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Derechos Sexuales y Reproductivos

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Mis derechos + tus derechos = No violencia

Derechos sexuales y reproductivos

Derechos Sexuales de las y los Jóvenes

1 Derecho a decidir de forma libre sobre mi cuerpo y mi sexualidad Existen diversas formas de vivir la sexualidad. Tengo derecho a que se respeten las decisiones que tomo sobre mi cuerpo y mi sexualidad. Soy responsable de mis decisiones y actos. Nadie debe presionar, condicionar ni imponer sus valores particulares sobre la forma en que decido vivir mi sexualidad. 2 Derecho a ejercer y disfrutar plenamente mi vida sexual El disfrute pleno de mi sexualidad es fundamental para mi salud y bienestar físico, mental y social. Tengo derecho a vivir cualquier experiencia, expresión sexual o erótica que yo elija, siempre que sea lícita, como práctica de una vida emocional y sexual plena y saludable. Nadie puede presionarme, discriminarme, inducirme al remordimiento o castigarme por ejercer o no actividades relacionadas con el disfrute de mi cuerpo y mi vida sexual. 3 Derecho a manifestar públicamente mis afectos Las expresiones públicas de afecto promueven una cultura armónica afectiva y de respeto a la diversidad sexual. Tengo derecho a ejercer mis libertades individuales de expresión, manifestación, reunión e identidad sexual y cultural, independientemente de cualquier prejuicio. Puedo expresar mis ideas y afectos sin que por ello nadie me discrimine, coarte, cuestione, chantajee, lastime, amenace o agreda verbal o físicamente. 4 Derecho a decidir con quién compartir mi vida y mi sexualidad* Existen varios tipos de familias, uniones y convivencia social. Tengo derecho a decidir libremente con quién compartir mi vida, mi sexualidad, mis emociones y afectos. Ninguna de mis garantías individuales debe ser limitada por esta decisión. Nadie debe obligarme a contraer matrimonio o a compartir con quien yo no quiera mi vida y mi sexualidad. 5 Derecho al respeto de mi intimidad y mi vida privada Mi cuerpo, mis espacios, mis pertenencias y la forma de relacionarme con las y los demás son parte de mi identidad y privacidad. Tengo derecho al respeto de mis espacios privados y a la confidencialidad en todos los ámbitos de mi vida, incluyendo el sexual. Sin mi consentimiento, ninguna persona debe difundir información sobre los aspectos sexuales de mi vida. 6 Derecho a vivir libre de violencia sexual Cualquier forma de violencia hacia mi persona afecta al disfrute pleno de mi sexualidad. Tengo derecho a la libertad, a la seguridad jurídica y a la integridad física y psicológica. Ninguna persona debe abusar, acosar, hostigar o explotarme sexualmente. El Estado debe garantizarme el no ser torturada/o, ni sometida/o a maltrato físico, psicológico, acoso o explotación sexual. 7 Derecho a la libertad reproductiva* Las decisiones sobre mi vida reproductividad forman parte del ejercicio y goce de mi sexualidad. Como mujer u hombre joven tengo derecho a decidir de acuerdo con mis deseos y necesidades, tener o no hijos, cuántos, cuándo y con quién. El Estado debe respetar y apoyar mis decisiones sobre mi vida reproductiva, brindándome la información y los servicios de salud que requiero, haciendo efectivo mi derecho a la confidencialidad. 8 Derecho a la igualdad de oportunidades y a la equidad Las mujeres y los hombres jóvenes, aunque diferentes, somos iguales ante la ley.

Como joven, tengo derecho a un trato digno y equitativo y a gozar de las mismas oportunidades de desarrollo personal integral. Nadie, bajo ninguna circunstancia, debe limitar, condicionar o restringir el pleno goce de todos mis derechos individuales, colectivos y sociales. 9 Derecho a vivir libre de toda discriminación Las y los jóvenes somos diversos y, por tanto, tenemos diferentes formas de expresar nuestras identidades. Tengo derecho a que no se me discrimine por mi edad, género, sexo, preferencia, estado de salud, religión, origen étnico, forma de vestir, apariencia física o por cualquier otra condición personal. Cualquier acto discriminatorio atenta contra mi dignidad humana. El Estado debe garantizarme la protección contra cualquier forma de discriminación. 10 Derecho a la información completa, científica y laica sobre la sexualidad Para decidir libremente sobre mi vida sexual necesito información. Tengo derecho a recibir información veraz, no manipulada o sesgada. Los temas relativos a la información sobre sexualidad deben incluir todos los componentes de ésta: el género, el erotismo, los vínculos afectivos, la reproducción y la diversidad. El Estado debe brindar información laica y científica de manera continua de acuerdo con las necesidades particulares de las y los jóvenes. 11 Derecho a la educación sexual La educación sexual es necesaria para el bienestar físico, mental y social, y para el desarrollo humano, de ahí su importancia para las y los jóvenes. Tengo derecho a una educación sexual sin prejuicios que fomente la toma de decisiones libre e informada, la cultura de respeto a la dignidad humana, la igualdad de oportunidades y la equidad. Los contenidos sobre sexualidad en los programas educativos del Estado deben ser laicos y científicos, estar adecuados a las diferentes etapas de la juventud y contribuir a fomentar el respeto a la dignidad de las y los jóvenes. 12 Derecho a los servicios de salud sexual y a la salud reproductiva* La salud es el estado de bienestar físico, mental y social de las personas. Tengo derecho a recibir los servicios de salud sexual gratuita, oportuna, confidencial y de calidad. El personal de los servicios de salud pública no debe negarme información o atención bajo ninguna condición y éstas no deben ser sometidas a ningún prejuicio. 13 Derecho a la participación en las políticas públicas de sexualidad Como joven puedo tener acceso a cualquier iniciativa, plan o programa público que involucre mis derechos sexuales y a emitir mi opinión sobre los mismos. Tengo derecho a participar en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas sobre sexualidad, salud sexual y reproductiva; a solicitar a las autoridades gubernamentales y a las instituciones públicas que construyan y promuevan los espacios y canales necesarios para mi participación; así como a asociarme con otras/os jóvenes para dialogar, crear y promover acciones propositivas para el diseño e implementación de políticas públicas que contribuyan a mi salud y bienestar. Ninguna autoridad o servidor público debe negar o limitarme, de manera injustificada, la información o participación referente a las políticas públicas sobre sexualidad.

Webgrafia: http://infouam.blogspot.mx/2005/03/cartilla-de-los-derechos-sexuales-de.html

La educación sexual ha sido durante varias décadas un tema relegado por el miedo o vergüenza que para muchos implica. Los principios morales y religiosos, sin sustento racional alguno, convirtieron, durante muchas décadas, un tema necesario para la salud mental y física de los individuos en un tema pecaminoso y prohibido. Las autoridades encargadas de establecer los contenidos educativos han actuado igual que los padres de familia, que temerosos del tema por no tener las herramientas adecuadas para enfrentarlo, prefieren voltear a otro lado suponiendo que nada ocurrirá, sin darse cuenta que lo único que hacen es heredar la ignorancia y el miedo a las generaciones futuras.

