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  • El Socialismo y los
  • Socialismos

Efe

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Pedagogía

Psicología

BIBLIOTECA CeNTRAL

7

¡DIRECTORIO

RECTOR

LA.E. Mario Iglesias García Teruel.

VICE RECTOR ACADÉMICO

Ing. Vicente Pacheco Ceballos.

COORDINADOR EDITORIAL

Pablo Castellanos López

>

COLABORADORES
Dr. Agustín Basave y Fernándel del V.
Dr. Juan Antonio Widow

Lie. Manuel A. Díaz Cid

Lie. Juan Carlos Barradas

Dra. Ernestina Barzalobre

Lie. Juan A. Arrubarrens y Aragón

Lie. Jorge Navarro C.

Ing. Roberto Kuri

FORMATO Y REDACCIÓN
Lucrecia García Torralba.
Graciela Flores González

DIBUJO
Alejandro Gómez Morales.

Los artículos publicados en esta revista re-
presentan el pensamiento del autor, expuesto
en conferencias, trabajos académicos, comuni-
caciones, y son el fruto de la vida académica de
la Universidad..

Universidad Popular Autónoma del Estado de
Puebla. 21 sur No. 1103. C. P. 72400.
Puebla, Pue.. México.

rao:

CONTENIDO

i

pagina

VISION FILOSÓFICO
POÉTICA DE MEXICO
Dr. Agustín Basave y
Fernández del Valle.

LECCIÓN INAUGURAL
PERIOD 87-88
L.A.E. Mario Iglesias
García Teruel

AMERICA LATINA ESTA
SUFRIENDO
TRANSFORMACIONES
POLÍTICAS PROFUNDAS

Lie. Manuel Di'az Cid.

LAS IDEOLOGÍAS FRACASAN
POttQUE PARTEN DE LA
REALIDAD OBJETIVA
Dr. Juan Antonio Widow.

ESTUDIO COMPARATIVO
DEL REALISMO Y EL SENTIDO
DEL HONOR ENTRE LA CANCIÓN
DE ROLDAN Y EL POEMA
DEL MIÓ CID

Dra. Ernestina Barzalobre.

EL SOCIALISMO Y
LOS SOCIALISMOS

Lie. Pablo Castellanos López.

VERTEBRACION:
Revista del Instituto de Investigaciones Huma-
nísticas de la Universidad Popular Autónoma
del Estado de Puebla.

Publicación bimestral. Octubre y Noviembre*»

Año i NO .i .1987.

039690

12

Ib

21

50

•ib

Editorial

Las instituciones como las personas, están sujetas a un proceso de maduración y crecimiento,

que va imprimiendo un sello o carácter a las mismas.La fisonomía intelectual y moral de

las personas se consolida, para bien o para mal, no sólo por el paso del tiempo, sino por las

aspiraciones y valores a los que se ha tendido, y por los logros y realizaciones que han concre-

tizado.

Las instituciones maduran por los hombres, y estos en ellas. Un influjo mutuo que se origi-

na siempre en el interior de los hombres concretos, que potencian su acción por la unión y

colaboración con otros, que, participando de la misma idea y del mismo fin, construyen obras

que se proyectan a dimensiones insospechadas en su primer momento.

La UPAEP, ha entrado ya en el décimo quinto año de vida, con un patrimonio y carácter

definidos que la habilitan para la realización de obras propias de una auténtica madurez univer-

sitaria. Bases firmes, un cúmulo de experiencias y una reflexión sostenida sobre su ser y misión,

le han permitido constituirse gradualmente en verdadera universidad. Porque las universidades

no se hacen por decreto, ni basta con querer para que las obras surjan. Se requiere una idea que

se convierta en misión y los hombres adecuados para llevarla a cabo. Los medios y recursos ma-

teriales, a pesar de ser tan necesarios, tienen un carácter secundario.

Hombres con una misión, el esfuerzo sostenido y la fidelidad, hacen que las obras trasciendan

en el tiempo y en la fecundidad de sus frutos. Pero como toda obra humana, limitada e imper-

fecta, cuando cree lograr algo es cuando apenas comienza.

La UPAEP está empezando una nueva etapa de su vida— de su vida que ha sido gradual descu-

brimiento y realización de la naturaleza de la Universidad, casi a partir de sí misma— en la que

pese a la crisis económica y social que la rodea y la penetra, se plantea de manera nueva y defi-

nida la necesidad de asumir y reafirmar con esfuerzo renovado su misión histórica, cultural, pe-

dagógica, en base a un esfuerzo serio de investigación.

La investigación como base de toda comunicación y docencia, es la mismo tiempo la condición

de toda aplicación técnica, de toda creación cultural y de toda proposición seria hacia la proble-

mática del entorno social.

Avivar esta tarea, convertirla en el eje de la vida universitaria en sus proyecciones académicas y

sociales, es la condición insustituible de la madurez y fecundidad de cualquier universidad, y por

ello de la nuestra.

En esta perspectiva y en este momento nacen en la UPAEP dos instancias, que tienen como

objetivo avanzar con la universidad en esta primera etapa:. El Instituto de Investigaciones Huma-

nísticas y la'Revista "Vertebración", cuya vida comienza ahora, aunque sus raices penetren en

el tiempo.

_

v.

#

Visión Pilosófico-Poética

de México

Agustín Basave

PREÁMBULO

México está en inocultable cri-
sis. L« sabemos los mexicanos y
lo saben los extranjeros. Pero se
habla demasiado de crisis econó-
mica, y poco o nada de crisis mo-
ral. Sobran las lúcidas sintomato-
logías del fenómeno económico
y faltan, casi siempre, las etiolo-
gías y las terapéuticas. No quiero
abundar en descripciones y en
cronologías de hechos de nuestra
historia económica. Quien solo se
aplica al fenómeno económico
no conoce ni siquiera lo econó-
mico. Porque lo económico está
imbricado en lo social, en lo psi-
cológico, en lo moral... Sólo una
visión ñlosófica del conjunto nos
puede llevar a las causas prime-
ras, a los principios últimos de la
crisis.

Hay una manifiesta falta de
solidaridad en los mexicanos. El
México de nuestros días es un
México invertebrado. Al grito de
"Sálvese quien pueda", la mayo-
ría de los mexicanos toman el
rumbo que les conviene sin pen-
sar en los otros.. El individualis-
mo exacerbado, el egoísmo mez-
quino, nos ha llevado a extremos
3ue nunca antes, desde la época
e la revolución, habíamos llega-
do. Diríase que dentro de la nave
corremos de un lado a otro, con
pánico y sin sentido. Es preciso
retomar el rumbo. Es menester
conservar la calma. Es necesario

alzar nuestra voz, entre tantos
profetas del desastre, para que
vuelva a haber esperanza. Otras
naciones, minadas por la guerra,
supieron levantarse desde sus ce-
nizas entregando dos horas de
trabajo cada nacional, para la re-
construcción de su patria. Yo me
pregunto si los mexicanos no se-
remos capaces de reconstruir
nuestra economía y, sobre todo
nuestra moral. Porque antes de la
reforma política y de la reforma
económica, está la reforma del
mexicano. Si no emprendemos
la reforma del hombre, la refor-
ma moral, dentro de seis años es-
taremos con nuevas devaluacio-
nes y nuevas lamentaciones.

<

Nos ha faltado piedad por Mé-
xico, amor a México, confianza
en los destinos de México. Urge
restablecer la significación esen-
cial y el sentido más hondo del
concepto patria. La patria no se
acabó con la expropiación petro-
lera y no se acabara con la expro-
piación de los bancos por causa
de utilidad pública. Basta de tre-
mendismo. Es la hora de entre-
garse a la reconstrucción de la pa-
tria en crisis, ¿quienes son ios
culpables de esta inocultable y
grave crisis de nuestra nación?
los culpables —en mayor o en
menor grado—, somos todos. Y
la solución seguimos siendo to-
dos. Se atribuye a San Agustín
un buen imperativo que podemos
y debemos aplicar al Mexico de
nuestros días: "In necessaris, uni-
tas; in dubiis, libertas in omni-
bus, caritas" (En lo necesario u-
nidad, en la duda libertad, en to-
do caridad").

México como toda nación,
es una sociedad natural humana,
forjada por la unidacT territorial,
consuetudinaria e idiomática;
perfeccionada por una comuni-
dad de vida y de conciencia so-
cial. Cuando los vínculos de
nuestra comunidad de vida se re-
lajan, cuando nuestra conciencia
social se debilita, nuestra mexi-
canidad sufre mengua. Factores
naturaIes(Territorio, raza, idio-
ma), históricos(Tradiciones, cos-
tumbres, religión, leyes) y psico-
lógicos(Ia conciencia nacional)
integran la nación mexicana. Una
nación en el devenir histórico
presenta ciertas constantes. De
otra suerte no habría mismidad
nacional.

México es un estilo de cultura.
Hablo de estilo como estructura
de una identidad básica, como
comunidad de carácter, como
disposiciones y modos de com-
portamiento. Aclaro que México
no tiene un carácter preceptivo
—que suplante su realidad—, ni
es algo estático, rígido, aniqui-
losado. Trátase de una estructu-
ra reactiva, no de un mito, que
se ha ido constituyendo en la
historia y que funciona ante es-
tímulos adecuados.

Son los mexicanos por los que
México existe son los mexicanos
la realidad sobre la que descansa
permanentemente toda la vida
social de México. Nada sería Mé-
xico sin los mexicanos. Porque
México está hecho de relaciones
interhumanas, de relaciones de
convivencia con sentido de bien
común. México no es un ser subs-

tancial. ¡dejémonos de fantasma-
gorías románticas! sólo los mexi-
canos son seres substanciales. Mé-
xico es un ser accidental porque
las relaciones de que esta hecho
necesitan para su propia existen-
cia de los mexicanos entre los
cuales se dan. Mexicanos con su
propia individualidad, relaciona-
dos en un México físico-geográ-
fico, identificados con su cultura
y proyectados al mundo desde su
estilo de vida colectiva. Si no em-
pezamos por la ontología, nunca
entenderemos lo que es México.

¿Que es México? la pregunta,
aunque acaso no tenga una res-
puesta precisa, nos acosa una y
otra vez. Si México está en la rea-
lidad-y en la realidad hispanoa-
mericana—¿que tipo de realidad
corresponde a lo mexicano;* ¿en
que zona o estrato del vasto te-
rritorio de la habencia podemos
ubicar esa realidad mexicana?
hay en medio de la diversidad, un
paisaje mexicano predominante,
pero México no se circunscribe a
su paisaje aunque no pueda pres-
cindir de él. Hay una complica-
dísima mezcla de razas y tradi-
ciones, pero México no es un pu-
ro pueblo con determinadas ca-
racterísticas raciales, ni una sim-
ple tradición. Hay una represen-
tación psicológica de México—El
México generalizado de la revolu-
ción y del "machismo"—, pero
México no debe ser generalizado
con las miles de representaciones
mentales que sucite. Hay valores
que los mexicanos realizamos
con determinadas peculiaridades
y con especiales matices, pero
México no es un mero valor por
más que no sea ajeno a la valiosi-
dad. México no es un ser sensi-
ble—inorgánico u orgánico—, ni
un ser psicológico—mero fenó-
meno psíquico—, ni un ser ideal
—o de pura razón—. Existe Méxi-
co porque existe lo mexicano. Y
existe lo mexicano porque exis-
ten los mexicanos. Lo mexicano
está ubicado en el mundo de
la cultura. Nos encontramos fren-
te a una expresión concreta de lo
humano. Trátase de un estilo co-
lectivo de vida, de un modo de
ser mexicano y de ser hombre.

El mundo mexicano —inimita-
ble, estético, misterioso— carga
en sus espaldas una pasado cul-
tural precristiano y prehispánico.
Bañado por olas de dos océanos
—el pacífico y el atlántico—, Mé-
xico absorbe una multitud de
tribus separadas no tan solo por
ríos y montañas, sino por cente-
nares de idiomas y dialectos, pe-
ro unificado por la bella y armo-
niosa lengua castellana, por las

costumbres señoriales de indios
y españoles, por la sublime reli-
gión católica seflada con el mila-
gro guadalupano.

"El alma de una nación -ha di-
cho Chesterton- es tan indefini-
ble como un aroma". Pensemos
en el alma nacional como estilo
colectivo de vida, como modo de
ser en lo universal y aproximé-
monos a su esencia no únicamen-
te por vía de razón raciocinante,
sino también por el "ordo amo-
ris" del que nos hablara San
Agustín, por la "Logique du
coeur", por aquel corazón que
tiene sus razones que la pura ra-
zón raciocinante no conoce. Es-
tudiados los factores de nuestra
nacionalidad obtendremos, como
resultante, un tipo humano que
participa de la idea general uni-
taria del hombre hispanoameri-
cano, pero que posee caracteres
privativos. Conjunto de caracte-
res que habrá que describir y va-
lorar en la historia y en su real
existencia, en su "status in
statu". Trataremos de hacer, en
otras palabras, una antropología
concreta de lo mexicano que no
niega lo universal, aunque no se
detiene allí. Una antropología
tipológica como vía de acceso
a las realidades mexicanas, edi-
ficada sobre el reino continuo
y hetereogéneo de lo latinoame-
ricano.

No podemos ni queremos desa-
tendernos del largo pasado mexi-
cano. Sus grandes nombres, su
cultura y sus glorias comunes,
pueden indicarnos algunas condi-
ciones esenciales del estilo mexi-*
cano, "se ama-apunta Renán- la
casa que se construyó y que se
transmite". El canto espartano:
"somos lo que fuimos; seremo»
lo que sois",es, en su simplicidad,
el himno abreviado de toda pa-
tria. Una solidaridad de un pasa-
do de triunfos y de fracasos, pero
también un continuado deseo de
vivir en común. Un plebiscito co-
tidiano que asume el pasado, pe-
ro que no excluye un proyecto
de convivencia para el mañana.
Comunidad en la cosmovisión.
Homogeneidad en la actuación.
Un estilo de vida colectiva, un
mismo hábito, una determinada
modalidad peculiar, una coinci-
dencia en las preferencias radica-
les, una huella en el yo empírico
dejada por el propósito ideal

DESTINO Y TAREA
VOCACIÓN AL DE MEXICO

Cada uno de los hombres tie-
ne una manera peculiar, priva-
tiva e intransferible de conocerse
de amarse, de propender a la ple-
nitud del propio proyecto del
ser. Una voz interior nos impul-
sa a realizar una determinada vo-

cación. Sólo que ésta vocación
personal de cada uno no puede
salirse de la órbita de los fines
connaturales en el ser humano.
La vocación (del latín "vocatio",
"onis", acción de llamar), no es
algo extrínseco a nuestra perso-
nalidad. A medida que se va acla-
rando la conciencia de sí mismo,
del propio destino, de los fines y
los medios; a medida que la de-
pendencia de las leyes cosmoló-
gicas(físicas, químicas, biológi-
cas, etc.), va siendo menor para
dejar lugar a las leyes noolójjicas
(Lógicas, morales, históricas,
etc.), nuestra personalidad, nues-
tra vocación se irá dibujando con
rasgos mejor definidos. A esa
llamada de vida—vocación natu-
ral— que nos empuja a la obra y
a la conquista de nosotros mis-
mos y del mundo que nos cir-
cunda, no se puede permanecer
sordo. Se responderá en forma
positiva o en forma negativa, pe-
ro lo que no cabe es acallar la
voz interior.

Se habla también-Y con razón-
de "vocaciones históricas" de
grupos sociales. Sólo que estas
vocaciones cojectivas no pueden
concebirse mas que como desti-
nadas a conquistar, facilitar, de-
rrollar, perfeccionar las vocacio-
nes individuales.

Es posible que alguna vez se
llegue a estudiar la historia uni-
versal no tanto por edades, cuan-
to por vocaciones. México apenas
si se distingue por su progreso
fabril, por su técnica o por su po-
tencialidad económica. En cam-
bio, el mundo le va concediendo
por sus santuarios, por sus poe-
tas, por sus revolucionarios, por
sus cristeros y por sus pintores...
como "El Quijote"-símbolo ex-
celso de hispanidad-, México no
se rinde jamás ni por los golpes,
ni por las amenazas, ni por los
consejos. INingun otro pueblo tal
vez con mayor capacidad para so-
brellevar un destino de sufrimien-
to. Tal parece como si el pueblo
mexicano se sintiera siempre es-
trecho en la región de lo empíri-
co. Esa impasibilidad—estoicismo
cristiano— del mexicano ante los
sucesos diarios testimonia una
sed inconciente de lo infinito. Un
estado de inconformidad en la re-
gión de lo natural agita sin des-
canso el espíritu popular de la
nación mexicana. IJna necesidad
metafísica de lo infinito nos le-
vanta sin cesar de la pura anéc-
dota. Quisiéramos florecer en el
paraíso de lo imperecedero y co-
mo no podemos aún ingresar
a él, sentimos un desdén olím-
pico por las peripecias de esta vi-

da, sean de la clase que fueren.
Este sentido tan vivo del ridiculo
que poseemos los mexicanos, tie-
ne su punto de arranque en la
desproporción de cualquier em-
presa mundana frente a lo verda-
deramente valioso.

Pueblos hay quienes la vida pa-
rece que no les pide trascenderse.
El pueblo mexicano no es de los
que se conforman con un tipo
puramente humano de vivir de la
vida. Un incontenible afán supra-
intelectual de transubstanciación
bulle en las fibras más íntimas.
García Bacca ha propuesto un
modelo español de filosofar que
nosotros nos permitimos hacer
extensivo al tipo mexicano de
pensar: "Toda filosofía europea
clásica ha supesto desde siempre
que el hombre está bien hecho
en su esencia y sustancia,
que por esto, las esencias son in-
mutables: empero el español cree
notar en sus entrañas ganas rarí-
simas de nacerse a otra vida so-
bre natural, trascender la vida
misma en su plenitud y trascen-
derla por algún modo de aperso-
namiento de persona divina, de
* Dios sobrenatural, en ella. A esta
segunda potencia de ansias de
trasubstanciación satisface el sa-
cramento de la eucaristía, tal co-
mo lo explica el dogma cristia-
no. Por esto los abrazó el alma
con tan desesperada fuerza y pu-
so a su servicio todo lo que na-
turalmente tenía: La vida sus-
tancial natural". A la luz de es-
tos principios fácilmente se ex-
plican la generosidad y magnifí-
cente desprecio que los iberoa-
mericanos y españoles genuinos
hacen de la vida natural que es
al fin y al cabo, una "menos
vida".

En el "homo hispánicus", y en
el mexicano en particular, existe
a la vez, un Quijote y un Sancho.
Esa profesión de libertad, esa e-
nérgica afirmación de la persona-
lidad, ese fermentar de ideales ge-
nerosos, es ele pura cepa jicotes-
ca. El impulso a aceptar las reali-
dades de bulto, el agudo sentido
del acaecer

cotidiano("repeti-
ción, sustancia de la dicha"),
es la parte de sancho. Quijote y
Sancho coexisten orgánicamente
en el "Homo hispánicus" com-
binándose en forma análoga al
contrapunto que logra la unidad
de heterogéneos, pero colocando
adecuadamente cada canto en el
concierto. Idealismo y realismo
se conciertan en un tipo de uni-
dad contrapuntual. Los vaivenes
del mexicano se deben al pre-
dominio de su idealismo. En uno

y otro caso queda en pie siempre
ese lema—de un estetecismo eti-
cista- formulando con voluntad
pedagógica y política: "por mi
raza hablará el espíritu"./Por lo
demás, también en el quijote ha-
bía un Sancho y en Sancho un
Quijote. Es cuestión de propor-
ción, de preponderancia, de do-
sis.

Aunque los mexicanos tenga-
mos un aire de desapego de Tas
realidades terrenas, tenemos tam-
bién un contacto estrecho con las
realidades concretas; con la lucha
por el pan de cada día; con la ex-
periencia del sufrimiento y de la
angustia; con el hospital y la cár-
cel. Arraigados en la roca viva
la realidad, sabemos ver las cosas
tales como son, sin deformacio-
nes románticas. Hasta el mexica-
no más humilde sabe usar cierta
estrategia instintiva de circuns-
tancias, de limitaciones de virtua-
lidades... pero, cuando el mo-
mento es propicio, también sa-
bemos florecer en lo grande, en
lo noble y en lo puro.

