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Un día en la vida de Francisco

Un día en la vida de Francisco

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Un día en la vida de Francisco.. Escrito por Alfredo Juillet Frascara. 2012. Marzo 8.

Caminando por la calle y viendo la gente pasar... era la canción mental que iba repitiendo francisco mientras se dirigía a su trabajo, ubicado en la

comuna de Renca; había salido con tiempo de su casa para las esperas ineludibles de paso de buses con dirección a su destino, y miraba a los demás

viadantes con una sonrisa interior- muchos iban con sus corbatas torcidas, otros con marcas de pasta de dientes cerca de los labios, y aun otros que

no se habían peinado. Era una mañana de lunes, y el sol aun no salía desde detrás de la cordillera de los Andes, muralla natural que obliga a los santiaguinos a quedarse

sin sol por al menos una hora. Recordaba los amaneceres de Buenos Aires, con un aire cargado de olores naturales, y un sol mañanero, despeinado y

juvenil, tan diferente a este constipado por las nieves de las altas montañas, con olor a encierro y gases renuentes a irse. Ya en el bus, vio a una joven compañera de trabajo, quien le dirigió una mirada de soslayo y eso fue todo- no habían deseos en ella de

confraternizar en un bus del Transantiago, y el no podía, físicamente hablando, acercarse, debido a las cuatro señoronas que ocupaban casi todo el

ancho del pasillo con sus cuerpos abultados. Toses, estornudos y ronquidos- los ruidos de los pasajeros eran variados, y en este día tampoco se perdió la conversación a volumen alto de alguien

contando sus cuitas laborales y sus criticas al sistema, como incitando a los demás a compartir sus ideas sobre lo mal que funcionaba todo-

Francisco se bajo del bus con muchos otros, para entrar al panal que era la fabrica, productora de envases plasticos. Sus altas chimeneas arrojaban

el vapor de sus calderas, y a veces llovían trozos pequeños de plástico, cual redondas esferas cristalinas, residuos que no se llevaba el viento. "Eh, vas al Casino?"- Le pregunto el gordo Laurencio, quien vivía comiendo sandwiches de todo tipo. "No, porque quedan solo cinco minutos!"- Dijo Francisco, apurando el paso- al gordo no le importaban los retos por sus demoras en el Casino, ya que

al parecer su objetivo en la vida era alimentar a su gran estómago hambriento. Entró a la bodega, en que muchos ya empezaban su labor- se sentó al escritorio, pensando en cuántos reclamos recibiría hoy día de parte de clientes

apurados en recibir sus pedidos- gente que compraba a última hora para reponer sus estantes, y querían que se les enviara la mercadería de un día a

otro. El primer telefonazo! Respondió, tomando el aparato con cuidadoso ademán, como quien toma un áspid...Alo?"- Dijo, aspirando aire. "Señor! Me dicen que el pedido no me ha llegado! Cuándo piensan enviármelo?"- Preguntó alguien con voz gangosa. "Si me dice su razón social o el nombre de cliente, le podré averiguar."- Dijo Francisco, sonriente ante esa pregunta mal hecha. "Soy Juan Izquerdo! Les compro desde que su patrón abrió en Renca!"- Espetó el cliente, con voz ronca. Francisco miró en la pantalla del computador... Juan Izquierdo, un pedido por trescientos mil pesos... hecho hacía dos días. Probablemente un

retraso en la bodega central...