El desarrollo de la ciencia en sus diversas ramas, sobretodo la que atiende los temas sociales, evidencia, cada vez de forma más consistente, que el individuo para tener un pleno desarrollo humano necesita reconocer su dimensión sexual. Para ello es necesario tener una educación temprana, sincera –que sea capaz de nombrar las cosas por su nombre –, científica y laica. ¿Por qué es importante para las JIZ? La izquierda progresista contempla una visión humana del mundo. Para las Juventudes de Izquierda (JIZ) es prioridad que se coloque sobre la mesa el tema de los derechos sexuales y reproductivos (DSyR) porque es vital para que los jóvenes se realicen, cumplan sus anhelos, tengan una conciencia y sean libres de decidir sobre su vida de manera responsable; tengan derecho al placer independientemente de su género, a disfrutar el ejercicio de su sexualidad teniendo claras las responsabilidades que esta conlleva. Los derechos sexuales y reproductivos (DSyR) son un pilar fundamental para el desarrollo del ser humano y por añadidura son indispensables para la cohesión social, para que los individuos sean capaces de sentir empatía por el otro, empatía expresada en el respeto, el entendimiento y aceptación de las diferencias y preferencias sexuales de los demás; para que los jóvenes sean capaces de relacionarse con los demás de manera armónica, practicando de manera constructiva sentimientos como la amistad y el amor; para que las niñas, adolescentes y mujeres tengan la posibilidad de elegir sobre sus propios cuerpos y proyectos de vida al margen de la imposición de los deseos de los hombres. ¿Cuáles son los riesgos de no preocuparse por el tema de DSyR? Embarazos prematuros La falta de una educación integral en el tema de los DSyR impide que los jóvenes puedan tomar las riendas de sus proyectos de vida. Muchas niñas, en el mejor de los casos

adolescentes, se embarazan a muy temprana edad y ven reducidas todas sus expectativas a cuidar hijos cuando todavía deberían estar en la escuela preparando un mejor futuro para ellas y sus familias. Estos embarazos a tan tempranas edades se dan por diversas causas, pueden ser producto de encuentros sexuales consensuados pero sin información previa de las medidas pertinentes de protección que pueden adoptarse; también pueden ser producto de abusos sexuales por parte de familiares, amigos o agresores ajenos al círculo inmediato de las víctimas. Muchas mujeres todavía ven subordinadas sus expectativas y proyectos de vida a la decisión de sus parejas que sin mayor información que la de sus prejuicios y mitos pretenden que las mujeres tengan como única finalidad tener hijos y cuidarlos durante toda su vida. El informe de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), “La infancia cuenta en México 2010”, determina que el embarazo en niñas de 15 a 17 años se ha visto incrementado en los últimos años; destaca que mientras que el Distrito Federal se ha conservado como la entidad con menor número de embarazos adolescentes, los estados de Baja California, Chihuahua y Nuevo León se han posicionado con los mayores registros en el país, éste último con el incremento más drástico en 3 años, 58%. En algunos estados el problema es notorio cuando se verifican las cifras totales de niñas embarazadas: Estado de México (23,210), Yucatán (12, 894), Chiapas (10,879), Querétaro de Arteaga (10,386), y Jalisco (9192). El informe de la REDIM concluye que a nivel nacional deben existir alrededor de 180 mil casos. Según especialistas, la situación seguirá si no se atiende la insuficiente educación sexual, la falta de disponibilidad de métodos anticonceptivos, el que haya maestros poco preparados y gobiernos que obstaculicen políticas públicas en la materia; además, coinciden en apuntar que este fenómeno se debe principalmente a la falta de educación sexual de calidad tanto por parte de los padres de familia, maestros e instituciones. En el informe se estima que 695 mil adolescentes han estado embarazadas alguna vez, de las cuales 7 de cada 10 se consideran como madres solteras. Recomendaciones • • • Concientización Educación sexual Impulsar despenalización del aborto para menores de edad, con mayor preocupación en

entidades donde se penaliza con cárcel como Baja California. Abuso sexual En el tema del abuso sexual no se tienen estadísticas que evidencien la gravedad del problema, en parte porque las denuncias de este tipo implican procesos judiciales largos y

desgastantes para las víctimas. También hay casos que los agresores son personas muy cercanas a la familia que aprovechan esta situación para abusar sexualmente de las víctimas y mediante engaños y amenazas, aprovechando la inocencia o ignorancia, evitan las denuncias de los agredidos. Los padres de familia de los afectados pueden no tener la conciencia de la gravedad del asunto y a pesar de tener el conocimiento de la agresión no denunciar por miedo a dañar la reputación familiar o simplemente por creerlo un asunto menor. La Convención de los Derechos del Niño, establece en su artículo 19 que es obligación del estado parte proteger a los niños de todas las formas de violencia y maltrato, que hayan hecho padres, madres o cualquier otra persona dedicado a su cuidado. Está comprobada que la mejor herramienta de prevención y defensa ante estos casos es la educación. Una educación temprana puede incluso lograr que jóvenes que son agresores potenciales tengan una noción más clara de que es incorrecto obligar a tener una práctica sexual de cualquier tipo a otro individuo. Por otro lado, las víctimas potenciales pueden descubrir comportamientos incorrectos de manera más oportuna y evitar ser agredidos o en su defecto estar conscientes del abuso que han sufrido y la importancia de denunciar para evitar que sigan ocurriendo. Explotación sexual infantil La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1989, suscrita por todos los países -excepto dos - y adoptada por México en 1991, y que en su artículo 34 establece la obligación de los Estados Partes de proteger a los niños contra todas las formas de explotación y abusos sexuales y de tomar todas las medidas necesarias para impedir su explotación sexual. Según el INEGI, en México, entre 16 mil y 20 mil niños son explotados sexualmente. Las cifras son alarmantes y están acompañadas de estudios (REDIM, Infancia Robada) que demuestran la gravedad del problema en las principales zonas turísticas del país como Cancún y Acapulco; Tapachula, Guadalajara, Tijuana, en donde extranjeros principalmente de Estados Unidos y Canadá vienen a gastar sumas importantes de dinero aprovechando los vacíos legales de nuestro país y la indiferencia de nuestras autoridades. De ahí que la explotación sexual infantil esté considerada como el tercer negocio más lucrativo, sólo debajo del tráfico de drogas y del tráfico de armas. Es necesario que los jóvenes estén informados de este problema tan grave y que la sociedad en general se sensibilice y no prejuzgue a los jóvenes que se dedican a estas actividades sin conocer el contexto del problema y las causas que los orillan a ser utilizados por gente sin escrúpulos en tan terribles actividades. Propuestas: • Participar con familias y comunidades para establecer sistemas de prevención

