LA CAÍDA DE ÍCARO Tres versiones de un cuadro de Brueghel

Ícaro se ha convertido para nosotros en una figura sublime, es decir, en primer lugar, romántica, en el sentido más ideológico, y por eso también más impreciso, de la palabra. Sublime es el vuelo del querer que toca, o casi toca, lo imposible. Sublime es el querer, o, para decirlo con Baudelaire, el amor de lo bello. Se recordará el poema titulado, irónicamente, sin duda, pero sabemos que la ironía suele reforzar la sublimidad de lo sublime, “Los lamentos de un Ícaro”: Y en vano quise del espacio encontrar el fin y el centro; bajo no sé qué ojo de fuego siento que mi ala se rompe; quemado por el amor de lo bello, no tendré el honor sublime de dar mi nombre al abismo que me servirá de tumba.

Sublime es, pues, el querer lo bello, el amor que quiere tocar lo bello, el tacto o el contacto imposible de lo bello que sólo es bello precisamente en cuanto se mantiene a distancia y en la distancia de lo que se llama la imagen. En lo sublime o como sublime, lo bello se convierte en límite, en fin y en centro, dice Baudelaire, en el centro del límite y en el límite como centro. Piensen en el límite del cielo, o en el límite del mar, en el que hace pensar el “Ícaro” de Gottfried Benn, ese bello, sublime verso: “Todo es orilla. Eterno llama el mar”. El llamado del centro lo convierte todo en orilla. Es la orilla del tacto imposible de lo bello, en el sentido objetivo del genitivo, del tacto imposible de lo sublime, en el sentido subjetivo del genitivo. Pero el tacto es imposible porque „quema‟, hunde, anonada al sujeto del querer. El querer toca lo bello en el fracaso del contacto y la ruina de la voluntad. El vuelo es inmediatamente caída y desastre, pero la caída es por ello todavía y solamente vuelo, ascensión al abismo. Es lo que dice “Ícaro”, el poema de José Ángel Valente: Sobre la horizontal del laberinto trazaste el eje de la altura y la profundidad. Caer fue sólo la ascensión a lo hondo.

un ejercicio a ras de tierra. o al menos una cierta techné. la ascensión de la caída. aquí la lección antigua es vuelta contra la tradición romántica. La invención de Dédalo está sólo destinada a huir de Creta. o bien los escucha demasiado atentamente. Pero el retorno a Ovidio y al carácter moral de la . sin duda. la historia de Perdix. ese Azur que de Novalis a Mallarmé. por la fábula siguiente. El sentido primero de la fábula en las Metamorfosis es moral. Haciendo oídos sordos. Pero Ícaro suprime la razón y la finalidad del vuelo. Ahora bien. casi distraídamente en Ovidio.La caída del ascenso. Y esto es precisamente lo que sólo está dicho al pasar. él también. Seguramente. a toda la tradición romántica para atenerse al relato antiguo. dolor!. El vuelo. porque él juró que vencería la gravedad sobre el mar. que aprende a volar bajito. Robert Walser subraya el rasgo moral del mito. Ícaro no escucha los consejos de su padre. según el relato de Ovidio. (…) Cualquier afán por elevarnos sobre la vulgaridad tiene un límite en la vida. esto es lo sublime. el que aquí es cuestionado y puesto a un lado en su ambición y sus consecuencias. alegre. La aventura de Ícaro es para Ovidio nada más que la historia de una desobediencia. por eso es que se lanza contra el sol y termina en el mar. el pescador y el labrador los toman por dioses cuando los ven en el cielo) y constituye el principio de la hybris que condenará a Ícaro. la techné misma. termina ahora con Walser en ridícula voltereta. de una travesura infantil que termina previsiblemente mal. es decir como algo provisorio. de Hugo a Darío es símbolo de la Idea misma de lo bello. de principio a fin. la bahía con máxima afectación. se casaría feliz con la divina belleza en el azur y se burlaría de las raíces de la tierra. el abismo del límite. Del poema titulado “Boceto para la caída de Ícaro” recordamos estos versos: ¡Ay. es decir como voluntad de altura y abismo. desdeña el vuelo como medio de fuga y quiere afirmarlo por sí mismo. un arte de lo sublime. del abismo de la altura. y ello por un poema que se presenta como un boceto. es decir la victoria sobre la gravedad y la llaneza de nuestro mundo cotidiano y el casamiento con el Azur. sentido subrayado. Es lo sublime mismo. una mano gesticula en mudo grito de ayuda desplomándose desde lo alto. pero plantea sin duda ya el problema de la techné como contra-naturaleza y emulación divina (se recordará que el pastor. y cómo sonríe. pero ahora se convierte en excelente maestrillo en volteretas y habrá percibido su relativa pequeñez.