"Se le enviaremos hoy mismo, Señor! Quizás en la tarde!"- Dijo Francisco a través del teléfono. "En la tarde! No puedo esperar tanto! Haga que se despache ahora mismo, para que llegue a mediodía! Espero que me esté diciendo la verdad, porque

hace días que hice la compra, y sigo esperando la mercadería!". Dijo el cliente, y colgó sin despedirse. Francisco tomó nota de la compra, y partió al fondo de la sala, dobló a la derecha y entró a la bodega en que se seleccionaba la mercadería- el

jefe, el cariacontecido López, le miró, mientras engullía un grueso sandwich de mortadela barata. "Buenos días, Francisco! Algún reclamo? Porque hoy no atiendo reclamos!"- Dijo López, medio en serio y medio en broma. "Juan Izquierdo, un pedido de hace dos días! Reclama porque no ha llegado su pedido!"- Dijo Francisco, pasándole el papel en que había anotado el

nombre y el número de guía de compra. "Ah, Izquierdo! Pide varias cosas que no hay! Por eso no se las han mandado! Estos vendedores, sobre todo el Arancibia, vende lo que no hay y ofrece

lo que no tenemos! Y uno "paga el pato" después, ante el Jefe!"- Dijo López, dejando el sándwich a medio comer sobre una arrugada servilleta. "Ah."- Dijo Francisco, volviéndose a su escritorio, haciendo nota mental de rehuir cualquier otra llamada del Sr. Izquierdo- al menos, durante ese

día. Había llegado la encargada de poner precios y descuentos en las guías pre facturadas, y sonrió en su dirección- era una rubia madura, muy elegante,

que parecía siempre de paso por esa bodega, a pesar de que llevaba más de un año en el lugarcomo que no encajaba con una fábrica: más bien, habría

encajado en alguna tienda de lujo, en que se vendieran joyas o algo así...

"Buenos días, Francisco! Muchos reclamos ya?"- Preguntó ella, como si tuviera el arte de la adivinación a distancia. "Sólo el primero."- Bromeó Francisco, mientras se acercaba a la dama, alegre de tener a alguien de lujo cerca suyo. “Ah! Me imagino que tu trabajo te deja cansado todos los días- agotado?”- Preguntó Megan, sonriente. Había algo en su mirada que cautivaba. “No! Es que no me tomo nada muy en serio.”- Dijo él, mirándola sacar algunos objetos de su cartera. “Tengo un problema- una cena con unas amigas- pero no tengo con quién ir! Mejor no voy- todas ellas ya tienen novios, y un par tiene hasta sus maridos- fueron compañeras de colegio hace tanto tiempo! Pero nos hemos seguido visitando, reuniendo- es algo bueno, pero ahora es con “gancho” y no …” – Iba diciendo ella, y Francisco la interrumpió, diciendo:”- Yo te acompaño! Es decir, si tú quieres que yo vaya.” Ella le miró sorprendida, como si no se le hubiera ocurrido elegirlo de pareja momentánea, y luego bajo la mirada, y revisó algo más en su cartera, diciendo:” Claro, sería bueno, pero déjame pensarlo un poco más… es que no tengo muchas ganas de ir! Todo depende de cómo se presente este día- si es muy caluroso y aburrido, no iré!” Y le miró sonriente- pero algo, un objeto duro en su mirada, le dijo a Francisco que no pensaba aceptar su ofrecimiento, y se alejó moviendo la cabeza- realmente había sido un estúpido, creyendo que todo iba a cambiar en su vida- una vida aburrida de más, porque las mujeres le rechazaban sus invitaciones, y hasta preferían negros antes que él! Eso era lo que le tenía más acomplejado… Trabajó todo el día pensando en si Megan aceptaría su ofrecimiento, pero pronto salió de dudas: media hora antes de salir, Megan le llamó a su escritorio , diciendo:” No iré ¡ Fue un día aburrido y caluroso! Espero que no te moleste…” “Claro que no! Para otra vez será.”- Dijo Francisco, enrojeciendo hasta el cuello- no se esperaba un rechazo total, y debía hacerse el indiferente, pero para los ojos de Megan, era un hombre feo, que no salvaría su reputación de hermosa en ningún lugar… Cuando sonó el timbre indicando el fin de la jornada, Francisco caminó entre los demás, hacia el bus de la fábrica, que le llevaría al centro de Santiago- un día más en la cadena de días iguales, en que no iría a ninguna parte más que de vuelta a su casa- en donde su madre anciana y su s gatos eran sus únicos habitantes… Fin. 1276 palabras.

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