• • •

Apoyar la elaboración de estudios que tengan como objetivo generar sistemas de Impulsar el fortalecimiento de la protección legal de niñas, niños y adolescentes contra la Exigir que en los programas educativos se contemple la exposición de este tipo de

detección y medición del problema explotación sexual comercial por encima de la moral y las buenas costumbres. problemas para que los jóvenes puedan reconocerlos y noten los vínculos con la violencia, el abuso sexual, las drogas, los embarazos a temprana edad o el abandono de la familia • Exigir que los servicios de salud estén disponibles para estos jóvenes independientemente de que estas prácticas se encuentren prohibidas por la ley Violencia de género En 1996, la 49ª Asamblea Mundial de la Salud reconoció la prevención de la violencia como una prioridad de salud pública, ya que se estima que cada año, 1.6 millones de personas pierden la vida por actos violentos. Sin embargo, se destaca que la mayor parte de los actos violentos -entre los que se encuentran los que ocurren en el seno de los hogares- no son mortales, sino que tienen como consecuencia trastornos mentales y reproductivos, enfermedades de transmisión sexual, discapacidades físicas o mentales permanentes. La violencia de género es un problema intrínseco a la forma de dominación patriarcal que padecemos en México y tiene como principal víctima a la mujer por su condición misma de mujer; donde la violencia como mecanismo de control y sometimiento es vista como “normal”. Estudios en México (Encuesta nacional de violencia contra las mujeres 2003, ENVIM) señalan que entre 28% y 72% de las mujeres han padecido. La violencia de género es sufrida de diversas formas a lo largo del ciclo de su vida. Durante la infancia se puede evidenciar en la mutilación genital, el incesto y el abuso sexual, físico y psicológico, así como la prostitución infantil. Durante la adolescencia la violencia se puede manifestar de diversas formas: la violación, el acoso sexual, la prostitución forzada, así como, de manera cada vez más recurrente, en la relación de noviazgo. Durante la niñez Según la OMS/OPS (1998), entre 36% y 62% de todas las víctimas de agresión sexual tienen 15 años de edad o menos. La ENVIM exploró el abuso sexual antes de los 15 años de edad, la prevalencia encontrada fue 7.6%. Frecuentemente el abuso sexual en menores ocurre dentro de la familia, y los principales agresores son otros hombres de la familia. Los Estados con mayor prevalencia fueron Baja California, Baja California Sur, Oaxaca y Sinaloa. Las JIZ apostamos a la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, entendemos que para que una sociedad sea próspera es necesario que se respeten las garantías individuales de ambos; se reconozca su derecho a la dignidad y a un trato humano. Violencia durante el noviazgo La violencia durante el noviazgo cada vez es más recurrente, no es un evento poco común, se estima que entre 8% a 58% de las mujeres sufren de violencia en esta etapa.

Estudios revelan que 10.2% de las mujeres adolescentes refieren violencia en las relaciones de noviazgo. Al clasificar la violencia durante el noviazgo por tipos, se encontró que la más frecuente fue la violencia psicológica (9.4%), seguida de la violencia física (4.1%), la cual se caracterizó principalmente por actos como los empujones y los golpes con la mano y, por último, la violencia sexual con 2.1% (ENVIM). Cabe destacar que los estudios muestran un recrudecimiento de la violencia en la vida de pareja posterior al noviazgo. La prevalencia de la violencia por parte de la pareja actual es de 21.5% para el conjunto del territorio nacional. A este dato cabe agregar que para 3% de las mujeres esta violencia es de tal severidad que se considera están en peligro de muerte. La violencia durante el noviazgo, cada vez más frecuente, evidencia severos problemas al interior de las familias de los jóvenes tanto de quienes la ejercen como de quienes la padecen. Se requiere una educación sexual amplia y moderna que contemple las relaciones sociales y ayude a los jóvenes a comprender y practicar de forma saludable sentimientos como el amor y la amistad. Propuestas: • • Impulsar dentro de los textos educativos en el nivel básico textos que hablan de las Sensibilizar mediante campañas la importancia de luchar por la equidad de género relaciones sentimentales sanas

Diversidad sexual En una sociedad democrática rescatar valores de la izquierda como la tolerancia y el respeto a la diversidad humana es fundamental. Los seres humanos tienen anhelos, intereses, proyectos de vida diferentes. La calidad de humanos nos la otorga la posibilidad de tener una identidad, de ejercer nuestra libertad a ser nosotros mismos. Los jóvenes de las JIZ creemos en la importancia de sentir empatía por el otro, de respetar la dignidad de todos los individuos. La izquierda siempre se ha caracterizado por el respeto a la identidad de los demás, no por ser minorías, sino por su calidad de seres humanos. A diario miles de jóvenes son discriminados en las calles, en restaurantes, bares, en sus trabajos, escuelas y muchas veces hasta dentro de sus propias familias. El odio y miedo que genera el desconocimiento de lo otro puede tener consecuencia trágicas. Christian Iván Sánchez Venancio, activista e integrante de la Coordinadora para la diversidad Sexual del Partido de la Revolución Democrática en el Distrito Federal, fue asesinado precisamente por alguien incapaz de comprender las diferencias que nos hacen humanos. Para que esto no ocurra más las JIZ se comprometen a tener como prioridad la educación sexual, sensibilizar a los jóvenes y luchar por los derechos de todos. webgrafia: http://jovenes.prd.org.mx/index.php/agenda/derechos-sexuales-y-reproductivos

