tanto podía oír. 37 (Blancas: Torre g4) Esther Salas no conseguía apartar los ojos de su hija y del complejo sistema de tubos y aparatos que la envolvía. Otras dos corrían ya hacia la habitación. y que le hablase. Y entonces todo en Luciana se disparó.. Después de todo la clave era siempre el después. la abolición del movimiento. El hombre salió por la puerta gritando: —¡Enfermera! ¡Enfermera! La primera entró inmediatamente. la sensibilidad y la movilidad. No estaba muerta. El doctor Pons y las enfermeras le habían dicho que. Lo habría hecho igualmente. Pero inmediatamente se dio cuenta de la anormalidad en la siguiente fracción de segundo. había aprendido todo lo que tenía que aprender de la situación. —Está buena —dijo Loreto. También sabía que un coma era la ruptura de las funciones cerebrales específicas. Luciana se estiró y arqueó por completo.. atenazada. Todo su cuerpo fue preso de una tensión brutal. apoyándose tan sólo en la nuca y los talones. Lo que hiciera ella con lo que hubiese ingerido. Fue tan fulminante que por un momento creyó que iba a volver a la vida. En aquellas pocas horas. aunque la chica se quedó inmóvil. El tubo de la nariz era una sonda nasogástrica. y de todo aquello que ahora la mantenía con vida de forma artificial. y si no estaba muerta es que estaba viva. sobre todo. el de la boca. lo mismo que Norma. de una forma absolutamente antinatural y casi inverosímil. y que la unía a la bomba que le suministraba a ella el aire. El pequeño espacio se llenó de voces profesionales. con la espalda tan curvada hacia arriba que parecía que se le iba a romper. Sus padres intentaron mantener la normalidad.

y sé que están sufriendo. y si me voy. La aguja hipodérmica se hundió en la carne de la paciente. y tres peones. sí. Norma. Puedo escoger. manipulan los aparatos.. Tengo la paz tan cerca. o seguir. También reaccionó de manera fulminante. sí. Sin embargo. Siento que una parte de mí me empuja hacia delante. tratando de salvarme. Los veo desesperarse. Si me dejo atrapar por esta paz.. para ver que hay en éste. no quiero que sufran. porque me quieren. arrastrada por sus convulsiones espásticas. Esta vida.. pero resistí.Blancas: Caballo x d6) Estoy al final de un camino y al comienzo de otro.—¡Rápido! —¡Sujetadla! El doctor Pons tardó en llegar lo que para Luis y Esther Salas era una eternidad. Papá. sin torres. pero no tengo más que una vida. sin el alfil blanco y sin el caballo negro.. me inyectan cosas. Me sentí orgullosa de mí misma. No saben que la decisión es mía. sin necesidad de consultar a las enfermeras que ya atendían a Luciana y procuraban que no se desconectara de las máquinas. Acorralada... Todos están ahí abajo. Recuerdo la partida del último campeonato. Sus padres contemplaron horrorizados la escena sin saber qué hacer o decir. fue genial! ¡Qué maravilla! No sólo fue la victoria. Como luchan ellos. de conseguir que ese yo que ahora flota vuelva a mí otro yo físico.. 38 (Negras: Torre g8 . lo mismo que Norma. —¡Sulfato de magnesio intravenoso. y luchar. ¡Oh. que rompió a llorar. mamá. . Tal vez debiera luchar. Eloy. por el primer camino. Sufren por mí. sin mi reina. Mi rival tenía todas las de ganar. Siempre habrá una paz.. para empezar de nuevo. pero hay otra que me obliga a esperar. ya! Luciana continuaba arqueada. sino cómo la conseguí. junto a mi cuerpo. con un alfil y un caballo. Retroceder. se gritan unos a otros dándose órdenes.

Esperad.. mientras decido cuál ha de ser mi próximo movimiento.. ¿quién va a ser.... llorando. He vuelto. 39 (Negras: Torre x d6) Al entrar por la puerta.. Aún no es el momento. histérica. no recuerdo bien! ¡Yo te guardaré tus cosas. la paz estará siempre ahí. ¡El caso es que debes largarte cuanto antes! ¡Pueden llegar de un momento a otro! —¿Quién? —¡La policía!. Ése es el sentido de la vida. o Espinosa.. pero que. se puso en pie de un salto. era tan roja como el cuadro de una imaginaria costa que presidía la rudimentaria recepción. a pesar de que le sobraban bastantes kilos. No rendirse jamás. gritando que ella no quería. como si esperase ver aparecer el coche de la policía de un momento a otro. la mujer que estaba detrás del pequeño mostrador.. . —¡Poli! ¡Poli! ¡Ay. Sí. Quiero seguir con vosotros. Ella.. Puede que ésa sea la clave: luchar. pero antes he de pasar por muchas batallas. Por puro instinto de supervivencia miró hacia la calle. provocado por mí. tranquilo! Poli García ya no luchó contra la desaforada masa de nervios que le sacaba a empujones del lugar. todo cambió. Esperad. y tras él. ¡Acaba de llamar una. al final del camino.. ¡Están en camino! ¡Un tal Espina. ¿Quién ha llamado? —¿Qué más da? —casi le gritó saliendo de detrás del mostrador de recepción de la pensión—. Poli se sintió por un momento como si estuviese delante de un gran semáforo en movimiento. ¿notáis mi pulso? Esperad.paciente. de la partida.! —Espera. estoy aquí. maldita sea? —le empujó hacia la puerta—. ¡esperad! ¿Quién ha dicho que me estáis perdiendo? Quiero volver. Su camiseta ajustada. Ella cometió un error. No rendirse. menos mal que has llegado!—le disparó a bocajarro la mujer—. espera —intentó contenerla—.

Dios! —le despidió la voz y el gesto dramático de la Eulalia antes de que desapareciera y exclamase más bien para sí misma. pero imaginaria para él. No quedaba tiempo. vomitando. Al menos antes del ultimátum del psiquiatra. Nadie se acercó a la puerta. es que no hay moros en la costa. muy pronto dejaría de vomitar.Luego miró hacia arriba. Las últimas peleas. También reconocía el tono de su previsible discusión. Entonces . alcanzó un climax y después cesó. —¡Mierda.. Estaría muerta. Ya no podría. Si subía a por algo se arriesgaba a verse atrapado. y las últimas lágrimas maternas. donde también de forma real. el miedo a engordar. El psiquiatra le dijo que todo dependía de sí misma. Ahora su madre solía entrar en el baño sin llamar a la puerta. No quería morir. Eulalia.». Inmediatamente después de ello. habían sido por esa causa. pero su hambre incontrolada. es que hay problemas!. debía hallarse el descanso discreto que formaban las cuatro paredes de su habitación. mierda! —gritó a modo de exclamación.. Ella tenía razón. Todas desaparecían al acabar de comer. —¡Lárgate ya! —le apremió en la calle—. Creyó escuchar palabras como «confianza» y fragmentos de frases sueltas como «no presionarla» o «vamos a esperar. ¿vale? —¡Te debo una! —le gritó él antes de echar a correr. ¡Telefonéame antes de volver! ¡Si digo tu nombre. la sensación de impotencia y frustración. vomitando.. promesas. aunque sí supo que lo estaban haciendo por el tono de sus voces. Dios. Tanto tiempo vomitando. pero si no lo digo. hombre! 40 (Blancas: Reina f3) Loreto entró en el cuarto de baño y cerró la puerta.. igual que una madre preocupada—: ¡A saber en qué líos te habrás metido ahora. Si continuaba. —¡Ay. pegó la oreja a la madera. No les oía hablar con claridad. para tratar de sorprenderla si vomitaba. aún eran superiores a ella. Promesas. ahogadas por los cuchicheos y la distancia. No tuvo que esperar demasiado. nos prometió. El cuchicheo subió de tono.

Casi instintivamente. alejándose del influjo hechizante de su reclamo.. de pronto dejó de verse a sí misma. Ella. pero la imagen no desapareció. . un par de veces. ensalada. Se convirtió en Luciana. Se acercó a la taza del inodoro. aturdida. Bastarían unos segundos.quedaba ella. Despacio.. Dos personas peleándose en su interior. Los introdujo hasta la garganta. No. acabó levantándose para salir como un rayo del baño. Luego se llevó las manos a la cabeza. y sólo ella frente a sí misma. Entonces. rumbo a las cloacas. —¡Vomita! —¡No lo hagas! Ella. al otro lado de la cual desaparecía el conducto. reflejada en el pequeño lago quieto formado por el agua clara y transparente del fondo del WC. apartó los dedos del fondo de su boca. se llevó los dedos a la boca. Cerró los ojos y volvió a abrirlos. Y sintió la primera arcada. Esperó. La arcada aumentó. un estremecimiento. no supo de dónde. era algo mucho peor. cerebro dividido. Pero de pronto se vio a sí misma. Se arrodilló delante de ella. Como siempre. no volvió a ser la de sí misma. Inclinó la cabeza. hasta acabar sentada en el suelo del cuarto de baño. hasta acabar sacándoselos de ella. Luciana. Había comido en exceso: sopa. la imagen volvió a ser la suya. pan.. De algún lugar sacó las fuerzas. Loreto nunca hubiese gritado. pero no debido a la presión de los dedos o a causa de otra nueva arcada. Lo único que fue capaz de recordar en los dos o tres minutos siguientes fue que. Tuvo un espasmo. vida dividida. Fue como si un grito silencioso acabase de estallar en su interior. Sin ruido. Y lo había conseguido sola. como el drogadicto que busca la aguja de forma inconsciente para hundírsela en la vena. carne. Luciana sí. No era una guerra.. postre. muy despacio. Corazón dividido. tras permanecer en el suelo un tiempo indefinido. Se dejó caer temblando hacia atrás. y Luciana. Sería fácil devolverlo todo.

Por primera vez. lo hizo el médico. los padres de Luciana se levantaron y fueron también hacia él. —Miren. Sola o con el espectro de Luciana reflejado allí abajo. —Entonces. 41 (Negras: Torre d7) Juan Pons entró en la sala tratando de que su rostro reflejara una esperanza que difícilmente podía transmitirles. aunque les cueste creerlo. —¡Oh. asustada por su éxito. un cordón muy frágil en ambos sentidos.. —¿Son normales este tipo de complicaciones? —quiso saber el padre de Luciana.. señor Salas —dijo el médico midiendo las palabras—. El ruido de la cisterna del inodoro no había sonado.. Antes de que la mujer pudiera hablar. —Todo ha vuelto a la normalidad. Un coma no es más que un largo sueño. no! —tembló ella. —¡Oh. y luche. no sabemos contra qué luchamos. Así que se metió en su habitación temblando. más asustada de lo que nunca había estado en la vida. y eso era lo más importante. aunque sabía que . pero no hizo falta que les dijera nada. Sigue el coma. Se encontró con sus padres. pero la crisis ha pasado. y también un delgado cordón umbilical doble que une al paciente con la vida y con la muerte. Tal vez sea consciente de algo. Dios mío! —Esther Salas se llevó una mano a los labios. he de ser sincero con ustedes —el doctor Pons buscó los ojos del hombre para apoyarse en su aparente mayor dominio. y sus constantes vitales se mantienen. —vaciló Luis Salas. —No hay una respuesta exacta para esto. o tal vez no. Al verle aparecer. —Ella es fuerte —aseguró su madre. si es que podemos hablar de normalidad en su estado —explicó el médico—.. Lo que sí está claro es que tal vez no resista otra crisis como la que acaba de tener. Ya le dije que su hija puede despertar en cuarenta y ocho horas. aunque la decisión final seguía siendo suya. llenos de ansiedad. pero a veces. —Ignoramos lo que pueda haber en su mente ahora mismo. seguir así o. Hacemos lo que podemos. —La hemos estabilizado —informó.

. —¿Tenemos que contestarle ahora? —preguntó. . tanto los que veía morir y llorar como los que veía vivir y reír.. claro que no —suspiró Juan Pons—. Todos los padres. señora Salas? Era una pregunta sin sentido. La enfermera acababa de irse tras dejarlo todo en orden.Luis Salas estaba tan destrozado como su esposa—. Lamento haber parecido. La urgencia es siempre para los que esperan vivir con los órganos de los que se van. no! —se negó a escuchar más y se llevó las manos a los oídos. inolvidable. y de pronto lo tenía a su alcance. Las próximas horas serán decisivas. Me gustaría que lo entendieran y que se prepararan para lo que pueda suceder. —¡No quiero que la troceen y. —Señora. por eso ella no le respondió. fulminante.. con la chica sólo estaba su hermana. quiero que lo sepan. y en tal caso es mi deber preguntarles si estarían dispuestos a donar sus órganos. Pero aun así. y lo más probable fuera que ya no se apartaran del lado de su hija. Nunca lo haría. Hay un riesgo de que muera. rápido. Después del susto y la crisis. fácil. 42 (Blancas: Reina g3) Mariano Zapata había estado esperando el momento oportuno.. Las demás bastante tenían con tener controlados a todos los pacientes que estaban a su cargo. El secreto del éxito periodístico era lanzarse siempre. —Díganos la verdad —pidió el padre de Luciana. no se acostumbraba a ellos. Su voz sonó como si hablara desde el suelo. Era su trabajo.. por parte de Esther Salas. cuando ya no haya nada que hacer. arriesgarse. y la conversación tenía para él muchos ecos habituales. Por esa razón les hablo ahora y no después. —¿Se encuentra bien. —No. Luis Salas bajó los ojos. No esperó más. no. —Se la estoy diciendo. —¡No! La reacción fue instantánea. tenían un rostro propio. Todos.! ¡No. Aunque sabía que los padres volverían enseguida.. —¡Luis! —gimió su esposa. igual que los hijos.

las otras dos de cerca. tres fotografías rápidas. Norma se levantó. —¿Dónde están? —En la sala de espera. Como ves. Unas fotografías que probablemente también se publicarían en otros países con la misma problemática. —¡Oh. no temas. Como impregnaría la portada del periódico. Estaba muy concentrada mirando a su hermana mayor. salió de la habitación y echó a correr por el pasillo. —¿Norma? —¿Sí? Pareció asustarse. de espaldas a él. —Gracias. el periodista entró en la habitación. y las conciencias de sus lectores. —¡Eh. La enfermera volvió a entrar en la habitación. Por el ojo de su objetivo pudo ver a Luciana. La primera a los pies de la cama. no! —gimió asustada Norma. Pasó por su lado. Pero Mariano Zapata ya no se detuvo. llenando la cámara. Norma ya lo conocía. —Tus padres te llaman. al final del pasillo. extrañada. Salió justo a tiempo. conectada a todos los aparatos que la mantenían con vida. Casi hechizada por aquella imagen tan triste y dramática. Hizo una. con los ojos cerrados y la boca abierta.Después de todo. cuando Mariano Zapata ya había sacado la pequeña cámara de alta sensibilidad del bolsillo de su cazadora. oiga! —le llamó la mujer. Creo que el médico está con ellos. dos. Al tercer paso de Norma. Tenía todo lo que necesitaba. impregnándole de su realidad. ya sabes. Apenas había dado dos pasos. confiaba en él. se la había ganado. Metió la cabeza por la puerta de la habitación de Luciana. habían estado hablando. Respiró con ansiedad tras la ruptura de su silencio. muy de cerca. —No creo que sea nada grave. 43 (Negras: Reina f6) . ya está fuera de peligro. creo que han de consultarte algo —le dijo. cruzándose con él un poco más allá de la puerta.

nuevas. . pese a su corta edad. La imagen de la persona que más quería en estado de coma. que quería ser médico. En una fiesta privada. no eran más que dos zumbados que ya lo habían probado todo en la vida. Pero lo importante es que sabía dónde vivían. Pero lo de Luciana no. Eran su última oportunidad. Ellos también estaban allí. Verdaderamente. estuviese enferma. víctima de los nervios o del cansancio.Eloy se sintió cansado y abatido. aunque sabía que si se detenía un segundo. y eran amigos de Raúl. en la barra. ponme otra. no fue por él. Raúl podía estar en cualquier parte. Bastante duro era llevar esa imagen en su mente. Precisamente él. Era como buscar una aguja en un pajar. o bailando en una nave recién estrenada o en cualquiera de los muchos after hours ilegales que proliferaban para los que querían bailar setenta y dos horas seguidas. por ejemplo. Se sentía muy raro. Sin embargo. Ana y Paco. La reacción se la produjo el cliente de la barra. cuando de pronto levantó la voz y llamó la atención del camarero diciendo: —Paco. —¡Marchando! El camarero empezó a manipular la cafetera. Eloy tuvo el flash. yendo siempre a contracorriente. le dirigió una mirada ocasional. Eso no. Podía entender que Loreto. en primer lugar por las pocas e incómodas horas que había logrado dormir durante la noche. Necesitaba un café para no desfallecer. —Un café. convertida en una muerta viviente. Le costaba creer que el mundo siguiera como si nada. por favor. sería peor. Un cliente. La confusión y el aturdimiento se acentuaron. Entró en una cafetería. Pero más duro sería llevarla durante el resto de su vida. Qué extraña paradoja del destino. y pensaba en Luciana. y en segundo lugar por el fracaso de sus pesquisas. a su lado. Hasta que el café aterrizó delante de sus manos. Tenía percepciones y nociones de la realidad muy distintas.