para concluir con una alusión al chapoteo de Ícaro al caer al agua. a destacar o que el cuadro destaca. habla de la sonrisa de la naturaleza) ante la tragedia individual.anécdota sucede gracias al recuerdo de un cuadro de Brueghel. Junto a la de Walser se destacan las de W. Se ha señalado que la estructura toda del poema. por su parte. el carácter marginal y casi imperceptible del desastre y el sufrimiento. que acaba de caer al mar. H. tiende a exhibir la indiferencia del mundo ante el sufrimiento y constituye una protesta por ello. indiferencia que se hace explícita cerca del final con la referencia a la función del sol. Allí. Por un lado. se adivinan dos piernas que sobresalen del agua. un labrador con el arado. El recorrido señala indirectamente la indiferencia del mundo natural (Walser. ruido en el que se cierra o parece cerrrarse la espiral del cuadro. Es lo que señala Girri en un poema titulado “Ejercicios con Brueghel”: la visionaria caridad de enseñarnos con desastres a comprender lo que somos. a librarnos de parecer lo que no somos. el esplendor de la naturaleza y el embargo del trabajo. presentando la pompa de la naturaleza en la estación primaveral y el ajetreo y el bullicio de las ocupaciones humanas en medio de ella. un pescador inclinado sobre el agua. precisamente. La pintura de Brueghel no sólo es espléndida en su belleza sino respetable por su ética. un barco que pasa y. Ello sin embargo da lugar a otras lecturas del cuadro. La crítica ha recordado al respecto el proverbio flamenco que la pintura no haría más que ilustrar: “Ningún arado se detiene porque un hombre muera”. antes de enunciar la moraleja final: lo que he escrito aquí se lo debo a un cuadro de Brueghel enraizado en mi memoria y al que tributé el máximo respeto porque me pareció una espléndida pintura. El poema de Williams se titula “Paisaje con la caída de Ícaro” y repite el cuadro según el trayecto de la mirada del espectador. por el otro. un pastor con sus ovejas y. casi imperceptible. El cuadro al que hace referencia Walser es el que se titula “La caída de Ícaro”. Auden y William Carlos Williams. en primer plano. ya desde el título. que al mismo tiempo y por igual hace sudar a los trabajadores y derrite la cera de las alas en el aire. entre el barco y el pescador. Dice Walser. Son las piernas de Ícaro. pues. nos fijemos en el punto marginal del cuadro en el que tiene lugar aquello de lo que en verdad se trata: . Dos aspectos. Comienza con una perspectiva general. más hacia abajo. logrando que. ilumina el paisaje primaveral y las piernas del joven en el agua que le servirá de tumba. Brueghel el Viejo. porque es testimonio de lo que se ha llamado la “pasión moral” del pintor. y se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Bruselas. En él se observa un paisaje ribereño con islas al fondo. finalmente.

