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El auge económico

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El auge económico

En la segunda mitad del siglo XVII Nueva España alcanzó su madurez económica y los españoles, tanto peninsulares como criollos, comenzaron a cosechar los frutos desde los inicios de la etapa virreinal en el siglo XVI La minería que había sido la principal actividad económica del siglo XVI, continuó su desarrollo y alrededor de los nuevos centros mineros se fundaban nuevas ciudades y se construían nuevos caminos para comunicarlas; la producción agrícola y ganadera en las grandes haciendas favorecía también la construcción de caminos buenos para transportar sus productos; asimismo la producción manufacturera se desarrolló de forma asombrosa, creándose cientos de ingenios para refinar azúcar, molinos de trigo para obtener harina y obrajes donde se cardaba la lana para fabricar tejidos. El incremento en la producción llevó al comercio a un dinamismo tal, que éste se convirtió en la principal actividad económica novohispana en la segunda mitad del siglo XVII. Sin embargo la actividad comercial, especialmente la ultramarina, estaba estrechamente vigilada y controlada por el Estado español en su política mercantilista de fronteras cerradas. Ante el auge económico novohispano, España, que necesitaba allegarse más recursos que le permitieran solventar los conflictos bélicos y navales que enfrentaba con otras potencias europeas, principalmente con Inglaterra, Francia y Holanda, tomó medidas. Aumentó los impuestos a ciertas mercancías y puso a la venta importantes puestos públicos (escribanías, alcaldías, repartidores de correo y cargos en los ayuntamientos), que tradicionalmente habían ocupado españoles peninsulares.12 Muchos de ellos fueron comprados por los criollos novohispanos permitiéndoles acceder a la toma de decisiones económicas y políticas del gobierno virreinal. Además restringió en sus colonias la producción de la seda, la vid y el olivo con la finalidad de proteger a los productores españoles. Aunque las medidas anteriores le proporcionaron a España beneficios económicos momentáneos, con el tiempo le restaron poder y control sobre la administración de sus colonias. Ello explica que década después, la Corona española, bajo el gobierno de la nueva casa reinante de los Borbón, sintiese la necesidad de implementar una serie de reforma administrativas, política y fiscales encaminadas a recuperar su poderío.14 Su aplicación redundó en un enorme impulso a la economía novohispana.10

El florecimiento de las ciudades
A lo largo del siglo XVII, las principales ciudades de Nueva España se consolidaron como centros políticos, religiosos, económicos y financieros que regíanla la vida no sólo de sus habitantes sino de amplias zonas rurales a su alrededor. En las principales ciudades se concentraban también las actividades culturales. La Ciudad de México era sin duda la más importante.15 Pero también otras ciudades florecieron como centros urbanos en otras regiones: Puebla de los Ángeles, Valladolid (hoy Morelia), Guadalajara, Mérida y Oaxaca.15 Muchas ciudades mineras que habían decaído retomaron impulso con el auge económico de finales del siglo XVII: Taxco, Guanajuato y Zacatecas fueron ejemplos de ello.15 El crecimiento de las ciudades favoreció que se establecieran mejoras y servicios

El creciente desarrollo urbano fortaleció la economía interna de Nueva España . Los comerciantes establecían vínculos con las áreas rurales y con otras ciudades. vigilancia y alumbrado público con faroles de aceite que el «sereno» o velador encendía cada noche y apagaba por las mañanas.como el empedrado de las calles.15 En todas las ciudades la actividad comercial era primordial. En las ciudades de menor tamaño y en los pueblos predominaban pequeños comerciantes locales que dependían de los medianos para su abasto. El centralismo comercial continuó siendo muy importante en el siglo XVIII a pesar de la liberalización del comercio. Gracias a ellos se mantenía la comunicación entre las diversas regiones. La Ciudad de México era la única en que se realizaba el comercio a gran escala. Estos últimos eran quienes llevaban y traían mercancías de una ciudad a otra. Allí los grandes comerciantes llevaban las mercancías que llegaba de otros contingentes para distribuirlas por todo el territorio y también controlaban las exportaciones.

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