Los derechos sexuales y reproductivos han ido cobrando importancia creciente en los distintos foros internacionales, al hacerse patente la necesidad de que sean reconocidos y garantizados como bienes sociales que permiten la vinculación con la democracia y el ejercicio de las libertades individuales. En el caso de los y las adolescentes,1 dado que se encuentran en una etapa de plena formación cívica, están inmersos en un proceso de construcción de ciudadanía que implica su conformación como sujetos de derechos en la práctica y no sólo objetos de derechos en la legislación. Abordar sus derechos sexuales y reproductivos, visualizados como una parte constitutiva y fundamental en su construcción como sujetos de derechos, lleva a la vinculación de derechos, ciudadanía y salud; e implica dirigir un enfoque crítico hacia el control que la sociedad ejerce sobre sus cuerpos y su sexualidad y hacia las múltiples autoridades que se consideran competentes para decidir sobre ellos y ellas. El grupo poblacional que designa la palabra "adolescentes" es muy heterogéneo, la posición en este trabajo parte de reconocer la adolescencia como una construcción sociohistórica y cultural de origen occidental (Kett, 1993; Checa, 2003; Tuñón y Eroza, 2001), asociada con la industrialización, cuyos fines son tanto clasificatorios como de control social que produce y reproduce un orden hegemónico (Feixa, 1995). Entender esto permite visualizar que hay otras culturas o grupos poblacionales donde el paso de la niñez a la vida adulta se da en otras condiciones (Lutte, 1991); como dijera Bourdieu (2000: 64), "la juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos". Para este trabajo se consideró la siguiente definición de adolescencia:2 Una construcción sociocultural e histórica que expresa un proceso desarrollado durante una etapa de la vida, en la cual se configura y construye el paso de la infancia a la adultez, constituye un tiempo diferente para cada sujeto o grupo sociocultural, dependiendo de su propia historia de vida y de su contexto social, cultural, económico y político. Aceptar la heterogeneidad de este grupo poblacional permite considerar tanto la diversidad de situaciones sociales, económicas, políticas y culturales que los rodean, como incluir en su estudio al género, categoría analítica relacional que cruza transversalmente todas estas situaciones contextuales y que posibilita conocer cómo la diferencia cobra la dimensión de desigualdad (Lamas, 1996). No menos importante es conocer la relación entre derechos sexuales y reproductivos y la construcción de sujetos de derechos, lo que tiene que ver con la ciudadanía, la membresía social (Molyneux, 2001) y los derechos humanos; esto es, con el poder de tomar decisiones sobre el cuerpo y la sexualidad, junto con los recursos, entendidos éstos como las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales que posibiliten su ejercicio (Correa y Petchesky, 1995). Los derechos sexuales y reproductivos son un reto importante cuando se habla de una ciudadanía plena, pues no es fácil articularlos desde las cuestiones legales y políticas hacia las vivencias personales, a su esencia y ejercicio, como dijera Londoño (1996): éstos son los más humanos de todos los derechos. Su concepción no entra exclusivamente en el terreno de la salud como un derecho social, sino que se refieren

a la autonomía personal, al derecho de disponer del propio cuerpo y tomar decisiones sobre el mismo e incluso al ejercicio de las libertades individuales. Uno de los problemas que conlleva la conceptualización de estos derechos es englobar su dimensión sexual y reproductiva, ya que puede impedirse la visualización completa de ambos, sobre todo de los sexuales, y repercutir en la formulación de este tipo de derechos desde las instancias gubernamentales. No son conceptos acabados, los derechos reproductivos se basan en el reconocimiento de la libertad reproductiva de las parejas y los individuos, también incluyen el derecho a gozar de una buena salud sexual y reproductiva, con servicios médicos accesibles y de calidad. Mientras que los derechos sexuales se basan en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todo ser humano, donde cobra particular importancia la dimensión del placer sexual, posibilitan las decisiones libres y responsables sobre todos los aspectos de la sexualidad, libres de discriminación y violencia. Aunque los derechos sexuales ya son reconocidos como tales, no son contemplados íntegramente en todas sus dimensiones, pues sufren embates desde sectores conservadores y fundamentalistas, e incluso desde esferas gubernamentales, a través de la censura. En el caso de los y las adolescentes esto se ha visto en las confrontaciones sobre aspectos relacionados con su educación sexual, que afecta directamente su derecho a la información científica y laica sobre sexualidad o en las condenas al ejercicio de su sexualidad, incluyendo el autoerotismo o la diversidad sexual, así como el derecho a vivir su sexualidad libres de discriminación y violencia. Este tipo de derechos tienen que ver con la justicia social, la democracia y la ciudadanía, considerando que la democracia es multidimensional, inicia dentro de los hogares y llega hasta las macroestructuras civiles y gubernamentales. La ciudadanía implica el ámbito privado, con el ejercicio de la propia autonomía, hasta las esferas públicas del poder, pues tanto la sexualidad como la reproducción son temas que corresponden a las esferas de los derechos, la ética y el ejercicio de la ciudadanía (Ortiz, 2004). En cuanto al concepto de ciudadanía, incluye una amplia gama de cuestiones, contextos y dimensiones (Molyneux, 2001). Es desde la sociedad civil que surge la lucha política por visibilizar los derechos sexuales y reproductivos como garantes principales de la salud sexual y reproductiva. El ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos genera polémica y confrontación entre distintos sectores de la sociedad y sus visiones del mundo, pues involucran la sexualidad. Sin embargo, son pilares para la salud de los y las adolescentes, pero la forma de ver la salud y la enfermedad crea diferencias en cuanto a la manera de actuar hacia las poblaciones en general y hacia los(as) adolescentes en particular; es evidente que durante mucho tiempo han constituido una "población en la sombra", al ser considerados como "sanos", situación que cambió a partir de la importancia creciente de las infecciones de transmisión sexual (en adelante ITS), sobre todo del VIH/sida, así como de la mayor visualización del embarazo en adolescentes. El otro tema interrelacionado tiene que ver con las identidades de género, lo que influye en la salud sexual y reproductiva de este grupo poblacional, en aspectos tan importantes como su acceso a la información o a los servicios de salud, en la capacidad de protegerse a sí mismo(a) de embarazos no deseados o de las ITS y el VIH/sida, así como en la posibilidad de que sus voces sean escuchadas por los hacedores de políticas públicas y prestadores de salud.

MATERIAL Y MÉTODOS Se realizaron entrevistas semiestructuradas (catorce adolescentes) y entrevistas grupales (tres grupos: varones, mujeres y mixto) para un total de 48 adolescentes (26 mujeres y 22 varones), con edades de doce a 17 años, inscritos en la telesecundaria de una población semirrural (Pesqueira, Sonora) en el ciclo escolar 2006 –2007, abarcando los tres grados escolares. La elección de esta población obedeció a que, por un lado, existía la decisión de trabajar el tema con adolescentes no urbanos, puesto que se encontró escasa información sobre derechos sexuales y reproductivos en contextos semirrurales o rurales, de los cuales ninguno había sido trabajado en Sonora y, por el otro, había interés de El Colegio de Sonora para desarrollar estudios en esta población. En esta investigación se planteó conocer cómo se desarrolla el proceso de apropiación3 de los derechos sexuales y reproductivos de adolescentes que radican en Pesqueira, Sonora, y acuden a la telesecundaria de dicha población, considerando que su edad es plenamente formativa en términos cívicos y que falta información que estudie el impacto que estos derechos poseen en la salud sexual y reproductiva de la población adolescente en México y en su conformación como sujetos de derechos. El estudio partió de algunos supuestos como reconocer que los y las adolescentes son estigmatizados en nuestra sociedad como rebeldes, inmaduros e irresponsables y que hay ciertas instituciones que consideran que están en una etapa de "crisis" personal, como la familia, la religión y los sectores gubernamentales, apoyados por algunas corrientes desde la psicología (Piaget, 1955; Freud, 1980; Gessel, 1993) y la medicina (Hall, 1904; Dulanto, 2000), y que en dicha etapa se integran elementos de la identidad (Haro y Denman, 1994), por lo que algunos derechos les son negados o cuestionados, sobre todo cuando se relacionan con temas tabú, como el de la sexualidad. En el trabajo se toma como hipótesis que el desconocimiento parcial o total de los derechos sexuales y reproductivos por parte de los y las adolescentes dificulta su construcción como sujetos de derechos y la conformación de una ciudadanía plena. En este proyecto se decidió utilizar la investigación cualitativa, dada su pertinencia para estudiar una dimensión sociocultural de la salud sexual y reproductiva, la que tiene que ver con la construcción, apropiación y ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos. La utilización de entrevistas semiestructuradas posibilitó dar voz a los y las adolescentes en uno de los temas que les son más cuestionados: sus derechos sexuales y reproductivos, fundamentalmente el proceso de apropiación de los mismos. Se consideró que esta herramienta metodológica era útil, ya que permite construir significados e interpretaciones de las narrativas en el contexto de una investigación (Kvale, cit. por Cisneros, 2004). La técnica de entrevista grupal abrió otras posibilidades a la investigación; no se designó como grupos focales porque se decidió utilizar un esquema más abierto, con preguntas generales para abordar los temas de interés, factibilizando la construcción del discurso colectivo por medio de una posición más parecida a las interrogaciones de las conversaciones cotidianas, pero inmersas en una dinámica grupal (Haro, 2004). La

