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Jesucristo Nuestro Ejemplo Perfecto

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Bosquejo #19

JESUCRISTO NUESTRO EJEMPLO PERFECTO
1 Pedro 3:18-22 “3:18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 3:19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 3:20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. 3:21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, 3:22 quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades”. Como en los capítulos previos (1:11; 2:21-25), el apóstol Pedro insiste en que Jesucristo es el ejemplo perfecto para imitar en cuanto a nuestras actitudes, experiencias y acciones. El sufrió como nadie lo ha hecho mostrando misericordia para los que le trataron con odio y crueldad. Su naturaleza era la de un pacificador; hacía el bien con toda rectitud; no temía a sus enemigos. Como consecuencia, Dios le dio el triunfo sobre el pecado y sobre las huestes celestiales y sus acérrimos enemigos. En este pasaje, el apóstol continúa desarrollando el tema que introdujo en (1:11) donde menciona “los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrán tras ellos”. Como dijimos en el estudio anterior, es importante captar el mensaje general de esta porción donde el apóstol Pedro nos enseña una gran verdad: “Cuando otros se opongan al pueblo de Dios, nuestro triunfo vendrá si perseveramos en mantener una conducta santa y piadosa semejante a Jesucristo”. “El creyente que vive la burla y la crítica y que es acusado injustamente de mala conducta, no se puede sentir victorioso, sino débil y despreciado en un mundo que lo ve con odio, y que a veces ejerce el peso de la autoridad sobre él. Los que vieron a Jesucristo a merced de Pilato, de los líderes judíos y de los soldados romanos lo consideraban débil y despreciado sin pensar en que el Hijo de Dios estaba por ganar el triunfo más grande de la historia sobre sus enemigos. Es importante que entendamos lo que es una victoria verdadera y cómo se puede lograr. Los versículos que vamos a estudiar nos lo dirán”. [1]
1 Ediciones Las Américas, A. C. : Remando contra la corriente (1ra Pedro). Puebla, Pue., México:

Iglesia de Convertidos a Cristo Pastor: Arq. José R. Mallén Malla

2 Primera de Pedro

Veamos como lo hizo. I. JESUCRISTO SUFRIÓ SIENDO JUSTO II. JESUCRISTO ANUNCIÓ EL TRIUNFO III. JESUCRISTO ALCANZÓ LA VICTORIA Y ESTÁ EN EL CIELO

I. JESUCRISTO SUFRIÓ SIENDO JUSTO
(1 P. 3:18)

A.

PADECIÓ UNA SOLA VEZ POR LOS PECADOS
1. Iniciando la sección, el apóstol Pedro muestra la suficiencia del sacrificio de Cristo por los pecados al decir: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados” (3:18a). Lo que nos hace resaltar que este hecho es suficiente, eficaz y perfecto como antídoto para el pecado. Jesús obedeció porque esta era la voluntad de Dios, que sufriera injustamente; y por esta razón, un sólo sacrificio sería suficiente. El autor de la epístola a los Hebreos en (10:5-9) nos declara: “10:5 Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. 10:6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 10:7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. 10:8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 10:9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último”. El escritor a los Hebreos puntualiza en varios versículos este hecho. Nuestros pecados fueron expiados con un solo acto de obediencia efectuado por aquel que fue obediente en todo.  Hebreos 9:26-28 - “9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 9:27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 9:28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los

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Iglesia de Convertidos a Cristo Pastor: Arq. José R. Mallén Malla

3 Primera de Pedro

pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. Hebreos 10:10 - “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Hebreos 10:12 - “…pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”. Hebreos 10:14 - “…porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.

B.

SIENDO JUSTO PADECIÓ POR LOS INJUSTOS
1. “El justo por los injustos” - (3:18b). ¡Qué glorioso es saber que debido a que Jesús no pecó, nuestro redentor (salvador) pudo ponerse en el lugar de nosotros, quienes somos injustos y pagar la deuda que teníamos por causa de nuestro pecado! En esta porción se destaca que Él murió por nuestras transgresiones; llevó nuestro castigo sobre sus hombros como dice Isaías 53:4-5 al expresar: “53:4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. El Hijo obedeció a su Padre, y por este acto de obediencia y sujeción a la voluntad de su Padre, sufrió injustamente. Aceptó sus padecimientos con paciencia y dio un buen testimonio con sus hechos y con sus palabras.