Lo segundo. si es que podía llamarse así. embutida en una camiseta roja a punto de reventar. o a primera hora de la tarde.. ¿verdad? Y no me pregunte si traigo una orden de registro. ¿Dónde ha ido? —No lo sé. Eulalia. ¿Está Policarpo García? —¿El señor García? —repitió la mujer insegura. Vicente Espinós alargó la mano. La dueña de la camiseta lo miró con precaución. Ahí está su llave. —¿Volverá? —Tampoco lo sé. hágalo.! —asintió Eulalia—. porque esa chorrada sólo pasa en las películas americanas. No ha pasado la noche aquí.44 (Blancas: Alfil f4) La pensión Costa Roja era tanto o más destartalada que la pensión Ágata. hasta los delincuentes. —¿Cómo se llama usted? —Eulalia Rodríguez Espartero. —¿Cuándo lo vio por última vez? —Ayer a mediodía. —No. Lo primero que vio Vicente Espinós al entrar fue el cuadro sobre el pequeño mostrador de recepción. —Me bastaba con el nombre. O bien el Mosca protegía su identidad saltando de un lado a otro. No tocaré nada. A veces está un par de noches fuera. Cogió la llave. Todo el mundo ve demasiadas películas americanas. a su derecha. —El señor García —insistió él. —¡Oh... pero puesto que está dispuesta a servirme. Evidentemente no parecía un posible huésped. para servirle. aunque le agradecería que. la inmensidad de la que estaba tras él. o bien lo de vender como camello no le daba para más. —No le importará que suba a su habitación. . Puede subir. —Inspector Espinós —le mostró la credencial—. Encantada de colaborar.. Colgaba de un clavo en la pared. no. no está. ¿ve? La número 9. —Descuide. sin dar muestras de estar vivo y menos de tener algún dinero. claro.

—Es que no quisiera que el señor García se enfadara. por si acaso. Hubiera sido mejor hacer una fotocopia de todos. Fue en esta última donde encontró un listado escrito a máquina. La dejó hablando y subió la destartalada escalera sin prisas. Había un par de pantalones. pubs. Dependía del Mosca. salvo un despertador. Abrió los cajones del armario empotrado y de la mesita de noche. clubes privados. Se detuvo en cinco locales en concreto: Calígula Ciego. con fechas. Una extraña forma de llevar la contabilidad. El Mosca no nadaba en la abundancia precisamente. un par de camisas y una chaqueta. y eso habría alertado a la tal Eulalia. Tal vez fuera algún indicio. pero entonces habría tenido que salir y volver a entrar. Introdujo la llave en el hueco de la cerradura y abrió la puerta. De no ser porque junto al nombre de Pandora's la palabra escrita era: «viernes». Los leyó todos. Junto a la mayoría de los nombres escritos había números. El Mosca las llevaba encima. una revista erótica y una vieja fotografía de una mujer mayor.. Le echó una rápida ojeada. Sábado.. ¿sabe usted? Es una buena persona. «Viernes» aparecía escrito junto a otros tres locales. o tal vez otro. No sé qué puede. La Mirinda. Las otras anotaciones correspondían a días de la semana. y copió los nombres de los locales junto a los que se leía viernes y sábado. anotaciones y algunas marcas. Dejó el listado en el mismo . Escrito a mano junto a todos ellos pudo leer la palabra: «sábado». Podía ser este sábado. una poca ropa interior. Discotecas. Tal vez ya no lo fuera. Llegó a un pasillo mal iluminado y encontró la habitación número 9 a los dos pasos. —Hasta los delincuentes tienen madre —dijo el policía en voz alta. No hacía falta ser muy listo para saber que era el número de pastillas vendidas en cada local. Eso era todo. Popes. No había nada más. y no había ninguna necesidad de tener prisa para algo así. Ni rastro de pastillas. Los que corrían se encontraban antes con las balas. El Peñón de Gabriltar y Marcha Atrás. after hours. Aun así sacó una pluma de la chaqueta y un bloc de notas del bolsillo.

y fuera de ella estaban sus padres. como si no se hubiera movido y estuviese pegada al suelo. Se pasaba el día en la cocina. Eso también es temprano para vosotros. sólo que no tenía fuerzas para discutir. identificándose con el dolor de la madre de Loreto. qué bien. Lo mismo llego a las diez que a las doce. por hablar de algo. —Vaya. Era una mujer de la vieja escuela. Esta noche no voy a salir.cajón y en la misma posición y salió de la habitación. —¿La bulímica? —se interesó su madre. Un día. pero no voy a salir. un par de semanas antes. Algo muy propio. sobre todo su padre. —Sí. —¡Oh. gracias! —se burló el padre. tendrían un buen disgusto. Sería un palo. Puede que sí y puede que no. —No lo sé —trató de no perder la paciencia—. pero no quería seguir en casa. —O las dos o las tres. En su habitación todo eran fantasmas azuzándole. se lo dijo a su madre. . ¿ya vuelves a irte? ¿Lo espiaban? ¿Tenían ojos en la nuca? Creía que estaban viendo la tele. Más aun. —¿A qué llamas tú temprano? Apareció su madre. y probablemente se enterarían aunque ellos no conocían a los padres de sus amigos. 45 (Negras: Caballo a6) Máximo salió de su habitación tras haberse duchado y cambiado de ropa. Eulalia seguía en el mismo sitio. —¿Pero vendrás a cenar? —preguntó su madre. Volvió el agobio. —Estáis todos locos —rezongó su padre dándole la espalda para volver a la sala. más fresco. Ella se puso inmediatamente en plan de madre sufridora. pero volveré temprano. Salía de la cocina. junto al televisor. —Temprano —repitió él—. cuando se enteraran de lo de Luciana. —Voy a ver a Loreto —mintió. y había tratado de no hacer ningún ruido al salir. La ducha le había despejado y serenado las ideas. Se sentía mejor. —Voy a dar una vuelta —dijo—.

y anímala para que coma. pero al menos era un lugar seguro y tranquilo.Y no se lo pensó dos veces. abrazada a sus propias piernas desnudas. Luego miró el vacío en la cama. Sus padres estaban siempre fuera el fin de semana. pero no se molestó en ponerse los pantalones. Y el silencio en casa de Cinta era muy intenso. y quedó boca arriba unos segundos. No valía la pena. más estruendoso en ocasiones que mil sonidos distintos o incluso que una explosión. y entonces buscó a Cinta. Iba en calzoncillos. Salió de la habitación y se metió en el baño.Iba a decirle que no más que él yendo cada domingo al fútbol y gritando como un poseso a un tipo vestido de negro y a veintidós mendas en pantalón corto que se mataban por una bola mientras ganaban una pasta por ello. Miró a su alrededor: las paredes estaban llenas de pósters y fotografías. con la cabeza apoyada en las rodillas y la mirada perdida. tal vez durmiendo. Pero no lo hizo. el desorden natural de cualquier habitación. No tuvo que buscar mucho. acurrucada. No se molestó en volverle a explicar que bulimia y anorexia eran cosas distintas. Se sintió un poco mejor tras ello. Ella estaría allí. . 46 (Blancas: Alfil e5) Santi abrió los ojos. Su madre le acompañó a la puerta. sentada en cuclillas en una butaca. Se desperezó. para lavarse la cara y refrescarse la nuca. Bajó la escalera sintiéndose libre y al llegar a la calle supo que seguía sin saber qué hacer ni adónde ir. tampoco era difícil a pesar de que el piso era bastante grande. supo que le había despertado el silencio. donde antes había estado el cuerpo de su novia. —Dale recuerdos a esa chica. De alguna forma. estaba cargado de sensaciones y presagios. la ropa tirada por el suelo formando montones. a su lado. Tenían otra casa. El mismo silencio aterrador con imagen de Luciana en sus pensamientos le obligó a levantarse. La encontró en la sala. Entonces pensó en Cinta. no demasiados.

esperar. con la mirada perdida. —Debemos confiar. Tenemos que hablar.. o semanas. no dijo nada. que seguía como hipnotizada por ella. asustada y al mismo tiempo nerviosa por aquel caos de emociones y sensaciones. un sueño. Le cogió una mano a su mujer. Fue una llamada. ni un ápice. No hubo respuesta.Le pareció sugestivamente sexy. o meses —se negó a decir la palabra «años»—. Si se produce lo irremediable. —¿De qué? —De todo esto. Una barrera invisible los separaba de forma más implacable que si hubiera sido de piedras y cemento. hermosa y sugestiva. No tenía más que alargar una mano y tocarla.. Pero Esther Salas no la atendió. o más bien se tendió en ella. —Creo que sí. —Esther —repitió—. con los pies colgando por uno de los lados y la cabeza apoyada en el otro. Cinta sabía que él estaba allí. Se sentó en la otra butaca. —Esther —musitó él finalmente. Es mi hija. 47 (Negras: Reina f5) Luis Salas apartó la mirada de su hija y la fijó en su mujer. Siguió en la misma posición. . —No quiero que la destrocen. de pie. y estaremos con ella aunque pase así días. El mismo peso y la misma culpa que la estaban aplastando a ella. Tenemos que decidir algo. Norma acababa de salir una vez más. y se la presionó suavemente. —Querida.. incapaz de quedarse quieta. Y dejó perdida su mirada en el techo. y sin embargo no se movió. Los minutos comenzaron a devorarlos como termitas. Pero el doctor tiene razón. Pero no lo hizo. —No —repitió ella con mayor determinación. —No. No habló.. Nada. aplastándolo. Santi sintió el peso de una culpa muy grande.

—No. por favor. —Vamos. —¿Y si nos está oyendo? —susurró. Su marido supo que era tanto una derrota como un implícito reconocimiento de la realidad de cuanto habían estado hablando. un hígado.. me gustaría pensar que sigue viva en otras cinco personas. Puedo escuchar vuestros pensamientos.. —A veces.Negras: Torre x g7) Os oigo. Puedo razonar sin presiones. pero ¿y si nos está oyendo? —Luciana siempre ha sido una gran chica. Esther Salas ya no lloraba. Tampoco me llenan de alegría. Aquí las emociones. En cambio. nada —bajó los ojos un momento antes de volver a fijarlos en el cuerpo de Luciana. —¿Qué? —la alentó para que siguiera al ver que se detenía. . dos córneas. sí me importa vuestro dolor.. como nunca lo había hecho. son distintas. y tiene un corazón. Y no me duelen. tal vez cinco chicas como ella misma.—¡Está viva! —gritó sin levantar la voz. Claro que os oigo. —¿Por qué? —Porque es mi hija. dos riñones. Y porque si ella muere. Esther Salas suspiró. —Tú estás de acuerdo. Todo el mundo lo sabe. cálmate —la presión de la mano se acentuó. Hasta que ella la apartó de las suyas. ¿verdad? Se enfrentó a los ojos de su esposa. No quiero oír hablar de eso.. Luis Salas respetó su silencio. tiene un corazón de oro. Lo rompió de nuevo su esposa unos segundos después. —Sí —manifestó agotado. en su mismo cuchicheo—. pero decidido. Ni siquiera hace falta que habléis. pero deberíais saber que estoy bien. las sensaciones. —Sí. 48 (Blancas: Torre x g7 . Desde la crisis ya no lloraba. —Sabe que estamos aquí.

49 (Blancas: Reina x g7) Tuvo que llamar al timbre media docena de veces. Vivir para pasarlo bien. Es el mejor que he tenido nunca. Sólo quiero un instante. lo raro era incluso que se hubiera puesto la bata. por supuesto. Mi rival es la muerte. —¡Ya va! ¡Ya va! Le abrió Ana. No se había preocupado mucho de taparse. Puedo sacrificar una torre para escapar. Pero me toca mover. y juega a ganar. Sé quién es. Un instante final. sólo eso. hasta conseguir despertarlos.. Me toca mover. Mi rival acaba de lanzar un ataque sobre las posiciones de mi rey y mi reina. ¿para qué necesitaré ya mi corazón o mis riñones? Lo único que querría era tener un instante final de lucidez. lanzando el caballo sobre su alfil. —¿Eloy? —lo reconoció a duras penas por entre las brumas de su sopor—. Le he visto la cara. Ése es mi último miedo. No me gusta el dolor. El estímulo de la contracorriente. salvo vivir. Pasa el tiempo y la partida está en tablas. ¿Qué haces aquí? —Tengo que hablar con vosotros. y para decírselo a Eloy.. aunque vosotros ya lo sabéis. Porque ahora sé cómo es. Es una situación comprometida. Llevaba una bata corta mal anudada por encima de su desnudez. escuchó un ruido al otro lado de la madera. Después de todo. La rebeldía de los que no tienen ninguna rebeldía. para deciros que os quiero. que tal vez crea que ya no es así. Cuando ya creía no poder hacerlo. o meditar detenidamente mi propio ataque. Tal vez por ello no quiero volver. Aunque temo que baste ese simple segundo para sentir el dolor que no siento ahora. —¡Jo! ¿Estás loco? ¿Qué hora es? . La modernidad por montera. En eso le ganaba a Paco.Y si abandono mi cuerpo al final del camino. porque Ana era de las que pasaba de convencionalismos. y aporrear la puerta con los puños. Debo hacerlo. Y una voz. Mi rival es bueno. ¿Y ese peón? Cuidado.

qué pasa contigo! —protestó ella. Ana también se había arrodillado junto a Eloy. para impedirle seguir.Eran aves nocturnas. —¡No grites! —Ana se llevó las manos a los oídos. —¿Te has tomado un valium o es pura y simple resaca: —¡Eh. El pequeño apartamento era un museo barroco mal arreglado. en el suelo. despierta. y con Paco tendido sobre él. indecisa. Lo miró a él y frunció el ceño. Las palabras tenían que atravesar una espesa masa de algodón hasta llegar a su cerebro. lo zarandeó. símbolos de todas clases. Eloy entró decidido. Entró en la única puerta que estaba medio cerrada. Luego la miró a ella. y más aún los fines de semana. Tardaron en reaccionar. luces por el suelo o un mueble del más puro estilo art decó. ¿vale? —les soltó a bocajarro— Ahora quiero que me digáis si tenéis alguna pastilla como la que ella se tomó anoche. —¿Qué haces? —protestó Ana despejándose más rápidamente al comprender que pasaba algo. sin esperar una invitación. La respuesta fue un bufido. como Drácula. —¡Luciana está en coma!. y le siguió como si flotara. —Vamos. y que se tomaron los demás! ¿Lo cogéis ahora? . boca abajo. No faltaba ropa tirada por el suelo. Al fin y al cabo Ana tenía dieciocho años v Paco no había llegado aún a los veinte. con velitas. Así que le apartó la sábana y. —¡Paco! —llamó Eloy. Se sintió irritado por la escena sin saber por qué. desde el yin y el yang y pósters hindúes hasta objetos de diseño. ¡Se tomó una mierda y le sentó mal! ¡La misma mierda que os tomasteis vosotros. Paco acabó abriendo los ojos. Ana cerró la puerta. El silencio fue muy breve. —¡Luciana está en coma! —gritó aún más fuerte Eloy—. y se encontró con el colchón. tras arrodillarse a su lado. sin entender qué pasaba. —¿Qué? —balbuceó Paco. Tal vez se volvieran de piedra y se deshicieran. convirtiéndose en un montón de cenizas. así que el día les producía sarpullidos. Paco.