La invocación marca con su se-
llo indeleble la vocación de Méxi-
co. Sólo por medio de la invoca-
ción podemos llegar al cumpli-
miento de la vocación. Mientras
que la vocación es una llamado
que nos hace Dios a los hombres
la invocación es un llamado que
le hacemos los hombres a Dios.
La invocación es para el mexica-
no, un modo de vivir que con-
fiere fuerza a su fragilidad. La
vocación en México necesitó,
para cumplirse del milagro del te-

Í>eyac. Desde entonces y desde
as raices más hondas de nuestra
propia existencia se opera una
misteriosa unión que solo pode-
mos constatar. "El resto es silen-
cio", como dice Hamlet en sus
últimas palabras.

MEXICO, EMOTIVO
Y TRÁGICO

El elemento materno de lo in-
dio se fundió con el masculino
elemento ibero. El húmedo con-
tacto del mundo autóctono y
Firimario circunda al español en-
ático, paternal, convencido y
convincente...

Como casi toda Iberoamérica,
México, es una conjunción de
pueblos. A los españoles—sínte-
sis de pueblos— es preciso añadir
los ancestros de las tribus ameri-
canas: Malayas, Indonesios, etc.
así como en Cholula se yergue,

5

sobre el viejo templo de Cuiet-
zatcóatl, la iglesia de la virgen
de los remedios, así también so-
bre el suelo espiritual indígena
se construyó el espíritu de Es-
paña. Y tanta fuerza tiene el es-
píritu hispánico que se empla-
zó sobre bases indígenas, que
mayor diferencia existe entre un

bávaro y un prusiano que entre
un "mexicano y un colombiano o
un salvadoreño.

Alberto Escalona Ramos ha in-
tentado definir el espíritu mexi-
cano como el de un Pueblo que
siente en indio y piensa en espa-
ñol", ¿razones? es que el indio
trabaja la tierra y de ella y de su
paisaje extrae esa forja modela-
dora del complejo psíquico mexi-
cano. Y basándose en la clasi;
ficación que Jung elabora sobre
los tipos humanos, le asigna al
mexicano el carácter de emotivo
intravertido y al indio puro el de
perceptivo extravertido. ¡Expli-
quémonos! el tipo del hombre e-
motivo intravertido se esfuerza
por aparecer insensible, ocultan-
do sus verdaderos sentimientos.
Aún a riesgo de caer en maso-
quismo, el mexicano—profunda-
mente emotivo— hace grandes a-
lardes de imperturbabilidad, de
apatía, de "ataraxia". Desde ni-
ño, el mexicano aprende del am-
biente a no demostrar su psiquis-
rfto afectivo. Los contactos del
mexicano son siempre indirectos,
mediatos. Una reserva taciturna
preside la" vida mexicana. Parece
como si a ratos quisiera renun-
ciar a la comunicación, a la ac-
ción, la palabra. Y esta aproxi-
mación a la muda rigidez mortal,
es quizá, el más grave peligro
que amenaza al mexicano. Al-
guien ha dicho que es una vuel
fa a la tierra. En todo caso tal
vuelta a la madre tierra en acti-
tud fetal—como lo advierte Fer-
nando Salmerón— no es vuelta
a sí mismo; y no por ir hacia
la muerte: al contrario, podría
rlecirse que por afán de desna-
cer, por renuncia de llegar a
ser. He aquí un grito de alar-
ma: cuidado con ese "ningu-
neo" de sí mismo que es anona-
damiento!

Pese a su hermetismo y a su vo-
luntario desinterés, el mexicano
es archisusceptible. Los conflic-
tos con extranjeros surge—las
más de las veces— por cualquier
herida, o rasguño, a la sucepti-
bilidad.

Extraordinariamente
complejo y elaborado, el mexica-
no no tolera la ruda franqueza

que desnuda —de buenas a pri-
meras— su más íntimos ser. * un hombre enmascarado, con
multitud de cámaras que no quie-
re mostrar a cualquier prójimo.
En el mejor de los casos permite
tiros oblicuos. Gusta de la alu-
sión y de la metáfora. Juega con
la equivocidad de su ser y es pe-
rito en el manejo simultáneo de
dos barajas.

La tragedia está en el ambien-
te mexicano. El pueblo no se
asombra de un destino trágico
porque a diario vive en ese cli-
ma. Bien puede un hombre del
pueblo, que pasea tranquilamen-
te por una calle, ser detenido
por la arbitrariedad de un poli-
cía, o ser asesinado por un des-
conocido y un salvaje marihua-
no. Los flagelantes de la cua-
resma y semana santa y las co-
rridas de toros son algo más
3ue un espectáculo. En la sierra
e Chihuahua se han dado ca-
sos de autenticas crucificciones a
los personajes que encarnan la
pasión. El número de crímenes
es veinte veces mayor que^ en la
ciudad de Londres y el número
de arbitrariedades está fuera de
estadística. Ante este clima gene-
ral, ¡que de extraño tiene que
broten de labios mexicanos can-
ciones como La Valentina!: "si
me han de matar mañana que
me maten de una vez", o como
el corrido de Rosita Alvírez:
"su Mama se lo decía: Rosa es-
ta noche no salgas... " "nomás
tres tiros le dio... •

México emotivo y trágico...
México sufrido y humilde... Mé-
xico plástico y poético... México
amado...

MEXICO ES ARCOIRIS
Y SINFONÍA

México para los mexicanos es
un rincón de tierra en el que nos
podemos detener con todo dere-
cho, y al que con todo derecho
podemos volver cunado todo el
resto del mundo se nos ha cerra-
do. Es nuestra original y prime-
ra certidumbre en que penetra-
mos ya desde niños. Es nuestro
terruño, mayor o menor, con
todas las cosas, sucesos y perso-
nas que alberga. Desde niños
se apoderan de nosotros fuertes
y decisivas convivencias:^ "Aquí
puedo permanecer, aquí si me
protege, aquí nada malo puede
aconfecerme, nada que

mine
las bases de mi existencia, de a-
guí nadie me arrojará". (Peter

Lappertl. De estas vivencias, el
amor al terruño, no hay sino un

paso.

México es arco iris y sinfonía.
La cúpulas de mayólica, de es-
tilo oriental, que nuestros ante-
pasados levantaron en Guana-
juato, alternan con la gracia, con
la alegría incomparable del chu-
rriguera mexicano, plasmado en
el exterior de cúpulas y terra-
zas, de murallas y de galerías...
Cuando México na sabido ser
México, se ha construido el
sagrario y la catedral y las mil
torres y cúpulas de maravilla.
Cuando México se ha afrancesa-
do o se ha extranjerizado ha pro-
ducido "Media docena de edi-
ficios presuntuosos del porfiris-
mo, cuarteados, dislocados, ya
desde antes de ser concluidos"
(Vasconcelos). Hace algunos
años, Vasconcelos —siempre ori-
ginal— nos enseñaba que en el
reino de las Bellas Artes, la ar-
quitectura corresponde al mo-
mento de los sistemas, en el
desarrollo del pensamiento. Y no
se llega a construir con gracia y
ligereza, con majestad y armo-
nía, mientras no se conquista, en
lo espiritual, el orden armónico y
sólido de una doctrina filosófica
cofherente y comprensiva. En
nuestro periodo colonial, los
franciscanos—con la misma ale-
gría que en Italia produjo el arte
flamado de los primitivos— cons-
truyeron el estilo románico. Los
Dominicos Tomistas levantaron
sólidos edificios, de líneas preci-
sas y cúpulas ceñidas por la ner-
vadura, pétrea, tal y como las pre-
misas condicionan el concepto
(Santo Domingo de México y de
Oaxaca perfeccionado en su inte-
rior con los lujos de la talla chu-
rrigeresca). Las cúpulas de mayó-
lica, que son el trofeo, la maravi-
lla de nuestra arquitectura, deben
corresponder a la influencia car-
melitana de los discípulos de
Santa Teresa y de San Juan de la
Cruz. Y después de la influencia
carmelita, Los Agustinos constru-
yeron edificios magníficos, con
naves espaciosas, como la medita-
ción y fachadas amplias, noble-
mente talladas, por ejemplo, la
antigua iglesia mal adaptada a
biblioteca nacional que todavía
existe en la metrópoli. Tras de
Los Agustinos llegaron los jesuí-
tas que habían de ensanchar el
cuadro Iberoamericano, y que
implantaron el barroco—con cu-
yos residuos se ha hecho el es-
tilo "Misión de California"— por
todo el continente. El sentimien-
to y la habilidad técnica de los
me> :

canos quedaron orolijamen-

6 *>

te patentizados en los centena-
res de templos y casas que, cons-
truidos bajo la influencia españo-
la, llevan, sin embargo, el matiz
peculiar indígena.

México canta siempre. Su pue-
blo tiene un sentimiento musi-
cal extraordinario. Son cantos o
iones que brotan del fondo del
alma de este pueblo empobre-
cido, vilipendiado por un vecino
fuerte o por unos caciques ar-
bitrarios. Hay en muchas de las
canciones mexicanas, una intensa
vibración de sufrimiento, de fata-
lismo v desesperanza.
Hay también, en muchas otras
las notas pujantes, alegres, "jaca-
randosas" de un son jaliscience
tocado por un mariachi. Y es
curioso observar como de esos
yanquis, habitualmente tacitur-
•oi y ásperos, surgen esos sones
potentes y bélicos y esos bailes
de gran belleza plástica y de es-
tupenda energía muscular. Cada
vez que un movimiento político
y social sacude al país, brotan
del pueblo corridos: "La Valen-
tma" "La Adelita", "La Cu-
caracha"... Esas canciones han si-
do su inspiración para lanzarse a
la revuelta en nombre de la liber-
tad o en defensa de la religión
o de las leyes. Y hasta para he-
cer una campaña presidencial se
hecha mano de un huapango ve-
racruzano: "La Bamba' ...

Cuando en lo que hoy es Nue-
va York, andaban todavía matan-
do búfalos, México ya contaba
con una Universidad. El 21 de
enero de 1533, El Virrey de Ve-
lasco consumó la inauguración
de nuestra primera universidad,
amparada en Cédula Real de 1551
y constitución idéntica a la de la
Universidad de Slamanca. Hasta
1133 se impartieron regularmen-
te las cátedras de teología, víspe-
ras de leyes, cánones, medicina,
anatomía, astrología, propiedad
de filosofía, temporal de filoso-
fía, retórica, lengua mexicana..El
pensamiento de Santo Tomás y
de Duns Scoto estuvo presente
en nuestra Universidad. Filoso-
fe! y humanistas de primer orden
fundaron y dictaron cátedras:
Pray Alonso de la Veracruz, An-
tonio Rodríguez de Quezada, Pe-
dro de la Peña y Francisco Cer-
vantes de Salazar. Este último
discípulo de Luis Vives y verdade
ro renacentista, insistía en la ne-
cesidad de conciliar "El flujo efi-
caz e imponente de las causas se-
gundas". Con razón Clavijero 11a-
•ó a la Universidad de México
"El cuerpo literario mas respe-
table del nuevo mundo".

México es una fiesta de colores.
Por los campos de Michoacán se
deslizan las manchas moradas,
azules, rojas, anaranjadas de las
camisas tarascas... Por Colima
fulgura, entre los bosques de co-
quitos, "El relámpago verde de
los loros"... Guanajuato es una
superficie -de maíz y Jalisco una
tierra pinturera y galana sellada
por el señorío de sus mujeres
y de sus charros... Y México es,
sobre todo, sus provincias con re-
lojes en vela en donde—como
dijera el poeta—, rondan los palo-
mos colipavos y las campanadas
caen como centavos. Y el alma
del mexicano está hecha de todo
eso: de campanas y de mariachis,
de agrestes serranías y de pláci-
das lagunas... tenemos una visión
más intuitiva, más fresca, más di-
recta del mundo y de sus gentes.
Cuando los ojos de la cansada
Europa se vuelva a estas latitu-
des, encontraran reflejados en la
mirada serena de ojos mexicanos,
el arcano de la naturaleza y del
hombre.

MEXICO ES EL NOMBRE DE
UNA ESPERANZA HUMANA

Antes de ser una región geográ-
fica y humana reconocida, Mé-
xico es—para el mundo contem-
poráneo— un anhelo apremíente
y casi una necesidad poética de

los hombres. Por de pronto Mé-
xico es hoy—y esto lo dice un
nicaragüense— la "verdadera ca-
pital del sentimiento y del pen-
samiento centroamericano".

La potencialidad cultural de
México es sorprendente. Hasta
ahora sólo hemos producido, en
nuestros días, una revolución ar-
tística original: la plástica me-
xicana. Nuestros pintores se han
sumergido, con sin igual pujan-
za vital y con propios recursos,
en lo telúrico y en lo social. Pero,
para los que han sabido ver, ei
arte de México está todavía pri-
do de certidumbre. En el mejor
de los casos, la vocación de Mé-
xico se ha quedado en balbu-
ceo, pero al final de cuentas el
vaticinio se ha torcido y frustra-
do. " La dramaticidad de un
Orozco—apunta Pablo Antonio
Cuadra— parece estar siempre
a un paso de la religiosidad, pero
un dolor último, una impotencia
final, queda pendiente sobre sus
obras, expresando trágicamente
la ausencia de ese paso, como si
el éxtasis hubiera sido interrum-

R

ido por una brusca caída",
luestros poetas, nuestros pensa-
dores, nuestros hombres de cien-
cia y acaso un genio—Vasconce-
los— no son aún suficientemen-
te conocidos del mundo. Tal vez
no hayamos compuesto nuestra
sinfonía definitiva pero ya se
escuchan las voces incompara-
bles de nuestro preludio.

México es el nombre de una es-
peranza humana. Factores espi-
rituales atesorados por nuestra
raza nos hacen predecir que Mé-
xico jugará una importantísima
carta en el próximo juego de la
historia. La espiritualidad tiene
posibilidades para irradiar en tor-
no suyo a una era más universal
y más humana. Esa discreción
del mexicano, esa paciencia, ese
espíritu señorial, pulido, disi-
mulado, tiene mucho que decir
en este mundo impaciente, bru-
tal, exasperado. Vivimos en ba-
rricadas. Y el mexicano, cuando
sabe serlo, suaviza con su tole-
rancia—que es caridad cristiana-
barreras de odios. Los criste-
ros mexicanos trazaron sobre
la historia una cifra de marti-
rio y de cruzada. En medio de
esta podredumbre burguesa, los
mexicanos todavía setíemos vi-
vir en catacumbas... todo este
guerrerismo instintivo y esos
nobles anhelos de redención
social—torcidos después por un
pseudo—socialismo—que

aflo-
raron en la revolución mexicana,
pueden ser recogidos y encau-
zados.

La proyección de nuestra tra-
dición hispano—católica ha teni-
do también, en nuestro suelo,
sus torvos enemigos. Son, —cons-
ciente o inconscientemente— el
anti—México. Son los afrancesa-
dos de los siglos XVIII y XIX y
los tecnócratas ayanquisados.
Son los incapaces de sonar y de
vivir un México mexicano—val-
ganos la redundancia— y en su
impotencia se refugian en un
Mexico colonia cultural de Fran-
cia o, en sucursal técnica y po-
lítica ele la democracia nortea-
mericana. Nuestra tradición cul-
tural hispánica no es la pura tra-
dición española de España, sino
lo Ibero en que se injertó lo in-
dio, lo hispano con una larga
trayectoria indígena, con una ra-
dical y definitivo hundimiento en
la americanidad.. Hispanoaméri-
ca surge cuando lo español se
inyecta en este suelo, podando
las raíces indígenas con la san-
gre española y católica de Eu-
ropa. Somos continuación y re-
serva de Europa. Nustro siste-
ma de conocimientos, de con-
vicciones, normas morales, crite-
rios, formas artísticas y modos
de valoración, costumbres y esti-
los de vida que determinan la
configuración espiritual de nues-
tro pueblo, es una cosmovisión
ibera fraguada en el crisol de lo
indígena. A diferencia de los
Estados Unidos que eliminaron
el indio americano y lo quisie-
ron substituir con el africano,

España hizo del indio el "lazo
vital" que le unió
con el miste-
rio
de América.

Desde nuestra independencia
hemos tenido grandes aspiracio-
nes que no logran ser integrales.
Nuestra energía ha desparramado
hermosas chispas de luz, pero ha
carecido de cauce y de ruta. He-
mos pretendido inútilmente rea-
lizar por métodos acnstianos los
ideales y programas que sembró
la España misionera—nunca la Es-
pana del atropello, de la viola-
ción y del entuerto— con su ge-
nerosa agricultura cristiana. El
México oficial-siempre que ha
valido algo— no ha sido otra co-
sa que un anhelo irrealizado de
realizar el bien público tempo-
ral del hombre "naturaliter" cris-
tiano, aunque sin nombrar a Cris-
to. Cualquier nuevo México que
deseemos forjar debe tener en su
base "el hombre nuevo" del que
nos hablaron nuestros grandes
evangelizadores. En su discurso
de recepción a la Academia Me-
xicana de la Historia, el maestro
Esquivel Obregón afirmaba: "lo
ejue es típico nuestro, lo que nos
distingue del norte, es que si la
pobreza filantrópica era la prác-
tica de un grupo solamente, aun-
que numeroso, era el ideal de to-
dos; unos lo alcanzaban, otros
no, pero los que se quedaban

atrás reconocían su pecado y re-
verenciaban a los que llegaban a
Íiracticarlo como santos o como
íéroes. Por eso vimos a Hernán
Cortés hincado de rodillas y be-
sando humilde . los harapos de
Fray Martín de Valencia. Por eso
Cristobal de Oñate, compañero
del feroz Ñuño de Guzman, con
lo que dicho está que debió car-
gar tremendas culpas, funda zaca-
tecas, se entrega al laborío de mi-
nas, se hace neo, y entonces no
piensa en ostentaciones y lujos;
recuerda sus pecados y aspira a
emplear sus riquezas en hacér-
selos perdonar; coloca en lo más
alto de su casa una gran campana
con la cual llama al medio día,

Í>or el resto de su vida, a todos

os pobres—hasta donde se escu-
chan las vibraciones del metal—
a que vengan con él a sentarse
a la mesa..." Un atento observa-
dor de las realidades mexicanas
ha dicho que de haber seguido el
impulso de las leyes de Indias,
ese movimiento hubiera desem-
bocado en "una gran revolución
cristiana de los pobres". Y hoy
seguimos luchando por el resca-
te social del pobre y por la in-
corporación del indio y del mes-
tizo a la cultura, nuestra cruzada
está presidida —Y bendecida—

8

por esa Virgen Morena que desde
el Tepeyac nos llama hacia la es-
peranza.

La posibilidad de autodestruc-
ción se cierne como terrible ame-
naza, sobre el mundo contempo-
ráneo. Las armas de las grandes
potencias nos hacen vivir, en
suspenso atómico", co el miedo
prendido a las entrañas, la pre-
sencia de Dios ha sido borrada
del hombre tipo de nuestro si-
glo, para quedarse, cuanto más,
en una débil y fría abstracción,
México carece de poderío atómi-
co, pero puede convertirse en
conciencia del poder. Las reser-
vas espirituales del pueblo mexi-
cano, si se saben emplear, pueden
ser una fuerza apreciable, en el
mundo de nuestros días. Pode-
mos proponer desinteresadamen-
te ideas y soluciones, sin que re-
caiga sobre nosotros, la sospecha
de una voluntad de dominio. He
aquí nuestras armas. No pode-
mos ofrecer otras, pero, ¿que
quiere el pueblo mexicano? ¿que
esperamos los hombres de Méxi-
co? ¿Cuales son nuestros sue-
ños apliamente compartidos?
¿cuáles nuestras ambiciones más
caras? quede aquí, ante ustedes,
esta bandada de interrogaciones
que invita e incita a una ulterior
meditación personal. A mi me
basta apuntar la urgencia de sal-
var — ¿como decirlo?— ese modo
barroco de ser nuestro: Apoteo-
sis de valores personales, perso-
nalismo trascendente.

