Lascivia

Es extraño pensar en todos los progresos que realizó el conocimiento humano con respecto a su propio cuerpo. De los humores que afectaban la salud de los antiguos griegos, hasta las distintas patologías por el cual éste se puede ver afectado hoy día, la ciencia del hombre ha recorrido un largo camino. De hecho, la circulación misma de la sangre, parece haber sido ignorada tozudamente por más de cinco mil años de historia (si admitimos que esta comenzó con las letras, claro), y ella permaneció así, circulando descaradamente, aunque nadie se percatara de ello. Sólo hace unos pocos siglos, al desdichado Miguel Servet lo quemaban prolijamente vivo en la hoguera, por santas instrucciones del muy piadoso Juan Calvino, quien como la mayor parte de sus contemporáneos, no podía soportar la increíble idea de que la sangre estuviese vagando de un lado a otro de nuestro cuerpo, así, tan promiscuamente, como insinuara el aragonés. No obstante ello, hay una clasificación que ha permanecido en los anales del arte de la medicina desde antiguo, y para sorpresa de pocos, permanece hoy día: son cinco los sentidos, y sólo cinco. Y por si esta afirmación no fuera un poco irreverente ante los embates del tiempo, cabe agregar que ellos estaban bien identificados ya en tiempos remotos, y continúan así, los mismos, desde que por primera vez hombre alguno se percatara de su existencia. Sus nombres: vista, audición, olfato, gusto y tacto Ellos son nuestra ventana al mundo. Por ellos percibimos todo lo que nos es dado percibir. Gracias a ellos sabemos si hace frío o calor, conocemos el amargor de la cerveza, percibimos el perfume que tiene la flor, disfrutamos la melodiosa risa de un niño, admiramos la gloriosa puesta del sol. El mundo, en toda su majestuosidad, y por supuesto en su otra cara, nos es dado a conocer sólo a través de estos sentidos. Y los sentidos, deseosos, insaciables, buscan darnos a conocer el mundo, en todo lo que éste tiene de majestuoso. Por esto me pregunto… ¿Cuál es la extrañeza que causaron mis palabras? ¿Cuál el misterio que albergó tu corazón? Que si hubiera expresado algo contrario a la razón que dicta la inescrutable lógica de nuestros sentidos, lo entendería. Pero, siendo que mis pensamientos no son contrarios a su naturaleza, no puedo dejar de estar sorprendido ante tu sorpresa. ¿Es que tal vez no condice conmigo el hecho que yo sienta, y debo ser extraño a lo que percibe cualquier otro mortal? ¿Será que no es de creer que pueda estar comunicado con aquello que me rodea? ¿Será que no manifiesto realmente en qué medida lo estoy? Tras mucho meditar estas y otras cuestiones, puedo sospechar que aquello que realmente causó en ti extrañeza, es el hecho mismo