Ningún problema. ¡no tiene pérdida! —tomó el relevo Ana... Ya no gritaba. Y Eloy se marchó sin esperar más. Se puso en pie. ¿quieres? —le defendió Ana—. Era suficiente.. y se dirigió a la puerta para no perder ni un minuto más. —¿Tenéis una pastilla de esas? —No —dijo Ana. . Iba a traspasarla cuando escuchó de nuevo la voz de Ana a su espalda. y un rótulo en rojo en la puerta.. porque yo no me encontraba bien y prefería salir esta noche! —¿Dónde está esa privada? —¡En una nave abandonada. —Pero si.. vamos... joder! —le zarandeó Eloy. —Eloy —le detuvo.. las están echando abajo! —¡Tiene el techo plano. —¡Déjale en paz!. Él la miró.. cerca de las viejas fábricas.. Tuvo un golpe de calor.? —Porque él fue el que las consiguió. pero a cámara lenta. —siguió espeso Paco. —Nos fuimos y ella. —Al lado hay una con una chimenea muy alta. jadeando. ¡Iba a una privada! ¡Nos dijo si queríamos ir. Me lo dijo Máximo. —¡Vamos..Lo cogían. —Ya os lo he dicho: está en coma. —¿Para qué vamos a tener una.? No hay ningún problema en comprarla después. coño! —¿Cómo la reconozco? ¡Ahí hay varias fábricas. grave? —preguntó la muchacha. ¿dónde puede estar a esta hora un sábado por la tarde? —Raúl. —¿Es. Venga. como si ésta fuese a estallarle. pero pasamos. donde vayamos. —¿Dónde puedo encontrar a Raúl? —¿Para qué. al lado de la estación! ¡Y no grites más. Ana cerró los ojos. Hilos de No-sé-qué o algo parecido! —Paco se llevó una mano a la cabeza..

—Bueno. A mitad de camino las vio. las miraban por la calle. Loreto las vio pasar. mirándola. Ella. la . Lo único que hizo fue llegar a la calzada y mirar a derecha e izquierda. adiós. y ése fue el comienzo. así que no se le ocurrió levantar la cabeza. A lo sumo. Pasó por su lado dispuesta a no darle palique. —¿De paseo? —Hace muy buena tarde. —Sí. Se está muy bien. en dirección a la avenida. La otra podía ser su hija. ofreciendo toda su abundante felicidad a los que. Una era una mujer de mediana edad. abriendo la boca. había empezado sus regímenes a los trece años. obesa. sin detenerse. señora Carmen. Y riendo. mejor dicho. o una amiga. reírse. Como si tal cosa. sin complejos. gorda. hija! —Hola. sin medias tintas. las frustraciones. estoy muy bien —afirmó ella. Después. como ella. —¿Cómo estás? ¡Tienes mucho mejor aspecto! Mentía. pero estaba igualmente gorda para sus años. porque era más joven. con sólo un par de kilos de más. —¡Loreto. con unos brazos rollizos. y todavía no hace nada de calor. de las que medía el doble de ancho que de alto. Felices. por si veía un taxi. darle lametones al helado. pero no era una mujer chismosa. un vientre abultado y dos gigantescos senos que semejaban globos de carne aposentados en él.50 (Negras: Reina x h5) Al salir del ascensor y asomarse al portal. Lo más curioso era que iban por la calle comiéndose un fantástico helado. con la diferencia de que. que no ocultó su alegría al verla. Luego caminó hacia la izquierda. mucho más joven. Reían sin parar. Salió a la calle. unas piernas enormes. Sabía que sus padres estarían asomados al balcón. absoluta y rematadamente gorda. a causa de ellos. alejarse. se encontró con la portera. como cualquier vecina de las que la conocían de toda la vida. ¿verdad? —Muy buena. el detonante. lucía un espléndido escote.

—lamentó de pronto. no estaríais.. Ahora sólo contaba Luciana. Lo justo para ver a su padre y a su madre allí. abre. comer y devolver. La voz de Cinta sonó por el interfono. Levantó una mano al ver el primer taxi con la luz verde iluminada en la capota.. —¡Jo. Santi apareció en el pasillo. y en nada más. Mejor. Era como si el futuro se concentrara de pronto en ese punto inmediato. en calzoncillos. tío. el delicado equilibrio de todo un mundo que acabó convergiendo exclusivamente en sí misma y en sus dos únicas acciones. sí miró un instante a su casa. observando sus movimientos con atención. Y le dio la espalda a las dos mujeres obesas. quietos. Subió al piso y al salir del ascensor se encontró con la puerta abierta. y así. —¿Sí? —Soy yo. Entró. el progresivo hundimiento de su ánimo. las ganas de morirse. Cinta no estaba. —¡Taxi! Y cuando se metió en él. Los tres juntos podrían pensar en hacer algo. Saber. y apoyarse mutuamente. al balcón de su piso. el inexorable declinar hacia el abismo. 51 (Blancas: g4) Máximo llamó al portero automático y no tuvo tiempo de preguntarse si había cometido una estupidez yendo hasta allí. Apartó esos recuerdos de su mente. Eso quería decir que Santi estaba allí también. —Oye.culpabilidad. el hallazgo de los vómitos como remedio para su hambre. casi sin darse cuenta. . Por lo menos podrían compartir la inquietud. «¿Nos?» Bien. como hacían a cada momento fingiendo no hacerlo desde que la crisis había sido ya tan irremediable que el desenlace parecía aterradoramente próximo. Tenía que verla. menudo susto nos has dado! —exclamó la voz antes de oírse el zumbido de la puerta al ser abierta desde arriba.

¿Y vosotros? —Tampoco sabemos nada. —¿Y Cinta? —Vistiéndose. Cinta salió de su habitación acabando de abrocharse los vaqueros..—Sí. Cinta volvió a dejarse caer sobre la butaca. He estado en casa. nada. ¿no? —le reprochó Cinta—. ¿Sabes algo? —No. hasta que Máximo repitió la pregunta. ya le he dicho a Santi que he estado en casa. pero como no esperaba a nadie y menos a esta hora. Llevaba una camisa suelta por encima. —Vale. —no encontró la palabra adecuada para referirse a su estado. Pero no se movió. vístete. pero ésta no llegó. Y Santi se cruzó de brazos. . —Oye. —¿Qué hacemos? 52 (Negras: Reina g6) Vicente Espinós levantó el auricular del teléfono y marcó él mismo el número del hospital.. y los tres se miraron de nuevo el uno al otro. —¿Habéis dormido? —Éste. aunque no sé cómo ha podido —dijo Cinta señalando a Santi con el dedo. El sonido del disco al girar en el viejo aparato. hombre —suspiró Santi—. —Ya. —Como nosotros —terminó Santi. Sólo hubiera faltado eso. Máximo esperó una respuesta. —¿Qué hacemos? Estaban en la sala. —Yo es que estoy como. —¿Sabes algo? —repitió la pregunta de su novio sin darse cuenta. vale... un poco. y no he querido llamar al hospital para no tener que explicarles nada a mis padres. A ver si aún vas a tener que salir por la ventana. —¿Creíais que eran sus padres? —Ellos tienen llave. Para eso estamos. —No.

—Pues con alguien que atienda a Luciana Salas. de nariz prominente y ojos saltones. un buen policía. Se echó hacia atrás y recapituló por el breve recorrido del día en busca de Policarpo García. —Soy el inspector Espinós. Ahora está estabilizada. —¡Roca! —llamó de pronto. o tal vez fuera que él se había quedado pensativo sin darse cuenta mucho más allá de lo calculado.extrañamente audible. por favor. Llegaría lejos. —Vea. jefe —dijo su subordinado dando la vuelta a la mesa para situarse frente al mapa de la ciudad que presidía la pared—: El Calígula Ciego está aquí. —Inspector Espinós. alias el Mosca. . No tuvo que esperar demasiado. hazme el favor —le pidió. como si los sábados ellos. Ni siquiera preguntó quién era. Llamaba para saber el estado de Luciana Salas. Se los sabía ya de memoria. Era la hora de moverse. Desde luego no se trataba de la madre de la chica. de la nueva escuela. aunque hemos estado a punto de perderla hace un rato. tuviesen vacaciones. Colgó el aparato y miró los nombres anotados en su libreta. Lorenzo Roca apareció ante él. —¿Hospital Clínico? —dijo una voz. jefe. pero tenía futuro. —Gracias —suspiró. los protectores de la ley. con hijos. La tarde enfilaba su última hora y pronto anochecería. —Mírame dónde están esos cinco locales. eso sí. señor. pero los repitió una vez más. —¿Luciana Salas? Un momento. —Enseguida. Lorenzo Roca reapareció frente a él en un tiempo inusitadamente corto. Con el doctor Pons. Casado. Lo vio alejarse en dirección a su mesa y coger un listín telefónico y una guía de calles. —Sigue igual. Era alto y delgado. los que había copiado del listado hallado en la habitación del Mosca. y que no había mucha gente en comisaría. Una voz femenina tomó el relevo de la anterior. —El doctor Pons ha salido ya. señor inspector. le hizo recordar que era sábado por la tarde. no se retire.

La Mirinda. zapatillas deportivas a la última. ¿no? Los hay que. irisadas o plásticas. —Sí. el Marcha Atrás. Pero se sintió cerca de su objetivo. Se podían recorrer en una noche. claro —Roca hizo ademán de alejarse. Esperó. aquí. Todo dependía del Mosca. algún tatuaje ya visible. ajustados y andróginos. fluorescentes. dispuesta a machacar toda energía. —¿Puedes averiguarme algo más acerca de ellos? Horarios y todo eso. —¿Algo más? —No. aquí. alias el Mosca. 53 (Blancas: f3) La música mákina. —Antes da aviso de búsqueda de Policarpo García. el bakalao puro. metalizadas. cazadoras bombers. Lo había tenido desde el mismo momento de asomarse al lugar y ver la cantidad de gente que se movía en él y escuchar su música. Cuerpos embutidos en jerséis de lycra y pantalones de nailon cortos o largos. con muchas cremalleras. atronaba el lugar con una amplitud decibélica ensordecedora incluso para él en sus circunstancias... clase de público. Cuerpos que eran como modelos individuales de la gran fotografía clónica de la especie. por si aparece por su habitación. el recuerdo constante de Luciana en el hospital y una noche casi en vela. No estaban lejos unos de otros. Luego agregó—: Vaya nombres. etcétera. colores vistosos. aplicaciones holográficas. cabellos «divertidos». tanto como cabezas peladas o con una leve capa de pelo. —Espera. Tenía un presentimiento. el Popes. gafas de plexiglás. desordenados y locos. Lorenzo Roca volvió a dejarle solo. y el Peñón de Gabriltar. bolsas en bandolera.. mochilas de charol a la espalda.. con sus cámaras de aire que . aquí. Tráeme esos datos cuanto antes. en punta o dejando espacio a la imaginación. y envía un coche para que vigilen discretamente la pensión Costa Roja. Allí había de todo. aquí —y dio por concluida la señalización enfatizando las dos sílabas del último «aquí». con la presión de lo sucedido.

Raúl no era de los que se detenían más allá de cinco minutos. y lo encontró sin problemas. Cuando llegó a la escalera subió iniciando ya el reconocimiento de lo que quedaba abajo. lo justo para beber algo. porque por todas partes había columnas. Siempre les había hecho gracia. un loco de la mákina. él mismo tal vez habría estado allí abajo. enrejillada. No. un perfecto modelo de genuina estirpe. Vivía por y para el fin de semana.permitieran variar la presión y situarla en el tono ideal para bailar techno. peinar la enorme nave abandonada de forma rigurosa. y a otro que se movía con los ojos cerrados. Todo se le antojaba artificial. brazos en forma de aspas de molino. desde arriba. de no haber sido por el estado de Luciana. Le pareció que los cuerpos. con ella y con todos los demás. se retorcían en un infierno sin fuego. a golpes. o tomarse alguna porquería que le permitiera seguir y seguir. La gran pista de baile. y esquivar a uno que ya llevaba la tajada encima. . Pero desde luego ahora lo veía de otra forma. Incluso a él. o se cruzaran sin darse cuenta. Hasta Máximo era un chico normal comparado con él. orinar. Era el marco ideal para el loco de Raúl. Dos escaleras con peldaños de hierro subían hasta un primer piso del cual salía una plataforma metálica. No podía sentirse juez de nada. viejas máquinas. bailando igual que si estuviese en medio del desierto del Sáhara. que corría paralela a una de las paredes longitudinales. La ventaja era que aquello no era una discoteca al uso. para que Raúl no se le escapara por un lado mientras él estaba por el otro. La suma expresión de lo sintético. Eso y las pastillas. Un perfecto punto de avistamiento. La desventaja era que podía tener una docena de rincones ocultos. house. Buscó algún sitio alto. Era una isla entre dos fines de semana. Eloy trató de seguir un plan. El resto de los días no existía. bailando. Era un loco del baile. rave. La moda de los partys privados ya no dejaba rincón virgen por descubrir. Tuvo que dar algunos codazos. restos de su antigua función de fábrica. barras de bar improvisadas. sonreír a un par de monadas que le sonrieron a él y luego se pusieron a cuchichear en voz alta sin disimulos. Sin embargo. con poca luz. Con otro sentimiento.

cuarenta y ocho o setenta y dos horas sin dormir.Buscó a Raúl. Eloy buscó un par de puntos de referencia para situarle y fue hacia él. hasta que empezaron a dolerle los ojos. la voz de Cinta sonó como un disparo. ni cambiar. casi en el centro de la pista. sólo dejarse llevar. o a mí mismo. No había necesidad de pensar. bajo el mismo influjo hechizante. —Si muere. los sumergía en un mundo en el cual no había ideas propias. y pasó los siguientes tres minutos mirando debajo de forma sistemática. de pronto. o a Máximo. —¿Qué excusa es ésa? . Le tocó a ella por un golpe de mala suerte. Porque de pronto lo vio. para eso estaban las pastillas. Claro que allí habría cien o doscientos Raúles y Raúlas. 54 (Negras: Caballo c7) En el silencio de la sala. bailando como un loco. La masa humana se movía al mismo compás. los popperazos. Estaba allí. —Nosotros lo hicimos. Cada cual tenía su rollo. Y cuando el cansancio podía con todo. calculada. y muy especialmente hipnótico. y llevar. —Te podía haber pasado a ti —le dijo Santi—. magnético. y llevar. También eso debía resultar fácil. el eva. los speeds. como si acabara de empezar en lugar de llevar ya casi un día en ello. una larga lista de posibilidades para mantener el cuerpo en forma y aguantarlo todo. Esas cosas pasan. muy mayor. los globalizaba y los unificaba. Siempre iba a la última de su rollo. Lo curioso es que antes no le daba importancia. los ácidos. Sólo hasta entonces. colores. con el mismo ritmo. Llegó a la plataforma. las anfetas. Raúl. Santi y Máximo fueron alcanzados por él. incluso carca? Había leído que el bakalao gustaba a los adolescentes por esa razón: los hipnotizaba. Se miraron el uno al otro. era como si se sintiese viejo. el éxtasis. El espectáculo resultaba enorme. —Sí lo es —Cinta le atravesó con una mirada de hierro. absolutamente todo durante veinticuatro. ¿Por qué. sensaciones. —No es cierto —articuló Máximo. la habremos matado nosotros —continuó Cinta.