Igual que un Nacimiento o una Crucifixión (recordemos que el poema de Auden comienza aludiendo a otras dos obras de Brueghel: “El censo en Belén” y “El camino del Calvario”). pero dejándolo en su retiro y su aparte. suspender los trabajos y los días y atender a lo que se aparta y se retira. se distraen de él y él tiene lugar en el aparte y la distracción. este mundo de dolor y soledad y alegre distracción que nos enseña Brueghel es un mundo sin unidad. es la literatura. según él. una suma de microcosmos. Como enseña el cuadro de Brueghel. Ese lugar es el margen. Sin embargo es la misma singularidad del sufrimiento la que lo hace imperceptible. Por eso los hombres se apartan. tienen por tema el dolor. Se puede llamar desastre a la caída de Ícaro. pero entendiendo que el desastre es lo que se separa. Los viejos maestros sabían del lugar del dolor en el mundo. un apartarse de lo que se aparta. es el arte. Por eso el mundo. Si en Williams la caída de Ícaro es un evento en medio de un paisaje que casi lo ignora. incomprensible e insignificante. En consecuencia la distracción y la indiferencia de aquéllos que se apartan del desastre no es sino una inconsciente justicia al desastre mismo. No importa en tal sentido su singularidad. lo que se desvía del camino y de la guía de la buena estrella. trivial. Cómo ocurre mientras otro cena o abre la ventana o nada más camina sin pensamiento. “Poesía y género lírico. se lo ha señalado. un muchacho que cae del cielo debería resultar asombroso. Lo que define al dolor es la soledad.insignificante lejos de la costa hubo un chapoteo casi imperceptible era Ícaro que se ahogaba. se ha dicho (vid. Auden en cambio comienza con el saber. al contrario. Alfonso Berardinelli. el saber que del dolor tienen los viejos maestros. Acontecimientos . pues no tiene relación con los otros ni consecuencias para los demás. en su solitaria singularidad. dejar admirados y horrorizados a sus testigos. obedece precisamente a que resulta cotidiano. Solo y desolado está el dolor en el mundo. la orilla. el borde. en todo caso aparte de lo que reclama la atención de los hombres. al punto de que es la soledad la que sufre y el sufrimiento es en primer lugar sufrimiento de la soledad. el dolor resulta excéntrico respecto de los sucesos que ocupan al mundo. Qué bien entendieron su sitio entre los hombres. el cuadro de Brueghel. El poema de Auden y. ordinario. sólo el arte son capaces de detenerse. Sin embargo ello no obedece a su carácter excepcional. pues sólo la literatura. un apartarse del aparte. aunque sea el saber de la ignorancia del dolor: Acerca del dolor jamás se equivocaron los Antiguos Maestros. El único testigo del dolor.

pero en el que no es posible no considerar un mal. por el entero mundo de sus paseos. sin duda. La piedad está en Walser dirigida a lo cotidiano. finalmente. es piedad por el pastor. y sólo por eso tiene. Einaudi. habrá siempre niños sin mayor interés en que eso suceda. ese dolor que no admite otro testigo que la despiadada piedad del arte. que no comunican entre sí. Torino. Cómo ocurre mientras otro cena o abre la ventana o nada más camina sin pensamiento. 1990). querer la excepción. deja al dolor ser lo que es y por eso se brinda hasta borrarse. por el pajarito en el árbol. en el que ni siquiera cabe intervenir. Walser se reconcilia con Ícaro sólo en la singularidad de todos. Por eso. lo extraordinario y único. Auden Musée des Beaux-Arts Acerca del dolor jamás se equivocaron los Antiguos Maestros. Auden son sólo espectadores. Apéndices W. La misma piedad que encontramos en Walser. Se puede llamar a dicha atención piedad. En un caso se trata de la indiferencia o aun del desprecio por lo incomprensible. mientras los viejos aguardan con apasionada reverencia el milagroso Nacimiento. es un personaje del cuadro. pues Ícaro es uno entre muchos en el paisaje. la oveja en el campo y el barco en la bahía. 2008). Piedad sin compasión. un mundo sin unidad histórica ni coherencia racional o al menos sin una racionalidad única. ese mundo que sin duda incluye también los nacimientos y las crucifixiones y aun las caídas de todos los días. un error pretender sobrepasar la suerte común de sus criaturas. en el otro de esa atención que. también él. como se ha dicho (Blanchot. su dolor solitario. Se preguntará si no son de ese modo tan indiferentes como los personajes que vieron o prefirieron no ver la caída de Ícaro. H. Caracas. fundamentalmente un paseante ocioso que goza de la cotidiana belleza del mundo –“uno se sienta admirado sobre el templo de la naturaleza…”− y no necesita ver nada extraordinario porque para él ya es mucho lo que se ve. Pero el poema de Auden enseña algo más: la realidad es un cuadro. aspirar a la profundidad o a la altura. La escritura del desastre. En el poema de Walser el poeta está dentro del cuadro.posmodernos”. Brueghel. La diferencia es imperceptible y decisiva. Poesia non poesia. un escenario ya existente que puede ser observado pero no modificado. Cómo. . pero piedad al fin. por otra parte. . pero como todos es uno. Qué bien entendieron su sitio entre los hombres. el pescador y el labrador. aunque distinta. Monte Ávila. patinando en el estanque helado a orillas del bosque.