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C.

PARA LLEVARNOS A DIOS
1. El verso concluye diciendo: “...para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (3:18c). En esta parte de la epístola encontramos uno de los textos más preciso acerca del propósito de la muerte de Cristo. ¡Qué propósito más hermoso! además de ser alentador para todo aquel que cree. Como resultado de su obediencia se levantó triunfante sobre la muerte y sus enemigos. Aunque los enemigos se

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4 Primera de Pedro

multipliquen y nos ataquen, no pueden hacernos daño porque pertenecemos a Dios por toda la eternidad. Aún Satanás está vencido porque Cristo lo derrotó en la cruz del Calvario. 3. Cuán precioso es saber que tenemos un redentor poderoso y capaz, uno que es perfecto en todo y por medio de su perfección y santidad pudo pagar por nuestro pecado y dejarnos limpios y libres de la condenación eterna, cuando entregó su propia carne para ser sacrificada pero teniendo el poder para ser vivificado en espíritu y cumplir otro propósito colateral de Dios.

II. JESUCRISTO ANUNCIÓ EL TRIUNFO
(1 P. 3:19-20)

A.

EN ESPÍRITU PREDICÓ
1. Ahora el texto nos declara lo siguiente acerca de este propósito colateral de Dios al decir: “3:19…en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 3:20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. La palabra griega predicó usada aquí por el apóstol Pedro es la palabra “kerusso”, e implica pregonar públicamente como un heraldo; palabra que sugiera que el heraldo pregona con toda formalidad, seriedad y con la gravedad con que anuncia su juicio, la cual demanda la atención y la obediencia del oyente. El apóstol Pedro hace esta declaración como un hecho pasado que concuerda con las palabras del apóstol Pablo en Efesios 4:9-10 cuando declara que Jesús bajó a las partes más bajas de la tierra para luego subir al cielo y llenarlo todo. Esta fue la conclusión de la predicación de nuestro Señor Jesucristo; lo último que le quedaba por hacer. Fue allí y pregonó a todos diciendo: “Ya ustedes no tienen ni tendrán potestad sobre los redimidos por mi sangre”.

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3.

B.

EN ESPÍRITU PREDICÓ “A LOS ESPIRITUS”

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5 Primera de Pedro

1.

Nos podemos cuestionar: ¿Quiénes son estos espíritus? Y aunque se han levantado muchas contiendas con este versículo, sólo vamos a seguir la enseñanza principal, sin entrar en vanas discusiones. El texto mismo dice: “3:20…los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. Indefectiblemente, el apóstol Pedro se refiere aquí al anuncio hecho por Cristo después de su resurrección a los ángeles caídos (demonios), quienes antes del diluvio, en los días de Noé, habían sido objeto y fuente de depravación y de maldad entre los habitantes de aquel tiempo. En Génesis 6:5 se declara acerca de este hecho lo siguiente: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Estos espíritus son aquellos que no permitieron que los antidiluvianos oyeran y obedecieran la voz de la predicación de Noé para ser salvos como lo fueron los ocho que entraron en el arca. Este pensamiento es el que desarrolla en el texto el mismo apóstol Pedro cuando dice: “3:20…los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”.

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C.

EN ESPÍRITU PREDICÓ A LOS ESPÍRITUS “ENCARCELADOS”
1. El apóstol Pedro habla acerca de la identificación de estos espíritus y los identifica por su condición de prisioneros de Dios, a los cuales se refiere él mismo en 2 Pedro 2:4-5 cuando dice: “2:4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 2:5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos”. También podemos citar a Judas 6, el cual se refiere a ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su

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6 Primera de Pedro

propia morada. Estos ángeles caídos han sido guardados bajo oscuridad, en prisiones eternas (v. 6), sufriendo el castigo del fuego eterno (v. 7b). 3. A estos ángeles Jesús les pregonó la victoria que obtuvo a través de su sufrimiento en la cruz y la obediencia a la voluntad de Dios, con la cual en aquel momento daba cumplimiento a la promesa de Génesis 3:15 cuando Dios declaró: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

III. JESUCRISTO ALCANZÓ LA VICTORIA Y ESTÁ EN EL CIELO
(1 P. 3:21-22)

A.

LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO - (3:21)
1. El versículo 21 que habla acerca del bautismo es como un paréntesis cuando dice: “3:21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. Este versículo contiene pensamientos sumamente importantes. La mención de Noé recordó al autor el acontecimiento del diluvio y lo relacionó con el bautismo. ¿Por qué es el diluvio una figura del bautismo? Las aguas hicieron flotar el arca que salvó a Noé y su familia porque creyeron en el mensaje de Dios y entrando en ella fueron salvos. Es por ello que las aguas ilustran la salvación física de Noé de la misma manera que el bautismo tipifica la salvación espiritual. El autor aclara cuidadosamente que el bautismo no perdona al hombre. Es posible que el apóstol viera varias comparaciones entre diluvio y salvación. Somos salvos de la condenación por medio de la muerte de Jesús así como aquellos se salvaron por medio del agua. No pudieron escapar del juicio, pero pasaron por él seguros y confiados. También nosotros morimos con nuestro Salvador y pasamos por el juicio que cayó sobre él sin ser condenados y llegamos seguros a una vida nueva como hicieron Noé y sus descendientes.

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7 Primera de Pedro

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El apóstol Pedro dice que el bautismo es una aspiración, lo cual significa una promesa, voto o compromiso. Es un acto que muestra que el individuo ha sido redimido y se compromete a llevar una vida nueva y transformada. El apóstol recuerda a sus lectores que por medio de él aceptaron llevar una vida de rectitud. A pesar de los ataques de la sociedad, debemos cumplir nuestro compromiso. [2]

B.

JESUCRISTO VISTO EN EL CIELO
1. El (v. 22) ahora concluye la sección diciendo: “3:22…quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades”. Este último versículo subraya el énfasis que se da en el pasaje. Con expresiones de júbilo, el apóstol Pedro describe a nuestro Señor siendo exaltado en los cielos. Es muy significativo que diga que haya recibido la victoria y autoridad sobre los ángeles. Se refiere especialmente a los que han caído y que han luchado para dominar sobre los reinos del mundo y sobre las almas humanas. Por su muerte en la cruz, Cristo los venció (Ef. 1:20–21, 2:1–5; Col. 2:13–15). Este énfasis en el pasaje sugiere que los enemigos de los creyentes de la región de Asia Menor no eran humanos, sino el mismo Satanás con sus huestes tratando de hacerles daño. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). El escritor asegura a los creyentes que Cristo ha ganado la victoria; no importan las circunstancias adversas por las que pasemos. ¡Nuestros enemigos ya han sido vencidos! Cuando vivimos en un ambiente de hostilidad y oposición, debemos actuar como lo hubiera hecho el Señor Jesucristo quien se ha constituido como nuestro ejemplo perfecto.

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C.

EL JÚBILO POR LA VICTORIA
: Remando contra la corriente (1ra Pedro). Puebla, Pue., México:

2 Ediciones Las Américas, A. C.

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8 Primera de Pedro

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Jesucristo fue humillado, pero ahora es exaltado Filipenses 2:911 nos recuerda su victoria al decir: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre”. Él es el Rey de reyes y el Señor de señores, el cual nos hace vencedores como nos afirma Romanos 8:37-39 al decir: “8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Este último versículo subraya el énfasis que se da en el pasaje. Con expresiones de júbilo el apóstol Pedro describe a nuestro Señor siendo exaltado en los cielos. El júbilo viene porque ha recibido la victoria y autoridad sobre los ángeles. Y se refiere, principalmente, a los que han caído y que han luchado para dominar al mundo.

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CONCLUSIÓN Y APLICACIÓN:

Por su muerte sustitutiva en la cruz y su sufrimiento por los injustos, Jesucristo siendo justo triunfó, y por esta causa a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades. Así lo corrobora el escritor de la epístola a los Hebreos 2:14-15 cuando nos declara: “2:14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 2:15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. ¡Gloria a Dios, somos Libres!

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