utilización conjunta de herramientas metodológicas permitió enriquecer los datos y posibilitó la triangulación de la información recabada. El análisis de la información empírica se realizó con base en cuatro derechos: 1. Derecho a la información completa, científica y laica sobre sexualidad. 2. Derecho a la igualdad y la no discriminación sexual. 3. Derecho a la libertad reproductiva. 4. Derecho a decidir con quién compartir la vida y la sexualidad.

DERECHO A LA INFORMACIÓN COMPLETA, CIENTÍFICA Y LAICA SOBRE SEXUALIDAD Durante las entrevistas se buscó conocer la información que los y las adolescentes habían recibido sobre sexualidad, quiénes hablaban con ellos(as) de estos temas y si éstos incluían información sobre medidas preventivas, ITS y embarazo. También se preguntó si consideraban que dicha información era suficiente o no para resolver sus dudas o si deseaban que fuese más amplia. Se descubrió que a los(as) adolescentes entrevistados no les quedaba claro a qué se refería la palabra sexualidad, como se aprecia en la respuesta que nos dio Allison:4 Lucero: ¿Qué idea tienes de lo que es sexualidad? Allison: No... sabe, tener relaciones sexuales, los maestros casi no, muy pocas veces nos dicen... en sexto sí. Lucero: ¿En tu casa te han hablado de estos temas? Allison: No, nomás que me cuide, nomás, casi no, mi mamá casi no... en la escuela pues del condón, del preservativo, nos ha hablado la maestra... y los hombres dicen que para no embarazar, los chamacos dicen que los traen, fueron y les dieron... (Allison, entrevista semiestructurada, trece años, segundo grado, originaria de Pesqueira). Esta respuesta es similar a lo que contestó la mayoría de los(as) entrevistados(as), independientemente del grado escolar que cursaban, a pesar de que en sus libros de cívica y ética se puntualizan las diferencias entre sexualidad, sexo y relaciones sexuales, para ellos y ellas sexualidad y sexo eran sinónimo de relaciones sexuales. En un caso particular se encontró una acepción distinta de lo que era la sexualidad. Se trata de Zulema, alumna de tercer grado participante de la entrevista grupal. Lucero: ¿Qué entiendes por sexualidad? Zulema: Es lo que... tu forma de pensar, tu forma de actuar y tu forma de vestir... tu forma de ser (Zulema, entrevista grupal, mujeres, quince años, tercer grado, Pesqueira). Zulema había participado en eventos deportivos en otros lados del país; además, por motu propio, había comprado libros sobre sexualidad y feminismo, por lo que su discurso recibía influencias fuera de la educación escolar. También habló de la apertura que había en su familia para tratar esos temas, y refirió que ella estaba preparada para tomar decisiones sobre su persona.

Así mismo, se encontraron casos donde la información había fluido en sentido inverso de los y las adolescentes hacia sus padres, ya que en la mayoría de los casos los hijos tenían mayor instrucción escolar. La mayoría de los(as) adolescentes manifestaron que el tema de la sexualidad no era abordado al interior de sus familias, recayendo la información principalmente sobre los(as) docentes. Los hallazgos mostraron que los y las adolescentes habían recibido información, primordialmente escolar, sobre las ITS, particularmente sobre el VIH/sida, mencionando con menor frecuencia la gonorrea, la sífilis y el herpes. El énfasis de la información estaba puesto en los riesgos; en sus expresiones las palabras contagio, peligro y muerte se ligaban al de sida, visualizándose además errores de conceptos: Lucero: Oye, me habías dicho que en las clases ven de sexo, ¿qué es lo que ven? Rigo: Nada, de la enfermedad ésa del sida, que cómo se contagia y todo eso... las clases ésas casi no las vemos, porque repiten mucho lo (de) la tele, en las de cívica y ética. Cuando termina las clase nos ponemos a leer el libro, ya después comentamos acerca de eso y ya nos dice la profe que nos cuidemos y así... No, pues, que... por ejemplo, que ya que estemos grandes y todo, que antes de casarnos nos hagamos análisis a ver si no tenemos enfermedad o algo así, que nos hagamos estudios o algo así... (Rigo, trece años, segundo grado, originario de Pesqueira). El sida fue mencionado por todos los(as) adolescentes; sin embargo, sería necesario evaluar si no se descuida la información sobre otras ITS. Por otro lado, la información sobre sexualidad está permeada por las experiencias y conocimientos de los docentes y/o sus padres, las respuestas que ellos ofrecen a las preguntas de los(as) adolescentes se ligan con sus propias historias de vida, en ocasiones poniéndose de ejemplo como lo manifestaron algunos entrevistados(as). De la misma manera, se hizo evidente que el énfasis, al menos el que se leyó en sus libros, está puesto en la abstinencia y los riesgos, lo que se repite en los discursos familiares y escolares, acentuándose la "responsabilidad" de las mujeres para "cuidarse". La transmisión intergeneracional está empapada de valores y patrones culturales que los padres, y principalmente las madres (dada la transmisión genérica), transmiten a sus hijas (Geldstein et al., 2000) y que están relacionadas con su cosmovisión, sus experiencias y su contexto, como manifestaron las adolescentes que participaron en esta investigación cuando hablaron del trabajo doméstico que desempeñaban y que no era equitativo con sus hermanos (incluso cuando ellas trabajaban fuera del hogar), del cuidado de sus hermanos menores y del control de su sexualidad, o de las pláticas familiares donde se enfatizaba que "debían cuidarse" de los hombres. Uno de los hallazgos de la investigación fueron las diferencias de discursos, interpretación e incluso significados encontrados entre varones y mujeres en cuanto a la responsabilidad en la utilización de métodos preventivos: Los anticonceptivos... pues eso les corresponde a las mujeres, tienen que cuidarse también porque un hombre... puede llegar con ella y verbearla [convencerla mediante palabras] de volada, y al hombre le vale y a la mujer no, la mujer tiene... tiene la mayor responsabilidad de cuidarse que el hombre (Roberto, dieciséis años, tercer grado, originario de Pesqueira).