pero para él no era un fracaso importante. Y la elegante y delicada nave tiene que haber visto algo asombroso: un muchacho que caía del cielo. Williams Paisaje con la caída de Ícaro Según Brueghel era primavera cuando Ícaro cayó un granjero araba su terreno toda la pompa de la estación despertaba hormigueando cerca de la orilla del mar ocupada en sí misma sudando al sol que derretía la cera de las alas insignificante lejos de la costa hubo . Por ejemplo en el Ícaro de Brueghel: con qué serenidad todo se aparta del desastre. ahí donde llevan los perros su perra vida y el caballo del verdugo se rasca la inocente grupa contra un árbol.Ellos jamás olvidaron que el terrible martirio ha de seguir de todos modos su curso en sórdidos rincones. el sol brillaba como debe haber brillado en las blancas piernas que se hundían en las aguas verdes. el desamparado grito. C. pero tenía otra cosa que hacer y siguió navegando tranquilamente. El labrador oyó seguramente el chapoteo. W.

alegre. así.un chapoteo casi imperceptible era Ícaro que se ahogaba. la bahía con máxima afectación. una mano gesticula en mudo grito de ayuda desplomándose desde lo alto. juega su juego. y cómo sonríe. abandonadas a sí mismas. R. volador. que es pardo negruzca. mas. porque él juró que vencería la gravedad sobre el mar. encima de una piedra prehistórica. se casaría feliz con la divina belleza en el azur . aún no es tan tarde pues un campesino. De maravillosa picardía la mirada de la luna. trabaja todavía en su campo como un héroe agrícola. las islas atesoran gran cultura. gana su magro dinero a esa tierra. no. Un ser alado a punto está de confiarse al aire. al anochecer. limitándose a contemplar a un pajarillo canoro. entre las diecinueve y las veinte horas. más tarde lo veremos agitándose en el éter. uno de esos hombres laboriosos que se desloman para reunir unas monedas. mientras sus ovejas. fragatas de incierta procedencia. uno se sienta admirado sobre el templo de la naturaleza. dolor!. Walser Boceto para la Caída de Ícaro Islitas relucientes en el mar. o sea. enamorado de sus trinos. ¡Ay. pacen tranquilas en el pálido poniente adornado de tonos rojizos.

pero ahora se convierte en excelente maestrillo en volteretas y habrá percibido su relativa pequeñez. No obstante. . lo que he escrito aquí se lo debo a un cuadro de Brueghel enraizado en mi memoria y al que tributé el máximo respeto porque me pareció una espléndida pintura. Cualquier afán por elevarnos sobre la vulgaridad tiene un límite en la vida.y se burlaría de las raíces de la tierra. loables son los dones del espíritu emprendedor.