—¡Prácticamente se la pusimos en la boca!. Los ojos los tenía fijos en el . Fuiste tú. a modo de pantalla. y ya está. —Ya sabes cómo es Luciana. que no salgamos de casa por si nos atropella un coche? — manifestó Máximo. Al respirar. y después me decidí yo. el que lo lió todo fue Raúl. Como si fuera un accidente. lo reconozco. nada más. pero sin mirarle a la cara. —Todos tomamos una. —¿Queréis responderme? —exhaló ella revestida de una falsa paz. ¿o no? —A ver si te va a dar ahora la neura —continuó Máximo dirigiéndose a su amiga. ¿vale? Cinta fulminó a su novio. —Le gusta hacerse de rogar. Cinta lo rehuyó. —Se hizo un poco la estrecha. —Eso. —No. —Ha sido un accidente —puntualizó Santi. Máximo —volvió a hablar Cinta después del puñado de frases sueltas de ellos dos—. puedes coger algo con la porquería que hay en el aire. —Ella no quería tomarla. cálmate —le pidió Santi yendo hacia ella. encima! —Tú fuiste en busca de Raúl. Siempre nos arriesgamos. al camello. pero no vengáis ahora con excusas. pero no sirve de nada castigarnos en plan masoca. y todos somos responsables aunque ninguna justicia nos acuse. —¡Sí. —Así que tenemos que olvidarlo y ya está. —Pero la tomó. con todo. —Uno hace cosas. —¿Qué quieres. —Y todos nos sentimos mal por él —le apoyó Máximo—. hombre. —Además. ¿lo has olvidado? —elevó la voz la chica. para que te pasara algo. —Vamos.Ninguno de los dos le contestó. y luego Raúl trajo a ese tipo. no voy a escurrir el bulto. y no la obligamos —insistió Santi. Puso las dos manos con las palmas abiertas por delante. Todos estábamos allí. Se arriesga —dijo Santi—. ¡yo!.

hasta que él se dio cuenta de ello. y vuelta a las pastillas de nuevo de madrugada. no trabajaba. temieron la inminente explosión que iba a llevarles de nuevo a la crispación. Lo aprovechó para intentar sacarlo de allí. pero sin dejar de moverse. en el abismo abierto entre ellos. por lo de reírse y no parar de moverse. No sabía de dónde las sacaba. Continuó llevándoselo de allí. abrazándolo. y le pareció tocar un arco voltaico rebosante de electricidad. inhaladas en polvo o disueltas en alcohol. que las emociones volvían a flotar. Lo reconoció. Muy calmada. eh! ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí? ¿Están todos? ¡Puta madre!. —¡Eh. Eloy no pudo hacer nada para evitarlo. porque. quizás. Toda la tensión que sentía se expandió con ese gesto. El muchacho se volvió. Pero los dos sabían que no era así. que eran sus efectos. 55 (Blancas: Torre h1) Le puso una mano en el hombro a Raúl. para darle a las pastillas de éxtasis de madrugada. a salir por los resquicios y las grietas de su ánimo. para aguantar definitivamente la subida final del domingo. —¡Eloy! Y se le echó encima. Aquella noche podía seguir con speed. la huella de las hormigas mordiéndole el trasero. siguiendo el ritmo.suelo. el rostro congestionado. Raúl se gastaba de veinticinco a treinta mil pesetas cada fin de semana en toda esa porquería. Probablemente habría empezado con alcohol el viernes por la noche. tío! Estaba muy pasado. tal vez un poco de coca aquella misma mañana y ahora. Y tanto o más que la verdad de las palabras de Cinta. sólo que entonces comidas. acabara de pegarse un popperazo. abarcando un enorme radio en torno a sí misma. desde luego. —Estoy muy calmada —dijo—. Raúl tenía los ojos muy abiertos. . quedó frente a él. ni para apartarlo. la energía de cuanto llevara en el cuerpo disparando todas sus reservas. ¿no? ¡Puta madre. La cuenta atrás fue muy rápida. muchísimo.

Eloy no se detuvo hasta haber andado unos veinte metros. en una zona en la que no había nadie cerca. pero en su estado las cosas difícilmente le entraban a la primera. Tal vez ayude a Luciana. sujeto por Eloy. Entonces empujó a Raúl contra la pared. Luego salieron fuera. qué morro! —¿La tienes? —gritó Eloy. me has hecho daño! —protestó el chico aún riendo. —¡Fuera! Continuó riéndose y bailando. esto es serio —dijo Eloy—. joder. Atravesaron la marea de cuerpos sudorosos bajo la cortina sónica y llegaron a la puerta. No. aunque ahora. —¡Eh.. —¡No! —por primera vez Raúl dejó de reír. a la derecha de la nave. —Pero. ¿Qué pasa contigo. más bien parecía un muñeco articulado. —¡Eloy. Alguien les puso un sello invisible. Necesito una de esas pastillas.. —Raúl. Su rostro se convirtió en una mueca. por la mierda que os tomasteis anoche! —Jo. eh? —Luciana está en un hospital.. tío! —Vamos fuera. pero ya no se resistió. Se movía sin parar. —¡Luciana está en coma en un hospital. pero sus fuerzas estaban encaminadas a esa acción. en coma. no a intentar detener a Eloy. y menos a resistirse a su furia.? No pudo evitarlo. —¿Tienes una pastilla como las que tomasteis anoche? —¿Para eso me sacas fuera? Jo. ya no reía. para poder volver a entrar.. —¿Qué? Lo había oído.. tío —parpadeó. una marioneta. . aunque los ojos siguieron desorbitados y se le quedó un tic en el labio inferior—..—¿Qué haces? ¿Adónde.

escapar. Máximo ya no hablaba. vas a hacer que todos los vecinos se enteren y te caerá una buena! —¡Yo no quiero que se pase el resto de la vida así. Ahora ya no sentía ganas de hacerlo.. Él sí tiene pastillas de esas. aunque en parte había seguido haciendo aquello por la misma razón del comienzo: no quedarse quieto. . Eloy volvió a mirarle. Santi era el que intentaba calmarla.. ¡Los médicos no saben de qué estaba hecha! A lo mejor. empeñado en una búsqueda extraña. No sentía nada. moverse. en una cama! ¡No lo resistiré! —¡Cinta! —¡Hoy teníamos que ir a ver la última de Brad Pitt! ¡Y está allí! ¡Y a lo peor ya se ha muerto! ¡Y yo no quiero que se muera! ¡No quiero! —Dale algo. el camello. tenía miedo de que a Cinta le diera un ataque de histeria imparable. —¡Dios mío. de todas las frustraciones.. dónde para ese tío. 56 (Negras: Reina x g7) No era una pelea. La misma voz del caído se le antojó muy lejana cuando dijo: —Oye. sé. Eloy apartó sus ojos de él. probablemente inútil... sin mucho éxito. ¿Lo mismo que Raúl? No. Comprendió que estaba dando palos de ciego. —¡Por favor. toda su frustración. descargar su ira. Había deseado pegarle.! —gimió Raúl resbalando hacia el suelo de espaldas a la pared. era distinto. Todas las que quieras. Luciana. Cinta. de toda la impotencia. hacer algo. era más bien la liberación de todas las tensiones.—¿Ayudarla? ¿Cómo? —¡No lo sé! —se sintió desfallecido—. tú —pidió Máximo..

? Iba a volver a llorar. Como si no hubiera nadie. abandonándose por completo.. grito! —anunció Cinta. y la tercera. hombre! —protestó Santi—. —¡Mierda! —llegó al límite Cinta—. ¿Qué te crees. Les paralizó el corazón. —Serán tus padres. —¿Cinta? ¡Maldita sea. Vaciló durante el sexto zumbido. ¿están contigo Santi y Máximo? . —No —susurró Máximo. —Es del hospital —balbuceó Cinta.—¡Sí. Cinta se movió hacia el aparato. Ella atrapó el auricular con la séptima señal. —Deberíamos llamar al hospital —propuso Santi. que yo vivo aquí y sé dónde está todo? —¡Si me tocáis. Máximo se apartó aún más. —¿Sí? —musitó débilmente. —Déjalo —dijo Máximo—. ¿Por qué lo hicimos? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué. y tras la primera señal. fingiendo que no ha pasado nada? ¡Pues ha pasado! —¡Yo no digo que no haya pasado. como ha dicho antes Santi. dejándose arrastrar por los nervios.. El timbre sonó por cuarta vez.. Seguro que ya está bien y nosotros aquí. —el primero en hablar fue Santi. y en ese momento sonó el teléfono. indicando así que no podía cogerlo él. Se miraron entre sí. asustado por el estado de su novia—. —¡Cobarde! —le insultó Cinta—. Y por quinta. sólo digo que así no resolvemos nada! —¡Cállate! —ordenó ella. asustados. y la mente. El zumbido los alarmó a los tres. —Si lo sé no vengo —rezongó. —Oye. llegó la segunda. ¿Vas a pasarte el resto de la vida ignorando esto. Sus palabras los atenazaron aún más.... seguro —insistió Santi. Tal vez sea un vecino. creí que no estabais! —¿Eloy? Los otros se le acercaron. —Son tus padres.

Pero Loreto logró sobreponerse. Pero yo no puedo ir solo. Norma. —¿Tú cómo estás? —Si es que estas cosas. a su lado. El efecto apenas duró unos segundos. por Luciana. a pesar de que Norma ya la había advertido de lo que iba a encontrarse. Ahora todos tenían algo que hacer. Cinta miró a los otros dos. La madre de su amiga la abrazó. acabarían todos llorando de nuevo. al ver la imagen de su amiga postrada en la cama.. con los padres de ella. El mazazo aún expandía ondas paralizantes a todo su cuerpo. A través de los ojos le llegaba la crudeza de una realidad superior a sus fuerzas. pero tampoco sintió nada. hija! —exclamó Esther Salas al verla. Se levantó y fue hacia ella.—Sí. tenemos que ir todos. hizo un ademán como de ir a sostenerla. mientras hablaba. Loreto se quedó sola con el cuerpo de su amiga. . hablándole. ¡Sé dónde encontrar al tío que os vendió anoche las pastillas! ¡Necesitamos una!. sin embargo. casi sin darse cuenta. El choque. extendiendo una mano y pensando que en su estado de debilidad el impacto tal vez fuese excesivo. aturdiéndola. Loreto apenas si pudo dar unos pasos. 57 (Blancas: Alfil x g7) Al entrar en la habitación de Luciana. Por pequeña que sea la esperanza de que eso la pueda ayudar. ¿vale? Hay que intentarlo. fue brutal. —Ya ves. Norma logró arrastrar a su padre y a su madre fuera de la habitación. Después. no tenía ojos más que para Luciana. Loreto. Luis Salas también se puso en pie. Escucha.. El padre le dio un beso en la mejilla. comprendiendo que si seguían allí. os necesito y rápido.. Por fin. El cuerpo. —¡Bien! —los tres le oyeron gritar por el pequeño auricular telefónico—. —¡Oh. pero no sintió nada. —¿Dónde estás? —quiso saber. Era el único puente con un exterior que de pronto la bloqueó.. La histeria desaparecía. hija.

pero tú tienes que seguir viviendo para estar a mi lado. las acariciaba. 58 (Negras: Caballo e8 . destacaba como una obra de arte en medio de un horror. entrar. ¡vuelve! Lo he hecho por ti. Luciana. ¡Luciana!. Luciana flotaba en una dimensión desconocida. Las uñas perfectamente cortadas eran la mejor prueba de ello. Hagamos un pacto. aunque estalle. bEn otras circunstancias hubiera sido un juego.Tardó en sentarse en la silla. Cuando jugaba al ajedrez. aunque me convierta en la mujer más gorda del mundo.. por favor. si me dejas.. entre las suyas. Loreto. Por favor. vuelve. No te mueras. y lo he hecho por ti. Javier caerá rendido a tus pies. buscó su mano libre. ella se habría hecho la dormida y. Finalmente. aquella en cuyo brazo no había ninguna aguja clavada en la carne. probártelo y ¡zas! El dinero de la escapada de fin de semana convertido en arte sobre ti. ¿sabes? —Loreto cerró los ojos y se dejó arrastrar por el dolor—. Y lo hizo por debilidad. —Sin ti no lo conseguiré.. —Por favor. Quiero que sepas que hoy no he vomitado. Siempre se las había cuidado mucho.Blancas: Alfil h8) Te sienta tan bien este conjunto. . La inmovilidad de la enferma le pareció aterradora. Lástima que eso fuese poco antes de que empezases a caer en picado. Luciana. Yo comeré. con los dedos deformes por los ácidos estomacales. Esperó unos segundos. Luciana tenía las manos más bonitas que jamás había visto. La mano de Luciana. ¿vale? Un pacto. junto a la cama. igual que si temiera despertarla. y no volveré a vomitar. No me dejes sola ahora. —Luciana.. estarás arrebatadora.. ¿Qué te parece? No he vomitado. uno a uno. Luciana.. más que por el hecho consciente de estar más cerca de ella.. de pronto. Y con unos kilos de más. —susurró. por ti.. Por ti. créeme. más que mover las piezas del tablero.. no te vayas —suplicó muy débilmente—. Pero ahora no voy a poder seguir si tú te vas. ¿me oyes? Vuelve. Ahora no era un juego. preciosa. porque sintió cómo las piernas se le doblaban. y se la cogió con toda la ternura del mundo.. Y lo sabía. Le acarició los dedos. Me alegro de que te lo hayas puesto. ¿Recuerdas el día que lo compramos? ¡Qué locura! Fue verlo. le habría saltado encima haciéndole cosquillas. por ti.

Entiéndelo. sé que lo haces. pero es como si hubiese una distancia de millones de kilómetros. en esta tierra de nadie. se detuvo en la misma puerta. En cambio. me alegro de que me hables de vivir. háblame.. Una partida de ajedrez sin fin. no en dirección a la barra. y se apoyó con cansancio sobre el mármol de la mesa. y no le hizo ningún gesto. sino hacia una de las mesas ubicadas en la parte posterior. os veo a todos. seguro. Loreto. ¿Me escuchas? Sí. tan relativo aquí. Un primer paso importante. 59 (Negras: f6) Poli García entró en el bar. Y creo que es esa ternura la que me retiene. Así que la ternura me ata a este lado del camino mientras la paz me llama al otro. Loreto. no dejes mi mano.. ¡Dios. los sentimientos están cerca. Ahora el siguiente te costará menos.. puede que me quede aquí para siempre. Loreto. No has vomitado. . y da igual el motivo: eso es que quieres salir del pozo. Bien. y no sé si estoy preparada para eso. ni abrazarte. Por mí. ¿vale? Esta noche darás el segundo. ¡ánimo! No has vomitado. de acuerdo. ni decirte lo contenta que estoy. Os oigo a todos. ¿Qué estás haciendo aquí? Claro que te escucho. hemos abierto una puerta. ni darte un beso. Háblame. ¿no es curioso? No quiero hacer daño a nadie. Ánimo. Pero también por ti. sentiré el dolor. no puedo moverme. pero aunque me gustaría. pero tal vez si conocieras esto dieses el paso. Cada voz. Todo es tan extraño. Loreto. Se sentó en una de las sillas de plástico. sin ganador ni perdedor. No sé.!. cada mirada. Esta noche tampoco vas a vomitar.Loreto. y miró en dirección a la barra. Loreto: si me muevo. y vivir. cada caricia.. ¡Bien! Es una magnífica noticia. cae sobre mí como un manto de ternura. El único camarero era Victorino. y menos a quien me quiere. así que acabó de traspasar el umbral y caminó unos pasos. Son como una ola de calor constante. Tablas eternas. ¿Y Eloy? ¿Sabes dónde está Eloy? Loreto.

sentado detrás de la mesa de su despacho. manteniendo su mutismo. Pero sí desapareció unos segundos por la puerta de atrás. tú. matando el tiempo de espera. a los retretes y. Fue otro gesto maquinal. —¡Eh. finalmente. miró hacia él y le hizo un leve gesto.. Poli cogió el ticket maquinalmente. Era un desgraciado. A Poli García no le gustó su tono. paga! Poli le lanzó una mirada de ira. a la cocina. a un par de despachos. El muy. Le detuvo la voz de Victorino. en la parte posterior. y tú eres capaz de irte por la puerta de atrás. con el pequeño ticket de la consumición al lado. Acabó llamando a Victorino para que le trajera una cerveza. Se metió por la puerta del fondo del local y fue tras los pasos del dueño del tinglado. Alejandro Castro ya lo esperaba. Esperó casi cinco minutos. tal cual. Alejandro Castro acabó asomando la cabeza por la misma puerta. No tenía cara de buenos amigos. Todavía llevaba el ticket en la mano. Se la dejó sobre la mesa.. —¿Qué estás haciendo aquí? —le espetó sin contemplaciones el hombre. esto no es gratis. Uno tenía la puerta abierta. ¿no? —Mira.. No tenía agallas más que para ser camarero. Se le hicieron eternos. para regresar al instante. —¿Qué pasa? Tengo que volver a salir. Muy adecuado. . La cerró y cubrió la breve distancia que lo separaba de la única silla libre frente a la mesa. Entró.. Sacó dos monedas de cien pesetas y una de veinticinco y las dejó en el plato. Allí había un pasillo que daba al almacén. Jugó con él. Tener mesas con la superficie de mármol y sillas de plástico era un antagonismo muy propio de Alejandro Castro. pensó. El ticket se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta. ni durante ni después de servírsela. No hacía falta. Lo único que quería era pasar de Victorino. ni antes. enrollándolo. hablar con Castro y largarse de allí cuanto antes. más bien de todo lo contrario. así que. El camarero no dijo nada.circular y castigado por miles de partidas de dominó. Poli se levantó con la intención de ir tras él. pero no miró el importe. En la parte superior estaba escrito el nombre del local: Bar Restaurante La Perla.