Las diferencias señaladas no se refieren sólo al tipo de métodos anticonceptivos, sino a la idea compartida por otros adolescentes de que "las mujeres tienen que cuidarse más". Mientras que las adolescentes manifestaban dudas e inseguridades cuando se les preguntaba si ellas podrían exigir a sus parejas la utilización de algún método de prevención como el condón, o si podrían acudir a solicitar algún tipo de información o método anticonceptivo a instancias médicas o comerciales, posiciones públicas que no podían asumir: "¿qué dirá de mí?", "¡qué pena!" y/o "¡qué vergüenza!" surgieron como los principales impedimentos, lo que va de la mano con las prohibiciones, regulación y control de su sexualidad. Los y las adolescentes describían las críticas y señalamientos realizados por diversos actores sociales hacia las adolescentes que estando en la escuela se habían embarazado. Sin embargo, es frecuente que en su comunidad las parejas se "junten" (unión libre) al terminar la secundaria; parece que en todo caso la sanción es por la presencia del embarazo cuando la adolescente aún pertenece al hogar paterno. En el caso de las adolescentes, parece que la información se maneja más con la intención de atemorizarlas que de orientarlas para tomar decisiones autónomas y responsables, enfatizándose los riegos "biológicos" del embarazo en adolescentes sin to mar en consideración otros factores, como la edad misma, ya que los riesgos difieren incluso dentro del mismo grupo poblacional (<14 o >15 años) (Stern, 1997), como tampoco se consideran los riesgos familiares y sociales, que incluso pueden constituirse en factores más importantes que los biológicos para la salud del binomio madre/hijo al conformar condicionantes de vulnerabilidad social (Stern, 2004: 149). Los y las adolescentes consideraban que les hacía falta más información, querían saber más sobre sexualidad, embarazo, ITS y medios de prevención, pero se sentían limitados(as) para preguntar a sus docentes o padres, dada la connotación negativa que percibían en su medio para hablar de estos temas; además, no visualizaban que la información sobre sexualidad fuera un derecho.

DERECHO A LA IGUALDAD Y LA NO DISCRIMINACIÓN SEXUAL La igualdad es un derecho fundamental, implica la cesidad de reconocer la otredad más allá de las diferencias. Es un derecho sexual al pugnar porque las personas puedan vivir su sexualidad libre de discriminación y violencia. En el caso de los y las adolescentes se relaciona con la no discriminación por su edad y/o género, contempla libertades y necesidades, así como información y cobertura de servicios de salud sexual y reproductiva (Mesa et al., 2006). Uno de los aspectos investigados sobre este derecho fue la opinión de los y las adolescentes sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Aun cuando se evidenció que en general tendían a reproducir el discurso escolar sobre la igualdad de derechos, se encontraron casos, sobre todo de mujeres, que cuestionaban esta aseveración. Un testimonio muy ilustrativo al respecto fue la construcción del discurso colectivo, donde Yury manifestó su desacuerdo al sí inicial de sus compañeras a las que llevó a cambiar de opinión: Aunque todo el mundo diga que sí... que hombres y mujeres tienen el mismo derecho no es cierto... porque no sé... lo que yo he visto en mi familia, en la sociedad, que a

veces las mujeres se privan mucho así, que las mamás que... no, hasta mejor para acá y los hombres no... a veces a las mujeres las privan mucho, a los hombres no, que para que conozcan más, para que aprendan de la vida... si nosotros también queremos aprender de la vida... ¿por qué a nosotros no nos dejan hacer?, por ejemplo, ellos, sí pueden andar hasta tarde y nosotros no... (tienen más oportunidad) de estudio... Que porque tienen más fuerza, que porque pueden trabajar en lo que quieran... Que porque son indispensables en la sociedad... nosotras también somos indispensables en la sociedad, que porque los hombres son los que embarazan a las mujeres, pues ni modo que embarace un hombre a un hombre... de ahí también la responsabilidad que se toma también al casarse, porque al casarte y tener hijos tienes que saber las responsabilidades, ¡es cierto, las mujeres, siempre las mujeres!... por ejemplo, si le piden permiso a sus mamás: no, que dile a tu papá, pero si tu mamá te dice que no y tu papá te dice que sí... vas, porque se supone que el papá tiene la mano de fuerza en la casa, ¿pero por qué?... (entrevista grupal a mujeres). Para Yury la igualdad de derechos no era una realidad, ella cuestionó la dominación masculina, logrando que sus compañeras apoyaran sus ideas, a diferencia de las adolescentes entrevistadas individualmente, quienes hablaron más en el sentido normativo, repitiendo el discurso oficial de igualdad, aunque percibieran desigualdades genéricas en sus hogares, escuela y comunidad. En el caso de los adolescentes no existieron este tipo de cuestionamientos, ellos ubicaron a sus padres como trabajadores–proveedores, mientras que a sus madres las situaron en el hogar, a cargo de las labores domésticas. Cabe aclarar que la mayoría de las madres trabajaban, principalmente como jornaleras agrícolas. De esta manera se evidenció que tanto las madres como las hijas desarrollaban trabajo productivo y reproductivo, con las consecuentes sobrecargas, dando lugar a la reproducción de desigualdades genéricas, situación similar a la que se había reportado en investigaciones sobre trabajo agrícola y migración, como la de Cos–Montiel y Rosado (2002). Otro aspecto que se exploró en relación con este derecho tiene que ver con la diversidad sexual y el derecho a no sufrir discriminación por las preferencias sexuales, tema que emergió en una de las primeras entrevistas: Lucero: —¿Crees tú que sea difícil en esta población el tema de la homosexualidad o cómo lo ve la gente? Miguel: Lo ve mal, lo discrimina mucho, eso pasa. No, pues lo señalan, mira que aquél, digo yo que se ha de sentir mal porque sea como sea también es persona, también siente como nosotros, al menos yo no, como en la entrevista (anterior) una vez le dije que tenía un amigo que aparentaba serlo y sí muchas veces mi familia me preguntaban que si él era homosexual o me decían a mí... porque mi familia también discrimina mucho a los homosexuales, pues mi mamá no, mi abuelita sí, mis tíos... porque yo una vez le pregunté a mi mamá que si yo fuera gay... me aceptara y dijo que sí porque pues era su hijo y que pues no, ella no los discrimina y yo tampoco (Miguel, quince años, tercer grado, originario de Pesqueira). En las palabras de Miguel se encuentran diversas expresiones de la homofobia, tanto a nivel familiar como comunitario; él había sentido el rechazo por parte de su padre, las críticas de su familia, la violencia hacia su persona por parte de algunos compañeros escolares, la discriminación y violencia hacia su amigo por parte de la comunidad. Como el tema de la homosexualidad no había sido abordado en la escuela, buscó