En un mundo alienado por la
técnica, el mexicano mantiene
aún su señorío de aztecas y es-
pañoles —eje diamantino— que
nos mantiene firmes y erguidos.

La atracción telúrica de una
tierra con impulsos virginales nos
insta a acuñar un nuevo lengua-
je del hombre y del paisaje. Mé-
xico —flor de pétalos marcados
Í>or la conquista, la insurgencia,
as invasiones, la revolución —la
revolución— no puede fraccio-
narse. Es un todo indivisible:
tribus, costumbres y artesanías;
aves, flores y animales selváti-
cos; costas y cumbres. Su cora-
zón está en todas partes —no
en el Distrito Federal—, en cada
trozo de tierra que conforma
esa "mujer dormida en un le-
cho azul...", como dijera el poe-
ta.

Porque "El mexicano es Mé-
xico en el vibrar de las campanas
queretanas cuando tañen a la
'ñora del rezo' mientras el cre-
púsculo se incendia en los bor-
des del cerro amatorio: Es la

voz de la península repitiendo
los versos de Palmerín. Es la
jarana. El llanto de la marimba
bajo los cafetales chiapanecos;
la oración en la 'calenda' oaxa-
queña que se murmura tras de
la Virgen de la Soledad. Es un
gemido en la guitarra de Para-
cho"(Autor Anónimo). Mexico
que en los libros, México esta
plasmado en la madera, en el
barro o en los hilos de sus sa-
rapes. Bien dice un Mexicano
de corazón y cerebro: "Mé-
xico está en el hombre humil-
de que aprieta su faja a la cintu-
ra para labrar el surco; que lan-
za cohetes al aire en lá fiesta
del pueblo que venera a su Santo
patrón; en el candor de hacer el
pan y recoger las flores de zem-
pazuchitl para agradar a sus di-
funtos". México está en la gar-
ganta del humilde cuando canta:

?

'Que bonito es querer como
quiero yo, que bonito entregar-
me todito completo..." Y existe
en el que se burla un poco de la
muerte: "Si estas dormida en mi
cuerpo, ¡que más me dá si des-
piertas!..."

Voces del pasado resuenan en
el cuerpo dolorido de México.
Los mares ciñen tiernamente la
cintura de este cuerpo como pa-
ra mitigar su dolor. Un dolor pa-
ciente, sin asomo de angustia,
con aparente placidez. Y aquí es-
tamos, cara al progreso, setenta
millones de habitantes bajo un
cielo común irisado de estrellas.
México artista, México intuitivo.

México humanizado y humani-
zante. Su perfil parece haber
resplandecido más desde la olimj
piada. Por nuestra raza hablará
simpre el espíritu. La vocación
de México se está realizando en
cada uno de nosotros, los mexi-
canos, y en el todo de nuestro
estilo colectivo de vida. La em-
presa de fidelidad a nuestro mo-
do de ser es un hermoso riesgo. Y
el futuro es de quienes asumen
su destino y saben esperar.

RASGOS PSICOLÓGICOS
DOMINANTES EN
EL MEXICANO

Quisiera presentar en apretado
resumen, los rasgos psicológicos
dominantes en el mexicano. Una
prolongada repercusión de las
emociones que se muestra en
charlas, en acciones, en cancio-
nes y en refranes nos acompañan
siempre. La compasión y la cruel-
dad oscilan, con especial inten-

sidad, en la vida del mexicano,
como vive a^Aor de piel, todo lo
toma "a pecho". Es posible que,
para extranjeros, las cosas que el
mexicano toma a pecho sean sim-
ples bagatelas; de ahí la incom-
prensión, en el trato, de nuestro
modo de ser. Pero de pronto
los extranjeros advierten que so-
mos capaces de una vibración y
de un calor humano que irradian
un encanto inigualable. El mexi-
cano vive ansioso porque es un
hipersensible que se apasiona de
modo súbito e insospechado.
Llega al extremo límite de todos
sus sentimientos, con una sereni-
dad afectiva total, sin las gesticu-
laciones del italiano, del español
o del francés. Como se halla si-
tuado en ese mar de incertidum-
bre que es México, y sitiado por
el riesgo de amenazas que no lo-
gra localizar, se abisma en la in-
seguridad al experimentar viva-
mente su contingencia, y se pone
una máscara de indiferencia, de
impasibilidad, de "importa-ma-
dnsmo" si queremos utilizar la
expresión popular.

La pobreza, la enfermedad, el
desempleo, la corroción, la deuda
externa son los peligros reales
que generan una natural intran-
quilidad. Afligido y desconcer-
tado, busca una nueva guía de
perplejos, cuando no se sabe re-
fugiar en la religión, y se man-
tiene entre tanto, en su estado
dubitativo, irresoluto, sugestiona-
ble, introspectivo. Yo diría que

el mexicano medio es un intros-
pectivo, emotivo, escrupuloso,
obeso con frecuencia. Lo maravi-
lloso es que su estoicismo, su ca-
pacidad de sufrimiento le im-
pida agotarse en ese combate
desigual y abrumador contra gi-
gantes desconocidos. Como el
universo de Kafka, el mundo del
mexicano, es impreciso, ambi-
guo. Pero ante esa especie de ¡li-
mitación hostil, el mexicano está
dispuesto a no sucumbir. Su es-
toicismo cristiano le hace pasar
la prueba, resistirla siempre y, a
veces, vencerla.

México ha producido un gran
número de héroes, pero pocos
hombres de acción constante.
En su ¡mpulsividad suele haber
una generosidad ¡rreflexiva, arre-
batos del corazón, extenuación
del sentiiruento. La disposirión
atrev¡da de su ímpetu lo arras-
tra a la pasión por el juego, al
que se entrega como imprudente
temeridad, en las peleas de ga-
llos y en las carreras de caba-
llos. Diríase que está*listo para a-
rriesgarlo todo, hasta la vida. Pe-
ro muestra cierta incapacidad de
sacrificar lo más cercano a lo más
remoto. Por eso llega tarde a las
citas. Rara vez abandonará una
hora placentera o un trabajo que
le entusiasma por el deber de ser
puntual en un compromiso. Por
eso hablamos irónicamente de
"hora mexicana" y "hora ingle-
sa".

Aunque el mexicano es suma-
mente cortés -cortesía suave, pu-
pulimentada, casi oriental— no
puede contener por entero al fue-
go que arde en el. Impaciente an-
te el obstáculo —circunstancia o
contradicción verbal—, pronto a
la injuria y prolongado al rencor,
propenso a cóleras breves y vi-
rulentas, a gestos atropellados e
impetuosos, a risas nerviosas y
sarcásticas. Hipérbole y explo-
sión en nutrido repertorio. Bús-
queda de calor cordial, de comu-
nión, en el compadrazgo y en el
comadreo, porque no le gusta la
soledad. La vida del mexicano
transcurre en tensión contrapun-
tual entre su generosidad innata
y su egocentrismo hiperemotivo.
ímpasivilidad ante sucesos adver-
sos, poderosa fantasía, disimulo,
enmascaramiento como resultan-
te de su inseguridad, expresivi-
dad y emotividad, las muestra
el mexicano a lo largo y a lo an-
cho de México y del mundo en-
tero, cuando tiene la oprtunidad
de manifestarse. El mexicano,
como contemplativo — emotivo-
introvertido falla, no pocas veces,
en transformar en destinación lo
que, dejando a sí mismo, es des-
tino. Pero siempre distinguir lo
que es verdaderamente impor-
tante —la salvación, el fin último
del hombre— de lo que es sim-
plemente urgente.

He aquí según Samuel Ramos,
una lista de defectos del mexica-
no, que nosotros nos permiti-
mos resumir:
1.- Padecemos de un complejo
de inferioridad a causa de nues-
tro estado de infancia con res-
pecto a otras naciones. Este
sentimiento de inferioridad se
agravó con la conquista, el mes-
tizaje y hasta por la magnitud
desproporcionada de la naturale-
za.

2.- El tipo de "pelado" mexi-
cano pertenece a una fauna so-
cial de categoría ínfima y repre-
senta el desecho humano de la
gran ciudad. "La vida le ha sido
hostil por todos lados, y su acti-
tud ante ella es de un negro re-
sentimiento. Es un ser de natu-
raleza explosiva cuyo trato es pe-
ligroso, porque estalla al roce
más leve. Sus explosiones son
verbales, y tienen como tema la
afirmación de sí mismo en un
lenguaje grosero y agresivo. Es
un animal que se entrega a pan-
tomimas de ferocidad para asus-
tar a los demás, haciéndoles
creer que es el más fuerte y de-
cidido. Tales reacciones son un
desquite ilusorio de su situación
real en la vida que es la de un
cero a la izquierda. Esta verdad

Agustín Basave y Fernández del Valle,
vigoroso y original filósofo mexicano
de proyección internacional. Su pen-
samiento rivaliza con la brillantez de
su expresión.

desagradable trata de asomar a
la superficie de la conciencia,
pero se lo impide otra fuerza
que mantiene dentro de lo in-
conciente cuanto puede rebajar
el sentimiento de la valía perso-
nal... El "pelado" busca la riña
como un excitante para elevar
el tono de su "yo deprimi-
do... la terminología del "pe-
lado" abunda en alusiones sexua-
les que rebelan una obsesión
fálica, nacida de considerar el
órgano sexual como símbolo de
la fuerza masculina. En sus
combates verbales atribuye a!
adversario una feminidad imagi-
naria, reservando para sí el pa-
pel masculino... vive en un con-
tinuo terror de ser descubierto,
desconfiando de sí mismo, y
por ello su percepción se hace
anormal; se imagina que el
primer recién llegado es su ene-
migo y desconfía de todo hom-
bre que se le acerca... La falta de
atención por la realidad y el en-
simismamiento correlativo, auto-
rizan a clasificar al "pelado" en
el grupo de los "introvertidos"
(El Perfil del Hombre y la Cul-
tura en México", segunda edi-
ción, pags. 75 a 84).

3.- El mexicano de la ciudad
tiene habitualmente un estado
de ánimo que revela un malestar
interior, una falta de armonía
consigo mismo. Es suceptible
y nervioso; casi siempre está de
mal humor y g a menudo
iracundo y violento. Desconfía

umversalmente de cuanto existe
y sucede. Si es comerciante,
no cree en los negocios; si e«
profesionista, no cree en su

profesión; si es político, no cree
en su política. Desprecia las "teo-
rías", pero como nombre de ac-
ción es torpe.

4.- El burgués mexicano tiene
la misma suceptibilidad patrió-
tica del hombre del pueblo y
la misma expresión inflada de pa-
labras v gritos. Tiene una sucep-
tibilidad extraordinaria a la crí-
tica, y la mantiene a raya antici-
pándose a esgrimir la maledicen-
cia con una crueldad de antro-
pófago.

Dejando a un lado lo que de hi-
perbólico pueda haber en la lista
de defectos del mexicano elabo-
rada por Samuel Ramos, debo
decir que nunca he gustado de
los cuadros a una tinta, de los
panoramas negros o de los pano-
ramas color de rosa. El mexica-
no es un ser muy complejo, im-
posible de de atrapar en unas
cuantas pinceladas.

.

Vaya ahora una lista de cuali-
dades del mexicano apuntadas es-
cuetamente :
A) Religiosisdad acendrada.
B) Humanismo teocéntrico.
C) Estoicismo cristiano.
D) Aprecio mayor a lo impor

tante que a lo urgente. Pre-
dominio de lo que queda
sobre lo que pasa.
E) Saber vivir al ritmo de un
tiempo largo y verdadero.
F) Cortesía refinada.
G) Espíritu de tolerencia.
H) Capacidad de amistad y de
convivio—ágape-amoroso.
I) Rápida y vibrante aptitud
emotiva.
J) Disposición innata hacia
la belleza y preocupación es-
tética.
K) Un especial y exclusivo sen-
tido del humor que, de pun-
zante, llega a burlarse y reír-
se de sí mismo.
L) Exquisito espíritu de finu-
ra que penetra sutilmente en
los motivos de la conducta
de los prójimos, en la escala
de acción voluntaria: medio-
objetivo-valor. Cpacidad de
inteligk en un solo golpe de
vista y visión muy clara para
advertir los principios. La

aptitud del mexicano para
realizar en un acto vivo la
verdad y el valor, la norma y
la idea, es sorprendente.
M) Estilo barroco, entendido
no tan sólo como un horror
al vacío, sino como apasio- ¡
nada abundancia de formas
sobre soporte clásico, como
patetismo vital trascenlíente.

Con todos estos ingredientes
—buenos y malos— se teje la idea
de la mexicamdad. Es posible
que como sociedad, como nación
nuestro saldo no haya sido -has-
ta ahora— muy favorable, pero
como personas — si se pudiese
hablar de deber y haber— el sal-
do resulta, para cualquier con-
templador imparcial, altamente
positivo.

SER Y QUEHACER DE LA
PATRIA MEXICANA

La patria, es, ante todo, de na-
turaleza espiritual. Cicerón apun-
ta que la patria es el "lugar don-
de se ha nacido". Pero se trata
de lugar como vínculo de "lu-
gar" como vínculo humano
constitutivo que entraña geogra-
fía, paisaje , espacio e historia. El
hombre está vinculado radical-
mente por sus semejantes; por
eso tiene patria. La sociabilidad
originaria de los humanos lleva
a lo que í>an Agustín denomina-
ba "comunidad" concorde de
personas unidas en virtud del
mismo fin que aman, esto es,

el pueblo o la patria. La patria
se nos muestra en el tiempo. En
este sentido es tradición histó-
rica, Y sin tradición histórica no
existe futuro.

No hay pueblo sin cultura. La
patria es totalidad actual que in-
tegra una comunidad concorde
de personas entrañablemente vin-
culadas a un territorio, con una
lengua como habitáculo del es-
píritu y con una tradición his-
tórica y cultural, transmisible y
orientada teotrópicamente. El
patriotismo es parte de la justi-
cia, porque el patriotismo es
piedad, amor a la tierra de los
padres. Para cada nacional, la
patria es un Don que viene dado
junto con la existencia. El amor
a la patria, desde el punto de vis-
ta cristiano, es un modo de la
caridad. Cabría hablar de la pa-
tria terrenal y de la patria perma-
nente, sin olvidar que la patria
de este mundo apunta a la pa-
tria supra-mundanal y eterna.

El mundo espiritual que dá
unidad a la patria, está consti-
tuido por las comunes imáge-
nes, ideas, valores, formas de
vida, tradiciones, usos sociales
y costumbres con los que el
ser humano se desenvuelve des-
de la infancia. Una buena parte
de la educación consiste en trans-
mitir todo esc mundo espiritual.
La patria tiene sus proceres en
el ámbito de la filosofía, de h
literatura, del arte y de la cien-
cia. La cultura es vínculo uni-
ficador de la patria. Pero es
un vínculo apenas conocido
por el pueblo. La fuerza uni-
ficadora proviene del idioma ma-
terno, de la tierra y del cielo
de los padres(terra patrum), de
los valores comunes que unifican
a un pueblo, de las costumbres y
de las tradiciones. Vivir en la
patria es vivir en el terruño co-
munitario con vínculos institu-
cionales que sobrepasan a las
generaciones. Familia y parti-
culares, se incorporan continua-
mente a la patria, a las corrien-
tes de vida espiritual que les
dá estilo y rumbo. Gracias a
la idea de patria, puede darse
una colaboración fecunda entre
los hijos de una misma tierra.
Todo ese enorme caudal de ele-
mentos configurados, originarios
y vivos, no deben perderse en
aras de un cosmopolitismo desla-
vado y convencional. Todas
esas formas de vida y esos usos
sociales de quienes viven dentro
de una patria conservan valores
y expresan un estilo colectivo

11

de existencia. Somos responsa-
bles de la vida. Las formas de
vida de los pueblos se vinculan
de la manera más íntima en
la religión vivida en la casa y en
la familia, en la industria y en la
agricultura.

El desarraigamiento espiritual
es ruptura con la patria. La falta
de patria espiritual —error funda-
mental de Marx— convierte al
hombre en obrero anónimo, de-
sarraigado de la comunidad con-
corde, del territorio, de la lengua
y de la tradición histórica y cul-
tural.

La patria, como la mujer, es
tierna, suave. Por eso le cantan
los poetas:.

*
"Suave patria: permite que te
envuelva
en la más honda música de
selva
con que modelaste todo entero
al golpe candensioso de las
hachas
entre risas y gritos de mucha-
chas

»
y pájaros de oficio carpintero".

Todo se vuelve poesía cuando
el territorio es visto bajo el
i prisma de la patria.

Tus minas el palacio del rey de
oros
y tu cielo, las garzas en desliz
Y el relámpago verde de los

j loros".

A veces Dunza el recuerdo,
acude a nuestras mentes la injus-
ticia histórica de una barba mu-
tilación territorial:

"Patria tu mutilado territorio
Se viste de percal y de abalorio'

Pero priva el sentimiento gozo-
so de la gran casa común:

"Suave patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va
por la vía, como aguinaldo de
juguetería.
en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza,

Íiones

a inmensidad sobre los Cora-
nes".

Pocas veces un poeta ha logra-
do reunir mejor ese tropel de
imágenes que nos toca la fibra
cordial y que nos hacen com-
prender, más que los tratados
enteros de sociología lo que es
la patria para el mexicano. Barro
que suena a plata, santo olor de
la panadería, ajonjolí y compo-
tas, trueno de nubes y tierras la-

brantías; palomos colipavos y re-
lojes en vela, campanadas que
caen como centavos y pólvora en
los fuegos de artificio. Un higo
que San Felipe de Jesús tiende
hacia el hambre y al obús. Balcón
de palmas bendecidas, y frescura
de rebozo y tinaja.

"Patria te doy de tu dicha la
clave:
se siempre igual, fiel a tu espe-
jo diario;
cincuenta veces es igual el ave.
taladrada en el hilo del rosario,

y es más feliz que tú, patria
suave".

Cultivamos la idea de la patria,
conociéndola y vinculándonos a
ella año tras año, mes tras mes,
día tras día, hora tras hora.

No queremos quedarnos con la
simple idea, sin el cultivo encar-
nado de la misma, y la vivencia
diaria de nuestro México emoti-
vo y trágico, que habla en espa-
ñol y siente en indio. No quere-
mos que nuestro patrimonio

—suave y augusto— degenere en
nacionalismo agresivo, exclusi-
vista y estrecho. Estamos dis-
puestos a conservar el amor al
pueblo, fieles a la propia historia,
a los propios símbolos. Nos afa-
naremos hasta la hora de pasar a
mejor vida, porque crezca el pres-
tigio del propio país y porque se
respeten su nombre y su integri-
dad por propios y extraños. He
aquí nuestro cometido de ciuda-
danos y de hombres de la patria
mexicana.

Lección Inaugural'

Periodo 87 - 88

Mario Iglesias García Teruel

Un nuevo inicio, una generación de universita-
rios, rostros nuevos y cada vez más jóvenes, esto
nos trae a la memoria esa descripción del espíritu
juvenil, que nos dice que es la capacidad de unirse
a lo que comienza, de darse sin recompensa, de re-
novarse y de partir de nuevo hacia nuevas con-
quistas.

Todos los que estamos empeñados en la educa-
ción de la juventud lo hemos constatado, ser joven
es mantener viva la llama del ideal y es entrega ge-
nerosa y renovación. Y también sabemos que para
educar a la juventud debemos conservar en noso-
tros el vigor y la frescura del espíritu.

Pero la juventud también es inexperiencia y a ve-
ces temeridad, hay un sector de nuestra juventud
mexicana seducido por drogas o por alcoholismo.
Otro que por el afán de lucro, se ha vuelto egoísta
e incapaz de ver hacía la sociedad y de darle algo a
ella, otros más y no son pocos, que crecido a la
sombra de la masificación y del consumismo en-
tregando su personalidad a la manipulación e ines-

table variación de la moda perdiendo su identidad
así existen otros y tantos males que se ciernen hoy
sobre la juventud.

Tenemos que decir esto, no para ensombrecer
esta ceremonia con la que damos inicio a los cur-
sos, sino para hablar desde un principio con la ver-
dad.

La juventud posee una gran riqueza para ser de-
sarrollada, pero no siempre se desarrolla, v si no se
desarrolla se frustra, se le vuelve estéril y confor-
mista.