. —¿Qué? —Recógelo y sal a vender. —Poli. desapareces unos días. ¡Ya me están buscando! —¿Cómo que te están buscando? —He ido a mi pensión y la dueña me ha dicho que uno que conozco. pero sin pestañear. No tocó el paquetito. El otro valoró debidamente la información. Sé de qué va. ¿Cuánto me debes? ¿Lo tienes? Yo también tengo mis . —¡Esto es diferente! —No grites. El doble. Cada día mueren drogatas. —¿Y qué? —acabó diciendo. dieciséis o diecisiete años.—Esa cría está en coma —le dijo. —¡Y una leche. y una docena de chicos y chicas sufren comas etílicos o golpes de calor o lo que sea. —Será una casualidad.. yo me abro. si quieres. tú. Al traficante se le acabaron de endurecer las facciones. —¿Sabes lo que eso significa? —se movió inquieto en la silla el camello—. y la policía montará una de las suyas. andaba tras de mí. quince. casualidad! —Te han detenido otras veces por camello. así que.. —Mira. y un paquetito del otro. Nunca pasa nada. dos mil y cinco mil de un bolsillo. He venido a devolverte las pastillas y a liquidar. Los periódicos van a meter bulla. Vicente Espinós. —¡No puedo! —Acaba eso —señaló el paquetito—. y sin chorradas.. ¡Van a remover cielo y tierra por su culpa! —Oye. me estoy hartando de ti. ya sabes. —Castro. Alejandro Castro cogió el dinero. —Esto es diferente —repitió cambiando la voz aunque no el nerviosismo—. Sacó un montón de billetes de mil. No me jodas. Era una cría. Poli. y luego. Poli. tranquilo —Alejandro Castro le apuntó con un dedo—. Castro. Lo puso todo sobre la mesa. Anoche Pepe vendió el doble que tú. —Recógelo —ordenó. Y no pasa nada.

sin llamar. su extraña indefensión. El periodista no contestó. Si tienes miedo. ¿Lo has entendido? Lo había entendido. ¿te enteras? No puedo parar el negocio ni cerrar sólo porque una cría tenga un mal viaje. con los ojos arqueados. —Si te cogen. pero seguía sin gustarle. —Las dos piernas rotas o tu cadáver en una cuneta son un mal rollo —le aclaró Alejandro Castro. . se advertían detalles importantes en ella. Aun en su estado. y mis obligaciones. ni a dejarme colgado a mí..problemas. Por eso tienes que acabar hoy con lo que te queda y en paz. antes de volver a examinar las pruebas que tenía delante. porque esto es una cadena. ojos cerrados. —Muy contento vienes tú —le dijo. cincuenta mil pastillas. Apretó las mandíbulas al hacerlo. —Si me cogen. —suspiró. su juventud. frente a sus ojos. boca abierta. y mañana desapareces unos días. no vas a dejarlo hoy. Yo tengo quince kilos aquí. Pero precisamente porque es sábado. 60 (Blancas: Torre x h6) Mariano Zapata entró en el despacho con una amplia sonrisa en su rostro. Pero salvo que lo hagan con una pastilla igual a la que tomó esa cría encima. Y he de cumplir con otros. ya te lo he dicho antes. Y no voy a tirarlas por el retrete. —¡Coño! —exclamó. véndelo todo esta noche. llena de tubos y agujas. Poli recogió el paquete y se lo guardó de nuevo en bolsillo. Así que tranquilo. —Esto es un mal rollo —rezongó. su belleza. la fotografía de Luciana. Gaspar Valls levantó la cabeza y le lanzó una mirada fugaz. Le fue imposible apartar los ojos de aquella imagen en los segundos que siguieron. ¿eh? Poli se puso en pie. sabes que te mandamos un abogado.. no van a poder tocarte un pelo. Incluso alguien tan experimentado y con tantos años de profesión a sus espaldas como Gaspar frunció el ceño. Estaba de todo menos tranquilo. que para eso es sábado. Puso sobre la mesa.

Ya casi está. nos cubrimos de gloria. ¿nos la jugamos? —Sí. —¿Seguro? —Bueno —no entendió su prevención—. Antes quería ver cómo salían las fotos.. La noticia sería distinta. Sólo que no querrás que esa infeliz la palme únicamente para tener esa exclusiva y una portada. . —Así. pero también su superior—. ¿y tú me lo preguntas? Es una cuestión de ética. Aquí aún tenemos un poco de eso. y en el extranjero. con dos pares de. Sabes perfectamente lo que vende y lo que no. —Con lo que haga falta —el periodista apuntó la fotografía con el dedo índice de su mano derecha—. Esto es dinamita.. ¿qué te apuestas? —¿Y el texto? —Me pongo a ello enseguida. —¿Tienes el permiso de los padres? —No.—¿Es de portada o no? —le retó Mariano Zapata. Nos la van a quitar de las manos. —¿Ella sigue en coma? —Sí. Era una pregunta. —Antes de llevarlo a máquinas. —No seas bestia. Si esa chica mañana está bien y salimos con esa foto en portada diciendo que está así. Gaspar Valls levantó la cabeza. y lo que puede ir en portada y lo que no. Mariano. asegúrate.. lo publicamos igual. nada más. pero dentro. —¿Por qué? ¿Qué tiene que ver que pueda salir del coma? —Vamos. —Entonces. Saldrá en toda España. hombre —le reprochó su compañero. —No veo la diferencia —arguyó el periodista. claro. lo estaba cuando le hice las fotografías. hombre. —¿Y si muere? —Entonces es una gran exclusiva —reconoció Gaspar Valls—.. nada más. Si se pusiera bien. ¿verdad? —No.

por favor.Lo observó de hito en hito. llévate eso —le tendió la fotografía aun sabiendo que tenía varias copias—. Salió por la puerta a buen paso. Gaspar lo detuvo. —Hospital Clínico. —¡Eh!. en el último minuto. ¿para esto? —soltó un bufido de sarcasmo—. —Sigue igual. no se retire. Y a ti te impactaría más si tuvieras hijos. unos largos segundos. El corazón se le aceleró en el pecho a medida que se aproximaba el momento de la verdad. ¿dígame? —La familia de Luciana Salas.. ¿verdad? —Ya lo creo que impacta —asintió Gaspar—. como si dudara de su afirmación. Hasta luego.. —¿Sí? —Soy Eloy —cerró los ojos y mantuvo todo su ser en vilo. Hizo ademán de irse. De pronto escuchó la voz de Norma. e introdujo una moneda de cien pesetas por la ranura superior del aparato antes de marcarlo. Esperó. —De acuerdo. y así nos curamos en salud. —Impacta. No sé si sigue en la UCI o está ya en una habitación. No tuvo que preguntar nada. pero se mantenía alerta por si acaso. —Tener hijos. Casi un minuto después Gaspar Valls seguía mirando esa puerta sin poder volver a concentrarse en el trabajo. Quiero dormir esta noche. Tuvo que pasar otro filtro más. 61 (Negras: Torre x d4) Eloy repitió una y otra vez el número de teléfono que acababan de darle en información. —Tú llama al hospital antes. —¡Ah! —¿Dónde estás? . Santi y Máximo. no apartó los ojos del cruce donde había quedado con Cinta. Mientras lo hacía. Aún era pronto para que apareciesen. —Espere.

déjalo. Eloy. por no decir mucho —plegó los labios Cinta. —Dile que la quiero. 62 (Blancas: Alfil x f6) Fue al detenerse el taxi en un semáforo cuando Cinta rompió el silencio.. —Lo haré. aunque. con Luciana medio muerta. —¿Miedo? . ¿eh? Yo creo que. —Esto se corta. Ahora está Loreto con ella.. —Los médicos están bastante despistados. Sale del hospital esta mañana hecho una furia. Si conseguimos una pastilla de esas. —¿Por qué? —preguntó Santi. —¿Qué? —Es igual. Se quedó con el auricular en la mano y la señal de la línea cortada zumbando entre los dos. ¿no? —manifestó Santi. —Adiós. —A mí me da un poco de miedo. Y ya no tenía más que decir... —¿Tú qué crees? —lo dijo como si pareciera evidente—. adiós. y se mete a buscar al tío que anoche. —Vale. El teléfono se puso de pronto a dar señales de que el dinero se estaba acabando.. —¿Por qué? —Ando detrás del tío que les vendió esas mierdas. —¿Loreto? —Ha venido.. —Eres increíble.. Llenó los pulmones de aire. —Pero díselo. tranquilo. —Pero tiene razón —intervino Máximo—. Supongo que no es más que una forma de hacer algo.. —Eloy es alucinante.—No te lo creerías —suspiró. sí. —miró al taxista y no siguió hablando.

¿qué te crees. ¿no irás a pensar que Eloy. después. le dices que necesitas otra pastilla para ver si así me salvas o le das de hostias? Santi parpadeó.? —dudó Máximo. así que normalito sí va a estar. Ese pensamiento los mantuvo en silencio en los instantes siguientes. —aventuró Máximo. bastante rato.. ¿Crees que el tío va a estar tan normalito? —De entrada. Cinta se la acabó devolviendo. 63 (Negras: Torre f4) . —¿Y si lleva un arma? —Oye —Máximo miró a Cinta—. ¿Te imaginas con ese camello? Cinta volvió a mirar al taxista. —Esas personas son peligrosas —advirtió Santi. que esto es Nueva York o qué? —Bueno. —¡Eh!.. —Pero lo importante es conseguir esa pastilla —convino Santi. ¿Qué haces. —¿Has visto cómo se ha puesto Eloy esta mañana con nosotros? —puso el dedo en la llaga Máximo—. sea como sea nosotros somos cuatro —terció Santi.. el tío no sabe que tú estás en coma —dijo Santi—. y tú te encuentras cara a cara con el tío que me ha dado eso. —¿Ése? No era más que un mierda —dijo Máximo con desprecio. La detuvo sobre ella. El taxista les lanzó una mirada distraída por el retrovisor interior. si es que Eloy tiene la suficiente sangre fría como para esperar. El taxi se paró en un nuevo semáforo. —¡Vamos ya. casi todo el que duró la espera ante el semáforo. y el hombre retiró sus ojos. —Sólo digo lo que hay —repuso Cinta. que está en verde! —protestó levantando una mano en dirección al vehículo que le precedía. Está loco por Luciana. no somos héroes de cómic —dijo Cinta. —Ya. Parecía muy ocupado controlando el tráfico de última hora de la tarde. —Me sigue dando miedo Eloy.. —Oye.—Yo estoy en coma. —Otra cosa es que tras conseguir la pastilla. nos acercamos y le pedimos una.

qué estupidez. y que los otros tres llegaran de una vez para ponerse en marcha. Por eso les había citado cerca de su destino tras llamarles por teléfono. inquieto. Deseó no hacerlo. Volvía a moverse para no pensar.? La confusión lo invadía como una marea negra. Y el último. ¿Qué haría cuando lo tuviese delante? Lo más importante era Luciana. cuando tuviera que parar. Para eso se es joven. ¿Y si hubiera ido solo? No. y luego irían al hospital y llamarían a la policía. Por ese orden. el decisivo. Era como si la hubiese matado. Para eso y para desafiarlo todo. podría ayudar a Luciana a volver a la vida. Siguió caminando arriba y abajo. . ¿O no? Anduvo inquieto por la esquina. eran ellos.. Lo peor llegaría más tarde. ni siquiera esa ley. Aunque nada. se tragaría su odio.Por primera vez en todo el día. Se lo había repetido ya una docena de veces. aunque. Ellos y nadie más que ellos. ¿Por qué todas las reflexiones surgían después de que las cosas hubieran pasado? ¿Por qué los ataques de madurez. Probablemente ellos aún tardarían unos minutos. estaba quieto.. no era cierto. De entrada porque él no conocía al camello. apretaría los puños y las mandíbulas... Un idiota de diecinueve años. compraría una pastilla. y tomársela. darían con ese cabrón. para experimentar. Ningún taxi se detuvo en la calzada. No. aunque había llegado antes. Pero aquel cerdo era el causante de que ella estuviese como estaba. Los necesitaba. y. Parecía idiota. El camello no era más que un eslabón de la cadena.. conseguir una pastilla. Y también porque cuando lo tuviese delante. y Máximo sí. Ellos decidían comprar. para seguir activo. mientras los coches pasaban por su lado llenándole de humos y ruidos. y los sentimientos. Impregnándolo todo. Un juego divertido.. De acuerdo. sus deseos de venganza. para probar cosas. Demasiados. Existía la ley. y las prevenciones. Podía pensar. y el sentirse carca.

así que lo único. —Bueno —suspiró Cinta. Máximo fue el primero en bajar. pero esto es de Eloy. de verdad. después por el intermitente indicando que se detenía. . porque sentados detrás contó tres cuerpos. Incluso agradeció el contacto lleno de calor de Santi. ¿no? —dijo Santi mirando por la ventanilla.... ya me entendéis. —Todos estamos fastidiados —reconoció la muchacha—. —Va a ser muy complicado. Los dos chicos la miraron a ella. El taxi recorrió el último tramo de calle.. Santi estaba pagando la carrera... como si fuera la jefa o tuviera algo más que decir. —¡Ahí está Eloy! —Máximo fue el primero en verlo. Una vez que nos reunamos con Eloy. 64 (Blancas: Alfil e5) —Eso debe quedar por aquí. —Sí. Pasado el próximo semáforo. —¿De verdad? —Sí. no sé —hizo lo mismo Máximo. pero ahora al menos no se sentía como en su casa. tratar de que no haga nada. primero porque su velocidad decrecía. —Supongo. finalmente. No se habían tocado desde que estuvieron en la cama juntos. En fin. —¿Tú estás bien? —Santi le cogió una mano. 65 (Negras: Torre x f3) Eloy ya había visto el taxi. Cuando el vehículo se detuvo. —¿Qué hacemos? —quiso saber Santi al ver que su novia no seguía hablando. —Ahí delante —les indicó el taxista—. seguido de Cinta que iba en medio. No lo estaba. —¿Qué quieres que hagamos? —No sé. con aquella presión y aquel miedo. abrió la puerta.Entonces estaría probablemente tan muerto en vida como Luciana. y. pensando en Luciana.