información en internet sobre homosexualidad y derechos, donde también encontró páginas pornográficas. Se evidenció en la investigación que en el entorno sociocultural de estos(as) adolescentes persisten prácticas discriminatorias hacia su sexualidad o hacia sus preferencias sexuales, reproduciéndose estereotipos sexistas y diferenciados.

DERECHO A LA LIBERTAD REPRODUCTIVA Este derecho se relaciona con la toma de decisiones sobre el propio cuerpo (sobre todo para las mujeres) de manera libre, informada y con respeto a la autonomía, asuntos que fueron planteados al Estado desde los movimientos feministas al cuestionar el manejo del control de la natalidad. Como se había comentado, la carrera reproductiva en el caso de estas adolescentes inició desde edades tempranas, mediante procesos que son "naturalizados" como inherentes a ellas, por medio de los procesos de socialización y que con forman estereotipos de género, entendidos como construcciones sociales que reproducen desigualdades genéricas. Para conocer la manera en que estos estereotipos influyen en su toma de decisiones, se abordaron algunos aspectos relacionados con el derecho a la libertad reproductiva, como sus expectativas sobre cuándo vivir en pareja. En general los y las adolescentes manifestaron que ese momento idealmente era entre los diecisiete a veinte años, ya que terminaran de estudiar una carrera. Los y las adolescentes que participaron en esta investigación vivían bajo condiciones adversas, la mayoría trabajaba en los campos agrícolas para apoyar la raquítica economía familiar; los ejemplos de familiares y amistades que se habían "juntado" durante la adolescencia eran numerosos; incluso, su comunidad tiene la tasa más alto de embarazo en adolescentes para el estado de Sonora (Welti, 2000). Dicha realidad muestra el enfrentamiento entre el discurso de estudiar para mejorar, postergar la unión en pareja y retardar la edad para tener hijos, su entorno y las posibilidades reales de lograrlo. Es evidente que, de acuerdo con sus narrativas, la libertad reproductiva implicaba tener más información sobre medios de anticoncepción, ya que los y las adolescentes aspiraban a postergar la maternidad o paternidad. Cuando se les planteó si consideraban que decidir el número de hijos era un derecho, la mayoría contestó afirmativamente, percibiéndolo más en términos de igualdad en la pareja: ...tú tienes derecho a opinar cuántos hijos quieres tener, no que él te va a decir: ¡tú vas a tener tantos hijos!, las parejas deciden que ya, o que ya no quieren tener (Fano, entrevista grupal varones, dieciséis años, tercer grado, originario de Chihuahua). Sin embargo, hubo quien se preguntara si éste no debería ser más un derecho de la mujer:

Lucero: —¿Quién debe decidir en una pareja cuántos hijos tener? Karina: —Pues la mujer, porque luego las deja el marido y luego va a estar batallando, más la mujer... pues de los dos, porque así que tener primero (al hijo)... pero pues a veces hay pleito y se dejan y pues la mujer es la que tiene que buscar quién los cuide, tiene que trabajar, muy diferente, y puede decir... voy a tener los que tú quieras... pero no los batalla él, porque luego ¡ah, que puedes tener y eso!... ella va a salir gorda, mi mamá tuvo cuatro y es una batalla (Karina, trece años, segundo grado, originaria de Pesqueira). Junto a estos cuestionamientos, en sus narrativas surgieron otros factores a considerar, como la situación económica de sus familias y la incertidumbre sobre su futuro; de la misma manera se evidenció que las nuevas generaciones se han apropiado del discurso controlador de la natalidad, pues todos y todas mencionaban que lo ideal era tener dos o tres hijos. Sus opiniones eran cercanas a sus historias de vida, las narrativas se debatían entre el discurso escolar, sus sueños y aspiraciones y la confrontación con su realidad social.

DERECHO A DECIDIR CON QUIÉN COMPARTIR LA VIDA Y SEXUALIDAD Este derecho tiene que ver con el respeto a las decisiones sobre el cuerpo; que nadie trate de imponer a los demás sus valores personales ni se afecten las garantías individuales por decidir con quién compartir la vida, sexualidad, emociones y afectos, conlleva el reconocimiento de que existen diversos tipos de familia, uniones y convivencias sociales (Aguilar, 2006; Instituto de la Juventud, D.F., s.f.). Los y las adolescentes que participaron en este trabajo establecían vínculos con sus pares y con el sexo opuesto, relaciones que hacían posible la expresión de lo que habían aprendido sobre sexualidad, lo que no dejaba de ser conflictivo, pues si bien trataban de experimentar el "amor" e incluso participar en actividades sexuales, esto se confrontaba con su temor al embarazo, a las ITS o a las críticas de los adultos, por lo que ocultaban sus noviazgos. Por otro lado, la idea romantizada del "amor" tenía diferentes matices entre varones y mujeres, apreciándose discursos diferenciales, ya que los varones tendían a darle menos importancia. Otro problema común en las relaciones que entablaban eran los celos, que consideraban que dificultaban sus noviazgos y venían a constituirse en formas de control y conflicto. En cuanto al momento de inicio de relaciones sexuales, manifestaron que era una decisión personal o de pareja, e incluso hubo quienes cuestionaban el discurso de abstinencia construido tanto a nivel escolar como familiar y comunitario. Otro tema que abordaron fue sobre la "prueba de amor", percibida en el caso de las mujeres como una forma de presión hacia ellas, sin que fuera interpretada de la misma manera por los varones: Eso dicen nomás para tener relaciones sexuales, ejemplo voy y ya llego con una chamaca, qué ondas me gustas y todo nomás para tener relaciones sexuales, ¿no?, y luego me dice la chamaca... no, que yo también te quiero... ahí está, ¿no?, si me quieres pruébame que me quieres y ya vamos a hacerlo, lo hacen y ya que lo hiciste te vas, la chamaca... pues ya se te olvidó (Valente, catorce años, primer grado, originario de Oaxaca).