Cuando la juventud vende su idealismo, cuando
su generosidad se convierte en egoísmo que mira al
interés personal por encima de el derecho de los
otros, cuando la vitalidad juvenil se esclaviza a la
satisfacción de los bajos instintos en vez de encau-
sar la vida por la ruta de la libertad del espíritu.
Cuando esto ocurre la juventud se frustra, y esto
a pesar del éxito económico o del bienestar si
existen pero que siempre será veleidoso e inestable.

12*"

Nuestra Universidad, con su proyecto educativo
puede ser una oportunidad para que, maestros y
alumnos en comunidad, logremos el desarrollo de
todo esí potencial juvenil a través de la educación
universitaria.

Permítaseme hacer algunas consideraciones sobre
la educación universitaria, y particularmente sobre
nuestro modelo educativo: "El hombre natural-
mente desea saber" decía Aristóteles-, pero dentro
de las cosas que el hombre desea y necesita saber,
está él mismo.

La conciencia y la reflexión que acompañan a
la racionalidad humana, hacen que pronto surja
el hombre, la pregunta por el hombre, ¿que es el
hombre? ¿quien soy yo?. El pleno sentido de la
pregunta por el hombre es saber quien soy yo. Y
cuando el hombre, o mejor, la persona adquiere
conciencia de lo que es, ¿para que existe? ¿porque
existe? entonces tiene conciciencia de su vocación,
aquella vocación a aue se refería nuestro presiden-
te del patronato. La vocación es ese llamado a a[gq
a una misión a cumplir una misión en nuestra vidaj
pero es un llamado que resuena en el interés de la
conciencia del hombre. El hombre masa que rehu-
ye la interioridad, de suyo está rehuyéndose, es un
llamado que nos impele desde dentro, a alcanzar
la meta final. El desarrollo de la vocación no sólo
es avance, sino también es crecimiento.

En efecto si la vocación, es llamado al hombre a
todo hombre, no puede haber mutilaciones ni dis-
torsiones en et desarrollo de la vocación, una sola
y universal vocación de todos los hombres, que es
simple y sencillamente, a ser hombre, a realizar
cada uno su propia persona lo plenamente humano.

Y esta quiere ser una de nuestras tareas más radi-
cales, "Ya que la enseñanza que en la UPAEP se
¡irmarte. busca formar íntegramente al hombre an-
tes de pensar en la profesión que tendrá". El hom-
bre siguiendo las líneas de nuestro ideario, es una
criatura, síntesis única de materia y espíritu, que
dotado de inteligencia y voluntad no es un objeto
más de la naturaleza, sino una persona. Ponemos de
relieve que el hombre es "sujeto libre y responsable
portador de una dignidad sagrada, con una voca-
ción única e instransferible que trasciende af tiem-
po y a la historia, superior a todos los demás seres
materiales".

La vida humana no es sino el desarrollo del hom-
bre hacia el cumplimiento de su vocación o tam-
bién puede ser y debemos decirlo, el detrimiento
de él mismo, que lo lleva hacia su frustración total.

En este desarrollo la educación tiene un especial
significado, porque es por la educación que el hom-
bre puede alcanzar la plenitud y madurez a que es-
tá llamado. La educación es la tarea fundamental
del hombre, es el requisito de su realización.

De modo que si nos hemos fijado bien, educar,
no es llenar el cerebro con conocimientos, ni si-
quiera saber toda una ciencia, antes que cualquier
cosa es hacer crecer la propia persona hacia el fin
que la vocación única e intransferible nos llama.

Esto nos obliga a modificar la expresión corrien-

Nuestra universidad con su proyecto educativo, puede
ser una oportunidad para que maestros y alumnos en co-
munidad logremos de todo ese potencial juvenil a
través de la educación universitaria.

te de lo que es educar. Se piensa que educar es pro-
pia y principalmente del maestro, que es el que tie-
ne los conocimientos y puede vertirlos en los alum-

nos.

"El agente principal de la educación, dice nuestro
ideario, es el propio educando, quien asimila, con-
quista y se forma, al hacer suyos y recrear la cultu-
ra y las obras valiosas que el maestro le presenta de
manera ordenada y sugestiva, guiandolo a los valo-
res y bien fundamentales, que ha de hacer suyos e
incrementar..."

En las diferentes etapas del desarrollo de la per-
sona encontramos diferentes instituciones educa-
tivas. La familia que posee propiamente el derecho
'a educar y otras instituciones que de alguna forma
se hacen partícipes de ese derecho fundamental
que pertenece a los padres.
La universidad es una comunidad educativa, y
por ello debe hacer suyos los fines de la educación,
que como hemos dicho se orientan fundamental-
mente al desarrollo de las vocaciones personales.

Sin embargo la Universidad tiene su propia iden-
tidad en el complejo y basto campo de la educa-
ción y de la cultura, la Universidad asume una fina-
lidad, por la cual adquiere su propia identidad.

Del mismo modo que el ser del hombre si ilumina
y adquiere cabal comprensión desde su vocación.
La universidad se especifífica por su fin propio y
peculiar. La actividad universitaria por excelencia,
es la actividad académica, que consiste en la comu-
nicación e investigación de la verdad, su organiza-
ción y defensa.

Toda actividad cotidiana de la Universidad debe
mantener vivo este sentido de finalidad, que desde

la docencia y la investigación se orienta hacia una
comprensión universal, en la que los seres se orde-
nan y adquieren coherencia.

La Universidad debe mantenerse constantemente
orientada al cumplimiento de su fin, evitando todo
aquello que distorsiona o que reduce arbitrariamen-
te el sentido de su misión.

La Universidad debe esforzarse en su misión edu-
cativa para suscitar en los universitarios un sentido
de la vida que esté de acuerdo a la dignidad consti-
tutiva de la persona.

Y para que esto sea posible, a la Universidad le
corresponde por razón de su naturaleza propia,
el derecho a ordenarse propiamente hacia su fin.

Esta libertad constitutiva, para autodeterminarse
según sus propios principios y leyes en todo aque-
llo que atañe a la realización de sus fines, es lo que
llamamos autonomía universitaria. Si autonomía
no hay Universidad, porque la Universidad, se cons-
tituye sólo por intereses de la verdad y las exigen-
cias de la justicia.

Cuando a la Universidad se le trata de imponer
desde fuera, aquello que deberá enseñar y como ha-
brá de enseñarlo, o se le tratan de imponer fines
que la desvían del suyo propio, la Universidad per-
derá su identidad.

Sin embargo la autonomía universitaria no se
afirma como privilegio para irresponsables, porque
reconocemos nuestra obligación de colaborar y es-
tar sujetos a las exigencias del bien común de nues-
tra sociedad. Por ello afirmamos que es la Univer-
sidad a la única que compete avalar la calidad hu-
mana y profesional de los egresados que incorpora
a la sociedad, lo que no puede sostener en instan-
cias externas y extrañas a la institución misma, le-
vantando muros de contención que impiden ver
realmente cuales son aquellas opciones que la pro-
pia sociedad demanda porque es conciente que le
sirven y las aprovecha, para su desarrollo y madura-
ción. De suyo si queremos conocer !a madurez de
una sociedad cualesquiera que esta sea, conoscamos
primeramente sus universidades y a sus universi-
tarios.

Autonomía no significa que la Universidad deje
de formar parte de la sociedad, ni que como equí-
vocamente nos han hecho pensar, sea un Estad*
dentro de otro Estado.

Tampoco podemos pensar que las universidades
estén casadas con los gobiernos de los estados. La
Universidad se debe sólo a la sociedad de que na-
ce, se nutre y en su desarrollo va devolviendo a la
sociedad misma, el beneficio de la cultura ahí
guardada y acrecentada por la investigación, todo
esto, en el marco de la germina libertad a la que
llamamos autonomía y que es intrínseca, lo que
quiere decir que está dentro de la esencia de las
instituciones universitarias.

*•

Asi' mismo como 'el hombre tiene derecho a to-
do aquello que requiere para vivir dignamente
como tal, de igual modo la Universidad tiene dere-
cho a todo aquello que le es necesario para conser-
var su propia identidad. Y su autonomía es lo que
primero y principalmente lo que la Universidad ne-
cesita.

Nosotros exigimos nuestra autonomía como se
exige lo justo, porque la justicia es aquello por lo
cual se distingue lo propio de lo ajeno y sabemos
bien lo que nos es propio, como también sabemos
lo que nos es ajeno.

Con nuestra autonomía defendemos el derecho
a la libre investigación científica, al que no recono-
cemos otros limites que el respeto a la verdad en
todas sus manifestaciones.

Sabemos lo que debemos a la sociedad, que ella
tiene un derecho que pertenece, que le es propio
y que nosotros estamos en deuda permanentemen-
te con ella.

La Universidad le debe a la sociedad el agrisolar
esa cultura, el ordenarla en base a los valores fun-
damentales que en el seno de la universidad se dis-
cuten y se aclaran.

La Universidad es una institución de la cultura y
para la cultura, que no es sino la penetración y el
dominio del espíritu humano sobre sí mismo y so-
bre la naturaleza material. Ni el hombre ni la so-
ciedad pueden existir sin cultura. La técnica y el
arte, la ciencia y sobre todo la cultura moral, en-
cuentran en la Universidad un campo fecundo para
su desarrollo, cuando se es fiel a su misión.

Pero la Universidad no es un ser por encima de
los hombres que la formamos, sino que el ideal uni-
versitario debe irse realizando en cada una de las
personas que la integran.

Reconocemos nuestro compromiso para con la
sociedad entera y afirmamos que el verdadero uni-
versitario llega a su plenitud como tal, cuando en
la vida profesional y en el seno de la sociedad apli-
ca competente y responsablemente los conocimien-
tos que ha adquirido y, sobre todo, cuando vive f>
defiende los valores de Ojue se nutrió en la Univer-
sidad, transformando asi por la cultura, a la socie-
dad y haciéndose responsable según la medida de
su función, del bien común de la misma.

No puedo seguir adelante sin hacer énfasis en
este compromiso con nuestra sociedad, con nuestro
pueblo. Hay muchas necesidades y también situa-
ciones de injusticia que ofenden, o debieran ofen-
der, la conciencia del universitario, nuestra educa-
ción sería incompleta, mejor dicho deforme si no
aspiramos a ser sujetos activos en la vida social^ si
no asumimos nuestra dignidad de universitarios
como un distintivo de responsabilidad y no de pri-
vilegios.

Los universitarios nos sentimos llamados a resta-
blecer el orden de los valores en la persona y en la
vida social, a forjar una cultura que sea digna del
hombre y de nuestra patria a través de la formación »
de la persona. Especialmente hoy queremos que

las relaciones sociales y económicas se asienten so-
bre criterios éticos de justicia y sólida fraternidad,
porque solo dentro de esta dimensión ética pue-
aen superarse las diferencias sociales que lesionan
la dignidad humana.

Nuestro proyecto educativo es un reto para to-
dos los que formamos esta institución, puesto que
queremos ir mucho más lejos que dar capacitación
profesional. Queremos universitarios que tengan el
valor y el coraje de luchar por sus ideales. Que no
son arbitrarios porque se fundan en la verdad, en el
amor a la verdad puesto por encima de! interés de
lucro y de bienestar o por encima de ideologías e
intereses políticos de partido.

En la realización de nuestra misión, desde hace
catorce años, hemos contado con el apoyo solida-
rio de toda la sociedad. Tenemos una deuda insal-
dable con ella. A la sociedad entera le ofrecemos
el testimonio más sincero de nuestra gratitud. Y en
víspera del décimo quinto aniversario, nos hemos
propuesto entre otros objetivos alcanzar la excelen-
cia universitaria, que a fin de cuentas está basada
en la certeza de que siempre y cuando exista un
maestro con vocación que quiera enseñar, y exista
un estudiante con potencial y disposición que quie-
ra aprender se dará el vínculo de la enseñanza a sus
niveles más altos.

Los maestros ponen en marcha la vida más íntima
de la Universidad, son un factor fundamental en el
cumplimiento de la misión universitaria, ustedes
son un testimonio v\vo de que en nuestra sociedad,
a pesar de la crisis yde la decadencia cultural sigue
teniendo vigencia la generosa colaboración y la so-
lidaridad. Y La colaboración de su tiempo esfuer-
zo a su tarea enorme pero colmada de grandes sa-
tisfacciones como lo es la noble tarea de educar a
la juventud.

Los alumnos que reingresan recuerden que son
sujetos activos en su propia eduación que en la me-
dida en que se acercan al final de la carrera se. abre
una enorme responsabilidad con ustedes mismos
de ser profesionistas competentes y de demostrar
que el éxito profesional es principalmente un triun-
fo ético del hombre.

A los estudiantes de primer ingreso, sea que bus-
que el bachillerato o la profesión les decimos
¡Bienvenidos! la Universidad les abres sus puertas.
Somos una universidad joven para responder me-
jor a su misión educativa, pero somos también una
institución madura que quiere imprimir en su alma
el sentido de lo que es ser un hombre maduro.

Todos los que formamos esta gran comunidad en
la UPAEP tenemos presente que hoy' al iniciar este
nuevo ciclo de estudios, iniciamos las actividades
cotidianas en las que habremos de formar hombres
para nuestra sociedad capaces de reconstruir con
nuestro pueblo un México nuevo y un México
mejor.

15

América Latina Está

Sufriendo Transformaciones

Políticas Profundas

_ Manuel Díaz Cid

Lo único que los hombres y los
pueblos tenemos es pasado, pues-
to que el presente es tan efímero
que ya ahora mismo se ha vuelto
pasado; cuando hablamos de
nuestro pasado es necesario pre-
cisar el tema de la conquista,
fundamentalmente al tema de la
conquista de la sangre, es decir,
el tema de la conquista de tipo
militar bélico. Pero no hay una
sola conquista; existen, en rea-
lidad, cuatro conquistas que se
realizan simultáneamente.

La primera de ellas es la mili-
tar, ganada totalmente por Espa-
ña. La segunda conquista es la
conquista espiritual, llevada a
cabo por los nombres que evan-
gelizaron América. La tercera
conquista es la conquista so-
cial, en la que, después de haber-
se triunfado en lo militar y ha-
berse conquistado para la fe a
los pueblos de América, se lle-
gaba también a la creación de
una nueva sociedad del mesti-
zaje, obra en términos genera-
les, completa y acabada de la es-
piritualidad española. Y final-
mente, está la última conquista,
que es la conquista política, que
tal vez es la más significativa
ya que ha quedado incompleta
Yo podría decir: esta conquista
quedó frustrada. No puedo saiir
adelante el modelo, que bspana
tenía preparado, y esto nos de-
ja en una circunstancia trágica
para el momento de la Indepen-
dencia.

Se dice que los Borbones se
van a carecterizar precisamente
por haber centralizado excesiva-

mente el poder político, y al ha-
berlo centralizado lo volvieron
esclerótico, y al volverlo escleró-
tico comenzaron a crear todas
las condiciones que, finalmente,
desencadenaron los movimientos
de Independencia.

Y este es en buena parte cier-
to. El movimiento de Indepen-
dencia en América surgirá cuan-
do el modelo político español
está plenamente agotado, sólo
que, en el momento en que nues-
tros países de la América españo-
la surgen a la Independencia, han
roto ya con la unidad política de
la metrópoli v no tiene modelo
político propio. Y este es, po-
siblemente, el punto de parti-
da de la raíz de la desestabiliza-
ción que viven nuestros países en
toda la época independiente —si-
glo XIX e incluso en el siglo
XX—; el movimiento de inde-
pendencia aparece entonces co-
mo la fractura que se produce
entre los pueblos de América y
la metrópoli de la que habían
dependido durante tres siglos.
Pero en el momento en que se
produce esta fractura se produ-
cen simultáneamente tres nega-
ciones en el Continente Ameri-
cano, tres negaciones de Iberoa-
mérica, que explican en buena
parte los aconteciemtos contem-
poráneos.

En primer lugar hay un intento
por negar el origen indígena de
los pueblos de América, como si
la presencia de los indígenas no
íuera evidente en la sociedad, en
la realidad en la que nosotros vi-
vimos. La segunda negación es

16

tan aberrante como la primera:
se pretende negar el pasado vi-
rreinal de los pueblos de Améri-
ca y se pretende, de una manera
increíble que, a partir del mo-
mento de la Independencia sur-
gieron las naciones de América,
sin darse cuenta que para una
nación sea independiente, tiene
que ser primero nación, par lue-
go adquirir la modalidad de la
independencia. Porque los pue-
de América eran ya una nación;
eran naciones que habían sur-
gido en la cristiandad constitu-
yente, en tanto que es el cris-
tianismo el crisol que forja la
realidad nacional de nuestros
países. Sin el cristianismo no ha-
bría países de hispanoamérica, al
menos como hoy los conocemos
y los comprendemos.

Y la tercera de las negaciones
es la unidad Iberoamericana.
Mientras las trece colonias de los
Estados Unidos que se indepen-
dizaban de Inglaterra lo hacían
sobre el principio de la unidad,
el pluribus unum —de muchos
uno—, los países virreinales de
la América española, en el mo-
mento de llegar a la Independen-
cia, en lugar de mantener la uni-
dad que se suponía entre ellos,
se fragmentaron y se destruye-
ron.

La destrucción de nuestros
países hispanoamericanos es en

{>arte explicación y causa de todo
o que ha ocurrido en el siglo pa-
sado y el presente, que no nos
ha permitido encontrar nues-
tra propia identidad como país.

El modelo cjuc los norteameri-
canos siguieron esel modelo que
les había sugerido Hobbes, o
Locke, y al final de cuentas, en
los Estados Unidos hay una cm-

Ítaime entre lo que fue la teoría y

a acción política en Inglaterra,
con lo que fue la teoría y la ac-
ción política de la nueva nación
que emergía. Pero esto no ocu-
rre con nuestros países de habla
española; habiendo roto con la
metrópoli, comienza un peregri-
naje largo que aun no acaba, en
búsqueda de un modelo que se
pueda adecuar a nuestra realidad.

Se dice que en América hemos
ensayado todos los modelos po-
líticos, (pie no ha quedado uno
solo que no se haya implemen-
tado, y todos han fracasado. IV-
ro, siendo cierta la afirmación,
hay que matizarla en el sentido
de que la aplicación que se ha
hecho de los diferentes modelos
políticos ha sido siempre con la
mentalidad de estar aplicando al-
go que no es nuestro, algo que
no va a nuestras raíces, que na-
da tiene que ver con nuestra
identidad y que, por lo tanto,

f

»rovoca tales confusiones en
os hombres, que no nos per-
mite llegar, finalmente, a una so-
lución a los problemas.

Dice el colombiano Jaime

Sanini Etcheverri que, cuando
nosotros, los países nispanoame-
ricanos tanto hablamos acerca
del imperialismo, y tanto hace-
mos referencia al imperialismo
como una fuerza que se presenta
atrepellando nuestros derechos,
haríamos mejor en reflexionar
sobre nuestra actitud, aue ha
sitio lo que ha propiciado esta in-
tervención del imperialismo, des-
de el momento en que al haber
alcanzado la independencia como
países, y haber perdido la metró-
poli de la cual se dependía, co-
menzamos por pensar que la me-
trópoli norteamericana era el i-
deal, y tratamos de copiar de los
norteamericanos el modelo com-
pleto: y luego pasamos de la me-
trópoli nortcamericacana a otras
metrópolis, creando con ello una
mayor confusión, en tanto que
estas metropolis eran cada vez
más ajenas a nuestra realidad.

Copiando modelos ajenos, dice
Jaime Sanini, los pueblos de his-
panoamérica nos hemos puesto la
camisa de once varas, y la camisa
de once varas es una camisa de
fuerza, y la camisa de fuerza es
vestimenta de locos. Y como au-
ténticos dementes hemos proce-
dido, como pueblo, en nuestra
configuración política, no bus-
cando dentro de nosotros la res-
puesta, sino siempre tratando de

17

importar la solución de otra la-
titud, de otra realidad, que en
muchos casos está totalmente
alejada de lo que nosotros somos
y lo que nosotros pensamos.