Las diferencias de la mañana habían desaparecido. pero también por algo surgido más allá de ellas. —Vamos ya. Aunque eso aún no lo sabían. quinceañeros y gente así —le informó Eloy. —¿Seguro? —Raúl me ha dicho que sí. Le hubiera traído conmigo de no haber estado completamente ido. —¿Qué hacemos? Se miraron los cuatro. —Primero he estado en casa de Paco y Ana. tan sólo. igual que lo conocían todos los que compartían un mismo sentimiento común en la adolescencia. —¿Y de veras crees que saber lo que hay en una pastilla de esas puede ayudar a Luciana? —repitió Cinta la misma duda que aquella mañana. —No la conozco —plegó los labios Santi. sobre todo a ella. ¿no? —Espera —le detuvo Cinta. tío! —expresó su liberación de tensión Máximo—. lo intuían por la vida de sus padres. —En una discoteca llamada Popes. dar el primer paso. Quedaba. Los tenía enrojecidos. Eso zanjó el tema. aquí cerca. —El médico lo dijo. El taxista les dirigió una última mirada. —Lo suyo es demasiado —reconoció Máximo. y después lo he pillado a él. Eran cuatro amigos unidos por las circunstancias. —Es de barrio. . ese sentimiento se desvanecía después. y no era necesario preguntar por qué. ¿Cómo te lo has montado? —Por Raúl. y luego arrancó alejándose de allí. ¿no? ¿Se os ocurre algo mejor para ayudarla? Ninguno tenía una respuesta válida. Se quedaron solos. Eloy sintió la presión de la mano de su amiga en el brazo. Se detuvo y la miró a los ojos. —¿Dónde está? —quiso saber Máximo. Santi ya estaba fuera. Algo que sólo conocían ellos mismos. que a esta hora y en sábado suele estar siempre ahí. —¿Has localizado a Raúl? —abrió los ojos Cinta.—¡Jo. Por lo general.

—¿A qué hora cierra ese local? —A las diez.. Lo primero es Luciana. Y él le correspondió con la misma intensidad. La Miranda. El policía llevaba unas anotaciones hechas a mano. es un bar de esos fríos. Vicente Espinós centró la mirada en Lorenzo Roca saliendo de su larga abstracción. Fue lo último antes de que los cuatro echaran a andar calle arriba. Reabren después. —El Mosca puede ir a uno de ellos esta noche. sí —le respondió Roca como si hablara con él. Antes. El Popes es una discoteca de tarde y noche. o sea. sino de un hecho. a eso de las once. preñado de emociones sin medida. Vicente Espinós evaluó la información facilitada por su subordinado. pero que también se llena pasadas las tantas.. de los cinco. jefe? .. —¿Lo tienes? —El Calígula Ciego y el Marcha Atrás son discotecas nocturnas de gente guapa —comenzó a decir Roca—. que a esta hora hay niños y niñas bien.. una más en los últimos minutos. El Peñón de Gabriltar es un bar musical con algo de ambiente putero. o sus padres. Justo para que los nenes y las nenas vuelvan a casita. —miró a Roca. decidido—. De cinco. no perdemos nada probando. —puso cara de asco—. Por último. Despacio. aunque al parecer la clientela es selecta porque las chicas están bien. Un abrazo cálido. y más tarde van sus hermanos y hermanas. uno. Entonces Cinta lo abrazó. pero ahora.—Tranquila —musitó comprendiendo el tono de su inquietud—. sólo en uno hay animación ahora mismo — expresó sus pensamientos en voz alta. No se trata de instinto o intuición. —O sea que. de corazón. —¿Nos vamos. así que habrá que vigilarlos todos. —En el Popes. 66 (Blancas: Torre h8) —Inspector. Se animan a partir de las dos de la madrugada. hay reservados y todo eso.

bailando. la belleza de sus cabelleras típica de spot publicitario. 67 (Negras: Rey d8) La diferencia entre el Popes y la nave en la que había encontrado a Raúl era manifiesta. sus argumentos de dominio. Los dos se encontraron en la puerta del departamento. —¿Quién cree que ganará mañana? —se encontró con la inesperada pregunta de Roca. la audacia para combinar colores y sensaciones. A veces incluso se preguntaba cómo había podido comportarse así. dispuestas a comerse el mundo. convertidas en depredadoras cuando iban en grupo ya que la fuerza las hacía estallar. y ellos ocultando sus inseguridades o luciendo su buena planta y. fumando. Y en suma. por tanto. luciendo la esbeltez de sus cuerpos. lo último en moda. y sin los protectores de los dientes que guardaban en los bolsos o las chaquetas para volver a ponérselos al llegar a casa. tan absurdamente loco. o al menos así se lo parecía. y no sólo por el espacio. a pesar de que la discoteca también era bastante grande y tenía dos niveles. mirándolas y dejándose mirar. pero se le antojaba una gran lejanía en el tiempo. ofreciendo lo sano de sus vidas aún sin malear. aunque no había nada como «la oficina» para pensar en ellos y reunir los datos y la información necesarios. Allí los chicos y las chicas transpiraban todavía leche materna. . con el vaso de algún brebaje en la mano. No hacía más de cuatro años que él era también así. la longitud de sus piernas emergiendo de sus breves faldas o pantaloncitos muy ceñidos. ¿O era que se sentía «mayor»? ¿Absurdamente mayor? Contempló la fauna de bollycaos. Lorenzo Roca fue a por su chaqueta. o entregadas al amor en el caso de que compartieran tempranamente su espacio vital con un chico. ellas abriéndose a la vida en plan peleón. porque para eso se suponía que estaban allí. todas y todos.Se puso en pie. Los casos se resolvían en la calle. igual que si en lugar de sostenerlo fuese él quien los sostuviera a ellos. bailando sin parar. Agradecía salir de allí.

Bailando para divertirse y romper con todo. pero en voz alta. durmiendo. Miró la hora. o tal vez dos. algo malo. incluso menos. al llegar el fin de semana. tres. y son nuestros hijos. se abocan al lado oscuro de la existencia. —¡Menuda guardería! —continuó Máximo. —De acuerdo —gritó Cinta para hacerse oír por encima de la música. dejándoles solos porque "ya son mayores" o mucho más independientes que nosotros a su edad. chicos y chicas. Después los antetítulos: «Una joven de dieciocho años en coma por el eva». muchos de ellos. ¿no? Eloy miró a Máximo. estudiando o trabajando o luchando por salir adelante. y fuera no lo hemos visto. capaces de superar lo que se les ponga por delante. orgulloso de su obra. Primero el titular. Empezó a leerlo para sí mismo. son capaces de estar bailando tres . contundente: «BAILANDO CON LA MUERTE». Es difícil imaginarles haciendo algo insólito. alegres. o fuera. —Primerizos —comentó Santi. directo. «Las drogas de diseño se disparan entre la juventud» y «Desconcierto médico ante los pocos datos de las nuevas drogas juveniles». a ver si lo vemos —empleó la misma táctica que en la nave—. Los vemos cada día. —¡Qué movida!. Nadie se lo discutía. pero no perdió el tiempo refocilándose en ese orgullo. cambian. ellos. lo que no va a hacer es estar en la pista. pero llenos de vida y energía. Suspiró feliz. y luego manipuló el teclado para ver el artículo desde el principio. —Vamos arriba. Si está vendiendo. sanos. Mientras sus padres están en casa. el artículo: «Tienen entre 13 y 19 años. —¿Por dónde empezamos? Eloy estaba al mando. Finalmente. Parecía haberse olvidado también de que ellos eran igual cuatro años atrás. se transforman. los suyos y los de su vecino.. Y sin embargo. con sus problemas y sus frustraciones. 68 (Blancas: g5) Mariano Zapata puso el punto final y se apartó de la pantalla del ordenador echándose para atrás.. Eloy abrió el camino hacia arriba.

porque lo importante es llegar al lunes y no haber parado. para sí mismos. se dice que no crean adicción.M. como todas. un eva. mientras que sólo en el diez por ciento aparecía MDMA. »L.S. son ahora ya "la droga de la muerte". e incluso el de bebidas utilizadas por nuestros jóvenes. el fin de semana se convierte en un largo camino que traspasa todos los márgenes prohibidos. dejaría boquiabiertos a muchos de sus padres o profesores. Ella. Así es la realidad. así que. ¿Habían oído hablar del popperazo? Inhalación de nitritos. Son baratas. bakalao. efectivas. antes llamados "la droga del amor". Una pastilla. »El manual de drogas de diseño. Médicamente. es una de esas chicas. Por el contrario.días seguidos. porque aun suponiendo que sea verdad que no creen adicción. La Real Academia de la Lengua no tiene ninguno de esos términos en sus vetustas páginas. Ahora. Pero ahora que el éxtasis (MDMA) comenzaba a ser conocido. la evasión máxima. El viejo porro parece haber pasado a mejor vida. Y con su música. contundentes. le segó la esperanza. Salió el viernes de su casa para gozar de la vida. Su imagen. mákina. No hay otra ley. en coma. La coca sigue siendo privativa de la gente guapa que puede pagarla. es probable que las vea. Provoca risas . lo que triunfa es el eva (MDEA). en el hospital. lo que muchos aún llaman éxtasis. y en unas pocas horas la vida le dio la espalda. haber vivido la locura total. con los ojos desorbitados. para conseguir que el cuerpo aguante. la mandíbula temblando y la risa fácil del no poder parar. su uso y más su abuso. sólo adictos psíquicos del fin de semana. sin parar. porque no entienden lo de salir de casa sin "colocarse". con los últimos heavys. las drogas de diseño se han apoderado de esa gran masa formada por los adolescentes ávidos de sensaciones. »El cóctel formado por la música discotequera actual y las drogas de diseño tiene atrapados a miles de nuestros jóvenes. es estremecedora. El éxtasis y sus derivados. utilizando todos los medios a su alcance para forzar la máquina. Casi el cuarenta por ciento de las sustancias requisadas en nuestra comunidad recientemente contenían MDEA. pagó tan sólo dos mil pesetas por "algo" que le permitiera ver las estrellas. como miles de chicos y chicas en España y en otros países. grunges o pasotas. del que no se sabe absolutamente nada. son como un billete a Ninguna Parte. no son drogadictos. y que no le gusten.

miles de pastillas habrán sido ingeridas por un ejército de acólitos de la noche.M. para anestesias humanas o animales. del Adam. En Estados Unidos se mezcla con cocaína y se llama Special Kalvin Klein. pero basta cualquier anomalía o cualquier casuística desafortunada para desencadenar una reacción química que precipite el fin. Take Off. Dicen que da «viajes» muy fuertes y deja atontado. La policía decomisa algunas partidas. Es suficiente con dejarlo evaporar en una sartén. pero aun así. Esta pasada madrugada. La química nos ha invadido. y sólo se vende con receta. El componente fatal lo pone siempre el receptor. ¿Saben lo que es un speed? Un combinado de cafeína y anfetamina que se vende en papelinas. Red Bull.espasmódicas e impide dejar de bailar. El próximo fin de semana sucederá lo mismo. . pero ¿pueden imaginarse las reacciones de algunas con nombres tan llamativos como Pepdrink. Las drogas ya no son cocaína o heroína. la ketamina. Un botecito cuesta en cualquier farmacia 900 pesetas. cortar el residuo para que se quede en polvo. todo en unos segundos. pero ya no se trata de drogas duras que llegan de Colombia o Tailandia. si se mezclan con productos químicos? Un simple dato: la Pepdrink produce un efecto parecido a tomarse un porro con un café puro y muy cargado. conocido como Paz de Indio (una botellita cuesta 3. llenando el mercado y sobre todo facilitándolas a precios muy asequibles. Se trata de laboratorios clandestinos que aparecen en todas partes y que las fabrican sin cesar. del águila dorada y de muchos otros. ¿Quieren que siga? Podría hablar del éxtasis líquido y del éxtasis natural.S. ni de hachís procedente de Marruecos. por lo que los jóvenes a los que van destinadas casi siempre ingieren auténticas bombas de relojería. y con ello se fabrican las suficientes dosis como para ganar veinte veces la inversión. ¿Les suena el término Special K? Es una sustancia farmacéutica de uso hospitalario. Semtex. ya no es sólo cuestión de divertirse. y del cristal. Tampoco matan las bebidas. cayó por un golpe de calor la madrugada del viernes.000 pesetas y dos o tres personas pueden colocarse con ella). Love Bomb. y muy peligrosa ahora mismo. El sida ha cambiado muchos de nuestros hábitos. Nuestros hijos "bailan con la muerte". del XTC. Explosive. Flying Horse. Ninguna mata de facto. »L. es la moda. Lo peor de todo es que los fabricantes las adulteran también continuamente.

tiene 18 años. cuando esas bombas de relojería estallen y pasen factura. modélica.S. mucho trabajo. Puede ser una generación sin letra. Como decían los Beatles. Llevaban demasiado rato en silencio. lo importante era el modo de presentarla. llevarla a un rápido y fatal desenlace. bailó el viernes por la noche con la muerte.M. buena estudiante. o cesar inesperadamente. »L. —Lo de esa chica es un palo. Todo eso se ha ido en unos segundos. »L. el envoltorio.M. —Veintitrés. una chica normal. 69 (Negras: Torre f1) —¿Qué edad tienen sus hijos. —Cuando son pequeños sufrimos porque son pequeños y parecen indefensos. ni P. y cuando son mayores sufrimos porque son mayores y se creen que lo saben todo —contestó Vicente Espinós. —¡En marcha! —dijo poniéndose en pie. Iba a tener trabajo. y sabía cómo tratarla. Puede ser la última. Perfecto. envueltos en el ruido del tráfico del anochecer. Directo a las conciencias. Quizá lo mejor era hablar. ni X. Puede ser la generación esquizofrénica. y el golferas tres. por no abrir los ojos a tiempo.S. Entonces. como es natural. era campeona de ajedrez. —La mía tiene siete. con unos padres felices y una hermana pequeña. Tenía novio. los campos de fresas pueden llegar a ser eternos. Pensó en el inspector Espinós. pero ése era su problema. diecinueve y quince. Le gustaba. aunque fuera de aquello. y sigue bailando. sólo porque una pastilla se cruzó en su camino. ¿verdad? —¿Lo dices por sus padres? . La secuela que deje en sus mentes no lo sabremos hasta dentro de unos años. Periodismo y azote. ni Z. Pero eso no ocultará la cruda realidad. el tono. Fuera cual fuera esa noticia. o A. Y la habremos creado nosotros.sino de explorar el lado oscuro de la realidad. El coma puede ser eterno.» Mariano Zapata soltó aire y asintió con la cabeza. Era una noticia. Le sonaba a película de gángsters americana. jefe? No le gustaba que le llamasen «jefe». será demasiado tarde para actuar. ¿Oportunista? ¿Demagogo? ¿Sospechoso? ¿Panfletario? Al diablo con todo. que menudo toro está hecho. Pero se olvidó de ello por la sorpresa de la pregunta.