Pues el espectáculo que representan las delicadas líneas de tu cuerpo. mis sentidos. son ellos los que irresponsablemente incitan mi pasión. a lo que el impaciente gusto. Entre los contornos de las prendas que cubren tus senos. (¿Qué es ese sonido otra vez? ¿Cuál el origen de ese repiqueteante tambor que marca el paso presuroso de tu corazón?)” “Son tus perfumes. y lo que dejan entrever. Puestas al fin cada una en su lugar. Pues el néctar . Son esas minúsculas partículas que se desprenden de ti las que alimentan mi deseo. Y el hilo de tu voz. El suave contorno de tu boca permite sospechar suspiros que solo el deleite de los rumores de alcoba podría saciar. éste al que sólo acudimos tú y yo… ¿Qué es lo que éstas. los pensamientos más traviesos buscan extraviarse. Así estas voces no se superpondrían unas con otras haciendo que su discurso fuera inaudible.” “Y soy la audición. los que excitan mis pensamientos. Y puedo decir.que yo profiriera las palabras que dictan. como atolladero de gritos. de aquello que las dio a luz… bendito los labios que descansen sobre tu piel. interrumpe. Y es que realmente por largo tiempo las sumí en silencio. acostumbrada a la multiplicidad de colores que espejea el arco iris. pues soy la que conoce a distancia y en mí principia el deseo. sino mis entrañas. “Primero yo. gemido y jadeante respiración?. un tiempo. debería ordenarlas y darle a cada una un lugar. de dejarlas hablar. de aquello que las segrega. pues es mi deseo incontenible adivinar lo que. despierta las pasiones del espíritu. que buscan al unísono el camino que conduzca hacia los pliegues de tu piel. son un convite a la poesía. majestuoso e incluso altanero en el quehacer cotidiano… ¿qué mágico prodigio lo torcerá en silencio. La gracia con la que sonríen lleva consigo promesas de susurros que se escabullen solo en la oscuridad. Pues.. sin duda. mis huesos. mi carne. tus aromas. permitir que hablaran sólo de a una por vez.” – Creo oír decir al olfato. acostumbrada a rezar laúdes a las maravillas con que nos deleita el mundo. quien la secunda. al apagarse las luces del día. mis voces profundas. Hacerlo en orden. las que percibo revoloteando por el maravilloso y sutil espacio que te circunda. Lo que tus ropas esconden. esos labios puedan murmurar. se atreverían a comunicarte? Ante todo. que soy primera en alzar la voz para cantar tus virtudes. ¿qué dirían? Si por un momento las dejara en libertad y permitiera que sus voces se escucharan en cada rincón del auditorio en el cuál nos encontramos.“Y si estas porciones de tu ser son primicias. pues la sabiduría contenida en las palabras de una. la vista. podrían así comenzar. las voces de los sentidos. no mi corazón. no ya mi espíritu. Pues la proporcionalidad y simetría de los giros que en torno a la tierra dan la luna y el sol.. iluminarían el discurso de la otra. sin salteos. nada son ante la gracia de las curvas que distingue en tu figura el ojo avizor. Debería imponerles reglas.

pues no dejan de crecer en cada centímetro de mí. por un momento. domingo 18 de enero de 2009. las voces de los otros sentidos. todas sus ansias de tenerte. en fin. entre nosotros. no encuentra comparación en la dulzura que siente quien beba de vos. firme hay que pisar. Y pierde el equilibrio mi espíritu. la temperatura y la presión los que informan al tacto. y el silencio se haga presente. que son mis sentidos. en lugar de circular y calentar nuestras entrañas. Suerte tengo en encontrarte. incontenibles. los deseos de sentir la intimidad de tu ser. si no queremos vernos arrollados por esta bola creciente de lascivia. cuando es atosigada por el embate de mis huesos.” Y cuando. lo que produce el suave contacto con tu humanidad. fría e inmutable? …¿O no? …Muñiz. son. si no pusiera coto a sus palabras.con el que los dioses del Olimpo convidan a sus invitados en las fiestas que celebran. Pues. nuestros órganos. y que me ayudes a poner freno a estos tormentosos sentimientos. permaneciera quieta. que se alimenta de la pasión que emana del mismo discurso. que se disparan cual chorro por mi espina dorsal.” Y mucho más dirían. Suerte tenemos ambos. si son los aromas y sabores los que escandalizan al gusto y al olfato. hayan hecho un alto. de que estas voces sean hoy acalladas por la cordura y la razón. Calor y frío. frente al arrebato de las fantasías que lo acechan. y no tenga que sentirme avergonzado por ello. Pierde el equilibrio mi mente. que expresan. cuando mis dedos insolentes sueñan en recorrer y palpar los últimos rincones de tu cuerpo. si son las melodías lo que percibe la audición. Y son temperatura y presión lo que experimenta mi cuerpo. Pues una vez que deja el hombre hablar a la voz que surge desde sus entrañas. ¿No sería tanto más maravilloso el mundo si nadie albergara sentimientos tan perniciosos como estos? ¿No sería tanto más saludable si la sangre. . con tus caricias. será el turno para que el último de mis sentidos exprese sus mayores anhelos: “Si es la luz y los colores lo que excita la vista. Presión que agobia. Suerte que desconoces todo cuanto quiere asomar por estas ventanas.

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