Y esto en lo político tiene una
aplicación inmediata en el mo-
mento mismo de la Independen-
cia. En el transcurso de ese pa-
sado, que nosotros estamos vi-
viendo, hay un elemento que es
característico que es el elemen-
to de la democracia. Se dice
que la democracia es la máscara
que hemos utilizado en Améri-
ca para disfrazar la tiranía, y es
verdad; pero esto es verdad
también porque, mientras en el
pueblo donde había surgido to-
do el movimiento favorable su-
puestamente a la democracia,
que era el pueblo francés, que
acababa de sufrir cuando los

Íueblos de América llegan a la
ndependencia, el procesos de la
Revolución Francesa, mientras
este pueblo no alcanza al final
de la Revolución Francesa un
modelo político democrático,
sino por el contrario, Ha culmi-
nación de la Revolución Fran-
cesa es el establecimiento de la
autocracia militar como no ha-
bían conocido los franceses,
que es precisamente el gobierno
del emperador Napoleón Bona-
parte, y que a la caída del Impe-
rio se produce la restauración
de la monarquía, y la democra-
cia que se supone estaba laten-
te en los principios de la Revo-
lución Francesa sólo se aplica-
rá en la tardía República Fran-
cesa de finales de siglo.

Mientras esto ocurría en don-
de se había originado el movi-
miento, mientras en países que
como Estados Unidos hablaban
y predicaban de la democracia,
no se implementaba el modelo
utópico de la democracia del
Sufragio Universal, sino se em-
pleaba una democracia selectiva
para elegir a sus presidentes;
a pesar de que el pueblo nortea-
mericano no era más que el
pueblo inglés trasladado a vi-
vir a territorio americano, a
diferencia de nuestros pueblos,
que eran una entidad nueva,
mezcla mestiza de dos culturas
y de idiosineradas, los nortea-
mericanos, con una gran pru-
dencia, manejaron la aplicación
de la democracia sobre los mar-
cos de la democracia inglesa, y
es hasta finales del siglo XIX
cuando, por primera vez, los
norteamericanos recurren a la
elección por Sufragio Univer-
sal, con el nombramiento para

presidente de Estados Unidos
de Mckinley, que es el último
presidente del siglo XIX para
entrar al siglo XX.

Mientras Estados Unidos tie-
ne esta actitud, tiene esta situa-
ción, nosotros, en nuestros paí-
ses hispanoamericanos, imple-
mentamos de entrada, sin ningu-
na experiencia democrática, el
método del Sufragio Universal.
Las consecuencias son evidentes:
la fragmentación total de lo que
había sido una unidad bajo el ré-
gimen virreinal es la consecuen-
cia de esta imprudencia de nues-
tros políticos del momento de la
Independencia, que no fueron ca-
paces de comprender que no era
posible pasar de un Estado Vi-
rreinal a un supuesto Estado De-
mocrático, simplemente por un
decreto.

Pero nosotros no solamente co-
piamos un modelo que nadie ha-
bía utilizado antes, que es el de
la democracia por sufragio uni-
versal, pagando las consecuencias
de actuar como conejillo de in-
dias en la política, sino que ade-
más tuvimos la necedad de pre-
tender copiar el modelo inglés
en plenitud.

En nuestro país se produjeron
varios intentos para lograr la uni-
ficación iberoamericana, y entre
ellos el intento hecho por Don
Lucas Alamán en la reunión de
Tacubaya, y esto es cierto, sólo
que habría que precisar que Don
Lucas Alaman tiene también una
muy clara impresión en lo polí-
tico del modelo británico, y que
es Don Lucas Alamán el que su-
gerirá que nos incorporemos co-
mo países en América y, en par-
ticular, en México, al esquema de
la lucha de partidos que era suge-
rido por Edmund Burke, que es
el gran teórico que inspira el
pensamiento político de Lucas
Alamán y que, para el modelo
europeo, parecía estar funcio-
nando con Bastante eficiencia.

Sólo que el parlamento inglés,
con su |oris y sus vviits, no podía
ser equiparado a nuestrso orga-
nismos parlamentarios incipien-
tes, que desconocían toda prác-
tica de tipo partidista democrá-
tico y que, como era lógico, en
lugar de desembocar la proposi-
ción hecha con toda la buena fié
por Don Lucas Alamán, en la
formación de sólidos partidos
defensores de principios, a lo
se dio lugar en México y en toda
América fué a la aparición de
bandos. Porque en México y en
América no existen partidos; en.

f la América española existen ban-
dos, y como bando, más que mo-
vidos por una escala de principios
y por elementos doctrinarios,
movidos por elementos pasiona-
les que desencadenaron en nues-
tro país, y en el continente ente-
ro, las luchas y conflictos de los
liberales y conservadores que en-
sangrentaron la tierra de Améri-
ca durante más de 70 años.

Todo esto derivado precisa-
mente de esta búsqueda de los
pueblos hispanoamericanos de un
modelo que no era el propio
y de un intentar copiar del ex-
tranjero características que nos
quedan muy mal y que no resol-
vían nuestro problema. El fon-
do del problema político his-
panoamérica es un problema de
tipo doctrinario.

Hoy nos encontramos ante el
parteaguas de la historia de la
unidad latinoamericana, porque
que hoy salen finalmente a la luz
luz una serie de problemas que
antes habían estado guardados,
de los cuales no se quería hablar
o no se podía hablar, y uno de
los problemas más importantes
es el que se refiere, fundamental-
mente, al tema de la doctrina po-
lítica, de la teoría política.

En el mundo contemporáneo
y, sobre todo, en las circunstan-
cias presentes en donde esta-
mos excesivamente presionados
por los problemas de tipo econó-
mico, se ha llegado a pensar, e
incluso el sistema político mexi-
cano como el sistema político
de otros países ha si lo han su-
gerido, que el único problema
existente en nuestros países es
un problema de tipo económi-
co, y esto es absolutamente
falso. La realidad es que la gra-
ve crisis de nuestros países
en Hispanoamérica es una grave
crisis política, que nace de una
falta de originalidad en el mo-
delo que se pretende establecer,
y que nace, sobre todo, de una
equívoca doctrina en lo poli-
tico" que influye de manera

decisiva en los resultados prác-
ticos de lo que se pretende im-
plementar.

El sistema político de América
es un sistema dominado por el
maquiavelismo, y al hablar de
maquiavelismo quisiera hacer una
precisión porque, a veces, tene-
mos la idea de que el maquiave-
lismo no, es más que una serie de
recursos tortuosos para alcanzar
alguna finalidad, y esta es una vi-
sion caricaturesca del maquiave-

íismo, en tanto que el pensa-
miento de Maquiavelo gira en
torno a un principio fundamen-
tal, que sostiene que la políti-
ca tiene como único fin el con-
servar al príncipe en el poder.
Se hace política para estar en el
poder, y Maquiavelo automáti-
camente descalifica, ignora y
deja de lado, la búsqueda del
bien común como la razón mis-
ma de la acción política.

Maquiavelo ha sido adoptado
por los políticos hispanoameri-
canos, por lo menos es mi opi-
nión, no tanto porque hayan
llegado por eliminación a la con-
clusión de que este célebre po-
lítico florentino es el que tiene
la mejor fórmula, sino que con
un criterio simplista creen que el
maquiavelismo soluciona todos
los problemas, porque constittu-
ye una especie de libro de rece-
tas políticas que no puede uno
guardar bajo la almohada para
resolver, de manera genial, su-
puestamente cualquier problema
que aparezca. No nay ni siquiera
un maquiavelismo profundo, hay
un maquiavelismo totalmente
superficial y chabacano, que lleva
a las conclusiones y a las acciones
n\ás insospechadas por parte de
los políticos que ni siquiera aca-
ban de comprender en profun-
didad al mismo Maquiavelo.

La afirmación de que estamos
regidos por un sistema maquiavé-
lico es fácilmente comprobable,
sobre todo en nuestro país en
donde, en uno ,de los últimos
eventos organizados por el partí-
do oficial, se estableció una re-
forma de los postulados del par-
tido y se señala en el punto pri-
mero de esta nueva reforma a
los puntos políticos, que el par-
tido oficial tiene como misión
fundamental la conservación del
poder. En un ambiente mane-
jado con el esquema maquiavéli-
; co, no tiene como objetivo el
bien de la comunidad sino el
bien propio.

Hay oligarquías que han man-
tenido el poder durante tres dé-
cadas en nuestros países y que se
sirven del maquiavelismo para
nutrir precisamente sus fórmulas
políticas de permanencia en el
poder; ahora mismo, cuando se
había un poco de plantear las
perspectivas al futuro, después de
que en las últimas elecciones ha
habido una sistemática violación
de los derechos de los ciudadanos
a exponer su punto de vista a tra-
vés de su voto al depositarlo en

el ánfora. Cuando el Traude elec-
toral se ha convertido en un mé-
todo pedagógico para hacer com-
prender a la sociedad que no hay
otra alternativa que seguir sopor-
tando por tiempo indefinido al
grupo en el poder, que se sos-
tiene precisamente con este cri-
terio maquiavélico.

Hay una falla total de la con-
cepción de lo que es política,
pero de esa falla total no sólo
tiene la culpa de haberla^ imple-
mentado aquellos que están en el
poder; es que nosotros también
participemos de esta culpa por
que nosotros fuimos los que ena-
jenamos nuestra conciencia a
cambio del bienestar económico.
Fuimos nosotros y sólo no-
sotros, los que establecimos co-
mo una norma al aceptar todos
los atropellos a nuestras obliga-
ciones, acambio de que se nos de-
jara vivir en paz y con holgura
económica, y noy comenzamos a
sufrir las consecuencias de este
problema. En nuestros países hay
una situación conflictiva que na-
ce precisamente de que en nues-
tro alrededor, entre nosotros mis-
mos, no somos conscientes de lo
que la política es.

En su prefacio a la "Política
de Aristóteles", dice Santo Tom-

más:

"Entonces si la ciencia princi-
pal es la que trata del objeto más
noble y perfecto, que es el hom-
bre, necesariamente es la políti-
ca la principal, la ciencia arqui-
tectónica respecto de las demás
ciencias prácticas, al menos en
cuanto al bien último y perfecto
de las cosas humanas".

Luego, si la política es la cien-
cia principal de todas, es la cien-
cia que aborda a la organización
de la sociedad para llevarla al fin
que le es propio, ¿como es posi-
ble que los hombres en nuestro
continente, en nuestro país, haya-
mos abdicado de nuestra parti-
cipación en la política? porque,
¿quien puede decir que esta al
margen de la política? Aun aque-
llos que declaran que no les in-
teresa la política, están adoptan-
do una actitud política, aunque
sea negativa.

Hemos dejado que la política
sea manejada por hombres que
no tiene conocimiento de la cien-
cia política en manos de los em-
píricos que están guiados fun-
damentalmente por un esquema
patológico que les lleva a consi-
derar en primer lugar, que todo
debe ser fruto de la imnrovi-

zación y ñaua de ia preparación,
que tocto debt nacer de la intui-
ción y no de la razón, que ac-
túan por oportunismo y no por
vocación, que no tiene raices y,

f

»or lo tanto, están aislados de
a tradición que es una fuente
viva de enseñanza y además,
tradición que está asumida plena-
mente por el pueblo. El político
empírico vive en el mundo abs-
traccionista de la utopía, creando
figuras políticas que no corres-
ponden a la realidad y, finalmen-
te, el político empírico busca el
poder únicamente para su propia
satisfacción.

¿Cómo es posible que hayamos
nosotros aceptado que sean los
políticos empíricos ios que ma-

nejen la situación en todos nues-
tros países de América? Quien
de nosotros estaría dispuesto a
permitir que alguien, por muy
amigo que fuera le practique una
operación de apendicitis si no
es un médico titulado? ¿Quien
de nosotros entregaría la salud
de sus seres queridos a alguien
que puede ser de muy buena in-
tención, pero que no tenga cono-
cimientos en la medicina?
¿Quien sería capaz de confiar
la más pequeña intervención qui-
rúrgica a uno de sus seres queri-
dos por alguien que tuviera es-
tas características/ Y Entonces
¿Porque si somos capaces de a-
ceptar que en la salud de la socie-
dad toda, no dada más de nues-
tros seres, sino de la sociedad to-

da de la que estamos formando
parte hoy, sea atendida por hom-
bres que desconocen el verdade-
ro sentido de la política y que
la pervierten para convertir a la
política en un instrumento de
enrriquecimiento personal o de
grupo?

Se ha perdido de vista aquello
que señalaba Santo Tomás, en el
sentido de que los reyes son para
los reinos y no los reinos para
los reyes, y ya sabemos que hoy,
de el ejercicio del poder en nues-
tros países de América, los que
salen de haberlo ejercido viven
como reyes, porque se han apro-
vechado de la realidad de los paí-
ses en su beneficio personal,
mientras los pueblos gimen en la
pobreza y gimen en medio de
una situación de injusticia y de
grandes conflictos, pero el fondo
del problema sigue siendo emi-
nentemente político y es eminen-
temente político porque, como
decía el español Juan Manuel
Conde, en su libro "El hombre,
animal polfico ", politizar es
edificar en cada hombre la polis
interior que ha de trascenderse
luego a sí misma y trasfundirse
en el orden interhumano objeti-
vo; el hombre que ve la realidad
y que extrae de la realidad los
elementos para el modelo políti-
co que desea, crea dentro de su
mente lo que desea, que la socie-
dad se transforme, lo que sea la
sociedad al transformarse y, es
precisamente en este proceso
de transformación de" la sociedad
cuando vemos que el liberalismo,
unido al pragnfatismo maquiavé-
lico de los hombres en el poder
producen como resultado una
realidad que está muy lejos de
ser lo que todos los hombres de
nuestro continente desearíamos
para nuestras sociedades.

En el fondo seguimos con el
modelo frustrado del período de
la Independencia, seguimos bus-
cando nuestra propia identidad
seguimos atropellando sin encon-
trar el verdadero camino y la ver-
dadera solución. En esta búsque-
da que estamos haciendo, en este
abrirnos caminos hacia adelante,
en este momento, en América
Latina, en toda América se oye
nuevamente el tañido de la cam-
pana de la libertad y tal vez se
abre hoy una perspectiva que ha-
ce cincuenta años no existía, la
perspectiva de transformar de
fondo nuestra realidad a cambio
de que estemos dispuestos a com-
prometemos a través de la par-
ticipación; sin participación no
habrá transformación.

• si

Decía el filósofo Heráclito:
"Por las ideas se lucha como por
las murallas". El desafío que se
nos plantea es: ¿seremos los
hombres del momento presente,
aquí y ahora, capaces de en-
frentar esta defensa de nuestras
ideas para poder lograr la trans-
formación de nuestra sociedad?
¿ o seremos como tantas otras
generaciones del pasado, cómpli-
ces de una situación que se irá

deteriorando cada vez más v de-
jaremos a las generaciones del
futuro la incierta posibilidad de
enfrentar una solución que tal
vez no se plantee desde la pers-
pectiva de una solución para
reencontrar caminos de confian-
za y reconstrucción de la socie-
dad, sino tal vez en el futuro se
plantee de una manera mas dra-
mática, como la decision simple-
mente de luchar para sobrevivir.-'.

20

Las Ideologías Fracasan

Porque no Parten de

la Realidad Objetiva

Juan Antonio Widow

Entrar a este tema implica una exigencia previa
ineludible: la precisión del significado de los tér-
minos o específicamente del término que ha de
marcar el rumbo de este exposición. La palabra
ideología tiene un origen artificial: se inventa, en
efecto— en el ambiente del optimismo de las lu-
ces de finales del siglo XVIII-, para designar una
nueva ciencia, aquella que había de develar en for-
ma definitiva los secretos sobre el origen de las
¡deas del entendimiento humano, mostrando que
no son más que una forma un poco más elaborada
de las sensaciones.

Es obvio que. en su historia, el término no ma-
nifiesta especiales vínculos con ese primer signifi-
cado. Pero, quizás por esto mismo, y al verse libre
de las refces semánticas que marcan la identidad
genética del lenguaje, se na expresado para muy
distintos usos, por lo general vagos y poco aptos
para precisiones. Por ejemplo, suele ser empleado
para designar, simplemente, cualquier doctrina o
concepción intelectual, sobre todo en el orden de
lo que clásicamente se llamó ciencias prácticas: la
ética, la política, la economía.

Sin embargOj en la historia de las ¡deas políticas,
y en la del mismo actuar social y político, se ha
ido decantando una actitud o mentalidad— un es-
tilo de pensamiento y un criterio de conducta—
que ha podido ser designado, con bastante propie-
dad, con el adjetivo ideológico.Esto aparece, con
formas definidas, en el siglo XVIII, aunque sus
raices se remontan mucno mas lejos. Hablar de
ideología, en este contexto— y aun admitiendo
matizaciones diversas en su significado—, se habla
de un sistema coherente de ideas acerca de cómo
ha de ser la realidad personal y social del hombre.

La primera cualidad de tal sistema es esa adhe-
rencia interna: debe estar todo debidamente ex-
Íilicado; nada debe escapar a la racionalidad o a la
ógica propias del conjunto. Una ideología debe
tener respuesta para todos los problemas: si para
algo no la tiene, es que no existe. Es un universo
lógico en que no hay ningún camino de salida,
pues toda vía es de comunicación interna. Si hu-
biese una puerta de escape, la ideología no sería
tal: su identidad es incompatible con la admisión
del misterio o, simplemente, de la validez objeti-
va de lo contingente.
La ideología no es, por tanto, una interpreta-
ción de la realidad humana en sus distintas dimen-
siones. No pretende ser una teoría, en el sentido
tradicional de éste término; es decir, no es una
ciencia especulativa, cuyo objeto sea descubrir y
explicar cuál es la verdadera naturaleza del hom-
bre, como individuo y como parte de la sociedad.
Por el contrario, el pensamiento ideológico pre-
tende ser una anticipación de esa realidad indivi-
dual y social del hombre. Es un modelo o un pro-
yecto, y en él se define lo que debe ser el hombre.
Determinando así su valor en absoluto.

21

De esta manera, la ideología no es un conoci-
miento que deba ser confrontado con la realidad,
para saber si es verdadero. Es la realidad concreta
de los hombres la que debe ser confrontada con la
ideología, para saber si. en cuanto tal realidad^ es
válida o no lo es. La ideología es la prefiguración
acabada de lo que la sociedad humana, en cada
uno de sus aspectos debe ser. Por esto, la acción
que en ella se inspira tiene como única finalidad la
de construir la realidad social de acuerdo al mode-
lo. El hombre en su vida cotidiana es. en manos
del ideólogo, como el barro en manos del alfarero;
y con la misma libertad de poder desecharlo y
otro si es que por cualquier motivo no sirve para

hacer con él lo que se intenta. Es decir, que, si
esta tarea falla, la de contruir la nueva sociedad,
nunca es por culpa de la ideología, que en sí es
perfecta e infalible, sino de la realidad, que no es
capaz de recibir las nuevas formas redentoras: el
llamado "costo social" de la implantación del mo-
delo ideológico es siempre despresiable, pues no
tiene proporción con el valor de la humanidad
que descubre su verdadero destino.
Al describir de este modo lo que, en un sentido
más extricto del termino, se entiende por ideolo-
gía, puede quedar fácilmente la impresión de que
no queda margen para admitir formas más atenua-
das o moderadas de lo ideológico. Sus perfiles se
presentan de tal modo definidos, que no quedan
en las fronteras del concepto esas tierras de nadie
que hacen posible interpretaciones del mismo en
tono menor.

Las hay, sin embargo. Lo ideológico es básica-
mente una actitud o mentalidad, y por ello puede,
como en general todas las posiciones que adoptan
los hombres, ser más o menos consecuente consi-
go misma. Además, como actitud de la persona
frente al universo circunstante y, sobre todo, fren-
te a las aristas que la realidad cotidiana le
corresponde a una tendencia psicológica profun-
damente afincada en el hombre y que siempre
cuesta dominar: es la inclinación a anteponer los
propios sentimientos, las reacciones de la subjeti-
vidad independiente, a esa realidad que constante-
mente está poniendo exigencias que no son gratas,
y que recuerda al alma que hay normas— para el
conocimiento y para la voluntad— que emanan,
en definitiva, de la propia condición existencial de
la creatura.