En relación con su derecho a escoger pareja, las mujeres refirieron que sus padres les recomendaban que escogieran a alguien de su "nivel", que no fuera "vago", "drogadicto" o "pandillero". También hablaron sobre los usos y costumbres de algunos grupos étnicos donde los matrimonios se arreglaban entre los padres y el futuro esposo, asunto abordado espontáneamente por adolescentes varones que vivían en campos agrícolas, surgiendo posteriormente un testimonio en una entrevista individual: Pues no te conté, la otra vez que vino una tía de mi abuela, se quedó en la casa con su esposo, le empezó a decir a mi 'amá que no, que me llevara pa' Oaxaca, que allá le iban a dar mucho dinero por mí, y que sabe que... y mi 'amá se soltó riendo, porque también así son las señoras pues, la señora sí tenía esa costumbre "¡no!", le dijo, "ella va a tener derecho a juntarse con quien ella quiera, aquí no se hace eso... ; pero sí, ¿no?, empezaron a alegar en puro dialecto y yo, "¿qué dijo, 'amá?", y yo "¿cómo? No les entiendo... dime qué dijo...". "¡Nada! Que te lleve pa' Oaxaca, que allá te iban a vender", y mi 'amá se soltó riendo y yo también, "¡no, zafo!", le dije, "mejor aquí me quedo" y como yo siempre (le decía): "'amá, llévame a Oaxaca, quiero conocer Oaxaca, llévame, ¡vamos, pues" y ya que me dijo... "¡No! Gracias, yo no quiero conocer Oaxaca, zafo, no quiero conocer para allá, voy a conocer algún día si es que me llego a casar, voy a conocer para allá", le digo, pero yo me quedé así con la señora (gesticula)... porque todavía traía esa idea (Betina, quince años, tercer grado, originaria de Oaxaca). La situación de las mujeres es compleja, dadas las desigualdades de género y la relación de poder/subordinación entre hombres y mujeres, en el caso de las adolescentes que pertenecen a ciertos grupos étnicos; la exclusión se cuadruplica con base en los usos y costumbres (aun cuando puedan constituir estrategias de sobrevivencia familiar ante la precariedad económica). Altamirano (2004) reportó que los usos y costumbres son usados para imponer normatividades al interior de las comunidades indígenas, articulando su identidad como grupos minoritarios ante la mayoría, tradición que se constituye en una reconstrucción histórica que es fuente de poder político y se refleja en las comunidades en las relaciones de género. También es cierto que existen grupos de mujeres que cuestionan estas situaciones, promoviendo un proceso autonómico que revierta dicha tradición (Altamirano, 2004). El testimonio de Betina ilustra otros aspectos: su familia había seguido rutas migratorias de acuerdo con el trabajo agrícola; estaba dispuesta, a través del tiempo y con nuevas influencias culturales, a cambiar la tradición que su padre había reproducido en su momento, y esto incluyó la no transmisión de la lengua indígena, fenómeno que se repitió con otros adolescentes. El otro aspecto que no puede dejarse de lado en este derecho es el relacionado con la diversidad sexual, dimensión de la que se habló previamente. Los y las adolescentes narraron cómo en su comunidad se rechaza y discrimina a los homosexuales, posiciones que criticaban y reproducían con expresiones como "son cochinos", mientras que las adolescentes se expresaban más con tolerancia. Pero la responsabilidad por las agresiones, violencias, rechazos y señalamientos que constituyen la homofobia no pueden ni deben endosarse sólo al Estado, o a un modelo económico o cultural, sino que se requiere del reconocimiento del papel de la sociedad en su conjunto.

CONCLUSIONES Ver a los y las adolescentes como actores que buscan sus propios espacios y tienen derecho a tomar sus propias decisiones implica dejar de visualizarlos como seres "inmaduros" e "incapaces", es reconocer que son seres sexuados y que el orden sexual es una construcción social marcada por relaciones de poder, establecida mediante mecanismos institucionalizados que a su vez garantizan la reproducción intergeneracional de los patrones de dominación/subordinación entre hombres y mujeres, pero esta transmisión sufre de transformaciones, dado que no es recibida por seres inertes sino actores activos. Los y las adolescentes que participaron en la investigación recibían información sobre derechos, particularmente civiles y políticos, pero desconocían los derechos sexuales y reproductivos como tales, confundiéndolos con las relaciones sexuales, si bien en sus narrativas se apreciaron algunas dimensiones de los mismos, que evidenciaron un cambio generacional, en el que interviene la educación escolar, los medios de comunicación y la migración de sus familias. De la misma manera, en sus narrativas se evidenció que el discurso predominante para el control de su sexualidad era la abstinencia; aparentemente no predomina ya el discurso religioso o de sentido del "honor", pero habrá que considerar que la abstinencia es actualmente el medio propuesto por el sector religioso y conservador como un "método de control de la natalidad", que más bien funciona como un mecanismo de control de la sexualidad. Es importante analizar hasta qué punto su influencia se refleja en los contenidos educativos y se reproduce dentro de las familias y comunidades. Los y las adolescentes visualizaban la reproducción biológica como la finalidad de la relación heterosexual, reflejo de la sociedad y cultura en la que se desenvuelven. De la mano del control de la sexualidad y la conformación de los y las adolescentes como sujetos de derechos hay otro aspecto fundamental: las construcciones sociales de género. Dado que en el cuerpo se inscriben universos simbólicos, éste queda sujeto al control social que se ejerce sobre la sexualidad y a la reproducción de sistemas de valores que implican una relación jerárquica de poder/subordinación entre hombres y mujeres, con responsabilidades y mandatos diferenciales para ambos. De esta manera, la construcción social y cultural de los cuerpos lleva a los y las adolescentes a autorizarse diferencialmente la manera de disponer de su cuerpo y persona, reproduciéndose las desigualdades genéricas. La apropiación de derechos sexuales y reproductivos de estos(as) adolescentes es incipiente y limitada, pues en su contexto existen una serie de condicionantes socioculturales, económicas y políticas que dificultan su autorreconocimiento como sujetos de derechos, lo que es más marcado en el caso de las mujeres. También fue posible identificar varios factores que pueden favorecer el desarrollo de sus capacidades, como las actividades que fomentan la toma de decisiones, la participación en eventos deportivos, la apertura familiar y la apropiación del conocimiento. Con la información empírica recabada es posible pugnar por una educación sexual crítica que favorezca la reconstrucción de los enfoques educativos, polemice las relaciones de género y favorezca la deconstrucción de los patrones sociales y culturales que reproducen las relaciones de poder entre hombres y mujeres, y porque los programas de salud sexual y reproductiva reconozcan las dimensiones socioculturales

de la sexualidad y la necesidad de la inclusión del personal de salud, docentes, padres de familia y comunidad en la capacitación en educación sexual, enfatizando el reconocimiento y la valía de los derechos sexuales y reproductivos, junto con la visualización de los y las adolescentes como sujetos de derechos.

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