—Pero una buena leche a tiempo. —La culpa es nuestra. —¿Qué. ¿quieres? —Jefe.. porque si te mueres. —¿Sus hijos salen de noche? Era una buena pregunta.. —No. que ya verás dentro de quince años. Tenía su gracia. La prensa va a hincarle el diente al tema. pero son una docena. pero como siga así mucho tiempo. Una cosa es que la palme un drogata. —Roca.. así que hasta forzó una media sonrisa en sus labios.. como dice. ¿Pongo la sirena. jefe? Esto no se mueve. no la soporto. —Y llegan de madrugada. Ésta está sola. —Ya. a los pocos días ya no es noticia. que como se lo damos todo hecho.. pero luego la apagas.—Y por nosotros. claro. No hacía un mes que le había encontrado a Fernando. y además está en coma. —Cada fin de semana mueren una docena de chicos y chicas jóvenes por accidentes de circulación. —Y no me llames jefe. no me toques los huevos.. No tuvo que decírselo dos veces. —Vaya —suspiró el policía—. jef... —Tú estáte alerta con el toro ese que dices que tienes. si ahora ya puede conmigo. y otra una chica normal y corriente que había salido a divertirse. una pastilla de hierba en un cajón.. por el acento y la forma de decirlo.. si yo sólo. —Roca. —No. inspector? —No me filosofees. —Sí —convino con desgana. —Ya. el de diecinueve años. —Pues eso. . parece que éste va a ser un caso movido. Como todos. ¿vale? Y pon la sirena para salir de este atasco.

Volvieron a meterse en el Popes.En un minuto ya estaba pisando el acelerador casi a fondo. más y más desconcertados. y que no le hayamos visto. viendo a todo el que entra y sale. así que el primer atisbo de frustración asomaba ya en sus rostros cansados de mirar a todas partes. De no haber sido por la determinación de Eloy. Santi y Máximo ya habrían arrojado la toalla. —Volvamos dentro —ordenó él—. tú te pones entre la pecera del disc jockey y la barra del bar. que ocupaba un lugar propio en la calle. o que haya llegado mientras tanto! —¿Y si preguntáramos a uno de éstos dónde poder comprar algo? —¿Estás loco? ¿Crees que todos hacen lo mismo o qué? Máximo los miró como si así fuera. —¡Sí! —accedió Eloy. No tardaron en regresar a las inmediaciones del recinto. Máximo y Santi no dijeron nada. —Bien —asintió ella. —¡Yo creo que no está! ¡Lo veríamos! ¡Un tío de más de veinte aquí canta mucho! —¡Puede que esté fuera. 71 . Una vez fuera empezaron a moverse de nuevo por el aparcamiento y las proximidades de la discoteca. Y esta vez nos separaremos. 70 (Blancas: Rey d2) No había ni rastro del camello. mirándolos impertérrito. abierta a los cuatro vientos. apostado en alguna parte. Tardaron cerca de tres o cuatro minutos en abrirse paso por entre los cuerpos juveniles que pululaban por el espacio lúdico. —¿Salimos? —propuso Cinta. convencidos de que el camello no estaba por allí ni tenía intención de ir. y Cinta y Santi que se queden en la puerta. Pero les bastó con ver la cara de su amigo. Regresaron a la puerta del Popes. la música y los gritos de los que intentaban hablar entre sí. luchando contra los flashes de las luces estroboscópicas y el movimiento continuo de la discoteca. Un portero con aires de gorila les puso el habitual sello invisible en la muñeca. Yo iré al lavabo. Como ellos ahora.

La vida que fluía de ese contacto a pesar de todo. mirarla. señorita? —No. Algo tan simple como no vomitar. Lo estaba. 72 (Blancas: Alfil f6 +) Esther Salas se levantó como impelida por un resorte... en aquel estado. ¿qué esperanzas tenía ella? Y sin embargo. mover una mano temblorosa hasta su frente. Se sentía tan distinta. vivir. nada.(Negras: Torre g1) Loreto sentía el peso de una enorme conmoción sacudiéndola de arriba abajo. Quería vivir. Tan y tan distinta. —Luciana. El aliento de una lucha soterrada. Su marido la vio acercarse a la cama de Luciana.. —¿Echo por el paseo o doy la vuelta? El taxista no la arrancó de su abstracción. sucumbía. cuando se venció a sí misma para no vomitar. Un extraño efecto. Había creído oír aquella voz.. sería tanto como renunciar a la salvación final. Y una consecuencia sorprendente. Loreto pensó en su pequeña victoria de hacía un rato. Muy dentro de sí misma. vivir. Ése había sido realmente el primer paso. Ni siquiera lo entendía. Como Luciana. silenciosa. Le bastó con volver a mirarla para que evitara hablarle de lo que iba a hacer y por qué. Aunque eso fuese ya lo de menos. depositarla en ella. Y lo hizo por Luciana. La mano de Luciana entre las suyas. —Da lo mismo —dijo.. aún caliente. por su fuerza demoledora.. tan distinta. El hombre se encogió de hombros. Lo importante es que lo había hecho. Creía que ver a Luciana allí. su voz. como si pese al coma su amiga le hubiese hablado. —¿Decía usted algo. porque si Luciana. tan fuerte. Su pasajera parecía obnubilada. —musitó... . no.

Norma se levantó. . sino estar despiertos. después de una primera noche en vela. ¿adónde vas? —la detuvo su madre. Tendrían que descansar. Luego la chica se encaminó al lavabo.—¿Qué sucede? —preguntó. Se quedaron mirándose las dos. 73 (Negras: Rey d7) Norma cerró la puerta del baño y se apoyó en el lavabo. En su gesto flotó una desesperanzada esperanza. Al menos así es como se sentía. Todas las sensaciones volvieron a ella. respondiendo al teléfono o haciendo cualquier cosa. El espejo le devolvió su imagen. todo se convertía en amargura y realidad. —Al baño —dijo por decir algo. para velar el sueño de Luciana. No era cierto. —Norma. con Luis Salas de mudo testigo. Cada vez que una emoción le asaltaba. por extraño que pareciera. esperar. Abuelos y abuelas que completarían el cuadro de la tragedia. Demasiado joven para ser mujer. se había movido —desgranó la mujer. constantemente. La familia. confiar. En bloque. al acercarse la noche. como una zombi. No hubieran querido dormir. Incluso ellos tendrían que descansar.. —Creía que. fijamente. —Ah. Pero no se lo dijo a su mujer. tenía que hacerlo. a mitad de camino de ninguna parte. se había movido todo el día de aquí para allá. —Tu madre se morirá —dijo él. —Mañana habrá que llamar a la familia —volvió a hablar en voz muy baja. Él también la estaba mirando en esos momentos. sepultándola bajo su peso.. demasiado mujer para ser joven. bajo la perpetua sombra de aquella incredulidad que sin embargo era más y más certeza a medida que pasaban las horas. para no caer en el abismo abierto a su alrededor. pero ahora. incapaz de permanecer quieta más allá de un minuto. Habían preferido no hacerlo a lo largo del día. Esther Salas acarició la frente de su hija.

piernas desnudas. con los ojos cerrados. una y otra vez. ¿no? —Tía. —¿Por qué? —gimió—. pensó.. Además.. No había nadie en el distribuidor. En él. la puerta de la derecha mostraba el acceso para los chicos y la de la izquierda para las chicas. —Ya. Salvo en uno de los retículos privados para hacer necesidades mayores. ombligo desnudo. Zona prohibida. sólo para sentirse más tranquilo. la de las chicas. así que se metió en el lavabo masculino. al flaquear sus piernas.. clónicas. Tal vez. serán buenas. cinco en total. . Y volvió a mirar hacia la puerta del lavabo femenino. con una abigarrada fila de cuerpos delante de los espejos. Las vio alejarse por el pasillo. por la puerta frontal. no había nadie a la vista. ellas iban de dos en dos. comenzó a llorar en silencio. Primero vio un pasillo que conducía a una especie de distribuidor. brazos desnudos. Luego empujó la puerta unos centímetros. con la cabeza echada hacia atrás y apoyada en la pared. ¿Por qué? Fue lo único que pudo decir. pero se aseguró.. 74 (Blancas: Torre h7 +) Eloy entró en la zona de lavabos del Popes.Cuando se dejó caer sobre la taza del inodoro. por extraño que le pareciera. dispuesto a hacerse el despistado o el borracho si aparecía alguna chica. Siempre había creído que los lavabos femeninos estaban llenos a rebosar. para sentarse. por la hora o por lo que fuese. El caso es que. mientras pensaba en su hermana. todo aquello fuese un mito alimentado por el cine y la tele. algo que tampoco había entendido jamás. Abrió todas las puertas de los inodoros. a no ser que. —¡Dos mil quinientas! ¡Cómo se pasa!. pero. Primero fueron sus voces. Salvo un par de meones no encontró nada. Esperó unos segundos. vio aparecer a dos morenitas muy pintadas. Dentro no vio a nadie. Salió fuera y entonces. quedas.

Les echaron una ojeada distraída y el inspector volvió a . El tiempo empezó a transcurrir muy despacio. 75 (Negras: Rey d6) La sirena ya hacía unos minutos que había enmudecido. Si se iba a buscar a los otros. decídete. por lo tanto. muy vistosos. nariz aguileña. —¡Es todo lo que tengo. El automóvil rodaba ahora a velocidad moderada. Rodeó una parada de autobús en la que ya hacían cola un puñado de chicos y chicas. Lorenzo Roca se preocupaba más de buscar un lugar donde aparcar que de otra cosa. Me buscas mañana. La clienta del camello salió al cabo de un minuto. porque el Popes se hallaba a la vista. Cada cual se metió en su lugar. —Vamos. Apenas un segundo. Sólo le faltó agregar: «¿y qué más?». si lo que vendía era lo que necesitaba. Y entonces. La nueva chica que había entrado salió a los tres minutos.Después su realidad. —Ya. era sexy y atrevida. Tenía alrededor de quince años. el camello podría escapársele. Si se quedaba. aún retocándose el pelo. la puerta del lavabo femenino se abrió y por ella asomó un hombre. treinta años. tal vez tardara en irse o en cambiarse de lugar. y he de volver a casa! —Pues yo me largo ya. Aparecieron dos chicos y una chica. en dirección a la discoteca. Los dos chicos aparecieron casi inmediatamente. de pronto. El aparecido salió del lavabo y echó a andar por el pasillo. Ni siquiera sabía si aquel camello era el que buscaba. Se sintió nervioso. y. —Pues me gustaría aparcar cerca de la entrada. por el pasillo. —¡Jo! Eloy cerró la puerta del lavabo sin entrar. Se apoyó en la pared fingiendo descansar después de la movida y esperó. —Esto está lleno —rezongó. Oyó voces a su espalda. Sus ojos se encontraron con los de Eloy. para poder vigilar la puerta sin tener que bajar del coche —repuso Vicente Espinós.

ahí no vamos a poder entrar —manifestó Roca mirando la discoteca—. en lo que le decía cuando él iba de hippy. aunque no tuviera ganas. ¿qué hago? —Roca. Lo que podía vender. como en ese momento. —¡Mierda! —dejó escapar en voz baja. Demasiado arriesgado. o lo pretendía. —Ya sabes que el noventa por ciento del trabajo policial consiste en perder el tiempo. —Bueno. por si alguien los veía. pero el diez por ciento restante depende casi siempre del noventa por ciento primero. Pero había sido necesario. Dadas las circunstancias. porque son menores. y discreto. Fue un pensamiento fugaz. Ya empezaba con las manías persecutorias. Giró la cabeza. ¿no? A veces le hacía sonreír. Suspiró. . —¿Y si llamamos por radio a la grúa para que se lleve uno de estos coches? —propuso Lorenzo Roca. Y menos aún en el de las mujeres. y acudían como moscas. con el cabello largo y las ropas psicodélicas. Se corría la voz. 76 (Blancas: Torre x b7) Poli García salió de los lavabos y se encaminó al bar de la discoteca para tomarse algo antes de largarse. no se fiaba ya de nada ni de nadie. El muchacho que estaba en el distribuidor había salido tras él. Por eso los lavabos eran el mejor sitio. —Claro. Parecía observarle.pensar en su padre. y allí ya había vendido todo lo que tenía que vender. ¿quiere que piense yo en todo? —Para algo es el jefe. ¿verdad? —No. También había una diferencia: aquellos críos preferían no comprar fuera. Y menos hacerlo en los lavabos. —Todos esos coches no pueden ser de los que están ahí dentro. Tenían tanto miedo que más de uno se lo haría encima en una situación extrema. pero las motocicletas sí —le señaló un pequeño bosque lleno de vehículos de dos ruedas. Todavía le quedaban demasiadas pastillas. Cantaríamos como una almeja. No le gustaba vender dentro.

No le gustaba todo aquello. La noche pasada. Delante de él.. Hasta que se detuvo en seco. echando a correr hacia la salida. Él no.Cuando antes acabase la mercancía. el regreso a casa. entre sus manos. echaban a correr tras él con la misma nerviosa celeridad. ya lo sé! ¿Pero no ves que le estoy siguiendo? —gruñó para sí mismo—. más cerca. un par de chicas. El hombre girando la cabeza. Castro no era más que un cerdo. rápido. Y redobló sus esfuerzos al ver que los otros dos. nunca se atrevería a decir nada. Se abrió paso sin muchos miramientos.. ¡Vas a hacer que. con sus gestos. El camello que le había vendido a Luciana aquel caballo blanco y mortal. Quizá fuera una casualidad. porque sería hombre muerto. Incluso sabía que si a él le trincaban. Poli enfiló la salida de la discoteca. abriéndose paso a codazos y empujones. Las inmediaciones del bar estaban más densamente pobladas de adolescentes. El camello volvió a mirar al de los gestos. Era él. El muchacho de los lavabos estaba ahí. Una cara expectante. Máximo le acababa de dar la certeza final. Poli giró la cabeza por segunda vez. Su dueño movía los brazos. asustado. Una cara vagamente familiar. .. buen cliente. sentirse así. reaccionando con miedo. El resto estalló allí mismo. fugaz. daba la impresión de estar diciéndole algo a alguien situado a sus espaldas. y además gesticulante.! Claro que. aunque a esa hora la huida. 77 (Negras: Caballo x f6) Eloy no esperaba aquella reacción de Máximo. a unos cinco metros.. vio una cara. pero contundente. mientras lo señalaba a él. ya se había iniciado. Y tenía las mandíbulas apretadas. acorralado. pero tenía los nervios a flor de piel y no se detuvo a preguntar. el de los gestos y el de los lavabos. en su mente. en cuestión de un segundo. un amigo de uno que se llamaba Raúl. —¡Ya lo sé. Castro podía dormir tranquilo. quizá no. como si pugnase por avanzar en su dirección. Fue un flash. siete pastillas de golpe. antes podría largarse. Tenía sed.

Otra es regresar por donde he venido. Pero no quiero las tablas. —¡Cinta. Mi turno. Sin embargo. Y mañana será otro día. la muerte. hizo caer algunos vasos y manchó a otros muchos al salpicarles con el vaivén de sus propios vasos. mi turno. Yo sólo tengo mi caballo blanco. mis sensaciones. volver. Tengo dos opciones. sí. Puedo estar aquí todo el tiempo que me apetezca.. La reina negra espera. Santi! —gritó aun sabiendo que era inútil—. mi resistencia. Jaque mate. me quedaré en este lugar armónico y apacible para siempre. Oscuridad y luz. Nunca ha sido mi estilo. asumir el dolor y recuperar mi cuerpo.. perderían su última oportunidad. Pero para él lo único que contaba era cogerlo. 78 (Blancas: gf6) Está anocheciendo. el camino es difícil. ¿Por qué me parece todo un símbolo? No tengo por qué tomar ninguna decisión. El adiós. Una es ir hacia la oscuridad. antes o después. Un murmullo de ira arropó sus movimientos junto a la música que seguía machacando sus sentidos. Cogerlo. Debo decidirme. Muevo mi caballo blanco.. ¿Cuál es la situación? Ella. Y en ambos casos. 79 . la paz eterna. Estoy bien. derribó a una chica.Si se escapaba. y el valor de enfrentarme a ellas. Todas las partidas han de terminar. ¡Va hacia vosotros! ¡Detenedle! Empujó a cuantos encontró por delante. Sólo que el camello parecía haber tomado ya una sustancial ventaja en su huida. Ganar o perder. Y como buena jugadora.. Prefiero. ataca con su reina negra segura y dominante. Anochece y es el momento. sé que es mejor no prolongarlas indefinidamente. Si hacemos tablas. sin miramientos.