Entre aceptar lo que las cosas son, o lo que uno
querría que fuesen, la tendencia atávica es optar
por la segunda alternativa. Y ahí vienen los com-
plejos resortes psicológicos destinados a disfrazar
esa opción, presentándola como la más auténtica
y válida. Esto es pan diario en el ámbito más res-
tringido de la vida privada de los hombres. Ha en-
contrado un fuerte correctivo erj la vida pública,
donde instituciones y leyes han impuesto una va-
lla que ha mantenido en su coto a las veleidades
de la subjetividad: hasta el advenimiento a este
plano, en gloria y majestad, de la mentalidad ideo-
lógica.

La tendencia a prevalecer de la propia subjetivi-
dad sobre las exigencias objetivas del mundo real,
supone la existencia en el interior de los hombres
de una de las más fuertes hibris o concupiscen-
cias: la del poder. Es, en efecto, el poder del suje-
to lo que se pone en cuestión al plantearse la al-
ternativa entre aceptar, humilde, las condiciones
que a la propia vida y conducta impone la natura-
leza de las cosas, incluida la del mismo hombre, o
imponer, contra viento y marea, las determinacio-
nes subjetivas de una voluntad independizada. Al
elegir esta última alternativa,, Ja persona siempre
opta por el poder, por el gozo intimo de sentir
que nada se impone a la voluntad, y que es ésta,
por el contrario, la que está imponiendo formas
y rumbos así misma y a su propio contorno.

Esto explica un hecho aparentemente difícil de
sntender: el de las dos caras de la ideología Por
una parte está la que presenta en el ideólogo: un
sistema inextricable para el profano o para el re-
cién iniciado, pero en aquél es fuente de res-
puestas luminosas para todos los problemas. Por
la otra, es un alimento simple y elemental para
las mentes de la masa: crea en ella la impresión de
que está participando en un poder único, y que su
voluntad es parte activa de él; da fe absoluta de
que el sistema al cual adhiere el secreto para todas
las respuestas y soluciones. La ideología traduci-
ble para ella en unas cuantas muletillas básicas, le
otorga seguridad y, al mismo tiempo, íe evita el
esfuerzo y el riesgo de pensar por cuenta propia.

De este modo, la ideoíogía satisfece la elemental
concupiscencia de poder de los hombres simples.
Lo cual,exige la existencia de una estructura ósea
para esa masa: es la organización de los iniciados,
rematada por la cúpula de maestros y líderes, que
son los que tienen la capacidad para responder, en
cualquier momento, a los apetitos e inquietudes
que emanan de esa concupiscencia, y que, por lo
mismo, poseen el carisma para guiar a la masa ha-
cia la plena realización de su voluntad soberana.

La ideología para ser eficaz, debe rebajar al ni-
vel del vulgo todo lo que pudiere ser respetado co-
mo norma o principio de la vida social, es decir
aquello que pudiere ser estimado como inmutable
o sagrado. Debe dar esto en pasto a la masa

creándoles la sensación de que por fin, ya no está
sometida a ello y de que, al contrario, son los
principios los que se hallan sometidos a la aproba-
ción de su voluntad.Pero a la vez, debe alimentar
una oligarquía estricta y con poderes absolutos,
la de aquellos iniciados en los cuales la masa debe
tener fe incondicionada. Esta oligarquía por lo
general, organizada como cúpula de un partido, es
la que, según explica Rousseau, debe forzar a los
particulares a querer el bien que conocen, pero
rechazan, y enseñan a la masa el bien que quiere,
pero no conoce.

¿üe donde provienen estos hombres que no sue-
len ser intelectual mente mediocres, y que sin em-
bargo son atraídos por los sistemas ideológicos, en
los cuales ascienden con relativa facilidad, confor-
mando sus estructuras dirigentes? Manifiestan,
además, una energía inagotable, y una gean capa-
cidad para subordinarlo todo en su vida al triunfo
de la ideología. Hay una fuerza interna en ellos
que aparentemente no se agota ni decae, aún tras
los peores fracasos y derrotas: siempre vuelve a
empezar, recogiendo de las experiencias pasadas la
enseñanza para aplicar en los siguientes embates.
Es un devoto de la disciplina y de la pureza de los
objetivos revolucionarios. A ello sacrifica lo que
normalmente es más caro al hombre: la familia,
amistades, seguridad personal. Sólo cambia en al-
gunos aspectos su manera de ser cuando está en el
poder de la revolución triunfante: entonces se
siente con derecho a disfrutar en forma plena de
aquello que antes poseían solo sus enemigos.

Hay muy valiosos estudios sobre el fenómeno
moral y psicológico que se encuentra en la raíz de
la persinalidad del ideólogo y del revolucionario.
Los más conocidos son lo de Max Scheler y de
Gregorio Marañón. Nietzche fue el que dio el
nombre a este fenómeno: resentimiento.
Su campo de acción es indudablemente, más
amplio. Como Marañón lo muestraben su biogra-
fía del emperador Tiberio{ el resentimiento es mu-
cho más antiguo en la historia de la humanidad
que las ideologías del siglo XVIII. Pero el hecho,
también indudable, es que éstas han dado al resen-
timiento un enorme cauce para dar rienda suelta a
su fuerza interna: han sido una válvula de escape
que le han permitido arrojar su ímpetu, ya sin dis-
fraz ni inhibiciones morales, sobre la sociedad.

El resentimiento es la acumulación de agravios,
reales o ficticios que se desvinculan de la causa
original a la cual, con razón o sin ella, se atribu-
yen. La reparación de esos agravios, por consi-

guiente, debe ser infinita, pues al no haber objetos
precisos de vindicación, el objeto es cualquiera.
La herida que en su momento se ocultó se trans-
forma, así, en fuente inagotable de una purulen-
cia que por principio debe infestarlo todo: es ésta,
precisamente, la actitud y la mentalidad del resen-
tido. El otro, el vecino, el jefe, el compañero, la
sociedad en suma, tienen la culpa de ese agravio
genérico, y de algún modo tienen que saldar la
deuda que, sin embargo, nunca terminará de sal-
darse. Según la psicología profunda del resentido
— y que no suele ser vulgar ni ramplona—. los de-
más le deben todo. Por esto la ideología,! que
busca destruir la sociedad podrida para construir
una completamente nueva y distinta, se adapta
del todo a esa psicología: da justificación plena el
hecho de que el resentido no se sienta deudor de
nada ni de nadie, y que sean los otros{ por el con-
trarío, los que, estando en una situación casi esen-
cial de deuda con él, tengan que estar siempre
agradecidos por su acción. Hay resentidos
y los hay religiosos: éstos son los peores, los de
mayor virulencia. Son los que apuntan su odio,su
sed inagotable de vanganza, contra Dios y contra
sus creaturas. Es el caso muy claro,— según se des-
prende, sobre todo, de sus escritos tempranos—,
de Marx. Hay poemas juveniles suyos en que se
expresa con toda violencia de que son capaces las
palabras, ese resentimiento que luego se conver-
tiría en método de acción: Pronto estrecharé la
eternidad contra mi pecho, y pronto,/-Aullaré
maldiciones descomunales contra la humanidad/
¡Ahí ¡Eternidad! Ella es nuestra aflicción conti-
nua, / Una muerte indescriptible y sin medida...
st existe un algo que devora,/ Saltaré dendro de
ello, aunque arrastre al mundo en la ruina/ Al
mundo que se levante entre mi y el abismo/ Lo
haré pedazos con mis maldiciones perdurables... y
los mundos nos arrastran consigo en sus giros, /
Aullando sus cantos de muerte y nosotros.../
Nosotros somos los monos de un Dios frió.

La adhesión a la ideología,tanto de parte de la
masa que se alimenta de sus versiones más simpli-
ficadas, como de los que costituyen en sus sacer-
dotes y pontífices, no nace— según ya se habrá
podido entrever en lo dicho— de una interna con-
vicción sobre la verdad de lo que ellapostula.Esa
Adhesión es a la eficacia de la ideología— a su po-
der en suma—, no a su verdad. O, visto lo mismo
desde otra perpectiva, se entiende como verdade-
ro, en este plano, únicamente aquello que alcanza
sus objetivos, que triunfa u ofrece espectativas
concretas de triunfo, que es capaz de inspirar te-
mor. Esto explica el éxito de las ideologías cuyos
contenidos no resisten el menor análisis intelec-
tual serio, cuyas obras son desoladoras. Ese éxito
se explica, primeramente, por sus vacíos que la
sociedad va creando en su seno, de todo tipo, pe-
ro .especialmente de orden religioso, moral y cul-
tural, y que la ideología sistemáticamente va lle-
nando; luego, es este poder así manifestado el que
seduce y atrae a los nuevos seguidores. La historia
del nazismo, en su momento, y del comunismo
en nuestros días, son ejemplos claros de este fe-
nómeno :ambos movimientos fueron, en sus ini-

•+•

23

cios, sólo un pequeño grupo de revolucionarios
incapaz, de crear por sí solo las mínimas condicio-
nes para empezar a escalar el,poder social y polí-
tico, hasta que circunstancias ajenas a ellos mis-
mos es dieron la oportunidad para hacerse de ese
poder.

Desde que nos ofreció la personalidad de Robes-
pierre, la historia de la acción de las ideologías és-
ta llena de grandes y de pequeños resentidos. Sin
ellos la historia no habría existido.

Y ahí es donde empieza su historia.

En su " Breve tratado de sovietología", Alain Be-
sancon dice algo del comunismo que es aplicable a
tosa ideología instalada en el poder, pues en el Mar-
xismo- leninismo se halla a la quintaesencia de lo
ideológico, es la ideología en que se dan con más
claridad y rigor todas las consecuencias de su carác-
ter de tal. Explica Besancon que pueden encontrar-
se tres tipos de comunistas, de los cuales solo el
tercero es el que corresponde con fidelidad a lo que
exige de él la estructuración del poder de la ideolo-
gía: el primero es el ingenuo, el que cree que lo que
está en la ideología — o que sostiene su único in-
térprete válido, el partido— es verdadero. Luego
está el cínico, el que no cree en las doctrinas ideo-
lógicas, pero adhiere a ellas en razón de las venta-

jas personales que puede lograr del poder. Y el ter-
cero es el que no se plantea nunca la cuestión de
creer o no creer, sino que simplemente se hace par-
te del sistema, contrubuyendo a su consolidación y
al acrecentamiento del poder. Es el que posee la
"lengua de madera" del régimen, el que interpreta
y difunde sin convicciones la doctrina, y el que
procura que todos actúen como si fuese ella ver-
dadera, aplicando a esta terea todas sus potencias
y los inagotables recursos que, con este objeto, po-
ne en su mano el poder del partido.

Esta condición intelectual y efectivamente neu-
tra que debe tener el más fiel miembro del partido
ideológico, da luz sobre la estructura psicológica
de aquellos hombres que sirven con la misma
lealtad y eficacia a distintos titulares del poder o
a distintas corrientes que se oponen dentro de una
misma ideología. Son las versiones más depuradas,
y por lo tanto despojadas de cualquier amago dé
originalidad o de independencia personal, v con
mayor razón de genialidad, de personajes como
Talleyrand: servidores de un poder sin nombre y
sin principios.

Hay aquí unos puntos supensivos que guardan
una pregunta: si lá mentalidad ideológica está ca-
racterizada por estos rasgos dominantes ¿en qué
queda la diferencia entre las distintas ideologías?
Es natural que surja una cierta resistencia a juzgar
según los mismos patrones a comunistas y nacio-
nalsocialistas, a socialdemócratas y democratacris-
tianos.

24

Las diferencias son obvias. Pero son diferencias
especificas que se inscriben dentro de un género co-
mún. Y no hay que caer en el engaño de juzgar la
moderación en los criterios y en las conductas de
adherentes a determinadas ideologías como efecto
o propiedad de éstas. La ponderación en los actos
y el buen juicio revelan cualidades que son refrac-
tarias a la actitud ideológica, cualquiera que sea
su contenido conceptual o doctrinario. Incluso en
la conducta de un comunista— y lo cito a él pues
en el marxismo-leninismo donde se dan los méto-
dos más afinados para lograr el perfecto vasallaje
intelectual y moral en sus seguidores—, pueden
registrarse inconsecuencias respecto al imperio
sobre él ejercido por la ideología. Y hay testimo-
nios de ellos. Es decir que incluso en el comunista
es posible encontrar una humanidad que es contra-
ria al sistema, aunque nunca tenga la fuerza capaz
de quebrarlo o siquiera amortiguarlo. Y también
es posible encontrar en el otro extremo del mismo
espectro ideológico, en el liberal, una actitud
implacable y cerrada cuando se trata de encuadrar
la realidad en el molde de sus postulados.

La historia de las ideologías es una. No hay his-
torias paralelas e independientes de cada una de
ellas. Se puede dibujar el árbol genealógico en que
se ven las inserciones de las ramas en el tronco y
los renuevos que brotan de éstas. Las relaciones de
parentesco suelen fortalecerse, además con víncu-
los agregados que manifiestan, precisamente, esa
afinidad primera en que radica la aptitud para te-
jer nuevos lazos.

Por ejemplo,entre el desaparecico nacionalso-
cialismo alemán, y el marxismo hay, aparentemen-
te, un abismo insalvable. Sin embargo hay que' re-
cordar que ambas ideologías son versiones del so-
cialismo y que, además, ambas se reconocen deu-
doras, en aspectos esenciales de sus doctrinas, de
la misma fuente: las ¡deas de la selección natural y
de la lucha por la existencia, de Darwin. Es sabido

3ue la teoría germana de la lucha de razas y del

estino fatal de las inferiores a desaparecer o a so-
meterse a las superiores, aplicada a la raza aria y a
sus proyecciones geopolíticas, está tomada directa-
mente de la obra del naturista inglés. Por su parte
en una carta a Lasalle Marx le confiesa que es en
la lectura de Darwin donde ha nacido su concepto
de clase, y el de la lucha de clases como motor
único de la historia.

Pero, aparte de estos parentescos políticos que
fácilmente enlazan entre sí a las ideologías, hay un
tronco común. Hasta el punto de que se puede afir-
mar, sin caer en el equívoco o en la pura metáfora,
que la ideología es básicamente una, y que la diver-
sidad de sus rostros corresponde a interpretaciones
distintas de los mismos postulados y a diferentes
métodos de aplicación del modelo ideológico a la
realidad social.

Desde Babel hasta las modernas ideologías, el hombre
a fuerza de discursos, ha intentado "añadir un có*do a su
estatura.

Podría argumentarse en contrario aduciendo las
numerosas e inacabables pugnas y guerras entre
ideologías. Estas mismas guerras, sin embargo, con
toda ferocidad que las ha caracterizado, vienen a
ratificar que hay un idéntico tronco común. Han si-
do y siguen siendo guerras al estilo de las de reli-
gión. Son versiones secularizadas de la Guerrra de
los Treinta Años, que opuso a católicos y protes-
tantes, o de la que tienen emprendida chiítas y su-
nitas para dirimir cuál es la versión más fiel y au-
téntica del legado islámico. Es la pugna entre asti-
llas del mismo madero, y su ferocidad es aquella
de la cual son capaces los hermanos cuando en sus
divisones dejan a un lado toda razón de aveniencia.

Las ideologías coninciden todas en el reconoci-
miento de un mismo postulado fundamental, cuyo
contenido es el que al recibir interpretaciones más
o menos radicales, da lugar a la derivación del tron-
co en sus ramas. Éste postulado es el de la libertad,
considerada como el valor supremo del hombre,
como el primer principio de moral y como el dog-
ma que nay que sostener por encima de cualquier
duda o invento de verificación racional.

25

¿Cómo se puede relacionar el reconocimiento de
este postulado común con algo absolutamente
contrapuesto a las libertades concretas de los hom-
bres, como es el modelo ideológico y las técnicas
para implantarlo en la sociedad? La respuesta a esta
natural perplejidad está en la misma índole de la
idea que se establece como tal postulado. Las revo-
luciones de nuestro tiempo se han realizado todas
con el fin de liberar a los hombres y a la sociedad,
para ganar un estado de libertad que se ve negado
en la situación anterior: no obstante lo cual, to-
das han impuesto una situación de opresión seme-
jante o peor a la que se vivía hasta el momento de
su triunfo. Sacrifican muchas libertades para lograr
la liberación final y las siguen sacrificando para
asegurar el,poder de la revolución contra todos sus
enemigos latentes. Esta contradicción a pesar de lo
que podría esperarse luego de unavisión superficial,
no debilita a las ideologías, ni crea mala concien-
cia a sus sostenedores. Lo que ocurre es que, des-
de el momento en que se pone a la Libertad
— que aquí tiene que ser con mayúscula— en el pe-
destal del principio y del dogma,, ya no se trata de
algo real y concreto de algo que exista en el uso
y goce cotidiano de los hombres, sino de la Idea a
cuya imagen debe conformarse la realidad. Esta
Idea es la piedra angular del sistema ideológico: los
hombres son libres sólo en la medida en que su vi-
da se adecúa a esa matriz básica, lo son únicamente
si se comportan de acuerdo a esa Idea de libertad
que tiene y guarda el ideólogo instalado en el po-
der. De aquí que en las revoluciones inspiradas en
ideologías, se pueda aplicar, en casi todas ellas, el
criterio tan claramente enunciado por Rousseau, y
que no es de ningún modo expresión de cinismo o
de inconsecuencia con los ideales: "Aque] que
rehuse de obedecer a la voluntad general, será obli-
gado a ello por todo el cuerpo: lo cual no significa
otra cosa sino que se le forzará a ser libre".

Este postulado de la libertad se encuentra clara-
mente formulado por los doctrinarios de todas las
ideologías, comenzando por aquellas quet aun sin
las características ideológicas más definidas que
van a tener las que surjan a partir de la segunda mi-
tad del siglo XVIII, es por vía materna la anteceso-
ra de ellas: el liberalismo, o lo que desde 1812,
se conoce universalmente con este nombre.

Uno de los expositores contemporáneos más no-
tables de las doctrinas liberales, Friedrich Von Ha-
yek, afirma que la libertad '"constituye lo que más
apropiadamente puede considerarse como princi-
pio moral de la acción política"..."Exige que se le
acepte como valor intrínseco"... Hay que asumirla
como "un credo o presunción tan fuerte que exclu-
ya a toda consideración de conveniencia que la li-
mite". Y a la aporia insoluble que nace con la mis-
ma ideología liberal:¿ cómo justificar que se go-
bierne en nombre de la libertad, si por ser gobierno
debe necesariamente limitar las libertades, o al me-
nos algunas de ellas? responde pragmáticamente,
diciendo que el individuo debe considerar las leye?

que lo limitan del mismo modo como considera los
accidentes externos, es decir, como circunstancias
extrínsecas que condicionan sus actos, pero que no
implican la intención de determinarlos directamen-
te. El problema siempre latente es de cómo garan-
tizar a quienes dictan las leyes se abstengan de con-
dicionar las libertades según determinadas inten-
ciones.

La contradicción con se tropieza al postular
la limitación de las libertades en nombre de la Li-
bertad—limitación que está inevitablemente pre-
sente en todo acto positivo de gobierro—, produce
a mediados del siglo XVIII, la reacción que intenta
ver en la democracia la superación de este sinsenti-
do. El sistema democrático es- según esta versión-,
aquel en que los individuos renuncian a sus volun-
tades particulares- a sus libertades concretas-, pa-
ra hacer propia la voluntad colectiva, aquella que
Rousseau llama la voluntad general. Se acaba asi el
problema insoluble de conciliar el postulado de la
Libertad con las libertades reales de los individuos,
pues éstas dejan de existir por propia decisión dé
sus sujetos. La única libertad verdadera es, de esta
manera, la del todo, la de la voluntad soberana del
pueblo. Por consiguiente, el ciudadano que se apar-
te de los mandatos de esta voluntad, deja por lo
mismo de ser libre. Y como la Libertad es consi-
derada el valer más propio del hombre, no hay que
ahorrar medios, ni energías en la tarea de forzarlo
a ser libre, es decir, de obligarlo a pensar y a que-
rer de acuerdo a los dictámenes de los fieles intér-
pretes de la voluntad popular, los ideólogos en el
poder.

Siempre permanece en su sitial el principio: la
Libertad. Y, en este sistema, el principio empieza
a manifestar esa dialéctica suya que se va a proyec-
tar en plenitud en el régimen marxista-leninista: pa-
ra que prevalezca como principio, deben ser sacri-
ficadas rituales en sus aras todas la libertades par-
ticulares. Y puesto, que lo que debe someterse a
esta ¡dea suprema de Libertad es la mente de las
personas, para que piensen, sientan y actúen siem-
pre en conformidad a ella, se desarrollan los méto-
dos destinados a someter la interioridad del hom-
bre, su alma, pues no basta el acatamiento pura-
mente externo de los dictados del poder, ni la re-
ducción física de los recalcitrantes. Hay que ree-
ducar, provocar la claudicación interior: un poder
de esta índole no puede descansar mientras sus
subditos no le rindan el alma.

Juan Antonio Widow, explicó que los cam-
pos de concentración y los centros si-
quiatricos son muestra de que el espíritu
del hombre ?s muy difícil de dominar.

Las variantes de esta ideología de la soberanía
popular o de la voluntad general aunque muchas
de ellas moderan las consecuencias, reconocen el
mismo principio. Algunas ramas establecen un
vínculo esencial entre la noción de democracia allí
implicado y el cristianismo. Se trata más bien, de
una desacralización de ciertos valores propios' del
cristianismo y un esfuerzo por hacer inmanente
al hombre la acción redentora de Cristo: de este
modo lo que en la Revelación cristiana es la vida
eterna, participación del hombre de algo superior
a él, en estas ideologías se remite a una utopía
futura, la sociedad perfecta.

Lo importante es ver que en el seno de la ideo-
logía se incuba siempre una dialéctica, la afirma-
ción del valor de la libertad no implica un respeto
por la libertad concreta de los hombres, sino úni-
camente el despliegue de poderes destinados a ga-
rantizar en el futuro una libertad perfecta y abso-
luta. No se trata de procurar los medios para que la
libertad, con los límites que naturalmente impone
la condición humana, sea algo real hoy, sino de li-
beral al individuo y a la sociedad de todas las cau-
sas de opresión. Cuáles sean estas causas: eso lo
define la ideología. Y en esto el marxismo llega
hasta el final: dice Marx que"sólo cuando el hom-
bre individual recobre en sí al ciudadano abstracto
y se convierte, como hombre individual, en ser ge-
nérico... sólo entonces se lleva a cabo la emencipa-
ción humana". La libertad, ese valor absoluto de la
ideología, solo puede hallarse entonces, al térmi-
no de un proceso que habrá de continuar mientras
exista una brizna de humanidad— afectos, lealta-
des, lazos particulres— en los hombres. Ese

para ser efectivo, pasa necesariamente por toaos
los métodos que se han inventado para aniquilar
el espíritu personal en la creatura humana. Y en la
utopía final, ese espejismo que busca suplantar la
esperanza cristiana, "los hombres —escribe Marx—,
al fin dueños de su propio modo de vidad en socie-
dad, se hacen también por esto mismo, dueños de
la naturaleza, dueños de si' mismos, libres..."

Para quien el fracaso es sólo lo opuesto al éxito
circunstancial, es difícil, si no imposible, hablar
con sentido de un fracaso de las ideologías. En
nuestro siglo se ha podido comprobar de qué son
capaces cuando tienen poder. Y también cuan efi-
caces son para mantenerse en él, para lograr una es-
tbilidad de la cual muy pocas instituciones huma-
nas gozan. El dominio que han logrado de las téc-
nicas del poder, incluidas, sobre todo, las que di-
rigen directamente a la voluntad y a la inteligencia
de los hombres, para conseguir una incondiciona-
lidad en el sometimiento que las víctimas deben
confundir con su propia libertad, es algo con lo
cual nunca soñaron, ni de lejos, las pedrés tiranías
de la antigüedad. Y son técnicas que actualmente
se siguen desarrollando y aplicando, sin que se
vea en el mundo una reacción proporcional al mal
que causan, sino más bien una tendencia a acomo-
darse, tratando cada cual de desatenderse de ese
mal, refugiándose en su cubículo y ocupándose
únicamente de su propia y particular suerte.

Sin embargo, es en este mismo éxito circunstan-
cial de las ideologías donde se puede descubrir el,
fracaso profundo que las marca en toda su obra.
Nunca se han visto realizadas sus promesas: lo que
presentan como sus frutos positivos, es siempre
algo realizado por hombres que a pesar de la
ideología dominante, han trabajado honesta y te-
soneramente, aplicando a ello sus capacidades na-
turales y sus virtudes.

Al amparo del poder ideológico, se han desarro-
llado grandemente, sí, muchas técnicas, alcanzan-
do niveles sofisticados y complejos. Pero la técnica
y la tecnología son saberes neutros, que no están
necesariamente o de suyo ordenados al bien real
de los hombres. Pueden por cierto, ordenarse a es-
te bien, pero la ideología no los ordena, si no es
por accidente, pues los usa y desarrolla en cuanto
son instrumentos eficaces del poder. El crecimien-
to extraordinario que han tenido, en nuestro tiem-
po, la técnica y la tecnología, aparece, en cualquier
caso, y mirando desde esta perspectiva del bien
real de los hombres— que no exige ser espectacu-
lar, ni consistir principalmente en bienestar ma-
terial, aunque obviamente lo incluya—, como la
multiplicación disparada y sin orden de aquello
que no tiene claro cuál es su fin.

Las ideologías muestran su fracaso cuando se
trata de alcanzar aquello que los hombres, cuando
pueden juzgar con su conciencia quieta, aprecian
como la parte más valiosa de su patrimonio
La famosa frase de Pascal, "no puede ser feliz el
hombre que no sea capaz de estar a solas consigo
mismo en su habitación", puede ser tomada como
el libelo de acusación contra todas las ideologías.

hilas exigen movimiento, actividad sin fin, pues
tratan de alcanzar lo ¡nalcansable: la transforma-
ción completa de la realidad de acuerdo al modelo
ideal: y buscar la utopi'a exige entregarse a la ac-
ción frenética y a la ensoñación sentimental que,
impiden la reflexión sobre la verdadera condición
de uno mismo y del mundo que se tiene por delan-
te. Por esto la mentalidad. Tampoco tolera que
puede soportar a aquel que reserva el juicio cuando
no hay elementos reales y suficientes que lo fun-
den, a aquel que posee un criterio que no cabe en
los moldes homogéneos en que se encuadra dicha
mentalidad. Tampoco tolera que pueda haber hom-
bres a los cuales no corresponda una etiqueta sim-
ple y excluyente: progresista, reaccionario, demó-
crata, facista, etc. No se busca conocer a los hom-
bres por sus obras: en realidad, simplemente no
hay ninguna intención de conocerlos. Es impensa-
ble pedir a alguien conformado mentalmente por
la ideología la ponderación en el juicio, sobre todo
si recae sobre algo tan rico en matices, muchos de
ellos misteriosos, como es la realidad de un hom-
bre.

De este modo, la actitud ideológica es profunda-
mente injusta, y siempre lo es. Es incapaz de respe-
tar al otro en lo suyo: todo lo que es de ese otro y
todo lo que tiene ha de ser necesariamente una e-
manación de la ideología o algo que se le opone.
En el primer casot se presenta como una proyec-
ción de la subjetividad del que iuzga, sin esa inefa-
bilidad de las personas que obliga, en su conoci-
miento y en su trato, a la atención y al respeto; en
el segundo caso, el otro es considerado como algo
digno sólo de las tinieblas exteriores.
Las ídeologi'as muestran cotidianamente su abso-
luto y rotundo fracaso en la realización de las pro-
mesas de hacer felices a los hombres. La felicidad
es algo íntimo y delicado que no puede ser siquie-
ra entendido o vislumbrado por un sujeto que pien-
sa y actúa según los criterios ideológicos. Y, a pe-
sar del inmenso poder del que son capaces de ma-
nejar, han manifestado también su impotencia para
penetrar en el alma de quien no quiere recibirlas.
De esto dan testimonio esos hombres de las cárce-
les, campos de concentración y centros psiquiátri-
cos, han sabido resistir a todos— y hay que repetir:
a todos— Los esfuerzos hechos para someter su es-
píritu. Alguno podrá decir quizás que son pocos.

En cualquier caso, en el anonimato al cual están
también condenados en su mayoría, son más de
los que sospechamos, y cuantos sean— pocos o mu-
chos—, son ellos, y no los que claudican y reniegan,
los que conservan ese patrimonio inapreciable que
el Creador ha puesto en el interior de los hombres.
Son los que se mantienen en la normalidad propia
de creaturas racionales y libres. Lo que ocurre es
que para que un hombre sea norma! tienen que al
canzar, a veces, altos niveles de heroísmo.

En la vida ordinaria de los que permanecemos fí-
sicamente libres — lo cual no coincide necesaria-
mente con la libertad interior-, la normalidad en
que hay que permanecer es la misma. La diferencia
esta solo en que las incitaciones a abandonarla son
mucho más sutiles y. en ocasiones, venenosas. La
normalidad está en el fortalecimiento de esa liber-
tad interior, la del espíritu, y ello exige a la inteli-
gencia a formarse en el hábito de juzgar de acuerdo
a la verdad de las cosas y de las personas, renun-
ciando a poseerla siempre a priori, ya definida por
nuestras estructuras mentales. Y también exige a la
voluntad a formarse en sus propios hábitos de rec-
titud, las virtudes morales, entre las cuales la justi-
cia es el cimiento sobre el cual se levanta todo el
orden moral, justicia en lo concreto, en el trato
distinto con cada prójimo, buscando conocerle
en lo suyo, y restituye'ndoselo si a nosotros com-
pete.

Si es lo justo lo que prevalece como fin en nues-
tra conducta— en cualquier ámbito: político, eco-
nómico, gremial, vecinal, etc.—, se deshace esa cos-
tra de imperativos categóricos que dicta el modelo
o la ¡dea fija, y cjue va poco a poco anquilosando el
espíritu. La justicia no es otro concepto a priori :
es la disposición personal a reconocer y a dar al
otro— cjue puede ser el vecino, el suborninado en
el trabajo, el gobernante, la patria— el bien que es
suyo, y del cual se me ha dado participar según un
orden cuya urdimbre constituye la vida en socie-
dad.

He ofdo muchas veces la objeción de que esta
vuelta a la normalidad que se propone no es, en de-
finitiva, más que otra ideología, otro conjunto de
abstracciones que viene a ofrecerse como salvación
a la humanidad. Es difícil en verdad, convencer al
paralítico ya curado que deje sus muletas y se
arriesgue a emprender de nuevo el camino por sus'
propios pies. Es prácticamente imposible hacer en-
tender a un esquizofrénico que la realidad es dis-
tinta a sus enfermizas imágenes. Para el que ha sido
paralítico, está ahí la tentación de la muleta, de la
seguridad sugerida por la anterior familiarización
con ella El instrumento ortopédico, además es me-
cánico, no esconde nada misterioso o algún secreto
aún por descubrir; una vez conocido y bien maneja-
do, excluye el riesgo de lo inesperado. Si nos he-
mos habituado a él, se hace difícil tomar la deci-
sión de abandonarlo para confiar de nuevo en la vi-
talidad que no es mecánica, y que siempre guarda
posibilidades y riesgos desconocidos.

La mentalidad ideológica es, en algunos , como
el aparto ortopédico. En otros es la esquizofrenia,
que en ciertos casos es incurable. Como sistema
pretendidamente ortopédico, oprime la mente del
nombre dándole una simplificación ramplona y un
seguro aparente contra lo desconocido y lo inespe-
rado. Es necesario decidirse a abandonarlo, for-
mando a la inteligencia y a la voluntad en lo que
le es natural. Antes de tomar esta decisión, es im-
posible saber qué es lo que hay más allá, es impo-
sible preveer lo real según la acabada y rigurosa ló-
gica interna de la ideología, por lo cual, mientras
no se da el salto, ello sigue presentándose como
conjunto de sombras inciertas. Desde la
es imposible saber cómo es la verdadera visión. Es-
ta no es una alucinación de especie distinta, y esto
lo puede saber sólo el que está despierto y mira.
Del mismo modo, el buen criterio del hombre sen-
sato y justo tampoco es otra especie de ¡deologfa.

Én nuestras naciones de Hiapanoamerica, las
ideologías han impuesto su sello, y en forma bas-
tante profunda. Se asoció el proceso de la indepen-
dencia política a la acción inspirada en las ideolo-
ías que venían de triunfar en Estados Unidos y en
rancia, creándose asi' la ilusión de que nuestra
identidad histórica brota de ahí', por alguna especie
de generación nueva que es obra exclusiva de esos
modelos y de quienes los adoptaron como suyos.
Desde entonces, unas ideologías han reemplazado
a otras, creyendo sus seguidores que la nueva ha-
bría de traer necesariamente las soluciones que las
anteriores fueran incapaces de dar. Qe esta manera,

se ha perpetuado un proceso de enajenación cultu-
raly y política, imposible de remontar mientras no
se abandone el criterio ¡luso y simplista que busca
sólo en la fórmula fácil y clara remedio para los
males.

Es difícil, muy difícil, esta tares, pues el poder
ideológico va creando ilusiones e intereses que
prenden hondo, las primeras en la gente simple y
los segundos en quienes, más encumbrados, han
aprendido a gustar de lo que no es propio.

Es, no obstante, una tarea ineludible, que nos
presenta la obligación moral perentoria de empren-
derla, y de perseverar con mayores energías en
Sólo retomando el hilo de lo que verdaderamente
hemos sido, podemos afirmarnos en lo que debe-
mos ser. Esta tarea es deber de todo aquel que ten-
ga alguna responsabilidad ante la sociedad.

Nota:

Este trabajo fue presentado originalmente en el
Primer Foro Empresarial Iberoamericano, el 12 de
marzo de I987, en la ciudad de México.Posterior-
mente, fue ampliado en conferencia impartida, por
el autor en la UPAEP.

29

Estudio Comparativo del Realismo

y el Sentido del Honor entre La

Canción de Roldan y el Poema

del Mió Cid

Ernestina Barzalobre

INTRODUCCIÓN

La Edad Media es una época
turbulenta de luchas y agitacio-
nes. La cultura abre lentamente
nuevos horizontes, sobre todo
a aprtir del S. XI La lengua del
Lacio, común a todos los terri-
torios romanizados, inicia su de-
sintegración dialectal que va a
dar lugar a las lenguas romances
modernas."
El tránsito de la Edad Antigua
a la Edad Media, se manifiesta
por un cambio paulatino de la
vida política y de la cultura. Es
un período de constante per-
feccionamiento en la organiza-
ción del Estado, en la econo-
mía, en el arte y en la literatura.
Al nacer las nuevas nacionali-
dades en los siglos IX y X, los
pueblos afirman su personalidad
con la voz de las leyendas y tra-
diciones. Se trata de una exhal-
tación de los héroes jóvenes: es
el renacimiento medieval de la
épica.

Estos poemas épicos, que se
refieren sobre todo a España y
Francia, se denominaron canta-
res de gesta. La palabra gesta,
significa en castellano cosas he-
chas o hazañas, pues se trata de
cantos que celebran hechos me-
morables de héroes nacionales.
Florecieron en los siglos XI y
XII, fueron escritos en versos
decasílabos y eran cantados por
los juglares.

El primer monumento conser-
vado de la poesía épica española
es la Canción de Mío Cid, escri-
ta ..sin duda hacia 1140; esta
canción de gesta es casi contem-
poránea de los hechos que el
poeta narra, así se explica que
tenga un carácter histórico.

Contiene ciertos galicismos y
algunos elementos tomados de
poemas franceses; excepción
hecha de esto, el poena del Cid,
es netamente castellano por la
sobriedad de la expresión y la
nobleza, sin énfasis, de sus per-
sonajes.

La sobriedad de estilo del Cid,
le da un carácter casi prosaico
al lado de la solemnidad de al-
gunas grandes canciones de gesta
francesas. Pero es dentro de es-
ta sobriedad, dentro de esta des-
nudez, donde se expresa toda la
rudeza natural de Castilla.
El Cid encarna la fuerza sere-
na que se manifestó entonces y
que marcará más tarde a todo
el reinado de la España de su
tiempo. La versificación del poe-
ma es muy libre. La longitud de
los versos varía entre diez y
veinte sílabas, predominando el
verso de catorce.

Por lo que toca a la Canción
de Roldan, es la más antigua, y
la más bella de las canciones de
gesta francesas. Los eruditos aún
no se han puesto de acuerdo si
el poema es "anterior o poste-
rior a la primera cruzada"( l).

Actualmente se cree que ía
versión que poseemos, si no es
idéntica a la versión original,
cuando menos le es muy próxi-
ma; Bédier apoya ésta teoría,
Probando la unidad del poema,
ara él esta unidad es indisolu-
ble, pues tiene una secuencia
admirable, tanto en caracteres
como episodios; de ahí saca la
conclusion de que fue escrita
por un solo poeta, y admite na-
turalmente que el tema de la
Canción, esta basado en antiguas
leyendas. Está escrita con gran
ritmo, en versos decasílabos.

EL REALISMO EN AMBOS
POEMAS

La situación por la que atrave-
saba Francia en el sigloXI, gober-
nada por el rey Felipe I, una fi-
gura ruin, que exasperaba a los
señores feudales y su pueblo en
general, hizo que los juglares bus-
caran, para alegrar y satisfacer a
este pueblo obsesionado y depri-
mido por la época qjue le rodea-
ba, un hecho, un héroe que re-
presentara un fiel reflejo de la
vida, de las costumbres y del
ideal que ocupaba las mentes
francesas, que no encontraban

(1) Bedier, Joseph.-

Légendes
¿piques. Tomo III p. 186-191

30 mr

eco en sus monarcas, ya muy des-
ligados de figuras tan recias y
completas como Carlos Marte!,
Pepino el Breve y sobre todo Car-
lomagno, nombres envueltos en
la nelolina de la leyenda heroica.
La Canción de Roldan, traduce
fielmente el estado anímico de
todos los franceses. Así la idea
que inspira ésta obra no es histó-
rica, pues, Carlomagno apenas
si hizo una breve excursión por
tierras españolas, de la cual retor-
nó en el año de 778, después de
haber tomado Pamplona y fraca-
sado al sitiar Zaragoza.

. En el desfiladero de Roncesva-
lles, fué atacada su retaguardia
por un puñado de vascos. Esta
batalla de poca importancia, sir-
ve de base al tema de la Canción.
Dice la Vita Caroli de Einharl,
que en éste combate murió junto
con otros caballeros un conde de
la Marca de Bretaña, llamado
Roldan. (2)

España, ya en lucha de recon-
quista, siente que su guerra pri-
mordiaimente política, tiene
también un profundo carácter re-
ligioso. Exhaltado por la alta mi-
sión de rechazar la invasión arábi-
ga, el pueblo se deleita cantando
hechos guerreros que no sola-
mente servían de recreo, sino
también, estaban destinados para
enardecer el ánimo y estimular
el sentimiento de combate.

Hacia el año líe 1043, nace en
tierras castellanas un hombre que
ha de reunir en su persona, todos
los razgos de un caballero, cuya
nobleza de sentimientos y gran-
deza de hechos, lo han de hacer
el hombre tipo, no sólo de una
época, sino de todo un pueblo.
La existencia de Ruy Díaz, el
Campeador, está del todo com-
probada. Era descendiente de un
juez de Castilla y de un Conde de

Asturias^).

A diferencia del autor del
Cantar francés, el juglax
fue casi contemporáneo del Cid.
Muchos de los episodios que re-
fiere, Jos oyó ae boca de las
mismas gentes que habían con-
vivido con Don Rodrigo.

La figura del Campeador lo im-
presionó notablemente y lo hizo
intentar hacer de él un héroe na-
cional. Se cree que este poeta
"era de la frontera castellana de
Medina coeli y de raza mozára-

be".^;

Por el hecho de que el pueblo
español vivía una realidad que
le era en cierta forma agradable,
y por lo reciente de los hechos
que narra, el Cantar español es
mucho más realista, desde el
punto de vista histórico, que la
Canción de Roldan.