. al intentar sujetarse. como si esperasen ver una pastilla recién comprada. cerca de la puerta. —¡Se escapa! ¡Se escapa! —chilló la muchacha. y Máximo después. si llevaban algo en las manos. —O ya se ha ido —arguyó ella. ¿Por qué tendría que perseguirle un chico al que la noche pasada había vendido siete . Y detrás. —Ese tío no viene —dijo él. en su caso lo mejor era no preguntar. a unos metros que eran como una enorme distancia. Sólo que no creía en casualidades. Eloy primero. El camello salía por la puerta cuando ellos todavía estaban en el suelo y los otros dos a demasiada distancia como para impedirlo. empujándole sin miramientos. No había ni rastro de Máximo ni de Eloy. y mucho menos en tantas. Aquella chica en coma lo había cambiado todo. vagamente familiar. incluso en su aspecto. Pero corría.(Negras: a5) Cinta y Santi se apoyaban en la pared. y. arrastró a la desguarnecida Cinta con él. y aunque fuesen dos niñatos. Su atención se centraba más en quienes entraban o salían. Cayó hacia atrás. Ellos eran dos.. Hacía rato que habían dejado de mirar en dirección al interior de la discoteca. tal vez ni siquiera con media torta. aunque la noche pasada apenas si le había lanzado una ojeada. Tan próximo a ella que ya lo tenía encima. Y se encontró con el tumulto. barrida por el viento de la sorpresa. Reaccionó demasiado tarde. Cinta giró la cabeza hacia el otro lado. Un hombre corriendo hacia la puerta. —¡Santi! Cuando su novio se movió. Y que aquellos dos imbéciles. 80 (Blancas: f7) Poli García seguía sin saber a ciencia cierta por qué corría. Tendría gracia que fuera por otra cosa. Con toda su alma. Eso y la policía buscándole. ya no pudo impedir que el camello lo atropellara.

Poli García. —¡Bueno! —suspiró Roca alargando la «e» con resignada paciencia. Le fue fácil reconocerlos. hacia el aparcamiento. —¿Entonces? —Me preparo para lo peor: pasar aquí un buen rato —miró la discoteca—.. Ya no tenía ninguna frontera. Su gesto inmediato. Tuvo que derribarle. también distanciados entre sí aunque no tanto como lo estaban de él. 82 (Blancas: a4) He de intentarlo. chocó contra alguien que se le puso por delante.. Dependía de sí mismo y de sus piernas. de pronto.pastillas? Si la que estaba en coma era una de aquellas dos niñas. próximo a conseguirlo. El miedo puso nuevas alas a sus pies. corriendo en dirección al aparcamiento en el que estaban ellos. un grupo de chicos. cuando. —¡Vamos! —ordenó saliendo del coche. estirando los brazos. Sus ojos se dilataron por la sorpresa mientras recuperaba de nuevo el habla para gritar—: ¡Jefe! Vicente Espinós ya lo había visto. cerca de la puerta. como si hubiera conducido un millar de kilómetros. aunque su mente era un caos de ideas en ebullición. por fin. —¿No te gusta conducir? —Sí. Hasta dejó de pensar. 81 (Negras: Torre g1) Lorenzo Roca detuvo el ronroneo del motor del coche al cerrar el contacto. el Mosca.. y la bocanada de aire fresco y puro le hizo sentir mejor. Y detrás. Acababa de sacarse algo del bolsillo sin dejar de correr y correr. Era el último obstáculo para ganar la libertad. Pero ¿por qué me cuesta tanto? .. Poli echó a correr en línea recta. Otro idiota. Allí desaparecería en un abrir y cerrar de ojos. Nos van a tomar por dos guarros mirando a esas crías y críos. provocó la curiosa atención de su superior. claro. aunque no en línea recta. —dejó de hablar en seco. tres muchachos y una muchacha. Salió al exterior. la calle.

Debería de ser fácil, ¿no? Es sólo volver atrás, aunque duela. Bajar y meterme de nuevo en mi cuerpo. Intentarlo, intentarlo. ¿No puedo? La paz es la muerte. La reina negra me abate. El rey negro acecha. El dolor es la vida. Mi caballo blanco, mis alfiles, mis torres, mis peones me llevan al jaque mate. Oscuridad y luz. Pero me siento atrapada, paralizada. ¿Es eso? ¿Mi alma está tan quieta como mi cuerpo en esa cama? Este silencio... Si me dejo llevar, volando hacia la oscuridad, todo habrá acabado. Todo. Pero no quiero rendirme, ¡no quiero! Papá, mamá, Norma, Loreto, Eloy... Vamos, ¡vamos! Lo estoy intentando. ¿Alguien puede oírme? ¡Lo estoy intentando! 83 (Negras: c5) Loreto abrió la puerta de su casa. No tuvo que llamar. Su madre apareció al momento, saliendo de la sala. —¿Cómo está Luciana? —Quiere vivir —dijo suavemente ella. —Pero... —la mujer pareció no entender el significado de sus palabras. —Mamá. La abrazó, con fuerza, a pesar de su debilidad. Detrás de las dos apareció su padre. Tampoco él pareció entender qué sucedía. —Loreto, ¿qué te pasa? —quiso saber su madre. —Estoy enferma, mamá, pero quiero curarme. Era la primera vez que lo decía en voz alta. Los psiquiatras se lo habían dicho decenas de veces: todo terminaba con la aceptación de la enfermedad por su parte. Ése era el primer paso. —Loreto... —Yo también quiero vivir —suspiró su hija—. Ayudadme, por favor. Continuaban abrazadas, así que la mujer no pudo ver su cara, inundada de dolorosa pero firme paz. Su padre en cambio sí la vio. Él las abrazó a las dos. Entonces Loreto cerró los ojos, y su mente volvió junto a Luciana. Libre. Su voz seguía allí. 84

(Blancas: Rey d3) Eloy era el que más cerca estaba de él, pero pese a todo, la distancia no disminuía, y cuanto más ansiaba cogerle, más sentía el peso de todas sus emociones lastrándole. Era un buen corredor, y sin embargo... El camello alcanzó la zona del aparcamiento. Empezó a poner obstáculos entre él y ellos. —¡Vamos, Eloy, vamos! —oyó la voz de Máximo a su lado. 85 (Negras: Rey d5) Máximo veía correr al camello delante de él, pero también le oía. Su voz, la pasada noche. —Toma, chico: con esto, Disneylandia. —Prefiero algo un poco más emocionante. —Lo que tú quieras, hombre. Todo está en tu mente. Disfruta. —¿Por dos mil pelas? —La llave del Paraíso no siempre tiene por qué costar demasiado. La llave del Paraíso. Cuando Eloy hubiera conseguido aquella pastilla, ¡con qué gusto le rompería el alma a aquel hijo de mala madre! Si lo cogían. El camello daba la impresión de volar por entre los coches. 86 (Blancas: Torre d7 +) A Santi le dolía el brazo, contusionado por la caída, pero trataba de no perder la estela de la persecución. Había sido un idiota. Dejarse sorprender de aquella forma... Miró hacia atrás. Cinta era la última, pero no podía esperarla. —¡Corre! ¡Corre! —le dijo ella. Corrió. Estaban solos en el mundo. Muy solos. 87 (Negras: Rey c6) Cinta sabía que no tenía la menor posibilidad. Nunca había sido buena en eso de moverse rápido. Pero confiaba en ellos, en los tres, sobre todo en la rabia de Eloy.

A los veinte metros se habría rendido, de no ser por Luciana. Era por ella. La última oportunidad. Por ella y para liberarse a sí mismos. 88 (Blancas: Torre a7) Mariano Zapata colgó el teléfono y se quedó unos segundos en suspenso. Pensó en aquella pobre chica. ¿Habría preferido que le dijeran que estaba bien, que había salido del coma? ¿Corazón de oro? Bien, ya no importaba. Tenía su gran exclusiva, y su portada. Si las cosas eran así, así es como eran. Y punto. —¡Adelante! —ordenó—. ¡Todo sigue igual! Después concluyó su trabajo echándose para atrás en su silla, con los brazos debajo de la nuca, y cerró los ojos mucho más tranquilo. 89 (Negras: Rey d5) Los ojos. Quiero abrirlos. Y no puedo. Siento una voz, en alguna parte, pero no la distingo, ni sé lo que me está diciendo. Es como la suma de muchas voces, de muchos sentimientos. Me llaman, me llaman. Sigo intentándolo. A un paso de la rendición, de decir adiós, pero sigo, sigo intentándolo. Necesito tan sólo hacer el último movimiento. Parece tan fácil... 90 (Blancas: c4 +) Eloy se sorprendió al ver cómo el camello, de pronto, parecía detenerse en una fracción de segundo, justo para cambiar el rumbo, casi de forma fulminante, saliendo de estampida hacia la izquierda. A su derecha vio a dos hombres, también corriendo hacia el fugitivo. —¡Alto, Mosca! —gritó uno de ellos. —¡Quieto! —ordenó el otro.

ni de la mancha de sangre que iba formándose bajo su cabeza. Manoteó en el aire. Ahora él iba en cabeza. Llevaba algo en la mano. —¡Es la policía! —oyó gritar a Máximo—. Eloy saltó a un tercer coche. y de él pasó a otro vehículo. Un paquete pequeño que a duras penas.No tenía ni idea de quiénes eran. y más por instinto. Su perseguido giró la cabeza. a su alcance. pero desde luego iban tras su perseguido igualmente. pisó algo. lo mismo que una cáscara de huevo vacía. un breve instante. o fue su propia velocidad. Aunque iba a salir de entre los vehículos aparcados. para volver a correr en línea recta. pero no se ocupó del caído. 91 (Negras: Rey e5) Fue el primero en llegar. mientras el resto de su cuerpo se le quedaba atrás. Fue audible desde la distancia. . Un último esfuerzo por Luciana. maldita sea! —volvió a oírse la voz de uno de los policías. —¡Mosca. antes de quedarse definitivamente quieto. Eloy no. Hizo un último esfuerzo. Se abalanzó sobre el agujero de la alcantarilla. tanto como el odio. como si acabase de encontrar un atajo aéreo. a la par. El amor. como si quisiera meterse por él.. De un salto se subió a su capó. Máximo se desvió un poco. —¡No! —aulló Eloy comprendiendo de qué se trataba. como si percibiera su aliento. Y entonces. Fuere como fuere sus piernas salieron disparadas hacia arriba. El grito de victoria de Eloy se confundió con el sordo ruido del cráneo humano astillándose. El camello rebotó junto a una acera. Después cayó al suelo. sorprendido. El ruido del agua corriendo por abajo le golpeó los sentidos como si fuera un puñetazo en la conciencia. pusieron las definitivas alas a sus pies. por su vida. El camello resbaló. de nuca. ¡Ya es nuestro! Corrían codo con codo.. El camello ya no estaba a más de diez metros. No perdió tiempo en dudas o vacilaciones. consiguió echar por el agujero de la alcantarilla que quedaba allí. La ventaja se decantaba de su lado. para sortear un automóvil.

Santi llegaba ya. —Nosotros. Lorenzo Roca registraba al camello. más el primero que el segundo. El inspector miró directamente a los tres muchachos. Está limpio. Cinta aún estaba lejos. con los ojos muy abiertos ante la escena. Fue este último el que se inclinó sobre el cadáver para ponerle los dedos índice y medio de su mano derecha en el cuello. 92 (Blancas: Rey e3) Mis peones acosan. Quiero vivir. muerto —dijo Máximo. . Cinta se acercaba ya más despacio.—No. el ticket de una consumición cualquiera en un bar cualquiera.. Máximo se arrodilló al lado del camello. —Está.. El fin está cerca. No tenía que registrarle para saber que ya no llevaba ninguna pastilla encima. Una jugada más y. También Máximo miró al policía. jefe —dijo Roca—. lo mismo que los dos hombres por el otro lado. muy lentamente. —Las arrojó a la alcantarilla —dijo Eloy en un hilo de voz—.. De uno de los bolsillos de la chaqueta sacó un montón de dinero. —volvió a decir envolviendo su expresión en un gemido de desaliento.. Fue lo último que hizo antes de morir. Eloy se incorporó. pero sólo para quedar sentado en el bordillo.. —intentó decir. Jaque mate. —No lleva pastillas. Desde allí miró el cadáver con su odio final. Del otro un simple papel... —Ya no importa —le detuvo Espinós—. Tranquilos. 93 (Negras: Rey d6) Vicente Espinós y Lorenzo Roca llegaron junto al cuerpo de Poli García jadeando. Jaque. —Muerto —dijo rotundo..

94 (Blancas: Rey e4. Máximo. pero nunca le hemos pillado nada —comentó—. Sentían su derrota. —Hace tiempo que sabemos que es la tapadera de Alex Castro y su gente. tenían que estar en alguna parte. Espinós arqueó las cejas. también se dirigía ya con espesa paciencia hacia la misma alcantarilla. No os preocupéis. —Lleva fecha de hoy. Ahora marchaos. Tal vez. chicos. —Sé lo que buscabais y por qué. Hasta hoy. Cinta y Santi le obedecieron. Los suficientes para salir del círculo de los curiosos. . Los ojos de Cinta brillaban. —¿Cree que habrá suerte? —preguntó Roca. ¿de acuerdo? —les ordenó a ellos. —Llama al departamento. Eloy. jefe. que miraban hechizados el cuerpo roto del camello.. —trató de hablar Eloy. —¿De cuándo es ese ticket? —preguntó. —Y vosotros iros a casa. Lorenzo Roca se quedó con el pequeño ticket blanco en la mano. Jaque Mate) No dieron más allá de una docena de pasos. Roca —se puso en marcha Vicente Espinós—. —¿Qué hacemos? —rompió el silencio Máximo. —Señor. Vamos a por Castro. Vicente Espinós cogió el dinero que llevaba encima el Mosca. Pero ya no por miedo o a causa del impacto por lo sucedido. creo que sí —dijo. —Sí. Su superior le miró inquisitivamente. aunque no los cuatro.. —Bar Restaurante La Perla —leyó en voz alta. Cinta llegó al lado de Santi.. pensativo. —Sí. Las «lunas» eran nuevas.La sangre. Se arremolinaba gente en torno a ellos.. Incluso se escuchó una sirena policial. buscando cauces en el suelo por los que fluir. Se le colgó del brazo tan agotada como asustada. El inspector de policía asintió con la cabeza un par de veces. Empezó a sonreír.

boquiabierta. y convencerse a sí misma de que había vuelto. y. con una media luna en relieve impresa en su superficie. Luciana abrió los ojos. Se encontró con su hermana Norma. Parpadeó.—Yo voy al hospital —dijo Eloy. Sólo volver. ¿de dónde ha salido? Toda esa gente solitaria. dispuesta a mantenerlos así. Y la acentuó ante la reacción impulsiva y excitada de Norma. Una vez. Dos veces. rodeándola. Negras pierden partida) Al salir del túnel. pero también con la luz. ¿adónde pertenece?» . que la miraba de cerca. mostrándoles algo. «Toda esa gente solitaria. En la palma de la mano había una pastilla blanca. Estaba viva. hasta que ella extendió su mano derecha. sólo para ver cómo la reina negra se alejaba vencida por un recodo del camino llevándose a su derrotado rey. Luciana esbozó una tímida sonrisa. Después los abrió. —¡Papá! ¡Mamá! Cerró los ojos por última vez. Y de que había ganado. —Debió de caérsele al correr —fue su único comentario. Vio a sus padres y a su hermana. ni perseguir ninguna utopía. se dieron cuenta de su sonrisa de esperanza. abierta. al mirarla. No la entendieron. ni huir de nada. Notaron su tono. a medida que se reencontraba con el dolor. 95 (Epílogo: Blancas ganan partida. —Vamos todos —dijo Cinta. Ya no necesitaba correr.

Eleanor Rigby Paul McCartney .

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