En el Cantar del Cid se rechaza
toda estridencia en los caracteres
y en la acción, manéjase admira-
olemente la descripsión psicoló-
gica, histórica y geográfica que
ayuda a darle su notable realis-

mo.

El juglar francés , en cambio,
perseguía con su narración levan-
tar el ánimo del pueblo; y buscó
los elementos que creyó más
apropiados en el hecho mínimo
de la batalla de Roncesvalles, con
el fin de dar rienda suelta a su
imaginación exhaltada, capaz de
vibrar y hacer vibrar a sus con-
temporáneos, narrando las haza-
ñas y los grandes combates de los
antiguos caballeros de la dulce
Francia.

Entre menos verdad histórica
contuviera pues, la Canción de
Roldan, más ayudaba a los fines
del juglar.

De esto se desprende, hacien-
do una comparación entre ambos
juglares, que la imaginación del
mozárabe no tuvo que trabajar
mucho, porque conocía los he-
chos de oídas o tal vez fué testi-
go de los mismos y porque el
pueblo que vivía la realidad de
sus sentimientos, estaba de acuer-
do también con el espíritu que
embargaba las hazañas de su

héroe.

En cambio, el francés tenía la
necesidad de entremezclar lo
real, lo herórico, con la leyenda,
para hacer revivir en su aciaga
época sentimientos basados en
un idealismo indispensable.
Existe también, clara diferen-
cia entre los dos poemas, no sólo
desde el punto de vista psicoló-

gico.

Ruy Diaz, por su gran temple
moral, reúne en sí mismo toaos
los altos atributos de esa alma
castellana del siglo XII en que ha-
bía grandeza sin énfasis, imagina-
ción no muy brillante, poca con-
templación y mucha actividad;
gran ternura, profunda, pero po-
co expresiva. (5)
Psicológicamente el poema en-
cierra el ideal español de activi-
dad

y

de

conquista.
Todos los personajes son de la

(2) Ibidem, p. 193
(3) Véase M enéndez.-

Pidal. La

España del Cid, Vol. II p. 719
(4) Alonso

Martín.-

Literatura

Universal

y E spañ o la.

Compa-

ñía

Bibliográfica

E spañola.

(5) Pérez Olagaray M a. Elena.-

Fuerte, viril y un tanto ruda, la Edad Media está impregnada de un humanismo

más vital y.sincero que el de épocas que se autodenominan humanistas.

31

El Cid, figura de indiscutible fuerza histórica y literaria, se resalta en el telón
de fondo del drama político, religioso y "nacional" de la confrontación de la
Cristiandad Medieval con el mundo islámico.

vida diaria, de esos que existen
siempre, porque encaman la na-
turaleza humana:

Alvar Fañes - de fidelidad a to-
da prueba, Bermudez - de carác-
ter invencible, Antolínez - hom-
bre eminentemente práctico, Los
infantes de Carrión - intrigantes
envidiosos, García Ordoñes-
traid or sin cpnsciencia.
De todo este conjunto surge
Rodrigo Diaz de Vivar con toda
la enteresa del carácter castella-
no, con su fidelidad al rey, amor
a la religión, a la patria y a su
anhelo de gloria.

En esta obra es la primera que
aparece un choque entre todas
las pasiones humanas con que
se enfrenta el corazón de cada
persona. El alma del Cid es cam-
po en que se libra combate entre
el orgullo y la dignidad, frente a
la lealtad y a la nobleza de raza.
Las grandes pasiones que han
sido siempre fuentes de grandes
hechos, están mostradas en el
poema que hace vivir a esa raza
fresca y sana que conserva toda-
viV'el orgullo romano, el deseo
de libertad ardiente del árabe y
el gran realismo de todos los pue-
blos meridionales".(6,)

En la Canción de Roldan se
expresa el sentir de la Francia
feudal, pero sin dejar por eso un
trabajo fabuloso a la imagina- i
ción del poeta.
Para llegar a plasmar esta obra,
fué necesario que el juglar no so- •
lamente cantara rimas, sino que
tuviera que calcular, disponer,
corregir y preocuparse para lo-

frar hacer de hombres que ha-

ían existido en siglos ya lejanos,
héroes y personajes que vivieran
nuevamente en la imaginación
del pueblo francés.

La Canción de Roldan, coloca
a su héroe en una situación so-
brehumana, por lo cual toda la
inspiración del poema es- sobre
un artifico fantástico y sobrena-
tural—. De este personaje hizo el
juglar el héroe mas valiente y
brillante del reinado de Carlo-
magno.

Los demás personajes de la
Canción (aunque aparentan gran
simplicidad) están descritos con
razgos físicos y psicológicos muy
precisos.

El emperador Carlomagno, es
en esta obra el héroe legendario,
anciano de doscientos años, sol-
dado de Dios que lucha contra
los infieles desde mucho tiempo
atrás. Físicamente es un hombre
de continente majestuoso, de
barba florida, ojos chispeantes,
temido por sus enemigos y ama-

do extraordinariamente por sus
soldados y sus barones.
El también sabe amar hasta
las lágrimas, como lo demuestra
en el desfiladero de Roncesvalles
donde llora la gran tragedia de
sus caballeros. Además sabe ven-
garlos con ardor no amortiguado,
sino hasta después de alcanzar
una victoria completa sobre los
sarracenos.
El emperador es valiente y
fuerte, pero también sabio, por
esto reflexiona y comprende que
como emperador representa un
papel casi sagrado: es el soldado
de Dios, que en ocasiones llega a
tener sueños proféticos.

"Roldan — hermoso e intrépi-
do" posee una fuerza extraordi-
naria y fácilmente con un golpe
de su espada, "parte en dos a un
caballero".
Desde el punto de vista moral,
Roldan se distingue por una ex-
cesiva valentía que llega a la te-
meridad; por esto tiene muy me-
recido el adjetivo con que se le
conoce en la canción:"el intrépi-

do".

"Oliveros— es el amigo Fiel" y
prudente, que sacrifica su vida
por la de Roldan.
^'Canelón- es el traidor"/7;,
la figura de éste personaje, es
por demás original, un senti-
miento lo domina: el odio hacia
Roldan. Desea matarlo aunque
se expona por esto a morir él
también. Canelón, no es un trai-
dor vulgar, sino hubiera odiado
tanto a su hijastro, se hubiera
mantenido valiente y honrado.

Designado por Carlomagno
como embajador delante del rey
moro, se presenta ante éste re-
vestido de un orgullo insolente,
que puede asombrar en vista de
sus pérfidos designios.
Pero hay que tomar en cuenta
que Canción traiciona únicamen-
te por odio a Roldan y cree jus-
tificada su acción. Es el suyo un
carácter celoso, pronto a la cóle-
ra, vengativo y rencoroso, por
esto llega a la traición aún dán-
dose cuenta de que la pagará con
su vida.

En el Cid predominan la reali-
dad histórica, geográfica y psico-
lógica.

(6) OP. CIT. .- p. 45
(7) Anónimo.-

Poema del Cid.

Colección Austral,

p.10

32

" Envió el Rey Dn. Alfonso a
Ruy Diaz,
Mió Cid por las parias que le
avían a dar
los reyes de Córdoba e de
Sevilla cada año".(/?J
"Grandes son los gozos— que
van es por lograr cuando
Mío Cid ganó Valencia— e
entro en la Cibdad'Vsj

Al derrotar a los catalanes

f

¡ana al conde de Barcelona
a espada Colada.
"Y venció esta batalla— por o
ondro su barba".(i o)
Desde el punto de vista geográ-
fico, hay tal realidad que aún
hoy puede seguirse " la Ruta del
Cid"...

Psicológicamente, al despedirse
de su mujer Doña Jimena:
" Llorando de los ojos que
non vidiestes atal, assis partes
unos de otros commo la uña
uña de la came".(/í,J
Antes de cada batalla, como
rotundo conocedor del corazón
umano, arengaba a sus soldados
asegurándoles

el

triunfo.
Feridlos, caballeros— d'amor
e de voluntad ca yo soy Ruy
Diaz- Mió Gd de Bivar'V/2;
Físicamente se le describe:

¡

" Andaba Mío Cid—sobre so
buen cavallo,
la cofia fronzida—, Dios co-
mmo es bien barbado, almo-
jar a cuestas, la espada en la
mano'V/ 3)

La canción de Roldan en cam-
bio, carece grandemente de rea-
lismo histórico y geográfico, pe-
ro psicológicamente iguala a las
descripciones del poema del Qd.
Es el carácter de Roldan, el que
engendra y determina los hechos
del poema, que aparece por esto
como un drama, no de la fatali-
dad, sino de la voluntad/;4)
El sentido místico del caballe-
ro francés del siglo XII, es el
elemento primordial del poema.
La misión cristiana de los hé-
roes y el sentimiento de la divi-
nidad, llena el corazón de los
personajes, por esto aparece
más frecuentemente que en el
poema español, el elemento fan-
tástico y maravilloso.
Roldan es a veces un persona-
je con fuerzas sobrenaturales; su
espada no se puede romper, por-
que en su pomo están incrustadas
las reliquias de varios santos. Un
poco ficticio y agigantado el hé-
roe en las batallas, fuera de ellas

recobra su verdaaéra dimensión;
lo mismo sucede con el resto de
los personajes. Carlomagno llora
al ver al cadaver de su sobrino,
gime a veces frente al cansancio
de su rnisión sobrenatural, lamen-
tándose de lo penoso de su vida.
Ganelón, al conocer la proxi-
midad de su muerte, llora tam-
bién Heno de espanto y el empe-
rador le contesta: "tenéis el cora-
zón demasiado tierno", (i 5)
" Cuando Oliveros se siente en
agonía, ruega a Dios darle el pa-
raiso y bendice de lejos al empe-
rador y a la dulce Francia".(/6j
Todos estos personajes despo-
jados de sus razgos sobrenatura-
les, no son más que simples hom-
bres al igual que los del Cid.
Caracteres tomados de la vida
diaria, estudiados profundamente
(>or sus diferentes autores, que
ograron mediante ese estudio
plasmar en sus obras las grandes
pasiones que es suceptible de pa-
decer el alma humana.

EL SENTIDO DEL HONOR

El elemento principal de la
Canción de Roldan, es el éxito de
las cruzadas contra los sarracenos
y la supremacía del verdadero
Dios; por eso, el honor, aunque
elemento importante que origina
todo el asunto de la (Canción, es
menos patente que en el Mió Cid,
donde es el verdadero tema. El
poema francés es un poema mís-
tico; el español es un drama del
honor.

El honor jurídico feudal en la
Canción subordina todas las
acciones al servicio del soberano,
por eso pone en boca de Roldan
estas frases: " por su señor el em-
perador es menester sufrir mise-
rias y grandes calenturas acompa-
ñadas de fuertes frios". Si es ne-
cesario. " se debe perder la piel y
elpelo(/5;
Ganelón el traidor, muestra su
desagrado ante la misión que le
confiere el emperador, pero acep-
ta sus órdenes y dice: "Carlos
ordena que le haga un servicio,
por eso iré a Zaragoza a ver al rey
Marsilio".f/9;

Cuando los barones conocen
la traición de Ganelón le indican
a Carlomagno: " No traicionó so-
lamente a Roldan; es contra vos
que ha perjurado y faltó".(2 0)

33

Sí Canelón hubiera traicionado
a fíoldán, porque hubiere estado
eri peligro su propio honor, los
caballeros le hub ieran concedido
la razón; de ahí que el honor en
la Canción está basado en la per-
sonalidad jurídica del soberano,
pero teniendo siempre en cuenta
al derecho propio.

En cambio, en el poema del
Cid, el honor se basa exclusiva-
mente en la lealtad al monarca,
no en el valor de la persona hu-
mana. Por eso vemos que el ho-
nor de Ruy Diaz sufre mengua
al caer en desgracia del rey. Este
hecho lo convierte en un hombre
sin honra, y para recobrar su po-
sición nuevamente, tiene que
agradar al señor cjue tan injusta-
mente lo desterro. De ahí que
resalte la noble figura de Ruy co-
mo un victima heroica, que nun-
ca se rebela contra la voluntad
del rey... " Sabed que aquí en
Cas tejón, no podemos quedar-
nos Minaya, porque el rey está
cerca y no quisiera luchar contra
Alfonso mi señor".(2i)
Fidelidad que llegó al heroísmo
puesto que fácilmente hubiera
podido destrozar al menguado
ejército del rey.

(8) Anónimo.-

La Chanson

de

Roland,

Libraire lia tier,

Parts.
(9) M enéndez Pidal.- La España
del Cid, Vol. II p.

792-793
(10) A nónim o.- Poema del Cid.
Co lección Austral p. 92
(11) OP. CIT.
.- p. 41- 42
(12) OP. CIT. p. 102
(13) OP. CIT. p. 72
(14) Bedier, Joseph.-

Légendes

épicas. Tomo III p. 4 11

(15) Anónimo

.- La Canción

de

Roldan,

traducción

del

texto

francés del siglo XII, del

manus-

crito

de Oxford

por:

Martin

de Riquer, Colección Austral,

Es-

pasa Calpe, S. A.

(16) OP. CIT.

(17) Menéndez

Pidal. La España

del Cid Vol. II p. 561

(18) Anónimo.-

El Cantar

de

Roldan,

Traducción

del

texto

francés del siglo XII del

manus-

crito de Oxfor por Martin

de

Riquer,

Colección

Austral,

Espa-

sa Calpe S. A .

(19) OP. CIT.

(20) OP. CIT.
(21) Anónimo.-

Poema del Cid.

Colección

Austral.

Kuy Diaz en todo momento
es vasallo ejemplar, a pesar de
que recela de los infantes de Ca-
rrion, acepta la voluntad del mo-
narca accediendo al matrimonio
de sus hijas.
El encargado de entregarlas es
Viinaya. " Non gelas dare yo con
mi majio nin den don alabaron".

De acuerdo con las corazona-
das de Don Rodrigo, no tardan
mucho tiempo los infantes de Ca-
rrion en mostrar la ruindad de
sus pensamientos, vejando a Do-
ña Elvira y a Doña Sol. La aflic-
ción de Ruy Diaz, al conocer esta
nueva, es enorme. Siente nueva-
mente que su honor ha sido me-
noscavado y mostrando muy ele-
vado concepto de como debe ha-
cerse justicia, acude al soberano
como arbitro máximo del dere-

cho.

El monarca abre Cortes en To-
ledo para ventilar la afrenta de
las hijas del Campeador y éste
asiste con la barba larga y reco-
gida con un cordón, en señal de
duelo por ver su honor mancilla-

do.

, .
En las Cortes, el Cid es el pri-
mero en hablar y durante su dis-
curso no se altera; hace hincapié
en que la acción indigna de los
infantes ha deshonrado al rey
pues él las había casado. Tam-
bién solicita que la dote de sus
hijas le sea devuelta al igual que
sus espadas. Este hecho sigue
comprobando el sentido del ho-
nor de los castellanos de aquella
época, que estaba en un todo su-
jeta a la voluntad del monarca.

Asi también, durante todo el
poema, puede observarse que el
objeto primordial de la lucha del
Cid contra los musulmanes es el
de recobrar su reputación; como
gran conocedor del carácter del
rey, comprende que sus hazañas
y la generosidad con la que le
manda lo mejor de sus botines va
a hacerle ganar nuevamente su fa-
vor.

El juglar del Mió Cid, no se
cansa de subrayar, que cada acto
está influenciado por la idea del
honor.

Roldan posee también un alto
sentido del honor y el sentido
igualmente feudal de la obedien-
cia al soberano. Hacia Carlomag-
no guarda una fidelidad a toda
prueba; no miente cuando decla-
ra:" que un vasallo debe sufrir
todo por su señor ".(2 3)

El héroe de la canción tiene
también un sentimiento por de-
más vivo de su honor personal,
de su honor familiar y en fin,
del honor de su patria; aunque el
sentimiento nacional, no estaba
aún bien formado en aquella épo-
ca.

Sin embargo, su amor a la tie-
rra natal y al soberano que la go-
bernaba, era fuerte " no plazóa
al señor Dios, que Francia dulce
sea envilecida ".
Como Roldan se siente repre-
sentante de Francia, en su locura
cree que si en alguna forma dis-
minuye voluntariamente su pro-
pio riesgo o el de sus soldados,
con ello disminuirá el honor de
Francia. " En el héroe se encarna
la virtud de la proeza, que es el
resorte de toda acción ".(2 4)
También dice: " no debe to-
marse en cuenta el peligro si pue-
de afectar la gloria del sobera-

no".^;

A esto responde el prudente
Oliveros: " el valor sensato no es
locura, mejor vale mesura que te-
meridad".^ 6)
Para Oliveros, la bravura y el
honor sí son compatibles con la
prudencia.

Dice un autor francés, que el
entusiasmo temerario de Roldan
y la prudencia de Oliveros, dá in-
mortal belleza al poema o por
mejor decir, es la esencia del epi-
sodio de Roncesvalles.
La actitud de Cario magno
muestra que el honor de un rey
y de sus caballeros consiste en sa-
lir victoriosos de la batalla con-
servando el mayor número de
soldados vivos. Al contemplar la
tragedia del desfiladero exclama:
"Mi honor va hacia su ocaso".

(22) OP. CIT. p. 168
(23) A nónim o.- El Cantar de
Roldan,

Traducción

del

texto

del m anuscrito

de Oxfor,

por

Martín

de Riquer.

Colección

Austral.

Espasa

Calpe,

S.A.

(24) Bedier.- Colección

Austral.

K spa su Calpe S.A.
(25) OP. CIT.
(2 6) Anónimo.-

El Cantar

de

Roldan.

Traducción

del

texto
francés del m anuscrito de Oxfor
por: Man tin Riquer.

Colección

Austral, Espasa Calpe S.A.

Deseoso de no deshonrar a la
dulce Francia, Roldan se abstie-
ne de tocar el olifante, este pa-
saje muestra el orgulloso heroís-
mo del Conde que espera vencer
a sus enemigos; aunque más
tarde, esta esperanza declina y
se transforma en total certidum-
bre de derrota; sin embargo la
bravura de Roldan no desmere-
ce
un punto, y aunque toca el
cuerno al final, no lo hace más
que con la esperanza de recibir
ayuda, con la idea de la vengan-
za aue Cario Magno ejercerá so-
bre los sarracenos.

El héroe se despide de Duran-
darte, su espada, y trata de estre-
llarla contra la roca, pero como
el acero ni siquiera se doblega, la
coloca en tierra y se acuesta so-
bre ella con la cara en dirección
al enemigo para indicar así que
no ha sido vencido.
En sus últimos instantes el Rol-
dan audaz y temerario se suaviza
y enternece frente a los cadáveres
de sus soldados, que se habían
sometido a él en colectivo sacri-
ficio, sabiendo que iban a una
muerte segura.

Por último, confiesa a Dios hu-
mildemente sus faltas y como a
Soberano Supremo, le tiende el
guante de su mano derecha.
"Su alta idea del honor le ha-
ce concebir la necesidad de sacri-
ficarse al emperador, al mismo
tiempo que a Dios; exhaltando
en esta forma al soberano de la
tierra y al del cielo; esta doble fe
es la Dase de su acción noble y
gcnerosa".(2 7J

La tragedia de Roncesvalles, no
solamente presenta un relato de
hechos extraordinarios, sino que
sus héroes, tocan sutiles diferen-
cias psicológicas.
En el Mió Cid, se hace hinca-
pié en el realismo de sus persona-
jes y de su historia. Por esto tie-
ne gran originalidad, ya que está
desligado de hechos fantásticos.

(27) Marcharía,

Rene.-

Roldan
y Mió Cid de Pérez Oegaray Ma.
Elena. Tesis

professional

CONCLUSION:

AMBOS POEMAS SON REPRESENTATIVOS DE

LOS DOS PUEBLOS: RECIO, FUERTE Y VIRIL

EL HISPANO; ARISTÓCRATA DE ALMA Y

PENSAMIENTO EL FRANCES.

PAÍSES AMBOS DE EXTRAÑOS DESTINOS

COMO LOS DE SUS HEROES, TRÁGICOS A

VECES, PERO NUNCA VULGARES.

35

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